Mostrando entradas con la etiqueta Neocolonialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Neocolonialismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de noviembre de 2022

LA DETESTABLE OEA

 



Escribe: Milciades Ruiz

En el colonialismo monárquico, la población nativa pagaba la “contribución indígena” que fortalecía el régimen de su opresión. Hoy también pagamos para que nos opriman. Parte de los impuestos que pagamos al erario nacional, se va para sostener a la OEA, el organismo testaferro de la dominación estadounidense. Desde su creación en EE UU, el pueblo peruano como de otros países latinoamericanos, vienen sufragando millones de dólares para su sostenimiento. ¿A cambio de qué?

Lo que recibimos a cambio de nuestro aporte son, injerencias en nuestros asuntos internos, respaldo a las invasiones norteamericanas a países miembros, como se hizo con Panamá y, el envío de mercenarios para invadir Cuba, derrocamiento de gobiernos populares, bloqueo genocida a los países que no se alinean con el amo yanqui y toda una serie de represalias para hacer prevalecer la doctrina de Monroe, “América para los norteamericanos”.

El diario español “El País” dijo sobre la OEA: “Su vinculación a la política exterior de los Estados Unidos quedó de manifiesto en la crisis de Guatemala (1954), Panamá (1959), Nicaragua (1959) y, sobre todo, en Cuba, en 1962, cuando la OEA apoyó todas las medidas de la «cuarentena» declarada por el presidente Kennedy y expulsó de la OEA al Gobierno cubano, alegando la incompatibilidad de los principios de la organización con el «comunismo».

Recordamos esto, porque en esa ocasión, el entonces canciller peruano Raúl Porras Barrenechea, que no era comunista, se opuso a tal medida en un brillante discurso doctrinario y, defendió a Cuba, desobedeciendo la orden del presidente Prado, quien lo conminó a renunciar. Parte de su extenso discurso es el siguiente texto:

“La no intervención es pues, uno de los puntos claves del interamericanismo. Es una sólida doctrina multilateral proclamada y sustentada por todas las repúblicas americanas, reafirmada en la Declaración de Lima de 24 de diciembre de 1938 que ordena el procedimiento de consulta para hacer efectiva la solidaridad americana contra cualquier atentado a su soberanía e independencia. El artículo 15 de la Carta de la OEA establece que ningún Estado o grupo de Estados tiene derecho de intervenir, directa o indirectamente, ya sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro, y agrega terminantemente que este principio excluye no solamente la fuerza armada, sino también cualquier otra forma de injerencia o de dependencia atentatoria de la personalidad del Estado y de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen.

(…) “Confiamos en que la revolución cubana que ha proclamado principios que significan una honda transformación económica, la mejora de los niveles de vida y una más justa distribución de la riqueza, no se desvíe de su camino original y su destino americano que comparte la mayoría de nuestros pueblos y gobiernos”

En estos días, la Organización de la Naciones Unidas con sede en EE UU, acaba de aprobar casi por unanimidad, el cese del bloqueo a Cuba. ¿Alguna vez la OEA ha condenado este bloqueo a un país miembro? Ya van 30 resoluciones de la ONU en el mismo sentido y no hay sanción para el agresor, ni la OEA se pronuncia al respecto. De acuerdo al informe previo, entre agosto de 2021 y febrero de 2022 esa política unilateral causó a Cuba pérdidas en el orden de los 3 806,5 millones de dólares.

A precios corrientes, los daños acumulados durante seis décadas del bloqueo ascienden a 150 410,8 millones de dólares. Solo en los 14 primeros meses del gobierno de Biden, las pérdidas ocasionadas por el bloqueo ascendieron a 6 mil 364 millones de dólares, lo que equivale a una afectación de más de 454 millones de dólares mensuales y más de 15 millones de dólares diarios, de acuerdo con el documento.

Esta semana una comisión de alto nivel de la OEA visitará al Perú para intervenir en nuestros asuntos internos a petición del presidente Castillo que, pide la aplicación de la “Carta Democrática” aduciendo que hay peligro de golpe de estado. Este mismo pedido se hizo para desconocer al gobierno legítimo de Venezuela y, reemplazar a Maduro por Guaidó. Ante el fracaso, se formó el “Grupo de Lima” con los países que estaban de acuerdo con EE UU para atacar a Maduro. En ese contexto, Juan Guaidó se juramentó como presidente encargado de Venezuela y la Asamblea General de la OEA reconoció al gobierno paralelo.

Entonces, ¿Con qué moral la OEA viene al Perú, pretendiendo arreglar nuestros asuntos internos? ¿No ha sido la OEA la que, ha respaldado intervenciones militares de EE UU en Panamá (1989), Guatemala (1954, 1967-1969), ¿Cuba (1961), Nicaragua (1980-1990), y muchas otras intervenciones encubiertas, contra la democracia en los países latinoamericanos?

¿No ha sido la OEA la que ha conspirado contra Allende y defendido a Pinochet? El siguiente comunicado lo dice.


COMUNICADO DE PRENSA DEL SECRETARIO GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN DE LOS ESTADOS AMERICANOS

Washington, DC, 11 de diciembre de 1998

El Secretario General de la OEA, César Gaviria, ante la decisión del gobierno británico de permitir la extradición del General Augusto Pinochet, expresó su preocupación por lo que puede constituirse en un nuevo antecedente de la aplicación unilateral de la extraterritorialidad de las leyes nacionales, en violación de la igualdad jurídica de los Estados y de la no intervención en los asuntos internos, principios éstos, que son pilares fundamentales del derecho interamericano. Expresó también que es necesario el absoluto respeto a la igualdad soberana de los Estados, tal como lo disponen las Cartas de la OEA y de las Naciones Unidas como base de la convivencia internacional. En consecuencia, reiteró que la lucha por la plena vigencia y el respeto de los derechos humanos debe darse dentro de este marco.

El Secretario General, César Gaviria, afirmó que los países americanos disponen hoy de los instrumentos adecuados para solucionar los problemas jurídicos en el ámbito de sus propios territorios, con plena garantía para las partes. Las naciones de América están hoy plenamente comprometidas con el fortalecimiento y consolidación de la democracia y a tales efectos han adoptado instrumentos jurídicos obligatorios, que son fundamento del proceso de integración de los pueblos de nuestro continente. Asimismo, estas naciones cuentan hoy con procedimientos e instituciones regionales que aseguran el pleno respeto de los derechos humanos.

Esta es la OEA. Pero también el presidente de Bolivia, Luis Arce, en entrevista concedida a France 24 en el marco de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, el 28/09/2021 dijo: “La OEA ha jugado un rol nefasto en el golpe de Estado de 2019 en Bolivia”. Por su parte, el ministro de Justicia de Bolivia, Iván Lima, afirmó que el secretario general de OEA, Luis Almagro, y un grupo de políticos opositores del expresidente Evo Morales fueron los encargados de propalar el entuerto de fraude electoral en 2019, al entregar en la madrugada del 10 de noviembre un informe preliminar que indicaba que existieron irregularidades. Hoy sabemos que era falso. Esto nunca se demostró, ni siquiera durante los 10 meses de gobierno de facto de Áñez.

Con estos antecedentes, ¿Qué podemos esperar de la Comisión especial de la OEA en su visita al Perú? La correlación de fuerzas está cambiando en la OEA, con representantes de nuevos gobiernos populares, pero no al punto de cambiar la trayectoria de sumisión a EE UU. En el Perú, ni el poder ejecutivo ni el legislativo son un peligro para EE UU. Dicha comisión de “alto nivel” no tiene facultad para poner orden al caos político en nuestro país. No hay sustento para temer un golpe de estado retórico, pero si para nuevas elecciones.

Entonces, todo quedará en simples recomendaciones teóricas para el entendimiento entre ciegos que no quieren ver y sordos que no quieren oír. La solución la tiene el pueblo si supera el marasmo que lo tiene en la desesperanza. Sacudirlo del ostracismo político y estimular su protagonismo histórico, es nuestra responsabilidad. Salvo mejor parecer.

Noviembre 4- 2022

Mayor información en https://wordpress.com/view/republicaequitativa.wordpress.com

 

 

viernes, 23 de julio de 2021

WASHINGTON TOCA EL TAMBOR DEL CAMBIO DE RÉGIMEN, PERO CUBA RESPONDE A SU PROPIO RITMO REVOLUCIONARIO.

 

 Le Générale Canson (‘El general Canson’), 1950. Préfète Duffaut (Haití)

 

Boletin 29 del Instituto Tricontinental de Investigación Social

23/07/2021

 

Queridxs amigxs,
 

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.
 

En 1963, el escritor de Trinidad y Tobago CLR James publicó la segunda edición de su clásico estudio de 1938 sobre la Revolución de Haití, Los jacobinos negros: Toussaint L´Ouverture y la revolución de Saint-Domingue. Para la nueva edición, James escribió un apéndice con el sugerente título “De Toussaint L’Ouverture a Fidel Castro”. En la primera página del apéndice, situó a las revoluciones gemelas de Haití (1804) y Cuba (1959) en el contexto del Caribe: “Los pueblos que las hicieron, los problemas e intentos de resolverlos son peculiarmente caribeños; son el resultado de un origen y una historia singulares”. James usa tres veces la palabra “peculiar”, que proviene del latin peculiaris que quiere decir ‘propiedad privada’ (pecu es el término latino para ‘ganado’, la esencia de la propiedad antigua).

La propiedad es el corazón del origen y la historia del Caribe. A fines del siglo XVII, los conquistadores y colonizadores europeos habían masacrado a los habitantes de las islas antillanas. En St. Kitts en 1626, los colonizadores ingleses y franceses masacraron entre dos mil y cuatro mil caribes —incluyendo al líder Tegremond— en el genocidio de Kalingo, sobre el que escribió Jean-Baptiste Du Tertre en 1654. Habiendo aniquilado a los pueblos originarios de las islas, los europeos llevaron a hombres y mujeres africanxs a quienes se había capturado y esclavizado. Lo que une al Caribe no es el lenguaje y la cultura, sino la miseria de la esclavitud, enraizada en una opresiva economía de plantación. Tanto Haití como Cuba son productos de esta “peculiaridad”, el primero siendo lo suficientemente audaz para romper las cadenas en 1804 y el otro siendo capaz de seguir esa senda un siglo y medio más tarde.
 

Hoy, la crisis está a la orden del día en el Caribe.
 

El 7 de julio, justo a las afueras de la capital haitiana de Puerto Príncipe, hombres armados ingresaron a la casa del presidente Jovenel Moïse, lo asesinaron a sangre fría y huyeron. El país, ya afectado por la agitación social provocada por las últimas políticas del presidente, ahora se hunde aún más profundo en la crisis. Moïse ya había forzado la extensión de su mandato más allá de lo que correspondía, mientras el país luchaba con las dificultades que significa depender de agencias internacionales, estar atrapado en una crisis económica de un siglo y ser duramente golpeado por la pandemia. Las protestas se habían vuelto comunes en Haití, a medida que todos los precios se disparaban y ningún gobierno daba ayuda efectiva a una población desesperada. Pero Moïse no fue asesinado por esta crisis inmediata. Hay fuerzas más misteriosas en acción: líderes religiosos haitianos radicados en EE. UU., narcotraficantes y mercenarios colombianos. Esto es una saga que toma su mejor forma como thriller de ficción.
 

Cuatro días después del asesinato de Moïse, Cuba vivió una serie de protestas de personas que expresaron su frustración con la escasez de productos y la reciente alza de contagios de COVID-19. Dentro de pocas horas, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel salió a las calles de San Antonio de los Baños, al sur de la Habana, para marchar con lxs manifestantes. Díaz-Canel y su gobierno recordaron a los once millones de cubanos y cubanas que el país ha sufrido muchísimo producto del bloqueo ilegal de Estados Unidos durante seis décadas, que está en las garras de las 243 “medidas coercitivas” adicionales que impuso Trump, y que luchará contra el doble problema del COVID-19 y la crisis de la deuda con la resolución que le caracteriza.
 

Sin embargo, una maliciosa campaña de redes sociales intentó utilizar estas protestas como una señal de que el gobierno de Díaz-Canel y la Revolución Cubana debían ser derrocados. Unos días más tarde fue quedando claro que esta campaña fue levantada desde Miami, Florida, en Estados Unidos. Desde Washington, DC, los tambores del cambio de régimen suenan fuerte, pero no han encontrado mucho eco en Cuba. Cuba sigue sus propios ritmos revolucionarios.
 

En 1804, la Revolución Haitiana —una rebelión del proletariado de las plantaciones que luchó contra los ingenios azucareros que los explotaban— encendió una primera llama de libertad que alcanzó a todo el mundo colonizado. Un siglo y medio más tarde, el pueblo cubano encendió su propia llama.
 

La respuesta a cada una de estas revoluciones por parte de los magnates fosilizados de Paris y Washington fue la misma: asfixiar los aires de libertad mediante multas y bloqueos. En 1825, Francia exigió por la fuerza que Haití pagara 150 millones de francos por la pérdida de propiedad (es decir, seres humanos). Solo en el Caribe, el pueblo haitiano sintió que no tenían más opción que pagar, lo que hicieron a Francia (hasta 1893) y luego a Estados Unidos (hasta 1947). La cifra total a lo largo de los 122 años alcanza los 21.000 millones de dólares. Cuando el presidente de Haití Jean-Bertrand Aristide intentó recuperar esos miles de millones de Francia en 2003, fue removido del cargo por un golpe de Estado.
 

Después de que Estados Unidos ocupara Cuba en 1898, dirigió la isla como el patio de recreo de un gángster. Cualquier intento del pueblo cubano de ejercer su soberanía fue aplastado con una violencia terrible, incluidas las invasiones de las fuerzas estadounidenses en 1906-1909, 1912, 1917-1922 y 1933. Estados Unidos apoyó al general Fulgencio Batista (1940-1944 y 1952-1959) a pesar de todas las pruebas de su brutalidad. Al fin y al cabo, Batista protegía los intereses estadounidenses, y las empresas norteamericanas poseían dos tercios de la industria azucarera del país y casi todo el sector de servicios.
 

La Revolución Cubana de 1959 se alza contra esta historia de miseria, una historia de esclavitud y dominación colonial. ¿Cómo reaccionó Estados Unidos? Imponiendo un bloqueo económico sobre el país el 19 de octubre de 1960 que continúa hasta la actualidad, que ha afectado todo, desde el acceso a suministros médicos, alimentos y finanzas, hasta la prohibición de importaciones cubanas y la coacción a otros países para que hagan lo mismo. Es un ataque vengativo sobre un pueblo que, como el haitiano, está intentando ejercer su soberanía. El ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, informó que entre abril de 2019 y diciembre de 2020, el gobierno perdió 9.100 millones de dólares por el bloqueo (436 millones al mes). “A los precios actuales, el daño acumulado en seis décadas supera los 147.800 millones de dólares, y contra el precio del oro, supera 1,3 billones”, señaló.
 

Nada de esta información estaría disponible si no fuera por la presencia de medios de comunicación como Peoples Dispatch, que esta semana celebra su tercer aniversario. Le enviamos nuestros más cálidos saludos al equipo y esperamos que ustedes guarden su sitio web y lo visiten muchas veces para conocer más de las noticias vinculadas a las luchas populares a lo largo del mundo.
 

El 17 de julio, decenas de miles de cubanas y cubanos salieron a las calles a defender su Revolución y a exigir el fin del bloqueo estadounidense. El presidente Díaz-Canel dijo que la “Cuba de amor, de paz, de unidad, de solidaridad” se había manifestado. En solidaridad con esta afirmación inquebrantable, hemos lanzado una convocatoria para participar en la exposición de arte solidario Let Cuba Live (‘Dejemos a Cuba vivir’). La fecha límite de presentación es el 24 de julio para el lanzamiento de la exposición en línea el 26 de julio —el aniversario del movimiento revolucionario que llevó a Cuba a la Revolución en 1959—, pero fomentamos a que hagan sus envíos los días previos. Invitamos a artistas y militantes internacionales a participar en esta exposición flash mientras seguimos ampliando la campaña #LetCubaLive para poner fin al bloqueo.
 

Unas semanas antes del último ataque a Cuba y del asesinato del presidente en Haití, las fuerzas armadas de Estados Unidos llevaron a cabo un gran ejercicio militar en Guyana llamado Tradewinds 2021 y otro ejercicio en Panamá llamado Panamax 2021. Bajo la autoridad de EE. UU., una serie de ejércitos europeos (Francia, Holanda y Reino Unido) —todos con colonias en la región— se unieron a Brasil y Canadá para realizar Tradewinds con siete países caribeños (Bahamas, Belice, Bermuda, República Dominicana, Guyana, Jamaica, y Trinidad y Tobago). En una demostración de fuerzas, Estados Unidos exigió a Irán que cancelara el desplazamiento de sus barcos a Venezuela en junio, antes del ejercicio militar patrocinado por EE. UU.
 

Estados Unidos está ansioso por convertir el Caribe en su mar, subordinando la soberanía de las islas. Es curioso que el primer ministro de Guyana, Mark Phillips, haya dicho que estos juegos de guerra liderados por EE. UU. fortalecen “el sistema de seguridad regional caribeño”. Lo que hacen, como muestra nuestro reciente dossier sobre las bases militares de EE. UU. y Francia en África, es subordinar los Estados caribeños a los intereses estadounidenses. EE. UU. está usando su creciente presencia militar en Colombia y Guyana para aumentar la presión sobre Venezuela.
 

El regionalismo soberano no es ajeno al Caribe, que ha hecho cuatro intentos de construir como plataforma: la Federación de las Indias Occidentales (1958-1962), la Asociación de Libre Comercio del Caribe (1965-1973), la Comunidad del Caribe (1973-1989) y el CARICOM (1989 hasta la actualidad).  Lo que comenzó como una unión antiimperialista se ha convertido en una asociación comercial que intenta integrar mejor a la región en el comercio mundial. La política del Caribe está cada vez más inmersa en la órbita de Estados Unidos. En 2010, EE.UU. creó la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe, cuya agenda está definida por Washington.
 

En 2011, nuestro viejo amigo Shridath Ramphal, ministro de Asuntos Exteriores de Guyana de 1972 a 1975, repitió las palabras del gran radical granadino T. A. Marryshow: “Las Antillas deben ser antillanas”. En su artículo “¿Son las Antillas Occidentales antillanas?”, insistió en que la ortografía consciente de “Las Antillas” con “L” mayúscula pretende marcar la unidad de la región. Sin unidad, las viejas presiones imperialistas prevalecerán, como suele ocurrir.
 

En 1975, la poeta cubana Nancy Morejón publicó un poema emblemático llamado “Mujer negra”. El poema comienza con el terrible comercio de seres humanos por parte de los colonizadores europeos, toca la guerra de independencia, y luego se sitúa en la notable Revolución Cubana de 1959:
 

Bajé de la Sierra

Para acabar con capitales y usureros,
con generales y burgueses.
Ahora soy: sólo hoy tenemos y creamos.
Nada nos es ajeno.
Nuestra la tierra.
Nuestros el mar y el cielo.
Nuestras la magia y la quimera.
Iguales míos, aquí los veo bailar
alrededor del árbol que plantamos para el comunismo.
Su pródiga madera ya resuena.
 

La tierra es nuestra. La soberanía también. Nuestro destino no es vivir como seres subordinados a otros. Ese es el mensaje de Morejón y del pueblo cubano que está construyendo su vida soberana, y ese es el mensaje del pueblo haitiano que quiere continuar su gran Revolución de 1804.

Cordialmente,

Vijay.

https://www.alainet.org/es/articulo/213193

 

 

viernes, 19 de marzo de 2021

CAMBIAR DE LENTES A LA JUSTICIA PERUANA

 


 Mural de la justicia. Palacio de Justicia, Av. El Sol, Cusco, Perú.

Jaime Araujo-Frias

La justicia peruana es ciega para ver una determinada parte de la realidad, para la otra parte es clarividente. Entonces, no son los ojos, sino las lentes que utiliza las que están mal: la teoría. Llamamos teoría al conjunto ordenado de conceptos, nociones y proposiciones desde los cuales  comprendemos la realidad (Mosterín y Torrtti, 2002).  Si es así, es razonable convenir que la práctica de la justicia depende de los marcos teóricos que hayamos asumido consciente o inconscientemente. El objetivo de nuestra breve reflexión es plantear que el problema de la práctica de justicia en el Perú no solamente está en la realidad, sino, sobre todo, en los marcos o lentes teóricas que se utilizan para comprender los problemas que aparecen en la realidad.

¿Cómo lo sabemos? Quien afirma algo, al menos quienes nos dedicamos a pensar los problemas de la justicia desde la filosofía, estamos obligados a dar cuenta de cómo sabemos lo que decimos que sabemos. Si bien, no tenemos la certeza de lo que decimos, poseemos una idea o sospecha de conocimiento. La cual la exponemos a continuación.

La persona humana como fin supremo

“La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado”. Esta afirmación corresponde al artículo 1 de la Constitución Política vigente. Pero también a la Constitución de 1979. Es decir, en el Perú aparentemente llevamos más de cuarenta años colocando a la persona humana como fin supremo de nuestras prácticas personales e institucionales. Y, decimos aparentemente porque la realidad nos muestra, por un lado, niños que revuelven la basura con la esperanza de encontrar restos de comida para alimentarse; y por otro lado, perros que sus amos les alimentan mejor que a esos niños. Parecería justificarse la existencia de dos tipos de persona.

La Constitución establece que la defensa de la persona humana es el fin supremo no solamente de cada una de las instituciones que conforman eso que llamamos Estado, sino también de cada uno  de los miembros de la comunidad política. Entonces, ¿por qué el cumplimiento de un contrato minero prevalece sobre la vida de un pueblo? O ¿Por qué las mascotas de una familia tienen mejor alimentación, mejor salud y hasta mejor educación que los niños de la otra? La respuesta de un jurista entendido sería porque no se cumple el artículo 1 de la Constitución. Nosotros pensamos lo contrario: es el resultado de su propio cumplimiento. Veamos por qué.

El contenido del concepto de persona humana en el constitucionalismo peruano

Las normas constitucionales no se aplican, sino que primero se interpretan, luego se aplican. Interpretar es asignar significado a un enunciado, y esta tarea la lleva a cabo un intérprete, es decir, una persona humana, con una visión teórica y comprensión concreta de la realidad. La teoría o lentes desde las cuales se ve e interpreta la constitución se llama constitucionalismo. ¿Cuál es el significado de persona humana del constitucionalismo peruano? Para responder a esta preguntas debemos ir al principio, y en el principio están las fuentes de las que abreva o mejor dicho los insumos teóricos con los que se elaboró esas lentes. Y esas fuentes son principalmente la filosofía política y jurídica moderna. ¿Quiénes son los representantes de la filosofía política y jurídica moderna? Principalmente Locke, Montesquieu, Kant y Hegel.

Desde hace 200 años venimos siendo pensados, sentidos, interpretados, hablados y comprendidos desde las lentes teóricas de quienes justificaron nuestro sometimiento. Las cuales solo permiten ver y reconocer como persona humana al hombre blanco y propietario.

¿Cuál es la idea que tenían de persona humana estos filósofos? Locke, considerado por el liberalismo el adalid de la libertad, sostenía que los nativos del continente americano estaban muy cerca a las bestias salvajes. Y por eso no dudó en incursionar como accionista en la Royal African Company, principal compañía dedicada al comercio de esclavos (Losurdo, 2007).  Montesquieu, como es sabido, en su libro El espíritu de las leyes, sostenía que la esclavitud para los pueblos de climas cálidos es una consecuencia derivada de causa natural. Kant, considerado el padre de los derechos humanos, decía que “la humanidad alcanzaba su máxima perfección en la raza de los blancos.  Los indios amarillos poseen ciertamente un talento exiguo. Los negros se hallan muy por debajo de ellos y en la base de la escala se sitúan parte de los pueblos americanos” (Baggini, 2019, p. 37).  Y finalmente, el último filósofo de la modernidad, Hegel, va a sentenciar: “lo racional es que Yo poseo propiedad” (Hegel, 1955, p. 76).

En suma, de lo descrito se podría decir que, para los principales teóricos del constitucionalismo, el color de piel y la condición económica van a ser los criterios a partir de los cuales se evaluará el estatus de persona humana. A esos dos criterios se le debe agregar un tercero: el género. De lo que resulta que, para ser considerado persona humana desde la perspectiva de los teóricos que sustentan nuestras prácticas de la justicia, había que ser hombre (macho) blanco y propietario. Esto explica la exclusión de los indígenas, negros, mujeres y pobres del proyecto de país contenido en nuestras constituciones. Así por ejemplo, la Constitución de 1856 introdujo el término varón como requisito para ser ciudadano. Los indígenas y negros estaban prohibidos de participar en los asuntos políticos. La Constitución de 1860 estableció que el derecho de sufragio se podía adquirir por pagar algún tipo de contribución o tener propiedad. Si bien, en 1955 se otorga la ciudadanía a la mujer, recién la Constitución de 1979 establece el sufragio universal (Ramos Núñez, 2019).

No es casualidad, entonces, que la Constitución política vigente no alcance a la gran mayoría de la población peruana. Y no alcanza porque si bien nos liberamos de la ocupación territorial, aún no nos hemos liberado de la ocupación mental. “Seguimos siendo colonias mentales” (Dussel, 2016).  Desde hace 200 años venimos siendo pensados, sentidos, interpretados, hablados y comprendidos desde las lentes teóricas de quienes justificaron nuestro sometimiento. Las cuales solo permiten ver y reconocer como persona humana al hombre blanco y propietario. No es que el constitucionalismo peruano diga que la persona negra, indígena, pobre o mujer no sean personas humanas. Lo presupone al aceptar acríticamente dichas lentes teóricas. De ahí que la injusticia contra una parte de la población no sea consecuencia del incumplimiento de la Constitución, sino de su propio cumplimiento.

Manuel Scorza lo decía de manera poética. Al principio de su novela Redoble por Rancas nos confiesa que quitó los nombres reales de muchos personajes con la finalidad de “proteger a los justos de la justicia”. Lo que nos dice nuestro autor parece una contradicción, pero no lo es. La injusticia contra la gran mayoría de la población peruana no es producto del incumplimiento de la ley y la Constitución, sino, de su propio cumplimiento. Tal vez el único modo de cambiarla, esto es, de hacer que la justicia alcance a reconocer y tratar a todos como persona humana, sea cambiándola de lentes, mejor dicho, de marcos teóricos conceptuales. ¿Por qué? Einstein decía que “el mundo que hemos creado es producto de nuestro pensamiento; no podemos cambiarlo sin cambiar nuestro pensamiento” (Naukas, 2018, Párr. 12). Y, el lingüista cognitivo Lakoff (2017) sostiene que cambiar de marcos conceptuales es cambiar de práctica política y social.

Conclusión

Una mentalidad colonial produce un conocimiento colonial. Y un conocimiento colonial produce una comprensión, y, en consecuencia, práctica colonial. Esto es así porque la teoría orienta la práctica. La justicia peruana no es ciega. Son las lentes teóricas que utiliza las que la vuelven ciega, pero no a toda la realidad, sino a una parte de ella. Por eso es urgente cambiar de lentes teóricas por unas que nos permitan ver, reconocer y tratarnos a todos por igual.  Se cambia algo cuando se mueve el marco teórico conceptual, no cuando se cambian de frases o palabras. La concepción de persona humana contenida en las lentes conceptuales del constitucionalismo peruano está hecha a la medida de un tipo concreto de persona humana: el hombre blanco y propietario. En una palabra: del burgués. No se dice, pero en la práctica se hace.  El resultado es que la persona indígena, negra, mujer y pobre son invisibles para la justicia oficial. No porque la justicia sea ciega, sino porque las lentes teóricas que utiliza la justicia la vuelven ciega.

Referencias bibliográficas

Baggini, J. (2019). Como piensa el mundo. Una historia global de la filosofía. Barcelona: Planeta.

Dussel, E. (2016). Enrique Dussel, filósofo: “Seguimos siendo colonias mentales”. Disponible en https://americat.barcelona/es/enrique-dussel-seguimos-siendo-colonias-mentales

Hegel, G. F. (1955). Filosofía del derecho. Buenos Aires: Claridad.

Losurdo, D. (2007). Contrahistoria del liberalismo. Mátaro: Viejo Topo.

Lakoff, George (2017). No pienses en un elefante. Lenguaje y debate político. Barcelona: Península.

Mosterín, J., y Torretti, R. (2002). Diccionario de lógica y filosofía de la ciencia. Madrid: Alianza Editorial.

Naukas (16/11/2018). “Einstein y la Ética”. Disponible en https://naukas.com/2018/11/16/einstein-y-la-etica/.

Ramos Núñez, C. (2019). Historia del derecho peruano. Lima: Palestra.

Fuente: https://barropensativocei.com/2021/03/19/cambiar-de-lentes-a-la-justicia-peruana/