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martes, 5 de febrero de 2019

EL AMO IMPERIAL, LA PANDILLA DE LIMA Y LA LUMPENDIPLOMACIA



RENAN VEGA CANTOR
"[Colombia es] un país que cada día me agobia más, básicamente por un aspecto: la falta de personalidad, su falta de dignidad. Los colombianos se quieren parecer a todo menos a Colombia".
Germán Castro Caycedo, Revista Club Diletante, marzo-abril de 2000.

Lo que viene sucediendo desde el 23 de enero de este año en Venezuela es extremadamente grave, porque se ha puesto en marcha un golpe de Estado para derribar a un gobierno legítimo y legal, con la finalidad de imponer a un títere incondicional a los Estados Unidos. Ese proceso no puede considerarse, de ninguna manera, que discurra por los cauces normales de las relaciones diplomáticas de los Estados, ni que respete los principios de no injerencia ni intervención en los asuntos soberanos de los países. Lo que vemos es la puesta en marcha de la lumpendiplomacia, en la que han jugado un rol central el amo imperial y la pandilla de Lima, integrada por catorce gobiernos serviles e incondicionales a los dictados de Washington (con la honrosa excepción de México) y que actúan en contravía de los principios de la independencia del continente, sobresaliendo por su lacayismo y postración el gobierno de Iván Duque. A eso hay que agregar el papel servil de la Unión Europea, empezando por España, como otra banda de colonialistas que creen que todavía estamos en el siglo XVIII.

EL JEFE DE LA PANDILLA

Cuando se habla de las acciones realizadas por la infame Pandilla de Lima contra Venezuela, que incitan a la guerra, al intervencionismo, que desconocen los más elementales aspectos de la diplomacia y el derecho internacional, sus portavoces (entre ellos Iván Duque en Colombia) sacan pecho para hablar de su propia iniciativa para desestabilizar al gobierno venezolano, pero los hechos de las últimas semanas indican que ellos son vasallos del verdadero jefe de la Pandilla, el imperialismo estadounidense. Y en este caso cuando se habla de Pandilla no se está exagerando, porque en el actual gobierno de los Estados Unidos se nota la influencia de los delincuentes y criminales del Partido Republicano, que desde la década de 1980 (gobiernos de Ronald Reagan) han sido los responsables de las agresiones a diversos países del mundo, entre los que se cuentan El Salvador, Nicaragua, Irak, Afganistán, que han dejado miles de muertos, torturados y desaparecidos. Entre esos personajes hay cuatro que exhalan muerte, destrucción y odio hacia Venezuela, en su orden:

-Mike Pence, vice-presidente de Estados Unidos, fanático religioso y furibundo militarista que apoyo la intervención de Estados Unidos en Irak;

-John Bolton, actual asesor de seguridad nacional, ha llamado a que se declare la guerra contra Irán y Corea del Norte, y aseguró en 1994 sobre la ONU: “Las Naciones Unidas no existen. Cuando Estados Unidos lidera, las Naciones Unidas lo siguen. Si algo se adapta a nuestros intereses, lo haremos. Si no nos conviene, no lo haremos”. Fue uno de los promotores de la invasión a Irak e impulsor de la mentira de que Saddam Husein tenía armas de destrucción masiva, el pretexto público con el que se justificó la invasión que causó más de un millón de iraquíes muertos;

-Mike Pompeo, Secretario de Estado, antiguo director de la CIA, que legitimó la práctica de la tortura que realizó esa agencia secreta, al afirmar en 2014 que quienes la practicaban en Estados Unidos no eran “torturadores sino patriotas”;

-Elliott Abrams (delegado de Trump para Venezuela), responsable de la carnicería centroamericana (contra El Salvador y Nicaragua) en la era Reagan, promotor de los escuadrones de la muerte en América Central, formó parte del affaire Irán-Contras, por el cual fue condenado pero luego absuelto por George Bush padre, participó en el golpe frustrado contra Hugo Chávez en el 2002.

El equipo de Donald Trump para destruir a Venezuela, en un plan que marcha desde hace varios años en forma planificada y orquestada, es un auténtico grupo de criminales y delincuentes, amparados por el poder militar y mediático de los Estados Unidos. Esas son las “mansas palomas” que hablan de implantar la democracia y la libertad, denominaciones que cada día es más claro, quieren decir petróleo y minerales, y de los dos Venezuela tiene cuantiosas reservas. Y esos halcones de la muerte reconocen sin ambages que van por el petróleo, como lo ha dicho Bolton: “Sería una gran diferencia económica para Estados Unidos si conseguimos que compañías petroleras norteamericanas participen en la inversión y producción de petróleo de Venezuela. Sería bueno para el pueblo de Venezuela. Sería bueno para el pueblo de Estados Unidos. Hay mucho en juego”.

De criminales de esta calaña no puede esperarse mucha diplomacia, porque en concordancia con el capitalismo cada vez más lumpesco que se ha implantado en Estados Unidos y el mundo, lo suyo es la lumpendiplomacia. Y eso lo hemos visto hasta al hartazgo en estos días, como lo muestran algunas perlas.

Mike Pence, vicepresidente de Estados Unidos, graba un video el 22 de enero, un día antes de la marcha del 23, que le envía a sus vasallos de la oposición venezolana y fue difundido al unísono por más de 2000 medios de comunicación al servicio del imperio, en el que incita al golpe de Estado en Venezuela, y el mismo día en que se difunde el video el fantoche Juan Guaidó se auto-proclama presidente de Venezuela. En ese mensaje no sólo se desconoce al presidente de Venezuela, sino que llama a organizar un levantamiento armado y apoya al títere de turno que ellos escogieron, y cuyo nombre apenas se conocía. Esta es una burla a lo más elemental del derecho internacional, algo que por supuesto Estados Unidos no conoce ni respeta, y que sus acólitos, como el gobierno de Iván Duque, secundan, creyéndose una potencia regional. Este es un hecho inaudito de intromisión en los asuntos de un Estado soberano, motivo más que suficiente para que Venezuela rompiera relaciones con Estados Unidos.

La intromisión se hace sin disimulo y por eso John Bolton declara que “todas las instituciones legítimas del Gobierno venezolano, particularmente los militares, deben responder a su nuevo comandante en jefe”, que es Juan Guaidó porque así lo ha determinado Estados Unidos y su jauría servil.

John Bolton amenaza con enviar 5000 soldados a Colombia y después asegura que al presidente Nicolás Maduro se le va a llevar a la cárcel y centro de torturas que hay en Guantánamo, en una exhibición de irrespeto como lo hace a diario cualquier truhan de bajos fondos.

Por si hubiera dudas de la lumpendiplomacia valga considerar el robo de los ingresos por petróleo a Venezuela, mediante las sanciones a la empresa Citgo Petroluem Corporation, que refina petróleo y comercializa gasolina, lubricantes y petroquímicos en los Estados Unidos y es filial de PDVSA. El monto de ese robo asciende a 11 mil millones de dólares, como lo reconoció John Bolton, es decir, que aparte de todo se enorgullecen del asalto al erario de un país.

Además de ese robo descarado anuncian que esos dineros se los entregaran al fantoche de turno, para que los administre. Estamos hablando de robo, saqueo, piratería, atraco, que se realiza en vivo y en directo y a la vista de todos, transmitido por televisión y redes antisociales, y aplaudidos como una gran contribución a la democracia y libertad en Venezuela. Ese es un robo descarado realizado por el gobierno imperialista de los Estados Unidos, y es aplaudido por los medios de desinformación del mundo que dicen respetar la propiedad, pero que son los mismos que se escandalizan cuando algún gobierno de la periferia se atreve a tocar la propiedad de una empresa de los Estados Unidos.

No existe diferencia entre este atraco y el que los marines de los Estados Unidos perpetraron en Haití en 1915, poco antes de la ocupación de esa isla durante veinte años (1915-1934). En esa ocasión, cumpliendo órdenes de un banco de los Estados Unidos y del Departamento de Estado, los marines asaltaron las bodegas del Banco Nacional de Haití en Puerto Príncipe y se llevaron lingotes de oro al territorio de los Estados Unidos y se lo entregaron a los banqueros. Por lo visto en estos días, parece que un siglo después poco ha cambiado la historia de nuestro ultrajado continente.

Donald Trump, quien se supone es el jefe supremo de la pandilla, se comunica con Juan Guaidó, luego de reconocerlo como presidente, y antes de otra marcha de la mal llamada oposición en Venezuela. Esto recuerda cuando en la propia Casa Blanca, Ronald Reagan recibió a los talibanes afganos (torturadores y asesinos) y los presentó como “combatientes por la libertad”, al tiempo que los financiaba y armaba. Ahora Trump llama por teléfono al que con antelación proclamaron como pretendido presidente de Venezuela para felicitarlos por su “coraje” y “valentía”.

Estos son ejemplos de la lumpendiplomacia al estilo imperial, que se muestra como una lucha por la libertad y la democracia, claro la de las empresas petroleras y del capital financiero, que como buitres están listos a caer sobre Venezuela, para apropiarse de su riqueza petrolera y mineral.

Es tal la desfachatez imperial que el gobierno agredido no tiene derecho a defenderse y cuando Maduro rompe relaciones con Estados Unidos, la pandilla de Washington sostiene que no se van a ir de Venezuela y van a permanecer en su sede diplomática. Con esto se rompe con una de las más elementales normas del derecho internacional, y se regresa a la diplomacia de las cañoneras.

LAS PANDILLAS DE LIMA Y DE EUROPA

Los acontecimientos que se han presentado después del 23 de enero han dejado en segundo plano a la Pandilla de Lima, un engendro pro-imperialista que se gestó con el fin de sabotear al gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, de torpedear la integración latinoamericana y de entregarse sumisamente a los dictados de los Estados Unidos. Esa Pandilla ha quedado desenmascarada, puesto que su accionar sigue un guión prefabricado e impuesto por sus amos desde los Estados Unidos, como se comprueba con el hecho que cada vez que se van a reunir tienen que consultarle a algunos de los dos Mike de la Pandilla de Washington, Pence o Pompeu, sus verdaderos jefes.

De las burdas actuaciones de la Pandilla de Lima contra Venezuela, tal vez una de las más miserables, por su ignorante arrogancia, fue la del 4 de enero de este año, cuando en una resolución de condena al gobierno venezolano introdujeron el artículo 9, en donde “manifiestan su profunda preocupación por la interceptación realizada el día 22 de diciembre de 2018 de una nave de investigación sísmica, por parte de la marina venezolana dentro de la zona económica exclusiva de la República Cooperativa de Guyana”. Esta torpeza de mala fe no tuvo en cuenta que los buques que fueron interceptados navegaban en aguas jurisdiccionales de Venezuela. La torpeza alcanzó tal extremo, que luego varios países tuvieron que demarcarse de esa abusiva intromisión en los asuntos de Venezuela y más exactamente en lo relativo a la integración territorial y a las disputas fronterizas y pedirle disculpas al gobierno venezolano. Pero, con esa torpeza, quedó el antecedente negativo para gobiernos como el de Colombia, Argentina o Chile que tienen litigios territoriales. Como lo ha dicho un conocedor del asunto: 

“Él artículo 9 de la Declaración de Lima del 4 de enero nos lleva a la terrible realidad y a la brutal constatación de que el derecho internacional americano ha caído en manos de una tropa de ignorantes que no temen hacer alarde de su mediocridad para emitir opiniones políticas, arropadas en su carácter de presidentes y tratando de darle un manto jurídico a prácticas intervencionistas y belicistas.

Que pueden entender de derecho internacional personajes como Piñera, Macri, Duque, Varela, Abdo Benítez, Jimmy Morales, Juan Orlando Hernández o Vizcarra cuando se han pasado parte importante de sus vidas, eludiendo la justicia de sus países, como se evidencia de sus propios historiales. Así, como creen que sus países (orden jurídico incluido) son propiedad privada de ellos y de las clases sociales que representan, pretenden que el derecho internacional se subordine a sus caprichos y a sus aberraciones”. (Sergio Rodriguez, “Grupo de Lima: Cuando la ignorancia se pretende convertir en derecho”, enero 17 de 2019. Disponible en: http://www.resumenlatinoamericano.org/2019/01/17/grupo-de-lima-cuando-la-ignorancia-se-pretende-convertir-en-derecho-opinion/).

A la Pandilla de Lima se le sumó otra, la europea, con la participación de personajes tan poco recomendables como Pedro Sánchez, Presidente del Reino del Gobierno de España, o Emmanuel Macron, presidente de Francia. En forma alevosa la Unión Europea fijó plazos y dio un ultimátum al gobierno venezolano, como si todavía estuviéramos en la época colonial y ellos pudieran dictarle al mundo lo que se les antoje. Que puede decir un individuo como Pedro Sánchez que nunca ha ganado una elección presidencial –recuérdese que llegó a ser presidente de un Reino, gracias a un voto de censura–. Y los voceros de España deberían quedarse callados porque en su interior gravitan asuntos como la independencia de Cataluña, que bien podrían ser apoyada desde el exterior, a partir de la diplomacia injerencista del “socialista” Sánchez. Y si la lógica intervencionista de Macron se le aplicara a Francia, se le daría el ultimátum, por ejemplo, de atender las exigencias de los Chalecos Amarillos y pedir que uno de sus dirigentes sea proclamado presidente, luego de una manifestación. Ninguna autoridad moral tienen los viejos imperios europeos, cuyos gobernantes miran con nostalgia su pasado colonialista, para dar un ultimátum a un gobierno latinoamericano, solo para servir los intereses de los Estados Unidos y postrarse como una semi-colonia yanqui en Europa.

EL GOBIERNO DE COLOMBIA: EL MATON DEL BARRIO

Pero como en toda Pandilla, o bandola de delincuentes o Bacrim (Banda Criminal), para usar la jerga colombiana, siempre hay un alumno aventajado, y ese es el matón del barrio. Y en este caso, ese funesto papel de matón de barrio contra Venezuela lo ha asumido el régimen del sub-presidente Iván Duque (porque el presidente es otro). Difícilmente podría esperarse otra cosa de las clases dominantes de Colombia, que han dado muestras históricas de ser los peones más baratos y serviles de los Estados Unidos y se rigen por la lógica de la diplomacia traqueta, una manifestación particularmente colombiana de la lumpendiplomacia.

Para comenzar, los voceros del régimen de Duque –como lo piensan las clases dominantes del país– creen que Venezuela es un Departamento de Colombia y que allí se debe hacer lo que aquí se quiera. Por ello, los funcionarios de alto rango, encargados de las relaciones internacionales, se portan como las marionetas de los Estados Unidos, que cumplen al dedillo las órdenes de sus amos. Los ejemplos que se pueden traer a colación son numerosos, pero solo baste mencionar algunos de los más recientes, para develar la vergonzosa injerencia del régimen de Duque en los asuntos de Venezuela, violando los más elementales principios de la autonomía y la soberanía, consagrados en el derecho internacional. 

-Participación abierta del régimen colombiano de Iván Duque en los preparativos del golpe en Venezuela

El cinismo injerencista en los asuntos de otro país, para servir a los amos imperialistas, alcanza tales cotas de indignidad en Colombia, que a los periodistas les parece normal que un gobierno participe abiertamente en los planes para derrocar a otro gobierno vecino. En una nota que se titula “Así planeó Colombia la estrategia contra Maduro” (César Sabogal, El Espectador, febrero 2 de 2019. Disponible en: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/asi-planeo-colombia-la-estrategia-contra-maduro-articulo-837534) se dicen cosas que vale la pena citar textualmente, por la indecencia, postración y servilismo que esto representa en la historia latinoamericana.

Primero, sobre los preparativos del golpe, se reconoce la participación directa del régimen de Duque en el derrocamiento del gobierno constitucional de Nicolás Maduro:
“Desde septiembre del año pasado, y en medio del sigilo, Colombia, la oposición venezolana y varios gobiernos gestaron el plan que hoy tiene a Nicolás Maduro con un pie fuera de Miraflores. […] Desde septiembre pasado, el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, un tanque de pensamiento con sede en Washington convocó a recalcitrantes opositores de Maduro a pensar en una Venezuela sin él, con la convicción de encontrar la fórmula para trazar el principio del fin. Acuciosos, a la cita semanal -que replicaron otros influyentes /think-tanks-/ acudieron venezolanos en el exilio, funcionarios del Departamento de Estado y personajes como William Brownfield, el canciller de Panamá, la segunda de a bordo del gobierno canadiense y casi todos los embajadores acreditados ante la Casa Blanca. La delegación colombiana trajo consigo la instrucción expresa del presidente Iván Duque, de apoyar sin rubor la búsqueda de una posición de bloque hemisférico para rechazar, de forma contundente, la proclamación el 10 de enero de 2019, de Nicolás Maduro por un nuevo período”.

Segundo, sobre el supuesto liderazgo del Embajador Colombiano en Estados Unidos, un uribista recalcitrante, se confiesa lo siguiente:

“‘El embajador (colombiano, Francisco) Santos lideró toda una labor de advertir al más alto nivel del Gobierno y del Congreso las graves consecuencias de no presionar la salida inmediata de Nicolás Maduro. Su argumento de que si Estados Unidos no tomaba acciones de inmediato, la Venezuela de Maduro pronto se le convertiría a la administración Trump en una Siria con petróleo o en una Somalia soportada en el negocio del narcotráfico realmente tuvo eco’, añadió la fuente que requirió del anonimato”.

Tercero, la participación de Alejandro Ordoñez, Embajador de Colombia ante la OEA, en la trama del golpe:

“‘Al tiempo, Alejandro Ordóñez, embajador ante la OEA, convencía a países del Caribe de firmar la declaración del organismo pidiendo la transición. Según las mismas fuentes, además de recibir en su oficina en Washington a Juan Guaidó, la primera semana de diciembre, el diplomático del gobierno Duque conversó telefónicamente en varias ocasiones con Leopoldo López y otros dirigentes de la oposición que están en Caracas para mantenerlos al tanto de las gestiones y los contactos que hacía junto con sus colegas de la región en pro de sumar aliados. En esa visita, el autoproclamado presidente Guaidó se reunió con figuras, muy probablemente el asesor de seguridad nacional John Bolton y el senador Marco Rubio’, explicó Geoff Ramsey, subdirector para Venezuela de WOLA, un grupo de investigación y defensa de los derechos humanos con sede en Washington”.

Cuarto, el conocimiento el 22 de enero (un día antes de la presentación pública de Guaidó como “presidente” autonombrado en Caracas) por parte del gobierno colombiano de Iván Duque, de lo que iba a suceder al día siguiente, en un acto conspirativo y terrorista: 

“Dentro de los dirigentes políticos venezolanos de la oposición existía el temor de que una vez Guaidó se proclamara presidente, la respuesta de la comunidad internacional no iba a pasar de una formalidad, pero eso quedó desvirtuado la noche del 22 de enero, un día antes de juramentar, porque recibió importantes llamadas de respaldo, al más alto nivel dentro del gobierno de Estados Unidos y de otros de la región, y eso le dio la fuerza para seguir adelante”, le contó a *El Espectador* un diplomático suramericano”.

Quinto, el reforzamiento por parte del gobierno colombiano del frente injerencista de la OEA y de su secretario Luis Almagro, ambos igualmente golpistas, terroristas y responsables de lo que se está presentando y de lo que venga en Venezuela, con el derramamiento de sangre que eso implica. (En las manifestaciones del 23 de enero se presentaron varios muertos, que ya pueden ser achacados al régimen de Iván Duque en forma directa):

“Otro frente en el que la diplomacia colombiana se concentró fue en acompañar los esfuerzos del secretario general de la OEA, Luis Almagro, para denunciar los atropellos de Maduro. ‘Lo que cambia con el nuevo gobierno de Duque es que Almagro ya no está solo en sus llamados contra Maduro. Aquí en Washington, las voces de Almagro eran gritos en el desierto, pero con la llegada de los nuevos enviados de Bogotá comenzaron a tener eco y a multiplicarse en distintos escenarios’”.

Sexto, participación permanente del gobierno colombiano en la conspiración contra Venezuela:

“Según una fuente del Departamento de Estado, la representación diplomática colombiana sostiene encuentros frecuentes con Mauricio Claver-Caron, director de Asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos, ‘con quien revisan los avances y desafíos de la estrategia’”.

Séptimo, diseño a la medida de Estados Unidos de un supuesto plan de “ayuda humanitaria”, liderado por Colombia:

“La diplomacia (sic) colombiana también asume el liderazgo en Washington de impulsar el tema de la ayuda humanitaria para Venezuela y ofrece su territorio como corredor humanitario. Según Diego Area, director asociado del Atlantic Council para el caso Venezuela, el rol de Colombia será fundamental en los próximos 30 días, pues el siguiente paso será presionar a través del tema de la crisis humanitaria. ‘Colombia debe establecerse como corredor humanitario, lo que no solo llevará alivio al sufrimiento del pueblo venezolano, sino también un claro mensaje político, muy peligroso, para Maduro’, dijo.

‘Esa estrategia, que es de Colombia, busca poner más a Nicolás Maduro contra las cuerdas. El mensaje es claro: Maduro, ante la grave situación humanitaria al que llevó a su país, deje que ingrese ayuda. Si la acepta, está aceptando el fracaso de su política, pero de no aceptarla, recibe el rechazo generalizado de la comunidad internacional por agravar la crisis en la que está sumido su pueblo’, enfatizó”.

Más claro ni el agua y dicho por una fuente absolutamente oficiosa, puesto que El Espectador, un diario de propiedad del grupo Santodomingo (uno de los verdaderos dueños de Colombia) lo que está es confesando, y con gran regocijo, una conspiración internacional. A confesión de parte, relevo de pruebas. Ahí se aprecia la verdadera catadura del régimen colombiano de Iván Duque, terrorista y golpista, en el escenario internacional, con su diplomacia traqueta, que actuando como el matón del barrio cumple las ordenes de su amo imperial, pensando que sus acciones no van a tener consecuencias, por aquello de la impunidad imperial. Al conocer noticias como la citada no solamente produce indignación sino vergüenza, vergüenza de ser colombiano. Ahora si se entiende porque el viernes anterior el sub-presidente Duque afirmó: “Hoy es digno de aplaudir lo que está viendo el mundo, y es que a la dictadura de Venezuela le quedan muy pocas horas porque hay un nuevo régimen institucional que se está creando gracias al trabajo que ha cumplido Colombia y otros países”. Lo que no es digno de aplaudir sino de condenar es la vulgar injerencia en la soberanía de otro país, con las consecuencias desastrosas y sangrientas que esto va a tener, para satisfacer los apetitos más voraces del imperialismo estadounidense, pensando con el deseo de sirvientes incondicionales que les van a quedar algunas migajas del petróleo venezolano.

-Prestar la Embajada colombiana en los Estados Unidos como sede del “Embajador” designado por Guaidó para los Estados Unidos, como continuación de lo hecho desde diciembre, cuando la Embajada Colombiana alojó a los golpistas de Venezuela, que llegaron a recibir órdenes de Trump. Al respecto una información de prensa es reveladora:

“Fuentes diplomáticas en Washington le confirmaron a El Espectador que desde inicios de diciembre, mientras varios gobiernos tejían con filigrana diplomática el nuevo intento por sacar del poder a Nicolás Maduro, el Gobierno de Iván Duque puso su sede diplomática a disposición de los nuevos interlocutores de Donald Trump. […] Carlos Vecchio, designado este martes por el Parlamento venezolano como nuevo embajador de Venezuela ante el gobierno de Donald Trump, trabajará ‘codo a codo’, casi de manera literal, junto al colombiano Francisco Santos Calderon. Y juntos despacharán desde el edificio ubicado en la 1724 Massachusetts Avenue NW, sede diplomática colombiana”. (César Sabogal, Embajada colombiana será sede ‘ad hoc’ de Venezuela en Washington, El Espectador, enero 29 de 2019. Disponible en: https://www.elespectador.com/noticias/el-mundo/embajada-colombiana-sera-sede-ad-hoc-de-venezuela-en-washington-articulo-836776)

En pocas palabras, lo que aquí se revela es la participación activa del gobierno colombiano en el derrocamiento del gobierno de un país vecino, prestando su embajada para que allí se reúnan los golpistas venezolanos con sus amos de Estados Unidos y ahora, después de la farsa de autonominación de un fantoche golpista, esa misma embajada reciba como representantes diplomáticos a esos golpistas. Aparte de todo se está recibiendo con honores de diplomático a un delincuente, prófugo de la justicia venezolana y miembro del partido de extrema derecha Voluntad Popular, instigador directo de los incendios, saqueos y atentados que se realizaron en Venezuela en 2014, y que dejaron un saldo de 43 personas asesinadas. Esta es la calaña de personajes que acoge el gobierno colombiano en su Embajada en los Estados Unidos, lo cual no sorprende si se tiene en cuenta que los embajadores colombianos en Washington, como el actual, también tienen un amplio prontuario criminal.

-Aceptar el nombramiento de un “Embajador” del auto-designado Guaidó y recibirlo de manera inmediata. Este personaje, Humberto Calderón Berti (experto en temas petroleros, con un prontuario de corrupción y una larga trayectoria de entrega de las riquezas de su país a las compañías transnacionales en épocas de la Quinta República), afirmó sin ningún disimulo que a Maduro lo iban a sacar a las buenas o a las malas y como buen vasallo de los vasallos, afirmó que “El gobierno colombiano ha sido muy categórico, y en cuestión de minutos procedió a mi reconocimiento. Lo agradezco y me llena de orgullo”. Esto no puede entenderse de otra forma que como una expresión cínica de un cipayo tropical, que se inclina ante otro cipayo del imperio, como lo es Iván Duque. Bonita lección de democracia y de soberanía la que da Ivan Duque, no por algo sus conocimientos de historia son de tal nivel que, el primero de enero de este año, mientras se reunía con Mike Pompeu, Secretario de Estados Unidos, para intrigar contra Venezuela, soltó la perla de que nuestra independencia se debe a los padres fundadores de los Estados Unidos, y por supuesto nunca mencionó a venezolanos como Simón Bolívar o Antonio José de Sucre. 

-Prohibir el ingreso al territorio colombiano de 200 venezolanos del gobierno de Nicolás Maduro o próximos al mismo, entre ellos el del artista Omar Enrique. Respecto a este veto, el director de Migración Cristian Krüger afirmo que “esta es una decisión discrecional y soberana. No vamos a permitir que personas que le han hecho tanto daño a nuestros hermanos venezolanos se paseen por nuestro país sin importarles las consecuencias de sus actos. Estas personas han violado los Derechos Humanos del pueblo venezolano y es hora que paguen las consecuencias de sus actos”. ¡Qué ejemplo de soberanía e independencia, eso sí contra el país vecino, contra el que se conspira y se arrincona, recurriendo a la violencia, las mentiras, las intrigas y el terrorismo, como se hace desde Colombia en forma directa por el régimen de Iván Duque. Si esto se aplicara en realidad, los primeros que no podrían entrar al territorio colombiano serán los miembros de la Pandilla de Lima y los terroristas que rigen los destinos de Estados Unidos, todos ellos violadores de los derechos humanos y responsables de crímenes de lesa humanidad.

CONCLUSION

Los graves acontecimientos de Venezuela de los últimos días, entre los que se destaca el golpe de Estado impulsado directamente por los Estados Unidos y aupado por sus lacayos latinoamericanos y europeos, y en el que han intentado poner a su servicio como presidente de Venezuela a un desconocido títere de última hora, un tal Juan GuaIdó, un fantoche que recuerda los peores momentos de injerencia imperialista y de postración de las clases dominantes de América Latina (tipo Carlos Castillo Armas en la Guatemala de 1954, Augusto Pinochet en el Chile de 1973 o Guillermo Endará en la Panamá en 1989). Este golpe de Estado cuenta con un equipo de propaganda a nivel mundial, con los grandes medios de desinformación masiva a la cabeza, que se replican en cada país, y que quieren hacernos creer que lo que se está presentando en Venezuela es un retorno a la “democracia” y a la “libertad”, cuando lo que está en juego es la imposición de un régimen criminal, al estilo de las dictaduras de “seguridad nacional” de las décadas de 1960 y 1970. Para hacer posible ese proyecto de reconquista imperialista en Venezuela, los Estados Unidos cuenta con el apoyo irrestricto de la pandilla de Lima, llamarla Cartel es algo muy refinado para testaferros de tan poca monta, a la cabeza de la cual se encuentra el régimen de Iván Duque en Colombia, cuyas vergonzosas actuaciones ponen de presente la catadura de las clases dominantes de este país, siempre serviles a los intereses del imperialismo estadounidense. La sangre que corra en Venezuela y el sufrimiento de sus habitantes van a ser responsabilidad directa del régimen colombiano y eso ya nadie lo puede ocultar ni negar.

Bogotá, febrero 3 de 2019

viernes, 7 de octubre de 2016

ELOGIO DEL PENSAMIENTO CRÍTICO



Atmósfera de Ideas

ELOGIO DEL PENSAMIENTO CRÍTICO

Renán Vega Cantor
Rebelión

“Quien quiera hoy día combatir la mentira y la ignorancia y escribir la verdad, tiene que vencer, por lo menos, cinco obstáculos. Deberá tener el valor de escribir la verdad, aun cuando sea reprimida por doquier; la perspicacia de reconocerla, aun cuando sea solapada por doquier; el arte de hacerla manejable como un arma; criterio para escoger a aquellos en cuyas manos se haga eficaz; astucia para propagarla entre éstos. Estos obstáculos son grandes para aquellos que escriben bajo la férula del fascismo, pero existen también para aquellos que fueron expulsados o han huido, e incluso para aquellos que escriben en los países de la libertad burguesa”.

Bertolt Brecht, “Cinco obstáculos para escribir la verdad”, en El arte y la política, Editorial Nueva Nicaragua, Managua, 1985, pp. 222-223. (Énfasis en el original).

“¿No tienes enemigos? ¿Cómo que no? ¿Es que jamás dijiste la verdad, ni jamás amaste la justicia?”.

Santiago Ramón y Cajal, citado en Eduardo Galeano, Los hijos de los días, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2012, p. 386.

El término Pensamiento Crítico puede resultar siendo una abstracción y hasta tener un carácter tautológico, si no se precisa qué se entiende por tal denominación. Una abstracción que puede convertirse en un mero enunciado, que se repite sin mucho cuidado. Una tautología porque en rigor todo pensamiento que amerite tal nombre debería ser crítico con todo lo existente y consigo mismo. Pero como hoy se han entronizado en el mundo entero un conjunto de banalidades propias de un pensamiento único, un pensamiento sumiso y un pensamiento abyecto, adquiere sentido hablar de pensamiento crítico, no sólo para diferenciarse de estas formas sino para rescatar la esencia de una reflexión que no se quede en la mera contemplación, aceptación o apología de todo lo existente. En ese orden de ideas, y de manera algo esquemática, intentaremos precisar cuáles serían en nuestro sentir y entender las características del pensamiento crítico, que se encarna, por supuesto, en hombres y mujeres de carne y hueso, quienes son los pensadores y las pensadoras críticos.

1

Es un pensamiento histórico: El sistema capitalista se presenta a sí mismo como el fin de la historia, el mejor de los mundos, una realidad insustituible sin pasado ni futuro y la realización plena del presente perpetuo, que siempre gravita sobre lo mismo: sobre la producción mercantil y el consumo exacerbado. Ni antes ni después del capitalismo se concibe la existencia de otras formas de organización social, porque todo se sujeta al endemoniado ritmo de la pretendida “destrucción creadora”, que promete un reino eterno, aquí en la tierra, de opulencia y derroche. Para que todas estas falacias se impongan se hace necesario cortar los vínculos de los seres humanos con la historia, o mejor dicho, negar que nosotros somos seres históricos, que estamos anclados al mismo tiempo en el pasado, el presente y el futuro, y que en el pasado relucen los destellos de proyectos y alternativas de los vencidos que iluminan el futuro, para que el presente no aparezca como una fatalidad que tenemos que aceptar y contra la cual nada podemos hacer. Por eso, se ha impuesto la amnesia y el olvido, para que aceptemos que siempre ha existido y existirá el capitalismo, sin que podamos concebir otras formas de organización social y otras maneras de relacionarnos entre nosotros y con la naturaleza.

Para enfrentar esos prejuicios sobre la eternidad del presente capitalista, la historia debe ser un instrumento indispensable de análisis y reflexión que nos ayude a recuperar otras perspectivas, que nos recuerdan que el capitalismo es sola una relación social históricamente constituida, que no representa ni mucho menos el fin de la historia. El conocimiento histórico nos ayuda a comprender que el presente actualmente existente es el resultado de procesos complejos en donde, entre muchas alternativas, se impuso, a menudo con la violencia y la irracionalidad, solo una de ellas. En breve, el pensamiento crítico se sustenta en aquella célebre propuesta de Pierre Vilar de pensar históricamente, para ubicar, localizar, relativizar, fechar, explicar, comprender y contextualizar todos los procesos existentes, incluyendo al capitalismo.

2

Es un pensamiento radical: Para develar la injusticia y la desigualdad se hace necesario ir a la raíz misma de los fenómenos, con la finalidad de explicar sus causas fundamentales. Esto es lo que quiere decir el término radical, hurgar en el transfondo de los procesos, y no quedarse prisionero en el mundo de las apariencias. Un pensamiento radical supone escudriñar sin concesiones en los mecanismos que mantienen la dominación, la explotación y la opresión, llamando a las cosas por su nombre, y desmontando las falacias ideológicas que se emplean para encubrir con eufemismos la dura realidad. Por supuesto, la radicalidad del pensamiento no es una cuestión puramente lingüística o retórica, puesto que la misma utilización de ciertos conceptos (como capitalismo, imperialismo, clases sociales, desigualdad) implica la adopción de un punto de vista, que tiene consecuencias prácticas, en la vida de las personas que asumimos ese tipo de crítica radical.

3

Es un pensamiento anticapitalista: En sentido estricto, en la actualidad un pensamiento radical tiene que ser anticapitalista, porque durante dos décadas se nos anunció que el mercado perfecto se había hecho realidad tras la desaparición de la Unión Soviética y su imposición garantizaba el crecimiento ilimitado y la satisfacción, vía consumo, de las necesidades de todos los habitantes del planeta. Estas mentiras han quedado hechas añicos por la crisis capitalista que se ha extendido por el mundo desde el 2008, en la que se ha evidenciado que el costo de la crisis la pagan los trabajadores, y los pobres, como lo estamos viendo en la Unión Europea, modelo por excelencia del triunfalismo capitalista, pero que hoy hace agua por todos los costados y que sitúa al mundo en la peligrosa disyuntiva fascista de la década de 1930. Si las cosas son así y se ha hecho palpable que el capitalismo en lugar de contribuir a solucionar los problemas de la humanidad los tiende a agravar con su lógica mercantil, basada en el lucro y el crecimiento ilimitado, es necesario volverse a plantear una propuesta que vaya más allá del capital.

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Es un pensamiento abierto: Para ser radicalmente anticapitalista es indispensable apoyarse tanto en las más diversas tradiciones revolucionarias como en el conjunto de las ciencias y las artes. El pensamiento crítico precisa del dialogo permanente con diversos legados emancipatorios que se han ido construyendo durante varios siglos en distintos lugares del planeta, entre los que sobresale el pensamiento de Marx y sus seguidores más lúcidos, el anarquismo, el ecologismo, el feminismo, el indigenismo y todo lo que ayude en el propósito de reconstruir una agenda de lucha contra el capitalismo y el imperialismo. Así mismo, como nos lo han enseñado los grandes pensadores de nuestra América y de otros continentes (como José Carlos Mariategui, Antonio Gramsci, George Lukacs), la reflexión crítica se enriquece en un dialogo fecundo con las ciencias y la técnica, un intercambio necesario para afrontar la crisis civilizatoria a la que nos ha conducido el capitalismo y en la cual todos estamos inmersos. Porque esa crisis no se comprende al margen de los impactos nefastos y contradictorios de las tecnociencias, lo que obliga a tener unos mínimos rudimentos sobre las mismas, que permitan esbozar una distancia crítica y mucha mesura y circunspección.

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Es un pensamiento que cuestiona la idea optimista de progreso: Tras constatar los costos contradictorios de la filosofía de progreso, con todo su cortejo de muerte y destrucción, es pertinente cuestionar al progresismo, en todas sus variantes, y en especial el culto a la tecnociencia, por todas las implicaciones prácticas que tiene. Hoy, cuando se ha impuesto la razón instrumental y se ha generalizado el fetichismo de la mercancía que alienta la lógica irracional de producir para consumir en un círculo vicioso cada vez más destructivo, se torna urgente problematizar los proyectos progresistas que se sustentan en el tener sobre el ser, en la cuantificación abstracta propia de la mercancía despreciando el valor de uso, en la idea de consumir hasta el hartazgo como sustituto del buen vivir en condiciones dignas. La crítica a la filosofía del progreso es indispensable para abandonar las ilusiones sobre las soluciones técnicas como forma de resolver los problemas que ha generado el capitalismo (como los trastornos climáticos o la destrucción de los ecosistemas), y volver a priorizar las soluciones sociales y políticas. Por todos los avatares de los fallidos proyectos anticapitalistas del siglo XX y de la tragedia ambiental y humana que se vive en China, ya no es posible seguir rindiendo culto al Progreso. Esto, desde luego, resulta una idea poco popular por la imposición generalizada del consumo de artefactos tecnológicos en la vida cotidiana, pero que necesita plantearse para estudiar a fondo las consecuencias nefastas de la ampliación a algunos reducidos sectores de la población del modo estadounidense de producción y de consumo, frecuentemente aplaudida como la máxima expresión de progreso, y que destruye a la naturaleza y a los pobres.

Hay que decirlo, esto no supone el abandono ni de la ciencia ni de la técnica, como frecuentemente lo sostienen quienes creen que criticar al progreso es rechazar por completo la modernidad y retroceder a la época de las cavernas. Más bien de lo que se trata es de rescatar lo mejor de la modernidad para pensar en construir otro tipo de civilización ecosocialista.

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Es un pensamiento ecologista y antipatriarcal: La destrucción ambiental se ha generalizado en el planeta, y Colombia no es la excepción, y más ahora con las locomotoras de la minería y el libre comercio. El ecocidio avanza de manera incontenible al ritmo de la expansión capitalista por los cinco continentes, como lo demuestran las cada vez más frecuentes catástrofes sociales, que resultan de la destrucción de la naturaleza y de la mercantilización de los bienes comunes. Esto obliga a atender, mediante la reflexión analítica, el estudio de los límites ambientales del capitalismo y los peligros que eso entraña para grandes porciones de la población, en primer lugar los más pobres. Se necesita de una nueva sensibilidad que incorpore a la crítica anticapitalista, que ha estudiado a fondo la contradicción capital-trabajo, una crítica de similar importancia que dilucide la contradicción capital-naturaleza, y que involucre a todos los sujetos sociales afectados por esta segunda contradicción. En consecuencia, el pensamiento crítico requiere ser profundamente ecologista, en una perspectiva que sea un complemento indispensable del anticapitalismo.

Al mismo tiempo, dados las notables contribuciones teóricas de diversas corrientes del feminismo, en consonancia con el sometimiento de la mayor parte de las mujeres, es prioritario que el pensamiento crítico asuma el cuestionamiento del patriarcado y de todos sus componentes de opresión y de marginación de la mitad del género humano.

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Es un pensamiento nacionalista e internacionalista a la vez: El capitalismo realimente existente y sus ideólogos, entre los que sobresalen los neoliberales, se han encargado de construir un falso dilema: ellos presentándose como los globalizadores por excelencia, abjuran de todo lo relacionado con lo nacional, como propio del atraso y de la barbarie. Esto lo han hecho con la finalidad de justificar la entrega de la soberanía de los países y el regalo de los bienes comunes que se encuentran en sus territorios, todo a nombre de una pretendida modernización global. Al mismo tiempo, como respuesta a ese universalismo abstracto, otros portavoces del capitalismo han suscitado feroces guerras xenófobas en varios continentes, que han suscitado la xenofobia y la limpieza étnica.

Contra ese falso dilema -entre el universalismo abstracto y el chovinismo nacionalista-, el pensamiento crítico debe y tiene que reivindicar otro tipo de nacionalismo, junto con el internacionalismo. No se puede abjurar de lo mejor de la configuración nacional en nuestra América, máxime en estos tiempos de la vergonzosa desnacionalización que han impulsado las clases dominantes en estos países, como se patentiza en Colombia. Esto no supone reivindicar ni mucho menos un trasnochado patriotismo barato, propio de la mentalidad retrograda de los terratenientes y ganaderos de Antioquia y otras regiones de este país. Quiere decir, por el contrario, postular un nacionalismo cosmopolita, basado en la máxima de José Martí: “Patria es humanidad”. Como quien dice, que estemos asentados en nuestro territorio, pero para comprender mejor el mundo relacionarnos en forma más adecuada con los otros países, y no creernos ni mejores ni peores que los demás. Ese internacionalismo, además, es urgente tanto para recuperar las mejores tradiciones de lucha de los dos últimos siglos en nuestra América, como para solidarizarnos y compartir las utopías de los oprimidos del mundo entero.

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Es un pensamiento anticolonialista y antiimperialista: Por reivindicar lo mejor de lo nacional y lo mejor del mundo, el pensamiento crítico es, tiene que serlo, anticolonialista y antiimperialista, porque hoy se ha reforzado el colonialismo, que había sido seriamente debilitado en la década de 1960 con la extraordinaria lucha de liberación nacional que adelantaron los pueblos africanos y asiáticos, cuya gesta hizo gravitar la historia universal entrono a lo que por entonces se llamaba el Tercer Mundo. Esta epopeya anticolonialista generó imperecederos aportes intelectuales al pensamiento universal, representados en la obra de Franz Fanón, Walter Rodney, Amílcar Cabral o Aimé Césaire. Como ha quedado en evidencia hoy, el colonialismo en realidad nunca desapareció, sino que más bien se encubrió bajo otros mantos y emergió con toda su fuerza en las últimas décadas, asumiendo el viejo discurso eurocéntrico con la retórica de la globalización. Esta nueva conquista, la colonización externa, en el caso de nuestra América, viene acompañada de ese otro fenómeno que existe en este continente desde hace cinco siglos, pero del que poco se habla, del colonialismo interno, agenciado por las clases dominantes para mantener sus privilegios a costa de la exclusión, discriminación y explotación de indígenas, afrodescendientes y mestizos pobres.

La nueva colonización es también, como siempre lo fue, cultural, y ahora académica, porque de los centros hegemónicos de la cultura universitaria se imponen nuevas modas intelectuales, que desdicen y niegan de lo propio de la realidad de nuestro continente, de sus procesos de lucha y de sus propios proyectos culturales, para implantar un lenguaje artificial e impostado, elaborado para congraciarse con los nuevos imperialistas y sus mandarines intelectuales. En consecuencia, el pensamiento crítico debe estar atento a beber de lo más diversas fuentes, pero sin caer en las tentaciones de la novedad y de las modas efímeras, impuestas desde Nueva York o desde Paris.

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Es un pensamiento que reivindica a los oprimidos de todos los tiempos y a sus luchas: El pensamiento crítico pretende develar los mecanismos de explotación y opresión en el presente, apoyándose en una visión histórica en la que emergen los sujetos que se han rebelado contra las diversas formas de dominación en diversas épocas. El conocimiento de los procesos históricos señala que incluso en las peores condiciones, como en la época de la esclavitud moderna, que perduró cuatro siglos (entre 1500 y 1890), hubo protestas, sublevaciones y rebeliones, propias de lo que puede llamarse la hidra de la inconformidad de los plebeyos. Cual hidra mitológica que renace aunque se le destruya la cabeza, lo mismo ha sucedido en diversos momentos de la historia del capitalismo, cuando a pesar de la tortura, persecución y asesinato de líderes y dirigentes populares, la protesta de los subalternos reaparece una y otra vez. Estudiando las luchas de los vencidos, se alimenta el fuego de la inconformidad en el presente, porque aquéllos nos acompañan desde la posteridad, con la memoria de sus acciones, de acuerdo al postulado de Walter Benjamin de no pedir “a quienes vendrán después de nosotros la gratitud por nuestras victorias sino la rememoración de nuestras derrotas. Ese es el consuelo: el único que se da a quienes no tienen esperanza de recibirlo” 1. En resumen, el síndrome de Espartaco basado en el lema “Me rebelo, luego existo”, debería sintetizar la rememoración de los que han luchado en todos los tiempos, un componente indispensable del pensamiento crítico.

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Es un pensamiento comprometido y no meramente contemplativo: Los enormes problemas que afronta el mundo actual, agravados todavía más en nuestro continente por la dependencia y servilismo de las clases dominantes, requieren tanto de una reflexión seria y rigurosa, como del involucramiento de esa reflexión con los problemas de la gente común y corriente. En pocas palabras, se trata de que el pensamiento se encarne en sujetos concretos para devenir en praxis transformadora, a la luz de los problemas específicos que afronta la mayor parte de la población. No estamos hablando de una instrumentalización artificial de las ideas, que abjure de la importancia de la reflexión y que desprecie el trabajo intelectual, sino de la necesidad de vincular, de alguna manera, esas reflexiones con los problemas reales de la gente. Me gusta reivindicar nuestra actividad como propia de los trabajadores del pensamiento, como lo hacía Julio Antonio Mella cuando decía: “Intelectual es el trabajador del pensamiento. ¡El trabajador!, o sea, el único hombre que a juicio de Rodó merece la vida, es aquel que empuña la pluma para combatir la iniquidades, como los otros empuñan el arado para fecundizar la tierra, o la espada para libertar a los pueblos” 2. Si situamos la elaboración de pensamiento crítico como un trabajo, y no como una refinada actividad especulativa al margen del mundo real, tendremos más oportunidad de vincularnos con el resto de trabajadores, incluyendo a los que con sus manos laboran la tierra o fabrican las cosas. Así podríamos declarar, a nuestra actividad como una artesanía del pensamiento, una artesanía que genera productos intelectuales que, directa o indirectamente, deben tener alguna utilidad para la gente.

Por otra parte, el pensamiento crítico no abjura de sus compromisos y por eso sabe que es perseguido y reprimido, porque pretende encarnar otro proyecto de mundo y de sociedad, que resulta insoportable para los detentadores del poder y la dominación en nuestro tiempo, donde quiera que se encuentren. El pensamiento crítico hace suya la consigna del filósofo de Tréveris, su undécima tesis: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo, de lo que se trata es de transformarlo”.

En ese mismo sentido, el pensamiento crítico además de estar comprometido con los pobres y desvalidos, es un pensamiento alternativo, porque con ellos busca elaborar propuestas anticapitalistas, planteando que otro mundo es posible y necesario, si no queremos que el capitalismo sea el fin de la historia en el sentido literal de la palabra, si dejamos que nos destruya a todos y a nuestro planeta. 

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Es un pensamiento universitario y extrauniversitario al mismo tiempo: La universidad pública ha sido una conquista de las sociedades latinoamericanas, conquista lograda con mucho esfuerzo y con el sacrificio de estudiantes y de profesores. Durante mucho tiempo se ha buscado que esta universidad fuera un espacio democrático y popular, lo que efectivamente se logró en algunos países de la región, México es el principal ejemplo. En los demás, a pesar de los obstáculos, la universidad pública ha sido durante algún tiempo el faro intelectual que alumbraba con ideas y proyectos transformadores, que incidieron fuera de los campus universitarios. Ahora estamos asistiendo a la transformación de la Universidad Pública en un mercado educativo que vende servicios y quiere convertir a profesores y estudiantes en oferentes y clientes de combos mcdonalizados. Para hacer realidad ese propósito es indispensable erradicar de los campus a todos aquellos que cuestionen, critiquen y duden, ya que la universidad de la ignorancia requiere profesores, estudiantes y funcionarios obedientes y sumisos. En concordancia, la consigna de los mercaderes de la educación es erradicar el pensamiento crítico del mundo universitario, so pretexto de que no es ni útil ni rentable. Esa es la situación que hoy afrontamos de manera directa todos los que hemos hecho de la universidad pública nuestro proyecto de vida. Es necesario, entonces, defender ese territorio democrático de los embates del capital nacional y extranjero, para preservar la libre exposición y discusión de ideas, proyectos y propuestas para construir naciones y sociedades justas e igualitarias.

Puesto que el mundo universitario solamente representa a un ámbito reducido de la población y grandes problemas de la sociedad son asumidos por organizaciones populares, que construyen sus propios instrumentos analíticos, es necesario que el pensamiento critico se relacione con esos proyectos y esas luchas, para que aprenda de ellas y se nutra de esas experiencias, a las que luego podrá realimentar en forma dialógica. Es decir, el pensamiento crítico también se construye fuera de los espacios universitarios, en la calle, en la plaza pública.

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Es un pensamiento digno: Para terminar, deben mencionarse las implicaciones éticas del pensamiento crítico, lo cual está relacionado con los intereses que representa, con las fuerzas sociales de las que aprende, se nutre y a la vez alimenta, y a los valores que defiende. Al respecto, la dignidad es una de sus características distintivas. Por dignidad entendemos muchas cosas, entrelazadas y complementarias: la independencia de criterio; la libertad de critica; la insubordinación; la defensa de los desvalidos; el valorar a las cosas por lo que son y no por su precio monetario; asumir los costos y las consecuencias de lo que se dice sin hacer concesiones ni traficar con los principios morales; no arrodillarse ni subordinarse a los amos y poderosos, a cambio de retribuciones, o reconocimientos formales, que buscan la claudicación; y, mantenerse al lado de los oprimidos sin importar que eso implique la marginación y la criminalización. El pensamiento digno no se vende por unas cuantas migajas, no se desmorona ante las lisonjas y halagos interesados de los mercachifles del saber y de la investigación, no se subordina a los dictados de la figuración mediática propia de la sociedad del espectáculo, no escribe ni diserta sobre aquello que proporcione dinero y fama, no negocia con el saber como si fuera una mercancía, no se cotiza en la bolsa de valores del arribismo intelectual. Quienes cultivan el pensamiento crítico caminan con rectitud con la frente bien en alto, por un sentido acendrado de dignidad, y no como le sucede a los portavoces de la mentalidad sumisa, por desgracia la vasta mayoría que, como lo afirma el dramaturgo italiano Darío Fo, “andan erguidos porque la mierda les llega hasta el cuello”.

Notas:

-1. Citado en Michael Lowy, Walter Benjamin, aviso de incendio. Una lectura de las tesis “sobre el concepto de historia”, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005, pp. 135.
-2. Julio Antonio Mella, “Intelectuales y tartufos”, en Escritos revolucionarios, Siglo XXI Editores, México, 1978, p. 44.
Texto leído en el evento En defensa del pensamiento crítico, realizado el miércoles 9 de mayo de 2012 en la sede de la Universidad Pedagógica Nacional.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
10-05-2012
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7 de octubre 2016