Vida de
Assange segue sob risco
Foto:
Henry Nicholls - Reuters
10
razones para salvar el futuro del periodismo
14/10/2020
El ex diplomático ecuatoriano que le dio asilo
político a Julian Assange informa sobre la audiencia de extradición del
periodista de WikiLeaks, y explica por qué es “el caso más importante contra la
libertad de expresión de toda una generación”.
Al término de las audiencias que buscan extraditar
a los Estados Unidos al periodista Julián Assange, el 1 de octubre, su equipo de defensa debería
sentirse triunfante pues. Porque con más de 30 testigos y testimonios, durante
todo el mes de septiembre le propinó una paliza jurídica a los fiscales que
representan a los EE.UU.
Si el caso en Londres se juzga en estricta
justicia, como corresponde en un estado de derecho, esta batalla habría sido
ganada por Assange.
Sin embargo, el denominado “juicio del siglo” es,
sobre todo, un juicio político y queda la sensación de que la decisión podría
estar tomada de antemano, independientemente del derecho.
La corte arrancó el 7 de septiembre del 2020 con
cientos de manifestantes en los exteriores, en contraste con las restricciones
que la corte impuso al interior, en lo que es el caso más importante contra la
libertad de expresión de toda una generación.
Solo se permitió el ingreso de cinco personas en la
lista de “familiares” y de cinco personas del público, estos últimos ubicados
en una sala aledaña, donde apenas se podía seguir una transmisión de video.
La jueza Vanessa Baraitser, a cargo del caso, sin
explicación convincente, revocó el acceso a la transmisión en video que
previamente había autorizado a cerca de 40 organizaciones de derechos humanos y
observadores internacionales, de la talla de Amnistía Internacional, Reporteros
sin Fronteras o PEN International.
Cada día, desde las 5 de la mañana, abnegados
activistas hicieron fila para que observadores como Reporteros sin Fronteras,
por ejemplo, pudieran ingresar y ocupar uno de los cinco puestos disponibles.
Gracias a ellos, y a los familiares de Assange, es que yo logré estar en la
corte para observar la mayoría de las audiencias.
El propio Assange también debió levantarse, cada
día, a las 5 de la mañana para someterse, desnudo y esposado, a humillantes
inspecciones y escaneos con rayos X, antes de embarcarse en un camión policial
y atravesar el tráfico londinense por más de una hora y media.
Para las 10 de la mañana, hora en que diariamente
sesionaba la corte, Assange ya llevaba encima cinco horas de ultraje, antes de
ubicarse el resto del día en una cabina de vidrio.
Para comunicarse con sus abogados, Assange debía
arrodillarse para hablarles a través de una rendija, a escasos metros de los
oídos de los abogados acusadores, algo claramente en contra de un debido
proceso.
La defensa empezó solicitando el diferimiento de las
audiencias, en vista de que los EE.UU. presentaron de última hora una nueva
solicitud de extradición, con nuevos elementos que Assange ni siquiera había
podido revisar.
Durante los seis meses previos, Assange
prácticamente no tuvo acceso a sus abogados. La jueza, sin embargo, denegó
cualquier diferimiento.
La defensa ha basado su estrategia en probar que
existe un abuso del proceso legal en varias categorías entrelazadas. En este
extenso resumen, me permitiré exponer las 10 razones que identifico como las
más importantes contra la extradición.
Para este ejercicio me he apoyado, además, en la cobertura
del reportero norteamericano Kevin Gosztola y en la del ex diplomático
británico Craig
Murray, junto a quien compartí asiento en la corte.
1) La acusación es por un “delito político”, no
sujeto a extradición. Publicar información clasificada y verdadera no es un
crimen.
Julian Assange sería juzgado bajo la Ley de
Espionaje de Estados Unidos por un “delito” típicamente político, excluido de
los acuerdos de extradición entre el Reino Unido y EE.UU.
La Fiscalía norteamericana ha advertido, además,
que Assange, en su calidad de extranjero, no podría ampararse en la Primera
Enmienda estadounidense. Es decir, en EE.UU. para un extranjero aplican los
castigos, pero no las protecciones de la ley.
El director de la Fundación para la Libertad de
Prensa, Trevor Timm, le dijo a la corte que la extradición de Assange sería el
“fin del periodismo de seguridad nacional” porque criminalizaría a todos los
reporteros que reciben un documento secreto.
Criticó la acusación por posesión de un “buzón
seguro” (SecureDrop) como un delito, pues The Guardian, Washington Post, New
York Times y más de 80 otras organizaciones de noticias, incluido el Comité
Internacional de Periodistas de Investigación, tienen hoy también buzones
seguros.
Timm dijo que el Departamento de Justicia tiene una
orientación política, que la Fiscalía no puede decidir quién es periodista y
quién no y que los cargos contra Assange “reescribirían radicalmente” la
Primera Enmienda.
Esto fue afirmado también en el testimonio escrito
del director del Instituto Knight de la Primera Enmienda en la Universidad de
Columbia, Jameel Jaffer, quien aseguró que la acusación contra Assange tiene
como objetivo disuadir al periodismo que es esencial para la democracia y
representa una grave amenaza para la libertad de prensa.
El profesor de periodismo y ex reportero de
investigación Mark Feldstein atestiguó que las filtraciones son el “elemento
vital” del periodismo de investigación, que la recopilación de información
clasificada es un “procedimiento operativo estándar” para los periodistas y que
las publicaciones de WikiLeaks están protegidas constitucionalmente.
El abogado estadounidense, Eric Lewis, ex profesor
de derecho en la Universidad de Georgetown, aseguró que el gobierno de Obama
decidió, finalmente, no enjuiciar a Assange por lo que se conoce como el
problema del New York Times, es decir: no había forma de procesarlo por
publicar información clasificada, sin que la misma teoría se aplicara a muchos
otros periodistas.
Lewis atestiguó que la administración de Trump, de
repente, decidió presionar a los fiscales del Distrito Este de Virginia y citó
un artículo del New York Times que hace referencia a Matthew Miller, el ex
portavoz del Departamento de Justicia en la administración de Obama, que dijo
que el precedente podría amenazar a todos los periodistas.
El mismo criterio expresó ante la corte el abogado
Thomas A. Durkin, ex Fiscal adjunto de los Estados Unidos y profesor de
derecho: “… que la administración Trump ordenara la reapertura del caso fue
claramente una decisión política.”
Tanto Thomas Durkin como Eric Lewis aseveraron que
Assange sería condenado de por vida, puesto que las sentencias por espionaje en
los EE. UU., generalmente, son de cadena perpetua y las más leves van de 20 a
30 años.
El abogado Carey Shenkman, quien escribió un libro
sobre la historia y uso de la Ley de Espionaje, atestiguó que esa ley es
“extraordinariamente amplia” y una de las leyes más divisivas de Estados
Unidos. “Nunca, en el siglo de historia de la Ley de Espionaje, ha habido una
acusación contra un editor estadounidense… y tampoco una acusación extraterritorial
de un editor no estadounidense”.
La Fiscalía, por su parte, en lo que fue una de las
más terroríficas admisiones escuchadas en la corte, reconoció que, si bien la
Ley de Espionaje nunca ha sido utilizada en contra de un periodista, su extenso
alcance sí les permitiría hacerlo en esta ocasión.
La abogada Jennifer Robinson, miembro del equipo
jurídico de Assange, sometió a la corte un testimonio escrito relatando una
oferta de indulto por parte del Presidente Trump, a cambio de que Julián Assange
identificara la fuente de las publicaciones de WikiLeaks de las filtraciones
del Comité Nacional Demócrata (DNC) en 2016.
La oferta fue transmitida por el congresista
estadounidense Dana Rohrabacher durante una visita a la Embajada de Ecuador. El
congresista habría explicado que la información de Assange sobre la fuente de
las filtraciones sería de “interés, valor y ayuda para el Presidente”, que
quería “resolver la especulación en curso sobre la participación rusa”.
La oferta de la Casa Blanca demostraría la
naturaleza politizada del caso, puesto que los cargos se presentaron después de
que Julián Assange se negó a proporcionar ninguna información.
El laureado periodista de investigación Patrick
Cockburn, con más de 30 años escribiendo para The Independent, en su testimonio
escrito dijo que Assange es perseguido porque expuso “la forma en que EE. UU.,
como única superpotencia mundial, realmente llevó a cabo sus guerras, algo que
los establecimientos militares y políticos vieron como un golpe a su credibilidad
y legitimidad.”
Por su parte, el periodista Ian Cobain, que trabajó
para The Guardian durante las publicaciones de Wikileaks en 2010, en su
testimonio escrito dijo que Assange es perseguido porque “Siempre existe el
entendimiento…. de que cualquier persona que tenga conocimiento de los crímenes
estatales y que se presente para corroborar las acusaciones sobre esos
crímenes, puede enfrentar un proceso judicial.”
El famoso profesor Noam Chomsky, en su testimonio
escrito le dijo a la corte: “Julián Assange … ha prestado un enorme servicio a
todas las personas del mundo que atesoran los valores de la libertad y la
democracia y que, por lo tanto, exigen el derecho a saber lo que hacen sus
representantes electos. Sus acciones, a su vez, lo han llevado a ser perseguido
de manera cruel e intolerable.”
Pero, por si quedasen dudas de la naturaleza
política del caso, ha sido la propia jueza Baraitser quien en la corte confesó
que su intención original era tener un veredicto antes de las elecciones presidenciales
estadounidenses y ha preguntado a la Defensa y a la Fiscalía qué implicaciones
habría en tener un dictamen después de dichas elecciones.
¿Por qué una jueza británica, que se supone debería
impartir justicia únicamente basada en hechos y pruebas, está pendiente de un
evento puramente político en otro país para emitir su fallo?
2) Nunca hubo una divulgación imprudente de
nombres. Nadie ha sufrido consecuencia alguna por las publicaciones de
Wikileaks.
El ya legendario denunciante de los Papeles del
Pentágono, Daniel Ellsberg, le dijo a la corte que está “totalmente en
desacuerdo con la teoría de ‘Ellsberg bueno y Assange malo…” y que Julián hizo
“todo lo posible” para redactar o retener información dañina, trabajando con
los medios de comunicación en el proceso de redacción.
Los Papeles del Pentágono eran ultrasecretos (Top
Secret), pero los documentos de Wikileaks no tenían clasificaciones de
distribución restringidas y que, por definición, no debería haber nada
genuinamente sensible.
Ellsberg dijo que Assange retuvo 15.000 archivos de
los registros de la guerra de Afganistán para proteger nombres y que también
solicitó ayuda al propio Departamento de Estado y al Departamento de Defensa
para redactar nombres, pero que el gobierno se negó a ayudar, a pesar de que es
una práctica periodística estándar consultar a los funcionarios para minimizar
el daño.
Ellsberg confirmó que, en el consejo de guerra de
Chelsea Manning, el propio Departamento de Defensa admitió que no podía señalar
una sola muerte como resultado de las publicaciones de WikiLeaks.
El cofundador de la organización Iraq Body Count
(IBC), John Sloboda, cuyo trabajo ha sido reconocido por la ONU y la UE,
atestiguó que trabajó con WikiLeaks y los medios de comunicación en la
preparación de los documentos de la guerra de Irak, antes de su publicación.
Sloboda narró como Julián Assange impuso y dirigió todo un “proceso de
redacción muy estricto” para proteger posibles daños.
Wikileaks usó un software capaz de editar miles de
documentos, identificando cada palabra que no estaba en un diccionario de
inglés y así eliminar, automáticamente, los nombres árabes, por ejemplo. Luego,
los archivos se escanearon nuevamente para eliminar ocupaciones, como “médico”
o “conductor”, a fin de proteger aún más las identidades.
La edición tomó “semanas” y fue un “proceso
minucioso”, relató Sloboda. “Hubo una presión considerable sobre Wikileaks
porque los otros medios querían apresurarse a publicar más rápido”, pero “la
postura de Assange y WikiLeaks fue ser excesivamente cautelosos”.
John Goetz, actual Jefe de Investigaciones de la
televisión pública alemana, NDR, confirmó que cuando trabajó junto a Assange en
2010, representando a de Der Spiegel, WikiLeaks tuvo un “riguroso proceso de
redacción” y que Assange estaba obsesionado por mantener seguros los documentos
clasificados y prevenir divulgaciones perjudiciales.
“Recuerdo estar muy irritado por los constantes e
interminables recordatorios de Assange de que necesitábamos estar seguros”, y
que WikiLeaks “terminó eliminando más cosas que incluso el Departamento de
Defensa”. Assange discutió con frecuencia “cómo encontrar nombres
confidenciales para que pudiéramos redactarlos y tomar medidas para asegurarnos
de que nadie estuviera en riesgo”.
El periodista Nicky Hager, autor del libro “Nueva
Zelanda en Afganistán, Irak y la guerra contra el terrorismo”, atestiguó que
uno de sus trabajos fue “identificar cualquier [cable] que no debería ser
liberado por razones como la seguridad personal de las personas mencionadas” y
que el personal de WikiLeaks estuvo “comprometido en un proceso cuidadoso y
responsable”.
Estaba “asombrado” al ver el nivel de cuidado que
estaban tomando para redactar información que podría dañar a terceros.
“Personas trabajando en silencio durante horas y horas” revisando documentos.
La experimentada periodista italiana Stefania
Maurizi, cuya persistente investigación demostró como la Fiscalía Británica
presionó a su contraparte sueca para que no interroguen a Assange en Londres,
en su testimonio escrito dijo:
Yo mismo tuve acceso a 4.189 cables…. Me senté con
Assange y revisé los cables de la manera más sistemática posible… Todo se hizo
con la máxima responsabilidad y atención… Esa fue la primera vez que trabajé en
una empresa editorial que implicase procedimientos tan estrictos… Incluso
colegas internacionales experimentados encontraron los procedimientos
exagerados, involucrando protecciones, considerablemente, más allá de las que
cualquiera de ellos estaba acostumbrado a ejercer… ni el trabajo realizado por
colegas cercanos sobre historias de la mafia italiana, que requieren extrema
precaución y seguridad, nunca alcanzó estos niveles.
3) Las publicaciones de Wikileaks son información
verdadera y de relevancia histórica.
El abogado británico-estadounidense Clive Stafford
Smith, fundador de la organización Reprieve, atestiguó que WikiLeaks arrojó luz
sobre la tortura a los detenidos en Guantánamo, pues se reveló que muchos no
eran terroristas, sino que habían sido apresados en Afganistán por un sistema
de recompensas. Las peores acusaciones se habían “montado” contra prisioneros,
a menudo obligados a admitirlas bajo tortura.
Stafford Smith explicó que gracias a Wikileaks se
conoce sobre el uso de técnicas de tortura, como la garrucha, o colgamiento de
las muñecas hasta que los hombros se disloquen y puso de ejemplo la tortura de
Binyam Mohamed, un ciudadano británico al que le cortaban los genitales a
diario con una cuchilla de afeitar.
El litigio contra los mortíferos programas de
ataque con drones de Estados Unidos en Paquistán hubiera sido imposible sin
WikiLeaks, Stafford Smith opinó.
John Sloboda de Iraq Body Count, explicó que los
Registros de la Guerra de Irak constituyeron “la mayor contribución al
conocimiento público sobre las bajas civiles en Irak”, ya que revelaron un
estimado de 15,000 muertes previamente desconocidas.
Patrick Cockburn, de The Independent, dijo que
“Wikileaks hizo lo que todos los periodistas deberían hacer, que es poner a
disposición del público información importante, permitiendo a las personas
emitir juicios basados en evidencia sobre el mundo que los rodea y, en
particular, sobre las acciones de sus gobiernos”.
Cockburn agregó que los informes publicados por
Wikileaks transmiten colectivamente la realidad de la guerra “mucho mejor que
incluso los relatos periodísticos mejor informados”, en los cuales, por lo
general, los civiles muertos “se identificaban automáticamente como
“terroristas” atrapados en el acto, independientemente de la evidencia en
contrario”.
El experiodista Dean Yates, quien fue Jefe de la
Oficina de Reuters en Bagdad en 2007 y 2008, en su declaración escrita le dijo
que no fue hasta 2010, cuando WikiLeaks publicó el video Collateral Murder, que
se conoció la verdad sobre la muerte de sus colegas periodistas, Namir Noor-Eldeen
y Saeed Chmagh.
Yates relató sobre los intentos de Estados Unidos
para esconder la verdad, pues los militares le mostraron solo parte del video.
La única persona que le reveló la verdad fue Assange.
“Si no hubiera sido por Chelsea Manning y Julián
Assange, la verdad de lo que les sucedió a Namir y Saeed, la verdad de lo que
sucedió en esa calle de Bagdad el 12 de julio de 2007, no se habría dado a
conocer al mundo. Lo que Assange hizo fue 100% un acto de decir la verdad,
exponiendo al mundo lo que fue en realidad la guerra en Irak y cómo se
comportaron y mintieron los militares estadounidenses.”
En ese punto, la jueza Baraitser interrumpió el
testimonio de Yates, por presiones reiteradas de la Fiscalía. Es irónico que en
una corte se busque criminalizar al periodismo, pero se evite al máximo
escuchar sobre los crímenes denunciados por el periodismo.
Eso fue lo que sucedió con el esperado testimonio
del ciudadano alemán–libanés Khaled el-Masri, secuestrado y torturado por la
CIA, quien por “problemas técnicos” con la transmisión online no atestiguó en
persona. La jueza desistió entonces de escucharlo, también por presión de la
Fiscalía, lo que provocó la reacción de Julián Assange que indignado reclamó:
“No censuraré la declaración de una víctima de tortura ante este tribunal… no
lo aceptaré”.
La Fiscalía, finalmente, permitió que se leyera un
resumen de la declaración escrita: El-Masri fue llevado a un sitio negro de la
CIA en Afganistán, donde fue golpeado, registrado al desnudo, sodomizado,
alimentado a la fuerza a través de un tubo por la nariz, sometido a una
privación sensorial total y a otras formas crueles de trato inhumano durante
seis meses.
Al final, cuando los torturadores se dieron cuenta
que tenían al hombre equivocado, éste fue abandonado con los ojos vendados en
una remota carretera en Albania. Cuando regresó a Alemania, su casa estaba
desierta y su esposa e hijos se habían ido.
El periodista Goetz de la televisión pública
alemana demostró que su historia era cierta y rastreó a los agentes de la CIA
involucrados. Fiscales de Munich emitieron órdenes de arresto para los
secuestradores, pero nunca se ejecutaron.
Las publicaciones de Wikileaks evidenciaron la
presión de Estados Unidos sobre el gobierno alemán para bloquear la
investigación judicial de un crimen. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos,
basado explícitamente en los cables de Wikileaks, le dio la razón a El-Masri,
quien le escribió a la corte:
La publicación de Wikileaks ha sido esencial para
lograr la aceptación de la verdad del crimen y del encubrimiento… Sin una
exposición dedicada y valiente de los secretos de estado en cuestión, lo que me
sucedió nunca habría sido reconocido y entendido.
4) Wikileaks no publicó primero los cables
diplomáticos sin redactar, pero solo Julián Assange es perseguido.
Tres de los 18 cargos contra Assange lo acusan de
publicar, específicamente, los cables diplomáticos no redactados, pero la
Defensa y sus testigos demostraron que WikiLeaks no fue el primer medio en
publicar ese archivo y que quienes lo hicieron no han sido procesados.
WikiLeaks tomó cuidado de cifrar el archivo, pero acciones fuera del control de
Assange llevaron a su publicación.
El profesor alemán de ciencias de la computación,
Christian Grothoff, testificó sobre su investigación de la cronología de los
eventos en 2011. Grothoff revisó la línea de tiempo: en el verano de 2010,
WikiLeaks compartió los cables con el periodista de The Guardian David Leigh, a
través de un archivo en un sitio web temporal protegido con una contraseña de
cifrado muy fuerte. Assange escribió solo parte de la contraseña en un papel.
WikiLeaks y sus socios de medios comenzaron a publicar los cables editados en
noviembre de 2010.
Wikileaks sufrió constantes ataques a sus
servidores y copias espejo de su archivo fueron creadas alrededor del mundo
para proteger la información. Esas copias eran inaccesibles sin la clave
segura. En febrero de 2011, los periodistas de The Guardian, David Leigh y Luke
Harding, publicaron un libro en el que el título de un capítulo era la
contraseña completa para los cables no redactados. Una vez que el libro publicó
la clave, Wikileaks ya no tenía poder de eliminar los archivos espejos, o cambiar
el cifrado.
El 25 de agosto de 2011, el semanario alemán Der
Freitag publicó un artículo en el que explicaba que la contraseña que revelaron
Leigh y Harding podría usarse y en pocos días el archivo completo, sin cifrar
ni editar, apareció en Cryptome.org, una plataforma establecida en EE. UU. Los
sitios web MRKVA y Pirate Bay también publicaron copias del archivo.
El 1 de septiembre, el gobierno de los Estados
Unidos había accedido por primera vez al caché no redactado, a través de Pirate
Bay. El profesor Grothoff testificó que no había podido encontrar un solo
ejemplo del código publicado en línea antes de que los periodistas The Guardian
lo publicaran en su libro.
Assange y su compañera miembro de WikiLeaks, Sarah
Harrison, llamaron al Departamento de Estado para advertir que los cables no
redactados estaban en línea, pero esas advertencias fueron ignoradas. La
periodista Stefania Maurizi relató en su testimonio que estuvo reunida con
Wikileaks el mismo día en que se descubrió que los cables habían sido
publicados, fuera del control de Assange.
“Recuerdo que cuando llegué hubo fuertes
discusiones sobre qué hacer. Julián Assange estaba claramente preocupado por la
situación a la que se enfrentaba Wikileaks”, dijo Maurizi. Ya que durante más
de un año se habían tomado todas las medidas posibles para evitarlo, “Assange
mismo estaba haciendo intentos urgentes de informar al Departamento de Estado
de que la información circulaba fuera del control de Wikileaks”.
Wikileaks debió liberar los cables el 2 de
septiembre del 2010 y publicó un editorial indicando que “El periodista de Guardian reveló negligentemente las
contraseñas de Cablegate“.
El periodista Glenn Greenwald, premio Pulitzer por
publicar las revelaciones de Edward Snowden, escribió aquel día:
Una vez que WikiLeaks se dio cuenta de lo que había
sucedido, notificaron al Departamento de Estado, pero se enfrentaron a un
dilema: prácticamente todas las agencias de inteligencia gubernamentales
habrían tenido acceso a estos documentos…. En ese momento, WikiLeaks decidió,
de manera bastante razonable, que lo mejor y más seguro era liberar todos los
cables en su totalidad, para que no solo las agencias de inteligencia del mundo,
sino todos los tuvieran, de modo que se pudieran tomar medidas para proteger
las fuentes…
El periodista Jakob Augstein, editor de Der
Freitag, en su testimonio escrito confirmó que en agosto de 2010 su medio
publicó el artículo “Fuga en Wikileaks” sobre la revelación de la contraseña
por los periodistas de The Guardian. Assange lo llamó y le pidió que no
publicara nada que pudiera revelar dónde se encontraba el archivo, preocupado
por “la seguridad de los informantes” del gobierno de los EE. UU.
Finalmente, John Young, nada menos que el
representante de Cryptome.org, en su testimonio escrito confirmó también que su
portal, con base en EE.UU., publicó primero los cables diplomáticos sin
redactar, antes de que Wikileaks los republicara:
Publiqué en Cryptome.org cables diplomáticos sin
redactar el 1 de septiembre de 2011 y esa publicación permanece disponible en
la actualidad… ninguna autoridad policial de EE. UU. me ha notificado que esta
publicación de los cables es ilegal, consiste o contribuye a un delito de
alguna manera, ni han pedido que se eliminen.
5) Assange nunca ayudó a Chelsea Manning a acceder
a información de seguridad nacional.
Uno de los cargos contra Assange es que,
supuestamente, conspiró junto a la soldado Chelsea Manning para obtener un
mayor acceso a las bases de datos gubernamentales y disfrazar su identidad al
hacerlo.
El argumento es que Manning conversó en un chat
encriptado con el usuario ‘Nathaniel Frank’ (que los EE.UU. alegan, pero no han
probado, sería Julián Assange) y le pidió ayuda para descifrar una parte
encriptada de una contraseña. La defensa argumenta que Manning solicitó ayuda
para proteger su identidad, algo que los periodistas están obligados a hacer
con sus fuentes.
La defensa puso ante la corte al mejor experto
posible en la materia. Patrick Eller, experto forense digital, quien trabajó
con el Ejército de EE. UU. por más de 20 años y actualmente es profesor y
presidente de Metadata Forensics, que ofrece investigación en casos civiles y
penales. Eller revisó las transcripciones del consejo de guerra de Manning en
2013 y ratificó las siguientes conclusiones:
a) El intento de descifrar el hash de la contraseña
fue, tecnológicamente, imposible y “computacionalmente inviable” en 2010,
cuando ocurrió la conversación entre Manning y ‘Nathaniel Frank’.
b) Incluso si fuera factible, no le habría dado a
Manning un mayor acceso a las bases de datos gubernamentales. A la fecha de la
charla de Manning con ‘Nathaniel Frank’ sobre el descifrado de la clave (marzo
de 2010), ya Manning había filtrado todos los documentos a Wikileaks, excepto
los cables del Departamento de Estado, que están almacenados en una red que no requería
información de inicio de sesión, por lo que Manning ya tenía acceso a ella.
c) Incluso si fuera factible, el propósito no habría
sido ocultar la identidad de Manning. Lo que es mucho más probable, testificó
Eller, quien entrevistó a miembros de la antigua unidad militar de Manning, es
que éste quería usar la cuenta de administrador para descargar películas,
música y juegos no autorizados y esto requiere descifrar una contraseña.
Manning, dijo Eller, era la “persona a quien acudir” en su unidad para ayudar
con esto a sus colegas.
En su testimonio, Eller también estableció que ni
él, ni el gobierno de los Estados Unidos, tiene forma de probar que “Nathaniel
Frank” era en realidad Julián Assange, o cualquier otra persona.
6) Assange no tendría un juicio justo en la “Corte
de Espionaje” de los Estados Unidos.
Julián Assange sería enjuiciado en la “Corte de Espionaje” de Estados Unidos, donde
recaen los casos de “seguridad nacional” y que en 2010 abrió la investigación
“secreta” en contra de Wikileaks y Assange, por la cual éste solicitó asilo
político al Ecuador.
Es la corte del distrito este del Estado de
Virginia, donde la CIA y los mayores contratistas de seguridad nacional tienen
sede. El jurado proviene, por tanto, del lugar con mayor concentración de la
“comunidad de inteligencia” de los EE.UU., donde Assange no tendría ninguna
oportunidad de un juicio justo.
Daniel Ellsberg le dijo a la corte que los acusados
de espionaje no pueden siquiera argumentar las razones que justificaron sus
acciones. “No tuve un juicio justo ni lo han tenido los denunciantes recientes
en los Estados Unidos. Julián Assange no puede obtener un juicio justo “. Esto
también lo confirmó el abogado Carey Shenkman cuando le dijo a la corte que la
Ley de Espionaje no contempla que el acusado pueda argumentar en su defensa el
“interés público”.
Trevor Tim aseveró en la corte que el 99,9% de los
Grandes Jurados acusan acorde a lo que establece la Fiscalía y que un estudio
de 162.000 grandes jurados reveló que sólo 11 habían rechazado la solicitud de un fiscal federal
de enjuiciar.
Thomas Durkin estuvo de acuerdo en que un Gran
Jurado, prácticamente, nunca se niega a autorizar un enjuiciamiento y Eric
Lewis dijo que el juez en el Distrito Este de Virginia sentenciaría a Assange
de manera extremadamente agresiva.
El profesor Mark Feldstein le dijo a la corte que
había una gran cantidad de material académico que demostraba que los Gran
Jurados eran maleables y que hacían lo que los fiscales les pedían.
7) Assange será sometido a condiciones inhumanas en
los EE.UU.
Al ser acusado de espionaje, Julián Assange sería
encarcelado bajo “Medidas Administrativas Especiales” (SAMs); estará en
confinamiento solitario, no se le permitirá ningún contacto con la familia,
solo podrá hablar con sus abogados, quienes no podrán transmitir ningún mensaje
suyo o enfrentarán cargos penales. Tales condiciones son una sentencia de
muerte en vida.
Durante su juicio sería encarcelado en Centro de
Detención de Alexandria (ADC) y luego cumpliría sentencia de por vida en la
cárcel de máxima seguridad ADX Florence en Colorado.
La Fiscalía ha tratado de “dorar la píldora”, en
base al testimonio escrito del Fiscal Adjunto Federal Gordon Kromberg, quien ha
intentado describir como amigable el infierno de las prisiones de máxima
seguridad, algo que los testigos de la Defensa consideraron una ficción.
Yancey Ellis, exabogado defensor de los Marines de
los Estados Unidos y quien ha defendido a muchos clientes en el ADC, le dijo a
la corte que la situación de Assange sería “cruel y opresiva” en la unidad “X”
de confinamiento en solitario, donde sería objeto de “tortura y de tratos o
penas inhumanos o degradantes”.
Pasaría de 22 a 23 horas al día incomunicado en una
celda de menos de cinco metros cuadrados, con un área para dormir, un pequeño
lavabo y un inodoro. Normalmente, las comidas se toman dentro de la celda y no
tendrá acceso a programas terapéuticos o de otro tipo. No hay un área exterior
de recreación o ejercicio en la cárcel de Alexandria.
El abogado Joel Sickler, experto en condiciones
carcelarias, fundador el Grupo de Defensa de la Justicia en Virginia, quien
también tiene clientes en el ADC y conoce de la prisión ADX Florence en
Colorado, le dijo a la corte que Assange “absolutamente no tendrá comunicación
con otros reclusos”. Agregó, “Todo tu mundo son las cuatro esquinas de esa
habitación”.
Por lo general, se permite una llamada telefónica
de entre 15 y 30 minutos a la familia por mes y todas las llamadas son
monitoreadas, dijo. Sickler describió el sistema como “feudal”, aseguró que las
posibilidades de apelar a los SAMs son “nulas” y dijo que tenía un cliente que
había estado en confinamiento solitario durante 23 años.
La testigo Maureen Baird, ex directora de tres
prisiones de EE. UU., incluido el Centro Correccional Metropolitano (MCC) de
Nueva York, con presos bajo medidas SAMs, dijo que Assange tendría condiciones
“desoladoras y degradantes” previas y posteriores al juicio.
SAMs no es discrecional, es una directiva impuesta
solo por el Fiscal General, con el aporte de las agencias de inteligencia. Los
presos que supervisó bajo SAMs estaban en aislamiento, técnicamente, las 24
horas del día. Las condiciones son tan malas que no puede creer que todavía
existan, dados todos los estudios e informes de los horribles efectos físicos y
psicológicos que tienen en los presos.
También habló Lindsay Lewis, abogada del predicador
islámico británico Abu Hamza al-Masri, quien está detenido en ADX Florence en
Colorado, a pesar de que los Estados Unidos dieron garantías a los tribunales
ingleses y al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de que no sería detenido en
esas condiciones, sin un examen médico adecuado.
Hamza — un amputado de los dos brazos, ciego de un
ojo y que sufre de una afección de la piel, conocida como hiperhidrosis — ha
estado encarcelado bajo SAMs y en confinamiento solitario durante los últimos
ocho años. Su cama, inodoro y lavabo no eran adecuados para su discapacidad y
sus otras condiciones médicas, incluyendo diabetes severa, hipertensión y
depresión, no son tratadas adecuadamente.
Lindsay Lewis afirmó que “la naturaleza poco confiable
de las garantías del gobierno de Estados Unidos” debería ser una preocupación
para las autoridades británicas al “determinar si extraditar” a Assange a
Estados Unidos.
La abogada declaró que las restricciones son tan
absurdas que Hamza fue acusado de violar las SAMs cuando “trató de transmitir,
en una carta a uno de sus hijos, su amor por su nieto” porque el nieto, un bebé
de 1 año, no era un contacto aprobado.
8) Julián Assange corre un alto riesgo de suicidio
en los EE.UU.
La discusión sobre las condiciones de salud física
y emocional de Julián fueron debatidas en gran detalle en la corte, siendo este
el único ámbito en que la Fiscalía presentó sus dos únicos testigos.
Es preciso recordar que, apenas Assange fue
encarcelado en la prisión de Belmarsh, los especialistas de las Naciones Unidas
que lo examinaron determinaron que sufría de severas secuelas de tortura
psicológica, producto de casi una década de persecución, acentuados por el
último año de encierro en la embajada del Ecuador, cuando el gobierno de Lenin
Moreno lo sometió a incomunicación y cruel hostigamiento — algo que a mí
personalmente me consta.
El Dr. Michael Kopelman, profesor emérito de
neuropsiquiatría de King’s College London, testimonió que Julián ha sido diagnosticado
con depresión clínica y síndrome de Asperger, por lo cual correría un alto
riesgo de suicidio si fuera extraditado y citó un estudio que descubrió que el
suicidio es nueve veces más probable en pacientes con Asperger.
Chelsea Manning intentó suicidarse en las mismas
instalaciones donde Assange estaría en prisión preventiva.
El Dr. Kopelman observó en Julián “pérdida de
sueño, pérdida de peso, una sensación de preocupación e impotencia como
resultado de las amenazas a su vida, el ocultamiento de una hoja de afeitar
como medio para autolesionarse y cavilaciones obsesivas sobre formas de
suicidarse”.
“Estoy tan seguro como puede estarlo un psiquiatra
de que, en caso de extradición inminente, Assange encontraría la manera de
suicidarse”, dijo Kopelman.
Su diagnóstico fue respaldado por un historial
médico desde la infancia, múltiples entrevistas con familiares y amigos de
larga data, un historial familiar sorprendente de suicidio, posiblemente
indicando una disposición genética.
El estado depresivo de Assange fue especialmente
severo en diciembre de 2019 cuando redactó cartas de despedida a familiares y
amigos, redactó un testamento e, incluso, se confesó con un sacerdote católico.
El Dr. Quinton Deeley, neuropsiquiatra especialista
en autismo, profesor de King’s College London, atestiguó que Assange se sometió
a una prueba del Programa de Observación de Diagnóstico de Autismo (ADOS) y fue
diagnosticado como “autista de alto funcionamiento” con “rigidez de
pensamiento”, síntoma típico de síndrome de Asperger.
Assange “reflexiona largamente sobre las posibles
circunstancias” y eso provoca una “sensación de horror”, dijo. Él cree que “se
está haciendo un ejemplo de él”, lo que aumenta enormemente el riesgo de
suicidio.
La Dra. Sondra Crosby, profesora asociada de
medicina en la Universidad de Boston y experta en el impacto psicológico de la
tortura, visitó a Assange en la embajada de Ecuador y en la cárcel de Belrmash.
En 2018, Crosby emitió su opinión profesional de que el confinamiento continuado
de Assange era peligroso física y mentalmente y una clara vulneración de su
derecho humano a la asistencia sanitaria.
En la Embajada, Assange mostró síntomas de
trastorno de estrés postraumático y angustia psicológica; un “trauma
psicológico agudo, comparable a los refugiados que huyen de zonas de guerra…
corre un riesgo muy alto de suicidarse si fuera extraditado”.
“Él está en el mismo estado psicológico que alguien
que fue perseguido por un hombre con un cuchillo y luego se encierra en una habitación
y no sale”, dijo la Dr. Crosby. Para octubre de 2019, Assange “cumplió con
todos los criterios de depresión mayor… y tenía pensamientos suicidas todos los
días…”, testificó.
El primer testigo de la Fiscalía, el Dr. Seena
Fazel, catedrático de Psiquiatría Forense de la Universidad de Oxford y
especializado en suicidios en prisión, entrevistó a Assange en el verano de
2020. Fazel encontró que Assange estaba “moderadamente deprimido” y que su
intensidad de depresión es susceptible de fluctuar dependiendo de sus
circunstancias.
El Dr. Fazel aceptó que Assange estuvo “severamente
deprimido” a fines de 2019, cuando fue tratado con medicamentos. Sin embargo,
no cree que la capacidad mental de Assange sea tal que sea incapaz de manejar
su propio riesgo de suicidio. Fazel estuvo de acuerdo en que Assange tiene
“rasgos parecidos al autismo”, pero que, según él, estaría en el extremo más
leve de autismo.
El testigo de la Fiscalía admitió no ser un experto
en las cárceles estadounidenses y tuvo que conceder que Assange fuera menos
capaz de manejar su síndrome de Asperger bajo condiciones SAMs, pues “la
desesperanza es un factor de riesgo importante”, así que las “perspectivas
sombrías” de “confinamiento solitario y largas sentencias de prisión” aumentan
el riesgo de suicidio.
El segundo testigo de la Fiscalía, el Dr. Nigel
Blackwood, psiquiatra forense consultor del Servicio Nacional de Salud,
determinó que Assange estaba “moderadamente deprimido” y reconoció,
“Indudablemente existe cierto riesgo de intento de suicidio en caso de
extradición”, pero no cree que se eleve a un “alto riesgo”.
Blackwood argumentó que la persona que enfrenta la
extradición debe ser “capaz de controlar” su propio riesgo de suicidio y
describió a Assange como un hombre “muy resistente” e “ingenioso”, capaz de
controlarse. El Dr. Blackwood estuvo de acuerdo, en general, que colocar a
Assange en confinamiento solitario bajo SAMs, lo cual le impediría comunicarse
con el mundo exterior, sería “perjudicial” para su salud mental, pero que la
cuestión debería ser tratada por expertos en cárceles estadounidenses.
Precisamente, los testigos de la Defensa,
especialistas en el tema carcelario norteamericano, coincidieron en que el
soporte médico y de prevención de suicidio en dicho sistema es deficiente.
El abogado Yancey Ellis dijo que la cárcel ADC solo
contrata a psiquiatras a tiempo parcial y que muchos de sus clientes que
necesitaban que se modificara su medicación pasan semanas enteras sin atención
psiquiátrica. A los reclusos en riesgo de autolesión los colocan un “traje de
prevención de suicidio que inmoviliza los brazos lejos del cuerpo, quitando
cordones de zapatos y sábanas, etc.”
El abogado Joel Sickler declaró que Assange solo
recibirá los servicios médicos más limitados y que “cualquier sugerencia a este
Tribunal de que será evaluado en su totalidad por condiciones médicas o de
salud mental es engañosa”
9) Assange y sus abogados fueron espiados
ilegalmente por los EE.UU., lo cual imposibilita cualquier juicio justo.
Los testimonios de dos testigos protegidos,
exempleados la empresa de seguridad española UC Global, que espió a
Julián Assange en la Embajada de Ecuador, fueron leídos parcialmente
en la corte.
Los testigos afirmaron que la compañía, por
instrucciones de su jefe David Morales, grabó las conversaciones entre Assange
y sus abogados para informar a funcionarios de inteligencia estadounidenses.
Morales, un exmilitar español que se declara a si
mismo un “mercenario”, incluso habló de envenenar o de permitir el secuestro de
Julián Assange.
Según los testigos, alrededor de julio de 2016,
David Morales asistió a una feria del sector de la seguridad en EE.UU., donde
consiguió un llamativo contrato con la empresa Las Vegas Sands, propiedad de un
amigo cercano de Donald Trump.
A su regreso, Morales reunió a sus trabajadores y
les dijo: “a partir de ahora jugaremos en Grandes Ligas” y luego, privadamente,
confesó que se había pasado al “lado oscuro” refiriéndose a la cooperación con
las autoridades norteamericanas y que “los estadounidenses nos conseguirán
contratos en todo el mundo”.
Morales comenzó a realizar viajes regulares a
Estados Unidos para hablar con “nuestros amigos estadounidenses” y cuando se le
preguntaba quiénes eran esos amigos respondía “la inteligencia de Estados
Unidos”.
Según el testimonio del testigo # 1, Morales
desarrolló un sofisticado sistema de recopilación de información dentro de la
Embajada, reemplazando el sistema de cámaras internas para poder grabar sonido.
UC Global configuró paquetes de información que David Morales llevaba
personalmente a las autoridades estadounidenses, con detalles de la intromisión
en la privacidad de Assange, sus abogados, médicos y otros visitantes.
Morales tenía verdadera obsesión por grabar a los
abogados del “huésped” (Julián Assange) porque “los amigos estadounidenses” así
lo solicitaban.
El testigo protegido # 2, le confesó a la corte que
realizó la instalación de micrófonos secretos y nuevas cámaras con captación de
sonido y que, por instrucción de Morales, negó ante los diplomáticos
ecuatorianos que las cámaras podían grabar audio.
Alrededor de junio de 2017, David Morales solicitó
que las cámaras debieran permitir la capacidad de transmisión para que
“nuestros amigos en los Estados Unidos”, pudieran tener acceso a la interior de
la Embajada en tiempo real.
El testigo # 2 confesó: “No quise colaborar en un
acto ilegal de esta magnitud” y agregó que “Morales me indicó que colocara un
micrófono (secreto) en la sala de reuniones… y otro micrófono, en el baño al
final de la Embajada, un lugar que se había vuelto estratégico porque el señor
Assange, quien sospechaba que era objeto de espionaje, mantenía muchas de sus
reuniones allí con el fin de preservar la confidencialidad.”
“Toda la Embajada iba a tener micrófonos” agregó.
Morales igualmente lo instó a “colocar ciertas calcomanías en todas las
ventanas externas de la Embajada”, que tenían como objetivo facilitar la
operación de sofisticados micrófonos laser operados desde el exterior con los
cuales “nuestros amigos estadounidenses” “capturarían todas las
conversaciones”.
El testigo # 2 también declaró: “en una ocasión,
David (Morales) dijo que los estadounidenses estaban desesperados y que incluso
habían sugerido emplear medidas más extremas contra el “huésped”…. En concreto,
la sugerencia de que se dejara abierta la puerta de la Embajada, lo que
permitiría argumentar que se trataba de un error accidental, que permitiría
entrar a personas y secuestrar al asilado; incluso se discutió la posibilidad
de envenenar al Sr. Assange, todas estas sugerencias, dijo Morales, fueron
consideradas durante su trato con sus contactos en los Estados Unidos”.
El profesor de derecho internacional de la
Universidad de Oxford, Guy Goodwin-Gill, en su testimonio escrito declaró que
cuando asistió a una reunión en la Embajada sobre “aspectos legales
internacionales del asilo”, el 16 de junio de 2016, sus aparatos electrónicos
fueron espiados por UC Global.
Esto fue confirmado por el testigo protegido # 2,
al relatar que uno de los miembros de UC Global le mostró el iPad de
Goodwin-Gill con “muchos mensajes y correos electrónicos en la pantalla de
inicio”, asegurándole que “el contenido del iPad había sido copiado”.
El profesor Goodwin-Gill calificó el espionaje de
“injerencia ilegal” en los “asuntos soberanos” de Ecuador, con el propósito de
llevar a cabo un enjuiciamiento contra una persona, a quien la Embajada estaba
tratando de proteger. “La violación de la soberanía de un estado se uniría
entonces a la probable violación de los derechos fundamentales del individuo al
debido proceso y a la igualdad de armas legales…” declaró Goodwin-Gill.
Agregó que la vigilancia y el intercambio de
“información confidencial privilegiada” deben considerarse una indicación de la
motivación política, como intención y propósito de la solicitud de extradición.
En este punto, yo debo agregar que, en mi calidad
de exfuncionario diplomático en la Embajada del Ecuador en Londres, soy testigo
dentro del caso de investigación criminal en contra de UC Global que se procesa
en Madrid y he podido revisar, personalmente, abundante evidencia del espionaje
no solo en contra de Julián Assange y sus abogados, sino contra todas sus
visitas y los propios funcionarios de la Embajada.
El espionaje incluyó, además, el seguimiento de mis
actividades por fuera de la Embajada, lo cual ha sido confesado por los
testigos bajo juramento.
Sobre el espionaje norteamericano, la Fiscalía
instruyó a la corte que no confirmaría, ni negaría, si las declaraciones de los
testigos eran “correctas o incorrectas”. Sin embargo, el ex director de la CIA,
Leon Panetta, le ha dicho a la televisión estatal alemana:
“No me sorprende, ja, ja… Ese tipo de cosas sucede todo el tiempo. En el
negocio de la inteligencia, el nombre del juego es “obtener información de
todas las formas posibles” y estoy seguro de que eso es lo que sucedía aquí.”
10) Ecuador entregó, ilegalmente, materiales
confidenciales de Assange a los EE.UU., incluyendo documentación de su defensa
legal.
La prestigiosa abogada de derechos humanos, Gareth
Peirce, miembro del equipo legal de Julian Assange, sometió su propio
testimonio escrito a la corte, afirmando que desde el 8 de abril de 2019 (tres
días antes del secuestro de Assange en la Embajada) el Departamento de Justicia
de EE. UU. instruyó a Ecuador confiscar propiedades y entregar “pruebas” a un
“representante del FBI del Reino Unido”, documentó el periodista Kevin Gosztola.
Un documento del 9 de abril de 2019 marcado como
“altamente confidencial de la Oficina de Asuntos Internacionales del Director
Adjunto” contenía instrucciones para entregar la propiedad de Assange al
gobierno de EE. UU.
“Un registro de todo el archivo [de Assange]” fue
efectivamente robado, y sin aquello ha sido más difícil armar una defensa en su
caso de extradición. Según Gareth Peirce, el día del secuestro de Julián, ella
“hizo contacto inmediato con la Embajada con respecto a material legalmente
privilegiado, un tema de gran preocupación”, pero “la Embajada ignoró por
completo las repetidas solicitudes por teléfono, correo electrónico y correo
certificado”.
Cuando el resto de pertenecías de Assange fue
recolectada poco después: “Faltaba todo el material legalmente privilegiado,
excepto dos volúmenes de documentos de la Corte Suprema y varias páginas de
correspondencia suelta”.
La Policía Metropolitana del Reino Unido afirmó que
no desempeñó ningún papel en la incautación o retención de ningún material
legalmente privilegiado. Entonces parece que Ecuador ilegalmente le entregó
esas pertenencias directamente a los EE.UU.
Gareth Peirce atestiguó que, en los días inmediatos
al secuestro de Assange, los guardias a cargo de la seguridad “entraban y
salían de las habitaciones correspondientes” en la Embajada, junto con un
funcionario diplomático, Pablo Roldan, pariente de un embajador de Ecuador
cercano del presidente Lenín Moreno.
“Aunque se suponía que las habitaciones estaban
selladas, el personal de la Embajada, al que no se le permitió regresar durante
una semana, vio que los sellos originales habían sido reemplazados, y los
nuevos sellos marcados ‘para propósitos judiciales’”, escribió.
Carlos Poveda, uno de los abogados de Assange en
Ecuador, solicitó que el fiscal de Ecuador haga una copia de los registros de
la propiedad de Assange el 16 de diciembre de 2019, pero “el fiscal ecuatoriano
rechazó esa solicitud”, señaló Peirce.
Los documentos que inspeccionó el abogado de
Assange contenían fotografías que mostraban que los sellos de las puertas en la
Embajada y una sala que contenía computadoras estaban rotos.
En su testimonio, Peirce confirmó que fue espiada
cuando asistió a reuniones legales en la Embajada.
En enero del 2021, la jueza Vanessa Baraitser
decidirá sobre la extradición más importante del siglo, por la cual, por
primera vez en la historia, un periodista sería juzgado bajo la Ley de
Espionaje estadounidense.
La relevancia de esa decisión es tal que de ella
depende no solo la vida de Julián Assange, que ya está siendo destruida en la
cárcel de Londres, sino el futuro mismo del periodismo de investigación.
Yo agregaría, además, que ese veredicto determinará
la vigencia del estado de derecho y la propia soberanía en el Reino Unido.
La jueza tiene sobre su mesa todo un arsenal jurídico
para impedir esa extradición, proteger el futuro del periodismo y ubicarse,
así, en el lado correcto de la historia. ¿Lo hará?
- Fidel Narváez es un activista de derechos humanos y ex
diplomático ecuatoriano que se desempeñó como cónsul y luego como primer
secretario de la embajada ecuatoriana en Londres desde 2010 hasta julio de
2018, mientras que el editor de Wikileaks Julian Assange fue un refugiado
político en el edificio.
https://thegrayzone.com/2020/10/12/juicio-julian-assange-diplomatico-ecuatoriano/
https://www.alainet.org/es/articulo/209302