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sábado, 15 de agosto de 2020

PRODUCIR OXIGENO Y LOS LOBBYS: El cardenal, el oxígeno y el ‘ministerio esquizofrénico’

 

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Por IDL-Reporteros.-

En junio de 2019 hubo 8 mil 720 muertes no violentas en el Perú, según registro del Sinadef. En julio de 2020 el mismo tipo de muertes fue de 26 mil 213. La diferencia, de 17 mil 493 fallecidos en un solo mes, fue, con alto grado de proximidad, causado por el Covid-19. Directamente en la gran mayoría de casos; indirectamente (no conseguir atención médica oportuna y apropiada por las condiciones impuestas por la plaga) en algunos.

¿Cómo los mató el Covid-19? Por asfixia, casi siempre, en un proceso que suele ser largo y desgarrador para los testigos de la agonía. El virus infesta usualmente los pulmones y provoca luego una reacción descontrolada y violenta del sistema inmune que acentúa radicalmente la asfixia y lleva en muchos, demasiados casos, a la muerte. 

Por eso, el oxígeno es literalmente vital. Porque en los casos de detección temprana, administrarlo con oportunidad ayuda decisivamente a prevenir el desenlace inflamatorio y evitar las secuelas, muchas veces serias, que afectarán a los sobrevivientes. En los casos serios, el oxígeno es la única esperanza de sobrevivir. 

En el Perú, la carencia de oxígeno medicinal es, de acuerdo con quien la perciba, trágica, agónica, escandalosa. 

¿Se ha hecho lo suficiente, por parte del Estado, o quizá de las corporaciones, para solucionar este déficit letal? 

Pregúntenle al cardenal Pedro Barreto.

El cardenal peruano es, desde 2004, arzobispo de la arquidiócesis metropolitana de Huancayo donde, según testimonios concurrentes, desarrolló una gestión intensa predicada en el concepto de “contemplativos en la acción”, tan caro a los jesuitas, a cuya orden pertenece el hoy cardenal.

 

Hospital Daniel Alcides Carrión de Huancayo. (Foto: Panamericana)

 

Barreto ha sido impulsor y protagonista de Mirapaz, una red cívica de la sociedad civil que fue importante en el pasado y resulta crucial en la pesadilla presente de la plaga.

Luego de constatar la creciente carencia de oxígeno (a medida que crecían los contagios) y ver los cuadros de horror y agonía infligidos sobre centenares de víctimas y familiares, Mirapaz y Barreto se concentraron en bregar por conseguir oxígeno para su región, especialmente en los puntos neurálgicos de confrontación a la peste: los hospitales Daniel A. Carrión, en Huancayo; y Domingo Olavegoya en Jauja, ambos del ministerio de Salud.

La solución parecía estar cerca. La planta que fuera de Doe Run en La Oroya tenía no una sino dos plantas generadoras de oxígeno en gran escala, que ahora pertenecían a Praxair, que desde su reciente fusión con Linde AG se ha convertido probablemente en la principal empresa de gases industriales en el mundo. 

El asunto fue, sin embargo, que Praxair/Linde mantenía inoperativas las dos plantas y sostuvo, sostiene, que ponerlas a funcionar exigiría un proceso largo y costoso. Tenía otras ofertas, claro está, pero esa no.

Pero, profesionales y técnicos que trabajaron en la planta de Doe Run sostuvieron enfática y reiteradamente que eso no era verdad y que las plantas podían ponerse a funcionar en poco tiempo y con un costo aceptable. Mirapaz y Barreto comparten su opinión.

 

La planta que era operada por Doe Run en La Oroya. (Foto: Noticiasporelmundo)

 

El caso, en el que la acción del Estado ha sido incompleta e inconsistente, se ha hecho crecientemente áspero y no hay indicaciones de una solución armoniosa. El tono de Praxair es arrogante y el de sus interlocutores indignado. Cada vez más.

El resultado de esa confrontación ha tenido hasta ahora un claro resultado: cero oxígeno de las plantas de La Oroya para las víctimas del COVID-19 en Junín.

Las muertes fueron creciendo con los días.

La organizada sociedad civil de Junín buscó alternativas inmediatas y, a través del cardenal Barreto, hizo contacto con la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).

La PUCP, a la par de la UNI, San Marcos, fue una de las universidades que puso más tempranos esfuerzos en el desarrollo de lo que, durante el comienzo de la pandemia, se consideró una de las acciones más importantes: reparar y/o construir respiradores (ventiladores) para las unidades de cuidados intensivos. El SIMA, de la Armada, también contribuyó señaladamente en esa tarea.

 

Planta de oxígeno desarrollada por ingenieros de la PUCP. (Foto: PuntoEdu)

 

Luego, los ingenieros de la PUCP dirigieron esfuerzos a fabricar plantas para producir oxígeno. Para poderlas vender a un precio harto más barato que las alternativas comerciales, crearon una compañía con ese fin específico.

La demanda fue creciendo en volumen y sobre todo en urgencia, a medida que se agravaba la pandemia. El grupo de ingenieros, dirigidos por David Chávez y Fernando Jiménez, se esforzaron en fabricar plantas eficaces, de operación y mantenimiento sencillos.

 

David Chávez, ingeniero del grupo de investigadores de la PUCP que diseñó las plantas de oxígeno. (Foto: Captura de pantalla de videollamada)

 

La más pequeña, de 5 metros cúbicos, capaz de atender simultáneamente a unas 20 personas como promedio. La mediana, de 10 metros cúbicos, para el doble; y la grande, de 20 metros cúbicos, para el cuádruple, unas 80 personas.

Mirapaz y el cardenal Barreto, movilizaron a la sociedad civil de Junín y recolectaron el dinero para comprar una planta grande para el hospital Carrión, en Huancayo; y otra para el Olavegoya, en Jauja. Ambas iban a ser entregadas, conectadas y listas para operar, como donación a los dos hospitales, que pertenecen al Estado.

De manera que, en lugar de que el Estado proporcionará los equipos para atender a los ciudadanos, estos iban a donarlos al Estado para que pudiera cumplir su misión.

 

Hospital Domingo Olavegoya de Jauja. (Foto: Diario Ojo)

 

En tiempo récord se presentaron las plantas pequeñas al ministerio de Salud, para que este, a través de la Digemid, certificara y acreditara su buen funcionamiento. De acuerdo con Lida Hildebrandt, directora Ejecutiva de la Dirección de Dispositivos Médicos y Productos Sanitarios de la Digemid, el expediente documentario no estaba completo, hubo observaciones y se dio lo que uno de los ingenieros de la PUCP, llamó un ‘ping-pong’ de idas y vueltas con la Digemid, que duró cuatro días intensos, al cabo de los cuales la planta pequeña recibió la autorización ministerial.

Dado que el funcionamiento y la mecánica de todas las plantas es igual, los ingenieros de la PUCP presentarán los expedientes para las plantas medianas y grandes. Las órdenes para los hospitales de Huancayo y Jauja, entre tanto, se concretaron en fechas de entrega. Inicialmente fue hacia el 12 de agosto y luego se acordó en forma definitiva la semana siguiente.

Pero entonces pasó lo que todo pesimista debía esperar:

La Dirección de Equipamiento y Mantenimiento del Minsa publicó, a fines de julio, sin precisión de día, una “ficha técnica” con exigencias para toda nueva planta generadora de oxígeno a ser adquirida por un hospital del ministerio de Salud.

La más resaltante era determinar que los compresores de las plantas tenían que ser “secos”. Es decir, libres de aceite. Los compresores de las plantas de la PUCP –como casi todos los existentes en el mercado nacional– funcionan con aceite. 

 

Junín y otras regiones necesitan con urgencia oxígeno para los pacientes COVID-19. (Foto: Associated Press)

 

¿Tenía algún sentido técnico la medida? preguntó IDL-R a un empresario independiente, con conocimiento experto del tema, que pidió no ser identificado:

“Hay dos tipos de generadores de oxígeno: … con compresoras lubricadas con aceite y las lubricadas sin aceite. […] Las compresoras con aceite siempre dejan pasar algo de aceite. Pero de ahí pasa a un sistema de secador, este le saca toda la humedad y casi todo el aceite. Y después del secador vienen los filtros. El filtro microbiológico y el filtro del aceite. Y al pasar por ese proceso, el oxígeno llega sin aceite. Porque si ingresa el aceite al generador se malogra lo que está dentro, que es un cerámico especial. Los generadores con compresoras de aceite tienen filtros que impiden el paso del aceite. […] Las compresoras exentas de aceite son más caras, cuestan 3 veces más.

Todas las empresas usan compresoras con aceite. Lo que pasa es que hay un lobby fuerte…”.

 

Según los ingenieros de La Católica, el sistema de filtros instalados por ellos no solo eran suficientes sino redundantes. Es decir, repetían el proceso de filtrado para garantizar la pureza del oxígeno.

IDL-R preguntó a Gloria Gutiérrez, directora ejecutiva de la Dirección de Equipamiento y Mantenimiento del Minsa, la razón detrás de la, digamos, extraña medida de su despacho. Gutiérrez defendió su decisión. 

“… hay varios tipos de tecnología. Y hemos definido que sea bajo la tecnología libre de aceite.[…] nosotros siempre vamos a ir por la mejor tecnología para los ciudadanos, para los pacientes. Con eso no estamos diciendo que la Católica sea la peor tecnología. Lo que estamos diciendo es que tenemos que tener la gama [sic] de tecnología […] Nosotros no somos los compradores, quien compra es OGA (Oficina General de Administración). […] Estamos hablando de equipos que necesitan funcionar las 24 horas, que tienen que tener sostenibilidad […] Lo que nosotros hablamos es el contexto técnico. La inmediatez se la puede decir OGA, que es el comprador”. 

 

Lida Hildebrandt, directora Ejecutiva de la Dirección de Dispositivos Médicos y Productos Sanitarios de la Digemid. (Foto: Facebook de la funcionaria)

 

La directora de Digemid, Lida Hildebrandt, discrepa con Gutiérrez. Pese a coincidir en la necesidad de buscar la mejor tecnología, Hildebrant opinó que: “Ahorita estamos frente a una pandemia que nadie esperaba. […] La gente está carente de oxígeno. No hay oxígeno. En este momento todos estamos uniendo esfuerzos. Cuando a mí me llega un documento, […] revisamos con el equipo técnico la información y si está completa, inmediatamente autorizamos. […] Si me dicen que en el mercado no hay con compresora seca, ¿qué voy a hacer yo? ¿Dejar morir a la gente? […]En época de guerra uno debe aprender a sobrevivir. […] [La oficina de Gutiérrez] saca una ficha con unas especificaciones técnicas que saben que eso no lo van a poder cumplir”.

¿Es cierto, preguntó IDL-R, que el Minsa no podrá comprar las plantas de la PUCP, porque esas fichas los excluye como postores?

“Así es”, contestó Hildebrandt. “Es que … lo están viendo como producto terminado. El Perú es un país altamente importador. ¿Qué significa eso? El 98 por ciento de dispositivos biomédicos son importados. Solo un 2 por ciento es de fabricación nacional. […] Esta pandemia lo que ha contribuido es a incentivar a los investigadores. Es como que a todos nos hubiera agarrado en el aire, pero la necesidad nos está obligando a seguir una hoja de ruta. […]  

“Lo que yo quiero ver es que esto no nos trabe para la autorización. Yo terminé disgustada con su respuesta. […] Si ellos dan un informe desfavorable [a la planta de oxígeno de 10 m3 y 20 m3], lo traban”. […] La gente se está muriendo. No podemos trabar”.

IDL-R intentó entrevistar al viceministro de Prestaciones y Aseguramiento en Salud, Víctor Bocángel, bajo cuyo despacho funciona la Dirección de Equipamiento y Mantenimiento, a cargo de Gutiérrez. Pese a efectuar varias llamadas, dejarle mensaje en whatsapp y tratar de ubicarlo a través del personal de prensa del Minsa, no fue posible hablar con él. 

Quien sí contestó y con una opinión clara sobre la razón de tan patentes anormalidades fue Patricia García, ex-ministra de Salud y coordinadora de la Comisión de Innovación y Tecnología del Minsa:

“… Yo he pedido las fichas y no me las han dado. […] yo no te puedo responder por qué unos y por qué otros, eso es lo que te muestra es que muchas veces el ministerio trabaja de manera esquizofrénica […] El Estado es realmente frustrante. Hay cosas tan absurdas”. 

 

Patricia García, exministra de Salud. (Foto: El Comercio)

 

“…Nosotros desde nuestros primeros reportes en el mes de abril hicimos hincapié en la necesidad de ver el tema de concentrados y plantas. Por eso sugería traer a algunos expertos internacionales para romper los monopolios y los conflictos de interés que tiene la gente acá. Nos hemos reunido con el ministro [Víctor Zamora], el experto y yo. Le hizo un montón de recomendaciones. El ministro le hizo unos pedidos. A la semana todo estuvo respondido y nunca más lo llamaron”.

El relato de esta demencia puede ser resumido de la siguiente manera: 

– La gente atacada por la peste muere por falta de oxígeno en el Perú y, dentro de él, en Junín.

– En La Oroya, la principal productora de oxígeno del mundo dice que sus dos plantas industriales no pueden funcionar. Profesionales y técnicos calificados de la zona, sostienen que eso es mentira.

– La sociedad civil de Junín, con la presencia y aliento del cardenal Barreto, se organiza para obtener oxígeno de todas maneras y hace un acuerdo con la PUCP para que esta fabrique plantas de oxígeno.

– En Junín se hace una colecta para comprar las plantas para dos hospitales del Minsa, llevarlas, instalarlas y donarlas, para salvar vidas cuanto antes.

– En Lima, una dirección del Minsa saca una resolución que parece expresamente dedicada a impedir que las plantas de la PUCP puedan ser recibidas por los hospitales del Minsa. El pretexto es de que los compresores funcionan con aceite, como sucede con casi todos los que hay en el Perú. 

En la guerra de Vietnam hubo un militar, probablemente apócrifo, quien, según es fama, declaró que “tuvimos que destruir esa aldea para salvarla”.

¿Logró discípulos en el Minsa?

“Un pueblo movilizado no va a permitir que le roben el oxígeno y la vida a su propia gente”, dijo a IDL-R una figura prominente de la sociedad civil de Huancayo. 

La próxima semana deben llegar a Huancayo y Jauja las plantas de oxígeno compradas por la población local. 

¿Alguien se va a oponer a que sean instaladas y permitan respirar a quienes la agonía del ahogo les estrangula, con la vida, hasta la última esperanza?

 

 

Publicado el jueves 13 de agosto, 2020 a las 2:46 | RSS 2.0.
Última actualización el jueves 13 de agosto, 2020 a las 13:02

lunes, 22 de julio de 2019

ANDRÉS VILLENA: «ES IMPOSIBLE PROHIBIR EL FENÓMENO DE LAS PUERTAS GIRATORIAS»


Lunes 22 de julio de 2019. Nodo50 | Descargar artículo en PDF
Fuente: La Marea
Por Dani Domínguez para La Marea

El sociólogo y periodista Andrés Villena acaba de publicar ’Las redes de poder en España, élites e intereses contra la democracia’ (Rocaeditorial, 2019), un libro en el que repasa la estructura tecnocrática de los gobiernos del PSOE y del PP.

Tras años de investigación, el sociólogo y periodista Andrés Villena Oliver ha trazado una amplia red de altos cargos políticos, la mayoría poco conocidos para la ciudadanía, que transitan profesionalmente entre lo público y lo privado.

Mientras realizamos esta entrevista, varios medios de comunicación aseguran que Fátima Báñez ha fichado por la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), la patronal de las empresas, aunque la organización no lo confirma. “Es una persona que prestará importantes servicios a la entidad porque sigue fuertemente conectada con el partido y con la Administración. Y se le busca acomodo porque se ha portado bien. No es haya cometido ninguna ilegalidad durante su mandato para beneficiar a la CEOE, pero su papel ha sido amistoso con los postulados de la patronal. No me sorprende”, sostiene el sociólogo.

El trabajo de Andrés Villena ha quedado plasmado en Las redes de poder en España, élites e intereses contra la democracia (Rocaeditorial, 2019), un libro en el que el periodista repasa la estructura tecnocrática de los gobiernos del PSOE y del PP, sus grandes cargos y sus vínculos con los principales empresarios de este país.

La “tecnoestructura”, es decir, los segundos niveles de la Administración pública, ocupan una parte importante del libro. ¿Qué es exactamente? ¿Por qué son tan determinantes?

La tecnoestructura es un término que utiliza John Galbraith para referirse a la inteligencia organizada. En el momento en el que los Estados se complejizan, necesitan una especie de ‘mecánicos’, es decir, personas especializadas en resolver determinados asuntos para los que no bastan meros militantes. La tecnoestructura la conforman juristas, estadísticos, especialistas en Hacienda… Personas que asesoran y que están detrás del estudio que precede a la adopción de las grandes decisiones, que suelen ser complejas y con un riesgo de equivocación muy grande.

Esta sería una primera definición, pero no la única. Con tecnoestructura podemos estar refiriéndonos a [Pedro] Solbes, a [Luis] de Guindos y a una serie personas cuyos nombres y apellidos jamás habremos oído. Estas personas son valiosas en primera instancia para el gobernante, pero luego también lo son para el gobernante privado. La tecnoestructura no solo se mueve dentro del Estado, de lo público, sino que es una red que danza entre lo público y lo privado. Muchas decisiones no se sabe bien si se toman en un contexto u otro porque quienes las adoptan son personas con perfiles técnicos híbridos que en todo momento están en puestos directivos, a veces públicos, a veces privados.

Por ejemplo, la exvicepresidenta del Gobierno Elena Salgado, formaba parte del consejo de administración de Telefónica cuando la compañía era pública. Después, Telefónica se privatizó entre los Gobiernos de Felipe González y José María Aznar y Salgado pasa a trabajar en empresas concesionarias de servicios del mismo ministerio en el que había estado previamente. La tecnoestructura sigue la lógica de que si has sido útil para el sector público, lo serás también para el privado. No lo juzgo desde la perspectiva moral, el problema es el conflicto de intereses. Personas como Elena Salgado o de Guindos, gane quien gane las elecciones, van a seguir tomando decisiones en las grandes empresas privadas en las que trabajan. Por eso estas personas deberían ser fiscalizadas.

El gran problema es que este tipo de perfiles acaban poniendo sus conocimientos sobre el sector público al servicio del beneficio del privado. Lo contrario no suele pasar.

También hay que tener en cuenta el componente de red. Estas personas se relacionan con gente muy importante, recrean una realidad que es la suya, que está muy distanciada de los problemas de la mayoría de la ciudadanía. Muchos cambios ideológicos se producen por esto, porque se alejan de la realidad en la que crecieron. Podríamos definirlo como pensamiento gregario: muchas personas pensando de manera parecida y, por tanto, pensando poco.

¿Qué posibilidad tiene un partido de cambiar esa estructura tecnocrática?

Creo que es imposible renunciar a la tecnocracia por la complejidad y por la necesidad de contar con esos ‘mecánicos’ que te arreglen el coche. No se puede hacer una asamblea para todo, digámoslo así.

Eso sí, hay muchos tipos de ‘mecánicos’, y algunos se guían por sus propios intereses y otros, no. Los partidos que quieren cambiar cosas, pueden intentar atraer para sí miembros de esa tecnoestructura. En algunos cuerpos hay pluralidad ideológica, y no se trata de dar de alta a ciertos funcionarios como militantes, pero sí atraerlos. Es una práctica que el PSOE ha hecho con ciertos cargos, tenerlos como simpatizantes, para poder contar con ellos cuando se gobierna.

«Cuando conoces la historia, te das cuenta de que la transición que se hizo de la dictadura a la democracia no fue completa y que muchos resortes franquistas siguen funcionando a día de hoy»

Otra posibilidad es luchar por pluralizar la entrada a estos cuerpos con becas, por ejemplo, para que toda persona que quiera ser abogado del Estado, pueda al menos intentarlo. Porque partimos de la base de que entrar en este tipo de cuerpos es costoso y requiere que durante algunos años estés dedicado por completo a estudiar, pagando una academia… Es una inversión que no todo el mundo se puede permitir.

Según cuenta, el límite entre lo privado y lo público es muy laxo o prácticamente inexistente. ¿Significa esto que no se puede acabar con las puertas giratorias, que la creación de la Oficina de Conflicto de Intereses (OCI) no ha servido para nada?

Se puede limitar, por ejemplo, impidiendo que te vayas a una empresa que ha sido beneficiada por tus decisiones al frente de un organismo público. Pero ni siquiera eso se cumple. El exministro [Pedro] Morenés benefició a empresas que él había presidido en su etapa privada con la firma de contratos públicos legales, como la fabricante de armas Instalaza. Lo que se puede regular es que este señor tenga que estar varios años en el ‘purgatorio’, pero no sé hasta que punto esta persona no va a usar sus conocimientos para beneficiar a una empresa privada, sea cual sea.

Y está la dimensión casi íntima. Si esta gente se reúne en el Club Puerta del Hierro, uno de los más exclusivos de Madrid, la OCI no puede entrar ahí e imponer nada. Si en estas reuniones le piden a Morenés ayuda en forma de conocimientos o contactos, nadie le puede decir que eso no puede hacerlo. Hay infinitud de mecanismos para influir.

Respecto al fenómeno de las puertas giratorias, prohibirlo no sería posible ni sería justo porque se impide la libertad fundamental de cambiar de oficio. Pero es que tampoco terminaría de cambiar las cosas porque hay mil mecanismos para hacer ese traspaso de conocimiento de lo público a lo privado. Ahí soy pesimista.

¿Cuánto de los resortes del franquismo siguen formando parte de nuestra sociedad política y económica?

Muchísimos. La entrada de Podemos y Ciudadanos en el Congreso debería haber servido para eliminar una parte, porque son dos partidos que no están tan vinculados con ese pasado. Pero luego aparece VOX y todo vuelve a resurgir. En un partido aparentemente nuevo pues tienes, por ejemplo, a los Espinosa de los Monteros, que es una saga muy vinculada al régimen. También está la familia Monasterio o la familia Coello de Portugal. Pero tenemos que recordar la mayor parte de los dirigentes de VOX han pasado de una manera u otra por el Partido Popular.

Cuando conoces la historia, te das cuenta de que la transición que se hizo de la dictadura a la democracia no fue completa y que muchos resortes franquistas siguen funcionando a día de hoy. En VOX vemos lo explícito y lo pornográfico de la herencia de la dicturadura, porque lo llevan con orgullo. Pero hay mucho más que no vemos, que está más escondido.

¿Cuál es el papel del IBEX 35 en nuestra democracia?

Son 35 empresas y no deberíamos centrarnos solo en ellas. Hay que tener en cuenta que estas compañías ya han sido penetradas por grandes fondos internacionales que van haciéndose hueco en todas las empresas del mundo e influyen en la gerencia, marcha o decisiones. No habría que fetichizarlas demasiado, pero es cierto que el poder ya no es nacional sino que está conectado internacionalmente. El IBEX 35 es una delegación de ese poder financiero internacional.

Influyen en el día a día. Las grandes empresas forman parte de ese intercambio continuo de personal entre lo público y lo privado. Si miras los puestos de secretario de los consejos de administración de las 35 empresas, te darás cuenta de que un porcentaje superior al 80% son abogados del Estado. ¿Y qué son los abogados del Estado? Son personas formadas en la Administración pública. Y aquí nos damos cuenta de que el IBEX 35 no tiene una naturaleza completamente privada.

Utilizan ese paradigma de lo privado, pero no es verdad. Amancio Ortega es el dueño de una empresa que está dirigida por Pablo Isla, que es abogado del Estado, y que tuvo hasta hace poco a Carlos Espinosa de los Monteros, un ‘teco’ [Técnico Comercial Economista del Estado] y alto funcionario, como vicepresidente. Aquí se pueden ver esas redes dentro del propio IBEX.

A esto hay que añadirle los grandes contratos públicos en los que compiten estas grandes empresas o sus filiales. En las condiciones de estos concursos públicos se puede influir de muchas formas, algunas más legales que otras. El tema de la libre competencia o de la meritocracia, la mayor parte de las veces es falso.

Se me viene a la cabeza el caso de OHL y los presuntos sobornos para conseguir contratos públicos, cuyo presidente es Josep Piqué, un exministro.

Es un ejemplo perfecto. OHL es una empresa con una conexión muy fuerte con la Corona, que le concedió un título aristocrático al patriarca. Villar Mir era ingeniero de Caminos, ministro en la primera parte de la Transición, adepto al régimen… Y luego se descubre el tema de los sobornos. Y no solo esto, sino también el reparto de contratos públicos con otras empresas similares. Porque no solo es construcción, también es la recogida de basuras, la limpieza de colegios… Estos son mecanismos mafiosos al alcance de grandes acumulaciones de capital como OHL.

¿En qué se parecieron y en qué se diferenciaron en este sentido los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero y de Mariano Rajoy?

En el libro utilizo la metáfora de los zorros y los leones, y del erotismo y la pornografía. No es porque unos sean zorros y otros leones, sino porque el sistema les obliga a ser una cosa o la otra. Zapatero llega en un contexto de crecimiento en el que sus economistas de cabecera ignoraban lo que iba a venir. O bien, los más listos como [Miguel] Sebastián, lo intuían pero no conocían la magnitud de lo que se venía, o no querían responsabilizarse de algo de lo que en realidad no eran responsables. Por eso comenzaron con una serie de reformas sociales cuyos beneficios estamos disfrutando ahora mismo y son muy positivos. Pero utilizaron la crispación que había para llevar a cabo un disparate económico que todavía no han reconocido. Y esto se debió a que la tecnoestructura imperante en aquel momento era muy proausteridad ortodoxa. Por eso fueron zorros, porque eran persuasivos. Pero por irresponsabilidad hicieron mucho daño a las familias, porque su pretensión de mantener el superávit público produjo un déficit privado brutal que potenció la explosión de la burbuja. Se postergó el problema y se agravó.

El Gobierno del PP jugó el papel del león porque cogió la política de recortes del PSOE y la multiplicó. Eso generó malestar entre la gente y su forma de parar el malestar fue con restricciones sociales y culturales. No por casualidad ponen en marcha la prisión permanente revisable, la Ley Mordaza, los tejemanejes de Fernández Díaz en Interior… Es una reacción para controlar la agitación en las calles. Es la diferencia entre el PSOE y el PP.

Ni siquiera un Gobierno aparentemente renovado como el de Pedro Sánchez, con un tertuliano televisivo o un astronauta, escapa de esta lógica de la tecnocracia. En el libro lo define como “un gobierno de continuidad administrativa”.

Un buen ejemplo es la ministra de Economía, Nadia Calviño, agradeciendo el apoyo de su preparador de oposiciones. ¿Y quién era? Su predecesor en el Ministerio, del PP. Esa anécdota da buena cuenta del espíritu tan marcado de cuerpo que tienen estas personas. Lo dice de corazón, a pesar de que en la opinión pública no estén bien vistos este tipo de gestos hacia un rival político. Es una realidad paralela, una red interna. Y es un buen ejemplo de la continuidad administrativa.

Sánchez ha hecho cambios en materia de género en la tecnoestructura, de incorporar a más mujeres. Pero si se mantienen ideas equivocadas no sirve de nada. Igual que Zapatero se trajo a muchos técnicos de González, Pedro Sánchez ha hecho lo propio con los de Zapatero. Hay cosas muy incoherentes, por ejemplo, hace un guiño a las renovables y se trae al número dos de Abengoa. Hay que convencer a los poderes fijos, a los que nadie elige, de que no les vas a traicionar, ni vas a hacer locuras.