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viernes, 20 de octubre de 2017

"LA GRAN ESTAFA CHILENA. PREGUNTAS Y RESPUESTAS SOBRE LAS AFP"





Foto: CELAG


20/10/2017
Opinión


Recientemente, Chile celebró un plebiscito inédito en la historia del país. La convocatoria, impulsada por la Coordinadora de Trabajadores y Trabajadoras NO+AFP, fue de carácter no vinculante, pero estuvo movida por una poderosa herramienta: la voz ciudadana de cientos de chilenos y chilenas.

La consulta popular se llevó a cabo durante tres días y contó con más de 2 mil lugares de votación físicos en todo el país, así como un espacio en internet para votar en línea. ¿El resultado? claro y alto. Los chilenos exigen un verdadero sistema de seguridad social, justo y sostenible en el tiempo y no el actual sistema de pensiones de capitalización individual por el cual, desde hace más de tres décadas, están obligados a depositar sus ahorros de jubilación en cuentas manejadas por empresas privadas del sector financiero, llamadas Administradoras de Fondos de Pensiones y mejor conocidas como AFP.

Privatización del sistema de seguridad social: ¿quién, cómo, cuándo?

Fue creado en 1980 por José Piñera, quien para ese entonces era ministro del trabajo del régimen dictatorial del exmilitar Augusto Pinochet. Se impuso sin consulta popular y de forma obligatoria para todos, salvo los militares. Fue asesorado por los Chicago Boys.

¿Cómo funciona el modelo de pensiones chileno?

A lo largo de su vida activa laboral, los chilenos depositan el 10% de su sueldo en forma de ahorros de jubilación a cuentas, que bajo una lógica de capitalización individual, son gestionadas por entidades privadas del sector financiero, agrupadas en las AFP.

¿Por qué los chilenos dicen que es injusto e insostenible?

1. Por su dinámica lucrativa:

– Los fondos no pueden ser retirados por los trabajadores sino hasta el día de su jubilación.

– El empresariado, sin embargo, sí puede utilizar a conveniencia los recursos provenientes del ahorro forzoso de años de trabajo como capital a favor de otras empresas sin que ello genere algún tipo de beneficio a modo de interés al pensionado.

2. No ofrece garantías para una vejez digna:

– El monto de la pensión de cada beneficiario es indefinido. Es decir, la valoración dependerá de los años cotizados y de la rentabilidad de los fondos y no de una cuota fija.

¿Cuánto gana un pensionado chileno?

Monto promedio: 215.000 pesos mensuales.

Si se suma el aporte previsional del Estado, el valor podría alcanzar los 230.000 pesos/mes.

Según datos de la Superintendencia de Pensiones, la mitad de las personas jubiladas en julio que cotizaron entre 30 y 35 años, están obteniendo una pensión menor a 250.000 pesos/mes.

Es decir, cada pensionado chileno gana menos del salario mínimo legal ubicado en 270.000 pesos desde el 01 de julio de 2017.

¿Cuáles son las proyecciones para los próximos años?

Según el Informe de la Comisión Asesora Presidencial:

  • El 99% de las pensiones serán inferiores al sueldo mínimo legal.

  • No menos del 50% de los jubilados que hayan cotizado más de 30 años obtendrán una tasa de reemplazo inferior al 39%.

¿Cuán rentables ha sido para los trabajadores el sistema de ahorro forzoso con las AFP?

Rentabilidad promedio anual:

’80: 12,36%

’90: 10,36%,

2000: 6,25%

Entre 2010-2016: 3,96%

¿A quién beneficia el negocio de las AFP?

El capital conjunto de las empresas agrupadas en las AFP supera los USD 200.000 millones, cifra equivalente al 75% del PIB chileno.

Grupo Luksic: las AFP invierten más de USD 8.400 millones en siete empresas de esta transnacional chilena que controla un gran número de industrias, desde la minería hasta las telecomunicaciones.

Grupo Matte: según la revista Forbes 2014, es el tercer holding más grande de Chile. También es el mismo del escándalo sobre la colusión del papel higiénico. Recibe más de USD 5.600 millones a través de sus nueve empresas.

Grupo Enel: recibe más de USD 4.000 millones.

Al menos USD 1.500 millones termina en manos de Cencosud de Paulmann, y de las filiales del Grupo Angelini.

Y por si fuera poco, los 10 bancos más importantes que operan en Chile, se reparten otros USD 40.000 millones que reciben por parte de las AFP.

¿Cuáles son las propuestas?

En 2016 las marchas en rechazo a las AFP marcaron un hito de participación, sólo comparado con las movilizaciones estudiantiles de 2011. De ahí que el debate haya logrado pasar de la calle a las instituciones, aunque aún sin mayores soluciones.

Opción 1: gobierno de Michelle Bachelet

  • Subir hasta un 5% la tasa de cotización, lo que cada chileno destina a las AFP.

El aumento se realizaría de forma gradual y mediante un impuesto al mercado de trabajo el cual sería consignado a un fondo solidario de pensiones.

2% del alza se destinará a “solidaridad intergeneracional”, otro 2% a “solidaridad intrageneracional” y un aporte para las mujeres.

  • Mantener y fortalecer el Pilar Solidario de invalidez y vejez que se encuentra vigente.

  • Mejorar la regulación en el mercado de la AFP.

Pros:

Permitiría mejorar las actuales pensiones en un 20% para quienes no reciben aportes previsionales solidarios y en un porcentaje menor para quienes tienen una pensión mayor a 600.000 pesos mensuales o reciben aporte solidario.

Contras:

87% de la cotización de los trabajadores seguirá en cuentas individuales manejadas por las AFP. Solo un 13% irá a reparto solidario.

Teniendo en cuenta que actualmente hay pensiones por debajo de los 150.000 pesos/mes, ese potencial aumento de 20% sólo podría llevarla hasta 180.000 pesos/mes.

Aumento en la tasa de cotización no alcanzará para compensar la caída en la tasa de rentabilidad en tanto, según cálculos oficiales, cada punto menos de rentabilidad puede significar un 25% menos de pensión.

A menos que los trabajadores laboren 75 años y/o se mejoren los salarios, las probabilidades apuntan a que los pensionados del futuro coticen 5% más, percibirán pensiones similares o incluso menores a los pensionados del presente.

Opción 2: organizaciones sociales

Desde la Coordinadora NO+AFP se defiende un sistema de reparto solidario y estatal que garantiza:

  • El pago de pensiones de acuerdo a los años cotizados.

  • Una pensión mínima contributiva que fluctúa entre 100% y 145% del Salario Mínimo, valores que actualmente equivalen a 278.000 y 390.500 pesos/mes.

  • Un Plan de Reservas Técnicas que fungirá como una “hucha” o alcancía para evitar gastar todos los ingresos en el pago de pensiones, y al mismo tiempo hacer frente a la transición demográfica sin necesidad de afectar las condiciones de futuros cotizantes.

Conclusiones:

La situación actual de los pensionados vislumbra el abandono del Estado sobre quienes han trabajado durante toda su vida, pero deberán seguir haciéndolo para poder sobrevivir.

El sistema de seguridad social de Chile fracasó, pues no cumple con el objetivo esencial que cualquier sistema de jubilaciones en el mundo: proteger el esfuerzo de toda una vida de trabajo y garantizar el pago de una pensión justa que permita vivir una vejez digna.

Las AFP han consolidado la matriz productiva chilena, caracterizada por ser monoexportadora, rentista y con altos niveles de concentración en manos de élites que, gracias a su poder económico, han conquistado espacios políticos para bloquear cambios en el sistema.

El plebiscito NO+AFP abrió un nuevo espacio democrático en los esfuerzos por reconfigurar una política pública que carece de legitimidad ciudadana.

Queda pendiente un debate sobre el trabajo y la precarización del mundo laboral chileno expresado en el deterioro de los salarios y las condiciones de trabajo formal que, pese al auge de la economía chilena en la última década, mantienen dilatada la brecha de desigualdad entre sus ciudadanos.

@clujan0




lunes, 6 de marzo de 2017

ECONOMÍA DE PERÚ: ¿VASO MEDIO LLENO O MEDIO VACÍO?



 

CELAG
06-03-2017


Perú ha sido una de las economías de más rápido ascenso en América Latina en la última década. Si bien el contexto externo favorable producto del auge de los precios de las materias primas en el mercado internacional impulsó el crecimiento de la mayoría de los países de la región, se podría afirmar que el desempeño económico de Perú fue bastante notable: en 2012 su PIB per cápita fue 32% superior respecto al de 2002, y durante ese mismo período el promedio anual de expansión giró en torno al 6.5% en un contexto de baja inflación.

La bonanza propició lo que economistas llaman un ‘círculo virtuoso’, hubo una mayor inversión pública y se expandieron algunos programas sociales. Según el Banco Mundial, el fuerte crecimiento generó una lluvia de empleos que redundó de forma positiva en los índices de pobreza. La pobreza monetaria[1], que en 2004 representaba el 43% de la población, en 2014 llegó al 20%.

No obstante, la visión triunfalista sobre un modelo de crecimiento basado principalmente en la exportación de minerales e hidrocarburos (alrededor del 74% del total) se impuso en la lógica común, desaprovechando así la época de ‘vacas gordas’ para encarar reformas estructurales a largo plazo como la justicia tributaria o la diversificación productiva. Es así como con el fin del superciclo de los commodities, el auge de la economía peruana también parece haber llegado a su fin. Sólo habría que mirar los números entre 2011 y 2014, cuando el precio del cobre, que representa la mitad de las exportaciones de la escasa canasta peruana, registró una baja de USD 141 a USD 116. Con ello la economía perdió dinamismo y el PIB se resintió. Acostumbrado a expandirse a un ritmo de más de 6% a lo largo de una década, se desinfló a poco más de dos puntos en 2014 (+2,35%). El frenazo también se reflejó en los empleos y salarios.

Vale, todos coincidimos: crecer importa. Pero aunque sean positivas, es un deber estirar la vista más allá de las cifras del PIB y preguntarse ¿cómo se crece? ¿es inclusivo? ¿es equitativo? ¿cómo se refleja en los indicadores sociales?

La pobreza se redujo, pero…

– De acuerdo con OXFAM, las brechas que separan a quienes cuentan con diversidad de recursos y oportunidades y quienes no, se ensancharon hasta tres veces. El peor castigo de esta realidad afecta desproporcionadamente a los más vulnerables: niños y adolescentes. El número de pobres entre la población menor de 14 años es casi el doble que entre los mayores de 14 años. Además, la desigualdad se observa también entre géneros: si bien los ingresos laborales han crecido en general, el ingreso laboral promedio de una mujer es un tercio menor que el de un hombre, prácticamente igual que una década atrás[2].

– El sector salud tiene serias deficiencias. Al término del año anterior, la desnutrición infantil fue de 13,3%, mientras que el 43,6% de los infantes sufría anemia crónica. Ambos se consideran un problema en las vidas de al menos 400 mil niños y niñas en todo el país.

– El desempleo está en aumento. Si a finales de 2015 se ubicaba en el 5,7%, en 2016 repuntó más de un punto hasta llegar a 6,9%: la tasa más alta en relación a los países de la Alianza del Pacífico. Por su parte, la tasa de desocupación juvenil se sitúa aproximadamente en el 18%. Entre las principales causas de desempleo juvenil se encuentran la deficiencia del sistema educativo y el abandono escolar temprano por razones principalmente económicas. Pero éstos no son los únicos resultados negativos en cuanto a trabajo se refiere. A esto hay que sumar un alto nivel de informalidad laboral (70%), con los fenómenos generalmente asociados de subempleo.

En este particular, el gobierno del nuevo presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczysnki (PPK) prometió que para 2021 su administración habrá conseguido que el 60% de los trabajadores peruanos pasen a la formalidad. Para ello, el líder de Peruanos por el Kambio prevé la reducción en un punto porcentual (de 18% a 17%) del Impuesto General a las Ventas (IGV) y la implementación de un régimen tributario especial para las pequeñas y medianas empresas, medidas que pese a no haber sido aprobadas todavía, PPK aseguró comenzarán a regir a partir del primero de julio de 2017.

De cualquier modo, la informalidad no es lo único que PPK tendrá que hacer frente en materia laboral. Las expectativas por un aumento del sueldo mínimo, que aún continúa siendo uno de los más bajos si se compara con otros países de América Latina y la necesidad de generar consensos sobre la Ley General de Trabajo y de crear incentivos para la capacitación laboral, serán otras de las batallas en materia laboral que el ejecutivo tenga que abordar en los próximos meses.

El 2017 será un año clave en este sentido. El gran desafío del gobierno será definir qué tipo de crecimiento quiere: uno que favorezca la gran inversión con rebajas de impuestos y enfocado hacia una flexibilización laboral; o por el contrario, uno con una perspectiva de desarrollo más amplia que coloque en el centro de la agenda la lucha contra la desigualdad y la inclusión socioeconómica de las mayorías.

Notas: 
[1] La pobreza monetaria es aquella situación en la que el nivel del ingreso o consumo de una persona es inferior en valor a una canasta de bienes y servicios esenciales.
[2] INEI (2015). Estadísticas con Enfoque de Género. Informe Técnico N° 2 – Junio 2015. Instituto Nacional de Estadística e Informática. Lima.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

CHILE: DEL SISTEMA PREVISIONAL FALLIDO AL NEGOCIO DE LAS AFP





14/12/2016

En los países donde ganan las corporaciones, siempre pierden los pueblos. El sistema económico de Chile es un buen ejemplo de esta realidad expresada en muchas de sus políticas sociales y comerciales. Políticas que han transformado derechos fundamentales en lucrativos negocios. Este es el caso de la protección social a los jubilados. Los chilenos exigen pensiones dignas, sin embargo el sistema previsional del país se ha convertido en una perversión insignia del modelo económico instaurado durante la dictadura militar de Augusto Pinochet.

Aunque el régimen dictatorial terminó hace más de un cuarto de siglo, el período de transición a la democracia no ha sido capaz de desmontar una de las políticas neoliberales más representativas de Pinochet. Se trata de las Administradoras de Fondos de Pensiones, mejor conocidas por sus siglas: AFP. El sistema de ahorro forzoso fue creado en 1980 por José Piñera, para entonces Ministro del Trabajo del ex dictador, y se impuso sin consulta popular y de forma obligatoria a la mayoría de los trabajadores, salvo los militares, quienes prefirieron mantener un sistema de jubilación aparte. Este hecho marco un hito en el Chile de Pinochet, que bajo la influencia de los Chicago Boys, convirtió al país latinoamericano en uno de los precursores de la privatización de la seguridad social a nivel mundial.

Funcionamiento del sistema previsional

El modelo de pensiones chileno parece rentable: a lo largo de su vida activa laboral, los ciudadanos depositan el 10% de su sueldo en forma de ahorros de jubilación a cuentas que, bajo una lógica de capitalización individual, son gestionadas por estas entidades privadas del sector financiero agrupadas en las AFP. Una de las principales características de este sistema privado de pensiones es que los fondos no pueden ser retirados hasta el día de la jubilación. Gracias a esto, el empresariado puede utilizar a su antojo los recursos provenientes del ahorro forzoso de años de trabajo como capital a favor de otras empresas sin que ello genere algún tipo de beneficio a modo de interés al pensionado.

Otra particularidad de las AFP es que el monto de la pensión de cada beneficiario es indefinido, es decir, dependerá de los años cotizados y de la rentabilidad de los fondos y no de una cuota fija. En este sentido, se estima que el 60% de las personas que cotiza por un período de al menos 30 años en las AFP, recibirá una pensión inferior al actual salario mínimo chileno.

De acuerdo con un informe de la Superintendencia de Pensiones de Chile, al 31 de mayo de 2016 el valor de los ahorros de esas cuentas alcanzó los USD 171.089 millones, registrando así un aumento del 6,2% con respecto el mismo período del año anterior. Sin embargo, de los 10 millones de trabajadores afiliados al sistema, más de un millón están jubilándose y no están contentos con el monto de pensión que reciben: USD 300 en promedio. Además, según datos de la Fundación Sol, de 336 mil pensiones de retiro programado para este año, el 91,5%  percibirá un monto menor o igual a los 231 dólares, lo que equivale al 62% del salario mínimo nacional, situación que deja en completo abandono a quienes han trabajado durante toda su vida, y deben seguir haciéndolo para poder sobrevivir.

Se trata de un escenario alarmante, más aún si se piensa que en los próximos años el 72% de los afiliados que tienen entre 60 y 65 años, edad legal de jubilación, acumula menos de USD 45.000 en su cuenta individual. Esto significa que sus pensiones ascenderían apenas a unos USD 220 mensuales, que hoy día en Chile no alcanza ni siquiera para alquilar una habitación. A esto habría que agregarle las pretensiones de subir la edad de jubilación y de incrementar las tasas de ahorro individual, medidas que expertos advierten podrían devenir en una catástrofe social de no mediar un cambio radical del sistema previsional.

Las cuentas no cuadran

Pese a que hoy están totalmente ilegitimadas por la mayoría ciudadana, las AFP se convirtieron en un negocio redondo para la clase empresarial chilena. A pesar de los bajos salarios y la relativamente baja tasa de cotización, el año 2014 las administradoras registraron ingresos por más de USD 10.300 millones por concepto de cotizaciones de trabajadores. Sin embargo, en el mismo año, se registró un gasto de apenas USD 4.200 millones para pagar pensiones. En este sentido, es necesario remarcar algunos datos contextuales:

1- Mientras un trabajador promedio  percibirá una pensión inferior a un sueldo mínimo mensual, las AFP generan beneficios diarios por el orden de USD 1.500 por jubilado.

2- De los fondos acumulados del ahorro forzoso, sólo un tercio es utilizado para pagar a los pensionados.

3- El resto del dinero cotizado es:

Gastado en las comisiones de las AFP por prestación de servicios.

Invertido en grandes empresas chilenas y extranjeras para duplicar sus millonarias ganancias.

¿Quiénes se llenan los bolsillos?

Una vez desvelado cómo se teje el negocio de las AFP, resta por preguntar cuáles son esos negocios capitalizados con el dinero de todos los trabajadores chilenos.

Las Administradoras de Fondos de Pensiones invierten más de USD 6.500 millones en al menos siete compañías del grupo Luksic, un consorcio empresarial chileno que controla un importante número de firmas líderes en diferentes sectores que van desde la minería, industria y alimentos hasta las telecomunicaciones. Otros USD 4.500 millones son invertidos en nueve empresas del grupo Matte, que es el tercer holding más grande de Chile según la revista Forbes de 2014. Por otro lado, a  la multinacional Cencosud, la tercera cadena de retail más grande de América Latina, propiedad del segundo hombre más rico de Chile, Horst Paulmann, le tocan USD 1.850 millones. Mientras que a Antarchile y otras filiales del grupo Angelini, con inversiones en energía, combustible y servicios agrícolas, le corresponden USD 1.670 millones de las AFP.

Sobra decir que bajo las AFP, el Sistema de Seguridad Social de Chile no está cumpliendo con el objetivo esencial que cualquier sistema de jubilaciones en el mundo: proteger el esfuerzo de toda una vida de trabajo y garantizar el pago de una pensión justa que permita vivir una vejez digna.  Al contrario, las AFP han consolidado una matriz productiva rentista con altos niveles de concentración en pocas manos y, adicionalmente, han dejado por fuera del debate sobre el trabajo la precarización del mercado laboral expresado en el deterioro de los salarios y las condiciones de trabajo formal que, pese al auge de la economía chilena en la última década, mantienen dilatada la brecha de desigualdad entre sus ciudadanos.

Crismar Lujano
Investigador CELAG



http://www.alainet.org/es/articulo/182359