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viernes, 6 de junio de 2025

DOS COMENTARIOS SOBRE ERNESTO GUEVARA

  


(05 de junio de 2025)

El día 04 de junio, en el Facebook de Gustavo Pérez Hinojosa, se publicó un comentario de Néstor Kogan sobre Ernesto Guevara. Ese mismo día Miguel Aragón escribió un breve comentario sobre el mismo tema, en la página de GPH. A continuación, se reproducen ambos comentarios.

 

 

EL GUEVARISMO CONSTITUYE UNA ACTUALIZACIÓN Y ADAPTACIÓN DEL LENINISMO AJUSTÁNDOLO A LOS PAÍSES Y SOCIEDADES PERIFÉRICAS, COLONIALES, SEMICOLONIALES Y DEPENDIENTES

 

Por Néstor Kohan

 

"Creo que en el caso específico del Che una de las peores caricaturas fue la que elaboró un intelectual de “la crema” elitista francesa, Regis Debray, cuando pretendió reducir el guevarismo (y el fidelismo) a una vulgar “teoría del foco”. Según su singular reconstrucción, la revolución cubana sería sinónimo de cuatro jóvenes alocados y fuertes deseos de adrenalina, que no se afeitan la barba, buscan un lugar con muchos árboles, juntan algunas decenas de fusiles, 100 ó 200 balas y, fácilmente, hacen una revolución. Sin partido político, sin lucha sindical, sin lucha estudiantil, sin lucha campesina, sin movimientos sociales. ¡Final feliz y que suban los violines! Aplausos del público.

Una película de Hollywood. ¡Todo muy fácil! Barba, selva, tiros…. Y listo. (Dicho sea de paso, en esa caricatura… son todos barbudos, no participa ninguna mujer). Un cuento para la escuela primaria. Un disparate absoluto. Un relato propio de un turista que pretende “resumir” una experiencia muy compleja en una fórmula de pizarrón, como si la Sierra Maestra o la Cordillera de los Andes fueran equivalentes a una pizarra de la Escuela Normal Superior de París, en la calle Ulm.

A esa caricatura delirante se le denominó “foquismo” y a eso se pretendió reducir el guevarismo. Entonces, si en 2025 no se dan las condiciones y las relaciones de fuerza para la aparición y el accionar de fuerzas insurgentes, el guevarismo… murió. Colorín, colorado, este cuento ha terminado. Así de sencillo.

En la vida real todo es más complejo. Primero, antes de Fidel y el Che, existió una revolución cubana en la década de 1930. Debray, se le nota demasiado, pobrecito, aunque haya estudiado en París con Louis Althusser, ni se enteró. La revolución cubana (del Moncada en 1953 a la toma del poder en 1959) es la continuación y prolongación de esa primera revolución. Segundo, la revolución cubana supuso la existencia de varias organizaciones políticas. No se hizo exclusivamente a los tiros. Tercero, sin numerosos movimientos sociales jamás hubiera triunfado ni Fidel, ni el Che, ni Camilo Cienfuegos, ni Raúl Castro, ni Haydée Santamaría, ni Celia Sánchez, ni Vilma Espín, ni “el gallego” Manuel Piñeiro Losada.

Si todo esto es cierto, entonces el guevarismo constituye una actualización y adaptación del leninismo ajustándolo a los países y sociedades periféricas, coloniales, semicoloniales y dependientes. Ni Guevara es sinónimo de “foco” (barbas, pólvora, árboles) ni Lenin es homologable a una insurrección urbana que triunfa, encabezada por obreros blancos, ilustrados y exclusivamente varones, en cuestión de dos o tres meses (ni siquiera años)".

Néstor Kohan, fragmento de entrevista a "La Haine", Abril del 2025, Galizia, España.

 

 

UBICACIÓN DEL “PENSAMIENTO DE ERNESTO GUEVARA”

 

Por Miguel Aragón

(04 de junio de 2025)

 

El pensamiento de Ernesto Guevara, como síntesis del accionar revolucionario del proletariado de su generación (1945-1970), al igual que el pensamiento de José Carlos Mariátegui, representante de una generación anterior (1920-1945), fue parte de la continuación y el desarrollo de la Escuela o Camino Marx (más conocido popularmente como marxismo).

Así como la Gran Revolución Rusa no fue hecha o realizada por Lenin y Trotsky (o Trotsky y Lenin, como algunos prefieren), sino por el pueblo ruso, dirigido por una organización de vanguardia (el POSDR); de manera similar, podríamos afirmar que la Revolución Cubana no fue hecha por Fidel Castro y Ernesto Guevara, sino por el pueblo cubano, dirigido por una organización de vanguardia (el Movimiento 26 de Julio).

Para que triunfara la revolución en Rusia, el primer requisito fue que existiera SITUACIÓN REVOLUCIONARIA (condiciones objetivas), la cual fue transformada en CRISIS REVOLUCIONARIA por el desarrollo de las condiciones subjetivas, conciencia y organización.

De manera similar, en Cuba la revolución cubana pudo triunfar porque desde comienzos de la década de 1950 había situación revolucionaria en Cuba, y las masas estaban luchando intensamente, tanto en las ciudades, como en el campo, antes de que desembarcaran los revolucionarios que llegaron en el Granma.

La revolución cubana no comenzó con la acción directa de los guerrilleros dirigidos por Castro y Guevara. La revolución, como acción de masas ya había comenzado meses y años antes. El gran aporte del grupo revolucionario dirigido por Castro y Guevara fue sumarse a las luchas de masas, reorientar la lucha y asumir la dirección de la misma, hasta el triunfo de la revolución.

Sin existencia de la situación revolucionaria, y sin la lucha de las masas, la acción de Castro, Guevara, y de los otros guerrilleros heroicos, hubiera terminado derrotada, como concluyeron las luchas dirigidas por Luis de la Puente en Perú y por Ernesto Guevara en Bolivia, a mediados de la década de 1960.

La historia no la hacen los héroes, la historia la hacen las masas.

domingo, 26 de mayo de 2024

LA DOCTRINA POLÍTICO-MILITAR DEL «PUEBLO EN ARMAS»

 


MARIANO MORENO Y LA DOCTRINA POLÍTICO-MILITAR DEL «PUEBLO EN ARMAS»[1]

 

NÉSTOR KOHAN - LA HAINE

25 de mayo de 1810, reguero de pólvora e inicio de la revolución continental

El ciclo de la rebelión anticolonial comienza en 1780-1781 con Tupac Amaru II y se prolonga en 1791-1804 con Haití. Esas deberían ser las referencias originales para conmemorar el Bicentenario… Las discordias de las colonias con las metrópolis europeas se venían incubando desde esas décadas (a partir de las rebeliones indígenas, comuneras y esclavas, habitualmente “olvidadas” o silenciadas por la historia oficial absolutamente eurocéntrica). Luego, los movimientos de independencia se vuelven mucho más contundentes con la invasión napoleónica de España y el apresamiento del monarca Fernando séptimo. Como apunta el historiador Sergio Guerra Villavoy en su Breve historia de América Latina esos últimos acontecimientos abrieron de manera inevitable el conflicto entre realistas españoles y juntistas hispanoamericanos. En 1810 estalla la fase insurreccional abiertamente continental. Se simula y utiliza la supuesta “defensa del rey apresado” como máscara política —conocida como la estrategia del “fernandismo”— para legitimar y sentar las iniciales bases de la lucha independiente. El 19/4/1810 se produce la sublevación y queda instalada la Junta de Caracas (en diciembre de ese año Bolívar logra repatriar a Caracas a Miranda). El 25/5/1810 en Buenos Aires estalla la revolución y se destituye al virrey español. El 16/9/1810 se produce en México “el grito de Dolores”, cuando el cura del bajo clero Miguel Hidalgo y Costilla convoca a la rebelión contra los españoles con uno de los programas sociales más radicales del período. Según Juvenal Herrera Torres en Simón Bolívar, vigencia histórica y política, con los levantamientos de Caracas, Buenos Aires y Bogotá se inicia la revolución de independencia continental. Es verdad. Sin embargo — insistimos— nunca debe olvidarse que ésta tenía como antecedentes los levantamientos indígenas de Tupac Amaru II y Tupac Katari, los comuneros de José Antonio Galán, las insurrecciones de los negros de José Leonardo Chirinos, la revolución de Haití y más cerca, la insurrección juvenil de Chuquisaca (hoy Sucre) del 25/5/1809.

En Bogotá hay un cabildo abierto que finalmente proclama la independencia neogranadina el 11/12/1811. Dos sacerdotes mexicanos, Hidalgo y Morelos, encabezan un proceso insurreccional de indígenas y mestizos contra los criollos terratenientes y los colonialistas con un proyecto tan radical como el de Mariano Moreno, pero con mayor apoyo popular. El 18/5/1811, en el actual Uruguay, Artigas, con gauchos criollos, afroamericanos e indios derrota a los españoles en una batalla y pone sitio a Montevideo. En Caracas la Junta Gubernativa declara la independencia el 5/7/1811. En general las primeras juntas independentistas están formadas por criollos adinerados, blancos letrados —abogados, periodistas, incluso algún que otro cura— y “gente pudiente”. Las grandes mayorías populares —que encabezan la lucha directa en el campo de batalla contra la dominación colonial— terminan marginadas de esas primeras instituciones políticas propias. Recién logran integrarse como actores privilegiados al proceso de independencia a través de las milicias populares y las guerras de liberación continental lideradas por Bolívar y San Martín. Cuando ambos libertadores incorporan al pueblo en armas y al mundo plebeyo de las colonias —como proponía el programa político-militar de Mariano Moreno y ya venía realizando Artigas— en tanto sujeto principal de la lucha, las burguesías comerciales y las oligarquías criollas les quitan apoyo o directamente les dan las espaldas.

Mariano Moreno, de los pueblos originarios a Rousseau

Casi al mismo tiempo que se instala la Junta de Caracas, en Buenos Aires —capital del Virreinato del Río de la Plata— el pueblo destituye al Virrey español Cisneros (25/5/1810). Allí conviven tres orientaciones: a) los profranceses (el ex virrey Liniers), los españolistas (Álzaga) y los patriotas (encabezados por Mariano Moreno, Juan José Castelli y Manuel Belgrano). En el medio se encuentra el jefe militar Cornelio Saavedra, conservador. Mariano Moreno [1778-1811], secretario de la Primera Junta independentista, será el principal ideólogo patriota. Hijo de un funcionario menor y sin recursos, Moreno tiene 13 hermanos. Su familia no puede pagar los estudios. Gracias a miembros de la Iglesia logra viajar a la Universidad Mayor Real y Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca (la misma donde se formarán Castelli y Monteagudo). Allí estudia leyes y teología (de 1799 a 1804, es probable que allí haya conocido en ese tiempo al futuro caudillo guerrillero Manuel Ascencio Padilla, compañero de Juana Azurduy). El canónigo Matías Terrazas, ilustrado, le abre la biblioteca (intransigente e incorruptible, como su admirado Robespierre, años más tarde Moreno incluye a Terrazas entre los enemigos de Chuquisaca por estar vinculado al colonialismo español). El joven Moreno (de 22 años) lee a Juan de Solórzano y Pereyra, autor de Política Indiana y también a Victorián de Villava, fiscal de la Audiencia de Charcas, autor del “Discurso sobre la mita en Potosí” donde muestra la explotación indígena. En esos años Moreno conoce de primera mano la vida miserable de los indígenas en la minería de Potosí. Denunciando la explotación de los yanaconas y mitayos escribe en 1802 su tesis doctoral “Sobre el servicio personal de los Indios”, aguda impugnación de la masacre indígena. Moreno critica la política colonial con ironía “Es mejor conservar la vida de los mortales que la de los metales” (1802). Una vez recibido de abogado, en Chuquisaca asume la defensa de los indios contra los encomenderos. En junio de 1807, ya de regreso en Buenos Aires, el joven jurista defiende a los oficiales del Cuerpo de indios, pardos y morenos a los que se pretendía disminuir el salario (manteniendo intacto el de los blancos españoles), luego de que esas milicias rechazaran las invasiones inglesas. El indigenismo de Moreno será compartido por sus compañeros Castelli y Belgrano, por Artigas, así como también por San Martín. No era un indigenismo filantrópico y declarativo sino basado en medidas concretas que intentó implementar desde el gobierno revolucionario, generando una reacción explosiva en las racistas clases dominantes criollas.

Además del problema indígena, en Chuquisaca Moreno estudió francés e inglés para leer los libros de la biblioteca de Terrazas. Entre otros estudia a Montesquieu, Voltaire, Diderot, Locke y el abate Mably. De todos ellos, prefiere a Jean-Jacques Rousseau. Al igual que don Simón Rodríguez, Moreno se nutrirá a lo largo de su corta y afiebrada vida política del autor de El contrato social, interpretado desde una perspectiva igualitarista radical. Años más tarde, ya como ideólogo revolucionario, lo sintetizará afirmando: “Si deseamos que los pueblos sean libres, observemos religiosamente el sagrado dogma de la igualdad” (Mariano Moreno: “Decreto sobre la supresión de honores al presidente de la Junta y otros funcionarios públicos”, La Gaceta de Buenos Aires, 8/12/1810). Tanto en Chuquisaca como en Buenos Aires, Moreno traduce El contrato social. En 1810, la Junta de Buenos Aires publica 200 ejemplares con prólogo suyo. En él afirma: “Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos, sin destruir la tiranía” (M. Moreno: Prólogo a su traducción de El Contrato Social de J.J. Rousseau, 1810).

Mariano Moreno y su «Plan revolucionario de operaciones»

En 1809, en vísperas de la revolución, Moreno escribe La Representación de los labradores y hacendados, una contestación económica al apoderado del Consulado de Cádiz. En él Moreno se opone al monopolio del comercio ejercido por los españoles y todavía habla “en representación de” los grupos de burguesía criolla. Poco tiempo después usará como máscara la simulada defensa del rey prisionero Fernando Séptimo. No obstante, una vez triunfante la revolución de mayo de 1810, emergerá el verdadero rostro político de Moreno, quien a partir de allí deja de hablar, escribir y actuar “en representación de” para desbordar con nitidez el estrecho límite de los comerciantes y hacendados criollos. En la pirámide social del Río de la Plata había: (a) funcionarios coloniales, (b) comerciantes monopolistas españoles, (c) alto clero, (d) hacendados y comerciantes criollos, (e) profesionales y artesanos, (f) transportistas y pulperos, (g) plebe, castas, gauchos, trabajadores, jornaleros, mestizos, indígenas, negros (esta franja engrosará las milicias patriotas). El enemigo principal era (a), (b) y (c). En La Representación (antes de 1810) Moreno habla en nombre del grupo (d). A partir de la revolución y del Plan revolucionario de operaciones Moreno interpela como sujeto principal a los grupos (e), (f) y fundamental (g). Tanto en sus 46 artículos de La Gaceta de Buenos Aires, en sus decretos e instrucciones a los “Ejércitos Auxiliadores de los Pueblos” como principalmente en su Plan, Moreno sintetizará uno de los proyectos estratégicos continentales más ambiciosos y radicales del partido revolucionario de los patriotas latinoamericanos. El 28/5/1810 la Junta toma la resolución de confeccionar un plan. Moreno lo termina de redactar el 30/8/1810. Su título será Plan de las operaciones que el gobierno provisional de las Provincias Unidas del Río de la Plata debe poner en práctica para consolidar la grande obra de nuestra libertad e independencia. Ese Plan proporciona perspectivas estratégicas a nivel macro y detalladas medidas tácticas para la emancipación latinoamericana. Sugiere dividir al enemigo y crear alianzas propias (internas y externas), combinando la violencia extrema (explícitamente recomienda “cortar cabezas y verter arroyos de sangre” de los enemigos para fundar un nuevo orden revolucionario) con numerosas medidas destinadas a crear consenso en el seno de los sectores pobres y el campo popular (los sectores (e), (f) y fundamental (g)).

En ese Plan estratégico para la revolución de independencia, auténtico programa político, económico y social de alcance y perspectiva explícitamente continental, Mariano Moreno propone abolir la esclavitud de los negros y la servidumbre indígena, prohibir la tortura, ajusticiar a los principales jefes colonialistas y a los cabecillas de la contrarrevolución, no respetar la propiedad privada y expropiar las grandes “fortunas acaudaladas”, confiscar todos los bienes, los buques y las haciendas enemigas, crear el monopolio estatal de las minas de oro y plata y otros recursos naturales fomentando la industria nacional, establecer el control estatal de cambios y de exportación de capitales, asegurar el férreo control —con herramientas tributarias— de la circulación de capitales y la nacionalización del comercio exterior, entre otras medidas. También se proponía expandir de manera fulminante la revolución a la Banda Oriental (hoy Uruguay), Río Grande do Sul (hoy Brasil), Misiones y Paraguay, el Alto Perú (hoy Bolivia), Perú y Chile, no invadiendo ni conquistando sino organizando en cada región insurrecciones y milicias armadas bajo la doctrina revolucionaria del pueblo en armas que siguiendo sus instrucciones intentaron llevar a la práctica Juan José Castelli y Manuel Belgrano, sus mejores compañeros.

El programa político-militar de Mariano Moreno

El proyecto morenista —sintetizado en su Plan revolucionario de operaciones y en la doctrina de pueblo en armas — era muy ambicioso. Abarcaba lo económico, lo social, lo político, lo cultural y lo políticomilitar. Como jefe político y Secretario de Guerra de la Primera Junta de Buenos Aires, Mariano Moreno trató de realizar ese Plan a través de las primeras campañas independentistas del cono sur latinoamericano. Principalmente las dos expediciones militares de los Ejércitos Auxiliadores de los Pueblos que marcharon al Alto Perú (la primera bajo dirección de Castelli siguiendo instrucciones de Moreno, luego habrá otras tres expediciones posteriores) y también hacia el Paraguay-Banda Oriental (al mando de Belgrano, igualmente con instrucciones de Moreno). El mando militar estaba sujeto al político y éste a la Junta a través de la Secretaría de Guerra de Moreno. En ambas el proyecto morenista combinaba la lucha anticolonial con la promoción de cambios profundos en las relaciones sociales (abolición de esclavitud y servidumbre junto a reparto de tierras).

Su doctrina de pueblo en armas tiene antecedentes. En 1806 y 1807 hubo dos invasiones inglesas a Buenos Aires, ambas rechazadas. Desde allí se forman milicias populares. En julio de 1808 Moreno redacta para el Cabildo de Buenos Aires un pedido al rey de 10.000 fusiles para ser distribuidos en la población ante nuevas amenazas de ataques ingleses o franceses. Es a partir de esta sutil incorporación del pueblo humilde en las milicias —posterior a las invasiones inglesas y oficializadas en 1809— como el sujeto de la lucha por la independencia se va tornando más popular, superando el estrecho límite de los criollos blancos y adinerados. La historiografía oficial y académica de la burguesía argentina (desde el refinado T.Halperin Donghi hasta otros más rústicos) denomina a ese proceso “militarización”, cuando en realidad Moreno la pensaba como el desarrollo de la doctrina del pueblo en armas para la lucha anticolonial. Una vez producida la revolución de mayo de 1810 Moreno, Secretario de Guerra, se convierte en el creador de los ejércitos de la revolución (su primer decreto es del 29/5/1810). Moreno destaca que “las clases medianas, las más pobres de la sociedad” son las que mejor nutren los ejércitos patriotas (Moreno: Gaceta de Buenos Aires, 12/7/1810). El 8/6/1810 decreta la igualdad jurídica de los oficiales del Cuerpo de Indios, Pardos y Morenos con los criollos blancos. Según demuestra Julio Novayo en su libro Mariano Moreno, secretario de guerra, el programa militar morenista es expuesto en varios números de La Gaceta de Buenos Aires (9/8/1810, 23/8/1810, 17/9/1810, 19/9/1810 y 23/10/1810), periódico fundado por Moreno en el cual publica 46 artículos en seis meses. Su doctrina de pueblo en armas proponía: (a) ejército independentista como fuerza ofensiva y expansiva de la revolución contra amenazas exteriores, no para reprimir interiormente; (b) no conquistar sino crear milicias propias en cada región; (c) “Todo hombre es soldado nato, amenazada la patria”; (d) Todos los pueblos —indígenas, criollos, negros, zambos— son iguales, “fundando la base de su igualdad en el mérito contraído en la defensa de la patria”; (e) eliminación de servidumbre indígena y lo más resistido: (f) reparto de tierras (impulsada por Castelli en el Alto Perú y realizada por Artigas en la Banda Oriental). A través de la doctrina de pueblo en armas el principal sujeto social al que interpela el Plan Revolucionario de Moreno son las masas populares movilizadas en las milicias patriotas y los jóvenes radicalizados. Su programa militar independentista — que Castelli y Belgrano llevaron a la práctica— era la prolongación política de su concepción roussoniana, en la cual la soberanía reside en el pueblo. Desde esa perspectiva Moreno, Castelli y Belgrano propusieron y concretaron la emancipación de los pueblos indígenas y la liberación de los esclavos negros.

El horror de la burguesía frente a Moreno

La derrota de Moreno (y la de sus compañeros) es el resultado de una contrarrevolución interna implementada por el sector más conservador de la oligarquía (terratenientes) y la burguesía (comerciantes) de su país. Su principal contendiente, el militar conservador Cornelio Saavedra que defendía a esos sectores, festejó el alejamiento de Moreno (y su muerte inminente, ejecutada por manos inglesas) afirmando: “Como que las cosas han variado de circunstancias, por la reunión de las provincias del Virreinato, también es consiguiente se varíen las resoluciones, esto es se moderen y mitiguen los rigores que hasta ahora se habían adoptado. El sistema robespierriano que se quería adoptar en ésta, la imitación de la revolución francesa que intentaba tener por modelo, gracias a Dios han desaparecido” (Carta de Cornelio Saavedra a Feliciano Antonio Chiclana, Buenos Aires, 15/1/1811). En otra carta a Chiclana, del 29/1/1811 Saavedra se refiere a Moreno como “el malvado Robespierre” cuyas miras eran “hacerse dictador” o “un tribuno de la plebe” (ambas cartas reproducidas en Enrique Ruiz Guinazú: Epifanía de la libertad. Documentos secretos de la revolución de mayo). El 5/2/1811 el Cabildo da la Orden de que se retire de circulación El contrato social (traducido y prologado por Moreno) “por considerarlo pernicioso a las conciencias y perturbador de la paz pública”. Mientras tanto en Oruro, un sacerdote reaccionario apellidado Azcurra, recorre las calles agradeciendo a Dios la caída política de Moreno y gritando en público “Ya está embarcado y va a morir”.

Los ganaderos y terratenientes, defendidos por Saavedra y legitimados por el alto clero, no tolerarán el programa social radical morenista. Ellos querían tan sólo desplazar la burocracia virreinal española, dejando intacta la estructura social colonial, la servidumbre indígena y la esclavitud de los negros. Las clases dominantes criollas lo derrotan y asesinan (en complicidad con la pérfida mano inglesa que lo envenena en alta mar con una dosis de cuatro gramos de antinomio y tartrato de potasa, no recetada por ningún médico, un vomitivo fulminante que le provoca convulsiones y en minutos la muerte). Según el testimonio de su hermano Manuel Moreno, quien llegó al camarote del barco donde agonizaba Mariano: “Aún quedó la duda si fue mayor la cantidad de aquella droga u otra sustancia corrosiva” la que le dio el capitán inglés. Agonizando por el veneno, el ideólogo de la revolución de mayo se dio cuenta de lo que estaba pasando, apenas alcanzó a despedirse de su hermano y familia, de sus amigos y de su patria. Su cuerpo no recibió autopsia y fue arrojado al mar.

Moreno fue envenenado cuando apenas tenía 32 años, el 4/3/1811, por el capitán de la fragata inglesa “Fame”. No tiene tumba. Según relatara en su vejez su hijo, también llamado Mariano, su mamá y esposa del secretario de guerra, doña María Guadalupe Moreno había recibido en su casa (poco antes de que su esposo se embarque) de manos anónimas una caja con guantes negros, un velo y un abanico de luto, anunciándole la futura “muerte accidental” de su marido. La propuesta radical de Mariano Moreno fue derrotada por la oligarquía terrateniente y la burguesía comercial de Buenos Aires que ya desde esa época comenzó a asesinar a los incómodos rebeldes y revolucionarios. Nuestra historia política está repleta de esas “muertes accidentales” y de otros tipos de asesinatos menos disimulados. Un método siniestro que se hizo costumbre en la práctica política de las clases dominantes.

“Esos perversos insurgentes”

Los historiadores de la oligarquía y la burguesía argentinas se horrorizan —hasta el día de hoy— frente a la política de insurgencia y la estrategia continental de Mariano Moreno, convergente con la obra emancipadora de Simón Bolívar y José de San Martín. No pueden aceptar que el fundador de la nación argentina y máximo estratega de la revolución de mayo de 1810 haya sido indigenista y patriota, igualitarista radical (postulando la alianza de criollos, mestizos, negros e indígenas), traductor de Rousseau al castellano y admirador al mismo tiempo de Maximilien Robespierre. Los irrita tanto que, por ejemplo, Paul Groussac, Ricardo Levene y otros historiadores liberales herederos del general Bartolomé Mitre (quien tuvo acceso a una copia del libro, pero sintomáticamente “la extravió” …) han puesto en duda la autenticidad del Plan revolucionario de operaciones.

A su vez, los historiadores argentinos nacionalistas, conservadores, católicos y partidarios de Rosas, también atacan a Moreno por “impío” y “subversivo”, mientras defienden a Saavedra. Para ellos habría continuidad entre Saavedra, San Martín —postulado como católico furioso y represor— y Rosas.

El historiador marxista Rodolfo Puiggrós, en su investigación La época de Mariano Moreno, ha demostrado la autenticidad de ese Plan y de ese programa que marcó a fuego el inicio de la revolución de independencia latinoamericana. Además del análisis riguroso y los argumentos irrebatibles de Rodolfo Puiggrós sobre la autenticidad del Plan, Enrique Ruiz Guiñazú publicó el libro Epifanías de la libertad. Documentos secretos de la Revolución de Mayo donde incluye correspondencia privada, escasamente conocida, de la princesa Carlota Joaquina y el rey español Fernando Séptimo refiriéndose — obviamente ambos horrorizados y espantados— al Plan de operaciones de Moreno. Esa correspondencia, no destinada al gran público sino al intercambio de información al interior de la familia real española, constituye una prueba irrebatible de la existencia y originalidad del Plan, por si acaso no alcanzara con que toda la obra política pública de la Junta durante ese primer año en que Moreno dirige la Revolución coincide plenamente, punto por punto, con las propuestas de dicho Plan. Carlota le escribe a Fray Cirilo de Almada, su agente ante Fernando Séptimo: “Remito la copia de las Instrucciones y de un Plan hecho por los revolucionarios; es bonito, pero nada nuevo para nosotros que los conocemos... Hazle ver (a Fernando) que con esta gente no se vence nada de ella por bien, que es preciso palo y a las cabezas, cabeza afuera”. En otra carta le dice: “No puedo dejar de enviarte las noticias, gacetas y el Plan de los revolucionarios... Los americanos son diablos en figura humana. Intriga refinada es la que los alimenta... Muchas pruebas de ello tengo, además del Plan, doctrina de un doctor Moreno, que hicieron para el método de un gobierno revolucionario”. Su hermano, el rey Fernando Séptimo, le escribe a ella: “También he visto el plan de la revolución de América que me has remitido, el cual demuestra bien la perfidia y maldad de esos perversos insurgentes”.

 

Fuente: https://www.lahaine.org/mundo.php/25-de-mayo-de-1810-1811



[1] Fragmento del libro Simón Bolívar y nuestra independencia (Una lectura latinoamericana). Buenos Aires, Editorial Amauta Insurgente, 2013

lunes, 14 de enero de 2019

JORGE BEINSTEIN Y LA TEORÍA MARXISTA DE LA CRISIS



Red Roja
14-01-2019

El último adiós inconcluso 

Sorpresivo y triste. Recibo la lamentable noticia de un amigo que me pregunta por la noche: “¿Cómo está Jorge Beinstein?” Le respondo: “No lo sé. ¿Por qué? ¿Está enfermo?”. Y a continuación me entero que falleció. Así, de repente. Un golpe en la mandíbula. 

Fuerte sabor amargo en la boca. Siento la invasión de una imparable incomodidad. A lo triste de su fallecimiento, se me suma que no nos despedimos ni hablamos ni nada. Un vacío filoso. Resulta que estábamos distanciados por una discusión política. Por eso el sabor amargo lo vivo doblemente. 

Como durante años nos comunicamos (sea personalmente, sea por escrito) con chistes e ironías de por medio, nuestro último diálogo-discusión terminó con una oración en serio y la otra en broma. Con toda seriedad y no poca tristeza le escribí: “Lamento que seas tan loco, porque yo siempre he aprendido de vos cada vez que nos encontramos y sería una lástima no seguir haciéndolo”. Como Jorge seguía enojado, a pesar de esa formulación, cambiando a continuación el tono, culminé diciéndole en broma: “Bueno rabino, haré un día de ayuno y reflexionaré en silencio a ver si logro el perdón”. Esa última ironía hacía referencia a que ambos compartíamos, además del humor, el mismo origen judío, en los dos casos ateos y marxistas, solidarios ambos con la causa de la liberación palestina y críticos del sionismo. Por eso jugábamos siempre con el tema. Y preferí distender la discusión de esa manera. 

Escribir ante su fallecimiento, luego de aquella discusión, me cuesta el doble. Pero creo que se lo merece. Privilegiaré lo que nos unió y lo que considero, por sobre las pequeñeces de la vida de las que nadie está al margen, los grandes aportes y las principales virtudes de un amigo y un compañero revolucionario. 

Nos conocimos hace aproximadamente allá por el año 2000, cuando se fundó la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (UPMPM). En ese espacio político-cultural nos presentó, si no recuerdo mal, nuestro común amigo Vicente Zito Lema, compañero de militancia de Jorge en los años ’70 y fundador y rector de la Universidad de las Madres en aquella época. 

A partir de allí nos juntamos con Jorge Beinstein periódicamente durante casi dos décadas. Compartimos espacios políticos, dimos conferencias juntos y fuimos, también juntos, a varios países. Creo que el primero fue Venezuela, invitados por Hugo Chávez. Al poco tiempo, los dos fuimos invitados por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y nos tocó compartir una conferencia en un cine del centro de Santiago de Chile, donde le lanzó el Encuentro Cono Sur. También estuvimos juntos en el velatorio de Enrique Gorriarán Merlo. Más tarde y durante años, a Jorge lo invitamos una cantidad incontable de veces a dar clases en la Cátedra Che Guevara, en la Universidad de los Trabajadores que funcionaba en la fábrica recuperada, metalúrgica, IMPA. 

El vínculo continuó igual durante un tiempo largo, al calor de las luchas de clases en nuestro país y en el continente. En un momento le escribí diciéndole: “Jorge, se van a comunicar con vos unos amigos ecologistas. En este caso no me discutas. ¡Vos haceme caso! No hagas preguntas. Aceptá la invitación. Si hace falta yo te acompaño y viajo con vos”. Así fue. Una de las pocas veces que no discutió. Desde ese momento Jorge Beinstein se incorporó de lleno y con absoluto entusiasmo al Movimiento Continental Bolivariano (MCB), espacio de coordinación revolucionaria internacional al que le aportó sus análisis y diagnósticos prospectivos sobre la crisis mundial, la geopolítica regional y diversos escenarios posibles. En las últimas conversaciones que mantuvimos le propuse a Jorge que le ofreciéramos juntos a Vicente Zito Lema la presidencia de la sección argentina del MCB. Jorge estuvo completamente de acuerdo. Luego, para nuestra desgracia y nuestra tristeza, la historia de la lucha de clases latinoamericana tomó otros carriles y otros rumbos no previstos, así que aquella decisión de ambos se postergó al infinito. 

La doble biografía de un pensador militante 

Jorge tenía una doble biografía, un “curriculum vitae” duplicado, como todo militante revolucionario. Para comer y sostenerse, para reproducir su vida, daba clases, proporcionaba diagnósticos de prospectiva económica a ciertas empresas, dictaba cursos y conferencias. Era su perfil “alimenticio” (término que alguna vez leí a propósito de una biografía sobre Raymundo Gleyzer y que me parece muy atinado en su descripción). Con esas actividades reproducía su vida y la de su familia, integrada por su compañera, quien es también una destacada académica (con quien compartió el trabajo cuando Jorge ocupó el decanato de la Facultad de Humanidades de la Universidad Maimónides) y su hija, joven estudiante por quien Jorge mantenía, además de un gran afecto paternal, profunda admiración intelectual. Así me lo transmitió muchas veces hasta que alguna vez la conocí personalmente, precisamente en la fábrica IMPA, en una actividad de la Cátedra Che Guevara. 

Para ese perfil “alimenticio” hacía jugar su título de “Doctor de Estado en Ciencias Económicas de la Universidad de Franche Comté - Besançon, Francia”. También su rol de docente e investigador de varias instituciones francesas como la Maison des Sciences de l’Homme (contratado por la DGRST- Délégation Générale à la Recherche Scientique et Technique), el Institut National Agronomique de Paris-Grignon, la Universidad de Franche Comté-Besançon, Conservatoire National des Arts et Métiers. 

Pero lo más interesante es, como suele suceder, su “curriculum oculto” . Jorge había sido militante del Ejército Revolucionario del Pueblo – 22 de agosto (ERP-22), fracción disidente del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP) que adopta su nombre en homenaje a los héroes de Trelew (militantes de diversas organizaciones revolucionarias argentinas asesinados el 22 de agosto de 1972). 

Beinstein siempre recordaba el papel principal de Jorge Raul Bellomo, como principal organizador del ERP-22, aunque en la historia fueron mucho más conocidos otros dos compañeros: el “ gallego ” Fernández Palmeiro y Daniel Hopen. En aquella época participó de la revista del ERP-22 Liberación, sin firmar las notas, ya que la única personalidad que firmaba con nombre real y apellido era el abogado Gustavo Roca, el hijo mayor de Deodoro Roca y amigo personal del Che Guevara, así como de Mario Roberto Santucho. 

Cuando escribí un libro rescatando la memoria de Daniel Hopen como sociólogo marxista desaparecido y militante guevarista, le hice muchas preguntas a Jorge. Comenzó, para no abandonar su ironía, diciéndome: “ ¡Era un hijo de puta! ”. Yo me quedé helado. Continuó Jorge: “Sí, era un hijo de puta, se levantaba todas las minas” [en argot porteño de Buenos Aires significa: seducía a todas las muchachas]. Y de allí en más, me proporcionó con lujo de detalles anécdotas e informaciones desconocidas sobre las denuncias que Daniel Hopen había realizado contra el Proyecto de investigación sociológica “Marginalidad”, del que formaron parte José Nun, Ernesto Laclau, entre otros intelectuales de renombre. Daniel Hopen los acusó de recibir dinero, a través de la Fundación Ford, de la CIA. Jorge me proporcionó datos precisos de las fuentes en las que se había basado Hopen. En el libro Ciencias sociales y marxismo latinoamericano [2014, Buenos Aires, Editorial Amauta Insurgente] utilicé toda esa información pero a diferencia de otros entrevistados, en su caso puse tan sólo las siglas “J.B.” [Jorge Beinstein]. 

¿Por qué Jorge se negaba a aparecer con nombre y apellido en las entrevistas de aquel libro? Su respuesta lo explica todo. Solía repetir: “Sucede que yo sigo operativo, Néstor. No me jubilé” [referencia a no jubilarse de la revolución]. Esto significaba que aunque estuviera viejo, no veía casi nada (lo podía saludar desde dos metros sin que lograra identificarme) y además tenía problemas físicos; no obstante, él consideraba que podía integrar cualquier organización clandestina y/o insurgente. 

Su antigua militancia en el ERP-22 de los años ’70 permite comprender su amplitud de miras del tiempo en que yo lo conocí. Marxista erudito, comunista internacionalista, nunca fue gorila [léase: anti-peronista] ni despreció la discusión sobre el problema nacional. Al conversar y rememorar sus épocas juveniles, recordaba sus intercambios con “el colorado” Jorge Abelardo Ramos o Rodolfo Puiggrós. Y hasta el final de su vida siguió viendo y conversando tanto con “el pelado” Enrique Haroldo Gorriarán Merlo (combatiente del PRT-ERP, luego dirigente del Movimiento Todos por la Patria-MTP) o Roberto Perdía y Mario Eduardo “el Pepe” Firmenich (ambos dirigentes de Montoneros). A éste último lo visitaba cada vez que iba al estado español, si no recuerdo mal, lo veía en Barcelona. 

De joven Jorge había estado preso por un período corto. Como enseñanza me transmitió un consejo de los presos: “Negativa, pibe, negativa” (lo cual significa que jamás hay que aceptar firmar alguna declaración auto-incriminadora en algún delito aún bajo apremios o tortura policial). 

Durante la dictadura militar del general Videla (1976-1983) Jorge estuvo en Francia, donde hizo un doctorado y pudo leer y estudiar, entre otros, a Maximilian Rubel. También estuvo varios meses en Yugoslavia, de donde adoptó su admiración por el modelo de la “autogestión” sobre el cual discutimos tantas veces, cuando yo le recordaba las críticas del Che Guevara a dicho modelo yugoslavo y la propuesta alternativa del “Sistema Presupuestario de Financiamiento-SPF”, ambos en disputa para el período de transición al socialismo. 

Al regresar del exilio a la Argentina, tuvo dificultades y fuertes trabas para ingresar al sistema público de investigación científica. Lo rechazaron no por razones académicas sino por puro macartismo y anticomunismo, lo cual le dejó como secuela fuertes heridas personales, enojos nunca apagados ni disimulados y dificultades para su reproducción económica cotidiana. 

Aunque se definiera como un comunista libertario, políticamente Jorge fue ecuménico. Como certeramente señala en una nota sobre su fallecimiento redactada por el compañero José Schulman, Jorge integró el Partido Comunista Argentina-PCA, junto a Patricio Echegaray, quien le financió durante algunos años la revista Enfoques alternativos. Pero Jorge mantenía diálogos con diversos grupos políticos y personalidades, desde la agrupación Quebracho hasta el trotskismo morenista (corriente muy criticada, al menos en el plano privado, por Jorge, ya que siempre ironizaba sobre ellos, así como también lo hacía sobre la corriente trotskista liderada por Altamira). Además de esas organizaciones, Beinstein mantenía diálogos, por ejemplo, con economistas del equipo de Axel Kiciloff. Cuando le pregunté si consideraba que Kiciloff tenía nivel teórico me consideró afirmativamente: “Sí, están muy bien formados”, fue su respuesta. 

Con nuestro Colectivo Amauta se portó muy bien, vino muchas veces a dar clases y conferencias a la Universidad de los Trabajadores de la fábrica recuperada IMPA y a la Cátedra Che Guevara. En una de esas clases en el IMPA, Jorge se retiró antes. Como la fábrica era oscura y tenía muchos desniveles por los distintos tipos de máquinas empleadas y Jorge realmente era muy pero muy corto de vista, se tropezó y cayó en medio de la grasa del suelo. Allí quedó tendido, boca abajo, sin que los demás compañeros nos diéramos cuenta. Una muchacha se acercó a los 15 minutos de su partida y me dijo al oído muy suavemente “Néstor, el profesor Beinstein está tendido en el piso”. Salimos corriendo a socorrerlo. Se había lastimado fuertemente la cara y estaba medio desmayado. Lo llevamos a un hospital y junto con toda la audiencia de la Cátedra Che Guevara, lo acompañamos y lo esperamos durante mucho tiempo hasta altas horas de la noche hasta que finalmente salió de la guardia hospitalaria, ya recuperado. Lo primero que hizo, fiel a su estilo, fue una sonrisa de burla y ensayó algo parecido a dos pasos de baile, tratando de demostrar que ya se había recompuesto, aunque tenía el rostro lastimado y con sangre. ¡Todo un personaje! Difícil de llevar en la cotidianeidad por sus reiterados enojos iracundos (que lo hicieron enemistarse con muchos compañeros marxistas dedicados a la economía política en distintos países), pero al mismo tiempo irónico, muy querible y entrañable. 

La teoría marxista de la crisis 
 
En el plano teórico Beinstein tenía una lectura muy refinada de Marx, El Capital y el sistema capitalista contemporáneo que no siempre se reflejó en forma completa en sus libros, aunque sí en sus diagnósticos, conferencias, intervenciones orales y, por supuesto, infinidad de diálogos políticos. 

Jorge Beinstein entendía que Marx no era un “economista de izquierda” ni un teórico de los equilibrios y armonías del mercado capitalista sino un crítico de la economía política y fundamentalmente un pensador de la crisis, las rupturas y las revoluciones. El Capital (en sus múltiples tomos y volúmenes, desde aquellos en los cuales Marx hace referencia teórica explícita a la crisis: el tomo cuarto conocido como Historia crítica de la plusvalía, hasta el tomo primero, en el cual se presupone desde el primer renglón del primer capítulo la posibilidad de la crisis, aun cuando no sea referida en la letra allí escrita) no servía tanto para entender —como afirman tantos marxólogos— “cómo funciona el modo de producción capitalista” sino para interrogarse porqué el capitalismo experimenta una crisis tras otra. Sucesión de crisis cada vez más agudas, llegando en el siglo XXI a un tipo de crisis muy distinta a las anteriores, que va mucho más allá de la burbuja inmobiliaria desatada a partir de 2007-2008 (lo que se puede observar en la superficie). La crisis actual, sostenía Jorge Beinstein, constituye una crisis sistémica civilizatoria, en su conjunto, esto es, la conjunción y superposición de múltiples crisis, desiguales pero coexistentes y combinadas a escala mundial. 

No resulta casual que el pensador comunista egipcio Samir Amin, partidario de la hipótesis del “capitalismo senil”, haya citado en uno de sus numerosos libros a Jorge Beinstein como fuente. (Como el mismo Beinstein aclara, la noción de “capitalismo senil” fue originariamente elaborada en 1978 por Roger Dangeville en su trabajo de recopilación sobre la crisis en Marx y Engels: “Marx-Engels. La crisis” [Jorge Beinstein (2001): Capitalismo senil. Río de Janeiro, Ediciones Record]. 

A la hora de entender a Marx, el autor predilecto de Beinstein era Maximilian Rubel, quien enfatiza una mirada no estatista del socialismo (por eso a Jorge lo seducía tanto el modelo “autogestionario” yugoslavo, acorde a esa lectura sobre Marx). 

En sus libros, como por ejemplo Crónicas de la decadencia. Capitalismo global 1999-2009 [2009, Buenos Aires, Editorial Cartago] o El largo crepúsculo del capitalismo [2009, Buenos Aires-Montevideo-Asunción, Editorial Cartago], encontramos una serie de invariantes y categorías que se reiteran en distintas modulaciones. 

En primer lugar, frente a las descripciones que enfatizan el equilibrio inestable de la globalización capitalista, Beinstein enfatizaba las rupturas, los quiebres, las fisuras insalvables del capitalismo como época histórica. Dentro de esos quiebres y fisuras, de alcance “civilizatorio”, ponía énfasis en la crisis financiera (por eso algunos economistas marxistas lo criticaron por desplazar el eje de la crisis de sobreproducción de capitales hacia la noción de crisis financiera producto de una estanflación [combinación de estancamiento e inflación] y una burbuja de derivados financieros cuya suma a escala planetaria era veinte veces superior al producto bruto global). 

En segundo lugar, aparecen reiteradamente mencionados, como punto de partida de sus explicaciones, los conceptos de “capitalismo parasitario”, así como las categorías de “decadencia global”, “descomposición”, “hipertrofia” y “lumpenburguesía”, entre otras. 

En nuestros diálogos e intercambios, alguna vez le dije, en medio de nuestras bromas habituales: “¡Te descubrí Jorge! Vos enfatizás siempre la noción de «capitalismo parasitario y rentístico» porque en tu crítica de la economía neoclásica bebiste en las fuentes de….Nicolas Bujarin!”. Me refería a la obra del pensador bolchevique, que había estudiado con el economista austríaco Eugene Böhm-Bawerk: La economía política del rentista (Crítica de la economía marginalista) [1914] (1974, Buenos Aires, Cuadernos de Pasado y Presente Nº57]. Jorge se sonrió como respuesta y a continuación recordó, con una especie de nostalgia, la forma irónica en que Bujarin se burló de Stalin y del fiscal Andréy Vyshinsky en los juicios de Moscú, a partir de los cuales fue ejecutado en 1938. 

Pero Jorge no sólo bebió de Bujarin. La noción de “lumpenburguesía” que reaparece en gran parte de sus trabajos llegando hasta su último libro Macri: Orígenes e instalación de una dictadura mafiosa [2017, Caracas, editorial Trinchera], muy probablemente la adoptó de André Gunder Frank, a quien admiraba, por ejemplo, cuando Frank polemizó con el sociólogo mexicano Pablo González Casanova. 

Recuerdo que cuando le di para leer un librito mío titulado Los verdugos latinoamericanos. Las Fuerzas Armadas, de la contrainsurgencia a la globalización [2007, Buenos Aires, Editorial Populibros], en el cual hacía mía la hipótesis de Silvio Frondizi sobre la “seudoindustrialización” argentina, Jorge me preguntó: “¿Por qué «seudoindustrialización»?”. Hizo un silencio y continuó: “En Argentina se produjo la única industrialización posible dentro de la división imperialista internacional del trabajo”. Beinstein tenía razón. Cuando repensé más tarde la noción de Silvio Frondizi de “seudoindustrialización”, presente en su libro en dos tomos La realidad argentina (luego adoptada por Milcíades Peña en su revista Fichas) a la luz de la teoría marxista de Ruy Mauro Marini y su Dialéctica de la dependencia [1972, Santiago de Chile, Centro de Estudios Socioeconómicos-CESO], la caracterización “seudo” como si fuera una “falsa” industrialización —presuponiendo que pudiera haber una “verdadera” industrialización diferente— perdía peso frente a la real industrialización dependiente en los marcos del sistema capitalista mundial. Pero Jorge no se apoyaba tanto en Ruy Mauro Marini sino más bien en André Gunder Frank. 

Una estrategia insurgente para enfrentar al imperialismo 

Por otra parte, cuando Beinstein proponía una insurgencia descentralizada también tomaba inspiración —sin decirlo ni citarlo— de las lecturas spinozianas de Toni Negri, pero las combinaba con otra fuente inesperada y académicamente menos reconocible: los estrategas actuales del Pentágono (a quienes seguía y leía regularmente). 

Actualizado en temas de estrategia, Jorge Beinstein estaba informado que el imperialismo contemporáneo ya no se basaba únicamente en las antiguas doctrinas político-militares de Karl von Clausewitz: De la guerra [1832] (1975, La Habana, Editorial Ciencias Sociales) y Basil Henry Liddell Hart: Estrategia. La aproximación indirecta [1941] (1984, Buenos Aires, Biblioteca del Círculo Militar). 

En las últimas décadas, autores de menor fama y celebridad que los dos anteriores, pero de no menor efectividad, habían ido paulatinamente modificando la estrategia imperialista desarrollándola a partir de la doctrina de “Guerra de Cuarta Generación” de forma descentralizada, empleando fuerzas clandestinas, “no estatales”, mercenarias y paramilitares, buscando no sólo invadir y conquistar territorio sino también y principalmente desintegrar al “enemigo”, es decir, balcanizar y desmembrar las sociedades periféricas y dependientes atacadas. Uno de los principales objetivos para conquistar y saquear recursos naturales ajenos consiste en generar “caos periférico” y “estados-naciones fantasmas”. 

Los principales teóricos consultados por Jorge Beinstein son William S. Lind, C. Keith Nightengale, C.John F. Schmitt, C. Joseph W. Sutton, y Gary I. Wilson [Jorge Beinstein (2013): “La ilusión del metacontrol imperial del caos”. En https://beinstein.lahaine.org/la-ilusion-del-metacontrol-imperial-del-caos]. Dichos autores venían elaborando esta nueva doctrina ya desde 1989, aplicada luego en Afganistán, Libia, Siria con pretensiones de extenderla actualmente a una posible invasión de Venezuela. 

Intentando contrarrestar su crisis sistémica y la tendencia a su declive histórico, el objetivo actual del imperialismo consiste en generar artificialmente la decadencia de las sociedades y el caos periférico. De allí que uno de sus últimos libros Jorge lo titulara Comunismo del siglo XXI. Del declive de la sociedad burguesa global a la irrupción del postcapitalismo revolucionario (2011, Caracas, Editorial Trinchera, reeditado posteriormente con el título Comunismo o nada). 

Si el imperialismo va sucesivamente desintegrando Irak, Afganistán, Libia, Túnez, Siria, la nueva meta es hacer lo mismo con Venezuela. Para eso era necesario desarticular, sacar del medio, neutralizar y finalmente disolver, desarmándola, la última barrera político-militar que se interponía para una eventual invasión en operación de pinzas colombiana-brasilera del territorio venezolano. Esto es: desarmar a las FARC-EP. Con ese molesto obstáculo fuera de juego, se abrían nuevas posibilidades para el narco-estado colombiano, sus decenas de miles de paramilitares y para cualquiera de las múltiples variantes de intervención imperialista en territorio bolivariano. Por eso Jorge se opuso tanto al lamentable desarme de la insurgencia bolivariana ya que, en lugar de traer “tranquilidad, paz, diálogo civilizado y una vida serena”, lo que en realidad dicho movimiento de desarme geoestratégico generaba era dejar las manos libres al paramilitarismo colombiano, a la contrarrevolución interna venezolana y a la implementación de una guerra de desgaste que generara “el caos periférico”, según el término pergeñado por Beinstein. 

La obra abierta de un marxista revolucionario 

Los libros de Jorge no suelen ser tratados sistemáticos sino más bien colecciones de ensayos unitarios. Por lo general, cuando reúne textos de diferentes épocas, no lo hace cronológicamente. Como Marx, que comienza El Capital no por los orígenes históricos (“La llamada acumulación originaria”) sino por la forma última y más acabada del mercado capitalista, Jorge ordenaba sus libros comenzando siempre por el último artículo escrito para ir desde allí hacia atrás. 

Todos sus libros, invariablemente, se caracterizan por reunir textos pensados como hipótesis de trabajo para interpelar a los movimientos rebeldes y las insurgencias. 

Aunque eruditos, llenos de cuadros estadísticos y bibliografía de primera línea en varios idiomas, ninguno es neutral ni está escrito en la forma insulsa del paper académico. Son textos que respiran angustia, enojo, odio visceral contra el imperialismo capitalista. Buscan afanosamente, explorando intentos diversos, nunca concluidos, una alternativa de resistencia global. O mejor dicho, varias alternativas de resistencias globales. 

Los libros y la obra de Jorge (como sus videos y artículos) dejan traslucir fastidio y desprecio ante la decadencia civilizatoria de la sociedad capitalista. Un malestar profundo ante la impunidad de la cultura mercantil, mediocre, lumpen y mafiosa que se ha instalado como “normal”. 

Quizás ese enojo tan profundo ante la injusticia, ese fastidio no disimulado y la herida abierta de ese malestar lo llevaron a la muerte, más allá de los motivos médicos puntuales que desconocemos. No lo sé. No lo pude conversar con él. Por eso siento este gusto tan amargo y ácido en la boca. 

A pesar de eso, me quedo, elijo quedarme, esta vez sin ironía, con el recuerdo de un revolucionario experimentado, en un cuerpo viejo, pero que poseía un espíritu joven y rebelde, siempre dispuesto, a pesar de sus limitaciones físicas, a integrarse, hasta el final, a la rebeldía organizada, apostando hasta el último aliento a la revolución latinoamericana, brindando sus saberes e investigaciones a la insurgencia revolucionaria, en su propio país y a escala internacional.