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lunes, 14 de febrero de 2011

VARGAS LLOSA Y LOS SUCIOS NEGOCIOS DE LA LITERATURA






Mario Vargas Llosa podría perder el Nobel por usar ‘negros’ para escribir sus obras

Consternación en el mundo literario universal. La Academia sueca anunció ayer, de una forma sorprendente, que investiga al Premio Nobel de Literatura de este año, Mario Vargas Llosa, por un posible fraude que le podría costar tan insigne distinción.

Y es que, según diferentes denuncias recibidas en el último año -sobre todo a raíz de la concesión del galardón-, el escritor peruano pudo haber recurrido a la popular figura del “negro”, o sea un literato de segunda fila que redacta los libros que luego firman las estrellas, y esto –se dice– desde que comenzó su prolífica carrera en 1959 con su libro de cuentos Los jefes.

En declaraciones exclusivas para este periódico (Diario de Burgos) el presidente del comité electivo de la Fundación Nobel, Sven Goran Erikson Larsson, comentó: «Aún es muy prematuro hacer valoraciones sobre este asunto. Sólo puedo decir que tenemos pruebas bastante sólidas de que puede haber tongo, aunque creo que hay que dejar trabajar a la Policía».

El caso ha ido a parar a las fuerzas del orden del país escandinavo pues, desde la brigada de delitos informáticos, se interceptó un mail que el mismísimo novelista sudamericano le envió hace un mes a uno de sus presuntos operarios clandestinos. De momento, todo está bajo secreto de sumario, si bien se ha filtrado que el contenido del correo electrónico hacía alusión a un cuento de un pastor anarquista de Cáceres que se enamora perdidamente de una rica heredera en los albores de la Primera Guerra Mundial.

Según la tesis de la fiscalía, Vargas Llosa parece tener en nómina a 18 escritores que, periódicamente, le envían bocetos de lo que podrían ser diferentes obras que el –quizás ahora no tan genial– novelista daría el visto bueno, para luego ir dándole forma a medias, o incluso corrigiéndoles a medida de que los trabajos fueran avanzando.

Entre los posibles “negros” figuran cinco españoles -hay también dos bolivianos, tres chilenos, cuatro peruanos, dos alemanes y un gibraltareño-, incluido el joven que ayudó a Ana Rosa Quintana -su ex cuñado- “autora” de Sabor a hiel, cuya trama giraba en torno a una mujer que había padecido maltratos, y que, en el año 2000, antes de que lo retirara la editorial Planeta tras el escándalo, había vendido la friolera de más de 100.000 ejemplares.

Las sospechas en esta compleja y escandalosa trama se extiende a Genoveva Casanova (ex mujer de Cayetano Martínez de Irujo -hijo de la duquesa de Alba) actual pareja de Gonzalo Vargas Llosa, hijo del recién laureado Nobel de Literatura 2010, cuyo hermano podría haber colaborado de un modo activo en la última obra del escritor afincado en Madrid: El sueño del celta.

Y es que hay una serie de expresiones que se utilizan en la novela que proceden del barrio mexicano de El dorado, una exclusiva zona de donde procede la joven, que el pasado jueves fue interrogada por los miembros del comité que, año tras año, decide conceder los Premios Nobel.

Tras no pocos intentos de contactar con el escritor nacionalizado español, este periódico pudo averiguar que el asunto ha sido encomendado a un bufete de abogados muy prestigioso de Madrid, Stampa Braun, que hace años defendió al popular duo alemán Milli Vanilli, que fue acusado de estafa en 1990.

Si las pistas son fiables y se confirma que Mario Vargas Llosa, el eterno aspirante al Nobel, ha hecho trampas, perderá de modo automático el singular premio, así como el millón de dólares que cobró por éste. Hasta la fecha no se había producido un caso así

Luis Carlos Rodriguez M.

jueves, 16 de diciembre de 2010

CRITICAS AL CACASENO DEL CALCULO POLITICO-LITERARIO



Nota Breve

Setiembre 2010. Vargas Llosa renuncia a la Comisión del "Museo de la Memoria", aparentemente, como un acto de dignidad, de honor. El animal que piensa aprende de sus experiencias. El cacaseno de la política no podía cometer el error de 1990: ser sincero. En esta ocasión debía fingir, en contubernio con su ex enemigo público Nº1, Alan García, y aparecer como un inmaculado defensor de los Derechos Humanos. El cálculo político-literario debía funcionar para lograr el preciado galardón, el Nobel, tan venido a menos en los últimos tiempos. Ahora entiende el lector, el por qué de su renuncia al cargo de presidente de la comisión del "Museo de la Memoria", hace unos meses.

Hoy, la estulticia de los corifeos llega a extremos, pretendiendo declararlo como el peruano más universal. Sólo preguntamos, en voz alta, ¿que entienden estos gatuneros por UNIVERSAL?

Finalmente, ya era hora que aparecieran las voces ecuánimes dentro de un mar de patosas loas a un sujeto que recibió el Nobel como retribución a sus servicios prestados al imperio del mal.

Damos paso a las opiniones de dos hombres INTEGROS, uno desde la “madre” España y el otro desde el Perú.

Tacna, 16 Diciembre 2010
EBM



CRITICA AL DISCURSO DE VARGAS LLOSA

Por: Xurxo Martínez Crespo
Fecha de publicación: 08/12/10

Vargas Llosa se despachó contra sus fantasmas en su discurso de recepción del Premio Nobel. Llamó democracias payasas a las que no comulgan con sus ideas y ensalzó con su silencio al capitalismo salvaje de su otro país, España, que hace que sea el país europeo con mayor número de desempleados, drogadictos y personas que perdieron sus hogares a manos de los bancos a los que debían sus hipotecas.

“Payaso”, en el Perú, es un término altamente despectivo; llamó también payasos a todos los votantes bolivianos y venezolanos que votaron por sus respectivos presidentes, aunque no se refirió con esos términos a los presidentes de EUA como Bush, o a Blair o Aznar, sin olvidar a individuos como Berlusconi, Sarkozy, racistas, misóginos, ignorantes y autoritarios.

Es paradójico que estos presidentes, Evo y Chávez, de repúblicas “payasas” de Bolivia y Venezuela hayan puesto tanto empeño en alfabetizar y cultivar a sus poblaciones, porque al final éstas podrán leer a Vargas Losa y su discurso, y creo, con más preguntas que respuestas. Las estadísticas e informes de organizaciones internacionales así lo confirman; mientras la España que tanto admira Llosa sigue siendo el Estado con mayor índice en deserción escolar de toda Europa.

A España agradeció la difusión de su obra, cuando la verdad fueron catalanes nada sospechosos de españolistas, como Barral o Carmen Ballcells, los que le dieron la difusión internacional que tiene cuando él no era nadie. Otro olvido terrible.

Tuvo palabras duras Vargas Llosa para catalanes, gallegos y vascos que no quieren ser españoles ni seguir perteneciendo a un Estado español que los oprime cultural y económicamente. Otro olvido de Mario... él viene de un continente en el que sus clases más instruidas, hace 200 años, se unieron a pardos, indios y negros y dijeron a los españoles ¡Basta!

Ni una palabra crítica de Mario para los Estados Unidos, ni para los cientos de miles de muertos de sus políticas “preventivas” y de saqueo en África, Irak o Afganistán. Ni una referencia a una guerra basada en la mentira, máximo cuando él carga con el oprobio de haberse dado una vuelta por los escenarios de guerra como quien va de safari fotográfico con su hija Morgana.

Triste discurso para un hombre que nos señala un hecho evidente: se puede escribir bien y ser un mentiroso, rencoroso e ignorante.

De estos escritores, científicos, médicos, políticos está lleno el mundo. ¡Reconócelos!




MATICES
Tomado del Semanario
"Hildebrandt en sus trece", 10 de Diciembre de 2010

Me temía. Sabía -no me pregunten por qué- que Mario Vargas Llosa, con el soñado Nobel ya en la mano, iba a convertirse en el magno portavoz de quienes cortan el jamón. Es decir, que sin las prudencias que mantenía para no enemistarse con los jurados progres de la Academia Sueca. Vargas Llosa se despojaría de remilgos y de coquetas máscaras y aparecería, por fin, como lo que es: uno de los más talentosos escribidores del sistema mundial de dominación.

Y allí está su discurso en Estocolmo: una pieza que la Rand Corporation hubiese aprobada, Ronald Reagan aplaudido y Benjamín Netanyahu celebrado hasta el delirio.

Vargas Llosa ha condenado al terrorismo, pero sólo a una de sus versiones: la islámica, esa respuesta salvaje y repudiable a tantos años de abuso y dominación. Ni una sola mención al terrorismo de Estado: ni al de los Estados Unidos –extendido de modo planetario como una metástasis de la estupidez– ni al de su filial israelí, concentrado en una diminuta franja a la que le llueven, cada vez que el gobierno de Tel Aviv lo considera necesario, balas de uranio empobrecido, bombas de racimo, fósforo ardiente.

Vargas Llosa lo ha dicho con todas sus letras: "Defendamos la democracia liberal". ¡Qué franqueza y qué vacuidad de frase!

O sea que el escritor que ha pregonado siempre que la literatura enmienda a la realidad, postula, al mismo tiempo, desde su flamante Olimpo, la resignación ante lo que considera insuperable: LA DEMOCRACIA LIBERAL (las mayúsculas son mías, pero interpretan el énfasis vargasllosiano).


Mario Vargas Llosa. Porque, dejémonos de monsergas: ¿Qué es la democracia liberal? ¿La de Estados Unidos, donde si quieres mejorar la salud pública dándosela a quienes no están cubiertos tienes que enfrentar a un ejército de analfabetos cívicos encabezados por Sarah Palin, ejército que, al final, paraliza o esteriliza tus proyectos? ¿O la de Chile, que nació en el mar de sangre de Pinochet y continúa hoy con un enorme grado de desigualdad y con el desconocimiento de los derechos mapuches? ¿O la del Perú, parida en el golpe de Estado de Fujimori y ahondada hoy por un farsante, con quien Vargas Llosa se ha amistado, que dice que la plata viene sola cuando la verdad es que viene acompañada de una licitación, una ley a domicilio, o una gran concesión fraudulenta, y que añade que si Humala gana las elecciones él promoverá un golpe de Estado? ¿Esa es la democracia liberal por la que debemos, como caballeros andantes, luchar hasta morir?

¿La democracia liberal es la del cómico Menem o la del trágico Lobo? ¿La de Sarkozy –ese Petain sin batallas–, o la de Berlusconi, ese Casanova sin gracia? ¿O la de Rodríguez Zapatero, ese señor que acepta que los estadounidenses usen las pistas de aterrizaje de España para sus vuelos con carga humana clandestina? Vargas Llosa callaría si alguien le pidiera precisiones. Pero no calla lo que su astucia y su vanidad le dictan -astucia para congraciarse con los grandes mercados y vanidad para erigirse en voz de una muy supuesta conciencia mundial–. Por eso usa groseramente el podio del Nobel para condenar la dictadura de Cuba y los "populismos payasos" que se le parecen. Y menciona a Venezuela, Nicaragua y Bolivia. ¿Cómo se puede caer tan bajo en la ceremonia de lectura oficial de un discurso por el premio Nobel? ¿Qué derecho puede esgrimirse para ese vertido de insultos? ¿Y si hay populismos payasos no habrá también corretaje de novelistas?

Una cosa es segura: esas frases de callejón también las habrían firmado Condoleeza Rice y la Fox News.

Y luego, ironizando respecto del nacionalismo, otro asunto que le inflama la vejiga, Vargas Llosa habla de "los discursos apodícticos sobre los héroes emblemáticos". No es la única frase huachafamente esdrújula de ese texto leído en Suecia.

Fueron muchas, la verdad. Aquí va otra: "las noches estrelladas de esa tierra caliente". Y aquí otra, en alusión a la dramaturgia: "Otra de sus formas excelsas (de la literatura)". En fin, dio la impresión de que Vargas Llosa había escrito ese discurso pensando, casi como un escolar, en frases sonoras mucho más que en ideas nutritivas.

Lo que creo que pasó es que Vargas Llosa no entendió que no lo estaban premiando por su militancia de libertario falaz y pistón ideológico del viejo Occidente. Ni entendió que el galardón no se lo estaban dando al feroz defensor de lo establecido. Ni se enteró de que los discursos del Nobel suelen tener moderación, elegancia y un cierto ecumenismo.

A Vargas Llosa se le salió el cursi arequipeñolimeñísimo que lleva adentro. Y no hablo del llanto que interrumpió su discurso –llanto legítimo, comprensible y hasta conmovedor–. Hablo de su impertinencia para pontificar, en un escenario inadecuado y desde ese sectarismo conservador que hace años lo esclaviza, repitiendo los lugares comunes del Tea Party y haciéndose eco de las sobras de Francis Fukuyama. Hablo de la pena de haber desperdiciado una gran oportunidad para que el escritor que admiramos nos dijera qué piensa del porvenir del libro, de la literatura industrial, del angosto terreno que le ha quedado a la poesía, del éxito como enemigo moderno de la calidad y la locura creadora, de la mafia de las editoras.

Hace muchos años, como creo haber dicho, fui un lector febril de Vargas Llosa. Ahora que estoy leyendo El sueño del celta compruebo que esa antigua admiración ha muerto. No me gusta en qué escritor se ha convertido Vargas Llosa: lineal como un durmiente, cuerdo como una cena de negocios, eficaz como una mano de pintura. Tampoco me gusta qué personaje ha llegado a ser Vargas Llosa: tan narcisista que le cuenta a la Academia cómo cambió el pantalón corto por el largo, cómo empezó a declararse a las chicas y cuánto odia la plaga del nacionalismo (aunque vive en una Europa que practica la xenofobia, una suerte de nacionalismo masivo y federado).

¿Dónde quedó el escritor del desacato que alguna vez habló en la entrega del premio Rómulo Gallegos? ¿Dónde el intelectual que luchó por la libertad de Heberto Padilla –el gran poeta que el estalinista Fidel Castro mandó encarcelar– pero que no era ni quería ser un funcionario intelectual de los usurpadores de Guantánamo? ¿Dónde está el Vargas Llosa que quisimos tanto? Nadie lo sabe. Ni él mismo.

Lo que sí sé, conociendo algunos aspectos de la pareja, es que el Vargas Llosa reaccionario hasta la hipérbole que habló en Estocolmo es el Vargas Llosa que durante años, a punta de paciencia, truenos y dulzuras, moldeó para sí Patricia Llosa de Vargas Llosa. Por ratos tuve la idea insensata de que el Nobel se lo debieron dar a ella.

Aquí en Lima, por supuesto, la corte de aduladores impávidos del escritor se deshizo en elogios. Lima, como se sabe, es una ciudad virreinal

jueves, 4 de noviembre de 2010

Perú: Los crímenes del Putumayo en la última obra de Vargas Llosa



Por Jorge Agurto

3 de noviembre, 2010.- El 3 de noviembre se presentó de manera oficial El sueño del celta, la última obra de Mario Vargas Llosa, laureado escritor peruano que este año fue distinguido con el premio Nóbel de Literatura. Es también una ocasión para referirnos a los alevosos crímenes del Putumayo contra los indígenas masacrados y esclavizados por los barones del caucho en una época ignominiosa de nuestra historia -hace poco más de un siglo- cuyas huellas de opresión aun están latentes.

Como lo reseña Carlos Villanes Cairo, en un artículo publicado en el diario La República (1), la obra transcurre en tres escenarios: El Congo belga, la Amazonía peruana e Irlanda, cuyo eje son las aventuras de Roger Casement, un personaje histórico real que nació el 1º de septiembre de 1864 en Dublín, Irlanda, y murió ahorcado en la prisión de Pentonville, en Londres, el 3 de agosto de 1916.

La novela -escribe Villanes- “es una reivindicación de un hombre singular, valiente en sus pesquisas y denuncias pese a su salud endémica, difamado, acusado de traidor y hasta de pederasta, pero que supo conciliar su vida con su lucha irreductible en favor de la libertad”.

Roger Casement fue enviado a ver la realidad en el Congo y elabora un informe en el que descubre las torturas a las que eran sometidos los africanos a quienes se explotaba y vejaba sin ningún remordimiento. Luego, siempre por encargo del ministerio del Gobierno británico que se ocupa de las relaciones exteriores, Casement realiza una segunda investigación; esta vez sobre las explotaciones caucheras en el Putumayo, en la amazonía fronteriza entre Perú y Colombia.

El libro describe la figura del barón del caucho: Julio César Arana, un archimillonario peruano, residente en Londres, cuya explotación comete los más execrables abusos con los indígenas amazónicos.

Casement sostiene que en el Perú los castigos son aún mayores y más aberrantes que en el Congo. Pero además efectúa una observación muy interesante. Mientras en África la mano asesina es de extranjeros que en el Perú “son los mestizos y blancos” de la misma nacionalidad quienes cometen los crímenes.

El listado de oprobio narrado por Casement es horripilante: marcado de hombres con hierro candente o cuchillos con las iniciales del dueño en las nalgas de los indios, asesinatos espeluznantes, hombres y mujeres quemados vivos, decapitados, mutilados, violados, sacrificados por apuestas.

Un personaje, “Roca Saldaña enumeraba los distintos tipos de castigo a los indígenas por las faltas que cometían: latigazos, encierro en el cepo o potro de tortura, corte de orejas, de manos y de pies, hasta el asesinato. Ahorcados, abaleados, quemados o ahogados en el río”, (p. 157).

En aquella época los denominados barones del caucho y sus capataces del campo “irrumpieron en las aldeas indígenas para aprovisionarse de hombres y concubinas, o engancharon mano de obra indígena mediante el sistema de habilitación” señala Alberto Chirif en una reciente publicación sobre los sucesos del Putumayo.

La situación de exterminio a la que son acorralados los indígenas es tan insoslayable que Casement llega a la siguiente conclusión:

“He llegado a la convicción absoluta de que la única manera como los indígenas del Putumayo pueden salir de la miserable condición a que han sido reducidos es alzándose en armas contra sus amos. Es una ilusión desprovista de toda realidad creer, como Juan Tizón, que esta situación cambiará cuando llegue aquí el Estado peruano y haya autoridades, jueces, policías que hagan respetar las leyes que prohiben la servidumbre y la esclavitud en el Perú desde 1854″ (p.239).

La problemática planteada es tan actual que la última obra de Vargas Llosa es una buena ocasión para recordarle a la comunidad nacional e internacional, de manera especial a la oficialidad política e intelectual, que los sucesos del Putumayo fueron uno de los episodios más dramáticos de nuestra historia nacional de los cuales hay muchas deudas pendientes aún por saldar.

“La imagen manipulada del indígena salvaje y alejado de la historia y temporalidad occidental fue una constante durante la época del caucho en la Amazonía”, a fines del siglo XIX y primeras décadas del XX. La aplicación de esta teoría brindó supuestos elementos “científicos” sobre la inferioridad de estas sociedades originarias, mientras que en el otro extremo, se creó también la imagen del civilizador, representado por el cauchero (2).

Este imaginario “justificaba el dominio sobre el indígena y el medio amazónico y proveía una dimensión moral a la actuación del opresor, que buscaba presentar el dominio como “un acto que buscaba el interés colectivo” cuando lo real es que este dominio ocultaba un “racismo desmedido y malsano” (Ibidem).

Precisamente, esa discriminación étnica, este vivir de espaldas a la realidad y a las necesidades de los pueblos ancestrales, el desprecio de los gobernantes por la opinión y los derechos de las comunidades siempre excluidas de las grandes decisiones políticas, es una constante histórica muy actual en la vida política peruana.

Por eso, mientras que el presidente Alan García se jacta del gran honor de tener un premio Nóbel peruano y el Ministro de Cultura Juan Ossio se autosolaza de ser un gran amigo del célebre escritor, conviene recordarles a ambos que los indígenas que hablan a través de la obra de Vargas Llosa son ascendientes de los mismos indígenas que hoy en pleno siglo XXI son perseguidos y criminalizados por exigir el respeto a sus territorios ancestrales, reclamar el derecho a la consulta, y demandar se les considere como ciudadanos y no simples salvajes a los que hay que civilizar, como lo pensaba el cauchero Julio César Arana.
Nota:

(1) La República: http://www.larepublica.pe/cultural/03/11/2010/el-sueno-del-celta-de-vargas-llosa-0

(2) “Imaginario e imágenes de la época del caucho: Los sucesos del Putumayo” Alberto Chirif y Manuel Cornejo, editores. Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA), Centro Amazónico de Aplicación Práctica (CAAAP) y Universidad Científica del Sur, Lima, Perú, 2009.

martes, 14 de septiembre de 2010

Dignidad de un Cacaseno llamado Vargas llosa




EN UN ACTO DE DIGNIDAD...

No tan común en nuestro laureado escritor peruano Mario Vargas Llosa, renunció a su cargo de presidente de la comisión del "Museo de la Memoria"; los motivos como el mismo lo explica es por los decretos leyes últimos del gobierno peruano, en particular el D.L. 1097, que como los peruanos sensatos e inteligentes manifestaron, son una puerta falsa de salida de prisión, a los violadores de los derechos humanos -responsables de masacres, matanzas, desapariciones- de la población, en los 20 años de violencia que cobraron mas de 70 mil victimas; este decreto en particular propicia el sobreseimiento de los casos de militares y policías violadores de los derechos humanos y que hubieren cometido crímenes de lesa humanidad.

Es una lección moral la que dio Mario Vargas Llosa el día de hoy; un acto difícil de concebir en su hijito desubicado o el tal Aldito Mariátegui que de seguro alzaran el grito al cielo; por la derogatoria que propicio el mismo poder ejecutivo del mencionado decreto, en un acto-reflejo inteligente del presidente Alan García; esperemos por la salud moral y prestigio del país, que Alan García no ratifique al desubicado, faltoso, dogmático, pervertido, falaz, mentiroso y gallináceo ministro de defensa Rafael Rey.

Les dejo… líneas abajo la nota de prensa.

LUIS ALBERTO SANCHEZ NIÑO
Desde Trujillo.

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AFP, actualizado: 14/09/2010
Vargas Llosa renuncia a Museo de la Memoria por "amnistía" a militares

Mario Vargas Llosa renunció de manera irrevocable a la presidencia del Museo de la Memoria, en carta dirigida al presidente Alan García, en protesta por un reciente decreto que el escritor peruano califica como "amnistía disfrazada" en favor de militares acusados de violar derechos humanos.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa asiste a su exhibición "Mario Vargas Llosa. La liberté et la vie (la libertad y la vida)" el 13 de septiembre de 2010 en París. Vargas Llosa renunció a la presidencia del Museo de la Memoria, en carta dirigida al presidente Alan García, en protesta por un reciente decreto que califica como "amnistía disfrazada" en favor de militares acusados de violar DDHH.
Mario Vargas Llosa renunció de manera irrevocable a la presidencia del Museo de la Memoria, en carta dirigida al presidente Alan García, en protesta por un reciente decreto que el escritor peruano califica como "amnistía disfrazada" en favor de militares acusados de violar derechos humanos.

A las pocas horas de la renuncia de Vargas Llosa, el Ejecutivo presentó al Congreso un proyecto de ley para derogar la polémica norma. "Ejecutivo presenta Proyecto de Ley para derogar el decreto legislativo 1097 y pide al Congreso tramitarlo con carácter de urgencia", informó la Secretaría de Prensa del Palacio este lunes vía el sitio de microblogueo twitter.
"En resguardo de la vida constitucional y democrática del país, y a efecto de evitar cualquier mal aprovechamiento del Decreto, el Poder Ejecutivo considera pertinente derogarlo", agrega.

Vargas Llosa en su carta dirigida al presidente García desde París señala que "la razón de mi renuncia es el reciente Decreto Legislativo 1097 que, a todas luces, constituye una amnistía apenas disfrazada para beneficiar a buen número de personas vinculadas a la dictadura y condenadas o procesadas por crímenes contra los derechos humanos".
El escritor señala, además, que esa norma beneficia "al propio ex dictador y su brazo derecho", en alusión al ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000) y a Vladimiro Montesinos, su ex jefe del servicio de inteligencia.

El decreto 1097 dictado el 1 de septiembre junto a otras tres normas, dispone que se archiven los juicios a militares acusados de matanzas contra civiles durante la guerra interna (1980-2000) cuando se hayan sobrepasado los 36 meses para su juzgamiento sin sentencia. Estos cuatro decretos no requerían de aprobación parlamentaria.

Vargas Llosa le recuerda al presidente García que aceptó en 2009 presidir la Comisión Encargada del Lugar (Museo) de la Memoria, "convencido de que su gobierno estaba decidido a continuar el perfeccionamiento de la democracia peruana tan dañada por los crímenes y robos de la dictadura de Fujimori y Montesinos". "Hay una incompatibilidad esencial entre auspiciar la erección de un monumento en homenaje a las víctimas de la violencia que desencadenó el terrorismo de Sendero Luminoso a partir de 1980 y abrir, mediante una triquiñuela jurídica, la puerta falsa de las cárceles a quienes cometieron también delitos horrendos", resalta en su carta Vargas Llosa.

El escritor le expresa al presidente peruano su indignación y desconcierto al señalar que ignora "qué presiones de los sectores militares que medraron con la dictadura y no se resignan a la democracia, o qué consideraciones de menuda política electoral lo han llevado a usted a amparar una iniciativa que sólo va a traer desprestigio a su gobierno". "En todo caso, lo ocurrido es una verdadera desgracia que va a resucitar la división y el encono político en el país", acotó Vargas Llosa. "La medida ha indignado a todos los sectores democráticos del país y a la opinión pública internacional, como lo muestran los pronunciamientos del Relator de la ONU, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos", agregó. "Coincido plenamente con estas protestas", resalta el escritor.

Otro de los cuatro decretos establece que la imprescriptibilidad de los delitos de lesa humanidad rige desde el 9 de noviembre de 2003, cuando Perú se adhirió al convenio internacional sobre esa materia, es decir que sí permitiría la prescripción de los cometidos antes de esa fecha.

El lunes pasado, pocos días después de conocerse las normas, 21 militares que integraron el Grupo Colina -autor de matanzas durante el régimen del ex presidente Alberto Fujimori (1990-2000)- pidieron acogerse a una de ellas para que se archiven sus procesos por haberse excedido los plazos para ser juzgados.

Ante el revuelo que ha generado la medida, el presidente García dijo este domingo que no hará "una cuestión de Estado si el Congreso deroga el decreto". El mandatario había descartado, además, que los acusados de crímenes de lesa humanidad pudieran beneficiarse de las nuevas directivas.

El ministro de Defensa, Rafael Rey, impulsor de las normas, las ha defendido señalando que buscan aligerar los juicios contra un centenar de militares acusados sin pruebas de atrocidades durante el conflicto interno de Perú contra los grupos de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA).

El conflicto interno peruano dejó unos 70.000 muertos entre 1980 y el año 2000.