Mostrando entradas con la etiqueta Negocios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Negocios. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de abril de 2021

LA SUPERLIGA EUROPEA O CÓMO EL CAPITALISMO SIGUE ROBÁNDONOS EL FÚTBOL

 

Aficionados del fútbol inglés contra la Superliga

Brais Fernández | Xaquín Pastoriza

21 abril 2021

Era un rumor y se ha confirmado: una docena de grandes clubes europeos han decidido montar una SuperLiga europea, al margen de las reglas y normas de la UEFA. Esto significaría, según la propuesta de los clubes, que se conformaría una competición europea en la que estos doce equipos tendrían su plaza asegurada al margen de sus resultados en sus respectivas ligas nacionales. Hasta ahora, los socios fundadores que han confirmado su participación son el AC Milan, el Arsenal FC, el Atlético de Madrid, el Chelsea FC, el FC Barcelona, el FC Internazionale Milano, la Juventus FC, el Liverpool FC, el Manchester City, el Manchester United, el Real Madrid CF y el Tottenham Hotspur. Invitarían a participar a otros clubes, pero la tendencia está clara. Se trataría de aplicar el modelo de franquicias de acceso privado, en el cual los grandes clubes solo competirían entre ellos, repartiendose los beneficios de forma cerrada.

Es curioso que algunos de estos clubes se autoproclamen como grandes de Europa cuando sus resultados los colocan en resultados mediocres en sus ligas nacionales, pero la oligarquización del fútbol también tiene como efecto sancionar los beneficios de los grandes al margen de los resultados, al igual que las grandes empresas rescatadas por los Estado liberales. Por supuesto, los beneficios de los contratos televisivos aumentarían exponencialmente. Seamos claros: estamos hablando de crear un cartel monopolista en el mundo del fútbol, que controlaría los beneficios principales, dejando para el resto de clubes lo que en economía se llama el beneficio marginal. El capitalismo ha dejado de ser liberal, también en el mundo del fútbol.

No es casualidad que este paso esté alimentado por Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid. Pérez es uno de los grandes empresarios españoles, propietario de ACS, una gran constructora que se ha desarrollado y expandido al calor de los contratos urbanísticos otorgados por gobiernos de izquierda y derecha, tejiendo una red que ha penetrado en cada vez más espacios de mercado en alianza con el poder estatal. También aparece como uno de sus impulsores la gran financiera JP Morgan, asociada a la especulación de todo tipo.

Algún club como el Betis sevillano ha mostrado su rechazo a esta iniciativa mostrando en redes sociales una tabla de la clasificación que excluye a los clubes españoles que han fundado la SuperLiga. Algunos gobiernos europeos ya han mostrado su oposición a la nueva competición. Sin embargo, está por ver como se sustancia esta oposición. Algunos nombres destacados en el mundo del fútbol, como Gary Neville, han mostrado su rechazo de forma más concreta y contundente. Ha acusado a la SuperLiga de secuestrar el fútbol para los ricos y ha pedido la expulsión de las ligas nacionales de los clubes que lo apoyen. En twitter ha recordado la cita del mítico entrenador del Liverpool, Bill Shankly:

El socialismo en el que creo es aquel en el que todos trabajan el uno para el otro y todos tienen una parte de la recompensa. Es la forma en la que veo el fútbol, la forma en la que veo la vida.

Desde luego, la visión de Shankly no se correspondía con la realidad del fútbol, ni siquiera en la época en la que hizo estas declaraciones. El capitalismo y el fútbol siempre han tenido una relación estrecha, ya que el capitalismo es un sistema omnívoro que tiende a subsumir y mercantilizar todas las relaciones sociales bajo sus parámetros. Y cuando decimos todas, decimos todas: la literatura, la música... Advertimos de esto, porque el elitismo de la izquierda intelectual contra el fútbol suele esconder una posición hipócrita ante su propio rol social. Pero, como en todas las relaciones culturales, existe una tensión que hace frente a la subsunción capitalista. El Liverpool que dirigía Shankly era un buen ejemplo de ello. Ligado a una ciudad famosa por los Beatles y las luchas de la clase obrera, y gobernada durante años por sectores marxistas del Partido Laborista, el Liverpool (hoy uno de los impulsores de la SuperLiga) se veía obligado a adaptarse al ecosistema sobre el que vivía. Es famosa la anécdota que cuenta cómo los jugadores de Liverpool recibían instrucciones de su club para no lucir grandes coches que pudieran ofender a sus aficionados. El club era una empresa capitalista, pero el tejido de la ciudad lo anclaba a una serie de reglas y normas comunes que ejercían como contrapeso.

Hoy en día, esos contrapesos sociales han sido pulverizados por el capitalismo. Si antes las fábricas ligaban a las empresas con una comunidad obrera, hoy en día las multinacionales han roto esos lazos, quebrando vínculos orgánicos y relaciones emocionales construidos durante décadas. El capitalismo tiende a destruir y arrebatarnos hasta lo que el capitalismo nos permitió sentir como nuestro en algún momento. Nos deja cada vez más ajenos e insignificantes ante la escisión de los poderosos del mundo terrenal. Todo tiende a alejarse con la complicidad de una clase política esclava de la financiarización.

Como ya hemos intentado aclarar, esto no significa que el fútbol hasta ahora haya sido un espacio descontaminado de las lógicas capitalistas. Todo lo contrario: el proyecto de la SuperLiga es simplemente un reflejo más de los procesos de concentración de capital a nivel global y un intento de los clubes más ricos de garantizar sus beneficios tras la crisis de la covid-19. Por lo tanto, no se trata de idealizar o defender el actual modelo, sino de entender cómo la propuesta de la SuperLiga es su consecuencia lógica. Lo que estamos viviendo es un proceso similar al que vivimos con las multinacionales en relación a otras empresas capitalistas. Por ello no debemos sentir nostalgia del viejo modelo que ha conducido al actual, o pedir una igualdad que se traduzca en una competición basada en que la única aspiración de un club sea formar parte de la élite de los equipos ricos.

Se trata entonces de imaginar un futuro distinto, en donde la competición y la igualdad entre clubes reflejen una lógica solidaria que conquiste el derecho al fútbol para sus aficionados. En ese sentido, hay que apostar con claridad por un modelo que desprivatice los equipos y desmercantilice las competiciones. Eso significa apegarlo al ocio de las clases populares y a un modelo de disfrute basado en deseo de sentir la competición como algo producido por formar parte de la comunidad, lejos de una pasión coaccionada por los poderes económicos. Seamos claros: eso conlleva limitar los salarios de los futbolistas y limitar los presupuestos de los clubes, convirtiendo los equipos en instituciones comunes y cooperativas amparadas por los municipios.

No basta con una retórica sentimental vinculada a un pasado idea que jamás existió: significa defender otro tipo de modelo, vinculada a las necesidades del deporte de base. La calidad del deporte no se resentiría, se extendería a otros ámbitos al vincularse a la vida real y cercana de las aficiones, alejándonos de macroeventos criminales como los mundiales de futbol, al servicio de dictaduras y construidos sobre la explotación de los trabajadores, como se ve claramente en todo lo que rodea al mundial de Qatar (con más de 6.500 obreros migrantes muertos en las obras, según The Guardian) .

Un fútbol en el que los socios decidan y manden: un fútbol que sea de todas las personas que disfrutan de un deporte, que no olvidemos, siempre ha sido vivido y producido por la clase trabajadora. Puede parecer una utopía, pero en el Estado español están surgiendo a pequeña escala experiencias de clubes de fútbol popular, autogestionados asambleariamente y arraigados en sus barrios y comunidades (Unionistas de Salamanca, Xerez, CD Ourense) que muestran que otro fútbol es posible. No hay otra solución si no queremos rehacer nuestros vínculos con el deporte y terminar en una distopía humillante para las aficiones, en donde animar a un equipo sea el equivalente a ser fan de Amazon o tener que elegir entre beber Pepsi o Coca Cola. Porque ya lo saben: si no cortamos con esta lógica, lo que hoy nos parece una aberración, más pronto que tarde el capitalismo tiene la capacidad de hacerlo real.

Brais Fernández y Xaquín Pastoriza forman parte de la Redacción y del Consejo Asesor de viento sur

https://jacobinlat.com/2021/04/19/la-superliga-europea-o-como-el-capitalismo-sigue-robandonos-el-futbol/

Fuente: https://vientosur.info/la-superliga-europea-o-como-el-capitalismo-sigue-robandonos-el-futbol/

 

jueves, 18 de febrero de 2021

¿REDES O TELARAÑAS SOCIALES? UN ASUNTO ATRAPANTE

 

Imagen: IADE

Las llamadas redes sociales se ofrecen como la posibilidad para el capital usurero y sus adláteres de apropiarse de bienes no tangibles, erigiéndose incluso como benefactores y agentes morales de un salvacionismo ecológico.

18/02/2021

 

La red internet, como hoy la conocemos, tiene apenas 30 años. Si bien sus orígenes se remontan a un proyecto de carácter militar de la Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados (ARPA) del Departamento de Defensa de los EEUU en los años 60´, cuyo objetivo era crear un sistema de comunicación capaz de resistir un ataque nuclear, los protocolos HTML, HTTP y URL serían escritos recién en Octubre de 1990 por Tim Berners-Lee, por entonces ingeniero de software en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN) de Suiza.

La intención en esa nueva etapa fue la de conectar y facilitar el acceso al conocimiento existente en distintos lugares. El enorme potencial de esta genialidad enciclopedista se desataría a través de la gratuidad de sus códigos base. Como lo señala el mismo Berners-Lee: “Si la tecnología fuera propietaria y estuviera bajo mi control total, probablemente no habría despegado. No se puede proponer que algo sea un espacio universal y al mismo tiempo mantener el control".1

En 1997, el abogado Andrew Weinreich lanzaría con su grupo de conjurados, la que sería la primera red social digital, cuyo nombre “Six Degrees” hacía referencia a la tesis de los seis grados de separación, a través de los cuales una persona puede llegar a cualquier otra en el mundo.

Sin embargo, lo que en sus inicios significó construir puentes desde un esquema abierto para facilitar la relación entre cercanos y para acercar lejanías, fue derivando en el actual sistema concentrado, dominado por unas pocas corporaciones.

 

Contextos tecnológicos, geoeconómicos y geopolíticos

Ningún fenómeno escapa a la estructura contextual que lo rodea. De este modo, es preciso acompañar el análisis con la visibilización de algunos de los distintos vectores que acuñaron la situación presente. El más obvio es el vertiginoso crecimiento de la penetración global de internet que de 1 millón de computadoras conectadas en 1992 llega en la actualidad a más de 4600 millones de usuarios conectados (2020), alrededor de un 60% de la población global.

Asimismo, influyó en la posibilidad de intercambiar volúmenes de información a gran escala el incremento de las velocidades de conexión, aunque en ello la disparidad mundial se hace presente de manera dramática: mientras la media de 29 países de Europa Occidental muestran una velocidad de 81.19Mbps2, los Estados Unidos de 71.3, hay varios países de África que apenas bordean 1 Mbps. Aun así, de la mano del reemplazo de los pares de cable de cobre por la fibra óptica y otras mejoras tecnológicas, hay avances en todas las regiones, aunque la brecha de velocidades continúa agrandándose.

Junto a ello, la invención y el relativo abaratamiento de teléfonos celulares con funcionalidades cada vez mayores, las mayores capacidades de almacenamiento de datos, el desarrollo de innumerables aplicaciones y los avances de la inteligencia artificial, han hecho de la red una suerte de universo electrónico que avanza de manera imparable sobre el mundo físico.  

Por otra parte, la red internet acompañó y creció a la vera de la premisa de globalización neoliberal, constituyéndose en una herramienta primordial del comercio electrónico y de la especulación financiera. Los inversores de capital de riesgo hicieron crecer el valor de bolsa de las empresas del sector (las punto.com) en base a las expectativas de rédito rápido, lo cual inyectó billonarias sumas de dinero que permitieron que en un lapso no mayor de una década desplazaran de los índices bursátiles a las petroleras, mineras, aseguradoras, compañías fabricantes de aviones, entre otras habitualmente situadas en los primeros puestos de este ranking de dudoso prestigio moral.

El capitalismo en su conjunto encontró así un nuevo nicho expansivo y los jóvenes emprendedores de estilo casual (en realidad competidores tan despiadados como sus antecesores de abultada barriga y sombrero de copa) comenzaron a constituirse en los protagonistas centrales del acaparamiento virtual.

La táctica fue la de cualquier monopolio: hundir o comprar a la competencia. En ambos casos, para hacerse con sus mejores talentos y desarrollos. Así decía Mark Zuckerberg, quizás exagerando un poco, en 2010: “no hemos comprado ni una vez una compañía por la compañía misma. Compramos compañías para obtener personas de excelencia”. Desde la formalización de su dominio facebook.com en 2005, la corporación hizo 82 adquisiciones, entre las que se destacan en los últimos años redes como Whatsapp e Instagram.

De este modo, la voracidad capitalista engulló cualquier atisbo de sociabilidad humana, salvo en su propaganda.

Otro factor fundamental en la reconversión instrumental de internet y las redes sociales ha sido el aspecto geopolítico. Con la unipolaridad alcanzada por Estados Unidos en el transcurso de una cruzada que parecía definitiva (al menos según sus propios gurúes), internet y sus fenómenos conexos sirvieron (y sirven todavía) no solamente para la captación y mercantilización de nuevos espacios sino también como ariete de penetración cultural de primer orden.

Sin embargo, la emergencia de un multilateralismo opuesto a aquella pretensión imperial, junto a estrictas normas de control, barreras electrónicas y un imponente financiamiento estatal, dio lugar a la aparición de emporios de tecnología digital en China, Rusia e India, entre otros países, que se han constituido en severa competencia a los conglomerados digitales estadounidenses.

La batalla por el predominio tecnológico digital ha trasladado al espacio telemático la lucha por la preeminencia de poder en el espacio internacional. La ciberguerra en curso es expresión menos visible de las tradicionales contiendas armadas y sin embargo, está profundamente imbricada con ellas.

Más allá de la contrapolaridad surgida en las últimas décadas, la estructura de la red de internet conserva todavía las trazas hegemónicas, estando en territorio estadounidense 7 de los 13 servidores DNS raíz que constituyen el centro del sistema. Los otros 6 están divididos físicamente y dispersos geográficamente.

 

Extractivismo digital

Al entrar el vector productivo del capitalismo en una crisis relativa de rentabilidad, éste ha desplegado una fase de financiarización extrema afectando gravemente no solo cualquier posibilidad de estabilidad social o de vida digna, sino también llegando a desequilibrar de modo cada vez más crítico los límites de los sistemas medioambientales.

Ante esta encrucijada de crisis, la tecnología digital y, en particular, una de sus variantes más vistosas, las llamadas redes sociales, se ofrecen como la posibilidad para el capital usurero y sus adláteres de apropiarse de bienes no tangibles, erigiéndose incluso como benefactores y agentes morales de un salvacionismo ecológico.

Al enorme daño producido por el extractivismo material ilimitado para exclusivo consumo de las minorías primero, y el encadenamiento afiebrado de las mayorías después, se agrega ahora un extractivismo digital, que hace de la información que brinda cada usuario con un consentimiento engañoso, su principal commodity. Esta información, reelaborada a través de matrices de análisis de inteligencia artificial, será vendida luego al mejor postor.  De este modo, el usuario de las redes sociales es transformado en producto.

La calidad predictiva de los datos acumulados, sin embargo, mejora y aumenta por tanto su valor, en la medida en que los hábitos del conjunto escrutado coinciden con la información provista a terceros. Por tanto, las redes sociales no solamente apuntan a mostrar probabilidades, sino a construir persuasivamente aquel modelo que se predice. Así, el usuario se convierte también, idealmente, en arcilla modelable en manos del poder digital.

El modelo de negocios en su esquema primario se completa con el negocio de la publicidad (siempre dirigida a través de la apropiación de los datos del usuario). Las redes son también enormes carteleras publicitarias, que ofrecen espacios de manera dirigida y segmentada, para que los interesados, pago mediante, hagan visible sus mercancías.

De una manera similar a la de los amañados sistemas de “rating” televisivo, el precio de la publicidad aumenta según la permanencia del usuario en la plataforma, por lo que los talentosos informáticos desperdician su ingenio en inventar atracciones y distracciones para que no logres salir de la telaraña.

A estas alturas es preciso separar la paja del trigo. Hay redes sociales corporativas más agresivas que otras, como Facebook, para la que estima en 2020 una ganancia neta de 21 mil millones en publicidad. Instagram, propiedad de aquella, ha crecido fuertemente, llegando ya a los 500 millones de usuarios diarios y proyectando ganancias por 12 mil millones en el mismo rubro. En el caso de Twitter, la compañía ha declarado el año finalizado como muy exitoso, totalizando 1290 millones de ganancia.

De manera global, la publicidad en las redes sociales se ha duplicado en solo cuatro años (2017-2021), pasando de 54.604 millones de dólares a una cifra proyectada para 2021 de 110.600 millones.

Las notificaciones, solicitudes de “amistad” no solicitada, la acumulación de seguidores, los recordatorios de cumpleaños, las etiquetas, la elección de diversos tonos de “me gusta”, las historias y muchas otras estratagemas son solamente recursos efectivos para captar la atención. Pero el principal recurso son tus verdaderos amigos, tus familiares y compañeros, los que temes no sepan de ti si no participas de la red. Es por ellos que te dejas atrapar.

 

Un sistema de inteligencia planetaria

No hay mejor sistema de inteligencia que aquel en el que el propio sujeto vigilado abre el cofre de sus ideas, conductas y recuerdos de modo “voluntario”. Un sistema que además no descansa, sino que acopia, analiza, clasifica segundo a segundo volúmenes de información difícilmente imaginables.

La cercanía efectiva de las plataformas digitales con el estrecho tejido conformado por el sector militar, las agencias de inteligencia y la industria, tanto en Occidente como en Oriente, hace que la filtración de datos no sea la excepción sino la norma.

El dato estadístico se ha transformado en dato individualizado y el número en imagen, pudiendo hoy cada persona en movimiento ser identificada y localizada mediante la tecnología satelital y el crecimiento rasante de las aplicaciones de reconocimiento facial.

Minuto a minuto, el incauto usuario agrega materia prima a los sistemas de aprendizaje automático, que reconocerán luego cada imagen similar en su archivo para trazar el sistema de relaciones de cada individuo.

En su informe Surveillance Giants (“Gigantes de la vigilancia”, 2019) Amnesty International muestra cómo el modelo empresarial, basado en la vigilancia, de Facebook y Google es intrínsecamente incompatible con el derecho a la privacidad y representa un peligro sistémico para diversos derechos más, como la libertad de opinión y de expresión, la libertad de pensamiento y el derecho a la igualdad y a no sufrir discriminación.

A lo que agrega de modo terminante: “Para proteger nuestros valores humanos básicos —dignidad, autonomía y privacidad— en la era digital es necesaria una transformación radical del modo en que las grandes empresas tecnológicas desarrollan sus actividades a fin de dar paso a una Internet basada en los derechos humanos.”

 

Entretenimiento vs. Conocimiento

En un ensimismamiento difícil de romper, los seres humanos nos entretenemos por la ventana de las redes. Inspeccionamos la vida ajena a través de sus perfiles desarrollando un grado no encomiable de voyeurismo digital, jugamos a los cientos de juegos interconectados que cada red nos ofrece, miramos series, buscamos videos y memes graciosos. La vida pasa y se nos pasa en las redes sociales.

En 2019, según el Global Web Index, las personas entre 16 y 24 años de edad pasaron cerca de tres horas al día en redes. Actuales proyecciones estiman que un ser humano que utiliza redes sociales pasará en promedio 5 años de su tiempo vital total enchufado a este imán virtual.

Según la misma fuente, en general, y en proporción descendente las personas usan las redes para “encontrar contenido divertido”, “pasar el tiempo”, “estar al día con noticias y eventos”, “mantener el contacto con lo que hacen mis amigos”, “compartir fotos o videos con otros”, “trabajar con otros”, “buscar cosas para comprar”, “conocer nuevas personas” y “compartir mi opinión”.

Probablemente la encuesta haya soslayado la opción o quizás figure en la estadística en los márgenes descartables, lo cierto es que los menos parecen buscar conocimiento a través de las redes sociales digitales.

 

Impacto político

Nada nuevo agregaremos señalando el enorme volumen de información manipulada que circula a través de estos dispositivos y la utilización nefasta que habitualmente las derechas hacen de ello, estimulando el discurso de odio y la violencia. Las “noticias falsificadas”, bulos, rumores, campañas de desprestigio, la artillería de los ejércitos de troleo, circulan aquí por una ancha avenida.

Sin embargo, desinformar de manera interesada, sembrar sospechas, descontextualizar expresiones o acciones, no es nada nuevo, ni característica exclusiva de estas redes, sino práctica habitual del género periodístico de nuestros días en los medios manejados por el capital. Incluso y sobre todo, en sus secciones más “serias”, la mentira y el amarillismo son moneda común.

Lo mismo sucede con la interesada censura de ideas que adversan el sistema capitalista y con la promoción descarada de aquellas que lo defienden.

¿Qué cambia entonces con las redes? Nada y todo. Nada, porque la clasificación, discriminación, deformación y censura de la información según sea su tinte político, continúa existiendo, trasladando sus formatos a la arena digital. Todo, porque la manipulación se introduce de manera permanente a través de dispositivos que nunca dejamos a más de un metro de distancia y que, como colmo del cinismo, anuncian de manera sonora o vibrátil su intromisión. Y también, porque el tipo y cantidad de información almacenada sobre cada quien, permite enviar misiles teledirigidos de desinformación perfectamente segmentada, en tiempo real y de manera continuada.

 

El lado más claro de la luna

Con todas estas lacras, ¿será posible encontrar algo de interés en estos instrumentos, algún atisbo de comunicación creativa y positiva? Por supuesto.

Las personas, a pesar de todos los filtros y desvíos mercantiles, logran conectar con otras a distancia a través de redes de mensajería que consiguen abaratar y estimular el diálogo fluido e instantáneo, aun a costa de la exposición de macrodatos sensibles en aquellas donde la encriptación es apenas una pantalla.

Ante la fragmentación del tejido social agudizada por el individualismo y el debilitamiento de las formas gregarias tradicionales por la transición a un mundo postindustrial, las redes cumplen una función sucedánea, intentando compensar la progresiva desconexión de los conjuntos.

Al mismo tiempo y a sabiendas de la censura intencional que las corporaciones digitales ejercen con sus algoritmos para que nadie escape del redil conservador, la comunicación alternativa, comunitaria, revolucionaria, organiza buena parte de su esfuerzo de difusión a través de ellas, permeando en general al menos franjas contiguas de sensibilidad.

Así, se multiplican las transmisiones, los encuentros virtuales, las convocatorias de eventos y movilizaciones, la difusión periodística, el contrapunto a las pesadas formas unidireccionales.

Lejos de ser ingenua, la efectividad de esta acción despierta las alarmas de la pax romana digital de las plataformas, comenzando éstas su despiadada cacería contra las cuentas herejes, inmolándolas de inmediato con un click. Esta censura procede habitualmente contra las opciones de la izquierda global, aunque más recientemente, después de mucho tiempo de dejar que el odio supremacista las inunde, también han procedido a desmontar algunos canales de la ultraderecha. De este modo, los Torquemadas del Valle Siliconado, exhiben su verdadero rostro censor, abandonando todo vestigio de defensa de la libertad de expresión.

El ciberactivismo ha sido decisivo en la ola de movilización generacional masiva posterior a la crisis bursátil de 2008, movilización que desde Túnez y Egipto, llegó a los indignados del 15 M español, al Occupy estadounidense, al Taksim turco e incluso fue emulado en su metodología en la protesta contra la gobernadora de Hong Kong.

Claro está que, en ocasiones, detrás de una legítima dialéctica impulsada generacionalmente a través de las redes, detrás de agitaciones y protestas de carácter justo, hay móviles reaccionarios que preparan y fogonean levantamientos cuyos objetivos nada tienen que ver con posturas de evolución social. En estos casos, las redes suelen abrir compuertas de manera interesada a las corrientes que mejor pagan y más provechosas son para sus fines y cerrarlas cuando los propósitos de la facción globalista del capitalismo se ve contrariada. Pensar que las corporaciones digitales son neutras es de una ingenuidad absoluta, de graves consecuencias.

 

Corolario

¿Se puede vivir sin estar en las redes sociales? ¿Se puede prescindir de ellas en la acción ideológica y política? ¿Cómo aprovechar su alcance sin alimentar el monstruo avaro que vive en su interior? ¿Son las redes alternativas, federadas, libres, una ficción de minorías? Estos son interrogantes a los que se enfrentan los movimientos sociales críticos, cuestionamientos que ya han rebasado el círculo de un estricto y algo hermético activismo digital.

En América Latina y el Caribe, viene creciendo desde hace un par de años la iniciativa Internet Ciudadana que exhorta firmemente a articular los distintos sectores para abordar de manera transversal, conjunta y con anclaje territorial real este desafío, hacia la democratización y descolonialización del sistema digital.

Entre sus primeras propuestas, el espacio propone acometer la sensibilización masiva sobre la problemática, efectivizar el acceso a internet como derecho humano implementando al mismo tiempo la alfabetización digital con sentido crítico. Del mismo modo, promueve el uso de tecnologías libres sin abandonar los campos centrales de disputa comunicacional con la producción de contenido informativo contrahegemónico de calidad desde y para los sectores populares.

Por otro lado, como bandera prioritaria de lucha se proclama la necesidad de establecer un régimen de potestad y protección sobre los datos que ilegalice su apropiación. Del mismo modo, es preciso regular el accionar de las plataformas digitales hegemónicas desde los Estados y a través de mecanismos de integración regional, mientras se van creando o fortaleciendo herramientas similares de carácter soberano. De suyo, este accionar debe ser integrado en el marco de proyectos políticos de base amplia, cuyos programas contemplen a las nuevas tecnologías, y en especial, a los canales digitales como vías de emancipación y no de enajenación cultural o económica.

En definitiva, para que la tecnología sirva a la liberación humana y a la evolución de la vida, debe ser reconocida como lo que en realidad es: un bien común, acuñado colectivamente en el proceso histórico de la experiencia humana.

 

- Javier Tolcachier es investigador en el Centro Mundial de Estudios Humanistas y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza

 

Publicado originalmente en el Dossier El laberinto de las redes sociales –La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana http://lajiribilla.cu/articulo/redes-o-telaranas-sociales-un-asunto-atrapante

 

1 History of the web. Web Foundation. https://webfoundation.org/about/vision/history-of-the-web/

2 https://www.cable.co.uk/broadband/speed/worldwide-speed-league/

 

https://www.alainet.org/es/articulo/211024

 

 

lunes, 15 de abril de 2019

CÓMO FUNCIONA EL NARCOTRAFICO Y LA SANGRE CAMPESINA DERRAMADA



Escribe: Milcíades Ruiz

Un futbolista recibe tarjeta amarilla cuando derriba por detrás a un jugador que está en posesión de la pelota. Se le saca tarjeta roja y es expulsado del campo de juego cuando agrede al jugador adversario. Esto es normal y justo en el futbol pero no, en las reglas del sistema de dominación. En este, es al revés. Se castiga al que cae y no el que lo hace caer con juego sucio. Se le saca tarjeta roja al agredido para que gane el agresor. Esta es una característica del juego de poder de EE UU y sus testaferros nacionales.
 
Más concretamente se aplica lo dicho a lo que sucede en el sistema de dominación nacional con respecto a los agricultores que cultivan coca. Con medidas de gobierno las autoridades del Congreso, Ejecutivo, magistrados y otros, agreden a los agricultores y campesinos arrebatándoles todo margen de rentabilidad. Después de hacerle caer en la pobreza, se les saca del mercado con tarjeta roja por no ser competitivo como manda el neoliberalismo.

Los niños y niñas campesinas tienen hambre pero no hay plata para nutrirlos, ni para comprarles zapatos ni para llevarlos al médico. Se tiene que curar con hierbas silvestres o, morir. ¿Qué haríamos nosotros en esta situación? Es muy triste vivir así, pero la necesidad obliga. ¿Quiénes lo obligan a migrar? El campesino no quiere desprenderse de la tierra, no saben hacer otra cosa porque su pobreza no se lo permite. ¿Quiénes son los culpables de esta desgracia? Pues los campesinos, por no ser competitivos, dirán los defensores del sistema.

Les pregunto: Si los precios de los productos campesinos no compensan los costos de producción y tienen que trabajar a pérdida, si lo que reciben a cambio de su trabajo no alcanza ni al 30% del sueldo mínimo vital, ¿Podemos ser tan crueles, de pedirles que compren tecnología para ser más competitivos? ¿Es que nadie se da cuenta, que mientras en otros sectores se trabaja con maquinaria robotizada, el campesino del ande lo hace con chaquitaclla, como en los tiempos pre hispánicos? Pero claro, “la culpa es del campesino por no modernizarse”. 

¿Es que a nadie le importa? ¿A la izquierda tampoco por que los campesinos no son proletarios sino pequeños burgueses? No se culpa al gobernante ni se le exige y este, solo acude cuando la desesperación campesina recurre al bloqueo de carreteras. Entonces se culpa a las víctimas del sistema invocando el “principio de autoridad” y se reprime como escarmiento, como lo hace EE UU con los pueblos que se rebelan.

En este caso, los agricultores se ven obligados contra su voluntad a migrar a la selva, depredan bosque amazónico y siembran coca, ¿Pero acaso son ellos los culpables de esta migración? ¿Quiénes lo han obligado a sembrar coca? ¿Acaso ellos son culpables de que el café, arroz, yuca, plátano, algodón, maíz y otros cultivos de la selva no sean rentables y que la coca tenga mejores precios?

Entonces, ¿Por qué los matan? Acaban de matar a varios agricultores en la selva puneña y el Ministerio del interior en su comunicado los culpa (como siempre) de haber sido ellos los que agredieron a los policías. ¿Pero qué hacían los policías metidos en los predios campesinos en horas de la madrugada? ¿Quién les ordenó que se metieran allí? ¿Quién dio la orden de enviar tropas a San Gabán? ¿Por qué se dio la orden de disparar  bombas lacrimógenas y balas a la población indefensa? Se dispararon solos, diría cierta ex parlamentaria fujimorista.

Como siempre, se justificará la represión y todo pasará al olvido porque las vidas campesinas no valen nada para el sistema de dominación. No soportamos las ofensas ajenas ni que los ricachones corruptos tengan detención preliminar, pero que se maten campesinos, no indigna a nadie. No hay gobierno que se libre del asesinato de gente pobre. Los ricos, están libres de toda culpa y son protegidos en los barrios aristocráticos.

Este gobierno está salpicado de sangre popular y una vez más, el imperio mete sus narices porque sus serviles “Felipillos” no hacen más que cumplir las disposiciones del amo imperial. El Proyecto Especial de Control y Reducción de Cultivos Ilegales (Corah) es una disposición norteamericana que es la que financia estos proyectos antidrogas con ataques a los campesinos cocaleros.

Pero estas actividades son solo estratagema que aparenta una falsa lucha contra las drogas. Al igual que se utiliza el término ilegal para las protestas sindicales, para los trabajadores ambulantes, para los pequeños mineros, para cerrar pequeños negocios, para los pequeños servicios, así también, se utiliza el término cultivo “ilegal” para el cultivo de coca. 

En el cultivo no está el delito, sino en su procesamiento con fines de lucro por drogadicción. Eso lo saben los gringos como saben también, que el mejor estímulo para mantener el abastecimiento de coca para el narcotráfico es el precio. Sin ese incentivo el narcotráfico perdería abastecedores. Se erradican plantaciones precisamente para provocar escasez y eso hace subir el precio por encima de cualquier otro cultivo. 

Este es el real objetivo del CORAH. Así son llevados los campesinos a cultivar coca como la mejor opción. Así los maneja el narcotráfico cuya sede es EE UU. De lo contrario, el precio bajaría y nadie lo sembraría. El gobierno sabe de esta jugarreta y sus economistas también, pero todos se hacen los distraídos y miran hacia otro lado.

El proyecto CORA es pues, solo una apariencia de lucha contra el narcotráfico. Nos consta que Fujimori y Montesinos enviaban tropas a reprimir el narcotráfico del cual recibían maletas repletas de dinero en efectivo y hasta un avión presidencial cargado de cocaína. ¿Acaso no hemos visto a Fujimori llevar numerosas maletas en sus viajes como valija diplomática? Es el mismo procedimiento y es mentira que EE UU busque la eliminación del narcotráfico con la erradicación de plantas de coca en las chacras campesinas.

Los gringos nos hacen el mismo cuento de la guerra de opio, mediante el cual Inglaterra invadió China estableciendo la venta libre de la droga y como reparación de guerra que ellos mismos emprendieron, se apropiaron de Hong Kong por cincuenta años. Ahora, los descendientes de ingleses también nos hacen creer que ellos están contra el narcotráfico. “A otro perro con ese hueso” ¿Por qué entonces, solo van presos los capos latinoamericanos y no, los gringos que son los dueños del negocio?

¿Se imaginan ustedes el peso económico y político del narcotráfico en EE UU? La cantidad de dinero que mueve el narcotráfico en ese país es inmensa. Ellos compran flotas de aviones, barcos, submarinos, helicópteros, armamento, empresas de inversionistas que lavan dinero, poseen fábricas, casinos, cine, medios de comunicación, bancos y red financiera mundial. ¿Qué pasaría si el negocio del narcotráfico se cae?

Si el narcotráfico es el sostén de la economía norteamericana, ¿Podemos ser tan ingenuos al creer que el imperialismo está interesado en combatirlo? Muchos dirán que estoy equivocado y otros quizá se sientan ofendidos. Pido las disculpas del caso. Pero creo que esta temática merece debatirse en el seno de la izquierda. 

El que calla otorga y si los defensores del pueblo no se manifiestan, creo que es de miserables, ir después a pedirle apoyo electoral al campesinado. Las organizaciones populares como tales, están en la obligación de solidarizarse con las luchas campesinas. Con mayor razón las organizaciones agrarias, pero en general toda la izquierda debe hacer escuchar su voz en defensa de los agricultores cocaleros como lo hizo en su tiempo, Evo Morales. Salvo mejor parecer.

Abril 2019