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sábado, 12 de marzo de 2022

UCRANIA COMO PIVOTE GEOPOLÍTICO: LOS ESTADOS UNIDOS Y SU «GRAN ESTRATEGIA»

 

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Para Brzezinski, la clave de su «geopolítica de pivote» era Ucrania, sostenía que si Ucrania se incorporaba a la OTAN este hecho la transformaría en “un puñal que apuntaría directo al corazón de Moscú, debilitando definitivamente a Rusia”.

10 marzo, 2022

EDITORIAL DE LA REVISTA ESTADOUNIDENSE «MONTHLY REVIEW»

Mientras escribimos estas notas a principios de marzo de 2022, los ocho años de una guerra civil limitada en él este de Ucrania se ha convertido en una guerra a gran escala. Este hecho representa un punto de inflexión en la Nueva Guerra Fría y una gran tragedia humana. Con la amenaza de un holocausto nuclear, este evento está poniendo en peligro a todo el mundo.

Para entender los orígenes de esta Nueva Guerra Fría y la entrada de Rusia en la guerra civil ucraniana, es necesario conocer las decisiones que tomó Washington cuando terminó la anterior Guerra Fría se dio forma al llamado “Nuevo Orden Mundial”.

Un tiempo, después de los acuerdos que pusieron fin formal a la guerra fría,  Paul Wolfowitz, subsecretario de Defensa del presidente George H. W. Bush, expuso la nueva Política de Defensa de EEUU: » Ahora nuestra política [después de la caída de la Unión Soviética] debe centrarse en impedir la aparición de cualquier futuro potencial competidor global.»

Según Wolfowitz: «como Rusia seguirá siendo teniendo un fuerte poder militar en Eurasia, por tanto es necesario debilitar su posición geopolítica de forma permanente e irrevocable. Debemos hacer esto antes que este en condiciones de recuperarse, por tanto, tenemos que atraer a la órbita occidental a todos los estados que la rodean y que anteriormente fueron parte de la Unión Soviética o que eran parte de su esfera de influencia («Fragmentos del Plan del Pentágono:» Prevenir de la Re-Aparición de un Nuevo Rival’,» New York Times, 8 de marzo de 1992).

El documento denominado “Orientación para la Defensa de Estado Unidos, elaborado por Wolfowitz fue adoptada por la Casa Blanca con el respaldo tanto de los demócratas como de los republicanos. De esta manera, los planificadores estratégicos del Imperio, coincidían con la doctrina de geopolítica clásica elaborada por Halford Mackinder en la Gran Bretaña Imperial antes de la Primera Guerra Mundial.

Una doctrina geopolítica que fue perfeccionada en la década 1930-1940 por Karl Haushofer de la Alemania Nazi y Nicholas John Spykman de los Estados Unidos. Fue Mackinder, quien en 1904 introdujo la noción que el control geopolítico del mundo dependía de la dominación de Eurasia (la principal masa de la tierra de los continentes asiático y europeo) al que se refirió como el “corazón del mundo”. Así surgió su conocida cita: Quién gobierne el Corazón del Mundo gobernará el Mundo

La Guerra en Eurasia

Debido a su identificación con la Alemania Nazi esta visión de la geopolítica fue ocultada a la opinión pública durante mucho tiempo. Sin embargo, los fundamentos de esta doctrina dirigida a dominar el mundo han presidido la estrategia de los principales países capitalistas, inspirando el pensamiento de figuras como Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski,

A fines del siglo pasado, con la desaparición de la Unión Soviética, y la emergencia de los Estados Unidos como Poder Unipolar, la geopolítica – y sus raciocinios de dominación mundial – fueron reconocida abiertamente por los planificadores estratégicos de los Estados Unidos, generando una post-Guerra Fría de carácter Imperial (John Bellamy Foster, «La Nueva Geopolítica del Imperio,» revista Nº 57, enero 2006).

El arquitecto más importante de esta nueva estrategia imperial fue Zbigniew Brzezinski, quien, como consejero de seguridad nacional de Jimmy Carter, planificó hasta el detalle una guerra-trampa para los Soviéticos en Afganistán. Bajo su dirección se implementó, la instrucción secreta de Carter de julio de 1979, que ordenaba a la CIA, reclutar, entrenar y armar a los Muyahidines, creando una red de fanáticos religiosos, desde Pakistán hasta Arabia Saudita, para luchar en Afganistán.

La preparación militar de los Muyahidines, y de otros grupos terroristas en Afganistán, todos organizados por la CIA, precipitó la intervención Soviética, conduciendo a una guerra de guerrillas interminable que terminó por desestabilizar de la Unión Soviética.

Cuando se le consulto a Brzezinski si estaba arrepentido de haber organizado y armado al terrorismo islamista, que atacó a las torres gemelas el 11 de septiembre, respondió diciendo simplemente que “la destrucción de la Unión Soviética valió la pena” (Natylie Baldwin, «Brzezinski Mad Estrategia Imperial, 13 de agosto de 2014;).

Dado su controvertida reputación Brzezinski desapareció de los foros oficiales, pero siguió siendo el principal asesor de todas las posteriores administraciones norteamericanas. Por más de tres décadas Brzezinski, fue el pensador que articuló la gran estrategia contra Rusia. Y, a pesar que en Rusia había una solida opinión negativa de Brzezinski, en la década de 1990, durante el gobierno de Boris Yeltsin, se instalaron en el entorno del Kremlin una serie de marionetas del estratega polaco-estadounidense

La guerra de la OTAN que desmembró a Yugoslavia sólo fue el inicio la expansión de la OTAN hacia el este.

Washington, en el momento de la reunificación alemana, le prometió a Mikhail Gorbachov, que la OTAN no se ampliaría «ni una pulgada» hacia el Este. Sin embargo, Bill Clinton, durante la campaña para su reelección, se manifestó abiertamente favorable a la expansión de la OTAN y después de ser reelegido puso en marcha esta política expansionista de la OTAN que han mantenido todas las posteriores administraciones norteamericanas.

Poco después, en 1997, Brzezinski publicó “El Gran Tablero de ajedrez: Primacía Estadounidense y sus Imperativos Geoestratégicos”, en el libro explicaba que los Estados Unidos estaban «por primera vez en posición de dominar Eurasia” y poder convertirse en «el árbitro principal de las relaciones de poder» De esta manera, según Brzezinski, los Estados Unidos se convertirían en el «primer» y el «último imperio global” (Brzezinski, el Gran Tablero de Ajedrez [Basic Books, 1997].

Para que la Alianza Atlántica, bajo el liderazgo de EEUU, dominará Eurasia, era necesario en primer lugar tener primacía sobre lo que Brzezinski llamó «el agujero negro» que dejo la Unión Soviética con su salida de la escena mundial. Esto significaba reducir a Rusia hasta el punto que ya no pudiera sostenerse como estado viable.

Para Brzezinski, la clave de su «geopolítica de pivote» era Ucrania, sostenía que si Ucrania se incorporaba a la OTAN este hecho la transformaría en “un puñal que apuntaría directo al corazón de Moscú, debilitando definitivamente a Rusia”.

Advirtió, con agudeza, que cualquier intento de lanzar a Ucrania contra Rusia, sería visto por los rusos como una amenaza a su seguridad nacional, una línea roja. Entonces la «ampliación de la OTAN hasta Ucrania “requerirá del envió de armas estratégicas hacia el Este” y esta estrategia exigirá “la aprobación de Europa, especialmente de Alemania” (Brzezinski, El Gran Tablero de Ajedrez, 41, 87-92, 113, 121-22, 200).

Los Estados unidos, escribió Brzezinski, deben “apoyar sin demora la expansión de la OTAN hacia el Este incluyendo a Ucrania, un país con el que Rusia comparte 1.200 millas de la frontera. Sin tener a Ucrania del lado occidental inevitablemente Rusia caerá en los brazos de China. Y ambos países podrían formar un bloque anti-hegemónico que se opondrá a los Estados Unidos”.

El resultado sería una situación geopolítica similar a la de principios de la Guerra Fría cuando existía el bloque Chino- Soviético, aunque esta vez Rusia sería mucho más débil Rusia y China sería mucho más fuerte. La solución para Brzezinski era presionar a China a través de Taiwán, Hong Kong, y la Península de Corea, utilizando la alianza que “tenemos con Japón y Australia”. Esta alianza, más la OTAN, le daría a Estados Unidos “una posición favorable en el combate contra China y a Rusia”.

De acuerdo con la “doctrina Brzezinski”, para domeñar Eurasia había que dar jaque mate a Rusia utilizando su eslabón más débil: Ucrania. El dominio de los EEUU y de la OTAN sobre Ucrania “será una amenaza de muerte para Rusia, que probablemente a mediano plazo puede contribuir a su disolución tal como la conocemos hoy en día”. El siguiente objetivo es necesariamente China, que “debería ser desestabilizada desde su Extremo Oeste (Brzezinski, El Gran Tablero de Ajedrez, 103, 116-17, 164-70, 188-90).

Las acciones tomadas por Washington en las últimas tres décadas han seguido al pie de la letra la geo-estrategia descrita por Zbigniew Brzezinski en «El Gran Tablero de Ajedrez». Desde la caída del Muro de Berlín en 1989, la OTAN ha absorbido quince países, todos hacia el Este, (y, todos formaban parte del Pacto de Varsovia, o fueron regiones de la Unión Soviética).

La OTAN tiene un completo despliegue militar en las fronteras de Rusia y Bielorrusia. Por lo que se sabe los Misiles de la OTAN ubicados en Polonia, Rumania y Europa Central apuntan directo a Moscú y sus tropas se concentran en Estonia, Lituania, Letonia, Polonia y Rumanía. (¿Por Qué Rusia Quería Garantías de Seguridad desde el Oeste?, CNN, 10 de febrero de 2022)

En 2014, Washington planificó un golpe de estado en Ucrania para derrocar al presidente Víctor Yanukovich. Este presidente elegido democráticamente, hacia menos de un año, quería ser ingresar a la Unión Europea, pero las condicionalidades impuestas por la UE y el Fondo Monetario Internacional, obligaron a Yanukovich a volverse hacia Rusia en busca de ayuda económica. Su cambio de posición encolerizó a Occidente que decidió orquestar el golpe de estado de Maidan. El nuevo líder ucraniano fue respaldado inmediatamente por los Estados unidos.

El golpe de estado se llevó a cabo, en parte, por un movimiento neo-nazi, con fuertes raíces históricas en la Ucrania fascista de la segunda guerra mundial. En su momento la organización fascista encabezada por Stephan Bandera apoyó y participo activamente en la invasión Nazi de la Unión Soviética siendo parte de las SS ucranianas. Hoy en día, sus herederos, conforman el Batallón Azov, que ya es parte integrante del ejercito ucraniano, que ha sido rearmado hasta los dientes por el Pentágono.

El control de Ucrania por la derecha ultra-nacionalista y una rusofobia delirante llevo a una brutal represión en la ciudad de Odessa donde más de cuarenta personas que fueron quemadas vivas en el local de los Sindicato, después del golpe de estado (Bryce Verde, «Lo que realmente deberíamos saber sobre Ucrania,» 24 de febrero de 2022;

En reacción a la violenta represión contra los rusos étnicos, la península de Crimea, predominantemente de habla rusa, decidió reintegrarse a Rusia a través de un referéndum (a todo el mundo, también, se les dio la opción de ser parte de Ucrania)

En el contexto de una guerra civil entre ucranianos, la mayoría de la población de habla rusa de la región de Donbass, se independizó de Kiev formando las repúblicas populares de Luhansk y Donetsk. Las nuevas repúblicas secesionistas recibieron el apoyo militar de Rusia, mientras que Kiev ha recibido durante años armas e instructores militares occidentales, en un proceso que tiene como objetivo la incorporación de Ucrania a la OTAN (Arina Tsukanova: Por qué se anexionó la Península de Crimea, el 28 de marzo De 2017).

En la guerra de Ucrania cerca de 14.000 personas de habla rusa han asesinadas y 2,5 millones de personas se han refugiado en Rusia. Los enfrentamientos iniciales se detuvieron parcialmente con los Acuerdos de Minsk en el que participaron Francia, Alemania, Rusia y Ucrania. Estos acuerdos refrendados por el Consejo de Seguridad de ONU reconoce a las regiones de Donetsk y Luhansk el derecho de auto-gobierno, aunque deberían mantenerse dentro de Ucrania.

Sin embargo, el conflicto militar se ha mantenido. En febrero de 2022, más de 130.000 soldados de las tropas de asalto ucranianas rodearon a Luhansk y a Donetsk, rompiendo así los Acuerdos de Minsk (Abdul Rahman, ¿Qué Son los Acuerdos de Minsk? 22 de febrero de 2022)

Rusia insistió públicamente en el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk e hizo al menos dos importantes exigencias: Ucrania no debe ser parte de la OTAN y hay que terminar con la escalada militar dirigida contra la Repúblicas del Donbass.

Por su parte, Vladimir Putin declaró que estas demandas son» líneas rojas para la seguridad de Rusia” y sí se cruzan obligarían a Moscú a responder. Cuando Ucrania empujada por los Estados Unidos y la OTAN decidió cruzar esas “líneas rojas” bombardeando el Donbass, Rusia intervino masivamente en la guerra civil ucraniana, para ayudar a las asediadas Repúblicas de Donetsk y Luhansk.

La guerra, en general, es siempre un crimen contra la humanidad y hoy en día una guerra entre las grandes potencias nos amenaza con la aniquilación total. La única respuesta que debemos es darle una oportunidad a la paz.

Pero, para lograr la paz hoy se requiere encontrar una solución que garantice la seguridad de todas las partes en la guerra civil ucraniana y también que asegure la seguridad de Rusia. También, no debemos olvidar que la guerra es un mal endémica en el sistema capitalista, y que sólo el regreso a una vía socialista tanto de Ucrania como de Rusia podrá ofrecer una solución duradera.

Publicado en: Actualidad

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2022/03/10/ucrania-como-el-pivote-geopolitico-los-estados-unidos-y-su-gran-estrategia/

 

jueves, 24 de febrero de 2022

ALGUNAS REFLEXIONES EN TORNO A LA CRISIS EN UCRANIA

En el trasfondo, lo que está en juego son los intereses superiores del capitalismo global que observa impávido la pérdida de su poder omnímodo. Ucrania es solo un instrumento despreciable para Occidente en la búsqueda de salvar al capitalismo en el momento de su mayor debilidad.

24/02/2022

Durante una entrevista realizada en días pasados, el periodista Carlos Arellano me sorprendió al preguntarme si el recuento histórico que hizo el presidente Putin en su reciente comparecencia para explicar la decisión de reconocer la independencia de Lugansk y Donetsk, era necesario.

Arellano con sapiencia, trataba de encontrar explicaciones a dicha decisión y desentrañar el intríngulis del asunto. Con mucho respeto por el presidente Putin, me permití diferir de su opinión que le achacaba la responsabilidad de lo que está ocurriendo en Ucrania a los bolcheviques y a Vladimir I. Lenin.

Cuando los bolcheviques llegaron al poder no solo tuvieron que formar un gobierno para dirigir Rusia sino todo el gigantesco imperio zarista que agrupaba a alrededor de 100 nacionalidades, la mayoría de las cuales habían sido incorporadas a la fuerza. La creación de la Unión Soviética que llegó a tener 15 repúblicas socialistas, 20 repúblicas autónomas, 125 óblasts, 7 óblats autónomos, 10 distritos autónomos y 7 krais, fue el intento diseñado por los bolcheviques para resolver el problema de las nacionalidades y darle a cada una la representación que merecía.

Si eso se deformó no fue culpa de los bolcheviques y mucho menos de Lenin. Hay que recordar que todo eso se hizo en medio del asedio absoluto del capitalismo mundial que pretendió destruir el naciente poder de obreros y campesinos cuando nacía en el marco de una hambruna generalizada de los pueblos. “Pan, paz y tierra” fue la consigna bolchevique de entonces. Por cierto, esa decisión fue la que permitió a los ucranianos tener por primera vez un Estado nacional. Si eso fue un error como planteó el presidente Putin, es bastante discutible o al menos, necesario de debatir. Pero es comprensible que entre Lenin y Putin haya diferencias, el fundador de la Unión Soviética era un revolucionario comunista e internacionalista y Putin, un nacionalista ruso que se ha propuesto defender y salvaguardar los intereses de su país cuando ya no existe el mundo bipolar.

Otra arista del problema es la razón jurídica enmarcada en el derecho internacional. Sabiendo que éste es un instrumento para ser cumplido sólo por los países pobres, atrasados y subdesarrollados, lo cierto es que Rusia actuó como lo que es: una gran potencia mundial a la que solo se ha podido avasallar mediante la traición de Gorbachov y la incompetencia etílica de Yeltsin. Putin llegó al poder a comienzos de siglo para recuperar el honor y la dignidad de Rusia que desde el mismo momento de la desaparición de la Unión Soviética fue vilipendiada y marginada de su condición de potencia dentro del sistema internacional.

El debate y argumento principal de Occidente para decidir sanciones contra Rusia es que se violentó la soberanía y la integridad territorial de Ucrania tras la decisión tomada por Putin el pasado lunes 21, pero está visto que las potencias actúan así en cualquier condición. Nadie ha hecho escándalo por las 8 invasiones militares, las 11 revoluciones de colores y los más de 20 países sancionados por Estados Unidos desde la desaparición de la Unión Soviética mientras se trataba de instalar un sistema internacional unipolar basado en el uso de la fuerza que ha significado millones de víctimas en todo el planeta, marginando además al derecho internacional que ha pasado a ser una entelequia a la que apelan los países del sur para intentar salvaguardar su existencia.

En este ámbito, el argumento más sólido esgrimido por Rusia para explicar su decisión fue dado a conocer por el presidente Putin al informar que la medida tomada se hizo con el fin de evitar que se siguiera realizando un genocidio. Hay que recordar que la aún vigente y mal llamada Declaración “Universal” de Derechos Humanos de la ONU establece en su artículo 3 que: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Rusia actuó en defensa de la vida y la seguridad de 4 millones de ciudadanos que corren peligro cotidianamente desde hace 8 años.

Hay que recordar que el actual gobierno de Ucrania es heredero de un golpe de Estado fascista en la que bajo conducción de Occidente, la OTAN y en especial de Estados Unidos en la figura de la sub secretaria de Estado para asuntos europeos Victoria Nuland, promovieron la acción vandálica de grupos neonazis que hasta se permitieron incendiar sinagogas bajo la mirada complaciente de Estados Unidos y el silencio cómplice de Israel, a quien el falso discurso del “antisemitismo” se le olvidó transitoriamente.

Fue precisamente esta funcionaria quien en una conversación con el embajador estadounidense en Ucrania Geoffrey Pyatt en febrero de 2014 cuando ultimaban detalles sobre la forma de derrocar al gobierno de Víktor Yanukóvic, expuso el talante despreciativo que siente Estados Unidos por sus “aliados”. Ante una observación del embajador Pyatt en el sentido de que determinadas decisiones de su país no concordaban con la opinión de la Unión Europea, Nuland exteriorizó la emblemática frase que define el poco respeto y consideración que tiene Estados Unidos por sus socios del Viejo Continente: “Que se joda la Unión Europea” expresó la hoy subsecretaria de Estado para asuntos políticos.

Hay que recordar también que el nacimiento de las repúblicas de Donetsk y Lugansk tuvo su origen en el rechazo a ese golpe de Estado, dadas las acciones racistas, extremistas y violadoras de derechos humanos por parte de la administración ucraniana contra la minoría rusa que habita esos territorios. En este sentido, la creación de estas instancias respondió al derecho de legítima defensa, consagrado en todos los documentos atingentes al tema en el marco del derecho internacional

Han sido ocho años de denuncias continuas y permanentes, simultaneas a la inoperancia del Formato de Normandía y los Acuerdos de Minsk al que Estados Unidos y Europa siempre le concedieron poca importancia, sin jamás hacer un esfuerzo mínimo para conminar al gobierno subordinado de Ucrania a que los cumpliera. Ahora, Occidente se acordó de los acuerdos de Minsk, los que después de años de estar apartados de la media informativa, ha comenzado a atiborrar desde ayer las salas de redacción y los estudios de los canales de televisión. Incluso, el presidente francés, con total desparpajo, ha creído válido utilizarlos como instrumento para su campaña electoral.

Finalmente, en el marco del maltrecho orden internacional, lo que se debe analizar es, si se interviene militarmente en un país para promover un genocidio como lo ha hecho Estados Unidos en Venezuela, Nicaragua y Cuba o se interviene para evitar un genocidio. En el caso de Cuba se prueba que el derecho internacional es solo un “saludo a la bandera” como lo muestran 63 años de bloqueo repudiado por casi toda la humanidad menos dos países, decisión que todos los presidentes de Estados Unidos han echado al tiesto de la basura.

Precisamente, en la década de los 70 de siglo pasado, Cuba “invadió” Angola, ayudando a concretar la independencia de ese país y haciendo el aporte más relevante para destruir el oprobioso apartheid que convivía bajo la mirada cómplice de Occidente, mientras se ejecutaba un largo genocidio contra la población negra de Sudáfrica. ¿Alguien puede objetar que haya sido un pequeño país subdesarrollado el que haya hecho la mayor contribución para conseguir el fin del apartheid?

¿Quién puede creer en el derecho internacional, en el sistema multilateral y en la ONU cuando el pueblo saharaui ha esperado por 30 años el referéndum prometido para definir su status político?, no realizado porque Europa, los poderes coloniales y los intereses económicos de Occidente le han dado la venia a Marruecos para que protagonice otro genocidio continuado, solo evitado en su total dimensión, por la acción solidaria de África y en particular de Argelia. ¿Dónde está el derecho internacional?

Pero, más allá de estos sucesos que llenan el espacio informativo de los últimos días, lo interesante es estudiar qué está ocurriendo realmente en la dinámica internacional y qué repercusiones tienen estos hechos en la emergencia de un nuevo orden mundial que se anuncia. ¿Cuál es la verdadera intención de Estados Unidos al organizar una guerra para que Europa sea nuevamente devastada, tal vez por tercera vez en cien años?

En el trasfondo, lo que está en juego son los intereses superiores del capitalismo global que observa impávido la pérdida de su poder omnímodo. Ucrania es solo un instrumento despreciable para Occidente en la búsqueda de lograr su objetivo primordial que es salvar al capitalismo en el momento de su mayor y creciente debilidad. En particular, está visto a través de la historia que a Estados Unidos no le importa sacrificar millones de vidas, incluyendo la de sus propios ciudadanos humildes que son los que conforman su ejército, si de preservar su sistema se trata. Sus 800 bases militares en todo el mundo y sus 11 portaviones son el instrumento más importante con que cuenta Estados Unidos para resolver los problemas que plantea el derecho internacional.

Durante los cinco últimos siglos, es decir desde que se inició la globalización hegemonizada por Occidente, el poder mundial se asentaba sobre el control de los mares. Eso ha comenzado a cambiar generando una transformación paradigmática en la que Estados Unidos está quedando fuera. La creación de un gran espacio euroasiático en territorio terrestre a partir de la alianza entre Rusia y China establece parámetros novedosos en la estructuración del poder mundial. Hay que tener en cuenta que fueron pensadores occidentales como el inglés Halford Mackinder y el estadounidense de origen neerlandés Nicholas Spykman quienes expusieron que el control del Asia Central como “corazón continental” o “área pivote”, conduciría al control del mundo.

En años recientes la alianza ruso-china que ha llegado al súmmum de su fortaleza tras la declaración conjunta del 4 de febrero pasado firmada por los presidentes de ambos países en Beijing, manifiesta la concreción de los primeros pasos en la creación de un nuevo orden mundial. Tras la derrota y huída de Afganistán por parte de Estados Unidos y la OTAN, y después del fracaso de los golpes de Estado en Kirguistán en enero de 2020 y en Kazajistán en enero de este año, se ha puesto de relieve la incapacidad de Estados Unidos por dominar ese territorio estratégico del planeta.

La alianza euroasiática está sustentada por la pertenencia de Rusia a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que mostró su eficacia, evitando el golpe de Estado en Kazajistán, además de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), donde participan China y Rusia con el objetivo de cooperar en materia política, económica y de seguridad. Vale decir que a esta organización también pertenecen India y Pakistán, al mismo tiempo que Irán, Bielorrusia, Mongolia y Afganistán esperan aprobación para su ingreso.

De la misma manera la Unión Euroasiática conformada por cinco países constituye la extensión exitosa de vínculos económicos y comerciales en el más amplio espacio terrestre del planeta.

China por su parte promovió y creó la mayor alianza económica del mundo, la Asociación Económica Integral Regional (RCEP por sus siglas en inglés). Esta asociación constituye el 30% de la población mundial. Pero el ámbito de mayor alcance en la región y el mundo es la nueva Ruta de la Seda proyecto desarrollado por China para el cual ha destinado hasta ahora 900.000 millones de dólares distribuidos entre 72 países, con una población de unos 5.000 millones de habitantes o sea el 65% de la población mundial según apunta el periodista belga Marc Vandepitte en un reciente artículo.

El gran peligro para Estados Unidos y su sistema de predominio mundial es la incorporación de Europa y en particular de Alemania a este sistema. Si ello ocurriera, se desmoronaría irremediablemente todo la estructura hegemónica construida tras la segunda guerra mundial que tiene en la democracia representativa de corte occidental su sustento político, la Organización de Naciones Unidas su instrumento de control global, la OTAN es el soporte militar de presión, chantaje y amenaza y el Sistema de Bretton Woods constituido a partir del control occidental del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, los pilares para sostener económica y financieramente su hegemonía global. La subordinación y control de Europa es fundamental para sustentar este modelo diseñado desde que se pusiera en práctica el Plan Marshall tras el fin de la segunda guerra mundial.

El objetivo fundamental de la política estadounidense ha sido evitar que se produjeran acuerdos de integración energética entre Rusia y Europa que podrían sellar una alianza estratégica mutuamente beneficiosa para ambas partes, que por añadidura enlazaría a Europa con China dejando a Estados Unidos alejado de la posibilidad de seguir manteniendo la supremacía energética en Europa, que junto a la OTAN configuran los pilares que garantizan el control del Viejo Continente por parte de Estados Unidos. Según el periodista estadounidense Mike Whitney, el objetivo de Estados Unidos al desatar el conflicto ucraniano es impedir que el gasoducto Nord Stream 2 sea puesto en funcionamiento como lo señalara explícitamente Victoria Nuland y el propio Joe Biden.

La idea de las acciones de Estados Unidos se sustenta en la doctrina Clinton de política exterior aplicada en Libia que se resume en la frase: ”Fuimos, vimos y él murió”, pronunciada por la ex secretaria de Estado tras el asesinato de Muamar Gadafi. No se puede olvidar que la señora Clinton era secretaria de Estado cuando Biden era vicepresidente.

El verdadero desenlace del problema se va a producir cuando los ciudadanos europeos despierten de su aletargamiento y le pregunten a sus autoridades porque los campesinos de España, Portugal e Italia perdieron el mercado ruso que le compraba su producción de cítricos, aceite de oliva, verduras y otros productos sumiéndolos en una crisis aún más severa. ¿Por qué tienen que pagar tres y cuatro veces más por el combustible, solo para satisfacer a Estados Unidos? Y si se desata la guerra, ¿por qué tienen que poner los muertos y asistir a la destrucción de sus ciudades para hacer felices a sus líderes políticos que han decidido subordinarse a Washington?

Esperemos que ello no ocurra y prime la sensatez. No vale la pena morir por algunos oligarcas que previendo el desastre que están generando en la Tierra aceleran la carrera espacial suponiendo que pueden escapar del desastre que están creando por su afán de lucro y ganancia desmedida.

https://www.alainet.org/es/articulo/214994

 

 


OPERACIÓN QUIRURGICA EN UCRANIA: SUFICIENTE ES SUFICIENTE

 


Publicado:

febrero 24, 2022

 

He de reconocer que me ha sorprendido la rapidez del movimiento ruso. Decir ahora que estaba casi telegrafiado en el discurso de Putin, después de todo lo dicho y hecho anteriormente, con documentos y declaraciones, no sirve de nada porque es opinar a posteriori. Pero en ese discurso había algo que no estaba dicho de forma abierta pero sí indirecta: suficiente es suficiente. Se acabó el juego occidental, la prepotencia occidental. Estamos en otra era donde Occidente ya no tiene hegemonía. Y nunca más la tendrá.

Rusia puede que esté en su “momento Irak”. Es decir, ¿cuántas veces hemos oído decir a EEUU (e Israel) eso de “tenemos todo el derecho a tomar medidas para salvaguardar nuestra seguridad?”. Se dijo en Irak, en Afganistán, en Gaza, en Líbano, en… Rusia está aplicando la misma receta.

Rusia puede que esté en su “momento Responsabilidad de Proteger”. Es decir, ¿cuántas veces hemos oído decir a Occidente en pleno eso de “tenemos todo el derecho a proteger a la población con una intervención humanitaria, incluso a costa de invadir otro país?”. Se dijo en Somalia, en Serbia, en Libia, en Siria, en… Kosovo. Sobre todo en Kosovo, con lo que eso supuso. Rusia está aplicando la misma receta.

De esos polvos vienen estos lodos.

Comencé esta aventura de escribir en 2014 hastiado de la ignorancia e inacción de la “progresía” ante el golpe nazi en Ucrania (que fue defendido, repásense las hemerotecas) y la respuesta, dedididamente antifascista, de la población del Donbás. Este fue el primer artículo de esta página que publiqué.  Tienen razón en el Partido Comunista de los Bolcheviques ruso cuando hablan de los primeros movimientos anti-oligárquicos en el Donbás y en lo que ha quedado la cosa. Pero eso no invalida todo lo anterior, ni lo de la recalcitrante resistencia a la junta neonazi de Kiev.

Durante mucho tiempo mantuve un constante interés en la lucha antifascista en el Donbás, hasta el asesinato de Zajarchenko en septiembre de 2018. Os aconsejo que lo leáis y veréis mi posición respecto a Rusia y el Donbás. Ahí decía, entre otras cosas, esto: “Si en EEUU hay un “estado profundo” que está engullendo a Trump, en Moscú también lo hay y son los neoliberales quienes están rodeando, como una anaconda, toda la política, apretando y apretando cada vez más haciendo que el cuerpo no deje de mirar a Occidente. Los Acuerdos de Minsk fueron la última oportunidad de poder negociar con Occidente de una forma civilizada. Desde entonces, uno tras otro, los más significados dirigentes, claramente antifascistas, han sido asesinados uno a uno: Mozgovoi, Motorola, Givi y ahora Zajarchenko. Con él muere la etapa romántica del antifascismo. Ninguna de las muertes se ha aclarado, ni se hará. Unas son claramente achacables a los servicios secretos ucranianos, otras a ajustes de cuentas (como ocurrió con Mozgovoi) porque se negaba a aceptar el retorno de los clanes oligárquicos al Donbás”.

Desde entonces todo ha ido en la línea que le ha interesado al Kremlin, aunque la obstinación neonazi y el apoyo occidental no han hecho otra cosa que empujar a Rusia hacia lo de hoy. Rusia no es inocente, pero tampoco es culpable. Esa es la tragedia.

En cualquier caso, hay que volver a Marx (ya que todo el mundo saca a relucir a Lenin y a Stalin) para recordar aquello de la contradicción principal y la secundaria. Consiste en que la contradicción secundaria siempre se subordina y condiciona a la principal o primaria. Aquí la contradicción principal es EEUU y la OTAN y la secundaria Rusia. Es por eso que toda la izquierda rusa, como os conté, apoya el reconocimiento de las repúblicas de Donetsk y Luganks, por aquello de la colaboración puntual entre la burguesía y las fuerzas socialistas, en términos marxistas. Y eso siempre condicionado a lo otro, a la principal o primaria, la que convierte en enemigos a unos países occidentales que han arrinconado a Rusia hasta donde ya no puede retroceder más.

Como decían en la División 316 del Ejército Rojo, los conocidos como “los 28 hombres de Panfilov” que se enfrentaron a dos divisiones de la infantería nazi durante 4 días en noviembre de 1941, “no podemos retroceder, detrás de nosotros solo está Moscú”. Solo sobrevivieron 6 de esos 28, pero los nazis no llegaron a Moscú.

El Lince, elterritoriodellince.blogspot.com

Fuente: https://diario-octubre.com/2022/02/24/suficiente-es-suficiente/