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miércoles, 13 de noviembre de 2019

ENTREVISTA A ALFREDO APILÁNEZ SOBRE LA TEORÍA MONETARIA MODERNA (Y III)



No sólo Astarita, también M. Roberts, A. Shaikh o M. Husson han sido críticos con las propuestas de la TMM
13 noviembre, 2019 

Nos habíamos quedado aquí. Quedaba la parte prescriptiva de tu exposición. 

La parte prescriptiva de política económica se deduce directamente de tales principios. La TMM ofrece una revolución fiscal para enchufar la manguera del gasto público a la economía real y asegurar -ya que el desempleo es ‘una decisión política’- el pleno empleo absorbiendo el desempleo involuntario generado por el déficit de demanda efectiva del sector privado. Wray señala la tecla mágica: “Siempre pueden suministrarse unas finanzas suficientes para la plena utilización de todos los recursos disponibles a fin de apoyar el desarrollo de capital de la economía. Podemos servirnos del golpe de tecla para llegar al pleno empleo”. Tal planteamiento desemboca en la propuesta política estrella del movimiento: el trabajo garantizado. Como explica Mitchell: “el pleno empleo y la estabilidad de precios están en el corazón de la TMM. Un programa de trabajo garantizado es central para la TMM, es una herramienta clave para tener bajo control la inflación y el desempleo”. Por tanto, dado el nivel correcto de gasto público e impuestos, combinado con un programa de trabajo garantizado, los partidarios de la TMM afirman categóricamente que se puede alcanzar el pleno empleo con estabilidad de precios. Tal planteamiento representa obviamente una herejía para la ortodoxia neoliberal que afirma que el gasto público creador de empleo es peligrosamente inflacionario y la deuda una rémora para las futuras generaciones que lastra el crecimiento y la actividad productiva. Pero precisamente por eso suena tan atractivo, ¿no?

Sí, sí, pero surgen varias dudas. La primera: la existencia de criptomonedas, sin regulación del Estado en principio, ¿no refuta o “toca” la concepción del dinero de la TMM? 

En esta ámbito te diría Salvador –sin ser ni mucho menos experto en la materia- que comparto bastante la posición de la TMM, muy crítica con este utopismo monetario de ribetes sumamente reaccionarios, con ecos del anarcocapitalismo de los nostálgicos del patrón oro deseosos de cerrar el banco central y acabar con el dinero público. Cosas de excéntricos fetichistas del dinero como los austriacos, cuyo representante más mediático en España es el infausto Juan Ramón Rallo. Incluso el Fair Coin , la criptomoneda promovida por Enric Duran –el famoso Robin Bank que estafó casi medio millón de euros a la banca- despide un fuerte aroma al utopismo de varita mágica de raíz proudhoniana que tanto indignaba –en mi opinión con razón- a Marx.

Quizás sería útil pues clarificar conceptos, que ayuden a encuadrar la relevancia de las criptomonedas –y su supuesto potencial transformador-, resumiendo las funciones del dinero moderno para contrastarlas con las que cumplen estas supuestas revoluciones monetarias.

Adelante con ello. 

Podríamos dividir a título explicativo las funciones del dinero en dos campos: circulación y producción. Como medio de circulación el dinero funge como medio de cambio, de pago, unidad de cuenta y depósito o reserva de valor –el atesoramiento, la gran obsesión keynesiana-. En la esfera de la producción –el dinero-capital, descrito por Marx, pero ignorado por la ortodoxia y por los keynesianos- el dinero se convierte en capital cuando es avanzado con el objetivo de obtener un beneficio a través de la explotación del trabajo. La fuente del beneficio es la plusvalía que se origina en el empleo de trabajadores asalariados que crean más valor nuevo en el proceso de producción del que obtienen cuando son pagados en forma de salarios. La función del dinero como medida del plusvalor es uno de los aspectos cruciales de una economía capitalista y la clave de la conexión entre la fábrica de dinero-deuda de la banca privada –el dinero endógeno de los poskeynesianos- y el proceso de acumulación de capital.

La cuestión clave sería pues: ¿cuáles de estas funciones cumplen las critptomedas? Pues he de decirte que prácticamente ninguna. Me baso a continuación en un texto de Eduardo Garzón, quizás el estandarte más popular de la TMM en España, en mi opinión excelente, que enumera las principales críticas a esta supuesta liberación del yugo bancario-estatal que encarnan utópicamente las criptomonedas.

Parte de su innegable atractivo es que las criptomonedas y su columna vertebral subyacente, la cadena de bloques, le permiten al hombre promedio realizar transacciones con su vecino, de forma anónima y segura, sin intermediarios. Es la moneda perfecta para el libertarismo económico: el sector público no interviene ni en su creación ni en su regulación, de forma que cualquier persona puede llevar a cabo sus transacciones sin la necesidad de rendir cuentas a Hacienda o a la Justicia.

¿Y qué capacidad tienen los emisores del bitcoin –se pregunta Garzón, centrándose en la criptomoneda estrella- de lograr que su moneda sea ampliamente utilizada en la circulación, como medio de cambio, y en los pagos? Muy poca, teniendo en cuenta que no hay ni siquiera un único emisor, sino que cualquier usuario puede (tras un proceso complicado y prolongado) crear nuevos bitcoins.

A ello hay que sumarle otra limitación nada despreciable: sólo se pueden crear 21 millones de bitcoins. Esto es sencillamente el resultado de un diseño carente de sentido económico, ya que una economía necesita tanto dinero como actividades se produzcan en su interior, de tal manera que el límite es un propulsor de la especulación y del descomunal coste de generación de nuevas unidades.

Sí, sí, la cifra límite parece absurda, totalmente arbitraria desde un punto de vista económico… o incluso desde cualquier punto de vista. 

Por si fuera poco con las debilidades y amenazas de carácter estructural, se ha unido recientemente otra de carácter coyuntural: la generación de una burbuja especulativa. Hoy día buena parte de la gente compra bitcoins para venderlos a un precio más caro, haciendo una ganancia rápida por el camino. La espiral inflacionista es notoria y ya sabemos perfectamente que pasa con las burbujas: que en algún momento estallan y todo el artificio se va al garete.

Es decir, la supuesta panacea monetaria no sirve tampoco, debido a su extraordinaria volatilidad, como unidad de cuenta ni como reserva de valor, dos de las funciones básicas del dinero fiat respaldado por el banco central.

¿Hay más críticas? 

Las hay. Esto no es todo: la producción de bitcoins consume una cantidad desorbitada de energía. Los métodos de creación y funcionamiento de las criptomonedas son puramente electrónicos y necesitan la utilización de innumerables ordenadores en todo el mundo, lo que supone un elevadísimo consumo de energía. Un despilfarro energético en toda regla teniendo en cuenta que los métodos convencionales de creación de dinero apenas requieren consumo de energía.

Así pues, si la esencia de la matriz de rentabilidad del capitalismo financiero es la creación de dinero-deuda por parte de la banca privada como motor de la actividad económica –el dinero-capital- con el respaldo, en última instancia, de la emisión de dinero fiat de curso legal por parte de la banca central, al bitcoin y a la miríada de criptomonedas no les puede esperar un gran futuro más allá de circuitos minoritarios e inversiones especulativas.

Harina de otro costal es el formidable impacto que las tecnologías digitales están teniendo sobre el negocio bancario y la aparición de las llamadas fintechs –ágiles startups de pagos y préstamos digitales- que operan en ámbitos subsidiarios del dinero bancario -y no pretendidamente independientes, como las criptomonedas-. Y, sobre todo, está por ver el impacto de la irrupción de los gigantes de la tecnología, con su vasta base de clientes, su experiencia en la recopilación de datos y sus recursos financieros prácticamente ilimitados. Amazon ha lanzado una cuenta corriente, Google y Apple tienen sistemas de pago que convierten tu teléfono en una cuenta bancaria, y Facebook ha provocado fuertes taquicardias en los dueños de la fábrica de dinero con el lanzamiento de una nueva moneda, la Libra. Pero esa es como digo otra historia que está sólo en sus albores.

Acaso podamos hablar de esa historia en un futuro cercano. Cojo el hilo central de nuevo. Cuando se habla de trabajo garantizado, ¿de qué se está hablando exactamente? 

Como te decía, se trata de la propuesta estrella de política económica de la TMM. Si te parece, doy la palabra a sus portavoces en la mencionada Red MMT, que explican su defensa del pleno empleo garantizado por un Estado benefactor:

La prioridad es repensar la política económica colocando el pleno empleo digno en el centro de la agenda política, en coherencia con el mandato expresado en nuestras constituciones. El desempleo solo puede ser eliminado mediante una política fiscal adecuadamente expansiva que combine un aumento suficiente del gasto público y una disminución de los niveles de tributación sobre las clases populares y el tejido productivo. Dentro de este marco prevemos un Plan de Empleo de Transición; un programa permanente de empleo público que asegurará a todos el acceso a un empleo con un salario superior al del umbral de la pobreza y con condiciones dignas.

¿Sin duda suena bien, no te parece?  

Me parece, suena muy bien de entrada. 

El Estado –convertido en una suerte de “empleador de última instancia”-, sin subir los impuestos a los ricos ni aumentar la deuda pública, se encarga de remunerar el trabajo directamente mediante un pago –tomando como referencia el salario mínimo- a la cuenta bancaria del participante del programa de TG, de forma que se eviten intermediarios privados y tentaciones perversas en la gestión del dinero.

Por lo tanto, los déficits presupuestarios del estado (y el aumento de la deuda del sector público) no son –hasta cierto nivel- un problema. Ni que decir tiene que esto tiene un irresistible atractivo para la izquierda reformista como refutación de los dogmas neoliberales que fundamentan las políticas de austeridad. He aquí una justificación teórica del gasto público deficitario para lograr el pleno empleo sin tener que afectar gravemente al sector capitalista de la economía. Incluso se llega a amenazarles con llamarles al orden obligándoles a subir los salarios para no perder a sus empleados. Fíjate lo que dice la propuesta de trabajo garantizado de IU al respecto: “Los empleadores del sector privado se ven obligados a ofrecer salarios iguales o superiores a los ofrecidos en el TG –de lo contrario, sus empleados se irían al TG, que siempre está disponible–, logrando así acabar de facto con todos los puestos de trabajo en los que no se garantizan condiciones laborales dignas”. El tipo de empleos financiados directamente por el Estado serían pues aquellos no generados por el sector privado, como por ejemplo los que aparecen en esta lista elaborada por Bill Mitchell: “muchas actividades socialmente útiles, incluyendo los proyectos de renovación urbana y otros programas ambientales y de construcción, la asistencia personal a los pensionistas, y otros programas comunitarios. Por ejemplo, los creadores podrían contribuir a la educación pública como artistas itinerantes (sic)”.

Resulta difícil exagerar el idealismo –en el sentido estricto del término que recorre la tradición filosófica, como opuesto al materialismo- contenido en tales propuestas que ignoran las relaciones de poder y de producción imperantes bajo la égida del capital. Idealismo que ignora, sólo como botón de muestra, el papel del ejército de reserva marxiano en la evolución de la acumulación de capital y en la depresión del precio de la fuerza de trabajo. Me sumo en este punto a la crítica del economista marxista Michael Roberts, que creo pone el dedo en la llaga: “De esta manera, la TMM actúa como un respaldo del capitalismo: el Estado es el empleador de último recurso, pero no el principal empleador. Busca compensar (apañar) los fracasos de la producción capitalista, no reemplazarla”. Tal concepción está en las antípodas del planteamiento marxiano: en la teoría de Marx la desocupación es generada de manera endógena por el sistema capitalista. Es decir, el desempleo es sistémico y no se puede eliminar a discreción por un Estado benefactor.

En conclusión, de estar en lo cierto el enfoque de la TMM, se podría solucionar la desocupación en el capitalismo sin alterar de manera significativa las estructuras sociales a través de un Estado convertido en el mágico Deus ex machina que arregla el estropicio provocado por el capitalismo desquiciado. Para eso, bastaría con superar la “déficit-fobia”, creada artificialmente por el monetarismo neoliberal y la ortodoxia neoclásica, y enchufar la manguera del gasto a la creación de empleo. Como ves, peccata minuta 

Has hablado de las críticas de la ortodoxia neoliberal, pero también hay críticas desde ámbitos muy alejados. Desde el marxista por ejemplo. Así, Rolando Astarita, “La TMM y los argumentos monetaristas” https://rolandoastarita.blog/2019/09/19/la-tmm-y-los-argumentos-monetaristas/ T e copio sus palabras finales: “Es necesario entonces delimitar, en particular, a la teoría marxista de las propuestas de la TMM. En especial porque la derecha está empeñada en que todo lo “heterodoxo” aparezca más o menos igual. Enfatizo entonces: Marx o Engels jamás sostuvieron que el valor pudiera generarse imprimiendo billetes. No hay forma de adjudicarles semejante tontería”. 

Así es Salvador. Igual que en el caso de Roberts, no puedo por menos de suscribir la mayor parte de las críticas de Astarita que, dicho sea de paso, tiene uno de los mejores textos sobre la teoría keynesiana y poskeynesiana y es un extraordinario conocedor de las mismas. No sólo Astarita –que les califica con razón de curanderos sociales y hechiceros monetarios-, también otros economistas marxistas como el mencionado Michael Roberts, Anwar Shaikh o Michel Husson han sido críticos con las propuestas reformistas e idealistas de la TMM. No es de extrañar esta reacción crítica ante las extravagantes afirmaciones vertidas por los apóstoles de la escuela.  

¿Por qué no es de extrañar? 

En mi opinión, por tres motivos fundamentales: su falta de comprensión –como toda la escuela keynesiana- de la dinámica de fondo y de la evolución histórica de la acumulación de capital; su idealismo, sustanciado en su concepción del papel del Estado y su confianza en las reglas del juego de la democracia formal y, last but not least, su distorsión del papel del desempleo –el ejército industrial de reserva marxiano, como mencionábamos antes- en las relaciones de producción capitalistas y de la relación, sustancialmente simbiótica, entre los sectores público y privado en la dinámica de la acumulación.

Para no extenderme y evitar reiteraciones doy dos botones de muestra de lo anterior. Por ejemplo, esta propuesta de un nuevo socialismo (sic), no basado en la propiedad de los medios de producción sino en el control de la autoridad fiscal, que proponen Esteban Cruz y Parejo Moruno, enmendando sin ningún pudor la plana a la teoría de la explotación marxiana: “la tesis sobre la explotación aquí presentada se puede describir, no como una consecuencia de la propiedad privada de los medios de producción, sino del control del dinero en una economía monetaria de producción que los capitalistas se arrogan gracias a la elaboración de unas reglas arbitrarias para restringir la acción del Estado”. Es decir, arrebatando el control de la fábrica de dinero a los capitalistas bancarios y asumiendo las riendas del Estado benefactor tenemos ya el ‘nuevo socialismo’. Miel sobre hojuelas.

Y respecto al idealismo implícito en la concepción del Estado como instrumento para la reforma del sistema contra la ‘voluntad de las clases poderosas’, valgan las siguientes exhortaciones, extraídas del mismo texto, a liberar al Estado de su ‘captura’ por parte de los capitalistas: “La Teoría Monetaria Moderna provee de unos sólidos argumentos para hacer efectiva la “reforma crucial” que defendían Kalecki y Kowalik: la imposición contra la voluntad de las clases poderosas de la estabilización del sistema, abriendo nuevas perspectivas para el futuro desarrollo de las fuerzas productivas (…) Sin embargo, el uso efectivo de los mecanismos de los que dispone el Estado para la administración de la economía se encuentra bajo la captura de los capitalistas. Los aspectos políticos del pleno empleo, el poder de los intereses creados, son más importantes para los capitalistas que los rentables efectos producidos por la buena marcha de la economía”.

Así pues, se podría incluso ser conciliador e intentar convencer a las ‘clases poderosas’ de la bondad de sus propuestas para que desistan en su absurda actitud de resistencia frente a ellas. Su leit motiv de fondo consiste pues en decir: la austeridad neoliberal genera recesión, desigualdad y deuda crecientes y es irracional; por lo tanto es una política absurda que nos perjudica a todos. ¡Y tenemos las teclas mágicas para revertirla! La ‘reforma crucial’ que propone la TMM consiste pues en arrebatar al Estado de las manos de los capitalistas que lo tienen capturado para ponerlo al servicio de la ‘estabilización del sistema’ a través del buen uso del monopolio de emisión monetaria. Recuerdan en esto, desmereciéndolos incluso, a los viejos socialistas utópicos premarxistas. Y no dan respuestas convincentes a ninguna de las cuestiones claves sobre las relaciones de poder realmente existentes bajo la égida de la acumulación de capital.  

Como, por ejemplo… 

¿Cómo modificar sustancialmente el papel de la banca privada y los fondos privados de inversión, fulcro neurálgico de la actual matriz de rentabilidad del capitalismo neoliberal, basada en la hipertrofia del préstamo personal-hipotecario y en la multiplicación del capital ficticio en el casino global para sostener la maltrecha tasa de ganancia? ¿Cómo podrían coordinarse armoniosamente los dos focos generadores de actividad económica: el Estado soberano, cuyo Tesoro estaría integrado con un banco central financiador del pleno empleo a través del trabajo garantizado, y la banca comercial, financiadora de la inversión privada y de las descomunales burbujas de activos, cuyos intereses –interés público redistributivo y voraz beneficio privado en la esfera especulativa- son objetivamente contrapuestos? Sobre estas “nimias” cuestiones, la TMM, más allá de loables declaraciones de buenas intenciones de combatir la especulación y las malas prácticas de los depravados tiburones financieros, guarda silencio.

El eximio economista marxista Anwar Shaikh , que desarrolla una profunda teoría del dinero y la inflación en su texto ‘Capitalismo: competición, conflicto y crisis’, expone las razones que impiden que “un sabio y benevolente Estado pueda imprimir dinero para alcanzar el pleno empleo con inflación moderada”, el postulado central de la TMM: “En primer lugar, la TMM ignora los efectos de la tasa de beneficio en el crecimiento, el empleo y la inflación. En segundo lugar, omite completamente el conflicto de clase entre capital y trabajo. En tercer lugar, ignora la teoría marxista del ejército de reserva de trabajo, que, en el largo plazo, tiende a deprimir los salarios. Y, por último, omite que el estado, como empleador de último recurso, sería una amenaza para los negocios si pudiera contrarrestar la disciplina salarial”.

Y, por último, me gustaría referirme a los argumentos del economista marxista Xabier Arrizabalo que, en un reciente debate sobre la TMM entre Eduardo Garzón y Mario del Rosal, organizado por la asociación Economía Alternativa, lanzó una serie de críticas al idealismo de las propuestas de la TMM que creo resumen todo lo anterior:

No podemos hacer lo que queramos, cambiando las reglas del juego del capitalismo a discreción porque son expresión de relaciones sociales profundas. La TMM es la negación de la economía política que explica el conflicto distributivo entre clases antagónicas. La teoría social no es un pudding (sic), sino que tiene un núcleo que, en el caso de la economía, es cómo se produce y se distribuye el valor creado en una sociedad de clases. Resulta absurda la idea del manejo “libre” del Estado, negando que es expresión de las relaciones de producción. La TMM obvia la lucha de clases y lo reduce todo al marco institucional, proponiendo que se trata únicamente de cambiar la gestión.

Tales ilusiones recuerdan vívidamente a la ‘hipótesis populista’ del primer Podemos, popularizada por el ínclito Errejón, gran experto ‘laclauiano’, y basada en el planteamiento idealista de la autonomía de las estructuras sociopolíticas –el Estado, en lugar destacado-, cuya naturaleza profunda no se define y devienen sólo un producto “relacional”, resultado de la articulación de diferentes elementos. Tal política no tiene otro objetivo que hacerse con la maquinaria del Estado para dar un giro a las políticas del neoliberalismo y usarlo contra la minoría dirigente –la casta o las élites que lo han capturado- para ponerlo al servicio del pueblo.

Tan atinadas críticas desvelan el “idealismo” de la TMM, sustanciado en su incapacidad para incorporar el conflicto social en sus probetas financieras de laboratorio y, en mi opinión, justifican la necesidad, enfatizada por Astarita, de delimitar claramente las abismales diferencias con el marxismo que se reflejan en las críticas mencionadas. Lo cual obliga a dar respuesta negativa a las preguntas neurálgicas acerca de la viabilidad y el rigor de tales propuestas: ¿Reflejan de forma realista el engranaje profundo de la acumulación de capital y su historia reciente; dicho en otras palabras, permiten comprender la marcha del capitalismo y su lógica de fondo, profundamente depredadora y degenerativa? Y, en fin, ¿resulta útil, para avanzar en la imperiosa necesidad de una transformación social radical del ominoso sistema económico vigente, el diseño de ficticias propuestas reformistas de ingeniería financiera implementadas por un Estado benefactor que promuevan el ilusorio avance hacia un idealizado e irrecuperable capitalismo bonancible y redistributivo con paz social y pleno empleo?  

No creo equivocarme mucho si conjeturo respuestas negativas a ambas preguntas. 
Abusando más de ti y pensando en nuestros lectores. En 15 líneas, no te otorgo más, ¿cuáles serían tus principales críticas, incluyendo virtudes si fuera el caso, a la teoría monetaria moderna? 

De acuerdo Salvador. Un matiz solamente para evitar reiteraciones…  

Que a veces ayudan a asentar conceptos y argumentos. 

Como creo que las principales críticas ya las he expuesto en las respuestas anteriores, voy a ceñirme, para terminar, a las virtudes y añadiré, si me permites, una última reflexión crítica final de tipo más general.  

De acuerdo. Sigamos tu esquema. 

Así pues te haría, disculpándome de nuevo por la prolijidad –causada por la intención, no sé si lograda, de combinar el carácter didáctico con la argumentación crítica- una enumeración telegráfica de las virtudes de la TMM.
-Una correcta descripción del funcionamiento de la fábrica de dinero-deuda –sin coincidir con la teoría estatal cartalista del origen del dinero, en mi opinión, sumamente unilateral- en una economía monetaria con completa desmaterialización del dinero desde el Nixon Shock de 1971. Esta teoría del dinero endógeno –parte esencial del enfoque poskeynesiano- explica el papel neurálgico de la banca privada en la creación de burbujas de activos a través de la generación de crédito del puro aire frente a la falaz teoría tradicional de la ortodoxia neoclásica que describe a los bancos como intermediarios financieros.

-Y, relacionado con lo anterior, una crítica demoledora de la austeridad neoliberal y del monetarismo friedmaniano, desvelando sus fundamentos pseudocientíficos y su connivencia con la música celestial de la ortodoxia económica.

Poner en el candelero estos temas creo que ya es motivo suficiente para -lo cortés no quita lo valiente- reconocer una relevante aportación positiva.  

Muy justo por tu parte.¿Quieres añadir algo más querido Alfredo? 

Además de agradecerte nuevamente la oportunidad de explicar estas cuestiones y felicitarte por la agudeza de las preguntas, simplemente trataría de resumir, abusando una vez más de tu paciencia, lo anterior en una reflexión crítica final.  

No abusas. 

El problema principal de propuestas como la TMM –y también de otras reformas paliativas como la renta básica o el impuesto sobre la riqueza de Piketty- es que no registran que la degradación de esta sociedad capitalista es estructural, global, de todos sus ámbitos, y también, en lugar destacado, el estatal. Y, por tanto, que la fábrica de dinero es la encarnación del poder social al servicio del interés privado y no una herramienta técnica que, en manos de un estado democrático y soberano, se puede poner al servicio de las clases populares.

Resulta pues pueril políticamente y totalmente erróneo pedagógicamente ofrecer soluciones ‘dentro del sistema’ para problemas estructurales del capitalismo como el desempleo o la pobreza. Lo cierto es que, a pesar de su apariencia de respetabilidad y pragmatismo, quizás sean más utópicas y desnortadas sus prescripciones que la defensa de la ‘socialización de la banca y de los medios de producción’ propugnada por los radicales antisistema. Es por este motivo por lo que es necesario distanciarse de tales vanas ilusiones y desvelar el falso espejismo de los reguladores, creyentes en un capitalismo con rostro humano. Porque estas ilusiones, basadas en hacer retornar el ‘genio malo’ a la botella, no son solamente estériles, son también, desgraciadamente, mala pedagogía popular. Y representan por tanto obstáculos para el surgimiento de movimientos y luchas verdaderamente antagonistas que construyan alternativas radicales frente a las crecientemente desconyuntadas relaciones sociales en el capitalismo desquiciado. Se trata, en fin, de los viejos ‘cuentos de la lechera’ reformistas de los que hablaba Sacristán. Porque, cuando la cosa va realmente en serio, como decía Joan Robinson, nada sospechosa, por lo demás, de radicalismo extremista, se acaba cortando por lo sano y no parece que este sea el caso: “Cualquier gobierno que tenga tanto el poder como la voluntad de solucionar los principales defectos del sistema capitalista tendría la voluntad y el poder de abolirlo por completo”.

*
Entregas anteriores:
1.     Primera parte de esta entrevista: “Hay dos paradigmas monetarios que determinan la visión del sistema económico y de las políticas públicas” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=261945 .
2.     Segunda parte: “La escuela busca convertirse en un programa de política económica para la izquierda reformista en oposición frontal al monetarismo neoliberal” http://www.rebelion.org/noticia.php?id=262139 

jueves, 7 de noviembre de 2019

ENTREVISTA A ALFREDO APILÁNEZ SOBRE LA TEORÍA MONETARIA MODERNA (II)


por aapilanez

La escuela busca convertirse en un programa de política económica para la izquierda reformista en oposición frontal al monetarismo neoliberal


Nos habíamos quedado aquí. Recojo la frase: “El dinero es lo único que importa”. Dos dudas: creo entender que incluyes a la TMM dentro de la corriente poskeynesiana. ¿También los partidarios de la TMM se ven así? ¿Nos puedes citar el nombre de algún economista representativo de esa corriente? ¿Steve Keen por ejemplo?
Sí, te diría que la TMM comparte muchos rasgos comunes –también sin duda con alguna divergencia- con la matriz keynesiana. Dentro, eso sí, de su rama izquierda –opuesta al intento de integración del legado de Keynes, limando sus aristas más “subversivas”, dentro de la ortodoxia, perpetrado por Hicks y Samuelson y conocido como síntesis neoclásica- encarnada en la corriente poskeynesiana. Podríamos describir su leit motiv como la prioridad de la lucha contra el desempleo crónico, provocado por el déficit de demanda de consumo e inversión –el principio de demanda efectiva- en un capitalismo que no tiende al equilibrio de pleno empleo y el uso de las políticas fiscal y monetaria públicas como remedio: la función reparadora del Estado, cual Deus ex machina, para arreglar el engranaje averiado que provoca las recurrentes crisis capitalistas.
Así parece ser. En La moneda del pueblo, un libro de Stuart Medina Miltimore publicado por El Viejo Topo y prologado por Manolo Monereo, se señala precisamente eso que acabas de comentar:
[…] el objetivo fundamental que quiere alcanzar la Teoría Monetaria Moderna es el pleno empleo. Pleno empleo, derechos laborales y sindicales, servicios públicos y pensiones dignas, es decir, las reivindicaciones fundamentales en más de 150 años de conflictos sociales y de lucha de clases. Inevitablemente, alcanzar ese objetivo choca directa o indirectamente con aquellas posiciones que consideran que el pleno empleo de hombres y mujeres no es ya posible hoy, ni seguramente necesario. La Teoría Monetaria Moderna, sin embargo, cree posible cambiar el mundo, y argumenta cómo hacerlo; más allá del poskeynesianismo, pone de revés las actuales visiones económicas, desde la neoliberal a la keynesiana, defendiendo mediante el endeudamiento del estado una política de pleno-empleo. Una teoría turbadora, pues pone en tela de juicio conceptos universalmente aceptados, pasivamente, impuestos por las clases dirigentes.
Sí, ese párrafo que mencionas, con su tono salvífico de haber encontrado la ‘bala de plata’ que pueda ‘armonizar el capitalismo y la lucha de clases’, es muy característico de los apóstoles de la TMM. También sostienen, en el ámbito estrictamente monetario, en oposición frontal a la visión ortodoxa de la banca como intermediaria financiera entre el ahorro y la inversión, otro pilar de las teorías poskeynesianas: la teoría del dinero endógeno, creado del ‘puro aire’ por la banca privada para financiar la inversión y el crédito de consumo. Incluso el llamado cartalismo de Knapp –dinero como unidad de cuenta sin valor intrínseco creado por el estado, el dinero endógeno, por así decir, público-, otra de las fuentes nutricias de la TMM, fue ponderado favorablemente por Keynes al principio de su obra magna. Asimismo, la teoría de las finanzas funcionales de Lerner –liberar el gasto público de las ligaduras absurdas del techo de déficit y deuda, impuestas por la ortodoxia neoclásica- bebe de fuentes keynesianas –su texto de referencia es del año 46-. Y sí, como dices, los promotores de la TMM, más allá de sus polémicas fratricidas en un vaso de agua, reconocen a estos economistas –Keynes, Knapp, Lerner y el poskeynesiano Minsky- como sus padres fundadores.
El caso de Keen que mencionas, un reconocido discípulo del mencionado Minsky y autor de magníficos textos críticos con el dogma dominante de la ortodoxia neoclásica, es ligeramente distinto. Aunque pertenece a la misma tradición y comparte los postulados básicos del análisis teórico poskeynesiano, tiene diferencias en puntos concretos de carácter técnico –aplicabilidad en una economía abierta, con tipos de cambio flexibles, de los balances sectoriales, uno de los principios básicos de la TMM- por lo que no pertenece al núcleo duro de los principales apóstoles de la TMM. Este estaría formado, entre otros, por Bill Mitchell, Warren Mosler, Randall Wray y Stephanie Kelton, que son digamos los padres fundadores y los más activos publicistas –con un think tank irradiador en la Universidad de Missouri-Kansas City- de la corriente.
Además, Keen es sospechoso de herejía ya que tiene demasiada proximidad a los promotores de la corriente del llamado dinero seguro , partidarios de eliminar la creación de dinero-deuda por parte de la banca privada –muy atacados por los partidarios de la TMM por su errónea concepción del dinero fiduciario moderno- que defienden ideas “sacrílegas” como la QE para el pueblo –una especie de renta básica-, apoyada por Keen: es decir, que el banco central inyecte dinero directamente en las cuentas bancarias de los ciudadanos para reactivar la demanda. Esto choca frontalmente con los mandamientos de la TMM, enemiga acérrima de la renta básica y de cualquier idea basada en “regalar” el dinero a la gente.
En fin, disculpa la prolijidad, pero diría que, a pesar de sus diferencias y de su heterogeneidad, hay un denominador común en la convicción por parte de todos estos autores y corrientes en la posibilidad de reforma de las partes averiadas de la acumulación de capital –la esfera financiera de la fábrica de dinero pública y privada en lugar destacado- sin cambiar lo esencial del motor de la acumulación: la explotación del trabajo y la propiedad privada de los medios de producción.
Entiendo que formulas, al mismo tiempo pero sin confundirse, una descripción y una crítica. La segunda duda: decías antes que la teoría económica es una disciplina ideológica y tendenciosa. ¿No es, por tanto, una disciplina científica en tu opinión? ¿Ninguna teoría económica lo sería?
Correcto Salvador. Trato de hacer una descripción lo más fiel posible–cosa importante, ya que los acérrimos partidarios de la TMM son extremadamente susceptibles y proclives a ventilar sumariamente las críticas, tildando al osado oponente de ignorante y manipulador ‘paleomarxista’- sin ocultar –creo que es lo más honesto intelectualmente- mi posición crítica y el enfoque que la enmarca.
Bien, pues para que no resulte un tanto reiterativa la respuesta, ya que antes creo que ya la he contestado grosso modo, te haré una pregunta retórica: ¿puede aspirar a ser científica una ciencia social llamada economía en la que no existe el espacio ni el tiempo histórico, ni la incertidumbre respecto al futuro, ni las clases sociales, ni el dinero, ni las crisis ni el beneficio empresarial? ¿Cómo podríamos entonces calificarla? Vendría aquí a colación la famosa afirmación de la economista poskeynesiana Joan Robinson: “La economía es una rama de la teología”.  
Haces muy bien en recordar a Joan Robinson.
Gracias, falta que hace recordar a los –por desgracia, muy escasos- economistas honestos. Su compañero en Cambridge, el gran economista ricardiano Piero Sraffa , también compañero y crítico muy agudo de Keynes, describe lo ocurrido en la historia de la economía como un “terrible cambio” a partir de 1870, cuando se produjo la cesura con el enfoque “sensible y coherente” de los economistas clásicos: “Es necesario volver a la economía política de los fisiócratas, de Smith, Ricardo y Marx (…) Este natural y consistente flujo de ideas fue súbitamente interrumpido y sepultado en el fondo del océano; fue invadido, sumergido y arrasado con la fuerza de un maremoto por la economía marginalista. Tiene que ser rescatado”. El cambio de nombre mismo, que se dio desde la economía política clásica a la “economía” de Marshall a partir de 1870 es la “marca de división”. Realmente, como dice el discípulo de Sraffa, Luigi Pasinetti, hay un ‘abismo insondable’ entre los dos paradigmas. De ahí surge ‘alguna otra cosa’ que tiene, como decía Robinson, más que ver con la teología que con la ciencia. Gramsci tiene, coincidiendo con Robinson en el diagnóstico, una reflexión demoledora al respecto:
Hay que preguntarse si la economía pura es una ciencia o si es “alguna otra cosa”, aunque trabaje con un método que, en cuanto método, tiene su rigor científico. La teología muestra que existen actividades de este género. También la teología parte de una serie de hipótesis y luego construye sobre ellas todo un macizo edificio doctrinal sólidamente coherente y rigurosamente deducido. Pero, ¿es con eso la teología una ciencia?
El fulcro del que nació la escolástica marginalista, en palabras del historiador marxista Pierre Vilar, “fue la violenta reacción ante la tradición de economía política que arranca con Smith y Ricardo y que culmina con la demoledora crítica de Marx –cuya obra capital lleva el significativo subtítulo de ‘Crítica de la economía política’- y la consiguiente inserción del capitalismo en la sucesión de modos de producción con su tiempo histórico y su fecha de caducidad”. Ante esta historia “razonada” a través del conflicto entre las clases por el excedente económico –el “materialismo histórico”- la aterrorizada ortodoxia huyó de la realidad hacia el aséptico universo de la teoría pura y el subjetivismo: “la negación de la realidad por parte de una clase”.
El corolario inevitable de la búsqueda de una teología que describiera “un orden perfecto esencialmente sin clases sociales” fue la fulminante eliminación del campo de estudio de la flamante teoría económica –que, nada casualmente, había perdido por el camino el adjetivo de ‘política’ de la época clásica- de la distribución del excedente entre los partícipes del “juego económico”: capitalistas, asalariados y rentistas. En palabras de Rolando Astarita: “La necesidad de ocultamiento -ocultar la explotación del trabajo- y la inclinación a la apología de lo existente, han llevado a construcciones abstractas, que ni siquiera sirven para captar a vuelo de pájaro lo que está sucediendo en el mundo real”. De nuevo Vilar: “la reacción, después de 1871, de las ciencias humanas burguesas contra Marx, instintiva o sistemáticamente, las ha conducido en realidad fuera de la ciencia”.
El marxista francés Michel Husson capta la esencia del asunto: “La economía oficial es aún ciencia inmóvil en el sentido de que no registra ningún progreso acumulativo por invalidación gradual de hipótesis erróneas o de modelos incompletos”. Por ejemplo, la crítica demoledora –encabezada, por cierto, por Sraffa- a la que fue sometida la teoría neoclásica de la producción y de la distribución de la renta en el momento de las controversias cambridgianas tendría que haber desembocado en una invalidación irreversible de este esquema teórico. Y sin embargo, las miserias teóricas se escondieron bajo la alfombra. Todos los infortunados estudiantes que hemos tenido la desgracia de sufrir el lavado de cerebro de la teoría de la productividad marginal de los factores productivos–base de la legitimación del sistema a través de la justa retribución de los partícipes: cada uno recibe lo que aporta- podemos dar fe de ello.  
No parece ese un proceder muy científico...
En mi opinión, lo dices muy suavemente querido Salvador. Digamos que es el modus operandi al uso de los predicadores de la música celestial. Así pues, sólo el marxismo, en mi opinión, como heredero legítimo de la tradición clásica, sepultada en el fondo del océano por la ola marginalista-neoclásica, es ciencia “razonada” en el sentido de dar una fundamentación racional a la crítica del capitalismo y al programa de transformación social que representó la aspiración revolucionaria del movimiento obrero. Siendo por tanto la única escuela de pensamiento económico que toma en consideración central el hecho socioeconómico esencial al sistema de la mercancía: el conflicto distributivo y la explotación del trabajo. Estamos pues ante una teoría económica no mistificadora. Si no me equivoco, Sacristán tiene bellísimos pasajes sobre la cientificidad del análisis de ‘El Capital’, en su intento ciclópeo de representar adecuadamente el movimiento real de la sala de máquinas de la acumulación de capital para servir de fundamentación racional de la lucha de las clases populares por la transformación social. Esta es, dicho sea de paso, la gran falencia de la corriente keynesiana y, dentro de ella, de la TMM, en su pretensión de arreglar el mecanismo averiado sin sustituir el corazón del engranaje –más bien ocultándolo-.  
No te equivocas en absoluto en lo que apuntabas de Sacristán. Recordemos, si no te importa, un libro que recoge una buena parte de sus escritos: Escritos sobre El Capital (y textos afines) (El Viejo Topo, Mataró, 2004). ¿Y por qué teoría monetaria moderna?¿A qué se refiere aquí moderna?
Pues bien, como te decía, la TMM se encuadra –aunque tiene también otros precursores como el chartalismo- dentro de la corriente llamada poskeynesiana -en oposición a la neokeynesiana de la llamada síntesis neoclásica, mucho más conservadora y ortodoxa, a la que pertenece por ejemplo el archifamoso premio Nobel Paul Krugman, enemigo acérrimo de Keen y muy crítico con la TMM-. Para entender su origen habría que mencionar dos hechos capitales: la crisis del keynesianismo tradicional, causada por el advenimiento del monetarismo neoliberal tras el final de los 'treinta gloriosos' en la crisis de los años 70 y, en el ámbito estrictamente monetario, la desmaterialización total del dinero tras el Nixon Shock -el abandono definitivo de la convertibilidad del dólar y el oro que significaba el acta de defunción del sistema de Bretton Woods, regulador de los tipos de cambio y vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial-. Estos dos hechos, en el marco de la derrota de las recetas neokeynesianas de estímulo de la demanda ante la aparición de la estanflación -altas tasas combinadas de desempleo e inflación- en la profunda crisis de los años setenta, habilitan una necesidad, dentro de lo que podríamos llamar ‘izquierda del capital’ de construir una alternativa renovada al paradigma monetarista, hegemónico en las políticas neoliberales de Reagan y Thatcher a partir de los años 80. Ahí es donde se sitúa en mi opinión la ‘ventana de oportunidad’ de la TMM.
Así pues, el término moderna se debe a que el núcleo descriptivo y el campo de aplicación de la teoría se ciñen a un sistema monetario como el actual, donde el dinero se crea 'del puro aire' por el Estado y la banca privada y carece de valor intrínseco –el llamado dinero fiat-, no habiendo en principio ningún límite para su creación e inserción en el circuito económico.
Te vuelvo a interrumpir. Que el dinero se cree del puro aire por parte del Estado, puede entenderse, pero ¿qué es eso de que la banca privada cree así el dinero que, afirmas, carece de valor intrínseco, no habiendo además ningún límite para su creación e inserción en el circuito económico?
Pues así es Salvador, se trata sin duda uno de los secretos mejor guardados. La abrumadora mayoría de la población –lo dicen algunas encuestas- cree en la cantinela de la música celestial de la ortodoxia que afirma que los bancos son intermediarios financieros que canalizan el ahorro de los sufridos ciudadanos hacia la inversión de los sacrosantos emprendedores y que el dinero lo crea el banco central con la impresora de billetes. Hay una frase de Galbraith en su magnífico texto sobre la historia del vil metal, que describe la situación de confusionismo generalizado sobre tan neurálgica cuestión: «El estudio del tema del dinero, por encima de otros campos económicos, es el tema en el cual la complejidad se utiliza para disfrazar la verdad o para evadirla, en vez de revelarla».
Pues bien, nada más lejos de la realidad, te lo aseguro. El dinero lo crean los bancos en forma de deuda para financiar la actividad económica y representa nada menos que el 97% del que circula –el otro 3% son los billetes y monedas del Banco Central, que es lo que se considera comúnmente como dinero-.
Déjame que remarque el porcentaje, el dato: el 97% del dinero que circula.
Exacto, es una cifra realmente impresionante, más aun teniendo en cuenta que se trata de deuda generadora de intereses. La banca produce por tanto el dinero de la nada, del puro aire y es la planificadora de la actividad económica hacia las burbujas de activos –destacadamente inmobiliarios- y no hacia la economía productiva. Este es el gran secreto de su enorme poder. Planificar la economía dirigiendo la financiación hacia determinados sectores y actividades. Vivimos sobre montañas de deuda. Deuda de las empresas, de las familias y del Estado. Actualmente en España la deuda total -con su colosal carga de intereses a cuestas- triplica la riqueza generada en la economía. Galbraith dijo también algo muy ilustrativo al respecto: “El proceso de creación de dinero por los bancos es tan simple que repugna a la mente”.
El capitalismo actual es pues un castillo de naipes en el que todo se fía a la subida del precio de los bienes inmobiliarios y de los activos financieros que se empaquetan con ellos a partir de la deuda colosal generada por la banca privada. Esa es la función clave de la fábrica de dinero moderno, sostener artificialmente la –como decíamos antes- languideciente tasa de ganancia del capitalismo senil
Una de las grandes aportaciones de la corriente poskeynesiana a la que se adscribe la TMM fue precisamente la teoría del dinero endógeno que, en contraposición a la música celestial de la ortodoxia, afirma que el primun mobile de la generación de actividad económica es la creación de dinero-deuda del puro aire por parte de la banca privada para satisfacer las necesidades de la acumulación de capital.
No es de extrañar por tanto la creciente virulencia de las crisis financieras en la fase neoliberal, cuyo ‘canario en la mina’ son las enormes montañas de deuda –principalmente crédito hipotecario- generadas por la banca privada y empaquetadas en creativos productos de ingeniería financiera esparcidos por toda la nebulosa del casino global. La expropiación financiera, vía intereses y todo tipo de peajes rentistas, se convierte en un vía de creciente extracción de rentas a las clases populares, añadida a la explotación laboral. Creo que tenemos muy recientes experiencias de las consecuencias de esta extravagante configuración del capitalismo realmente existente que califiqué –si me permites la impudicia de la autocita- en un texto reciente como ‘capitalismo desquiciado’.
Tenemos recientes experiencias de todo ello, tienes razón, más que dolorosas. No me extraña que hablaras de capitalismo desquiciado. Recuerdo que abrías con una cita de Michel Husson: “Según Marx, el capitalismo es un sistema injusto (explotación) e inestable (crisis). Pero es también, llegado a un cierto punto, un sistema que aparece como irracional, a causa de la situación a la que le han llevado los mismos éxitos derivados de su propio modo de eficacia”. Prosigue por favor.
Sí, es una cita excelente, que refleja muy bien ese ‘desquiciamiento’ del capitalismo financiarizado del que hablábamos antes. Pues bien, como decíamos, retomando el hilo, a partir de principios de los años 90, el cuerpo doctrinal de la TMM va adquiriendo consistencia a partir de los trabajos de Mosler, Bill Mitchell -quién acuñó el término 'moderna' y publicó el trabajo seminal que sentó sus fundamentos- y, quizás el más conocido, Randall Wray, que en 1998 publicó el texto 'Comprendiendo el dinero moderno' que sirvió de acta fundacional del nuevo credo y facilitó enormemente su difusión internacional.
No resulta sorprendente pues que el impulso definitivo para intentar convertir a la TMM en el sustrato teórico de las políticas socialdemócratas de la izquierda reformista contra el desempleo masivo y la despiadada desigualdad de rentas fuera el estallido de la crisis financiera de 2008 y la subsiguiente aplicación implacable de las políticas de austeridad basadas en el credo neoliberal-monetarista. Actualmente, su influencia –algunos hablan del atractivo ‘rockero’ de una teoría sexy, que ha desbordado los estrechos ámbitos en los que habitualmente se desarrolla la discusión en teoría económica- se ha disparado y la TMM goza de predicamento en los medios masivos “progresistas” y en crecientes ámbitos de la izquierda del establishment. Sin embargo, en el caso español, no sería hasta el año 2015, con ocasión de la presentación de un libro de Randall Wray, uno de los popes de la disciplina, cuando se sentarían las bases para un proyecto propio con la creación de la primera asociación TMM de España, la Asociación por el Pleno Empleo y la Estabilidad de Precios y la creación posterior de la Red MMT, el think tank más activo de la escuela en España. Como ves, vamos siempre un poco a remolque de las nuevas tendencias.
¿Y quiénes componen esta red MMT? ¿Qué tipo de acciones realizan?
En este caso, querido Salvador, me vas a permitir que prefiera no contestar a tu pregunta dado que no me considero en absoluto cualificado para explicar sus actividades. Te propongo, si me permites el atrevimiento, que una entrevista a alguno de sus promotores –ahí sí que te puedo dar dos nombres: el mencionado Stuart Medina Miltimore y el economista Esteban Cruz Hidalgo- pueda servir para el doble objetivo de dar cumplido detalle de sus planteamientos y actividades y servir, si lo consideran conveniente, de justa réplica a mis críticas. Disculpa de nuevo la osadía.
Tomo nota de tu sugerencia, ¿Algún partido español es partidario de la TMM? El Viejo Topo, como comentábamos antes, publicó un libro sobre la teoría: La moneda del pueblo, el que fue prologado como te decía por Manolo Monereo.
Me vas a disculpar aquí también mi ignorancia Salvador, pero sin conocer tampoco muy a fondo los programas de los partidos llamados de izquierdas, lo que sí que te puedo decir es que las mentes pensantes de Izquierda Unida –los hermanos Garzón, Sánchez Mato y por supuesto, como mencionas, Monereo- comulgan con los principales postulados de la TMM –soberanía monetaria y trabajo garantizado a través del papá Estado- y son sus grandes impulsores –sobre todo Eduardo Garzón- en España.
De hecho, han presentado recientemente un Plan de Trabajo Garantizado en la línea de los postulados de la TMM. Les viene como anillo al dedo para adornar su planteamiento político reformista-socialdemócrata.
En el caso de Podemos, su economista jefe, Nacho Álvarez, es mucho más moderado, un socialdemócrata más tradicional. Es habitual verle compartir en redes noticias relacionadas con las propuestas del partido morado, como el impuesto a los bancos, la subida del salario mínimo, la jornada laboral de 34 horas, la reforma fiscal progresiva, la conciliación laboral o restablecer el impuesto del patrimonio. Nada que ver con la ‘revolución monetaria’ que propone la TMM: salir del euro y recuperar la soberanía monetaria para alcanzar el pleno empleo. Le veo más próximo a los keynesianos ortodoxos como Krugman y Stiglitz que a los principios “radicales” de la TMM.
Pero hablo desde la distancia como te digo. El libro que mencionas, titulado pomposamente ‘La moneda del pueblo’ y escrito por Stuart Medina es un divulgativo resumen, apto para no iniciados, de los principios básicos de la propuesta que profesa el autor con enorme devoción.
Perdona el atrevimiento: ¿tú no eres partidario de la soberanía monetaria, de la salida de la eurozona?
Bueno Salvador, creo que esto de la soberanía monetaria realmente no es más que un slogan que no tiene aplicación real, un brindis al sol vamos. Veamos, si hablamos en serio, cuáles son sus implicaciones.
Veámoslas.
Toda la arquitectura de la matriz de rentabilidad del capital en el último medio siglo se basa en dos pilares: en primer lugar, la planificación económica, ante la crisis del fordismo de los ‘treinta gloriosos’, basada en la creación de dinero-deuda por parte de la banca privada y los descomunales flujos de liquidez que circulan por la ‘banca en la sombra’ y los mercados financieros globales, dirigida hacia la financiación de burbujas de activos ante la necesidad de apoyar la menguante acumulación a través de la hipertrofia de la deuda y de los mercados financieros globales. E, inseparablemente del anterior, el papel neurálgico de la banca central moderna en el apuntalamiento del sistema bancario y del circuito financiero en general, ejerciendo como prestamista de última instancia y garante del circuito crediticio a través de la inyección masiva de liquidez que le permite su condición de monopolista en la creación del dinero de curso legal –el único dinero de verdad-. El papel estrella de la FED y del BCE como “salvadores” del capitalismo y del sistema financiero quebrado –a través de la taumatúrgica QE o ‘expansión cuantitativa’- tras la crisis del 2008 demuestra esta centralidad neurálgica de la banca central moderna. El rasgo esencial para preservar esta función de pilar que apuntala el modelo de negocio de la banca comercial, a través de la expropiación de recursos públicos que supone la deuda pública, es su completa independencia –consagrada en el caso del BCE en el infausto Tratado de Maastricht- de los gobiernos y la prohibición de financiarlos directamente. Esto por no mencionar su papel de ‘cirujano de hierro’ en la aplicación de paquetazos y reformas neoliberales –véanse las cartas entre Trichet y Zapatero en los peores momentos de la crisis de la ‘prima de riesgo’ para comprobar la absoluta sumisión de los poderes soberanos a la fábrica de dinero-.
Sí, sí, las recordamos muy bien. ¡Qué tono impositivo!
Pues bien, lo que quiero decir con esto es que la propuesta de soberanía monetaria -que conllevaría el hecho, cosa ya de por sí harto improbable, de unificar el banco central y el tesoro público, partiendo el espinazo de la sagrada independencia de la banca central- de los partidarios de la TMM es completamente utópica e ineficaz. Sin cortar el nudo gordiano que representa la matriz de rentabilidad descrita basada en el dinero-deuda creado del ‘puro aire’ por la banca comercial y sin ‘meter mano’ en los flujos de capital de la nebulosa de las finanzas globales, tal soberanía no sería más que un inoperante brindis al sol. El banco central no es más, si me permites de nuevo la expresión, que un mamporrero que facilita y lubrica el funcionamiento del engranaje de los mercados financieros en su papel de generador del dinero ‘fuerte’ de curso legal. Así pues, en mi opinión, una propuesta semejante, en la línea habitual de la izquierda reformista, no es más que otra forma de empezar la casa por el tejado dejando incólume la sala de máquinas del circuito financiero en el que se basa actualmente la parte del león de la acumulación de capital. No me extiendo más, espero que se entienda mi posición.
Intentando resumir poco a poco. ¿Nos puedes dar cuenta de las principales tesis de la TMM?
Como mencionaba antes, la vocación de la escuela es convertirse en un programa de política económica para la izquierda reformista –de ahí su reciente éxito en Estados Unidos, con gran predicamento en el ala izquierda del Partido Demócrata, liderada por Bernie Sanders y Ocasio-Cortez, partidarios del keynesianismo verde y del Green New Deal- en oposición frontal al monetarismo neoliberal. Esta aspiración explica sus principales propuestas.
Podríamos dividirlas en una parte descriptiva y en otra prescriptiva. En relación a la primera, la TMM ofrece una teoría del origen del dinero y una descripción de su funcionamiento en una economía de moneda fiat, administrada por un estado soberano, y de dinero-deuda fiduciario producido por la banca privada ‘del puro aire’ –el llamado dinero ‘endógeno’-.
La escuela cartalista, a la que se adscribe la TMM, describe el origen del dinero como ‘una criatura del estado’, en oposición a la tesis tradicional del origen del dinero como una mercancía más –los metales preciosos- para facilitar los intercambios, propia de la ortodoxia neoclásica. Según el fundador de la escuela, George Friedrich Knapp, es absurdo intentar comprender el dinero sin la idea del Estado: “el dinero no es un medio que surge del intercambio. Es más bien un medio de llevar la contabilidad y saldar deudas, de las que las más importantes son las de los impuestos”. El trabajo del antropólogo David Graeber, fundamentando el origen del dinero como moneda de cuenta e instrumento de pago de deudas a lo largo de la historia, significó una importante contribución a esta tesis.
El segundo rasgo de esta descripción aséptica del sistema monetario representa el corazón de la TMM y conecta directamente con las políticas económicas propuestas. Como proclama Randall Wray, uno de los padres fundadores: “Hemos descubierto la manera en que el dinero funciona en la economía moderna”. Como dice Bill Mitchell:
Uno se da cuenta inmediatamente de que el gobierno nacional monopoliza la emisión de esa moneda. Significa que al gobierno nacional, en ese sistema, nunca le puede faltar esa moneda, nunca puede quedarse sin dinero. No necesita, que usted ni yo le prestemos dinero. Esa es la primera premisa de la Teoría Monetaria Moderna: los gobiernos no tienen restricciones a la hora de gastar porque necesiten aumentar sus ingresos.
El estado, como emisor monopolista de su moneda no tiene pues, en principio, ninguna restricción de gasto. Al contrario de una empresa privada, nunca puede quebrar. Así pues, el gasto gubernamental no está limitado financieramente –ni siquiera requiere recaudar impuestos o emitir deuda previamente- y ningún gobierno soberano puede tener problemas para cumplir con sus obligaciones. El Estado funge pues como un Deus ex machina, con una intervención decisiva en la reparación de las gravísimas insuficiencias del capitalismo financiarizado. Esto supone ciertamente un sacrilegio para la creencia ortodoxa de que los impuestos distorsionan los incentivos individuales, que el endeudamiento creciente de los gobiernos sube los tipos de interés y afecta a la inversión privada y que el gasto público termina por generar hiperinflación.  
Queda la parte prescriptiva. Te pregunto sobre ella. Tomemos un nuevo descanso, el último.
De acuerdo.
(*) Primera parte de esta entrevista: Entrevista a Alfredo Apilánez sobre la Teoría Monetaria Moderna,TMM (I). “Hay dos paradigmas monetarios que determinan la visión del sistema económico y de las políticas públicas”