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sábado, 22 de enero de 2022

LOS PERUANOS NECESITAMOS PENSAR

 


Jaime Araujo-Frias

jaraujofrias@gmail.com

La educación tiene como finalidad el desarrollo integral de la persona humana, reza el artículo 13° de la Constitución política del Perú en vigor. Lo sabemos y es irrefutable. Pero ¿qué significa educar para el desarrollo integral de la persona humana? Muchas cosas, pero sobre todo una, que es la que nos distingue de las otras especies: crear la posibilidad de hacer pensar. Sin embargo, la realidad del país nos muestra que —salvo algunas excepciones — nuestras instituciones educativas y sus autoridades trabajan para impedirlo. Nuestro objetivo es reflexionar sobre por qué es necesario enseñar a pensar y qué área del saber es una de las más eficaces para llevar a cabo semejante tarea.

Somos una combinación de biología y cultura (Marina y Rambaud, 2018).  De qué estamos hechos depende de la biología; en qué nos convertiremos, de la cultura. En la biología nacemos y permanecemos; en la cultura nos humanizamos y trascendemos. Ahora bien, entendemos por cultura el conjunto de herramientas, instrumentos e instituciones de las cuales se vale el ser humano para solventar sus problemas y prolongar temporalmente su vida (Marina, 2019). En otras palabras, cultura es la objetivación del pensamiento humano al servicio de la afirmación de la vida. Al respecto, la neurociencia sugiere que la actividad cerebral persigue un fin muy concreto: el de mantener vivo a su poseedor (Mora, 2018). Y para hacer posible dicho fin produce pensamiento. Es decir, pensando el ser humano crea mundo, lo agrieta, lo ensancha, cualifica y genera las condiciones de posibilidad de la vida en la tierra. En suma, pensar no es una opción para el ser humano, sino una necesidad como el respirar y comer.

El pensamiento es condición de posibilidad de la cultura, es decir, de todo lo que ha creado el ser humano con la finalidad de resolver sus problemas con la esperanza de asegurar temporalmente su vida. En una frase: es el inicio de todo. Si no hay pensamiento no hay cultura, y si no hay cultura no hay ser humano, hay mera biología. De ahí que todo intento de persecución, de obstrucción y desinterés por el cultivo del ejercicio del pensamiento, sea en el fondo, un intento de aniquilación del ser humano. Porque, para decirlo parafraseando un dicho de Friedrich Hölderlin, sustituyendo la palabra ‘poesía’ por ‘pensamiento’: “pensando el ser humano habita la tierra”. Vale decir, pensando el ciudadano habita su país. Si es así, ¿hay alguna institución o asignatura que tenga como propósito enseñar a pensar?

La economía, la política, el derecho, etc., derivan del pensamiento que los inventa. Si queremos resolver los problemas que aparecen en la realidad económica, política y jurídica lo que debemos de hacer es cultivar aquellas actividades humanas que tengan como propósito estimular el ejercicio del pensar, entre las que se encuentra, sin duda, la filosofía.  ¿Por qué la filosofía y no más bien otra cosa? La historia que es la suma de las experiencias humanas y la experiencia una de las fuentes principales del conocimiento, sugiere que todos los saberes nacieron de lo íntimo de la filosofía y se sostienen en ella.  Como prueba lo expuesto, en lo referido al derecho, citaré aquella famosa frase atribuida al Fiscal Julius Hermann von Kirchmann: “dos palabras rectificadoras del legislador bastan para convertir bibliotecas enteras en basura”. Lo cual es cierto, pero en parte, porque los fundamentos filosóficos en los que se sostiene el derecho moderno, tales como el iusnaturalismo y iuspositivismo seguirán quedando intactos.

El pensamiento es condición de posibilidad de la cultura, es decir, de todo lo que ha creado el ser humano con la finalidad de resolver sus problemas con la esperanza de asegurar temporalmente su vida. En una frase: es el inicio de todo. Si no hay pensamiento no hay cultura, y si no hay cultura no hay ser humano, hay mera biología.

Finalmente, en un país como el Perú donde todos los problemas se pretenden resolver con la economía, plantear la necesidad de la enseñanza de la filosofía puede resultar contraproducente. Y, más aún, esbozar que su enseñanza pueda posibilitar la salida a algunos de nuestros principales problemas, puede ser tomado por algunas autoridades como un intento deliberado de desestabilizar al país. Pero, como dijo una vez Lord Reith, el primer director general de la BBC, “hay personas a las que uno tiene la obligación de joder”.   No obstante, les iremos contrariando, pero con cariño y con razones. Empezando por el principio, esto es, reflexionando sobre: ¿qué carajo es esa cosa llamada filosofía? De eso trataremos en nuestra próxima columna.

Referencias bibliográficas

Marina, José Antonio (2019). Historia visual de la inteligencia. De los orígenes de la humanidad a la inteligencia artificial. Barcelona: Conecta.

Marina, José Antonio y Rambaud, Javier. (2018). Biografía de la humanidad. Historia de la evolución de las culturas. Barcelona: Ariel.

Mora, Francisco. (2018). Mitos y verdades del cerebro. Limpiar el mundo de falsedades y otras historias. Barcelona: Paidós.

 

Fuente: https://barropensativocei.com/2022/01/21/los-peruanos-necesitamos-pensar/

 

sábado, 23 de octubre de 2021

NO SON LOS IGNORANTES, SINO LOS IGNORADOS LOS QUE QUEREMOS CAMBIAR LA CONSTITUCIÓN

Jaime Araujo-Frias

“Quienes buscan cambiar la Constitución son unos ignorantes”. Si bien esta frase fue pronunciada por el congresista Jorge Montoya, no le pertenece a él, sino a una ideología. Definimos  ideología como el conjunto de creencias sobre el orden correcto de la sociedad y cómo puede lograrse (Erikson y Tedin, 2003, citado por Haidt, 2019).

Ahora bien, las creencias de que el orden correcto de una sociedad es —como ha dicho la canciller alemana Ángela Merkel— una democracia conforme al mercado (como se cita en Hinkelammert, 2018) y se puede lograr con la mínima intervención del Estado en la economía, la privatización de los servicios públicos y la reducción de impuestos a los más ricos, se llama neoliberalismo (Chang, 2015).

En ese entender, por un lado, tiene razón el congresista Montoya al calificarnos de ignorantes a quienes pretendemos cambiar la Constitución del dictador Alberto Fujimori. Somos ignorantes en el primer sentido que define la RAE la palabra “ignorante”: persona que desconoce o ignora algo. Es cierto, muchos de nosotros lamentablemente desconocemos o ignoramos que la Constitución en vigor fue redactada para reducir la intervención del Estado en la economía, privatizar los recursos públicos y reducir o exonerar los impuestos a los más ricos

En consecuencia, es la toma de conciencia de esta ignorancia, el saber que no se sabía, lo que nos motiva a cambiar la Constitución.

En otras palabras, la Constitución que queremos cambiar fue creada con un objetivo concreto: hacer aparecer como legal la utilización de los recursos públicos  para el beneficio del interés privado sobre el interés público. Tanto es así que sólo el 35.5% de los electores votó a favor de la misma (Abad Yupanqui, 2019). De manera que si conociéramos todo esto, no estaríamos recién ahora luchando por cambiar la Constitución, ya la habríamos hecho hace mucho tiempo. En consecuencia, es la toma de conciencia de esta ignorancia, el saber que no se sabía, lo que nos motiva a cambiar la Constitución.

Sin embargo, por otro lado, el almirante que firmó el “Acta de Sujeción” para blindar a Fujimori y Montesinos, se equivoca en el segundo sentido que define la RAE la palabra “ignorante”: persona que carece de cultura. Es verdad que sabe muchas cosas, pero muchas cosas que no son ciertas. Porque en realidad, no son los ignorantes los que quieren cambiar la Constitución. Prueba de ello es que no se ha visto ni escuchado, por ejemplo, a ninguno de los integrantes de uno de los programas más vistos de televisión peruana, “Esto es Guerra”, manifestarse a favor del cambio de Constitución.

En realidad los que deseamos cambiar la Constitución somos los ignorados, es decir, los excluidos del proyecto de país que condensa la Constitución del dictador Fujimori: los casi 4 millones de campesinos que cultivamos la tierra y producimos los frutos que todos comemos, los más de 4 millones de personas indígenas que sabiamente cuidan nuestros bosques que purifican el aire que respiramos y el agua que bebemos, los más de 7 millones de personas que no tienen acceso al servicio de agua potable (Oxfam, 2017) y los miles de personas que no tienen acceso a la educación y a la salud pública.

En fin, queda claro entonces que, somos los que ahora sabemos que no sabíamos cómo y para qué se sancionó la Constitución en vigor. Y los ignorados y no los ignorantes  los que deseamos, “con la urgencia que nos ha de dar los pocos metros que nos separan de la catástrofe” (Sabato, 2004, p. 125), cambiar la Constitución. Y no pararemos hasta que, como decía el poeta, “un puñado de tierra nos tape la boca”.

Referencias bibliográficas

Abad Yupanqui, Samuel (2018). Constitución y procesos constitucionales. Lima: Palestra.

Chang, Ja-Joon (2015). Economía para el 99% de la población. Buenos Aires: Debate.

Haidt, Jonathan (2019). La mente de los justos. Por qué la política y la religión dividen a la gente sensata. Barcelona: Destino.

Hinkelammert, Franz (2018). Totalitarismo de mercado. El mercado capitalista como ser supremo.  México D.F: Akal.

OXFAM (2017, 12 de diciembre). Entre 7 y 8 millones de peruanos no tienen acceso a agua potable.  https://peru.oxfam.org/qu%c3%a9-hacemos-ayudahumanitaria/entre-7-y-8-millones-de-peruanos-no-tienen-acceso-agua-potable.

Sabato, Ernesto (2004). Resistencia. Buenos Aires: Seix Barral.

Publicado el 22 de octubre de 2021

Autor Jaime Araujo-Frias

Fuente: https://barropensativocei.com/2021/10/22/no-son-los-ignorantes-sino-los-ignorados-los-que-queremos-cambiar-la-constitucion/

 


sábado, 3 de julio de 2021

SIN INDIGNACIÓN NO HAY COMBATE A LA CORRUPCIÓN

 

Imagen: manifestante disfrazado en una protesta contra Keiko Fujimori (El confidencial.com).


Jaime Araujo-Frias

No hay mayor dificultad que pensar un problema en el momento en que está ocurriendo, mucho más si quien piensa tiene la vida puesta en esa realidad problemática. Sin embargo, que sea difícil no significa un obstáculo, sino más bien un estímulo para intentarlo. Al fin y al cabo, en la filosofía que intentamos practicar —filosofía de la liberación—  no tenemos la verdad, sino la pretensión de verdad. La cual, como enseña el maestro Enrique Dussel, se pone a prueba al exponerse y discutirse. Esto es así porque si aceptamos que el pensamiento solamente consiste en estar seguros de la verdad, olvidamos que la filosofía y la ciencia han avanzado por las grietas de la de la incertidumbre y la intuición.

Estamos sufriendo una crisis y por eso somos afortunados. La crisis que estamos sufriendo es la política, derivada de las elecciones presidenciales de 2021. Y somos afortunados porque toda crisis es una ocasión para revisar nuestras prácticas personales e institucionales. En este caso, nuestras prácticas relacionadas a la política, con la finalidad de conocer sus patologías para comprenderlas y corregirlas. Jorge Luis Borges sugería que “lo importante no son las experiencias, sino lo que uno hace con ellas”. Siguiendo a nuestro autor podemos decir que lo importante no es lo que aprendemos, sino lo que hacemos con lo que aprendemos. ¿Qué es lo que hemos aprendido de la crisis política derivada de las elecciones presidenciales de 2021?

Lo que hemos aprendido da que pensar. Y lo enunciamos de la siguiente manera: el problema del Perú no es la corrupción, sino la impunidad social. Hemos sido testigos que la candidata del partido político Fuerza Popular, quien está siendo procesada por presuntos delitos de crimen organizado, lavado de activos, obstrucción a la justicia y falsa declaración en procedimiento administrativo ha tenido respaldo de gran parte de la población.  Sin embargo, el pensar se ahonda si se tiene en cuenta que dicho respaldo no solo fue de quienes se ven beneficiados por la corrupción, lo cual es comprensible. Sino de quienes son sus principales víctimas: los miles de personas que no tienen acceso a la salud pública, a la educación, al agua potable, etc., por causa de la corrupción.

La corrupción —es sabido— daña la economía, impide que se garanticen los derechos fundamentales, socava la democracia; en suma, impide el desarrollo del país. Sin embargo, la impunidad social anula toda posibilidad de luchar contra la corrupción. Es decir, si la corrupción es tolerada por la sociedad, cualquier intento de lucha estaría perdido antes de haberse iniciado.

¿Por qué decimos que el problema principal no es la corrupción, sino la impunidad social? Porque la corrupción se debe en gran medida a la tolerancia que tenemos las personas a la misma (Ariely, 2013). Lo cual constituye un grave problema para la convivencia humana. La corrupción —es sabido— daña la economía, impide que se garanticen los derechos fundamentales, socava la democracia; en suma, impide el desarrollo del país. Sin embargo, la impunidad social anula toda posibilidad de luchar contra la corrupción. Es decir, si la corrupción es tolerada por la sociedad, cualquier intento de lucha estaría perdido antes de haberse iniciado. Por ejemplo: ¿Qué sucedería si en el Perú nadie se indignara y protestara frente a la venta de sentencias y de cargos públicos, de contratos sobrevalorados, de elaboración de leyes para favorecer al empresariado?

Si, lo visto es cierto —como pretendemos que es—, entonces, ya no se trata solamente de luchar contra la corrupción, sino también, de combatir la impunidad social.  ¿Cómo hacerlo? No lo sabemos exactamente. Sin embargo, lanzaremos una sospecha de conocimiento. Algunos neurocientíficos sugieren que, sin importar la cultura, edad, clase social o religión, el ser humano es corrupto por naturaleza: piensa primero en el bien propio y luego considera reglas morales y sociales (Manes, 2016).  Si la corrupción es natural, por lo tanto, el combate a la corrupción es cultural. La idea de cultura está relacionada con la educación, y  educar nos dice Lledó (2018) es crear posibilidades: cultivar la mente.

El pensamiento orienta e ilumina la práctica. El combate a la corrupción pasa esencialmente por el combate a la impunidad social. Esto es, por cambiar la subjetividad de las personas, en una frase: la mentalidad. La cual tiene que ver con un modo de pensar y sentir. Si no se cambia la mentalidad tolerante que tenemos con la corrupción, poco o nada se puede hacer para combatir la corrupción. Afortunadamente las investigaciones en el campo de la psicología y la neurociencia cognitiva sugieren que es posible modificar nuestra mentalidad (Gardner, 2005; Davidson y Bagley, 2012). Difícil, pero posible. Pero, ¿qué es lo que debemos cambiar de nuestra mentalidad?

Sobre esta pregunta reflexionaremos en nuestra próxima columna.

Referencias bibliográficas

Ariely, D. (2012). Por qué mentimos, en especial a nosotros mismos. La ciencia del engaño puesta al descubierto. Barcelona: Ariel.

Davidson, R. y Begley, S. (2012). El perfil emocional de tu cerebro. Claves para modificar nuestras reacciones y mejorar nuestras vidas. Barcelona: Destino.

Gardner, H. (2005). Mentes Flexibles: El arte y la ciencia de saber cambiar nuestra opinión hacia los demás. México: Paidós.

Lledó, E. (2018). Sobre la educación. La necesidad de la literatura y la vigencia de la filosofía. Barcelona: Ariel.

Manes, F. (10/06/2016). El cerebro corrupto. Disponible en https://elpais.com/elpais/2016/05/03/ciencia/1462289605_959427.html. Consultado el 01 de julio de 2021.

Fuente: https://barropensativocei.com/2021/07/02/sin-indignacion-no-hay-combate-a-la-corrupcion/

 

martes, 1 de junio de 2021

EL GRAN ENEMIGO DE LA DEMOCRACIA ES LA CORRUPCIÓN

Jaime Araujo-Frias

Democracia es una palabra que se ha puesto de moda en la campaña electoral del Perú 2021. Todos creemos saber lo que significa. La escuchamos todos los días en la televisión y en la radio. La leemos en los diarios y en las redes sociales.  La dicen los políticos, los periodistas, pero también la gente de a pie cuando afirma: “sabemos que el partido de Keiko Fujimori es corrupto, pero qué me queda, le daré mi voto para salvar la democracia” y “no apoyo a Keiko Fujimori, apoyo a la democracia”.

Al parecer, los peruanos sabemos tanto de democracia que hemos llegado a la conclusión que la corrupción no tiene ningún impacto en la misma. Nuestro objetivo es argumentar que, pese a lo que cree parte de la población peruana, la corrupción ocasiona un grave daño a la democracia. Para tal efecto, intentaremos responder a las siguientes preguntas: ¿Qué es la corrupción?, ¿Qué es la democracia? y ¿Por qué la corrupción perjudica la democracia?

¿Qué es corrupción?

Nos apoyaremos en cuatro definiciones. Las dos primeras institucionales y las otras dos, personales.

Transparencia Internacional-TI (2009) define la corrupción como “el abuso de poder encomendado para el beneficio propio”. Y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos-CIDH, en su Resolución 1/18 de 2 marzo de 2018, consideró que la corrupción es un “fenómeno complejo que afecta a los derechos humanos en su integralidad, así como al derecho al desarrollo; debilita la gobernabilidad y las instituciones democráticas, fomenta la impunidad, socava el Estado de Derecho y exacerba la desigualdad”.

Sandel (2020) considera que la corrupción se presenta de dos formas. La primera está relacionada con la idea de utilizar el ejercicio del poder político para sobornar, pagar favores, traficar con influencias en favor de familiares o grupos. La segunda, en cambio, está relacionada con el distanciamiento de los ciudadanos de las responsabilidades públicas. Y Garzón (2018) dice que la corrupción no es más que la privatización del Estado, es decir, la subordinación de los representantes políticos a los intereses privados.

En suma, de los expuesto se podría concluir que la corrupción consiste en aprovecharse del poder político para apropiarse de los bienes de interés común y ponerlo al servicio de intereses privados.  Es decir, en privatizar los bienes del Estado.   

¿Qué es democracia?

Sartori (2008) nos dice que la democracia es el poder del pueblo. Vale decir, un sistema y régimen político donde el pueblo es el que manda. No obstante, aclara que dicho mandato popular debe inspirarse en el principio de mayoría limitada o moderada. Es decir, que las mayorías tienen derecho a mandar, pero respetando el derecho de la minoría.  Salazar Carrión (2017) por su parte define la democracia como una de las formas de organizar el poder (Kratos); una de las formas de gobierno en la que ese poder o gobierno pertenece al pueblo (demos).

En base a estas dos definiciones podemos convenir que la democracia es una forma de gobierno que consiste en que el pueblo delega su poder de manera temporal y relativa a representantes políticos con la finalidad que estos lo ejerzan para el beneficio común.  Decimos que el pueblo delega su poder de manera temporal y relativa porque de conformidad con lo establecido en el artículo 45° de la Constitución política del Perú “el poder emana del pueblo”.

¿Por qué la corrupción daña la democracia?

Si como hemos visto, por un lado, la corrupción consiste en aprovecharse del poder político para apropiarse de los bienes de interés común y ponerlo al servicio de intereses privados. Y, por otro lado, la democracia es una forma de gobierno que consiste en que el pueblo delega su poder de manera temporal y relativa a representantes políticos con la finalidad que estos lo ejerzan para el beneficio común. Entonces, la corrupción daña la democracia porque aprovecha el poder (kratos) del pueblo (demos) para el beneficio privado en perjuicio del bien común. En otras palabras, la corrupción es la negación misma de la democracia.

¿Cuál es el perjuicio al pueblo que ocasiona la corrupción? Veamos dos datos reveladores. Solo en el año 2019 el Estado peruano perdió más de 23 mil millones de soles como consecuencia de la corrupción. Una cifra que bien hubiera podido aliviar el 85% de la brecha total de infraestructura del sector salud (Shack, Pérez & Portugal, 2020) para enfrentar la Pandemia. Y según Transparencia Internacional – TI (2006), en el gobierno de Alberto Fujimori el Estado peruano perdió aproximadamente 600 millones de dólares. Cifra con la cual el Estado peruano hubiera garantizado el acceso a la salud y a la educación, dos derechos que, al decir de algunos pensadores, constituyen los pilares de la dignidad humana (Ordine, 2020; Morin, 2020).

En consecuencia, con toda razón se ha dicho que “la democracia no se justifica si no asegura la vida en tanto principio material” (Dussel, 2010, p. 31). Esto es, en tanto no garantice el acceso a los medios que hacen posible la permanencia en la vida: el derecho a la alimentación, a la salud, a la vivienda, a la educación, entre otros. Al respecto, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Navil Pillay, ha exclamado: “Seamos claros. La corrupción mata. El dinero robado de la corrupción cada año es suficiente para alimentar más de 80 veces el hambre mundial” (Ugaz, 2020, p. 76).

El principal problema del Perú es la corrupción. Y la corrupción es la gran enemiga de la democracia. Entonces, ¿por qué parte de la población peruana dice que votará por Keiko Fujimori para salvar la democracia, aún a sabiendas que está involucrada en graves actos de corrupción y acusada de delitos relacionados a organización criminal y lavado de activos?

En suma, la corrupción perjudica gravemente la democracia. Tanto es así que algunos investigadores sugieren que el más grave síntoma de enfermedad en las democracias actuales es la pérdida de confianza en las instituciones democráticas por parte del pueblo, y que la corrupción es la principal causa de dicha falta confianza. Por lo tanto, la corrupción es un indicador evidente de la escasa salud de la democracia de un país (Gentile, 2018). Lo cual, además, es concordante con la opinión de la CIDH, contenida en su Resolución 1/18 de 2 marzo de 2018: la corrupción debilita las instituciones democráticas, fomenta la impunidad, socava el Estado de Derecho.

Conclusión

En base a los argumentos expuestos es evidente que uno de los grandes enemigos de la democracia es la corrupción. Entonces, ¿por qué parte de la población peruana opina que votará por la hija del ex presidente más corrupto de la historia del Perú para salvar la democracia, aún a sabiendas que su partido y la candidata están involucrados en graves actos de corrupción y acusada de delitos relacionados a organización criminal y lavado de activos?

 Una primera respuesta la podríamos encontrar en el documento “Perú: Percepción Ciudadana Sobre Gobernabilidad, Democracia y Confianza en las Instituciones, semestre: octubre 2019 – marzo 2020, del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). En el que se recoge el siguiente dato: el 46.3 de la población peruana no sabe lo que es la democracia. Y una segunda respuesta podría ser la siguiente: quienes afirman que votarán por Keiko Fujimori —la hija del ex presidente más corrupto de la historia del Perú—  para salvar la democracia, saben muchas cosas sobre la democracia, pero muchas cosas que no son ciertas.

Referencias bibliográficas

Comisión Interamericana de Derechos Humano-CIDH (2020). Corrupción y derechos humanos: Estándares interamericanos. Disponible en http://www.oas.org/es/cidh/informes/pdfs/CorrupcionDDHHES.pdf. Consultado el 30/04/2021.

Dussel, E. (2010). “La democracia no se justifica sino asegura la vida”.  Entrevista realizada por Israel Covarrubias. Metapolítica, Nº 71, octubre- diciembre 2010, pp. 27-35. Disponible en https://www.academia.edu/16104396/Enrique_Dussel_La_democracia_no_se_justifica_si_no_asegura_la_vida. Consultado el 25 de mayo de 2021.

El País (11/04/2020). “Edgar Morín: vivimos en un mercado planetario que no ha sabido suscitar fraternidad entre los pueblos”. Cultura. Disponible en https://elpais.com/cultura/2020-04-11/edgar-morin-vivimos-en-un-mercado-planetario-que-no-ha-sabido-suscitar-fraternidad-entre-los-pueblos.html . Consultado el 20 de mayo de 2021.

El País (25/03/2020). “Nuccio Odine: la política neoliberal ha descuidado los pilares de la dignidad humana”. Cultura.  Disponible en https://elpais.com/cultura/2020-03-25/nuccio-ordine-la-politica-neoliberal-ha-descuidado-los-pilares-de-la-dignidad-humana.html . Consultado el 20 de mayo de 2021.

Gentile, Emilio (2018). La mentira del pueblo soberano en la democracia. Madrid: Alianza Editorial.

Garzón, V. (2018). La indignación activa. Una mirada personal para transformar la realidad. Barcelona: Planeta.

Instituto Nacional de Estadística e Informática – INEI (2020). “Perú: Percepción Ciudadana Sobre Gobernabilidad, Democracia y Confianza en las Instituciones, semestre: octubre 2019 – marzo 2020”. Disponible en https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/boletines/informe_de_gobernabilidad_may2020.pdf. Consultado el 28 de mayo de 2021.

Sandel, Michel (2020). Filosofía pública. Ensayos sobre moral en política. Barcelona: Debate.

Salazar Carrión, L. (2017). “Democracia”. Diccionario de justicia. Carlos Pereda (editor). Buenos Aires: Siglo XXI.

Shack, N., Pérez, J., y Portugal, L. (2020). Cálculo del tamaño de la corrupción y la inconducta funcional en el Perú: Una aproximación exploratoria. Lima: Documento de Política en Control Gubernamental. Contraloría General de la República. Disponible en https://doc.contraloria.gob.pe/estudios-especiales/documento_trabajo/2020/Calculo_de_la_Corrupcion_en_el_Peru.pdf. Consultado el 30/04/2021.

Transparencia Internacional-TID (2009). Guía de lenguaje claro sobre lucha contra la corrupción. Disponible en https://transparencia.org.es/wp-content/uploads/2014/10/Gu%C3%ADa-de-lenguaje-claro-sobre-lucha-contra-la-corrupci%C3%B3n.pdf . Consultado el 30/04/2021.

Ugaz, J. (2020). La gran corrupción. El abuso sistemático del poder en perjuicio del bien común y su impacto en los derechos fundamentales de los más vulnerables. Lima: Planeta.

Fuente: https://barropensativocei.com/2021/05/31/el-gran-enemigo-de-la-democracia-es-la-corrupcion/

 


jueves, 22 de abril de 2021

CORRUPCIÓN: DE LA IMPUNIDAD JUDICIAL A LA IMPUNIDAD SOCIAL

 

Jaime Araujo-Frias

Según Transparencia Internacional Perú sufre corrupción estructural, impunidad e inestabilidad política (Informe, 2021). Lo cual es irrefutable. Pues en menos de cinco años hemos rechazado a tres presidentes, todos los cuales están siendo investigados por corrupción. ¿Qué está sucediendo? Un estudio llevado a cabo en 2015 por Proética, que es el Capítulo Peruano de Transparencia Internacional, concluye que la corrupción es el segundo problema principal que flagela al Perú, después de la delincuencia.

Sin embargo, el mismo estudio agrega que el 78% de los peruanos son tolerantes a la corrupción, siendo la impunidad una de las causas de la tolerancia. Es decir, la población soporta la corrupción porque las instituciones que tienen a su cargo combatirla no solamente son corruptas, sino las más corruptas. Entre las instituciones identificadas están el Poder Judicial, el Congreso de la República y la Policía Nacional.

Si consentimos la corrupción, si seguimos eligiendo a representantes políticos probadamente corruptos, será casi imposible combatirla.

 

La impunidad normalmente es entendida como la inexistencia de castigo penal o disciplinario contra quienes cometen delitos, entre los que están los delitos de corrupción. No obstante, las elecciones presidenciales del pasado 11 de abril de 2021 nos han demostrado empíricamente que existe una impunidad igual de peligrosa que la judicial: la impunidad social o inexistencia de sanción social a las personas que cometen actos de corrupción. Pues estamos a punto de preferir como presidente del Perú a la hija del séptimo ex presidente más corrupto del mundo, y con una acusación de 5 delitos en su contra: lavado de activos, organización criminal, falsa declaración, falsedad genérica y obstrucción a la justicia.

Todo lo cual nos sugiere que como sociedad en aproximadamente cinco años hemos pasando de tolerar la corrupción a elegirla deliberadamente. Entonces, me viene a la mente esa famosa advertencia que nos hace Ayn Rand en su monumental obra La rebelión de atlas:

(…) cuando observéis que el dinero afluye hacia quienes trafican no en géneros, sino en favores; cuando os deis cuenta de que muchos se hacen ricos por el soborno, por la presión, más que por el trabajo, y que las leyes no os protegen contra ellos, sino que, al contrario, son ellos los protegidos contra vosotros; cuando observéis cómo la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en sacrificio, podéis asegurar, sin temor a equivocaros, que vuestra sociedad está condenada ( 2018, p. 324).

Es urgente volver al principio, y en el principio está la ética entendida como la reflexión sobre el cuidado de la vida. Aplicado a la política sería la reflexión sobre el cuidado de la vida en común, de las mediaciones que posibilitan el bien común. La ética, sugieren algunos filósofos como Marina (2021), es el mayor recurso entre los mayores recursos de que dispone el ser humano. Todos los demás campos de la práctica humana adquieren su esplendor cuando se mueven en su marco.

 


El combate a la corrupción es una tarea que nos concierne a todos y no solamente a las instituciones. Si consentimos la corrupción, si seguimos eligiendo a representantes políticos probadamente corruptos, será casi imposible combatirla. Este domingo 6 de junio de 2021 hagamos que la sanción ética resplandezca: no permitamos la impunidad social. Demostremos que no solamente hemos tomado conciencia que la corrupción es una lacra para el país, sino que además, hemos tomado existencia contra la misma: no votemos por corruptos.

Referencias bibliográficas

Marina, J. A. (2021). Biografía de la inhumanidad. Historia de la crueldad, la sinrazón y la insensibilidad humana. Barcelona: Ariel.

Proética (S/F). “El 78% de los peruanos son tolerantes con la corrupción”. Disponible en     https://www.proetica.org.pe/noticias/el-78-de-los-peruanos-son-tolerantes-con-la-corrupcion/. Consultado el 19 de abril de 2021.

Rand, A. (2018). La rebelión de atlas.  Barcelona: Deusto.

Transparencia Internacional (2021). Índice de percepción de la corrupción 2020. Disponible en www.transparency.0rg/cpi. Consultado el 19 de abril de 2021.

Fuente: https://barropensativocei.com/2021/04/21/corrupcion-de-la-impunidad-judicial-a-la-impunidad-social/