La mente no necesariamente es una propiedad únicamente biológica
Biológicamente hablando, tal vez sea irrelevante que la Red esté viva o no. Si consideramos que cada opinión, creencia o mensaje individual es un estímulo, entonces la Red actúa muy a la manera de la conciencia. Toma decisiones de consenso, rápidas, afirmativas o negativas, acerca de los estímulos de llegada, y genera una solución: sencillamente no hay tiempo para nada más.
Las discusiones de esta naturaleza plantean una pregunta primordial obvia: ¿es la mente una propiedad que sólo puede darse en el dominio de lo biológico, de los seres de carne y hueso?
Consideremos por un momento el vuelo. En el siglo XIII o XIV se concluyó que el vuelo es una propiedad biológica, basándose exclusivamente en que las criaturas vivientes eran los únicos objetos más pesados que el aire que volaban en ese entonces. En cambio, a comienzos del siglo XXI, todos sabemos que el vuelo no es una propiedad exclusiva de entidades biológicas. Igualmente, cabe preguntarse si la mente es una propiedad exclusivamente biológica. No parece que los computadores de hoy en día estén listos para tener una mente, pero ello puede deberse más a limitaciones de diseño arquitectónico que a limitaciones teóricas para crear mentes artificiales. En el caso del vuelo, el material cutáneo especializado, la cutícula y las plumas, ha demostrado su valor en la amalgama que vence la gravedad, como también lo han demostrado el plástico, la madera seca y diversos metales. No son los materiales sino el diseño lo que define la viabilidad.
Así pues, ¿es la "mente" una propiedad únicamente biológica o es en realidad una propiedad física, que en teoría podría ser soportada por una arquitectura no biológica? En otras palabras, ¿hay alguna duda de que la biología sea diferente de la física? El conocimiento científico acumulado en los últimos 100 años sugiere que la biología, con todo y su sorprendente complejidad, no difiere de los sistemas sujetos a las leyes de la física. Por tanto, sería posible generar la conciencia con base en un organismo físico, que fue lo que ocurrió en nuestro caso, y al cual llamamos "un sistema biológico".
En general, la gente se pregunta si será posible fabricar máquinas cuya naturaleza no sea biológica y que sean capaces de sustentar la conciencia, las cualias, la memoria y el darse cuenta de las cosas, que son las propiedades de la función del sistema nervioso que consideramos realmente importantes. ¿Podrán los computadores llegar a pensar algún día?
La respuesta es afirmativa; creemos que pueden y que lo harán, pero aquí la pregunta más pertinente es: ¿qué características físicas tendría y como se vería el sistema, antes de poder realizar las mismas tareas que el cerebro? O quizás, como algunos aún lo piensan. ¿hay algo desconocido, espectral o indefinible en el cerebro, eso que la filosofía ha llamado el "problema difícil"? Creo que el problema es más de grados de libertad físicos de la arquitectura funcional, que de la vida que caracteriza la biología en contra de la inercia que caracteriza la materia física.
Dado que toda mi vida he sido un fisiólogo de vertebrados, con algunas incursiones en el mundo invertebrado, he presentado en este libro una imagen de la conciencia que se materializa en un tipo particular de redes neurales o circuitos. Pero debo narrar una de las experiencias más alarmantes que he tenido al estudiar la función cerebral. En algunas discusiones con Roger Hanlin, en el laboratorio de biología marina de Woods Hole, supe que el pulpo es capaz de hazañas de inteligencia realmente extraordinarias. Había leído de los experimentos con pulpos de J. Z. Young (1989), en los cuales estos invertebrados resolvían problemas tan complejos como abrir un frasco para extraer un cangrejo de su interior. Con sólo la imagen visual y claves olfatorias que indicaban la presencia del cangrejo, y manipulando táctilmente el frasco, la criatura finalmente se dio cuenta de que al aplicar fuerza podía quitar la tapa. Posteriormente, ante el mismo problema, el animal abría la tapa inmediatamente para sacar el cangrejo y. sorprendentemente, era capaz de aprender esto en un solo ensayo. Ahora bien, lo más importante es que los pulpos pueden aprender observando a otros pulpos (figura 12.4). Lo alarmante aquí es que la organización del sistema nervioso de este animal es totalmente diferente de la que pensábamos era capaz de soportar este tipo de actividad en el cerebro de los vertebrados (ver Mirlos, 1993). Si nos enfrentamos al hecho de que existen dos soluciones posibles al problema de la "inteligencia", entonces podemos deducir que deben existir muchas otras arquitecturas con los elementos mínimos que sirvan de base para lo que consideramos necesario para la cognición y las cualias. Ahora bien, pese a haber observado una gran inteligencia en animales como el pulpo o la Sepia, estas criaturas de hecho podrían carecer de cualias. Sin embargo, pienso que observando su comportamiento se puede deducir que éste soporta la subjetividad. Según el principio de la parsimonia, quienes creen que estos animales carecen de cualias son quienes tienen que probarlo.
Figura 12.4
H pulpo notable. Esquema del aparato y protocolo experimental. Un Octopus vutgoris (derecho) ataca una pelota (la oscura) y se lo demuestra al otro animal el observador, a la izquierda), que se halla fuera de su caja y que mira a su compañero durante toda la sesión a través de una pantalla transparente. El suministro de agua corriente a ambos tanques es independiente, Antes de comenzar la fase de observación, los animales podían intefoctuar visualmente durante dos horas. La duración media de los ensayos que dependía de la ejecución del demostrador, era de 40 segundos y el período entre ensayos era de 5 minutos. (Tomado de Rorito y Scotto. 1992, figura 1, p-545.)
Pero ¿hay alguna diferencia esencial entre la materialización de los computadores modernos y el sistema nervioso? Es ésta una pregunta muy seria e importante. Cabe preguntarse, como lo hiciera Alan Turing (Turing, 1947; Millican y Clark, 1996), si en principio, a partir de un artefacto de tipo digital que implemento los algoritmos apropiados, fuera posible fabricar una máquina universal. ¿Podrá la computación algorítmica ser suficientemente extensa, rápida y concisa como para producir la totalidad de las propiedades generadas por una entidad como nuestro cerebro, con 14 vatios y 1,5 kilogramos de masa? ¿Y qué pensar de la inteligencia de la hormiga que, como un robot, demuestra una increíble agilidad de cómputo con escasos miligramos de masa neuronal, incluso con menos masa que un microchip? El problema fundamental es que los cerebros no tienen nada que ver con los computadores digitales: operan como artefactos analógicos y, por tanto, para sus mediciones utilizan directamente la física, al contrario de los ceros y unos abstractos que se liberan de los mismos elementos que los generaron. ¿Puede compararse la computación de los ordenadores digitales con la de los diseños analógicos? Se dice que para que los computadores digitales soporten propiedades de cómputo (capacidades) equivalentes a las del cerebro, se requeriría una masa y potencia superiores a las de los actuales en muchos órdenes de magnitud.
A la luz de las diferencias entre los cerebros y los computadores, hace mucho tiempo Warren McCulloch se preguntó cómo generar datos fiables a partir de sistemas no fiables (McCutloch, 1965). El lector ya sabe que, como entidades de computación, las células nerviosas son poco confiables. En primer lugar, por tener actividad intrínseca, por lo cual como convertidores y trasmisores de información son extremadamente "ruidosos". La respuesta de McCulloch es bien interesante: pensaba que era posible generar un sistema fiable siempre y cuando que las neuronas se organizaran en paralelo para que el mensaje final diera la suma de su actividad simultánea. Explicaba, además, que si los elementos de un sistema difieren suficientemente entre sí, en cuanto a su no fiabilidad, el sistema en principio sería mucho más fiable que si sólo tuviese partes fiables. En tal caso se logra un sistema fiable, porque la no confiabilidad de cada uno de los elementos se reduce al máximo, aunque no se elimine del todo.
Esto parece casi paradójico, pero si un sistema se considera fiable, entonces sus elementos lo serán en la misma medida. El problema es que, incluso con una fiabilidad del 99,99%, los elementos serán igualmente no fiables, lo cual significa que la pequeña falta de fiabilidad es común a todos los elementos. Lo anterior se convierte en un problema de probabilidad. En tales sistemas confiables o redundantes, por pequeños que sean los problemas o errores de confiabilidad, se sumarán. Sin embargo, como los sistemas no fiables no tienen elementos redundantes y la pequeña falta de confiabilidad es diferente en cada uno de ellos, no hay posibilidad de que los errores se sumen. Por ello, ¡la confiabilidad de estos sistemas no fiables es mayor que la de los sistemas fiables! Lo irónico es que en un sistema con elementos de diferente fiabilidad, lo que tienen en común estos elementos son sus aspectos confiables! Esto es fundamental. Significa que para que un instrumento sea totalmente fiable, debe estar conformado, en últimas, por partes no fiables individualmente, pero variadas.
En esto reside precisamente la fragilidad que la homogeneización de la Red puede ocasionarles a nuestros pensamientos, ideas, creencias y demás. Al reducirse la variabilidad, las cosas se tornan redundantes y la no fiabilidad será lo común a los elementos — en el caso de la sociedad, nosotros somos los elementos.
Volviendo a la implementación de la conciencia y a la llamada inteligencia artificial (no biológica), no se podrá generar la arquitectura necesaria hasta no haber comprendido la naturaleza probabilística y el problema de la falta de confiabilidad de la computación en los sistemas analógicos. Probablemente, con arquitecturas funcionales adecuadas, sería posible generar conciencia en numerosas entidades no biológicas.
El segundo problema es el conocimiento del "sí mismo". Supongamos que se le dé suficiente libertad a determinada materialización de la conciencia para explorar e interiorizar el mundo externo, de modo que implemente una imagen de sí misma, por primitiva que sea. Si bien esta materialización puede evaluar la realidad externa, es probable que nunca llegue a tener una entidad consciente en el sentido humano. Sabemos que esto es fundamental para el funcionamiento del sistema nervioso. Puede observarse en individuos que, a través de prismas invertidos, hacen que el mundo aparezca al revés. Estas personas aprenden a utilizar la imagen visual como si estuviera derecha sólo si se les permite interactuar motoramente con la imagen. Para ajustarla, tienen que moverse dentro de ella. En último término, vemos que la arquitectura capaz de generar la cognición debe relacionarse con la motricidad sobre la cual tal cognición se desarrolló. Para llegar a ser conscientes, los computadores deben moverse y manipular — deben ser robots. Sin esta autorreferencia, siempre se presentará el problema de la sintaxis contra la semántica (ver el paradigma del cuarto chino; Searle, 1992), pues sencillamente la conciencia siempre es simplemente dependiente del contexto.
Si a la larga se logran arquitecturas que generen cognición, tendremos máquinas de pensamiento y/o sensación. Sin embargo, puede que llegar a diseñarlas y construirlas no nos ayude mucho a comprender la función cerebral, así como comprender los aviones no nos dice mucho acerca de la fisiología del vuelo en murciélagos o pájaros.
FIN... este cuento ha terminado.
SIGLO XXI - QUINTO LUSTRO - "Un nuevo orden emerge de la desintegración del capitalismo que irá reemplazando la célula económica (familia) por una nueva matriz reproductiva (comunas) que cumplirá funciones defensivas, judiciales, productivas y administrativas."
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lunes, 28 de mayo de 2012
domingo, 27 de mayo de 2012
EL CEREBRO Y EL MITO DEL YO (56)
"Coma basura: un trillón de moscas no puede equivocarse"
¿Es verdad que debemos comer basura? ¿Es esto lógico? ¿Es cierto este es el problema de los números. Siempre se ha cuestionado la tiranía de las mayorías y, como todos sabemos, el documento conocido como "Los derechos del Hombre" (o la Constitución de los Estados Unidos) se escribió en parte para proteger a los ciudadanos de esta amenaza. Sin embargo, si suficientes personas desean que en las escuelas se enseñe el creacionismo jumo con la evolución como teorías igualmente viables y no probadas (y que implícitamente no se pueden probar), entonces así será. Repetidamente se ha demostrado la capacidad de los medios masivos de incidir en la opinión pública pese a que, como ya lo mencioné, los medios de comunicación, al contrario de la Red, no son interactivos ni responden a las ideas del público, el cual hasta el momento ha sido un receptor pasivo de información. Pero gracias a la increíble velocidad, rango y volumen de comunicación de que es capaz, por primera vez la opinión pública podría tornarse realmente en pública — con las ventajas y desventajas inherentes a ello.
Y aquí surge nuevamente el problema de los números. Justamente por la velocidad y volumen de información, la Red puede perpetuar la noción de que el valor de las ideas y creencias se base simplemente en el número de personas que dicen adherir a ellas. ¡No sólo la tiranía de la mayoría, sino una tiranía sesgada y autoseleccionada! Si doscientas mil personas opinan sobre esto o aquello en la Red, deben tener razón. En último término, esta inercia de los números adquiere vida propia y determina nuestros gustos y disgustos, generando así una profecía. Y este fenómeno sin duda se acelerará por las maquinaciones dentro de la Red.
Como individuos, sabemos que las generalizaciones basadas en la opinión popular no son fiables, pero, así mismo, en lo que se refiere al individuo, si no estamos de acuerdo con las mayorías, seremos marginales y, por tanto, sufriremos las consecuencias de no formar parte del grupo. Obviamente, sí lo que uno dice, inmediatamente puede ser criticado por millones de personas, en poco tiempo se tornará muy difícil separar "lo nuestro" de las creencias y sentimientos de los demás. Bajo tales presiones, el pensamiento necesariamente se hará homogéneo. A medida que la Red se haga más eficiente, estas maquinaciones influenciarán profundamente la autopercepción y se redefinirá el concepto mismo del "sí mismo". La noción de que nuestras ideas nos pertenecen se diluirá, porque una idea dada a la Red, o bien se acepta, e inmediatamente se vuelve obvia, o inmediatamente se rechaza. Esto, en menoscabo de la capacidad de discernir, de la identidad individual y del dominio de nuestras ideas — en esencia, de lo que conforma el fundamento de nuestras creencias y del "sí mismo". Una homogeneización del pensamiento puede no ser buena, pero si ocurre, alimentará la inercia de los números devolviéndose contra sí misma de manera muy implosiva.
La homogeneización del pensamiento, a su vez, homogeneizará la sociedad, perspectiva ésta bastante sombría. En mis viajes de juventud, disfrutaba observando la riqueza de las diferencias culturales, de creencias y de perspectivas. Hoy en día ya no es así; por ejemplo, los niños de Asia, Europa o África desean los mismos productos de consumo, en parte por el bombardeo de imágenes semejantes que les llega a través de los medios de comunicación masiva. Esta tendencia hacia la igualdad se observa por doquier, en la medida en que todo se copia, lo bueno y lo banal — y, en general, es más fácil copiar lo banal que lo profundo. Nos acercamos rápidamente a una cultura mundial de la igualdad, no sólo en cuanto a su parafernalia externa, sino en cuanto al carácter y valores de la sociedad. La fuerza e influencia de los medios de publicidad han hecho casi imposible oponerles resistencia y no hay razón para pensar que la Red no acelere este proceso.
La gran desventaja de la homogeneidad es que disminuye la variación, la cual es la clave de la supervivencia. El sistema será, pues, más deleznable, simplemente por la reducción de opciones, si todos piensan lo mismo acerca de algo o de algún conjunto de valores. Este trasfondo de igualdades hace más fácil —y más probable— exponer la propia vulnerabilidad. Más adelante examinaremos esto.
Finalmente, en la generación de la mente colectiva, al igual que en la evolución, el ensayo y error son indispensables. Puede que nos tome tanto tiempo aprender a implementar tal conocimiento así expandido, como el que les tomó a las células nerviosas el "fabricar" cerebros. Usada adecuadamente podría convenirse en un extraordinario avance pero, de momento, la arquitectura funcional de la Red necesita una revisión general muy seria para aproximarse, siquiera remotamente, al evento colectivo discutido.
¿Es razonable considerar el orden mundial como algo semejante al cerebro? Efectivamente lo es. Lo que observamos es una semejanza de orden, expresada en diferentes niveles, en todos los niveles, desde las células hasta los animales y desde los animales hasta las sociedades. Cabe preguntarse si ésta no es una ley universal. La manera como el sistema se organiza a sí mismo puede reflejar, por ejemplo, cómo logra liberarse de la tiranía de la segunda ley de la termodinámica: "El orden disminuye con el tiempo", lo cual, a su vez, entraña otro mensaje muy profundo. Una de las pocas maneras que hay de incrementar el orden local es a través de la generación de cosas como el sistema nervioso, que recurran a la modularización de la función. Si la modularización es de hecho un universal contra el desorden, tal solución geométrica y arquitectónica seguramente también ha sucedido en otros niveles. Es muy probable que el débil principio antropomórfico según el cual estamos aquí, sea porque las leyes universales prácticamente lo hacen inevitable, siendo la base de la tendencia universal y no al contrario (un principio antropomórfico fuerte, en el cual un evento predeterminado en el pasado remoto formó el universo de la manera como lo hizo, de modo que pudiéramos "existir").
¿Puedo quedarme en casa y jugar?
Si no se modula adecuadamente, la eclosión de la tecnología subyacente a la Red conlleva una nefasta consecuencia. Su expansión incontrolada podría convertirse en un peligro, tal vez en el mayor peligro que se haya cernido jamás sobre la sociedad, que eclipsaría los problemas de la guerra, la enfermedad, el hambre o las drogas. Lo que debemos temer es la posibilidad de que, con mejores formas de comunicación con los demás, la interacción con el mundo externo deje de parecernos atractiva. Si los problemas sociales de las drogas que alteran la mente son graves, imaginemos lo que sucedería si, comunicándonos virtualmente con otras personas reales o imaginarias, no sólo mediante el sistema visual sino mediante todos los sistemas sensoriales, nuestros sueños se volvieran realidad. Recordemos que la única realidad de que disponemos es la virtual — ¡por naturaleza somos máquinas de sonar! Así, la realidad virtual sólo se alimentaría de sí misma, con el riesgo de destruirnos con ello.
Comparado con el número de horas que gasta la gente al día mirando televisión, el tiempo que se gastará en mundos virtuales será aun mayor, pues ya no se tratará de mirar, sino de interactuar. Se podrá tocar la música que se escuche. Será posible pilotear un avión, cazar elefantes, experimentar contactos sexuales íntimos, todo virtualmente. Lo que se quiera. Al desaparecer los verdaderos límites que definen la realidad, la posibilidad de trastornar la sociedad es prácticamente ilimitada y llevaría a la dependencia intelectual por excelencia, ya que las fronteras definidas por la realidad desaparecerían. Los hechos fundamentales de la vida se cuestionarían seriamente. Surge la posibilidad de crear un estado totalmente hedonista, una sociedad sibarita decadente, que se precipitaría hacia su autodestrucción y el olvido. Todos sabemos que el placer debe tasarse y no inhalarse demasiado profundamente. Idealmente, el placer no es un fin en "sí mismo", sino el medio para un fin. Si llegamos a un tipo de conciencia colectiva, podría ser una conciencia peligrosamente narcisista, una conciencia que precipitara la desintegración de la sociedad, ya de por sí debilitada por el clima ominosamente anti-intelectual en el cual vivimos.
Figura 12.3
Auto estimulación incontrolada. Caja de Skinner para estudiar los efectos comportamentaIes del refuerzo cerebral. Se implantó un electrodo de metal en el sistema de refuerzo de la rata y se le permite estimularse eléctricamente el cerebro, presionando el pedal. La curva en la pantalla del osciloscopio indica el suministro de estímulos. Si el electrodo de estimulación se implanta en el haz medial telencefálico del hipotólamo, la rata se estimulará casi continuamente durante días enteros, haciendo caso omiso de comida, agua y sueño. Los efectos de lo estimulación en otras partes del sistema de refuerzo son menos espectaculares, (Tomado de Routtenberg, 1978.}
La investigación cerebral sabe esto desde hace muchos años. Si se coloca un electrodo de estimulación en el haz medial telencefálico de la rata, el centro de placer del cerebro, y se permite al animal activar esta área presionando una palanca conectada eléctricamente, la rata dejará de comer, de dormir y de beber para mantenerse en un estado de perpetua felicidad. Y se mantendrá así hasta morir (figura 12.3). Esto mismo lleva a los seres humanos a ingerir cocaína hasta la muerte. Al respecto, la realidad virtual sería la palanca más adictiva de cuantas conocemos hoy. La vida misma no es un sueño: se trata de la supervivencia física y de su continuidad. La realidad virtual no satisface esta necesidad. "El comer virtualmente no sostiene al cuerpo. Es de esperar que, en último término, la sapiencia humana reconozca que este dominio virtual no es real: que de alguna manera, por un capricho, la evolución supo que era posible lograr algo así. Sin que sepamos exactamente cómo, nuestro cerebro evolucionó para impedirnos actuar los sueños generados durante el MOR; evitando que nos lesionemos a nosotros mismos. De manera más realista es de esperar que la evolución resuelva este problema, del mismo modo como resuelve las grandes catástrofes naturales, es decir a través de la variación y de la selección. Puede que unos pocos individuos digan: "No me interesa el sexo en dos dimensiones, quiero sexo de veras". La reducción de la sociedad mediante la selección natural produciría un ser humano diferente, más pensador. Tal vez, esto sea lo máximo que podemos esperar.
sábado, 26 de mayo de 2012
EL CEREBRO Y EL MITO DEL YO (55)
La Red: tal vez un centro de atracción, pero ¿una mente colectiva?
Además de la Red, consideremos otros sistemas de comunicación actuales. La señal de televisión llega a millones de personas, tal como lo hacen los periódicos, aunque éstos últimos mucho más lentamente. Pero ninguno de los dos es interactivo. Cuando se expresa un mensaje u opinión, lo recibimos, opinamos sobre él y ahí termina el caso. Puede que lo discutamos con amigos, pero no contribuimos realmente en nada a ese flujo unidireccional de información. Podríamos escribirle al editor, pero esto no pasaría de ser lo mismo que apedrear a un elefante y, lo que es peor, esta interacción es irritantemente lenta. Comparado con una simple conversación en la cena, lo anterior no puede considerarse como interactivo.
El rango y la velocidad de transmisión del teléfono y de algunas formas de radio es prácticamente instantáneo, pero al aumentar un poco el número de usuarios, la comunicación bidireccional rápidamente se torna en unidireccional. Todo conductor de taxi podrá decir que pese a oír la actividad por determinado canal, cuanto mayor sea el número de usuarios, más difícil resultará captar una palabra aquí y allá. La anchura de bandas de frecuencia se satura, lo cual desafortunadamente ocurre muy fácilmente.
El teléfono conecta prácticamente sin retraso a mucha gente en cualquier sitio. ¿Pero, con cuánta gente podría usted interactuar de esta manera? En teoría, se podría llenar un auditorio y dirigirse a esta multitud por altoparlante o conferencia telefónica, pero si más de dos personas responden, se genera un ruido ininteligible.
De nuevo, cuanto mayor sea el número de usuarios, menos bidireccional y más unidireccional será la comunicación, de modo que la interacción se limita a escuchar o a hablar, pero no a las dos cosas.
Muchas cosas han cambiado desde los tiempos de Paúl Reveré, en temas como el detalle, la exactitud, el rango y velocidad de la comunicación, en los cuales ya no existen limitaciones importantes para la comunicación individual. Nuestras capacidades sólo se ven limitadas cuando insistimos en que el flujo de información sea bidireccional o interactivo y que sus rangos sean amplios y prácticamente simultáneos entre un vasto número de emisores y receptores. Si lo que deseamos es un flujo de comunicación semejante a la del cerebro, saltan a la vista las limitaciones de la transmisión global.
Sin embargo, estas limitaciones están desapareciendo. Al menos en teoría, la Red es una estructura análoga al sistema nervioso, puesto que en cierta medida parece funcionar resolviendo el problema de la unificación de la sociedad (figura 12.2).
Hoy en día, la Red suministra una activación comunicativa simultánea, completamente nueva hasta el momento, lo que permite a un solo individuo enviar un mensaje a miles, a cientos de miles, incluso a millones de personas de manera casi instantánea. Además, a pesar de estos números, la interacción sigue siendo bidireccional: cualquiera de los receptores o todos ellos pueden responder al mensaje, retrasándose tan sólo en lo que tarden en formular las ideas y en redactar la respuesta. Es decir, en gran parte el retraso dejó de ser de tipo técnico.
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Figura 12.2
La World Wide Web. (Red Mundial de Computadores.)
Vemos una buena analogía entre el flujo de información en la Red y el flujo de información entre neuronas, pero, ¿demostrará también la Red algún tipo de interiorización intrínseca? En tal caso, ¿qué será lo que interioriza? Por los capítulos 3 y 8 sabemos que la operación global del sistema nervioso reconoce e incorpora los patrones repetitivos de actividad neural (memorias, PAF y otros similares), y que constantemente intenta aumentar la eficiencia de cómputo, a la vez que trata de disminuir su sobrecarga. Intuitivamente, el aumento en velocidad y volumen del flujo de información que vemos en la Red debería encajar en este concepto de interiorización, pero, ¿es ésta una analogía válida? Y si lo es, ¿serán provechosos sus resultados?
Si las neuronas engendran la mente, puede la gente — las mentes — que representa cada punto nodal de la Red generar o convertirse en una mente colectiva? ¿Puede la Red soportar a la conciencia humana y, en tal caso, en qué consistiría esto? A primera vista, la Red y el cerebro son muy diferentes. El cerebro es algo viviente y la Red no lo es. ¿Puede algo no biológico tener mente?
Esta última cuestión no es retórica, ni se limita a las discusiones sobre la Red. Es de gran importancia potencial para la sociedad humana y exige la atención seria y concertada de muchas disciplinas.
A primera vista, el funcionamiento de una Red parece tener características comunes con el cerebro, pero, al examinarla de cerca, incluso esta seudoanalogía se derrumba rápidamente. A lo largo de este libro he puesto constante énfasis en la perspectiva de una arquitectura funcional y, vista así, en el mejor de los casos la Red es a lo sumo muy torpe. En la práctica, tal como la conocemos, la Red no podría soportar la conciencia de muchos. Por un lado, es un sistema muy "ruidoso" y, aunque veloz para muchas tareas, como transportar un mensaje de un sitio a otro, no es lo suficientemente rápida en sus parámetros integradores como para soportar a la conciencia de la manera como lo hace el sistema nervioso (que aún es nuestra mejor, si no la única, referencia o parámetro estándar). Se recordará que el sistema nervioso aumenta su propia eficiencia mediante la modularización de su función (ver Miklos, 1993). La Red, como la conocemos actualmente, no es modular. La mejor comparación que pudiera hacerse de la Red sería con un celentéreo hidra o medusa. Y si la medusa tiene alguna conciencia, ésta no tiene las características que soporten, en conjunto, una mente colectiva. Finalmente lo que se necesita es un subsistema de captación y otro de distribución, con una interacción simple en el punto de unión entre ambos.
El concepto de conciencia colectiva no es nuevo. El resultado de unas elecciones se toma como un mandato del pueblo que representa la decisión colectiva de la gente. Las ventajas de interactuar con un número aun mayor de mentes y las experiencias de cada una de ellas serían muy provechosas para la interiorización, pues el sistema nervioso atiende en particular a estímulos novedosos, convertidos en propios a través de la repetición. Si alguien nos previene: "No juegues con una araña negra que tenga una mancha como un reloj de arena en la barriga", pero pasa a decir inmediatamente: "No lo creerás, pero una vez vi una ballena voladora", probablemente recordaremos la precaución de la araña cuando ya nos esté picando. Por otro lado, si repetidamente, amigos, padres, profesores y médicos nos previenen sobre los riesgos que corremos si estas arañas nos pican, es muy posible que las evitemos desde el primer encuentro. Lo que queda en la mente es lo que se repite, y la "impresión" de este conocimiento evolucionó debido al remolino repetitivo de la información en muchas mentes, antes que en la propia.
Pero un momento; el conocimiento colectivo y la mente colectiva son dos cosas diferentes. Aunque puede haber muchas maneras de definir la mente colectiva, podemos ponernos de acuerdo en que una de ellas seria: los elementos que componen un todo se combinan de tal manera que, cuando son confrontados en conjunto, se produce e implementa una decisión acerca de lo que habrá de hacerse. Esta decisión puede no ser representativa y probablemente no lo será de la opinión de cada uno de los elementos, pero será un consenso benéfico para el grupo en su totalidad. Es lo mismo que los sacrificios y ganancias de las células aisladas, cuando optaron por socializarse para llegar a los organismos multicelulares. Este proceso culminó con las estructuras colectivas que asumen el papel de tomar las decisiones del animal, a saber, el sistema nervioso.
Considerando seriamente los componentes que deben constituir una mente colectiva, la Red es una buena candidata, en cuanto a requisitos potenciales, para soportar la conciencia de muchos. También se puede argüir que la Red fue creada por el hombre sin el deseo expreso de crear una mente colectiva.
¿Es la Red un sistema nervioso compuesto de sistemas nerviosos, una mente compuesta de mentes? Como ya lo dije, todavía no, al menos no en el sentido clásico de mente colectiva. Comunica ciertamente, pero no piensa. Sin embargo, se esboza ya un proceso global de toma de decisiones, que comienza a tomar forma — y que continuará tomándola —, afectando a todos para bien o para mal.
Además de la Red, consideremos otros sistemas de comunicación actuales. La señal de televisión llega a millones de personas, tal como lo hacen los periódicos, aunque éstos últimos mucho más lentamente. Pero ninguno de los dos es interactivo. Cuando se expresa un mensaje u opinión, lo recibimos, opinamos sobre él y ahí termina el caso. Puede que lo discutamos con amigos, pero no contribuimos realmente en nada a ese flujo unidireccional de información. Podríamos escribirle al editor, pero esto no pasaría de ser lo mismo que apedrear a un elefante y, lo que es peor, esta interacción es irritantemente lenta. Comparado con una simple conversación en la cena, lo anterior no puede considerarse como interactivo.
El rango y la velocidad de transmisión del teléfono y de algunas formas de radio es prácticamente instantáneo, pero al aumentar un poco el número de usuarios, la comunicación bidireccional rápidamente se torna en unidireccional. Todo conductor de taxi podrá decir que pese a oír la actividad por determinado canal, cuanto mayor sea el número de usuarios, más difícil resultará captar una palabra aquí y allá. La anchura de bandas de frecuencia se satura, lo cual desafortunadamente ocurre muy fácilmente.
El teléfono conecta prácticamente sin retraso a mucha gente en cualquier sitio. ¿Pero, con cuánta gente podría usted interactuar de esta manera? En teoría, se podría llenar un auditorio y dirigirse a esta multitud por altoparlante o conferencia telefónica, pero si más de dos personas responden, se genera un ruido ininteligible.
De nuevo, cuanto mayor sea el número de usuarios, menos bidireccional y más unidireccional será la comunicación, de modo que la interacción se limita a escuchar o a hablar, pero no a las dos cosas.
Muchas cosas han cambiado desde los tiempos de Paúl Reveré, en temas como el detalle, la exactitud, el rango y velocidad de la comunicación, en los cuales ya no existen limitaciones importantes para la comunicación individual. Nuestras capacidades sólo se ven limitadas cuando insistimos en que el flujo de información sea bidireccional o interactivo y que sus rangos sean amplios y prácticamente simultáneos entre un vasto número de emisores y receptores. Si lo que deseamos es un flujo de comunicación semejante a la del cerebro, saltan a la vista las limitaciones de la transmisión global.
Sin embargo, estas limitaciones están desapareciendo. Al menos en teoría, la Red es una estructura análoga al sistema nervioso, puesto que en cierta medida parece funcionar resolviendo el problema de la unificación de la sociedad (figura 12.2).
Hoy en día, la Red suministra una activación comunicativa simultánea, completamente nueva hasta el momento, lo que permite a un solo individuo enviar un mensaje a miles, a cientos de miles, incluso a millones de personas de manera casi instantánea. Además, a pesar de estos números, la interacción sigue siendo bidireccional: cualquiera de los receptores o todos ellos pueden responder al mensaje, retrasándose tan sólo en lo que tarden en formular las ideas y en redactar la respuesta. Es decir, en gran parte el retraso dejó de ser de tipo técnico.
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Figura 12.2
La World Wide Web. (Red Mundial de Computadores.)
Vemos una buena analogía entre el flujo de información en la Red y el flujo de información entre neuronas, pero, ¿demostrará también la Red algún tipo de interiorización intrínseca? En tal caso, ¿qué será lo que interioriza? Por los capítulos 3 y 8 sabemos que la operación global del sistema nervioso reconoce e incorpora los patrones repetitivos de actividad neural (memorias, PAF y otros similares), y que constantemente intenta aumentar la eficiencia de cómputo, a la vez que trata de disminuir su sobrecarga. Intuitivamente, el aumento en velocidad y volumen del flujo de información que vemos en la Red debería encajar en este concepto de interiorización, pero, ¿es ésta una analogía válida? Y si lo es, ¿serán provechosos sus resultados?
Si las neuronas engendran la mente, puede la gente — las mentes — que representa cada punto nodal de la Red generar o convertirse en una mente colectiva? ¿Puede la Red soportar a la conciencia humana y, en tal caso, en qué consistiría esto? A primera vista, la Red y el cerebro son muy diferentes. El cerebro es algo viviente y la Red no lo es. ¿Puede algo no biológico tener mente?
Esta última cuestión no es retórica, ni se limita a las discusiones sobre la Red. Es de gran importancia potencial para la sociedad humana y exige la atención seria y concertada de muchas disciplinas.
A primera vista, el funcionamiento de una Red parece tener características comunes con el cerebro, pero, al examinarla de cerca, incluso esta seudoanalogía se derrumba rápidamente. A lo largo de este libro he puesto constante énfasis en la perspectiva de una arquitectura funcional y, vista así, en el mejor de los casos la Red es a lo sumo muy torpe. En la práctica, tal como la conocemos, la Red no podría soportar la conciencia de muchos. Por un lado, es un sistema muy "ruidoso" y, aunque veloz para muchas tareas, como transportar un mensaje de un sitio a otro, no es lo suficientemente rápida en sus parámetros integradores como para soportar a la conciencia de la manera como lo hace el sistema nervioso (que aún es nuestra mejor, si no la única, referencia o parámetro estándar). Se recordará que el sistema nervioso aumenta su propia eficiencia mediante la modularización de su función (ver Miklos, 1993). La Red, como la conocemos actualmente, no es modular. La mejor comparación que pudiera hacerse de la Red sería con un celentéreo hidra o medusa. Y si la medusa tiene alguna conciencia, ésta no tiene las características que soporten, en conjunto, una mente colectiva. Finalmente lo que se necesita es un subsistema de captación y otro de distribución, con una interacción simple en el punto de unión entre ambos.
El concepto de conciencia colectiva no es nuevo. El resultado de unas elecciones se toma como un mandato del pueblo que representa la decisión colectiva de la gente. Las ventajas de interactuar con un número aun mayor de mentes y las experiencias de cada una de ellas serían muy provechosas para la interiorización, pues el sistema nervioso atiende en particular a estímulos novedosos, convertidos en propios a través de la repetición. Si alguien nos previene: "No juegues con una araña negra que tenga una mancha como un reloj de arena en la barriga", pero pasa a decir inmediatamente: "No lo creerás, pero una vez vi una ballena voladora", probablemente recordaremos la precaución de la araña cuando ya nos esté picando. Por otro lado, si repetidamente, amigos, padres, profesores y médicos nos previenen sobre los riesgos que corremos si estas arañas nos pican, es muy posible que las evitemos desde el primer encuentro. Lo que queda en la mente es lo que se repite, y la "impresión" de este conocimiento evolucionó debido al remolino repetitivo de la información en muchas mentes, antes que en la propia.
Pero un momento; el conocimiento colectivo y la mente colectiva son dos cosas diferentes. Aunque puede haber muchas maneras de definir la mente colectiva, podemos ponernos de acuerdo en que una de ellas seria: los elementos que componen un todo se combinan de tal manera que, cuando son confrontados en conjunto, se produce e implementa una decisión acerca de lo que habrá de hacerse. Esta decisión puede no ser representativa y probablemente no lo será de la opinión de cada uno de los elementos, pero será un consenso benéfico para el grupo en su totalidad. Es lo mismo que los sacrificios y ganancias de las células aisladas, cuando optaron por socializarse para llegar a los organismos multicelulares. Este proceso culminó con las estructuras colectivas que asumen el papel de tomar las decisiones del animal, a saber, el sistema nervioso.
Considerando seriamente los componentes que deben constituir una mente colectiva, la Red es una buena candidata, en cuanto a requisitos potenciales, para soportar la conciencia de muchos. También se puede argüir que la Red fue creada por el hombre sin el deseo expreso de crear una mente colectiva.
¿Es la Red un sistema nervioso compuesto de sistemas nerviosos, una mente compuesta de mentes? Como ya lo dije, todavía no, al menos no en el sentido clásico de mente colectiva. Comunica ciertamente, pero no piensa. Sin embargo, se esboza ya un proceso global de toma de decisiones, que comienza a tomar forma — y que continuará tomándola —, afectando a todos para bien o para mal.
viernes, 25 de mayo de 2012
EL CEREBRO Y EL MITO DEL YO (54)
12
¿La mente colectiva?
El problema de la comunicación
En el capítulo anterior, la abstracción fue descrita como un elemento de una categoría muy general de la función nerviosa, derivada de la organización global del cerebro como producto de la selección natural. Ya se señaló que el sistema nervioso tiene grandes áreas que no se ocupan de funciones por segmentos. La unificación de esta función segmentaria en un conjunto es una abstracción que permite al animal crear en su interior una imagen quinestésica de si mismo, dándole la habilidad de colocarse en el contexto del mundo exterior. Más adelante, la característica más significativa en la tálamo-cortical, del cual los humanos somos el mejor y más sofisticado de los ejemplos. A la pregunta de qué ventaja primaria ofrece tal enriquecimiento, se respondería que indudablemente es la capacidad de cancelar o modificar los PAF, la cual, aunada con la de abstraer el "sí mismo", produce comportamientos complejos. Así, muchos animales (relativamente superiores) se esfuerzan para intentar escapar de problemas inesperados o para evitar verse sorprendidos e inmovilizados. Para comportarse así, el animal debe configurar una imagen de sí mismo en el contexto de lo que lo inmoviliza. Además debe encontrar una solución motora al problema de la inmovilización, transcendiendo la rutina de los PAF de caminar, rascar o morder, inadecuados en ese momento. Consideremos como ejemplo el problema que enfrentaría un albatros si caminara en vez de volar. Tanto su tamaño como su geometría corporal serían totalmente diferentes, como también lo sería la imagen de sí mismo que debería desarrollar.
La capacidad de abstracción del sistema nervioso es fundamental tanto para la creación de la imagen de sí mismo como para adquirir la posibilidad de cancelar o modificar los PAF. Estas abstracciones escapan hacia el mundo externo, ya que deben ser entendidas, aprendidas y luego comunicadas a través de la mímica. (Si actuar de este modo ayudó a mis parientes a escapar, tal vez me ayude a mí también.)
Pero aquí los humanos diferimos sustancialmente de, digamos, la ardilla, que se retuerce y da vueltas para escapar de un predador. La ardilla puede mostrar a otra ardilla o a otro animal que sus contorsiones y lances ayudan a escapar del enemigo, pero no puede "decir" a otro que eso es así. Con el debido respeto por las ardillas, el mensaje sería mucho más eficaz a través del lenguaje hablado, el cual facilita la comunicación de abstracciones internas, tanto desde el punto de vista del detalle como de la exactitud.
El lenguaje hablado, al contrario de la prosodia corporal o de la gesticulación facial, amplifica enormemente el ámbito de la comunicación, así como el rango de los sentidos. ¿Cómo? Cualquier ejemplo sirve. Mi amigo está parado en mis hombros y mira por encima de una pared elevada. "¿Qué ves?", pregunto. Entonces me cuenta. El lenguaje hablado claramente me permite "ver", allí donde mi vista no llega.
O bien mi amigo extiende el brazo y toca algo del otro lado. "¿Qué hay allí, qué tocaste?", y ahora puedo "tocar" lo que antes no podía. Asoma su cabeza al otro lado y ahora es mi olfato el que se ha extendido.
Lo anterior plantea dos puntos. En primer lugar, aunque mi amigo me podría comunicar lo que vio, sintió y olió sólo con prosodia corporal y gesticulación facial, posiblemente se perdería detalle, claridad y, por supuesto, velocidad, si lo que se quiere finamente es transmitir la información lo más exactamente posible. Generalmente esto es lo que sucede con cualquier tipo de comunicación, incluyendo el engaño con palabras y acciones (la zarigüeya que se hace la muerta). Para ser eficaz, un engaño debe expresar claramente la abstracción interna, independientemente de la veracidad con que ésta represente la realidad externa. Lo único que importa es que la intención se transmita clara y precisamente.
Un segundo punto se refiere a que el lenguaje hablado extiende los sentidos, pero dentro de ciertos límites. Tal extensión se ve limitada, porque los elementos vocales y auditivos tienen a su vez límites en sus combinaciones. La intensidad del grito y el alcance de lo que podemos oír a distancia tienen límites. Hay, pues, barreras bien definidas en esta comunicación y parecen bastante limitantes, pero, ¿en realidad lo son?
Digamos que mi amigo está ahora en una escalera mirando por encima de la pared. Apenas alcanzo a oírlo, y me grita lo que ve. A mi vez yo le grito a otra persona a distancia, ésta a su vez a otras y así sucesivamente. Esta cadena de comunicación le permite a la persona que se encuentra lejos "ver" con los ojos de mi amigo lo que hay al otro lado de la pared. Ahora bien, consideremos el tener teléfonos celulares.
No hay duda de que al ampliar el rango de la comunicación se amplía asimismo el rango de los sentidos. Tampoco hay duda de que el hombre primitivo aprendió y aprovechó esto, enviando mensajeros a pie y a caballo, y que por medio de señales visuales, como banderas, señales de humo y superficies reflectoras podía transmitir la información a mayor distancia, salvando obstáculos, para pasar así al otro lado de la cadena, en el cual se mantenía la comunicación palabra a palabra. Ésta era una técnica de transmisión de información a grandes distancias de manera segmentada o nodal, no muy diferente de la conducción de la señal del potencial de acción.
Pero al contrario del potencial de acción que no falla y que no cambia, la comunicación descrita es limitada. Aunque el lenguaje amplifica el rango de la comunicación (y por ende, el rango teórico de los sentidos), lo hace a expensas de la velocidad y de la precisión. Quien sepa de la distorsión de la información en el chisme, sabrá a lo que me refiero. Cuando el chisme llega de vuelta, es tal la distorsión que ha sufrido, que casi no se le reconoce. En general la distorsión es cómica, como cuando se confunde una palabra en un juego de "pase la voz", pero en otras ocasiones no es tan Jocosa, como en el caso de la orden militar "el regreso a las tres" que se convierte en "el regreso en tren". El antiguo adagio de que demasiados eslabones debilitan la cadena se aplica muy bien al lenguaje hablado, donde "debilitar" conlleva deficiencias en detalle, precisión y velocidad. Incluso, si por alguna razón, la transmisión de información fuera fiable y no cambiara en los puntos de unión de la fuente hasta el final (de la vía de comunicación), siempre habría cierta distorsión de la señal global, porque los elementos receptores no reciben la señal sincrónicamente. Para que una señal (mensaje) tenga un impacto apropiado, casi siempre debe llegar a muchos destinos y no sólo a uno.
Examinemos el flujo de información en un contexto evolutivo más amplio. ASÍ como a las células aisladas les tomó muchísimo tiempo organizarse y formar un animal, a los humanos les ha tomado mucho tiempo evolucionar en una sociedad con lazos estrechos, y ello básicamente por las mismas razones. En el capítulo 4 vimos que el requisito para que las células aisladas se agruparan en animales multicelulares fue la comunicación — el significado — entre las células, lo cual tomó muchísimo tiempo. Aun en las colonias celulares más primitivas, la importancia de la recepción simultánea de la señal es muy clara cuando pensamos en la combinación de elementos motores que deben actuar sincrónicamente para realizar cualquier movimiento, así éste sea muy simple, tal como el PAF de natación de la lamprea. Al desarrollarse el sistema nervioso, evolucionando hacia una sociedad celular específica, la simultaneidad en la activación como forma modular básica de la función no sólo conservó sino que aumentó sus capacidades. Como la necesidad de movimientos más complejos se vio incrementada, más necesaria la activación sincrónica de gran variedad de sinergias musculares. Esto se logró mediante la coordinación de señales temporales en sirios como el núcleo de la oliva inferior y la variación de las velocidades de conducción de diversas fibras nerviosas según su longitud, para asegurar la llegada simultánea de la señal a sus blancos desde muy diferentes distancias.
En el presente evolutivo, la solución que encontró el cerebro al problema de la unificación perceptual y de su subproducto, la cognición, es el ejemplo más contundente de conservación, elaboración e incorporación de la activación simultánea que nos ofrece la selección natural. En el capítulo 6, dedicado únicamente a este problema, se describe el sistema tálamo-cortical como una esfera funcional casi isocrónica (sincronizada) que unifica temporalmente los elementos fraccionados de la realidad interna y externa, representados por la actividad neuronal de regiones cerebrales espacialmente dispersas. Según esta perspectiva, tal activación simultánea del sistema produce una unidad perceptual: el libro que se siente en las manos, la voz interna que parece leerlo para usted, la silla que siente a su alrededor, todo parece un solo evento que ocurre en el presente. Imaginemos los problemas causados por la verdad perceptual, si la activación no fuera simultánea. Incluso habría dificultades con una sola modalidad sensorial. Si lo que se siente en la lengua, los cambios de presión en los dientes, la sensación en el paladar y en las mejillas no se unificaran temporalmente, en poco tiempo destruiríamos ese aparato compuesto por esos elementos, tan importante para la ingestión de comida, entre otras cosas. Incluso con un pequeño desfase en la sincronía de la percepción de estas sensaciones táctiles, el simple acto de masticar la comida ocasionaría mordeduras en la lengua y laceraciones en las mejillas.
Si la activación no fuera simultánea, se multiplicarían los problemas al combinar varías modalidades sensoriales. Si lo que oímos no coincide con lo que sentimos en los dedos, no llegaríamos nunca a tocar un instrumento musical. Para el caso, tampoco podríamos enunciar palabras o montar en bicicleta. En resumen, si la coordinación de la actividad no fuera simultánea, resultaría imposible integrar los diversos sistemas sensoriales en una unidad perceptual, y sin esto el "sí mismo" se fragmentaría. De no haberse resuelto el problema de la unificación durante la evolución, no estaríamos discutiendo esto ahora. Es decir, al desaparecer la sincronía desaparece el "sí mismo".
Igualmente, vemos que en sus albores la sociedad humana hubo de resolver el problema unificador de transferir información. Había distorsión de mensajes, porque éstos se distribuían a diferentes velocidades entre diversos elementos de la sociedad, por lo cual no todos los miembros los recibían simultáneamente. Las cosas cambian, y lo que es importante un día, al día siguiente puede no serlo, por lo cual se generan mensajes contradictorios. El resultado es que la verdad consensual sobre el estado de problemas globales o incluso locales no es ni completa ni estable.
Figura 12. 1
Un pequeño paso para el hombre, un salto gigante para la humanidad. La huella del pie del astronauta Edwin “Buzz” Aldrien en el suelo lunar durante la misión Apolo XI en 1969, como parte de un experimento para estudiar la naturaleza del polvo lunar y los efectos de la presión en la superficie. (Del sitio web nssdc.gsfc.nasa.gov.)
De la misma manera como la evolución del cerebro solucionó el problema de la unificación perceptual incorporando y usando la activación simultánea, la abstracción fue un producto de la actividad cerebral intrínseca del cerebro que reforzó el edificio social a través de la transmisión de información, en el sentido consensual de la verdad de esta información. Transmitido primero mediante dibujos y luego mediante la palabra escrita, el pensamiento abstracto ha llevado a una serie de avances tecnológicos que resultaron en una comunicación cada vez más precisa y detallada, la cual hoy en día es prácticamente simultánea entre individuos muy distantes entre sí. "Un pequeño paso para el hombre, un
salto gigante para la humanidad" puede sonar banal, pero además de lo fascinante de ese momento histórico, el mundo entero lo vivió al mismo tiempo, casi en el momento exacto en que se produjo (figura 12.1).
En la década de los 90, experimentamos el último evento de esta serie de avances comunicativos: la Red Mundial de computadores o World Wide Web. Sería acertado decir que la Red representa tal vez el mayor avance en la comunicación, sólo superado por la invención del lenguaje escrito. El primer invento alteró el curso de la civilización humana y éste tal vez también lo haga. Aun en su infancia, la Red ya ha reconfigurado profundamente las sociedades más desarrolladas y continuará haciéndolo en el futuro, de maneras difíciles de imaginar.
jueves, 24 de mayo de 2012
EL CEREBRO Y EL MITO DEL YO (53)
Acerca del lenguaje humano
Por todo lo anterior, debe quedar claro que el lenguaje, de cualquier clase que sea, no se materializó súbitamente como un relámpago en la evolución biológica a partir de la nada. Lo que se dirá a continuación no se aviene bien con quienes piensan que el único lenguaje verdadero es el de los humanos, pero es lógico considerar que la abstracción y la prosodia, cuyo significado intra e interespecies se gestaron lentamente a partir de la mímica, deben constituir el requisito o preámbulo evolutivo de aquello que hoy conocemos como lenguaje humano.
El lenguaje, y el humano en particular, surgió como extensión de las condiciones premotoras, tales como la creciente complejidad de la intencionalidad concomitante con el enriquecimiento del pensamiento abstracto. Sencillamente los humanos nos vimos obligados a hacer más con lo que teníamos, con las capacidades motoras y con la gradual sofisticación del movimiento deliberado, que se logró modificando, y a veces suprimiendo, los PAF existentes. La expansión del rango de la expresión motora probablemente ocurrió al mismo tiempo que la habilidad de cancelar PAF.
Recordemos que en el capítulo 7 se mencionó que la capacidad de cancelar un PAF liberado se basa en la creciente complejidad del sistema tálamo-cortical y también, de manera por demás clara, por el desarrollo de la conectivídad cortico-espinal (el llamado tracto piramidal). En una palabra, vemos el aumento de la intencionalidad sofisticada como base de los movimientos intencionales. La evolución de estos sistemas especializados, como el tracto piramidal que se relaciona con los movimientos de los pies y de los dedos, así como con la activación de los nervios craneales que inervan los labios, la lengua, la faringe y la laringe, fue la base para cancelar ciertos PAF, eliminando así limitaciones internas, lo cual dio lugar a la increíble destreza que vemos en los mamíferos superiores, particularmente en los simios y en los humanos. Es justo decir que la evolución y el enriquecimiento del manto cortical, como ocurrió en el sistema motor, es el más importante de los mensajes que conducen al desarrollo de la corteza. Ha sido una habilidad del sistema nervioso haber aumentado el número de posibles estados funcionales sin violar los PAF sobre los cuales cabalgan los movimientos voluntarios. En efecto, los PAF no se pueden cancelar, al punto de eliminarlos o de volverlos completamente latentes. Ya se discutió el importantísimo papel que desempeñan en la reducción de la sobrecarga de computación del sistema nervioso. En realidad, lo que distingue a nuestro cerebro como el más exquisitamente capaz intelectualmente es el refinado equilibrio evolutivo entre la eficiencia automática de cómputo y la capacidad de matizar los movimientos. Estas cuestiones son tan básicas y elementales que las damos por garantizadas, al punto de que rara vez nos percatamos de la increíble coordinación que se requiere en un PAF para algo tan común como hablar en público. Para ello, hay que mantenerse en posición erecta, vertical o tal vez, según las circunstancias, dando pasos mientras se efectúan constantemente complejas sinergias que sincronizan entre sí los mecanismos respiratorios, laríngeos y orofaciales ¡para producir siquiera una palabra reconocible! A lo anterior hay que añadir los movimientos prosódicos de gesticulación de los brazos y las expresiones faciales, con lo cual tendremos ante los ojos un evento motor bien complejo. Sin embargo, para muchos esto no es más que caminar y hablar a la vez.
Tomemos el ejemplo de la evolución de la coordinación ojo-mano, en la cual la reciente complejidad de la conectividad cortical amplifica las posibilidades motoras aunque sin violar los PAF subyacentes a todo movimiento voluntario. Al respecto, puede decirse que este sistema más reciente se entrelaza con los PAF ya existentes y los utiliza como columnas o contrafuertes de apoyo para los nuevos elementos. Metafóricamente, una intencionalidad más rica exige de una escenificación en la cual se representen obras que nunca se habían interpretado previamente, lo cual nos es familiar, pensando en las bases de la abstracción, pues en realidad son un mismo fenómeno. En el capitulo 6 se discutió que es precisamente así como se decanta el pensamiento abstracto. Pero ¡nótese que fue el uso de los PAF lo que permitió la vocalización! El nuevo sistema, aprovechando el amplio rango de los patrones (de sonidos), aumentando las capacidades prosódica y de intencionalidad, utilizó y expandió el PAF de vocalización. Y así como el incremento en la complejidad de la intencionalidad conllevó un aumento en la riqueza de la coordinación ojo-mano, también la creciente necesidad de expresar abstracciones internas aprovechó e incrementó la destreza del mecanismo vocal del animal. No sólo lo hizo con las estructuras orofaciales y laríngeas para producir los diversos sonidos, sino con todo el aparato respiratorio, indispensable para generar el parrón de flujo de aire requerido para emitir unos sonidos tan específicos. (Wild, 1994; Davis et al, 1996). Estos sonidos, aprendidos por imitación y repetición, son los fonemas de nuestra lengua. Representan y son la base de la "granularidad" misma del lenguaje, independientemente del idioma utilizado.
En los numerosos patrones motores que deben activarse para la compleja coordinación ojo-mano (Jeannerod, 1986; Miall, 1998), existe un número finito de posibles combinaciones. Lo mismo sucede con los fonemas o las letras de un alfabeto: es mucho lo que se logra al mezclar estos granos finitos de motricidad, para producir un increíble mosaico de expresiones. Cuando a este lenguaje le añadimos nuestras, ya de por sí, ricas capacidades prosódicas, no cabe duda de que como especie evolucionamos para expresar nuestros estados internos con muchísima mayor propiedad que cualquier otra especie.
En cuanto a la teoría lingüística, una propuesta teórica ha producido una gran controversia en el siglo pasado, referente al concepto de modularidad en la función cerebral. En su libro sobre las bases neurológicas del lenguaje, Chomsky (1972) postulaba que la única capacidad del sistema nervioso humano de generar un lenguaje complejo se debía a una función cerebral muy específica, probablemente ocurrida en una región muy especializada. Esto no es necesariamente así. Es cierto que el apoyo a dicha propuesta se basaba en la existencia del área de Wernicke (área de comprensión del lenguaje o de asociación auditiva), en el área del habla de Broca y en los problemas derivados de lesiones en tales áreas (alexia o incapacidad para leer, anomia o dificultad para encontrar palabras, afasias o desórdenes del habla). Sin embargo, la teoría no es del todo satisfactoria, porque el sistema nervioso central tiene serias limitaciones para reorganizarse más allá de cierto punto, además de que la localización de tal área es imprecisa y a la posibilidad de que dichas funciones migren a otras partes del cerebro (como en la epilepsia). Estos hallazgos contradicen la perspectiva simplista según la cual el cerebro es una organización puramente modular de tipo frenológico, que por muchos años invadió la neurología y la cual vuelve a emerger actualmente en lo que pudiera llamarse una neofrenología, por el uso a veces inadecuado de técnicas para obtener imágenes por sistemas no invasivos. Pero la dificultad para ubicar un evento cerebral con una precisión de unos pocos centímetros cúbicos de tejido, tampoco es suficiente para descartar por completo la noción de medularidad, especialmente si tal medularidad es considerada como una estructura funcional, a veces transitoria.
Mis razones particulares para aceptar esta perspectiva modular se relacionan con casos como el de la paciente, descrito en el capítulo 7 y con el planteamiento de los PAF. Una lesión cerebral tan extensa que no dejó sino un mínimo de módulo, permite que la persona genere no sólo fonemas sino también ciertas palabras (figura 11.3). Esto indica que el PAF motor es necesario y suficiente para la expresión de determinado módulo, pero no es suficiente para otros aspectos del habla, tales como generar un pensamiento detrás de las palabras, o incluso el contexto apropiado en el cual tales palabras deben usarse.
Figura 11.3
Tomografía de emisión de positrones (TEP) de una mujer que ha estado en coma por más de 20 años, en estado vegetativo permanente. Con poca frecuencia produce palabras aisladas de manera espontánea, que no guardan relación alguna con la estimulación externa. Su condición se produjo por tres accidentes cerebro vasculares masivos consecutivos, que destruyeron la mayoría de ambos hemisferios cerebrales, excepto los ganglios basales, partes del tálamo y la región cortical izquierda llamado área de Broca, que controla la emisión del habla. Las áreas resaltadas indican las pocas regiones cerebrales con alguna actividad metabólica significativa. (Ver capítulo 7, p. 152.) Este caso ilustra que ciertos circuitos cerebrales pueden soportar la expresión motora «modulan». En el caso de palabras habladas, ello requiere una articulación fonológica adecuada y la activación sincrónica de diversos músculos (incluyendo el diafragma), además de las cuerdas vocales. (Adaptado de Schiff et al.. 1999, figura 4.)
Por todo lo anterior, debe quedar claro que el lenguaje, de cualquier clase que sea, no se materializó súbitamente como un relámpago en la evolución biológica a partir de la nada. Lo que se dirá a continuación no se aviene bien con quienes piensan que el único lenguaje verdadero es el de los humanos, pero es lógico considerar que la abstracción y la prosodia, cuyo significado intra e interespecies se gestaron lentamente a partir de la mímica, deben constituir el requisito o preámbulo evolutivo de aquello que hoy conocemos como lenguaje humano.
El lenguaje, y el humano en particular, surgió como extensión de las condiciones premotoras, tales como la creciente complejidad de la intencionalidad concomitante con el enriquecimiento del pensamiento abstracto. Sencillamente los humanos nos vimos obligados a hacer más con lo que teníamos, con las capacidades motoras y con la gradual sofisticación del movimiento deliberado, que se logró modificando, y a veces suprimiendo, los PAF existentes. La expansión del rango de la expresión motora probablemente ocurrió al mismo tiempo que la habilidad de cancelar PAF.
Recordemos que en el capítulo 7 se mencionó que la capacidad de cancelar un PAF liberado se basa en la creciente complejidad del sistema tálamo-cortical y también, de manera por demás clara, por el desarrollo de la conectivídad cortico-espinal (el llamado tracto piramidal). En una palabra, vemos el aumento de la intencionalidad sofisticada como base de los movimientos intencionales. La evolución de estos sistemas especializados, como el tracto piramidal que se relaciona con los movimientos de los pies y de los dedos, así como con la activación de los nervios craneales que inervan los labios, la lengua, la faringe y la laringe, fue la base para cancelar ciertos PAF, eliminando así limitaciones internas, lo cual dio lugar a la increíble destreza que vemos en los mamíferos superiores, particularmente en los simios y en los humanos. Es justo decir que la evolución y el enriquecimiento del manto cortical, como ocurrió en el sistema motor, es el más importante de los mensajes que conducen al desarrollo de la corteza. Ha sido una habilidad del sistema nervioso haber aumentado el número de posibles estados funcionales sin violar los PAF sobre los cuales cabalgan los movimientos voluntarios. En efecto, los PAF no se pueden cancelar, al punto de eliminarlos o de volverlos completamente latentes. Ya se discutió el importantísimo papel que desempeñan en la reducción de la sobrecarga de computación del sistema nervioso. En realidad, lo que distingue a nuestro cerebro como el más exquisitamente capaz intelectualmente es el refinado equilibrio evolutivo entre la eficiencia automática de cómputo y la capacidad de matizar los movimientos. Estas cuestiones son tan básicas y elementales que las damos por garantizadas, al punto de que rara vez nos percatamos de la increíble coordinación que se requiere en un PAF para algo tan común como hablar en público. Para ello, hay que mantenerse en posición erecta, vertical o tal vez, según las circunstancias, dando pasos mientras se efectúan constantemente complejas sinergias que sincronizan entre sí los mecanismos respiratorios, laríngeos y orofaciales ¡para producir siquiera una palabra reconocible! A lo anterior hay que añadir los movimientos prosódicos de gesticulación de los brazos y las expresiones faciales, con lo cual tendremos ante los ojos un evento motor bien complejo. Sin embargo, para muchos esto no es más que caminar y hablar a la vez.
Tomemos el ejemplo de la evolución de la coordinación ojo-mano, en la cual la reciente complejidad de la conectividad cortical amplifica las posibilidades motoras aunque sin violar los PAF subyacentes a todo movimiento voluntario. Al respecto, puede decirse que este sistema más reciente se entrelaza con los PAF ya existentes y los utiliza como columnas o contrafuertes de apoyo para los nuevos elementos. Metafóricamente, una intencionalidad más rica exige de una escenificación en la cual se representen obras que nunca se habían interpretado previamente, lo cual nos es familiar, pensando en las bases de la abstracción, pues en realidad son un mismo fenómeno. En el capitulo 6 se discutió que es precisamente así como se decanta el pensamiento abstracto. Pero ¡nótese que fue el uso de los PAF lo que permitió la vocalización! El nuevo sistema, aprovechando el amplio rango de los patrones (de sonidos), aumentando las capacidades prosódica y de intencionalidad, utilizó y expandió el PAF de vocalización. Y así como el incremento en la complejidad de la intencionalidad conllevó un aumento en la riqueza de la coordinación ojo-mano, también la creciente necesidad de expresar abstracciones internas aprovechó e incrementó la destreza del mecanismo vocal del animal. No sólo lo hizo con las estructuras orofaciales y laríngeas para producir los diversos sonidos, sino con todo el aparato respiratorio, indispensable para generar el parrón de flujo de aire requerido para emitir unos sonidos tan específicos. (Wild, 1994; Davis et al, 1996). Estos sonidos, aprendidos por imitación y repetición, son los fonemas de nuestra lengua. Representan y son la base de la "granularidad" misma del lenguaje, independientemente del idioma utilizado.
En los numerosos patrones motores que deben activarse para la compleja coordinación ojo-mano (Jeannerod, 1986; Miall, 1998), existe un número finito de posibles combinaciones. Lo mismo sucede con los fonemas o las letras de un alfabeto: es mucho lo que se logra al mezclar estos granos finitos de motricidad, para producir un increíble mosaico de expresiones. Cuando a este lenguaje le añadimos nuestras, ya de por sí, ricas capacidades prosódicas, no cabe duda de que como especie evolucionamos para expresar nuestros estados internos con muchísima mayor propiedad que cualquier otra especie.
En cuanto a la teoría lingüística, una propuesta teórica ha producido una gran controversia en el siglo pasado, referente al concepto de modularidad en la función cerebral. En su libro sobre las bases neurológicas del lenguaje, Chomsky (1972) postulaba que la única capacidad del sistema nervioso humano de generar un lenguaje complejo se debía a una función cerebral muy específica, probablemente ocurrida en una región muy especializada. Esto no es necesariamente así. Es cierto que el apoyo a dicha propuesta se basaba en la existencia del área de Wernicke (área de comprensión del lenguaje o de asociación auditiva), en el área del habla de Broca y en los problemas derivados de lesiones en tales áreas (alexia o incapacidad para leer, anomia o dificultad para encontrar palabras, afasias o desórdenes del habla). Sin embargo, la teoría no es del todo satisfactoria, porque el sistema nervioso central tiene serias limitaciones para reorganizarse más allá de cierto punto, además de que la localización de tal área es imprecisa y a la posibilidad de que dichas funciones migren a otras partes del cerebro (como en la epilepsia). Estos hallazgos contradicen la perspectiva simplista según la cual el cerebro es una organización puramente modular de tipo frenológico, que por muchos años invadió la neurología y la cual vuelve a emerger actualmente en lo que pudiera llamarse una neofrenología, por el uso a veces inadecuado de técnicas para obtener imágenes por sistemas no invasivos. Pero la dificultad para ubicar un evento cerebral con una precisión de unos pocos centímetros cúbicos de tejido, tampoco es suficiente para descartar por completo la noción de medularidad, especialmente si tal medularidad es considerada como una estructura funcional, a veces transitoria.
Mis razones particulares para aceptar esta perspectiva modular se relacionan con casos como el de la paciente, descrito en el capítulo 7 y con el planteamiento de los PAF. Una lesión cerebral tan extensa que no dejó sino un mínimo de módulo, permite que la persona genere no sólo fonemas sino también ciertas palabras (figura 11.3). Esto indica que el PAF motor es necesario y suficiente para la expresión de determinado módulo, pero no es suficiente para otros aspectos del habla, tales como generar un pensamiento detrás de las palabras, o incluso el contexto apropiado en el cual tales palabras deben usarse.
Figura 11.3
Tomografía de emisión de positrones (TEP) de una mujer que ha estado en coma por más de 20 años, en estado vegetativo permanente. Con poca frecuencia produce palabras aisladas de manera espontánea, que no guardan relación alguna con la estimulación externa. Su condición se produjo por tres accidentes cerebro vasculares masivos consecutivos, que destruyeron la mayoría de ambos hemisferios cerebrales, excepto los ganglios basales, partes del tálamo y la región cortical izquierda llamado área de Broca, que controla la emisión del habla. Las áreas resaltadas indican las pocas regiones cerebrales con alguna actividad metabólica significativa. (Ver capítulo 7, p. 152.) Este caso ilustra que ciertos circuitos cerebrales pueden soportar la expresión motora «modulan». En el caso de palabras habladas, ello requiere una articulación fonológica adecuada y la activación sincrónica de diversos músculos (incluyendo el diafragma), además de las cuerdas vocales. (Adaptado de Schiff et al.. 1999, figura 4.)
miércoles, 23 de mayo de 2012
EL CEREBRO Y EL MITO DEL YO (52)
Papel de la mímica en el desarrollo del lenguaje
Volvamos a la mímica y al papel que desempeña en el desarrollo del lenguaje ¿Cómo logró la selección natural que la mímica se convirtiera en una propiedad intrínseca? Obviamente, sólo por vía de la mejor resistencia, ¿o si no qué? Partimos de la capacidad de imitar y estamos llegando al deseo de imitar, que es el paso posterior crucial. El instinto de imitar se amplifica porque a la mayoría de los animales les resulta muy fácil imitar mediante el sistema auditivo. ¿Por qué? Porque un sonido que se oye se puede reproducir una y otra vez hasta que cuadre con lo que se oyó. Ya señalé que es más difícil imitar mediante el sistema visual porque, en general, uno no se observa haciendo algo. Así, la mímica evolucionó de manera rápida y exuberante allí donde encontró fácil florecer.
Mímica de los sonidos
Es obvio que los animales emiten sonidos y además pueden oír los sonidos que ellos mismos emiten. El PAF de la vocalización cambia por completo las cosas, porque en este caso el animal puede acoplar a sus propiedades motoras cualquier secuencia sensorial, o sea que puede tratar de imitar cualquier sonido que oye (recordemos lo dicho sobre el trino de las aves).
La vocalización es un fenómeno fascinante. Por alguna razón, en lo referente al lenguaje humano, tendemos a equiparar la vocalización con el lenguaje, pero la vocalización es mucho más antigua. La verdadera riqueza de la vocalización actual evolucionó cuando ésta se acopló con la intención o prosodia. Pero la vocalización ocurrió primero, probablemente como accidente motor que desembocó en algo útil y, por tanto, me objeto de selección natural.
En un comienzo, la vocalización era parte de un PAF bastante sofisticado. ¿Cuál? Cuando me duele, grito. Y grito porque me duele, pero esta vocalización es también una forma de defensa. Cuando uno grita, tiende a sorprender momentáneamente al animal atacante, humano u otro, cosa que lo distrae por unos instantes de su ofensiva. Sí los gritos son muy fuertes, puede que el atacante se detenga, o incluso que se aleje. En este caso se incrementan las posibilidades de supervivencia. Pensemos ahora en el sentido evolutivo: uno grita cuando es mordido o atacado, de donde evolucionó el hecho de que uno grita cuando piensa que va ser atacado o mordido. El siguiente paso es gritar cuando se siente dolor, aunque el motivo no tenga nada que ver con el de ser atacado. Luego vienen las generalizaciones: un fuerte golpe en el abdomen, un calambre en la pierna, un golpe del dedo del pie al tropezar contra una piedra.
De una mera representación de respuestas ante la actividad externa, la vocalización pasa a representar la actividad interna. La vocalización es un reflejo motor de alerta, aunque nótese que no es sólo una respuesta a algo externo. Ciertamente el despertador es un objeto muy "alertante", pero la "alerta" es un estado interno que se puede generar tanto desde el interior como desde el exterior. Transcurridas unas horas, me percato de que por error dejé las llaves en el automóvil cerrado: ¡Ay!, ¡no! Esto, definitivamente, es "alerta", generada a partir de un estímulo puramente interno, consistente con el concepto de que dejar las llaves en el automóvil cerrado resulta perturbador. El concepto es el estímulo. Así mismo, un sueño puede ser tan intenso que, de hecho, despierte al durmiente, y esto también es "'alerta" puramente interior. El sistema nervioso central se halla constantemente bombardeado, tanto por estímulos externos como internos, por lo cual ambos son equivalentes. Es así cómo se llega a que el animal grite porque lo han mordido realmente, o porque siente en su interior que ha sido mordido.
Así, los animales oyen ruidos, hacen ruidos, se oyen entre sí haciendo sus propios ruidos y aprenden el significado de los ruidos cuando los emiten y cuando oyen los mismos sonidos en otros animales. Ya se dijo que este tipo de mímica probablemente es el mejor modo de asociar las cosas, porque cuando hay furia y se emite un sonido de furia, se llegará a reconocer que estos mismos sonidos indican "furia" en otros animales, o sea que los otros tienen el mismo tipo de experiencia interna que uno tuvo al emitir cierto ruido. Antes mencionamos que igual sucede con la risa, la cual reconocemos porque la asociamos con nuestra propia risa.
La mímica floreció espléndidamente en estos sistemas, porque podemos oír los sonidos que emitimos y emitir los sonidos que oímos. Las complejidades del significado interno y la expresión externa florecerán y se desarrollarán, si además existe un aparato que genere sonidos y parrones de sonidos suficientemente complejos, como los que nos permite nuestro sofisticado mecanismo laríngeo (Hirose y Gay, 1972; Passíngham, 1981; Doupe, 1993; Zhang et al, 1994; Davis et al, 1996; Jurgens y Zwirner, 1996; Jurgens, 1998; Doupe y Kuhl, 1999) y la siringe de las aves con su amplio rango de sonidos (Goller y Suthers, 1996a, b; Goller y Larsen, 1997a, b; Wild. 1997a, b; Suthers, 1997; Suthers et al, 1999). Por otro lado, la vaca sólo puede mugir, siendo esto todo: no tiene otras voces, como para hablar. El rango del aparato fonador de los humanos y de muchas aves es enorme, por lo cual naturalmente se selecciona como un excelente medio de comunicación.
Mímica visual
Muy común también en el reino animal, aunque no tan fácil de generar, es la mímica mediante el sistema visual. Tenemos el caso del lenguado que, aunque tal vez no sea la más elegante o bella de las criaturas, es sin embargo fascinante por su intención. Pensemos cómo es: tiene los dos ojos a un lado del cuerpo. Su superficie es oscura en el lado dorsal y clara en el ventral. Cuando el lenguado se posa en el fondo del mar, se funde en la misma imagen del medio que lo rodea. Lo intrigante en este caso es que, al incorporarse en la imagen de su universo, este animal crea con la superficie de su cuerpo un patrón que reproduce las propiedades visuales del mundo a su alrededor sobre un pedazo del fondo del mar, que no verá nunca porque él mismo forma parte de esa imagen. Como los ojos miran hacia arriba, el pez no está en posición de ver el terreno debajo de su cuerpo. La imagen se configura para ser vista por los demás y trata de imitar el contexto visual de lo que rodea al pez en reposo. El lenguado crea en su piel, para los otros peces que lo circundan, un patrón visual similar al área sobre la que se encuentra. Obviamente, si se le cubren los ojos no puede realizar tal patrón. Si se le coloca sobre un tablero de ajedrez, intentará copiar un patrón que se asemeje visualmente a una extensión del tablero. Lo importante es que el pez debe poder generalizar, abstraer lo que ve y tratar de copiarlo sobre su piel. No logrará una gran semejanza con el tablero de ajedrez — son obvios los problemas de su sistema óptico ante este problema — pero indudablemente hará un gallardo intento. Desde el punto de vista del sistema visual, se trata de un hermosísimo caso de mímica. El pez es capaz de crear un fragmento de una realidad inexistente, el cual, sin embargo, es lo suficientemente semejante al terreno como para que otro animal no discierna discontinuidades en lo que ve (figura 11.2). Este comportamiento de camuflaje del lenguado sólo puede explicarse si la abstracción interviene en este tipo de generación de patrones.
Figura 11.2
Fotografías de lenguados que ilustran su capacidad de camuflaje mediante el cambio de la apariencia para imitar el color y la textura del fondo. Los cambios adaptativos ocurren en 2-8 segundos. Las imágenes de la izquierda y del centro son del mismo pez. (Imagen de LA izquierda tomada del sitio web www.richimond.edu/~ed344/webunits/vertebrates/camouflage-html;imágenes del centro y derecha tomadas de Ramachandran et al.. 1996, figuro 1, p.816.)
El calamar Sepia es otro animal cuya mímica visual es relativamente más evolucionada. Estos cefalópodos tienen en la piel células oscuras llamadas cromóforos, que pueden expandirse o contraerse por activación nerviosa y por tanto parecen cambiar de blanco a negro (Ferguson e al., 1994; Loi et al., 1996; Shasher et,al., 1996). Gracias a los cromóforos, el calamar puede generar toda suerte de patrones (recuerdan los avisos de neón), de líneas y geometrías de líneas, en una y otra dirección, que se entrecruzan en sus cuerpos. Este efecto espectacular constituye otro ejemplo de un lenguaje prosódico muy complejo, puramente visual, un lenguaje semafórico si se quiere. También es un lenguaje muy rico, porque la sepia puede efectuar estos fugaces patrones muy rápidamente y con un enorme grado de complejidad. Es evidente que este lenguaje transmite un significado entre dos anímales; dada la exactitud y rapidez con la cual se imitan ciertos patrones y se añaden otros a los anteriores, es obvio que se trata de algo más que de un mero reflejo insustancial. Hay algo que debe inducir estos cambios con la sofisticación y el control necesarios para ser capaz de producir una señalización con tan increíble grado de complejidad, y es obvio que ese algo tiene impresa en él la intención de hacerlo.
Resumiendo brevemente. A todas luces, el lenguaje se gestó a partir de la abstracción o del pensamiento abstracto o, dicho de otro modo, el proceso generador de propiedades de abstracción en el sistema nervioso precedió por necesidad al lenguaje, y más particularmente al lenguaje prosódico. Hemos definido la prosodia como la expresión externa de un estado interno momentáneo, cuya expresión misma significa algo para otra criatura. Tales estados internos, tanto emociones como intenciones, no existen en el mundo externo y por lo tanto tienen que ser abstracciones. Fue la evolución de la mímica la que permitió que estas abstracciones llegaran a significar lo mismo — o algo parecido — como para que los organismos sacaran provecho de ella. La mímica aporta el factor común para que un comportamiento llegue a tener un significado que permita relacionar los estados internos con los comportamientos percibidos en los demás. Hago esto, cuando siento de esta manera; al ver que usted hace esto, pienso que usted posiblemente está sintiendo lo mismo. Así, a través de los tiempos, evolucionó el "significado".
La mímica se originó en dos formas primarias que, aunque de diversa índole, son reflejos de la abstracción interna. Existe la mímica de copia, que corresponde al método de "oigo este sonido y lo repito hasta que cuadre con lo que oigo" y el método de extrapolación, como cuando el lenguado se abstrae a si mismo en un patrón visual que sólo verán los demás. En términos generales, en una comunicación significativa, la copia suministra los elementos comunes que mediante las extrapolaciones permiten distinguir los matices entre las criaturas.
martes, 22 de mayo de 2012
EL CEREBRO Y EL MITO DEL YO (51)
Mímica: el origen del significado entre organismos
Parece inevitable concluir que el lenguaje probablemente evolucionó a partir de un
atributo prelingüística estrechamente relacionado con la prosodia y acentuado por ciertos sonidos o gestos particulares. Pero no olvidemos un elemento crucial del lenguaje. Si la prosodia es la expresión externa de un estado interno momentáneo, ¿cuál es su propósito si no es el de ser comprendida por otro animal? Una comunicación que no se base en un significado consensual (entre las partes) simplemente no es comunicación, por lo que la pregunta real será entonces: ¿cómo logró introducirse en la comunicación el aspecto del significado para la contraparte?
Me gustaría referirme a lo anterior como a la naturaleza "infecciosa'' de la actividad cerebral. La risa es el ejemplo perfecto: es contagiosa entre la gente. Alguien comienza a reír, otro lo oye (y/o lo ve) y pronto es inevitable reír. En otras palabras, una vez generada la risa en un individuo, al ser percibida por otro crea un estado semejante en su mente. Es como si la abstracción misma fuera infecciosa — una propiedad intrínseca de los circuitos neuronales que parece salirse de sí misma. Si la risa es contagiosa, al igual que el bostezo, tal vez mostrar los dientes y gruñir también sean "infecciosos". Examinemos esto en detalle.
Consideremos los kukaburras, pájaros de Australia que se organizan colgando en grupos, salpicando de machones negros y blancos las ramas de unos cuantos árboles cercanos. En medio del silencio, se deja oír el sonido característico de uno de ellos, que a los humanos nos resulta idéntico a la risa humana distorsionada. Luego otro kukaburra comienza a "reír", imitando el sonido del primero, y en segundos toda la bandada se está "carcajeando". Lo mismo se observa en las luciérnagas: una luciérnaga macho se enciende, otras la siguen, ¡deslumbrando realmente a la hembra en lontananza!
¿Qué nos dice esta mímica acerca del lenguaje? Un sistema nervioso que accidentalmente adquiera la capacidad de reconocer sensorialmente PAF generados por otros, ofrecería grandes ventajas para animales que vivan en grupos. "De facto", esta propiedad hace del grupo ¡anímales del mismo pelambre! Así, cuando los animales se imitan entre sí, inmediatamente tienden a formar una familia, porque es obvio que esto produce un sentido de familiaridad: ¡Hola, usted es de los nuestros!
Es cierto que a los parientes se les reconoce desde el comienzo de los tiempos, pero la mímica que se capta por los sentidos fomenta este reconocimiento mediante la repetición de los PAF de los demás miembros del grupo (figura 11.1), ¿Qué puede decirse entonces del significado de la comunicación entre especies? Sé que el perro de marras que me gruñía, me indica a mí, o a otro perro, que estamos en problemas. ¿Cómo se sabe? ¿Cómo lo sé yo? Mejor aún, ¿cómo llegamos a saberlo? Retrocedamos en la evolución y analicemos.
Un animal le muestra los dientes a otro, el cual no reconoce dicho PAF. Sin embargo, este PAF evoca a su vez un PAF de "entonces muestre sus dientes" o "corra". ¿Por qué? Porque todos los que no respondieron rápidamente al PAF de "me mostró los dientes", ¡murieron! Se convirtieron en merienda, por lo cual con el tiempo ¡se descartaron del reservorio genético! Pero los que permanecieron en cuanto a selección natural, transformaron este PAF de reconocimiento en un a priori intrínseco.
ASÍ pues, heredamos de la filogenia la capacidad de reconocer que ciertas cosas son peligrosas, por herencia, sin tener que memorizarlas ontogénicamente; por ejemplo, los peces saben desde el nacimiento que los colores muy vivos de otros peces son peligrosos. Sencillamente, es algo que ya saben. Esos peces de colores vivos que van allá son venenosos; ¡lo están anunciando! ¡Y esto forma parte del "cableado" de los peces, tanto como el hecho de tener colas! Si se quiere, lo anterior es el punto final evolutivo, pero en su origen está la mímica. Es obvio que el lenguaje no tendría mucho sentido si el receptor no comprendiera su significado. ¿Cómo ocurre la comprensión? Para que un animal comprenda el lenguaje, lo más fácil es que, de algún modo, el receptor asocie un evento motor producido por él mismo con la recepción del mismo evento efectuado por otro animal. Es decir, la expresión externa motora de la imagen sensomotora se compara con lo que el animal receptor realmente experimenta con sus sentidos: "El mono ve, el mono hace".
Aunque esto puede lograrse por aprendizaje, el mecanismo debe ser más poderoso que simplemente eso. Tendría que hacerse por el entendimiento (desde el punto de vista sensorial) de las consecuencias del comportamiento motor imitado. Esto es un poco complicado, pues hay un obstáculo por vencer.
Me explico. Supongamos que soy un caimán y que estoy mostrando los dientes. Esta situación es más complicada de lo que parece: Nunca me he visto a mí mismo mostrando los dientes. Sin embargo, puedo oír mi propio gruñido, de modo que cuando oigo gruñir a alguien lo reconozco como aquello que hago cuando estoy de cierto humor. Si veo que el gruñido va unido frecuentemente con mostrar los dientes, rápidamente asociaré ambas cosas y así cuando otro caimán me muestra los dientes no hago caso omiso de él o miro hacia otro lado como si nada. Éste es el punto medular de la evolución. Llegar a conocer los universales tuvo que originarse en que en un comienzo no se conocía acerca de ellos; esto sólo es posible de dos maneras. O bien el sistema nervioso sabe de antemano lo que está haciendo, o no lo sabe, en cuyo caso será la selección natural la que determine la respuesta: cuando otro caimán me muestra los dientes, yo le respondo mostrándole los míos. La respuesta correcta, claro está, es la segunda alternativa, la selección natural. ¿Cómo lo sé? Recordemos que al vernos por primera vez en televisión o en cine, siempre nos sorprendemos de lo tontos que parecemos. Hay algo interno que no cuadra con la representación externa del mismo evento, de modo que para comprender cabalmente la situación, no basta la imagen sensomotora de la acción. Desde el punto de vista sensorial, debe haber una manera de entender las consecuencias de una conducta motora. Ésta es la mímica. Yo, como caimán, no me veo a mí mismo mostrando los dientes, pero sé que lo hago cuando estoy furioso o cuando estoy listo a atacar. Ése es mi estado emocional y ése es el PAF liberado por él. Posteriormente veo que ese animal de allí, caimán u otro, me muestra los dientes. ¿Asocio o no que dicho PAF es la expresión externa del mismo estado interno de cólera que conozco en mí mismo? Por fortuna lo hago — me va la vida en ello — pero el caso es que sólo así un animal reconocerá e identificará el estado momentáneo interno de otro animal. Esta comprensión se adquiere tratando de imitar el comportamiento motor de otro, actuando por mímica y a la larga por ensayo y error. Puede que yo tarde indefinidamente en entender que cierto gesto de otro animal significa peligro, ya que no puedo saberlo. Por otro lado, si he vivido suficiente tiempo cerca de otros caimanes, que sí lo saben, simplemente imitando lo que hacían cuando otro les mostraba los dientes y les gruñía, me habría alejado ¡sin tener la más remota idea del evento precipitante! Pero mi posibilidad de supervivencia aumentó, porque aproveché el conocimiento de mis amigos caimanes. Soy objeto de la selección natural porque me comporto como si supiera que cuando "algo" me muestra los dientes, ello significa peligro. Lo anterior es lo que constituye la generalización de los significados ya mencionada, y que también se logra por ensayo y error. Considero que éste es el significado que suministra el nicho informativo específico del animal, lo que hacen quienes están cerca de mí y lo que ello significa para mí.
Aunque evidentemente se trata de reconocer patrones, dicho reconocimiento depende totalmente del contexto, por lo cual no se puede trasladar un cocodrilo del Nilo al Amazonas y esperar que sobreviva. En este caso ya no habrá ninguna familiaridad de patrones, ningún acoplamiento de lo interno con lo que se percibe en el exterior. El cocodrilo ya no reconocerá nada en el ambiente, pues, infortunadamente su sistema espera un conjunto de características externas, completamente diferentes de las que lo rodean. En otras, palabras ¡la abstracción ha sido engañada!
Una nota adicional. Da la impresión de que la abstracción buscara acoplar lo interno con lo externo. El sistema reconoce como familiares patrones que a lo sumo son semejantes. Recordemos que para la "impronta", se apela claramente al reconocimiento de patrones y, por tanto, a una abstracción que da origen y se asocia con la comprensión o con el significado. Otro ejemplo: recientemente se creó con un microchip una abeja artificial que efectúa la danza, se comunica con otras abejas reales y ahí las tenemos a todas volando en busca de comida (Montague et al., 1995). De modo que no necesariamente tiene que ser una abeja: ¡basta con un patrón geométrico retradimensional relativamente familiar y dinámico!
lunes, 21 de mayo de 2012
EL CEREBRO Y EL MITO DEL YO (50)
El lenguaje como hijo del pensamiento abstracto
Los comienzos de la abstracción
Comencemos poniéndonos de acuerdo sobre algunas definiciones concernientes a la abstracción o al pensamiento abstracto. En general la abstracción se refiere a algo que sólo existe en la mente: una idea, un concepto, una representación mental de algo, que puede (o no) existir en el mundo externo. La abstracción, o el conjunto de procesos neuronales que la originan, es un principio fundamental de la función del sistema nervioso. La naturaleza de estos procesos emana de los patrones filogenéticos del "cableado", adquirido por el sistema nervioso a lo largo de la evolución. Es muy probable, por tanto, que el abstraer sea muy antiguo y que su origen se remonte a sistemas nerviosos primitivos; esta perspectiva emerge de considerar que el cerebro está encaminado hacia el movimiento predictivo. Para contextualizar un movimiento en su entorno integral, en primer lugar el animal tendrá que generar algún tipo de "imagen" interna o descripción global de "sí mismo". Posteriormente esa imagen servirá de base a la estrategia alrededor de la cual se organizará la táctica de lo que el animal hará.
A primera vista, la generación de una transformación interna voluntaria sensomotora (ver capítulo 7) no tiene una correspondencia directa con la obvia conectividad neuronal requerida para tal transformación, por ejemplo, un golpe en los dedos del pie con una flexión de la pierna. El "cableado" más reciente representa, más que un mero reflejo segmentado, una función global. Ejemplo de lo anterior es el caminar coordinado de un animal elongado (multisegmentado), que no es solo el paso producido por un reflejo generado en un solo segmento.
Por "animal elongado" me refiero a cualquier criatura encefalizada, con una cabeza y una cola (o pies), con una columna o cadena de tejido nervioso que atraviesa el cuerpo en sentido longitudinal. Esta descripción abarca un amplio rango, desde las criaturas más bajas de la escala con una notocorda muy primitiva, hasta aquéllos con una medula espinal muy sofisticada. Que el sistema nervioso se haya organizado a través de la evolución, de una manera segmentada, se deriva probablemente de la necesidad neurobiológica de optimizar la relación de la superficie corporal con el volumen, con lo cual se minimiza la distancia a la cual debe viajar una señal nerviosa desde o hacia el mundo externo. Los animales elongados básicamente están organizados como "pila de monedas" dispuestas horizontalmente, en las cuales el contenido neural de cada moneda está dirigido hacia el servicio de ese segmento, y para muy poco más. Con el fin de hacer de estos segmentos un animal funcional, debe existir una porción del sistema nervioso que no sea únicamente segmentaria. Esta parte del sistema nervioso puede unir los diversos segmentos en un codo, que antes no existía. Como dijimos previamente, podemos considerar este hecho como el comienzo de una función abstracta, ya que ésta parte del sistema nervioso no está relacionada directamente con la conectividad nerviosa a ningún nivel segmentario en particular. El sistema nervioso hace abstracción del hecho de que el animal está reconstituido por una serie de segmentos unidos, lo cual nos lleva inmediatamente a la conclusión de que el proceso de integración intersegmentaria es una abstracción y que representa el inicio de ésta como proceso biológico seleccionado naturalmente. Que ésta sea la dirección evolutiva desarrollada por la naturaleza se basa en la observación de que el sistema nervioso central se desarrolló al frente de la medula espinal, polarizando así la encefalización. Vemos que aquí sucede algo importante: que en un animal muy desarrollado neurológicamente surge el hecho de que éste puede tener, una representación interna de si mismo, no sólo como una unión de partes, sino como una entidad única. Es aquí, en este metaevento germinal, donde la abstracción comienza y el "sí mismo" aparece.
¿Cómo se relaciona este hecho con la predicción? Más allá de la descripción del animal en sí y de la descripción de los impulsos que le llegan, los circuitos intrínsecos del sistema nervioso son capaces de generar una representación promotora de lo que está sucediendo afuera. A partir de la presencia autorreferencial de esta imagen motora, el animal es capaz de decidir lo que debe hacer. El animal es capaz de "predecir": correr, pelear, conseguir comida o lo que sea. Funcionalmente hablando, el animal es el circuito que representa sus atributos motores. Este evento central es una entidad abstracta.
De gran importancia es lo que ocurre entre el estimulo que produce el movimiento y el PAF motor liberado. El origen del estímulo desencadenante puede ser externo ("¡una araña se me está '' subiendo por entre los pantalones!") o interno ("¡dejé la estufa encendida en casa!"). En ambos casos, si se les otorga un significado interno apropiado (que obedece al "estatus" momentáneo, o al contexto del sistema cíclico tálamo-cortical), se amplifican hacia "Un estado emocional”. Ya vimos que el sistema nervioso se encuentra "cableado" de tal manera que sólo libera PAF basados en los estados emocionales que los preceden. ASÍ, tales eventos internos, las emociones, por definición constituyen estados premotores.
Volveremos más adelante a este tema. Las emociones o estados emocionales son fenómenos que no existen en el mundo externo; son absolutamente internos y, de no ser por la motricidad, permanecerían completamente ocultos a observadores externos. Sólo por la expresión del PAF liberado, podemos inferir cuál es la emoción que lo generó. El perro gruñe y me muestra los dientes; es probable que no esté muy contento de verme. Otra cosa es cómo llegué a saberlo, o a deducirlo, lo que constituye otro tema que discutiremos en breve. De momento, el punto es que las emociones, por ser eventos puramente internos, son simplemente estados inventados por el sistema nervioso central y, como tales, son claramente abstracciones. Es Justo decir que, del mismo modo que las emociones, las abstracciones también son productos intrínsecos del funcionamiento del sistema nervioso central.
Intencionalidad
Volviendo a la predicción, es claro que ésta debe tener una meta o de lo contrario no tendría ningún marco de referencia; el movimiento sin objetivo no sólo es un gasto inútil, sino que puede ser muy peligroso. El destino o meta del movimiento debe definirse con precisión, o sea que lo intentado se haga en relación con las propiedades del objetivo. Con respecto de la abstracción, la intencionalidad es el detalle premotor del deseo de obtener algún resultado mediante un movimiento que exprese cierto estado emocional: escoger lo que haremos antes de hacerlo.
Consideremos lo siguiente: si nuestro cerebro es capaz de planear estrategias motoras que podemos implementar si lo deseamos, también es posible expresar nuestra intencionalidad como una manifestación motora de lo que está sucediendo en nuestra cabeza. Volvemos al párrafo anterior, para decir que la expresión externa de una actividad promotora precede y predice la activación de patrones motores específicos. Ejemplo de tal proceso sería gritar: "¡Corra!" ante un peligro, antes de comenzar a correr realmente, lo cual plantea un punto crucial acerca del lenguaje mismo. Pienso que la capacidad de vocalizar los múltiples aspectos de la intencionalidad se desarrolló primero como la capacidad de separar las propiedades de las cosas de las cosas en sí mismas. Con el tiempo, esta abstracción engendraría algo así como un catálogo mental, un alfabeto que nos permitiría generar dentro de nosotros imágenes que serían adiciones sucesivas, por la re-entrada de los eventos fundamentales, convirtiéndose así en el comienzo del lenguaje. Llegamos aquí a nuestro primer corolario: incluso antes de que el lenguaje estuviera suficientemente bien estructurado como para permitir la comunicación, su génesis requeriría que el sistema nervioso tuviera la capacidad fundamental de crear una serie de imágenes premotoras, necesarias para abstraer las propiedades de las cosas, a partir de las cosas mismas. Es decir, requeriría una imaginería premotora para hacer abstracción de universales.
Así, debemos tener en cuenta dos aspectos muy importantes respecto de la evolución del lenguaje. Primero, que el pensamiento abstracto evolucionó antes que el lenguaje y, segundo, que los eventos promotores que conducen a la expresión del lenguaje son exactamente los mismos que los que preceden a cualquier movimiento que se ejecute con un propósito definido. Como estos dos puntos son prácticamente idénticos, se infiere que el lenguaje es un elemento de una categoría de funciones mucho más amplia y general.
Prosodia: primeras manifestaciones de un lenguaje interno
Indaguemos acerca de los posibles orígenes del lenguaje y de la revolución de este indispensable instrumento. De modo similar a lo que ocurrió en la evolución para el desarrollo del ojo, fue difícil encontrar una perspectiva clara de los orígenes evolutivos del lenguaje (ver discusiones y conceptos en MacNeilage, 1994, 1998; Verhaege, 1995; Gordon, 1996; Ujhelyi, 1996; Aboitiz y García, 1997a, b; Honda y Kusakawa, 1997; Ganger y Stromswold, 1998; Gannon et al, 1998; Doupe y Kuhl, 1999; Nowak y Krakauer, 1999). Como en los ejemplos anteriores, los pasos previos a la emergencia de un órgano especializado no necesariamente funcionan o se asemejan a lo que son en la actualidad. Por lo que conocemos de la evolución de las vidas que nos permitieron tener ojos, sería de esperarse que los ancestros del lenguaje tuvieran una vía genealógica insospechada.
Antes de proseguir, hagamos algunas definiciones aclaratorias. ¿Qué es lo que en realidad encendemos por "lenguaje"? Lo primero que se nos viene a la mente es el lenguaje humano con su gran variedad de formas escritas y habladas, así como también que las lenguas distintas de la nuestra son a la vez fascinantes y misteriosas. Si el lector, como muchos otros, piensa que el lenguaje es exclusividad nuestra, o que fuimos los humanos quienes lo inventamos, entonces debo manifestar mi completo desacuerdo, por razones muy simples; es obvio que el lenguaje existe en diversas especies muchísimo más antiguas que nosotros (el Homo sapiens), además de que es un rasgo tan generalizado en el reino animal, que no puede ser considerado seriamente como de exclusivo dominio del humano. Pese a que probablemente nuestro lenguaje sea el más rico y complejo, no somos ni los inventores ni los únicos poseedores del lenguaje.
Definamos el lenguaje como la metodología mediante la cual los animales se comunican entre sí. Como esta definición no aborda el problema de la intención de comunicar, se trata entonces de una categoría bastante amplia y genérica, que sólo se refiere a que existe algún nivel de comunicación. Hasta el momento hemos dicho que el lenguaje es una extensión lógica de las propiedades intrínsecas de abstracción del sistema nervioso central, o simplemente del pensamiento abstracto. Pero pienso que lo anterior es una subcategoría de lenguaje que yo llamaría "prosodia" biológica. La prosodia es una forma más generalizada de comportamiento motor, una gesticulación externa de un estado interno, la expresión externa de una abstracción que emana del interior y que significa algo para otro animal. Entre nosotros, sonreír, reír, fruncir el ceño, alzar las cejas son formas de prosodia, pues significan un estado interno momentáneo que otra persona reconoce y comprende. Aunque no es hablada, la prosodia es lenguaje y es comunicación intencional. En ningún caso se limita a los humanos, ya que es muy generalizada en el reino animal y muy antigua evolutivamente. En su brillante texto sobre las expresiones faciales, Darwin estudió la prosodia de los animales en cuanto a los estados de ánimo y las caras y de cómo las caras y las posturas expresan estados internos momentáneos del animal, que son abstracciones internas, como lo son también las emociones y las intenciones. Así pues, un evento prosódico es una abstracción acoplada a una expresión motora de un animal, que transmite a otro cuál es su estado interno en ese momento.
Si la prosodia representa una subcategoría del lenguaje, ¿podríamos encontrar ejemplos de lenguaje sin prosodia? Hay lenguajes que son tan extraordinariamente específicos, que no por transmitir mensajes muy simples dejan de ser esenciales para la supervivencia de la especie. Un ejemplo, la emisión de feromonas y sus sistemas de recepción en la polilla, que operan a kilómetros, convirtiéndose en una clara comunicación a distancia. La feromona liberada por la hembra es reconocida específica y exclusivamente por el macho de la misma especie, siendo suficientemente efectiva como comunicación entre la pareja, como para que puedan aparearse en nichos por demás superpoblados (Willis y Arbas, 1991; Hildebrand, 1995; Roelofs, 1995; Baker et al., 1998). Pero, pese a que este lenguaje es crítico para la supervivencia de la especie, no se relaciona con la expresión externa de abstracciones generadas internamente. No es pues prosodia, sino más bien un simple evento capaz de modificar conductas mediante la liberación y recepción de moléculas específicas.
Sin embargo, en la mayoría de casos, el lenguaje se limita a eventos prosódicos. Tales lenguajes se observan en muchos niveles de la evolución, en donde realizan muy diversas funciones. El lenguaje de las abejas fue uno los primeros lenguajes no humanos que se pudo descifrar y comprender; comunica órdenes simples, siendo básicamente una danza, un ritmo y una orientación efectuados en el espacio. Cada abeja ejecuta una danza especifica de su especie para informar acerca de la cantidad y localización del alimento con referencia a la colmena, de manera que todas las abejas de la colonia estén al tanto y contribuyan a procurarse la comida (von Frisch, 1994; Gould, 1976. 1990; Hammer y Menzel, 1995; Menzel y Muller, 1996; Waddington et al., sfz 1998). Este tipo de lenguaje también se ha estudiado en otros invertebrados y en vertebrados. Por definición, estas formas de comunicación siempre requieren un orden social que permita que el organismo receptor de la información la utilice con algún propósito.
Hay variaciones del lenguaje que informan de cosas muy ajenas al mero sustento para la familia. Por ejemplo, al ser atacados, la mayoría de los animales adoptan posiciones que el atacante identifica como claramente defensivas o previas a un contragolpe. Tal postura puede ser algo tan sencillo como el aumento de tamaño del pez globo, para parecer más formidable, o el frecuente comportamiento de mostrar los dientes y de gruñir de la mayoría de los vertebrados. Los animales con cuernos, como el rinoceronte o el búfalo, toman posiciones en las cuales los cuernos apuntan hacia el animal amenazante o atacante. Es cierto que el repertorio de todos estos lenguajes es muy limitado, pero esta forma de prosodia probablemente es el fundamento mismo de todos los tipos de comunicación intencional, inter e intraespecies.
En niveles superiores de la escala evolutiva, vemos emerger lenguajes cuya organización es más elaborada. Un excelente ejemplo es el lenguaje de los lobos, el cual, mediante la prosodia, permite que las manadas expresen conductas relativamente complejas y socialmente estructuradas, tanto de ataque como de defensa. En este caso las relaciones entre estos animales no son de simple prosodia, sino que representan el contexto (social) dentro del cual se utiliza este lenguaje prosódico.
Este tipo de prosodia es muy sofisticada en los Sobos y se expresa globalmente mediante múltiples variaciones, como la vocalización, el contacto de ojos, los gestos de la cabeza y toda la comunicación corporal. Por ejemplo, la dominancia (determinar cuál será el futuro macho alfa) se efectúa mediante la comunicación, no sólo del poderío físico, sino por el grado de sumisión que expresa la posición social de los machos subordinados, quienes se tenderán en los lomos, ofreciendo el cuello al macho alfa. Este tipo de lenguaje permite establecer una jerarquía social que es básica para las estrategias de conjunto de la manada. Sin embargo, durante la caza se generan otros factores, de tal manera que:
El liderazgo real no es muy aparente en la manada de lobos, puesto que cualquier animal puede iniciar el ataque. Sin embargo, hay un alto grado de cooperación para la caza y el cuidado de las crías. En manadas salvajes, la organización de la dominancia no se manifiesta muy explícitamente, pero en cautiverio en los zoológicos, cuando su principal ocupación de cazar se torna innecesaria por estar alimentados artificialmente, entonces pasarán largos períodos amenazándose entre sí e imponiendo la dominancia (Dewsbury y Rethlingshafer, 1973).
Pese a los riesgos de generalizar comportamientos observados en cautiverio a comportamientos en la naturaleza, el hecho es que la organización social de los lobos es jerárquica, por lo cual los eventos prosódicos o de lenguaje tendrán diferentes significados en los diversos estratos de la jerarquía. La prosodia que en la secuencia de ataque le indica al adulto macho cuándo debe lanzarse, puede indicarle al cachorro simplemente la diferencia entre el ataque y la defensa. Lo importante aquí es que la jerarquía social en sí no se daría de no existir elementos comunes en todos los niveles. Vemos pues que el lenguaje se desarrolla en el contexto de un orden social particular, a manera de vínculo entre los animales, para formar una sola entidad funcional en beneficio de todos.
También en perros salvajes del África se observan comportamientos de caza muy interesantes. Con frecuencia atacan en pastizales altos, ya que es allí donde generalmente encuentran a los pequeños animales que son sus presas. Las puntas de las colas de estos perros son blancas. Erguidas en el aire, se mueven en vaivén, formando patrones que estimulan la visión periférica. De este modo, cada perro, sin tener que fijarse mucho a su alrededor, puede localizar las otras colas y recibe así un informe constantemente actualizado de la estructura de la manada, conforme se aleje o arrincone a la presa. No es descabellado considerar aquí la fascinante posibilidad de que la anatomía evolucionara para relacionarse con el lenguaje de la estrategia.
Estas propiedades prosódicas del conjunto de la especie canina dieron lugar a la relación tan particular del perro con el hombre, relación especialmente dará en situaciones en las que el perro y el hombre forman un equipo de trabajo, como en el pastoreo o la caza. En estos casos, el perro simplemente expresa propiedades (abstracción y prosodia) genéricamente determinadas, que tienen que ver con las relaciones jerárquicas ya conocidas — sólo que en este caso la jerarquía es con un animal diferente de otro perro.
Los comienzos de la abstracción
Comencemos poniéndonos de acuerdo sobre algunas definiciones concernientes a la abstracción o al pensamiento abstracto. En general la abstracción se refiere a algo que sólo existe en la mente: una idea, un concepto, una representación mental de algo, que puede (o no) existir en el mundo externo. La abstracción, o el conjunto de procesos neuronales que la originan, es un principio fundamental de la función del sistema nervioso. La naturaleza de estos procesos emana de los patrones filogenéticos del "cableado", adquirido por el sistema nervioso a lo largo de la evolución. Es muy probable, por tanto, que el abstraer sea muy antiguo y que su origen se remonte a sistemas nerviosos primitivos; esta perspectiva emerge de considerar que el cerebro está encaminado hacia el movimiento predictivo. Para contextualizar un movimiento en su entorno integral, en primer lugar el animal tendrá que generar algún tipo de "imagen" interna o descripción global de "sí mismo". Posteriormente esa imagen servirá de base a la estrategia alrededor de la cual se organizará la táctica de lo que el animal hará.
A primera vista, la generación de una transformación interna voluntaria sensomotora (ver capítulo 7) no tiene una correspondencia directa con la obvia conectividad neuronal requerida para tal transformación, por ejemplo, un golpe en los dedos del pie con una flexión de la pierna. El "cableado" más reciente representa, más que un mero reflejo segmentado, una función global. Ejemplo de lo anterior es el caminar coordinado de un animal elongado (multisegmentado), que no es solo el paso producido por un reflejo generado en un solo segmento.
Por "animal elongado" me refiero a cualquier criatura encefalizada, con una cabeza y una cola (o pies), con una columna o cadena de tejido nervioso que atraviesa el cuerpo en sentido longitudinal. Esta descripción abarca un amplio rango, desde las criaturas más bajas de la escala con una notocorda muy primitiva, hasta aquéllos con una medula espinal muy sofisticada. Que el sistema nervioso se haya organizado a través de la evolución, de una manera segmentada, se deriva probablemente de la necesidad neurobiológica de optimizar la relación de la superficie corporal con el volumen, con lo cual se minimiza la distancia a la cual debe viajar una señal nerviosa desde o hacia el mundo externo. Los animales elongados básicamente están organizados como "pila de monedas" dispuestas horizontalmente, en las cuales el contenido neural de cada moneda está dirigido hacia el servicio de ese segmento, y para muy poco más. Con el fin de hacer de estos segmentos un animal funcional, debe existir una porción del sistema nervioso que no sea únicamente segmentaria. Esta parte del sistema nervioso puede unir los diversos segmentos en un codo, que antes no existía. Como dijimos previamente, podemos considerar este hecho como el comienzo de una función abstracta, ya que ésta parte del sistema nervioso no está relacionada directamente con la conectividad nerviosa a ningún nivel segmentario en particular. El sistema nervioso hace abstracción del hecho de que el animal está reconstituido por una serie de segmentos unidos, lo cual nos lleva inmediatamente a la conclusión de que el proceso de integración intersegmentaria es una abstracción y que representa el inicio de ésta como proceso biológico seleccionado naturalmente. Que ésta sea la dirección evolutiva desarrollada por la naturaleza se basa en la observación de que el sistema nervioso central se desarrolló al frente de la medula espinal, polarizando así la encefalización. Vemos que aquí sucede algo importante: que en un animal muy desarrollado neurológicamente surge el hecho de que éste puede tener, una representación interna de si mismo, no sólo como una unión de partes, sino como una entidad única. Es aquí, en este metaevento germinal, donde la abstracción comienza y el "sí mismo" aparece.
¿Cómo se relaciona este hecho con la predicción? Más allá de la descripción del animal en sí y de la descripción de los impulsos que le llegan, los circuitos intrínsecos del sistema nervioso son capaces de generar una representación promotora de lo que está sucediendo afuera. A partir de la presencia autorreferencial de esta imagen motora, el animal es capaz de decidir lo que debe hacer. El animal es capaz de "predecir": correr, pelear, conseguir comida o lo que sea. Funcionalmente hablando, el animal es el circuito que representa sus atributos motores. Este evento central es una entidad abstracta.
De gran importancia es lo que ocurre entre el estimulo que produce el movimiento y el PAF motor liberado. El origen del estímulo desencadenante puede ser externo ("¡una araña se me está '' subiendo por entre los pantalones!") o interno ("¡dejé la estufa encendida en casa!"). En ambos casos, si se les otorga un significado interno apropiado (que obedece al "estatus" momentáneo, o al contexto del sistema cíclico tálamo-cortical), se amplifican hacia "Un estado emocional”. Ya vimos que el sistema nervioso se encuentra "cableado" de tal manera que sólo libera PAF basados en los estados emocionales que los preceden. ASÍ, tales eventos internos, las emociones, por definición constituyen estados premotores.
Volveremos más adelante a este tema. Las emociones o estados emocionales son fenómenos que no existen en el mundo externo; son absolutamente internos y, de no ser por la motricidad, permanecerían completamente ocultos a observadores externos. Sólo por la expresión del PAF liberado, podemos inferir cuál es la emoción que lo generó. El perro gruñe y me muestra los dientes; es probable que no esté muy contento de verme. Otra cosa es cómo llegué a saberlo, o a deducirlo, lo que constituye otro tema que discutiremos en breve. De momento, el punto es que las emociones, por ser eventos puramente internos, son simplemente estados inventados por el sistema nervioso central y, como tales, son claramente abstracciones. Es Justo decir que, del mismo modo que las emociones, las abstracciones también son productos intrínsecos del funcionamiento del sistema nervioso central.
Intencionalidad
Volviendo a la predicción, es claro que ésta debe tener una meta o de lo contrario no tendría ningún marco de referencia; el movimiento sin objetivo no sólo es un gasto inútil, sino que puede ser muy peligroso. El destino o meta del movimiento debe definirse con precisión, o sea que lo intentado se haga en relación con las propiedades del objetivo. Con respecto de la abstracción, la intencionalidad es el detalle premotor del deseo de obtener algún resultado mediante un movimiento que exprese cierto estado emocional: escoger lo que haremos antes de hacerlo.
Consideremos lo siguiente: si nuestro cerebro es capaz de planear estrategias motoras que podemos implementar si lo deseamos, también es posible expresar nuestra intencionalidad como una manifestación motora de lo que está sucediendo en nuestra cabeza. Volvemos al párrafo anterior, para decir que la expresión externa de una actividad promotora precede y predice la activación de patrones motores específicos. Ejemplo de tal proceso sería gritar: "¡Corra!" ante un peligro, antes de comenzar a correr realmente, lo cual plantea un punto crucial acerca del lenguaje mismo. Pienso que la capacidad de vocalizar los múltiples aspectos de la intencionalidad se desarrolló primero como la capacidad de separar las propiedades de las cosas de las cosas en sí mismas. Con el tiempo, esta abstracción engendraría algo así como un catálogo mental, un alfabeto que nos permitiría generar dentro de nosotros imágenes que serían adiciones sucesivas, por la re-entrada de los eventos fundamentales, convirtiéndose así en el comienzo del lenguaje. Llegamos aquí a nuestro primer corolario: incluso antes de que el lenguaje estuviera suficientemente bien estructurado como para permitir la comunicación, su génesis requeriría que el sistema nervioso tuviera la capacidad fundamental de crear una serie de imágenes premotoras, necesarias para abstraer las propiedades de las cosas, a partir de las cosas mismas. Es decir, requeriría una imaginería premotora para hacer abstracción de universales.
Así, debemos tener en cuenta dos aspectos muy importantes respecto de la evolución del lenguaje. Primero, que el pensamiento abstracto evolucionó antes que el lenguaje y, segundo, que los eventos promotores que conducen a la expresión del lenguaje son exactamente los mismos que los que preceden a cualquier movimiento que se ejecute con un propósito definido. Como estos dos puntos son prácticamente idénticos, se infiere que el lenguaje es un elemento de una categoría de funciones mucho más amplia y general.
Prosodia: primeras manifestaciones de un lenguaje interno
Indaguemos acerca de los posibles orígenes del lenguaje y de la revolución de este indispensable instrumento. De modo similar a lo que ocurrió en la evolución para el desarrollo del ojo, fue difícil encontrar una perspectiva clara de los orígenes evolutivos del lenguaje (ver discusiones y conceptos en MacNeilage, 1994, 1998; Verhaege, 1995; Gordon, 1996; Ujhelyi, 1996; Aboitiz y García, 1997a, b; Honda y Kusakawa, 1997; Ganger y Stromswold, 1998; Gannon et al, 1998; Doupe y Kuhl, 1999; Nowak y Krakauer, 1999). Como en los ejemplos anteriores, los pasos previos a la emergencia de un órgano especializado no necesariamente funcionan o se asemejan a lo que son en la actualidad. Por lo que conocemos de la evolución de las vidas que nos permitieron tener ojos, sería de esperarse que los ancestros del lenguaje tuvieran una vía genealógica insospechada.
Antes de proseguir, hagamos algunas definiciones aclaratorias. ¿Qué es lo que en realidad encendemos por "lenguaje"? Lo primero que se nos viene a la mente es el lenguaje humano con su gran variedad de formas escritas y habladas, así como también que las lenguas distintas de la nuestra son a la vez fascinantes y misteriosas. Si el lector, como muchos otros, piensa que el lenguaje es exclusividad nuestra, o que fuimos los humanos quienes lo inventamos, entonces debo manifestar mi completo desacuerdo, por razones muy simples; es obvio que el lenguaje existe en diversas especies muchísimo más antiguas que nosotros (el Homo sapiens), además de que es un rasgo tan generalizado en el reino animal, que no puede ser considerado seriamente como de exclusivo dominio del humano. Pese a que probablemente nuestro lenguaje sea el más rico y complejo, no somos ni los inventores ni los únicos poseedores del lenguaje.
Definamos el lenguaje como la metodología mediante la cual los animales se comunican entre sí. Como esta definición no aborda el problema de la intención de comunicar, se trata entonces de una categoría bastante amplia y genérica, que sólo se refiere a que existe algún nivel de comunicación. Hasta el momento hemos dicho que el lenguaje es una extensión lógica de las propiedades intrínsecas de abstracción del sistema nervioso central, o simplemente del pensamiento abstracto. Pero pienso que lo anterior es una subcategoría de lenguaje que yo llamaría "prosodia" biológica. La prosodia es una forma más generalizada de comportamiento motor, una gesticulación externa de un estado interno, la expresión externa de una abstracción que emana del interior y que significa algo para otro animal. Entre nosotros, sonreír, reír, fruncir el ceño, alzar las cejas son formas de prosodia, pues significan un estado interno momentáneo que otra persona reconoce y comprende. Aunque no es hablada, la prosodia es lenguaje y es comunicación intencional. En ningún caso se limita a los humanos, ya que es muy generalizada en el reino animal y muy antigua evolutivamente. En su brillante texto sobre las expresiones faciales, Darwin estudió la prosodia de los animales en cuanto a los estados de ánimo y las caras y de cómo las caras y las posturas expresan estados internos momentáneos del animal, que son abstracciones internas, como lo son también las emociones y las intenciones. Así pues, un evento prosódico es una abstracción acoplada a una expresión motora de un animal, que transmite a otro cuál es su estado interno en ese momento.
Si la prosodia representa una subcategoría del lenguaje, ¿podríamos encontrar ejemplos de lenguaje sin prosodia? Hay lenguajes que son tan extraordinariamente específicos, que no por transmitir mensajes muy simples dejan de ser esenciales para la supervivencia de la especie. Un ejemplo, la emisión de feromonas y sus sistemas de recepción en la polilla, que operan a kilómetros, convirtiéndose en una clara comunicación a distancia. La feromona liberada por la hembra es reconocida específica y exclusivamente por el macho de la misma especie, siendo suficientemente efectiva como comunicación entre la pareja, como para que puedan aparearse en nichos por demás superpoblados (Willis y Arbas, 1991; Hildebrand, 1995; Roelofs, 1995; Baker et al., 1998). Pero, pese a que este lenguaje es crítico para la supervivencia de la especie, no se relaciona con la expresión externa de abstracciones generadas internamente. No es pues prosodia, sino más bien un simple evento capaz de modificar conductas mediante la liberación y recepción de moléculas específicas.
Sin embargo, en la mayoría de casos, el lenguaje se limita a eventos prosódicos. Tales lenguajes se observan en muchos niveles de la evolución, en donde realizan muy diversas funciones. El lenguaje de las abejas fue uno los primeros lenguajes no humanos que se pudo descifrar y comprender; comunica órdenes simples, siendo básicamente una danza, un ritmo y una orientación efectuados en el espacio. Cada abeja ejecuta una danza especifica de su especie para informar acerca de la cantidad y localización del alimento con referencia a la colmena, de manera que todas las abejas de la colonia estén al tanto y contribuyan a procurarse la comida (von Frisch, 1994; Gould, 1976. 1990; Hammer y Menzel, 1995; Menzel y Muller, 1996; Waddington et al., sfz 1998). Este tipo de lenguaje también se ha estudiado en otros invertebrados y en vertebrados. Por definición, estas formas de comunicación siempre requieren un orden social que permita que el organismo receptor de la información la utilice con algún propósito.
Hay variaciones del lenguaje que informan de cosas muy ajenas al mero sustento para la familia. Por ejemplo, al ser atacados, la mayoría de los animales adoptan posiciones que el atacante identifica como claramente defensivas o previas a un contragolpe. Tal postura puede ser algo tan sencillo como el aumento de tamaño del pez globo, para parecer más formidable, o el frecuente comportamiento de mostrar los dientes y de gruñir de la mayoría de los vertebrados. Los animales con cuernos, como el rinoceronte o el búfalo, toman posiciones en las cuales los cuernos apuntan hacia el animal amenazante o atacante. Es cierto que el repertorio de todos estos lenguajes es muy limitado, pero esta forma de prosodia probablemente es el fundamento mismo de todos los tipos de comunicación intencional, inter e intraespecies.
En niveles superiores de la escala evolutiva, vemos emerger lenguajes cuya organización es más elaborada. Un excelente ejemplo es el lenguaje de los lobos, el cual, mediante la prosodia, permite que las manadas expresen conductas relativamente complejas y socialmente estructuradas, tanto de ataque como de defensa. En este caso las relaciones entre estos animales no son de simple prosodia, sino que representan el contexto (social) dentro del cual se utiliza este lenguaje prosódico.
Este tipo de prosodia es muy sofisticada en los Sobos y se expresa globalmente mediante múltiples variaciones, como la vocalización, el contacto de ojos, los gestos de la cabeza y toda la comunicación corporal. Por ejemplo, la dominancia (determinar cuál será el futuro macho alfa) se efectúa mediante la comunicación, no sólo del poderío físico, sino por el grado de sumisión que expresa la posición social de los machos subordinados, quienes se tenderán en los lomos, ofreciendo el cuello al macho alfa. Este tipo de lenguaje permite establecer una jerarquía social que es básica para las estrategias de conjunto de la manada. Sin embargo, durante la caza se generan otros factores, de tal manera que:
El liderazgo real no es muy aparente en la manada de lobos, puesto que cualquier animal puede iniciar el ataque. Sin embargo, hay un alto grado de cooperación para la caza y el cuidado de las crías. En manadas salvajes, la organización de la dominancia no se manifiesta muy explícitamente, pero en cautiverio en los zoológicos, cuando su principal ocupación de cazar se torna innecesaria por estar alimentados artificialmente, entonces pasarán largos períodos amenazándose entre sí e imponiendo la dominancia (Dewsbury y Rethlingshafer, 1973).
Pese a los riesgos de generalizar comportamientos observados en cautiverio a comportamientos en la naturaleza, el hecho es que la organización social de los lobos es jerárquica, por lo cual los eventos prosódicos o de lenguaje tendrán diferentes significados en los diversos estratos de la jerarquía. La prosodia que en la secuencia de ataque le indica al adulto macho cuándo debe lanzarse, puede indicarle al cachorro simplemente la diferencia entre el ataque y la defensa. Lo importante aquí es que la jerarquía social en sí no se daría de no existir elementos comunes en todos los niveles. Vemos pues que el lenguaje se desarrolla en el contexto de un orden social particular, a manera de vínculo entre los animales, para formar una sola entidad funcional en beneficio de todos.
También en perros salvajes del África se observan comportamientos de caza muy interesantes. Con frecuencia atacan en pastizales altos, ya que es allí donde generalmente encuentran a los pequeños animales que son sus presas. Las puntas de las colas de estos perros son blancas. Erguidas en el aire, se mueven en vaivén, formando patrones que estimulan la visión periférica. De este modo, cada perro, sin tener que fijarse mucho a su alrededor, puede localizar las otras colas y recibe así un informe constantemente actualizado de la estructura de la manada, conforme se aleje o arrincone a la presa. No es descabellado considerar aquí la fascinante posibilidad de que la anatomía evolucionara para relacionarse con el lenguaje de la estrategia.
Estas propiedades prosódicas del conjunto de la especie canina dieron lugar a la relación tan particular del perro con el hombre, relación especialmente dará en situaciones en las que el perro y el hombre forman un equipo de trabajo, como en el pastoreo o la caza. En estos casos, el perro simplemente expresa propiedades (abstracción y prosodia) genéricamente determinadas, que tienen que ver con las relaciones jerárquicas ya conocidas — sólo que en este caso la jerarquía es con un animal diferente de otro perro.
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