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lunes, 30 de noviembre de 2015

SUIZA, EL ORO Y EL SAQUEO DEL MUNDO



Jean Batou
Miércoles 25 de noviembre de 2015

El oro, que residía al principio en el Cielo junto con su hermana la plata, igual que el Sol y la Luna, después de desprenderse de sus atributos sagrados para descender sobre la Tierra como un autócrata, podría ahora contentarse con la austera condición de rey constitucional con un gabinete de bancos; y tal vez no sería jamás necesario proclamar una república. Pero todavía no es el caso, y las cosas podrían evolucionar en sentido totalmente contrario. Los amigos del oro tendrán que mostrarse extremadamente sabios y moderados si quieren evitar una revolución.
(John M. Keynes, Auri Sacra Fames, 1931).

Desde hace diez años, Suiza no ha dejado de reforzar su dominio monopolístico sobre el comercio mundial del oro físico (las operaciones de trading tienen su base en Londres). En este decenio, sus importaciones y exportaciones del metal amarillo han triplicado su volumen, rebasando en cada caso las 3 500 toneladas, mientras que se han multiplicado por 6 a 8 en valor. Para formarse una idea de la magnitud de estas transacciones, basta señalar que semejantes volúmenes son superiores a la producción anual mundial de oro, que se cifra en 3 000 toneladas; la oferta total asciende a unas 4 500 toneladas, que incluyen el metal reciclado.

En el corazón de un tráfico internacional

¿Compra Suiza simplemente lo esencial del oro mundial (el 70 % en promedio estos últimos años) para revenderlo, cumpliendo así la función de mayorista mundial? No, su papel es infinitamente más complejo. En primer lugar, el metal precioso se procesa en varias refinerías (que suman dos tercios de la capacidad mundial), que lo transforman en oro puro al 99,99 %. La página web de la más grande de ellas, Valcambi, con sede en el Tesino (filial de Crédit Suisse hasta 2003, adquirida recientemente por una empresa india), presenta de este modo las ventajas de esta industria: transporte seguro del metal precioso a escala internacional; análisis y certificación de la calidad del producto entregado; refinado y presentación certificados (lingotes, barras, piezas, etc.); estudio de las opciones de financiación de cada cliente; custodia del metal en condiciones de seguridad óptimas.

En 2014, estas transacciones figuraban por primera vez en la estadística suiza del comercio exterior, cuando antes habían sido asimiladas a meras operaciones de pago y de este modo quedaban en gran medida camufladas. Con ello, el oro se ha convertido de pronto en el primer producto de exportación del país, por delante de los productos farmacéuticos o la relojería, representando ahora un quinto de su comercio exterior. Además, en marzo de 2015, presionada por sus socios extranjeros y rompiendo con 34 años de secreto, Suiza ha revelado por fin la distribución por países de su comercio de oro. Aunque estos datos solo contemplan el último país de tránsito y el primer país de destino, demuestran el papel clave que desempeña el Reino Unido como proveedor, y el de India, China (Hong Kong), los Emiratos Árabes Unidos o Turquía como clientes. Como señalaré más adelante, este reparto es bastante significativo.

Una alquimia delicada

De las 175 000 toneladas de metal amarillo producidas hasta ahora por la humanidad, 160 000 han servido para responder a las necesidades del capitalismo triunfante desde la segunda mitad del siglo XIX (actualmente, las reservas todavía disponibles se cifran en 183 000 toneladas). De hecho, el circuito del oro desde que se extrae de las entrañas de la Tierra hasta sus diferentes usos sociales, dice mucho sobre el orden económico de las sociedades humanas. En los años 2009 a 2013, dichos usos se repartían de este modo: suntuario 48 % (joyería, atesoramiento); financiero 35 % (inversión); industrial 10 % (electrónico, odontología, etc.); institucional: 7 % (bancos centrales). Resulta que los distintos eslabones de esta cadena revisten el máximo interés para Suiza. Ante todo porque este país desempeña un papel clave en la transmutación del metal bruto extraído o reciclado –portador a menudo de una pesada carga derivada de su historial– en metal puro, intrazable, anónimo. Y es sin duda esta delicada alquimia industrial, financiera, comercial y política, la que hace de este país un lugar de paso obligado en la trata mundial de oro.

En efecto, la extracción del metal amarillo en el África subsahariana (25-30 %), en América Latina (15-20 %), en China (15 %) o en los países de la antigua URSS (15 %), es casi siempre fruto de la sobreexplotación de trabajadores particularmente expuestos, a menudo drogados con anfetaminas para llevar a cabo una labor peligrosa y agotadora. En los países del Sur dedican a esta tarea cientos de miles de niños, y en general los accidentes profesionales son frecuentes en este sector. Apenas existe otra actividad en el mundo en que el productor directo se vea expoliado hasta este punto del producto de su trabajo. Además, las consecuencias medioambientales y para la salud pública de esta actividad son considerables (uso masivo de mercurio y cianuro).

Blanqueo de los beneficios de la esclavitud y del crimen

Por tanto, hace falta conocer la procedencia del oro refinado en Suiza. En este punto, la estadística es formal: hasta comienzos de la década de 1990 se importaba principalmente de Sudáfrica, mientras que ahora proviene en lo esencial de Gran Bretaña, sede mundial del trading del oro (London Bullion Market Association), que fija sus cotizaciones dos veces al día. Está claro que Suiza no pretende conocer la cadena de producción del metal precioso que compra, ni las condiciones sociales y ecológicas que la caracterizan. Incluso se muestra poco curiosa al respecto, como demuestra una reciente investigación de la Declaración de Berna. Esta ONG ha revelado que en 2014, un grupo libanés implantado en África Occidental, que cuenta con una sociedad propia en Ginebra, exportó a Suiza 7 toneladas de oro, producidas sobre todo por niños de Burkina Faso y trasladadas de contrabando a Togo, para su refino a cargo de la empresa Valcambi. Estos hechos no hacen más que confirmar un escándalo duradero, ya denunciado en el pasado en relación con otros países de África y de Sudamérica.

El oro refinado en Suiza no solo permite “esterilizar” un metal producido en condiciones sociales y ecológicas inaceptables, sino que contribuye asimismo a “blanquear” metal amarillo reciclado, fruto de tráficos más o menos legales, cuyo refinado impide determinar su origen. Así, el oro robado y encubierto por redes mafiosas, saqueado por grupos armados o recuperado en ciertos sectores industriales que lo utilizan (joyeros, dentistas, fabricantes de circuitos electrónicos), pueden convertirse –en muchos casos sin medidas anticontaminantes adecuadas, especialmente en Asia– en lingotes irreprochables cuando se transportan a Suiza para ser procesados en este país.

Contribución a la evasión fiscal en los países emergentes

Acabamos de ver que el refinado de metales preciosos permite en primer lugar normalizar actividades basadas en la esclavitud moderna y en la acumulación por desposesión. Pero también se halla en el corazón de otro tráfico muy lucrativo: el blanqueo de los enormes beneficios no declarados de empresas de los países emergentes (India, China, Turquía, etc.). A salvo del impuesto, estos países miran de borrar las pistas relativas a su origen y de protegerse de la depreciación de su moneda nacional al convertirse en oro.

Así, el metal amarillo se importa legalmente en Asia, aunque una parte de estas transacciones pueden disimularse mediante la manipulación de la facturación (de esta manera, Suiza no exporta oficialmente la misma cantidad de oro a India que la que este país importa de Suiza). También se puede introducir de contrabando (pasando en particular por los emiratos del Golfo, grandes importadores de oro suizo) para guardarlo allí tal cual o transformarlo en joyas. Finalmente, también puede depositarse en cajas de seguridad de las entidades bancarias, de las empresas de refinado o de otras instituciones más discretas, como los puertos francos helvéticos, bajo una identidad prestada (gracias a hábiles montajes cuyo secreto guardan los bancos).

En la encrucijada del capitalismo globalizado de dominante financiera

A raíz del aumento de los depósitos de metal amarillo en Suiza, la estadística del comercio exterior de oro acusa un saldo crónicamente deficitario: en efecto, los importes importados son estructuralmente superiores a los importes exportados/1. Además, esta acumulación vertiginosa de depósitos de oro físico no solo se deriva del blanqueo de beneficios no declarados en los países emergentes, sino también de la volatilidad de los mercados de valores, que incita al conjunto de los inversores a protegerse mejor colocando una parte de su cartera en oro.

Por tanto, en la encrucijada de las evoluciones más recientes del capitalismo globalizado de dominante financiera, Suiza se ha convertido en el centro mundial del tráfico de oro, en la intersección de los fenómenos muy contemporáneos de la sobreexplotación del trabajo (particularmente en los países de la periferia), de la acumulación por desposesión (fruto del crimen, del saqueo y de la guerra), del mismo modo que de la especulación endémica con los enormes capitales sustraídos de la esfera productiva.

Nota:

1/ Así, el hecho de que el oro figure en la estadística de comercio exterior de Suiza desde 2014 contribuye mecánicamente a reducir el excedente de su balanza comercial, sin que ello tenga que ver con la fortaleza del franco suizo ni la competitividad industrial de Suiza.
24/11/2015
Traducción: VIENTO SUR

lunes, 7 de septiembre de 2015

LENIN EN ZIMMERWALD




Jean Batou
Martes 1ro de septiembre de 2015

En estas fechas se celebra el centenario de la Conferencia de Zimmewarld que, entre el 5 y el 8 de septiembre, reunió a un puñado de socialistas opuestos al primer conflicto mundial, cuando la mayoría de las direcciones y electos socialdemócratas votaban los créditos de guerra e, incluso, algunos de sus líderes participaban en gobiernos beligerantes. En aquellos momentos Lenin, en minoría, consideró que los socialistas debían luchar por la derrota de su propia burguesía y la creación de una nueva internacional. Su trayectoria intelectual y militante, demasiadas veces descrita de forma superficial, merece ser revisada a la luz de su infatigable actividad revolucionaria en Suiza, desde septiembre de 1914 a marzo de 1917, en la que sin duda alguna Zimmerwald constituye un elemento fundamental.

La primera guerra mundial había estallado hacía un mes cuando Lenin llegó a Suiza tras haber sido encarcelado por un breve período en Austria-Hungría bajo la sospecha de ser un "espía ruso". Se instaló en un pequeño apartamento en la, según su propia expresión, "durmiente" Berna, donde se juntó con un grupo de bolcheviques exilados que compartió sus tesis sobre Las tareas de la social-democracia revolucionaria en la guerra europea. En ellas denuncia el voto de los créditos de guerra por parte de los jefes del socialismo alemán y la incorporación de sus homólogos franceses y belgas a ministerios burgueses. Sin capacidad para impedir la guerra imperialista, pero rechazando aprobarla, al menos habrían podido estar en posición de animar a las revueltas populares a luchar contra el poder de su propia burguesía, para derrocarla.

La derrota prepara la revolución

Ese texto anunció ya las principales orientaciones de Lenin durante la guerra: propaganda, en el ejército y en el campo de batalla, a favor de la revolución socialista y de "dirigir las armas… contra los gobiernos y los partidos reaccionarios y burgueses de todos los países"; llamamiento a la "conciencia revolucionaria de las masas" contra "los cabecillas de la Internacional que han traicionado el socialismo"; lucha contra "el chovinismo ruso, paneslavo" de la autocracia zarista y a favor de la "liberación de los pueblos oprimidos", entre ellos, el polaco, pero también el ucraniano. En Suiza, el socialista Robert Grimm se negó a imprimir aunque sólo fueran extractos de este texto incendiario en el periódico de su Partido.

Llegadas a Rusia clandestinamente, estas tesis fueron debatidas por una dirección bolchevique diezmada por la represión. En la Internacional, Lenin presentó sus planteamiento en la conferencia socialista suizo-italiana del 27 de septiembre de 1914, que se celebró en Lugano. Al día siguiente, explicó su idea fundamental: "En una guerra revolucionaria, la clase revolucionaria no puede desear mas que la derrota de su propio gobierno; no puede dejar de ver la relación entre el fracaso militar de éste y lo beneficioso que resulta esta fracaso para derrocarlo"; añadiendo que esta revolución es indispensable "para evitar la triste eventualidad que amenaza al género humano (…) de conocer una segunda guerra imperialista si la revolución no emerge de la guerra actual"/1. Para él, la guerra ponía al orden del día la revolución socialista para la que había que prepararse de forma activa. El 1 de noviembre declaró muerta la II Internacional y llamó a la creación de la III Internacional.

Para Lenin la guerra imperialista anunciaba un período histórico en el que los revolucionarios pueden, muy rápidamente, ganar una audiencia inmensa, a condición de defender objetivos que respondan a los intereses de las masas trabajadoras, partiendo de su nivel de consciencia y permitiéndoles hacer la experiencia de la necesidad de romper con el capitalismo y el orden político burgués. De ahí su rechazo a la "palabrería revolucionaria" y su búsqueda permanente de mediaciones –en términos de consignas, de reivindicaciones transitorias, de propuestas de unidad de acción– entre la conciencia de las y los explotados y oprimidos y el programa de la revolución socialista/2.

Berna, cuna de la Internacional comunista

En la primavera de 1915, Berna acoge, una detrás de otra, la Conferencia socialista internacional de mujeres (26-28 de marzo) y la Conferencia internacional de la juventud socialista (4-6 de abril) en las que las posiciones de Lenin son defendidas por la bolchevique Inés Armand, sin conseguir obtener la mayoría. Inmediatamente después, a partir de mayo de 1915, a iniciativa del Partido socialista italiano, el suizo Robert Grimm prepara el encuentro de Zimmerwald que acogerá a los socialdemócratas opuestos a la guerra y de cara a la cual Lenin edita un folleto titulado La bancarrota de la II Internacional. En el mismo defiende, especialmente, la idea de que las direcciones sindicales y políticas del movimiento obrero de Europa occidental están corrompidas por una aristocracia obrera privilegiada que ha renunciado al socialismo porque se acomoda a las migajas que caen del festín de la burguesía imperialista.

Fue así como el 5 de septiembre de 1915, 38 delegados y delegadas provenientes de once países, entre ellos 10 alemanes, 8 rusos, 5 italianos, 4 suizos, 3 polacos, 2 franceses, 2 escandinavos, 1 letón, 1 rumano 1 búlgaro y una holandesa, en carrozas tiradas por caballos, se dirigieron al pequeño pueblo bernés de Zimmerwald, donde se instalaron en la Villa Beau-Séjour, bajo la cobertura de un encuentro de ornitólogos. Lenin y sus partidarios, entre ellos el suizo Fritz Platten, que caerá víctima del terror estalinista, defendieron objetivos concretos: rechazo a los créditos de guerra, dimisión de los socialistas de los ministerios burgueses, denuncia del carácter capitalista de la guerra y del socialismo patriótico, apoyo a las movilizaciones populares contra los efectos de la guerra y a las huelgas económicas –que sería necesario transformar en huelgas políticas–, y propaganda internacionalista en las trincheras.

En el borrador del texto, Lenin incluso llama a las y los proletarios a luchar a favor de la creación de una nueva Internacional contra la guerra y el capitalismo. Pero su posición fue puesta en minoría, sobre todo por los alemanes, los italianos y los franceses. En esas circunstancias fue Trotsky, más conciliador, quien se encargó de redactar un manifiesto de síntesis que finalmente fue adoptado por unanimidad y en el que se denuncia al imperialismo como una máquina de guerra, pero también a los líderes socialdemócratas comprometidos en la Unión sagrada. Se hace hincapié en la lucha a favor de "la paz sin anexiones ni indemnizaciones", aunque resulta ambiguo en lo que respecta a la línea de trabajo a seguir y no llama a la creación de una nueva internacional. No obstante, la izquierda de Zimmerwald lo apoyó como un primer paso, aunque criticando públicamente sus límites.

"Nos comprometemos y después vemos…"

Al inicio de la guerra, el movimiento obrero ruso, que conoció una progresión espectacular de 1912 a 1914 se encontró brutalmente aislado, atomizado y expuesto a la represión. En el exilio, Lenin, cuyos contactos con los círculos bolcheviques del Imperio son difíciles, atraviesa fases de duda y amargura. Sin embargo, en el curso de esos años, despliega una actividad teórica sin precedentes: vuelta a los fundamentos filosóficos del marxismo a partir, fundamentalmente, de la Ciencia de la lógica de Hegel, que él anota y comenta; investigación profunda sobre el imperialismo, que lo ve como un nuevo estadio del capitalismo y reflexiones sobre la cuestión nacional y el derecho de los pueblos a la libre autodeterminación, que defiende contra Rosa Luxemburgo y Bujarin.

Estos tres elementos clave marcan una verdadera inflexión en su trayectoria intelectual, que se hace más flexible y viva, "polyscópica", para retomar su propio calificativo/3. ¿Cómo articula él el pensamiento y la acción? Poniendo el acento sobre las fuerzas motrices y los instrumentos políticos de la revolución: clases explotadas, pueblos oprimidos, alianzas, partidos revolucionarios, programas, estrategias, tácticas, consignas, etc.

En uno de sus últimos escritos, cita a Napoleón: "On s’engage et puis on voit…" ("Nos comprometemos, y después vemos…") (en francés en el texto)/4. Ahora bien, este aparente pragmatismo expresa su comprensión de la relación dialéctica entre, por una parte, la teoría, el análisis de una formación social, la definición de un proyecto estratégico y, de otra, la capacidad para intervenir en la política con la mayor flexibilidad táctica. El 28 de abril de 1918, resumió de ese modo esta perspectiva: "No basta con ser revolucionario y partidario del socialismo o comunista en general. Es necesario saber encontrar, en cada momento el eslabón particular al cual hay que aferrarse con todas las fuerzas para sujetar toda la cadena y preparar sólidamente el paso al eslabón siguiente. El orden de los eslabones, su forma de engarce, la diferencia entre unos y otros no son ni tan simples ni tan burdos en la cadena histórica de los acontecimientos como en una cadena corriente forjada por el herrero"/5.

"Una perspectiva concreta dirigida hacia la acción transformadora”/6

La referencia a sus estudios filosóficos de Berna en el otoño de 1914 es evidente hasta en la elección de los términos, señalando a continuación: "en Hegel la práctica sirve como eslabón en el análisis del proceso del conocimiento (…) La conciencia del hombre no solo refleja el mundo objetivo sino que lo crea (subrayado mío)"/7. Es por eso que el filósofo húngaro, Georg Lukács verá en la actividad intelectual de Lenin un ejemplo de "pensamiento concreto anti-esquemático, anti-mecanicista y dirigido directamente hacia la acción transformadora"/8; por su parte, Antonio Gramsci lo percibe como el más importante "teórico moderno de la filosofía de la praxis"/9. Por esa razón, tras la revolución, el dirigente de Octubre expresará sus dudas sobre la oportunidad de hacer un compendio de sus escritos como una guía para la acción: hará observar que las situaciones con las que "nos hemos encontrado" jamás se reproducirán de la misma manera y los revolucionarios no podrán ahorrarse el trabajo de considerar las especificidades de las situaciones a las que se verán confrontados para definir sus tareas. Lo que no impedirá a sus epígonos inventar el "leninismo" de la misma manera que embalsamaron su cuerpo.

Es verdad que para Lenin una base teórica sólida, un horizonte estratégico claro y una organización revolucionaria aguerrida constituyen las condiciones necesarias para una acción consciente y eficaz. Pero eso no es suficiente: la intervención en las luchas, el análisis de su impacto en el tiempo real y la información que nos suministra, sólo nos ofrecen un conocimiento bastante preciso del terreno para intentar modificar su configuración. Por ello, en determinadas circunstancias, la política concreta puede, aparentemente, tomarse libertades en relación a un programa o una estrategia a largo plazo, sólo a condición de evitar hacer de la necesidad virtud y, sobre todo, de no alimentar ilusiones sobre la posibilidad de engañarnos de forma duradera sobre las limitaciones de la realidad objetiva.

31/08/2015

Notas
1/ Citado por Jean-Jacques Marie, Lénine. La révolution permanente, Paris, Payot, 2011, p. 154.
2/ Por esta razón, la editorial Demopolis reeditó en 2011 La Maladie infantile du communisme (le «gauchisme») (1920), bajo el título más explícito de Petit manuel pour rompre avec le capitalisme.
3/ Henri Lefebvre, La Somme et le reste, 2 vol., Paris, La Nef de Paris éditions, 1959, vol. 1, p. 85.
4/ Ibid., p. 493.
5/ Lenin "Las tareas inmediatas del poder soviético (1918), en: Obras escogidas, t. 2, p. 374.
6/ En torno a este punto ver mi posfacio a la biografia intelectual de Lenin aparecida en francés el mes pasado en la Editorial Les Prairies ordinaires, Paris.
7/ Lenin, Cuadernos filosóficos, Editorial Ayuso, 1974,p. 198.
8/ Lukacs, Georg, La pensée de Lénine, Paris, Denoël/Gonthier, 1972, p. 128.
9/ Gramsci, Antonio, Cahiers de prison. Cahiers 10, 11, 12 y 13, Paris, Gallimard. 1978, p. 41.