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martes, 30 de diciembre de 2025

DEBATE: ¿TENEMOS QUE REIVINDICAR A SENDERO?



Oscar
Inicios de diciembre del 2025


"El vídeo que les he mostrado muestra la sincronización entre la burguesía local y el imperio. El relator muestra la narrativa del imperio con el criterio "la mentira repetida mil veces se hace verdad" pero mil veces el pueblo la descubre. Es la forma de trabajo del imperio en la Escena Contemporánea. Los grupos alzados en armas deben ser reivindicados, sería incoherente con una posición de clase, criticar por ejemplo, los excesos de los esclavos -que fueron muchos- cuando lucharon por su libertad; o la etapa del terror en la Revolución francesa donde se asesinaron al Rey y toda su familia."

 

¿TIENE EL PUEBLO CONSCIENTE EL DEBER DE REIVINDICARLOS?

David Aguinaga

19-12-25

Quizás interrumpiendo por un momento los importantes y útiles comentarios sobre la situación de Chile y Cuba, y antes de comentar las opiniones del c. Miguel sobre mi evaluación en torno a la primera exposición si te LEC y su propuesta para que asuma la relatoría de la siguiente exposición, que también propone, sea sobre "La crisis de la democracia", he creído necesario terminar de comentar la última nota que me envió por este medio el c. Oscar, y particularmente sobre un punto que me ha llamado la atención.

 

Estimado compañero Oscar, aunque no he logrado ubicar el vídeo que mencionas, y por lo tanto no puedo tener una apreciación sobre su contenido y su intención, más bien de tu escrito saco en claro lo que aparece como tu preocupación e interés principal, sintetizada en tu frase: "Los grupos alzados en armas deben ser reivindicados, sería incoherente con una posición de clase criticar por ejemplo, los excesos de los esclavos -que fueron muchos- cuando lucharon por su libertad; o la etapa del terror en la Revolución francesa donde se asesinaron al Rey y toda su familia."


Tal es el contenido e implicaciones de tu afirmación, que requiere no solo de un comentario sino de una clara toma -o reiteración- de posición al respecto.


1. Lucha en dos frentes

Desde hace buen tiempo, cuando se trata de analizar y tomar posición sobre las opiniones y conducta política de tendencias dentro de las izquierdas (por ejemplo, ahorita en torno a los resultados de las últimas elecciones presidenciales y congresales en Chile), con el objetivo de contribuir en el avance, tanto de frente unido de la clase obrera y el pueblo, así como de los gérmenes de renacimiento del movimiento socialista (ambos tan entrelazados) nos hemos visto precisados a una mirada crítica y un accionar político e ideológico en dos frentes, tanto ante las corrientes liberales pequeño burguesas y burguesas en el seno de las izquierdas y el pueblo, así como frente a las ultraizquierdistas, populistas y anarquistas, sean armadas o desarmadas. Lo mismo haremos frente al tema que planteas, de manera concreta.

2. ¿Posición de clase? ¿de qué clase?

Para comenzar, soy franco en decir que nunca me ha convencido aquella incompleta frase que ahora tu también has usado: "posición de clase" o "línea de clase" con el objetivo de justificar una reivindicación de esos alzados en armas muy concretos, planteada así en abstracto, sin apellido, como si su respuesta fuera obvia. ¿De qué clase o a qué clase te refieres? Porque cada clase, por lo menos sus vanguardias -con mayor o menor consecuencia, lealtad y firmeza- tiene una respectiva posición de clase, de defensa de su clase, es decir, de lucha por sus intereses de clase. En este caso ¿Se refiere, en lenguaje cifrado, a la posición de clase obrera? Pues debo recordar que la clase obrera peruana -su masa y organizaciones sindicales, ni sus vanguardias políticas- no solamente no participaron en ese alzamiento en armas, sino que muy pronto se diferenciaron y deslindaron contra el mismo, sufriendo incluso violencia contra algunos de sus líderes por esa razón. ¿O a que -la crecientemente diferenciada- clase campesina participó en tal acción? Pues, muchos datos históricos y sociológicos informan que no sólo no participaron, sino que importantes segmentos de esta clase en disgregación más bien los combatió, aliándose al Estado capitalista semicolonial en proceso de neoliberalización; recibiendo por ello la equívoca denominación medieval de mesnadas, cuando no se trataba sino de la expresión de intereses y aspiraciones comerciales y burguesas emergentes los que movían a esos campesinos en diferenciación social ¿Y esa clase en transición, como llamaba JCM a la clase media o pequeña burguesía urbana? Parece que tampoco, excepto algunos jóvenes de las capas más pauperizadas de esta clase, así como también de los campesinos, ambas cosas en proceso de desarraigo, o sea en transición a una incipiente tendencia a la proletarización, pero en una sociedad capitalista semicolonial atrasada, ya sin rezagos feudales, pero donde el poco avance de capitalismo de Estado con industrialización sustitutiva cepalina empezaba a desmontarse con el gobierno proto neoliberal, primero de Morales Bermúdez y luego del segundo belaundismo, y, donde un sector nada despreciable del campesinado apostó por el denominado emprendedurismo o el pequeño capitalismo emergente, también conocido luego como "capitalismo popular" o "liberalismo popular" ¿De cuál de todas estas clases y capas sociales populares o de la emergente se trataba esa “posición de clase”? ¿O de repente te refieres a aquella capa social -aún poco estudiada- de ex terratenientes de provincias, sobre todo sureñas, con un determinado nivel y tipo de intelectualización e ideologización, y en una situación social “venidas a menos” -como se acostumbra a decir en lenguaje criollo-; es decir, empujada a la condición de pequeña burguesía de ascendencia aristocrática, que habían sido empobrecidos por el lento pero continuo desarrollo mercantil y del capitalismo, por asfixiante y despreciativo centralismo de la aristocracia aburguesada limeña, por las varias reformas agrarias habidas a mediados del siglo XX y las tomas o recuperaciones de tierras por los campesinos; capa de la cual salieron no pocos jefes e intelectuales muy radicalizados, y particularmente dogmatizados, luego alzados en armas. Tema investigación histórica sociológica.

3. ¿Por qué es nuestro deber de clase reivindicarlos?

¿Que nosotros debemos reivindicarnos? ¿Por qué? ¿Sólo porque se alzaron en armas, como si ese fuera el criterio de definición, sin analizar el contexto y el proceso de lucha que en esos momentos (fines de los años 79 e inicios de los 80 del siglo pasado) desarrollaba la clase obrera y el pueblo peruanos, sobre todo desde el gran Paro Nacional del 19 de Julio de 1977, al que SL se opuso activamente, calificándolo por cerros, calles, plazas y universidades como un paro nacional "trotsko-revisionista". Decían paro trotskista, según ellos, porque esa medida de lucha se daba en las ciudades y no primero en el campo, ya que, según SL, -aún después del proceso velasquista- la sociedad peruana todavía seguía siendo semifeudal, como -indiferentes a los hechos y tercamente afincados en la letra de textos que habían sido bastante aproximados para realidades económico-sociales del pasado- lo continuaban preconizando en sus documentos partidarios. Y paro revisionista, porque este paro nacional formalmente había sido convocado formalmente por la CGTP (dirigida por el PCP "Unidad"), cuando todas las constataciones históricas han demostrado que este paro fue resultado, entre otros factores, de un creciente movimiento de frente único desde las bases y las direcciones intermedias de las organizaciones obreras y de empleados de Lima y de todo el país, de abajo hacia arriba, a lo largo de varios años, particularmente desde inicios de 1976, con la decidida intervención de casi todos los en ese entonces numerosos partidos, grupos y corrientes de las izquierdas, con la decidida excepción en primer lugar de SL, así como también de Puka Llacta, y, desde el otro lado, con la actitud remolona y vacilante del PCP “Unidad”, que finalmente se vio obligado a comprometerse en esa lucha; todo ello acelerado por las políticas más decididamente gran burguesas y anti laborales del gobierno de Morales Bermúdez, de desmontaje de las reformas burguesas en beneficio de los trabajadores, y ya con un marcado tono proto neoliberal.

Esta actitud política en contra del Paro Nacional del 19 de Julio de 1977 por parte de SL -poco analizada- fue muy indicativa, porque revelaba muy notoriamente cómo, partiendo de una visión idealista, anacrónica y dogmática de la realidad, pretendió oponerse partidariamente a un gigantesco movimiento de masas real de la clase obrera y el pueblo (que sociologicamente expresaba hasta qué punto se había desarrollado el capitalismo en el Perú -por más semicolonial y atrasado que sea- sobre lo cual no penetraba nada en el pensamiento de los jefes senderistas, inmunes a las inducciones de la vida real en movimiento palpitante, porque para ellos eran más importantes y decisivas sus desfasadas centencias teoréticas) para buscar imponerle su artificial estrategia, aunque está vez todavía sin armas, para luego unos años hacerlo de manera mucho más voluntarista, arbitraria, autoritaria y militarista, con las armas en las6 manos; bloqueando, torciendo y frustrando aquel natural movimiento ascencional de acumulación de fuerzas obrera popular de masas, con amplias y fuertes luchas directas, así como de notorias participaciobes electorales, que brotaban de la realidad del país y de la clase obrera y pueblo peruano, principalmente urbano en ese periodo (ya que al comienzo los campesinos seguían todavía adecuándose a la aplicación y primeras consecuencias de la reforma agraria velasquista), cuando la revolución burguesa y el programa campesino antifeudal ya se había cumplido y agotado en lo fundamental, y su principal fuerza motriz, los campesinos, por lo tanto, ya no estaban interesados y motivados por una revolución, sino más bien en buscar progresar en el mercado capitalista. Y cuando los campesinos y todo el pueblo peruano mucho menos estaban ni querían una guerra. Por lo demás, guerra que al no poder ser ya expresión de una revolución democrático burguesa (ni de viejo ni de nuevo tipo), al no encontrar terratenientes semifeudales por ningún lado, devino -creo que inconscientemente y espontaneamente, por la inercia del movimiento armado ya inicuado y fuera ya de todo libreto- en el terrible aborto de una extremadamente prematura revolución proletaria, o más exactamente, semi proletaria juvenil, conducida por ideólogos y dirigentes políticos de una pequeña burguesía de origen aristocratico, de ex terratenientes de ciertas provincias. Vistos así los aspectos más esenciales de esta historia, no es difícil comprender por qué ello contribuyó con mucha fuerza en la pérdida de miles de vidas del pueblo y el país peruanos, a la enorme drenaje de cuantiosas fuerzas políticas y morales acumuladas en más de cien años de lucha y organización de la clase obrera y el pueblo en nuestro país, al fortalecimiento ideológico y político de los sectores burgueses más reaccionarios y reaccionarizados, incluida la reaccionarización y hasta casi fascistización de sectores de la burguesía emergente de origen campesino, sobre todo aquellos que se incorporaron al fujimorismo; a que la democracia pequeño burguesa acelere su moderación y su “renovación”, a qué la política neoliberal imperialista se aplique en el Perú con mucha más facilidad y profundidad, y, sumado a los hondos cambios estructurales generados años antes por el proceso velasquista, se produzca el hondo y largo reflujo de las fuerzas obreras y populares, que en lo fundamental perdura todavía hasta hoy.

4. Hojeando la experiencia internacional

Si nos remitimos a la experiencia revolucionaria socialista proletaria internacional ¿hizo mal el bolchevismo, con Lenin a la cabeza, cuando no solo no siguieron el camino del "exitante terror" de los populistas anarquistas rusos, sino que los criticaron y combatieron públicamente? Así mismo ¿debemos nosotros, y todos los pueblos del mundo, defender y reivindicar las acciones y la ideología de Pol Pot y sus huestes camboyanas que siguieron y aplicaron la ideología y política populistas utopista anticientífica de ese su jefe, sobre todo luego de expulsados los imperialistas norteamericanos de la denominada Indochina?

5. A vuelo de pájaro sobre los esclavos insurrectos y la revolución francesa

Los esclavos romanos, dirigidos, primero por Euno, y tiempo después por Espartaco, lucharon contra su esclavización ejercida por parte del imperio romano realmente existente y actuante, y no contra un pretendido semi esclavismo ya solo existente en algunos papiros que registraban la historia. Fue una lucha gigantesca de masas muy concreta, empujada por las reales condiciones de esclavización de sus protagonistas y no por dogmas y anacronismos. De análoga manera, la gran revolución burguesa francesa, con todas sus radicales medidas y acciones, fue también contra una sociedad ya feudal en crisis y su Estado y gobierno monárquico absoluto, pero todavía realmente existente vino tal, en un momento de profunda crisis económica, social y política; de una verdadera situación revolucionaria; además, precedida de muchos años y decenios de propaganda y agitación intelectual filosófica, científica, política, jurídica y artística; donde existía una casi unanimidad en amplios sectores populares y de la "clase media" (que en ese momento era la burguesía); es decir, el conjunto del "estado llano", una especie de frente unido (en terminología contemporánea) en el que había consenso básico sobre la necesidad de grandes cambios, habiendo por cierto también naturales diferencias entre clases y capas sociales y partidos políticos del estado llano sobre la dimensión y radicalidad de esos cambios, dónde, evidentemente, la hegemonía en ese frente era de la clase ascendente, la burguesía. Y por ello, porque las estrategias y tácticas de esa revolución en general coincidían con el diagnóstico de su realidad, resultó una revolución triunfante; a pesar que en su desarrollo, como sucede con toda revolución, tuvo también momentos de zig zag, de retrocesos y de restauración y contra restauración, hasta que se consolida el poder burgués francés con la revolución de 1848, en la que, luego de un siglo de luchas revolucionarias y contrarrevolucionarias, insurge por primera vez la clase obrera, ya más claramente como clase revolucionaria frente al capitalismo y la burguesía.

6. No ha habido hasta hoy una autocrítica ante el pueblo

Quienes tienen que intentar reivindicarse son los propios movimientos políticos alzados, por comprensión y acción de ellos mismos, y en primer lugar ante el pueblo. Particularmente SL, ha buscado un acuerdo de paz solo con el Estado, es decir con la clase dominante, le ha solicitado superar los problemas derivados de la guerra (como se ha establecido en otros países), pero jamás ha siquiera pensado, y mucho menos realizado, una explicación y menos una autocrítica real, profunda, valiente ante el pueblo, reconociendo sus graves errores y sus asesinatos de obreros, campesinos, maestros, alcaldes, dirigentes de izquierdas y otros. Mientras no lo haga no tendrá ni derecho ni posibilidad de reivindicación presente ni menos histórica. Será, sí, como muchos otros movimientos en la historia, tema y motivo de estudio, de análisis, referencia e investigación, pero no de reivindicación popular.

Estimado compañero Oscar, te invito a reflexionar sobre esta opinión, mediante la cual explico porque no debemos nosotros hacer aquella pretendida reivindicación, sino más bien ejercer nuestro deber de análisis y de crítica, ante todo para aportar y contribuir a una correcta orientación de las luchas obreras y populares, que no sólo eviten una nueva gran derrota por subjetivismo, voluntarismo y aventurerismo; así como también por traición, sino para avanzar acertadamente por el prolongado camino popular patriótico por la conquista y el desarrollo del socialismo.
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miércoles, 17 de noviembre de 2021

EL PARTIDO DE MARIÁTEGUI IX : RAVINES Y HAYA DE LA TORRE HERMANADOS EN SUS RAICES DE CLASE Y OBJETIVOS

 

EL PARTIDO DE MARIÁTEGUI IX : EUDOCIO RAVINES, LA APRA y el PCP

(Primera parte)

 

 

 (14 de mayo de 2015) (*)

Por Miguel Aragón

 

Algunos pocos investigadores, de un  sector del amplio y variado movimiento socialista peruano,   nos encontramos  en pleno estudio y debate de los alcances  y trascendencia   de los Acuerdos de la Reunión de Barranco de octubre de 1928 [1], y de nuestras  tareas actuales, que derivan como  consecuencia  de esos acuerdos.

Indudablemente que esta investigación forma parte del necesario e imprescindible debate teórico y político, debate que justamente tiene como objetivo fortalecer la unidad programática de los socialistas peruanos, como parte sustancial de la más amplia unidad del proletariado y del pueblo peruano. Sin este objetivo práctico que tenemos por delante, no se justificaría participar en este debate. Queda claro entonces, que el objetivo de esta investigación y debate, es eminentemente práctico, fortalecer la unidad para luchar contra el enemigo común y continuar trabajando por el cambio social. 

Uno de los pocos participantes en este debate, apresurado él, está muy urgido en querer arribar ya, “ahora mismo”, de “inmediato”, a conclusiones definitivas, sin realizar las investigaciones necesarias que le permitan sostener sus conclusiones con un copioso alegato, por eso su uso y abuso excesivo de adjetivos, a falta de mayores sustantivos.  Por otra parte, no ha faltado otro comentarista que considera que esta investigación es un “tópico superado”, y nos ha vuelto a repetir los ya conocidos, como superados, “lugares comunes” del pasado. Un tercer comentarista, ha reducido esta investigación y debate al nivel de una comedia risible (un “hazmerreir” nos ha dicho, en nerviosa postura irónica), argumento con el cual  él pretende seguir ocultando sus  responsabilidades individuales  en la grosera tergiversación de varios de los hechos históricos que son materia de esta investigación.

Por mi parte, yo considero que antes de pretender llegar “de inmediato” a conclusiones definitivas, en primer lugar, tenemos que revisar con la debida atención, y difundir entre las nuevas generaciones de activistas, tanto los antecedentes, como el desarrollo, y las consecuencias posteriores   de la trascendental Reunión de Barranco.

Este es un debate a mediano plazo, recién estamos volviendo a plantear los nuevos términos de la investigación y debate. Sería muy arbitrario de mi parte afirmar que “recién está comenzando el debate” (o “la historia comienza conmigo”), porque lo cierto es que, estamos reanudando y continuando un largo debate que comenzó hace más de ochenta años, en el cual ya han participado tres generaciones aportando cada un nuevo argumento. Y no obstante el tiempo transcurrido, todavía hay muchos aspectos por seguir esclareciendo.

Como parte de esos antecedentes, que es por donde debemos continuar la investigación (o sea por los antecedentes, para después llegar a las consecuencias, y no a la inversa), necesariamente tenemos que ubicar el verdadero papel desempeñado por algunos personajes de ese tiempo en que se realizó la Reunión de Barranco. Entre otros, por ejemplo, falta conocer el verdadero papel desempeñado por   Eudocio Ravines, un individuo al cual, entre otras cosas, se le ha calificado y se le sigue calificando muy a la ligera de “traidor”. Y yo me pregunto ¿traidor a quién? Considero que Ravines nunca traicionó al proletariado ni al socialismo peruano, por la simple razón que él nunca se identificó con el proletariado, ni con el socialismo. Desde sus inicios él se identificó con los intereses de otra clase social y con otro proyecto político contrario al socialismo [2].

 

I

 

Cuando se revisa el papel desempeñado por Eudocio Ravines en la historia social del Perú, la mayoría de los analistas y críticos, tanto de derecha como de izquierda, coinciden casi unánimemente en calificarlo como que temporalmente   fue “un cuadro político de la Internacional Comunista”, e incluso, en el colmo de la especulación y la arbitrariedad, lo han denunciado como un “agente de Stalin” en el Perú.  Pero que —se apresuran en agregar—   años después Ravines se “volvió un renegado”, un “traidor al socialismo peruano”, y que finalmente terminó su vida como un “agente desembozado de la oligarquía peruana”.

Lo cierto es que, esas opiniones, salvo la última, no se apoyan en la realidad, solamente son el resultado de excesos especulativos, y cuando no, ojerizas contra la todavía incomprendida función de la Internacional Comunista en los países de Nuestra América durante la década de 1930, lo cual será materia de otra investigación.

Poco a poco, y desde hace varias décadas atrás, se va conociendo y demostrando documentadamente, que el verdadero fundador del Partido Comunista del Perú, Sección Peruana de la Internacional Comunista, fue Eudocio  Ravines. Mariátegui no tuvo ninguna participación ni responsabilidad en esa fundación partidaria.  Y, a su vez, se va comprendiendo que ese partido político fundado por Ravines, no tenía, ni tiene, ninguna relación de continuidad con el proyecto partidario que José Carlos Mariátegui venía desarrollando a largo plazo, desde 1923 hasta las vísperas de su fallecimiento en abril de 1930.

En la Reunión de Chosica, realizada el 20 de mayo de 1930 (un mes después del fallecimiento de José Carlos Mariátegui), en la cual se fundó el Partido Comunista del Perú, reunión convocada y dirigida personalmente por Eudocio Ravines, no “se cambió el nombre del partido” como todavía siguen creyendo y escribiendo con ligereza algunos confundidos investigadores. En esa reunión, en la cual el máximo dirigente (Eudocio Ravines) y los sorprendidos dirigidos unánimemente se declararon “marxistas leninistas”, se fundó un partido, que era totalmente diferente en lo teórico, político y organizativo, al proyecto partidario que venían desarrollando la vanguardia de la primera generación de los socialistas peruanos que hasta marzo de 1930 contaban con la dirección personal de José Carlos Mariátegui.   

 

II

 

Si bien, a la fecha ya se ha avanzado un buen trecho en el conocimiento y comprensión de las grandes diferencias, y la relación antagónica, existente entre el partido fundado por Ravines (el Partido Comunista) y el proyecto partidario de Mariátegui (el Partido Socialista), tenemos que reconocer que, no obstante el tiempo transcurrido, muy poco se conoce del papel desempeñado por Ravines en el desarrollo de la proyectada Apra (alianza popular revolucionaria americana).

Y todavía, mucho menos se conoce de la relación y la influencia directa existente entre el desarrollo de la propuesta original de la Apra de los años 1926 y 1927, y el PCP de 1930. Influencia que, como un cordón umbilical, subsiste hasta la actualidad en las diferentes tendencias teóricas y facciones políticas en que se ha desintegrado el obsoleto partido comunista peruano. Esa influencia primigenia se ha expresado tanto en las tendencias más moderadas y reformistas, como la que fue dirigida durante muchos años por Jorge del Prado, como también en las más extremistas y aventureras, como la tendencia que dirigió Abimael Guzmán, pasando por otras tendencias como las dirigidas por Saturnino Paredes, Alberto Moreno y varios más, tendencias que hasta ahora se reclaman herederas del PCP.     

Todas esas tendencias y facciones del comunismo peruano, en el fondo  han sido y siguen siendo  tributarias del  proyecto original de la Apra,  improvisado proyecto desarrollado en forma conjunta por Eudocio Ravines y Víctor Raúl Haya [3].   Agregaré, para no caer en una crítica unilateral, que un proceso similar ha ocurrido con todas las tendencias y facciones que proceden de la descomposición del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), que originalmente se llamaba Apra Rebelde

 

III

 

Para comprender el papel del individuo en la historia, necesariamente tenemos que partir por investigar las condiciones económicas y sociales en las cuales se desarrollaron, condiciones que, en última instancia, son las que determinan el desarrollo de las ideas y el comportamiento práctico de todo individuo.  José Carlos Mariátegui (1894), Víctor Raúl Haya (1895) y Eudocio Ravines (1896), fueron tres personajes que nacieron y se formaron en el mismo tiempo, pero en su propia formación teórica y política, recibieron influencias de la misma y única realidad en la cual se desenvolvieron, pero desde diferentes ángulos.  Según la concepción materialista de la historia, toda realidad histórica siempre es una sola, pero las visiones e interpretaciones de esa única realidad en la mente de los hombres, por lo general son varias (Por ejemplo, objetivamente reconocemos que el 7 de octubre de 1928 se desarrolló una sola Reunión de Barranco, no hubo dos ni tres, sino solamente una. Pero las interpretaciones en nuestras mentes de ese único acontecimiento si son varias).   

Ravines nació en Cajamarca a fines del siglo XIX, en tiempos en los cuales en ese departamento del norte del país todavía predominaban en toda su potencia las viejas relaciones feudales heredadas de los tiempos de la colonización española, y recién comenzaban a penetrar y desarrollarse lentamente las nuevas relaciones capitalistas. En los aspectos económico y social la principal manifestación de la herencia feudal era la subsistencia del latifundio y la servidumbre, mientras que en los aspectos político y cultural la principal expresión de esa herencia era, y sigue siendo, el caudillismo de unos pocos y el servilismo de unos muchos. Para que el caudillaje personalista, heredado del feudalismo, sobreviva hasta el presente en las relaciones políticas y culturales del país, tiene que existir una base social servil. Las expresiones de esta pesada herencia cultural todavía abarcan y cubren todas las formas de organización social y política de la sociedad peruana, incluido el amplio y variado movimiento socialista peruano, que no escapa a su influencia.  

El joven Ravines —al igual que sus familiares y vecinos—que se venían formando en ese medio estático en el cual todavía predominaban las relaciones feudales, sintió el efecto corrosivo de las nuevas fuerzas productivas y relaciones capitalistas de producción que comenzaron a afectar al estático y tradicionalista ambiente rural cajamarquino. Esa etapa de naciente inestabilidad del viejo orden feudal los afectó y le dejaron huellas profundas social y espiritualmente a él, y a gran parte de la población de su entorno.

Un sector de la población del lugar, incluido Ravines, instintivamente asumió una posición defensiva, de rechazo a las nuevas relaciones, asumiendo una posición “anticapitalista”, e incluso antiimperialista, pero no para aprovechar y superar las relaciones capitalistas y remplazarlas por algo nuevo y superior (por el socialismo), sino para restaurar la estabilidad de las viejas relaciones sociales, que ellos, como muchos otros, todavía seguían añorando.

Un proceso mental similar ocurrió con su contemporáneo Víctor Raúl Haya, que había nacido y había vivido su infancia y juventud en la señorial ciudad norteña de Trujillo, próxima a Cajamarca. Mientras Ravines procedía de una de las capas pobres de la población cajamarquina, Haya procedía de las capas medias, que se confundían con los pequeños terratenientes del lugar. Pero en el fondo, en ambos personajes el efecto del desarrollo de las nuevas relaciones capitalistas en su estancado medio feudal, fue casi el mismo, el rechazo instintivo a los cambios que introducía el capitalismo, y la defensa de la estabilidad del viejo orden social tradicionalista. 

En el desarrollo de la mentalidad de José Carlos Mariátegui, el impacto del crecimiento de las nuevas relaciones capitalistas en el país, fue muy diferente. En mayo de 1929 Mariátegui escribió: “El feudalismo español se superpuso al agrarismo indígena, respetando en parte sus formas comunitarias, pero esta misma adaptación creaba un orden estático, un sistema económico cuyos factores de estagnación eran la mejor garantía de la servidumbre indígena. La industria capitalista rompe este equilibrio, interrumpe este estancamiento, creando nuevas fuerzas productoras y nuevas relaciones de producción. El proletariado crece gradualmente a expensas del artesanado y la servidumbre. La evolución económica y social de la nación entra en una era de actividad y contradicciones que, en el plano ideológico, causa la aparición y desarrollo del pensamiento socialista”.

A continuación, Mariátegui agregó: “Sin los elementos materiales que crea la industria moderna o, si se quiere el capitalismo, ¿habría posibilidad de que se esbozase el plan, la intención siquiera de un Estado socialista, basado en las reivindicaciones, en la emancipación de las masas indígenas? El dinamismo de esta economía, de este régimen, que torna inestables todas las relaciones, y que con las clases opone las ideologías, es sin duda lo que hace factible la resurrección indígena, hecho decidido por el juego de fuerzas económicas, políticas, culturales, ideológicas, no de fuerzas raciales” [4].

La influencia del crecimiento capitalista en las mentalidades de Ravines y Haya, fue diferente a la influencia recibida en la evolución de la mentalidad de Mariátegui. Mientras Mariátegui logró sistematizar e identificarse con las necesidades y aspiraciones de una   clase nueva en formación, como era el proletariado peruano; por el contrario, Ravines y Haya sistematizaron y se identificaron con las penurias y lamentaciones de una inestable clase social en proceso de descomposición, así ellos llegaron a ser los máximos exponentes del ideario del sector reaccionario de los medianos y pequeños propietarios desestabilizados por el crecimiento capitalista. Esa fue la raíz económica y social de su “antiimperialismo”, antiimperialismo de carácter netamente reaccionario. (continuará)


(*) Yo tenía previsto divulgar este comentario para el día 7 de mayo, en el Aniversario 91° de La Gran Mentira del APRA, fecha en la cual supuestamente “se fundó el APRA en México”. Pero múltiples compromisos no me permitieron terminar de revisar y corregir mis apuntes para esa fecha, tanto mejor. Porque ahora espero enviar la segunda parte de este comentario el día 20 de mayo, en el Aniversario 85° de la Fundación del Partido Comunista del Perú, que me parece es una fecha más significativa que la anterior.  

 

Notas.-

[1] Como ya es (o debería ser) ampliamente conocido, la Reunión de Barranco se realizó el 7 de octubre de 1928, con la participación de nueve socialistas dirigidos por José Carlos Mariátegui. En esa reunión se acordó “dejar constituido el grupo organizador del Partido Socialista del Perú”. No obstante, la precisión y claridad de ese acuerdo, todavía hay entre nosotros   algunos testarudos que equívocamente persisten en decir o escribir que “ese día se fundó el Partido Socialista del Perú”. Equívoco que yo he cuestionado documentadamente en mi comentario divulgado en cuatro partes a partir del 22 de enero del presente año.

[2] Actualmente ocurre algo similar con las denuncias que se hace al presidente Ollanta Humala como “traidor”. El sector de la izquierda peruana que equívocamente lo apoyó en las elecciones presidenciales del año 2011, tal como era de esperarse, muy pronto se desengañó de su comportamiento.  Luego comenzaron a retirarle su apoyo, y han pasado a la oposición. Ellos, sin mayor análisis serio ni justificación acusan a Humala de “traidor”, de “haber virado a la derecha”, y otros reclamos similares. Pero lo cierto es que, Ollanta Humala desde su ingreso a la Escuela Militar en sus años de juventud, siempre estuvo identificado con los intereses de la clase dominante, y nunca lo estuvo con el pueblo. Es más, en su conocida condición de comando anti subversivo, como el “Capitán Carlos”, durante el gobierno de Fujimori reprimió brutalmente a un sector del pueblo, y defendió “sin dudas ni murmuraciones” los intereses de la clase dominante y su estado burgués. Complementariamente, su esposa, Nadine Heredia, proviene de una conocida familia aprista, y desde muy niña se formó en un ambiente saturado de un visceral anti socialismo. Para decir las cosas claras, y en pocas palabras: Humala no ha traicionado al pueblo, porque nunca estuvo al lado del pueblo. Lo que ha ocurrido es que Humala engaño a una parte de la izquierda, y logrado su propósito de ganar las elecciones, simplemente se ha desenmascarado. Por mi parte yo no tengo que “reclamarle” una supuesta traición a Humala, porque nunca confié en su prédica demagógica, nunca lo apoyé, y en las elecciones del año 2011, públicamente ejercí mi derecho al Voto Nulo.

[3] La influencia determinante de un movimiento político como el Apra, en las filas de un partido como el Partido Comunista, no es algo nuevo, raro, ni antojadizo, en la historia de las organizaciones políticas. Cuando José Carlos Mariátegui escribió, entre los años 1928 y 1929, el ensayo sobre Teoría y Práctica de la Revolución (Defensa del Marxismo. Polémica Revolucionaria), justamente reconoció y explicó lo que realmente había ocurrido en el desarrollo de la socialdemocracia alemana.

En ese ensayo, Mariátegui anotó: “Los más severos y seguros estudiosos del movimiento socialista constatan que el rector efectivo de la social-democracia alemana, a la que teórica y prácticamente se siente tan cercano de Man, no fue Marx sino Lasalle. El reformismo lassalliano se armonizaba con los móviles y la praxis empleados por la socialdemocracia en el proceso de su crecimiento, mucho más que el revolucionarismo marxista”.

Algo muy similar ha ocurrido con el Partido Comunista en el Perú. Desde sus inicios hasta el presente, el rector efectivo de su teoría y práctica, no ha sido el socialismo de Mariátegui, sino el “nacionalismo” de la dupla Ravines - Haya. La comprobación de esta afirmación es sumamente fácil, basta con revisar las conclusiones de todos los congresos y conferencias nacionales de todas las facciones derivadas del tronco original del PCP, desde 1930 hasta el presente, incluidas las conclusiones de las tan voceadas V y VI conferencia nacional del PCP (facción Bandera Roja), realizadas en los años 1965 y 1969 respectivamente. En todos esos documentos, por oposición a la acertada propuesta estratégica de “revolución socialista” agitada por Mariátegui, se levantó la bandera de la “revolución antiimperialista”, la “revolución antiimperialista y antifeudal”, la “revolución nacional democrática”, la “revolución de liberación nacional”, la “revolución por la segunda independencia”, y otras más por el estilo.

[4] Revisar Tesis sobre el Problema Indígena, escrita por Mariátegui en mayo de 1929, y publicada en Amauta N° 25 de agosto de 1929. Esa tesis fue escrita como una de las Tres Tesis anexas a la propuesta de Programa del Partido Socialista del Perú.  Esta Tesis   aparece publicada en el libro Ideología y Política, pero refundida dentro de un texto mayor escrito por otros, con el arbitrario nombre de El Problema de las Razas en la América Latina.