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sábado, 15 de mayo de 2021

FILOSOFÍAS DE MERCADO, MERCADOS DE LA FILOSOFÍA

 


Hay que democratizar a la Filosofía, dejarla crecer en el tiempo presente. Devolverle su lugar en las luchas, en las calles, en las trincheras.

14/05/2021


“¡Gloriosa civilización ésta, cuyo gran problema estriba en saber cómo desprenderse de los montones de cadáveres hechos por ella después de haber cesado la batalla!”

Karl Marx, “La comuna de París”

 

Entre los santorales del best seller, abundan los mercachifles del ego muñido con sermones petulantes y sabihondos. Aunque se disfracen bajo camuflajes terminológicos diversos, todos ellos venden sus “cuentas de vidrio” a precio de hallazgos trascendentales. Interpelan al universo, a la existencia, a la imaginación, a la palabra misma, mientras beben sorbos gruesos de nadería, nihilismo y escepticismo. La realidad no transita por sus cabezas salvo cuando se presenta en forma de cheque o cuenta bancaria. Se anuncian como dueños del pensamiento, de la Filosofía, de los métodos, de las cátedras, de las becas, de las investigaciones y de los “derechos reservados”. Lenin los vio venir desde 1908 (Materialismo y Empiriocriticismo).

Ha transcurrido tiempo suficiente, acaso demasiado, para interpelar, al menos en parte, la cantidad y la calidad de las exiguas “transformaciones del mundo” que los filósofos han aportado porque, con excepciones honrosas, hasta hoy, los filósofos no han hecho más que mercadear con interpretaciones de interpretaciones… lo que más ha cambiado son las vitrinas en el mercado de las “ideas”. Algunos se han acuartelado en la “academia” (su idea de academia) para hacernos creer que ahí residen los poderes de la “sabiduría” que dicta las normas del pensar según los apetitos burgueses de los jefes. Desde sus catedrales de saliva crean y destruyen santones de ocasión para garantizar blindaje a sus burocracias. Rodilla en tierra ante el Olimpo ideológico de la clase dominante, amasan fortunas entre refritos de refritos huérfanos de realidad social. Eli de Gortari.

Del aporte fenomenal hecho por la Revolución Soviética (y en general por las revoluciones) se han ocupado, principalmente, para denostarlas y suprimirles su contribución y derecho filosófico legítimo a la transformación del mundo. Algunos se especializan en vivir de la fabricación de confusiones haciendo pasar por “iguales” los logros del pensamiento emancipador y los debates entre algunos teóricos de la época. Trastada barata típica de algunos “doctos”. Grandes “críticos” que jamás se incluyen en su propia agenda. Ocupan centímetros en los diarios mercachifles. Y es que la lucha de clases no se detiene en las puertas de las “academias”. Al contrario la ideología de la clase dominante encontró en esos espacios algunas de sus trincheras más rentables. Por inútiles que parezcan, algunos filósofos y filosofías, serviles a los oligarcas, prestan grandes servicios intelectuales a sus (frecuentemente ignorantes) amos. Incluso si se disfrazan de “progres”. Hasta Vargas Llosa se cree filósofo.

Y no les falta “creatividad”, oportunismo ni agencias de publicidad, o Think Tanks, para encumbrar las más bobaliconas ideas que refuercen la resignación, el escepticismo, la depresión y la desorganización de las fuerzas sociales realmente transformadoras. Hacen congresos, conferencias y becas. Tienen fundaciones y reciben, con avidez, dineros de la Casa Blanca. Crean “éxitos” bibliográficos y ponen de moda los enredos terminológicos más abigarrados como si se tratase de respuestas iluminadas. Ahora trabajan arduamente en destruir toda noción de calidad concreta. Alimentan con fruición las fauces del irracionalismo y se tornan creacionistas fanáticos, resuelven todo en un “idealismo” represor de nuevo tipo basado en imponer como verdad la ausencia de ésta. Su éxtasis proviene del anhelo ideológico de servir para desmovilizar las luchas sociales. Nada es verdad ni es mentira, todo es según los mass media con que se mira. Es la bolsonarización de la filosofía. Ética y estética del fanatismo por el odio como “novedad” en el mercado ideológico burgués. Estulticia de mercado para una “performance” que llena con miserias ideológicas los vacíos preparados minuciosamente por la educación burguesa, sus iglesias y todas sus instituciones. Incluida la industria mediática.

Su plan consiste en escupir falacias a mansalva. Impúdica e impunemente. Hacer de las calumnias una ética histriónica del “todo vale” si le sirve al conservadurismo. Su estilo es proferir, con énfasis dogmático e ingenio retórico, todo género de sofismas serviles al fin último, y primero, de resguardar y eternizar la plusvalía, la explotación, el saqueo y la humillación de los rebeldes. Estallidos de luces apagadas, colores ciegos y sonidos inaudibles para anestesiar a los pueblos con argumentos “nuevos”, irrefutables, incomprobables e irresistibles… para desmovilizar toda intención, por incipiente que sea, en la organización de la verdadera transformación del mundo dispuesta a terminar con el infierno terrible que es el capitalismo. ¿Alguien sabe cuánto le costó a la especie humana combatir a las “armas de destrucción masiva” que nunca existieron en Irak? ¿Ese no es tema de la filosofía? A la historia de los filósofos que trabajan como productores individuales de opiniones mercancía, conocimiento o hipótesis de mercado, se añade ahora la fase del trabajo en equipos organizados jerárquicamente en alguna forma de burocracia, pública o privada. Cada uno de ellos debe producir mercancías atadas a un objetivo que así, en secreto, acordado con un “director de proyecto” financian las metas del negocio. Se han convertido en maquiladores de detalles, anécdotas y palabrerío de autoayuda.

Hay que democratizar a la Filosofía, dejarla crecer en el tiempo presente. Fecundarla y cultivarla con métodos que la emancipen para que cobre vigor emancipador en la praxis revolucionaria… transformadora. (Sánchez Vázquez). Día a día. Devolverle su lugar en las luchas, en las calles, en las trincheras. Asumir, también, la batalla al interior de la Filosofía y encarar los debates necesarios para combatir a los cenáculos incubadores del pensamiento sirviente de la destrucción humana. Pero no quedarse ahí. Revolucionar la noción sectaria de “lo académico” y romper, de una vez por todas, con las burbujas de los sedicentes “genios del saber”. Aprovechar mejor la obra del pensamiento revolucionario que eleva al ser humano, con su praxis transformadora, al peldaño más alto de su especie. Aprovechar la revolución filosófica de Marx, sin los fardos dogmáticos, mecanicistas o reduccionistas que lo infestaron, y trabajar auto-críticamente en perfeccionar su método crítico con sus propios métodos (sometiéndolo a crítica dialéctica permanente) para ascender con él a la práctica que el presente requiere e impone. No hay tiempo que perder. 

  No aceptemos que la filosofía sea ese pantano de palabrerío relativista donde nada se afirma. Que “todo depende” de cómo lo vea el individualismo o el ego del filósofo que vende sus cursos, sus conferencias o sus libros. Por más encantador que parezca. Desconfiar si tratan de esconder o negar la lucha de clases. Desconfiar si pontifican que las palabras (o las ideas) son la madre de todas las realidades. Desconfiar si se empeñan en convencernos de que el mundo es incognoscible y que hay que ningunear a los “sentidos”. Desconfiar de la desconfianza rentable que orilla a la humanidad a no confiar ni en la fuerza social que será la verdadera transformadora del mundo. ¿La industria de la guerra, asociada a la dictadura financiera y las mafias mediáticas no son temas filosóficos? 

Basta ya de esa Filosofía subordinada al decorativismo ideológico burgués, es demagogia para el lucro. Basta ya de la Filosofía para la acumulación del capital amaestrada por los sectores de la industria, las instituciones gubernamentales, las iglesias y las universidades esclerotizadas por el mercado. Basta ya de la Filosofía que se dedica a desarrollar la inteligencia de la mercancía, el saqueo de la materia prima, e incrementar las ganancias de sus amos. Los vimos, de la mano de Octavio Paz, lambisconear a los “popes” de la Economía de Mercado. Basta ya de la Filosofía represora para el control social que adopta dos formas: opera para la defensa contra enemigos “externos” o se presta para justificar las “técnicas” para la “pacificación”, manipulación, desorganización y control de de toda rebeldía contra el capitalismo. Incluso un examen superficial de las bibliografías filosóficas, evidenciaría una “industrialización” de la Filosofía burguesa bajo una orientación abrumadora hacia la acumulación y el control. Basta ya de la Filosofía prostituida, directa y estrechamente, por la maquinaria del estado y del gobierno burgués, al punto de convertirse en inteligencia ideológica sirviente entre el estado y la producción industrial, sus amos salariales que se caracterizan por su intenso carácter represor y, por lo tanto, de operaciones ocultas. De ahí la pobreza teórica en la farándula bibliográfica burguesa. 

Quizás sea bueno recordar que el debate Capital-Trabajo no ha sido considerado como indispensable para los Filósofos de mercado que, ni en sus investigaciones, abarcan aquella problemática que tenían un interés tanto teórico como práctico. No se ve que abunde una línea que denuncie el hecho monstruoso (sus raíces y consecuencias) que Nagasaki e Hiroshima marcaron inequívocamente con el sello capitalista y la alianza criminal para la dominación de la naturaleza con la dominación de la humanidad a cambio del poder financiero. ONU: 30 millones de personas están al borde de la hambruna. Y es que sólo con un reconocimiento crítico muy riguroso, y consensuado, de la fase presente del capitalismo y del imperialismo será posible desarrollar una producción filosófica que permita a los pueblos trascender el fetichismo ideológico y ascender a una práctica filosófica realmente emancipadora capaz de devolverle fuerza al desarrollo del verdadero papel de la Filosofía en sociedades sometidas por el capitalismo. Una Filosofía transformadora que desenmascare a “tigres de papel”, (miseria de la bibliografía) a quienes se debe combatir y derrotar, definitivamente, si se quiere ensanchar el camino de una genuina Filosofía (la emancipación humana de la peor etapa del capitalismo) deseable, posible y realizable -Sánchez Vázquez- hecha por el pueblo emancipado y emancipador. Y transformar al mundo. Karl Marx escribió en la primavera de 1845 (aunque publicado por Engels hasta 1888) “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. (Die Philosophen haben die Welt nur verschieden interpretiert; es kommt aber darauf an, sie zu verändern.) No se necesita licencia para pensar y actuar.

https://www.alainet.org/es/articulo/212243

 

 

martes, 28 de abril de 2020

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DEL “NUEVO ORDEN”?


27/04/2020


¿Usurpación semántica para derrotarnos con nuestras propias banderas?



Transformar al mundo es una consigna de los pueblos. Está en disputa (renovada) la hegemonía semántica sobre la idea de “Nuevo Orden”. No es la primera vez que una “crisis” internacional produce el antojo de esconder la basura, generada por la opresión, bajo la alfombra de lo “Nuevo”. Como si fuese un conjuro para saltar, sin solución de continuidad, de una estadio económico-político-social a “otro” idéntico pero desmemoriado∫. Aunque la vida no se comporte así. Un personaje de teleserie dijo: “el pasado nunca se queda donde lo dejas”.


Por ejemplo, las viejas manías reformistas, pertinaces e irritantes, pretenden anestesiarnos con una invocación “reloaded” hacia un “Nuevo Orden”. Añejo truco desvencijado que sólo tiene seguidores a sueldo o desprevenidos. Si los poderes fácticos hablan de otro “Nuevo Orden” hay que fijarles una agenda de mínima y de máxima, con los pies bien puestos sobre a realidad, objetiva y subjetiva, vigentes. Ya basta de “buenos propósitos” efímeros. Lo único Nuevo es el Socialismo; la comunidad organizada, por ella misma para poner como interés social supremo la vida buena, el buen vivir, inclusivo y diverso, en sociedades igualitarias. Lo único nuevo es la emancipación de los oprimidos, asumiendo su papel como dirección transformadora. Nada hay nuevo en el capitalismo, incubadora repetitiva de desorden y anarquía.


Avejentado el modelo económico que tiene al 1% de la población como poseedor del 99% de las riquezas mundiales… lo “nuevo” será crear un sistema riguroso de distribución equitativa, por ejemplo. Distribución nueva: a cada cual, según sus necesidades, de cada cual según sus capacidades. Avejentado el modelo de valores, que impone respeto y pleitesía al aparato jurídico dominante, donde la ley pesa como maldición contra los pobres y la corrupción inclina la balanza de la “justicia” siempre hacia la impunidad de los adinerados… lo nuevo exigiría un modelo de Justicia Social capaz de impedir la apropiación de las riquezas en unas cuantas manos y eso implica las riquezas naturales, comunicacionales, artísticas, científicas, éticas… lo nuevo sería salir derrotar al capital. Y así con la educación, la salud, la ciencia… No es la pandemia lo que acelera en “Nuevo Orden”, tampoco es una liturgia.


Decir “avejentado” aquí, no implica amor por el novedosísimo. Tampoco es emboscada para echar a la basura la experiencia y mucho menos la historia que siempre debe ser analizada críticamente. Implica enfatizar el peso de una injusticia cometida contra la humanidad, en un plazo específico, y que hoy sólo tiende a empeorar los daños contra el planeta y contra la especie humana. Un modelo económico e ideológico que sólo hace felices a unos cuantos privilegiados y a algunos subalternos con el cerebro lavado. El capitalismo envejeció y hoy es un catálogo macabro de inmoralidades y peligros del que urge salir en consenso, con un plan superador. Sin amos, sin patrones, sin clases sociales, sin humillaciones ni desprecios. Nuevo, radicalmente…desde las raíces, pues.


Invocar una “Nuevo Orden”, así nomás con “buena voluntad”, además de ilusionista resulta sospechoso. Es necesaria una definición dialéctica del “Nuevo Orden” basada en un trabajo minucioso sobre los núcleos mismos de las contradicciones que hicieron posible al capitalismo. Lo “nuevo” está anidado en las luchas emancipadoras de los pueblos, está en cada una de las contiendas que disputan su emancipación -en condiciones asimétricas- pero que crecen dinámicamente desde el seno mismo del aparato de dominación. En ese campo de lucha está el debate capital-trabajo y de ahí hay que entender cómo ascender hacia lo “nuevo”. El “Nuevo Orden”, que no pude ser otra cosa que la aniquilación definitiva de la explotación, exige la reivindicación del trabajo como fuente suprema de la riqueza y la revaloración histórica de la producción de la riqueza, politizándola hasta en las tareas de su distribución democrática, justa e irrestricta.


Ese “Nuevo Orden” no puede ser un repique de cencerros para regresarnos al “buen camino” de la mansedumbre. No importa que tan suculentas sean las mesas servidas con más de la misma nadería. No nos prestemos a ese juego. Tengan el apellido que tengan. La situación mundial es inobjetablemente difícil y no hay lugar para más payasadas mesiánicas ni ilusionistas. Hay que discutir el “Nuevo Orden” en clave de transformación profunda del mundo y con el ánimo más decidido a derrotar las viejas manías del engaño y todos los resquicios fabricados por el reformismo. Eso incluye a los trepadores, a los oportunistas y a los que medran siempre para agitar las banderas ajenas. La nausea misma. Ya se escuchan las alharacas en los tugurios de los prestidigitadores burgueses como Mr. Kissinger.


Es inútil esperar el “Nuevo Orden” como caído del cielo. Y eso no implica despreciar los aportes paridos con las mejores metas. El “Orden” que la humanidad reclama, lo impondrán los trabajadores con las fuerzas y los tiempos que logren ir ganándole a las condiciones concretas, pero con su agenda propia. Sin espejismos ni retóricas especializadas en idealizar soluciones o en fabricar conjuros mágicos. Transformar al Mundo es una bandera proletaria que sintetiza, en su riqueza semántica, la fuerza de la organización y la consciencia de clase. No es un “buen propósito” para decorar discursos ni una estratagema para anestesiar la rabia producida por la esclavitud. Transformar al mundo debe ser un programa humanista, minucioso e inclusivo, fincado en la convergencia de las ciencias, la ética y la moral de la lucha de los pueblos a lo largo de su historia, o será nada. No vamos a permitir que ahora, los mismos viejos artífices de las peores desgracias planetarias, resulten ser adalides de lo “Nuevo”, mientras ganan tiempo para reordenar el desastre producido por ellos mismos y se las ingenian para que nosotros paguemos, una vez más, los platos rotos de la pachanga burguesa. Ellos olfatean el hartazgo de los pueblos y necesitan tiempo para reordenarse. Cueste lo que cueste. A su espejismo le llaman “Nuevo Orden”. Ahí tenemos un escenario crucial para la Batalla de las Ideas, ascendiendo a la Praxis. 

Dr. Fernando Buen Abad Domínguez
Director del Instituto de Cultura y Comunicación
y Centro Sean MacBride
Universidad Nacional de Lanús


viernes, 24 de agosto de 2018

LA DESCOLONIZACIÓN COMO CLAVE DEL PENSAR




24-08-2018

Un caudal portentoso de ideas y de acciones, emancipadoras, constituye un tesoro (no exclusivo) de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Desde la caída misma de la “Gran Tenochtitlan” (13 de agosto de 1521) hasta las luchas más recientes contra la neo-colonización económica, cultural y comunicacional… tenemos un inventario de pensadores “nuestros” que lo son no sólo por razones geográficas sino por objetivos descolonizadores en todas sus líneas. Moctezuma, Netzahualcóyotl, Cuauhtémoc… a cual más, desde las luchas de resistencia contra la invasión española hasta el presente, somos herederos y deudores de un “tesoro de pensamiento” empeñado en recuperar la tierra, las fuerzas productivas, la libertad y la identidad. Es la “Batalla de las Ideas” entendida y extendida, también, como producción y profundización de simientes nacidas con cargas geográficas relativas. Si bien el pensamiento reclama identidades, al mismo tiempo relativiza “pasaportes”. De esa “lógica”, emana un caudal vigoroso de contribuciones teóricas y prácticas, que son irreductibles al individualismo, mientras reconocen el valor del aporte personal. 

Parte de esa herencia es, también, el repertorio de sus debates internos y externos. Línea por línea el temario núcleo del pensamiento latinoamericano ha sido teñido por el debate Capital-Trabajo, por la contradicción entre la supremacía del Capital sobre la especie humana…y por el desarrollo de las luchas sociales. Tal repertorio del debate recorre una gama completa que va desde desacuerdos menores hasta francas guerras irreconciliables y todos han sido fuente (voluntaria e involuntaria) de enseñanzas y aprendizajes de todo tipo. Y eso que parecería “obvio” no lo es si se toman en cuenta las condiciones concretas que la lucha de clases ha impuesto en las miles de carencias educativas a que han sido sometidos nuestros pueblos, especialmente las educativas, las culturales y las comunicacionales.

Se han puesto en debate las tradiciones filosóficas y sus ejes metodológicos. Se han debatido hermenéuticas y propedéuticas, físicas y metafísicas, lógicas y estéticas, morales y éticas… debatió Sor Juana con Carlos de Sigüenza y Góngora; debatió Borges con Sábato; debatió Paz con Arreola… y casi no existe aporte al pensamiento latinoamericano que no haya saldado su -o sus- debates necesarios. Insistamos. Pero más allá de los debates inter-personales, tenemos la huella continental amplísima marcada por los debates históricos de un pensamiento que no sólo abarca un territorio sino que abarcan las claves emancipadoras para la especie humana en su totalidad, es decir, el debate Capital-Trabajo… el debate clase opresora vs clases oprimidas. Insistamos. Pensamiento con fuerzas internas que luchan, con todos los medios disponibles, por la libertad y contra la alienación neocolonial ante las condiciones históricas de opresión. Y en especial durante el siglo XX.

Lucha por la libertad está inmersa en el ser de los pueblos, rompiendo esclavitudes y creando bases para una comunidad humana finalmente organizada para su emancipación y cuyo resultado debería ser una sola y gran patria de la humanidad, donde nadie sería “débil” y nadie será el más “fuerte”. Esta línea de ideas no sólo es componente identitario sino que se desarrolla como una de las más altas realizaciones teóricas del pensamiento latinoamericano hasta nuestros días. En eso cabe Frantz Fanon como caben Ricardo Flores Magón, Juan Carlos Mariátegui, José Vasconcelos, Eli de Gortari, Leopoldo Zea, Arturo Jauretche… por sólo mencionar algunos y corriendo a sabiendas el peligro de la omisión por espacio escaso. Una multitud de problemas abordados, a veces, hacia sus soluciones que son expresión de una multitud de culturas. Culturas, que por cierto, van hacia una universalidad que es la Cultura necesaria en un comunidad organizada para sí, bajo el rigor de sus necesidades históricas y su desarrollo. Universalidad de la comunidad de hombres y pueblos unidos por metas emancipadoras semejantes.

Tal filosofía, hacia una comunidad organizada -y organizadora- para su planificación material y simbólica, ha reflejado siempre los problemas que se le han presentado a la humanidad que se organiza localmente para resolver sus problemas en las etapas más críticas de su historia, en épocas de crisis económica, moral y social. Épocas en las que es necesario alcanzar una nueva moral social, un pensamiento que ha sido alterado e hibridado por diversas circunstancias. Época, también, de crítica multiplicada. Nuestro pensamiento plantea no pocos problemas que aún no han sido resueltos. Y por eso es también un pensamiento cuyo núcleo sigue siendo el de la crisis del racionalismo, del empirismo, del criticismo, del nacionalismo… que algunos autores vieron como una reacción anticolonial. Han corrido “ríos de tinta” académica y de todo género, al respecto.

Pero nuestro Pensamiento ha hablado de libertad y dignidad, de soberanía, de los derechos humanos y del respeto inalienable al trabajo como valores hacia la universalización de su vigencia para ampliar las posibilidades de la humanidad -y de la naturaleza- Espíritu presente en el pensar sobre las relaciones que mantienen los “pueblos originarios” y sus herederos con los pueblos que, se han transformado en naciones nuevas. Espíritu en el pensar que afirma la igualdad de las identidades descolonizadas y se suma a la universalización de la Cultura: universalización nunca vista. Pensamiento que es universalización de las rebeldías que refleja, en la filosofía… en el espíritu que recorre nuestro tiempo.

Nuestras tareas hoy deben atender la organización dialéctica en las luchas de los pueblos que han hecho vigente la lucha por la identidad emancipada en la realidad y en su desarrollo. La capacidad de la organización para convertirse en lucha y la lucha en organización para crear condiciones que permitan su ampliación. Está en juego la sobrevivencia no sólo de nuestros pueblos sino de la humanidad y para eso es necesaria la comunidad organizada para sí, en una serie de tareas -que ya son comunes- (comunitarias) a todos los seres humanos. Derrotar todo exclusivismo, haciendo a un lado la discriminatorio racial, económica, política, religiosa o social. Hacia un humanismo que ahora trasciende las fronteras en la América Latina, y sus pensadores o filósofos: El desarrollo de las capacidades críticas para la organización de la comunidad de iguales que es, hoy por hoy, una asignatura pendiente.

Fernando Buen Abad Domínguez, Instituto de Cultura y Comunicación UNLa.


jueves, 23 de agosto de 2018

ENTRE LA FALSA CONCIENCIA Y LA CONCIENCIA DE LO FALSO. CÓMO SE LAS INGENIA EL CAPITAL PARA CONVENCERNOS DE QUE EL CAPITAL POR ENCIMA DE LO HUMANO ES LINDO




Tan amplio es, y tan concreto, el repertorio ideológico desarrollado por la «clase dominante» que las mejores definiciones han requerido métodos, dinámicos e instrumentales, muy precisos para caracterizar sus raíces, efectos y perspectivas. En lo objetivo y en lo subjetivo. Decía Marx: «Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios para la producción material dispone con ello, al mismo tiempo, de los medios para la producción espiritual, lo que hace que se le sometan, al propio tiempo, por término medio, las ideas de quienes carecen de los medios necesarios para producir espiritualmente». [«Feuerbach, Oposición entre las concepciones materialista e idealista», primer capítulo de La Ideología Alemana.]

Con el capitalismo la «dominación» desarrolló novedades que no se limitaron al campo de lo instrumental tecnológico sino que avanzaron en los territorios del control de conductas, grupales e individuales, más allá del poder del «opio del pueblo». La doble moral refrescada. A la clase dominante le hacia falta un ser humano dominado, vaciado de fuerzas (políticas y físicas) pero también agradecido. Un ser humano dominado que reconociera (de pensamiento, palabra y obra) la superioridad de su dominador y le confiriera toda la razón por su ser y modo de ser. Hacía falta una dominado, además, que considerase su condición como un tesoro y lo cuidara con esmero para heredárselo a su prole como valor moral conquistado durante generaciones. Todo eso celebrándolo entre aplausos y festividades mercantiles y ritos consumistas. La ideología de la clase dominante deja tatuados en el cerebro todos sus anti valores individualistas. «¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.» [Albert Einstein (1879–1955), El paraíso de la alienación.]

La clase dominante, adoradora del capital, enseñó a sus subordinados la misma adoración pero vaciada de posesión. Hizo invisibles todas las triquiñuelas ideadas para robar al trabajador el producto de su trabajo, mientras lo convencía de que los recursos naturales deberían estar en manos privadas; que el Gobierno es cosa corrupta que deben manejar los técnicos y que se debe respetar un orden porque los pueblos, maleducados, son un peligro para ellos mismos. Y los pueblos pagan (algunos hasta con orgullo) policías y ejércitos para que los repriman; bancos y financistas para que se lleven las ganancias disfrazadas de «créditos»; empresarios y mercados para que secuestren sus salarios; universidades y academias para que secuestren los saberes; industrias mass media para que anestesien la conciencia del saqueo; iglesias y cultos para que sublimen la mansedumbre; leyes y leguleyos para legalizar el hurto… un aparato enorme de instituciones y valores fabricados para mantener a raya todo intento de sentirse con derechos o propietario del trabajo y de las materias primas. La alienación y la enajenación como protagonistas estelares en el drama del despojo.

En su conjunto, las ideas dominantes (con su doble moral) son expresión de las relaciones materiales dominantes. Lo que vale para los sometidos no vale para los sometedores. La ideología del que domina es un repertorio amplísimo de «falsa conciencia», de chatarra intelectual para esconder, bajo la alfombra, los muertos de fabrica y las miserias que genera. Doble moral en la que todo lo que se prohíbe para el sometido se permite para el que somete. Quienes forman la clase dominante saben bien qué, cómo y cuánto dominan en una época histórica específica y cómo deben actualizar sus «mecanismos» materiales y simbólicos para perpetuar esa dominación. Esa clase dominante actúa como productora de ideas permanentemente, aunque sean ideas repetitivas e irracionales, porque las necesitan para regular la producción y la distribución de las ideas dominantes de la época. Y desde luego, que en el repertorio de las luchas inter-burguesas cada facción organiza sus cadenas de producción de ideas para competir en el mercado de los pensamientos subordinados.

Hay «grandes maestros» en el arte del engaño, capaces de garantiza la invisibilidad de la explotación del trabajo, división del trabajo espiritual y material, para crear la ilusión de que se es muy activo en el desarrollo de la fuerza productiva mientras en realidad se es un subordinado con poco tiempo para educarse y percatarse de los engaños y amasar ideas acerca de sí mismos, para cambiar una situación de la cual se conoce poco y nada. El colmo es cuando los dominados creen que las las ideas dominantes le pertenecen y que debe defenderlas con su vida.

Mentiras, miedo y consumismo, con todos sus derivados y concomitantes, son los nodos neurálgicos en las ideas y la práctica de la clase dominante sobre las condiciones de producción impuestas como verdades universales. El sometimiento como la forma de lo general. La clase dominante impone sus gustos y sus gestos, sus filias y sus fobias, para sacar adelante los fines que persigue, para representar como colectivo su propio interés e imprimir a sus ideas a todo. Cómo alimentar, vestir, entretener y educar a los niños desde la cuna; cómo besarse, amarse y reproducirse… desde la cama; cómo caminar, saludar, sonreír, abrazar e incluso insultar; cómo soñar, cómo entender, cómo disfrutar… cómo creer y confiar. Minuto a minuto, bajo una andanada permanente de estereotipos exhibidos por la dictadura cultural y comunicacional dominantes, a título de modelos exitosos que, de no seguirlos, vendrá la maldición de ser inadaptado, vulgar… pobre.

Dilucidar, desmontar, desactivar y superar el frado descomunal de la «ideología de la clase dominante» (es decir que el capital no predomine sobre los seres humanos) es un trabajo que debe asumirse de manera científica y, por ello, sistemática. El debate contra la ideología de la clase dominante no es un «deporte» escolástico ni un desplante rebelde sólo para contraponerse, por la contraposición misma, a una clase que representa a la parte más odiosa de la sociedad: su miseria. Y hay que refutarla desde el corazón de sus contradicciones realmente existentes, para que los pueblos propicien condiciones para elevarse hasta liberarse de la clase dominante. Y no derrotarla para imitarla. La dominación de la clase no es sólo la dominación con las (sus) ideas, hay que derrotar sus métodos de explotación del trabajo y el saqueo de los recursos naturales. Una lucha sin la otra (económica e ideológica) es una historia renga que conduce a frustraciones y retrocesos enormes que ya hemos visto muchas veces.

Una vez que las ideas dominantes se combaten junto con las relaciones de producción, lo que emerge de manera perfectamente natural son las ideas para cambiar las relaciones existentes, proliferan en la reflexión sobre los seres humanos, la esencia de la humanidad, su filosofía, su desarrollo en la historia la verdadera que llegará a la conclusión de que no debemos contentarnos sólo con el análisis de las ideas dominantes o las ilusiones inducidas por la clase dominante. Que no debemos contentarnos con reducir el imperio de las ideas hegemónicas a su sustancia mística o a caprichos del propio pensamiento. No contentarnos con explicaciones mecanicistas ni lineales, puramente economicistas ni puramente religiosas, que nos llevaría el error de eliminar de la historia las condiciones materiales y repetir el modelo escapista especulativo. Ilusiones, ensueños e ideas retorcidas para mentir, asustar y vender mientras se esconde el andamiaje de los negocios y la explotación del trabajo existente.

Nuestra batalla por la supremacía de los seres humanos por sobre el capital, contra la ideología de la clase dominante, debe servir para aprender a distinguir y actuar, con toda claridad, a la hora de explicar y derrotar las trampas entre lo que perece ser y lo que realmente es. Es urgente contar con un instrumental de lucha que logre penetrar en todo plano de la inteligencia humana que hasta hoy se ha camuflado como problema intrascendente o inexistente. Es urgente.

Fernando Buen Abad
17 de agosto de 2018