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lunes, 5 de octubre de 2020

OBITUARIO: ADIÓS A ROSSANA

 


Montserrat Galcerán

Catedrática de filosofía.

3 oct 2020 07:04

La escritora, periodista y dirigente del Partido Comunista Italiano, Rossana Rossanda, falleció el pasado 20 de septiembre. La filósofa Montserrat Galcerán recuerda a esta figura histórica de la izquierda en Italia y fundadora de Il Manifesto.

He necesitado varios días para superar la impresión causada por la muerte de Rossana Rossanda. Tampoco sé muy bien cómo rendirle el homenaje que se merece en las condiciones impuestas por la pandemia. Así que me he decidido a escribir unas pocas líneas; espero que valgan como recuerdo de una de las personalidades más singulares del pasado siglo. 

Cuando Rossana escribió sus Memorias las tituló La muchacha del siglo pasado. El libro se publicó en 2005 pero la referencia al “siglo pasado”, no solo era cronológica sino que aludía a uno de los grandes movimientos políticos del “siglo pasado”, el fantasma del comunismo según la famosa expresión del Manifiesto Comunista. Recién empezado el siglo XXI Rossana, se preguntaba qué significaba “ser comunista” para alguien crítico con el estalinismo, para alguien que era la compañera de K. S. Karol, un disidente polaco, para quien había sido expulsada del Partido comunista italiano en 1969 pero seguía considerándose comunista. ¿Tenía algún sentido todo eso? Como ella misma dice “la vicisitud del comunismo y de los comunistas del siglo XX ha terminado tan mal que es imposible no planteárselo”.

Para intentar entenderlo (y explicárnoslo) escribe sus Memorias. En ellas relata cómo su politización empieza durante la ocupación alemana de Italia en la segunda guerra mundial. Una Rossana de 19 años, se suma a la organización partisana de la Resistencia en tareas de apoyo: reparto de panfletos, correo, ayuda logística…tareas peligrosas, ¡qué duda cabe! Ser comunista en aquellos años y en aquellas circunstancias era ser antifascista. Como en España durante el franquismo, como en Francia durante la ocupación. Los partidos comunistas se hicieron fuertes aquellos años, porque fueron los más tenaces luchadores contra el fascismo en toda Europa.  Terminada la guerra mantuvieron esa fuerza y esa aureola durante algunos años, incluso en el ambiente gélido de la guerra fría. En la Italia posbélica recogieron un fuerte número de votos en legislaturas continuadas, siempre con la esperanza de lograr una mayoría que les permitiera formar gobierno. Se demostró una estrategia equivocada pues entretanto se había desarrollado una política anticomunista férrea con el objetivo de impedirlo, política que preveía incluso la suspensión de las garantías democráticas en caso de que ganaran unas elecciones, la conocida como operación Gladio.

En su obsesión por acceder al Gobierno y en el marco de las condiciones geopolíticas del momento, el Partido Comunista Italiano ignoró las transformaciones económicas y sociales que estaban ocurriendo en el país y se distanció de las luchas sociales. Como muy bien relata Toni Negri, en las luchas de los años 60 y 70 el PCI está desaparecido. Crece un movimiento comunista autónomo que poco tiene que ver con un Partido inmerso en sus conflictos internos y en mantener las zonas en las que concentra su voto, como la comarca de Bolonia. El Partido va decayendo pero no parece que los dirigentes fueran conscientes de su propio declive. Según la propia Rossana no lograron entender que la Democracia Cristiana estaba logrando reconstruir un país a su imagen y semejanza. En él, los comunistas eran un partner legítimo siempre y cuando nunca llegaran al Gobierno.

Una comunista como era Rossana no puede dejar de lado la reflexión sobre lo ocurrido en la Unión Soviética y en los países del Este europeo. Para ella, el Informe Jrushchov sobre los crímenes del estalinismo y la intervención del ejército soviético en la revolución húngara del 56 son momentos cruciales del deterioro de la esperanza comunista. Por primera vez percibe que el pueblo los puede odiar con un odio sólido e intenso. Y no porque esté manipulado por la derecha sino debido a las atrocidades que han cometido. Esta larga y tremenda historia pesará sobre los hombros de unos partidos comunistas que no han hecho cuentas con su pasado. Que callaron y siguen callando. Fue un error que precipitó en 1989 y, en el caso italiano, en 1991 con la opereta del cambio de nombre. Actualmente me cuesta saber qué le viene a la cabeza a un joven o una joven cuando se habla de comunismo, si las atrocidades de los regímenes del Este o la historia heroica antifascista del Oeste y otras partes del mundo. O tal vez ambos, acompañados de una sana desconfianza en el Poder. El 68 lo cogió a trasmano. Su mayor esfuerzo consistió en neutralizar el emergente movimiento. No digamos en Italia, donde el PCI se alineó con la Democracia Cristiana en la defensa del Estado frente a la amenaza de las Brigadas Rojas. La propia Rossana, entonces funcionaria del partido, admite que leía las interpretaciones de Panzieri y de Tronti con desconfianza y con enormes dudas. Observaba el relanzamiento de movimientos de masas y el surgir de nuevos conflictos, pero no acababa de comprenderlos pues transcurrían al margen del marco establecido de los Sindicatos y del Partido. No lograba captar que éste actuaba como freno de las luchas y no como su acicate. En el otoño caliente de 1969, en mayo del 68, en la propia transición española los partidos comunistas activaron a fondo el freno de mano.

A partir de entonces se rompió la continuidad con la primera mitad del siglo XX; los movimientos que han venido a continuación han tenido una forma completamente distinta a la impuesta por los viejos partidos comunistas. La fundación de Il Manifesto en 1969 por parte de Rossanda y otros compañeros como Luigi Pintor, Luciana Castellina y Lucio Magri, fue un intento de tender puentes entre una generación y la otra, entre el mundo comunista y la izquierda extraparlamentaria, entre el comunismo en acto en los lugares de trabajo que caracterizó el operaismo italiano y la tradición política comunista de Partido. Este intento también fracasó contribuyendo todo ello al deterioro político de la Italia actual.


La Rossana “mujer”

El 68 abrió otros frentes de conflicto aparte del considerado tradicionalmente político. Planteó que la construcción de la subjetividad también es política. Con ello dio un fuerte impulso a la denominada segunda ola del feminismo. También en este aspecto Rossana era especial. Como tantas mujeres del siglo pasado descubre lo difícil de ser mujer: “Se necesita toda una vida para entender qué significa ser mujer”, nos dice en su autobiografía. Cuando la conocí, ya muy mayor, observaba con curiosidad a las chicas jóvenes. Para ella el feminismo no era una doctrina, sino una experiencia, una forma de entender el ser mujer, una forma de vivir que arriesgaba la propia identidad figurada pues las mujeres no solemos tener referentes adecuados. Es difícil que nos identifiquemos con nuestras madres, o con nuestras tías, o con las abuelas. Nos faltan referentes socialmente aceptados y valorados. Cada una poco menos que tiene que abrirse su propio camino: ¿qué tipo de vida labrarse?, ¿hasta dónde seguir el propio camino?, ¿a qué precio?, ¿con qué relaciones?, ¿cómo mantener las propias prioridades en una sociedad que te exige una dedicación constante al cuidado de otrxs?, ¿tener hijos?, ¿no tenerlos? Rossana optó por lo segundo, no tenía tiempo para eso. El tráfago constante del trabajo y la política consume todo el tiempo y la energía, como los feminismos han puesto de relieve con fuerza.

De ahí que las luchas de las mujeres sean para todos y todas, para mejorar la vida de todos los seres humanos. El libro que Rossana dedica a este tema lleva un título expresivo: Anche per me (También para mí). Aunque no se calificara de feminista entendía que esas luchas también eran para ella, en su beneficio. Tendríamos que seguir esta senda: no nos basta un feminismo que se reduzca a las mal llamadas mujeres emancipadas (o sea mujeres de clase media normalizadas); necesitamos las luchas de todas con sus diferencias: las trans, las Kellys, las trabajadoras sexuales… Ellas desestabilizan el feminismo institucionalizado pero amplían el foco de nuestras exigencias y abren más posibilidades para todas. No son enemigas de las feministas, ellas también lo son. 

 

El viaje a España

El viaje a España en 1962 fue un momento importante en su vida. Rossana fue enviada a España por el PCI para ayudar en la construcción de un frente antifranquista. Cuenta esta experiencia en otro libro: Un viaggio inutile (Un viaje inútil). En él relata como el franquismo de los sesenta en España era un sistema que abarcaba la entera vida cotidiana. No había un clamor constante contra él, o al menos ella no lo percibió. Debo decir que en mi recuerdo los primeros sesenta no fueron años de grandes luchas antifranquistas. Hubo la gran huelga de los mineros asturianos a finales de ese mismo año y las huelgas estudiantiles con la fundación de los sindicatos democráticos de estudiantes en 1966. Pero en conjunto los sesenta fueron años de crecimiento económico y de consumo. El final del franquismo no parecía inminente, cosa que nos desesperaba a quiénes éramos jóvenes entonces y nos veíamos atrapados en aquella grisura y en aquella impotencia.

Rossana visita a los grandes del antifranquismo del momento: Gil Robles y Giménez Fernández, como portavoces de una futura Democracia Cristiana, Javier Pradera y Armando López Salinas, portavoces del PCE, los intelectuales barceloneses como Castellet y José Agustín Goytisolo; Cornudella por los nacionalistas catalanes, Heribert Barrera por los republicanos, Raventós por los socialistas. Incluso se encuentra con Jorge Semprún (el clandestino Federico Sánchez) en París. Ninguno tiene una clara estrategia más allá de una presunta unidad antifranquista pues todo depende, como luego se demostró, de los movimientos del propio régimen más allá de la movilización popular. Su mensaje transmite un cierto desánimo: no está claro que vaya a haber una revolución en España.  Rossana volvió varias veces, pero siempre recordaba que la gran esperanza de la revuelta antifranquista, antifascista y por ello mismo anticapitalista, quedaba cada vez más lejana.

Querida Rossana. La Rossana ya anciana, la Rossana que yo conocí en 2004, aceptaba ya su fracaso como política, pero seguía considerándose comunista, aunque fuera sin partido, sin colectivo, entonces ya sin periódico. Donde hubiera conflictos de base, ahí estaba ella con sus desilusiones y sus esperanzas. Descanse en paz.




https://www.elsaltodiario.com/obituario/adios-a-rossana

 

jueves, 1 de octubre de 2020

ROSSANA ROSSANDA: ORGULLOSAMENTE COMUNISTA, ATEA Y FEMINISTA HASTA EL FINAL DE SUS DÍAS

 


Jueves 1ro de octubre de 2020. Nodo50 | Descargar artículo en PDF

Por Marco Rizzardini

El pasado domingo día 20 de septiembre, a los 96 años ha muerto Rossana Rossanda, una histórica militante italiana que dedicó su vida a lucha al lado de los oprimidos, de los que hoy de forma piadosa llaman “vulnerables” o de forma despectiva y cínica denominan “perdedores”. Siempre rebelde, siempre, en modo diverso, en el lado “justo”.

Rossana Rossanda era antes que nada una comunista en el sentido pleno, sufrido y crítico de esta palabra. Pensando en ella, uno recuerda a Rosa Luxemburgo, a Aleksándra Kolontai, enormes mujeres y militantes, muy adelantadas a su tiempo, demasiado a menudo olvidadas en nombre de un feminismo “tuerto”, aburguesado y demasiado anglosajón. También ella era de una inteligencia gigantesca, reforzada por una indiscutible intransigencia moral.

Con sus capacidades y estatura cultural, sin duda podría haber alcanzado un puesto prominente en el campo académico, sin embargo, sólo era una estudiante de 19 años cuando se unió a la Resistencia en las filas comunistas. Y de esa elección surgió el compromiso directo con la política, abrazado como una vocación sin dogmas que la llevaría a abrirse camino en el Partido Comunista Italiano (PCI) y luego a criticar sus posiciones desde la izquierda.

Después de la guerra, en 1946, Rossana Rossanda se había licenciado en filosofía y había encontrado su primer trabajo en la enciclopedia Hoepli. Al poco lo dejó para dedicarse con creciente intensidad al trabajo político. Su convicción era que el PCI tenía límites muy serios, pero era "el único que hace viable la protesta y la esperanza, para dar conciencia a las masas que nunca la habían tenido".


A principios de los años cincuenta se le dio una tarea perfecta para su talento: revitalizar la Casa de la Cultura como pieza central de la actividad intelectual progresista en Milán. Fue un éxito indudable, porque sus iniciativas se combinaron con energías que iban mucho más allá del círculo comunista: personajes como Giorgio Strehler, Cesare Musatti, Piero Calamandrei, Franco Fortini, o Dario Fo, por nombrar algunos. En 1958 ingresa en el Comité Central del PCI.

En 1962, Rossana Rossanda fue llamada a Roma para dirigir el área cultural del partido y al año siguiente fue elegida diputada en el Parlamento en Roma. Pudo haber sido un despegue definitivo en su carrera, pero empezaron crecientes desavenencias y conflictos, acelerados por la muerte de Palmiro Togliatti en 1964. Los intentos innovadores de Rossana Rossanda, posicionada políticamente en la corriente “movimentista” de Pietro Ingrao, fueron recibidos con perplejidad, a veces amargamente rechazados. Sus tesis de que se empezaban a dar las condiciones para un cambio radical en la sociedad no encontraron una respuesta en la línea excesivamente timorata del PCI.

Desde el 11º Congreso del partido en 1966, la izquierda comunista fue derrotada y marginada, pero la parte más combativa, de la que formó parte junto con Luigi Pintor, Aldo Natoli, Lucio Magri, Luciana Castellina, decidió no desmovilizarse, especialmente a partir de ese 1968 que parecía afianzar sus esperanzas. En el ensayo El año de los estudiantes (De Donato, 1968) Rossana Rossanda argumentó que la protesta juvenil podría "actuar como un detonador de una explosión social más profunda".

Analiza el 68 italiano en las universidades de Trento, Pisa, Turín, Venecia y socializa una convicción: "Los estudiantes no son un tema aparte, con quien simpatizar o rechazar, o simplemente entender; son un aspecto del capitalismo maduro que explota y exige una salida". En su análisis original del movimiento italiano, empiezan a evidenciarse las aportaciones poco ortodoxas de Louis Althusser y Jean-Paul Sartre.

Para ella y para Lucio Magri, el movimiento estudiantil, generado por la escolarización masiva, es un nuevo tema político que expresa su propia crítica a la sociedad capitalista: es necesario investigar su cultura y potencial, además de las formas de auto organización que propone.

La nueva estratificación de las sociedades del capitalismo maduro también produce subjetividad social inexpresada, como iba demostrando con intensidad en Italia todo el ciclo de lucha del sesenta y ocho y de los años siguientes. La lectura tradicional de la política de alianzas que proviene de la tradición del PCI es anquilosada: trabajadores y campesinos más algún sector de clase media sin definir. Asumiendo la lección de Antonio Gramsci, Rossanda cree que en Occidente parece confirmarse el proceso revolucionario de transformación social, complejo, duradero, una guerra de trinchera con continua la conquista de "casamatas”, de reductos que aumentan los niveles de politización masiva.

Rossana Rossanda, ya es casi un icono de la nueva izquierda internacional, amiga de Sartre y Foucault, es finalmente expulsada del PCI en 1969. Las posiciones tomadas en contraste con la línea mayoritaria del Partido, en particular sobre la invasión soviética de Checoslovaquia, determinaron su inhabilitación y la de otros de esa corriente del PCI. Ese hecho, así como el prometedor ambiente conflictual de esos años, la llevaron a fundar en ese mismo año el grupo político y la revista Il Manifesto, que será diario a partir de 1971, junto con Luigi Pintor, Valentino Parlato, Lucio Magri, Aldo Natoli y Luciana Castellina. Más tarde, en 1972, ese grupo político pasará a formar parte del Partito di Unità Proletaria (PDUP).

Después de ser directora de Il Manifesto, continuó reflexionando y dialogando sobre los movimientos de trabajadores y el feminismo, y se dedicó principalmente a la literatura y el periodismo a través de diversas publicaciones, incluyendo, en 1979, “Le Altre. Conversazioni sulle parole della política” (Feltrinelli); en el 1981 “Un viaggio inutile“ (Einaudi); en el 1987 “Anche per me. Donna, persona, memoria, dal 1973 al 1986” (Feltrinelli); y en 1994 “Brigate rosse. Una storia italiana”, con Carla Mosca, por Anabasi. Este último libro es el fruto de una serie de entrevistas a Mario Moretti (dirigente de las Brigadas Rojas que sucedió a Renato Curcio), realizadas en la cárcel, y fue publicado en España en 2002 por Akal.


En el 2005 se publica por Einaudi La ragazza del secolo scorso (La muchacha del siglo pasado), autobiografía entre historia y memoria. Frente a los liquidadores de toda experiencia y memoria revolucionaria allí afirma: “Yo pertenezco al siglo XX y lo defiendo. Ha sido el primer siglo en el que el pueblo ha tomado la palabra y en todos los lugares. Y cuando la ha tomado, lo ha hecho apoyado por la izquierda”.

Ya mayor vivió una larga temporada en París, donde su compañero de vida, Karol Kewes murió en 2014. Conocido como K.S.Karol, hebreo polaco, superviviente del nazismo refugiado en la Unión Soviética donde se enroló en la Armada Roja, fue uno de los fundadores de la revista Nouvel Observateur, colaborador de Il Manifesto desde el primer número y también de Le Monde Diplomatique.

Vi por primera vez a Rossana Rossanda en un mitin electoral en junio de 1975. Vietnam acababa de ganarle la guerra al Imperialismo y ella había venido a apoyar la candidatura local de Democrazia Proletaria (sigla electoral en la que se englobaban el PDUP, Avanguardia Operaia e il Movimento Lavoratori per il Socialismo). Yo era un joven estudiante comprometido, radicalizado y todavía en búsqueda de una organización donde ubicarme. No creía mucho en la utilidad de las elecciones, pero todavía recuerdo como escuché con interés a esa señora madura, discretamente elegante, inconfundible con su lunar encima del labio superior, hilar fino con conceptos claros, palabras precisas y sin ningún aspaviento ni vociferación. Una clase magistral de lucidez y consistencia, con un enlazamiento perfecto entre economía, cultura, política local, estatal e internacional…y sin enemigos a la izquierda. Una auténtica compañera: más allá de los posicionamientos organizativos e ideológicos, más allá de las formas y métodos de lucha escogidos, desde ese momento la consideré siempre como tal.

Volví a verla en Madrid en el mayo del año 2008 en la presentación de la edición española de “La muchacha del siglo pasado”, de Akal. Era ya anciana y yo madurito…me emocionó verla y sobre todo escucharla. Al final me atreví a saludarla y nos apretamos las manos.

Han sido muchos años de derrotas y desazón tras las exaltantes luchas de la gloriosa década roja protagonizadas por obreros, técnicos y estudiantes…, años de desencanto, traiciones, psicolabilidad masiva, de impotencia, de desbandada, pero Rossana Rossanda, Gauche algo divine si se quiere, nunca se confundió de bando. Es más, todavía me resuena en la cabeza una frase suya escrita en un ensayo de 1990 y en cierto modo polémica con el obrerismo ultra subjetivista de Negri y otros autónomos y el proliferar de pseudo estrategias individuales e individualistas: “El sujeto marxiano no es entonces sólo el que se quiere libre, sino el que ve su libertad en la negación del mecanismo capitalista”…”La centralidad obrera o del asalariado, no deriva de ser este último numeroso y, aún menos, “bueno”; viene del ser figura simbólica de la negación en una relación totalmente falsificada de intercambio. Éste existe como “sujeto” únicamente en cuanto se define “en contra” de su ilusoria fenomenología sociológica (el ser en sí y el ser para sí). Y más: …El único modo de encontrar el sujeto marxiano (que tampoco esta vez será al estado puro) tras la derrota de nuestras fuerzas en el campo en los años Sesenta y Setenta, está en la capacidad de individuar las figuras y la consistencia de los sujetos lesionados en las diferentes fronteras en las que hoy en día se sitúa la acumulación del capital”.

Criticó a E. Berlinguer por su propuesta claudicante de Compromesso Storico con el adversario demócrata cristiano de siempre; de lo que pasó en Italia entre el 1977 y el 1982, con el mal logrado intento de “forzar el horizonte” y “asaltar los cielos” probablemente no se enteró o no quiso enterarse del todo, como casi nadie de la izquierda tradicional, sin embargo rechazó las leyes especiales “antiterroristas” y mantuvo siempre canales de solidaridad con los presos políticos; permaneció firme en su análisis y en su oposición a la OTAN, condenó todas las invasiones militares y las llamadas “injerencias humanitarias”; se confundió completamente con Lech Walesa: probablemente por su origen obrera, le presupuso cierta integridad y un posible papel positivo. El dirigente de Solidarnosc se reveló únicamente como una marioneta en las manos de la Internacional reaccionaria, de Reagan, del papa Karol Woitila, hasta llegar a las fundaciones gusanos/cubanas de más Canosa; aunque nunca llegó a creerse mucho las posibilidades de Rifondazione Comunista, denunció activamente el papel destructivo de los liquidadores de la izquierda partidista italiana: Ochetto primero y el indigno “desguazador” Renzi después; mantuvo siempre una firme oposición a la Unión Europea de los Tratados y del Banco Central Europeo; fue una gran feminista que siempre supo mantener también la discriminante anticapitalista: “El rugido de este tiempo ha sido tan fuerte que no puedo recordar la voz de las mujeres; la que descifro hoy en las amigas feministas nunca la había sentido antes. La mujer era un dolor añadido, una forma particular de sufrir o huir”, escribe en el libro Le Altre (Las Otras). En un artículo de 2008 titulado Let’s Talk About Women, Rossanda propone “que las Cámaras estén compuestas por mitad hombres y mitad mujeres. Al menos mientras exista en Italia, y no se haya estrellado durante más de medio siglo, una democracia que discrimine al género”.

Rossana Rossanda, una vez regresada de París ya recientemente, había expresado su horror e indignación por esa Italia que se había convertido en un país sin columna vertebral, irreconocible para ella Partigiana de toda la vida, desde la vieja Resistencia al Fascismo.

Pero, como siempre, seguía preguntándose el “¿Por qué?” sin limitarse a la mera constatación de la realidad, ni a echarle únicamente la culpa a los demás. Para ella, la responsabilidad de la degradación reaccionaria y fascistoide de Italia ha sido principalmente de la misma izquierda, que en gran parte abrazó el neoliberalismo y renunció a ser de forma nítida ella misma.

En fin, una mujer comprometida, de vida plena, cuyo recordatorio de que “la riqueza no se acumula por partenogénesis”, me parece una idea fundamental a no olvidar nunca, propio de una comunista nunca arrepentida sino siempre critica, una “eminente marxista”, como la presentaban orgullosamente en las plazas de los pueblos antes de los mítines. Una auténtica compagna.

“Compañero o compañera” es como se llamaban a sí mismos los militantes italianos. Sobre este sustantivo (compagno) nos deja ella misma, como no, esta deliciosa reflexión: “Por supuesto es difícil decir esa palabra hoy. Ya no entienden en qué sentido lo decíamos. Es una bonita palabra, así como es una bonita relación la que se da entre compañeros. Es algo parecido y a la vez diverso de amigos. Amigos es algo más interior, compañeros es también la proyección pública y civil de una relación en la cual se puede no ser amigos pero se acuerda trabajar juntos. Y esto es importante, me parece”.
¡Hasta siempre compagna Rossana!

Marco Rizzardini. Militante internacionalista

Fuente: https://info.nodo50.org/Rossana-Rossanda-orgullosamente-comunista-atea-y-feminista-hasta-el-final-de.html