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martes, 3 de marzo de 2026

PALABRAS PROFÉTICAS DE ENGELS: CRISIS TERMINAL DEL CAPITALISMO Y LA TERCERA GUERRA MUNDIAL



EL IMPERIO CAPITALISTA CONTRA EL MUNDO

Friedrich Engels y Lenin (Vladímir Ilich Uliánov) analizan el escenario de la primera guerra mundial y sus consecuencias. Este estudio tiene gran valor porque actualmente el mundo esta inmerso en la tercera guerra mundial, no declarada por el imperialismo yanqui y sus aliados occidentales.

Engels, en 1887, concluye su exordio con éstas proféticas palabras: “Es absolutamente imposible prever cómo terminará todo esto y quién vencerá en la lucha; sólo un resultado es absolutamente cierto: EL AGOTAMIENTO GENERAL Y LA CREACIÓN DE LAS CONDICIONES REQUERIDAS PARA LA VICTORIA DEFINITIVA DE LA CLASE OBRERA…” Más abajo cierra su exposición dirigiéndose a los capitalistas: “Pero, cuando hayan desatado las fuerzas que más tarde ya no podrán controlar, entonces no importa lo que ocurra: al finalizar la tragedia ustedes serán destruidos y la victoria del proletariado será ya un hecho o será de todos modos [ doch ] inevitable.”

Engels, veintisiete años antes, escribe el prefacio de un folleto en el cuál adelanta juicios sobre la primera guerra mundial. Lenin publica, el prefacio y un comentario en 1918, en medio de las consecuencias de la primera guerra. Hoy, el capitalismo imperialista, encabezado por el declinante imperio yanqui, fabrica pretextos para llevar su guerra a cualquier país o nación que posea alguna riqueza apetecida por avaricia de los monopolios. ¡La guerra contra el mundo está declarada que no les quepa duda!

Tacna, 10 de junio 2011

Edgar Bolaños Marín

 

PALABRAS PROFÉTICAS

 

En la actualidad, gracias a Dios, nadie cree en los milagros. La profecía milagrosa es un cuento. Pero la profecía científica es un hecho. Y en nuestros días, cuando encontramos alrededor nuestro muy frecuentemente el desánimo vergonzoso e incluso la desesperación, es útil recordar una profecía científica que ha resultado cierta.

Federico Engels tuvo oportunidad, en 1887, de referirse a la futura guerra mundial en el prefacio al folleto de Segismundo Borkheim En memoria de los ultrapatriotas alemanes de 1806-1807 (Zur Erinnerzmg für die deutschen Mordspatrioten 1806-1807). (Este folleto corresponde al volumen XXIV de la “Biblioteca Socialdemócrata”, que se editaba en 1888 en Göttingen-Zurich.)

 

He aquí cómo juzgaba Federico Engels la futura guerra mundial, hace más de treinta años:

“...Para Prusia-Alemania ya no es posible ninguna otra guerra que la guerra mundial. Y sería una guerra mundial de proporciones sin precedentes y de violencias jamás vistas. De ocho a diez millones de soldados se matarán entre sí, y al hacerlo destruirán toda Europa hasta devastarla como nunca la devastaron hasta ahora las mangas de langosta. La devastación de la guerra de los Treinta Años comprimida en tres o cuatro años y extendida a todo el continente; hambre, epidemias, corrupción general, tanto de las tropas como de las masas populares, como consecuencia de una aguda miseria; una desesperante confusión en nuestro artificial mecanismo en el comercio, la industria y el crédito; todo esto terminará con la bancarrota general, la bancarrota de los viejos Estados y de su tradicional sabiduría estatal; una bancarrota tal, que las coronas rodarán por docenas por el suelo y no habrá nadie que las levante. Es absolutamente imposible prever cómo terminará todo esto y quién vencerá en la lucha; sólo un resultado es absolutamente cierto: el agotamiento general y la creación de las condiciones requeridas para la victoria definitiva de la clase obrera.

“Tal es la perspectiva, si el sistema de mutua competencia en materia de armamentos, llevado al extremo, produce finalmente sus frutos inevitables. He aquí señores, príncipes y estadistas, adónde ha conducido a la vieja Europa la sabiduría de ustedes. Y cuando no les quede nada más que iniciar la última gran danza guerrera, eso nos vendrá muy bien [ uns kann es recht sein ]. Puede ser que la guerra nos relegue por un tiempo a un segundo plano, puede ser que nos quite determinadas posiciones ya conquistadas. Pero, cuando hayan desatado las fuerzas que más tarde ya no podrán controlar, entonces no importa lo que ocurra: al finalizar la tragedia ustedes serán destruidos y la victoria del proletariado será ya un hecho o será de todos modos [ doch ] inevitable.

“Londres, 15 de diciembre de 1887.

Federico Engels”

 

¡Qué profecía genial! Y qué riqueza de ideas en cada frase de este análisis científico de clase, preciso, claro y breve! Cuántas cosas podrían aprender allí quienes hoy se entregan a un descreimiento, un desaliento y una desesperación vergonzosos, si… si esas personas, habituadas a arrodillarse servilmente ante la burguesía, o que se dejan atemorizar por ella, supieran pensar, fueran capaces de pensar!

Algunas de las predicciones de Engels ocurrieron de modo distinto, pues no podía esperarse que el mundo y el capitalismo no sufrieran cambios en los treinta años de desarrollo imperialista vertiginosamente rápido. Pero lo más asombroso es que una gran parte de lo pronosticado por Engels se está cumpliendo “al pie de la letra”. Y ello porque Engels hizo un análisis de clase perfectamente exacto, y las clases y sus relaciones mutuas continuaron siendo las mismas.

“…Puede ser que la guerra nos relegue por un tiempo a un segundo plano…“ Los acontecimientos marcharon precisamente en esta dirección, pero fueron todavía más lejos y aun peor: una parte de los “relegados a un segundo plano”, los socialchovinistas y sus “semiadversarios” sin carácter, los kautskistas, comenzaron a elogiar su movimiento de retroceso y se trasformaron en directos renegados y traidores al socialismo.

“…Puede ser que la guerra nos quite determinadas posiciones ya conquistadas…” Toda una serie de posiciones “legales” les fueron quitadas a la clase obrera. Pero en cambio ésta se templó en las pruebas y recibe duras pero útiles lecciones de organización ilegal, de lucha ilegal, de preparación de sus fuerzas ilegales para el asalto revolucionario.

“…Las coronas rodarán por docenas…” Varias coronas han caído ya, una de ellas vale por una docena de las otras: la corona del monarca absoluto de todas las Rusias, Nicolás Románov.

“…Absolutamente imposible prever cómo terminará todo esto…” Después de cuatro años de guerra, esta imposibilidad absoluta, si se nos permite decirlo así, es todavía más absoluta.

“…Desesperante confusión en nuestro artificial mecanismo en el comercio, la industria y el crédito…” Al finalizar el cuarto año de guerra, esto se puso de manifiesto íntegramente en uno de los Estados más grandes y atrasados que los capitalistas, arrastraron a la guerra: en Rusia. ¿Pero acaso el hambre creciente, la escasez de vestimenta y materias primas, el desgaste de los medios de producción en Alemania y Austria, no demuestran que una situación igual se aproxima con enorme rapidez a otros países?

Engels sólo describe las consecuencias de la guerra “externa”, no se refiere a la interna, es decir, a la guerra civil, inevitable hasta ahora en todas las grandes revoluciones de la historia, y sin la cual ningún marxista serio puede concebir la transición del capitalismo al socialismo. Y aun cuando una guerra externa puede prolongarse por un determinado tiempo sin provocar una “desesperante confusión” en el “artificial mecanismo” del capitalismo, es evidente que la guerra civil es inconcebible sin consecuencias parecidas.

Cuánta estupidez, qué cobardía —sin hablar del servilismo interesado frente a la burguesía— revelan aquellos que, dándose todavía el nombre de “socialistas” —como nuestro grupo de “Nóvaia Zhizn”, nuestros mencheviques, eseristas de derecha, etc.—,  señalan malignamente las manifestaciones de esta “desesperante confusión”, culpando de todo al proletariado revolucionario, al poder soviético, a la “utopía” de la transición al socialismo. La “confusión”, la desorganización, según la excelente expresión rusa, es provocada por la guerra. Es imposible una guerra dura sin desorganización. No puede haber guerra civil, condición inseparable y acompañante de la revolución socialista, sin desorganización. Renegar de la revolución, del socialismo, “por causa” de la desorganización, significa poner sólo de manifiesto la falta de principios y en la práctica desertar al campo de la burguesía.

“…El hambre, las epidemias, la corrupción general, tanto de las tropas como de las masas populares, como consecuencia de una aguda miseria...”

Con cuánta sencillez y claridad llega Engels a esta indiscutible conclusión, que debe ser evidente para cualquiera que sea capaz de reflexionar aunque sólo sea un poco en las consecuencias objetivas de una guerra dura y penosa de muchos años. Y cuán asombrosamente estúpidos son aquellos numerosos “socialdemócratas” y seudo “socialistas” que no quieren o no pueden comprender una idea tan sencilla como esta.

¿Es concebible una guerra de muchos años sin corrupción tanto de las tropas como de las masas populares? Por supuesto que no. Semejante consecuencia de una larga guerra es absolutamente inevitable durante varios años, si no durante toda una generación. Pero nuestros “hombres enfundados”, los llorones intelectuales burgueses que se autotitulan “socialdemócratas” y “socialistas”, ayudan a la burguesía, echando la culpa a la revolución por las manifestaciones de corrupción o el inevitable rigor de medidas que se toman para combatir particularmente los casos agudos de corrupción, a pesar de que es claro como el día que esta corrupción ha sido producida por la guerra imperialista y que ninguna revolución puede librarse de tales consecuencias de la guerra sin una larga lucha y sin una serie de duras medidas de represión.

Nuestros melosos escritores de Nóvaia Zhizn, Vperiod o Dielo Naroda están dispuestos a aceptar “en teoría” una revolución del proletariado y de otras clases oprimidas, con tal de que la revolución les caiga del cielo, en vez de nacer y crecer en una tierra empapada en la sangre de cuatro años de matanza imperialista de los pueblos, con millones y millones de personas atormentadas, agotadas y corrompidas por esa matanza.

Ellos oyeron y admitieron “teóricamente” que una revolución se puede comparar con un parto, pero cuando se llegó a los hechos, se acobardaron vergonzosamente y sus gemidos pusilánimes hicieron eco a los ataques malignos de la burguesía contra la insurrección del proletariado. Consideremos la descripción de un parto, hecha en una obra literaria, donde la finalidad del autor es la reconstrucción veraz de todo el rigor, todos los tormentos y todo el horror de este acto, como por ejemplo en La joie de vivre (“La alegría de vivir’) de Emile Zola o en Las memorias de un médico de Veresáiev. El ser humano nace en un acto que trasforma a la mujer en un montón de carne casi inanimada, torturada y desgarrada, enloquecida de dolor, ensangrentada. ¿Pero se puede considerar como ser humano al “individuo” que ve exclusivamente eso en el amor y en sus consecuencias, en la trasformación de la mujer en madre? ¿Quién renunciaría al amor y a la procreación por este motivo?

El parto puede ser fácil y puede ser difícil. Marx y Engels, los fundadores del socialismo científico, han dicho siempre que la transición del capitalismo al socialismo vendrá inevitablemente acompañada de prolongados dolores de parto. Y Engels, analizando las consecuencias de la guerra mundial, describe con sencillez y claridad este hecho indiscutible y evidente: la revolución que sigue a la guerra y está relacionada con la guerra (más aún —agregamos por nuestra cuenta—, estalló en el transcurso de la guerra y está obligada a crecer y sostenerse en medio de la guerra mundial que la rodea), una revolución semejante constituye un parto particularmente difícil.

Con clara comprensión de esto, Engels se refiere con especial prudencia al nacimiento del socialismo en la sociedad capitalista, pronta a sucumbir en la guerra mundial. “Sólo un resultado (de la guerra mundial) —dice— es absolutamente indudable: el agotamiento general y la creación de las condiciones requeridas para la victoria definitiva de la clase obrera.”

Este pensamiento lo expresa aún con mayor claridad al final del prefacio que analizamos:

“Al finalizar la tragedia ustedes (los capitalistas y terratenientes, reyes y estadistas burgueses) serán destruidos y la victoria del proletariado será ya un hecho o será de todos modos inevitable.”

Un parto difícil aumenta considerablemente el peligro de una enfermedad grave o de un desenlace fatal. Pero si las personas pueden morir durante el parto, la nueva sociedad, que nace del viejo régimen, no puede morir; todo lo que puede pasar es que el nacimiento sea más doloroso y prolongado, su crecimiento y desarrollo más lentos.

La guerra no ha terminado todavía. El agotamiento general ya se produjo. En cuanto a los dos resultados directos de la guerra, pronosticados condicionalmente por Engels (tanto la victoria ya conquistada de la clase obrera, como la creación de las condiciones que hará esto inevitable, a pesar de todas los dificultades), en cuanto a estas dos condiciones, ahora, a mediados de 1918, las tenemos a ambas.

La victoria de la clase obrera ya es un hecho en uno de los países capitalistas menos desarrollados. En los otros países se van creando, con inauditos esfuerzos, con inauditos dolores, las condiciones que harán “inevitable, de todos modos” esta victoria.

Dejen que graznen los llorones “socialistas”, dejen que rabie y se enfurezca la burguesía. Sólo aquellos que cierran los ojos para no ver y se tapan los oídos para no oír, pueden dejar de observar que han comenzado en todo el mundo los dolores del parto de la vieja sociedad capitalista, grávida de socialismo. Nuestro país, colocado en el tiempo a la vanguardia de la revolución socialista por la marcha de los acontecimientos, está sufriendo dolores particularmente agudos del primer período del parto. Tenemos todas las razones para enfrentar con total firmeza y seguridad absoluta el porvenir, que nos prepara nuevos aliados y nuevas victorias de la revolución socialista en varios de los países más avanzados. Tenemos el derecho de sentirnos orgullosos y de considerarnos afortunados porque nos ha tocado en suerte ser los primeros en derribar al capitalismo en una parte del globo terrestre, a esa fiera salvaje que empapó la tierra en sangre, llevó la humanidad al hambre y a la corrupción, y que muy pronto sucumbirá inexorablemente, por monstruoso y feroz que sea su frenesí en la hora de la muerte.

29 de junio de 1918.

Pravda, núm. 133, 2 de julio de 1918. Firmado: N. Lenin

Obras Completas, V. I. Lenin, Editorial Cartago,  Bs As, 1970, Tomo XXIX, Pág. 259 - 264

sábado, 30 de noviembre de 2024

INVITACION A VOLVER A LEER A ENGELS Y LOS CUADERNOS DE LENIN SOBRE LA DIALÉCTICA

 

I

Interesante el planteamiento de la relación entre lo universal, lo singular y lo particular.

A propósito de "lo universal". Recuerdo que en educación secundaria (en mi caso entre 1969-1973) nos enseñaban el curso de Historia Universal, pero bien pensado no era una historia "universal" (que por lo menos incluyera Marte, Saturno, etc.), sino solamente historia mundial

Ese uso arbitrario del concepto de universal, me parece que es una herencia no superada de los tiempos de la Edad Media, cuando todavía se consideraba que "la Tierra era el centro del universo".

Mao Zedong, y no solo él, reiteradamente escribió   sobre la "verdad universal".

En los otros planetas del sistema solar es muy posible que las leyes de los movimientos mecánicos, los movimientos físicos, y los movimientos químicos de la materia sean las mismas que en la Tierra.

Pero no podemos adelantar que las leyes del movimiento biológico y las leyes sociales sean las mismas, suponiendo que exista vida orgánica en esos otros planetas.

Engels, en una carta a Marx, celebró su descubrimiento de la relación entre las diversas formas de movimiento de la materia. (buscaré la carta y te la envío).

Miguel Aragón

Lima, 30 noviembre 2024

 

II

 

CARTA DE ENGELS A MARX

Londres, 30 de mayo de 1873.

Esta mañana mientras aún estaba en la cama, me vinieron a la mente las siguientes ideas dialécticas sobre las ciencias naturales:

Tema de la ciencia de la naturaleza: la materia en movimiento, los cuerpos. Los cuerpos no pueden ser separados del movimiento, sus formas y especies sólo pueden conocerse mediante su movimiento; nada puede afirmarse de los cuerpos aislados del movimiento, de toda relación con otros cuerpos. Solo en su movimiento revela un cuerpo lo que es. Por consiguiente, la ciencia de la naturaleza conoce a los cuerpos considerándolos en su relación recíproca, en movimiento. El conocimiento de las diferentes formas del movimiento es el conocimiento de los cuerpos. La investigación de estas diferentes formas del movimiento es, por lo tanto, el tema principal de la ciencia de la naturaleza*.

1) La forma más simple del movimiento es el cambio de lugar (en el tiempo, para complacer al viejo Hegel): el movimiento mecánico.

a) No existe una cosa tal como el movimiento de un solo cuerpo, si no es hablando relativamente; la caída puede tratarse como tal. Movimiento hacia un centro común a muchos cuerpos. Pero en cuanto un cuerpo individual se mueve en una dirección distinta de la dirección al centro, a la vez que sigue sujeto a las leyes de la caída, éstas experimentan una modificación**.

b) En las leyes de las órbitas, conducen directamente al movimiento recíproco de varios cuerpos movimiento planetario, etc., astronomía, equilibrio, pasajero o aparente en el movimiento mismo. Pero el resultado real de esta clase de movimiento es siempre, en última instancia, el contacto de los cuerpos en movimiento, Jos que caen unos sobre otros.

c) Mecánica del contacto: cuerpos en contacto, mecánica ordinaria, palancas, planos inclinados, etc. Pero los efectos del contacto no se agotan en estos ejemplos. El contacto se manifiesta directamente en dos formas: fricción y choque. Ambas tienen en común la propiedad de que a determinados grados de intensidad y en ciertas o condiciones generales, producen efectos mecánicos nuevos que ya no son meramente mecánicos: calor, luz, electricidad, magnetismo.

2) La física propiamente dicha, la ciencia de estas formas generales del movimiento, después de investigar cada una por separado, establece el hecho de que en ciertas condiciones éstas se convierten unas en otras y finalmente descubre que todas ellas en cierto grado de intensidad que varía según los distintos cuerpos puestos en movimiento producen efectos que trascienden a la física, que cambian la estructura interna de los cuerpos: efectos químicos.

3) Química. Para la investigación de las formas anteriores del movimiento, era más o menos indiferente que se tratase de cuerpos animados o inanimados. Los cuerpos inanimados exhibían los fenómenos en su mayor pureza. La química, en cambio, sólo puede distinguir la naturaleza química de los cuerpos más importantes, en sustancias surgidas del proceso mismo de la vida; su tarea principal es cada vez más la de preparar artificialmente esas sustancias. Constituye la transición a las Ciencias orgánicas, pero la transición dialéctica sólo puede realizase cuando la química haga la transición real o esté a punto de hacerla ***.

4) Organismo. Por el momento**** no me embarcaré aquí en ninguna dialéctica.

Si te metes en las ciencias naturales estarás en la mejor posición para juzgar las verdades que contiene.

 

En una carta a Bernstein del 27 de febrero l de marzo de 1883, Engels escribía: "Schorlemmer es indudablemente la persona más eminente de los partidos socialistas europeos después de Marx. Cuando le conocí hace veinte años, ya era comunista. En aquel tiempo era un modesto asistente privado de profesores ingleses, hoy es miembro de la Royal Society (la Academia de Ciencias de aquí) y la primera autoridad del mundo en su especialidad, la química de los hidrocarburos más sencillos (parafina y sus derivados). El importante manual de química que publicó junto con Roscoe, pero cuyo texto escribió casi enteramente (Como lo saben todos los químicos) ocupa ahora el primer puesto en Inglaterra y Alemania. Y ha ganado el prestigio de que goza en el extranjero únicamente por una verdadera labor científica, sin hacer una sola concesión a la hipocresía, en lucha con gente que lo explotó mientras pudo hacerlo. Y con todo esto, no le preocupa aparecer como socialista en cualquier parte, lee el Social-Democrat en la mesa del profesor titular, etc., pero exige, y con razón, que bajo ningún pretexto se lo arrastre a la acción pública como lo hizo Viereck sin su consentimiento...”

 

* Al margen de este párrafo escribió Karl Schorlemmer: “Muy bien; es mi opinión. K. S." (Ed.)

** Nota marginal de Karl Schorlemmer: "Muy cierto" (Ed)

*** Nota marginal de Karl Schorlemmet: "Aquí está la Cuestión” (Ed)

**** Nota marginal de Karl Schorlemmer: “Tampoco yo”. (Ed)

Fuente: Correspondencia: Carlos Marx – Federico Engels, Editorial Cartago, Bs As 1973, pág.265 - 267

 

III

 

CARTA DE ENGELS DE MAYO DE 1873

(30 de noviembre de 2024)

Miguel Aragón

1

El año 1873, Engels se encontraba en plena investigación de las leyes del movimiento de la naturaleza, acumulando materiales para su libro Dialéctica de la(s) Ciencia(s) de la Naturaleza o Dialéctica de la Naturaleza.

El 30 de mayo de 1873 Engels escribió esta carta a Marx, con conclusiones geniales sobre la relación existente entre mecánica, física y química (le faltó biología).

El libro planeado por Engels quedó trunco, tuvo que dedicar tiempo valioso para su recopilación de artículos La subversión de la ciencia por el Sr Duhring, en los cuales incluyó parte de la investigación sobre las leyes del desarrollo de la naturaleza.

Poco tiempo después, Engels tuvo que dedicarse a la revisión y publicación de los tomos II y III del libro El Capital de Carlos Marx.

La revisión y continuación de su trabajo de investigación sobre la naturaleza quedó como tarea para las siguientes generaciones.

Recopilar y ordenar todo lo producido por cientos de investigadores desde 1873 hasta 2024 es una tarea de titanes.

 

2

El año 1965 yo estudié cursos básicos de física y química y durante los tres años siguientes recibí cursos de mecánica, pero nunca reparé en la relación tan sencilla que existe entre estas tres ramas del conocimiento de la naturaleza.

Espero que la lectura de esta valiosa carta, sirva de estímulo para retomar el estudio de las leyes de la naturaleza, que continúa siendo "la piedra de toque" para comprender y dominar el método dialéctico.

domingo, 10 de marzo de 2024

LA MIRADA DE ENGELS Y MARIÁTEGUI SOBRE LA GUERRA EN EUROPA Y EL ESPÍRITU DE 1914

 


Brais Fernández

06/MAR/2024

 

Hace unos meses, la revista norteamericana Monthly Review recuperaba una serie de citas de Friedrich Engels sobre la guerra y la cuestión del desarme. Aunque tradicionalmente los escritos proféticos de Rosa Luxemburg han sido más conocidos, las reflexiones de Engels sobre “la inevitabilidad” de la guerra demuestran que el movimiento socialista no estuvo tan imbuido de la estupidez bobina que llevo a las direcciones de los partidos socialdemócratas a aceptar activamente las masacres de 1914:

“una guerra en la que habrá entre 10 y 15 millones de combatientes, una devastación sin precedentes simplemente para alimentarlos, una represión universal y forzosa de nuestro movimiento, un recrudecimiento del chovinismo en todos los países y, en última instancia, un debilitamiento diez veces peor que después de 1815. Un período de reacción basada en el agotamiento de todos los pueblos desangrados (y, además, sólo una mínima esperanza de que una guerra amarga pueda resultar en una revolución), me llena de horror.” (Engels, carta a Paul Lafargue, 1888)

Engels oscilaba entre el temor a que la guerra supusiese un retroceso de carácter irreversible para la civilización y la idea “mínimamente esperanzadora” de la revolución como resultado de la guerra. Su temor al desastre lo llevó a proponer una tarea para el movimiento obrero, la cuestión del desarme, que buscaba debilitar el militarismo y los ejércitos, sustituyéndolos por formas de milicia popular. En ese sentido, Engels no se engañaba: la guerra se expandiría por toda Europa, pero también al interior de los Estados, suponiendo una brutal represión contra la clase trabajadora.

Por desgracia, estas palabras de Engels no encajaban con el modelo de acumulación gradualista de la socialdemocracia previa a 1914. Si bien en sus resoluciones condenaba la guerra e incluso llamaba a prepararse para ella mediante la Huelga General, la II Internacional, exceptuando su ala radical, toleró su externalización mediante la colonización de los países africanos y asiáticos, mientras que su independencia de clase se traducía en un conservadurismo que no luchaba día a día contra la carrera militarista que llevaban a cabo los estados europeos. La socialdemocracia reconocía que la guerra era inevitable bajo el capitalismo, pero solo se preparaba formalmente para cuando ese día llegase. Las advertencias de Rosa Luxemburgo hacia el “radicalismo pasivo” que escondían las resoluciones de la II Internacional se revelaron como ciertas, no solo porque no fueron capaces de ponerse en marcha el día en el que los gobiernos proclamaron el inicio de la Gran Guerra, sino porque incubaban, pese a no admitirlo formalmente, el espíritu de 1914.

Una de las razones que incubaron esa aceptación negada la expresó Kautsky en su libro “Camino al poder”, en el cual afirmaba que “el imperialismo es la única perspectiva que el capitalismo puede todavía ofrecer a sus defensores”. El viejo Papa del marxismo pensaba que esta perspectiva solo afectaba a las clases medias, pero lo cierto es que ese espíritu fundamentado en no combatir activamente el desarrollo capitalista basado en el militarismo, también había impregnado a amplias capas del movimiento socialista. El militarismo iba acompañado de saqueo fuera de las fronteras europeas, de industrialización, de ciertos beneficios materiales para una capa corrompida del movimiento obrero, y de un peligro difuso, pero lejano, que parecía poder combatirse con resoluciones en contra de la guerra.

Con la Gran Guerra, las predicciones del viejo Engels se hicieron realidad. Años después de la gran masacre iniciada en 1914, cuando la que posteriormente se denominó II Guerra Mundial todavía parecía improbable, un lúcido socialista peruano llamado José Carlos Mariátegui advertía que:

“Nada más contagioso que la tendencia a eludir la seria y objetiva estimación de los peligros bélicos. La experiencia de 1914, a este respecto, parece haber sido completamente inútil. Son muchos los que se imaginan que por el solo hecho de ser demasiado destructora y horrible y estar reprobada por una mueva conciencia moral, (..), la guerra no puede desencadenarse más en el mundo.

Pero el examen de la economía de la política mundial condena inapelablemente esta pasiva confianza en vagas o ficticias fuerzas morales. La lucha entre los imperialismos rivales mantiene viva la amenaza bélica en el mundo”.

Décadas después, el economista marxista belga Ernest Mandel, basándose en los trabajos de Rosa Luxemburg, propuso añadir al esquema de reproducción capitalista de Marx, basado en la interacción entre los medios de producción y los bienes de consumo, la producción de “medios de destrucción”. Mandel integraba así la lógica armamentística en la lógica capitalista, desprendiéndola de su carácter accidental, como si tan solo dependiese de la mala voluntad de la clase política. Presionado permanentemente por la tendencia a la caída de la tasa de ganancia, el capital buscaba un nicho de reproducción compensatorio en la producción de medios de destrucción, organizando esta dinámica como una “política de Estado”. Rosa Luxemburg recordaba ese carácter político del militarismo:

“Finalmente, la palanca de este movimiento automático y rítmico de la producción capitalista para el militarismo se encuentra en manos del capital mismo, merced al aparato legislación parlamentaria y de la organización de la prensa destinada a crear la llamada opinión pública. Merced a ello, este campo específico de la acumulación del capital parece tener, al principio, una capacidad ilimitada de extensión. Mientras cualquiera otra ampliación del mercado y de la base de operación del capital depende, en gran parte, de elementos históricos, sociales, políticos, que se hallan fuera la influencia del capital, la producción para el militarismo constituye una esfera cuya ampliación sucesiva parece hallarse ligada a la producción del capital”.

Sin embargo, ese movimiento nunca consigue superar las propias contradicciones del capitalismo; más bien tiende a acelerarlas. Mandel recordaba que solo mediante la destrucción violenta de los medios de producción puede el capital volver a retomar sus tasas gananciales: una contradicción insalvable de un sistema que trabaja para la guerra porque la lleva en su seno.

La actualidad de la guerra, la actualidad de la lucha contra la guerra

Hemos intentado, de forma extremadamente sucinta, esbozar una serie de ideas que nos pueden servir para trazar un paralelismo con nuestra época. Como anunciaba Engels, el desarrollo del capitalismo implica un poder destructivo creciente. El trágico desarrollo de la bomba atómica marcó a toda una generación militante de la posguerra, una capacidad destructiva que no ha hecho más que aumentar, pero que ha sido enterrada en la discusión pública. Como denunciaba Mariátegui, la memoria de las catástrofes bélicas es corta: el capitalismo siempre promete que ha aprendido la lección. A día de hoy, una nueva guerra mundial parece impensable dentro de unas democracias coloniales acostumbradas a la externalización de la guerra, es decir, obsesionadas con desplazar a los conflictos bélicos lo más lejos posible de su bienestar menguante, cargando sus costes a otros pueblos y naciones. Como nos recordaban Ernest Mandel y Rosa Luxemburgo, la industria armamentística forma parte de la dinámica de acumulación capitalista de forma estructural, y por lo tanto, impregna a todo el sistema político-ideológico del capital. Hoy, la reindustrialización verde ha mutado, sin ningún tipo de oposición por parte de los partidos de centro-izquierda y derecha que gobiernan Europa, en una campaña de remilitarización y fortalecimiento de la OTAN.

Los anuncios histéricos de las clases dirigentes europeas son el reflejo de una época histórica que, como siempre, el capitalismo prometió haber dejado atrás. Ursula Von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, ha dicho abiertamente que “Europa debe prepararse para la guerra”, un complemento clarificador a las declaraciones de Macron en las que amenazaba con enviar soldados a Ucrania para defender “el jardín europeo” del que hablaba Borrell. El conflicto inter-imperialista que se dilucida en Ucrania ha servido como catalizador de todas las tendencias latentes del sistema, tendencias que no van a desaparecer en el corto plazo. Se agudizarán ocurra lo que ocurra, sea cual sea el resultado de esa infame guerra. Las muertes de los trabajadores ucranianos y rusos en nombre de la libertad y el etnonacionalismo son otra cara trágica del proceso de des-democratización de las sociedades europeas y del cinismo complaciente del establishment político ante el brutal genocidio que estamos viendo en directo en Palestina.

La existencia de estas dinámicas de guerra no debería llevarnos a la inacción. El hecho de que las guerras sean inevitables bajo el capitalismo no debería ser excusa para aceptarlas: más bien, se trata de ligar la cuestión de la guerra y del desastre climático a la existencia del capitalismo. En ese sentido, puede ser útil abordar este periodo histórico, turbulento y dramático, sobre tres ideas básicas:

1. Debemos asumir una posición intransigente frente a los intereses imperialistas y neocoloniales de nuestros países, que se debe traducir en la negativa a asumir cualquier tipo de compromiso con el proceso de remilitarización de nuestros países. Si, como explicaba Rosa Luxemburg, el militarismo requiere del funcionamiento engrasado de los mecanismos ideológicos del capital (parlamentos y prensa), la única solución es que la izquierda asuma la tarea de bloquear sistemáticamente este proceso. Necesitamos una izquierda que no vote presupuestos que supongan el aumento del gasto militar, planes de industrialización vinculados a la guerra, etc., y que luche por desviar esa inversión hacia las necesidades de la clase trabajadora, algo que no puede hacerse simplemente desde los parlamentos: requiere de una auto-actividad consciente del movimiento obrero. Por desgracia, las izquierdas progresistas de Europa, desede los Verdes Alemanes a los partidos de la izquierda en el Estado Español (Podemos, Sumar, Bildu o ERC) han votado sistemáticamente en favor de presupuestos pretendidamente sociales, pero que avalaban esta dinámica propia del militarismo capitalista. Otra izquierda es necesaria para enfrentar la cuestión del militarismo.

2. En un mundo rugoso y lleno de brechas, es necesario diferenciar el carácter de los conflictos, localizar su matriz hegemónica. Aunque en última instancia todos los conflictos bélicos están imbricados en la dinámica capitalista, no todos los conflictos tienen el mismo carácter. Susan Watkins definió en la guerra de Ucrania como “Cinco conflictos en uno”, tratando de remarcar la existencia de varios desencadenantes en la guerra. Reconocer que Putin es un criminal y condenar la invasión de Ucrania, o resaltar el carácter reaccionario del régimen político ucraniano, no debe implicar negar la naturaleza real de un conflicto marcado y sobredeterminado por la dinámica intercapitalista global. Si bien la salida táctica pasa por defender un acuerdo de paz que acabe con la guerra lo antes posible, no deberíamos tampoco ser ilusos: esto supondría la “cachemirización” del conflicto. Solo el viejo método de Lenin de la confraternización internacionalista desde abajo podría resolver este tipo de conflictos, extirpando el veneno etnonacionalista sobre el cual se sostienen las clases dominantes que azuzan el conflicto. En otro sentido, la brutal guerra colonial y genocida sionista, apoyada por la UE y EEUU, debe ser combatida desde dentro y contra las democracias coloniales, exigiendo el fin del comercio de armas y el aislamiento del Estado de Israel, pero sin cuestionar en ningún momento el derecho a la defensa armada del pueblo palestino. De hecho, es el carácter capitalista de nuestros gobiernos el que nos obliga a desplegar esta consigna: en realidad, un gobierno progresista debería estar enviando armas a la resistencia palestina.

3. Es urgente comenzar a agrupar a los sectores militantes en torno a un programa común en defensa del desarme y contra la guerra, recogiendo la tradición del movimiento pacifista (que recalcaba que, en la era nuclear, una nueva guerra mundial sería la última, ya que supondría la destrucción de la humanidad) y del movimiento obrero, ligando la lucha contra la militarización a la transformación ecosocialista de la sociedad. Es obvio que todavía no tenemos fuerza para afrontar la magnitud del desafío, pero esta conciencia no debería llevarnos a la desesperanza. Debería servir como estímulo para empezar a formar, ciudad a ciudad, pero con un carácter europeo, un fuerte movimiento contra la deriva inexorable del capitalismo y de la clase dirigente. Eso implica también ligar el auge militarista a la destrucción ecológica del planeta y al despilfarro que supone la inversión militar desde un punto de vista social, pero evitar también caer en la trampa que legitima “bienestar y guerra”. La reindustrización militar en curso busca estabilizar la posición relativa de los núcleos de clase media de las sociedades europeas, concediendo migajas en forma de puestos de trabajo e inversiones territoriales a la clase obrera. Un bienestar parcial y decreciente, basado en el imperialismo de buena parte del mundo y en el cierre fronterizo, mientras nos preparan para la guerra y el desastre ecológico: esa es la propuesta de época que el capitalismo hace a las clases trabajadoras europeas.

Posiblemente, pese a las señales inequívocas que nos manda la clase dominante, todavía no tenemos conciencia de la magnitud del desastre. El espíritu de 1914 sigue vivo en los dos sentidos. La mayoría de partidos, de izquierda a derecha, están comprometidos o no se atreven a romper con esa lógica que nos lleva a la guerra y que la avala en forma de propaganda, presupuestos e inversiones militaristas. Y la mayoría de la sociedad cree que una nueva gran guerra es imposible: es algo impensable todavía. Romper y combatir esas dos formas que adquiere el espíritu de 1914 es el gran reto de los ecosocialistas de nuestra época.

Bibliografía utilizada en este artículo

Editorial de Monthly Review (2023) https://monthlyreview.org/2023/07/01/mr-075-03-2023-07_0/

Karl Marx and Frederick Engels, Collected Works, vol. 26

Mariátegui, Jose Carlos, El proletariado contra la guerra (1929)

Mandel, Ernest El capitalismo tardío, Verso-Sylone-Viento Sur (2023)

Luxemburg, Rosa, La acumulación de capital https://www.marxists.org/espanol/luxem/1913/1913-lal-acumulacion-del-capital.pdf

Watkins, Susan, Cinco Guerras en una https://newleftreview.es/issues/137/articles/five-wars-in-one-translation.pdf

Rosdolsky, Roman, Imperialist War and the Question of Peace https://www.marxists.org/archive/rosdolsky/1978/impwarqpeace/ch01.htm

Fuente: https://vientosur.info/europa-la-guerra-y-el-espiritu-de-1914/

 

domingo, 18 de junio de 2023

DÍA DEL PADRE.


Escribe: Odilón Farfán Anaya

Una tertulia ligera, pero sustancioso, se trata de comentar la esencia del Día del padre, como una gratitud hacia los padres quienes son los mejores hijos del pueblo, por todos los roles que desempeñan. Aunque, también tiene un trasfondo comercial, como sucede en otras fechas conmemorativas, esa gratitud se expresa a través de la compra de regalos, especialmente digitados por el sistema capitalista, para hacer uso y abuso de la precaria economía familiar.

Federico Engels, en una investigación que denominó “La situación de la clase obrera en Inglaterra” de 1845; al referirse de los padres como jefe familiar, describió cómo un número significativo de trabajadores industriales explotados despiadadamente, el dueño de la fábrica para aparentar que conviven en armonía y para acallarlos organizaban fiestas similares al Día del Padre en el Perú, dándoles bebidas alcohólicas, comida, etc. Todo ello, “un caramelo” para seguir matando lentamente, inclusive los agasajos salían de los mismos “pellejos” de la clase trabajadora; finalmente esas fuerzas productivas víctimas de la explotación del hombre por hombre, se morían o se convertían en desechos humanos, enfermos y lisiados debido al trabajo fatigante y riesgoso que ejecutaban en jornadas que superaban las 16 horas diarias, sin descansos o con pausas mínimas.

Hoy, en el Día del Padre, envío el presente mensaje de cariño aprecio y respeto a ese padre que no descansa las 24 horas de trabajo, sentenciado por sus propias necesidades, y si trabaja para la patronal del Estado peruano o del empresario privado, el pago o salario una migaja que no alcanza en absoluto para cubrir la necesidad de la canasta familia.

Compañeros, desde esta trinchera de opiniones, les digo, preparémonos para enfrentar a este sistema que nos mata lentamente, busquemos la unidad y jamás la división.

Les deseo lo mejor, FELIZ DÍA DEL PADRE. No se olviden se viene semanas difíciles transformemos nuestro pesimismo al optimismo.

 

¡¡ SI QUEREMOS AL PERÚ PARA LAS GRANDES MAYORÍAS, VAMOS A LA LUCHA !!