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sábado, 1 de diciembre de 2018

LOS JUÁREZ, MADERO Y HUERTA DE HOY: CUALQUIER SEMEJANZA NO ES PURA CASUALIDAD





01-12-2018


Los héroes preferidos de Andrés Manuel López Obrador son Benito Juárez y Francisco I. Madero. El primero es recordado por su lucha contra los conservadores, la Iglesia y el Imperio impuesto por Napoleón III. El segundo, por haber iniciado la insurrección contra el intento reeleccionista de Porfirio Díaz. De Juárez, sin embargo, pocos recuerdan que no sólo lanzó al mercado de tierras las usurpadas por la Iglesia Católica sino que, también convirtió en mercancías las tierras de las comunidades indígenas, despojándolas reconocidos hasta por la Corona española para desarrollar el capitalismo y lanzar al mercado de mano de obra millones de indígenas beneficiando así a las haciendas y los ingenios azucareros.

De Madero también omiten que su asesinato por Huerta se debió a su fe liberal y a la ignorancia de la realidad política que le llevaron a conservar el aparato estatal porfirista pues creía poder transformar el Estado y a lanzar los generales heredados contra los desilusionados por el incumplimiento de sus promesas.

El presidente liberal ignoró que los asesinos no cambian y Huerta, que él lanzó a combatir a sangre y fuego contra los zapatistas, pudo conspirar tranquilamente con el embajador estadounidense y planear su golpe y sus crímenes. De este modo Madero, lejos de abrir un camino democrático al desarrollo del país, lo obligó tomar la senda sangrienta de una revolución social confusa e incontrolada.

López Obrador ahora al gobierno porque un sector de los grandes capitalistas, recordando la Revolución mexicana lo aceptó para que contuviera la movilización popular. En el entorno de esta nueva versión de Madero hay muchos nuevos Huertas agazapados. Son los que insisten sobre la necesidad de destruir el Sureste para, con el pretexto del desarrollo, lanzar en el Istmo de Tehuantepec una gran operación que combina la creación de un ferrocarril, el desarrollo de los puertos sobre ambos océanos, la deforestación, el cultivo de palma aceitera, la creación de un cinturón de molinos eólicos y la especulación inmobiliaria desenfrenada. Esa misma gente propone Zonas Económicas Especiales y promueve el tren maya que destruiría a su paso las reservas naturales, las comunidades indígenas, su idioma y sus costumbres y convertiría a toda la zona en un Cancún bis. Por eso, para prevenir las reacciones populares, perpetúan la ocupación militar del país y refuerzan sus lazos con Estados Unidos.

Entre los millones de votantes de MORENA muchos se oponen a esas políticas. Pero muchos, por el contrario, creen que podrán cambiar desde adentro un Estado capitalista que defiende la obtención de ganancias a cualquier precio. Ellos piensan que podrán convertir a los dueños de las televisiones privadas intoxicadoras de la opinión pública, a los bancos que lavan dinero sucio y a otros semejantes en altruístas benefactores de los pobres. Esos ingenuos bienintencionados juegan con fuego cuando piensan utilizar el Estado capitalista opresor para hacer una revolución pacífica sin darse cuenta de que es el Estado quien los utiliza como taparrabos transitorios y desechables.

Entramos así en una fase muy peligrosa en la que el capital financiero, la oligarquía y sus instrumentos represivos siguen intactos mientras la fuerza popular está desorganizada y confundida, MORENA ni siquiera controla totalmente el gobierno, que comparte con los Huerta en potencia, y AMLO cree poder decidir todo desde el Olimpo como Júpiter y presta oído a quienes lo quieren perder.

Hemos llegado a un punto en que hay pocos escenarios aunque la realidad es compleja y podría combinar los tres casos principales:

1) AMLO hace, como está haciendo, lo que le dictan el gran capital y el mando de las fuerzas armadas, olvidando todo lo dicho y prometido y oponiéndose a lo que hasta ahora llama “sus Huerta;

2) O, apoyado en una parte de los cuadros más combativos de MORENA resiste tratando de hacer una política “ni de izquierda ni de derecha” a la Macron -o sea, una política de derecha pero con algunas medidas populares que no cambian nada esencial - y carga así con el descontento tanto de la derecha como de la izquierda o, por último,

3) responde a la voluntad de cambio de los votantes y comienza a aplicar los puntos sociales que en otros momentos agitó.

En los dos últimos casos desencadenará inmediatamente una campaña destituyente de la oligarquía y de las fuerzas antidemocráticas y antinacionales respaldadas por Trump y envalentonadas por la debilidad de quienes ven como despreciables intrusos. Más que nunca es necesaria unir todas las protestas en una organización popular, consultar y elaborar en asambleas populares política alternativas y defender las comunidades amenazadas.

Ya hay en Oaxaca comunidades en las que hombres y mujeres armados realizan rondas nocturnas. A las policías comunitarias y grupos de autodefensa, vigilados por asambleas para controlar que no sean infiltrados, hay que agregar la exigencia de que las Guardias Nacionales se formen armando a los campesinos y comunidades, como hizo Lázaro Cárdenas.



miércoles, 11 de julio de 2018

GANA LÓPEZ OBRADOR EN MÉXICO: ¿HAY ESPERANZA?



09/07/2018

En México, por un amplio margen, acaba de ganar las elecciones el candidato del Movimiento de Regeneración Nacional -MORENA- Andrés Manuel López Obrador. El campo popular en su sentido más amplio y la izquierda -mexicana y mundial- lo festejan.

Incluso hubo quien dijo que esto muestra que de ningún modo está terminado el ciclo de los gobiernos progresistas en Latinoamérica, tal como los resultados electorales de varios países lo pudieran hacer pensar, con el retorno de propuestas abiertamente neoliberales y la caída/salida de administraciones de centro-izquierda (Argentina, Brasil, Ecuador, Paraguay).

Por supuesto que es para saludar la llegada de aire fresco a la casa presidencial. De hecho, México es un referente en Latinoamérica, y su peso político influye considerablemente en el sub-continente. Más allá de todo lo que pueda decirse de la propuesta de López Obrador, está claro que no es el neoliberalismo descarado, una visión ultra-derechosa de las cosas, un proyecto antipopular. Saludémoslo entonces.

Pero no se pueden dejar de hacer algunas consideraciones críticas, imprescindibles, dada la coyuntura. En estas últimas décadas todo el campo popular (de México y de toda América Latina) sufrió un tremendo retroceso. Sobre las sangrientas dictaduras que barrieron el continente (México fue la excepción en ese aspecto) se asentaron los terribles planes neoliberales dictados por los organismos crediticios de Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. En realidad, esas políticas fueron un rediseño del capitalismo a escala global donde los únicos beneficiados fueron las grandes potencias -Estados Unidos fundamentalmente, y más aún su banca- y la clase capitalista a nivel mundial. Esto último, en tanto estas líneas neoliberales (capitalismo salvaje, más precisamente dicho) significaron el retroceso y/o pérdida de conquistas laborales y sociales históricas de la clase trabajadora. El trabajo en situación crecientemente precarizada se hizo normal, y los sindicatos pasaron a ser instrumentos cooptados casi completamente por el capital.

México se tornó una abierta dependencia del capitalismo estadounidense, aumentando exponencialmente su pobreza, y como efecto derivado, su clima de violencia generalizada. La narco-política se enseñoreó en toda su geografía, y las migraciones irregulares hacia el “sueño americano” quedaron casi como la única vía de escape.

¿Cambiará eso con López Obrador? Ahí está la falacia que debe apuntarse: su llegada no deja de ser una buena noticia, pero con la aquilatada experiencia que existe después de todos los “progresismos” en nuestros países, debemos ser cautos.

Desde Salvador Allende en Chile, en la década del 70 del siglo pasado, hasta todos los progresismos surgidos ya entrando en el siglo XXI (Chávez/Maduro en Venezuela, el PT en Brasil, los Kirchner en Argentina, Evo Morales en Bolivia, Correa en Ecuador, Mujica en Uruguay, Lugo en Paraguay, el FMLN hecho gobierno en El Salvador), la situación estructural no ha podido modificarse. Si bien es cierto que planes asistenciales han ayudado mucho en todos esos países, no se han visto cambios sustanciales a largo plazo como sí pasó en Cuba. Si se puede hablar de “fin del ciclo progresista” es porque ha habido un agotamiento en la bonanza de los precios internacionales de ciertas materias primas, lo que hizo que, escaseando las divisas, los planes de ayuda se fueran esfumando.

Obviamente los planes de reconversión ultraderechista que llegaron estos años son una pésima noticia para el campo popular. Al lado de ellos, y ante el fenomenal retroceso del ideario de izquierda de estas décadas debido a la paliza tremenda sufrida por las fuerzas anticapitalistas, la llegada de un poco de oxígeno que representan estas propuestas de ¿capitalismo con rostro humano? se pueden sobredimensionar y ver como grandes avances sociales.

Ahora bien, la realidad, siempre obstinada y pertinaz, enseña algo a sangre y fuego: los cambios reales, profundos, los cambios por los que tiembla la clase dominante, no se consiguen en las urnas. El poder real nace de la movilización popular, no de figuras carismáticas. Puede decirse que estos intentos son eso: intentos, pasos de una larga marcha. Pero sin organización popular desde abajo (léase: revolución socialista) no es posible torcerle el brazo a la serpiente viperina del capitalismo. Aunque sin dudas: ¡Bienvenido López Obrador!

Marcelo Colussi





martes, 3 de julio de 2018

OBRADOR, LA GRAN ESPERANZA ENVENENADA PARA MÉXICO Y AMÉRICA LATINA



Dr. Hugo SALINAS

Andrés Manuel López Obrador (AMLO), representante de casi todas las izquierdas de México, viene de ganar ampliamente las elecciones generales. Es el nuevo presidente de México y la esperanza de los pueblos de una América Latina en búsqueda de un gran líder.

Correa se convenció él mismo de ser el gran conductor de América Latina cuando, en verdad, tenía pies de barro. Lula, el gran sindicalista del otro coloso de la América Latina, Brasil, está pasando a la historia como el izquierdista más corrupto en el manejo de las arcas del país. Evo se desinfla de más en más, y sus programas sociales así como su Estado Plurinacional no resuelven los problemas centrales de Bolivia. Y la revolución socialista del siglo XXI en Venezuela ha mostrado ser un populismo ramplón.

Por su parte, AMLO ha prometido un “cambio radical”, tal como lo exigen las grandes mayorías de un país robusto en población y en recursos naturales. México siempre ha sido el líder natural de los países de América del Sur. Obrador y sus aliados, ¿están en la posibilidad de atender las exigencias nacionales, y no caer en los errores de Chávez-Maduro, Correa, Lula y Evo?

Vayamos directo al grano. Casi todos los izquierdistas de México han federado a una consigna propuesta por Obrador: la causa de todos los males de México es la corrupción. Mutatis mutandis, es una propuesta política que se asemeja a la de Tsipras en Grecia. Éste, terminó con las esperanzas del pueblo griego en menos de dos meses. Espero equivocarme, pero Obrador se desinflará, con bastante probabilidad, en un tiempo parecido. ¿Por qué? Por dos razones simples.

La primera razón se funda en el hecho de que los izquierdistas coaligados no se han puesto de acuerdo previamente en las medidas concretas a poner en juego para eliminar la corrupción. Cuando se inicie esta discusión vendrán las disensiones y el proyecto político terminará en uno más del montón: sin eficacidad alguna. Será el continuismo asegurado de un sector político corrupto y asesino.

La segunda razón toca al marco teórico del proyecto político propuesto por los izquierdistas, con Obrador a la cabeza. Ellos aseguran que la corrupción es la causa de los grandes problemas de México. Craso error, salvo que el objetivo no sea precisamente lo prometido: el “cambio radical”.

Supongamos por un instante que Obrador resuelva el problema de corrupción, ¿cuál será el nuevo rostro de México?

Sin lugar a dudas que observaremos con mayor claridad las grandes desigualdades socio-económicas que no habrán sido tocadas en lo más mínimo, una gran mayoría de la población marginada, empobrecida, embrutecida por los ricos y, un pequeñísimo sector de la población que maneja la casi totalidad de la actividad económica como sirviente del Tío Sam. Y en este juego veremos a la “clase media” jugar su mejor partido en provecho personal y apátrida.

López Obrador tomará las riendas de México con la anuencia previa de los Estados Unidos. Una complicidad que ya nos indica con toda claridad que su gobierno será tal como lo es el de Evo, y lo fueron de Lula y Correa. AMLO seguirá realizando las reformas que el Capitalismo requiere para continuar extrayendo los recursos naturales a precio de regalo, apropiarse del valor agregado por los pueblos a precio de cholo barato y, con la muerte asegurada de todos aquellos que realmente quieren un cambio profundo en el destino de los pueblos de América Latina.

La coalición de los grupos políticos de izquierda, así como el de los sectores sociales en búsqueda de cambio, no debe por ningún motivo apoyarse en banderas de fenómenos secundarios como la corrupción, el medio ambiente, las luchas indígenas, indigenistas, o reivindicativas de salarios. Si bien estos problemas los confrontamos cotidianamente y hacen mal a la sociedad, ellos o alguno de ellos no son la causa profunda, esencial; no es ni son la raíz de nuestros problemas de sociedad y economía.

Tenemos que llegar a comprender que mientras nuestras alianzas no se realicen sobre la verdadera raíz del mal, todos nuestros esfuerzos serán insulsos, ilusorios, y seguiremos sembrando confusión y desaliento.

Nuestra tarea es encontrar la raíz de los grandes males de sociedad y economía a fin de proponer una solución válida históricamente. Y es en torno a este punto crucial que se deberán realizar todas las alianzas y frentes.

Saint Nazaire, 3 de julio del 2018


viernes, 9 de marzo de 2018

ELECCIONES EN MÉXICO: LÓPEZ OBRADOR UNA OPCIÓN CAPITALISTA




Lo importante y lo secundario

09-03-2018


El fracaso en la obtención de las firmas necesarias para figurar como candidata a presidente elimina al anticapitalismo y a Marichuy de la campaña electoral pero no de la vida política y social y favorece al candidato de Morena, que podría obtener unos miles de votos más de quienes todavía creen que la lucha en las instituciones del Estado capitalista es la única posible.

López Obrador, con su pragmatismo, ha logrado convencer a una parte importante de la burguesía nacional y del establishment de que es un conservador, un hombre de orden, un freno indispensable para los estallidos sociales que la ofensiva del capital financiero internacional está preparando y provocando. El aterrizaje en paracaídas en la dirección de Morena de varios de los grandes servidores de la oligarquía gobernante prueba ese apoyo de una fracción capitalista. Esa gente, como siempre, va donde huele que puede sacar ventaja y ahora invierte en Morena para después cobrar grandes dividendos en puestos importantes y en poder.

El programa conservador de Morena, las violinadas sobre la unión nacional y el amor, la alianza electoral con el PES, los candidatos elegidos a dedo, el decisionismo verticalista de AMLO, han modificado su imagen entre los grandes burgueses y en los llamados “poderes de facto” (léase transnacionales y altos mandos militares nacionales o estadounidenses). Ellos ya no lo ven más un sapo de otro pozo, un advenedizo plebeyo, un imprevisible movilizador con su entorno de intelectuales según los cuales hay que apoyar a los burgueses “democráticos y nacionales” para construir una “democracia avanzada” y entonces, mucho después, en el Año Verde, comenzar a encarar medidas socialistas. Ahora ven a AMLO como un hombre bien vestido, lleno de amor, que les da garantías ofreciendo amnistía a los peores delincuentes y asesinos, lo ven como un político como los que están acostumbrados a tratar, dispuesto a todo lo que le pidan y respaldado y estimulado por su nuevo Estado Mayor de priístas, panistas y perredistas que acaban de desembarcar en Morena.

Como todavía no hay grandes movilizaciones sociales pero éstas aparecen sin embargo como una amenaza, AMLO les parece una garantía, un contrafuego que podría salvar del incendio a la oligarquía. Queda aún por ver qué piensan el Pentágono que piensa desde un punto de vista mundial y sus agentes locales cebados por la larga militarización del país y por la represión y muchos de cuyos cuadros han sido corrompidos por el narcotráfico.

La mayoría de quienes decidieron votar por AMLO son conservadores pero no proimperialistas y esperan que su voto les salve de caer de Guatemala en Guatepeor y les permita conservar algo de los derechos, conquistas e ingresos que la oligarquía está eliminando. AMLO, si quiere gobernar, debe ser aceptado por el gran capital pero sus bases sociales esperan en cambio que gobierne para ellas y no para aquél. La desilusión de sus seguidores, por consiguiente, podría ser rápida, sobre todo en esta situación internacional tan marcada por las imposiciones de Trump sobre el TLCAN, por la guerra comercial que Estados Unidos desató con su proteccionismo y por la amenaza de guerra mundial porque México baila al ritmo de la música que tocan en los países imperialistas.

En este momento tan grave de la historia humana las fuerzas anticapitalistas son desgraciadamente diminutas, como lo prueban las elecciones en Francia y en Italia o la recolección de apenas un poco más de 200 mil firmas para Marichuy (la mitad de las cuales de gente que no la votaría pero firmó democráticamente para que pudiera ser candidata) así como la extrema debilidad de las organizaciones clasistas en México y en el mundo. También en esto -en lo que respecta a la organización independiente de los trabajadores y en la falta de conciencia de clase de la gran mayoría de ellos- nos han llevado al siglo XIX. Pero esta situación no es eterna porque la historia muestra que, en condiciones extremas, los trabajadores se radicalizan, las mayorías conservadoras se disuelven y la minoría revolucionaria crece si actúa audazmente y comprende el proceso. 

Algunos deducen de esta falta de conciencia anticapitalista de la mayoría de los trabajadores y del desprestigio del concepto mismo de socialismo que la lucha por un cambio de sistema es utópica y, en consecuencia, que sólo queda la vía electoral, o sea, votar a AMLO y rezar para que cumpla abandonando la lucha.

Por el contrario, los anticapitalistas deben sumar nuevas fuerzas y unificar para la acción conjunta las fuerzas de las organizaciones anticapitalistas hoy dispersas. Actuar unidos, todos juntos, no quiere decir que nadie deba abandonar su visión política y sus reivindicaciones particulares sino que es necesario buscar coincidencias y combatir unidos por las posiciones comunes creando al mismo tiempo un ambiente mejor para la discusión de las diferencias. Es indispensable también elevar el contenido de la propaganda incorporando los problemas reales de los trabajadores porque en la lucha ellos se radicalizarán y construirán un nuevo nivel de conciencia. 

Independientemente de las elecciones, es necesario exigir un aumento general de salarios y jubilaciones, asistencia social generalizada, viviendas y educación de calidad. Es indispensable defender el agua de la privatización que se prepara, así como los recursos naturales y ambientales, exigir la eliminación de los aumentos a la energía eléctrica y los combustibles, el castigo a los corruptos y asesinos y un plan de sostén para los campesinos en pro de la independencia alimentaria.

Mediante la autoorganización de colonias y comunidades, la autogestión y la lucha por planes locales de creación de trabajo y de reconstrucción económica discutidos y decididos en asambleas, hay que construir comités unitarios locales y regionales. Votar o no es lo de menos. Lo fundamental es organizarse ahora y para después del voto. 

@almeyraguillermo

lunes, 21 de noviembre de 2016

MÉXICO: SUBIR SALARIOS, EMPLEO PARA JÓVENES Y CANCELAR NUEVO AEROPUERTO, EL PLAN 2018-2024 DE AMLO



MÉXICO - AMLO presenta su Programa de 50 puntos a ejecutar si gana las elecciones


domingo, 20 de noviembre de 2016


El dirigente nacional de Morena, Andrés Manuel López Obrador, anunció este domingo un plan de acción de 50 puntos para el periodo de 2018 a 2024, en caso de que su alternativa política gane las próximas elecciones presidenciales.

En su plan se plantea como objetivos generales “gobernar con rectitud, desterrar la corrupción, abolir la impunidad, actuar con austeridad y destinar todo lo que se ahorre, a financiar el desarrollo del país”.

Lo anterior, dijo, para lograr “el bienestar material y el bienestar del alma para la felicidad de todos”. 

En cuanto a los recursos para concretar las medidas que propone, indicó que con el combate a la corrupción y austeridad podría tener alrededor de 500 mil millones de pesos adicionales.
A continuación una lista de 12 puntos clave:
  • Aumentar el salario mínimo, para fomentar el consumo y el mercado interno, además de mejorar los sueldos de trabajadores al servicio del Estado a partir de 2019. 
“Estos aumentos incluirán a maestros, enfermeras, médicos, policías, soldados y otros servidores públicos. Adicionalmente, es factible agregar al salario de los trabajadores del gobierno federal, cuando menos otros tres puntos, si prestaciones, como vales de fin de año, de alimentación, vestuario y otras se entregan en dinero y no en especie”, indicó López Obrador.
  • Adiós al proyecto del nuevo aeropuerto de la CDMX:
“Se construirán dos pistas nuevas en el aeropuerto militar de Santa Lucía para resolver el problema de la saturación del aeropuerto de la Ciudad de México, haciendo a un lado el actual proyecto que, además de costosísimo y opaco, es de dudosa viabilidad técnica”.
  • Escuela y empleo garantizados para 2 millones 600 mil jóvenes:
“El programa nuestro se llamará “Jóvenes Construyendo el Futuro”: se irá casa por casa inscribiendo a los jóvenes para incorporarlos al trabajo y al estudio. 

En poco tiempo, se atenderá a 2 millones 600 mil muchachas y muchachos”, detalla el plan.

Con un proyecto educativo emergente López Obrador plantea dar la oportunidad de seguir estudiando a cerca de 300 mil jóvenes que han sido rechazados de universidades públicas.

A otro grupo, de 2 millones 300 mil jóvenes, se le inscribiría en un programa de empleo como aprendices en empresas pequeñas, medianas o grandes, tanto del sector público como del privado.

“El ingreso para el joven será equivalente a 1.5 salarios mínimos. 

La erogación por este concepto será de 94 mil 695 millones anuales. 

En general, garantizar el estudio y el trabajo a todos los jóvenes, significaría una inversión, que no gasto, de 103 mil millones de pesos”, se detalla en el plan de acción.
  • Propone que ya no sean obligatorios los exámenes de admisión 
“Ningún joven será rechazado al ingresar en escuelas preparatorias y universidades públicas, es decir, habrá 100% de inscripción”.
Además, López Obrador propone que todos los estudiantes de nivel medio superior cuenten con una beca mensual equivalente a medio salario mínimo.
  • Aumentar el doble la pensión de adultos mayores:
“Se otorgarán cuando menos mil 100 pesos mensuales como en la Ciudad de México y será para todos, incluidos los jubilados y pensionados del ISSSTE y del IMSS”.
  • Revocación de mandato y adiós al fuero
“El presidente de la República se someterá al principio de la revocación del mandato. Al cumplirse dos años, se hará una consulta para que la gente decida si continúa o no en su cargo”, indica el plan.

“Se eliminarán los fueros al presidente y a los altos funcionarios públicos. Se propondrá una reforma al Artículo 108 de la Constitución para poder juzgar por corrupción al presidente en funciones”, agrega.
  • Recorte al salario presidencial
“El próximo presidente ganará la mitad de lo que percibe el actual y no gozará de ninguna otra prestación o canonjía; no viajará en aviones ni helicópteros privados, sino en aviones de línea comercial y por carretera”.
  • Cambio en la estrategia contra la violencia:
“El eje fundamental en esta materia será la mejoría de las condiciones de vida y de trabajo. Habrá coordinación entre las corporaciones policiacas, perseverancia, inteligencia, pleno respeto a la legalidad y a los derechos humanos, se evitará el contubernio entre autoridades y delincuentes”.
  • Dar preferencia a los pobres y que los frutos del trabajo de los mexicanos se distribuyan con justicia.
“Todos tendremos que ceñirnos a la nueva legalidad y a reglas claras; se podrá hacer negocios, pero no habrá influyentismo, corrupción ni impunidad; el presupuesto será realmente público… nunca más se permitirá que los privilegios de pocos se sustenten en la opresión, la inseguridad y la miseria de millones de mexicanos”, se lee en su plan.
  • Revertir las reformas estructurales aprobadas durante el gobierno de Peña Nieto (laboral, educativa, energética)… si lo quiere la gente.
“No benefician al pueblo, sino que lo perjudican. Sin embargo, no responderemos a una imposición con otra imposición. Por ello, se consultará a la gente si las reformas se mantienen o se cancelan”, indicó.
  • Hacer un cambio “sustancial” en la relación bilateral con EU:
“Debemos convencer a las autoridades del país vecino de que, por el bien de las dos naciones, es más eficaz y más humano, aplicar una política de cooperación para el desarrollo, que dar prioridad, como sucede actualmente, a la cooperación policiaca y militar”, se lee en el documento.

“Crear empleos en México es la alternativa. Los problemas de índole económico y social no se resuelven con medidas coercitivas. No es con asistencia castrense, labores de inteligencia, envíos de helicópteros y armas, como se remediará el problema de la inseguridad y la violencia en nuestro país. Tampoco se detendrá el flujo migratorio con muros, redadas, deportaciones o medidas de militarización de la frontera”, agregó López Obrador.
  • A favor de la diversidad:
“El nuevo gobierno garantizará el derecho a disentir a la libre manifestación de las ideas y seremos siempre respetuosos de las creencias religiosas. Estamos a favor del diálogo, de la tolerancia, de la diversidad y del respeto a los derechos humanos”.
Aquí puedes leer los 50 puntos de su “proyecto alternativo de nación”.