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sábado, 30 de noviembre de 2024

SIN UN CENTRO DE GRAVEDAD CENTRALIZADO ES IMPOSIBLE DERROTAR A LOS YEMENÍES

 

¿ESTÁN GANANDO LOS HUTÍES?

El 14 de noviembre de 2023, un mes después del ataque genocida de Israel contra los palestinos en Gaza, Abdul-Malik al-Houthi, uno de los líderes de Ansar Allah y del gobierno de Yemen, realizó un discurso que fue retransmitido por la televisión Al-Masirah. “Tenemos los ojos abiertos a la monitorización constante y la búsqueda de cualquier buque israelí”, dijo. “El enemigo se basa en el camuflaje de sus movimientos en el mar Rojo, especialmente en Bab al-Mandab, y no se atreve a izar las banderas israelíes en sus barcos.” Bab al-Mandab, “la puerta de las lamentaciones”, es el estrecho de 14 millas náuticas entre Yibuti y el Yemen. Lo interesante es que, en arreglo a un tratado de las Naciones Unidas, un país puede reclamar 12 millas náuticas como su límite territorial, lo que significa que la mayor parte de sus aguas se encuentran bajo la jurisdicción de Yemen.

Cinco días después, comandos yemeníes descendieron desde un helicóptero en el Galaxy Leader, un buque de carga que está registrado en las Bahamas y que está operado por la empresa de transporte japonesa NYK, pero que pertenece, en parte, a Abraham Ungar (uno de los hombres israelíes más ricos). El buque sigue retenido en las aguas territoriales de Yemen, en el puerto de Saleef, con sus 25 miembros como rehenes, en la gobernación de Al Hudaydah.

Situado entre Egipto y Jordania, el puerto de Eliat es el único acceso a Israel que no se encuentra en el Mediterráneo

Este asalto al Galaxy Leader, y después a varios otros navíos propiedad de israelíes, detuvo el tráfico de mercancías al Puerto de Eliat, que se encuentra en la desembocadura del golfo de Áqaba. Situado entre Egipto y Jordania, este puerto, que es el único acceso a Israel que no se encuentra en el Mediterráneo, ya no tiene el nivel de tráfico de navíos mercantes que tenía antes de octubre de 2023 y el operador privado del puerto ha dicho que bordea la bancarrota. En el trascurso del año pasado el puerto ha sido objeto de ataques de drones y misiles procedentes de Baréin, Irak y Yemen.

Los ataques estadounidenses no están funcionando

El gobierno yemení ha dicho que cesaría sus ataques si Israel ponía fin a su guerra genocida contra los palestinos. Puesto que la agresión israelí continúa, los ataques de Yemen también han continuado. Estos ataques yemeníes han provocado enormes contraataques a la ya frágil infraestructura de Yemen, incluyendo un ataque israelí a la ciudad portuaria de Al Hudaydah en julio y ataques de misiles puntuales de los Estados Unidos.


Cuando el presidente estadounidense Joe Biden fue preguntado si los bombardeos aéreos estadounidenses y los ataques con misiles estaban funcionando, respondió con franqueza: “Cuando usted dice ‘funcionando’, ¿quiere decir si está deteniendo a los hutíes? No. ¿Van a continuar? Sí.” En otras palabras, el gobierno de Yemen –erróneamente llamado los hutíes por la tradición zaidí del islam seguida por una cuarta parte de la población yemení– no va a cesar sus ataques sobre Israel solo porque los EE UU y los israelíes hayan estado atacando a su país. La oposición yemení al genocidio israelí excede a la comunidad zaidí, al movimiento Ansar Allah y al gobierno yemení. Incluso Tawakkol Karman, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 2011 y es un crítico del gobierno yemení, ha expresado abiertamente sus críticas a Israel.

Hay al menos 40.000 tropas estadounidenses presentes en Oriente Medio y al menos un grupo de batalla con destructores y portaaviones de manera permanente

La admisión de Biden de que los ataques con misiles estadounidenses no detendrán a Yemen a la hora de llevar a cabo sus ataques es precisa. Yemen se ha enfrentado a un bombardeo criminal de Arabia Saudí desde 2015 a 2023. Los saudíes han destruido buena parte de las infraestructuras en Yemen. Y con todo, los yemeníes han mantenido la habilidad de atacar objetivos israelíes. En octubre de 2024 el ejército estadounidense desplegó bombarderos B-2 Spirit para atacar lo que el Pentágono describió como “cinco objetivos subterráneos”. No es claro si estos depósitos de armas fueron destruidos, pero muestra la creciente desesperación de EE UU e Israel a la hora de intentar detener los ataques yemeníes.

Los nombres de las misiones estadounidenses (Operation Prosperity Guardian y Operation Poseidon Archer) impresionan. Están apoyadas por el despliegue de un grupo de batalla de portaaviones para proteger a Israel y atacar a Yemen, así como a los grupos que tratan de detener el genocidio israelí. Hay al menos 40.000 tropas estadounidenses presentes en Oriente Medio y al menos un grupo de batalla con destructores y portaaviones de manera permanente. De acuerdo con la Marina estadounidense, hay al menos dos destructores en el mar Mediterráneo (el USS Bulkeley y el USS Arleigh Burke) y dos en el mar Rojo (el USS Cole y el USS Jason Dunham), con el grupo de batalla 8, apoyado por el portaaviones USS Harry S. Truman, en ruta al Mediterráneo, y el USS Abraham Lincoln, hacia el océano Pacífico. Hay una considerable potencia de fuego estadounidense en toda el área que rodea a Israel.

Una solución política

Biden no ha sido el único en decir que los ataques estadounidenses contra Yemen han fracasado. El vicealmirante estadounidense George Wikoff, que dirige la operación Prosperity Guardian, dirigiéndose a un público en Washington D.C. desde su base en Baréin el pasado mes de agosto, dijo que los Estados Unidos no pueden “encontrar un centro de gravedad centralizado” de los yemeníes, lo que significa que no pueden aplicar “una política clásica de disuasión”, en referencia a los drones y misiles abatidos con armas estadounidenses.

Wikoff no mencionó que cada uno de los misiles y drones yemeníes cuesta unos 2.000 dólares, mientras que los misiles estadounidenses empleados para derribarlos cuesta dos millones de dólares. En última instancia puede que al final sean los yemeníes quienes estén degradando al ejército estadounidense (el Wall Street Journal informó en octubre que los arsenales estadounidenses tienen problemas de abastecimiento de misiles de defensa aéreos, y ese mismo periódico informó en junio que EEUU había gastado mil millones de dólares en su guerra en Yemen desde octubre de 2023). Como Biden, Wikoff comentó: “¿Los hemos detenido? No.” En un aparte interesante, Wikoff dijo que “la solución no va a venir de la punta de un cañón”.

Por lo que respecta al gobierno yemení, la única solución llegará cuando Israel ponga fin a su genocidio. Pero incluso un alto el fuego podría no ser suficiente. A comienzos de noviembre, la funcionaria de Naciones Unidas Louise Wateridge subió un vídeo a la red social X sobre la desolación en el norte de Gaza y escribió que “toda una sociedad es ahora un cementerio”. La habilidad del gobierno yemení para bloquear el comercio israelí y mantener a los EEUU a raya de su costa podría animarlos a continuar si Israel mantiene sus políticas ilegales de genocidio, limpieza étnica y apartheid. Tanto Wikoff como Biden están de acuerdo en que la política estadounidense no ha funcionado. Wikoff incluso dijo que la solución no iba a llegar mediante la fuerza militar. Que tendrá que ser política.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/analisis/estan-ganando-huties-yemen-bloqueo-bab-mandeb

 

sábado, 5 de octubre de 2024

LA DEBILIDAD DEL PODERÍO AÉREO SIONISTA


Robert Daly

Lo que hemos visto desde el 7 de octubre es una exhibición llamativa y ruidosa, pero sin apoderarse ni mantener el territorio.

 

El asesinato de Sayyed Hassan Nasrallah y la destrucción de seis edificios de apartamentos de gran altura con múltiples ataques aéreos hacen que el poderío aéreo sionista parezca triunfante sobre Hizbullah. Pero nada más lejos de la realidad. No es el poder aéreo el que derrota a los enemigos en la guerra. Más bien, es la infantería, que conquista, se apodera y mantiene el territorio lo que derrota a un enemigo.

La Unión Soviética derrotó a la Alemania nazi no mediante el poder aéreo, sino en las batallas terrestres de Stalingrado y Kursk, y luego empujando a las tropas nazis de regreso a Alemania, mientras liberaban un Estado ocupado tras otro, desde Ucrania y Bielorrusia hasta Hungría, Polonia y Checoslovaquia. En ese momento, Occidente bombardeó Dresde y otras ciudades, pero ese esfuerzo tuvo poco efecto en la derrota de los nazis. Por lo tanto, los bombardeos sionistas de las ciudades de Líbano matan a los ciudadanos y destruyen sus hogares, pero no ocupan territorio ni derrotan a Hizbullah.

Está más allá de la capacidad del poder aéreo apoderarse del territorio enemigo y mantenerlo. El poder aéreo no es más que una forma de artillería contemporánea. En los últimos 100 años, la humanidad ha "progresado" desde meros cañones y tanques que lanzaban proyectiles de artillería sobre las posiciones enemigas hasta aviones de combate que los lanzaban desde arriba. Lo que hemos visto en la conducción sionista de la guerra desde el 7 de octubre de 2023 es una exhibición llamativa y ruidosa, pero sin apoderarse ni mantener el territorio.

Hoy en día, Hamas ha recuperado toda Gaza y sigue gestionando el territorio, como han admitido los sionistas en ruedas de prensa aunque atacaron Gaza por aire. Los sionistas respondieron al ataque reivindicativo de Hamas del 7 de octubre bombardeando y destruyendo edificios residenciales civiles, pero eso no destruyó a Hamas, que se aprovechó de la situación y del terreno cambiado para preparar posiciones desde detrás de los edificios derrumbados para atacar a los tanques sionistas y vehículos blindados de transporte de personal, que aniquilaron por docenas. De esta manera, hemos visto el contraste entre los combatientes terrestres y el poder aéreo en Gaza, donde los sionistas son efectivos para matar a mujeres y niños desde el cielo con bombas, pero no pueden ocupar y mantener el territorio en el que vivía esa población.

Si el poder aéreo es una forma efectiva de derrotar al enemigo y ganar una guerra, ¿por qué Hamas sigue gobernando Gaza? Yedioth Ahronoth, uno de los principales periódicos israelíes, citando fuentes de seguridad israelíes, escribió la semana pasada que:

-Hamas trabaja para consolidar de nuevo su autoridad en las zonas de Gaza que las fuerzas israelíes abandonaron.

-Nadie en Gaza se opone a Hamas, y nadie desafía su gobierno.

Esto no es nuevo. En junio, después de ocho meses de bombardeos sionistas, The Guardian escribió: "Hamas sigue siendo fuerte en áreas 'despejadas' por Israel en el norte de Gaza". ¿Cómo es posible? Los aviones de combate sionistas que están muy por encima no son capaces de detectar a los combatientes por la libertad palestinos en tierra. Los vehículos blindados sionistas llenos de reservistas asustados son blancos fáciles para los guerrilleros que destruyen esos vehículos uno tras otro. The Guardian concluye: "La capacidad de Hamas para regresar a áreas de las que antes se vio obligado a retirarse amenaza con una 'guerra eterna'". El periódico explica: "Puede haber más militantes de Hamas en el norte de Gaza, supuestamente despejados por las fuerzas israelíes hace meses, que en Rafah, la ciudad del sur en el territorio descrito por los funcionarios israelíes como el 'último bastión' de la organización islamista extremista".

Tenemos que recordar que hay más gente armada de Hamas en el norte de Gaza, en los lugares de los que las FDI ya se han retirado, que en Rafah. Esos son los números de las FDI. Esta es la razón por la que tuvieron que regresar a Jabaliya y a Zeitoun. Hamas está controlando todas esas áreas", dijo Eyal Hulata, jefe del Consejo de Seguridad nacional de Israel desde 2021 hasta el año pasado, a los periodistas en mayo último. El poderío aéreo sionista y su frágil blindaje no han logrado conquistar Gaza. Solo lo destrozaron.

Se puede esperar un resultado aún mejor para el Ejército de Liberación Nacional en el Líbano, donde Hizbullah tiene la ventaja de contar con mejor y más artillería y soldados experimentados en la lucha contra Daesh y Al-Qaeda sobre el terreno en Siria.

Una de las prácticas de guerra aérea sionistas más repugnantes es su cobarde guerra por asesinato. Los sionistas descenderán en aviones de varios tipos para matar a alguien en una motocicleta, a una familia en un automóvil o a un líder del movimiento en un edificio. Para ello, no dudan en asesinar a centenares de personas más en la zona, como cuando los fascistas asesinaron a Sayyed Hassan o a Nasrallah. Porque si el nazi abandonaba su vehículo aéreo y libraba una batalla justa en tierra, seguramente perdería.

Además, es una vergüenza para un estadounidense con memoria escuchar que se refieren a Hezbolá o Hamas como "terroristas" por defender su propia tierra de los invasores sionistas. ¿Nadie recuerda el cruce del Delaware por parte de Washington en la Navidad de 1776, cuando ellos y su ejército improvisado masacraron a los mercenarios de Hesse contratados por los británicos que estaban borrachos por celebrar la festividad? Si Hamas es "terrorista", ¿por qué no lo es George Washington?

Así que ahí lo tenemos: el régimen israelí no ha ganado en Líbano. Más bien, "el enemigo debe esperarnos por aire, tierra y mar. Repetimos: si se impone la guerra en el Líbano, la Resistencia luchará sin reglas, controles ni techos", dijo una vez Sayyed Hassan Nasrallah. Asaltar Galilea es una posibilidad que sigue presente en el marco de cualquier guerra que la ocupación pueda lanzar contra el Líbano", agregó, refiriéndose a su promesa de hace 12 años de que Hezbolá invadirá el norte de Israel si Tel Aviv decide atacar.

Al Mayadeen

 

Texto completo en: https://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/la-debilidad-del-poderio-aereo

sábado, 22 de junio de 2024

“SIN ODIO DE CLASE NO ES POSIBLE HACER POLÍTICA”

  


Foto: Gustavo Gavotti

 

Por Maurizio Lazzarato | 10 de Abril de 2024

Maurizio Lazzarato es tajante: "O perdés y sos destruido o intentás preservarte avanzando", dice el pensador italiano en esta conversación a partir del lanzamiento de su nuevo libro ¿Hacia una nueva guerra civil mundial?

Tinta Limón: Quisiéramos comenzar esta conversación, en el marco de la presentación de tu último libro, ¿Hacia una nueva guerra civil mundial?, por uno de sus principales capítulos, el que analiza el conflicto y la masacre que está ocurriendo ahora en Gaza. Por un lado, confirma la línea que venías desarrollando en tus libros anteriores: la centralidad de la guerra, no solo en el desarrollo del capitalismo, sino en este preciso momento en el que la “gubernamentalidad” neoliberal parece agotada, mientras el capital transiciona hacia otro modo de acumulación. Por otro, decís que esta guerra puede ser, a nivel mundial, un punto de inflexión, no tanto en términos de la realpolitik de los Estados como en términos subjetivos. Te queríamos pedir si podías ampliar este análisis.

Maurizio Lazzarato: Efectivamente, creo que esta guerra, de tipo colonial, que llevan adelante Israel y sus aliados marca un punto de inflexión. El hecho de ver en directo la masacre que está sucediendo en Gaza impacta sobre la subjetividad del pueblo y del proletariado y habilita condiciones para construir un nuevo internacionalismo. Sin embargo, es una situación muy difícil porque no se percibe una subjetividad organizada que impulse masivamente este internacionalismo. Pero, a la vez, es tan pesado, tan significativo, tan cruel lo que está sucediendo que tanto los pueblos del Sur como los del Norte se verán, tarde o temprano, afectados, lo que habilitará nuevas condiciones y volverá cada vez más necesario el internacionalismo.

El norte ha demostrado cómo puede utilizar esta violencia, cómo la guerra y la guerra civil son su manera de operar. Todo el mundo lo ha visto y lo sabe, es un nivel de violencia inaudito. Y si hacen esto ante los ojos de todos imaginemos lo que hacían en los siglos anteriores cuando lo que allí sucedía no le importaba a nadie. Y esto es algo que a veces se olvida, pero históricamente ese poder colonial no se detiene frente a nada. Y sobre todo, en momentos de transición, opera con niveles de violencia muy altos. Piénsese en Francia, en la Comuna de París, hubo 30 mil muertos, mayormente fusilados en las calles de la ciudad. No se puede pensar que esta violencia es cosa del pasado, por el contrario, es muy actual. Se vivió con la ilusión de que ya no había guerra, guerras civiles, pero en cambio, están acá.

Desde el punto de vista teórico se dio un retroceso conceptual de las indagaciones en torno a la cuestión de la fuerza y la violencia. Pensemos el caso Argentina, donde se desata toda esta violencia enorme y nos encuentra, en términos conceptuales, completamente desarmados para enfrentarla. ¡No se sabe qué hacer! En Europa pasa lo mismo: llega la guerra y nadie sabe bien qué está pasando y cómo afrontar la situación. Pareciera que siempre llegamos tarde, después de que los acontecimientos han sucedido. Y esto se debe a las posiciones teóricas que hemos asumido en los últimos 50 años. Respecto del caso Palestina, la cuestión es directamente cómo evitar la masacre; lo que a su vez puede formar parte de una estrategia. Lenin, por ejemplo, hizo lo siguiente: tomó como modelo la masacre de la Comuna de París y se preguntó qué forma de organización podía impedir que se repitiera una situación de este tipo. Creo que es un problema que nosotros debemos volver a plantearnos, porque a medida que el nivel de enfrentamiento político se agudiza, la fuerza y la violencia comienzan a ser utilizadas cada vez con más vehemencia.

Entonces, la cuestión esencial es cómo organizar esa fuerza ―o el uso de esa fuerza― en una organización que obviamente no sea de tipo leninista, pero que sí sea capaz de hacerse cargo de la serie de problemas que acarrea una agudización del enfrentamiento, entre otros, que no te masacren. Problemas que durante muchos años no fueron discutidos porque se consideraba que ya no eran actuales. Por el contrario, la presencia de la violencia bélica es hoy una constante, que escalará y se extenderá en nuevos enfrentamientos: primero Rusia-Ucrania, luego Gaza, y no se detendrá. Era inevitable que terminara de esta forma.

No llegamos preparados para esta escalada del conflicto porque tenemos un problema del orden de la teoría política, de la teoría de la subjetividad, de cómo pensamos el capitalismo.

La situación política cambió radicalmente desde 2008, pero se sigue pensando como si estuviéramos en la secuencia neoliberal anterior, por eso de repente llega la guerra, llegan Milei y Bolsonaro, llegan Rusia y Gaza, y no se entiende nada. No llegamos preparados para esta escalada del conflicto, entre otras cosas, porque tenemos un problema del orden de la teoría política o, mejor, del orden de la teoría de la subjetividad, es decir, de cómo pensamos el capitalismo.

TL: En el libro proponés reiteradas veces la figura del “dos”, que repone el enfrentamiento, la guerra, el antagonismo de clase (con una noción de clase amplia), a la vez que tensiona la idea de multiplicidad. Pero al menos en Argentina, y aceptado ese escenario de enfrentamiento, “nuestro” lado en esa bipartición no aparece para nada claro, y hay mucha debilidad para poder construir esa fuerza. Mucho más eficaz se reveló la ultraderecha: Javier Milei logra instalar una idea de “casta” que incluye, por ejemplo, a los trabajadores estatales, o a los maestros de escuela, o a quienes hacen “cultura”; una idea persuasiva tanto para empresarios/emprendedores como para una suerte de lumpen proletariado hiper precarizado desde cuya perspectiva cualquier trabajador asalariado es más un privilegiado que un potencial aliado. De este modo, incluso si asumimos la situación de guerra en la que estamos inmersos, aún no logra constituirse una fuerza política capaz de redefinir los bandos y operar sobre ese antagonismos, sobre ese “dos”.

ML: La cuestión del “dos” y, sobre todo, la relación entre el “dos” y la multiplicidad es sumamente importante. En los últimos años, hemos reflexionado, en línea con el spinozismo político, como si el problema central fuese el de la multiplicidad. La verdad es que el problema es el de la relación entre esa multiplicidad y el “dos”, es decir, cómo pensarlos juntos. Las relaciones de poder alcanzan siempre momentos de dualismo. Gaza es precisamente eso. También la guerra Rusia-Ucrania expresa ese momento de dualismo. Lo mismo que la guerra civil que parece estar latente en Argentina: por más que la distancia me impida ver los detalles, me doy cuenta de que Milei arma escenarios de enfrentamiento con mucha violencia.

El problema, entonces, es cómo organizar la multiplicidad para alcanzar este “dos”; que es lo mismo que, a su modo, hace Milei: organiza la multiplicidad para dar este combate. También en los tiempos de la clase obrera industrial fue así. En ese momento el proletariado era la multiplicidad y la clase obrera era el sujeto que permitía llegar al dualismo. Entonces, si no logramos reconquistar esta capacidad de pensar el “dos” desde dentro de la multiplicidad seremos siempre impotentes. En el sentido de que carecemos de la capacidad para organizar la fuerza. O dicho de otro modo, el principal límite de los movimientos de los últimos años es su incapacidad para organizar y acumular fuerzas. Todo el discurso basado en la producción de subjetividad está muy bien, siempre y cuando se asuma que la producción de subjetividad tiene lugar al interior de relaciones de poder. Es como dice el epígrafe de Mario Tronti que está al comienzo del libro, se le tiene miedo al “dos”. Yo siento precisamente eso: que le tenemos miedo al “dos”.

Por otro lado, ese “dos” debe desarrollar dos capacidades en simultáneo: la capacidad de mantener unida, cohesionada la multiplicidad y la capacidad de asumir el enfrentamiento. Porque, tarde o temprano, como en Chile, cierto nivel de enfrentamiento o de conflicto siempre llega. Ustedes saben muy bien que en Chile hubo una movilización muy masiva de la multiplicidad, una gran insurrección popular que se enfrentó al poder y éste lo venció de manera concluyente. ¿Por qué sucedió esto? Entre otras cosas, porque el poder razona y actúa bajo la lógica de la guerra civil. En cambio, el movimiento nunca logró resolver el problema de cómo afrontar la situación de dualismo de poderes, de cómo cohesionar una fuerza. Dicho en otros términos: cuando se habla de fase constituyente, hay dos fuerzas que se oponen, el poder que resiste y la multiplicidad. Pero la multiplicidad dispersa jamás logra poner en crisis al poder. Para eso, hacen falta viejas teorías ya olvidadas, entre otras, aquellas que se preguntaban sobre los momentos específicamente políticos que tiene todo conflicto, sobre cómo encarar el enfrentamiento y, en el fondo, sobre cómo hacer la revolución. Estas me parecen hoy preguntas centrales.

La multiplicidad dispersa jamás logra poner en crisis al poder. Para eso, hacen falta viejas teorías ya olvidadas sobre cómo encarar el enfrentamiento, sobre cómo hacer la revolución.

Otra vez Argentina podría graficar esta situación: hay una multiplicidad de situaciones de conflicto, vinculadas al movimiento feminista, a los precarizados, a los trabajadores, a los artistas, a los ambientalistas, etcétera, pero a menos que esta multiplicidad encuentre la forma de constituirse en una fuerza con capacidad de enfrentarse en ese escenario dispuesto por el “dos”, llegará siempre tarde y estará a la defensiva.

Sea entonces en la guerra de Ucrania o de Gaza, en Francia, en Chile o en Argentina, el poder razona a partir de la relación entre este “dos” y la multiplicidad. Si nosotros no logramos hacer lo propio, es decir, razonar articulando el “dos” con la multiplicidad, estaremos de entrada derrotados. Las teorías de la multitud son un buen ejemplo, en ese sentido: no terminaron produciendo nuevas formas de organización y de resistencia ni pudieron desarrollar una capacidad de vencer. Por el contrario, desde hace 50 años vamos perdiendo continuamente derechos, salario, beneficios, ingresos. Y lamentablemente con Milei esta tendencia se va a acentuar, incluso hasta cruzar un umbral, sin que se logre en términos teóricos y políticos enfrentar esta situación. De ahí que recuperar el “dos”, el enfrentamiento, es fundamental.

TL: El problema que se fue configurando con las ultraderechas, y en particular en Argentina con Milei, es que son éstas las que parecen forzar el “dos”, y organizan así su fuerza en el campo de batalla. Milei nos interpela como antagonistas a los que hay que derrotar en la “batalla cultural”, por más que de “este lado” no es claro quiénes somos ni con qué fuerzas contamos. Por ejemplo, el proletariado más precario queda “del otro lado”, como base social de Milei. A su vez, surgen corrientes feministas liberales, a tono con la época.

ML: Sí, entiendo. Pero independientemente del caso argentino, hemos perdido algo crucial que es la radicalidad del “dos”, del enfrentamiento con el poder. Como si hubiéramos creído que, en realidad, había posibilidad de organizar espacios independientes, autónomos de ese poder. A esta altura, es evidente que esto no funciona y, sobre todo, si se pierde esa radicalidad del “dos” se pierde parte del proletariado. Por esa razón, Milei tiene la capacidad, en su radicalidad política, de expresar parte de ese proletariado. Es decir, la gente acepta que hay que destruir el sistema, es ideológico, pero funciona. Y de este lado del “dos”, esa radicalidad se perdió, ya no decimos que el capitalismo debe ser destruido, cuando es evidente que deberíamos decirlo y hacerlo. La situación es muy difícil, no es sencillo retomar este problema del vínculo entre el “dos” y la multiplicidad desde un punto de vista radical, pero no nos queda otra opción que hacerlo. Hacerlo y pensarlo desde el interior de los movimientos, porque estas multiplicidades auto-organizadas tienen sus propias realidades en el movimiento feminista, en el de los trabajadores precarios, en el de los ecologistas, etcétera. Ahí es donde hay que abrir la discusión sobre el “dos”. ¿Cómo se hace para operar una suerte de centralización sin romper la autonomía de los movimientos? El poder es autoritario, es violento, le da para adelante sin mirar atrás, no lo para nadie, como a Milei. Sobre todo, cuando está entrando en una nueva fase de acumulación, de expropiación. El único lenguaje que entiende el poder es el de la fuerza: si no encuentra un adversario capaz de contraponérsele, no se detiene en su afán expropiador. Entonces, deberíamos abrir un debate sobre las formas de organización adecuadas para una coyuntura tan pesada como ésta; una coyuntura marcada por la guerra, por la guerra civil abierta o no tanto aún, como en Argentina, pero en la que el poder ataca sin consideración alguna. No digo que haya que hacer la guerra, sino que debemos pensar cómo comportarnos y cómo organizarnos ante este escenario de guerra civil de hecho. De ahí que insisto con pensar el “dos”, porque el dos es la lucha de clases.

No digo que haya que hacer la guerra, sino que debemos pensar cómo comportarnos y cómo organizarnos ante este escenario de guerra civil de hecho.

TL: Nos resulta atinada la crítica a la debilidad de una estrategia política basada en la multiplicidad y que olvida el antagonismo, pensarse en relación al “dos”. Pero, a la vez, durante estos últimos años, al menos en América Latina, el escenario se fue tensando de un modo polar que reponía, a su modo, el “dos”. Esta polarización, paradójicamente, tenía una función ordenadora, pacificante, por más que generara mucha crispación social, y acababa incluso neutralizando todo lo que la multiplicidad puede tener de fuerza transformadora. ¿No te parece que es también en discusión con este otro “dos” de la polarización que hay pensar el “dos” de la lucha de clases?

ML: Entiendo el punto pero me parece necesario señalar que esa polarización contra la derecha estaba agitada desde lo que en Europa llamamos “izquierda institucional”. No era una polarización revolucionaria; se daba una polarización y un consenso neoliberal al mismo tiempo. Concretamente, sin duda en torno de la figura de Lula en Brasil se determinó una polarización, pero al mismo tiempo sus políticas buscaban un consenso general del que incluso participaban los grandes empresarios. Quiero decir: se aceptaba sin discusión la lógica del capitalismo, fundamentalmente la propiedad privada: ese era el consenso. Un consenso mitad reformista y mitad neoliberal. Encuentro ahí una limitación fuerte, más en una coyuntura como la actual. No hay una hipótesis que apunte a romper de forma radical con el sistema. Y sí es algo que termina haciendo Milei, desde la derecha. Tal vez debamos volver a pensar la relación entre reforma y revolución. Pero en el neoliberalismo es muy difícil encontrar una zona intermedia. No se pueden hacer las dos cosas a la vez: se llega a cierto punto en el que la situación se vuelve insostenible.

En América del Sur, desde el fin de las dictaduras se viene dando esta situación de alternancia, de vaivén entre gobiernos de derecha y de izquierda institucional. Pero hoy, con la radicalización de la derecha pareciera que esta situación de alternancia se agota. Y, a la vez, es una situación que está sobredeterminada por Estados Unidos. ¿Por qué? Porque Estados Unidos necesita que tanto Europa como América Latina funcionen como colonias, que se le subordinen política y económicamente. Con Europa ya lo consiguieron: en este momento Europa se está empobreciendo en la misma proporción que Estados Unidos se enriquece. Y lo mismo está pasando en América Latina.

Todo esto se debe a un cambio de fase, de ciclo. El capitalismo funciona a partir de ciclos, y un nuevo ciclo comenzó en los años 1970 con las guerras civiles en América Latina y con la derrota del movimiento obrero en el Norte. Este nuevo ciclo estuvo precedido por uno anterior de crecimiento económico (“los Treinta gloriosos” se llama en Europa a este periodo de crecimiento y de desarrollo del Welfare); un ciclo que inevitablemente acabó en una crisis financiera a principio de los años 70. Pero este ciclo también fue corto y terminó también con una crisis financiera, la de 2008, que abre un nuevo ciclo marcado por esta situación de guerra y guerra civil mundial que estamos viviendo. Este es el escenario para los próximos años porque esta situación de guerra no se va a resolver rápidamente ni siquiera si se termina la guerra en Ucrania o en Gaza. Más bien se va a extender. Sobre todo porque el capitalismo tiene la necesidad de extenderse, de agudizar un nuevo ciclo de expoliación, de predación, como está haciendo Milei sobre los trabajadores en Argentina. O como lo hace Estados Unidos con Europa. Es una predación financiera, una predación sobre los bienes y recursos comunes, públicos, una privatización. El capitalismo está en un momento de crisis porque no puede aumentar su productividad, por lo que prácticamente no le queda otra que robar. Es una fase sin mediación la que se ha abierto, y desde la crisis de 2008 esto se ha vuelto cada vez más evidente.

Es en este marco en el que se agota la mediación que el problema del “dos” se vuelve fundamental: ¿Qué hacer cuando ya no hay mediación? No parece haber muchas alternativas: o perdés y sos destruido o intentás preservarte avanzando, no hay camino del medio. El capitalismo no está dispuesto a mediar, sobre todo porque el proletariado al que se enfrenta es demasiado débil y puede hacer con él lo que quiera. Si se piensa en términos históricos, para encontrar un proletariado tan débil como el actual hay que remitirse a los momentos previos a 1848, previos a la Comuna de París, durante la revolución industrial.

¿Qué hacer cuando ya no hay mediación? No parece haber muchas alternativas: o perdés y sos destruido o intentás preservarte avanzando, no hay camino del medio.

Nosotros, en cambio, teorizamos sobre un proletariado que era una fuerza imparable, y esto ya no es así. La fuerza deriva de la organización política, si no hay organización política se es débil. El problema es cómo pensar una organización política dentro de la multiplicidad. O, como decíamos, cómo pensar el “dos” dentro de la multiplicidad.

TL: Detengámonos por un momento en este punto, en la forma de organización y su relación con el “dos”. Centralmente, porque si asumimos que los movimientos son una forma de organización, habría tres niveles en lugar de dos: la multiplicidad, los movimientos y el “dos”, es decir, la organización del antagonismo por llamarlo de algún modo. En ese sentido, durante el siglo XX esa articulación se estableció entre movimiento y partido o, en otra ocasión, entre movimiento y organización guerrillera, que de algún modo permitía canalizar la cuestión de la violencia, tanto defensiva como ofensiva. De ahí la primera pregunta: ¿Cómo ves que entra hoy, en ese “dos”, la cuestión de la violencia? ¿Es solamente organizarse contra la violencia o hay que pensarla en términos ofensivos? Y casi en la misma línea, decís que para asumir el antagonismo, el “dos”, hay que pensar con Lenin una organización no leninista, ¿qué se te ocurre en ese sentido?

ML: Digamos en principio que durante la primera parte del siglo XX, el proletariado a través del partido político y otras formas de organización fue una fuerza tanto defensiva como ofensiva, una fuerza de ataque. Los partidos del proletariado, tanto en la Revolución soviética como en la Revolución china querían la guerra civil, buscaban el conflicto con el enemigo, no lo evitaban. Querían tomar el poder, querían derrotar al enemigo. Pero todo se pone más difícil en el momento en que nosotros decimos que el problema ya no es la toma del poder, que no hay nada que pensar ahí. ¿Y cómo hacemos para derrotar al capitalismo? No tenemos idea.

En la primera mitad del siglo XX había organizaciones que habían construido una relación específica entre multiplicidad, partido y “dos”. Es decir, que habían pensado para su situación particular ciertos objetivos vinculados a cómo tomar el poder, cómo destruir al enemigo, cómo derrotar a la burguesía, etcétera. Pero no son estos los temas que hoy están en debate, no forman parte de ninguna discusión, y mientras estas cuestiones aparecen alejadas de nuestra voluntad política, el adversario tiene bien claro su juego: quiere destruirnos, necesita derrotarnos. Otra vez, el caso de Milei parece bien claro. Ellos tienen esa voluntad, no nosotros.

Durante los últimos 40 años hemos desarrollado un discurso muy interesante sobre las pasiones alegres, pero el odio de clase quedó completamente olvidado. Y sin odio de clase no es posible hacer política. Creo que a Milei, o a cualquier otro que lleve a cabo políticas como las de Milei, hay que odiarlo, no hay nada que hacer, al capitalismo hay que odiarlo para poder derrotarlo.

Todas estas pasiones no alegres hoy son centrales. Los precarios que votaron a Milei, por ejemplo, estaban tomados por pasiones no alegres. Reivindico esas pasiones con las que votaron: el odio, el  resentimiento, el miedo, son todas pasiones negativas. No podemos decir que estas pasiones le sean ajenas al proletariado, el proletariado vive de estas pasiones. Sobre todo porque es un proletariado que se fue volviendo cada vez más pobre y se fue sintiendo cada vez más frustrado. Por eso tiene ese resentimiento feroz contra el enemigo. Entonces, hay que partir de estas pasiones negativas para tratar de transformarlas en positivas. Pero hay que situarse desde dentro de esa situación, no se puede decir, “no, nosotros solo apostamos a las pasiones alegres”. Pero, ¿cómo?, si estamos con la mierda hasta el cuello.

Las pasiones alegres como el amor y la alegría las tenemos para organizarnos entre nosotros, pero con el enemigo, odio de clase. Nosotros perdimos esta cuestión básica de la política. Por eso se entiende que los jóvenes enojados terminaron siguiendo al primero que les organizó su odio. A su vez, dentro de ciertos niveles de organización el odio se convierte en otra cosa, en algo positivo no solo en violencia, que es una pasión negativa. Pero debemos partir de lo que hay, del hecho de que, dentro del capitalismo y dentro de esta situación tan crítica como la que se nos va presentando, las pasiones dominantes son absolutamente negativas. ¡Este capitalismo nos está aplastando! Y nosotros hemos perdido esta radicalidad que nos permitía partir ―digo partir, no quedarse― de las pasiones negativas. En el fondo, es el mismo problema del “dos”: el “dos” es, por un lado, odio de clases contra el enemigo y, por otro, gestión de la solidaridad entre los que se organizan. El odio es respecto del enemigo y la solidaridad es entre nosotros: hay que recuperar esta relación entre odio y solidaridad. Es lo que sucedía en la primera mitad del siglo XX: como los revolucionarios tenían por objetivo destruir el capitalismo organizaban una serie de ataques, que no significan de ningún modo atentar físicamente contra los adversarios, sino destruirlos políticamente.

El odio es respecto del enemigo y la solidaridad es entre nosotros: hay que recuperar esta relación entre odio y solidaridad.

Entonces, en esta dimensión, si no queremos tomar el poder, si no queremos organizarnos bajo este dualismo, ¿qué hacemos? O sea, cuando nos encontramos en una situación como la de ustedes en Argentina o como la de Europa, una economía de guerra, ¿qué se hace? Es evidente que las condiciones de este dualismo nos las hemos puesto nosotros, nos la han impuesto otros. Mientras en la primera mitad del siglo XX el dualismo fue impuesto por los movimientos revolucionarios, hoy el dualismo, el enfrentamiento, lo proponen las fuerzas del capital: la guerra en Ucrania, la guerra a Gaza, la guerra civil no abierta ¡es el poder el que las impone! Siempre es el poder el que ataca y nosotros los que nos defendemos. Pero la verdad es que ahora no llegamos ni a defendernos. ¿Por qué no atacamos más? ¿Por qué no hay voluntad de atacar? La cuestión de la ausencia del odio de clase es un ejemplo de cómo hemos perdido la sensibilidad política, de cómo dejamos de poner sobre la mesa la violencia que hay dentro de las relaciones capitalistas. Es esta violencia la que determina el resentimiento, el miedo, la angustia que expresan estos proletarios que votan a Milei. Por lo tanto, estoy a favor del odio de clases.

TL: En ese sentido, se puede pensar que cierto uso de la multiplicidad como estrategia de supervivencia sirvió para transitar la derrota (que en Argentina vino con la última dictadura y que se extendió con la democracia neoliberal), pero que ya no resulta una opción útil, conveniente. Como el poder económico se presenta imbatible, la multiplicidad y la identidad sirven como refugio en el que creer que tengo una vida que vale algo, que la puedo cuidar y defender con mis pequeños valores, en mis pequeños espacios de pertenencia, sin ninguna intención de confrontación…

ML: Sí, de acuerdo. A su vez, la estrategia de la multiplicidad tuvo su lado positivo, porque efectivamente permitió pensar la construcción de formas de vida, de identidad, etc. Pero luego de 2008 hubo un cambio de ciclo en términos políticos y aquello que parecía positivo hoy se revela negativo, se revela como una ilusión. O mejor dicho, como un error político, además de teórico. No se puede pensar la multiplicidad sin el “dos”. Y menos hoy, donde la violencia de los gobiernos de derecha radical, en estas condiciones de crisis y guerra, impide mantener esos pequeños espacios de autonomía y de identidad, que ya sin mediaciones (el salario, los ingresos, los derechos sociales) se vuelven cada vez más restringidos hasta desaparecer.

A su vez, los movimientos existen y aún tienen capacidad de resistir. Pero si no se puede ir más allá de cada situación y de las reivindicaciones identitarias y sectoriales, el movimiento va a perder cada vez más esta capacidad. Porque las tareas a realizar en esta fase política son completamente diferentes a las de antes del 2008. Fuimos muy ingenuos en creer que esa situación de crisis podía extenderse al infinito cuando era evidente que no. En síntesis, vista la fortaleza del enemigo, la mera defensa se vuelve imposible. Bifo, por ejemplo, propone desertar, pero desertar a dónde. Hace 40 años que venimos insistiendo con la estrategia de la deserción y hoy no me parece que tenga posibilidad alguna. Cuando se pensó el concepto de multitud, se lo hizo junto al concepto de éxodo, es decir, la multitud tenía que organizar el éxodo. Pero nunca vimos ese éxodo, no existe la posibilidad de ese éxodo.

TL: Respecto de esta dificultad que relevás en la capacidad de defendernos, incluso cuando nos vemos sometidos a permanentes situaciones de ataque, en muchas experiencias históricas (ya sea la Comuna de París, los procesos revolucionarios en Rusia, China o Latinoamérica, la resistencia palestina, etc.) parecía haber cierta autonomía para organizar un antagonismo. Es decir, muchas de estas experiencias tenían ciertos márgenes económicos de producción, de alimentos, de estructura, que les daba soporte a la posibilidad de organizar una ofensiva. Hoy, por formas que fue adoptando el trabajo y el salario, no parece haber nada de eso. En suma, cómo pensar la relación entre economía y antagonismo, entre economía y “dos”.

ML: Sí, igual China, cuando hizo la revolución, era un país muy pobre, de los más pobres del mundo. Las revoluciones del siglo XX fueron hechas en los países en los que la integración de la clase era más débil; no estaban integrados al capitalismo industrial como en el norte, donde había salario, Estado de bienestar, derechos, forma de la gubernamentalidad. Las revoluciones estallaron donde había menos integración.

El obrerismo decía que la revolución se iba a desplegar donde había mayor grado de desarrollo capitalista. Y en cambio lo que pasó es que las revoluciones tuvieron lugar donde había menos desarrollo capitalista. Ahora, es verdad que en los países del sur hubo intentos de integración, pero ahora ese proceso de integración está completamente desarticulado. Lo que está sucediendo en Argentina es el completo fracaso de ese proceso de integración. Y estamos volviendo a una situación propia de la mitad del siglo XX: una gran masa de pobres y una élite. La pobreza y la miseria vuelven a ser elementos absolutamente fundamentales. Porque efectivamente, en el siglo XX, las revoluciones fueron hechas en países donde había miseria. Pero, claro, lo central es la capacidad de organización que se desarrolló en esos países. O dicho de otro modo, la ruptura subjetiva que las organizaciones políticas, tanto leninistas como maoístas, pusieron en juego. En suma, no había un gran desarrollo de la fuerza productiva, pero sí había un desarrollo importante de las subjetividades revolucionarias.

Estamos volviendo a una situación propia de la mitad del siglo XX: una gran masa de pobres y una élite.

Llegado este punto, entonces, se nos vuelve a plantear el problema de la ruptura, de las subjetividad revolucionaria, ¿es posible plantear hoy este problema o no? No imagino que la Argentina sea un caso aislado: la miseria que quieren imponer a la población será algo generalizado a nivel mundial. Sobre todo porque el capitalismo hoy no tiene un nuevo modelo de desarrollo económico que proponer, no hay una salida por ese lado. Lo único que puede proponer es un modelo de guerra, de guerra civil. El modelo de Milei “funciona” en tanto intenta apropiarse de lo que ya existe, es decir, como un modelo de apropiación no como un modelo productivo. Y esto va a suceder en todos lados, estas son las condiciones económicas de la economía de guerra. Por ejemplo, Estados Unidos está haciendo esto mismo con Europa. Como Europa es más rica que Argentina pareciera que las cosas se desarrollan de modo diferente, pero la lógica es la misma. Tenemos que reflexionar desde el interior de esta lógica: habrá un empobrecimiento generalizado, seremos cada vez más pobres, y desde allí tenemos que armar una política que asuma esta ruptura de la integración social, que pueda quebrar esta lógica.

Lo que sucedió en Francia hace unos meses atrás es muy claro: se desarrollaron luchas durísimas que no consiguieron ganar nada, que perdieron. A fin de cuentas, la reforma de las jubilaciones pasó, los franceses se van a jubilar más tarde. El poder no acepta mediaciones, dice: “No me interesa, no hay nada que discutir”. En los años ‘60, por ejemplo, hubiera habido seguramente otro tipo de mediaciones. Pero, entonces, esta es la situación que debemos enfrentar: una situación en la que aumenta brutalmente la pobreza y en la que el poder no acepta mediaciones ni propone formas de integración. Es decir, debemos enfrentar una lógica de guerra. Pero, ¿cómo debemos movernos dentro de esta situación? Me parece que esta es la pregunta fundamental del momento.

En ese sentido, y para cerrar yendo al núcleo de la pregunta, me parece que la situación ha cambiado y que la desintegración va a avanzar de forma acelerada. Entonces no podemos partir de una idea de integración (sea vía el salario, el Estado de Bienestar o lo que sea), sino más que como pobres. Y ahí veo una posibilidad de ruptura porque, efectivamente, en estas condiciones, el discurso del odio de clase, del resentimiento, va a explotar. Pero el problema es que estas pasiones están siendo capitalizadas por la extrema derecha. El desafío en esta situación es reconocer las pasiones negativas de las que hablábamos antes, sin volvernos de extrema derecha. Porque cuando empieza a extenderse el hambre la cosa se pone fea, te empezás a poner malo y la guerra civil se incrementa.

La desintegración va a avanzar de forma acelerada. El desafío en esta situación es reconocer las pasiones negativas sin volvernos de extrema derecha.

TL: Una pregunta que tiene dos entradas, una que apunta a la cuestión de la ética (vinculada sobre todo a tu crítica a las teoría política de las últimas décadas) y también a la cuestión de la propaganda, que para decirlo de forma ligera, es el plano en el que se mueve Tinta Limón. Concretamente, ¿en qué lugar situás la ética en la crítica a las formas políticas y organizativas de los años ‘70? O dicho de otro modo, ¿la ética no debería estar adentro en el planteo del “dos”? Y, por otro lado, la cuestión de la propaganda. Es muy evidente en el caso de esta guerra en Gaza, todas las operaciones “periodísticas” y fake news ―sobre todo impulsadas por Estados Unidos y por el New York Times― tendientes a romper cualquier tipo de identificación positiva con el pueblo palestino y con sus organizaciones armadas. Tinta Limón, y gran parte de las redes en la que interactúa, funciona en el plano de las imágenes, de los discursos y de la propaganda. ¿No encontrás ahí una dimensión ética fundamental que permite no actuar en simetría con el enemigo?

ML: Entiendo. Pero partamos de que la simetría más fuerte es la de la guerra civil. En la guerra civil no hay fuerzas pasivas y activas, sino solo fuerzas activas. Por ejemplo, en la guerra civil rusa o en la guerra civil china, los revolucionarios no eran fuerzas pasivas, sino activas: querían transformar la guerra en guerra civil revolucionaria. La forma política en su caso era la guerra de guerrillas, que es una forma de organización que implica una centralización democrática, verticalizada y militarizada. No creo que esta forma pueda reproducirse hoy, dado que estamos yendo a gran velocidad hacia la guerra civil, creo que debemos pensar en formas organizativas y políticas que tengan en cuenta estas condiciones sin repetir viejas fórmulas. Seguramente va a ser necesaria cierta centralización, va a ser necesaria cierta verticalización. Pero hay que ver qué tipo de centralización es la adecuada, qué formas de verticalización que no asfixien a la multitud. No va a ser una forma militarizada, al menos no por el momento. Aunque en ciertas situaciones sí, por ejemplo previo a la actual avanzada sobre Gaza la resistencia palestina tuvo que militarizarse. También los kurdos. No se trata de tener un punto de vista preestablecido, depende de la situación. Lo que es inevitable es plantearse el problema y abrir la discusión: cómo nos organizamos, con qué grado de centralización, qué uso de la fuerza hacemos, etc.

Respecto de la ética, es muy interesante porque desde la década de los 60 en adelante se fue dando un desplazamiento en los discursos de la política hacia la ética. Si tomás, por ejemplo, al Guattari de los años 60, hablaba de la ruptura leninista y dos décadas después terminó hablando del paradigma estético. ¿Cómo producir subjetividad de forma ética y estética? Foucault hizo el mismo proceso: en la mitad de los años 70 tomó la guerra civil como modelo de las relaciones sociales, luego pasó a la gubernamentalidad y, finalmente, a la pregunta por cómo se produce una subjetividad ético-estética. Y si tomás a Negri pasa lo mismo, termina pasando a partir de Spinoza en un paradigma ético-estético. Después del 68, luego de la derrota de los ‘70, la ética reemplaza a la política y se vuelve producción de subjetividad. Si no logramos articular con fuerza una relación entre proyecto revolucionario y producción de subjetividad, solo nos queda la ética. Y esta reducción a la ética, a la producción de subjetividad, a la transformación antropológica del individuo, a la producción de nuevas formas de vida, etc., es insuficiente para estar a la altura del enfrentamiento político actual. Este discurso del cambio subjetivo tiene que ir necesariamente unido al discurso del “dos”. Si no se hace esta operación de mantenerlos juntos, cada quien, cada movimiento acaba defendiendo la propia identidad, y esto es inconducente e imposible. Por lo tanto, este discurso sobre la ética alcanzará otro nivel de consistencia política si logramos que esta producción de subjetividad se ligue a un proyecto de ruptura con el capitalismo.

En ese punto, es claro que el trabajo de Tinta Limón es un trabajo que va echando luz respecto de la situación en la que nos encontramos, que es un situación muy delicada, tal como describimos antes: una situación de guerra, de empobrecimiento generalizado, de desintegración, de rechazo de las mediaciones políticas. Llegado este punto, me parece que hacer libros es una función importantísima para seguir la evolución general de la situación. Necesitamos crear y recuperar los conceptos que nos permitan pensar lo que está sucediendo en Ucrania, en Europa, en Gaza, en Latinoamérica, etc. y debemos hacerlo poniendo en el centro el discurso político.

En ese sentido, ellos tienen grandes medios de comunicación, pero no creo que las opiniones públicas estén alineadas con estas posiciones. Ni la europea ni la opinión pública del sur todavía menos. Quizá Argentina es un caso particular en cuanto a la sensibilidad con el pueblo judío, pero, en general, no prospera muy fácilmente. Sin embargo, 24 horas sobre 24 horas y media hablan de un punto de vista estadounidense. Pero insisto en que, para que la propaganda sea eficaz, debe partir de un punto de vista político, más que ético, este es el problema, en mi opinión. Si tenemos la capacidad de identificar momentos de ruptura en un proyecto, seguramente va a ser más eficaz que un discurso simplemente ético. Porque es necesario que este proyecto instale una heterogeneidad radical respecto del enemigo. Es decir, no porque sea el enemigo estamos al mismo nivel, hay una heterogeneidad evidente que se puede llamar ética, pero en realidad es política. Es sobre estos puntos de heterogeneidad que debemos avanzar y organizarnos.

Fuente: https://tintalimon.com.ar/post/sin-odio-de-clase-no-es-posible-hacer-politica/

 

martes, 23 de enero de 2024

ISRAEL Y OCCIDENTE FRACASAN EN SUS GUERRAS: ¿CUÁNTOS ESTADOS SOLUCIONAN EL CONFLICTO PALESTINO-ISRAELÍ? SOLO UNO.

 


El destino geopolítico del mundo pasa por Gaza

 

Por Carlos García Tobón 

22/01/2024 | 

Hace dos años la Unión Europea vociferaba a favor de la defensa de Ucrania ante la invasión rusa llegando al extremo de asumir, cual sirvientes, el coste material de dicha guerra que los está llevando a una gran crisis económica y moral. El doble rasero, la hipócrita fachada democrática de Europa, ha quedado al desnudo.

Ante la invasión y la masacre actual contra Palestina y su pueblo, no repiten las zalamerías de “principios” que usaron contra Rusia sino que se alinean directamente con la masacre sionista, a nombre del “derecho a la defensa” de Israel. Esa furia racista de Occidente contra Rusia y el apoyo a la guerra genocida de Israel contra el pueblo palestino, es una continuación de esa genealogía colonialista heredada de la Europa de los siglos XIX y XX.

¿Por qué Europa es cómplice del genocidio sionista? ¿Por qué en Alemania está prohibido criticar a Israel? ¿Por qué Gran Bretaña, Alemania y Francia persiguen a los manifestantes en favor de Palestina?

Se dice usualmente que es el sentimiento de culpa por el pasado histórico, el que empuja a los europeos a defender a Israel, pero no es así. La defensa acrítica o encubierta de Israel es parte de un proceso más profundo de autodefensa de la decadente civilización occidental, que hace aguas por proa y popa, por babor y estribor. Si Israel sucumbe en su propio fango, los arrastrará con mayor vigor a la sin salida histórica que viven en un mundo que los teme y repudia.

El presidente de Israel, Isaac Herzog, declaró que la guerra “no es sólo entre Israel y Hamas. Es una guerra que pretende, de verdad, salvar la civilización occidental, salvar los valores de la civilización occidental”. El judío apela al envés de la moneda para argumentar: ¡“si Occidente deja que se pierda Israel, se perderá la civilización occidental”!

Lo que más les perturba y asusta a Occidente es ser derrotados nuevamente por un grupo minúsculo de milicianos, sin ejército ni armas pesadas, sin marina ni fuerza aérea; que solo tienen valor y entrega para defender a su pueblo y enfrentar al Goliat sionista que tiene las mejores armas del mundo. Lo que está en juego entonces, es la gran confrontación que está sufriendo Occidente desde todos los flancos contra el colonialismo; y del cual Palestina es una rama de esa herencia europea.

La caída de Kabul en manos del Talibán en 2021 fue un momento estelar del desalojo occidental del continente asiático y una gran enseñanza para los pueblos parias del mundo. No quieren que se repitan estos precedentes coloniales pues son edificantes para “pueblos inferiores” que resisten a las conquistas coloniales.

Y la evocación de esos triunfos imposibles de admitir por la máxima potencia imperialista como el valor vietnamita o el afgano, no es semejante -quizá mayor- con la situación del pueblo palestino, pero si tiene el mismo ingrediente definitivo en la lucha de los pueblos: la incapacidad de los colonialistas de entender el conflicto que están librando y creer que el poder militar les garantizará su posición de dominio y control contra el pueblo oprimido, perennemente.

Pero Israel tiene un problema adicional. Por ser producto del sistema de colonialismo conocido como de asentamiento, ellos migraron para establecerse en la tierra de otros, Palestina, y no tienen metrópoli de origen donde escapar o esconderse, como lo hicieron británicos, franceses, belgas, etc. Por eso Israel es un estado artificial que no tiene tradición ni sentido histórico, que se juega su futuro en la artificialidad de su fuerza. Considera al mundo árabe -sus vecinos- como enemigos, pero trata de controlarlos y sobornarlos con presión militar y dinero. Asia Occidental ha cambiado y esa parte del mundo no volverá a ser la misma de antes del 7 de octubre, se ha roto el Acuerdo de Abraham y reconstruirlo no está en la agenda.

Aunque el ejército israelí se precia de su moralidad y de sus proezas tecnológicas y su destino triunfal en el terreno militar, lo que hace en realidad es esconder la responsabilidad de sus actos detrás de una amoralidad instintiva y de una incapacidad para comprender el conflicto sin arneses militares. Veamos.

La culpa y la venganza en el “alma” occidental. ¿Hay salida a ese entresijo?

Dentro de la política alemana de la memoria, el Holocausto es considerado como una excepción histórica y esta excepcionalidad tiene el efecto de ubicarlo por completo fuera de la historia, lo que permite al gobierno alemán adoptar un apoyo incondicional al Estado de Israel sin responsabilizarse políticamente de lo que significa. Es decir, el gobierno alemán utiliza el recuerdo del Holocausto como justificación para apoyar a Israel, independientemente de la criminalidad que Israel perpetre contra el pueblo palestino.

Si asumimos la política de Alemania o Europa y aceptamos la “relación especial” con Israel desde la idea de la culpa por la masacre de judíos, gitanos, homosexuales, izquierdistas, sindicalistas o discapacitados, -aunque nieguen todas esas otras víctimas-, estaríamos

abandonando la exigencia de la responsabilidad política con el pasado, el presente y con el futuro. Tienen que responsabilizarse del presente y del futuro con el costo político que eso implica.

Pero ¿y de los occidentales de hoy, qué?

Estamos ante una banalización peor, estamos ante la banalización del Terror.

Estamos viviendo el aplastamiento literal de un pueblo en nombre de un objetivo mentiroso e imposible: la “defensa de Israel”. Ninguna paz de los cementerios resolverá el conflicto en Oriente Medio, ni tampoco salvará a Netanyahu, que quiere la guerra como forma de supervivencia ante su juicio por corrupción.

La otra misión también es imposible: desaparecer a Hamás. Se puede matar a los actuales líderes de alto nivel como lo hicieron en Beirut con Saleh al-Arouri, con un misil disparado desde un dron sin tripulación. Pero no se puede matar la idea de Hamás de la liberación, y esos líderes muertos siempre serán reemplazados por miles de luchadores jóvenes que se han templado en la resistencia.

Hoy, en 2024, la responsabilidad actual nos impone mirar hacia el futuro mientras que la lamentación, ese lenguaje de la inculpación tan proclive al ensimismamiento y la actitud defensiva, nos paraliza o distrae. Esa postura nos impide pensar en términos políticos sobre lo que debemos cambiar para que la historia no se repita.

Pero hay más, en el marco de la esclavitud moral que humedece a la cultura occidental aparece la culpa, ese “valor” judeocristiano sobre el que se construyó Occidente. Es un precepto religioso que amarga la infancia y la vida de los occidentales y les impide alcanzar el placer. La culpa tiene ese tufillo religioso: ya que dispara la catarsis para purificar el castigo, y así provoca más rencor que el hacernos cargo directamente de la responsabilidad. Es la evasión en las mentes confundidas. Es el logro del propósito del bombardeo, esta vez mediático, con el que Israel y sus medios de difusión nos aturden para “aceptar” que las muertes que vemos a diario, no son importantes frente al designio moral e histórico de los hijos de la Torá.

La actitud defensiva que opera en el publico occidental es un ensimismamiento cobarde que nos aleja políticamente de lo que deberíamos pensar y es que debemos actuar para que no siga la masacre y que los gobiernos occidentales cuasi indiferentes, que apoyan el genocidio, sean enfrentados más radicalmente.

Por eso Occidente ha “normalizado y asimilado” los crímenes de guerra, asumiéndolos como común y corrientes, haciéndolos consumibles, lo que nos refiere a la elaboración de la categoría de “banalidad del mal” de Hannah Arendt.

Hemos visto como se multiplican las masacres desde muchos estados contra poblaciones o minorías, y logran algún apoyo público como sucedió con los criminales asesinatos de Estado en Colombia, conocidos como “falsos positivos” y que la Justicia Especial para la Paz ha documentado con la cifra de 6.402 asesinatos de jóvenes desempleados y marginales, que los hacían pasar como muertos en combate por el ejército nacional, para “demostrar” que estaban ganando la guerra contra la guerrilla de las FARC, en el gobierno de Álvaro Uribe Vélez (2002-2008). Un total de 2,5 millones de colombianos fueron víctimas del desplazamiento forzado desde 2002, cuando el presidente Álvaro Uribe llegó al poder. Y hoy en día, totalmente decadente y con 300 demandas judiciales encima, sigue teniendo apoyo de un sector de la población que lo considera un “mesías” salvador, por su política de “Seguridad Democrática”.

La “banalización del mal” y del terror

El mundo en 2024 sigue presenciando cómo se desarrolla un genocidio en tiempo real. No nos trasmitieron en vivo los campos de concentración ni las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Tampoco Corea, Vietnam ni Afganistán. Al Jazeera nos mostró por primera vez los bombardeos a Irak en directo por TV, desde adentro, muriendo sus periodistas como en Gaza; y así demolió la farsa del imperio informativo de CNN, que retransmitía desde un portaviones de USA, lo que dictaban los militares norteamericanos.

Ese espectáculo infame y demoledor de la condición humana humillada y destruida por la barbarie judía, colma la TV mundial y la retina de cualquier humano retiene lo que significa un judío de ahora en adelante. Un ser inhumano que no ha hecho lo suficiente para impedir que sus gobernantes sembraran de terror a Gaza y el mundo. Muy pocos lo han hecho dentro y fuera de Israel, pero existen judíos con esa entereza. Tampoco escapan a esa mirada los gobernantes occidentales y sus medios que amplifican y justificación el genocidio. El estado y la sociedad judía están logrando el odio del mundo.

No existía la TV ni la radio-transistor, tampoco había redes sociales y la prensa solo entreveía o verificaba pocas cosas que estaban pasando en la II GM o en los campos de concentración nazis en los años 40. Difundían partes militares y de los gobiernos. Fueron dos o tres décadas más tarde en que el establecimiento occidental fue “construyendo” una historia, que aún hoy, no es tan clara ni veraz.

En su momento, los jefes nazis de Alemania trataban de ocultar su decisión de exterminar a los judíos-bolcheviques -así los llamaban porque el enemigo principal para ellos era el comunismo y Rusia-; delegando la ejecución de las órdenes en burócratas subalternos, como Adolf Eichmann. Analizando el juicio a él, Hannah Arendt concibió su teoría de la “banalidad del mal”, como la fórmula nazi para penetrar el discurso occidental y justificar sus acciones.

Banalidad del Mal fue un concepto acuñado para describir cómo el poder político puede trivializar el exterminio de seres humanos cuando se explica como un procedimiento burocrático ejecutado por funcionarios incapaces de pensar en las consecuencias éticas y morales de sus actos. Pero la Banalización del Terror es el momento histórico que se vive en Occidente para encubrir el genocidio israelí.

Arendt en otra obra, “Eichmann en Jerusalén” (1963), acusaba a “Ben-Gurion de organizar un «juicio-espectáculo» para explotar el sufrimiento del pueblo judío, en lugar de responsabilizar de sus crímenes al verdadero criminal, el jefe de logística de Hitler, Adolf Eichmann”. Su antisemitismo no era su motivo principal, arguyó, fue su arrogancia la que le hizo querer trepar en las filas del Tercer Reich. Argumentó así la banalidad del mal, y la definió como la incapacidad de imaginar el mundo desde la perspectiva del otro.

Es decir, que los seres humanos tenemos que ser capaces de situarnos en la perspectiva del otro para evitar que se produzca el mal y para hacer frente al mal, cuando nos topemos con él.

Lo que Arendt nos ayuda a entender de la banalización es cómo la gente en Occidente hoy, ha cambiado radicalmente las líneas rojas de la moral de un momento a otro y transformó el «No matarás» en «Matarás», sin cuestionarlo. Y esta falta de juicio ha significado pérdida de vidas humanas, muchísimas vidas humanas. La complejidad moral es necesaria frente al mal. No olvidemos nunca a la judía Arendt, que nos lo advirtió.

Y hoy la ley en Alemania prohíbe rebelarse contra la masacre de los judíos, pues eso permite seguir tratando al pueblo o a la historia judía como una excepción a la regla y así justificar el apoyo político a Israel.

Si Alemania no revoca esa resolución seguirá censurando a la gente que quiere manifestar contra el Estado de Israel, y así está obligando a la complicidad moral con crímenes contra la humanidad. No es antisemitismo criticar al Estado de Israel. Los árabes, además, son el mayor pueblo semita del mundo, no los judíos. O, ¿qué es un semita?

Todas las personas tienen derecho a existir libremente en todas partes -dicen los “derechos”, no la realidad-, independientemente del lugar del mundo en el que por casualidad se haya nacido. Negar a un pueblo el derecho a existir es un crimen contra la humanidad. Y eso es lo que está encubriendo Occidente en el exterminio contra los palestinos.

El coraje es la virtud política por excelencia, enseñaba Arendt, porque exige que uno arriesgue su reputación y su vida para expresar una opinión política en un momento histórico. Occidente sigue agazapado y vociferante… ¿Dónde está hoy el coraje? Solo en los palestinos.

No aceptemos la normalización de los crímenes de guerra a nombre de ninguna categoría falsa y manipulada, bien sea la defensa del derecho de Israel a existir en paz masacrando, o de los castigos colectivos, o de matar por hambre; o de la eliminación del enemigo. No aceptemos la Banalidad del Terror.

La cruda realidad es que, aunque la ONU o el derecho internacional señale las violaciones que está produciendo Israel, esas instituciones dominadas por Occidente hacen caso omiso y no aplican las normas que han pactado, validando sus acciones en la “guerra contra el terrorismo de Hamás”, que es simplemente otra guerra moldeada e inventada para justificar el genocidio en Gaza.

Pero Sudáfrica, la patria del apartheid, está señalando el camino. No podía Israel imaginar que su Estado esté siendo demandado por otro Estado, Suráfrica, que sabe todo sobre los regímenes de apartheid, y cuyo líder fundador, Nelson Mandela, fue un modelo moral para el mundo entero. No es fácil saberse acusado de genocidio por un Estado fundado sobre las cenizas del mayor genocidio de la historia. He ahí el parteaguas del Sur Global, un miembro de los BRICS, denuncia al sionismo en un tribunal internacional de justicia.

La suerte de las desprestigiadas instituciones occidentales está en juego ante la denuncia de Suráfrica contra Israel en la Corte Internacional de Justicia. Acusa a Israel de la comisión de actos de genocidio contra el pueblo palestino de Gaza. Tradicionalmente la CIJ se ha negado a investigar a ningún estado occidental o gobernante, solo ha proferido juicios contra tercermundistas y emitió una orden de detención express -hace 9 meses, que eficiencia- contra el presidente de Rusia, Vladímir Putin, por presuntos crímenes de guerra relativos a la deportación y traslado ilegal de niños de la Ucrania ocupada. Los niños ucranianos fueron aceptados en la CIJ y hubo un fallo. Los 8.000 niños palestinos masacrados por los judíos sionistas, ¿serán atendidos en justicia y castigados sus asesinos? ¿O seguirá salvaguardando lealmente el “orden” occidental?

Si la corte acaba ordenando el fin de la guerra en Gaza, una decisión que es vinculante, habrá que ver cómo responde Israel, que nunca ha cumplido con ninguna resolución de la ONU.

De Ucrania a Gaza, un salto mortal para Occidente

EEUU y la Unión Europea hacen esfuerzos por reacomodarse en el tinglado mundial sin querer reconocer la estridente derrota que han sufrido en Ucrania y el desastre al que están contribuyendo con el apoyo a Israel para aniquilar a los palestinos.

Biden, -léase EEUU- que está grogui desde la derrota en Afganistán, ideó con sus halcones que podrían forzar un cambio de régimen en Rusia manipulando con la OTAN, quien dócilmente amenazó trasladar las fronteras de las armas nucleares a las de entre Rusia y Ucrania. Hay que ser muy estúpido para pensar que Putin lo iba a permitir pasivamente. Y la respuesta llegó, la invasión.

El paso siguiente fue dictar sanciones implacables y más represalias económicas, hasta congelar reservas y robar capitales de individuos rusos. Las sanciones fueron esquivadas inteligentemente por Rusia, con el apoyo de China y el Sur Global, quienes redireccionaron gran parte del comercio de petróleo y gas que permitieron mantener los ingresos necesarios para reflotar la economía rusa.

En vez del colapso de un 50% como predijo Biden, la economía de Rusia ha crecido un 3% en 2023 después de retraerse solo un 2,1% en 2022. Putin tenía un índice de aprobación del 80% en octubre de 2023, cosa que envidiaría Biden pues por tan garrafal “error” está a la baja en popularidad y tiene en riesgo su reelección. Wall Street Journal (WSJ) calificó en un editorial al presidente ruso, Vladímir Putin, como el ganador geopolítico del 2023.

Biden y sus halcones -entre ellos la siniestra Victoria Nuland- son responsables del “error” más grave en la escabrosa historia de la política exterior estadounidense en este siglo y ve comprometida la posición estratégica de EEUU con el triunfo demoledor de Rusia contra Ucrania, que apuntala el surgimiento del mundo multipolar.

Estados Unidos y sus aliados se han dado cuenta de que Rusia no puede ser derrotada militarmente y que el fin inaceptable para los derrotados se reduce a un acuerdo para poner fin al conflicto en los términos de Rusia.

Esta situación mundial tampoco es favorable a Israel porque el declive de Occidente inyecta su dosis de crisis al proyecto sionista en el doble sentido. La hipocresía al desnudo tanto de EEUU como de la Europa Otanista y las fuerzas occidentales que desde adentro luchan contra el frente sionista. Nunca Washington, Londres, Berlín, Copenhague, Yakarta, Paris, Kuala Lumpur, Madrid, Viena, Saná, Atenas y centenares de ciudades en el mundo, habían visto tan multitudinarias manifestaciones contra Israel, el frente sionista-occidental y la solidaridad total con el pueblo palestino

Las guerras de Rusia en Ucrania y la invasión a Gaza han recordado a los gobiernos y analistas occidentales que existe un mundo fuera de las grandes potencias y sus aliados. Ese mundo, compuesto predominantemente por países de África, Asia y América Latina se han resistido a tomar bando en el conflicto con la minoría occidental. La reciente resolución de la Asamblea General de la ONU definió el mayor aislamiento de Israel. Esa indignación mundial es la que sustenta el voto político en la ONU, en octubre fueron 121 quienes votaron por un alto al fuego inmediato; esta vez fueron 153 países (13 de diciembre) a favor del Alto al fuego. Estados Unidos es el único país de peso que votó con Israel.

Los acontecimientos avanzan en una dirección en la que las credenciales de Estados Unidos como gran potencia se encuentran en un punto de inflexión en Asia y África, y esa comprensión se ha esparcido a otras regiones geográficas del mundo.

Asia Occidental es clave en el mundo y está atravesada por todos los eventos geopolíticos posibles. Su ubicación geográfica como puente entre Asia y Europa, hace parte de las rutas del comercio mundial entre los dos continentes, son el depósito de las mayores reservas mundiales de petróleo y gas, y congregan los lugares de máxima importancia para las tres religiones monoteístas. Estos elementos también hablan de la sensibilidad política y militar que representan y dan mayor complejidad al conflicto.

El resultado de las guerras de Estados Unidos en Ucrania y Asia occidental tendrá un profundo impacto en el orden mundial en 2024. Washington y la OTAN han perdido Ucrania, y en el Sur Global están decididos a asegurarse de que también pierdan la hegemonía en el resto de Asia y África.

¿Y el papel de China? Activo, táctico e internacional

Estados Unidos sigue considerando a China como el único país con la voluntad y la capacidad de desafiarlo, y por ello seguirá moldeando el entorno estratégico alrededor de China, con el gatillo puesto en Taiwán. Los gobernantes y pensadores norteamericanos no se cansan de decir que China no comparte los “valores democráticos” de EEUU y esa justificación mentirosa, es la máxima política exterior norteamericana.

Pero China tiene una posición oficial pública ante cualquier conflicto, sea Myanmar, Ucrania o Palestina. Siempre se presenta como una potencia conciliadora que aboga por la negociación y el pragmatismo. El gigante asiático busca la estabilidad en el mundo y no se inmiscuye en la política interna de los países. Ese factor facilita las buenas relaciones con muchos países, en un mundo dominado por la interferencia permanente de EEUU en el planeta que, con sus 842 bases militares, lo acreditan.

En el caso palestino, siempre ha apoyado la creación de dos Estados, pero sin involucrarse en ese objetivo. En junio de 2023, estuvo en Beijing el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, y acordaron intensificar las relaciones para impulsar ese propósito. 

El gobierno chino ha declarado que los bombardeos y ataques de Israel fueron más allá de lo aceptable según el derecho internacional humanitario.

Igualmente percibe el disminuido papel de Estados Unidos en Oriente Medio por las derrotas sufridas en Iraq, Afganistán y también en Siria y el conflicto en Gaza lo ve como una oportunidad para expandir su influencia y subrayar su papel como mediador. 

También promueve sus objetivos diplomáticos sin rodeos: refuerza su estatus como defensor de los países en desarrollo, siendo los palestinos una muestra; potencia su influencia en Oriente Medio y se posiciona como una potencia capaz de rivalizar con Estados Unidos en un mundo multipolar, del cual es el artífice principal. En ese sentido ha sido el constructor y apoyo básico de varios proyectos multilaterales que están construyendo los instrumentos del Sur Global.

Esas propuestas multilaterales en cabeza de China y Rusia se concretan en órganos: BRICS+10, la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), la Unión Económica Euroasiática (UEEA), la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China, el INSTC, etc. Múltiples organismos que funcionan por consenso y no hay imposiciones desde arriba. Así se construye el mundo multipolar desde el Sur Global.

En su conjunto, los BRICS representan el 41% de la población mundial, el 25.7% del PIB mundial y el 29.5% de la superficie terrestre total. Por estas razones, no sorprende que dichos gobiernos estén considerando una alternativa a la hegemonía del dólar.

En este nuevo desorden mundial que busca construirse a contrapelo de la decadencia imperial, la importancia geopolítica de los países BRICS va en ascenso. La influencia de estas grandes economías emergentes (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) es imparable en los asuntos internacionales. Es el viejo “Mundo No Alineado” de Bandung Indonesia 1955, donde la liberación nacional y el enfrentamiento al colonialismo inició su “larga marcha”, hoy al orden del día.

En África también se calienta el anticolonialismo. ¿Françafrique, c’est fini?

En Mali, Chad, Guinea, Sudán, Burkina Faso, Níger y Gabón regímenes pro-franceses sometidos a dinastías familiares de poder han caído como fichas de dominó, fruto de una sucesión de golpes militares. Un bloque antioccidental, que se está articulando en iniciativas como la Alianza de Estados del Sahel, y que ha herido de muerte la llamada Françafrique, la opaca red de influencia política y económica gala en sus ex colonias tras las independencias africanas, se desmorona.

Los golpistas se unen para impulsar y sacar a estos países de su actual estatus colonial y ultraperiférico al servicio de Francia y sus multinacionales —pervivencia del franco CFA, acaparamiento de recursos como el uranio nigerino por monopolios francesas, etc.—, y que abran procesos de democratización y participación popular lo más amplios posible.

Todas ellas son manifestaciones de un reposicionamiento global contra la Unión Europea y el conjunto del bloque estadounidense, con el fin de enfrentarlos y estimular su creciente decadencia en tanto que potencias centrales, en un escenario de crisis concluyente de Occidente.

Yemen no es un “parto de los montes”

Con un simple bloqueo marítimo, los hutíes de Yemen, una organización de rebeldes harapientos e invisibilizados, ha logrado sacudir los pilares de todo el sistema capitalista global al poner en jaque el comercio marítimo, dejando percibir claramente la extrema fragilidad de la globalización actual. Pero lo más “escandaloso” es que lo hayan hecho en solidaridad con los palestinos.

El gran polvorín mundial –Asia Occidental– está empezando a explotar y pone a tambalear todo el andamiaje que lo rodea. Estados Unidos duda y se resbala en cómo enfrentar el reto de los hutíes para que no se extienda el conflicto por toda la región.

Es claro que hay un Frente de resistencia iraní en la región y está compuesto principalmente por Irán, Hashd al-Shaabi en Siria, el ejército de Hezbolá en el Líbano, las milicias Fuerzas de Movilización Popular (PMP) en Irak, Afganistán y Pakistán, Hamás y otros grupos militantes en territorios palestinos y por los hutíes de Ansar Allah en Yemen. Son acentuadamente antiestadounidenses y antiisraelíes.

El gobierno “oficial” de Yemen es un Consejo de Liderazgo Presidencial, al que el presidente Abd-Rabbu Mansur Hadi transfirió sus poderes en abril de 2022 y tiene su sede en Riad, Arabia Saudí, no en Yemen.

El bombardeo de EEUU y Gran Bretaña contra Saná, la capital de Yemen y otras ciudades -otra vez mas- es la violación fragante de las leyes internacionales que prohíben cualquier ataque contra la población civil de otro país, pues son crímenes de guerra unilaterales.

Los hutíes son una guerrilla que controlan muchas zonas del país pero especialmente la zona occidental frente al Mar Rojo y su mar. En Saná no vive la guerrilla de Ansar Allah, sino varias etnias, lo que deja al descubierto otra masacre de EEUU para intentar salvar a Israel de su debacle. Yemen no tiene “gobierno” en Saná, por eso los aliados imperialistas occidentales copian la fórmula sionista del genocidio contra civiles, a ver si caen algunos militantes guerrilleros. Más de 2.000 barcos se han visto forzados a desviarse miles de kilómetros o a rodear África para evitar el paso por el mar Rojo, lo que ha encarecido el precio de los fletes un 170% por cierto.

Estados Unidos y el Reino Unido bombardearon al país más pobre de Asia Occidental que intenta detener el genocidio israelí. Los Hutíes amenazaron antes del ataque con tomar represalias feroces contra Estados Unidos y sus aliados. Abdulmalik al-Houthi, líder hutí, adelantó la respuesta ante cualquier ataque estadounidense: “Nosotros, el pueblo yemení, no estamos entre los que temen a Estados Unidos”, dijo en un discurso por TV. “Nos sentimos cómodos con una confrontación directa con los estadounidenses”.

Los occidentales con su prepotencia militar no aprenden, intentan apagar el incendio creado con gasolina. La suerte de Israel está echada, y si el conflicto se extiende al área y EEUU e Israel siguen matando dirigentes de Hamás, Hezbolá e iraníes con drones y operaciones especiales, está garantizada. Si quieren guerra de frente la tendrán y tiemblen, con ningún pueblo con dignidad se juega, aunque los subestimen, como lo hicieron con vietnamitas y afganos.

Esta no es una guerra contra Hamás, es contra los palestinos y contra la dignidad humana

El exterminio nazi o el exterminio en Gaza, indiscriminados contra la población civil, son crímenes que no atentaban solo contra los judíos o palestinos, sino contra la humanidad entera. Por eso Israel está perdido y Occidente se galvaniza en tan criminal operación de genocidio.

La generación de jóvenes que se está incorporando a la vida intelectual y política en todo el mundo ha empezado a juzgar a Israel por sus acciones y no por su “misión” histórica de redención judía. Israel, el judaísmo y la masacre sionista es un anacronismo infecto que no tiene cabida en la mente de nadie sensato. Por eso la juventud mundial, que no tiene referencias históricas del coloniaje sionista condena esa amalgama de terror basada en la obsesión religiosa y el poder militar.

El acontecimiento fundamental de esta etapa histórica sigue siendo la derrota del colonialismo occidental, acompañada de una reafirmación política e intelectual cada vez mayor de los pueblos explotados, marginados y silenciados durante mucho tiempo por los regímenes imperialistas.

La crisis del hegemón y sus derrotas en serie en Afganistán, Ucrania e Israel están en la línea del declive tenso e inexorable que padece EEUU y de la vergonzosa y arrodillada Unión Europea que asume con docilidad la guerra del amo estadounidense.

Ojalá taladre como un misil esta idea, pero Israel solo podrá enfrentar su derrota con dignidad y coraje si se propone garantizar la paz y la seguridad a sus propios ciudadanos. Tiene que asumir la decisión de la descolonización de Palestina: debe desmantelar los últimos puestos avanzados del colonialismo racista en Cisjordania y Gaza, y propiciar el desarrollo de un Estado palestino laico en que desaparezca la dictadura de los ultraortodoxos, de seguir expropiando y masacrando a los aborígenes.

Será que EEUU resiste y sobrevivirá a la racha de humillaciones y derrotas que ha vivido en serie -bajo Biden- en 2021 en Afganistán, en 2022 en Ucrania y el 2024 la más contundente y fatal, la derrota de su émulo judío entre el rio Jordán y el Mediterráneo, que es su propia derrota.

La alternativa puede sonar utópica y desoladora inicialmente, porque Israel insiste en presentarse como víctima incluso mientras comete un genocidio, pero es la hora histórica de que entiendan el mundo desde la perspectiva del otro y abandonen el mesianismo religioso y su militarismo suicida. Hay que apagar el fuego de la supremacía judía antes de que incendien el mundo y la locura nuclear sea el último respiro de la agonía estadounidense y occidental.

¿Por qué los judíos son tan poderosos en el mundo?

Hoy hay 14 millones de judíos en el mundo, o sea, el 0,2% de la población mundial. La mayoría reside en EEUU -el 43,6%- e Israel -el 40,6%- y, aunque el judaísmo está disperso por el planeta, esos dos países aglutinan el 84% de ellos. Después de este rodeo por los vericuetos de la sociedad israelí y la evidencia de que son el 0,2% de la humanidad, ¿qué nos podría hacer pensar que el dios de esa secta mundial está en lo cierto?, cuando predestina a sus seguidores a ser los notarios inmobiliarios de una tierra milenaria en manos de su pueblo aborigen.

El problema real no es la religión, ese es el envoltorio alienado con que se encubre una realidad: el capital financiero en manos del cartel judío es el amo del mundo pues define y controla los gobiernos, incluido el de EEUU; y las finanzas, los recursos militares y hasta los mass media. No hay invasión, golpe de Estado, o guerra en que no estén agazapados tras su ejecución. Por eso los judíos son tan importantes en el escenario global.

Alastair Crooke, analista y exdiplomático británico dice: “La verdad es que la Casa Blanca no puede obligar a Israel a hacer su voluntad: el lobby israelí tiene más influencia en el Congreso que cualquier equipo de la Casa Blanca. Por lo tanto, es fácil ver que «no hay salida» a la crisis israelí. Biden “hizo su cama” con el gabinete de Netanyahu y debe vivir con las consecuencias”.

La familia Rothschild, unos judíos asquenazis oriundos de Alemania y que controlan y manipulan desde Londres los hilos del poder, pues son el más poderoso cartel del globo. Lionel Walter Rothschild, II Barón de Rothschild, es conocido por haber sido el destinatario de la Declaración Balfour, una carta enviada por el ministro británico de Exteriores Arthur Balfour en 1917, en la que se le informaba de la decisión del Gobierno británico de apoyar la construcción de un «hogar nacional judío» en el Mandato Británico de Palestina. Un imperio le informa a un banquero de su política de estado.

Fue este barón II de Rothschild, el banquero que empezó a comprar tierras en Palestina bajo el Mandato Británico para estimular la migración sionista después de la I GM.

La definición más audaz y sarcástica del poder de los Rothschild se le atribuye a uno de ellos, el nieto del barón. Nunca he podido verificar si es el responsable real de ese abstract sobre su familia, pero no podía ser más exacto y perfecto. A continuación:

“Hola, mi nombre es Jacob Rothschild. Mi familia posee trescientos billones de dólares [o sea, un tres seguido de 14 ceros; fin de la acotación]. Somos dueños de casi todos los bancos del mundo. Hemos financiado a ambos lados de ambas guerras desde Napoleón Bonaparte. Somos dueños de tus noticieros, los medios, tu gasolina y tu gobierno…” y, en letras más pequeñitas, “Probablemente nunca has oído hablar de nosotros”. (USD 300’000.000’000.000, el ejercicio numérico es mío).

“A cada chancho le llega su San Martín” dicen en España, “a cada marrano le llega su nochebuena” dicen en América Latina. Pero a todo reino en el mundo le llega su desenlace. El fin de los imperios es una ley histórica y al reinado del dólar o mejor, a su dictadura; también le está llegando su navidad. La desdolarización impulsada por el Sur Global es la gran tarea que está cumpliendo el mundo multipolar en su construcción. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán son los principales países productores de petróleo y miembros de los BRICS+10. Rusia ha sido bastante explícita en que, durante su presidencia de los BRICS en 2024, impulsará la creación de una moneda para enfrentar al petrodólar. 

Se ha reducido el uso del dólar a solo el 60 % de las operaciones económicas internacionales y sigue en aumento. Muchas naciones empiezan a realizar su intercambio internacional en sus propias monedas. La bancarrota imperialista no será solo una batalla militar, son múltiples los procesos que vive el mundo actualmente: OCS, BRICS+10, desdolarización, resistencias, anticolonialismo, guerras locales, golpes anticoloniales en África, forcejeos electorales en América Latina, etc.

El poder judío en el mundo es fuerte porque el imperio financiero es el dominante en el mundo de la globalización, pero también está en crisis, aunque sigue siendo el cartel más poderoso del mundo. Y los judíos, con los Rothschild a la cabeza de la FED (son los dueños mayoritarios de la Reserva Federal que es privada e imprime el dólar, una moneda sin respaldo) y la banca mundial, manipulan a su favor el control global. Por eso está tan cuestionado el dólar y si decae como se registra, la pérdida de influencia mundial de los judíos tras bastidores también se debilitará.

Y queda claro que el único dios de los judíos es el oro, lo demás son ídolos -incluida la psicopatía religiosa profesada- que manipulan para su dominación. Es posible que varios ceros se escapen al lado izquierdo del saldo de los Rothschild.

¿Cuántos Estados solucionan el conflicto palestino-israelí? Solo UNO, palestino y laico.

La quimérica “solución de dos Estados”, hoy más que nunca, no es factible. Es imposible un hipotético estado palestino conviviendo con un estado judío racista, genocida y teocrático que lo quiera destruir y que además considera a todos los demás seres humanos como inferiores y con la patente para destruirlos por considerarlos sus enemigos.

El apoyo del mundo a Palestina se encuentra en niveles históricamente récord, es tan abrumador que a los gobiernos projudíos de todo el mundo les resultará imposible ignorar la situación sin calcular las consecuencias. De Tokio a Ottawa, de Londres a Berlín, de Malasia e Indonesia a Santiago de Chile, será políticamente insostenible en perspectiva para cualquier gobierno occidental, impedir que se le vea como cómplice del crimen de guerra más atroz del siglo XXI. Por eso Israel como proyecto colonizador tiene sus días contados. No sobrevivirá.

La única solución histórica válida y que dé respuesta satisfactoria al conflicto palestino-israelí es la constitución de un Estado único palestino laico, democrático y no racista, es decir, un Estado democrático secular en la tierra histórica de Palestina que brinde igualdad a todos sus ciudadanos, independientemente de su religión, etnia y género, incluidos los judíos que acepten la convivencia. Solo un estado palestino y la comunidad musulmana pueden garantizar esa condición para los judíos. Hay múltiples ejemplos de cómo las sociedades musulmanas convivieron con cristianos y judíos y las toleraron en su sociedad. El emirato Omeya de Córdoba y la historia de Al-Andaluz durante 7 siglos son el mejor ejemplo de la posibilidad histórica de este modelo político de un solo estado en convivencia.

La única solución posible y viable es un Estado único palestino, laico, democrático y no racista desde el Río Jordán al mar Mediterráneo cuya capital sea Jerusalén. Cualquiera que quiera integrarse en esa sociedad debe renunciar al sionismo y será acogido y bienvenido.

Hay que dejar atrás la promocionada política de los Dos Estados, promovida por EEUU (Acuerdo de Oslo), por ser una propuesta racista que reduce el conflicto de la colonización, el despojo de la tierra y el genocidio al supuesto judío-sionista de que son dos razas distintas con dos religiones diferentes. Pero no es posible un estado laico y democrático con uno sioni-fascista al lado, que durante un siglo los ha perseguido y asesinado en nombre de su superioridad racial y el mandato divino de un dios sicópata.

Una vez hecho esto, debemos proceder a desmantelar la solución racista de dos Estados y allanar el camino para la única alternativa democrática: un estado palestino laico, democrático y no racista.

-Carlos García Tobón. Analista internacional con énfasis en China y Asia Central. Estudia la vieja y Nueva Ruta de la Seda y el conflicto palestino-israelí.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Fuente: https://rebelion.org/israel-y-occidente-fracasan-en-sus-guerras-entre-culpas-y-errores/