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lunes, 7 de marzo de 2022

PURGANTE POLÍTICO

 


Escribe: Milciades Ruiz

Cuando un líder religioso traiciona sus dogmas, cometiendo graves inmoralidades, hay quienes tratan de defenderlo culpando al diablo, y así, evitar que la feligresía pierda la fe en la iglesia. Similarmente, suele suceder cuando un líder político traiciona los ideales de su partido cediendo ante sus enemigos. Si este fuese el caso del presidente Castillo, no bastaría culpar solo al demonio de la derecha para evitar que la feligresía, pierda la fe ideológica. Veamos.

Es innegable la creciente desazón contenida, en la izquierda peruana y el electorado que lo apoyó, pero la torpeza política del aludido y los malos manejos administrativos a los que recurre, tienen una lógica distinta a la que muchos suponen. Por ello, pese al creciente deterioro político, hay todavía, quienes lo defienden por conveniencia de distinta índole, justificando lo injustificable, en tanto que otros, se sienten traicionados y lo repudian de plano por presunta corrupción.

Más allá de su persona, habría que ver el cuadro completo del fenómeno sociológico que lo ha catapultado, sin ser el único involucrado. Otras piezas forman parte del mismo engranaje que funciona mal, en el contexto histórico actual, pero se camuflan tirándole la pelota solo a él. Son muchas las objeciones a su gestión, como a la de otros poderes del estado. No obstante, los aliados comprometidos no emiten pronunciamiento orgánico, ni para orientar a sus propias iglesias. Tampoco está en agenda de debate para tomar posición al respecto, pero “el que calla, otorga”.

Por ello, a riesgo de ser mal interpretado diré algo al respecto. Culpar a la derecha hasta de nuestra deshonestidad, incapacidad y falta de autenticidad ideológica, es una picardía. Tenemos que ser objetivos. Aunque Castillo es el blanco de todas las miradas y de las indignaciones, su presencia es efecto circunstancial de un fenómeno social que nadie quiere ver. Solo se ve lo evacuado, pero no, el proceso infeccioso. Criticarlo, sin considerar las condiciones que han determinado su protagonismo, desmerece nuestro juicio.

Pudo ser otra persona, pero las circunstancias lo pusieron a él, independientemente de su calidad humana. En la segunda vuelta electoral, no importaba quien fuera, porque lo urgente era evitar que la siniestra mafia fujimorista tome el gobierno nacional. Ha sido pues, el electorado el que nos ha salvado de tan malvada amenaza. De no haber sido por ello, hoy estaríamos lamentando una peor situación para los intereses populares. El costo de esta disyuntiva, es lo que estamos asumiendo.

La gangrena de su desprestigio está muy avanzada y no tiene defensas, ya que hasta ahora, ningún sector popular se siente motivado para ello. Su debilidad política y de personalidad, estimula a la oposición en su deseo de borrarlo, pues con nuevas elecciones tendrá la oportunidad de retomar lo que se le fue de las manos. En esta situación, algunos sectores de izquierda podrían decir: o salvamos lo mal que tenemos, o lo abandonamos para peor. Otros dirán: o dejamos que la gangrena acabe también con nosotros, o tomamos distancia a tiempo, para salvar lo que nos queda. Solo el debate puede ayudar a valorar diversas opciones.

En realidad, fuimos nosotros los que interesadamente hemos malinterpretado la manifestación electoral, sobreestimando el triunfo de “Perú Libre” y su candidato. Nos imaginamos que Castillo era un líder popular lleno de virtudes y aún, se espera que se comporte como quisiéramos y no, como lo que realmente es. Pero ya hay bastante muestra indicativa de que no tiene convicción ideológica de izquierda, ni confía en ella. Militó en el “toledismo” de “Perú Posible” desde el año 2001, siendo directivo local hasta el 2017, en que se canceló la inscripción de ese partido.

Conjuntamente con otros activistas magisteriales, ingresó en el 2020 a “Perú Libre” y antes de cumplir un año de militancia ya era candidato presidencial, lo que nos da una idea de anomalía del caso. Ahora que su alineamiento con EE UU y la OEA es muy claro, podemos entender su proceder político y las medidas de su mandato. Nos cuesta admitirlo, y aunque por decreto supremo, ha definido su política de gobierno 2021-2026 bajo lineamientos no izquierdistas, hay quienes guardan esperanzas de cambio. Si ha usado el sombrero para fingir, probablemente ha fingido su izquierdismo.

Tan es así que, para felicidad de los latifundistas intocados por la promocionada II Reforma Agraria, el 25 del mes pasado, en un discurso público, el presidente Castillo, dijo: “poder darles garantía económica y jurídica a nuestros agroexportadores será nuestro trabajo permanente”. Ignora los muertos y heridos del sangriento paro de trabajadores agrarios en las corporaciones transnacionales agroexportadoras, subsidiadas por el estado que, por ser mayormente capitales extranjeros, se llevan fuera la riqueza generada por nuestro suelo. Esta es una posición contraria a la izquierda. Entonces, no nos engañemos, ni lo hagamos con los demás.

En la naturaleza, todo elemento extraño, no compatible con el conjunto, es rechazado como el en trasplante de órganos. Este lapsus procesal, podría ser expectorado si el deterioro se torna nocivo. Los hechos no suceden por azar sino por la concurrencia de condiciones previas. Denostar contra un resultado final, pisotear un producto, culpándolo de las fallas de fabricación, no es racional. Hay que ver dónde están las fallas del proceso, para poder corregir las deformaciones. Si personas inapropiadas llegan al poder filtrando un proceso político electoral, es porque las condiciones lo facilitan.

Si revisamos los antecedentes en el contexto integral, seguramente vamos a encontrar culpas nuestras, fallas del sistema y otras condicionantes. Es que, en la configuración de una situación política intervienen una serie de factores, propios y extraños, pues hay intereses de toda clase que pugnan por sacar provecho particular. La fuerza que imponga su predominio, será la que dominará la situación. En eso estamos políticamente en la actual coyuntura.

Pero, no solamente hay que ver los factores, sino también, lo que hay detrás de estos, siguiendo su trayectoria y así, poder ubicar las causas de las deformaciones procesales. Por el lado nuestro, podemos seguir las huellas de lo andado por Castillo y su entorno. Hasta podríamos encontrar explicación al bajo nivel cognoscitivo del profesorado que, junto a él, ha accedido al gobierno ocupando altos cargos sin la debida preparación. Los que tanto nos han hablado de “calidad educativa”, resultan siendo descalificados. Lo preocupante es que, nuestros hijos podrían estar en manos de formadores generacionales de muy baja calidad. Aunque no, todos.

También, siguiendo la trayectoria de los hechos, quizá podamos encontrar explicación al por qué, la plancha presidencial y postulantes al Parlamento que postuló “Perú Libre”, en las últimas elecciones, no ha sido del nivel apropiado. Muchos son improvisados oportunistas sin arraigo ideológico. ¿No será que también los demás partidos de izquierda, adolecen de cuadros con capacidad de gobernar? ¿Son confiables los candidatos de los otros partidos de izquierda? O quizá, los métodos orgánicos no son los adecuados. ¿Por qué, tenemos ex gobernadores regionales y ex alcaldes de izquierda investigados y condenados por corrupción?

También podríamos preguntarnos: ¿Lo mejor de nuestros recursos humanos, está en los partidos políticos? O, es todo lo contrario. ¿Qué tendríamos que hacer para que las organizaciones políticas tengan una convocatoria apropiada? Quizá tendríamos que reformular la organización, métodos, consignas, formación ideológica, democracia interna y otros aspectos de institucionalidad. Pero eso nos conduciría a la renovación total. Una revolución al interior de la izquierda. ¿Estarán dispuestas a esto, las actuales dirigencias?

En estas condiciones de deterioro político de la izquierda, clamar por una asamblea constituyente va perdiendo factibilidad, porque además del tramposo sistema electoral, ahora tenemos disconformidad popular. En estas condiciones, la mayoría de diputados sería de oposición. Es que, en la dinámica dialéctica, lo que pierde una fuerza es ganancia para su contraria. Tras el fracaso de la izquierda se fortalece la derecha y viceversa. No cabe duda que la gestión de Castillo, es favorable para los fines de la oposición y dañina para la izquierda. Esto se refleja en las próximas elecciones sub nacionales.

Por otro lado, también podríamos hacer el seguimiento del sistema electoral y del sistema político general en nuestro país, lo que nos llevaría a las fallas de estructura. Si se accede al gobierno con un plan de gobierno y se gobierna con otro, se incurre en delitos graves. Sin embargo, hay impunidad. Entonces, de nada sirve que el JNE exija un requisito que no vale. El plan de gobierno ganador, adquiere su derecho a regir. Este derecho democrático obtenido en sufragio, debería respetarse. Es una falla corregible.

Lo mismo ocurre con la representatividad de los postulantes al Parlamento. Son los oportunistas de toda laya los que copan las listas electorales dejando de lado a los verdaderos representantes de los sectores económicos, sociales y culturales. Entonces, vemos pues que las piezas defectuosas del proceso político son muchas. Pero lo que hacen las organizaciones políticas de izquierda es adaptarse a las aberraciones e injusticias del sistema electoral, antes que luchar contra el engendro antidemocrático.

Podríamos seguir escudriñando las fallas procesales en los diversos aspectos, pero de nada serviría si no hay voluntad política para el debate. Tenemos que ser honestos con nuestro pueblo y decir la verdad, aunque nos duela. Si hablamos de cambio, habría que empezar en propias filas. De nuestra actitud depende la capacidad de recuperación y sostenibilidad de la izquierda.

Por mi parte, continuaré en mi rol crítico, porque lo que está mal, hay que decirlo. Si estoy equivocado en lo dicho, tengo que corregirme. De las discrepancias también se aprende. Después de todo, esta es solo una opinión, como ustedes tienen la suya. No todos pensamos igual y la discrepancia es un derecho humano.

Marzo 07/ 2022

 

 

miércoles, 2 de febrero de 2022

PEDRO CASTILLO: MAL PASO Y OPORTUNIDAD PERDIDA


En el film Tiempos Modernos Charles Chaplin aparece liderando el movimiento social como producto del azar.

Por Jorge Agurto

Servindi, 1 de febrero, 2022.- Desilusiona que miles de compatriotas que se sumaron con entusiasmo a la candidatura de Pedro Castillo Terrones hoy se ven decepcionados por su falta de manejo político para gobernar con un mínimo de eficiencia y viabilidad democrática.

No se trata de exigirle un gobierno revolucionario y menos socialista, sino que demuestre que los sectores populares y democráticos pueden hacer las cosas con mayor racionalidad y ecuanimidad que la derecha vetusta y neoliberal anclada en el pasado.

La confesión de que está "aprendiendo a gobernar" no es mala. Es sincera. Ninguno de los expresidentes anteriores –excepto el corto gobierno de Valentín Paniagua– supo gobernar y todos purgan procesos ante la ley por sus fechorías. 

El único que no purga nada es Alan García Pérez, quién prefirió el suicidio como escape al vergonzoso suicidio político de su monumental ego y la quiebra y desaparición histórica del partido APRA que ya habia reemplazado en los hechos por el Alanismo.

Por esto, el tema de fondo es cómo las representaciones populares adquieren la capacidad de gobernar, de qué manera un sujeto político histórico puede conducir al país por un camino viable y democrático, que proteja los bienes comunes y defienda los intereses de las mayorías.

El tema se vuelve más complejo si consideramos que el Estado Nación y el sistema democrático formalmente vigente no es viable en el país y urge cambiarlo por un nuevo sistema edificado “desde abajo”.

Este nuevo poder, sería en esencia un "no poder" que debe cimentarse en el protagonismo y la autonomía de las comunidades y la libredeterminación de los pueblos indígenas u originarios.

Pero era demasiado complicado exigirle todo esto al humilde profesor cajamarquino. Lo que sí eran requisitos era practicar la transparencia, la honestidad y la consecuencia en la lucha contra la corrupción.

El gran cambio que prometió Castillo descansaba precisamente en el orden ético, en cimentar una moral a prueba de fuego y diferenciarse así de los gobiernos anteriores.

Para la conducción del gobierno podía apoyarse en diversas agrupaciones políticas democráticas, la academia y personal calificado de la propia institucionalidad estatal.

Parecía que Castillo entendía esto cuando cayó el primer gabinete encabezado por Guido Bellido y lo reemplazó -con buen reflejo- por uno presidido por Mirtha Vásquez.

A pesar de la mediocridad de la cúpula cerronista de Perú Libre que pataleó por su derecho a una cuota de poder, Castillo nombró a Pedro Francke en Economía y Finanzas y luego a Avelino Guillén en el sector Interior.

El cisma y la desconfianza se ha generado por no secundar la propuesta de cambios propuesta por Avelino Guillén para impulsar modificaciones que permitan darle mayor transparencia, eficiencia y profesionalidad a la Policía Nacional del Perú.

Entre un hombre probo e intachable como Guillén –quién llevó a prisión a Alberto Fujimori Fujimori– Castillo eligió mantener personal PNP proclive a sus andanzas y manejos. Este ya no es un problema de gobierno sino de ética política y marca un parte de aguas en su desempeño público.  

Junto con Avelino Guillén, se va no solo Mirtha Vásquez, sino también Pedro Francke.

"Este ya no es un problema de gobierno sino de ética política y marca un parte de aguas en su desempeño público. "

Volviendo al problema de fondo

El maestro Felipe Torres Andrade comenta en Facebook que “la ausencia de una organización política que lo respalde y lo asesore facilitó la labor de los oportunistas de derecha e izquierda que hoy tienen capturado al Presidente Pedro Castillo".

“Antes que profesionales y técnicos corruptos el Ejecutivo necesita gente con ética, honradez y moral comprobada”, culmina el comentario del lúcido profesor.

El problema es qué organización política está en la capacidad de construir un plan de gobierno adecuado y pertinente a las necesidades históricas del país y prepara dirigentes éticos y capaces de llevarlo a cabo.

Perú Libre es gobernado por una cúpula aferrada a un ideario sectario, anclado en el pasado, que no incorpora temas trascendentales como la agenda climática, ambiental y de género, por citar solo algunos.

El sociólogo Roberto Espinoza se tomó el trabajo de analizar las falencias del Ideario y Programa de Perú Libre (1), así como del Plan de Gobierno del primer gabinete encabezado por el cerronista Guido Bellido (2).

La visión maniquea de los cerronistas los lleva a recusar la agenda de las organizaciones no gubernamentales a las que califican absurda y tontamente de “caviar”, una palabreja que usan a diestra y siniestra –con la derecha recalcitrante– para descalificar a lo que no encaja en sus moldes seudodoctrinarios.

Por esto, en lugar de ganar adeptos y fortalecer su bancada parlamentaria, la cúpula cerronista expulsó a importantes cuadros políticos como Dina Boluarte, Betssy Chávez y provocó la renuncia de Guillermo Bermejo y Roberto Kamiche. 

A pesar de todos sus defectos y limitaciones, a Perú Libre debemos reconocerle el enorme mérito –de la mano de Pedro Castillo– de interpretar el anhelo de cambio del pueblo y así derrotar a la derecha y todo su poder mediático millonario.

Tuvo el enorme acierto de cerrarle el camino a la derecha retrógada en el año del Bicentenario de la independencia y tenía en sus manos la oportunidad histórica de demostrar que se pueden hacer mejor las cosas.

Pero los cambios de última hora y la incertidumbre política abren posibilidades a nuevos embates que pueden hacer retroceder los pocos avances logrados en los últimos años.

Los cambios de gabinete ocasionan que las gestiones se interrumpan, se suspendan así sea momentáneamente acuerdos y compromisos, y se pierda un valioso tiempo que vale mucho en materia de gestión pública.

La hegemonía: un tema clave   


Lo cierto es que ninguna organización política sigue el camino del amauta José Carlos Mariátegui La Chira, quién -coincidiendo con Antonio Gramsci– dedicó sus energías a la educación política del pueblo.

Ambos maestros tenían la plena convicción de que la labor de educación y propaganda era clave para formar una nueva conciencia ciudadana. Entendían la política como un liderazgo ético-moral y la cimentación de una nueva cultura. 

Para ello era fundamental desarrollar un sentimiento y conciencia de clase forjando el Frente Único. Al respecto el amauta Mariátegui escribió:

“El movimiento clasista, entre nosotros, es aún muy incipiente, muy limitado, para que pensemos en fraccionarle y escindirle. Antes de que llegue la hora, inevitable acaso, de una división, nos corresponde realizar mucha obra común, mucha labor solidaria. Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Nos toca, por ejemplo, suscitar en la mayoría del proletariado peruano, conciencia de clase y sentimiento de clase. Esta faena pertenece por igual a socialistas y sindicalistas, a comunistas y libertarios. Todos tenemos el deber de sembrar gérmenes de renovación y de difundir ideas clasistas. Todos tenemos el deber de alejar al proletariado de las asambleas amarillas y de las falsas "instituciones representativas". Todos tenemos el deber de luchar contra los ataques y las represiones reaccionarias. Todos tenemos el deber de defender la tribuna, la prensa y la organización proletaria. Todos tenemos el deber de sostener las reivindicaciones de la esclavizada y oprimida raza indígena. En el cumplimiento de estos deberes históricos, de estos deberes elementales, se encontrarán y juntarán nuestros caminos, cualquiera que sea nuestra meta última” (3).

Para la construcción del frente único Mariátegui concedía especial importancia al periodismo y a la labor de propaganda. Con motivo del 1 de mayo en 1929, Mariátegui escribió:

“Es preciso que el proletariado, lo mismo que se acostumbra a comprar el periódico burgués, deba comprar, leer y difundir el periódico de su clase. Porque así como la burguesía tiene su prensa, el proletariado debe tener la suya, que es la única que podrá defender sus intereses, denunciar los abusos que con los trabajadores se comete y servirá como el mejor medio, por hoy, de hacer propaganda de organización” (4).

Los sectores progresistas, sean o no de izquierda, no podrán satisfacer la necesidad de cambio estructural sino vuelcan su mirada a la realidad, se dedican a la docencia política, a la construcción programática y promueven la formación de dirigentes con valores, honestos y capaces, capaces de librar las batallas políticas que el presente nos exige.

 

Notas:

(1) Espinoza, Roberto: Perú: más derechos y democracia, nunca menos. Ver artículo en Servindi: https://www.servindi.org/15/04/2021/analisis-critico-pero-propositivo-para-que-castillo-derrote-al-fujimorismo

(2) Espinoza, Roberto: Pueblos originarios y el Plan Bellido: retórica, vacíos y peligros. Ver artículo en Servindi: https://www.servindi.org/actualidad-opinion/01/09/2021/pueblos-originarios-y-el-plan-bellido-retorica-vacios-y-peligros

(3) Mariátegui La Chira, José Carlos: El 1° de Mayo y el Frente Unico. Publicado en El Obrero Textíl, vol. V, No. 59, Lima, mayo 1, 1924.

(4) Mariátegui La Chira, José Carlos: Manifiesto a los trabajadores de la República lanzado por el Comité 1º de Mayo. Publicado en el periódico “Labor", Nº 8, pág. 8, Lima, 1º de mayo de 1929.

Fuente: https://www.servindi.org/01/02/2022/pedro-castillo-mal-paso-y-oportunidad-perdida