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martes, 18 de febrero de 2014

CALLAR Y CUMPLIR LA PENA. CUANDO AL CUERPO SUBLEVADO LO CONVIERTEN EN BOTÍN

El largo silencio respecto a la violencia sexual ejercida sobre las mujeres subversivas en el Conflicto Armado Interno en Perú.

Pimanraqkutinqa, sapan paloma / ¿En quién se apoyaría la paloma sola?
Quru sacha qina mana piniyuq / Sin nadie, como el árbol silvestre.
Sipillawaptimpasqatarimusaqmi / A pesar de que me maten, lograré levantarme
chakiytawiptimpassayarimusaqmi / aunque me corten los pies, lograré levantarme
Viva la patria, composición de Carlos Falconí.

La invisibilización de los casos de violencia sexual ejercida por las fuerzas del orden (Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú) en las detenciones y/o capturas a mujeres integrantes y supuestas integrantes de los grupos subversivos (Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru), constituye un realidad, dela que poco o nada se ha hablado, una arbitrariedad sobre la que nadie opina.


Óleo "Dos Mujeres" TAANS – Taller de Arte y Artesanía Nueva Semilla, formado por las presas políticas del Penal de Máxima Seguridad de Chorrillos. 

¿Los derechos fundamentales se garantizan sólo a un sector de la sociedad? ¿en un “Estado Democrático” se puede retraer derechos? si el fin de un Estado Democrático es fundamentalmente garantizar los derechos de todas y todos los ciudadanos a fin de otorgar bienestar social ¿por qué el Estado Peruano no reconoce la violencia sexual ejercida por las fuerzas del orden contra las mujeres acusadas por subversión durante el conflicto armado interno?

A consecuencia del Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación - CVR, entregado en agosto de 2003, se publicó la Ley Nº 28592, Ley que crea el Programa Integral de Reparaciones –Ley PIR en julio de 2005, a fin de que el Estado reconozca el derecho de las víctimas a obtener alguna modalidad de reparación. Los programas de reparaciones ofrecidos en el Plan son: a) Programa de restitución de derechos ciudadanos, b) Programa de reparaciones en educación, c) Programa de reparaciones en salud, d) Programa de reparaciones colectivas, e) Programa de reparaciones simbólicas, f) Programa de promoción y facilitación al acceso habitacional; a estos programas se tiene acceso, luego de la inscripción en el Registro Único de Víctimas –y registros regionales-

El proceso es el siguiente. La persona que sea considerada víctima –“víctima” según la Ley PIR- puede inscribirse en el Consejo de Reparaciones, quien tiene a cargo el Registro Único de Víctimas.Una vez inscrita, podrá acreditar ello, y seguidamente hará efectivo su derecho a acceder a los programas de reparación a cargo de la Comisión Multisectorial de Alto Nivel CMAN. La norma a fin de que “todas” las personas y comunidades afectadas durante el proceso de violencia ocurrida en el Perú tengan acceso a una reparación.

La definición de “víctima” que hace la Ley PIR dice “son consideradas víctimas las personas o grupos de personas que hayan sufrido actos u omisiones que violan normas de los Derechos Humanos, tales como desaparición forzada, secuestro, ejecución extrajudicial, asesinato, desplazamiento forzoso, detención arbitraria, reclutamiento forzado, tortura, violación sexual o muerte, así como a los familiares de las personas muertas y desaparecidas durante el período del 80 al 2000”[1]

Esta definición, carece de una mirada que diferencie la violencia ejercida sobre hombres y mujeres, pese a que el Informe de la CVR, en su  Capítulo 2 se ocupe de “El Impacto Diferenciado de la Violencia” así como que se tenga un apartado “1.5. Violencia Sexual Contra la Mujer”. Mucho se ha venido observando este punto, ya que dentro de todas las formas de violencia que se cometieron sobre las mujeres durante el conflicto armado, sólo se reconoce la Violación Sexual.

Existe numerosa bibliografía que se ocupa del tema, y una iniciativa legislativa PL Nº 719-2011 que modifica los artículos 3º y 6º de la Ley Nº 28592, Ley PIR. Este proyecto se encuentra en la actualidad para debate en la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, luego de que, posterior a ser aprobado en mayo de 2012, fue observado con Autógrafa de Ley y devuelto a la Comisión de Justicia. El Proyecto de Ley, proponía que se reconozca además de la violación sexual, otras formas de violencia sexual como: esclavitud sexual, embarazo forzado, aborto forzado, prostitución forzada, y esterilización forzada; la propuesta se aprobó con Texto Sustitutorio, el cual excluyó al: embarazo forzado y esterilización forzada –violencia mayormente cometida por las fuerzas del orden-.

Si bien por medio de este proyecto se modificará en un aspecto la Ley PIR, no constituye la solución a la totalidad del problema. Además del injusto sesgo de género que tiene la norma al no reconocer otras formas de violencia sexual, cuenta con “exclusiones”. Lo que quiere decir que “No son consideradas víctimas y por ende no son beneficiarios de los programas a que se refiere la presente Ley, los miembros de organizaciones subversivas (…)”[2].

¿De verdad estamos hablando de “derechos” “reparaciones”?

La Ley PIR nace de las recomendaciones dadas por la CVR, su espíritu es “reparar” a todas y todos aquellos afectados durante el tiempo de la guerra. Si en el conflicto armado hubo dos frentes, y uno de ellos, en algunas circunstancias, sí es considerado víctima, como lo son los policías y militares ¿qué le inhibe al otro grupo no ser en algunos casos víctimas también? Nada se puede decir del enfrentamiento cuerpo a cuerpo en el campo de batalla, no obstante ¿qué hay del sometimiento una vez caídos? ¿qué pasa con el abuso sobre las personas que bajo detención eran sometidas a tortura, desaparición, muerte, violación sexual?... ¿si disparo me corresponde la tortura? ¿si agito, grito, propagandeo, me corresponde la violación sexual? ¿si me sublevo me corresponde que me toquen, desnuden, esclavicen, humillen sexualmente?. ¿Fue el cuerpo de las mujeres un trofeo más de guerra que se adquiría en las detenciones? ¿fue el cuerpo de las mujeres subversivas parte de las medallas que osaban reclamar militares y policías?

Si yo me levanto contra tus normas ¿tomas mi cuerpo? Si pierdo y me capturas… me juzgarás con tus leyes, y si abusas de mi ¿con tus mismas leyes te exculparás? -querrás y harás que no sea víctima-con mi cuerpo me harás pagar mi rebeldía, ¿es esta tu justicia?
                                                   
Lo que ha hecho y está haciendo el Estado peruano, es cualquier cosa, menos justicia. Su política de reconciliación es falsa e insuficiente incluso con civiles, a quienes se les otorga un monto de reparaciones económicas irrisorias, además de calificar quién puede ser víctima y quién no, reparaciones selectivos no son reparaciones.

Ésta es la política de paz y reconciliación del Estado Peruano.

Se pide “paz”,pero se avala nuevamente,la violencia de Estado. Violencia no sólo se ejerce por comisión, sino también omisión, y aquí se está omitiendo reconocer los casos de violencia cometidos contra las mujeres subversivas –contra todo aquel acusado y condenado por terrorismo en realidad-. El Estado va legislando a fin de abusar con todo el poderío de la ley, y la sociedad lamentablemente, muchas veces, lo ampara.

Existió violencia sexual ejercida contra mujeres subversivas por parte de las fuerzas del orden. Es un hecho innegable. La misma Comisión de la Verdad lo reconoce, sin embargo, estos casos son silenciados, no existen, ninguna organización de “derechos humanos” habla de ellos, ni de la injusticia que su exclusión significa.

Los derechos “humanos” son reconocidos por el Estado Peruano a través de distintos tratados internacionales, nuestro ordenamiento interno además, reconoce por medio de la Constitución Política del Perú los derechos fundamentales y dice, que estos le pertenecen a todas y todos los peruanos, sin ningún tipo de “exclusión”.

Desde la amplia gama de investigaciones y estudios de derechos humanos que se han realizado post CVR, se ha investigado y reclamado justamente, por los casos de violencia sexual en conflicto armado interno, práctica mediante la cual se usó el cuerpo de las mujeres como un campo de batalla. Sus cuerpos fueron usados para vengara los enemigos de guerra, para vejar al lado contrario, todo sobre el cuerpo de las mujeres, sin embargo, ¿se pide justicia y reparación para todas las mujeres víctimas? ó ¿sólo para un grupo de ellas?

La violación sexual, es considerada como un delito de lesa humanidad si se realiza en forma sistemática.[3] Durante el conflicto armado interno las fuerzas del orden haciendo uso y abuso de su poder atentaron contra el cuerpo de las mujeres, aprovechándose de su posición, de los lugares a los que estaban asignados. Es de considerar que, a quienes detenían y/o capturaban, era a subversivas y supuestas subversivas.Es decir, la violencia sexual se ejerció en gran medida sobre sus cuerpos, como venganza, “ajusticiamiento”. Algunas de las muestras estadísticas que nos revelan esta realidad, es la que nos ofrece el Instituto de Defensa Legal, que en una de sus investigaciones dice “se señala que de 165 mujeres acusadas por terrorismo que se reclaman inocentes, 118 refieren haber sufrido torturas (71.5 %). De estas 118 víctimas el 15.4% refiere haber sido objeto de violación sexual por parte de efectivos de las fuerzas del orden.[4]

Esta cifra queda corta cuando al analizar las conclusiones de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, encontramos que: “la violencia sexual contra mujeres (…) en medios urbanos, contra personas consideradas sospechosas de tener vínculos con los grupos subversivos, en detenciones arbitrarias fuera del control formal o de hecho del Ministerio Público, en la desaparición forzada de personas, fue una práctica generalizada perpetrada por agentes del Estado. En el caso de las detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas, esta práctica se produjo en ciertas instalaciones militares y policiales, contó con la tolerancia de los superiores a cargo de los agentes perpetradores, y, salvo casos excepcionales, no fue ordinariamente investigada ni sancionada”[5] Pese a ello, las políticas Post-CVR, lo que han hecho es obviar estos casos de violencia sexual, omitiendo su reconocimiento, y volviéndola más injusta, y violenta de lo que ya es y fue.

Si bien es cierto, la violencia sexual no fue una práctica exclusiva de las fuerzas del orden, también se registraron casos cometidos por grupos subversivos, igual de condenables[6], sin embargo, la mayoría de estos fueron realizados a manos de las fuerzas policiales y militares.La CVR reporta que alrededor del 83% de los actos de violación sexual son imputables al Estado y aproximadamente un 11% corresponden a los grupos subversivos –entre PCP-SL y MRTA-.[7]Estas cifras no cuentan las diferentes formas de violencia sexual que se ejercieron en las detenciones, como desnudamientos forzados, tocamientos indebidos, entre otros, los cuales no son aún considerados como formas de violencia sexual según la Ley PIR, y que de igual forma, de ser considerados o no, jamás podrían ser ajusticiables para las mujeres subversivas, ya que, para el Estado Peruano, ellas “no pueden, no deben, no son víctimas”.

Lo que se quiere evidenciar en este texto, son las inequidades e injusticias de parte del Estado Peruano, quien ante el país y el mundo, se jacta de haber iniciado un proceso de paz y reconciliación nacional, sin embargo, continúa dividiendo y generando más violencia sobre las y los intervinientes de la guerra.  Esta vez comete una violencia por omisión, al no reconocer las afectaciones y abusos que sobre ellas y ellos se perpetraron, y últimamente, una violencia por comisión al iniciar una guerra contra excarcelados y condenados por el delito de terrorismo por medio de legislaciones que eliminan los beneficios penitenciarios (que incluso eran de 7x1, más de 3 veces el periodo normal), que establecen medidas extraordinarias para el personal docente y administrativo implicado en delitos de terrorismo, apología del terrorismo, entre otros, creando un Registro a fin de que no puedan ejercer sus funciones[8], y proyectos de ley que están por salir que van desde la Ley del Negacionismo[9], hasta el Control y Seguimiento de personas[10], entre otras legislaciones.

Hay muchas formas de perpetrar la violencia “el terror”, y la violencia simbólica también es una de ellas, ¿quién la ejerce actualmente? ¿no es acaso el Estado a través de estas omisiones y comisiones?. La CVR dice entender por “reconciliación”[11] a la puesta en marcha de un proceso de restablecimiento y refundación de los vínculos fundamentales entre los peruanos ¿quiénes somos las y los peruanos? ¿todos, algunos?, dice también que este proceso será posible primeramente con el conocimiento de la verdad ¿qué verdad? ¿la verdad de quiénes? ¿ha sido neutral e imparcial la CVR? en fin, al margen de cuestionamientos, indica también que la verdad que se busca, debe manifestar lo ocurrido en aquellos años, en lo que respecta al registro de los hechos violentos como a sus causas, además de la acción reparadora y sancionadora de la justicia ¿justicia para quiénes?. Sobre la justicia, dice que tiene diferentes dimensiones, ésta es, en primer lugar, de naturaleza judicial, pues se debe investigar y aplicar la ley con todo rigor para que no queden impunes los crímenes -¿cuántas sentencias existen contra los miembros del PCP-SL y cuántas contra los militares y/o policías? si observamos las estadística ¿quiénes cometieron más crímenes y abusos? y ¿quiénes son los que se encuentran en la cárcel?-, y en segundo lugar, la justicia es también reparadora, en el sentido en que se  esfuerza por compensar a las víctimas por los daños infligidos¿repara a las mujeres que fueron violadas y violentadas sexualmente por las fuerzas del orden? NO ¿es justicia entonces?ni si quiera es “su justicia”.

Estas injusticias existen, y contradicen el proceso de paz y reconciliación que viene implementando el Estado, el falso proceso; es cierto también que las demandas de las prisioneras políticas en la actualidad no giran en torno a la justicia y reparación sobre la violencia sexual que se cometió sobre ellas.Las y los prisioneros políticos demandan la “Solución Política, Amnistía General y Reconciliación Nacional” como solución a la guerra y parte del proceso de reconciliación entre todos y todas las peruanas, el grupo que viene impulsado este pedido es el MOVADEF, Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales, quienes están siendo duramente reprimidos por el gobierno, y perseguidos políticamente, además de haberles impedido su inscripción legal, luego de haber recolectado en un primer momento 157,767, y posteriormente 88,857 y 109,340 firmas más para ser reconocidos como agrupación política ante la ONPE. Si hablamos de justicia y reconciliación como lo hace el Estado, no se puede ver sólo una parte de la moneda. Estos sucesos son perversidades que se continúan perpetrando bajo el amparo de la ley, y son parte de un disfraz que intenta ponerse el gobierno, haciéndose pasar como gestor de paz.

Por otro lado, como se ha mencionado, es cierto que las y los prisioneros políticos están dispuestos a perdonar lo sucedido, en aras de conseguir la reconciliación y la amnistía, esas son sus demandas. Pero eso no nos inhibe observar, los costes y heridas que la guerra también les ha dejado a ellas y ellos.Por ello, sise va hablar de justicia y reparación como lo hace el Estado, no se puede ser imparciales, pues se volvería a ejercer violencia mediante la omisión. La violencia de la omisión y el ocultamiento es aquella que se produce por el no actuar, y representa una forma más de violencia que no está tipificada en ninguna ley, es una violencia que puede ser mucho más perjudicial, pues es silenciosa.La violencia estatal ejercida actualmente contra los prisioneros políticos, de hecho, ya no se limita sólo a la simbólica, pues mediante las leyes que se viene impulsando, está volviéndose a ejecutar una violencia por comisión pero “bajo el amparo de la ley”.

Algunos de los testimonios de las mujeres subversivas que dan cuenta de la violencia sexual que se ejerció contra ellas, se encuentra en los tomos de la CVR, también hay testimonios públicos, que justamente se narraron por activistas del Movadef que fueron parte de la guerra, y decidieron contar su historia ya que el Estado viene “reconstruyendo la memoria” a través de su verdad, y en aras de satanizar a ese movimiento como el regreso del “terrorismo”. Uno los testimonios que se hizo público, es el de Edith Espinoza Montano – Ex prisionera política y actual activista del Movadef:

“Hacer memoria ahora que muchos hablan de memoria… quieren hacer memoria para oponerse a la solución política, a la paz y reconciliación (…) ¿quieren seguir haciendo memoria? no la de ustedes, sino de todo lo que ocurrió en realidad. Yo quiero hacer memoria, la mía; en los 80, yo era estudiante, y sí, fui una estudiante marxista, leninista, maoísta, pensamiento Gonzalo, me persiguieron, me apresaron, tenía un hijo, me torturaron, lo llevaron a la Dircote, me torturaron delante de él, torturaron a la madre y al hijo. Torturaron a mi padre, a mi madre. Me violaron, me violaron cuántos, a los periodistas que no se despeinaban un pelo en esos años ¿saben cómo nos violaban? ¿cuántos nos violaban? (…) ¿cuántos me violaron? 1, 2, 3, 4, 5… 10, nos llevaban sin conocimiento a la celda, y ¿qué quedó? un hijo, si yo no fuera marxista leninista maoísta pensamiento Gonzalo, no hubiera visto que después de la noche viene el día y que las cosas cambian y me hubiera muerto. Quisieron matarme, me golpearon física, moralmente, pero mis ideas me mantuvieron viva. ¿Qué más hicieron? Me embarazaron, tuve mi hijo, y no pude tenerlo conmigo, no me permitieron, luego de torturarme tanto me apresaron, me mantuvieron encerrada(…)”[12]

Asimismo, en una entrevista a Martiza Garrido Lecca, ella responde a la pregunta ¿Recuerda el día de la captura? de la siguiente forma:Fue horrible. (…)  Me llevaron a la sala de la casa y me tiraron boca abajo, poniéndome una almohada en la cabeza además de vendarme los ojos y amarrarme las manos. (…) Sentía sus manos sobre mi cuerpo al tiempo que decían cosas horrendas, buscando humillarme en mi condición de mujer.”[13] Hubo violencia sexual, a pesar de que la captura a Maritza, no fue en privado, sino pública, con cámaras de filmación, no fue extrajudicial, sino judicial y con la presencia del Fiscal ¿se imaginan el grado de abuso sexual que se cometieron en las detenciones extrajudiciales? y ¿en las detenciones en lugares cerrados, alejados?

El caso de Edith, es sólo una muestra, de lo que le ocurrió a miles más de mujeres cuando fueron detenidas y/o capturadas, historias que muchas veces no se han contado, algunas que sí, y que su registro queda en la CVR sin hacer justicia sobre ellas. Muchas otras historias que jamás podrán contarse, porque sus víctimas desaparecieron o fueron asesinadas o aún, se les veta hablar… es que para el Estado, ellas no merecen justicia.

¿Por qué se produce esta invisibilización? ¿por qué el Estado y las agrupaciones de derechos humanos no dicen nada sobre la violencia que también se cometió sobre los cuerpos de las mujeres subversivas como una forma de venganza? ¿por qué se es cómplice con el silencio?. ¿No ha sido suficiente?.

El terrorismo de Estado, presente hoy, se va convirtiendo en parte de la legislación nacional, e indignantemente, es avalado por algunos defensores de derechos humanos por medio del silencio, la indiferencia y a veces la “memoria”. Los derechos fundamentales les pertenecen a todos los seres humanos por igual, excluir, segregar, defender en desigualdad, es ser parte de la política del odio.


Milena Justo


[1] Artículo 3º de la Ley PIR.
[2]Artículo 4º de la Ley PIR.
[3] CANO, Gloria, Violencia sexual como delito de Lesa Humanidad, Aprodeh, Lima, 2009.
[4]¿Quiénes son los inocentes?, Instituto de Defensa Legal, pp. 29-30.
[5]COMISIÓN DE LA VERDAD Y RECONCILIACIÓN. Informe Final. Lima: CVR, 2003. T. VI p. 374.
[6]Es de mencionar, que cuando se registraba un caso de abuso sexual por parte de un miembro del PCP-SL, la decisión del partido, no era avalarlo, sino de castigarlo desde la expulsión hasta la pena de muerte.
[7]COMISIÓN DE LA VERDAD Y RECONCILIACIÓN. Informe Final. Lima: CVR, 2003. T. VI p. 374.

[8]Ley que establece medidas extraordinarias para el personal docente y administrativo de instituciones educativas públicas y privadas, implicado en delitos de terrorismo, apología del terrorismo, delitos de violación de la libertad sexual y delitos de tráfico ilícito de drogas; crea el Registro de personas condenadas o procesadas por delito de terrorismo, apología del terrorismo, delitos de violación de la libertad sexual y tráfico ilícito de drogas y modifica los artículos 36 y 38 del Código Penal, Ley Nº 29988. Léase en:

<http://spij.minjus.gob.pe/CLP/contenidos.dll/CLPlegcargen/coleccion00000.htm/tomo00399.htm/a%C3%B1o384458.htm/mes384459.htm/dia385564.htm/sector385565/sumilla385568.htm?f=templates$fn=document-frame.htm$3.0#JD_29988-1dcf>

[9] Presentada por el Poder Ejecutivo, que incorpora el artículo 316º A al Código Penal, a fin de que sean reprimidos con pena privativa de libertad no menor de 4 ni mayor de 8 años, quienes públicamente aprueben, justifiquen, nieguen o minimicen los delitos cometidos por integrantes de organizaciones terroristas. Léase en:
[10] Presentado por el Poder Ejecutivo, propone la Ley de Control y Seguimiento de personas condenadas por delitos de terrorismo y abuso sexual, ello a fin de que sean perseguidos una vez cumplida su condena. Léase en:<http://www2.congreso.gob.pe/Sicr/TraDocEstProc/Contdoc01_2011.nsf/d99575da99ebfbe305256f2e006d1cf0/6489fcb4ae04420805257b4200839320/$FILE/PL0206903042013.pdf>
[11] COMISIÓN DE LA VERDAD Y RECONCILIACIÓN. Informe Final. Lima: CVR, 2003. TOMO IX. Capítulo I. Fundamentos de la Reconciliación.
[12] Se puede ver el Testimonio completo en: <http://www.youtube.com/watch?v=8TzDwvmrkmE&list=HL1365961673>
[13]En: Revista Caretas Nº 1894, entrevista a Maritza Garrido Lecca, octubre de 2005.

lunes, 17 de febrero de 2014

EL GRADO DE PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES EN EL FRENTE FARABUNDO MARTÍ PARA LA LIBERACIÓN NACIONAL - FMLN Y EL PARTIDO COMUNISTA DEL PERÚ “SENDERO LUMINOSO” – PCP-SL


¿Cuánto falta para que el río
aumente su caudal?
Para que tormentosamente arrase
este cruel presente.
Hierba Silvestre - Edith Lagos

Entre los años 1980-1992, tanto en el Perú, como en El Salvador, se desarrollaron fuertes conflictos bélicos. En ambos países las fuerzas insurgentes habían tomado las armas, y se iniciaba un enfrentamiento contra el Estado por el poder; El Salvador y Perú, países alejados de Centro a Sur, iniciaban procesos revolucionarios similares.

En El Salvador, la Guerra Civil fue desarrollada por medio del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional[1] (FMLN) y en el Perú, la Guerra Interna la libró el Partido Comunista del Perú “Sendero Luminoso[2]” en Perú (PCP-SL).

A finales de los años 70, mientras el mundo observaba las repercusiones de dos grandes revoluciones como la China y la Rusa, y su derrota a causa del revisionismo de Jrushchov y Deng Xiaoping; El Salvador vivía una crisis económica aguda, la falta de libertades, y la gran diferencia de ingresos entre pobres y  ricos -que concentraba sólo en el 10% de la población 80% de las riquezas del país- aunado a las victoriosas revoluciones de sus países vecinos como Cuba y Nicaragua, y a la tensión entre occidente y el bloque comunista, contribuyeron a cimentar los inicios del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.

En 1980, se consolida el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), como alianza de las organizaciones político militares de izquierda –quienes a pesar de sus diferencias, presentaban la misma mezcla ideológica de obediencia marxista-leninista fuertemente impregnadas de elementos católicos-, las fuerzas integrantes fueron: las Fuerzas Populares de Liberación "Farabundo Martí"(FPL), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), la Resistencia Nacional (RN), el Partido Comunista Salvadoreño (PCS) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos (PRTC).

El FMLN, da inicio a sus acciones guerrilleras en 1980, luego de que fuerzas pro-gubernamentales, asesinen al obispo Mg. Romero en plena misa. La Guerra Civil en El Salvador duró doce años, y culminó luego de la firma de un Convenio de Paz con el gobierno, posterior a ello, se llama a elecciones, cuya victoria la obtiene el FMLN. Según el Informe de la Comisión de la Verdad de ese país, la guerra dejó 90.000 muertes, esencialmente de civiles.[3]

En paralelo a este proceso, el Perú en 1980 se encontraba saliendo de las reformas iniciadas en el gobierno del General Velazco Alvarado que se concentraban en el control de los sectores económicos estratégicos por el Estado. Respecto a su situación económica, política y social, era innegable admitir la realidad del Perú profundo, el cual se encontraba sumido en la miseria, y que además tenía a pueblos de la sierra y selva, completamente abandonados, y al margen de las políticas gubernamentales, es decir, se vivía en un país, que continuamente había sido víctima del autoritarismo, la injusticia, la muerte, y la explotación.

En este contexto Abimael Guzmán Reynoso, a partir de 1970, mediante el Frente estudiantil huamanguino sobre el que tenía influencia, utiliza a la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga para promover y difundir el movimiento barrial y campesino en los departamentos de Ayacucho, Huancavelica, Apurímac,  Junín y parte del Cusco. Esto sucede luego de su separación con el Partido Comunista del Perú - Bandera Roja, el que previamente se había separado del original Partido Comunista Peruano y que es una derivación del Partido Socialista del Perú fundado por José Carlos Mariátegui. Así, se va formando el Partido Comunista del Perú –que posteriormente será llamado por la prensa “Sendero Luminoso”, por la frase “por el luminoso sendero de Mariátegui”- guiado por la ideología marxista-leninista-maoísta, “pensamiento Gonzalo". El PCP- SL ingresa a la clandestinidad y en 1979, en el IX Pleno ampliado del Comité Central, acordaron iniciar la lucha armada.

El PCP-SL, inicia la guerra interna en 1980, en el pueblo de Chuschi, quemando las ánforas y las cédulas de votación, luego de que en el país se llamara a elecciones por primera vez en 11 años. La guerra duró 12 años y culminó con el Acuerdo de paz firmado por el Comité Central luego de que la cúpula senderista fuera capturada en 1992. Este conflicto dejó un saldo de entre 40 mil y 60 mil muertos, según la Comisión de la Verdad y Reconciliación del Perú.[4]

Gran parte de la población que apoyó la guerrilla en ambos países, estaba constituida por mujeres. Aquellas protagonistas en su mayoría eran maestras, estudiantes, profesionales, miembros de agrupaciones barriales, entre otras. Tanto en El Salvador como en Perú, el grado de participación de las mujeres en la guerra fue significativo.

Es curioso comentar que, además de las similitudes en los inicios de estos procesos, en ambos movimientos se forjan dos mártires, quienes son mujeres, que serán las primeras en convertirse en un símbolo de la revolución en ese entonces. En El Salvador, Lili Milagro Ramírez, más conocida como la joven comandante Ana Guadalupe Martínez, conmueve al país entero, tras ser arrestada y torturada, publicando posteriormente su testimonio antes de volver a la montaña.[5]

En el Perú en 1982, Edith Lagos, no correría la misma suerte, 6 meses después de que ayudara a llevar a cabo el escape de 78 senderistas de la cárcel de Huamanga, fue abatida en un confuso tiroteo con un grupo de policías en Umaca, sus padres luego de conseguir el traslado de su cadáver desde Andahuaylas a Huamanga, conservaron sus prendas, para mostrar que no habría muerto en la balacera, sino detenida y torturada antes de matarla[6]. Ella representó para ese entonces, como lo plasma Gustavo Gorriti a “una persona que transpiraba una entrega intensa y total a la rebelión senderista, por las razones que llevan a tantos jóvenes idealistas a unir sus destinos a epopeyas luctuosas: la visión de una sociedad de justicia trascendente y perdurable (...) Edith Lagos simbolizaba esa generación de jóvenes ayacuchanos, la arcilla formada para el sacrificio"[7]. Edith Lagos, la comandante, la diana, la poeta, simbolizó la indignación y la rebeldía ante la “desgarradora miseria de su pueblo”[8]. El día de su entierro, fue todo un acontecimiento, se calcula que asistieron 10,000 personas, entre allegados y simpatizantes de la joven.

Pese a las cercanías de ambos procesos insurgentes, continúa siendo una interrogante ¿qué llevó a tantas mujeres a unirse a la guerrilla, a entregarse de esa manera tan intensa? Ello resulta más interesante aún, teniendo en cuenta que 1980, tanto en Centroamérica como en Sudamérica, la inserción de la mujer en la vida política, económica y social, eran recientes.

El estado de los países frente a los derechos de las mujeres

En El Salvador, el voto femenino logra darse en 1950, mientras que en el Perú en 1955 por el entonces presidente General Manuel A. Odría. En Perú, la mujer ingresa a la vida universitaria en 1908, mediante la Ley 801, que autoriza a las mujeres el ingreso a las universidades y el desempeño de las carreras liberales, y ya no sólo de las domésticas. Por otro lado, desde los años 60s se incrementa la participación femenina en la educación, el trabajo y en menor medida en la política. En el espacio público las mujeres se hacen presentes a través del movimiento feminista, los partidos políticos y los movimientos populares de mujeres.[9]

Pese a ello, es de recordar, que si bien se tenía acceso a carreras universitarias, sólo las mujeres de buena situación económica podían acceder a las mismas, debido a los costos que implicaban. Asimismo, obtener los permisos de parte de los padres para poder ingresar a la educación superior, debe haber sido una dura batalla en los primeros años, teniendo en cuenta el machismo que imperaba en la época, que condenaba a la mujer a ser hija o esposa.

Las mujeres, tanto en El Salvador como en Perú, luego de que les fueran reconocidos los derechos mencionados anteriormente, tuvieron más herramientas para desarrollar sus capacidades e ir forjando vidas independientes. El voto femenino, y el ingreso a la educación superior, les permiten el goce de sus derechos civiles y políticos, así como de sus derechos económicos, sociales y culturales.

En ese sentido, las mujeres ya contaban con las armas para ser libres de toda dependencia material, las cuales les habían sido negadas anteriormente, encontrándose sometidas al perpetuo tutelaje de sus padres, o esposos. Sin embargo, estas libertades a las que se les abre paso, no llegan a ser más que una presunción, pues muchas de ellas, habiendo estudiado y entregado todos sus esfuerzos en la consolidación de una vida académica, no consiguen empleo y ello, aunado a la cruda realidad de la crisis económica que en ambos países iba en aumento, perjudican en mayor medida a las mujeres.

Algunos autores[10], señalan que el tema del acceso de las mujeres a la educación superior y sus dificultades para insertarse en el mercado laboral, es capitalizado por el PCP-SL. Lo cierto es, que un gran número de sus militantes fueron mujeres, mujeres de sensibilidad social, y hartas de las explotaciones y opresiones de su época. Se registra que en los primeros años de la guerra, ellas, tienen un mayor nivel educativo que los hombres, y son quienes más se incorporan a las filas senderistas, quizás también porque el PCP-SL dirigía mensajes específicos a estos grupos alentando su incorporación a la lucha armada y la instalación de un nuevo orden.

Muchas de las mujeres que se unieron a la Guerra Interna, tanto en Perú como en el Salvador, cuestionaron sus roles como mujeres, como profesionales, madres, y esposas, quienes pese a las grandes alternativas que les daba el mundo moderno, seguían siendo pobres, pues su ingreso a la vida productiva, continuaba siendo negado.[11]

De acuerdo a lo repasado en los hechos históricos que acontecieron nuestro país, las mujeres en el Perú, tomaron la decisión de unirse a la guerra e ingresar en ella con las ansias de participar en la construcción de una nueva sociedad, dejaron de ser ellas para pasar a convertirse en las mujeres nuevas que el marxismo demandaba, llegar a serlo, sería todo un proceso, pero decían que en su lucha iban haciendo el camino. Estas mujeres, supieron que para superar las distintas opresiones que vivían por el hecho de ser mujeres, debían volcar sus demandas a las de toda una clase, ello, les garantizaría su emancipación.

Algunos testimonios

Algunos de los testimonios recogidos, dan muestra del motor que las movilizaba a unirse a la guerra, una de las guerrilleras del FMLN comenta “en la guerra aprendí bastante, sí valió la pena. Aprendí a leer y a escribir, charlas políticas, y lo militar; era vivir una vida ya no sólo metida en la casa cuidado las gallinas”[12]. De igual forma “Teresa” en Perú, dice “Las mujeres siempre hemos sido marginadas, teníamos miedo de opinar… pero Sendero Luminoso valoraba a las mujeres…”, asimismo refiere que le decían “las mujeres tenemos que actuar, tenemos nuestras ideas, somos iguales a los varones”.[13]

El nivel de compromiso y entrega que tuvieron las mujeres fue alto. Su grado de participación, pese a que en los 80 las mujeres no habían incurrido aún en los espacios de poder y vivían azotadas por el machismo de ambas sociedades –la salvadoreña y peruana-, fue significativa y de alto reconocimiento. Estas mujeres, al decidir participar en la guerra, tomaron una decisión polémica, pues asumieron un compromiso de gran magnitud, compromiso del que la sociedad en esas épocas, no las creía capaces, ya que su participación en las grandes actividades les había sido vedada. 

No obstante, si bien en ambos países fue importante la presencia femenina, no fue el mismo su desenvolvimiento dentro de los movimientos insurgentes. Por un lado tenemos que en El Salvador, las mujeres se incorporaron en los frentes de guerra como cocineras, auxiliares de salud o combatientes[14] y en menor medida como parte del brazo militar. Mientras que en Perú, las mujeres que participaron en los frentes, ejército popular y partido, lo hicieron ocupando los puestos más importantes de la guerrilla, tanto como parte del brazo militar, como también y en gran medida, como mandos políticos y militares, así como miembros del Comité Central. No existe a la fecha otro movimiento subversivo en Latinoamérica en el cual las mujeres hayan jugado un rol tan prominente.

Las mujeres cabezas de las guerras

Entre las mujeres más resaltantes del FMLN, mencionamos a la comandante Silvia, quien estaba a cargo de un pelotón exclusivamente compuesto por mujeres y llevado al combate por otra mujer.[15] Otra de las cabezas fue la comandante Nidia Díaz, quien también suscitó gran admiración por su cercanía con la población campesina de San Vicente y su valor cuando fue detenida y torturada por el ejército. Asimismo el FMLN pudo haber estado bajo el mando de la maestra y sindicalista Mélida Anaya Montes (comandante Ana María), quien durante varios años fue la número dos de las FPL[16].

Por su parte en Perú, camarada Norah, cuyo nombre fue Augusta la Torre, junto a otras mujeres más fundaron el Movimiento Femenino Popular, ella junto al líder de la cúpula senderista, serían miembros del Comité Central, como lo fue además Elena Iparraguirre camarada Miriam, quien luego se convertiría en miembro del Comité Permanente Histórico del PCP-SL. Las investigaciones indican que más del 50% de su Comité Central, estuvo integrado por mujeres.[17]

Mujeres salvadoreñas en roles tradicionales

De acuerdo a los resultados de los Acuerdos de Paz, se tienen que de los 13.600 combatientes del FMLN, 30% fueron mujeres; de las 100,000 personas involucradas en redes y tareas de apoyo de diversa índole el 60% eran mujeres[18]. Sus formas de participación principales fueron: dirigentes y organizadoras de trabajo político, combatientes, brigadistas (atención sanitaria), responsables de logística, correos, radistas y también desarrollaron actividades de sostenimiento de la guerra relacionadas totalmente con los roles tradicionales femeninos: elaboración de comida y búsqueda de abastecimientos.[19]

Mayor información respecto a ello, se recoge de un estudio representativo realizado por la Fundación 16 de enero, que abarcó a una tercera parte del total de las mujeres inscritas por la ONUSAL, quienes concluyen que un poco menos del 30% de las mujeres afiliadas al FMLN durante la guerra trabajaban en la cocina, mientras que el 15% estaban designadas a tareas relacionadas con la salud, las combatientes armadas eran un grupo de 15%, y un 11% ejecutaban funciones de apoyo, por último el 40% restante cumplía otro tipo de tareas.[20]

Pese a la gran predisposición de las mujeres dentro del conflicto en El Salvador, su participación no fue valorada en la misma medida que la de sus pares varones. En el marco de la guerra, fue una expresión de desigualdad y poca coherencia con su discurso, el hecho de darles cargos relacionados con las labores tradicionales de la mujer, aunque tuviesen cargos de alto rango o la instrucción política militar adecuada al mismo nivel que los hombres.[21]De igual forma, existieron impedimentos para ocupar cargos de dirección, ya que estos estaban reservados para los hombres, independientemente de las capacidades que pudieran tener las mujeres en las mismas actividades.

Las mujeres senderistas

Es en la distinción de las funciones que tenían a cargo, que se encuentra la gran diferenciación que tienen las mujeres del FMLN con las mujeres integrantes del PCP-SL, quienes en su mayoría eran mando político, así como mando militar, además, el grado de participación de ellas en la Guerra Interna fue muy superior al 30% -que era el grado de participación de las guerrilleras del FMLN- Una investigación de Rosa Mavila refiere que, “su presencia no fue adjetiva y, según las escasas informaciones que se tiene, fueron parte importante de la organización participando en actividades de inteligencia, comandando, columnas y haciéndose cargos de diferentes operativos”.[22]

Asimismo, el nivel intelectual que se reporta, tenían las mujeres miembros del PCP-SL, fue superior; ello quizá, relacionado a lo que Carlos Degregori, ya ha reconocido antes “Sendero Luminoso nació del encuentro que se produjo en la Universidad de Ayacucho entre una elite intelectual provinciana mestiza con una base social juvenil también provinciana y mestiza que sufría un doloroso proceso de desarraigo producto de la descampesinización y desindianización".[23]

De acuerdo a un análisis estadístico, llamado Juventud y Terrorismo: Características de los condenados por terrorismo y otros delitos, de Dennis Chávez de Paz, se obtiene cifras que permiten afirmar, que las mujeres tuvieron una participación más activa en la ejecución de los actos de terrorismo[24] –cosa que con las guerrilleras del FMLN no pasaba, al ocupar en su mayoría cargos logísticos-a su vez, indica que su responsabilidad ulterior es también mayor, si consideramos las penas que se les impone. Esta situación se comprueba cuando observamos que el 76.7% de ellas han sido sentenciadas de 5 a 20 años de privación de su libertad; mientras que sólo al 54.9% de los hombres se les impuso similar período de encarcelamiento.

Como se había comentado anteriormente, la alta proporción de condenados por terrorismo con estudios universitarios (35.5%) resulta especialmente significativa si se toma en cuenta que solo el 4.7% de la población del país, tenía este nivel educativo.[25]

Es preciso remarcar además, que la proporción de mujeres sentenciadas por terrorismo que son parte de esta muestra, significan una clara realidad de lo que pasaba en aquella época con las mujeres guerrilleras. Así pues tenemos que la cantidad de mujeres con título profesional y/o estudios de post-grado es superior a la de los hombres (10% entre las mujeres y 3.9% entre los hombres). Las diferencias son mayores al comparar el nivel de estudios por sexo: el 56.7% de las mujeres sentenciadas por terrorismo habían recibido educación universitaria y sólo el 31.4% de los hombres sentenciados por igual motivo poseían ese nivel de educación superior. Asimismo, el 37.2% de hombres y mujeres condenados por terrorismo mayores de 25 años de edad habían logrado algún nivel de estudios universitarios, y el 34.3% de los condenados de 18 a 25 años habían logrado ese nivel de educación.[26]

La situación política que se vivía mundialmente, mostraba las experiencias victoriosas de Cuba y Nicaragua, de igual forma en el mundo se vivía un continuo enfrentamiento entre los postulados occidentales y socialistas. Es a razón de estos hechos que se suscitaban en el mundo y de los postulados ideológicos que manejaba la izquierda de fines de los 70, que un gran grupo considera a las insurgencias y los levantamientos armados, como la vanguardia del momento. Muchas de las y los jóvenes intelectuales, universitarios, entre otros, se sintieron atraídos por las propuestas del PCP-SL y decidieron unirse a la llamada lucha armada, entre ellos, las mujeres fueron quienes mayor interés mostraron, al ver la posibilidad de liberar las cadenas que las sometían a la opresión y explotación.

Algunas de las ideas revolucionarias que atrajeron a las mujeres en aquella época, fue la desarrollada por Mao Tse Tung, quien expone las3 opresiones que vivían las mujeres, estas eran: la opresión de la familia, la opresión de la iglesia, y la opresión de la sociedad. La Revolución China –dirigida por el Partido Comunista Chino encabezado por Mao Tse Tung– fue la primera que triunfó en un país dependiente y semicolonial, el cual, tenía características muy similares al caso peruano. Es por ello que el “Presidente Gonzalo” toma como modelo ese proceso revolucionario y lo aplica a Perú. La táctica y estrategia empleada por Mao Tse Tung, va del campo a la ciudad, donde el campesinado fue la fuerza principal y el proletariado la fuerza dirigente. La participación de las mujeres en el proceso revolucionario chino también fue significativa, Mao no sólo se dedicó a desarrollar las opresiones que sufren las mujeres, sino que desde su etapa universitaria (1919), se vio interesado en el tema y escribió una serie de 9 artículos en 13 días en defensa de los derechos de la mujer y contra su opresión feudal. Estos postulados, les fueron alcanzados a las mujeres peruanas, quienes convencidas en que la lucha de su pueblo les entregaría la emancipación, se unieron al proceso revolucionario. Una de sus citas “Las mujeres llevan sobre sus espaldas la mitad del cielo y deben conquistarla”
  
Asimismo, otra de las líneas ideológicas que seguirían fue la leninista, forjada en la Revolución Bolchevique de 1917, la cual una vez llegó a su triunfó, hizo posibles diversas conquistas de los derechos de las mujeres; esto trajo, sin duda, enormes beneficios a la mujer obrera. La Revolución Rusa procuró llevar a la mujer a la participación plena en la vida social, económica y política. Los bolcheviques reconocían que sin un desarrollo económico cualitativo, la liberación de la mujer era una fantasía utópica, de hecho, contaban con un departamento del partido dirigido a las necesidades de la mujer, el Zhenot del, asimismo, hubo presencia de las mujeres en el Comité Central, en la II Intenacional, así en como en los gremios específicos que defendían sus derechos como el Sindicato Internacional de Obreras de la Confección. Una de las frases de Lenin dice “La experiencia de todos los movimientos liberadores confirma que el éxito de la revolución depende del grado en que participen las mujeres”.

Engels en el Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado, desarrolló los orígenes de la opresión de las mujeres. Por su parte Marx, afirma que así como el hombre, la mujer no es sino un conjunto de relaciones sociales históricamente conformadas y cambiantes; por lo que, la mujer es, un producto social, y su transformación exige la transformación de la sociedad. Una de las frases de Marx en relación a la participación de las mujeres es "Cualquiera que conozca algo de historia sabe que los grandes cambios sociales son imposibles sin el fermento femenino. El progreso social puede medirse exactamente por la posición social del sexo débil".

Es bajo estos postulados por los que las mujeres deciden unirse a la guerra ¿locas, fanáticas, radicales? no, más bien, consecuentes con su ideología, que de acuerdo a lo investigado, les ofrecía la emancipación de su pueblo y de ellas mismas. Dentro de los documentos repartidos por el PCP-SL se encuentran las ideas mencionadas anteriormente, incluso documentos que el mismo “Presidente Gonzalo” y el Movimiento Femenino Popular redactaron en relación a este tema. Se vuelve a reiterar, que dentro del PCP-SL, se forma el Movimiento Femenino Popular, grupo de mujeres que se encargaban de estudiar, desarrollar y levantar todos los temas y demandas específicas de las mujeres proletarias en la revolución.

El grado de participación de las mujeres

El grado de participación de las mujeres en el PCP-SL, puede medirse de dos formas, por un lado, en cuanto al número de participantes en la guerra interna, postulado que ya  se ha comprobado fue altísimo. Así como por el grado de poder que tuvieron en la toma de decisiones.

Estas dos formas de medición, podrían comprobar que la participación de las mujeres del PCP-SL, contrariamente a las del FMLN, fue alta. Numéricamente fueron más, su desenvolvimiento dentro del partido fue como miembros del “ejército popular” así como mandos políticos, y militares, además de tener una presencia significativa en Comité Central, es decir, tomaban decisiones, daban órdenes, y asumían un papel protagónico en la guerra. Mientras que en el FMLN, pese a que numéricamente también fueron muchas, su desenvolvimiento se limitó a repetir los roles domésticos que el sistema les imponía.

Pese a lo referido, muchas investigaciones indican que si bien las mujeres en el PCP-SL, fueron numerosas y ocuparon cargos significativos, la toma de decisiones no fue manejada por ellas mismas, dado que dependían de la orden de su superior y a la vez éstos superiores de las órdenes del “Presidente Gonzalo”. Es decir, éstos postulados afirman que no existía un poder real, sino que, todo dependía de “Gonzalo”, por lo tanto, descalifican totalmente la participación protagónica de las mujeres en la Guerra Interna.

Existen distintas hipótesis que intentan desestimar su participación, desde las discriminadoras hasta las condenatorias. Para empezar con las hipótesis que se han manejado para explicar el grado de participación de las mujeres en la guerra interna, tenemos una que ha tomado de fundamento en que la mujer es por naturaleza más sanguinaria que los varones “por la menstruación, y por el parto” esta proposición ha sido desarrollada, reforzando argumentos como “las pocas mujeres que han liderado guerrillas insurgentes modernas son recordadas por su salvajismo, o por su fatal belleza: por ejemplo, Fusako "Dama de Mayhem" Shigenobu, del minúsculo Ejército Rojo japonés, y Ulrike Meinhof, cofundadora de la facción Ejército Rojo de Alemania Occidental”.[27]

En relación a esto, recordemos que si bien, una de las mujeres íconos de la guerra fue Edith Lagos, no es la imagen de mujer en quien se piensa cuando se evoca a la mujer senderista, sino en la “machona, frívola y sanguinaria”. Esta imagen la construyeron alrededor principalmente de Carlota Tello “Camarada Carla”. Ricardo Caro, comenta que un reportaje de La República del 15 de marzo de 1982, subtitulado “«Camarada Carla»: Una mujer que juega con la muerte”, muestra el perfil de Carlota Tello como “una mujer endurecida por sentimientos de odio que nacerían del desprecio paterno. Pero de otro modo, ella es una “macho”, una mujer apropiada de rasgos masculinos de valor, don de mando, armada y dominante que explicarían su protagonismo subversivo”.[28]

Es decir, una senderista conocida por su letalidad, tal y como se estigmatizó al resto de sus compañeras; intentándose asociar a las mujeres senderistas como las radicales que mataban sin compasión y sin argumento. Mavila, en su artículo Presente y Futuro de las Mujeres de la Guerra, afirma que si bien las mujeres senderistas “Accedieron a cargos de dirección llegando a ser una porción importante del Comité Central; esto no era expresión de la valoración de su capacidad política y programática, sino más bien de su capacidad implementadora de la línea directriz de «Gonzalo»”.[29] Por otra parte, de acuerdo a algunas entrevistas realizadas por la CVR “la población no solamente las recuerda porque eran mujeres sino también porque eran extremadamente crueles”.[30] Todas estas afirmaciones, desconocen en su totalidad, los anhelos, y razones por las cuales estas mujeres se unieron a la guerra y generalizan, la letalidad que pudo presentarse en algunos casos, al comportamiento de todas.

Del mismo modo, puede resultar sumamente discriminatorio, menospreciar las dotes de las mujeres para ocupar un puesto en el más alto rango de su organización, argumentando que, su presencia en aquellos puestos respondía a su utilización a fin de implementar la línea de Gonzalo. El PCP-SL, dentro de todos los actos de terror que se le hayan impuesto o quieran imputársele, era marxista-leninista-maoísta, y para estas líneas políticas, la presencia de las mujeres en el proceso revolucionario es fundamental. De este modo, las mujeres senderistas, sólo mostraron sus capacidades; como clase oprimida desencadenaron su furia hacia su emancipación, y a través de su entrega pudieron posicionarse dentro de los altos cargos.

Es totalmente válido, que cada quien desde su mirada de lo sucedido en la guerra interna, pueda realizar críticas sobre los actos de crueldad suscitados, pero por esto, menospreciar la labor de las mujeres en la guerra y manipularla a su instrumentalización, termina resultando, altamente discriminatorio. Ellas fueron protagonistas, en un país donde aún las mujeres no eran rostros intervinientes de la política nacional.

Por otro lado, pese a los casos en que mujeres o hombres hayan protagonizado situaciones altamente sanguinarias y violentas, no son resultado de sus características biológicas las causas de su comportamiento, sino de la construcción de su ser social. Estas proposiciones no hacen más que reforzar los estereotipos de género que se crean sobre las mujeres, los que, las posicionan siempre dentro de los dos extremos, o débiles, sumisas, inocentes “Marías”, o del otro lado, frívolas, dominantes, malvadas “Malas, putas”.  Para los razonamientos patriarcales, las mujeres estamos hechas para el silencio o para el caos. Caro, desde el análisis del testimonio de un varón, resalta la descripción que este hace de un grupo de mujeres senderistas, cuando se refiere a ellas recurriendo al asco, para hacer énfasis en el hecho de que la “situación” y las mujeres que la crean, se encuentran fuera del orden moral, “no valen la pena”.[31]

Es de reiterar que, mucho se habla de las mujeres senderistas como reproducción de las posturas masculinas. Desde su vestimenta, hasta su forma de manejar el poder, se dice, repite las formas en que los hombres se desenvuelven, sin embargo ¿no es el género una construcción? por lo que se sabe, una vez una persona sea mujer y varón, ingresaba al “ejército popular” debía olvidarse de todo cuanto había aprendido antes, en esa destrucción y construcción, mujeres y hombres debían adoptar una postura frente a la guerra, sin ser ésta una reproducción de uno u otro género. ¿Se puede acusar por ello de machismo al PCP-SL? esto sí, me parece extremadamente aberrante y forzado.

Ricardo Caro[32] en las notas finales de su investigación “Ser mujer, joven y senderista: género y pánico moral en las percepciones de Sendero Luminoso” reflexiona en base a la forma en que se construyó una versión de las vidas de Edith Lagos y Carlota Tello, entre sus reflexiones indica que, ésta puede comprenderse en el contexto de “ofensa patriarcal” como contrapartida a la inusitada fama y popularidad de estas mujeres sobre quienes se creó un estigma social, pánico moral y de género que coloca y colocó los sentidos comunes en contra de la emergencia de estas mujeres amenazantes y propiciatorias. Caro además, agrega que es interesante y oportuno revisar los modelos de trasgresión femenina y las pautas emocionales con que se buscó presentarlas públicamente –violentas y fanáticas-. Asimismo, señala que en el caso de Carlota Tello, ese modelo resultó muy eficaz, pues se liquidó al sujeto y se reemplazó por un estereotipo denigrante y deshumanizante, pudiéndose demostrar a través de ello, que los mecanismos de una guerra, no sólo son ideológicos y militares, sino también tienen un conflicto de universos simbólicos en pugna y negociación, a través de ese pánico creado y que continúa creándose por la prensa. Estos universos simbólicos establecidos alrededor de las senderistas, responden a un trasfondo que sirve para manipular a la sociedad, pero también que son imprescindibles para el patriarcado, que requiere y requirió prolongar el statu quo en el que debían desempeñarse las mujeres.

Otra de las hipótesis que se utiliza para justificar y descalificar el grado de participación de las mujeres, es el fanatismo hacia el “Presidente Gonzalo” y su pensamiento. Esto en relación a la entrega de las mujeres a la revolución que, resultaba para la época, una situación nueva pues nunca antes en tal magnitud, las mujeres habían asumido un rol protagónico en un proceso mediante su participación política. “Entregar la vida, al partido y la revolución” esta es una frase que se cuestiona mucho, pero si es que quiere cuestionarse, se debería también cuestionar los procesos revolucionarios que responden a una ideología al menos marxista-leninista, así como toda idea de violencia revolucionaria. Con esto me refiero, que si bien pueden realizarse todas las observaciones del caso a su entrega total a la guerra, ¿no tenía coherencia esta con la ideología marxista-leninista-maoísta que tenían? Desde los ojos de la reacción, se rechazará por seguro todo postulado que venga de la izquierda, pero desde la izquierda, convendría analizar más la coherencia que tuvieron estas mujeres con su discurso revolucionario, análisis que seguro arrojará observaciones negativas, pero no su total.

Se critica también, la organización sumamente jerárquica que hubo en el partido, en base a esta crítica se fundamenta, que las mujeres no tuvieron ningún tipo de poder de decisión, ya que todas las órdenes venían de Gonzalo y por lo tanto, sus decisiones eran nulas. La crítica fundamental se centra en el manejo del poder. Entiendo y comparto los postulados que apuestan por las relaciones horizontales y democráticas, sin embargo, comprendo también que, este tipo de relaciones de poder no pueden aplicarse en toda organización.

Foucault define al poder como “una relación de fuerzas, o más bien toda relación de fuerzas es una relación de poder”[33]el poder, al ser resultado de relaciones de poder, está en todas partes, y no puede validarse si no responde a relaciones voluntarias. Por otro lado, Crozier y Friedberg en el Actor y el Sistema, destacan que la mejor manera de entender el comportamiento humano en las organizaciones es el poder, al respecto, señalan que “toda estructura de acción colectiva, se constituye como sistema de poder. Es un fenómeno, un efecto y un hecho de poder”

Con estos dos conceptos vamos analizando que en toda organización, existirán las relaciones de poder, es imposible que no se establezcan, pues deben obedecer a ciertos principios y líneas de pensamiento y acción, más aún si hablamos de organizaciones políticas. De igual forma tenemos que, las relaciones de poder que se establecen entre los actores, son relaciones voluntarias, se vuelven relaciones de poder cuando las aceptamos y ejecutamos.

Michel Crozier y Erhard Friedberg señalan que, su modo de razonamiento respecto al poder “no se dirige tanto a las organizaciones como objeto social específico, sino a la acción organizada de los hombres” estos hacen un reconocimiento explícito del poder como una relación, apoyándose en Foucault, quien señala que lo importante no es encontrar quien tiene el poder y por qué lo tiene, sino responder a la pregunta de cómo funcionan los mecanismos de poder y cuáles son los efectos que genera en las organizaciones donde se implanta. Desde este punto pueden existir distintas críticas a cómo se establecieron los mecanismos de poder dentro del PCP-SL, sin embargo, estos mecanismos fueron aceptados por quienes decidieron formar parte del partido.

Por esta parte tenemos que, si bien es cierto, los individuos no cuestionan las reglas que imponen sus organizaciones a diario, sin embargo estas restricciones existen. A partir de ello, ¿Cuestionamos las reglas que se establecieron dentro del PCP-SL? ¿las formas de las relaciones de poder? Bien, hagámoslo, pero no por ello desestimemos el grado de participación de las mujeres en la guerra.

Para terminar…

Ambas mujeres guerrilleras, las del FMLN y PCP-SL, participaron en la guerra, porque tenían la total capacidad para hacerlo, porque estos partidos fueron uno de los primeros en sus países que les dieron la oportunidad de ser actoras. Ellas vivían situaciones de opresión y explotación y comprendieron que la única forma de acabar con ello, era liarse al sueño de luchar por una sociedad más justa. Dentro de estas similitudes, en número e involucramiento, observamos también disimilitudes, como el desenvolvimiento dentro de la guerra de las mujeres del FMLN, quienes no participaron como cabezas de organización, como sí lo hicieron las del PCP-SL.

Ello, de acuerdo a lo investigado, resultó de la oportunidad que tuvieron cada una de ellas en sus partidos, cómo les fue abierta la posibilidad para que fueran protagonistas y dejaran de ser como dicen: pobres, amas de casa, y desvalorizadas en la sociedad.

Las mujeres peruanas, tanto como salvadoreñas, fruto de la difícil situación económica, de las distintas opresiones de las que eran presas y de su explotación y la de su pueblo, comprendieron rápidamente las demandas de los grupos insurgentes de su época, quienes –equivocados o no- les permitieron ser protagonistas de la guerra, y ellas, se reconstruyeron de tal manera, que pasaron a ser las forjadoras de la revolución.

Milena Justo




[1] En adelante se entenderá Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional como: FMLN
 [2]Sendero Luminoso es el sobrenombre que le pone la prensa peruana, tras la frase que usó el Partido Comunista del Perú “por el luminoso sendero de Mariátegui” será llamado Sendero Luminoso, más no es el nombre en sí del partido.
[3] De acuerdo a: COMISIÓN DE LA VERDAD PARA EL SALVADOR,  Informe "De la Locura a la Esperanza: La Guerra de 12 Años en El Salvador", 1993, El Salvador.
[4] COMISIÓN DE LA VERDAD Y RECONCILIACIÓN, Informe Final, Lima: CVR, 2003 – Perú.
[5] MARTÍNEZ, 1981. En: FALQUET,  Jules, El movimiento de mujeres en la "democratización" de posguerra en El Salvador. En: REVISTA DEL CESLA No 4, El Salvador, 2002.
[6] “Edith Lagos, final de drama”, por Ilpidio Enrique Vargas P. En: Revista Gente, 16 de setiembre de 1982, p. 6-11.
[7] GORRITI, Gustavo. Sendero, historia de la guerra milenaria en el Perú. Apoyo S.A., 4ta. Edición. Lima, 1991.
[8] CARO CÁRDENAS, Ricardo. Ser mujer, joven y senderista: género y pánico moral en las percepciones de Sendero Luminoso. Lima, p. 19.
[9] HENRÍQUEZ, N. y MANTILLA, J (2003) Contra viento y marea. Cuestiones de género y poder en la memoria colectiva. Informe para CVR. Lora, C. (1996) Creciendo en diginidad. Lima: Instituto Bartolomé de las Casas. Patrón, P. (2000) Presencia social, ausencia política. Lima: Agenda Perú. Barrig, M. (1996) Los nudos del liderazgo. En Revista Márgenes, Nº 15.
[10] BALBI, C. y CALLIRGOS, J. C. Sendero y la mujer, 1999. En: Revista Quehacer Nº 79.
[11]BARRIG, Maruja, De vecinas a ciudadanas: la mujer en el desarrollo urbano, Grupo de Trabajo SUMBI: Servicios Urbanos y Mujeres de Bajos Ingresos, Lima, 1990, p. 148.
[12] Testimonio de Amanda, p. 234. En: NAVAS, María Candelaria y otras, ¡¿Valió la pena?!, Editorial Sombrero Azul, El Salvador, 1995.
[13] La violencia en las comunidades... Informe Final de la CVR, Tomo V, capítulo 2. (Teresa, 35 años, Sancos) Lima, agosto 2003.
[14] GARGALLO, Francesca, En: FALQUET, Jules, El movimiento de mujeres en la "democratización" de posguerra en El Salvador. En: Revista del Cesla No 4, El Salvador, 2002, p. 3.
[15] CARTER, Brenda, LOEB, David (1989). En: FALQUET, Jules, El movimiento de mujeres en la "democratización" de posguerra en El Salvador. En: Revista del Cesla No 4, El Salvador, 2002, p. 4.
[16] Idem
[17] BARRIG, M. (1993) Liderazgo femenino y violencia política en el Perú de los 90. En Debates en Sociología N° 18, 96-97.
[18] ONU (Naciones Unidas). Acuerdos de El Salvador: en el camino de la paz. Junio 1992. Reimpresión julio 1993.
[19] ANAYA RUBIO, Noemy. Mujer y Situaciones de Conflicto Armado y Post Conflicto en El Salvador. En: Monitoreo sobre violencia sexual en conflicto armado en Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú, CLADEM, Lima, 2007, p. 4.
[20] Fundación 16 de Enero, Diagnóstico de la situación actual de la mujer excombatiente San Salvador, 1993, p. 10.
[21]ANAYA RUBIO, Noemy. Mujer y Situaciones de Conflicto Armado y Post Conflicto en El Salvador. En: Monitoreo sobre violencia sexual en conflicto armado en Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Perú. CLADEM, Lima, 2007, p. 21.
[22] MAVILA León, Rosa. Presente y Futuro de las Mujeres de la Guerra. En: Revista QUEHACER N° 79, DESCO, Lima septiembre-Octubre 1992.
[23] DEGREGORI, Carlos Iván. Que difícil es ser Dios: Ideología y violencia política en Sendero Luminoso. El Zorro de Abajo Ediciones, Lima, 1989. 
[24] Los integrantes del PCP-SL, fueron considerados por las autoridades como un grupo terrorista, por ello mismo su proceso de enjuiciamiento era por el delito de terrorismo. Si bien como muestra el estudio de Chávez de Paz del año 1989, en esa época las condenas oscilan entre 5 a 20 años, sin embargo, luego de la legislación antisubversiva, las penas no bajan de los 20 años, y un gran número de ellas fue de cadena perpetua.
[25] La cifra oficial, en esa época, de la proporción de la población del país con estudios universitarios es de 4.7% (véase Consejo Nacional de Población 1985: 99-106).
[26] CHAVEZ DE PAZ, Dennis. Juventud y Terrorismo: Características sociales de los condenados por terrorismo. IEP, 1989, p. 43.
[27] KIRK, Robin. Grabado en Piedra: Las Mujeres de Sendero Luminoso. IEP, Lima, 1993, p-15.
[28] “Historia secreta de una guerrillera (cap. I), «Camarada Carla»: Una mujer que juega con la muerte.” Por Víctor Caycho, Diario La República, 15 de marzo de 1982. En: CARO CÁRDENAS, Ricardo. Ser mujer, joven y senderista: género y pánico moral en las percepciones de Sendero Luminoso. 
[29] MAVILA LEÓN, Rosa. Presente y Futuro de las Mujeres de la Guerra. En: Revista QUEHACER N° 79, DESCO, Lima septiembre-Octubre 1992.
[30] Educación y Sendero Luminoso en Vilcashuamán. CVR, sede Sur central, Estudios en Profundidad. Lima, enero del 2003. Las cursivas son nuestras.
[31] CARO CÁRDENAS, Ricardo. Ser mujer, joven y senderista: género y pánico moral en las percepciones de Sendero Luminoso. Lima, p. 08.
[32] Idem, pp. 18-21.
[33] Deleuze, Gilles. Foucault. Paidós. México, p. 99.