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jueves, 21 de noviembre de 2019

RENCOR HISTÓRICO EN LAS ENTRAÑAS DEL APARATO POLÍTICO FASCISTA



Militares y policías en Bolivia

Opinión
19/11/2019 

Bolivia vive un momento más de desgarramiento social y político en su larga historia de inestabilidad y golpismo cívico-policial-militar. Lo que le ocurre, más allá de la tragedia que vive este pueblo heroico, tiene demasiadas paradojas como para dejarlas pasar por alto. La primera de ellas es la hasta ahora incomprensible aventura destructiva de un país que enfilaba al siglo XXI por la ruta inédita de ser ella misma. Nunca como ahora el país había logrado lo que muchos otros envidian para sí mismos: crecimiento económico sostenido, estabilidad política, unidad nacional en construcción e inserción internacional respetable, amén de los logros sociales y la derrota secular de las dos maldiciones del subdesarrollo: extrema pobreza y analfabetismo.

La segunda paradoja es sostener que hubo sucesión constitucional cuando en realidad de lo que ocurrió fue un asalto planificado al poder. Desde la realización de cabildos sucesivos en el país como simulación democrática hasta el motín policial lo que hubo fue un manejo del tablero político arteramente orquestado, desde tiempo atrás, en las entrañas del imperio con la complicidad de las élites regionales racistas que se enfundan en una religiosidad casi macabra. Yanine Añez, autodenominada “Presidenta Constitucional”, explica una ascensión ilegal e ilegítima al poder que no es más que el corolario del diseño golpista tejido finamente durante los últimos 3 o 4 años. Este remate fascista estuvo precedido por un conjunto de operaciones encubiertas que se desplegaron sistemáticamente y que los órganos de inteligencia fueron incapaces de advertir o que los encubrieron.

La terceraparadoja es el penoso papel de los medios de comunicación que cuando se les antoja se llaman democráticos, transparentes e independientes. Hoy, apenas son un manojo inescrupuloso y ruin de información sesgada o para decirlo brevemente constituyen una maquinaria de manipulación vergonzosa al servicio de los intereses empresariales monopólicos. Junto a la planoplia de la mentira sistemática, dirigida desde la diplomacia pública norteamericana, las redes sociales cumplieron el perverso papel de filtrar desproporcionadamente, en contenido como en alcance, sólo la supuesta “maldad masista, incluido el fraude descomunal”, encubriendo al mismo tiempo la brutalidad y la violencia del paramilitarismo comiteísta cruceño, de las bandas armadas cochalas o del sicariato paceño.

La cuarta paradoja tiene que ver con el papel de la estructura monopólica de la violencia legítima destinada a proteger el Estado y al ciudadano cuando en la realidad lo que ahora produce es violencia, muerte y terror estatal para sostener un régimen ilegítimo contra la voluntad popular mayoritaria. Nunca como ahora policías y militares enfundados en la supuesta defensa de la democracia y el control de la protesta callejera llevaron tan lejos sus armas represivas comandados desde “cuartos de guerra”.

Cobijados por el nuevo régimen violento militares y policías conviven hermanados por la sangre y el luto de decenas de bolivianos en medio de sus odios ancestrales con un mando político transitorio que ignora su controversial pasado.

¿Cómo entender que militares y policías, cuyo rencor recíproco a lo largo de más de un siglo, que marcó a fuego sus distantes historias institucionales, soporten hoy la estructura gelatinosa de un régimen que solo ha producido muertos y heridos?

Más allá del surrealismo que nos envuelve, policías y militares libran en medio del golpe de Estado una guerra silenciosa que no parece cesar a pesar de la cantidad de muertos que lleva el sello de sus armas letales. El encono que envuelve a ambas instituciones cuya historia no termina de despejarse en el siglo XXI tiende a constituirse en el límite real del régimen golpista.

Los síntomas del encono empiezan a salir a flote en medio de las turbulentas manifestaciones sociales. Ambos frentes represivos se acusan mutuamente de haber disparado contra civiles indefensos responsabilizándose en medio de la convulsión social. Policías acusando a militares y militares acusando a policías es una constante que tiende a profundizarse a medida que pasan las horas.

El tragicómico papel de la Fiscalía General del Estado apareciendo en escena tratando de calmar el pánico corporativo con el argumento de que las muertes se produjeron por “armas largas” es ya un síntoma de la crisis que se anuncia irreversible. Por su parte, para evitar más conflicto entre ambos y para distraer la atención de la opinión pública el sector radical del gobierno, asesorado por agencias norteamericanas, apela al fácil expediente de culpar a extranjeros armados como las FARC, cubanos, colombianos y venezolanos, por las muertes que dejan a su paso las fuerzas represivas oficiales.

La disputa perenne por preservar la cercanía al poder político desde ambas instituciones empieza a producir sus propios cismas internos con las consecuencias de una posible debacle del gobierno golpista y fascista sustentado en el poder de las bayonetas, los gases y el plomo.

Los militares por dentro

Después de 16 años de haber ejecutado una de las mayores masacres sangrientas contra el pueblo de El Alto que supuso sanciones penales y encarcelamiento para los mandos de la época, las FFAA retornaron a las calles vestidos con su inconfundible kaki norteamericano con la misión de enfrentar la escalada de conflictos sociales en todo el país. El domingo 10 de noviembre, el Comandante en Jefe de las FFAA, Gral. Ejto Kalimán, aparentemente desconcertado y con voz trémula dispuso la salida de las FFAA a las calles cuyo resultado trágico hasta hoy supera los 20 muertos. La mitad de las víctimas, mayoritariamente jóvenes, corresponde a la “Masacre de Sacaba” del último fin de semana. Nada hace prever que esta decisión conduzca a Kalimán y sus comandantes sayones al mismo lugar donde cumplen sentencia sus antecesores responsables de la masacre sangrienta de El Alto en octubre del 2003.


Jóvenes masacrados en Sacaba, Cochabamba

La decisión de Kalimán que contrastó radicalmente con la del presidente Morales constituye una de las expresiones mayúsculas del fracaso educativo y pedagógico de las FFAA en situaciones de crisis política. Evo Morales renunció precisamente para evitar muertes innecesarias a contrapelo de Kalimán que dispuso la salida de los militares con las consecuencias conocidas. ¿Quién le impuso a Kalimán la orden para la salida de los soldados a la calle? ¿Qué motivó que esta decisión sea modificada 24 horas después, cuando le comprometió a su Capitán General que no movería ninguna unidad militar pretextando falta de equipo, munición y agentes químicos?

La autonomía política del Gral Kalimán en el momento de mayor crisis social y política que precipita el golpe definitivo retrata de alguna manera no solo el fracaso del mando político sobre la milicia sino la incomprensión de sus ethos profesional, su cultura e ideología corporativa conservadora, pragmática, oportunista e inmediatista. Ni siquiera el funcionamiento autista de la Escuela Antiimperialista sirvió para moderar la decisión de Kalimán en circunstancias que requerían un mínimo de fidelidad estatal.

El Alto Mando jugó su carta más crítica apoyado en conversaciones previas con Luis Fernando Camacho y funcionarios de la embajada de los EEUU. No hay que olvidar que Kalimán fue agregado militar en Washington durante un par de años y que una parte de su familia permanecía en los EEUU.

Actualmente, el personal militar que ocupa la cadena de mandos medios se encuentra en el dilema de salir a las calles para seguir reprimiendo a la gente o mantenerse en sus cuarteles debido a las funestas consecuencias derivadas de su intervención callejera. Pero la duda más fuerte surge de la responsabilidad militar o policial una vez retorne la calma al país. Muchos de los oficiales consideran que la Policía echará bajo los hombros de las FFAA toda la responsabilidad de los muertos y heridos puesto que solo ellos usan armas de grueso calibre. El cálculo postconflicto está empezando a minar la confianza de las bases en sus mandos a los que consideran irresponsables e inoportunos.

La valoración sobre la gestión de Evo Morales recorre los pasillos de los cuarteles. Sostienen que Evo los mantuvo fuera de todo conflicto social durante 13 años, situación que permitió que se incrementara su legitimidad institucional ante la opinión pública frente al descrédito de la Policía por sus evidentes actos de corrupción e indisciplina. Los oficiales admiten que su nivel salarial y su calidad de vida cambió sustantivamente con el “proceso de cambio” al mismo tiempo que su incursión en tareas sociales permitió ser considerados por el gobierno como“soldados de la patria”. El pago del bono “Juancito Pinto” o de la “Renta Dignidad” o su papel en la gestión de los desastres naturales encomendada a las FFAA permitió un acercamiento sensible a la sociedad. Además de lo anterior la valoración acerca del incremento del presupuesto de defensa, compra de activos y mejoramiento de la calidad de vida del soldado forma parte de su memoria inmediata.

Empero hoy, y a menos de una semana, un régimen de facto, comandado por un grupo político radical y dirigentes religiosos fanáticos está conduciendo a las FFAA a enfrentar el desprecio mayúsculo de la sociedad y la condena internacional cuyos efectos difícilmente será superados en las próximas décadas.

Al grito colectivo de ¡militares asesinos¡ en las calles los mandos medios temen sufrir consecuencias como las siguientes: 1) deserción de soldados en medio del conflicto, lo que significa una derrota moral sin precedentes, 2) Pérdida de poder en espacios que Evo Morales había logrado construir para garantizar su fidelidad como es el caso de la Seguridad Presidencial (USDE), acceso a cargos públicos de alto nivel (gerentes de empresas estatales) e inclusive a cargos diplomáticos, 3) Desprestigio institucional que derivaría en la disminución dramática de conscriptos para el servicio militar obligatorio que en realidad es la que justifica su existencia institucional, 4) Repudio popular permanente en las calles, 5) Procesos penales.

La desazón militar frente a los acontecimientos y el elevado número de víctimas fatales producto de la represión está conduciendo al cuestionamiento de sus altos mandos y a un nivel de desconfianza interna sin precedentes. En un radiograma enviado a las unidades militares de la 8va División del Ejército desde el Comando en Jefe de las FFAA del 14 de noviembre del 2019 se dispone que el cuerpo de oficiales “vigile la conducta de los cadetes, alumnos y soldados originarios de la región del Chapare dentro de todas las actividades que se desarrollen en las unidades”. Disposición de esta naturaleza solo expresa un temor casi visceral sobre sus propios soldados ratificando una vez más su condición de fuerza civilizatoria y de ocupación colonial.

Este radiograma expresa el miedo atroz al mundo indígena pero a su vez el desprecio y la desconfianza que le genera su presencia en las FFAA. Una verdadera aberración cultural y corporativa después de más de 35 años de democracia y 13 años de una aparente inclusión indígena en las FFAA. Este es el mejor ejemplo del fracaso de la presunta democratización militar y de la convivencia plurinacional e intercultural en el mundo uniformado.

Muchos oficiales sensibles al conflicto histórico con la Policía cuestionan la decisión desacertada e inoportuna de Kaliman porque habría “salvado” a la Policía en un momento clave de su crisis operativa. La quema de la whipala por efectivos de la Policía y el retiro de ese símbolo de su uniforme produjeron un profundo malestar social que motivó ataques contra sus instalaciones obligándolas a clamar apoyo militar para ser salvados de la ira popular. El agravio contra la bandera reconocida constitucionalmente produjo un quiebre entre Policía y población rural e indígena.

Lo cierto es que el odio proverbial entre militares y policías no deja de fluir en medio de un golpe grotesco que se sostiene en el uso irracional de la fuerza y en la conducta racista del gobierno que tiene mucho parecido a las añejas dictaduras militares guiadas por consignas ultramontanas extranjeras.

El golpe de Estado contra el proceso democrático liderado por Evo Morales tiene el sello inconfundible de las FFAA como actor protagónico aunque fue la Policía Nacional quien encabezó el golpe desde la ciudad de Cochabamba el día viernes 8 de noviembre. Al parecer, el domingo 10 de noviembre del 2019 pasará a la historia como uno de esos días tragicómicos en el que un general mediocre y oportunista como Kalimán, con un Estado Mayor pusilánime y envilecido, decidieron resignarse a servir los intereses de una Policía éticamente descompuesta, moralmente destruida y patéticamente circense que usó la biblia como escudo religioso para legitimar su sobrevivencia.

Algunos sectores de las FFAA consideraban que el asedio popular contra la Policía constituía el mejor momento para saldar cuentas por los hechos ocurridos en febrero del 2003. En aquella ocasión policías francotiradores, entrenados por los EEUU, asesinaron cobardemente a varios soldados del Regimiento Escolta Presidencial cuando una muchedumbre pretendía ingresar al Palacio de Gobierno en reacción a una medida económica antipopular. Según muchos oficiales, Kalimán se convirtió en un héroe proverbial de las vergonzosas jornadas golpistas policiales, un hecho jamás imaginado por las FFAA.

Triste papel político el de los militares que tuvieron que salvarle la vida a su histórico enemigo acérrimo cuando éste estaba al límite de su colapso represivo. El Comandante Departamental de la Policía de La Paz imploraba con lágrimas en los ojos ayuda a las FFAA para sostener el asedio de los movimientos sociales que pugnaban por la destitución de la presidenta autonombrada.

El apoyo militar a una policía languideciente en un escenario de disputa política fue un episodio excepcional. En 1952 el Ejército había sido derrotado por el movimiento obrero que dio lugar a que la Policía se montara en la espuma revolucionaria para vengarse del mal trato que los militares otorgaban a los carabineros de la época.

Normalmente la Policía Nacional se alineaba a los golpes militares en condición de furgón de cola y con el rabo entre las piernas en procura de lograr algún festín burocrático. El 10 de noviembre ocurrió todo lo contrario.

La Policía por dentro

El golpe de Estado promovido por las fuerzas policiales desde la ciudad de Cochabamba contra el gobierno de Evo Morales era un secreto a voces que fue maliciosamente ignorado por el Ministro de Gobierno, hábilmente manejado por el Comandante General de la Policía y eficientemente articulado por las fuerzas opositoras de derecha que sabían desde años previos que la Policía Nacional constituía un aliado formidable para sus planes desestabilizadores. La oposición, asesorada por agentes externos, hizo trabajo de relojería dentro de la Policía mientras el gobierno las ignoraba o solamente apelaba a ellas en casos de conflictividad social

No cabe duda que en la cadena geográfica de control y mando de la estructura policial el departamento de Santa Cruz y en particular la ciudad de Santa Cruz constituía el eslabón más débil en el que se construyó una suerte de pacto de complicidad entre Ministerio de Gobierno y fuerzas policiales comandadas por mandos vinculados a la constelación delictiva regional. Paradójicamente, el lugar en el que el delito había adquirido dimensiones transnacionales y transfronterizas era precisamente en el que se construyó una arquitectura de regulación policial del delito como en el caso de la cárcel de Palmasola. De igual manera, esta red de complicidad político-policial alcanzaba a circuitos mafiosos del narcotráfico, tráfico de armas, casas de juego o tráfico de tierras en favor de extranjeros cuyo funcionamiento era operado por policías patrocinados políticamente.

Santa Cruz constituía una suerte de territorio autónomo policial que fue hábilmente usado por las fuerzas de oposición que vieron en sus márgenes de autonomía estatal las mejores condiciones para la conspiración sediciosa armada.

Durante los 13 años del gobierno de Evo Morales no se tuvo la capacidad de generar una política de institucionalización, modernización ni disciplinamiento profesional de las fuerzas policiales. Contrariamente, los mandos policiales, favorecidos por las rotaciones continuas, se beneficiaron de privilegios inimaginables a lo que se sumó una cultura de corrupción escandalosa, torpe o deliberadamente desatendida.

Solo al final del mandato de Morales la Policía fue beneficiada por un moderno sistema de control territorial en el marco de la seguridad ciudadana denominada BOL 110 que en buenas cuentas sólo incrementaba la capacidad de producción de información para fines informales. El soporte tecnológico sirvió como una concesión graciosa y electoralista que la Policía lo recibió sin el entusiasmo esperado.

La relación entre gobierno y policía en más de una década adoleció de fallas estructurales pero la peor de ellas fue encomendar a un funcionario de alto nivel una responsabilidad central cuando sus prioridades fueron conducir equipos de fútbol.

Morales enfrentó varios episodios de insubordinación, motines y sedición policial que fueron aplacados después de negociaciones complejas pero que nunca lograron resolverse de manera estructural. Las raíces del descontento policial fueron retroalimentadas internamente manteniéndose este clima invariable y acumulativo a lo largo del tiempo. Simultáneamente, las descomunales prácticas de corrupción policial no recibieron el tratamiento adecuado ni proporcional desde el gobierno.

Los privilegios policiales, las prácticas de corrupción así como los amplios márgenes delictivos de naturaleza corporativa solo operaban y funcionaban en los niveles de mando dejando a los subalternos apenas las migajas o “mordidas”, situación que potenció el malestar policial subalterno cuya responsabilidad apuntaba al gobierno nacional.

Por otra parte, la privilegiada relación político-militar generó profundo resentimiento en la Policía Nacional. Los policías se veían como ciudadanos de segunda frente al trato considerado del gobierno a los militares tratados como ciudadanos de primera. La presencia del Presidente Evo Morales en los aniversarios militares, los discursos solícitos valorando el trabajo militar así como los privilegios y prerrogativas concedidas periódicamente constituyeron “golpes sistemáticos ofensivos” contra una Policía que operaba cotidianamente en condiciones deplorables.

El tratamiento inequitativo del gobierno nacional en favor de las FFAA -construcción de edificios, campos deportivos, compra de equipo y material militar, inversiones costosas en tecnología como radares etc. - alimentó un fuerte rencor antimilitar y antigubernamental dentro de las fuerzas policiales. La parcialización explícita del gobierno de Morales en favor de las FFAA fue asumida como una humillación persistente que fue traducida en una narrativa antigubernamental por el cuerpo de oficiales sobre sus subalternos desamparados de información.

Además de la displicente relación entre Evo Morales y la Policía el gobierno nacional llevó a cabo una política de cercenamiento de sus principales fuentes institucionales de recaudación. Aunque las decisiones fueron correctas, dirigidas a eliminar la corrupción, ésta fueron interpretadas de modo distinto por la Policía en su afán de preservar nichos de privilegio burocrático.

Morales fue mucho más lejos respecto al recorte de las prerrogativas policiales al asignar a las FFAA la tarea de lucha contra el contrabando. Las unidades policiales especializadas de lucha contra el contrabando fueron disueltas y reemplazadas por unidades militares. Los militares ocuparon la frontera logrando romper redes de ilegalidad y control territorial que significó una doble amputación: para los grupos delictivos civiles que vivían del fecundo negocio del contrabando y para los policías que vivían de la protección de las redes de ilegalidad a las que otorgaban protección e impunidad.

Fue ésta la Policía sediciosa la que se enfrentó al gobierno de Evo Morales y la que produjo directa o indirectamente su renuncia. Nunca antes la Policía había logrado derrocar un gobierno democrático como lo hizo esta corporación indisciplinada y políticamente enferma.

El golpe cívico-policial no sólo tuvo un componente político sino también de naturaleza reivindicativa alimentada por una memoria de oprobio, privaciones y maltrato.

Los motines policiales reflejaron un odio atroz contra el gobierno que estaba contenido y que estalló en sucesivas olas corporativas apoyadas por una clase media que se expresó en las calles dejando fluir su profundo malestar y desprecio contra un gobierno en plena retirada.

El golpe policial apoyado e impulsado en las calles por las protestas clasemedieras dejó entrever su finalidad multifacética.

En primer lugar sirvió como la mejor oportunidad para vengarse del gobierno por el conjunto de maltratos y desplazamientos institucionales, una suerte de catarsis corporativa inflamada en una retórica de odio y religiosidad que estalló sin que nadie se percatara de su potencial efecto.

Los motines encarnaban la tarea de recuperar sus privilegios corporativos que habían sido cercenados por razones políticas y cedidos a las FFAA por el gobierno nacional. El primer objetivo que logró recuperar la Policía por sus efectos simbólicos fue la Unidad de Seguridad Presidencial (USDE) de manos del Ejército. Consumada la renuncia de Evo Morales la Policía Nacional no tardó ni un minuto en hacerse cargo del dispositivo de seguridad de la Casa Grande del Pueblo obligando al cuerpo de seguridad presidencial a su desalojo inmediato de dicho edificio. Los más de 70 miembros de este equipo especial que protegieron a Morales durante más de una década tuvieron que replegarse casi de manera humillante al Estado Mayor de las FFAA a recibir sus nuevos destinos.

De igual manera y por asalto, la Policía Nacional restableció el control de los edificios del servicio de identificación personal (SEGIP) que había sido institucionalizado por el gobierno de Morales para cortar de raíz una de las mayores fuentes de corrupción policial.

La retoma policial de instituciones, espacios y prerrogativas formó parte de las promesas del caudillo cruceño Luis Fernando Camacho para precipitarlas al golpe, objetivo que se cumplió casi quirúrgicamente. En unos de los cabildos realizados en Santa Cruz Camacho se comprometió a devolverles todas las instituciones “arrebatadas injustamente por el gobierno nacional” y otorgarles un tratamiento salarial y beneficios de jubilación similares a los de las FFAA, un incentivo sin duda irrefutable.

Más allá de los complejos problemas que enfrenta el nuevo mando policial los efectivos están experimentando signos de un peligroso agotamiento físico después de más de 20 días de trabajo callejero y prácticas represivas. Empero, la autonomización policial en este contexto de crisis se traduce en una peligrosa actuación de pequeños grupos que operan con independencia del mando central. Este clima incierto, con un gobierno que apela al discurso recalcitrante y un ministro de gobierno impulsado por odios atroces contra funcionarios de gobierno está promoviendo la constitución de grupos policiales armados junto a bandas de paramilitares que trabajan bajo una lógica sicarial y vengativa.

En medio del desconcierto político ha surgido un nuevo factor de malestar policial generado por la otorgación de 34 millones de bolivianos a las FFAA para cubrir los costos de la logística represiva. Los miembros de la Policía Nacional sospechan que estos recursos servirían para favorecer a los mandos militares traducidos en “bonos de lealtad”. Al mismo tiempo el malestar se agrava contra el gobierno golpista y contra las FFAA al haberse aprobado el DS 4078 cuyo objetivo es autorizar el uso de la fuerza militar, equipos y armas, otorgándoles para el efecto la inmunidad respectiva, condición de la que no goza el cuerpo policial.

Conclusiones

Está claro que militares y policías constituyen las cornisas en las que se asienta el poder del gobierno golpista. También parece claro que estas cornisas sostienen disputas históricamente irresueltas e irreconciliables que con el paso de los días ofrecerán escenarios de mayor fractura y polarización. Más allá de su carácter provisorio, un gobierno con sentido común debiera empezar a conocer aunque palmariamente las profundas fracturas corporativas para evitar ser derrotados por sus consecuencias. Afortunadamente, el gobierno golpista sólo mira la sombra y no el hueso y por ello su tiempo es tan breve como el estallido convulso de ambos cuerpos que empiezan a retorcerse para anularse o destruirse mutuamente.

Que la sangre llegue al río no depende de los golpistas, depende en todo caso de las profundas heridas que han vuelto a ser abiertas bajo un mando político ignorante, arrogante, rabioso y suicida. El golpismo tiene sus límites paradójicamente en el uso de la fuerza policial y militar y dependerá de cómo se resuelve este duelo histórico en las entrañas del poder fascistoide.

Con una Policía Nacional enajenada por sus múltiples contradicciones internas y unas FFAA desconcertadas por la dimensión del conflicto y sus futuras responsabilidades política, jurídicas e institucionales los bolivianos viven un panorama desolador.

La Paz, 18 de noviembre del 2019
https://www.alainet.org/es/articulo/203374

lunes, 21 de agosto de 2017

PRONUNCIAMIENTO DEL FRENTE UNICO MILITAR-POLICIAL DE AREQUIPA: DENUNCIAN DESAPARICIÓN DEL EJERCITO PERUANO Y LA INCORPORACIÓN DEL PERÚ A CHILE






El Frente Único Militar-Policial de Arequipa (freumipol-aqp) conformado por militares y policías, discapacitados en acción de armas, viudas, huérfanos, veteranos de guerra de la campaña del 41, combatientes de Paquisha y el Cenepa, heroes del restablecimiento de la democracia y vencedores del terrorismo, comandos de "Chavín de Huantar" ante la intolerable y falaz campaña mediática desinformativa de los medios de comunicación antimilitaristas que en términos preacordados y simultáneos informaban que las pensiones de los militares y policías en situación de retiro  iban a ser iguales a las remuneraciones que perciben el personal en actividad, hasta llegar a la inicua, falaz  y perniciosa aseveración del ministro de economía de que no existían fondos presupuestales para abonar el millonario incremento que implicaba el pago de la extinguida y sin carácter mandatario de  la “cedula viva" inaplicable desde hace más de 20 años que fue retrotraída de las leyes sin vigencia para atacar a los  militares y policías arguyendo que su desembolso de más de mil millones de soles excedía las posibilidades de la economía nacional, aliados en alianza estratégica con los poderes facticos del MEF, el gran capital y los formadores de opinión alquilados  de la extrema derecha e  izquierda, que  por razones ideológicas creaban correas de trasmisión al gran público para ponerlos en contra de nuestros legítimos y justos reclamos del respeto de los principios laborales que por derecho corresponde a los pensionistas que pertenecen a una misma ley de pensiones, nos pronunciamos:

1) que la comisión de defensa presidida por la congresista aprista Luciana León, capitán de reserva del ejército peruano, en la memorable y trascendente sesión del 5 de mayo del 2017 se logró aprobar el proyecto de ley de pensiones de militares y policías que modifica la segunda disposición complementaria final  del decreto legislativo n° 1133, por 99 votos a favor.

2) que el pleno del congreso presidido por la "inefable" congresista Luz Salgado  de Fuerza Popular en la trágica fecha del 6 de julio del 2017 y en la última sesión del pleno del congreso, el fatídico 13 de julio, la noche negra de la legislatura anterior, de motu propio, sin haber consultado a las diferentes bancadas, no puso a debate la ley 5162, agendada por el congreso causando honda frustración y decepción a la gran familia militar - policial, cuyo recuerdo político de su autoría lo tendremos muy presente.

3) que el actual presidente del parlamento, el congresista Luis Galarreta de Fuerza Popular se ha comprometido a aprobar por insistencia la ley de equivalencia de pensiones de militares y policías la misma que sería debatida y aprobada en la segunda semana del mes de setiembre del 2017, sin considerar que el proyecto de la ley de presupuesto que el ejecutivo presenta al congreso el 30 de agosto para ser implementada a partir del 1 de enero 2018 lógicamente no incluiría los recursos fiscales para la ejecutoria de nuestra ley de pensiones por haberse aprobado extemporáneamente lo que nuevamente impediría que sea  considerada en el presupuesto del AF - 2018, habiendo causado una gran indignación en el personal de las fuerzas armadas y policía nacional del Perú, monstruoso legalicidio que debe ser enmendado incluyendo indefectiblemente en la sesión del pleno del congreso del jueves 24 de agosto del 2017, nuestra ley de pensiones, conforme a lo dispuesto en el artículo 108 de la constitución política del Perú, error que queremos creer puede ser atribuido a la poca experiencia del presidente del congreso en el conocimiento de las prácticas y calendarización parlamentaria.  

4) el presidente del consejo de ministros Fernando Zavala, repitiendo la innoble estrategia distractiva y postergacionista de presentarse en la hora undécima  asistirá  el día de mañana lunes ante la comisión de defensa, presidida por el aprista Javier Velásquez, para sustentar las observaciones formuladas por el poder ejecutivo a la ley que equipara las pensiones del personal de las fuerzas armadas y policía nacional del Perú, que según trascendidos de buena fuente consistiría en bonos diferenciados no pensionables otorgados por única vez que excluye al 80 % de los pensionistas militares y policías lo cual será rechazado contundentemente por las fuerzas armadas y policía nacional del Perú haciendo responsable al gobierno de las no deseadas consecuencias que desencadenaría este atentando contra las fuerzas del orden del cual queda expresamente notificado, que se ajusta perfectamente a los postulados  del "nuevo orden mundial", el "consenso de Washington" del cual es firmante el actual apátrida presidente del Perú, PPK que preconiza la desaparición gradual de las fuerzas armadas del Perú, afectando inicialmente al sector más vulnerable de los institutos castrenses y policías, que son los militares y policías en situación de retiro después de toda una vida consagrada al Estado, destruyendo la moral base en la cual se sustentan todos los ejércitos del mundo, para después continuar progresivamente con el paso a la situación de retiro de los mejores cuadros profesionales institucionales del personal en la situación de actividad del sistema de defensa nacional acallando la voz contestataria del espíritu militar y los valores que nos dieron patria y libertad anulando la capacidad rectora y dinamizadora de sus líderes;  la relativización del concepto de soberanía nacional, demostrada por la intencionalidad suspendida pero no anulada de la venta de los terrenos de Tacna dentro de los 50 kilómetros excluyente para los extranjeros como lo explica didáctica y magistralmente el patriota almirante Hugo Ramírez Canaval, este plan imperialista transfronterizo supranacional considera finalmente la eliminación del estado-nación del Perú y su anexión  en el mediano-largo plazo a Chile que hegemonizara en la cuenca del pacifico así como Brasil en el atlántico ¡estamos advertidos peruanos!.

5) la  situación de inestabilidad que viene atravesando el país ha sido originada únicamente por el gobierno que carece estructuralmente de cuadros políticos que le permita diseñar una estrategia política proyectiva para hacer frente a una problemática conflictiva larvada y perfectamente  definible en los sectores económicos-sociales-políticos, felizmente en vías de una solución innecesariamente demorada por el gobierno que no pueden ser tomados como pretexto por el gobierno y el congreso para que no ser debatido y aprobado nuestra ley de pensiones por insistencia ya que la sustentación del premier es inejecutable e inhumana al no reconocer la cuota de sangre y martirologio ofrendado a la patria por las fuerzas del orden y con los cuales el estado tiene una deuda no saldada,  mientras los burócratas del MEF y el aparato de gobierno con sueldos de oro gozaban de los dulces placeres de la vida; este reconocimiento a los defensores de la patria no es una dadiva generosa, sino la resolución al error innoble ocasionada por el desclasado felón Humala contra sus ex camaradas de armas a los que traiciono con sus falsas promesas de campaña  y de gobierno promulgando los liquidacionistas decretos legislativos 1132 y 1133, normas de inferior categoría  a nuestro decreto ley 19846 que violentando la constitución fueron aplicadas autoritariamente sin haber sido reglamentadas por aquel innombrable que ahora viene sufriendo la sanción humana y el castigo divino.

6) el Congreso de la República se encuentra en la disyuntiva histórica e irrenunciable de hacer justicia a los defensores de la patria o hundirse en el estercolero de la infamia al aceptar formar parte de la antipatria convertido en el furgón de cola de este gobierno neoliberal a ultranza sin pasado y sin futuro que compromete seriamente la gobernabilidad del país. 

6) por lo expresado señora Keiko Fujimori Higuchi, presidenta del partido de "Fuerza Popular" la exhortamos a rendir un tributo a los defensores de la patria, excluidos de la integración y el bienestar del que hoy gozan los peruanos por el delito de haber defendido la democracia a costa de sus vidas, derrotando al terrorismo, por el cual nuevamente los militares y policías que lucharon contra el violentismo irracional vienen siendo acosados y perseguidos por el brazo judicial-político de sendero luminoso que encarcela a los militares y policías acusándolos de la entelequia de la "autoría mediata" la cual ha sido utilizada por la antipatria para sentenciar injustamente a vuestro padre, artífice de la derrota de la subversión, que de acuerdo a la legislación y la legalidad importada de la post guerra mundial para sancionar a los genocidas nazis es aplicada a una situación conflictiva interna diametralmente opuesta en su concepción y ejecución y que de ser aplicada en todos su teorética idealista maligna alcanza igualmente a los ex presidentes García, Toledo, Humala autores de mayores matanzas los cuales gozan de una libertad inaceptable; señor congresista Luis Galarreta le demandamos secundar a vuestra lideresa en la noble tarea de hacer justicia a los militares y policías en sus postreros años de vida próximos a convertirse en polvo de estrellas, somos una especie en extinción en rangos de 70 a 96 años que por la ley natural de la vida falleceremos en porcentajes cada vez mayores aliviando la carga presupuestal de este gobierno maltusiano y fallido. ¡Dios y la patria os agradecerán!.

7)  finalmente contamos con los cuadros actuariales, las corridas matemáticas, que demuestran la justeza de nuestros reclamos, que han sido reiteradamente desconocidos  por este gobierno vesánico, para imponernos una situación inaceptable, humillante y vejatoria a la dignidad humana que no aceptaremos; además contamos con los informes proyectivos de inteligencia y contrainteligencia electoral elaborados por destacados oficiales cuyo plan maximalista contempla el cambio dramático del escenario del bicentenario electoral del 2021 favoreciendo nuevamente a la confluencia de los partidos inorgánicos y retardatarios a contracorriente de la historia planetaria, planes maestros que por su carácter reservado no pueden ser expuestos en este pronunciamiento de las fuerzas armadas y la policía nacional del Perú en defensa de nuestra continuidad histórica como estado-nación que es amenazada en nuestra proyección geopolítica que por el destino manifiesto y rector nos corresponde en el continente y en el mundo por ser una de las 4 culturas que alumbraron el nacimiento  de la civilización  y la humanización del ser en los albores de la historia iniciatica.

Julio César del Carpio
Comandante EP
Secretario colegiado
Freumipol Arequipa