Jaime
Araujo-Frias
Democracia
es una palabra que se ha puesto de moda en la campaña electoral del Perú 2021.
Todos creemos saber lo que significa. La escuchamos todos los días en la
televisión y en la radio. La leemos en los diarios y en las redes sociales.
La dicen los políticos, los periodistas, pero también la gente de a pie
cuando afirma: “sabemos que el partido de Keiko Fujimori es corrupto, pero qué
me queda, le daré mi voto para salvar la democracia” y “no apoyo a Keiko
Fujimori, apoyo a la democracia”.
Al parecer,
los peruanos sabemos tanto de democracia que hemos llegado a la conclusión que
la corrupción no tiene ningún impacto en la misma. Nuestro objetivo es
argumentar que, pese a lo que cree parte de la población peruana, la corrupción
ocasiona un grave daño a la democracia. Para tal efecto, intentaremos responder
a las siguientes preguntas: ¿Qué es la corrupción?, ¿Qué es la democracia? y
¿Por qué la corrupción perjudica la democracia?
¿Qué es
corrupción?
Nos
apoyaremos en cuatro definiciones. Las dos primeras institucionales y las otras
dos, personales.
Transparencia
Internacional-TI (2009) define la corrupción como “el abuso de poder
encomendado para el beneficio propio”. Y la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos-CIDH, en su Resolución 1/18 de 2 marzo de 2018, consideró que la
corrupción es un “fenómeno complejo que afecta a los derechos humanos en su
integralidad, así como al derecho al desarrollo; debilita la gobernabilidad y
las instituciones democráticas, fomenta la impunidad, socava el Estado de Derecho
y exacerba la desigualdad”.
Sandel
(2020) considera que la corrupción se presenta de dos formas. La primera está
relacionada con la idea de utilizar el ejercicio del poder político para
sobornar, pagar favores, traficar con influencias en favor de familiares o
grupos. La segunda, en cambio, está relacionada con el distanciamiento de los
ciudadanos de las responsabilidades públicas. Y Garzón (2018) dice que la
corrupción no es más que la privatización del Estado, es decir, la
subordinación de los representantes políticos a los intereses privados.
En suma, de
los expuesto se podría concluir que la corrupción consiste en aprovecharse del
poder político para apropiarse de los bienes de interés común y ponerlo al
servicio de intereses privados. Es decir, en privatizar los bienes del
Estado.
¿Qué es
democracia?
Sartori
(2008) nos dice que la democracia es el poder del pueblo. Vale decir, un
sistema y régimen político donde el pueblo es el que manda. No obstante, aclara
que dicho mandato popular debe inspirarse en el principio de mayoría limitada o
moderada. Es decir, que las mayorías tienen derecho a mandar, pero respetando
el derecho de la minoría. Salazar Carrión (2017) por su parte define la
democracia como una de las formas de organizar el poder (Kratos); una de
las formas de gobierno en la que ese poder o gobierno pertenece al pueblo (demos).
En base a
estas dos definiciones podemos convenir que la democracia es una forma de
gobierno que consiste en que el pueblo delega su poder de manera temporal y
relativa a representantes políticos con la finalidad que estos lo ejerzan para
el beneficio común. Decimos que el pueblo delega su poder de manera temporal
y relativa porque de conformidad con lo establecido en el artículo 45° de la
Constitución política del Perú “el poder emana del pueblo”.
¿Por qué la
corrupción daña la democracia?
Si como
hemos visto, por un lado, la corrupción consiste en aprovecharse del poder
político para apropiarse de los bienes de interés común y ponerlo al servicio
de intereses privados. Y, por otro lado, la democracia es una forma de gobierno
que consiste en que el pueblo delega su poder de manera temporal y relativa a
representantes políticos con la finalidad que estos lo ejerzan para el
beneficio común. Entonces, la corrupción daña la democracia porque aprovecha el
poder (kratos) del pueblo (demos) para el beneficio privado en
perjuicio del bien común. En otras palabras, la corrupción es la negación misma
de la democracia.
¿Cuál es el
perjuicio al pueblo que ocasiona la corrupción? Veamos dos datos reveladores.
Solo en el año 2019 el Estado peruano perdió más de 23 mil millones de soles
como consecuencia de la corrupción. Una cifra que bien hubiera podido aliviar
el 85% de la brecha total de infraestructura del sector salud (Shack, Pérez
& Portugal, 2020) para enfrentar la Pandemia. Y según Transparencia
Internacional – TI (2006), en el gobierno de Alberto Fujimori el Estado peruano
perdió aproximadamente 600 millones de dólares. Cifra con la cual el Estado
peruano hubiera garantizado el acceso a la salud y a la educación, dos derechos
que, al decir de algunos pensadores, constituyen los pilares de la dignidad
humana (Ordine, 2020; Morin, 2020).
En
consecuencia, con toda razón se ha dicho que “la democracia no se justifica si
no asegura la vida en tanto principio material” (Dussel, 2010, p. 31). Esto es,
en tanto no garantice el acceso a los medios que hacen posible la permanencia
en la vida: el derecho a la alimentación, a la salud, a la vivienda, a la
educación, entre otros. Al respecto, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Derechos Humanos, Navil Pillay, ha exclamado: “Seamos claros. La
corrupción mata. El dinero robado de la corrupción cada año es suficiente para
alimentar más de 80 veces el hambre mundial” (Ugaz, 2020, p. 76).
El principal
problema del Perú es la corrupción. Y la corrupción es la gran enemiga de la
democracia. Entonces, ¿por qué parte de la población peruana dice que votará
por Keiko Fujimori para salvar la democracia, aún a sabiendas que está
involucrada en graves actos de corrupción y acusada de delitos relacionados a
organización criminal y lavado de activos?
En suma, la
corrupción perjudica gravemente la democracia. Tanto es así que algunos
investigadores sugieren que el más grave síntoma de enfermedad en las
democracias actuales es la pérdida de confianza en las instituciones
democráticas por parte del pueblo, y que la corrupción es la principal causa de
dicha falta confianza. Por lo tanto, la corrupción es un indicador evidente de
la escasa salud de la democracia de un país (Gentile, 2018). Lo cual, además,
es concordante con la opinión de la CIDH, contenida en su Resolución 1/18 de 2
marzo de 2018: la corrupción debilita las instituciones democráticas, fomenta
la impunidad, socava el Estado de Derecho.
Conclusión
En base a
los argumentos expuestos es evidente que uno de los grandes enemigos de la
democracia es la corrupción. Entonces, ¿por qué parte de la población peruana
opina que votará por la hija del ex presidente más corrupto de la historia del
Perú para salvar la democracia, aún a sabiendas que su partido y la candidata
están involucrados en graves actos de corrupción y acusada de delitos relacionados
a organización criminal y lavado de activos?
Una
primera respuesta la podríamos encontrar en el documento “Perú: Percepción
Ciudadana Sobre Gobernabilidad, Democracia y Confianza en las Instituciones,
semestre: octubre 2019 – marzo 2020, del Instituto Nacional de Estadística e
Informática (INEI). En el que se recoge el siguiente dato: el 46.3 de la
población peruana no sabe lo que es la democracia. Y una segunda respuesta
podría ser la siguiente: quienes afirman que votarán por Keiko Fujimori —la hija
del ex presidente más corrupto de la historia del Perú— para salvar la
democracia, saben muchas cosas sobre la democracia, pero muchas cosas que no
son ciertas.
Referencias
bibliográficas
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Fuente: https://barropensativocei.com/2021/05/31/el-gran-enemigo-de-la-democracia-es-la-corrupcion/