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lunes, 7 de noviembre de 2016

RUSIA, CHINA Y ARABIA SAUDITA PONEN EN JAQUE LA HEGEMONÍA DEL DÓLAR




por Ariel Noyola Rodríguez
 
Estados Unidos encuentra cada vez más obstáculos para mantener la hegemonía del dólar como moneda de reserva mundial. Durante los últimos meses, los países emergentes , al igual que Rusia y China, han vendido gran cantidad de bonos del Tesoro de Estados Unidos. Pero ahora también lo hace Arabia Saudita. Además, para protegerse de las bruscas fluctuaciones del dólar, los bancos centrales de varios países han venido adquiriendo enormes volúmenes de oro para diversificar sus reservas monetarias. En definitiva, la ofensiva global contra el dólar estadounidense está recrudeciéndose a través de la venta masiva de deuda estadounidense y, en paralelo, de compras colosales de metales preciosos.
Red Voltaire | Ciudad de México (México) | 5 de noviembre de 2016

La supremacía de Washington en el sistema financiero mundial recibió un golpe tremendo el pasado mes de agosto: Rusia, China y Arabia Saudita vendieron bonos del Tesoro de Estados Unidos por valor de 37 900 millones de dólares, de acuerdo con la última actualización de datos oficiales publicada hace unos días [1]. Desde una perspectiva general, las inversiones globales en la deuda del gobierno estadounidense se desplomaron a su nivel más bajo desde julio de 2012. Ya es evidente, el papel del dólar como moneda de reserva mundial nuevamente se ve cuestionado.

Ya en 2010, el almirante Michael Mullen, presidente de los Jefes del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, lanzó la advertencia de que la deuda representaba la principal amenaza para la seguridad nacional [2]. A mi juicio, no es tanto que un alto nivel de endeudamiento público (actualmente por encima de los 19 billones de dólares [3]) sea una piedra en el zapato para la economía estadounidense, sino que más bien para Washington es decisivo garantizar diariamente un enorme flujo de recursos desde el exterior a fin de cubrir sus déficit gemelos (comercial y presupuestario); es decir, para el Departamento del Tesoro es un asunto de vida o muerte vender títulos de la deuda estadounidense a todo el mundo para de esta manera poder financiar los gastos del Estado norteamericano.

Hay que recordar que tras la quiebra de Lehman Brothers, en septiembre de 2008, el Banco Popular de China se vio fuertemente presionado por Ben Bernanke, en aquel entonces presidente del Sistema de la Reserva Federal (FED), para que no vendiera sus títulos de la deuda estadounidense. En un primer momento, los chinos aceptaron sostener el dólar. Pero, ya en un segundo momento, el Banco Popular de China se resistió a comprar más bonos del Tesoro de Estados Unidos y, al mismo tiempo, puso en marcha un plan de diversificación de sus reservas monetarias.

Pekín ha venido comprando oro de forma masiva en los años recientes, y lo mismo ha estado haciendo el banco central de Rusia. En el segundo trimestre de 2016, las reservas de oro del Banco Popular de China alcanzaron las 1 823 toneladas frente a las 1 762 toneladas registradas el último trimestre de 2015. La Federación rusa por su parte, incrementó sus reservas de oro en alrededor de 290 toneladas entre diciembre de 2014 y junio de 2016, con lo cual, cerró el segundo trimestre de este año con un acumulado de 1 500 toneladas.

Frente a los brutales bandazos del dólar, es crucial comprar activos más seguros como el oro que, en momentos de gran inestabilidad financiera, actúa como un valor refugio. Por eso la estrategia de Moscú y Pekín de vender bonos del Tesoro de Estados Unidos para luego comprar oro ha sido seguida por muchos países: según las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), las reservas de oro de los bancos centrales del mundo alcanzan ya el nivel más alto de los últimos 15 años luego de registrar a principios de octubre un volumen total de casi 33 000 toneladas [4].

La geopolítica también está jugando su parte en la configuración de un nuevo orden financiero mundial. Tras la imposición de sanciones económicas contra el Kremlin, a partir de 2014, la relación con China tomó gran relevancia para los rusos. Desde entonces, ambas potencias han profundizado sus vínculos en todos los ámbitos, desde la economía y las finanzas, hasta la cooperación militar. Además de comprometer el suministro de gas a China para las próximas tres décadas, el presidente Vladímir Putin construyó junto con su homólogo Xi Jinping una poderosa alianza financiera que busca terminar de una vez por todas con la dominación de la divisa estadounidense.

Actualmente, los hidrocarburos que Moscú vende a Pekín ya no se pagan en dólares sino en en yuanes. De este modo, la “moneda del pueblo” (‘renminbi’, en chino) se está abriendo paso poco a poco en el mercado mundial de hidrocarburos a través de los intercambios comerciales entre Rusia y China, los países que, a mi modo de ver, encabezan la construcción de un sistema monetario multipolar.

La gran novedad es que a la carrera por la desdolarización de la economía global se ha sumado Arabia Saudita, país que desde hace varias décadas se había mantenido como un aliado incondicional de la política exterior de Washington. Sorpresivamente, durante los últimos 12 meses Riad se deshizo de más de 19 000 millones de dólares invertidos en bonos del Tesoro de Estados Unidos, convirtiéndose junto con China, en uno de los principales vendedores de deuda estadounidense [5]. Para colmo de males, la furia del Reino Saudita contra la Casa Blanca viene incrementando su intensidad.

Sucede que a finales de septiembre, los congresistas estadounidenses aprobaron la eliminación del veto del presidente Barack Obama a una ley que impedía a los ciudadanos estadounidenses denunciar a Arabia Saudita ante los tribunales por su presunta participación en los atentados del 11 de septiembre de 2001 [6]. Simultáneamente, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) llegó a un acuerdo histórico con Rusia para disminuir el nivel de producción de crudo y, con ello, promover un incremento de precios [7].

Es llamativo también que, justo por esos días, Pekín haya abierto la negociación directa entre el yuan y el riyal de Arabia Saudita a través del Sistema de Comercio de Divisas Extranjeras de China (CFETS, por sus siglas en inglés) a fin de realizar transacciones entre ambas monedas sin necesidad de pasar antes por el dólar [8]. En consecuencia, es altamente probable que, más temprano que tarde, la empresa petrolera Saudi Aramco acepte pagos en yuanes en lugar de dólares. De concretarse este arreglo, la casa de los Saud estaría apostando de lleno por el petroyuan [9].

Ante nuestros ojos, el mundo está cambiando.


martes, 12 de enero de 2016

FED, LA PIRÁMIDE DIABÓLICA: LA RESERVA FEDERAL DE ESTADOS UNIDOS JALA EL GATILLO





Contralínea
12-01-2016

El Sistema de la Reserva Federal (Fed, por su acrónimo en inglés) de Estados Unidos finalmente lo hizo, jaló el gatillo : el miércoles 16 de diciembre de 2015, en punto de las 14 horas (hora en Washington, Distrito de Columbia), se anunció la decisión de elevar el precio del dinero en 25 puntos base. De esta manera, la tasa de interés de los fondos federales ( federal funds rate ), la que se cobran los bancos entre sí por préstamos de 1 día, aumentó desde un nivel mínimo entre cero y 0.25 por ciento en el que se encontraba desde finales de 2008, a otro que oscila entre 0.25 por ciento y medio punto porcentual.
Se trata de la primera vez que se lleva a cabo un alza de tipos de interés en casi 1 década, la última subida tuvo lugar en 2006, cuando comenzaban a emerger las primeras señales de la crisis hipotecaria ( subprime ) en Estados Unidos. Cierto es que hace ya un buen tiempo que la presidenta del Fed, Janet Yellen, venía advirtiendo a propios y extraños que, más temprano que tarde, iba a elevar la tasa de interés de los fondos federales, un referente clave que determina el costo del crédito en el ámbito internacional. 

De acuerdo con la mayoría de los integrantes del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por su sigla en inglés) del Fed, el aspecto más preocupante de la economía estadounidense tenía que ver con la evolución del mercado de trabajo. Según se puede leer en sus estatutos, el Fed tiene la obligación de cumplir con tres objetivos fundamentales: la estabilidad financiera, la baja inflación y el pleno empleo. 

Si se los compara con los puntajes alcanzados en 2008, hoy en día los principales índices de la bolsa de valores de Nueva York (el Dow Jones, el Nasdaq y el índice Standard & Poor’s 500) parecen haberse recuperado, con todo y que la economía estadounidense aún no consigue registrar los niveles de inversión productiva ni de empleo alcanzados hace 7 años. Pero para el Fed todo se encuentra bajo control, pues la volatilidad observada durante el último año en el mercado bursátil no es tanto un reflejo de los problemas “estructurales” de la economía de Estados Unidos, sino que obedece a pequeñas “correcciones” en los precios de los títulos financieros. 

Por lo tanto, si bien existen ciertas amenazas sobre la estabilidad financiera, no son tan grandes como para poner en cuestión la recuperación económica, a juicio de varios funcionarios del Fed. En cambio, sí hay bastante angustia en torno a la inflación. Pues el nivel de precios en Estados Unidos se ha mantenido por debajo de 2 por ciento, el objetivo del Fed, desde hace más de 3 años. Es que si bien la meta del Fed es mantener baja la inflación, si el nivel de precios se mantiene en un nivel demasiado bajo por un largo tiempo, es una señal inequívoca de que algo anda realmente mal en la economía. 

Los estímulos monetarios y fiscales implementados por el Fed y el Departamento del Tesoro, respectivamente, no lograron apuntalar la inflación en Estados Unidos; el peligro mayor está en que en algún momento la baja inflación termine por convertirse en deflación (caída de precios), la peor pesadilla de los capitalistas. Según los datos del Departamento del Trabajo, en octubre pasado el índice de precios al consumidor (IPC) creció apenas 0.2 por ciento con respecto al mismo periodo de 2014, mientras que si se excluyen los precios de los alimentos y la energía, el incremento fue de 1.9 por ciento. En noviembre los datos mostraron una leve mejoría, el IPC creció 0.5 por ciento en términos anuales, y los precios subyacentes al consumidor aumentaron 2 por ciento. 

Janet Yellen confía en que en el mediano plazo, a medida que la recuperación siga cobrando fuerza, la inflación va a terminar por acercarse cada vez más al objetivo de 2 puntos porcentuales. Y por último, el Fed debe velar por un mercado laboral boyante. Pleno empleo en la jerga económica significa estar en una situación en la que el país en cuestión utiliza la mayor parte de sus capacidades productivas. Cuando la tasa de desempleo se ubica en alrededor de 5 por ciento, el gobierno de Estados Unidos considera que hay pleno empleo. 

Y según las cifras más recientes, la nómina no agrícola consiguió incrementos importantes durante el último tramo de 2015, en especial en noviembre, cuando aumentó en 211 mil. Así, la tasa de de desempleo oficial cayó de 10 por ciento en 2009, a cerca de 5 por ciento. Sin embargo, se deja de lado que si se tomara en cuenta una definición mucho más amplia de desempleo, la metodología U-6, que considera a las personas que han abandonado la búsqueda de empleo, así como a los trabajadores dispuestos a cumplir con una jornada de tiempo completo, la tasa de desempleo se ubica en casi 10 por ciento. 

“En general, la información económica y financiera recibida desde nuestra reunión de octubre ha sido consistente con nuestras expectativas de una mejora continuada del mercado laboral […] si [el Fed] retrasa el inicio de una normalización de la política demasiado, probablemente acabemos teniendo un endurecimiento político relativamente abrupto que evitará que la economía supere nuestros objetivos”, sentenció Yellen a principios de diciembre de 2015. 

El Fed elevó sus expectativas de crecimiento para el próximo año hasta 2.4 por ciento, la estimación previa era de 2.3 por ciento. También disminuyó su proyección para el desempleo en 2016 a 4.7 por ciento, por debajo de la anterior de 4.8 por ciento. No obstante, ese optimismo desbordado soslaya por completo que los empleos ganados son, sobre todo, a tiempo parcial en el sector de los servicios; en contraste, tanto las empresas de la manufactura y el sector de la energía (en especial las vinculadas con los hidrocarburos) han realizado despidos masivos en los últimos meses. Por otro parte, los salarios, si bien han aumentado poco a poco, el incremento es todavía insuficiente para conseguir aumentos significativos en el nivel de consumo, y sobre todo, en la inflación.

¿Cómo nos afectará la decisión que tomó el Fed? ¿Qué pasará con la economía mundial? El dólar se revaluó apenas unas horas después de que el Fed subió la tasa de interés de los fondos federales. Luego los precios de los hidrocarburos tocaron el piso : el precio del barril de petróleo Brent se situó en 37.44 dólares, una caída de 3.44; mientras que el precio del crudo en su variedad West Texas Intermediate (WTI) cayó 4.81 por ciento, hasta 35.56 dólares por barril. 

Es que los precios de las materias primas ( commodities ) se comportan de manera inversamente proporcional a las cotizaciones del dólar. El cobre, el oro, el petróleo, la plata, así como la mayor parte de los commodities se encuentran financiarizados , esto es, su valor monetario depende en gran medida de las fluctuaciones de precios en los mercados de derivados (denominados en dólares). De modo inevitable, las empresas exportadoras de Estados Unidos tendrán mayores dificultades para colocar sus mercancías en el mercado mundial (ante el encarecimiento del dólar). 

Visto desde el otro lado , las monedas de los países emergentes tendrán una depreciación más pronunciada. Sus exportaciones deberían ganar competitividad (ante el abaratamiento de sus monedas) si no fuera porque en estos momentos el comercio internacional registra sus niveles más bajos de las últimas 3 décadas. 

Por ejemplo, las exportaciones latinoamericanas entre 2013 y 2015 registraron el peor nivel de los últimos 80 años, según las estimaciones de Alicia Bárcena, la secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Es que no hay tantos países a los cuales vender, incluso la región de Asia-Pacífico se encuentra en franca desaceleración. 

Por lo tanto, el efecto negativo se observará sobre todo por la vía de las finanzas, cientos de miles de dólares de capitales de cartera se fugarán de los países emergentes hacia Estados Unidos, con lo cual los mercados bursátiles (de los países emergentes) sufrirán graves pérdidas, sus monedas se depreciarán aún más y el monto de la deuda externa aumentará (denominada en dólares). 

“2016 será un reto para los mercados emergentes conforme la caída de precios de las materias primas, y el débil crecimiento del comercio mundial extiende la experiencia reciente de las presiones presupuestarias y de balanza de pagos” , declaró a The Wall Street Journal el economista jefe de Deutsche Bank, David Folkerts-Landau. 

Ante ese complicado escenario, lamentablemente no cabe más que esperar fuertes recortes de gasto público en las naciones emergentes. De acuerdo con las proyecciones actualizadas a diciembre de 2015, publicadas por la Cepal, nuestra región cerró 2015 con una contracción de -0.4 por ciento del producto interno bruto (PIB), y solamente crecerá 0.2 por ciento el próximo año, uno de los desempeños más mediocres desde 2009. No obstante, una vez que se realicen los ajustes de corte neoliberal exigidos por las burguesías locales (lo mismo en Colombia y México, que en los países que ostentan tener gobiernos progresistas como Brasil y Venezuela), la recesión será de mayor calado, y por lo tanto, la expansión económica en la región será mucho menor a lo estimado por la Cepal. Larga vida aún tiene esta crisis… 

Ariel Noyola Rodríguez es economista, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Twitter: @noyola_ariel.
Fuente: Contralínea .

miércoles, 16 de diciembre de 2015

CRISIS TERMINAL DEL CAPITALISMO: ¿LOS AMOS DEL DINERO IMPONEN SU LEY O SE MUEVEN COMO LES SOPLA EN VIENTO?




Ariel Noyola Rodríguez
Contralínea
16-12-2015

A lo largo de 2015, las pérdidas de los mercados bursátiles sumaron cientos de miles de millones de dólares. El mundo de los negocios se puso a temblar cuando a inicios de agosto la bolsa de valores de Shanghái cayó durante varias jornadas consecutivas. Solamente entonces se puso en evidencia que las vulnerabilidades de la economía mundial no se restringían a Estados Unidos y la Unión Europea. 

Aunque ya pasaron más de 7 años desde la quiebra de Lehman Brothers, todo apunta a que la crisis global todavía no toca fondo, pues conforme pasan las semanas cobra nuevas víctimas, de un sector a otro, de una región geográfica a otra. Como consecuencia de la creciente desaceleración de Asia-Pacífico, los países emergentes cuyos ingresos dependen de la exportación de materias primas (commodities) se encuentran hoy en un serio predicamento. 

El canal de contagio (de la crisis) de los países industrializados hacia los emergentes ya no es únicamente por la vía comercial –si bien cabe destacar que el Baltic Dry Index (BDI), uno de los principales indicadores del transporte marítimo y un dato fundamental para medir la actividad comercial en términos reales, registra su peor desempeño de las últimas 3 décadas–, sino sobre todo a través de las finanzas. 

De acuerdo con una investigación publicada en octubre por el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés), que analiza los datos de 30 países, este año las salidas de capitales de los residentes en los países emergentes alcanzarán más de 1 billón de dólares. Es el monto más dramático desde la crisis asiática de 1998. No hay duda de que la euforia bursátil del Sur global no será más. 

Es que los inversionistas que venían comprando bonos de deuda soberana de los países de América Latina y Asia-Pacífico, así como títulos respaldados en commodities, en la actualidad están llenos de miedo e incertidumbre. Ya no consideran seguro obtener elevados dividendos apostando en activos financieros de alto riesgo. 

Ahora nada les resulta más seguro que volcar sus inversiones hacia los bonos del Tesoro de Estados Unidos. A pesar de su enorme deuda pública, nadie cree que Washington vaya a declararse en bancarrota en el corto plazo, eso llevaría a que el dólar viera debilitado su estatus de moneda de reserva, y con ello, la hegemonía de Estados Unidos sería herida de muerte. Resulta una contradicción que aún con los graves problemas de la economía estadounidense, la confianza en el dólar apenas se haya visto mermada desde la crisis de 2008, si bien es cierto que hay otras monedas, como el yuan, que han visto incrementada su influencia de modo considerable. 

En estos momentos el dinero nuevamente está regresando a casa, a sus verdaderos dueños, a los bolsillos de los magnates de Wall Street. Eso explica la caída de los tipos de cambio y los mercados de valores de los países emergentes. Sin embargo, ese dinero o bien se va a atesorar, o bien se va a utilizar para llevar a cabo fusiones y adquisiciones (mergers & acquisitions) de empresas, mas no se invertirá de forma masiva en las actividades productivas y, por lo tanto, el mercado laboral de Estados Unidos estará aún muy lejos de superar su degradación estructural. 

Ante el pánico cada vez más generalizado, el Fondo Monetario Internacional (FMI) insiste en que las autoridades monetarias de Estados Unidos deben actuar con cautela. Ante los altos niveles de deuda en escala mundial, que está denominada fundamentalmente en dólares, la directora ejecutiva del FMI, Christine Lagarde, ha sugerido en varias ocasiones que Estados Unidos debe postergar hasta por lo menos 2016 el incremento de la tasa de interés de los fondos federales (federal funds rate). 

Si bien los datos más recientes del mercado laboral de Estados Unidos parecen mejores que antes, eso no implica de ningún modo que la economía de aquel país goce de una recuperación sostenida. La deuda privada se mantiene muy elevada en Estados Unidos, lo mismo la de las empresas que la de las familias. Miles de estadounidenses no encuentran empleos de tiempo completo, únicamente a tiempo parcial, la mayoría de las ocasiones muy mal pagados y sin prestaciones sociales de calidad. Los más desafortunados sobreviven a expensas de los seguros de desempleo y los cupones de alimentos. 

En contraste, gracias a las políticas del gobierno, los bancos estadounidenses han logrado incrementar sus niveles de capitalización. Asimismo, aumentaron su apalancamiento financiero (es la relación entre crédito y capital propio invertido en una operación financiera), con lo cual, está claro que más que proveer recursos crediticios a las pequeñas y medianas empresas, se han dedicado a realizar apuestas especulativas en el mercado bursátil. Con todo, tal como lo apunté en mi entrega anterior, ese auge también se ha venido agotando a gran velocidad. Según los datos de los propios bancos de Estados Unidos, sus niveles de ganancias apuntan a la baja. 

Visto desde una perspectiva global, el gran riesgo está en que cualquier decisión precipitada puede apuntalar las tendencias recesivas (depresivas) en otros países. Paul Mason, editorialista del diario británico de The Guardian, cita a los economistas del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por su sigla en inglés), para quienes es este “un mundo en el que los niveles de deuda son demasiado elevados, el crecimiento de la productividad es demasiado débil y los riesgos financieros son demasiado amenazadores”. 

En el caso del Continente Europeo, por ejemplo, ante la extrema debilidad del crecimiento y la inflación negativa (deflación) que ha golpeado a varias naciones de la periferia, el banco central de la unión monetaria se ha declarado dispuesto a llevar a cabo medidas extraordinarias si la situación económica continúa su deterioro. 

Lo mismo sucede con Japón, después de que el primer ministro, Shinzo Abe, puso en marcha un ambicioso programa de recuperación, que incluyó tanto estímulos monetarios como fiscales, y un conjunto de “reformas estructurales” a fin de incrementar la productividad, la segunda economía más importante de la región asiática cayó en recesión técnica el tercer trimestre de este año. 

Es así como tres de los bancos centrales más poderosos del mundo divergen en sus planes de política monetaria, mientras que por un lado en Estados Unidos se están preparando para elevar el costo del crédito, por otro lado en Europa y Japón se alistan a lanzar programas de inyección de liquidez mucho más agresivos. Con ello, es evidente que la volatilidad de los mercados financieros no disminuirá, sino que tenderá a aumentar durante los próximos meses. 

En definitiva, no existe consenso entre las grandes potencias sobre el tipo de políticas monetarias que deben ponerse en marcha para combatir la recesión mundial. Así se puso de manifiesto en la cumbre del Grupo de los 20 (G20, integrado por las 20 economías más poderosas del mundo) llevada a cabo a mediados de noviembre en la ciudad de Antalya, Turquía. 

No obstante, en lo que sí hay acuerdo entre los principales líderes mundiales es en seguir agudizando las condiciones de explotación de la clase trabajadora mediante nuevas “reformas estructurales”. En cambio, las reformas orientadas a regular las actividades financieras globales carecen de dientes afilados y su ejecución progresa muy lentamente. Los fondos depositados en los paraísos fiscales siempre son intocables. Es el reflejo que muestra la misma imagen desde París, Berlín, Londres, Bruselas, Washington, Tokio y el grueso de los países emergentes: los amos del dinero imponen su ley

 Ariel Noyola Rodríguez es economista, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. Twitter: @noyola_ariel.
Fuente: Contralínea.