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viernes, 27 de abril de 2018

COMERCIO ELECTRÓNICO Y LA AGENDA DE LAS TRANSNACIONALES




26/04/2018

El comercio electrónico, uno de los componentes de la nueva economía digital, está en rápido crecimiento.  Entre las plataformas de Internet más conocidas en América Latina están Amazon, eBay, Alibaba o Mercado Libre (este último, latinoamericano).

Es atractivo para consumidores por la amplia gama de opciones, facilidad de comparar precios y, a menudo, entrega a domicilio.  Para las empresas, permite abrir nuevos mercados, a veces sin límites geográficos.  Ofrece también oportunidades para pequeños y medianos productores, una de cuyas principales dificultades es la comercialización.

Se podría pensar que para los países del Sur, sería muy beneficioso desarrollar sus capacidades en este plano.  Vale la pregunta, entonces: ¿Por qué una mayoría de países en desarrollo se negaron a abrir negociaciones sobre el comercio electrónico, en la última reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio -OMC-?

La economía digital

Lo que abarca el concepto de comercio electrónico en realidad es mucho más amplio que las tiendas en línea.  Comprende la venta o distribución de bienes o servicios físicos, facilitada por medios electrónicos, incluyendo, por ejemplo, la llamada “economía colaborativa” en servicios como transporte o alojamiento (como Uber y AirBnB).  Contempla, además, bienes anteriormente físicos que están siendo remplazados por bienes digitales (libros, música); pero también está emergiendo toda un área híbrida, como los diseños digitales de bienes físicos (con opción de personalización) para reproducirlos en impresoras 3D, desde vestimenta, hasta maquinaria y casas e incluso ciertos alimentos o prótesis para el cuerpo humano. También abarca los productos y servicios propios de la economía digital, donde los datos son el bien comerciable, o éstos son utilizados para proveer un servicio, sea en plataformas de la Web o aplicaciones de la inteligencia artificial.

Estamos hablando, entonces, de una parte significativa de la economía actual y que se acrecentará mucho más a futuro.  Consecuentemente, cualquier acuerdo comercial que regule (o desregule) el “comercio electrónico” estaría de hecho sentando las bases globales para el conjunto de la nueva economía digital, hacia la cual estamos transitando velozmente, con enormes implicaciones para el modelo económico, el empleo, el desarrollo, la dependencia o soberanía nacional e incluso los derechos humanos.  Por lo mismo, requiere de un análisis a fondo y de mucho cuidado, en particular desde la ciudadanía y los países en desarrollo, para no ceder a presiones a cambio de concesiones puntuales.

Justamente, uno de los desafíos de la economía digital es que se presta a favorecer a los actores más grandes, lo que alienta la concentración y la formación de monopolios.  Tan es así que amazon.com ya cuenta con el 44% del comercio electrónico en EEUU (2017) y con el 16% a nivel global (2016); mientras que Google y Facebook acaparan el 61% de los ingresos de la publicidad global en Internet, y el 25% del total de los ingresos de publicidad en medios[1].

¿Hacia un acuerdo vinculante en la OMC?

Es en este contexto que los países desarrollados con mayor capacidad digital han planteado abrir negociaciones en la OMC, buscando un mandato para un acuerdo vinculante sobre comercio electrónico que esperaban concretar en la reunión Ministerial de 2018 en Buenos Aires.  No es un tema nuevo: desde hace varios años, se desarrollan discusiones al respecto en un comité del organismo multilateral que no tiene poder de decisión vinculante.  La propuesta actual responde fundamentalmente al interés de estos países para reforzar aún más las ventajas de las que gozan sus grandes empresas digitales.

Se trata, en esencia, de desregular el sector, bajo un discurso de “Internet libre”, para que estas empresas puedan tener acceso libre a todos los mercados y aprovecharse sin trabas de los flujos de datos.  Para los países con capacidad digital incipiente (incluyendo la mayoría de países en desarrollo), significaría que se vean impedidos de adoptar —ahora o más adelante— las regulaciones que les permitirían defender y fomentar su propio desarrollo soberano y capacidad de competir en esta área.

Este sentido de la propuesta se ve claramente en las cláusulas que EEUU propone incluir en la negociación, muy parecidas a lo que ya se había avanzado en las negociaciones en el marco de TLCs como el Tratado Transpacífico (TPP) y el Acuerdo sobre el Comercio de Servicios (TiSA).  Entre éstas se contemplan las siguientes medidas.

- La habilitación de flujos de datos transfronterizos.  Se trata de prohibir la regulación que muchos países han promulgado para proteger los datos nacionales.  Ello va ligado a la prohibición de barreras de localización o de exigencia de establecer una presencia nacional.

En la práctica, significaría que las empresas puedan llevar, sin mediar pago alguno, todos los datos personales y de las colectividades, para convertirlos en un commodity para vender o explotar.  Implica también que no se podrá exigir que las empresas digitales almacenen los datos en el país donde se generan, bajo el argumento de que significaría costos adicionales de construcción de infraestructura física en cada país.

Pero ello limitaría la capacidad de las legislaturas nacionales para proteger la privacidad de su ciudadanía, ya que se aplicarán las leyes del país donde se almacenan los datos (que en el caso, por ejemplo, de EEUU, protegen poco a su población nacional y aún menos a usuarios extraterritoriales).  Asimismo, al renunciar a la posibilidad de regular adecuadamente la extracción, uso y almacenamiento de datos, los países sacrificarán la posibilidad de sacarles provecho para desarrollar su propio sector tecnológico (como la inteligencia artificial).

La no presencia física podría significar un impacto en el empleo o su precarización mediante tercerización o contratación de trabajadores autónomos; además, dificultaría las opciones de recurso legal en casos de incumplimiento de las leyes y derechos de los consumidores.

- Prohibición de las transferencias forzosas de tecnología, procesos de producción u otra información de propiedad.

Pero la transferencia tecnológica siempre ha sido una demanda de los países en desarrollo.  Prohibir su obligatoriedad significaría perder oportunidades para desarrollar conocimiento y capacidad local, con miras a desarrollar su propio sector tecnológico.

- Protección del código de fuente crítico: se prohibiría que un país pueda obligar a las empresas extranjeras a entregar su código fuente o algoritmos patentados a sus competidores; salvo con fines de proteger la salud, seguridad u otras metas regulatorias legítimas.

Esto es particularmente preocupante en el caso de sistemas de inteligencia artificial, que tienen la capacidad de tomar ciertas decisiones autónomamente, mediante algoritmos.  Si no se puede saber cómo operan, cómo están programados, difícilmente se podrá pedir rendición de cuentas por decisiones erróneas o garantizar que no tengan un sesgo incorporado.

- Garantizar la elección de la tecnología por parte de la empresa.

Implica que no se podrá estipular que las empresas deban utilizar tecnología local, lo que desalentaría el desarrollo de capacidad nacional.

- La prohibición de aranceles aduaneros para los productos digitales.

Ya existe, desde hace varios años, un acuerdo de moratoria en la OMC a los aranceles para bienes que se transmiten electrónicamente.  Sin duda sería complejo implementar tales aranceles.  Pero a medida que cada vez más bienes se desplazan al dominio digital, podría significar una pérdida significativa de ingresos para los países en desarrollo y fomentar la competencia desleal con su producción doméstica.  Aceptar una prohibición permanente, sin conocer cómo va a evolucionar el mercado digital, podría ser arriesgado.

Negociaciones paralelas

Previo a la Ministerial en Buenos Aires, viendo que el acuerdo no avanzaba, los países proponentes plantearon algo menos ambicioso, con énfasis en “el comercio para el desarrollo”[2].  Se argumentaba que la negociación favorecería a las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPyMEs).  En una óptica similar, meses antes, se creó un grupo de países “Amigos del comercio electrónico para el desarrollo”, coordinado por Costa Rica.

Sin embargo, las MiPyMEs son las que menos podrán competir con las corporaciones transnacionales, que tienen los beneficios de escala, subsidios, infraestructura nacional, avances tecnológicos, etc.  Más bien lo que necesitan son regulaciones y políticas nacionales que les den oportunidades de desarrollar su capacidad tecnológica, acceso preferente a mercados y competencias.  Ello incluye mejorar la conectividad nacional al Internet, de alta velocidad, incluyendo las áreas rurales; mejorar la eficiencia de la aduana; mejorar los servicios de distribución (correo); políticas arancelarias y crediticias que favorezcan a las MiPyMEs, entre otros aspectos.

Finalmente, una mayoría de países en desarrollo (principalmente los africanos, varios asiáticos, incluyendo India, y el grupo del ALBA en América Latina) se resistieron a dar un mandato de negociación, entendiendo que significaría abandonar el acuerdo previo de no abrir nuevas negociaciones, mientras no culmina la Agenda de Doha para el Desarrollo, y para no dar lugar a nuevos impedimentos para las políticas nacionales.

Toda vez, no se lo puede considerar un asunto cerrado.  Las presiones continuarán, tanto en la OMC como en el marco de otras negociaciones comerciales.  De hecho, la reciente entrada en vigencia del TPP, por parte de todos los países signatarios menos EEUU, dejó intacto la sección del Acuerdo sobre comercio electrónico.

En la Ministerial de Buenos Aires, unos 70 países (principalmente los que son parte de las negociaciones de TiSA, y también Argentina), adoptaron una declaración conjunta sobre comercio electrónico y desarrollo, donde acuerdan emprender un trabajo conjunto exploratorio hacia futuras negociaciones en la OMC sobre intercambio comercial y comercio electrónico, abierto a todos los países, hayan firmado o no.

Este grupo realizó su primera reunión, en Ginebra, el 14 de marzo de este año, en la propia sede de la OMC y con presencia de funcionarios de la entidad, a pesar de que la OMC no tiene ningún mandato para llevar adelante tales discusiones.  (La OMC solo puede desarrollar negociaciones autorizadas por el conjunto de sus miembros).  Participaron 82 países (incluyendo China y Pakistán, entre otros países que no habían firmado la declaración).  La sesión fue liderada por Japón, Singapur y Australia.  EEUU, que fue el primer impulsor de la iniciativa de negociación, también participó; si bien en los últimos meses había dejado de liderar la iniciativa, como parte de la decisión de Donald Trump de no privilegiar las negociaciones comerciales multilaterales.

Este tipo de negociación en paralelo se está volviendo algo habitual en el marco de la OMC, como un mecanismo para circunvalar los procedimientos formales de la entidad, con la intención de volver con mayor fuerza en la siguiente Ministerial con un acuerdo pre-negociado, donde, en este caso, las MiPYMES serían la carnada para concitar adhesiones.

¿Hacia una mayor regulación de Internet?

El reciente escándalo sobre el uso en campañas electorales de datos proporcionados por Facebook a Cambridge Analytica, con flagrante abuso de la intimidad de los usuarios, ha comenzado a abrir los ojos a legisladores en varios países, incluyendo EEUU, sobre el poder excesivo de los monopolios de Internet.  Pero estamos aún muy lejos de soluciones reales de política pública que permitan garantizar el interés público frente a este poder.

El análisis de Stacy Mitchell sobre amazon.com, publicado recientemente en The Nation[3], da indicios de lo que está en juego en el campo del comercio electrónico.  Explica el dilema que enfrentan los pequeños y medianos productores para decidir si es mejor tratar de competir desde fuera, o vender sus productos en la plataforma de Amazon, donde es difícil tener éxito debido a que Amazon puede manipular precios y promover productos de una manera que siempre favorece sus propias marcas y ganancias.  Más allá de ello, la autora afirma que Jeff Bezos (el fundador y director ejecutivo de amazon.com) “ha diseñado su empresa para un objetivo mucho más radical que simplemente dominar los mercados; ha construido Amazon para reemplazarlos. Su visión es que Amazon se convierta en la infraestructura subyacente en la que se ejecuta el comercio”.  Algo similar, en sus respectivos ámbitos, se podría decir de Google y Facebook.

La eventual adopción de medidas vinculantes en la OMC reforzará aún más estas tendencias.  No es un asunto para que lo definan “expertos” (generalmente identificados con intereses empresariales).  Es un debate que requiere de una amplia participación de la ciudadanía y que tome en cuenta garantías para el desarrollo, la democracia y los derechos humanos.  La propia ONU, desde la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, ha reconocido la importancia de contar con espacios multisectoriales para debatir estos temas.  La OMC, desde siempre bastante cerrada a la participación ciudadana (y aún más desde el fiasco que protagonizó Argentina al negar las visas y acreditaciones de participantes de la sociedad civil en la Ministerial), no es para nada un espacio apropiado para ello.  Si estas negociaciones prosperan, el futuro de nuestro desarrollo podría estar fuertemente comprometido.


Sally Burch, periodista británica-ecuatoriana (ALAI).  @SallyBurchEc



[3] Amazon Doesn’t Just Want to Dominate the Market—It Wants to Become the Market, https://www.thenation.com/article/amazon-doesnt-just-want-to-dominate-the-market-it-wants-to-become-the-market/
Artículo publicado en la Revista América Latina en Movimiento: Tensiones e impases en la OMC 19/04/2018


martes, 21 de marzo de 2017

EL RETO DE RECONSTRUIR UNA INTERNET CIUDADANA





Rumbo al Foro Social de Internet:

Sally Burch

ALAI AMLATINA, 20/03/2017.- Ya es difícil imaginar la vida cotidiana sin las innovaciones de la llamada “revolución” tecnológica digital, a pesar de que la mayoría se ha propagado en apenas una o dos décadas.  ¿Cómo funcionaríamos sin celular, sin redes digitales ni correo electrónico, sin poder hacer trámites por Internet ni hacer búsquedas de información?  No obstante, se trata solo de los primeros pasos de esta transformación.

De acuerdo con la utopía tecnológica que nos prometen las grandes empresas, en adelante podremos hacer las compras desde el celular para que un drone los deposite en la casa; tener un auto que se parquea solo; o un robot que haga la limpieza de la casa y nos alerte si entran ladrones...  Esta supuesta utopía va de la par, sin embargo, de un lado más oscuro, que incluye la vigilancia sin límites, la seguridad vulnerada, la recolección indiscriminada de nuestros datos personales para enriquecer a megaempresas, la próxima pérdida masiva de puestos de trabajo con la robotización y automatización; o los algoritmos nada transparentes y no siempre eficientes ni equitativos, que rigen cada vez más aspectos de nuestras sociedades.  

El hecho es que, en los últimos años, a medida que se digitalizan cada vez más aspectos del quehacer social y personal, buena parte de estas innovaciones ha sido acaparada por grandes monopolios (en su mayoría estadounidenses), dando lugar a una concentración inédita de poder.  Muestra de ella es el hecho que, según información de la Agencia Bloomberg, de las 10 empresas de mayor cotización en la bolsa en diciembre de 2015, cinco son del sector tecnológico; es más, Apple, Alphabet/Google y Microsoft ocupan los tres primeros lugares, desplazando a las transnacionales petroleras.

A su vez, esta utopía consumista es muy distinta de la que caracterizó los inicios de Internet.  Una vez salida de su origen militar, la red de redes se desarrolló en gran medida como una iniciativa colaborativa, controlada y diseñada principalmente por la sociedad civil y sectores académicos, que lo concibieron bajo principios de democratización, horizontalidad y libre intercambio de conocimientos.  En muchas áreas, este enfoque se ha seguido desarrollando, con iniciativas como el software libre, el contenido abierto y plataformas públicas de intercambio de conocimiento e ideas.  Pero, a medida que Internet se ha masificado, se ha ido convirtiendo en un terreno donde cada vez más los espacios otrora públicos y autogestionados se encuentran cercados por plataformas privadas, como las redes sociales digitales, sometidas a las reglas y algoritmos que imponen Facebook, Twitter y similares.

Se podría decir, en síntesis que existe una contradicción central entre dos visiones en disputa respecto a Internet y las tecnologías digitales: por un lado, una visión centrada en los comunes, en soberanía tecnológica, en desarrollar iniciativas descentralizadas, con la defensa del interés público y los derechos de la ciudadanía como principios clave; y por otro, un proyecto en marcha de concentración monopólica de la tecnología, de los espacios y plataformas, de los datos y los sistemas, orientado hacia el lucro y la centralización del poder.  En suma, una Internet ciudadana vs. una Internet corporativa.

Los vacíos legales y de supervisión favorecen a los poderosos

El 12 de marzo pasado, Tim Berners-Lee, fundador de la Web, al celebrar el 28º aniversario del día en que envió su propuesta inicial de la red informática mundial, emitió un mensaje sobre tres desafíos actuales de la Web, donde recuerda justamente que él “imaginaba la web como una plataforma abierta que permitiría a todas las personas, en todas partes compartir información, tener acceso a oportunidades y colaborar más allá de límites geográficos y culturales”.  Reconoce que, “de muchas maneras, la web ha cumplido con esta visión, aunque mantenerla abierta ha requerido de muchas batallas”.  Sin embargo, expresa que, en los últimos 12 meses, “me he sentido cada vez más preocupado por tres nuevas tendencias que creo que debemos abordar para que la web cumpla con su verdadero potencial como herramienta que sirve a toda la humanidad”.  Éstas son: la pérdida de control de nuestra información personal; la creciente facilidad de difundir información errónea y noticias falsas en la web; y el hecho de que la publicidad política en línea, que necesita transparencia y entendimiento, se haya convertido rápidamente en una industria sofisticada.

A nuestro entender, los problemas señalados por Berners-Lee apuntan implícitamente a esta concentración de poder en el sector que señalamos.  Justamente, entre las soluciones que plantea, se incluye la necesidad de trabajar junto con las empresas web para encontrar un equilibrio que a partir de criterios de justicia les devuelva un grado de control sobre la información a las personas; y la lucha contra los excesos gubernamentales en leyes de vigilancia.  Exhorta a los “gatekeepers” como Google y Facebook a combatir el problema de las noticias falsas, evitando, toda vez, la creación de cualquier órgano central para decidir qué es “verdadero” o no. También exige “más transparencia algorítmica para entender cómo se toman decisiones que afectan nuestra vida, y tal vez un conjunto de principios comunes a seguir”; y una mayor regulación de las campañas políticas.

Los riesgos de este modelo concentrador de las tecnologías digitales, sin embargo, van mucho más allá de lo que ahora conocemos como Internet.  En diversos sectores de la economía y la gestión político-social, se están produciendo cambios internos –a menudo poco visibles– facilitados por la agregación y el análisis de datos (lo que se conoce como big data).  Un problema es que, por lo general, son solo las grandes entidades (empresas transnacionales, gobiernos poderosos) que tienen la capacidad de almacenar y procesar tal cantidad de datos y de transformarlos en algoritmos, que son la base de la inteligencia artificial.

Se estima, por ejemplo, que los sofisticados algoritmos que se usan desde hace una decena de años en Wall Street facilitaron la burbuja hipotecaria que desencadenó la crisis de 2008[1], ya que permiten una velocidad y volumen de transacciones que con métodos tradicionales no era posible; desde entonces esta velocidad se ha multiplicado exponencialmente, con el potencial de que un error de programación o acto malicioso podría provocar un colapso financiero[2].  Otro ejemplo: con el crecimiento de las ciudades, que se vuelven cada vez más complejas, muchos aspectos de la gestión se pueden allanar con estas tecnologías (flujos de tráfico, red eléctrica, etc.)  Pero cuando se trata de paquetes contratados con empresas privadas –muchas veces extranjeras– que privatizan los datos recopilados de la ciudad para alimentar sus algoritmos patentados, bajo criterios propios, se presenta un problema de gestión democrática, incluso con implicaciones de derechos humanos.

Nuestros sistemas legales y reglamentarios no han podido actualizarse con la velocidad que requieren estos cambios.  Es más, cuando se trata de sistemas internacionales, no existe ningún organismo facultado para normar muchos aspectos de los flujos de datos, y mucho menos para supervigilarlos.  Los nuevos monopolios digitales están explotando este vacío de regulación y supervisión para consolidar aún más su poder, muchas veces poniendo sus propios intereses por delante del interés público.  Mientras tanto, negocian a puerta cerrada las regulaciones que decidirán el futuro de la red, con muy poca incidencia real de la ciudadanía.

Foro Social de Internet

Dada la urgencia de abrir un amplio debate ciudadano sobre estos temas, un conjunto de organizaciones sociales y ciudadanas está convocando a la organización de un Foro Social de Internet (FSI), con el carácter de un foro temático del proceso Foro Social Mundial.  El FSI se propone articular conceptos, propuestas y alternativas en torno a los cuales las personas y las organizaciones sociales puedan identificarse y agruparse, con miras a disputar el impulso de una Internet ciudadana.

Se ha previsto que el FSI se realice en Hyderabad, India, a fines del 2017 o inicios del 2018.  Pero no se trata de esperar esa fecha para ampliar y profundizar el debate.  A nivel de nuestra región, hay una iniciativa en marcha para impulsar un intercambio que ayude a identificar lo que está en juego en la región, en una diversidad de ámbitos y para distintos sectores sociales, con miras a ir construyendo una agenda común.  Uno de los momentos de este proceso será el encuentro Diálogos por una Internet ciudadana: NuestrAmérica rumbo al Foro Social de Internet, a realizarse en Quito del 28 al 30 de junio próximo[3], que incluye un proceso previo de intercambio en línea.

Como dice la convocatoria: “Internet representa una potente fuerza transformadora de nuestras sociedades en sus múltiples ámbitos.  Esta nueva tecnología puede ser inmensamente útil para la resolución de muchos de los problemas que vive la humanidad; pero ello solo sucederá si su desarrollo está orientado por un accionar social y político dirigido expresamente en beneficio del más amplio interés público”.  Es un reto urgente de nuestras sociedades rescatar la Internet ciudadana, antes de que sea tarde.


- Sally Burch es periodista de ALAI y miembro del grupo coordinador del Foro Social de Internet.




[3]                      El Encuentro es convocado por la Agencia Latinoamericana de Información – ALAI, el Foro de Comunicación para la Integración de NuestrAmérica – FCINA y Medialab – Quito.


miércoles, 21 de septiembre de 2016

UN MARCO DE JUSTICIA ECONÓMICA PARA EL DEBATE TECNOLÓGICO (II)




Sally Burch

ALAI AMLATINA, 21/09/2016.- En la primera parte de esta entrevista con Evgeny Morozov1, se visualizó el contexto del desarrollo de las tecnologías digitales y sus implicaciones sociales, en el marco del proyecto de renovación capitalista impulsado desde Silicon Valley, y se abordaron las implicaciones para la soberanía y la democracia, particularmente para los países del Sur, incluyendo algunas respuestas posibles desde América Latina. En esta segunda parte, miramos las respuestas desde los Brics y algunos retos para la resistencia social a nivel mundial.

En los países Brics: ¿réplicas locales de Silicon Valley?

Así las cosas, si bien Unasur potencialmente podría ser un espacio para abordar algunas de estas cuestiones como bloque, esto parece cada vez más improbable en el contexto actual. Los Brics son otro bloque con una cierta capacidad para actuar a nivel internacional. Pedimos a Evgeny Morozov que comente esta posibilidad. Su respuesta es que, a estas alturas, sólo ve a Rusia y China con la posibilidad de actuar sobre esas cuestiones. "Brasil está absorbido por su propia crisis interna. En la India, con la excepción de la oposición al Free Basics, que fue impulsado principalmente por activistas y la Comisión Federal Anti-Monopolios, el país en general parece bastante entusiasmado con la agenda neoliberal de desarrollo centrado en la tecnología; por eso (el presidente) Modi ha estado tan atento a las necesidades de las empresas extranjeras de tecnología que quieren llegar a la India para iniciar la construcción de ciudades inteligentes. En parte tiene que ver con su propia estrategia de urbanización y desarrollo económico, y en parte tiene que ver con el hecho de que él es el líder predilecto de Silicon Valley; él viaja para reunirse con sus líderes a cada rato. Así que con la India tampoco se puede contar".

No obstante, en el plano del gobierno global de Internet, Morozov comenta que Rusia y China, y tal vez la India, se han dado cuenta de que sí es necesario actuar conjuntamente y unir sus fuerzas con el fin de contrarrestar a EE.UU. "Creo que ha sido lo único que se ha logrado a nivel de Brics. Ellos se reunieron en una cumbre en Moscú para tratar de articular algún tipo de visión contrahegemónica".

Mientras tanto, Rusia y China son los dos países que han mostrado alguna capacidad para resistir internamente al modelo estadounidense, afirmando un cierto grado de soberanía -por lo cual reciben fuertes críticas bajo el argumento de que es para reprimir a su propia población-. Morozov, a la vez que reconoce las contradicciones internas, considera interesante el caso de Rusia y China, ya que han logrado plasmar el modelo de Silicon Valley a nivel nacional: entre los servicios exitosos que han lanzado y que generan bastantes ingresos, muchos son imitaciones de los servicios estadounidenses, afirma.

Considera que el modelo de Silicon Valley -que tiene una clara alianza con Wall Street, que podría describirse como la financiarización de la vida cotidiana- significa desarrollar un tipo de capitalismo donde "todo se hiper-mercantiliza y bajo la bandera del ‘consumo colaborativo’ le invitan a uno a poner en circulación global todos sus activos, al arrendarlos en AirBnB o al convertirse en un conductor de Uber en su tiempo libre y así sucesivamente". Los rusos y los chinos no necesariamente cuestionan la premisa neoliberal de estos modelos: "sólo desean implementarlos bajo sus propios términos", afirma el analista.

Eso, a su vez, dice, lleva a abrir un debate sobre en qué medida los BRICS representan un cuestionamiento al capitalismo neoliberal o son sólo una especie de equivalente localizado. En términos de las implicaciones geopolíticas globales, aún pueden ser preferibles a la dominación unilateral de Estados Unidos. Pero en última instancia, las industrias de Internet de Rusia y China siguen siendo principalmente locales; no tienen el nivel de globalización de Silicon Valley. "Los jóvenes de Oriente Medio están todos en Facebook, también lo están muchos de los jóvenes del sudeste de Asia, y entiendo que también la mayoría de las personas en América Latina. Entonces, la capacidad de los rusos y los chinos para ofrecer una alternativa a Silicon Valley, fuera de sus propios patios traseros, es muy limitada".

Al igual que en América Latina, en estos países también hay fuerzas contradictorias en juego. Por ejemplo, en la antigua URSS y Rusia -un área que conoce bien- Morozov percibe que "por un lado, hay fuerzas pro-estadounidenses que no creen básicamente en la capacidad de Rusia para desarrollar su propio camino; les gustaría pasar por alto por completo el proceso de algún tipo de industrialización y desarrollo y simplemente crecer mediante la entrega del país al capital extranjero. Así que les gustaría que una empresa como Cisco o Google o Microsoft llegue a Rusia”. Pero ahora, “debido a las sanciones y la guerra con Ucrania, están empezando a pensar en cuestiones de soberanía; y también ha habido un esfuerzo por pensar en lo que significaría en el panorama tecnológico".

Temas para la construcción de la resistencia social

Ante este contexto global, buscamos indagar las ideas de Evgeny Morozov respecto a lo que podrían hacer los movimientos sociales y los individuos para resistir o crear alternativas a este modelo techno-neoliberal. O sea, qué temas serían susceptibles de movilizar a la gente y qué podría empezar a hacer una diferencia. A la vez que reconoce que es una pregunta difícil de responder, expresa dudas en cuanto a si se puede construir movimientos en torno a temas de tecnología, o, si es incluso aconsejable que se haga.

Tampoco considera la privacidad como el principal problema a abordar: "Mi opinión es que, en gran parte, el lenguaje de la privacidad y el debate acerca de la privacidad han sido acaparados por ese marco estadounidense-británico inocuo que se reduce a dar a las personas el control sobre sus datos, lo que en condiciones normales sería suficiente.

El problema es que la transformación de otros sectores e industrias sobre la base de los datos ha conducido a una sociedad en la que diariamente la ciudadanía enfrenta incentivos para abandonar precisamente ese control que el derecho a la intimidad les garantiza, en la búsqueda de beneficios, ahorros, cupones, etc. La forma en que opera ahora la industria de seguros nos indica justamente la imposibilidad de seguir defendiendo la privacidad con ese lenguaje. Las compañías de seguros le dicen a uno que si se está dispuesto a monitorearse, poniendo un sensor en su coche, en su cocina, incluso en su cuerpo cuando camina, y si usted logra demostrar que es mucho menos riesgoso de lo que asumen que es, entonces obtendrá un gran beneficio. Ello implica que si no se tienen en cuenta las condiciones económicas y sociales estructurales que hacen poco probable la privacidad, nunca se va a llegar muy lejos". Dada la crisis, el estancamiento de los salarios, el desempleo, "no se puede esperar que la gente continúe haciendo campaña para exigir privacidad cuando sacrificar la privacidad es lo que les permite ahorros o les da dinero".

Morozov piensa que la clave para movilizar a la gente es más bien el debate y las luchas en torno a los datos y los sistemas inteligentes. Pone como ejemplo el hecho de que Google sólo pudo desarrollar su coche autodirigido debido a la capacidad de recogida de datos; y eso fue posible "porque alguien estaba dispuesto a pagar el costo de la recogida de los datos, y ese alguien son los anunciantes". Sin embargo, una vez que Google haya construido sus vehículos de auto-conducción, la automatización podría ir desplazando a los choferes, incluyendo a los profesionales (los camioneros conforman la profesión más grande en EE.UU., con 3,5 millones de personas). Por lo tanto, dice, "si se comienza a reformular los debates sobre los datos y su extracción en este sentido, si se logra demostrar que nos estamos encaminando a toda velocidad hacia un futuro sin trabajo, en la que no es que se compensarán las pérdidas de puestos de trabajo con una renta básica, sino que en verdad estaremos sin ingresos, subsistiendo a base de gratificaciones en compensación por nuestros datos, entonces creo que se puede abrir un debate muy diferente".

Esto requeriría --nuevamente-- la construcción de movimientos alrededor de los asuntos que afectan a las personas directamente y golpean a sus bolsillos, "sea que se trate de la desigualdad, que implica apelar a un sentimiento de injusticia, o que se trate de la incertidumbre y la precariedad" ... como se ve en las luchas actuales contra la reforma de la ley del trabajo en Francia. De hecho, señala, el único caso en los últimos años donde hubo resistencia en las calles en Francia respecto a una cuestión tecnológica fue cuando los taxistas franceses protestaron contra Uber, "y eso se debe a que se lo visualizó como una cuestión puramente económica, y no como una cuestión tecnológica o de privacidad".

Por lo tanto, concluye, para lograr avances en cuestiones tecnológicas, primero tenemos que insertarlos en estos debates. Y eso significa ampliar la discusión más allá de la cuestión de la privacidad, por un lado, pero también más allá de la cuestión de la neutralidad de la red, como una intervención reguladora que debe ser plasmada en la ley. "Incluso con neutralidad de la red2, será muy difícil de entender donde ocurre el nuevo tipo de monopolización y exclusión en los niveles (o capas) superiores de la estructura tecnológica ya que lo que Google y Facebook ahora están construyendo son esencialmente nuevos niveles de exclusión en torno a los datos y el aprendizaje automático, y ya no en el acceso a la conectividad. Así que de la neutralidad de la red tendríamos que transitar hacia la neutralidad de la plataforma y de allí tendríamos que pasar a la neutralidad de los datos, y yo no creo que el sistema legal alcance a mantenerse al día con eso, incluso con un trabajo de incidencia política de por medio".

El analista cree que esto requeriría de una convocatoria más emotiva, al evocar, por ejemplo, temas como el neo-feudalismo, la plutocracia o la monopolización de todo. "Sinceramente, creo que necesitamos una especie de tecno-populismo; el tipo de populismo que ha tenido una existencia muy productiva en América Latina tiene que lidiar con la cuestión de la tecnología. Y eso porque tenemos a la vez un fuertísimo populismo derechista de mercado libre que proviene de Silicon Valley, con empresas como AirBnB y Uber, como también Google y otros, que nos dice que la única razón por la que los ciudadanos no están obteniendo más beneficios de la tecnología es porque todos estos reguladores intervienen para defender a las industrias ya establecidas; pero una vez que los retiramos del camino y dejamos que Uber, AirBnB, Google y Facebook estén al mando, vamos a poder realizar todos esos beneficios y traspasarlos a los consumidores. Para mí, eso es populismo puro y simple, sólo que se trata de un populismo que se construye alrededor de los mercados, a pesar de que se presenta como el populismo en torno a la tecnología. Así que, a menos que haya una contrapartida desde la izquierda, creo que el campo discursivo estará completamente abandonado".

(Traducción ALAI)

- Sally Burch es periodista de ALAI


1 Evgeny Morozov: Periodista y escritor, nacido en Bielorrusia, residente en los EE.UU. y Europa desde hace algunos años. Es conocido principalmente por su crítica polémica de Silicon Valley como una extensión del poder de Estados Unidos.
2 La neutralidad de la red se refiere a la obligación de los proveedores de servicios de Internet de dar un tratamiento igual a los datos y no discriminar ni favorecer la transmisión de ciertos contenidos o proveedores de información con respecto a los demás, lo que significaría la creación de una Internet de doble rasero.
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