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sábado, 30 de noviembre de 2024

SIN UN CENTRO DE GRAVEDAD CENTRALIZADO ES IMPOSIBLE DERROTAR A LOS YEMENÍES

 

¿ESTÁN GANANDO LOS HUTÍES?

El 14 de noviembre de 2023, un mes después del ataque genocida de Israel contra los palestinos en Gaza, Abdul-Malik al-Houthi, uno de los líderes de Ansar Allah y del gobierno de Yemen, realizó un discurso que fue retransmitido por la televisión Al-Masirah. “Tenemos los ojos abiertos a la monitorización constante y la búsqueda de cualquier buque israelí”, dijo. “El enemigo se basa en el camuflaje de sus movimientos en el mar Rojo, especialmente en Bab al-Mandab, y no se atreve a izar las banderas israelíes en sus barcos.” Bab al-Mandab, “la puerta de las lamentaciones”, es el estrecho de 14 millas náuticas entre Yibuti y el Yemen. Lo interesante es que, en arreglo a un tratado de las Naciones Unidas, un país puede reclamar 12 millas náuticas como su límite territorial, lo que significa que la mayor parte de sus aguas se encuentran bajo la jurisdicción de Yemen.

Cinco días después, comandos yemeníes descendieron desde un helicóptero en el Galaxy Leader, un buque de carga que está registrado en las Bahamas y que está operado por la empresa de transporte japonesa NYK, pero que pertenece, en parte, a Abraham Ungar (uno de los hombres israelíes más ricos). El buque sigue retenido en las aguas territoriales de Yemen, en el puerto de Saleef, con sus 25 miembros como rehenes, en la gobernación de Al Hudaydah.

Situado entre Egipto y Jordania, el puerto de Eliat es el único acceso a Israel que no se encuentra en el Mediterráneo

Este asalto al Galaxy Leader, y después a varios otros navíos propiedad de israelíes, detuvo el tráfico de mercancías al Puerto de Eliat, que se encuentra en la desembocadura del golfo de Áqaba. Situado entre Egipto y Jordania, este puerto, que es el único acceso a Israel que no se encuentra en el Mediterráneo, ya no tiene el nivel de tráfico de navíos mercantes que tenía antes de octubre de 2023 y el operador privado del puerto ha dicho que bordea la bancarrota. En el trascurso del año pasado el puerto ha sido objeto de ataques de drones y misiles procedentes de Baréin, Irak y Yemen.

Los ataques estadounidenses no están funcionando

El gobierno yemení ha dicho que cesaría sus ataques si Israel ponía fin a su guerra genocida contra los palestinos. Puesto que la agresión israelí continúa, los ataques de Yemen también han continuado. Estos ataques yemeníes han provocado enormes contraataques a la ya frágil infraestructura de Yemen, incluyendo un ataque israelí a la ciudad portuaria de Al Hudaydah en julio y ataques de misiles puntuales de los Estados Unidos.


Cuando el presidente estadounidense Joe Biden fue preguntado si los bombardeos aéreos estadounidenses y los ataques con misiles estaban funcionando, respondió con franqueza: “Cuando usted dice ‘funcionando’, ¿quiere decir si está deteniendo a los hutíes? No. ¿Van a continuar? Sí.” En otras palabras, el gobierno de Yemen –erróneamente llamado los hutíes por la tradición zaidí del islam seguida por una cuarta parte de la población yemení– no va a cesar sus ataques sobre Israel solo porque los EE UU y los israelíes hayan estado atacando a su país. La oposición yemení al genocidio israelí excede a la comunidad zaidí, al movimiento Ansar Allah y al gobierno yemení. Incluso Tawakkol Karman, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2011 y es un crítico del gobierno yemení, ha expresado abiertamente sus críticas a Israel.

Hay al menos 40.000 tropas estadounidenses presentes en Oriente Medio y al menos un grupo de batalla con destructores y portaaviones de manera permanente

La admisión de Biden de que los ataques con misiles estadounidenses no detendrán a Yemen a la hora de llevar a cabo sus ataques es precisa. Yemen se ha enfrentado a un bombardeo criminal de Arabia Saudí desde 2015 a 2023. Los saudíes han destruido buena parte de las infraestructuras en Yemen. Y con todo, los yemeníes han mantenido la habilidad de atacar objetivos israelíes. En octubre de 2024 el ejército estadounidense desplegó bombarderos B-2 Spirit para atacar lo que el Pentágono describió como “cinco objetivos subterráneos”. No es claro si estos depósitos de armas fueron destruidos, pero muestra la creciente desesperación de EE UU e Israel a la hora de intentar detener los ataques yemeníes.

Los nombres de las misiones estadounidenses (Operation Prosperity Guardian y Operation Poseidon Archer) impresionan. Están apoyadas por el despliegue de un grupo de batalla de portaaviones para proteger a Israel y atacar a Yemen, así como a los grupos que tratan de detener el genocidio israelí. Hay al menos 40.000 tropas estadounidenses presentes en Oriente Medio y al menos un grupo de batalla con destructores y portaaviones de manera permanente. De acuerdo con la Marina estadounidense, hay al menos dos destructores en el mar Mediterráneo (el USS Bulkeley y el USS Arleigh Burke) y dos en el mar Rojo (el USS Cole y el USS Jason Dunham), con el grupo de batalla 8, apoyado por el portaaviones USS Harry S. Truman, en ruta al Mediterráneo, y el USS Abraham Lincoln, hacia el océano Pacífico. Hay una considerable potencia de fuego estadounidense en toda el área que rodea a Israel.

Una solución política

Biden no ha sido el único en decir que los ataques estadounidenses contra Yemen han fracasado. El vicealmirante estadounidense George Wikoff, que dirige la operación Prosperity Guardian, dirigiéndose a un público en Washington D.C. desde su base en Baréin el pasado mes de agosto, dijo que los Estados Unidos no pueden “encontrar un centro de gravedad centralizado” de los yemeníes, lo que significa que no pueden aplicar “una política clásica de disuasión”, en referencia a los drones y misiles abatidos con armas estadounidenses.

Wikoff no mencionó que cada uno de los misiles y drones yemeníes cuesta unos 2.000 dólares, mientras que los misiles estadounidenses empleados para derribarlos cuesta dos millones de dólares. En última instancia puede que al final sean los yemeníes quienes estén degradando al ejército estadounidense (el Wall Street Journal informó en octubre que los arsenales estadounidenses tienen problemas de abastecimiento de misiles de defensa aéreos, y ese mismo periódico informó en junio que EEUU había gastado mil millones de dólares en su guerra en Yemen desde octubre de 2023). Como Biden, Wikoff comentó: “¿Los hemos detenido? No.” En un aparte interesante, Wikoff dijo que “la solución no va a venir de la punta de un cañón”.

Por lo que respecta al gobierno yemení, la única solución llegará cuando Israel ponga fin a su genocidio. Pero incluso un alto el fuego podría no ser suficiente. A comienzos de noviembre, la funcionaria de Naciones Unidas Louise Wateridge subió un vídeo a la red social X sobre la desolación en el norte de Gaza y escribió que “toda una sociedad es ahora un cementerio”. La habilidad del gobierno yemení para bloquear el comercio israelí y mantener a los EEUU a raya de su costa podría animarlos a continuar si Israel mantiene sus políticas ilegales de genocidio, limpieza étnica y apartheid. Tanto Wikoff como Biden están de acuerdo en que la política estadounidense no ha funcionado. Wikoff incluso dijo que la solución no iba a llegar mediante la fuerza militar. Que tendrá que ser política.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/analisis/estan-ganando-huties-yemen-bloqueo-bab-mandeb

 

sábado, 30 de noviembre de 2019

UNA NUEVA IDENTIDAD COMUNISTA. LA FORMA PARTIDO.





La forma partido

La cuestión del partido, hay que reconocerlo honestamente, es aquella con respecto a la cual el giro de Occhetto tiene mayores justificaciones, pero también aquella con respecto a la cual propone la solución más discutible y peligrosa.

La justificación radica en el hecho de que la reflexión teórica colectiva ha sido particularmente pobre en torno a este problema y la innovación en la práctica tímida e inconcluyente.

Renovación hubo, pero se dejó en manos de los acontecimientos, lo nuevo se sobrepuso a lo viejo y se ha desarrollado sin un proyecto y sin verdaderos cambios. Sin la inoculación de nuevas energías, nuevas experiencias, culturas, y sin una ruptura de las formas organizativas, a todos les pareció que el «instrumento» era ya incapaz de dar como fruto la mejor de las políticas.

Sin embargo, la pregunta es entonces la siguiente: ¿en qué debe consistir una ruptura de la continuidad, y en qué dirección debe orientarse? Es decir, ¿cuáles son los verdaderos «males» que corregir y extirpar, y qué partido se necesita en la sociedad transformada, para transformarla?

La idea que toma cuerpo es la del «partido ligero» moderno, no en el sentido del partido de unos cuantos (esta sería una consecuencia no deseada), sino en el sentido de: un partido en el que aparato y militantes pierden peso real con respecto al electorado y a las asociaciones federadas; que emplea las capacidades tal como se las ofrece el mercado intelectual; que agrega fuerzas en torno a programas específicos; que, en sustancia, se propone escuchar, interpretar la sociedad (una parte de ésta), más que transformarla, ser instrumento más que sujeto, sobre todo ser representación institucional y recolector electoral.

Ahora bien, no hay duda de que todo esto constituye una profunda ruptura no sólo con algunas formas organizadas de la tradición comunista —aquellas con las que, fácil y justamente, se ha ensañado la crítica (centralismo, militancia política como práctica absorbente, disciplina, etcétera)—, sino con su fundamento teórico. Esto es, la idea de que el partido no debe de ser sólo «para los trabajadores», sino de los trabajadores, el instrumento mediante el que una clase, por su naturaleza, colocada en papeles subalternos, y con una cultura subalterna, se transforma paulatina aunque directamente, en clase dirigente: por tanto, el instrumento sin el cual, a diferencia de la burguesía, el proletariado no puede constituirse en clase «para sí». Es más, se puede añadir que una ruptura así resulta más radical con respecto a la concepción gramsciana, de lo que puede serlo con respecto al mismo pensamiento leninista. Porque en el pensamiento leninista residía aún (por lo menos hasta el socialismo realizado) la dicotomía entre la masa proletaria confinada dentro de su lógica económico-corporativa y movilizada hacia la política en momentos y con objetivos generalísimos, y el partido de los cuadros portadores de una «ciencia de la revolución», identificada básicamente con una ciencia de la toma del poder. Mientras que Gramsci pone en el centro, como presupuesto de la hegemonía, la revolución intelectual y moral, es decir, la autoeducación colectiva de toda una clase, e incluso busca un fundamento material de este proceso en la dialéctica entre proletariado e intelectuales, y entre práctica obrera y valores premodernos presentes en la sociedad y en la cultura. El partido es la sede y el instrumento de todo ello, precisamente en cuanto que no es sólo de masa o de militantes, sino en cuanto «intelectual colectivo».

Tal concepción, a decir verdad, no se ha traducido en un partido real (no lo fue siquiera el partido nuevo de Togliatti en sus mejores momentos), pero no quedó confinada en los libros: primero, y sobre todo, después de Gramsci, uno de los elementos originales del movimiento obrero italiano (incluso del viejo socialismo prampoliano) fue precisamente su carácter de agente de civilización, de fuerza ideológica que proporcionaba este nuevo fundamento de cultura y moralidad colectiva que la revolución burguesa en Italia no había tenido. Una ruptura no precisamente pequeña.

La primera constatación que de inmediato hacemos, sin embargo, es que la ruptura hoy propuesta no es tal, de hecho, con respecto al tipo de partido que domina la política en Occidente, y tampoco con respecto a aquello en lo que el PCI a menudo se ha convertido en los hechos y a lo que espontáneamente tiende a ser.

La «forma partido» como se presenta hoy en las modernas democracias occidentales es, tendencialmente, la que precisamente se propone a sí misma como «innovación». Y esto nos ayuda mejor a comprenderla. Porque echando un vistazo a los hechos, se ve fácilmente que tal «partido ligero» —incluso cuando es de izquierda— no es en absoluto ligero, y que su manera de «escuchar a la sociedad» es de un tipo bastante particular. Es un «partido ligero» que suple la fragilidad de sus vínculos con las masas y la precariedad de su tejido conectivo con un fuerte énfasis en el papel personal del «líder»; que es administrado por aparatos de poder no menos estables y distantes de los antiguos (parlamentarios casi inamovibles, técnicos de la información y de la administración, administradores locales, gestores de las cooperativas, burocracias sindicales), esto es, piezas del establishment; que tiene que construir su consenso primordialmente con el empleo de los media (o mejor, buscando su apoyo no desinteresado) y con la mediación de varias corporaciones, buenas y malas. La consecuencia inmediata es la pasividad política de las clases subalternas hacia el exterior (el absentismo del voto) y en su interior (¿cómo puede quien no sabe, quien no tiene poder, llegar a ser dirigente?). La consecuencia indirecta es un tipo de consenso electoral que no puede hacer frente a políticas fuertes de gobierno, de ahí por tanto una necesaria autorreducción de los programas, y una «escucha de la sociedad» que selecciona y respeta las correlaciones fundamentales de fuerza existentes. El «reformismo de bajo perfil» se vuelve no ya una elección, sino una necesidad.

No es tamos describiendo solamente a los partidos conservadores centristas (que en Italia asumen específicamente las características del partido-Estado) sino también a la moderna tendencia de los propios partidos «progresistas»: desde el Partido Demócrata estadounidense, hasta los de los socialistas franceses o españoles. Y esa es, en parte, la tendencia actual del PCI.

Todos lo saben, y algunos lo dicen: es en Occidente donde aparece el punto de mayor debilidad de la izquierda: una insuficiencia de la democracia organizada que la expone a un ausentismo electoral de la “pobre gente”, que está a merced de los medios, de la hegemonía cultural del adversario.

Todo esto no sucede por casualidad o por error, sino que está en relación directa con esas novedades de la sociedad a las que se querría y se debería hacer frente renovando la forma partido.

Esquemáticamente, porque ya hemos aludido a estos mismos fenómenos:
  • a) La segmentación del cuerpo social. La propia clase obrera se articula, a causa de la descentralización, en sedes físicas, funciones productivas, niveles de producción mucho más diferenciados; y continuamente empobrece sus vanguardias a causa de una mayor movilidad social (espontánea o coaccionada). Aumenta el peso de los trabajadores intelectuales, aunque están fuertemente condicionados por la cultura que los forma y por el papel que asumen. Los intelectuales en sentido estricto son parte orgánica de aparatos potentes y estructurados. Gran parte de la «pobre gente» está formada por marginados (desempleados, ancianos, trabajadores precarios). Los «nuevos sujetos» ligados a contradicciones transversales están por su naturaleza físicamente dispersos y a menudo en conflicto. 
  • b) El papel que asumen los medios de información de masa no sólo permite la manipulación de las decisiones políticas, sino que comunica cultura, estilos de vida, también valores, sobre todo en las clases subalternas, forma y transforma continuamente el sentido común, da a la opinión pública un carácter espontáneamente confuso y oscilante.
  • Éste es el típico pueblo de las «primarias», clave de bóveda de la máquina electoral en Estados Unidos.
  • c) El poder de facto, dentro la aparente complejidad, e incluso gracias a ésta, está muy concentrado, y se presenta con la objetividad de las decisiones aparentemente racionales y posibles.
  • d) Por último, pero no menos importante, la elección misma, justa y obligada, de la «democracia» y de sus reglas, comporta un precio: la estabilización, durante décadas —también en las filas de la izquierda— de un personal político profesionalizado, integrado en su cotidianidad en las maneras de pensar, de actuar, y a menudo en los privilegios de las clases dominantes. En sustancia: no sólo es cierto que los partidos ocupan al Estado y a la sociedad; también lo es que ellos están ocupados.
Es por todo ello que, precisamente hoy, y como consecuencia de las transformaciones que están ya en marcha, para llevar a cabo, no digo ya la revolución, sino verdaderas reformas, es necesaria más que ayer una subjetividad organizada, autónoma, capaz llevar a la autotransformación de los protagonistas de un cambio posible. En este sentido el tema del partido no sólo de «masa», sino militante, intelectual colectivo, no es en absoluto un tema para archivar; limitarse a renovarlo sin problematizarlo, quiere decir sim ple mente rendirse a un continuismo absoluto. Y sobre esto, por otra parte, parece ab surdo liquidar una experiencia que, a pesar de todo, ha sido vital.

Entonces, y por el contrario, ¿en qué puede consistir una verdadera innovación, teórica y práctica?

El PCI ha sido sólo en parte un partido «de masas, militante, intelectual colectivo».

No lo es desde hace mucho tiempo, y sea como fuere, del modo en que había sido pensado no podría y no debería serlo. Partamos de algunas constataciones de hecho que tienen que ver con su constitución material, más allá de lo que piensa de sí mismo. Alrededor de esto sería necesaria una gran investigación y un análisis profundo. Sin embargo, algunos datos saltan a la vista.

a) La composición por edad. El promedio de los 1.400.000 afiliados supera ya los cincuenta años. Los afiliados menores de veinticinco años (1,9%) son numéricamente inferiores a los mayores de ochenta años. Aquellos con menos de treinta años (esto es, la verdadera fuerza dinámica de la sociedad) son menos que los mayores de setenta años. La Federación Juvenil, tras un intento de refundación que había arrojado algún resultado, ha vuelto a retroceder.

b) La composición de clase. Aparentemente el partido es aún amplísimamente de base obrera y popular. Su composición parece estable desde hace décadas. Digo aparentemente, no sólo porque haya crecido mucho, obviamente, el porcentaje de los pensionistas, y sea irrelevante la presencia de las nuevas figuras profesionales del trabajo de pendiente, sino sobre todo porque se ha acentuado increíblemente la dificultad de representar esa composición social en las funciones dirigentes. Si se piensa en el extraordinario florecimiento de la elite obrera que hubo durante los años setenta, sorprende cuán poco ha quedado de ello en los grupos dirigentes del PCI. Y a mayor razón se teme que esta tendencia empeore en una fase en la que esas elites ya no se forman espontáneamente.

c) La actividad política de las estructuras de base principalmente se ha restringido.

Se concentra en objetivos de autorreproducción (afiliación) o de propaganda (campañas electorales, fiestas de l’Unità), y en los casos de mayor vitalidad (pequeños y medianos centros) en eventos de la administración local. Por el contrario, la relación con las luchas y sedes de conflicto real está demasiado gastada o ha sido delegada: al sindicato, a los movimientos (pacifista o ecologista), a cuya vida cotidiana se es relativamente ajeno. La única excepción positiva, no por casualidad, es la de las mujeres comunistas.

d) Los grupos dirigentes periféricos viven en continuas dificultades: su base de selección se agota, difícilmente provienen de experiencias reales de lucha social y cultural, su vida material es difícil, y sin grandes compensaciones de rol e ideales. El poder real está dividido en una multitud de aparatos, entre los cuales el del partido no es ni el más numeroso ni el más valorado. El grupo dirigente central ha perdido una autoridad indiscutida, ya antes de la reciente crisis, y actúa, de una u otra manera, por impulsos, mensajes, más que a través de un mecanismo eficaz de discusión, de toma de decisiones, que verifique su actuación y sus resultados.

e) La actividad formativa se ha debilitado mucho, ya sea con respecto a los cuadros de base, ya sea como capacidad de elaboración, de transformación de la clase intelectual. La forma típica de la relación partido-intelectuales es ya la de los independientes, la de los «expertos» separados de la vida política activa. La prensa de partido vive una crisis evidente, y la propia información política está mediada por órganos independientes.

La enumeración podría continuar, pero estas observaciones son suficientes para persuadirse acerca de que, en relación con la cuestión del partido, de sus formas organizativas, se hace necesaria una ruptura.

Obviamente no puede llevarse a cabo en términos de restauración de una concepción clásica: dos puntos del discurso gramsciano decisivos a propósito del partido (su carácter de sujeto «totalizador», su papel pedagógico) están en tela de juicio, además de por la experiencia, por las novedades sociales. La subjetividad antagonista ya no se agota en el partido, éste es sólo un componente, a pesar de que sea decisivo. Pe ro, ¿con qué funciones, y bajo qué formas organizativas?

El problema no es solamente uno de los más difíciles y complejos de afrontar, sino que es también imposible resolverlo en abstracto, sin una experiencia in progress, sin poder ver con claridad qué fuerzas se pueden poner paulatinamente sobre el terreno y cómo darles formas organizativas adecuadas: lo que se puede y se tiene que hacer es, sobre todo, obtener claridad de ideas acerca de la dirección en la que se quiere encontrar una respuesta.

De cualquier forma, queremos proponer algún punto de modo muy problemático, y con alguna afirmación arriesgada.

a) Una nueva forma partido, para existir y con el carácter del que hablamos, necesita algo que, si no antes, por lo menos junto con él, crezca fuera de sí, de manera que el «límite» del partido (concepto justo aunque al mismo tiempo equívoco) no esté representado simplemente en la sociedad como un conglomerado amorfo, o por la individualidad atomizada. Tiene necesidad de una democracia organizada, de movimientos de masa, autónomos, organizados, que aun partiendo de temáticas y conflictos precisos tengan la permanencia y la fuerza para ser sujetos políticos y sean reconocidos como tales. Y, por lo tanto, la relación entre partido y masa (el así llamado carácter de masa del partido) no se presente más como la superposición de una «conciencia general» a la espontaneidad económico-corporativa, y mucho menos como superposición del aparato político-institucional a una opinión pública atomizada de la cual se espera solamente el consenso. Durante las dos últimas décadas ha habido en Italia numerosas experiencias embrionarias en esta dirección, y han sido extraordinariamente enriquecedoras: sobre todo en la clase obrera (los consejos de los años setenta), también en los terrenos del pacifismo y del ecologismo de los años ochenta y por último, y sobre todo, por medio del movimiento de mujeres. Hoy en día, casi únicamente éste ha conservado este tipo de tensión. El ecologismo ha sido absorbido muy pronto por la estrategia electoralista, el pacifismo ha vivido una fase de declive, la crisis de la estructura consejista en la fábrica es grave. Y, sin embargo, en este y en otros terrenos que da, y en otros casos nace por primera vez, una evidente potencialidad de auto-organización social (lucha antimafia, voluntariado social en la sanidad, drogadicción, inmigración). El PCI, por cultura y por maneras de trabajar, no ha reconocido jamás la necesidad de esta dialéctica: en ciertos casos ha desconfiado de ella, en otros ha tratado de absorberla, en otros ha establecido una relación exclusiva con sus expresiones institucionales. Ahora bien, la línea que apunta hacia una unificación de los movimientos en un partido, o hacia alianzas electorales (de tipo, precisamente, estadounidense) es una falsa solución del problema. Es necesario, por el contrario, reconocer la autonomía de los movimientos, trabajar «dentro», y, por otra parte, afirmar recíprocamente la propia autonomía, confrontarse con los movimientos y no limitarse solamente a «representarlos». Sin esta dialéctica no existen los «materiales» merced a los cuales construir una nueva hegemonía.

b) Pero para que esto ocurra se necesita también crear las condiciones estructurales e institucionales mínimas para el crecimiento de una democracia organizada, de una subjetividad colectiva. Me refiero, ante todo, a las dos grandes estructuras que condicionan la subjetividad en una sociedad moderna de manera más penetrante. Si no se rompe el carácter centralista-burocrático de la escuela (que la incapacita para formar un espíritu crítico, una identidad personal y mientras tanto profundiza de nuevo la separación entre la elite y las clases subalternas), pero sin caer en la lógica de la escuela como instrumento de transmisión de las exigencias del capital y del mercado, no es posible que ninguna experiencia de masa supere el límite del particularismo y del grupo de presión. Al mismo tiempo, si no se libera al sistema de los medios de comunicación no sólo de los poderes más poderosos que lo dominan, sino de la lógica que los constituye como mero mercado, la solución que permita la consolidación de una subjetividad deviene imposible.

c) Esta premisa lleva a novedades radicales en la concepción del «partido nuevo» de Togliatti y con mayor razón en nuestras actuales formas organizativas. La primera de ellas concierne al significado mismo de la expresión «partido de masas». En realidad el «partido de masas» se ha caracterizado por la coexistencia de dos realidades muy alejadas: el partido de cuadros que, por medio de un tejido militante muy activo y entusiasta, aunque relativamente poco partícipe de la elaboración política general, se conectaba con un «pueblo comunista» principalmente en el terreno de las grandes opciones ideológicas (el antifascismo, el socialismo real) y de la práctica reivindicativa inmediata (sindicato, cooperativas, asociaciones profesionales). Hoy, esta separación se ha vuelto más profunda: clase política y opinión pública.

Se necesita entonces, como mínimo, diferenciar entre partido e instituciones, desplazar el acento en el partido como agente y organizador de la sociedad, hacia el papel de promotor del conflicto y estímulo de una reforma intelectual y moral. Precisamente lo que Gramsci llamaba (espero no estar estúpidamente equivocado) «espíritu de escisión», no casualmente lamentando la ausencia, en la historia italiana, de la Reforma religiosa, o de la Ilustración como base fundadora de una nueva y difundida identidad colectiva.

Algo más que una simple autonomía cultural, y mucho más que una genérica elección de valores fundacionales: se trata de la fusión de valores, análisis de la realidad, proyecto de transformación que dé un sentido profundo a la política y que para eso mismo esté presente en cada momento, día tras día, y sea instrumento de crítica y de transformación de la vida personal. Fundamento ético y no solamente intelectual. ¿No es éste el sentido radical de la crítica de las mujeres a la política masculina?; ¿no es ésta la raíz del renacimiento inesperado y frecuentemente fundamentalista de la presencia religiosa en la vida social?; ¿no es ésta la nueva y mayor «miseria» de los partidos modernos de izquierda y de cada uno de nosotros, incluso cuando nos proclamamos comunistas? Agotado el peligroso impulso del populismo y el igualmente falaz del «partido iglesia», ha quedado la realidad del partido como sector del aparato público. ¿Existe un fundamento, una base material para abordar la refundación de esta tensión ideal, que se vuelve, decía Marx, fuerza material, en una sociedad tan fragmentada y se cularizada, sin el cortocircuito del fundamentalismo? La respuesta hay que buscarla, probablemente, en el hecho de que finalmente surgen contradicciones social-cualitativas que le permiten al partido de las clases subalternas salir de los límites de la integración o de la revuelta, expresar un punto de vista radicalmente antagónico aunque «en positivo». Por eso es de decisiva importancia, y nosotros no pensamos olvidarlo, el tema de la relación con otras culturas, otras subjetividades externas y a veces conflictivas con nuestra tradición:  a condición de que no se degrade a la banalidad del «contagio», del eclecticismo;  que se busque realmente una síntesis provisional en cada momento, y en esta relación cada uno valore su riqueza y su identidad.

Fuente: Último apartado del Apéndice Una nueva identidad comunista del libro de Lucio Magri El sastre de Ulm. El comunismo del siglo XX


jueves, 31 de enero de 2019

LECCIONES DE LA HISTORIA: ENERO ROJO EN BERLÍN (1919)





El 31 de mayo de 1919 fue encontrado el cuerpo de una mujer flotando en el Landwehrkanalde Berlín (1). Los guantes y los restos del vestido permitieron identificarla como Rosa Luxemburg, asesinada el 15 de enero por la milicia paramilitar del Freikorps (2) que actuaba a las órdenes del socialista Gustav Noske (3), comandante en jefe de las fuerzas militares concentradas en Berlín por el gobierno alemán, que presidía el socialdemócrata Friedrich Ebert.En el Tiergarten, no muy lejos del lugar en el que Rosa Luxemburg fue arrojada a las aguas del canal, el Freikorps también asesinó esa nochea Karl Liebknecht cuyo cadáver fue depositado por un teniente en la Morgue, como “cadáver desconocido”, con varios disparos efectuados a quemarropa (4).

También fueron asesinados cientos de espartaquistas (5), que se habían rendido a las fuerzas militares del gobierno. Entre el 11 y el 15 de enero, en los combates y asesinatos de aquellos cinco días de 1919, fue exterminada la vanguardia revolucionaria del proletariado de Berlín.

La idea que se ha transmitido para la historia sobre el “enero rojo” de Berlín es la de un levantamiento minoritario realizado exclusivamente por una vanguardia de comunistas radicalizados. Nada más lejos de la realidad.

Durante el mes de diciembre y los primeros días de enero se sucedieron una serie de provocaciones (perfectamente orquestadas) realizadas por las autoridades gubernamentales, que dieron lugar a diversos enfrentamientos con las fuerzas revolucionarias. Como consecuencia de ello, el día 5 de enero se convocó en Berlín una masiva manifestación de protesta contra el gobierno de Ebert y Scheidemann. El detonante final había sido la destitución del jefe de policía de Berlín,Emil Eichorn, del USPD (Partido Socialdemócrata Independiente) y un hombre cercano a las ideas revolucionarias. La manifestación rápidamente desbordó sus objetivos iniciales, adquiriendo un carácter revolucionario. El Comité Central del recién creado Partido Comunista de Alemania (KPD)titubeaba y una parte de sus miembros (entre ellos Rosa Luxemburg) eran contrarios a la idea de desatar la insurrección en ese momento, pues consideraban que el partido(que estaba ganando apoyos pero era aún un grupo muy pequeño) carecía de los cuadros, la organización y los medios para conquistar y mantener el poder. Pero otra parte de sus miembros (encabezada por Liebknecht) decidió por su propia cuenta apoyar la insurrección junto conlos elementos más izquierdistas del USPD berlinés.

Según las palabras de Víctor Serge (6): “Liebknecht desataba antes de tiempo, sin contar con un partido, una insurrección que no tenía medios de dirigir……Doscientos mil proletarios resueltos, magnífico ejército pronto a todos los sacrificios…..esperaron impacientes horas y horas yendo y viniendo por las avenidas brumosas del Tiergarten…..No hubo Comité Revolucionario que acertase a emplear su energía”.

La derrota del “enero rojo” berlinés no fue, pues, una consecuencia de la insuficiente movilización de las masas (al menos, en Berlín) sino que fue debida principalmente a la carencia de una dirección revolucionaria con una organización, estructura, objetivos, planes y medios adecuados para la conquista del poder.

Rosa Luxemburg, en su último escrito (El orden reina en Berlín) decía que ese era el menor de los problemas porque la dirección puede y debe ser creada por las masas. Pero, al menos en este punto, Rosa se equivocó porque el “enero rojo” representó el exterminio de una generación irreemplazable de dirigentes revolucionarios europeos (7).

Aquellas masas no volvieron a tener la capacidad de crear una dirección revolucionaria como fueron los espartaquistas de 1919. Después del desastre, el Partido Comunista de Alemania fue reconstruido en 1920 pero fue, desde el principio, esencialmente una sección de la Internacional Comunista (Komintern) y su dependencia de la Unión Soviética se hizo cada vez mayor en los años del estalinismo.

La magnífica cultura del socialismo revolucionario alemán, heredera de las mejores tradiciones del pensamiento marxista europeo, desapareció en 1919. Ningún partido revolucionario recogió en su ideario la defensa de la autonomía de los trabajadores y las libertades políticas fundamentales con la misma claridad con la que Rosa Luxemburg había recogido esos principios en su pensamiento y sus escritos.

En el análisis histórico resulta muy arriesgado hacer hipótesis de historia-ficción pensando en lo que hubiera podido suceder si un acontecimiento histórico hubiera sucedido de otra manera, pero es evidente que el socialismo revolucionario que proponían Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht habría resultado una referencia mucho más atractiva para la clase trabajadora de Europa Occidental de lo que representó el comunismo de la Unión Soviética. También es indiscutible el peso que habrían podido tener dentro del debate ideológico del comunismo internacional en aquellas décadas (8). Tal vez la historia del comunismo, dentro y fuera de la Unión Soviética, habría podido ser diferente si los dos principales dirigentes del socialismo revolucionario alemán no hubieran desaparecido de forma prematura en aquel “enero rojo”de 1919.El exterminio de los espartaquistas probablemente representó, en cuanto a sus efectos históricos, la más grave derrota de la revolución socialista en la Europa del siglo XX.

Aún habría nuevas batallas revolucionarias en los años siguientes: el 9 de marzo de aquel mismo año el gobierno socialista ordenó a los soldados y paramilitares atacar a los manifestantes revolucionarios berlineses con ametralladoras, tanques e incluso aviones, produciendo más de mil muertos entre la población, y en abril el socialista Gustav Noskeenvió una vez más a losFreikorps(entre los que se encontraba el futuro jefe de la milicia del Partido Nazi, ErnstRöhm) (9) para restaurar el orden y aplastar a la República Soviética de Baviera que había sido proclamada el día 2 de abril en Munich.Los Freikorps, precursores de las Secciones de Asalto (SA) del Partido Nazi, se convirtieron en un elemento fundamental de la violencia política de la extrema derecha en la Alemania de Weimar (10).

También existió un efímero estado soviético en Hungría. La República Soviética Húngara fue proclamada el 22 de marzo de 1919 por Bela Kun, que permaneció 133 días en el poder, al frente del Partido Comunista Húngaro y sucumbió en agosto de aquel año ante el ataque de sus enemigos interiores del Ejército Nacional del almirante MiklósHorthy (que terminó estableciendo en Hungría una dictadura militar de tipo fascista) y la invasión exterior del Ejército rumano, alentada por los Aliados de la Entente con el apoyo de las fuerzas reaccionarias húngaras (11).

En 1920, el putsch fascista de Kapp dio lugar a una huelga general masiva, con una enorme movilización, que abortó el golpe y dio lugar a una oleada revolucionaria durante el mes de marzo en el Ruhr, que fue reprimida por las fuerzas militares del gobierno socialdemócrata de Friedrich Ebert causando más de mil muertos entre las fuerzas insurgentes. El último intento revolucionario serio tuvo lugar en Alemania en 1923cuando el desempleo masivo y la hiperinflación desembocaron en los levantamientos revolucionarios en Turingia y Sajonia (que establecieron efímeros gobiernos obreros) y en el levantamiento comunista de Hamburgo del 23 al 25 de octubre de 1923,dirigido por ErnestThälmann (12),que también fracasó. Y en noviembre de ese mismo año tuvo lugar también el fracasado golpe fascista de Hitler y Ludendorff en Munich.

Pero, visto en la perspectiva histórica, resulta evidente que la derrota dellevantamiento espartaquista de Berlín en enero de 1919 marcó el punto de inflexión fundamental para el movimiento revolucionario en Centroeuropa y consolidóel militarismo reaccionario alemán (que había sido derrotado por sus enemigos imperialistas exteriores en la Gran Guerra) como la fuerza política fundamental que marcaría la evolución de la República de Weimar.

Romain Rolland, en su magnífica crónica del “enero rojo (Enero rojo en Berlín) fue quien interpretó de la manera más clarividente el significado de aquella derrota y el peligro que representaba para la paz mundial:

“No parece que la prensa francesa se haya dado perfecta cuenta de la gravedad trágica de estas jornadas de enero, no solo para la revolución alemana sino para la paz del mundo. Los gobiernos de la Entente y su prensa burguesa dan pruebas de una singular ceguera. Tan singular que uno se pregunta si no será voluntaria. Llevados del miedo que los invade ante los progresos de la idea comunista en Europa han saludado con alivio la derrota de los espartaquistas sin cuidarse de los peligros políticos que su desaparición entrañaba para la Entente. Su preocupación única por los intereses capitalistas los hace desentenderse de la inquietud que estos buenos nacionalistas deberían sentir hacia su nación”.

Rolland no se equivocaba: toda la palabrería sobre la nación y la patria desaparece cuando están en juego los intereses del capital, la única y verdadera patria de los burgueses (13).

Momento crítico para la revolución bolchevique: después de su derrota en la Gran Guerra, el imperialismo alemán retrocedía en el oeste de la Rusia Soviética pero el imperialismo de la Entente (mucho más fuerte y peligroso) teníalas manos libres para cercar y asfixiar a la revolución. Lenin lo había expresado con claridad en el VI Congreso de los Soviets: No hemos estado nunca tan cerca de la revolución mundial y, sin embargo, no hemos estado jamás en un peligro tan grande (14). Yen ese momento la revolución alemana, gran esperanza de la revolución mundial, sufría una dura derrota que obligaba a posponer las expectativas revolucionarias en ese país. La frontera del bolchevismo retrocedía desde el Rin hasta mucho más allá del Vístula, en donde se constituía rápidamente, bajo el gobierno socialista de Daczinski, la República de Polonia, otra muralla de defensa de la vieja Europa (15).

La revolución bolchevique no podía esperar ninguna ayuda internacional a corto plazo y debía enfrentarse a la contrarrevolución y a la intervención multinacional únicamente con sus propias fuerzas. El Estado Soviético era una fortaleza asediada por todos sus confines. Pero el partido se militarizó y el ejército rojo se endureció y resistió. La Chekaaplicó el “terror rojo para reprimir a los enemigos de la revolución y la guerra adquirió aún mayor brutalidad. En 1921 la República de los Soviets había ganado la guerra, pero en muy pocos años se apagaron los últimos rescoldos revolucionarios en Europa.

Desde 1923 era evidente que la revolución mundial no vendría en auxilio de la República de los Soviets y que sería necesario afrontar la reconstrucción y supervivencia del paísal margen de cualquier expectativa revolucionaria internacional.Un partido militarizado tendría que afrontar la construcción del socialismo en un estado que seguía funcionando como una fortaleza sitiada (16).

La insurrección de los trabajadores de Viena, en 1934, y la Guerra Civil Española, en 1936-39, fueron dos enfrentamientos que tuvieron, sin duda, un componente revolucionario pero fueron, principalmente, combates defensivos contra el fascismo. Las democracias capitalistas seguían pensando que el fascismo era un útil aliado frente al comunismo y la política internacional de la URSS y el Komintern daba prioridad, en ese momento, a la defensa del Estado Soviético frente a cualquier proyecto revolucionario. El tiempo de las revoluciones había pasado y se aproximaba, otra vez, el tiempo de la guerra.

Más allá de cualquier circunstancia personal, individual o subjetiva,fue el aislamiento internacional lo que creó las condiciones objetivas parala burocratización y degeneración del partido y el estado y el triunfo del estalinismo. El fracaso de la revolución en Alemania y Europa Central fue determinante en la historia del socialismo soviético.

El recuerdo de los crímenes del “enero rojo y la política contrarrevolucionaria de la socialdemocracia pesó también como una losa sobre la política de la Alemania de Weimar, dificultando la alianza de los antifascistas para frenar el ascenso de Hitler. En ningún otro país resultó tan creíble como en Alemania el término “socialtraidor”, utilizado por el estalinismo ultraizquierdista de los años 30 (17).

Y se cumplieron los deseos de Foch (Antes Hindenburg que Liebknecht). Hindenburg fue elegido presidente en 1932 y nombró canciller a Adolf Hitler en 1933. Finalmente, como había anunciado Liebknecht en su testamento político,“el río de lava de una erupción volcánica sepultó a la socialdemocraciade la República de Weimar” (18). Pero esa “lava ardiente no fue la consecuencia de una erupción revolucionaria, como él había pronosticado, sino de una erupción fascista cuyo fuego habían conservado, protegido y alimentado aquellos socialdemócratas cuando movilizaron a las fuerzas más negras del militarismo reaccionario alemán para aplastar la revolución. Y ese río de fuego, que abrasó a los que Serge llamaba “los socialistas de la contrarrevolución, incendió también el mundo y loarrastró al mayor holocausto de su historia (19).

“Espartaco significa socialismo y revolución mundial”, escribió Liebknecht el 14 de enero de 1919. Y, un siglo después, ese es el legado que ha permanecido en la memoria. La derrota y el exterminio de los espartaquistas fue mucho más que la derrota de una revolución: no es exagerado decir que fue una derrota para toda la humanidad. La alternativa “socialismo o barbarie”, que Rosa Luxemburg dejó para la historia, se cumplió en su totalidad: la barbarie triunfó porque el socialismo no pudo ser en el rojo Berlín de 1919.

Jesús Rodríguez Barrio es activista de La Comuna.

Referencias
Broué, P. (1973) Revolución en Alemania /1. De la guerra a la revolución. Victoria y derrota del “izquierdismo”. Barcelona: A. Redondo. https://marxistarkiv.se/espanol/clasicos/broue/revolucion_en_alemania.pdf
Brugos, T. (2018) “La Revolución alemana de 1918. La esperada, la que no pudo ser”. En Viento Sur, nº 161, pp. 113-118, diciembre.
Gerwarth, R. (2017) Los vencidos. Barcelona: Galaxia Gutemberg.
Liebknecht, K. (1919) A pesar de todo. Último escrito, publicado en Die RotheFahne (la Bandera Roja) el 14/01/1919. Recogido en La Revolución Alemana de 1918-19, pp. 55-59 (Fundación Federico Engels, Madrid, 2009).
Luxemburg, R. (1919)El orden reina en Berlín. Último escrito, publicado en Die RotheFahne (la Bandera Roja) el 14/01/1919. Recogido en: La Revolución Alemana de 1918-19, pp. 47-53 (Fundación Federico Engels, Madrid, 2009).
Rolland, R. (1919) “Enero rojo en Berlín”. Publicado en los días 16, 17 y 18 de febrero de 1919 en el diario L’Humanité. Recogido en: La Revolución Alemana de 1918-19, pp. 79-93 (Fundación Federico Engels, Madrid, 2009).
Serge, V. (2017) El año I de la Revolución Rusa. Madrid: Traficantes de Sueños.
Stevenson, D. (2013) 1914-1918. Historia de la Primera Guerra Mundial. Barcelona: Penguin.
Notas
1) “El canal…..comienza a verse flanqueado por hileras de árboles y su orilla se conoce durante un trecho como Ribera del jardín…….Allí está el puente de Liechtenstein….Que el sosiego de este puente lo profanasen unos canallas cuando unos pasos más allá arrojaron al agua el cuerpo agonizante de una noble luchadora, que tuvo que pagar su bondad y valentía con la muerte, es algo que apenas resulta concebible cuando aquí se contemplan los reflejos sobre el agua de las copas ondulantes de los árboles”. (Hessel, Franz: Paseos por Berlín, Errata Naturae, Madrid, 2015, pp. 171-172).
2) El Freikorps era una milicia paramilitar integrada por oficiales veteranos de la Gran Guerra y jóvenes oficiales y aspirantes a oficial reclutados como voluntarios entre la burguesía y la clase media reaccionaria. En la práctica era una fuerza militarizada de extrema derecha integrada por voluntarios reclutados entre los sectores más reaccionarios del ejército y la sociedad de la Alemania Imperial. En los combates de aquellos días en las calles de Berlín también participaron algunas unidades regulares seleccionadas al mando de los oficiales más reaccionarios del ejército. Todas estas fuerzas estaban bajo el mando de Gustav Noske, destacado militante del sector más derechista del partido socialdemócrata (SPD) quien había sido hasta ese momento gobernador militar de Kiel desde noviembre de 1918.
3) “...puesto que es necesario que alguien haga de perro de presa…, había dicho Noske en el momento de aceptar el mando de las fuerzas militares y paramilitares movilizadas para aplastar la revolución. (Serge, Víctor: El año I de la Revolución Rusa, Traficantes de Sueños, Madrid, 2017, p. 394).
4) Una sencilla placa, a orillas del Landwehrkanal, bajo el puente de Lichtenstein, recuerda el asesinato de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht en enero de 1919. Los asesinos fueron identificados y juzgados por un tribunal militar, pero fueron tratados con benevolencia. Sobrevivieron a la II Guerra Mundial y vivieron hasta el final de sus días en la RFA. El tribunal que los juzgó estaba presidido por Wilhelm Canaris, quien más tarde alcanzaría el rango de almirante y llegaría a ser el jefe supremo de los servicios secretos de la Alemania Nazi (la Abwehr). Canaris fue ahorcado en 1944 por la Gestapo en la prisión de Moabit, en Berlín, por haber participado en la conspiración para asesinar a Hitler.
5) La Liga Espartaquista había sido creada en 1916 por Karl Liebknecht, Rosa Luxemburg, ClaraZetkin y Franz Mehring (entre otros) aglutinando al sector más izquierdista del SPD (Partido Socialdemócrata). Esta organización había constituido el núcleo fundamental del Partido Comunista de Alemania(KPD), cuyo congreso fundacional había concluido en Berlín el 1 de enero de 1919. El nombre de la fracción provenía del seudónimo (Espartaco) con el que Liebknecht firmaba sus artículos antibelicistas durante la guerra.
6) Serge, op. cit, p. 395.
7) Franz Mehring, que tenía 73 años y se encontraba gravemente enfermo, no pudo soportar el exterminio de sus camaradas y murió el 29 de enero de 1919. Clara Zetkin murió, a los 76 años, en 1933 en Moscú, donde se había exiliado después del ascenso de Hitler al poder. Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht tenían ambos la misma edad, 47 años, cuando fueron asesinados el 15 de enero de 1919.
8) “Rosa Luxemburg y Liebknecht eran conocidos por todos los obreros alemanes y apreciados por todo el movimiento internacional. Eran los únicos que podían discutir de igual a igual con los dirigentes bolcheviques y los únicos que podían constituir en la Internacional, fundada conjuntamente, un contrapeso a la autoridad de estos” (Broué, Pierre: Revolución en Alemania /1, p. 166).
9) El capitán Ernst Röhm ejercía como ayudante del general Franz Ritter vonEpp en el mando del FreikorpsOberland. Los Freikorps fueron el núcleo fundamental sobre el que años más tarde se constituyó la milicia del Partido Nazi. Röhm se convertiría, más tarde, en el comandante supremo de las Secciones de Asalto (SA) los “Camisas Pardas”, del Partido Nazi (Gerwarth, Robert,Los vencidos, Galaxia Gutemberg, Barcelona, p. 160, 2017).
10) “La violencia política y el asesinato…..se convirtieron en elementos habituales de la vida de la República de Weimar, pero si venían de la derecha, los tribunales los perdonaban” (Stevenson, David: 1914-1918. Historia de la Primera Guerra Mundial, Penguin, Barcelona, p. 719, 2013).
11) Tras la derrota de la revolución húngara Kun se refugió en Austria y después en la Unión Soviética, donde terminó siendo ejecutado en una de las purgas de Stalin.
12) ErnestThälmann se convertiría en octubre de 1924 en el máximo dirigente del Partido Comunista de Alemania (KPD). Detenido por la Gestapo en 1933, permanecería 11 años en prisión hasta su fusilamiento, por orden de Hitler el 18 de agosto de 1944 en el campo de concentración de Buchenwald.
13) “Gobiernos burgueses de Europa, los intereses de vuestra clase os atan más que los de vuestra patria (y no hablo de los de la Humanidad, pues estos todo el mundo sabe que os son completamente indiferentes)” (Rolland, op. cit., p. 80). Un personaje tan ultraconservador como Winston Churchill también reprochó esa misma actitud a la clase dirigente de Inglaterra cuando señaló que, durante la Guerra Civil Española había puesto los intereses de su clase por encima de los intereses de su nación.
14) Serge, op. cit., p. 388.
15) Serge, op. cit., p. 396.
16) En los años 30 del siglo XX la peor acusación (y una de las más frecuentes) contra cualquier perseguido político en la Unión Soviética era la de ser unespía y un agente al servicio de los países enemigos del estado soviético. Esta cultura nunca desapareció y estuvo vigente (en mayor o menor medida) durante toda su historia.
17) “Entre socialdemócratas y comunistas alemanes se cruzará en adelante la sangre de Liebknecht y Rosa Luxemburg”. (Broué, op. cit., p.165).
18) La Asamblea Nacional de Alemania, reunida en Weimar en febrero de 1919, nombró a Ebert presidente del Reich y a Scheidemann canciller. Friedrich Ebert murió en 1925, en Berlín. PhilippScheidemann murió en 1939, en Dinamarca, donde se había exiliado tras el ascenso de Hitler al poder. Gustav Noske fue ministro de defensa de Alemania entre 1919 y 1920.Fue detenido por la Gestapo en 1944 y recluido en el campo de concentración de Ravensbrück, de donde fue liberado por las tropas aliadas. Murió en Hannover en 1946.
19) Como un anticipo de la barbarie que estaba por venir, en el desfile triunfal del Freikorpspor la Unten Der Lindenque encabezaba el socialista Noske el 11 de enero de 1919, participaba un joven teniente de nombre Friedrich Paulus que recibiría 24 años más tarde el bastón de mariscal entre las ruinas de Stalingrado.En tiempo de la RDA, la prolongación de la Unten Der Linden (a partir del Lutsgarten) recibió el nombre de Karl LiebknechtStrasse, denominación que se ha conservado hasta el día de hoy.