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viernes, 3 de julio de 2020

PREGUNTAS SOBRE LA POBREZA



·        Marcelo Colussi
03/07/2020



Para los de arriba hablar de comida es una pérdida de tiempo. Y se comprende, porque ya han comido”. Bertolt Brecht

I

Acometer el tema de la pobreza es particularmente difícil. Lo es por varios motivos; por un lado, es un fenómeno complejo, multicausal, que se liga definitivamente al ámbito económico, pero que no se agota ahí. Hay muchos elementos en juego, y sin caer en la superficialidad de repetir que se dan solamente factores subjetivos para explicarla (“se es pobre porque no quiere superarse” o patrañas por el estilo), es cierto que allí se entrecruzan muchos determinantes. Por otro lado, ampliando las dificultades, es un tema ríspido, odioso, dado que es sumamente dificultoso encontrar las soluciones concretas.

Indicando rápidamente, quizá como primera aproximación, que identificamos pobreza con carencias materiales, con falta de recursos, podría decirse que la historia toda de la Humanidad es una constante lucha contra este fantasma. El puesto del ser humano en el mundo no está asegurado de antemano. Está claro que no somos el centro de la creación, ni que vivimos en un paraíso. La realización humana, si así puede llamársele, es una permanente búsqueda de satisfacción de necesidades básicas que permiten sobrevivir, búsqueda que, ya bien entrado el siglo XXI y con todo el potencial técnico que se ha llegado a acumular, no termina nunca de colmarse. Hoy día se produce entre un 40 y un 50% más del alimento necesario para nutrir a toda la población mundial, pero el hambre sigue siendo una de las principales causas de muerte de nuestra especie, mientras que la actividad más dinámica, que conlleva las más altas cuotas de inteligencia incorporada y genera la mayor ganancia, es ¡la producción de armas! En otros términos: la muerte está en el centro de nuestras vidas (“pulsión de muerte” dirá el Psicoanálisis).

De todos modos, la idea de pobreza no está especialmente ligada a ese estado originario de carencia que debe ser satisfecho día a día. Un pueblo determinado, en cualquier momento de su historia, simplemente debe cumplir con el colmado de esos satisfactores para seguir manteniéndose como unidad, con la tecnología que dispone según su grado de desarrollo (paleolítico, agricultura de subsistencia, sociedades post industriales altamente robotizadas, etc.). En esa tarea cotidiana, independientemente de su capacidad productiva, una sociedad no se siente “pobre”. La noción de pobreza aparece cuando hay puntos de comparación: un colectivo social es pobre con respecto a otro visto como rico, una clase social es una u otra cosa relativamente a otra, así como lo puede ser un individuo, sólo en parangón con otro -un anacoreta, aunque desnudo, puede ser infinitamente rico, comparada su vida espiritual con la de otro, un ciudadano urbano “estresado” por sus deudas -digámoslo utilizando el lenguaje de moda-, y con muchas “cosas” a su alrededor. La pobreza habla, en todo caso, no de la cantidad de medios de sobrevivencia sino del modo de su apropiación, de su distribución social.

El jefe de una tribu bosquimana es pobre puesto en la bolsa de valores de New York, pero no lo es en su contexto originario: allí es el jefe. Seguramente hoy la vida de un trabajador término medio de cualquier país industrializado es más rica, en cuanto a acceso a bienes materiales, en relación a lo que puede haber sido la de un faraón egipcio, o la de un Inca del Tahuantinsuyo (sin agua caliente ni teléfono celular, por ejemplo). Pero hay una diferencia sustancial entre la vida del ciudadano actual y la de un monarca. ¿Quién es más rico? Difícil establecer la comparación, por cierto.

Con todo esto, entonces, queremos situar la idea de pobreza -y por tanto su contrario: la riqueza- en tanto productos históricos, sociales. Un monarca, un jefe, el sacerdote supremo de la tribu, etc., dispone de una cuota de poder definitivamente superior a la de un asalariado moderno con acceso al confort material generado por la industria de estos últimos 100 años, el cual no deja de ser, pese a todos los bienes materiales, más pobre en términos de relación política. Sería tonto quizá preguntar cuál es más rico o cuál más pobre. En todo caso esto nos ilustra, una vez más, de lo complejo del tema. La reina Isabel la Católica, en el poderoso reino español de fines del siglo XV e inicios del XVI, estuvo ocho años con la misma blusa como promesa hasta que se venciera a los moros. ¿Alguien osaría decir que era una pobre diabla mugrienta y maloliente?

II

Hacer una lectura histórica del concepto de pobreza lleva a una exégesis que, además de no ser el objetivo de este breve escrito, implicaría un recorrido monumental por la historia humana. Recorrido que debería tomar en cuenta los distintos momentos habidos en relación al desarrollo de la capacidad productiva, y a la forma en que el producto de esa capacidad fue repartido socialmente.

“Pobres ha habido siempre”, dice una visión simplista de las cosas. ¿Pero desde cuándo es posible comenzar a encontrarlos como tales en la historia? En la época de las cavernas nada podría autorizar a verlos como realidad social concreta. ¿Habría cavernícolas pobres? No, sin dudas. El concepto presupone ya la idea de propiedad privada. En todo caso, ante ese paso trascendental que significa la humanización de algunos monos dos millones y medio de años atrás en el corazón del África (el Homo habilis), más bien deberíamos ver una riqueza cualitativa fenomenal: un animal comienza a modificar su entorno natural, produce cambios deliberadamente, trabaja. He ahí una primera riqueza humana espectacular, aunque las condiciones materiales de sobrevivencia de aquellos ancestros hoy las pudiésemos considerar como de la más radical pobreza. Sin embargo, en realidad, no puede hablarse de “pobreza”, sino de medios de sobrevivencia más escasos que los actuales (no había agua caliente en la ducha ni teléfonos inalámbricos inteligentes con conexión a internet).

Se puede hablar con propiedad de pobres, ya como categoría sociológica, en la medida en que aparecen sus contrarios: los ricos. Las sociedades claramente divididas en clases sociales presentan pobres: hay una división clara entre los que tienen y los que no tienen. ¿En nombre de qué sucede esto, se establece, se acepta, se sacraliza? ¿Qué mecanismo natural lo decide? No entraremos a ver el por qué de esta dinámica histórica, dado que el tema exige, en sí mismo, un desarrollo infinitamente más amplio de lo que aquí nos proponemos. Lo que sí puede anticiparse es que el intentar dar respuestas convincentes a estos interrogantes ha suscitado reflexiones, tomas de posiciones, revoluciones y un sinnúmero de acciones varias en la historia universal, sin que hasta el momento se haya superado el problema (porque sigue habiendo pobres y ricos todavía, y como van las cosas, nada hace pensar que eso vaya a desaparecer en lo inmediato. El sistema capitalismo no parece estar cayendo). Las primeras Revoluciones Socialistas, paso a un mundo futuro sin clases sociales, se concretaron en algunos puntos del mundo hace apenas un siglo; hoy están en retroceso, pero nada indica que la historia haya terminado, y que el actual sistema capitalista (¡con super ricos y mayorías super pobres!) sea eterno. ¿Por qué, si no, se defendería a capa y espada con armas ideológico-culturales y físicas?

En tanto hay una injusta, una asimétrica repartición del producto social, hay pobres. Esto es: los pobres se definen en relación a sus contrarios. Aunque pueda parecer un juego de palabras (pero no lo es, por cierto), es especialmente reveladora esa oposición: hay pobres en tanto hay ricos, hay quienes tienen menos (están carenciados) en tanto hay otros que tienen demasiado (les sobra). Dicho de otro modo: la propiedad privada de los medios de producción (tierra, instrumentos de trabajo, dinero) establece una clase que se apropia de la mayor parte de esa riqueza social (los “ricos”) y una masa de trabajadores -en general asalariados en el capitalismo- (obreros industriales, trabajadores rurales, personal técnico-profesional, amas de casas sin sueldo) que produce esa riqueza, de la que se apropia una mínima parte (los “pobres”).

¿Por qué a algunos les sobra y a otros les falta? Este es el eje medular para entender el fenómeno de la pobreza: hay quienes tienen poco porque otros poseen de más. Muy simple -o muy complicado-: hay una injusta distribución. No hay otra explicación.

Entendida así, entonces, la pobreza es un fenómeno enteramente humano, social. No tiene parangón en el campo natural, no depende de ningún determinante físico-químico ni voluntad racional alguna. Insistimos con el concepto: la pobreza no se define por la cantidad de bienes en juego sino por la forma en que los mismos se distribuyen. Un rey, aún en taparrabos, es rey, es rico, comparado con sus súbditos. Y desde otra cosmovisión, un ascético anacoreta en su reclusión voluntaria, aunque casi no coma ni acceda a los placeres de la vida terrenal (¿agua caliente y teléfono móvil?), en su riqueza espiritual se siente infinitamente más rico que el mundano común. ¿Desde dónde y cómo “medir” la pobreza entonces?

III

Hoy día, absolutamente envueltos por una lógica mercantilista que, para algunos, puede verse como de orden natural, por una cultura del consumo a cualquier costo (capitalista, para decirlo sin tanto rodeo), entendemos el concepto de pobreza en relación indisoluble con la carencia de recursos materiales.

Desde ya, esa noción es correcta en un sentido: con el auge espectacular de la producción, merced a la revolución científico-técnica puesta en marcha hace un par de siglos y ya nunca más detenida, siempre más rápida y en perenne expansión, la dinámica generalizada se resume en el tener, en el consumir. El sentido implícito del proceso de humanización, del progreso, es tener cosas materiales. La vida termina valorándose en términos de objetos; se es lo que se tiene (el agua caliente o el smart telephone, más, hoy día, un largo, casi interminable etcétera).

En ese escenario -impuesto desde que la economía capitalista europea comenzó a expandirse por el mundo, actualmente globalizado y entronizado con una fuerza desconocida anteriormente en la historia- ser pobre significa no disponer de todas las cosas que la productividad humana moderna puede ofrecer. Civilizaciones agrarias milenarias, que lograron desarrollos fenomenales en términos culturales (la hindú, las americanas precolombinas, la china) pasan a ser pobres frente a la avalancha modernizadora de oferta de bienes. Surge ahí el mito del “desarrollo”, y su contrario: el “subdesarrollo”'.

No cabe ninguna duda que la forma en que se va construyendo la sociedad global entre desarrollados y subdesarrollados es, además de injusta en términos éticos, absolutamente insostenible como proyecto humano. No es aceptable, pero mucho menos es viable en el tiempo y en relación a los recursos que provee la naturaleza, un modelo de organización social donde el 20% de la población humana consume el 80% del producto total.

Ligando la pobreza a esta visión fundamentalmente material, es descarnadamente real que la brecha entre “ricos desarrollados” y pobres “en vías de desarrollo” crece. En ese sentido, para esa lógica mercantil capitalista que rige el mundo actual, muchos afirman que Cuba socialista es pobre. Obviamente, hay que darle muchas vueltas al asunto. Si el sueño del progreso científico-técnico que ilusionó cabezas y corazones en pleno auge positivista, en los inicios de la expansión del modelo capitalista, hizo albergar expectativas respecto a una paulatina, pero finalmente total, extinción de la pobreza en el mundo, hoy, más aún con las tendencias neoliberales triunfadoras en este momento (¡que en absoluto detiene la pandemia de COVID-19!), se ve que ese prosperidad universal está muy lejos de alcanzarse. Por el contrario: la brecha entre ricos y pobres (entre Norte desarrollado y Sur subdesarrollado, así como entre estratos beneficiados y postergados en lo interno de cada Estado nacional) crece. Dicho de otra manera: la pobreza crece. O más descarnadamente aún: el número de pobres de carne y hueso crecen. De tres nacimientos que se producen por segundo en el mundo, dos de ellos tienen lugar en un barrio marginal de alguna atestada macro-ciudad del Tercer Mundo.

En el año 1820 el 20% más rico del planeta tenía 3 veces más que el 20% más pobre; para 1913 ese 20% más rico ganaba 11 veces más que el 20% más pobre. En 1997, con un crecimiento descomunal de la productividad en términos históricos, el 20% más rico accedía 74 veces más a las riquezas producidas que el 20% más pobre. Y la brecha sigue ensanchándose. En países como Brasil y Guatemala esa diferencia es aún mayor, llegándose al extremo patético de 120 a 1. El 6% de la población mundial posee el 59% de la riqueza total del planeta, y 98% de ese 6% de la población vive en los países más ricos. Y quienes realmente deciden la marcha del mundo (¡estas no son teorías “conspiranoicas”!) representan el 0.00001%. La población estadounidense, pese al declive que hoy día experimenta su país como unidad nacional (¡pero no así sus grandes empresas transnacionalizadas!), consume el doble de lo que consumía en la década del 50 del pasado siglo, en su momento de mayor auge económico. Si todo el mundo consumiera como lo hace esa nación, en una semana se agotaría el planeta.

Un perrito de un hogar término medio de un país del Norte consume en promedio anual más carne roja que un habitante del Tercer Mundo. Mil millones de personas no tienen acceso al agua potable, en tanto que 1.300 millones de personas disponen de menos de un dólar diario para vivir. 1.000 millones son analfabetos. Era de las comunicaciones, de la sociedad de la información y la cibernética, pero hay población que no dispone aún de energía eléctrica. Se busca agua en el planeta Marte…, pero en la Tierra mucha gente muere de sed, aun existiendo la posibilidad que no haya sedientos. Según estimaciones de organismos internacionales, el costo anual adicional para lograr el acceso universal a servicios sociales básicos en todos los países en desarrollo sería de 15.000 millones de dólares (enseñanza básica, agua y saneamiento para todos), en tanto que en los Estados Unidos se gastan 8.000 millones anuales en cosméticos, y 11.000 millones son gastados anualmente en Europa en helados.

Según datos de Naciones Unidas, el patrimonio de las 358 personas cuyos activos sobrepasan los 1.000 millones de dólares -que pueden caber en un Boeing 747- supera el ingreso anual combinado de países en los que vive el más de la mitad de la población mundial.

No caben dudas: lamentablemente, pese a la ¿cooperación al desarrollo? existente, la pobreza crece. Valga agregar, como dato no menos escalofriante, que en 60 años de “cooperación” que el Norte viene desplegando con el Sur, desde la ya legendaria Alianza para el Progreso inaugurada por el presidente norteamericano John Kennedy en los años 60 (como respuesta ante la Revolución Cubana, para evitar más Cubas en el continente), ni un solo pobre en el mundo dejó de ser tal gracias a estos mecanismos de ¿solidaridad?, lo que muestra que esas políticas no son sino otros tantos instrumentos de control social (repulsivos colchones, paños de agua fría tendientes a mantener la ahora llamada “gobernabilidad”: cambiar algo para que no cambie nada).

Además de constatarlo por los datos anteriores (escalofriantes desde ya), podemos ver ese crecimiento de la pobreza con otros indicadores (no menos alarmantes): en el planeta, y fundamentalmente en el área desarrollada, se destinan alrededor de 500.000 millones anuales para drogas (una de las actividades económicas más lucrativas de la especie humana en la actualidad) y más de un billón anual a gastos militares (el rubro más rentable). Que se gasten esas cifras astronómicas en helados, cosméticos, estupefacientes y armas también nos lo dice: la pobreza crece (¡y no necesitamos ser el ermitaño asceta para entender lo que eso significa!). Se suicidan 800 personas diarias en el mundo: ¿habla de alguna pobreza eso?

IV

Estamos frente a un prejuicio, hoy ya globalizado, donde la idea de desarrollo está ligada indisolublemente a progreso material. Grandes culturas de la historia, con enormes avances técnicos, con profundas enseñanzas morales, medioambientales, con reflexiones acerca del fenómeno humano de gran valía, como lo decíamos más arriba, puestas en comparación con el rasero tecnocrático-economicista que rige actualmente el mundo, aparecen como atrasadas, pobres. Lo son, según ese criterio, porque no han seguido el ritmo de crecimiento técnico y de acumulación de riquezas que se dio en Europa, u hoy, en Estados Unidos, expresión máxima del capitalismo. ¿Son “pobres” la tragedia griega, la astronomía maya, el arte chino, la filosofía budista? ¿Nos quedamos con Hollywood entonces?

¿Podríamos, con una actitud serena y objetiva, atrevernos a seguir llamando pobre a una cosmovisión que pone el acento en el equilibrio ser humano/medio ambiente (como por ejemplo la de los pueblos americanos tradicionales) cuando vemos el disparate ecológico que ha causado el desarrollo industrial basado exclusivamente en el lucro empresarial, con niveles de degradación del planeta por falta de previsión y afán enfermizo de ganancia rayanos en la demencia? ¿Cuál es ahí la riqueza?

¿Podríamos, con una actitud serena y objetiva, atrevernos a seguir llamando pobre a civilizaciones que no necesitan de un consumo cada vez más masivo de narcóticos para huir de sus realidades como sucede en los países industrializados? ¿Cuál es ahí la riqueza?

¿Y cuál es la riqueza que nos propone el modelo de consumo desarrollado? Fundamentalmente eso: ¡consumo! Consumo como motor de la vida, consumo por el consumo mismo. Su arquetipo es un ciudadano tranquilo, que no protesta (que tampoco disfruta la tragedia griega ni el arte chino), sentado ante la pantalla de televisión o del teléfono celular (¿Hollywood, Walt Disney?), tomando Coca-Cola y usando sus tarjetas de créditos. ¿Esa es la riqueza? Valga decir que todo eso luego hay que pagarlo, y hoy vemos, con la crisis galopante del imperio mayor del capitalismo, por dónde van las cosas: la deuda es materialmente impagable, tanto la pública como la privada (cada ciudadano estadounidense tiene en promedio 5 tarjetas de crédito y 7.000 dólares de deuda). Deuda que, llegado el caso, no se paga, porque las armas responden. ¿Dónde queda la riqueza? Además, ese modelo de hiperconsumo de la gran potencia del Norte está empezando a hacer agua, y todo indica que no podrá mantenerse eternamente. ¿Las armas seguirán manteniéndolo? Dicho sea de paso, Estados Unidos ya no tiene la supremacía bélica.

Por cierto, que no se pretende transmitir una idea ingenuamente bucólica de civilizaciones no-occidentales pre industriales; desde ya que la calidad de vida que la tecnología nos puede proporcionar (agua potable, saneamiento ambiental, más y mejores alimentos, educación para todos, comunicaciones, más tiempo libre, etc.) es fabulosa, y por cierto aporta grandemente a la satisfacción humana, aunque no pueda terminar con la angustia y el suicidio (el “costo de la civilización” diría Freud). Las comunidades hippies de no-consumo, en tanto islas alternativas en medio de la vorágine moderna, son insostenibles; la historia lo demostró, porque no disponían del poder político ni militar que mueve el mundo. ¿Por qué hoy Rusia vuelve a ser una superpotencia? Porque dispone del más alto poderío mundial en términos militares. Es patético, pero es la realidad humana: se impone finalmente el que tiene el garrote más grande (¿pulsión de muerte?). Lo que debe ser puesto en debate -debate que, por cierto, ya está abierto, y debe seguir alimentándose- es la idea de riqueza que los modelos modernos y post modernos (capitalistas) nos ofrecen. Una vez más entonces: ¿Cuba es pobre? ¿Cuál es el rasero para medirla?

La riqueza no puede ser solamente consumir. Gastar cantidades impresionantes en helados, mascotas, cosméticos y estupefacientes (¡o armas!), junto a gente que come una vez por día, o no come, no constituye ninguna riqueza en términos humanos. Habla, en todo caso, de modelos de desarrollo, de visiones de la vida y de proyectos de ser humano que evidencian, fundamentalmente, una pobreza existencial profunda (alarmante, sombría). Si esa es la riqueza que nos ofrece el post-modernismo (cada uno con su propio vehículo, consumiendo gaseosas y hamburguesas -¡o estupefacientes!-, y con la lap top o el smart telephone hasta para ir al baño), si la profundidad de la tragedia griega se reemplazó por King Kong y la hondura de los sistemas de pensamiento orientales dieron lugar a los libros de autoayuda (“si usted quiere, puede”, “¡todo depende de usted!”), realmente, como dijera el vate portugués Saramago, “nos merecemos desaparecer come especie”.

Desde ya el problema de la pobreza no es una cuestión de actitud moral, de caridad para con el desposeído. Ejércitos de Madres Teresas y de voluntariados (tan a la moda hoy día) no alcanzan; ni siquiera sirven para hacerle cosquillas al problema. El tema de la pobreza -o, dicho de otro modo: de la injusticia- es claramente una de las preguntas medulares que atraviesan la historia humana, o, mejor dicho: la historia de las sociedades divididas en clases. Que su respuesta debe ser difícil lo evidencia el estado actual del mundo: cada vez más armas, más helados y más cosméticos, y cada vez más pobres (y no sólo los que no comen; también los que no saben qué hacer con el tiempo libre.... ¿consumir Hollywood, o videojuegos? ¿Drogas quizá?). La pregunta en torno a la pobreza es una interrogación sobre la condición humana misma. ¿Por qué nos resulta tan tentador dejarnos seducir por la Coca-Cola y las hamburguesas, o por Rambo, o las narco-novelas? ¿Tan pobres somos?

Luchar contra la pobreza implica, como mínimo, repartir más equitativamente los productos del trabajo humano (lucha política fundamentalmente -que indirectamente incluye lo militar, continuación de la política por otros medios-). Pero también implica no dejarnos de plantear esas preguntas que hacen a lo más hondo de nuestra existencia. Digámoslo con un ejemplo: la población de Europa del Este, todavía en la era del “socialismo real”, ayudó a hacer caer el muro de Berlín fascinada por la videocasetera o el pantalón vaquero (las modas de ese entonces), los espejitos de colores que fascinaban en los 90 del siglo pasado y que sus economías no le proveían. Hoy se lamentan de lo perdido (salud y educación gratuitas, pleno empleo, viviendas populares y calefacción subvencionada), y en cada ocasión que tienen, manifiestan su añoranza por la seguridad material mínima que ya no pueden tener. La supuesta “libertad” ganada no termina de convencer. Entonces, complementando la pregunta anterior, habría que agregar -para preguntarse con la misma fuerza-: ¿por qué nos seducen tanto los espejitos de colores?

Marcelo Colussi
Analista político e investigador social, autor del libro Ensayos




lunes, 13 de abril de 2020

ÚNICO CAMINO PARA SALIR DE LA POBREZA (*)



El rol de la ciencia y tecnología en el desarrollo es fundamental, como lo reconocen analistas nacionales e internacionales, y lo demuestran los resultados. Uno de los más espectaculares despegues tecnológico-comerciales de la historia es el protagonizado por Japón. Este país no tiene recursos naturales, pero se ha convertido en una potencia industrial. “El futuro de Japón depende de la ciencia y tecnología” diría Genya Shiva, director de la Administración de Investigación en la Corporación de Desarrollo de la Investigación del gobierno japonés.

Nuestro país sufre una tradición de abandono de la investigación científica y tecnológica. “Dejen que investiguen los otros” es la frase española que pinta la importancia que se le presta a la tecnología en nuestro país.

Esto ha llevado al Perú al retraso tecnológico respecto a los países vecinos. GRADE ha publicado un interesante trabajo sobre “Indicadores comparativos de los resultados de la investigación científica y tecnológica en América Latina”. Un indicador es el número de trabajos publicados por cada país. En este aspecto, es inquietante saber que en 1973 el Perú, con 38 publicaciones, era el décimo país que más publicaba en América Latina, pero que en 1984 dejó la lista de los diez (Chile fue cuarto con 354 en 1987 y 386 trabajos publicados en 1984.

 Los años 80 han constituido un período de lucha por la supervivencia en ciencia y tecnología peruanas. Sin embargo, cabe resaltar que en los últimos 5 años, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONCYTEC) dirigido por el Dr. Carlos del Río, mantuvo viva la tenue llama de ciencia y tecnología en el país. Los recursos que otorgó el CONCYTEC para desarrollar diversos proyectos permitieron la supervivencia de muchos proyectos e investigadores.

  Es indudable que el esfuerzo más importante que ha hecho el Perú en infraestructura científica y tecnológica se materializa en el Centro Nuclear “RACSO” de Huarangal (CNH), cuya parte principal es el reactor de investigaciones RP- 10. Cerca de 150 millones de dólares han sido invertidos hasta ahora en la construcción De CNH y en la capacitación del personal altamente especializado en el área nuclear

      El reactor está en operación. Cierto. Pero no cuenta con repuestos para asegurar su funcionamiento sin sobresaltos. Por otro lado, la sala experimental del reactor no tiene equipamiento, sino unos cuantos instrumentos obsoletos. Así, debido a la falta de recursos, se está usando entre el 1% y el 5% de la capacidad del reactor. Para colmo ¡¡en este momento sólo se cuenta con un ómnibus, prestado y en mal estado para transportar 300 personas a Huarangal que se encuentra a 45 km, al norte de Lima, sin transporte público!!

     La situación económica de los investigadores puede calificarse de catastrófica. Profesionales con grado de maestría y doctorado, con 10 años de especialización y experiencia y en el extranjero y 10 años de servicios al Estado tienen ingresos de 30 millones de intis, equivalentes a menos de 100 dólares. Este es el caso de instituciones como el Instituto Geofísico del Perú (IGP), el Instituto Minero, Geológico y Metalúrgico (INGEMMET), el Instituto de Investigación y Capacitación en Telecomunicaciones, entre otros.

 Más aún, los investigadores científico- tecnológicos son categorizados con reglas de la burocracia, empujando a una carrera por cargos administrativos, antes que a una carrera científica. Consecuencia: éxodo masivo al extranjero.

    Aquí debemos tomar conciencia de que los países actuales no basan su desarrollo sobre las materias primas, sino sobre su riqueza intelectual, científica y tecnológica.  Actualmente se está instalando un ambiente de distensión entre los países del Hemisferio Norte, estableciéndose una competencia en el campo científico-tecnológico-comercial a nivel mundial. Podríamos decir que hay un nuevo tipo de guerra. Ya no se trata de invadir territorios de sus rivales, sino de adquirir conocimientos, atrayendo con buen ambiente de trabajo a investigadores de todo el mundo. En tal sentido, nuestro país está perdiendo la guerra. Nuestros mejores investigadores parten al extranjero, incluyendo países vecinos como Brasil, Chile y Ecuador.

     Ante esta realidad, hay que aplicar medidas urgentes. En primer lugar debe crearse el Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología, en el que se integren los esfuerzos de los institutos de investigación, dentro de un proyecto nacional. Esto permitirá optimizar los recursos del Estado dedicados a la investigación y el desarrollo.

     Paralelamente, para proteger nuestros recursos humanos, debemos contar con una ley de carrera del investigador. En su defecto, y ante una eventual homologación de remuneraciones del sector público, debería considerarse la investigación científica y tecnológica como una actividad de naturaleza diferente a las actividades burocráticas.

  Estas dos medidas constituirían el punto de partida en el único camino con posibilidades para salir de la pobreza: la investigación científico-tecnológico. Todavía queda tiempo para reaccionar y volvernos un pueblo trabajador y creativo, para dejar nuestro banco de oro, producir riqueza y dejar de mendigar.
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(*)Autor: MODESTO MONTOYA Presidente de la Sociedad Peruana de Ciencia y Tecnología y la Sociedad Peruana de Física – Lima, Lunes 3 de diciembre de 1990.

Fuente: Biblioteca Nacional del Perú – Diario El Peruano –OPINIÓN.
                                                     Lima, 10 de abril de 2020

 Asociación Escuela del Trabajo                                                       
Germán Caro Ríos          
                                
FEDIRAL

Nota.-Los científicos se deben  formar desde el nivel de Educación Inicial y en el transcurso de la Educación Básica Regular. No a partir del primer año de educación superior. Por ello, el sistema pedagógico de estudio y trabajo promueve la educación científica y politécnica. La escuela pública en el Perú, es ajena a esta innovación pedagógica. Este año, se cumple el 30° aniversario de la publicación. Los subrayados son nuestros.



viernes, 14 de febrero de 2020

FUTURO DE PUNO, PRESENTE DE CAJAMARCA: POBREZA




Perú - Líder mundial en reservas de LITIO.
Cajamarca - Líder en el país y América Latina en producir de oro
y líder en pobreza

“Me encontré oro, que desgracia”, reza, así, un adagio cajamarquino. Cajamarca posee ingentes riquezas mineras. Ocupa, el primer lugar en las reservas de oro y plata con 978,919 Kg. y 23,121 Kg. respectivamente; obteniendo el 38.02% del total de reservas auríferas y el 21.90% del total nacional, de reservas de plata. Pero, además, produce cobre, zinc y plomo. En el año 2009, la región produjo minerales y, éstos, salieron fuera del país, por S/ 7,188,810,360 (siete mil millones, ciento ochenta y ocho millones, ochocientos diez mil, trecientos sesenta soles) en el 2010 correspondió a S/ 6,806,289,727. En la década 2001-2010 produjo un cuantioso monto de S/ 49,369,492,928.


En el año 2015, Cajamarca exportó minerales por S/ 4,934.9 millones de soles y fueron transferidos, a esta región, la bicoca de S/ 265.3 millones, (incluido todos los impuestos) lo que quiere decir que por cada S/ 100.0 exportados, para la región quedó S/ 5.4 (cinco soles con cuarenta céntimos). En el año 2016, esta región produjo S/ 4,475.1 millones de soles y por transferencias correspondió S/ 278.7 millones; lo que significa que por cada S/ 100.0 exportados, las grandes transnacionales mineras, dejaron, para la región, la miseria de S/ 6.2 (seis soles con veinte céntimos).

De nada le sirve estos ricos tesoros a la población cajamarquina. Ocupa el primer lugar en pobreza. De acuerdo al INEI, del año 2018, esta región arrastra con pobreza extrema de 22.55% y con pobreza monetaria se acerca a la mitad de la población (47.55%). En mortandad infantil, Cajamarca arrastra con 24%, siendo el promedio nacional de 19%, lo que significa que Cajamarca tiene 26.3% más de mortandad infantil que a nivel nacional. En partos atendidos en establecimientos de salud, en Cajamarca, fue de tan sólo del 71% en el año 2014, mientras que un cuantioso 29% no se atendieron en estos establecimientos. A nivel nacional representa 89.5%, lo que quiere decir que en Cajamarca hubo 26.0% menos que a nivel nacional.

¡Pobre Puno!: Primer lugar en reservas de litio

En Puno acaban de descubrir que posee el primer lugar, en el mundo, de reservas de LITIO, con una proyección de producción de 63 mil toneladas anuales de carbono de litio, en promedio, durante una proyección de 33 años, desplaza a Bolivia, de este privilegiado primer lugar de reservas (Bolivia, aún no lo explota). De acuerdo a Juliana tröbele-Gregor, el litio tiene múltiples usos, el 37% se utiliza en la industria del vidrio y la cerámica; el 20% en la producción de baterías que, a su vez, para baterías de celulares, iPods y computadoras y baterías para vehículos eléctricos (el de mayor uso); su uso es, también, para grasas lubricantes (11%); aleaciones de aluminio (7%); aire acondicionado (5%); colada continua (5%); goma y termoplástico (3%); industria farmacéutica (2%); procesos industriales y procesamientos químicos y otros. Hasta antes del descubrimiento de Perú, Chile ocupa el primer lugar, en producción, con 44%; Australia con 25%; China con 13%; Argentina con 12% y otros el resto.

No es de extrañar, ni tampoco nos parezca descabellado que en Puno se replique y con mayor profundidad, lo que está sucediendo en Cajamarca y en todas las regiones mineras y hasta en esta propia región.
  
Ya se anuncian, rimbombantemente, cuantiosas inversiones de dólares, dicen que el proyecto demandará hasta US$ 2.100 millones. Puno, tiene la “capacidad de convertirse en un productor de gran tamaño, larga vida útil y bajo costo”. De acuerdo a un diario local, el desarrollo de la mina se hará en tres fases: una primera fase, (años 1 al 7), en la que producirá 22 mil toneladas anuales; una segunda (años 8 al 12), en la que producirá 45 mil; y una tercera fase, que implica la producción de 85 mil toneladas anuales (años 13 al 33).

De acuerdo a ONGs ambientalistas y al Ministerio de Cultura, el rico yacimiento del distrito de Macusani, provincia de Carabaya, corresponde a una zona declarada como paisaje cultural arqueológico y, desde el 2011, en la zona, no se puede realizar ninguna actividad minera ni otra que perturbe el paisaje natural. ¡Pero no importa, todo vale!

El litio, en Bolivia, tenía proyectado para que su explotación lo realice el Estado, con un impacto muy favorable para la población. No olvidemos que, con Evo Morales M, de ser Bolivia, “el mendigo de América Latina” lo convirtió en acreedor de países de mayor tamaño, dando origen a la adquisición de una dignidad inigualable, elevando su moral nacionalista y sentirse con mucho orgullo boliviano.

Los impuestos los incrementó en más de un millón por ciento; la reducción de la pobreza fue espectacular, de un cuantioso 45.2%, en 2000 lo redujo a 17.3% en el año 2014, con una reducción de más de 27 puntos porcentuales, de acuerdo a la CEPAL, Bolivia lideró en mejorar estos estándares; creó las empresas públicas “Cartonbol”; la Empresa Boliviana de Almendras, beneficiando a pequeños productores; creó la Empresa de Lácteos, Bebidas Alcohólicas y Productos Nacionales (LACTEOSBOL), produciendo yogures, quesos, etc, para desayunos escolares gratuitos; Creó la Planta de Cítricos Villa 14 de Setiembre, para jugos de naranja, para sus niños bolivianos; casi todas estas empresas son rentables, entre los años 2005 y 2008 las utilidades se incrementaron en un 6,812.1% y para el año 2010 hubo un incremento de 8,435.8% de utilidades, y en fin hay una serie de logros extraordinarios de Evo Morales en favor de su población.

Nos llama, por eso, a reflexionar sobre el último proceso electoral que, si bien hemos hundido en la fosa del desprecio y odio a unos cuantos, aún quedan los otros para barrerlos y exigir que rindan cuentas ¡Y lo rendirán! en la misma proporción que sus fechorías. Aun hay confusión por darles esos primeros lugares, pero ya verán.

No nos dejemos engañar, son más de lo mismo. Nos pintan el oro y el moro, pero después sacan a relucir sus mañas. Ya lo hemos de ver, en este congreso, cuáles son sus planteamientos frente a este desmedido saqueo y rapiña de nuestros recursos naturales, y frente a estos crueles indicadores sociales, etc, etc.
 
¿Cuántos niños fallecidos por anemia, cuántos por desnutrición crónica, cuántos por hambre? ¿Cuántas madres fallecen, al dar a luz, por falta de atención especializada; en fin, ¿cuántas muertes ocasionadas por estos expresidentes ladrones? etc, etc. Merecen, por ello, nuestro más enérgico repudio y desprecio y merecen, también, la máxima pena, porque ellos, con sus fechorías, también matan cruelmente.

Autor: Juan Verastegui Vásquez