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jueves, 28 de abril de 2022

NUEVA CONSTITUCIÓN: ¿UNA TÁCTICA CORRECTA O UN DISTRACTIVO POLÍTICO?

 


Por razones que sería largo explicar, soy bastante escéptico en los logros de un movimiento dirigido a cambiar la constitución peruana, en las actuales condiciones en nuestro Perú. No estoy en contra de una nueva constitución, pero, para resumir brevemente, mi escepticismo en el sentido de que ella sea garantía de un nuevo Perú, nace de que no hay una columna vertebral ni cabeza que conciban, planifiquen y potencien la lucha del pueblo, incluida la lucha por una nueva constitución. Lograr esa cabeza y columna vertebral es una tarea estratégica a largo plazo que demanda sacrificio y disposición a correr riesgos, incluso con pérdida de vida, debido a la reacción violenta de las clases y Estado opresores. Es decir, demanda la creación heroica a la que se refería Mariátegui.

La lucha por una nueva constitución es un recurso táctico importante pero llamado a diluirse, incluso si resulta triunfante en el recuento de votos, sin ese requisito de la visión y acción estratégicas. La estrategia demanda incluso la prioridad de revivir las hoy semi-difuntas organizaciones de la clase trabajadora, aplastadas por el aluvión neoliberal. Dónde están hoy los sindicatos, dónde el movimiento campesino organizado el cual, mal que bien, comandó y fue capaz de librar inmensas y muchas veces victoriosas luchas por la tierra hasta los años 60. Incluso el movimiento intelectual progresista actual está impregnado de neoliberalismo en cuanto no ve más allá de lo que le permite sus anteojeras neoliberales y el endiosamiento de la democracia abstracta, la que no pasa de ser una entelequia bajo el sistema económico burgués y de la sociedad burguesa en general. Se hacen extrañar, por ejemplo, los trabajos literarios de Alegría, Scorza, Arguedas, Salazar Bondy, etc., los cuales, mucho más allá del posterior relumbrón hueco de la literatura vargallosiana, anunciaban el surgimiento de una elevada literatura nacional con profundo contenido social. Incluso en el terreno político, el intelectualmente brillante movimiento social progresista de Ruiz Eldredge y sus compañeros sería visto hoy como extremista e incómodo para una izquierda que se afana en llegar a gobernar en la creencia de que pueden modificar el estado burgués semi-colonial peruano y que tiene miedo y vergüenza de definirse como socialista (¿comunista yo, nosotros, nuestro partido revolucionario?? ¡Horror!! No somos terroristas, no somos comunistas. ¡Somos demócratas!!, estamos en primera línea contra el terrorismo; acaso no defendimos al estado y a la República contra el terrorismo cuando gobernaba Fujimori??!! ¿Acaso no apoyamos a Alan, a Toledo, a Humala, etc. para salir de la crisis, aunque fuese con la constitución de Fujimori??). Por eso, puede parecer muy cuerdo ese llamado a centrarse en la reforma de la constitución, pero ésta no pasará de ser una versión más de las muchísimas que en nuestra historia republicana muestra el hueco contenido del activismo político izquierdizante sin el  norte de la lucha por la realización de los intereses de la clase trabajadora, sea ésta obrera fabril, campesina, o de los nuevos estratos de la fuerza de trabajo creados por el desarrollo del capitalismo computarizado  especialmente en los llamados servicios.

Al ver el activismo político que agita y amenaza como si tratara de tirar el libraco de la nueva constitución en la cabeza de la pérfida burguesía, uno no puede menos que preguntarse: y ¿quién se encargará de hacer cumplir la constitución? ¿O es que se piensa que la constitución, como varita mágica, va a atontar y finalmente hacer humo al imperialismo y a su servil burguesía semi- o neo-colonial? ¿En qué país estamos? ¿Es que se cree que la constitución va a pulverizar al gran monopolio minero, industrial y de servicios, y especialmente el monopolio del capital bancario (extranjeros por lo demás, pues los “grandes” banqueros peruanos y la “gran” burguesía peruana no son más que enclenques prestanombres del gran capital imperialista)? ¿Es que se piensa que la corrupción que permea todo el aparato estatal (y no solamente el gobierno) va a disolverse de muto proprio debido a que los corruptos son observantes fieles de la ley?? (Para quien no se haya enterado de la realidad de la corrupta semi-colonialidad peruana, le sería bueno leer atentamente los trabajos de Durand publicados por el IEP y la U. Católica). Y se dirá seguramente que el pueblo hará respetar la constitución. ¿Pero cómo? ¿Sin cabeza y con un cuerpo malaguoso?


Argumentar los ejemplos boliviano, chileno y mexicano como respaldando la lucha por la nueva constitución es ignorar la especificidad de las luchas y desarrollos históricos de esos pueblos. En todos ellos, sobrevivieron movimientos revolucionarios que, con mayores o menores éxitos, no pudieron ser derrotados. En el caso boliviano es conocida la importancia de los sindicatos y organizaciones campesinas; en el caso mexicano, existió siempre una intelectualidad y partidos con un marcado sentimiento nacionalista anti-imperialista, además del importante movimiento campesino. En el caso chileno, el movimiento popular es heredero del movimiento revolucionario reprimido por el pinochetismo y por ello pudo tener consignas y movimientos reivindicativos claramente revolucionarios y progresistas aún en medio de la violenta represión pinochetista. El caso peruano es otro. El conjunto del movimiento popular aquí está descabezado, desorganizado en su conjunto, su "dirección" si de ella se puede hablar, totalmente subsumida en los vericuetos corruptos del parlamentarismo y legalismo burgueses.

Es comprensible entonces que la mayoría del pueblo peruano no crea más en los partidos políticos, incluidos los de "izquierda". Pero eso no puede ni debe ser razón para negar la urgencia de darle cabeza y columna vertebral a la clase trabajadora, a sus organizaciones y aliados. La lucha por una nueva constitución y la lucha por los derechos de los trabajadores y el pueblo en general no deben estar desligadas de la persistencia en este trabajo organizativo, sacrificado y altamente idealista, heroico y con fe en el mito mariateguiano. Pensar que sin pensamiento ni acción consciente, coordinada y valiente, pensar que sólo con el activismo y la agitación se va a crear consciencia y marchar al socialismo es tremendamente irresponsable e históricamente condenado al fracaso, una vez más al fracaso del espontaneismo.

Son cuarenta años de neoliberalismo, es cierto, pero son también cuarenta años de una prédica reformista electorera acobardada por la represión, que sirvió para adormecer al movimiento popular y que logró sustituirlo con activismo reinvindicacionista desligado de los intereses de la única clase social que hoy por hoy podría emprender una lucha por la real transformación del Perú si tuviera la dirección y organización requeridas por los grandes cambios históricos, insuflando y englobando las luchas de las regiones y  las luchas sectoriales como aquellas  contra la represión de las mujeres -especialmente las de las mujeres trabajadoras-, contra la hipocresía y la represión machista y de género, por la satisfacción de sus demandas de salud, vivienda, alimentación, educación y otras. Cuarenta años, pues, durante los cuales el reformismo electorero izquierdizante sirvió para apuntalar el sistema burgués semicolonial, durante los cuales la principal obsesión era hacerse del cargo burocrático parlamentario. Hay que acabar con ese activismo sin norte y con el oportunismo liquidador del movimiento popular y de la clase trabajadora.

¿Quién lo va a hacer? ¿Quién va a reconstituir el partido de Mariátegui y las organizaciones, especialmente los sindicatos, de la clase trabajadora? No va a ser por cierto una izquierda embebida en los rituales congresísticos y leguleyos. La nueva cabeza, la nueva columna vertebral sindical y frentista será decididamente obra de nuevos actores, de jóvenes, de una nueva generación con el deseo profundo de luchar por un Perú nuevo arriesgando incluso su bienestar y seguridad, una nueva generación idealista como también lo fue en tiempo de Mariátegui y en la que él puso sus esperanzas, sueños que no se concretaron por su partida y, sobre todo, por el oportunismo y el arribismo que cundió entonces. ¿Quiere decir esto que hay que esperar a tener la gran organización antes de luchar por las reivindicaciones de los trabajadores y del pueblo en general? Por supuesto que no. De lo que se trata es de combinar ambas tareas, de liquidar el electorerismo y el activismo sin norte de clase, de estudiar nuestra realidad pues el socialismo peruano no será calco ni copia sino producto de la reflexión, del estudio y de la acción planificada para lograr el cambio. Y de no tener vergüenza de tener ideales ni de llamarse socialista o comunista o marxista. Dejemos al arribismo que se regocije con los títulos como señor senador de la república, señor alcalde, dejemos que se chante al cuerpo y deshonre esas bandas rojiblancas que satisfacen sus pequeños y mezquinos egos caciquiles.

 

En cuanto al papel de la religión en la historia del pueblo peruano, creo que hasta ahora el ensayo de Mariátegui sobre el factor religioso, después de un siglo, no ha sido superado y sigue totalmente vigente.  Ese ensayo, de validez universal, no es solo valioso por su penetrante análisis del factor religioso en una determinada formación social, sino porque es también un extraordinario ejemplo de la aplicación de la teoría marxista al problema de la relación entre estructura y superestructura. En ese ensayo, su dominio del método marxista de análisis de la realidad es brillante y es quizás lo más valioso, junto a sus descubrimientos y conclusiones sobre la historia y desarrollo del sentimiento religioso y de la religiosidad del pueblo peruano. En las universidades, por ejemplo, los marxistas recurrían a las pocas referencias explícitas de Marx que en sus obras mayores se encuentra respecto a la relación entre literatura y la economía.  Y generalmente hacían referencia a las escuetas referencias de Marx al brillo de la literatura griega clásica. Pues bien, en el ensayo mencionado, Mariátegui hace un brillante análisis lógico-histórico de la religiosidad del pueblo peruano y su relación con la organización económica del imperio incaico. Un torpe intento de contraponer el método dialectico en filosofía y en su aplicación a la historia, cree encontrar justificación en la distinción que hace Mariátegui entre materialismo filosófico y materialismo histórico. Lo único que demuestra ese aserto de Mariátegui es que él, contrariamente a lo que muchos sostienen, conocía muy bien la filosofía dialéctica marxista y no la confundía con su aplicación concreta al análisis de la sociedad.  De paso: quien pudiera sorprenderse por ese tratamiento objetivo, dialéctico, y por la tipificación del incanato por Mariátegui como una economía socialista,  seguramente se escandalizaría al enterarse que Frederick Engels (en su obra "Sobre la Religión") sostiene y demuestra que la predica de Jesús y sus seguidores fue una prédica socialista, que ellos fueron los primeros socialistas, pero que su doctrina fue corrompida por charlatanes y aventureros y más tarde entronizada como opresivo instrumento ideológico del imperialismo romano.

28/04/2022

Rebelde marxista

jueves, 10 de marzo de 2022

“NUEVA CONSTITUCIÓN”, PARA EMBELLECER A LA CLASE DOMINANTE

 



 (10 de marzo de 2022)

Por Miguel Ángel Aragón

 

Algunos sectores de intelectuales confundidos y confusionistas, continúan pregonando y agitando la necesidad de una “nueva constitución”, y hasta se han dedicado a recolectar firmas para convocar una posible Asamblea Constituyente.

 

I

Repasemos brevemente, que nos enseña la historia en los últimos 250 años.  

1.- El pueblo ruso, con el proletariado a la cabeza, después de una larga lucha de más de quince años, el día 07 de noviembre de 1917, inició la construcción de un nuevo poder, inicio la construcción del estado socialista soviético ruso.

Varios meses después, a partir del 04 de julio de 1918, se abrió el “V Congreso de los Soviets”. En ese Congreso, y con fecha 10 de julio de 1918, se aprobó la Constitución de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (revisar Historia del Partido Comunista-bolchevique- de la URSS, capítulo VII, titulo 8, pp. 250).

Antes del triunfo de la revolución en Rusia, y sin tener el poder, hubiera sido imposible que el pueblo ruso aprobara la constitución.

 

2.-  El pueblo chino, con el proletariado a la cabeza, después de una larga lucha de cerca de treinta años, el día 1 de octubre de 1949, inició la construcción de un nuevo poder, inició la construcción de la República Popular China

Cinco años después, en setiembre de 1954, se celebró en Beijing la “I Asamblea Popular Nacional de la República Popular China”. La primera tarea importante de esa reunión fue aprobar la primera Constitución de la República Popular China. (Revisar Breve Historia del Partido Comunista de China, capítulo seis, título V, pp.537)

Antes del triunfo de la revolución en China, y sin tener el poder, hubiera sido imposible que el pueblo chino aprobara la constitución.

 

3.- Todavía no tengo la información exacta de cuando se aprobaron las constituciones de la República Socialista de Cuba, ni tampoco de la República Socialista de Viet nam (continuaré buscando información).

Pero no creo equivocarme, si supongo que la nueva constitución de la República de Cuba se aprobó después de iniciar la construcción del nuevo poder. No me puedo imaginar que Castro, Guevara, Cienfuegos, y los otros dirigentes de la revolución, que estaban luchando en la Sierra Maestra, hubieran hecho “un alto al fuego”, para debatir y aprobar la constitución antes del triunfo de la revolución ocurrido el 1 de enero de 1959. Supongo que la nueva constitución se aprobó tiempo después. Si estoy equivocado, agradeceré que me corrijan.

 

4.- De manera similar, podemos revisar la historia de las revoluciones burguesas, realizadas hace más de 200 años, en Norteamérica, la Revolución Francesa de 1789, las revoluciones de los países de América del sur, incluido el Perú. En todos esos procesos de cambio político, podremos verificar que, en todos esos países, primero se inició la construcción del nuevo poder, y después, ya estando en el poder, se procedió a legalizar el nuevo poder, aprobando la Constitución.

Hubiera sido totalmente absurdo, que con la antigua clase dominante controlando el poder económico, el poder político, el poder judicial y el poder militar, se hubiera podido debatir y aprobar una constitución “contraría a sus intereses”. Suponer eso, es idealismo puro.

Habría que ser demasiado  ingenuos, o  grandes mentirosos, o  pueriles demagogos, para suponer  y proponer tal situación tan absurda.  La historia nos enseña que toda constitución realmente NUEVA (y no una caricatura de nueva constitución), solo es posible instaurarla después de instaurado el nuevo poder. En ninguna parte del mundo “primero se ha cambiado la constitución, y después se ha instaurado el nuevo poder”. Esa es una vacua ilusión, que debemos desecharla por absurda. 

 

II

 

Hace 200 años se inició la construcción de la república peruana. En escasamente doscientos años se han aprobado 12 constituciones. Durante el siglo XIX se debatieron y aprobaron ocho constituciones de carácter feudal. Y durante el siglo XX se debatieron y aprobaron cuatro constituciones más, pero de carácter feudal burgués (las constituciones de 1920, de 1933, de 1979 y de 1993). Además, estas cuatro constituciones fueron precedidas de sus respectivos golpes de estado. Y las cuatro, al igual que las ocho anteriores, sirvieron para embellecer y afianzar a la clase dominante en el poder.

En las actuales condiciones, con la misma clase dominante de las últimas décadas en el poder (económico, político, judicial y militar), una nueva constitución, la número 13, solo serviría para lo mismo, para embellecer y afianzar a la actual clase dominante en el poder.

Suponiendo, “es un decir”, que se convoque una asamblea constituyente, y suponiendo que la mayoría de los constituyentes elegidos representen al pueblo trabajador, podríamos creer que sea posible sancionar leyes que recorten los intereses de los actuales grupos de poder, digamos, se podría aprobar que se nacionalice la banca y el comercio exterior, por señalar solamente dos medidas radicales.

Yo les pregunto, a los que siguen agitando “nueva constitución”, ¿ya tiene una propuesta de los ejes principales de su propuesta?, ¿ya tiene una relación mínima de candidatos que sean tribunos capaces de sustentar cada uno de esos ejes principales de su “nueva constitución”?

Si ya tienen ejes principales y tribunos constituyentes, ¿porque no lo presentan para conocimiento y aprobación de la mayoría? O acaso es “un misterio” que recién se dará a conocer de manera sorpresiva en plena asamblea imaginaria.  

No confundamos las cosas. En las elecciones del 6 de junio de 2021, no se ha ganado el PODER del estado, solamente se ha ganado la administración del gobierno, nada más.

Los propietarios de los bancos, del comercio exterior, de la gran minería, continúan siendo los mismos desde hace varias décadas, el poder judicial, el poder mediático (la gran prensa), el poder militar y el poder policial, lo continúan controlando los mismos de siempre. En estas condiciones es imposible aprobar una nueva constitución, a lo más se podrá aprobar una caricatura de nueva constitución, para continuar afianzando el poder de la clase dominante.

La Nueva Constitución recién vendrá con el nuevo poder, y para alcanzar esa meta, hay que continuar trabajando, partiendo siempre de la realidad objetiva, y no de absurdas imaginaciones.

lunes, 16 de noviembre de 2020

LAS FALACIAS DE LA CLASE POLÍTICA PERUANA


Fecha: 15 de noviembre de 2020

Artículo: LAS FALACIAS DE LA CLASE POLÍTICA PERUANA

Autor: Ramón Espinoza Guerrero

www.mnip.pe

 

 LAS FALACIAS DE LA CLASE POLÍTICA PERUANA

INTRODUCCIÓN.

Al escribir el artículo que presentamos de seguida, el país comenzó a experimentar manifestaciones ciudadanas de grandes proporciones, que no se presentaban desde los años de 1980, como respuesta a los actos convenidos y organizados de asalto al poder por parte de la gran mayoría de congresistas; considerando estos, erróneamente, que la ciudadanía no manifestaría su indignación como lo ha hecho, incluyendo las sacrificadas muertes de dos jóvenes. Aunque todo ello, es producto de la acumulación de años de frustración e impotencia, principalmente de nuestros jóvenes, frente a la incapacidad manifiesta del Gobierno Central, el Congreso de la República y los partidos políticos ante la destrucción de la economía social de la población mayoritaria.  El Perú es identificado en el mundo, en relación con la pandemia, como el país con mayor cantidad de muertes por millón, con la mayor pérdida de puestos de trabajo y el mayor empobrecimiento de masas.

¿Qué ha sucedido en nuestro país que ha ocasionado tal grado de indignación popular, la muerte de dos jóvenes, la vacancia de un presidente de la república y finalmente la renuncia de un presidente espurio impuesto por el Congreso de la República?: un grupo de congresistas con intereses particulares en relación con el negocio de la educación universitaria, el tráfico de terrenos, el transporte, la trata de personas, entre otros negocios (Gestión 11/11/20) involucrados todos ellos en denuncias e investigaciones por actos de corrupción o haber vulnerado leyes importantes como la ley de educación organizaron a la mayoría de congresistas como sus cómplices oportunistas y lograron con “éxito” el asalto al poder al servicio tan solo de sus intereses personales.

Sin embargo, la condena a la banda de sátrapas1 que tenemos como Congreso, no impide el rechazo al gobierno de Martín Vizcarra. Este gobierno está implicado en crímenes de lesa humanidad al no poner en acción una lucha verdadera contra la pandemia del Coronavirus, defendiendo apasionadamente los intereses de la gran empresa y los sectores socioeconómicos A-B, y abandonando en confinamiento a más de 10 millones de personas sin ingresos mínimos de sobrevivencia, causando miles de muertes que se pudieron evitar, y el empobrecimiento masivo de los sectores más vulnerables.

Mientras tanto el Perú se hunde insoslayablemente en un panorama de sobrevivencia al límite, así como de vació ideológico y de liderazgo:

·        Vacío de sobrevivencia, porque la clase política en general no entiende ni asume la gran responsabilidad de reconstruir la demanda de bienes y servicios básicos de la ciudadanía, el trabajo de la PEA y la oferta agropecuaria y manufacturera de nuestras MYPES del campo y la ciudad. No tenemos la clase política nacional a la altura de los grandes problemas y retos del sistema económico mundial, del cual nuestra economía dependiente del exterior, en un 70% es parte indisoluble.


·        Vacío ideológico, porque la clase política en general no cuenta con Teorías Sociales de base científica ni con programas de acción creadores de nueva riqueza en las inéditas condiciones del sistema económico, social y político global.

·        Vacío de liderazgo y poder, que afronta la sociedad peruana entre la impotencia manifiesta del gobierno central (vacado, restituido o sustituido) y las bandas de sátrapas que han penetrado, por tantos años, la clase política peruana.

 

LA POBREZA IDEOLÓGICA DE LA CLASE POLÍTICA

La “política” no consiste en constituir partidos políticos según las aspiraciones o “idearios” de una persona o un grupo cualesquiera de personas, practicar el show mediático como “marketing político” para participar en procesos eleccionarios, y de seguida redactar una nueva Constitución para la gestión “ética” del statu quo y el “desarrollo nacional” sobre la base de la industrialización de materias primas2, principalmente mineralógicas, por inversión extrajera y mano de obra barata.

La Ciencia Política, contrariamente, nos obliga a interpretar y representar los patrones, procesos y líneas generales del cambio mundial de la sociedad, que se reestructura a sí misma de forma permanente, independientemente de la voluntad de nadie, para finalmente promover, liderar y acelerar la transformación social según la experiencia mundial y modelos de validez universal: de lo microeconómico a lo macroeconómico, y de lo local a lo nacional, estatuyendo y generalizando el cambio. Así, la reforma legal se convierte en un instrumento verdadero de constitución nacional de la transformación. En tal sentido, la reforma legal no antecede al cambio, procede de este.

Mientras tanto, nuestra clase política se debate en la pobreza ideológica. De igual forma los medios de comunicación escritos, televisivos y de la internet carecen de contenidos significativos y valederos para guiar el desarrollo del país. Aunque tal situación no es consecuencia de alguna voluntad reaccionaria comunicacional o de clase. Se expresa en todo el mundo y en todos los niveles socioeconómicos. Lo que sucede es que el Sistema Capitalista Global y las Ciencias Sociales que fundamentaron su institucionalización y desarrollo, han llegado a su límite a fines del siglo XX.

¿Qué hacer?

Miremos hacia adelante 20 o 30 años, ¿espera alguien que sean menos turbulentos? ¿Cómo será el mundo que tendremos ante nosotros? Nadie lo sabe a ciencia cierta, pero sí sabemos que se pondrá a prueba nuestra capacidad colectiva de hacerle frente... El mundo será algo totalmente diferente al que conocemos. Por todo ello, estamos obligados a dejar viejas creencias… El problema está en nuestras maneras más fundamentales de pensar. Si estas no cambian, cualquier capacitación o recambio producirá los mismos tipos improductivos de acción (Senge, 1992).

Veinte años después Gary Hamel sentencia que:

Hoy por hoy, los problemas más apremiantes de la humanidad no son meramente tecnológicos; estos son más bien culturales, sociales y políticos. Asimismo, son globales en su esfera de influencia... Frente a tal situación, el futuro de la humanidad dependerá de nuestra capacidad de innovación ideológica, social y política (Hamel, 2012).

¡Cambiemos nuestras maneras más fundamentales de pensar y de actuar! ¡Ahora!      


LAS GUERRAS TARDÍAS DE LA CLASE POLÍTICA.

La clase política de los países capitalistas tardíos3  ─subdesarrollados─ como el Perú, se encuentra peleando las guerras del capitalismo del siglo XIX en los albores poscapitalistas del siglo XXI, con un atraso de 200 años; en torno a la acumulación originaria de capital por industrialización de materias primas, la formalización de la pequeña propiedad4  para acceder al capital bancario, y el ingreso a mercados extranjeros de bienes básicos; así como en torno a la consecución de sueldos y derechos mínimos para los trabajadores asalariados de la “economía formal”, y por servicios básicos estatales de educación, salud, agua potable, luz eléctrica, vías de comunicación, etc. para poblaciones empobrecidas urbanas y rurales; y, finalmente, patéticamente, en lucha por la ilusoria limpieza ética y reforma constitucional del capitalismo globalizado moribundo.

Mientras tanto, los Estados capitalistas ricos ─ayer imperialistas por anexión de territorios y fuentes de materias primas (1870 – 1970), y después globalistas por dominio de mercados y consecución de mano de obra barata (1980 – 2020), como vanguardia de sus transnacionales en competencia hemisférica─  abandonan hoy la globalización industrial y se repliegan a posiciones defensivas “dentro de sus fronteras”, obligando a sus grandes corporaciones de los años 80, supranacionales5 ahora, a nacionalizar sus actividades centrales de producción a base de digitalización y robotización de procesos, y bajo amenazas arancelarias si no lo hicieran según las condiciones impuestas por la nacionalización del desarrollo de los países potencia y sus Estados Corporación6.

La desglobalización industrial y la nacionalización científico-técnica consiguiente, producen nuevas contradicciones en todo el mundo: entre las grandes corporaciones supranacionales por la apropiación ─vía patentes─ del conocimiento científico-técnico mundial; entre los Estados Corporación y las grandes corporaciones por la nacionalización de estas; y, entre los propios Estados Corporación por el dominio de las grandes corporaciones y sus cadenas globales de subsidiarias en todo el mundo.


Todo ello, enfatizamos, en las últimas décadas de descomposición del Sistema Capitalista Global, tercer y último periodo de la sociedad contemporánea o capitalista (1750 – 2050). Teniendo en cuenta que la Sociedad Capitalista se ha desarrollado a través de tres grandes periodos centenarios claramente discernibles (1750 – 1850, 1850 – 1950, 1950 – 2050): el primer periodo de expansión y constitución como sistema nacional; el segundo periodo de concentración monopólica de capital financiero y guerras imperialistas (1850 – 1950); y, finalmente, el tercer y último periodo civilizatorio de globalización industrial, obsolescencia sistémica, autodestrucción y cambio de época7 (1950 – 2050).

De igual forma, El Globalismo, se ha desarrollado a través de tres ciclos pendulares de tres o cuatro décadas cada uno: primero, de reconstrucción de las economías nacionales de posguerra, de fines de la década del 40 ─al finalizar la segunda guerra mundial─ hasta fines de la década del 70; segundo, de transnacionalización del capital financiero así como de tecnologías, activos y procesos estratégicos industriales, que ocasiona en gran parte la destrucción de las economías locales, los ambientes naturales y el trabajo rural de los países preindustriales como el Perú, desde la década   de 1980 hasta la década de 2010; y tercero, de colapso del Globalismo y reconstrucción científico-técnica de las economías nacionales con propensión a la autosuficiencia, desde los años 2020 a los años 2040.

LA FALACIA DE LA INDUSTRIALIZACIÓN DE MATERIAS PRIMAS.

En los tiempos de cambio de época que vivimos ─entre el sistema del capitalismo financiero y el sistema productivo del conocimiento científico - técnico─, el recurso básico ya no es el dinero ni la tierra ni la mano de obra, porque la creación de nueva riqueza es producto de la gestión del conocimiento y su innovación más que de la asignación de dinero y mano de obra a usos productivos. El conocimiento científico es ahora el único recurso significativo. La aplicación y gestión del mismo es lo que importa ahora.  En tal sentido, la creación de vieja riqueza por aplicación de capitalismo financiero y mano de obra barata a la industrialización de materias primas mineralógicas, es anacrónico.

Actualmente, existe un stock mundial de capital global equivalente a 740 billones de dólares, que es el valor monetario mundial total de los Productos Financieros Derivados8 vinculados a los activos de capital existentes en el mundo: que incluye al capital inmobiliario mundial9  (215 billones de dólares), la deuda externa mundial (325 billones de dólares) así como al capital industrial y el capital bancario mundiales, las reservas internacionales netas de todos los países y las patentes en general (200 billones de dólares). Gran parte de este capital global hoy se está desvalorizando velozmente por la caída en espiral descendente de la demanda agregada10 y la caída a cero y menos de cero de la tasa de interés.


Así, en el marco de la depresión de la demanda global y la consiguiente desvalorización del capital financiero global, no tiene sentido iniciar procesos nacionales de creación de valor industrial tradicional. El capital financiero11 es ya, en gran parte, capital sobrante, sobrevalorado y consiguientemente ficticio. El mundo tiene un solo camino de salida: el desarrollo de capital saber por acumulación de conocimiento científico (vías patentes), de capital cultural por desarrollo productivo autogestionario (vía marcas culturales), y de capital natural por recomposición y valoración de ambientes naturales (vía bonos verdes). ¿Y cómo hacer todo ello?

Constituir instituciones políticas y sociales a base de conocimiento científico avanzado e innovación estratégica: que nos obliga a salir de los terrenos competitivos del capital global y su gran estructura interconectada de producción, tecnología y finanzas industriales en todo el planeta; diseñando y gestionando estrategias desconocidas hasta hoy por conformación de nuevos mercados posindustriales en expansión para una producción posindustrial sostenible en expansión; a base de conocimiento científico naturalista, autogestión social moderna y restauración – valoración de ambientes naturales. Todo lo que implicaría, en el Perú, una revolución agropecuaria, amazónica y marítima sostenible, autosuficiente e inédita por diferenciación ecológica frente al mercado mundial de commodities12.

Por ejemplo:

·        Crianza ecológica de camélidos sudamericanos

·        Producción ecológica de cereales y tubérculos andinos

·        Reforestación en costa, sierra y selva

·        Recuperación del mar y sus especies como fuente de alimento natural

He ahí el gran capital científico, natural y social del futuro de la humanidad. El reto es liderar esta gran revolución en el Perú y el Subcontinente Andino. Todo ello en torno a los nuevos paradigmas del desarrollo humano:

o   La creación y acumulación de conocimientos científicos y tecnológicos para el desarrollo sostenible de la sociedad, que sería la verdadera condición del capital saber.

o   Igualmente, la interacción humana13, así como la autogestión y la riqueza social14 sería la verdadera condición del capital cultural.

o   Finalmente, la capacidad para reconocer la vida natural como la interconexión entre la Biología, la Tecnología y la Cultura Humana, que produce nuevas tecnologías de bio sustentabilidad, sería la verdadera condición del capital natural


LA FALACIA DE LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN.

El gran tablero de ajedrez mundial de las fuerzas estructurales del capital financiero global, es protagonizado por las grandes corporaciones supranacionales, sus subsidiarias y corporaciones nacionales – regionales (las reinas de ajedrez), y los Estados Corporación (los reyes de ajedrez); en segundo lugar coparticipan los gobiernos de los países ricos  y pobres como fuerzas secundarias (torres y alfiles); que son conformados por funcionarios de alto nivel: presidentes, ministros, congresistas, jueces… y empleados de menor jerarquía (caballos y peones).

Este sistema capitalista global de grandes Corporaciones y Estados (de reinas y reyes de ajedrez), se desarrolla corrompiendo funcionarios de mayor y menor jerarquía (caballos y peones). Sin embargo, la ciudadanía y la ley, juzgan y castigan solo a los que puedan hallar en flagrancia o por delación, que son una pequeña minoría de funcionarios públicos. Mientras tanto, el sistema planetario de reinas y reyes sigue desarrollándose sustituyendo a las viejas piezas menores sacrificadas, en un marco político – circense de prospectos de caballos y peones (sin ideología alguna ni programa de acción alguno). ¿Quién juzga y castiga a las reinas y los reyes de ajedrez?. ¿Qué hacer?. ¿Destruir el tablero de ajedrez?: No es posible hacerlo porque es global. Se destruirá solo en tres o cuatro décadas.

Por otro lado, las fuerzas del trabajo asalariado y autogestionario están quebradas en gran parte, sin ningún liderazgo consciente de la realidad, que se manifiesta en su dispersión y mínimo desarrollo ideológico, político y organizacional. Todo ello provoca la aparición y expresión abierta de bandas organizadas en el seno de la llamada clase política, que asaltan los poderes del Estado y el erario nacional en un ambiente de guerras irreconciliables entre sátrapas. La situación en el país se agrava. La pérdida de millones de puestos de trabajo, informales y formales, y el empobrecimiento masivo, que son las fuerzas estructurales más poderosas, explican la situación de crisis general de la economía y la sociedad peruana en su conjunto: la caída en espiral descendente de la demanda de bienes y servicios básicos, las quiebras empresariales y de la tributación, así como la desesperación, el caos, el pillaje y la corrupción. ¿Qué Hacer?.

LA FALACIA DE LA NUEVA CONSTITUCIÓN

El Sistema Capitalista Global ha ingresado a un proceso económico, social, político y ambiental─ de autodestrucción sistémica (2020-2050). La pandemia, parte y consecuencia de este proceso, solo lo ha develado y agravado. En este marco autodestructivo, el capitalismo tardío de Perú y América Latina, que solo ha sido capaz de emplear hasta el 35% de la PEA en momentos de “estabilidad macroeconómica” (deuda externa y déficit fiscal mínimos, y reservas internacionales netas máximas), se está convirtiendo en un sistema de reproducción del desempleo, el subempleo y empobrecimiento masivos. La mejor proyección de este sistema sería el de la convivencia de un sistema exógeno (de inversiones extranjeras, exportaciones e importaciones) y un sistema económico estatal – paraestatal, que emplearían ambos al 25% de la PEA, con un sistema autogestionario MYPE y de emprendimientos efímeros que comprendan al 75% de la PEA. Este sistema anómalo de crisis general, se dirige de forma inexorable hacia la pobreza extrema, el caos, la violencia y la desobediencia civil.

Según esta perspectiva, cuando la ciudadanía se pregunta ¿Qué Hacer?, la llamada clase política solo tiene una respuesta: ¡Nueva Constitución! Así de fácil. Sin entender siquiera que lo que determina la naturaleza de la economía social en el mundo son las fuerzas estructurales interconectadas del gran capital global y no la Constitución y las leyes de ningún país.

Las leyes y la Constitución no definen el qué hacer frente a los retos del desarrollo de la sociedad. Las leyes no son herramientas del desarrollo de la sociedad, menos de su transformación, solo son instrumentos de gestión del statu quo. El qué hacer consciente solo lo determina una Teoría Social (científica) y un Programa de Acción consiguiente. Sin embargo, si consideramos la redacción de una nueva Constitución, estaríamos obligados a resolver la siguiente pregunta de fondo: ¿Qué tipo de Constitución se necesitaría en las actuales circunstancias de crisis general?

·        Una Constitución para crear demanda y empleos masivos por ley?, debido a que los problemas básicos estructurales del mundo son la destrucción del empleo por la alta tecnología y la destrucción de la demanda agregada por la caída sostenida del ingreso familiar. Sin embargo, esto implicaría convertir los Estados Corporación en Estados de Bienestar de posguerra (años de 1950 y 1960) ¿Eso es posible con reformas legales y constitucionales?. En segundo lugar, se necesitaría una Constitución para crear teorías sociales y partidos políticos verdaderos?, porque sin todo ello una Constitución no serviría para nada, solo estaría al servicio de una clase política burocrática, improductiva y corrupta.

·        En tal sentido, ¿la Constitución a formular tendría que ser capitalista industrial, ya que los países ricos cada vez más dejarán para los países pobres la vieja industrialización de materias primas a base de capital financiero global, mano de obra barata, destrucción de las economías locales agropecuarias y del ambiente natural?. En su defecto, ¿redactaríamos una Constitución posindustrial basada en la creación y acumulación de conocimiento científico – tecnológico?. Más difícil aún, porque en nuestro país no existe un programa nacional de diseño y gestión de la transformación económico social posindustrial basado en la nacionalización científico – técnica del desarrollo, la autogestión social moderna, el desarrollo de la autosuficiencia regional y la reconstrucción de los ambientes naturales perdidos, que sería la tarea fundamental de partidos políticos verdaderos (inexistentes en nuestro país).

·        Alternativamente, sería más racional y productivo crear reformas legales clave que obliguen al gobierno a promover la reconstrucción y reestructuración de la economía nacional y regionales:

o   Por reconstrucción de la economía nacional a través de tres shocks fiscales: de creación de demanda (por transferencias directas de un ingreso básico universal individual-mensual, equivalente al sueldo mínimo vital, en la base de la pirámide social de la PEA), de creación de trabajo temporal en infraestructura física urbana y rural, y de creación de oferta agropecuaria así como de bienes y servicios básicos a nivel urbano.

o   Por modernización y desarrollo de cadenas integradas de trabajo autogestionario MYPE, a base de prototipos y promoción nacional de los mismos. Igualmente, a base de prototipos de autogestión social moderna, de autosuficiencia periurbana, así como de éxodo urbano y neorruralismo en costa, sierra y selva.

 

 

Fuente: https://www.mnip.pe/las-falacias-de-la-clase-politica-peruana/