Mostrando entradas con la etiqueta Nación - Estado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nación - Estado. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de octubre de 2016

SAMIR AMIN: LA AFIRMACIÓN DE LA SOBERANÍA NACIONAL POPULAR FRENTE A LA OFENSIVA DEL CAPITAL

Samir Amin: Crisis en “L”

SAMIR AMIN:
LA AFIRMACIÓN DE LA
SOBERANÍA NACIONAL POPULAR
FRENTE A LA OFENSIVA DEL CAPITAL
14/10/2016
Opinión

Los análisis sobre la crisis que agita -de manera estructural- el actual sistema capitalista llegan a ser de una esterilidad patética. Mentiras de los medios, políticas económicas antipopulares, olas de privatización, guerras económicas y “humanitarias”, flujos migratorios. El cóctel es explosivo, la desinformación es total. Las clases dominantes se frotan las manos frente a una situación que les permite mantener y reafirmar su predominio. Intentemos entender algo. ¿Por qué la crisis? ¿Cuál es su naturaleza? ¿Cuáles son ahora y cuáles deberían ser las respuestas de los pueblos, de las organizaciones y de los movimientos preocupados por un mundo de paz y justicia social? Entrevista con Samir Amin, economista y pensador egipcio sobre las relaciones de dominación (neo)-coloniales, presidente del Foro Mundial de Alternativas.

Raffaele Morgantini (Investig’Action): Durante varias décadas, sus escritos y sus análisis nos dan elementos de análisis para descifrar el sistema capitalista, las relaciones de dominación Norte-Sur y las respuestas de los movimientos de resistencia de los países del Sur. Hoy hemos entrado en una nueva fase de la crisis sistémica capitalista. ¿Cuál es la naturaleza de esta nueva crisis?

Samir Amin: La crisis actual no es una crisis financiera del capitalismo, sino una crisis del sistema. Esto no es una crisis en “U”. En las crisis capitalistas ordinarias (las crisis en “U”) las mismas lógicas que llevan a la crisis, después de un período de reestructuraciones parciales, permiten la recuperación. Estas son las crisis normales del capitalismo. Por contra, la crisis actual desde los años 1970 es una crisis en “L”: la lógica que llevó a la crisis no permite la recuperación. Esto nos invita a hacer la siguiente pregunta (que es también el título de uno de mis libros) ¿Salir de la crisis del capitalismo o salir del capitalismo en crisis?

Una crisis en “L” indica el agotamiento histórico del sistema. Lo que no significa que el régimen vaya a morir lenta y silenciosamente de muerte natural. Al contrario, el capitalismo senil se vuelve malo, y trata de sobrevivir redoblando la violencia. Para los pueblos la crisis sistémica del capitalismo es insostenible, ya que implica la creciente desigualdad en la distribución de los beneficios y de las riquezas dentro de las sociedades, que se acompaña de un profundo estancamiento, por un lado, y la profundización de la polarización global por el otro. A pesar de que la defensa de crecimiento económico no es nuestro objetivo, hay que saber que la supervivencia del capitalismo es imposible sin crecimiento. Las desigualdades con estancamiento, se convierten en insoportables. La desigualdad es soportable cuando hay crecimiento y todo el mundo se beneficia, incluso si ello es de forma desigual. Como en los gloriosos años 30. Entonces hay desigualdad pero sin pauperización. Por contra, la desigualdad en el estancamiento se acompaña necesariamente de empobrecimiento, y se convierte en socialmente inaceptable. ¿Por qué hemos llegado aquí? Mi tesis es que hemos entrado en una nueva etapa del capitalismo monopolista, que yo califico la de los “monopolios generalizados”, caracterizada por la reducción de todas las actividades económicas al status de facto de la subcontratación en beneficio exclusivo de las rentas de los monopolios.

¿Cómo evalúa Ud. las respuestas actuales a la crisis por parte de los países y de los diferentes movimientos?

Ante todo, me gustaría recordar que todos los discursos de los economistas convencionales y las propuestas que avanzan para salir de la crisis, no tienen ningún valor científico. El sistema no saldrá de esta crisis. Vivirá, o tratará de sobrevivir, a costa de destrucciones crecientes en una crisis permanente. Las respuestas a esta crisis son hasta el momento, lo menos que se puede decir, limitadas, poco fiables e ineficaces en los países del Norte.

Pero hay respuestas más o menos positivas en el Sur que se expresan por lo que se llama “la emergencia”. La pregunta que surge entonces es: ¿emergencia de qué? ¿Emergencia de nuevos mercados en este sistema en crisis controlado por los monopolios de la tríada (de los imperialismos tradicionales, de la tríada Estados Unidos, Europa Occidental y Japón) o de las sociedades emergentes? El único caso de emergencia positiva en esta dirección es el de China que intenta asociar su proyecto de emergencia nacional y social para su posterior integración en la globalización, sin renunciar a ejercer el control sobre las condiciones de esta última. Esta es la razón por la que China es probablemente el mayor oponente potencial a la tríada imperialista. Pero también están los semi-emergentes, es decir, aquellos a los que les gustaría serlo, pero que no lo son realmente, como la India o Brasil (incluso en el tiempo de Lula y Dilma). Países que no han cambiado nada en las estructuras de su integración en el sistema mundial, permanecen reducidos a la condición de exportadores de materias primas y productos de la agricultura capitalista .Son “emergentes” en el sentido de que registran en ocasiones tasas de crecimiento no demasiado malas acompañadas por un crecimiento más rápido de las clases medias. Aquí la emergencia es la de los mercados, no de las sociedades. Luego están los otros países del Sur, los más vulnerables, notablemente los países africanos, árabes, musulmanes, y aquí y allá otros en América Latina y en Asia. Un Sur sometido a un doble saqueo: el de sus recursos naturales para el beneficio de los monopolios de la Tríada y los ataques financieros para robar los ahorros nacionales. El caso argentino es emblemático en este sentido. Las respuestas de estos países son a menudo por desgracia “pre-modernas” y no “post-modernas”, como se las presenta: retorno imaginario al pasado, propuesto por islamistas o cofradías cristianas evangélicas en África y en América Latina. O aún respuestas pseudo-étnicas que hacen hincapié en la autenticidad étnica de pseudo-comunidades. Respuestas que son manipulables y a menudo eficazmente manipuladas, aunque dispongan de bases sociales locales reales (no son los Estados Unidos quienes inventaron el Islam o las etnias). Sin embargo, el problema es grave, por que estos movimientos tienen grandes recursos (financieros, mediáticos, políticos, etc.) puestos a su disposición por las potencias capitalistas dominantes y sus amigos locales.

¿Qué respuestas se podrían imaginar, por parte de los movimientos de la izquierda radical a los retos planteados por este capitalismo peligrosamente moribundo?

Una de las tentaciones, que voy a descartar de inmediato, es que frente a una crisis del capitalismo global, la respuesta buscada también debe ser global. Tentación muy peligrosa porque inspira estrategias condenadas al fracaso seguro: “la revolución mundial”, o la transformación del sistema global desde arriba, por decisión colectiva de todos los Estados. Los cambios en la historia nunca se han hecho de esa manera. Han partido siempre de aquellas naciones que son eslabones débiles en el sistema global; de progresos desiguales de un país a otro, de un momento al otro. La deconstrucción se impone antes de la reconstrucción. Esto vale para Europa por ejemplo: deconstrucción del sistema europeo si se quiere reconstruir otro posteriormente, sobre otras bases. Debemos abandonar la ilusión de la posibilidad de “reformas” llevadas a cabo con éxito dentro de un modelo que ha sido construido en hormigón armado para no poder ser otra cosa que lo que es. Lo mismo para la globalización neoliberal. La deconstrucción, llamada desconexión aquí, ciertamente no es un remedio mágico y absoluto, que implicaría la autarquía y la migración fuera del planeta. La desconexión llama a la inversión de los términos de la ecuación; en lugar de aceptar ajustarse unilateralmente a las exigencias de la globalización, se intenta obligar a la globalización a adaptarse a las exigencias del desarrollo local. Pero atención, en este sentido, la desconexión no es jamás perfecta. El éxito será glorioso si se realizan sólo algunas de nuestras principales demandas. Y esto plantea una cuestión fundamental: la de la soberanía. Este es un concepto fundamental que debemos recuperar.

¿De qué soberanía está hablando? ¿Cree Ud. en la posibilidad de construir una soberanía popular y progresista, en oposición a la soberanía tal como fue concebida por las elites capitalistas y nacionalistas?

¿La soberanía de quién? Esa es la pregunta. Hemos sido acostumbrados a través de la historia a conocer lo que se ha denominado como la soberanía nacional, la implementada por la burguesía de los países capitalistas, por las clases dominantes para legitimar su explotación, en primer lugar sobre sus propios trabajadores, pero también para fortalecer su posición en la competición con los otros nacionalismos imperialistas. Es el nacionalismo burgués. Los países de la tríada imperialista nunca han conocido hasta el momento más nacionalismo que ese. Por contra, en las periferias hemos conocido otros nacionalismos, procedentes del deseo de afirmar una soberanía antiimperialista, trabajando contra la lógica de la globalización imperialista del momento.

La confusión entre estos dos conceptos de “nacionalismo” es muy fuerte en Europa. ¿Por qué? Pues bien, por razones históricas obvias. Los nacionalismos imperialistas han estado en el origen de dos guerras mundiales, fuente de estragos sin precedentes. Se entiende que estos nacionalismos sean percibidos como nauseabundos. Después de la guerra, la construcción europea ha dejado creer que ayudaría a superar este tipo de rivalidades, para el establecimiento de un poder supranacional europeo, democrático y progresista. Los pueblos han creído en eso, lo que explica la popularidad del proyecto europeo, que sigue en pie a pesar de sus estragos. Como en Grecia, por ejemplo, donde los votantes se han pronunciado contra la austeridad pero al mismo tiempo han conservado su ilusión por otra Europa posible.

Hablamos de otra soberanía. Una soberanía popular, en oposición a la soberanía nacionalista burguesa de las clases dominantes. Una soberanía concebida como un vehículo de liberación, haciendo retroceder la globalización imperialista contemporánea. Un nacionalismo antiimperialista, por tanto, que nada tiene que ver con el discurso demagógico de un nacionalismo local que aceptaría inscribir las perspectivas del país implicado en la globalización local, que considera al vecino más débil como su enemigo.

¿Cómo se construye pues un proyecto de soberanía popular?

Este debate lo hemos llevado a cabo varias veces. Un debate difícil y complejo teniendo en cuenta la variedad de situaciones concretas. Con, creo, buenos resultados, especialmente en nuestras discusiones organizadas en China, Rusia, América Latina (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Brasil). Otros debates han sido aún más difíciles, especialmente los organizados en los países más frágiles.

La soberanía popular no es fácil de imaginar, porque está atravesada por contradicciones. La soberanía popular se da el objetivo de transferir un máximo de poderes reales a las clases populares. Estos pueden ser tomados en los niveles locales, pudiendo entrar en conflicto con la necesidad de una estrategia a nivel del Estado. ¿Por qué hablar del estado? Porque nos guste o no, se continuará viviendo bastante tiempo con los Estados. Y el Estado sigue siendo el principal lugar de decisión que pesa. Aquí está el fondo del debate. En un extremo del abanico del debate, tenemos a los libertarios que dicen que el Estado es el enemigo con el que se debe luchar a toda costa, y que se debe actuar fuera de su esfera influencia; en el otro extremo tenemos las experiencias nacionales populares, especialmente las de la primera ola del despertar de los países del Sur, con los nacionalismos antiimperialistas de Nasser, Lumumba, Modibo, etc. Estos líderes han ejercido una tutela verdadera sobre sus pueblos, y pensado que el cambio sólo podía venir desde arriba. Estas dos corrientes han de dialogar, comprenderse para construir las estrategias populares que permitan auténticos avances.

¿Qué se puede aprender de aquellos que han podido ir más lejos, como en China o América Latina? ¿Cuáles son los márgenes que estas experiencias han sabido aprovechar? ¿Cuáles son las fuerzas sociales que son o podrían ser favorables a estas estrategias? ¿Por qué medios políticos podemos esperar movilizar sus capacidades? Estas son las preguntas fundamentales que nosotros, los movimientos sociales, los movimientos de la izquierda radical, militantes antiimperialistas y anticapitalistas, debemos preguntarnos a nosotros mismos y a las que hay que responder, con el fin de construir nuestra propia soberanía, popular, progresista e internacionalista .

Traducido por Carles Acózar Gómez para Investig’Action

Del mismo autor

de: Alai-AmLatina <alai-amlatina@alai.info>
responder a: info@alainet.org
fecha: 14 de octubre de 2016, 15:11
asunto: [alai-amlatina] Alainet.org Al Día - 14/10/16
lista de distribución: <alai-amlatina.listas.alainet.org>
Filtrar los mensajes de esta lista de distribución
enviado por: listas.alainet.org
firmado por: alai.info
Anular suscripción: Anular la suscripción a esta lista de distribución
cifrado: alainet.org no cifró este mensaje Más información
Mensaje importante principalmente por los integrantes de la conversación



COLECTIVO PERÚ INTEGRAL
19 de octubre 2016

domingo, 6 de marzo de 2016

DEL ESTADO-NACIÓN AL ESTADO-POLICÍA, Y VICEVERSA




Francisco Pereña
Lunes 29 de febrero de 2016

Nuestros ojos están ya cansados de ver durante años y años las mismas imágenes. Nuestros oídos se aturden con noticias acumuladas que nos impiden pensar, detenernos a pensar, y así avergonzarnos. Décadas llevamos contemplando los miles de cadáveres en las costas del Estrecho o de Canarias, o en el mar de Lampedusa, y ahora en el Egeo. La compasión de Eros, la potencia de Eros supera toda ley, clama el Corifeo de Antígona ante los mudos ciudadanos, nosotros mismos, convertidos en espectadores alelados de un crimen creciente.

Continuamente decimos que no lo podemos soportar, pero es falso, lo soportamos durante años y años, o sea, que no sólo lo soportamos sino que lo toleramos. El nivel de tolerancia es tan alto como bajo es el nivel de hospitalidad. Una sociedad sin hospitalidad es una polis muerta, políticamente muerta, pues sus miembros languidecen en la negrura del crimen. Pero, como decía Kavafis, Grecia lleva ya mucho tiempo en bancarrota. No se refería Kavafis a la bancarrota de las arcas públicas del Estado, sino a la Grecia que ha sido el corazón y el pulmón de Europa, la sangre y el oxígeno de Europa, su potencia creadora. Ahora, Europa es un mero residuo criminal de unos privilegios robados a una masa de indigentes a los que expulsa y asesina en sus fronteras. Ni el Helesponto, ni la aurora de dedos rosados, pueden ya contemplarse ante el muro de tantos muertos a manos nuestras que se levanta hasta los cielos.

Hace años que H. Arendt escribió sobre lo que llamó El ocaso del Estado-nación y el fin de los derechos del hombre. Es verdad que recibimos de los griegos esa separación entre el hombre como artesano o miembro de una comunidad, y lo que Aristóteles llamaría el hombre en cuanto hombre. Lo diré a mi manera: la diferencia entre el “sujeto” de la pertenencia y del reconocimiento, y el sujeto del síntoma en su concreto y precario existir, que proclama desde su penuria, como el Corifeo de Antígona, la potencia de Eros, la potencia del amor. Por esa razón, el texto de H. Arendt no deja de ser equívoco, como si no hubiera distinción entre hombre y ciudadano, por lo cual, como hemos podido ver en la modernidad, al no-ciudadano se le termina arrebatando su condición humana, su condición de humano, como si ese crimen estuviera en la razón de ser del Estado-Nación. De hecho, como ya señaló Agamben, la Declaración de 1789 se titula así: Déclaration des droits de l’homme et du citoyen, introduciendo así esa ambigüedad. Si el Estado-Nación quiere poner los derechos del ciudadano aparte del “hombre en cuanto hombre”, se orienta entonces a hacer prevalecer al ciudadano sobre el xenos, ese hombre del que no sabemos o no conocemos pertenencia o ciudadanía, con lo cual el ciudadano pasa a convertirse en quien expulsa al xenos. Que esto está ocurriendo, de manera escandalosa, en “nuestras” fronteras, parece más que manifiesto. Si esa oposición entre ciudadano y xenos, extranjero, está en el origen, significa entonces que el Estado-Nación porta el crimen en el seno de su propia constitución.

¿Podemos hablar de ocaso del Estado-Nación? Es fácil confundirse. Si las Bolsas chinas se hunden, Wall Street se estremece y las europeas se precipitan. El llamado mundo globalizado está tan interrelacionado que ningún Estado es libre de tomar sus propias decisiones. Si el gobierno griego toma decisiones a favor de sus “ciudadanos”, en realidad será en contra de dichos “ciudadanos”, pues el resto de la UE le obligará a reducir la deuda a costa de sus “ciudadanos”. Estos, y muchos parecidos, son los argumentos que parecen anunciar el “ocaso del Estado-Nación”. Sin embargo, este sistema de economías globalizadas, es decir, de dependencias de los centros, los que fueren, de toma de decisiones, no ha organizado ningún tipo de organización política global, el ansiado “gobierno mundial” kantiano, como espacio político de decisiones a favor del hombre y no ya del simple ciudadano del Estado-Nación, enteramente dependiente, por otro lado, de los centros de decisiones económicas. Ha sido la política la perjudicada, pero ese poder económico necesita de un Estado-Nación como Estado-policía de fronteras, tan inútil y pasivo respecto de las decisiones que pudieran dar valor de comunidad a una sociedad, como activo y necesario para salvaguardar la inmovilidad política de los pueblos. La llamada globalización necesita de dichos Estados para contener los flujos migratorios y proteger la separación entre los privilegiados y los deshauciados del susodicho sistema de globalización.

De hecho, en los primeros años de la “ilusión” europea se hablaba de la Europa de las regiones. Ahora, eso sería imposible, está del todo descartado. El Estado-Nación aparece con fuerza renovada como Estado-policía, es decir, un Estado en el que el derecho y la violencia se dan de consuno, están enteramente confundidos, un Estado progresivamente vaciado de moralidad. Como diría Teseo a Creonte, una polis en la que no figure la hospitalidad arruina su propio fundamento. Pues bien, ese es el Estado que hoy predomina en Europa, un Estado-Nación convertido en Estado-policía, en el que los “derechos del ciudadano” se han separado definitivamente de los “derechos del hombre”, y ha devenido, en consecuencia, en Estado criminal.

Las cifras son escalofriantes. En 2015 los muertos en las costas mediterráneas fueron 3700. Sólo en lo que va de año ya son 400 los muertos en las costas de Lesbos. Unos cinco millones de sirios y afganos huyen de las guerras iniciadas por el Estado-policía por antonomasia de occidente. Casi cuatro millones están refugiados en Líbano, Turquía y Jordania, mientras que la UE reduce la admisión a 160 000. Este año se prevén 580 000 nuevos refugiados. A las listas de posibles admisiones de la UE se opone la mayoría de los Estados, el español incluido (España ha recibido únicamente a 12 refugiados). Y esto sin hablar, por ejemplo, de los africanos.

Así pues, este Estado-Nación que carece de la menor capacidad de decisión sobre medidas tan esenciales como garantizar las pensiones de sus “ciudadanos” o atender a sus enfermos, sí puede, por el contrario, poner vallas en sus fronteras contra los extranjeros, los no-ciudadanos (el xenos), que suplican hospitalidad. Incluso le está permitido incumplir los hipócritas y desvergonzados acuerdos políticos europeos sobre refugiados. Francia ha intentado incluso la des-nacionalización de franceses de origen árabe que no se comporten como buenos “ciudadanos” franceses. En Suiza vuelven los “referendum” para expulsar a más extranjeros, por no hablar de Hungría o de Austria. En Alemania una asustada masa de alemanes quiere recuperar el valor y el orgullo patriótico quemando residencias de refugiados.

Llevamos décadas contemplando los cadáveres de nuestras costas, pero muchos “ciudadanos” europeos empiezan a movilizarse no por esos cadáveres sino por la expulsión de los que sobrevivieron. El círculo infernal es el siguiente: el Estado-Nación se ha humillado y se ha visto ridiculizado por un poder económico mundial que lo utiliza simplemente como Estado-policía para mantener la injusticia de un orden mundial dado como necesario y, por tanto, como inevitable. Dicho Estado-policía recupera la posición activa en el entusiasmo patriótico, no contra los poderes de la necesidad sino contra los sujetos que encarnan y desvelan la “locura” de ser hombre y no la “razón” del ciudadano. El Estado-Nación se convierte así en baluarte imprescindible del imperialismo económico. Soportamos todo, toleramos la mayor humillación, por ejemplo, de la conocida y anónima troika, pero no soportamos ni toleramos la llamada de súplica de los pobres del mundo a nuestras puertas. Esta reunión, esta fusión entre el Estado-Nación y el Estado-policía, esta vuelta “ideológica” al Estado-Nación, ya únicamente se sostiene en la xenofobia fascista. En nombre de la Patria ya tenemos una tarea pendiente: el exterminio del xenos. El círculo se cierra sobre un Estado-Nación que excluye toda posibilidad, que simplemente expulsa la no-conclusión de la posibilidad, la que Odiseo descubre en Áyax: que somos vidas no concluidas y orientadas por el amor de lo no concluido, de lo á-polis, de los sin patria.

¿Cerraremos una vez más los ojos, recluidos en el confort “ciudadano” que asiste, mudo, al griterío esperpéntico de una pandilla televisiva que alza el muro invisible que oculta lo que muestra? No queda ya tiempo o estamos en el tiempo en el que cada territorio y cada casa aparece bajo la inscripción, ya desgraciadamente conocida, pues no es tan lejana, que dice: Mein Haus ist meine Welt, immer’ raus wem’s nicht gefällt (mi casa es mi mundo y a quien no le guste que se largue). Ya estamos en el horror. No hay tiempo. Pero aún así, la posibilidad revolucionaria es la inesperada coincidencia de muchos en la no-conclusión de la posibilidad, en suma, en no hacer coincidir, al menos, lo imposible con lo necesario.

28/02/2016
Francisco Pereña es psicoanalista

martes, 24 de noviembre de 2015

ÁNGEL GUERRA: “EL TLCAN NO ERA SÓLO COMERCIO: IMPLICÓ UN DESMANTELAMIENTO DEL ESTADO EN MÉXICO”




Red en Defensa de la Humanidad
24-11-2015

Cuando leemos los discursos de Peña Nieto en el ámbito internacional, extrañamos aquella voz de México cuando tenía una política exterior que era admirada por el mundo entero, y que hizo que muchos latinoamericanos consideraran a México “el hermano mayor”. Por ello, el TLCAN ha tenido implicaciones dramáticas: ha desgarrado el tejido social indispensable para llevar adelante una lucha.

- 10 años después, ¿Cuál es tu balance de aquellas jornadas de Mar del Plata 2005? ¿Por qué se venció al ALCA desde los gobiernos pero también desde los movimientos populares?


- Creo que, indudablemente, América Latina tuvo un punto de giro en su historia, en toda su historia, a partir del ´entierro´ del ALCA, como lo calificó el Comandante Hugo Chávez en Mar del Plata. No era poca cosa: se trataba de un instrumento que pretendía deglutirnos; recolonizarnos; subordinarnos política, económica, cultural y militarmente; convertirnos en un área de seguridad nacional de EE.UU: en un gigantesco Puerto Rico, con el que todavía estamos en deuda por su independencia.

Y eso fracasó: y fracasó por la acción resuelta de Hugo Chávez; de Néstor Kirchner, que era el anfitrión y por lo tanto tenía una importancia vital, al ser el presidente que preparaba la Cumbre; y de Lula, fundamentalmente. Hay que decir siempre que estos líderes llegaron a su lugar en la historia, a la presidencia de sus países, a consecuencia de que en América Latina se produjeron grandes movimientos populares contra las políticas del “Consenso de Washington”, conocidas como neoliberales. Es decir: estas figuras, en otro momento histórico, no hubieran surgido.

Surgieron como una necesidad de la historia, como expresión de las luchas populares de todo un continente; de las luchas de América Latina de todo los tiempos, y en la época contemporanea fundamentalmente por el precedente de la Revolución Cubana, porque esta fue capaz de resistir contra viento y marea. No solamente el bloqueo y las agresiones de EE.UU, sino además la desaparición de la URSS, su aliado soviético, que implicó que la isla perdiera un 35% de su PBI en 3 años. Algo que ningún gobierno, ningún régimen político, hubiese podido resistir en el mundo. Y la Revolución Cubana no sólo lo resistió, sino que además fue capaz de elaborar una estrategia de resistencia, de supervivencia, y de desarrollo -pero sobre todo, en un primer momento, de supervivencia, para enfrentar aquella catástrofe-.

Al desaparecer la URSS y los países socialistas del este de Europa, se apoderó de importantes sectores de la izquierda el desaliento, la falta de fe, el cinismo. Pero en América Latina se produjo este ciclo de luchas populares que pudiéramos datar a partir del Caracazo, en febrero de 1989 en Venezuela. Son estas protestas, del Caracazo, las que generan las condiciones que llevan, tres años después, a la rebelión del Teniente Coronel Hugo Chávez y sus compañeros, precisamente contra la aplicación de esa política, y contra los crímenes que se habían cometido en defensa del paquetazo neoliberal de Carlos Andrés Perez.

Pero esto no paró allí: en 1994, un 1ero de enero, se produjo la rebelión india de Chiapas, justamente el día en que entraba en vigor el TLCAN -Tratado de Libre Comercio de América del Norte- que, en los planes del imperio, era el primer paso para luego hacer un Tratado de Libre Comercio que abarcara desde Alaska hasta Tierra del Fuego: ese era el ALCA. Y eso fue lo que se hundió en Mar del Plata, con la acción de estos líderes, y con la acción también decidida en las calles de representantes de organizaciones populares de todo el continente. Recuerdo que estaba el Nobel Adolfo Perez Esquivel; estaba Evo Morales, en la calle, porque todavía no había llegado a ser presidente; en representación de Cuba, que ni era invitada a la Cumbre, Fidel mandó a Ricardo Alarcón y a Abel Prieto, miembros de la Alta Dirección de la Revolución Cubana, para estar en la Cumbre de los Pueblos. También sabemos, creo que no es ningún secreto, que el líder piquetero Luis D´Elia estuvo en reuniones en La Habana para preparar todo aquello. Y me acuerdo también del “Expreso del ALBA”, el famoso tren que partió desde Buenos Aires y conducía a muchos de los participantes en la protesta: allí estaba la CTA -Central de Trabajadores de la Argentina-, que incluso decretó una huelga general.

Es decir: no se puede desvincular, para analizar este acontecimiento gigantesco de la historia nuestroamericana, la acción de los líderes -aquel discurso de Chávez, donde dijo “Alca, Alcarajo”- y la acción de las masas. Esto se venía desarrollando desde hacía años, al menos desde el Caracazo: con las puebladas en Ecuador, en Bolivia, y Argentina, que voltearon varios gobiernos neoliberales. En Argentina, en una semana creo que hubo 5 presidentes. Es decir: una verdadera sublevación, tremenda insurgencia popular, era lo que estaban representando aquellos líderes, frente a Bush y su alcahuete Fox -entonces presidente de México-, que pretendían imponer aquello y además que pensaban que iba a ser muy fácil. Ellos buscaban una declaración que incluso hablara de combate a la pobreza -es decir una seria de palabras que sonaban bien- pero ellos se conformaban sólo con poner una línea donde los mandatarios saludaran el ALCA. Eso no fue posible, entre otras cosas, por la acción decidida de estos tres líderes que mencioné.

- ¿Qué aportó cada uno de estos líderes, si lo tuvieras que sintetizar en una frase?

- Chávez decisión y audacia, Kirchner liderazgo y valor, y Lula el contacto con los trabajadores.

- Es interesante hablar con vos sobre el ALBA. Si bien nació antes, se suele decir que Mar del Plata le puso las alas...

- Exactamente. Hasta ese momento solamente estaban en el ALBA Venezuela y Cuba. Y efectivamente esa frase lo sintetiza muy bien: Mar del Plata le pone las alas al ALBA, que ya además de Cuba y Venezuela tiene nueve países más. Este es un mecanismo superior de unidad e integración respecto a los demás, en el sentido de que está basado en la solidaridad, está basado en una vocación socialista.

No en el sentido de imponer el socialismo: Petrocaribe es una extensión, para países muy pobres, para países muy desfavorecidos, para países que aún no pueden asumir posiciones tan radicales como los países del ALBA, porque entre otras cosas tienen una dependencia muy grande del exterior en sus pequeños estados insulares.

Al ALBA entraron Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Antigua y Barbuda, Dominica, San Vicente y las Granadinas, Granada. Ya son once, y creo que nunca debemos subestimar a los pequeños estados insulares del Caribe. Hay que ver el discurso de la Cumbre de las Américas de Panamá 2015 de Ralph Goncalvez, primer ministro de San Vicente y las Granadinas: fue un discurso brillante, como también lo fueron el de las primeras ministras de Jamaica, Portia Simpson Miller; y de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar Kamla Persad-Bissessar.

- Hablando de discursos, ¿cuáles te parecieron los más destacados de la Cumbre de las Américas de Panamá, ya que mencionas el tema?

El discurso de Raúl Castro en esa cumbre, tanto en el contenido como en la emotividad con que lo pronunció, como en la honestidad con que habló, es un acontecimiento histórico en si mismo. De la misma manera fuimos capaces de ver a un Nicolás Maduro muy grande, con una talla de estadista que nadie puede discutir, ni negar. No vamos a decir que ya es igual que Chávez: hombres como Chávez solamente se dan en la historia una vez cada cien años, cada doscientos años. Y el propio Maduro es el primero que no cesa de decir que no puede ser como Chávez. Pero realmente ha crecido mucho, ha adquirido mucha experiencia, y su discurso fue realmente el que correspondía en esa cumbre: no le faltó nada, fue un discurso muy bien articulado, muy bien pensado, muy bien argumentado. Como también lo fue el de Rafael Correa, pese a ser muy breve, y el de Evo. Luego vino el de Cristina, y creo que hay dos aspectos de su discurso a destacar, en su última cumbre: en primer lugar, cuando le dijo a Obama “yo sé que a usted no le gusta la historia, pero la historia es indispensable para proyectarse hacia el futuro, para saber donde estamos”. Y le dijo además que la teoría del fin de las ideologías tenía que ver con los fundamentalismos que han ido surgiendo, de aquellos que matan en nombre de un Dios.

Acá hay que remarcar que en realidad las ideologías son conquistas civilizatorias, de la humanidad, y son indispensables. Pero el neoliberalismo una de las cosas que decretó fue el fin de la historia y las ideologías. Yo creo que Cristina en ese sentido se anotó un tanto muy importante en una nueva América Latina y el Caribe. Porque nuestra historia, además de ser hermosa, a EE.UU y su presidente Obama no les gusta, porque también es una historia donde se muestra la inescrupulosidad, la doble moral, la hipocresía, el cinismo, la agresividad de EE.UU. Esa es una realidad que, hagan lo que hagan, no la pueden tapar. Y además de eso, ahora que estamos enlutados con la desaparición física de Eduardo Galeano, creo que más que nunca se impone el compromiso, por parte de todos nosotros, los que luchamos por una América Latina mejor, unida, integrada, de promover la lectura, el estudio y la discusión de “Las venas abiertas de América Latina”. Es un texto obligatorio. Cualquier persona que quiera llamarse latinoamericana debe hacerlo. Para los jóvenes, es verdaderamente un texto hermoso, poético, que dice enormes verdades y además enseña a pensar al revés. Es decir, enseña una historia que es completamente contraria a la que nos han enseñado muchas veces en las escuelas y en los libros de texto.

En ese sentido creo que Cristina, que evidentemente es una estudiosa de la historia americana -y recuerdo un diálogo inolvidable de ella con Chávez más de una hora sobre ese tema-, intervino de forma muy precisa en Panamá. Y la otra cosa que dijo ella, que a mi me puso los pelos de punta, y me emocionó extraordinariamente, fue aquello de “aquí no está Cuba por un estrechón de manos. Cuba está aquí porque su pueblo resistió heroicamente durante más de cincuenta años, y porque sus líderes condujeron sin faltar a sus ideas”. Qué verdad tan grande aquello que dijo Cristina allí. Obama se fue ahí: ya no quería escuchar más verdades.

Y allí también se habló del decreto ejecutivo de Obama contra Venezuela: es una total desproporción, un despropósito. Como dijo Evo: “nosotros no amenazamos, los países de América Latina y el Caribe no amenazamos a nadie”. ¿A quién se le puede ocurrir que cualquiera de nuestros países puede amenazar a esa potencia que tiene tantas armas nucleares, que tiene una economía como la que tiene, un poderío militar con despliegue de bases militares, etc?

No hay duda que Mar del Plata fue una rampa de lanzamiento para la proyección de todo lo que hemos cosechado: los diez años siguientes en los que surgieron un ALBA más amplio, mucho más fortalecido y con realizaciones, unido a Petrocaribe; surge Unasur...

- Sobre eso te queríamos consultar: Unasur y CELAC. ¿Cuál es tu evaluación particular de cada una de estas iniciativas?

- Bueno, es indiscutible que Unasur ha resultado ser un mecanismo mucho más ágil, mucho más decisivo. Y esto, como en todas las agrupaciones, tiene mucho que ver con la correlación de fuerzas a su interior. O sea: hay una serie de gobiernos antineoliberales dentro de Unasur con un peso tremendo. Venezuela, Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, el caso de Chile, que también hay que considerarlo ahora. E incluso la visión de Estado de un líder indiscutiblemente de derecha, aliado de EEUU, pero que en ciertas cuestiones hace equipo con el resto de América Latina, como es el presidente Santos.

Este es un ingrediente muy interesante, porque indudablemente Unasur tiene una pluralidad: no todo el mundo piensa igual, de hecho Colombia es parte del Eje del Pacífico, de la Alianza del Pacífico, al lado de Perú, México y diría, en menor medida, Chile -digo menor medida porque con la presidenta Bachelet se ve una inclinación a ir dejando la subordinación absoluta que había en la época del presidente Piñera, y cierta autonomía mayor en las acciones tanto al interior como en la política exterior-.

Luego CELAC son 33 países. Ahí hay una variedad ideológica enorme, y hay una lucha de ideas allí dentro. Yo creo que debemos ver a la CELAC como la unidad en la diversidad. Pero la CELAC, por ejemplo, condenó el decreto de Obama contra Venezuela. Y a mí me parece que eso es fundamental. Creo que CELAC se ´vistió de largo´ cuando los 33 países que la integran llegaron al acuerdo de rechazar y exigir que se derogue ese decreto. No es cualquier cosa: eso es un hecho histórico, sin precedentes en América Latina, que esos 33 países se hayan posicionado así -entre los cuales además hay pequeñísimos Estados, como los insulares del Caribe, o como algunos de los centroamericanos, extremadamente dependientes de la ayuda exterior-. Esta decisión de CELAC es muy importante, y habla muy a favor de la importancia de ese organismo.

También lo que fue el antecedente de CELAC, que era el Grupo de Río, rechazó la agresión de Colombia a Ecuador, cuando se atacó el campamento de las FARC, allá por 2008. Todos los presidentes rechazaron aquello, en la reunión que presidía Repúbica Dominicana. La misma cuestión de que CELAC esté viabilizando la integración y las relaciones comerciales, económicas y culturales con China y Rusia, los países árabes...

- ¿Cómo se buscan vincular estas nuevas instancias integracionistas con los BRICS, por ejemplo? ¿Se puede entender la relación América Latina-BRICS sin entender los 10 años del No al ALCA?

- No. Por supuesto que no se puede entender. Además, hay algo que no se valora con frecuencia. Se habla de una multipolaridad que estamos transitando, se ponen de ejemplo los BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica-, pero hay polos de poder también en América Latina. Y ese polo de poder ha sido la construcción de esta lucha de los pueblos de la que estábamos hablando, y de estos gobiernos, independientes, antineoliberales, que han surgido. Y también de esta estructura, esta arquitectura, como dice el vicepresidente de Bolivia, García Linera, creada por la imaginación de Chávez, con su ímpetu y su decisión. Chávez fue como un meteoro. Una estrella fugaz: se nos fue de las manos sin darnos cuenta, pero cuando miramos hacia atrás, decimos “cuanto hizo Chávez en diez años”. Es verdaderamente asombroso. Es algo admirable, porque además, es el resultado de una actividad constante, con mucha sistematización. Creo que eso también tiene que ver con el posterior deterioro de su salud: fueron muchos años sin dormir, o durmiendo muy poco, dedicándole muchas horas al estudio, a la reflexión, y al mismo tiempo al trabajo práctico, de construir todas esas alianzas.

En la existencia de los BRICS también está la mano de Hugo Chávez. Ni hablar de la resurrección de la OPEP, que estaba prácticamente muerta: allí aparece la mano de Hugo Chávez. Y en la visualización de Rusia y China como elementos fundamentales de esta nueva configuración geopolítica del mundo, también está la mano de Chávez. El fue el primer líder latinoamericano que realizó innumerables viajes a Rusia y China, e incluyendo incluso a los que estaban en la “lista negra” de Washington, como Irak, Irán, Libia. Como consecuencia de eso, tanto Venezuela como América Latina tuvieron una política exterior mucho más independiente, mucho más diversificada.

Y hoy disfrutamos, entonces, de una diversificación de relaciones diplomáticas, comerciales y económicas que no había antes de Chávez. Eso hay que reconocerlo también. En realidad todavía es muy temprano para hacer una valoración del enorme aporte de Chávez a la historia de América Latina y el Caribe, y a la historia de la configuración de este nuevo escenario geopolítico en el cual ya se visualiza una multipolaridad, desde aquella unipolaridad surgida después de la desaparición de la URSS y los países del socialismo europeo.

- Cuba fue, durante décadas, el “blanco” geopolítico de Washington. ¿Cambió ahora ese papel, tras el restablecimiento diplomático, y es Venezuela ahora el nuevo eje de EEUU en América Latina?

- En primer lugar, creo que no hay dudas: EE.UU se caracteriza por un pragmatismo enorme. Y en el caso particular de Obama, que es un político muy pragmático, el llegó a la conclusión de que todo lo que habían estado haciendo respecto a Cuba hasta ese momento no había servido de nada. Y él lo dijo claro: “Nada de esto ha logrado ninguno de los propósitos que perseguíamos. Y lo que no funciona hay que sustituirlo”. Desde luego yo estoy de acuerdo con un análisis que leí, de Adolfo Sánchez, otro analista de La Jornada, en que dice que si el Departamento de Estado hubiese sido el que manejara esta cuestión, habría sido muy dificil llegar al 17 de diciembre de 2014, cuando los dos presidentes de Cuba y EEUU anuncian que van a la reanudación de relaciones diplomáticas.

Sabemos que eso se negoció por personas de toda la confianza de los líderes, tanto por parte de Cuba como de EEUU. No había nadie de las cancillerías: eran personas muy allegadas a los presidentes. Sobre todo en el caso de EEUU, Sánchez se refiere a la tradición imperial, a la tradición colonial de la burocracia del Departamento de Estado, que le pone orejeras y un antifaz que le impide ver más allá de sus narices. Yo creo que en ese sentido, el presidente Obama realizó algo que a fin de cuentas, si nos remontamos al pasado, no debemos olvidar que cuando era senador ya abogaba por levantar el bloqueo a Cuba. Pero, como sabemos en política, los presidentes y otros políticos, cuando llegan a otro escalón, cambian el discurso. Y eso fue lo que ocurrió en el primer mandato de Obama: se adecuó a esa situación en la cual llegó a la presidencia de EEUU. Pero se ve claro que dejó para su segundo mandato la cuestión de Cuba; en el primero era riesgoso por la cuestión de que se proponía ser reelecto, aunque tomó algunas medidas de relajamiento del bloqueo que no llegaban ni siquiera -y hay que decirlo- a lo que había hecho Clinton, y que después Bush echó abajó. Pero en el segundo mandato Obama empieza ya a dar pasos, y luego tenemos estos 18 meses de negociaciones secretas, previas al 17 de diciembre.

Hay algo muy importante: reconocer la victoria de la resistencia cubana. Esto EEUU no lo va a decir y es lógico, pero es lo que significa. Por otra parte, creo que esto no hubiera sido posible sin el estoicismo del pueblo cubano: ese espíritu de sacrificio, esa conciencia colectiva de resistir a pie firme el bloqueo. Mucha gente que no ha estado en Cuba no tiene idea de los rigores que impone el bloqueo, todavía hoy, en todos los aspectos: un niño con una enfermedad oncológica no puede disponer del medicamento que le puede salvar la vida porque es de un laboratorio gringo, o es de un laboratorio donde hay acciones estadounidenses. Lo mismo pasa, por ejemplo, con los niños que tienen una serie de problemas cardiológicos, y no tienen acceso a una serie de dispositivos que pueden evitar operaciones a corazón abierto. Cuba, además, no tiene crédito internacional -salvo de Venezuela, Rusia y China, y de contadísimos bancos-. Es decir, ¿cómo se puede desarrollar un país pequeño, sin recursos naturales y además bloqueado, si no tiene acceso siquiera al crédito? EEUU persigue además las transacciones de Cuba con otros países, y hemos visto las multas millonarias que le pone a bancos que quieren negociar con Cuba. - Ya finalizando, y agradeciéndote el tiempo y la amabilidad. ¿Cómo ves a México hoy, visto y considerando que estás radicado en ese país hace tiempo? ¿Por qué no fue parte del “cambio de época” que si transitaron otros países en la región?

- Aquí hay un artículo de la Constitución que prohíbe a los extranjeros participar en política, pero voy a hacer un análisis de carácter académico, basado en un principio constitucional mexicano, que es el de la libertad de cátedra. Creo que hay que remontarse al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Y sabemos que los Tratados de Libre Comercio no son acuerdos sólo comerciales. Un dato para entender esto: el ALCA era peor que el TLCAN. Imagénense, algo peor que el TLCAN, que ha arrasado con México, con el campo, con la agricultura, con las cadenas productivas, con los pequeños y medianos empresarios. El TLCAN ha desecho el tejido social, y ha conducido a una virtual guerra civil en la que hay más muertos que en muchos países que tienen una guerra en desarrollo. Desaparecidos, desapariciones forzadas, y más: estamos hablando de decenas de miles de personas muertas. Personas que son asesinadas todos los días. Y no solamente por el narcotráfico, vamos a dejarlo claro. En muchos casos son las autoridades.

El TLCAN no era sólo comercio: por ello implicó un desmantelamiento del Estado mexicano, en la medida de un Estado que antes proporcionaba derechos a sus ciudadanos. Derechos sociales y económicos. Sabemos que en México, los derechos políticos durante muchos años estuvieron limitados, pero indudablemente allí había cierto Estado de Bienestar -no como los europeos, pero que sí cubría a una parte de la población-. Se construyeron decenas de universidades, de instituciones culturales, se desarrolló el muralismo, surgió una gran camada de intelectuales que no se pueden desligar del fenómeno social de la Revolución Mexicana y del brillante sexenio cardenista, del general Lázaro Cardenas. Allí se nacionalizaron el petróleo, los ferrocarriles, se estimuló el surgimiento de organizaciones obreras, campesinas. Se armó a los campesinos para que se defiendan de los terratenientes. Se solidariza además con la República Española –a la que ayuda, siendo el único país además de la URSS-. Y luego ese ejemplo extraordinario de recibir a miles de exiliados republicanos que, de otra suerte, habrían muerto en los campos de concentración hitlerianos. Fue un gobierno realmente memorable, por muchas razones.

Y ahora el panorama es totalmente distinto. Hay un diagnóstico, de hace algunos años atrás, de autores muy respetables -Pablo González Casanova, Ana Esther Ceceña, Gilberto Lopez y Rivas, Luis Hernández Navarro, Magdalena Gómez- donde ellos, después de una investigación y un debate de varios meses llegan a la conclusión de que México es un país ocupado. Si esto fue hace 4 o 5 años, y ellos ya decían que México era un país ocupado, ¿qué podemos decir ahora?. El Congreso mexicano ha aprobado una ley que autoriza a los agentes de EEUU a circular armados por el territorio mexicano. Una cosa que en un país como México es realmente sorprendente. Porque además México es un país que recibió a los exiliados de todas las dictaduras militares latinoamericanas: de Chile, de Argentina, de Uruguay, de Brasil. Fue lugar de asilo, desde mucho antes, de todos aquellos que tenían que huir por razones políticas. No es casual que Fidel Castro estuviera en México cuando organizaba la expedición del Granma. Hoy claramente México está de espaldas a todo eso.

Cuando leemos los discursos de Peña Nieto en el ámbito internacional, extrañamos aquella voz de México cuando tenía una política exterior que era admirada por el mundo entero, y que hizo que muchos latinoamericanos consideraran a México “el hermano mayor”. Por ello, el TLCAN ha tenido implicaciones dramáticas: ha desgarrado el tejido social indispensable para llevar adelante una lucha. Ahora en México hay luchas locales, no hay una articulación. Acá hay una cuestión que no puede ser sólo imputable al TLCAN: hay también una falta de unidad de las fuerzas populares y de izquierda. Aquí hay una disgregación, hay una desarticulación de las fuerzas populares. No hay una unidad necesaria hoy en día. Por ende, y por la herencia del TLCAN hay una regresión, una involución, de todas las conquistas previas.

Angel Guerra, periodista cubano residente en México. Columnista de La Jornada


Fuente: http://cubaendefensadelahumanidad.blogspot.com/2015/11/el-tlcan-no-era-solo-comercio-implico.html