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domingo, 27 de febrero de 2022

UNA GUERRA JUSTA, UNA GUERRA DEFENSIVA

 


(26 de febrero de 2022)

 

Por Miguel Ángel Aragón 

 

El gobierno de tendencia fascista instalado en Kiev (capital de Ucrania), desde el año 2014  viene  atacando y masacrando  a la población (9 millones de habitantes) que vive en la  región de Donbass, región ubicada en la parte oriental de Ucrania, limítrofe con Rusia.

En ocho años de agresión fascista, han sido asesinados por el ejército ucraniano más de 14 mil pobladores de la región de Donbass.  Actualmente hay varias decenas de miles de refugiados de esa región  que han tenido que huir hacia Rusia, donde han sido acogidos temporalmente.

La mayoría de los pobladores de Donetsk y Lugansk (ubicados en la región de Donbass), que rechazaron el golpe de estado fascista  de febrero de 2014, mediante consulta por referendo, hace ocho años aprobaron por mayoría  ejercer el derecho a la autodeterminación, y se  autoproclamaron  dos repúblicas democráticas, la República Democrática de Donetsk y la República Democrática de Lugansk.

Estas dos jóvenes repúblicas democráticas, recién el 21 de febrero de 2022, fueron reconocidas diplomáticamente por el gobierno de la Federación Rusa, que actualmente preside Vladimir Putin.

La actual guerra de las repúblicas democráticas contra el gobierno   de Ucrania, es una guerra justa, es UNA GUERRA  DEFENSIVA contra la agresión fascista del gobierno de Kiev. 

En esta guerra defensiva, cuentan con el apoyo temporal  del gobierno de la Federación Rusa, así como el gobierno de Kiev cuenta con el apoyo de la OTAN. Los pueblos del mundo entero, amantes de la paz y de la justicia,  debemos de movilizarnos y apoyar esta guerra justa, por el restablecimiento de la paz en Ucrania, y por el restablecimiento de la amistad de los pueblos de Ucrania y Rusia. 

El objetivo de la acción militar especial del gobierno de Rusia es colaborar con la desmilitarización y la desnazificación  de Ucrania, para poner fin a la agresión contra la región oriental de Ucrania.  La intervención del ejercito de Rusia no es ocupar, ni apropiarse, de Ucrania. El desarrollo de los sucesos que ocurran en los próximos días definirán el futuro destino de este conflicto.

sábado, 26 de febrero de 2022

¿VIVIMOS LA ANTESALA A LA TERCERA GUERRA MUNDIAL?

  


En 1912 los bolcheviques con Lenin a la cabeza denunciaron que se aproximaba una gran guerra imperialista. Frente a ella, afirmaban, la labor de los comunistas sería, primero, la de oponerse a dicha conflagración, pues sería el pueblo trabajador quien finalmente empeñaría su sangre por intereses completamente ajenos a él; segundo, en caso estallara, la guerra imperialista debía tornarse guerra revolucionaria, es decir, los pueblos debían voltear sus bayonetas contra sus propios gobiernos y luchar por el poder. Tan solo dos años después estalló la primera guerra mundial y en Rusia se logró convertir la guerra imperialista en verdadera guerra revolucionaria. Esto demuestra la enorme clarividencia de Lenin, lo acertado de su línea, la grandeza y poderío de su teoría revolucionaria.

En el Perú, ya cerca de 10 años que un sector maoísta viene sosteniendo que vivimos la “antesala” de la Tercera Guerra Mundial, sin embargo, una vez más estos pomposos diagnósticos terminan golpeándose contra la realidad, pues queda claro que ni siquiera con la intervención directa de Rusia en Ucrania esa tan mentada guerra mundial va a estallar. Esto es una muestra más de lo infructífero que es hoy el pensamiento gonzalo, carece desde hace muchos años de la coherencia suficiente para ser una potente arma de interpretación de la realidad, el que haya maoístas que se aferren a él no es más que dogmatismo, no a la letra del marxismo (¡Bueno fuera!), sino a la autoridad. El prestigio de la autoridad, cuando una línea es correcta, se debe al prestigio de las ideas, todo lo contrario sucede –advierte Lenin- cuando una dirección se desvía, en este caso se busca darle prestigio a las ideas apoyándose en el prestigio de la autoridad. El maoísmo debe engendrar una nueva lumbrera, pero esta, definitivamente, no llegará como continuación o “desarrollo” del pensamiento gonzalo. En fin, yendo al punto…

Lo cierto es que aún no vivimos ninguna “antesala” a la Tercera Guerra Mundial, y hay razones suficientes para considerarlo así. Si la guerra no estalla en estos momentos, no es porque EE.UU. no lo quiera, sino porque el bloque europeo sabe muy bien la catástrofe económica, social, política, etc. que eso significaría y optará siempre, frente a Rusia, por sanciones económicas. Una guerra con Rusia sería devastadora, al margen de una posible victoria euro-norteamericana, la cual, bien se sabe, para nada está garantizada. El bloque europeo solo apoya aquellas guerras donde, en apariencia, pueden vencer sin afectar sus intereses, donde tienen todo para ganar, por más que dicho balance pueda resultar erróneo (como lo demostró el caso de Afganistán), pero igual su desgaste o derrota no acarrea mayor problema, lo mismo no sucedería en una guerra contra la Federación Rusa.

La Tercera Guerra Mundial, una guerra europea en donde intervengan las principales potencias, quizá podría estallar en dos panoramas: 1) que el poderío de la OTAN llegara a ser abrumadoramente superior al poderío de las potencias contrarias, como el caso de Rusia y China, o viceversa, y 2) en caso la OTAN se desintegrara y cada potencia imperialista buscase un “rumbo propio”. El caso menos probable es el primero, donde las diferencias pueden marcarse, pero es muy difícil que un bloque se sienta lo suficientemente seguro de vencer como para mandarse con una empresa militar expansionista. En el segundo caso, la desintegración de la OTAN significaría que las contradicciones entre las potencias imperialistas han llegado a ser tan fuertes que se tornarían insalvables y que cada una ellas, con sus respectivas alianzas, estaría en condiciones de buscar su propio “espacio vital”, este es el caso que realmente generaría condiciones para una conflagración mundial. Es decir, la desintegración de la OTAN promovida por los mismos países imperialistas (obviamente, no por repúblicas socialistas) sería realmente la antesala de la Tercera Guerra Mundial, hasta que eso no suceda, no hay ninguna “antesala”.

 

Juan Pablo Ballhorn

 

 

¡NO A LA GUERRA EN UCRANIA! ¿ES UNA CONSIGNA VALIDA EN ESTE CASO? ES POSIBLE SER IMPARCIAL EN ESTA GUERRA.

 


Ahora todos son radicales, los "ni-ni", ni OTAN ni Rusia, y me sorprende lo fácil que resuelven las cosas apelando a las clásicas consignas como si estuviéramos ante una clásica situación. Así como en el Perú algunos creen que con decir "pugnas interburguesas" ya resolvieron la cuestión, ahora, en el plano internacional, piensan que con decir "pugna imperialista" o "inter-imperialista" ya es suficiente para dar por zanjado el tema. Sí, ya sabemos que es una pugna entre países imperialistas, pero hay otros factores a tomar en cuenta que, pienso, hacen de esta situación algo bastante particular, o, por lo menos, algo que no se resuelve tan fácilmente mediante una apelación a la paz, como si todos los protagonistas estuvieran luchando por el reparto. 

En el caso de la guerra presente, no solo tenemos de protagonistas a la OTAN y Rusia, en medio del conflicto tenemos a dos repúblicas populares que han venido resistiendo y desangrándose por la agresión constante de un gobierno títere de los yankees, se trata de regiones que, salvo por un breve periodo entre 2014 y 2015, han tenido que estar principalmente replegadas, sufriendo las constantes arremetidas del gobierno ucraniano que incrementaban en intensidad conforme se recibía armamento europeo y norteamericano. Bajo esas circunstancias, el Donbass no estaba más que aletargando su caída, es evidente que el poderío del gobierno central era mucho mayor que el de las milicias. En esas condiciones, ¿qué es lo que proponen nuestros amigos ni-ni? ¿Qué Donetsk y Lugansk se sigan desangrando hasta ser aplastados?

Lo que debería estar claro para todo marxista, es que no nos negamos a acuerdos, alianzas o a frentes con algún imperialismo por principio, negarse a ello "por principio" es lo que Lenin llamaba "infantilismo de izquierda". Ejemplos históricos tenemos muchos: el pacto Brest-Litovsk, el cual fue un acuerdo entre el poder soviético y el imperialismo alemán, por otra parte, la SGM nos ofrece una experiencia interesante sobre luchar haciendo frente con países imperialistas. En este caso, el apoyo a estas repúblicas para revertir su situación, es evidente, no podría haber llegado de otro lado que no fuera de Rusia, imperialismo que, bajo sus propios intereses, busca hacer frente al actual régimen ucraniano. A Putin no le importa en realidad la situación del Donbass, ello tan solo ha sido el pretexto para lanzarse a recuperar su zona de influencia y los recursos que de ella extrae, pero hay ahí una convergencia que las repúblicas populares han querido aprovechar para pedir explícitamente su ayuda (y, realmente, era eso o la muerte lenta).

En otra arista, la situación interna en el Donbass tampoco es tan simple, la correlación de fuerzas ahí ha cambiado producto del desgaste que significó la guerra civil. En un inicio, encabezó la resistencia armada un sector declaradamente socialista, reivindicaban las figuras de Lenin y Stalin, y cuando se les preguntaban si eran ucranianos o rusos, ellos respondían "soviéticos" (ellos le acuñaron el nombre de ‘República Popular’ a sus regiones). Muchos de estos líderes murieron en enfrentamientos y atentados para gusto, no solo del gobierno ucraniano, sino también de Putin, pues esto fue aprovechado para que una dirigencia pro-rusa tomara el poder y se consolidara en él hasta el día de hoy. ¿Por qué es importante señalar esto? Porque cuando los comunistas han establecido acuerdos, alianzas o frentes con los imperialistas, siempre fue para salvaguardar los intereses de la revolución, aprovechando las contradicciones inter-imperialistas. Pero, ¿defender Donetsk y Lugansk es defender los intereses de la revolución? Ciertamente, en la actualidad, como mencioné, la dirección socialista ha caído, sin embargo, siguen siendo regiones oprimidas y bajo la agresión yankee, además, siendo justos, la población y las milicias aún se identifican con el pasado socialista de la zona. Esto escapa a experiencias anteriores, por lo cual, afirmo nuevamente, estamos ante algo bastante particular.

En primer lugar, una pregunta importante que debemos hacernos los marxistas para sentar una posición es la siguiente: ¿lo de hoy es una guerra justa o guerra injusta? Lo que vivía Ucrania estos últimos años era, por parte del gobierno, una guerra injusta, pues estaba orientada a oprimir al pueblo del Donbass, mientras que del lado de Donetsk y Lugansk, se ejercía una guerra justa, pues se tomaron las armas para independizarse de un gobierno al servicio del imperialismo gringo. Sin embargo, hoy entra a escena el imperialismo ruso, con sus propios intereses, pero junto al cuál las milicias y el ejército del Donbass han decidido hacer frente para revertir su situación. En la medida que Rusia busca sujetar a la Ucrania occidental a sus propios planes, la guerra que libran puede considerarse una guerra injusta. Es aquí donde la cuestión se hace más compleja y demuestra que se requiere considerar más aspectos; en este caso, parece que una guerra injusta converge con la guerra justa, entonces, demanda ampliar el punto de vista, ya no es algo que se resuelva simplemente en esa dicotomía. Los marxistas, como señala Mao, apoyamos y participamos activamente en todas las guerras justas, en esa medida, apoyamos la lucha armada de Donetsk y Lugansk, el problema es que esta resistencia hoy se encuentra entre dos guerras injustas, ¿cómo resolver? Más preguntas.

¿Puede el Donbass combatir las dos guerras injustas? La respuesta definitiva es NO, no lo puede hacer. Por tanto, en medio de un conflicto bélico, debe buscar la forma de preservar mejor sus fuerzas y buscar las condiciones menos desfavorables, es eso o la derrota total. Entonces, esto nos lleva a otra pregunta. ¿Para las repúblicas populares, cuál es el enemigo principal? Tanto para Donetsk y Lugansk, como lo es para todos los pueblos del mundo hoy, el imperialismo norteamericano es el principal agresor, el enemigo principal y, ciertamente, el enemigo más poderoso. Ha sido el gobierno ucraniano, apoyado y financiado por EEUU, el que ha librado una guerra de agresión permanente contra las regiones separatistas. Bajo esas circunstancias, ¿cuál es el escenario que permitiría una mayor preservación de las fuerzas y los logros políticos alcanzados? Lenin tuvo que ceder ante el imperialismo alemán para evitar un mayor perjuicio a la revolución, pues, como bien lo señala en ‘La enfermedad infantil’, los revolucionarios muchas veces deben saber elegir el mal menor. (Ojo, Lenin lo dice en el marco de una revolución victoriosa apoyado en el pueblo armado, no se refiere en absoluto a la política del mal menor de nuestra izquierda oportunista que cada cierto tiempo llama a las masas a ponerse a la cola de un sector de la gran burguesía, ¡hay una enorme diferencia!) En el caso del Donbass, la única forma de evitar la destrucción total de sus fuerzas fue haciendo un frente con los rusos en contra del gobierno ucraniano pro-yankee. Esto nos dirige a otra pregunta.

¿Cuál sería el resultado que garantizaría las condiciones menos desfavorables para que estas repúblicas populares puedan bregar por su proyecto independentista y, quizás en algún momento, socialista? En cualquiera de los escenarios, la situación es sumamente difícil, sin embargo, hay diferencias que, en un contexto político y bélico como en el que se encuentra el Donbass, se deben considerar. La agresión vino siempre por parte del gobierno ucraniano, por eso, ahí lo que exigía el pueblo de Novorossia era detener la guerra y que se respetara su independencia. En esa coyuntura el “¡No a la guerra!” era completamente acertado. Hoy, las milicias del Donbass han descartado esa consigna y se afirman en la guerra, peleando del lado de la ofensiva rusa contra el gobierno títere de EEUU, con las armas en las manos han decidido hacer frente y luchar por lo que consideran su derecho. Con el gobierno ucraniano se agotaron las vías del diálogo, por el contrario, Rusia presenta condiciones algo distintas, solo para mencionar algunas, el anticomunismo no puede arraigar en el pueblo como lo fue en Ucrania. Para Donetsk y Lugansk la intervención de Rusia es motivo, por un lado, de jolgorio, por otro, en el mejor de los casos (para los comunistas), se trata de optar por el mal menor. Cualquier comunista sensato consideraría una idiotez el querer enfrentarse a Ucrania y a Rusia solo para mantenerse 'revolucionarios'. Entonces, ¿qué es lo que va a definir el porvenir de las repúblicas populares del Donbass? Una victoria rusa solo pinta las condiciones, pero el futuro de este proyecto dependerá siempre de lo interno, de si se transforman en tan solo un apéndice del imperialismo ruso (lo que quiere Putin), o si se reafirman en su independencia y las fuerzas pro-soviéticas vuelven a tener protagonismo. Rusia no puede tomarse muchas libertades frente a estas repúblicas, porque su independencia y lucha hasta el día de hoy se respalda en la fuerza armada, y siempre que mantengan empuñados los fusiles estarán siempre más cerca de la independencia que del sometimiento. Estas repúblicas seguirán en lucha, pero bajo nuevas condiciones y nuestro apoyo será siempre hacia ellas y contra cualquier imperialismo que busque someterlas.

Finalmente, ¿cuál debería de ser nuestra actitud desde el marxismo? Denunciar al imperialismo norteamericano y a la OTAN, apoyar al frente anti-yankee (ojo, la ofensiva no es solo rusa, la ofensiva es del frente integrado por las fuerzas armadas de la Federación Rusa, el ejército y milicias del Donbass y las fuerzas antifascistas que se encuentran en toda Ucrania) y agitar por la independencia de la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk, advirtiendo siempre sobre los intereses del imperialismo ruso. El “¡No a la guerra!” en estas condiciones es una consigna que solo significa un mayor desangramiento del Donbass, y en su efecto práctico, es darle más tiempo a los EEUU de armar a Ucrania para una inminente ofensiva sobre Donetsk y Lugansk. ¿Por qué creen que ahora en coro todas las potencias pro-yankees, medios de comunicación, empresas, etc., levantan precisamente esa consigna? Qué ingenuidad tan grande. Hace falta una buena lectura de Mao

 

[Del Muro de facebook de Juan Pablo Ballhorn]

 

viernes, 25 de febrero de 2022

UCRANIA, ¿TERCERA GUERRA MUNDIAL?

 


Alonso Castillo Flores

Hace meses, aves de mal agüero anunciaban una invasión rusa a Ucrania. Hoy suenan tambores de guerra que presagian el inicio de un conflicto de escala global: La Tercera Guerra Mundial. Después de todo, la 2da GM comenzó cuando una potencia ocupó un país eslavo con dirección a Rusia, la invasión nazi de Polonia. Sea como sea, el escenario es lamentable, antenoche la Federación Rusa atacó instalaciones militares en varias ciudades ucranianas, incluida Kiev, su capital.

La historia de la “Gran Rusia” es ya conocida. Resulta ser el país más grande del mundo, y una de las mayores potencias militares, estuvo a punto de alcanzar a los Estados Unidos en la Guerra Fría y cayó en desgracia en los 90, con la disolución de la URSS. Rusia ha sido por mucho tiempo un gran imperio, hasta que llegaron los bolcheviques y promovieron la descolonización en todo el mundo. Por mucho que sorprenda, luego asciende al poder absoluto Stalin, hombre de una de las repúblicas soviéticas más pequeñas: Georgia, una gota en la periferia, inexistente para el mundo. Uno de sus textos más conocidos es El marxismo y la cuestión nacional, en sus medidas Stalin promueve el ascenso de dirigentes no rusos y el uso del idioma nativo en cada región. Bajo una dictadura la unión se democratiza en nombre del internacionalismo. Pero ya desde el fin de la 2da GM la propia URSS se constituye como un imperio de nuevo tipo. El ruso se impuso como idioma oficial de la Unión Soviética, se volvió la lingua franca de Este.  

Ucrania formaba parte de otras naciones, siempre a la sombra de los imperios de la época, hasta que en la tormenta de la Revolución Bolchevique de 1917 logra proclamar su independencia como “República Popular de Ucrania”, bajo un régimen no bolchevique. Finalmente, es anexada a la URSS y es ahí, vencidos los nazis, donde obtiene sus límites y su identidad actuales. Muerto Stalin, le sucede Nikita Jrushchov y le “obsequia” Crimea a Ucrania, que hasta entonces era parte de Rusia.

Los ucranianos han generado un resentimiento milenario a Rusia, porque en los años de la Unión los mayores desastres de la URSS tuvieron lugar en su suelo: el holodomor, la hambruna que arrasó con millones de personas; la invasión nazi, que también costó varios millones de vidas; y Chernóbil, el desastre nuclear más grande de la historia.

La propaganda occidental, por supuesto, incluye hasta videos falsos, toda una “guerra cognitiva”. Si Rusia invade un país es demonizada por la CNN, la BBC, la DW, y toda la artillería mediática internacional. Pero cuando EE.UU. y sus aliados de la OTAN bombardearon Serbia y mutilaron toda Yugoslavia, y cuando declararon unilateralmente la independencia de Kosovo, nadie parecía reclamar

Muchos no recuerdan los años de industrialización y crecimiento tras la guerra. Tampoco cuentan con que uno de los máximos representantes del realismo socialista fue ucraniano, Anatoli Lunacharski, ministro de educación y diplomático soviético. Tampoco recuerdan que fue ucraniano Leonid Brézhnev, líder supremo de la URSS por casi dos décadas, las de máximo apogeo soviético. La muerte de Brézhnev y el accidente de Chernóbil marcaron el inicio de la decadencia de la URSS. Afganistán, la última conquista soviética, le es arrebatada a Rusia con la ayuda de EE.UU.

Ucrania fue uno de los primeros países en declarar la disolución de la URSS, y uno de los fundadores en 1991 la Comunidad de Estados Independientes (CEI), junto a Rusia y Bielorrusia, los tres Estados que descienden de la antigua Rus de Kiev. Luego se incorporaron la mayoría de las ex repúblicas soviéticas. Varias zonas de la antigua URSS se vuelven polvorines, túrquicos, caucásicos, eslavos. Abandonado el mito del proletariado internacional, se avivan las rencillas étnicas y nacionalistas. Ya en 1990 Transnistria se declara independiente de Moldova —ex república soviética, vecina de Ucrania—, usa el ruso como idioma oficial y extiende la estética comunista, ningún país miembro de la ONU la reconoce al día de hoy.

El 2008 Rusia entra en guerra con Georgia y declara la independencia de las repúblicas separatistas georgianas de Abjasia y Osetia del Sur, el país quería formar parte de la OTAN, organización militar que dirige EE.UU. El 2014, el golpe de Estado del Euromaidán en Ucrania busca el mismo objetivo antirruso, Rusia toma Crimea bajo referéndum, la mayoría de ciudadanos son rusoparlantes. Este lunes Putin declara la “independencia” del Dombás, en Ucrania, la República Popular de Luhansk y la República Popular de Donetsk. La historia se repite dos veces, la primera como drama, la segunda como tragedia. Georgia abandona la CEI el 2009 y Ucrania el 2018.

La guerra ha empezado, nunca antes estábamos tan cerca de un conflicto entre las potencias desde la crisis de los misiles en Cuba en los 60’s. Rusia ha demostrado su poder en su zona de influencia con la intervención en Kazajistán a comienzos de año (Revolution, 2002), y también mostró su habilidad diplomática, Israel no puede vender su sistema antimisiles a Ucrania por acuerdos con Rusia (Mukhtar, 2002). 

En realidad, la guerra ha empezado hace mucho, los ultranacionalistas de Ucrania –que por supuesto, no representan a la mayoría de la población– reivindican a Stepán Bandera, quien colaboró con las nazis durante la 2GM. Siendo asesinado por un agente de la KGB en 1959, es tenido por mártir en los círculos fascistas. Hoy por hoy, tanto la Unión Europea como Rusia, el gobierno ucraniano y las organizaciones judías condenan cualquier conmemoración a Bandera. Desde el 2014 los grupos nacionalistas han atacado a los prorrusos del Dombás, han muerto 13 000 personas, de las cuales 3 300 eran civiles.

Desde la disolución de la URSS, los EE.UU. prometieron no expandir la OTAN cerca de las fronteras de Rusia, ya que esta organización tenía como objetivo contener el avance de la URSS durante la Guerra Fría. Sin embargo, cada vez más países de la ex órbita soviética se han integrado a la Unión Europea y la OTAN. Los Estados Unidos, a través de su poder económico y la OTAN ha logrado lo inimaginable: meterse al bolsillo a los otrora grandes imperios occidentales, Inglaterra, España, Portugal, Alemania, Italia, Austria. Pero no ha logrado lo mismo contra Rusia y China, por motivos cultures, la lejanía geográfica, y la huella del comunismo.  Eso sí, a Vladimir Putin se le puede acusar de imperialista, de nostálgico soviético, pero en absoluto de socialista: “Quien no añore a la Unión Soviética no tiene corazón, quien quiera regresar a ella no tiene cerebro”, dijo hace años.

La propaganda occidental, por supuesto, incluye hasta videos falsos, toda una “guerra cognitiva”. Si Rusia invade un país es demonizada por la CNN, la BBC, la DW, y toda la artillería mediática internacional. Pero cuando EE.UU. y sus aliados de la OTAN bombardearon Serbia y mutilaron toda Yugoslavia, y cuando declararon unilateralmente la independencia de Kosovo, nadie parecía reclamar.   

La movida de Putin ha sido temeraria, pero quizás los líderes rusos han calculado sus acciones al mínimo detalle. Lo más probable es que la OTAN se unifique más, en contra de Rusia, y quizás atraiga a nuevos miembros, vecinos del gigante: Suecia y Finlandia. La Federación recibirá más sanciones económicas y Alemania puede cancelar el proyecto North Stream II con Rusia. De extenderse la guerra, no solo se perderán vidas rusas y ucranianas, sino de miles de europeos. Mientras tanto, el mandamás de la OTAN, EE.UU., la pasará bien, vendiendo armas a sus aliados, y vendiendo los productos energéticos que Rusia ya no podrá exportar.

En los años de la 1ra GM, Lenin y Rosa Luxemburg llamaron a no apoyar a ninguna de las potencias, las dos guerras mundiales fueron causadas por las metrópolis capitalistas. Condenamos la guerra y apoyamos la libre determinación de los pueblos a su autonomía. Rusia puede abanderarse en la guerra contra los neonazis, pero a todas luces estamos ante una guerra entre potencias capitalistas, nadie que tenga convicción anticolonial y sensibilidad social puede apoyar a ninguno de los dos bandos. El imperio yanqui es aún el gendarme mundial, el enemigo principal de los pueblos que buscan su independencia, pero no todos enemigos de nuestros enemigos son nuestros amigos.         

Referencias

Mukhtar, Ibrahim (2022) Israel rechaza la solicitud de Ucrania para comprar el sistema de defensa Iron Dome, Agencia Anadolu. https://www.aa.com.tr/es/mundo/israel-rechaza-la-solicitud-de-ucrania-para-comprar-el-sistema-de-defensa-iron-dome/2503366

Revolution (2022). Ukraine and Kazakhstan: Crises, volatility and the danger of war on the Russian border, https://revcom.us/en/ukraine-and-kazakhstan-crises-volatility-and-danger-war-russia-border

Fuente: https://barropensativocei.com/2022/02/25/ucrania-tercera-guerra-mundial/

 

jueves, 24 de febrero de 2022

ALGUNAS REFLEXIONES EN TORNO A LA CRISIS EN UCRANIA

En el trasfondo, lo que está en juego son los intereses superiores del capitalismo global que observa impávido la pérdida de su poder omnímodo. Ucrania es solo un instrumento despreciable para Occidente en la búsqueda de salvar al capitalismo en el momento de su mayor debilidad.

24/02/2022

Durante una entrevista realizada en días pasados, el periodista Carlos Arellano me sorprendió al preguntarme si el recuento histórico que hizo el presidente Putin en su reciente comparecencia para explicar la decisión de reconocer la independencia de Lugansk y Donetsk, era necesario.

Arellano con sapiencia, trataba de encontrar explicaciones a dicha decisión y desentrañar el intríngulis del asunto. Con mucho respeto por el presidente Putin, me permití diferir de su opinión que le achacaba la responsabilidad de lo que está ocurriendo en Ucrania a los bolcheviques y a Vladimir I. Lenin.

Cuando los bolcheviques llegaron al poder no solo tuvieron que formar un gobierno para dirigir Rusia sino todo el gigantesco imperio zarista que agrupaba a alrededor de 100 nacionalidades, la mayoría de las cuales habían sido incorporadas a la fuerza. La creación de la Unión Soviética que llegó a tener 15 repúblicas socialistas, 20 repúblicas autónomas, 125 óblasts, 7 óblats autónomos, 10 distritos autónomos y 7 krais, fue el intento diseñado por los bolcheviques para resolver el problema de las nacionalidades y darle a cada una la representación que merecía.

Si eso se deformó no fue culpa de los bolcheviques y mucho menos de Lenin. Hay que recordar que todo eso se hizo en medio del asedio absoluto del capitalismo mundial que pretendió destruir el naciente poder de obreros y campesinos cuando nacía en el marco de una hambruna generalizada de los pueblos. “Pan, paz y tierra” fue la consigna bolchevique de entonces. Por cierto, esa decisión fue la que permitió a los ucranianos tener por primera vez un Estado nacional. Si eso fue un error como planteó el presidente Putin, es bastante discutible o al menos, necesario de debatir. Pero es comprensible que entre Lenin y Putin haya diferencias, el fundador de la Unión Soviética era un revolucionario comunista e internacionalista y Putin, un nacionalista ruso que se ha propuesto defender y salvaguardar los intereses de su país cuando ya no existe el mundo bipolar.

Otra arista del problema es la razón jurídica enmarcada en el derecho internacional. Sabiendo que éste es un instrumento para ser cumplido sólo por los países pobres, atrasados y subdesarrollados, lo cierto es que Rusia actuó como lo que es: una gran potencia mundial a la que solo se ha podido avasallar mediante la traición de Gorbachov y la incompetencia etílica de Yeltsin. Putin llegó al poder a comienzos de siglo para recuperar el honor y la dignidad de Rusia que desde el mismo momento de la desaparición de la Unión Soviética fue vilipendiada y marginada de su condición de potencia dentro del sistema internacional.

El debate y argumento principal de Occidente para decidir sanciones contra Rusia es que se violentó la soberanía y la integridad territorial de Ucrania tras la decisión tomada por Putin el pasado lunes 21, pero está visto que las potencias actúan así en cualquier condición. Nadie ha hecho escándalo por las 8 invasiones militares, las 11 revoluciones de colores y los más de 20 países sancionados por Estados Unidos desde la desaparición de la Unión Soviética mientras se trataba de instalar un sistema internacional unipolar basado en el uso de la fuerza que ha significado millones de víctimas en todo el planeta, marginando además al derecho internacional que ha pasado a ser una entelequia a la que apelan los países del sur para intentar salvaguardar su existencia.

En este ámbito, el argumento más sólido esgrimido por Rusia para explicar su decisión fue dado a conocer por el presidente Putin al informar que la medida tomada se hizo con el fin de evitar que se siguiera realizando un genocidio. Hay que recordar que la aún vigente y mal llamada Declaración “Universal” de Derechos Humanos de la ONU establece en su artículo 3 que: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Rusia actuó en defensa de la vida y la seguridad de 4 millones de ciudadanos que corren peligro cotidianamente desde hace 8 años.

Hay que recordar que el actual gobierno de Ucrania es heredero de un golpe de Estado fascista en la que bajo conducción de Occidente, la OTAN y en especial de Estados Unidos en la figura de la sub secretaria de Estado para asuntos europeos Victoria Nuland, promovieron la acción vandálica de grupos neonazis que hasta se permitieron incendiar sinagogas bajo la mirada complaciente de Estados Unidos y el silencio cómplice de Israel, a quien el falso discurso del “antisemitismo” se le olvidó transitoriamente.

Fue precisamente esta funcionaria quien en una conversación con el embajador estadounidense en Ucrania Geoffrey Pyatt en febrero de 2014 cuando ultimaban detalles sobre la forma de derrocar al gobierno de Víktor Yanukóvic, expuso el talante despreciativo que siente Estados Unidos por sus “aliados”. Ante una observación del embajador Pyatt en el sentido de que determinadas decisiones de su país no concordaban con la opinión de la Unión Europea, Nuland exteriorizó la emblemática frase que define el poco respeto y consideración que tiene Estados Unidos por sus socios del Viejo Continente: “Que se joda la Unión Europea” expresó la hoy subsecretaria de Estado para asuntos políticos.

Hay que recordar también que el nacimiento de las repúblicas de Donetsk y Lugansk tuvo su origen en el rechazo a ese golpe de Estado, dadas las acciones racistas, extremistas y violadoras de derechos humanos por parte de la administración ucraniana contra la minoría rusa que habita esos territorios. En este sentido, la creación de estas instancias respondió al derecho de legítima defensa, consagrado en todos los documentos atingentes al tema en el marco del derecho internacional

Han sido ocho años de denuncias continuas y permanentes, simultaneas a la inoperancia del Formato de Normandía y los Acuerdos de Minsk al que Estados Unidos y Europa siempre le concedieron poca importancia, sin jamás hacer un esfuerzo mínimo para conminar al gobierno subordinado de Ucrania a que los cumpliera. Ahora, Occidente se acordó de los acuerdos de Minsk, los que después de años de estar apartados de la media informativa, ha comenzado a atiborrar desde ayer las salas de redacción y los estudios de los canales de televisión. Incluso, el presidente francés, con total desparpajo, ha creído válido utilizarlos como instrumento para su campaña electoral.

Finalmente, en el marco del maltrecho orden internacional, lo que se debe analizar es, si se interviene militarmente en un país para promover un genocidio como lo ha hecho Estados Unidos en Venezuela, Nicaragua y Cuba o se interviene para evitar un genocidio. En el caso de Cuba se prueba que el derecho internacional es solo un “saludo a la bandera” como lo muestran 63 años de bloqueo repudiado por casi toda la humanidad menos dos países, decisión que todos los presidentes de Estados Unidos han echado al tiesto de la basura.

Precisamente, en la década de los 70 de siglo pasado, Cuba “invadió” Angola, ayudando a concretar la independencia de ese país y haciendo el aporte más relevante para destruir el oprobioso apartheid que convivía bajo la mirada cómplice de Occidente, mientras se ejecutaba un largo genocidio contra la población negra de Sudáfrica. ¿Alguien puede objetar que haya sido un pequeño país subdesarrollado el que haya hecho la mayor contribución para conseguir el fin del apartheid?

¿Quién puede creer en el derecho internacional, en el sistema multilateral y en la ONU cuando el pueblo saharaui ha esperado por 30 años el referéndum prometido para definir su status político?, no realizado porque Europa, los poderes coloniales y los intereses económicos de Occidente le han dado la venia a Marruecos para que protagonice otro genocidio continuado, solo evitado en su total dimensión, por la acción solidaria de África y en particular de Argelia. ¿Dónde está el derecho internacional?

Pero, más allá de estos sucesos que llenan el espacio informativo de los últimos días, lo interesante es estudiar qué está ocurriendo realmente en la dinámica internacional y qué repercusiones tienen estos hechos en la emergencia de un nuevo orden mundial que se anuncia. ¿Cuál es la verdadera intención de Estados Unidos al organizar una guerra para que Europa sea nuevamente devastada, tal vez por tercera vez en cien años?

En el trasfondo, lo que está en juego son los intereses superiores del capitalismo global que observa impávido la pérdida de su poder omnímodo. Ucrania es solo un instrumento despreciable para Occidente en la búsqueda de lograr su objetivo primordial que es salvar al capitalismo en el momento de su mayor y creciente debilidad. En particular, está visto a través de la historia que a Estados Unidos no le importa sacrificar millones de vidas, incluyendo la de sus propios ciudadanos humildes que son los que conforman su ejército, si de preservar su sistema se trata. Sus 800 bases militares en todo el mundo y sus 11 portaviones son el instrumento más importante con que cuenta Estados Unidos para resolver los problemas que plantea el derecho internacional.

Durante los cinco últimos siglos, es decir desde que se inició la globalización hegemonizada por Occidente, el poder mundial se asentaba sobre el control de los mares. Eso ha comenzado a cambiar generando una transformación paradigmática en la que Estados Unidos está quedando fuera. La creación de un gran espacio euroasiático en territorio terrestre a partir de la alianza entre Rusia y China establece parámetros novedosos en la estructuración del poder mundial. Hay que tener en cuenta que fueron pensadores occidentales como el inglés Halford Mackinder y el estadounidense de origen neerlandés Nicholas Spykman quienes expusieron que el control del Asia Central como “corazón continental” o “área pivote”, conduciría al control del mundo.

En años recientes la alianza ruso-china que ha llegado al súmmum de su fortaleza tras la declaración conjunta del 4 de febrero pasado firmada por los presidentes de ambos países en Beijing, manifiesta la concreción de los primeros pasos en la creación de un nuevo orden mundial. Tras la derrota y huída de Afganistán por parte de Estados Unidos y la OTAN, y después del fracaso de los golpes de Estado en Kirguistán en enero de 2020 y en Kazajistán en enero de este año, se ha puesto de relieve la incapacidad de Estados Unidos por dominar ese territorio estratégico del planeta.

La alianza euroasiática está sustentada por la pertenencia de Rusia a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que mostró su eficacia, evitando el golpe de Estado en Kazajistán, además de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), donde participan China y Rusia con el objetivo de cooperar en materia política, económica y de seguridad. Vale decir que a esta organización también pertenecen India y Pakistán, al mismo tiempo que Irán, Bielorrusia, Mongolia y Afganistán esperan aprobación para su ingreso.

De la misma manera la Unión Euroasiática conformada por cinco países constituye la extensión exitosa de vínculos económicos y comerciales en el más amplio espacio terrestre del planeta.

China por su parte promovió y creó la mayor alianza económica del mundo, la Asociación Económica Integral Regional (RCEP por sus siglas en inglés). Esta asociación constituye el 30% de la población mundial. Pero el ámbito de mayor alcance en la región y el mundo es la nueva Ruta de la Seda proyecto desarrollado por China para el cual ha destinado hasta ahora 900.000 millones de dólares distribuidos entre 72 países, con una población de unos 5.000 millones de habitantes o sea el 65% de la población mundial según apunta el periodista belga Marc Vandepitte en un reciente artículo.

El gran peligro para Estados Unidos y su sistema de predominio mundial es la incorporación de Europa y en particular de Alemania a este sistema. Si ello ocurriera, se desmoronaría irremediablemente todo la estructura hegemónica construida tras la segunda guerra mundial que tiene en la democracia representativa de corte occidental su sustento político, la Organización de Naciones Unidas su instrumento de control global, la OTAN es el soporte militar de presión, chantaje y amenaza y el Sistema de Bretton Woods constituido a partir del control occidental del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, los pilares para sostener económica y financieramente su hegemonía global. La subordinación y control de Europa es fundamental para sustentar este modelo diseñado desde que se pusiera en práctica el Plan Marshall tras el fin de la segunda guerra mundial.

El objetivo fundamental de la política estadounidense ha sido evitar que se produjeran acuerdos de integración energética entre Rusia y Europa que podrían sellar una alianza estratégica mutuamente beneficiosa para ambas partes, que por añadidura enlazaría a Europa con China dejando a Estados Unidos alejado de la posibilidad de seguir manteniendo la supremacía energética en Europa, que junto a la OTAN configuran los pilares que garantizan el control del Viejo Continente por parte de Estados Unidos. Según el periodista estadounidense Mike Whitney, el objetivo de Estados Unidos al desatar el conflicto ucraniano es impedir que el gasoducto Nord Stream 2 sea puesto en funcionamiento como lo señalara explícitamente Victoria Nuland y el propio Joe Biden.

La idea de las acciones de Estados Unidos se sustenta en la doctrina Clinton de política exterior aplicada en Libia que se resume en la frase: ”Fuimos, vimos y él murió”, pronunciada por la ex secretaria de Estado tras el asesinato de Muamar Gadafi. No se puede olvidar que la señora Clinton era secretaria de Estado cuando Biden era vicepresidente.

El verdadero desenlace del problema se va a producir cuando los ciudadanos europeos despierten de su aletargamiento y le pregunten a sus autoridades porque los campesinos de España, Portugal e Italia perdieron el mercado ruso que le compraba su producción de cítricos, aceite de oliva, verduras y otros productos sumiéndolos en una crisis aún más severa. ¿Por qué tienen que pagar tres y cuatro veces más por el combustible, solo para satisfacer a Estados Unidos? Y si se desata la guerra, ¿por qué tienen que poner los muertos y asistir a la destrucción de sus ciudades para hacer felices a sus líderes políticos que han decidido subordinarse a Washington?

Esperemos que ello no ocurra y prime la sensatez. No vale la pena morir por algunos oligarcas que previendo el desastre que están generando en la Tierra aceleran la carrera espacial suponiendo que pueden escapar del desastre que están creando por su afán de lucro y ganancia desmedida.

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