Dr. Hugo SALINAS
En el análisis de la Civilización Caral hay tres
fenómenos socio-económicos a poner en relieve.
El primero, es que a pesar de la práctica de la
agricultura que nos debió conducir rápidamente a la Repartición Individualista,
se continuó con la Repartición más o menos igualitaria de la totalidad
del resultado de la actividad económica entre todos los miembros de la
población. Un tipo de repartición que se practicó durante los primeros 300 mil
años de existencia del Homo sapiens anteriores al inicio de la agricultura
y que, en el caso de la Civilización Caral persistió durante 2 mil años
a pesar de ya estar en ejercicio la agricultura.
El segundo fenómeno socio-económico a remarcar es la
diversificación del Bien Común. Se continuó con el Bien Común en su
forma “líquida”, compuesto de la canasta de alimentación del poblador. A ello
se agregan luego las herramientas de trabajo. En la Civilización Caral se agrega
al Bien Común, algo mucho más importante: la tierra cultivable, y que fue
complementada con la ganadería y la pesca. Esto dio lugar a los grandes
trabajos de irrigación y el inicio de las viviendas familiares, de los
establecimientos públicos y templos de adoración. El capital fijo destacó
nítidamente sobre el capital corriente y, la época de la producción dejó muy
lejos a la recolección. Y es bueno precisar que el Bien Común, en sus dos
formas de manifestación, pertenecieron integralmente a todos los habitantes de
la comunidad y a ninguno en particular.
Hasta aquí podríamos decir que la Repartición más
o menos Igualitaria de los bienes económicos generados por la comunidad no
tiene nada de sorprendente. Pero, el
hecho es que, en la Civilización Caral persiste a pesar de ya estar practicando
la agricultura, y cuyo elemento principal, la tierra cultivable, facilita la
sustitución de la Repartición más o menos Igualitaria por la Repartición
Individualista.
Es un fenómeno histórico no solamente insólito si
no que merece nuestro análisis, porque, esta práctica y en estas condiciones,
puede ser utilizado en los tiempos actuales para eliminar el fenómeno pobreza /
riqueza. Es decir, a pesar de que la tierra cultivable, elemento esencial de
esta nueva manera de trabajar facilita la aparición del esclavismo y
feudalismo; en la Civilización Caral, y durante sus 2 mil años de práctica
diaria de la agricultura, no apareció ni el esclavo ni el pongo o siervo. ¿Cómo explicar este fenómeno histórico
contradictorio con la dinámica de los fenómenos socio-económicos?
Comencemos por presentar el contexto de este hecho
histórico. Es bueno saber que hace unos 10 mil años aproximadamente, luego de
un cierto período de domesticación tanto de animales como de plantas, se impuso
una nueva manera de trabajar mucho más eficiente que los dos procesos de
trabajo precedentes. Se trata de Los Dos Procesos Naturales de Producción,
asentado esencialmente en la agricultura y la ganadería.
Y ya lo precisamos líneas arriba, según la regla
de la dinámica de los procesos de trabajo, la característica del elemento
esencial de cada proceso de trabajo es quien determina el tipo de repartición
de la totalidad del resultado de la actividad económica, generada por todo una
población. Y en este caso, el de la agricultura, el elemento fundamental es la
tierra cultivable. Es ella la que facilitará, por primera vez en la historia de
la Humanidad, la instalación de la Repartición Individualista, mediante la
cual, la totalidad del resultado de la actividad económica será apropiado, ya
no por todos los miembros de la comunidad, si no por un número reducido de
personas o familias. Y con ello se dará nacimiento al fenómeno socio-económico
“pobreza / riqueza”.
La pregunta que surge es, ¿qué es lo que determinó
que en la Civilización Caral y por un espacio de tiempo bastante considerable
(2 mil años) no se haya impuesto la Repartición Individualista y, por ende, el
trabajo servil y esclavo?
La explicación razonable es que el peso
histórico de los 300 mil años de práctica en Repartición más o menos
igualitaria de la totalidad del resultado de la actividad económica primó sobre
la implantación de la Repartición Individualista, como un comportamiento
generalizado de la población. Este es el tercer fenómeno socio-económico
importante a remarcar, a ser consciente de su existencia y a tenerlo
presente en nuestra lucha social diaria.
El Bien Común y el Sumaq Kausay se siguieron
imponiendo por 2 mil años más en la Civilización Caral, a pesar de que en el
nuevo proceso de trabajo basado en la agricultura, su elemento esencial, la
tierra cultivable, tenía por característica principal el hecho de facilitar que
cualquier persona podía apropiarse de la tierra cultivable creada por otra
persona.
En la Civilización Caral primó el peso histórico
de una práctica anciana de miles de años para que, a pesar de que el nuevo
proceso de trabajo llevaba en su seno el aliciente de un cambio radical en la
repartición de la totalidad del resultado económico generado por todo un
pueblo, no se pusiera en práctica, y por miles de años. Y este fenómeno no es
aislado ni único.
Según los descubrimientos arqueológicos y
antropológicos recientes existen evidencias de la perduración de la Repartición
más o menos igualitaria a pesar de estar practicando por miles de años la
agricultura. Dentro de estos pueblos tenemos a Çantalhoyuk en las tierras de la
actual Turquía, comunidad que existió más de 2 mil años antes de la
Civilización Caral. Igualmente quedan idénticas evidencias en el Tell Abu
Hureyra en las tierras de la actual Siria o
en el de Gobekli Tepe igualmente en Turquía. Todos ellos por la misma
época. Un fenómeno no aislado ni único en el comportamiento del Homo sapiens.
Esta lección histórica, bien asimilada por los
pueblos de ahora, permitirá construir comunidad practicando el Sumaq Kausay y
generando el Bien Común como elementos centrales de la vida de una población, a
pesar de que las condiciones materiales sean totalmente contrarias a este
objetivo de construir una sociedad sana y equilibrada, sin pobreza, sin
guerras, y sin el rechazo del otro.
Probado está, entonces, si la mayoría de la
población así lo quiere, y lo impone en una Decisión de Sociedad, puede muy
bien, aun cuando esté en contradicción
de la característica del elemento fundamental del proceso de trabajo en curso,
instaurar la Repartición más o menos igualitaria de la totalidad del resultado
económico entre todos los miembros de la población.
Pero hay algo más, y que será el sujeto de mi
siguiente artículo. La Humanidad está desarrollando un nuevo proceso de trabajo
que lleva inmerso en su elemento principal, la característica de facilitar la
Repartición Igualitaria del resultado neto (las ganancias) de las empresas,
entre todos los miembros de la población.
Como lo veremos luego, este nuevo proceso de
trabajo que ya se encuentra en curso de instalación permitirá la puesta en
práctica, a nivel de sociedad, la Repartición más o menos Igualitaria, entre
todos los miembros de la población, de la totalidad del resultado de la
actividad económica. Con ello, el pueblo, en forma duradera, volverá a manejar
directamente el Bien Común y a gozar del resultado de su trabajo en una
condición de Sumaq Kausay o Vivir Bien.
Saint-Nazaire, Francia, 27 de julio del 2026
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