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sábado, 17 de febrero de 2024

SEMITISMO, JUDAISMO, ISLAMISMO, SIONISMO


(16 de febrero de 2024)

Por Miguel Aragón

 

1.- Con respecto a la Cuestión Palestina, tenemos que volver a estudiar la evolución del semitismo, del judaísmo, del islamismo y del sionismo, a través del tiempo.

2 - Tenemos que volver a estudiar las posiciones que en su momento tuvieron:

 Lenin (década de 1910),

 Mariátegui (década de 1920),

Stalin y los dirigentes de la URSS (segunda mitad de la década de 1940)

Los dirigentes de la URSS (en las décadas de 1950, 1960, y años posteriores)

3.- Recomiendo revisar, en primer lugar, los artículos de Mariátegui sobre el tema ( libro La Escena Contemporánea, última parte; y Figuras y Aspectos de la Vida Mundial).

Y en segundo lugar revisar el siguiente video sobre La URSS e ISRAEL

4.- Con esos antecedentes, fijar una posición definida ante lo que viene ocurriendo en Palestina y en el Medio Oriente en el presente, y cuáles  son sus perspectivas a corto y mediano plazo.

 

https://youtu.be/9pd-7iMhRa4?si=Dfa0DXQcZ8ppGaZY

 

lunes, 9 de julio de 2018

EL PRESIDENTE DE EGIPTO, ABDELFATAH AL-SISI, CLAVE EN EL PLAN DE TRUMP EN EL SINAÍ PARA MATAR AL ESTADO PALESTINO




Jonathan-cook.net
09-07-2018

Traducido del inglés para Rebelión por J. M.


Los informes sugieren que Trump está a punto de revelar un programa de ayuda masiva, pero con la condición de que los palestinos trabajen en Egipto bajo un plan israelí de la "Gran Gaza"

Israel y EE.UU. están en una carrera contra reloj con Gaza. El enigma es absoluto: cómo seguir aislando el pequeño enclave costero del mundo exterior y de Cisjordania para sabotear el peligro de un emergente Estado palestino sin avivar una revuelta masiva de los dos millones de palestinos de Gaza.

Con la Franja de Gaza, Israel no tiene el lujo del tiempo que disfruta en Cisjordania y Jerusalén Este, los dos territorios palestinos adicionales que ocupa. En esas áreas, puede seguir erosionando la presencia palestina, utilizando el ejército israelí, los colonos judíos y las estrictas restricciones al movimiento palestino para apoderarse de recursos claves como la tierra y el agua.

Gaza: un campo de exterminio

Mientras que Israel está involucrado en una guerra de desgaste con la población de Cisjordania, un enfoque gradual similar en Gaza se está volviendo rápidamente insostenible. Las Naciones Unidas han advertido de que el enclave puede estar a solo dos años de convertirse en "inhabitable", con su economía en ruinas y los suministros de agua no aptos para el consumo.

Más de una década de un severo bloqueo israelí, así como una serie de ataques militares, han sumergido gran parte de Gaza en la edad oscura. Israel necesita desesperadamente una solución antes de que la prisión de Gaza se convierta en un campo de exterminio. Y ahora, al amparo del "último plan de paz" de Donald Trump, Israel parece estar al borde de una respuesta.

Las últimas semanas han estado llenas de informes en los medios israelíes y árabes de movimientos de Washington e Israel para presionar a Egipto para que entregue una franja de territorio en el norte de Sinaí, junto a Gaza, para proyectos de infraestructura diseñados para aliviar la "crisis humanitaria" del enclave.

A fines del mes pasado, Hamás, que gobierna Gaza, envió una delegación a El Cairo para discutir las medidas. Esto siguió inmediatamente después de una visita a Egipto de Jared Kushner, el yerno de Donald Trump, quien está supervisando el plan de paz de Medio Oriente.

Explotando los temores egipcios

Según los informes, Trump espera revelar pronto un paquete, asociado con su plan de “acuerdo pacificación del siglo", que se comprometerá con la construcción de una red de energía solar, una planta de desalinización, un puerto marítimo y un aeropuerto en el Sinaí, así como una zona de libre comercio con cinco áreas industriales. La mayor parte del financiamiento provendrá de los estados del Golfo, ricos en petróleo.

Las fuentes diplomáticas egipcias parecen haber confirmado los informes. El programa tiene el potencial de ayudar a aliviar el inmenso sufrimiento en Gaza, donde escasean la electricidad, el agua limpia y la libertad de movimiento. Palestinos y egipcios trabajarían conjuntamente en estos proyectos, proporcionando trabajos desesperadamente necesarios. En Gaza, el desempleo juvenil supera el 60 %.

No se ha aclarado si se alentará a los palestinos de Gaza a vivir en el Sinaí en las proyectadas ciudades de trabajadores migrantes. Sin dudas, Israel esperará que gradualmente los trabajadores palestinos hagan del Sinaí su hogar permanente.

Mientras tanto, Egipto se beneficiará tanto de la enorme inyección de capital en una economía actualmente en crisis como de la nueva infraestructura que se puede utilizar para su propia población en la agitada península del Sinaí.

Vale la pena señalar que durante dos años un ministro del gabinete israelí ha estado proponiendo proyectos de infraestructura similares para Gaza ubicados en una isla artificial que se establecerá en aguas territoriales palestinas. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu ha rechazado repetidamente la propuesta.

En cambio localizar el proyecto en Egipto, bajo el control de El Cairo, unirá las preocupaciones de seguridad egipcias sobre Gaza con las de Israel y servirá para matar el proyecto de Estado para la causa nacional palestina.

Una década de forcejeo

Es importante entender que el plan de Sinaí no es simplemente evidencia de una ilusión por parte de una Administración de Trump inexperta o engañada. Todo indica que el proyecto ha gozado de un apoyo prolongado y vigoroso de establecimiento de políticas de Washington durante más de una década.

De hecho hace cuatro años, cuando Barack Obama estaba firmemente instalado en la Casa Blanca, Middle East Eye puso en evidencia el rumbo de los intentos de Israel y Estados Unidos de manipular una sucesión de líderes egipcios para abrir el Sinaí a los palestinos de Gaza.

Esta ha sido una ambición determinante de Israel desde que sacó a varios miles de colonos de Gaza en la llamada desconexión de 2005 y luego afirmó, falsamente, que la ocupación del enclave había terminado.

Según los informes, Washington ha estado participando desde 2007, cuando la facción islamista Hamás tomó el control de Gaza, derrocando al movimiento Fatah del presidente palestino Mahmoud Abbas. Fue entonces cuando Israel, respaldado por los EE.UU., intensificó su severo bloqueo que destruyó la economía de Gaza e impidió la entrada de productos clave.

Un pequeño Estado palestino

Las ventajas del plan Sinai son evidentes para Israel y Estados Unidos. Las consecuencias serían:
  •  Hacer permanente la división territorial entre Gaza y Cisjordania y la división ideológica entre las facciones rivales de Fatah y Hamás.
  •  Rebajar la calificación de Gaza de una cuestión diplomática a una humanitaria.
  •  Conducir gradualmente al establecimiento de un Estado palestino de facto en el Sinaí y Gaza, mayormente fuera de las fronteras de la Palestina histórica.
  • Alentar el asentamiento eventual de potencialmente millones de refugiados palestinos en territorio egipcio, despojándolos de su derecho marcado por el derecho internacional a regresar a sus hogares, ahora en Israel.
  •  Debilitar los reclamos de Abbas y su Autoridad Palestina, ubicada en Cisjordania, para representar la causa palestina y socavar sus movimientos para lograr el reconocimiento de la condición de Estado en las Naciones Unidas.
  •  Y levantar el oprobio de Israel al cambiar la responsabilidad de reprimir a los palestinos de Gaza a Egipto y al mundo árabe en general.
Plan "Gran Gaza"

En el verano de 2014 los medios de comunicación de Israel informaron de que, con la bendición de Washington, los funcionarios israelíes habían estado trabajando en un plan denominado "Gran Gaza" que uniría el enclave a una gran porción del norte del Sinaí. Los informes sugirieron que Israel había avanzado con El Cairo en la idea.

Funcionarios egipcios y palestinos respondieron públicamente a las filtraciones denunciando el plan como "fabricado". Pero, independientemente de si El Cairo fue receptivo o no, proporcionó aún más confirmación de una estrategia israelí desde una década atrás para Gaza.

Aproximadamente al mismo tiempo un periódico árabe entrevistó a un exfuncionario anónimo cercano a Hosni Mubarak, el presidente egipcio derrocado en 2011. Dijo que Egipto había estado bajo presión concertada desde 2007 para anexarse ​​Gaza al norte del Sinaí, después de que Hamás tomara el control del enclave tras las elecciones palestinas.

Cinco años después, según la misma fuente, Mohamed Morsi, que dirigió un efímero Gobierno de la Hermandad Musulmana, envió una delegación a Washington, donde los estadounidenses propusieron que "Egipto cediera un tercio del Sinaí a Gaza en un proceso de dos etapas que abarcaría de cuatro a cinco años”.

Y parece que desde 2014, el sucesor de Morsi, el general Abdelfattah al-Sisi, se ha enfrentado a un lobby similar.

Zanahorias y palos

Las sospechas de que Sisi podría haber estado a punto de capitular hace cuatro años fueron impulsadas en ese momento por el mismo Abbas. En una entrevista en la televisión egipcia dijo que el plan israelí de Sinaí había sido "desafortunadamente aceptado por algunos aquí [en Egipto]". No me pregunten más sobre eso. Lo eliminamos".

Los animadores neoconservadoras de Israel en Washington que presuntamente se apoyaron en Mubarak en 2007 durante la presidencia de George W. Bush, ahora están influyendo de nuevo en la administración de Trump en la política de Medio Oriente.

Y aunque Sisi parece haber mantenido su posición en 2014, es probable que los drásticos cambios posteriores en la región hayan debilitado su posición.

Tanto Abbas como Hamás están más aislados que nunca y la situación en Gaza es más desesperada. Mientras tanto, Israel ha cultivado lazos mucho más estrechos con los estados del Golfo ya que forman una oposición conjunta a Irán. Y la Administración de Trump ha abandonado incluso la pretensión de neutralidad para resolver el conflicto palestino israelí.

De hecho, el equipo de Trump para Oriente Medio liderado por Kushner adoptó desde el principio el llamado paradigma "desde afuera hacia adentro" de Israel para llegar a un acuerdo de paz.

La idea es utilizar un enfoque de zanahoria y palo (una mezcla de incentivos financieros y sanciones punitivas) para intimidar a Abbas y Hamás para que hagan aún más concesiones importantes a Israel que anularían cualquier idea significativa para la condición de un Estado palestino. La clave de esta idea es que Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos pueden ser reclutados para ayudar a Israel en sus esfuerzos de forzar a los líderes palestinos.

Egipto, según indican los informes actuales, ha recibido presiones similares del Golfo para conceder territorio en el Sinaí para ayudar a Trump con su largamente postergado "acuerdo del siglo".

Amenaza de la Hermandad Musulmana

Sisi y sus generales tienen buenas razones para ser reacios en ayudar. Después de tomar el poder del Gobierno de la Hermandad Musulmana de Morsi, han hecho todo lo posible para aplastar a los movimientos islamistas locales, pero se han enfrentado a una reacción violenta en el Sinaí.

Hamás, que gobierna Gaza, es la organización hermana de la Hermandad Musulmana. Los generales de Egipto se han preocupado de que la apertura del cruce fronterizo de Rafah entre Sinaí y Gaza pueda reforzar los ataques islamistas que Egipto ha luchado por contener. También hay temores en El Cairo de que la opción del Sinaí trasladaría la carga de Gaza sobre los hombros de Egipto.

Aquí es donde Trump y Kushner pueden esperar que sus habilidades para hacer funcionar la rueda puedan lograr un gran avance.

La susceptibilidad de Egipto a los incentivos financieros del Golfo se puso de manifiesto el año pasado cuando el gobierno de Sisi acordó vender efectivamente a Arabia Saudí dos islas estratégicas del Mar Rojo, Tiran y Sanafir que protegen la entrada al golfo de Aqaba y al canal de Suez.

A cambio Egipto recibió del reino miles de millones de dólares en préstamos e inversiones, incluidos proyectos de infraestructura a gran escala en el Sinaí. Según informes, Israel aprobó el trato.

Los analistas han sugerido que la entrega de las islas a Arabia Saudí tenía como objetivo fortalecer la cooperación de seguridad e inteligencia entre Israel, Egipto y Arabia Saudí en el trato con los militantes islámicos en el Sinaí.

Esto se parece ahora sospechosamente al preludio del plan Sinaí informado por Trump.

Sobre las cabezas de los palestinos

En marzo la Casa Blanca recibió a 19 países en una conferencia para considerar nuevas ideas para enfrentar la creciente crisis de Gaza. Además de Israel, los participantes incluyeron representantes de Egipto, Jordania, Arabia Saudí, Catar, Bahrein, Omán y los Emiratos Árabes Unidos. Los palestinos boicotearon la reunión.

Un documento muy favorecido por el equipo Trump fue entregado por Yoav Mordechai, un general israelí y funcionario clave que supervisa la estrategia de Israel en los territorios ocupados. Muchas de sus propuestas, para una zona de libre comercio y proyectos de infraestructura en el Sinaí, se están adelantando.

El mes pasado Kushner visitó Arabia Saudí, Catar, Egipto y Jordania para obtener apoyo. Según las entrevistas en el diario israelí Hayom, los cuatro estados árabes están de acuerdo con el plan de paz, incluso si eso significa pasar por alto a Abbas.

Jackie Khoury, analista palestina del periódico israelí Haaretz, resumió los ingredientes para el plan de Gaza: "Egipto, que tiene un interés vital en calmar a Gaza debido al impacto del territorio en el Sinaí, interpretará al policía que reprime a Hamás. Arabia Saudí, Catar y quizás los Emiratos Árabes Unidos pagarán por los proyectos, que estarán bajo los auspicios de las Naciones Unidas”.

Los esfuerzos de Israel para asegurar la obediencia de Hamás pueden estar indicados por las recientes amenazas de invadir Gaza y diseccionarla en dos, según informó el veterano periodista israelí Ron Ben-Yishai. Estados Unidos también ha avanzado para profundizar la crisis en Gaza reteniendo los pagos al UNRWA, la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados palestinos. La mayoría de la población de Gaza son refugiados que dependen de donaciones de la ONU.

Una ventaja para Hamás al aceptar el plan del Sinaí es que finalmente sería liberado de los controles israelíes y de la Autoridad Palestina sobre Gaza. Sería más capaz de mantener su dominio, siempre que no provocara la ira egipcia.

Modelo de pacificación de Oslo

Los planes de Israel y Washington para Gaza tienen fuertes ecos del modelo de "pacificación económica" que fue el marco para el proceso de paz de Oslo de finales de los años noventa.

Para Israel, Oslo representó una oportunidad cínica para destruir la economía mayoritariamente rural de Cisjordania de la que los palestinos han dependido durante siglos. Israel siempre codició el territorio tanto por su potencial económico como por sus asociaciones bíblicas.

Cientos de comunidades palestinas en Cisjordania dependen de estas tierras para la agricultura, enraizándolas a lugares históricos a través de las necesidades económicas y la tradición. Pero desarraigar a los aldeanos, forzarlos a pasar a un puñado de ciudades palestinas y limpiar la tierra para los colonos judíos, requería de un modelo económico alternativo.

Como parte del proceso de Oslo, Israel comenzó a establecer una serie de áreas industriales, pagadas por donantes internacionales, en la llamada "zona de separación" entre Israel y Cisjordania.

Compañías israelíes e internacionales debían abrir fábricas allí, empleando mano de obra barata palestina con mínimas protecciones. Los palestinos serían transformados de agricultores con un fuerte apego a sus tierras en una fuerza laboral informal concentrada en las ciudades.

Una ventaja adicional para Israel es que convertiría a los palestinos en el último "precariado". Si comenzaran a exigir un Estado o incluso a protestar por sus derechos, Israel podría simplemente bloquear la entrada a las áreas industriales, permitiendo que el hambre pacificase a la población.

Nuevos guardias para la prisión

Hay muchas razones para creer que el objetivo de una iniciativa de Trump e Israel para reubicar gradualmente a los palestinos en el Sinaí mediante la inversión en proyectos de infraestructura es ahora.
Con los intereses de seguridad de los dos países perfectamente alineados, Israel puede entonces confiar en que Egipto pacifique a los palestinos de Gaza en su nombre. Bajo tal esquema, El Cairo tendrá muchas maneras de dar una lección a su nueva fuerza laboral de trabajadores migrantes.

Puede cerrar temporalmente los proyectos de infraestructura, despidiendo a la fuerza de trabajo, hasta que haya silencio. Puede cerrar el único cruce fronterizo de Rafah entre Gaza y Sinaí. Puede cerrar las plantas de electricidad y desalinización, privando a Gaza de energía y agua limpia.

De esta forma, Gaza puede mantenerse bajo control de Israel sin que éste tuviera ninguna culpa. Egipto se convertiría en el guardián visible de la prisión Gaza, al igual que Abbas y su Autoridad Palestina han asumido la carga de servir como carceleros en gran parte de Cisjordania.

Este es el modelo de Israel para Gaza. Pronto podremos averiguar si es compartida por Egipto y los estados del Golfo.



domingo, 8 de julio de 2018

¿SE ACUERDAN DE LOS 4 NIÑOS PALESTINOS ASESINADOS CUANDO JUGABAN AL FÚTBOL?




A 4 años del comienzo de una masacre más a Gaza, recordamos a los 4 niños Bakr, asesinados por jugar en la playa. Se llamaban Ismael, Mohamed, Ahed y Zakari Bakr.

viernes, 29 de diciembre de 2017

JERUSALÉN Y LA PREPOTENCIA IMPERIAL




29-12-2017

Israel debe ser como un perro rabioso, muy peligroso para ser molestado.” General Moshé Dayán

¿Qué pasaría si el presidente de un determinado país, pongamos como ejemplo Guatemala, o las Islas Marshall, unilateralmente decidiera trasladar la embajada de su país en Estados Unidos, es decir de Washington a otra ciudad distinta de la capital: digamos a Atlanta, o Las Vegas? Además de tomarlo por chiflado, ello provocaría un revuelo tal (o un escarnio tal) que la medida ni remotamente podría concretarse. ¿Por qué no sucede lo mismo con lo que acaba de hacer el presidente estadounidense Donald Trump con la decisión de trasladar la sede diplomática de su país en Israel, desde la capital Tel Aviv a la ciudad de Jerusalén?

Porque esa potencia se mueve como dueña del mundo. Obviamente no lo es, pero su pretensión va por ese lado. Lo que hace, saltándose todo tipo de norma jurídica internacional, es una demostración de su prepotencia, de su soberbia imperial. En alguna ocasión, hace unos pocos años, John Bolton, funcionario de alto nivel de Washington, dijo sin tapujos: Cuando Estados Unidos marca el rumbo, la ONU debe seguirlo. Cuando sea adecuado a nuestros intereses hacer algo, lo haremos. Cuando no sea adecuado a nuestros intereses, no lo haremos”. Lo proclamado por el presidente Trump va en ese sentido.

El anuncio del traslado de la embajada en Israel complica más aún la ya complicada, compleja, incendiaria situación de Medio Oriente. En modo alguno esto contribuye al proceso de paz entre israelíes y palestinos sino que, por el contrario, lo aleja, lo boicotea. ¿Por qué, entonces, toma esta medida Donald Trump? Hacer un análisis pormenorizado de la misma impone tratar de sintetizar innúmeros y variados elementos, sabiendo que muchos de ellos son fragmentarios, o se mueven en el más absoluto secretismo, de ahí la dificultad de su comprensión. De todos modos es necesario intentar entender por dónde va el proceso, para ir más allá de la crónica roja –e ideológicamente peligrosísima– de continuas muertes entre “judíos y terroristas árabes” por “motivos religiosos”. Esa televisiva forma de presentar los acontecimientos entorpece el análisis, obviando los elementos reales en juego: lucha de clases e intereses capitalistas. Lo que menos está en juego aquí son elementos de fe religiosa, aunque así se pretenda presentarlo.

Donald Trump efectivizó lo que ningún presidente estadounidense se había atrevido a concretar desde 1995, año en que una medida legislativa del Congreso de Estados Unidos ya fijaba el traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén. Todos los mandatarios habían evitado efectivizar la medida, sorteándola con prórrogas semestrales. ¿Por qué lo hace ahora Trump?

Hay varias explicaciones, seguramente interactuantes entre sí. Lo que sí, de ningún modo es una extravagancia de un presidente loco, excéntrico, una pura bravuconada descontextualizada. En todo caso, todas las políticas imperiales de Washington son una bravuconada, siendo que el estilo del actual mandatario es menos “políticamente correcto” que otros. Pero la medida actual de ningún modo puede tomarse como la expresión de una ocurrencia caprichosa. Hay lógicas férreas tras todo esto, hay procesos que dan cuenta de la decisión.

Por un lado, se ha intentado ver esto como una medida determinada por la situación doméstica: existe la posibilidad que el ahora ex asesor de Seguridad Nacional, el general Michael Flynn, testifique contra el presidente en el caso de la denunciada injerencia rusa en las pasadas elecciones. La situación se podría complicar así para Trump, por eso, la presente medida sería un distractor buscando el apoyo del Congreso, supuestamente influenciado (¿dominado?) por el llamado lobby judío. Con ello elevaría el perfil de su yerno, el judío Jared Kushner (casado con su hija Ivanka, quien se convirtiera a la fe judía), investigado ahora por la justicia en relación al caso de Rusia, apelando de esa manera a la influencia israelí para salir del atolladero.

En esa línea hay quien interpreta la medida como una cuestión explicable por razones enteramente de política interna: ahora que su popularidad está en franco descenso, Trump intentaría recuperar el apoyo de millones de votantes de derecha, conservadores, reaccionarios, en especial de evangélicos fundamentalistas, que fueron determinantes para ganar la presidencia. Y también enviando un guiño al lobby judío, tan importante en la financiación de las campañas presidenciales, cumpliéndole así la promesa oportunamente formulada de traslado de la capital hacia Jerusalén.

Con todo esto se podría pensar (buena parte de analistas así lo cree) que Trump responde a las presiones de ese llamado lobby judío, la poderosa AIPAC (American Israel Public Affairs Committee) en principio –el Comité de Asuntos Públicos Israel-Estados Unidos–, quien en su página electrónica expresa: “Los Estados Unidos e Israel forman una alianza única para enfrentarse a las cada vez mayores amenazas estratégicas de Oriente Medio. Este esfuerzo colaborador ofrece beneficios importantes tanto para los Estados Unidos como para Israel. Ello presenta, una vez más, una cierta teoría conspirativa. De ese modo, ese supuesto lobby judío sería el responsable de la política exterior estadounidense. Cada medida que toma cualquier presidente sentado en la Casa Blanca responde a los mandatos de ese lobby, que pareciera moverse en las sombras pero con un poder inaudito.

La política imperial de Washington la fijan los intereses de sus grandes megacapitales, que no tienen otra lógica que la interminable acumulación capitalista, sin importar credos religiosos (pudiendo ser judíos o no). En un brillante análisis “Sobre el «lobby judío”, del Grupo ReVista, publicado el 9 de agosto de 2012, puede entenderse más a fondo el mito en juego que hay allí: En cuanto al aporte de los distintos grupos de lobby “La industria de la minería, particularmente la del carbón, ocupa el segundo lugar con casi 100 millones de dólares entre 2007 y 2010. Le sigue la Industria de la Defensa, de la que el informe no aclara montos. La industria del agro, alimentación y tabaco gastan “más de 150 millones al año, financiando campañas” y haciendo lobby. Por supuesto, las petroleras no van a la zaga: “150 millones en 2010”. El lobby financiero le sigue, pero no se aportan cifras. Las grandes industrias farmacéuticas gastaron más de 25 millones de dólares en 2009; seguidas de cerca, sí, aunque no lo puedan creer, por la Asociación Americana de Personas Retiradas, que gastaron 22 millones de dólares en lobby. La Asociación Nacional del Rifle, según este informe, gastó 7.2 millones de dólares en las elecciones de 2010. Y, ahora sí, el omnipresente y omnipotente lobby pro-israelí, el AIPAC, que gastó… 4 millones de dólares en 2010. Veamos, algo va mal: si un lobby logra tantísimo con 4 millones de dólares, o son de una astucia e inteligencia inenarrables, o bien la torpeza del resto es gigantesca (lo cual, por otra parte, es inverosímil: cómo, entonces, han llegado a obtener tantísimo dinero).

Más acertadamente, creemos, se podría entender la medida de Trump como la expresión de una política exterior sostenida por Washington en el tiempo, que ahora, sin ambages, se permite dar un manotazo sobre la mesa sin guardar las formas de corrección política. Sin ningún lugar a dudas el reconocimiento de Jerusalén Este como capital de Israel traerá más conflictos en la región, de por sí ya muy convulsionada. Esto hace saber al mundo que Estados Unidos ya no considera la ocupación israelí en Jerusalén Oriental como un acto ilegal, avalando así los asentamientos judíos construidos después de la Guerra de 1967, los cuales vulneran el derecho internacional según el Convenio de Ginebra. Por supuesto que esto traerá la reacción de los palestinos (que ya comenzó, y no sería improbable que se forme una Tercera Intifada), o de buena parte del mundo musulmán incluso, lo que se verá reflejado en más represión por parte del Estado de Israel. La posibilidad de creación de un estado palestino queda así relegada sin fecha, lo que militarmente significa más guerra para toda el área (¿más negocio para el complejo militar-industrial?)

En otros términos: la medida de Trump, rechazada por la amplia mayoría de países, no es sino la escenificación “sin anestesia” (un tanto brutalmente, como es el estilo de este magnate arrogante, “macho” probado) de una inveterada política estadounidense respecto a Israel, más allá de las presiones de un pretendido todopoderoso lobby judío. ¿Por qué Washington, en solitario, sigue apoyando al Estado israelí, más allá de todas las condenas que pueda haber hecho la comunidad internacional, más allá del derecho internacional, más allá de las medidas enjuiciatorias emanadas de la ONU? ¿Por qué Israel es el país que más ayuda recibe como cooperación internacional de parte del país americano: 3.000 millones de dólares anuales? ¿Por qué su poderío nuclear ni se menciona, cuando a Washington lo enfurece el desarrollo atómico de Irán o de Corea del Norte? ¿Por qué tolera la continua violación flagrante de derechos humanos contra el pueblo palestino, una de las más monstruosas aberraciones humanas, comparable a las atrocidades que décadas atrás cometieron los nazis contra los judíos en los oprobiosos campos de concentración europeos, tan abiertamente condenados por Washington? Porque la clase dominante de Estados Unidos hace lo que quiere, considerándose dueña del mundo: “Cuando sea adecuado a nuestros intereses hacer algo, lo haremos. Cuando no sea adecuado a nuestros intereses, no lo haremos”. Y el Estado de Israel sirve a esos intereses imperiales de los grandes megacapitales norteamericanos.

¿Por qué Estados Unidos apoya a Israel?”, se preguntaba Stephen Zunes en un muy lúcido análisis: “Las frecuentes guerras libradas por Israel han servido de campo de pruebas para el armamento norteamericano, a menudo contra el armamento soviético. Israel ha servido como conducto para suministrar armamento norteamericano a regímenes y movimientos demasiado impopulares en Estados Unidos como para concederles ayuda militar directa, como el régimen del apartheid en Sudáfrica, la República Islámica de Irán, la Junta Militar de Guatemala, o los contra en Nicaragua. Asesores militares israelíes han ayudado a la Contra, a la Junta de El Salvador, y a las fuerzas de ocupación presentes en Namibia y el Sáhara Occidental. Los servicios de inteligencia de Israel han ayudado a los servicios de inteligencia de Estados Unidos en la recogida de información y en operaciones secretas. Israel cuenta con misiles capaces de llegar hasta la antigua Unión Soviética, tiene un arsenal nuclear de cientos de armas, y ha cooperado con la industria militar de Estados Unidos en la investigación y el desarrollo de nuevos aparatos de vuelo y sistemas de defensa antimisiles. (…)  La correlación está clara: cuanto más fuerte y más dispuesta a cooperar con los intereses de Estados Unidos se muestra Israel, mayor es el apoyo que se le brinda.”

En otros términos, el Estado de Israel es una avanzada de la política exterior estadounidense en Medio Oriente. Está ahí, armado hasta los dientes (se sabe que dispone de hasta 400 armas atómicas, no declaradas oficialmente, existiendo lo que se conoce como Opción Sansón –estrategia de disuasión de retaliación masiva con armas nucleares en contra de las naciones cuyos ataques militares amenazan su existencia–) para cuidar los intereses estadounidenses, intereses que ¡no son religiosos precisamente!

Está ahí, y seguirá estando –la medida de Trump envía el mensaje claramente– para:

1.     disciplinar a todo aquel que intente tomar alguna medida popular con tinte socialista, o que ponga en entredicho los intereses estadounidenses, extendiendo así la lógica de la Guerra Fría (Israel comenzó a ser una “delegación militar” de Estados Unidos en la década de los 60 del siglo pasado, cuando el “socialismo árabe” pro soviético comenzaba a expandirse por la región);
2.     cuidar las reservas petroleras de las que se aprovecha la economía norteamericana (el Consejo de Cooperación del Golfo –compuesto por Kuwait, Qatar, Omán, Arabia Saudita, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos, el mayor proveedor de petróleo del mundo, constituido por regímenes conservadores disciplinadamente alineados con Washington, un muy importante comprador de equipo militar del complejo militar-industrial americano–, es un aliado de Israel, lo que evidencia que no todo el mundo árabe o musulmán está enfrentado con ese país);
3.     contener el avance de las geoestrategias de Rusia, China o de Irán;

Sin cuidar las formas –parece que a este presidente eso no le preocupa mucho– Trump ha hecho saber al mundo que el complejo militar-industrial (que podrá ser judío o no, eso no importa, es casi anecdótico) sigue marcando el ritmo de la política imperial de Washington. Lo cual evidencia, por otro lado, que el capitalismo, en tanto sistema global, no puede ofrecer solución a los problemas de la Humanidad, puesto que su única salida, su única posibilidad de supervivencia, es la guerra. Por lo que, una vez más, son válidas las palabras de Rosa Luxemburgo: “socialismo o barbarie”.