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domingo, 18 de noviembre de 2018

TERMINATOR Y LA DISTOPÍA 4.0


Robótica y empleo


12/11/2018 | Joseba Permach

La robotización va hacer desaparecer millones de empleos. Ese es el nuevo mantra que los economistas del sistema repiten machaconamente y que tiene como objetivo presentar como problema lo que bien pudiera ser una solución. Pero no adelantemos acontecimientos y analicemos la película por partes.

Terminator entrá en acción

El año 2013 los profesores de la Universidad de Oxford C.B Frey y M.A. Osborne presentaban un trabajo titulado The future of the employment en el que alertaban que “de acuerdo con nuestras estimaciones el 47% de los empleos están en riesgo” (Frey y Osborne, 2013). En este famoso y emblemático trabajo se anunciaban de forma dramática la desaparición de un buen número de ocupaciones y, por si fuera poco, correlacionaron negativamente salario y computarización. O dicho de otra forma, que los procesos de robotización iban a generar, también, la disminución de los salarios. Terminator entraba fuerte en escena disparando, sin contemplación alguna, contra empleos y salarios.

Obviamente, el debate sobre las consecuencias del desarrollo tecnológico en el empleo no es nuevo y podemos recordar, por ejemplo, al movimiento ludita del siglo XIX destruyendo las máquinas que supuestamente iban a acabar con el empleo. Lo cierto es que la tecnología siguió avanzando y el número de personas empleadas también.

Ahora, sin embargo, el anuncio sobre la amenaza tecnológica o de la robotización no proviene de la clase trabajadora. Son los economistas e instituciones económicas del establishment las que de forma permanente nos acribillan con informes que vienen a recordarnos que Terminator 4.0 está a la vuelta de la esquina.

Por ejemplo, el informe Industria 4.0: Global Digital Operations Study 2018 realizado por la consultora PwC para 27 países hablaba del fuerte efecto que iba a tener la automotización en el empleo y cifraba, por ejemplo, que el 34% de los empleos del estado español iban a ser automotizados para el 2030.

El Foro Económico Mundial que anualmente se reúne en Davos (Suiza) lleva años introduciendo este tema en su programa de debate y con ello, obviamente, pretende extender dicho debate al conjunto de la opinión pública mundial. De hecho, recientemente este mismo organismo acaba de publicar The Future of Jobs 2018 en el que se vaticina la posible pérdida de 75 millones de empleos, aunque también habla de la creación de nuevas ocupaciones. Este trabajo, además, es la segunda edición de un primer informe publicado en 2016 en el que se anunciaba la inmediata pérdida de 5 millones de empleos en cinco años.

Es evidente la intención del foro de los más ricos del planeta por insertar permanentemente este debate en los medios y para ello, bien en forma de informes bianuales o programándolo en sus reuniones anuales, nos recuerdan que independiente de su magnitud, es cosa de tiempo, Terminator viene a por nosotr@s.

Terminator acabará contigo, no te resistas

Durante los últimos años también se han elaborado otro tipo de informes y trabajos que han refutado dicha tesis. Por ejemplo, el trabajo publicado por Wolfang Dauth y otros sobre el tema, para el caso alemán, afirma que “los robots no han tenido un efecto agregado en el empleo alemán” (Dauth y otros, 2017). Claro que para comprender las razones de dicha afirmación, a continuación, señalan que “este efecto parece deberse en gran medida a los esfuerzos de los consejos de trabajo y los sindicatos” (ídem). Obviamente, hay quien no desea que se hable de esta parte y, por tanto, algunos estudios tienen más reflejo que otros en los medios de comunicación.

¿Pero y qué busca el establishment con la publicación de dichos trabajos apocalípticos? Pues ni más ni menos que titulares, por ejemplo, como el publicado por El País en noviembre del 2017: “La robótica eliminará hasta 800 millones de empleo en el 2030 (El País, 2017). Y si alguien tiene duda de las intenciones del diario, añado el segundo titular de la noticia que nos aliviala dramática amenaza al decir que si bien Japón, EEUU y Alemania serán los más golpeados por la automatización, “El impacto en México será menor por los bajos sueldos” (Ídem). ¿Bajar los sueldos es la solución?

En este caso el informe fue realizado por la Consultoría Mackinsey Global Institute. Vease la calidad científica del mismo que calculaba entre 400 y 800 millones los empleos que iban a desaparecer. ¿Y qué más da que un estudio de semejantes características se parezca más a una predicción de cualquier adivinador televisivo que a una investigación científica, si lo que buscaban la Consultoría Mackinsey Global y El País era meternos el miedo hasta los huesos?

Dice Marina Garcés que vivimos un tiempo donde todo se acaba, se agota y “ya hace tiempo que se decretó la muerte del futuro y la idea de progreso” (Garces, 2017:14). La pérdida del futuro tiene consecuencias directas en la desaparición de un horizonte que nos marque el camino por donde transitar. Ello, obviamente, tiene consecuencias en nuestra forma de pensar, de reflexionar y, por ende, de actuar. La desaparición del futuro tiene consecuencias hoy, aquí y ahora en la medida que negandonos el poder avanzar, sólo nos queda retroceder o simplemente resistir de forma pasiva ante la que se nos avecina.

La robotización o la digitalización pudieran aparecer como la solución a muchos de nuestros problemas, sin embargo, son presentadas, representadas, como auténticas amenazas con las que resulta inútil combatir. “La fascinación por el apocalipsis domina la escena política, estética y científica. Es una nueva ideología dominante que hay que aislar y analizar, antes de que como un virus, se adueñe de lo más íntimo de nuestras mentes” (Garcés, 2017).

El virus generador de las distopías 4.0 no tienen otro objetivo que negar la posibilidad de nuevas utopías 4.0 que puedan guiar nuestras luchas, nuestros esfuerzos y nuestras vidas.

Los marcos y conceptos del virus terminator

La robotización generará la desaparición de millones de empleos. Ese es el nuevo virus terminator que en forma de marco o frame pretende infectar nuestras mentes para negar una reflexión diferente a la establecida por el capital y sus intereses.

Es suficiente mirar en cualquier navegador de internet para comprobar que los medios del establishment correlacionan negativamente empleo y robotización. Además, lo hacen valiéndose de verbos como desaparecer, amenazar, eliminar, acabar, destruir y que no tienen otro objetivo que fortalecer el mencionado marco. Es verdad que podemos encontrar algún que otro artículo sobre las nuevas profesiones que generará la digitalización, pero el objetivo de dichos artículos es el mismo, en la medida que no niegan la supuesta tendencia global que correlaciona negativamente robotización y empleo. Y claro está, esa relación negativa se extiende a los salarios de donde se deduce que nos dirigimos, inexorablemente, a una sociedad dual con dos grandes tipos de empleos: unos pocos muy bien remunerados y otros, la mayoría, muy mal retribuidos. Y sigue Terminator acabando con todo tipo de esperanza; ni empleo, ni sueldo digno.

¿Pero y por qué es tan importante para el establishment taladrar nuestras mentes con dicho marco? El conocido sociólogo y promotor delFrame Analysis afirmaba lo siguiente: “el marco organiza algo más que el significado; organiza también la participación...los participantes normalmente no sólo adquirirán un sentido de lo que está pasando, sino que también (en cierto grado) quedarán espontáneamente absorbidos, enganchados, cautivados” (Goffman, 2006:359)

Ese, y no otro, es el objetivo del marco estudiado: engancharnos a una lógica sin solución. Una ecuación donde a la gran mayoría de los y las ciudadanas de a pie no les queda otro remedio que resignarse ante dicha evolución y aceptar, entre otras cosas, jornadas de 40 horas o más, bajadas de sueldo y un sistema socialmente injusto sin precedentes .

Se puede plantear, con absoluta lógica que la robotización y la digitalización debieran dar pie, directamente, a la reducción de la jornada laboral, pero, obviamente, al capital no le interesa dicho debate. Como está ocurriendo, le es mucho más rentable extender la utilización de los contratos parciales involuntarios, con sueldos miserables, que aceptar una lógica e histórica reducción de la jornada laboral debida a los avances tecnológicos.

En La Vigencia de El Manifiesto Comunista, reflexionando sobre el tema, Zizek se pregunta si “no es esta amenaza una buena razón para reorganizar la producción de manera que los obreros trabajen menos? En pocas palabras, ¿no es este problema su propia solución?” (Zizek, 2018:14). ¿Y por qué nos presentan como problema lo que bien pudiera ser una solución?

Pero, además, hay otras razones importantes por las que machaconamente el poder económico y financiero mundial, nos repite mediante sus voceros que la robotización destruirá empleo. Si, ellos siempre dicen empleo, porque saben, cómo sabemos tod@s, que los robots lo que hacen es disminuir el trabajo. Si, las palabras importan. Y si, además, son elementos principales de los marcos mentales que pretenden condicionar nuestros marcos de reflexión y acción, las palabras importan mucho más.

Utilizar empleo y no trabajo, deja fuera de nuestro marco reflexivo el trabajo no remunerado. Utilizar empleo y no trabajodeja fuera la economía de los cuidados. Utilizar empleo y no trabajo posibilita hablar, como mucho, del reparto del empleo, pero en ningún caso del reparto del trabajo.

Pero, todavía, hay más. Dice Amaia Pérez de Orozco que la diferencia entre una economía de género y una economía feminista es que la primera tiene como objetivo integrar la mirada del feminismo en los conceptos ya establecidos de la economía. Sin embargo, para la economía feminista “pensar e intervenir sobre la economía implica cambios de mayor calado que, a menudo, conllevan rupturas conceptuales, metodológicas y políticas” (Pérez Orozco, 2014:44).

Ese es, precisamente, el objetivo principal del virus terminator 4.0: negar la posibilidad de rupturas conceptuales y metodológicas que pongan en cuestión el discurso mayoritario de una ciencia económica que, desgraciadamente, se ha convertido en la ideología legitimadora básica y fundamental del sistema. El reto, por tanto, pasa por pensar, re-pensar, poner en cuestión sus conceptos, sus marcos y el conjunto de su modelo económico y social.
¿Y si empezamos a imaginar una utopía 4.0?

Nos dirigimos a una sociedad donde la robotización y la automatización se van a extender. Si, de acuerdo. Pero también nos dirigimos a una sociedad donde las personas mayores cada día van a ser más y donde la economía de los cuidados va ir en aumento. ¿Por qué se oculta este segundo marco? ¿Por qué se prestigia la digitalización y no el cuidado de las personas? ¿Cómo afecta todo ello al reconocimiento de dichos trabajos y con ello a sus sueldos? ¿Qué efecto tiene todo ello en la brecha salarial entre mujeres y hombres? ¿Si la robotización puede generar la disminución o desaparición de muchos trabajos, por qué no re-enmarcamos el debate y hablamos del reparto de trabajo tanto en las denominadas esferas productivas y reproductivas? ¿Y por qué no dejamos de presentar lo reproductivo como algo subalterno a lo productivo? ¿Por qué la revolución digital y la robotización 4.0 no pueden servir para abrir el debate sobre una jornada laboral establecida hace ya cien años y en condiciones tecnológicas totalmente diferentes? ¿Por qué los locales de negocios pagan impuestos (por ejemplo, el I.A.E) y los robots no han de pagar impuestos? ¿Y por qué, en definitiva, no pensamos, y re-pensamos, la economía para repartir todo el trabajo y toda la riqueza y vivir en una sociedad más igualitaria?

Hay quien dirá que para hacer posible todo ello necesitamos una nueva correlación de fuerzas que sea capaz de hacer frente a la concentración de poder (también tecnológico) y a la ofensiva del capital que estamos padeciendo. Efectivamente, sólo desde la recuperación del poder poder político y de la soberanía de los pueblos y de los sectores populares se puede acabar con los procesos de concentración, oligarquización y privatización del poder al que estamos siendo sometid@s.

Los marcos del establishment como el del Terminator 4.0, no solo buscan representar la realidad. Tienen como objetivo último, negar cualquier reflexión o marco alternativo que la pueda transformar. Nuestra función tiene que ser la de re-pensar el marco y ofrecer visiones y propuestas alternativas que lo pongan en cuestión.

Es posible apostar por la robotización para disminuir el trabajo. Es posible reconocer en forma de empleo y derechos laborales a la economía de los cuidados. Es posible disminuir las horas de empleo para garantizar un mayor reparto del trabajo. Es posible regular laboralmente para garantizar que dicha disminución de horas de trabajo no se traduzca en disminución de salarios. Es posible poner en marcha una fiscalidad progresiva y tecnológica que garantice que los beneficios del revolución 4.0 son repartidos en beneficio del conjunto de la sociedad. Es posible apostar por un sector público fuerte que garantice servicios públicos que prioricen la educación, la sanidad, los cuidados y, en definitiva, la sostenibilidad de la vida. Es posible aprovechar la digitalización para apostar por una banca pública al servicio de la personas y de la economía real. Y, cómo no, es posible apostar por la revolución tecnológica para re-pensar, también, un modelo económico que disminuya la huella ecológica sin límite a la que estamos sometiendo a los recursos naturales.

Todas estas y otras alternativas son posibles, son reales y son materializables. Claro que para ello se necesita, entre otras cosas, ensanchar el marco de lo posible. Se trata de no tragar con ruedas de molino 4.0 y ofrecer un marco, un nuevo horizonte, de transformación económica, política y social hacia el que transitar con ilusión y convencimiento. Como dice Lakoff “el cambio de marco, es cambio social” (Lakoff, 2007:4).

Joseba Permach Martin, economista y sociólogo miembro de Iratzar Fundazioa

Referencias
Dauth, W. y otros (2017): German Robots – The Impact of Industrial Robots on Workers. Institute for employment research. Germany.
El Pais (2017):La robótica eliminará hasta 800 millones de empleos en el 2030. Recuperado: https://elpais.com/economia/2017/11/30/actualidad/1512012918_284848.html
Frey y Osborne (2013): The future of employment: how susceptible are jobs to computerisation. Oxford University. Oxford
Garces, M. (2017): Nueva ilustración radical. Anagrama. Barcelona
Goffman, E. (2006): Frame Analysis. Los marcos de la experiencia. CIS. Madrid
Lakoff, G (2007): No pienses en un elefante. Editorial Complutes en Madrid
Perez Orozco, A. (2014): Subversión feminista de la economía. Traficantes de Sueños. Madrid
Zizek, S. (2018): La Vigencia de El manifiesto comunista. Anagrama. Barcelona



lunes, 3 de septiembre de 2018

¿200 AÑOS DESPUÉS, MARX RESULTA ÚTIL?


Bicentenario de Marx

30/08/2018 | Joseba Permach Martin

El próximo 15 de setiembre se cumplirán diez años desde el inicio de la última gran crisis económica. Nos dijeron que un tsunami financiero había provocado un gran terremoto en el panorama bursátil internacional. El gigante financiero Lehman Brothers se derrumbaba y el mercado libre, pieza fundamental del capitalismo, llegó incluso a ponerse en cuestión. El propio Nicolas Sarkozy, entre otros dirigentes mundiales, habló de la necesidad de refundar el capitalismo. Una década después, esa supuesta refundación del capitalismo se ha limitado a profundizar en sus orígenes y Sarkozy bastante tiene con hacer frente a las acusaciones de corrupción que le rodean.

Karl Marx nos explicó, hace ya tiempo y de forma magistral, que el capitalismo genera crisis de forma periódica y que, en definitiva, son parte del propio sistema. En la fase de crecimiento, a los defensores del capitalismo les resulta relativamente fácil defender el mismo y nos recuerdan que éste genera empleo, riqueza y bienestar social. ¿Pero cómo puede decirse de un sistema que genera crisis periódicas con drásticas consecuencias que es eficiente y que es el único que realmente funciona? ¿Cómo puede una opinión de esa índole estar tan extendida y formar parte del sentido común de la mayoría de los economistas o analistas sociales?

Obviamente, no hay una respuesta única a dichas preguntas, pero, ciertamente, resulta decisivo presentar los hechos económicos como fenómenos naturales, con dinámica propia y, por tanto, sin margen de incidir en ellos o hacer variar su desarrollo. Las metáforas mencionadas anteriormente son un buen ejemplo de lo que estamos comentando. Los llamados expertos económicos nos presentaron la crisis como tsunamiterremoto o turbulencia financiera, esto es, como un fenómeno natural o meteorológico y, por tanto, ocultando y negando toda responsabilidad personal en los mismos. La utilización de estos términos va más allá de criterios periodísticos o pretensiones sensacionalistas de los medios. De hecho, estos conceptos pueden encontrarse, fácilmente, en los diferentes informes económicos de las entidades económicas más importantes del planeta.

Karl Marx en el primer tomo de su obra cumbre, El Capital, nos habla del papel que cumple la fetichización de la mercancia en el marco del sistema capitalista. Las mercancias, decía, como productos de la mente humana semejan seres dotados de vida propia, de existencia independiente, y relacionados entre sí y con los hombres. Cuando se cumplen doscientos años del nacimiento de Marx, la mayoría de los acontecimientos de la realidad económica se nos presentan fetichizados y con vida propia en las explicaciones que se vierten en la prensa, en los debates públicos o en las explicaciones que sobre ellos se dan en las facultades de economía. Seguimos ocultando que la economía es una ciencia social y que las supuestas leyes de la misma no tienen, absolutamente, nada que ver con las leyes de las ciencias naturales. El mercado, por ejemplo, se nos presenta como fenómeno o ser con vida propia y, por tanto, poco se puede hacer para hacer variar el desarrollo del mismo. Como mucho, lo único que podemos hacer es cumplir las recetas exigidas por la Troika o el FMI para ayudar en la recuperación de una economía débil y con problemas de salud. Más metáforas para esconder las deficiencias del mercado o legitimar políticas antisociales.

Ni el mercado ni el sistema funcionan. Ni antes, ni ahora. El capitalismo es un sistema que genera crisis de forma periódica. En tiempos de crecimiento, el capital obtiene su beneficio a costa del sudor de los y las trabajadoras (plusvalía en palabras de Marx) y, visto lo visto, en tiempos de crisis costear las pérdidas también corre por nuestra cuenta. Claro que siempre se puede vender en forma de rescate o de inyección de liquidez.

La explicación del establishment en torno el funcionamiento del sistema, obviamente, es muy diferente. También sobre esto nos advirtió Karl Marx en su otra obra La Ideología Alemana. En ella explicaba con detalle la función que cumple la ideología y cómo, mediante ella, las relaciones humanas se presentan de forma invertida a la situación que realmente se produce en el marco del sistema capitalista. Aunque nos pueda parecer increible, el mercado o la mano invisible que nos arrastra de una crisis a otra ha de ser quien conduzca la economía. Y, también supuestamente, es la única capaz de generar riqueza y bienestar común. No importa que la cruda realidad refute permanentemente dichos supuestos, la ideología del sistema y los economistas a su servicio seguirán repitiendo esos principios hasta que queden petrificados en nuestras mentes.

El actual sistema económico, y más concretamente su versión neoliberal 3.0, está generando y cronificando la pobreza, el paro y la precariedad para millones de personas a lo largo de todo el mundo; este sistema capitalista y patriarcal condena a las mujeres a labores reproductivas no retribuidas y trabajos precarios pésimamente pagados. Al igual que la mano invisible del mercado, la mujer y su trabajo, sea productivo o reproductivo, resulta también invisible para este sistema y sus defensores. El problema no es sólo el techo de cristal, sino la falta de un suelo para una vida mínimamente digna.

La dualización de la sociedad y la brecha social entre unos pocos que siguen acumulando riqueza y capital y una mayoría condenada a sobrevivir, es cada vez más grande, más hiriente y más vergonzosa. Todo ello se hace a costa de las clases populares, pero también a costa de construir el desarrollo del norte a expensas del subdesarrollo del sur y, cómo no, gracias a la explotación de unos recursos naturales que nos arrastran al caos ecológico.

Así ha sido durante siglos, pero el neoliberalismo y la globalización económica que cierra fronteras a las personas y las abre para los capitales, no ha hecho otra cosa que multiplicar precipitadamente todos esos procesos en estas últimas décadas. Las crisis ya no son sólo económicas. Ahora también son políticas y de legitimidad, son de los cuidados, son humanitarias, son ecológicas... En definitiva, el sistema, repetimos, no funciona y no lo hace mírese desde donde se mire.

Y no, todo ello no es natural. Digan lo que digan, no tiene porque ocurrir, no es una realidad per se. Y vestirlo de catástrofe natural, de economía enferma o de correcciones del mercado no es más que la versión actual de la realidad invertida denunciada por Marx en su análisis sobre la ideología. Una vez más, Marx acierta de pleno en su análisis del sistema capitalista.

Lo mismo ocurre cuando en el Manifiesto Comunista nos recuerda que el ejecutivo del estado moderno no es otra cosa que una comisión que gestiona los intereses comunes de la burguesía. Hoy en día, en plena privatización de la democracia (Goikoetxea, 2017), cuando la Unión Europea y los estados cumplen a pies juntillas los mandatos de las grandes transnacionales y entidades financieras, los mandatarios de la mayoría de los estados no son otra cosa que marionetas guiadas por la mano invisible del capital. Y la corrupción no es la excepción, sino el necesario y triste precio de dicha relación al servicio de los poderosos. Por cierto, poderosos que corrompen, pero que jamás son juzgados y mucho menos condenados por ello. Para ello también están las mencionadas marionetas que, además, ayudan a extender la idea de que lo público, además de ineficaz, es también corrupto.

Han pasado 200 años desde el nacimiento de Marx. Las publicaciones, actos y congresos sobre su obra se multiplican y este artículo también pretende ser parte de dicho homenaje colectivo que hombres y mujeres de todo el mundo estamos realizando para recordar la validez de su obra.

Marx realizó aportaciones de un inmenso valor. Las explicaciones, teorías y conceptos utilizados por él y su compañero de batalla, Friedrich Engels, para comprender el sistema capitalista resultan hoy en día de rabiosa actualidad. El desarrollo actual del sistema capitalista puede seguir siendo interpretado gracias a la mirada de Marx y Engels. La función que ha tenido y tiene la lucha de clases a lo largo de la historia, la ya mencionada fetichización, la plusvalía, la realidad invertida o el sometimiento de la política a la economía, todo ello, nos siguen resultando de gran utilidad para analizar la actual realidad económica y social.

En todo caso, también hay entre los seguidores de Marx y ciertos sectores de la izquierda una incomprensible actitud que, desde luego, no podemos compartir. No es sólo que no tiene ningún sentido perderse en inzanjables debates sobre la interpretación de algunos textos de Marx, no, el problema va más allá, es más grave. El tema es que hay quien quiere interpretar los textos y las aportaciones de Marx como si el mundo no hubiera cambiado con el paso de casi dos siglos de transformaciones sociales, económicas y tecnológicas. Desgraciadamente, esto tampoco sería novedoso para el propio Marx que, a la vista de algunas interpretaciones que sobre su obra se estaban haciendo, ya declaró que él no era marxista. Ayer y hoy, algunos más papistas que el papa y más marxistas que el propio Marx.

Indudablemente Marx realizó aportaciones fundamentales en el campo de la economía, sociología y la filosofía. Todas ellas son válidas para seguir comprendiendo y transformando el mundo, pero afortunadamente no son las únicas.

En las últimas décadas desde la economía feminista, por ejemplo, se ha puesto de manifiesto la importancia de los cuidados y el papel que cumple lo reproductivo como pieza clave del engranaje del sistema. Se nos ha recordado que si bien es cierto que la plusvalía se debe gracias al sudor de los trabajadores, no podemos olvidar tampoco el sudor de todas las mujeres que garantizan la reproducción del sistema y que, normalmente, pasa inadvertido, sin contabilizarse y sin reconocimiento social y económico alguno. E, incluso, hay quien ya pone en cuestión los propios conceptos de productivo y reproductivo para poner en el centro de la economía el buen convivir (Pérez Orozco, 2018) y no la producción y la generación de una riqueza que jamás es repartida. En definitiva, a la aguda mirada de Marx hay quien acertamente añade gafas moradas para ver todo aquello que no habíamos visto o que, casi, había pasado inadvertido.

Lo mismo ocurre con las gafas verdes que desde el ecosocialismo nos permiten detener la mirada en la esquilmación de los recursos naturales, en la exterminación sistemática de la biodiversidad o en el embate al que están siendo sometidos el conjunto de los bienes comunes por parte de las grandes transnacionales. Todo ello desaparece de nuestro entorno físico y natural, mientras la mano invisible tampoco lo ve, ni lo contabiliza en el marco de la economía ortodoxa.

¡Y cómo olvidar las aportaciones que desde planteamientos decoloniales, de las teorías de centro-periferia o del sistema-mundo se han hecho y se siguen haciendo para comprender el papel y las relaciones de dependencia entre los estados y sus respectivas burguesías!, ¡cómo no vamos a tener en cuenta las reflexiones que desde Europa, África o América se han realizado para comprender la opresión política, económica y cultural a la que son sometidas también las naciones, los pueblos y sus clases populares! Efectivamente, resultaría largo recordar todas aquellas aportaciones teóricas y prácticas que desde muy diferentes campos están ayudando en la critica y deconstrucción del capitalismo y de la ideología neoliberal que lo sustenta.

Marx realizó una aportación imprescindible para todas las personas de izquierda y todos los movimientos políticos, sociales y económicos que queremos no sólo interpretar correctamente el capitalismo, sino avanzar hacia otro modelo social más justo, más igualitario y más libre. Sin embargo y afortunadamente, contamos ya con gafas de diferentes colores para profundizar en nuestra mirada y reflexión crítica sobre la sociedad que nos rodea. Contamos con nuevas miradas para poder llevar a cabo, también, nuevas luchas y nuevas transformaciones.

Tan importante es interpretar correctamente el mundo, como hacer frente a las diferentes desigualdades y explotaciones que en el mismo se están produciendo. Lo importante es ser capaces, entre todos, entre todas, de hacer frente a ese sistema cruel y salvaje tan correctamente descrito por Marx hace ya casi 200 años. Cada cual desde su pueblo, marco o ámbito de lucha, siendo conscientes de nuestras contradicciones, pero convencidos de que lo que queremos construir y nos une, es mucho más importante que lo que nos separa. Además, la teoría es importante, pero la práctica imprescindible. Sin duda alguna, profundizar en las prácticas transformadoras es el mejor homenaje que podemos hacer también a Karl Marx.

Joseba Permach Martin es economista y sociólogo. Es miembro de Iratzar Fundazioa

Referencias
Goikoetxea, Jule (2017) Demokraziaren pribatizatzea. Donostia: Elkar.
Lizcano, Emmánuel (2012) “Investigando cómo se construye/analiza un imaginario. Retórica e ideología en los discursos expertos sobre la crisis económica”. En Guinea Martín (Coord.), Trucos del oficio de investigador. Barcelona: Gedisa.
Marx, K. y Engels, F. (1974) La ideología alemana. México: Ediciones de Cultura Popular.
Marx, K. y Engels, F. (2010) El capital. Madrid: Siglo XXI.
Marx, K. y Engels, F (2011) “Manifiesto del Partido Comunista”. México: Centro de Estudios Socialistas Carlos Marx
Pérez Orozco, Amaia (2017) "Introducción al debateen Talaia", 03. Donostia. Ipar Hegoa