Mostrando entradas con la etiqueta Marihuana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marihuana. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿POR QUÉ CONSUMIR MARIHUANA SI ESTÁ PENALIZADO Y EL TABACO NO?

Narcotráfico, Gran Negocio




EL "FABULOSO" NEGOCIO DEL NARCOTRÁFICO MUEVE UNOS 400 MIL MILLONES DE DÓLARES POR AÑO EN EL MUNDO, SEGÚN EXPERTO. | Foto: EFE

Publicado 28 octubre 2016

Las farmacéuticas ven sus negocios caer ante el incremento del consumo de marihuana medicinal y por eso la combaten, igualmente el narcotráfico es el gran problema del cannabis, según expresidente de Uruguay, “Pepe” Mujica.

La marihuana medicinal ha producido la migración de los consumidores de antidepresivos y calmantes de las farmacéuticas hacia la medicina natural, según un estudio publicado por dos investigadores de la Universidad de Georgia, EE.UU.

El estudio demostró que el uso y abuso de analgésicos es un verdadero problema de salud pública en Estados Unidos y Canadá y que las personas están consumiendo menos analgésicos y opioides y más cannabis medicinal.

La industria farmacéutica influenciada por la Agencia Antidroga Americana (DEA, por su sigla en inglés) limitan casi al máximo el número de enfermedades y el número de pacientes habilitados para el consumo de marihuana medicinal, pero esto no detuvo la reducción del consumo de sedantes y antidepresivos. Según el estudio de la Universidad de Georgia, el médico medio recetó 265 unidades de antidepresivos en los últimos años y 562 unidades menos contra la ansiedad.

El programa de seguridad social del Gobierno de EE.UU., Medicare, perdió 165 millones de dólares en el 2013 debido al consumo de la marihuana medicinal por pacientes norteamericanos. Aunado a esto, la planta es más barata que los medicamentos patentados, situación que molesta enormemente a las compañías de medicamentos.

Igualmente, la legalización del cannabis en EE.UU. cambió los hábitos de los pacientes porque la gran mayoría de ellos elige los efectos secundarios terapéuticos de la planta de marihuana en lugar de los graves efectos secundarios de las drogas sintéticas.

A pesar de que la marihuana es menos dañina que el tabaco o el alcohol, siendo este último causante de 3,3 millones de muertes en el mundo según la Organización Mundial de la Salud (OMS), su penalización se mantiene tanto en varios estados norteamericanos como en muchos países de América Latina y el mundo.

El crecimiento acelerado de las multinacionales en Estados Unidos provocó la satanización y penalización de la marihuana porque empresarios como William R. Hearst , quien controlaba la industria del papel, se dieron cuenta de la facilidad de cultivar el cannabis y sus múltiples usos como la hechura de papel de cánamo.

El narcotráfico y su relación con mantener el cannabis ilegal

"La marihuana es una plaga como el tabaco, cualquier adicción salvo la del amor no es recomendable", afirmó el expresidente José "Pepe" Mujica y añadió que el problema de la marihuana es el narcotráfico.

A pesar de los avances en cuanto al uso de la sustancia como cura para algunas enfermedades y dolencias como la migraña, el glaucoma y los trastornos hiperactivos, el ilegal y clandestino mercado de la drogas tiene un gran alcance y no puede combatirse a través del castigo hacia los consumidores.

Los Gobiernos de Estados Unidos "preocupados" por el consumo de sustancias ilícitas crearon la llamada "Guerra contra las Drogas", sin embargo, para Mujica es una "guerra insensata" porque el problema mundial de las drogas debe enfocarse "desde la mirada del desarrollo humano". En este sentido, expertos aseguran que la guerra de las drogas es en realidad un tema de salud pública abordado a través de la militarización y la violencia.

El informe Mundial sobre las Drogas de la Organización Mundial de la Salud, publicado en el año 2014, arrojó que en Estados Unidos el consumo de cannabis aumentó igual que creció el número de consumidores que se someten a tratamiento por adicción.

La penalización de la marihuana busca funcionar como una forma de control por parte de algunos Gobiernos pero "dejar en la clandestinidad" el consumo de marihuana es "regalarle" la mercancía al mercado del narcotráfico.

"El Estado debe hacerse cargo del consumo de la marihuana y debe proveerse al consumidor", afirmó el expresidente uruguayo y agregó que "si eres consumidor yo (Estado) te doy hasta cierta dosis pero si te pasas, te controlo, es decir, te mando a que trates tu adicción".

Unos 5 mil uruguayos dejaron de recurrir al narcotráfico para obtener la marihuana, sin embargo, se estima que hay 50 mil consumidores de cannabis en el país, informó un colaborador de teleSUR en Uruguay. En el país suramericano existen los clubes canabicos, comercios que están autorizados por el Estado para proveer dosis de marihuana.

El psicólogo y filósofo, Marcelo Colucci, desmintió la creencia de que la legalización de la marihuana estimula el aumento de los consumidores de la sustancia en el mundo. Por otro lado, Colucci informó que el negocio del narcotráfico mueve unos 400 mil millones  anuales de dólares, es un "negocio fabuloso que alimenta a su vez el circuito financiero internacional".

de: 'Guillermo C. Cohen-DeGovia' allelon@operamail.com [nuestramerica] <nuestramerica@yahoogrupos.com.mx>
para: Nuestra América <nuestramerica@yahoogrupos.com.mx>
fecha: 29 de octubre de 2016, 8:21
asunto: [nuestramerica] ¿Por qué consumir marihuana está penalizado y el tabaco no?
lista de distribución: nuestramerica@yahoogrupos.com.mx
Filtrar los mensajes de esta lista de distribución
firmado por: yahoogrupos.com.mx
cifrado: Estándar (TLS) Más información
Mensaje importante debido a tu interacción con los mensajes de la conversación







COLECTIVO PERÚ INTEGRAL
2 de noviembre 2016

miércoles, 15 de enero de 2014

MARCELO COLUSSI: ¿ELOGIO DE LA MARIHUANA?




15-01-2014


¿Por qué en algunos pocos países ya ha pasado a ser legar fumarse un cigarro de marihuana mientras que en otros, la gran mayoría, eso es delito? Del mismo modo podríamos preguntar: ¿por qué, salvo en algunos países musulmanes (Arabia Saudita, Afganistán, Irán, Sudán, Bangladesh, Yemen) beber bebidas alcohólicas no es delito sino que, por el contrario, se promueve insistentemente? Se trata de complejos asuntos político-sociales y culturales donde están en juego infinidad de variables que tienen que ver con el proyecto humano subyacente, y con enmarañados procesos en torno a relaciones de poder. 

Parto por hacer una primera aclaración, innecesaria quizá para los fines teóricos del presente texto, pero éticamente importante: no soy consumidor de marihuana (sólo una vez en mi vida la probé), pero la convivencia diaria con muchos jóvenes –de distinta extracción social– por motivos de trabajo, y el tener hijos adolescentes, me permite ver que hoy el uso de esta sustancia pasó a ser una “necesidad” casi obligada en muy buena parte de las poblaciones juveniles. 

Una segunda aclaración –esta sí importante a los fines conceptuales de lo que se intenta transmitir– es que de ningún modo se pretende hacer una apología de la sustancia psicoactiva “cannabis sativa”, comúnmente conocida como marihuana, la droga ilegal más consumida en el mundo en la actualidad (según datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito -UNOCD-). El hecho de titular el presente texto como “elogio” no es sino una provocación: en realidad, no se está haciendo una defensa cerrada de su uso como panacea (de hecho, como droga utilizada con fines recreativos, puede llegar a tener peligrosos efectos dadas ciertas circunstancias, y no deja de ser una puerta de entrada para sustancias adictivas mucho más dañinas) sino que se busca abrir una problematización a ese complejo campo de lo legal y lo prohibido, del ejercicio de los poderes y del mantenimiento de una sociedad basada en el lucro de unos sobre la explotación de las mayorías y la injusticia humana que eso conlleva. 

Partimos de la base que “droga” es cualquier sustancia que se introduce en el cuerpo humano modificando el equilibrio natural, ya sea con un fin terapéutico (lo que se conoce habitualmente como medicamento o fármaco) o recreativo/ceremonial (lo que popularmente llamamos “drogas”: sustancias con principios psicoactivos que modifican el aspecto conductual de quien las ingiere). En ese sentido, la marihuana es una droga, la más popular y consumida de todas. Y, por cierto, en la gran mayoría de países, hoy por hoy ilegal. 

Drogas que modifican el estado psicoafectivo de quienes las consumen ha habido siempre en la historia de la Humanidad, en todas las culturas, desde hongos alucinógenos hasta el alcohol etílico de vegetales fermentados, pasando por un largo listado. La ¿necesidad? de huir de la crudeza de la vida cotidiana parece repetirse siempre; de ahí que esas sustancias han aparecido ininterrumpidamente a lo largo de nuestro transcurrir como especie. Ahora bien: en el transcurso del siglo XX, en medio de un mundo ya globalizado y capitalista en su totalidad, estas drogas van pasando a ser un negocio más. Como en este sistema todo es mercadería lucrativa, las sustancias psicoactivas (entre las que habría que incluir al alcohol etílico también) fueron y siguen siendo un gran negocio. Viendo los daños colaterales que esas mismas sustancias pueden provocar, también en el curso del siglo pasado van apareciendo las primeras restricciones a su comercialización. Hoy, el negocio de esas drogas (las legales como el alcohol, o incluso el tabaco) y las ilegales (la marihuana y toda la cohorte que viene tras ella) es una de las grandes actividades económicas de la humanidad. “Las drogas constituyen actualmente el mercado de productos ilegales más grande del mundo, un mercado fuertemente ligado a actividades criminales de lavado de dinero y corrupción”, informa la UNOCD. 

Que esas drogas son dañinas a la salud, incluida la marihuana, no es ninguna novedad. Por eso aclarábamos que no se trata de hacer su apología, su panegírico, sino de entender el fenómeno en su complejidad y tratar de entrever qué agendas ocultas puede haber en todo ello. Plantearse un “mundo libre de drogas”, tal como bienintencionadamente muchos lo hacen, es encomiable. De todos modos, siendo realistas y teniendo en la mano los conocimientos que las ciencias sociales modernas y con criterio crítico nos proporcionan, como mínimo habría que abrir algún cuestionamiento a esa propuesta. Si hoy día, y desde hace ya varias décadas, la narcoactividad se amplía continuamente, ello quiere decir algo: o bien que la sociedad está cada vez más necesitada de este tipo de “placeres” dañinos (mecanismos de huída de la realidad), o que hay agresivas políticas de fenomenales grupos de poder que fomentan ese consumo. O, complejizando el asunto, estamos ante una combinación de ambos factores, lo cual hace infinitamente más complicado su estudio, y más aún, su solución en tanto problema. 

Lo que sí resulta inexorablemente cierto es que lo que años atrás –quizá cinco o seis décadas, un par de generaciones en términos socio-demográficos– era una “extravagancia”, un toque distintivo de grupos muy delimitados (la bohemia, algunas sub-culturas marginales) en la sociedad global de hoy pasó a ser una mercadería más. Ilegal en la gran mayoría de países, por cierto; pero mercadería consumida en cantidades fabulosas, y siempre en aumento. De ahí que la marihuana –retomando la primera aclaración que hacía– ha pasado a ser una mercadería más de las tantas cosas consumibles, fundamentalmente en la población joven. Ello se repite en países de alto poder adquisitivo (el Norte próspero) como en los pobres del Sur. 

Evitar el consumo de estos evasivos (la marihuana, digamos también el alcohol etílico o toda la serie de productos novedosos que no dejan de surgir en el transcurso del siglo XX y que se sigue acelerando en el XXI: cocaína, heroína, drogas sintéticas, etc.) parece imposible. Esa necesidad de huída de la realidad, de búsqueda de “paraísos” placenteros, habla de nuestra humana condición, de nuestras estructurales debilidades y flaquezas. Y si en algunos países musulmanes, como apuntábamos más arriba, el alcohol está severamente prohibido, ello no hace sino ratificar el hecho que la especie humana tiene un borde transgresor que siempre nos lleva a buscar esa “manzana prohibida”. 

Apología de la marihuana, o de ninguna otra droga psicoactiva que altere nuestro sistema nervioso central: ¡no! Pero su satanización tampoco nos lleva a ningún lado. Prohibirlas y poner los más drásticos castigos para quien ose consumir esos productos vetados, definitivamente no sirve, porque no impide el consumo. La debilidad y la flaqueza que hace parte de nuestra condición aparecen siempre, y de alguna manera (transgresión de por medio) se consigue la sustancia “evasiva”. En las cárceles, por ejemplo, si se endurecen los controles y realmente no entra ninguna droga, los privados de libertad “inventan” la forma de conseguir sustancias psicoactivas, y así llegan a fumar… ¡telarañas! Es un ejemplo, pero vale. Por otro lado, el endurecimiento de las prohibiciones –la experiencia lo demuestra– sólo consigue impulsar mercados negros. Recordemos la tristemente Ley Seca en la década de los años 20 del pasado siglo en Estados Unidos. 

¿Qué hacer entonces? 

“Con el desarrollo a ultranza del capitalismo en su etapa imperialista, que en esta fase de la globalización hunde en la miseria a la mayoría de la población mundial, muchos pueblos de importante economía agraria optan por los cultivos de coca, amapola y marihuana como única alternativa de sobrevivencia. Las ganancias de estos campesinos son mínimas. Quienes verdaderamente se enriquecen son los intermediarios que transforman estos productos en substancias psicotrópicas y quienes los llevan y realizan en los mercados de los países desarrollados, en primer lugar el de Estados Unidos de Norteamérica. Las autoridades encargadas de combatir este proceso son fácil presa de la corrupción, pues su ética sucumbe ante cualquier soborno mayor de 50 dólares.

Gobiernos, empresarios, deportistas, artistas, ganaderos y terratenientes, militares, políticos de todos los pelambres y banqueros se dan licencias morales para aceptar dineros de este negocio que genera grandes sumas de dólares provenientes de los drogadictos de los países desarrollados. El capitalismo ha enfermado la moral del mundo haciendo crecer permanentemente la demanda de estupefacientes, al mismo tiempo que las potencias imperiales ilegalizan ese comercio, dada su incapacidad para producir la materia prima. El ejemplo del mercado de la marihuana en los Estados Unidos es plena evidencia.

Por ser tan grande la demanda en sus propios territorios como voluminosa la cantidad de dólares que por este concepto salen del marco de sus fronteras, erigen el eslabón de producción en su enemigo estratégico, en grave amenaza para su seguridad nacional. Olvidan sus propios postulados del libre mercado: la oferta en función de la demanda, descargando su soberbia contra los campesinos que trabajan simplemente por sobrevivir pues están condenados por el neoliberalismo a la miseria del subdesarrollo. El narcotráfico es un fenómeno del capitalismo globalizado [… y como alternativa] exhortamos a legalizar el consumo de narcóticos. Así se suprimen de raíz las altas rentas producidas por la ilegalidad del este comercio, así se controla el consumo, se atienden clínicamente a los fármaco-dependientes y liquidan definitivamente este cáncer. A grandes enfermedades grandes remedios”, decían en su documento “Legalizar el consumo de la droga, única alternativa seria para eliminar el narcotráfico” en el año 2000 las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia -FARC-. 

Podía decirse casi a modo de conclusión de todo esto que la humana necesidad de buscar alguna vía de “escape” al malestar intrínseco de la vida, algún alivio al sufrimiento que implica la cotidianeidad, lo hemos buscado –y probablemente sigamos haciéndolo– en estas salidas mágicas que nos hacen volar, que inventan realidades menos crudas, más placenteras, tal como son los efectos que producen las drogas. ¡O las religiones! En ese sentido tiene absoluta vigencia la expresión de Marx “la religión es el opio de los pueblos”. En definitiva, con drogas o con religiones, buscamos salidas mágicas. El hedonismo, en tanto búsqueda de placer por sobre cualquier otra cosa, es lo que está a la base de esa tendencia que podemos tener (todos, cualquiera de nosotros) a consumir estas sustancias psicoactivas (de marihuana en adelante, pasando por cualquier cosa, telarañas, thinner inhalado o las más refinada sustancia sintética). Si no fuera así, no podría explicarse el aumento sideral en la narcoactividad que viene registrándose ininterrumpidamente desde hace años (es el negocio que más está creciendo). 

Sabido esto, una vez más la pregunta: ¿qué hacer entonces? Prohibir su consumo no lleva más que al mercado negro y a una actividad subterránea que produce circuitos criminales, siempre cargados de suma violencia. La propuesta de legalizar el consumo –y ahí habría que empezar una enorme serie de consideraciones, pero teniendo la legalización siempre como el norte– es la más humana de las salidas. La “menos mala” quizá (porque reprimir no termina con el consumo), pero por eso mismo, la más esperanzadora. 

¿Por qué legalizar? 

Asumiendo que las drogas, al menos en este momento histórico del desarrollo de la Humanidad, llenan una necesidad (“flaqueza estructural” digamos; si no, nadie las consumiría), pero más aún: teniendo en cuenta que esa necesidad se ha manipulado y mercadeado de un modo monstruoso haciendo de los narcóticos una mercadería más, fundamentalmente en las poblaciones jóvenes, abordar el problema nos pone ante un complejo campo socio-sanitario, ¡pero no policíaco-militar! 
Que se ha mercadeado, y se lo sigue haciendo de un modo cada vez más sutil apelando a las más refinadas técnicas de promoción comercial, no caben dudas. Como dijimos más arriba: lo que antes constituía una rareza cultural, hoy es ya casi un producto de primera necesidad en muchos círculos. Incluso se ha ido construyendo toda una cultura de aceptación de las drogas, a punto que para pertenecer a diversos colectivos, hay que consumir. Ya no asustan, no espantan, no están estigmatizadas. Esto difiere de grupo social, de país, de “nicho de mercado”, dicho en términos mercadológicos. La marihuana es la droga ilegal más popular (hasta un 5% de la población adulta mundial, UNOCD), puesto que grandes masas (de jóvenes en lo fundamental) –ricos y pobres, varones y mujeres, intelectuales críticos y banales consumistas, de izquierda o de derecha, etc.– la consumen. Pasó a ser un baluarte, un símbolo: en cualquier sitio se puede conseguir un vendedor, cosa que décadas atrás no sucedía. 

Pero pese a este consumo fabuloso, siempre en aumento, el sistema en su conjunto, más allá de la declaración de “flagelo” con que se suele presentar el asunto, hace un combate muy singular del problema. Si se tratara de un tema socio-sanitario, ¿por qué, como dice el documento de las FARC, se castiga básicamente al productor de la materia prima, al campesino que produce las plantas de donde se extraen las sustancias base, o al consumidor final, al usuario ocasional o al drogodependiente? (que, llegado a un punto, no es sino un paciente en relación enfermiza con un tóxico, pero nunca un criminal). ¿Por qué la “guerra contra las drogas” se hace sólo con armas letales y ejércitos armados hasta los dientes y no, por ejemplo, con ejércitos de médicos, psicólogos, trabajadores sociales, comunicadores? “Los principales beneficiarios de la guerra contra las drogas son los presupuestos de las fuerzas armadas, la policía y las cárceles así como de otros sectores relacionados al área de tecnología e infraestructura” , señalaba la UNOCD). 

La Comisión Global de Políticas sobre Drogas, integrada por los ex presidentes de México, Ernesto Zedillo; de Brasil, Fernando Henrique Cardoso; de Colombia, César Gaviria, y de Suiza, Ruth Dreifuss, así como por personalidades internacionales tales como el ex Secretario de Estado de Estados Unidos George Shultz, el ex Jefe de la Reserva Federal también de Estados Unidos, Paul Volcker y el ex Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, el ghanés Kofi Annan, además de numerosos académicos y activistas sociales, evaluó en el 2011 que tal como se venía llevando adelante, con ese espíritu militarista y prohibicionista, “la guerra global a las drogas ha fracasado, con consecuencias devastadoras para individuos y sociedades alrededor del mundo. Cincuenta años después del inicio de la Convención Única de Estupefacientes, y cuarenta años después que el Presidente Nixon lanzara la guerra a las drogas del gobierno norteamericano, se necesitan urgentes reformas fundamentales en las políticas de control de drogas nacionales y mundiales. Los inmensos recursos destinados a la criminalización y a medidas represivas orientadas a los productores, traficantes y consumidores de drogas ilegales, han fracasado en reducir eficazmente la oferta o el consumo. Las aparentes victorias en eliminar una fuente o una organización de tráfico son negadas casi instantáneamente por la emergencia de otras fuentes y traficantes. Los esfuerzos represivos dirigidos a los consumidores impiden las medidas de salud pública para reducir el VIH/SIDA, las muertes por sobredosis, y otras consecuencias perjudiciales del uso de drogas. Los gastos gubernamentales en infructuosas estrategias de reducción de la oferta y en encarcelamiento reemplazan a las inversiones más costo-efectivas y basadas en la evidencia orientadas a la reducción de la demanda y de los daños”. [Las] “políticas de drogas deben basarse en los principios de derechos humanos y salud pública” [teniendo como principal medida de éxito] “la reducción de daños a la salud, a la seguridad y al bienestar de los individuos” (Comisión Global de Políticas de Drogas -CGPD-, 2011). 

Todo indica que si efectivamente se quiere tomar el tema de las drogas, empezando por la marihuana, como un verdadero problema de salud –y por cierto lo es, porque no hay ninguna droga inocua, desde los esteroides hasta la terrible heroína– llenar de policías y soldados la sociedad militarizando todo y criminalizando al consumidor, no resuelve nada. Decíamos que no hacemos elogio de la marihuana, ni de ninguna droga, porque no hay ninguna que no presente consecuencias dañinas. De hecho, el cannabis no es tan inocente, si bien es menos dañino que el tabaco de cigarro común; pero no deja de tener consecuencias negativas, más aún que el LSD o el éxtasis. La cuestión fundamental, más allá del grado de “peligrosidad” de la sustancia en juego, es que todas las drogas deben ser abordadas como problema sanitario, psicosocial, político-cultural. De ahí que pensar alternativas novedosas como la descriminalización y su legación es un interesante camino a transitar. 

Si la narcoactividad crece de tal manera es porque hay grupos de interés (¡enormes y poderosísimos grupos de interés!) que buscan que el negocio crezca… y que siga en la ilegalidad. Legalizarlo podría hacer perder una buena tajada, obviamente. En el Prólogo que hace el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso al libro “Políticas sobre drogas en Portugal. Beneficios de la Descriminalización del Consumo de Drogas”, de Artur Domosławski del año 2012, donde se analiza el fenómeno en ese país donde el consumo de cannabis para usos recreativos fue legalizado, puede leerse que  Toda la evidencia disponible demuestra, más allá de cualquier duda, que las medidas punitivas por sí solas, sin importar su severidad, no logran la meta de reducir el consumo de drogas. Peor aún, en muchos casos la prohibición y el castigo tienen desastrosas consecuencias. La estigmatización de los consumidores de drogas, el miedo a la represión policial y el riesgo a enfrentar procesos penales, hacen mucho más difícil el acceso al tratamiento. […] Existe un amplio consenso mundial de que la “guerra contra las drogas” ha fracasado, y que es momento de abrir un amplio debate sobre alternativas viables y nuevas soluciones”. 

Es obvio entonces, por lo que vamos viendo, que legalizar el consumo de drogas puede ser una vía mucho más sana que seguir reprimiendo, si es que se quieren buscar alternativas reales a todo esto. Pero llevar adelante una medida así toca fabulosos poderes –que no son sólo las mafias encargadas del trasiego de las sustancias del punto de producción al consumidor final– por lo que el asunto es claramente un tema político y social. ¿Por qué cuesta tanto promover estas legalizaciones? Porque mantener en la ilegalidad es el negocio de esos grandes poderes. 

La llamada “guerra contra las drogas”, tal como se lleva adelante en la actualidad, no es sino una estrategia de grandes poderes, incluido Washington, que sirve para 1) generar enormes ganancias a quienes lucran con cualquier guerra y 2) una coartada perfecta para mantener bajo control a grandes extensiones del planeta a partir del proyecto de dominación estratégico que lidera la Casa Blanca, amparándose en esta “noble” tarea de combatir un flagelo. 

La guerra contra las drogas no busca en realidad terminar con el consumo, ni mucho menos. Alimenta la industria bélica y posibilita actuar (al proyecto de dominación estadounidense básicamente) allí donde tiene intereses estratégicos (recursos naturales: petróleo, agua dulce, biodiversidad). Años de guerra frontal contra las drogas no lograron terminar con la producción, el tráfico y mucho menos el consumo de estupefacientes. Por el contrario –lo vemos con la marihuana como ejemplo arquetípico– su consumo sigue aumentando. 

Valen aquí palabras de Noam Chomsky para graficar la situación: “El movimiento de los negros llegó a su límite en cuanto se convirtió en un asunto de clase. La clase media de minorías raciales representaba cierta amenaza para la hegemonía blanca. Por lo tanto, a finales de los años setenta las autoridades empezaron a ‘reaccionar’ con la “reinstitución de la criminalización de la población negra. El instrumento que se utilizó para recriminalizar a la población negra fueron las drogas […] La guerra contra las drogas es un fraude, un fraude total. No tiene nada que ver con las drogas. […] En lo que ha sido exitosa la guerra contra las drogas es en criminalizar a los pobres. Y los pobres en EE.UU. resultan ser en su mayoría negros y latinos”

Quizá, no sin cierta cuota de resignación, hay que aceptar que las drogas cumplen un cometido en la dinámica humana, al menos en el sujeto que somos hoy, falibles y atravesados por conflictos. Igual que las religiones, “ayudan” a sobrevivir. Si a eso se le suma que hay quienes aprovechan esa humana tendencia para desarrollar allí un enorme negocio dadas las reglas de juego dominantes (sistema capitalista), el campo de la narcoactividad no va a desaparecer nunca, sino que se refuerza. La represión del consumo evidencia que no da mayores resultados, pues el mismo no baja. Entonces pensar inteligentemente en quitarle el atractivo de la transgresión, de “fruta prohibida” a las drogas, logrando su legalización –ya lo es el alcohol, ¿por qué no hacerlo con la marihuana?– es tal vez la única salida posible para evitar que esto siga aumentando. 

El llamado no se hace desde un moralismo simplista. Se hace desde una profunda convicción en que debe construirse una sociedad donde lo más importante no sea el lucro personal sino el interés colectivo. 
_______________ 

Bibliografía

Colussi, M. (2013). “Despenalización de las drogas: realidades y perspectivas en Guatemala”. Guatemala: IPNUSAC. Cuadernos de Investigación N° 1. Versión electrónica disponible en:http://ipn.usac.edu.gt/images/revistas/despenalizacion_de_las_drogas.pdf 
Comisión Global de Políticas de Drogas. (2011) “Guerra a las drogas”. Versión electrónica disponible en: http://www.e-drogas.es/c/document_library/get_file?uuid=4f0a2cb6-3c01-446c-9be6-3804e8a35b38&groupId=10156 
Domosławski, A. (2012). “Políticas sobre drogas en Portugal. Beneficios de la Descriminalización del Consumo de Drogas”. Varsovia: Open Society Foundations. 
Garay, L. y Salcedo, E. (2012). “Narcotráfico, corrupción y Estados. Cómo las redes ilícitas han reconfigurado las instituciones en Colombia, Guatemala y México ”. México: Random House Mondadori. 
Garzón, J.C., Olinger, M., Rico, D. y Santamaría, G. (2013). “La diáspora criminal: La difusión transnacional del Crimen Organizado y cómo entender su expansión”. Washington: Wilson Center. 
Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito –UNOCD–. (2013). “World Drug Report 2013”. Viena: UNOCD. 
Organización de los Estados Americanos –OEA–. Secretaría General. (2013). “El problema de las drogas en las Américas”. OEA. 
______ (2013). “Escenarios para el problema de drogas en las Américas 2013-2025”. OEA. 
Samper, E. (2013). “Drogas. Prohibición o legalización. Una nueva propuesta”. Bogotá: Random House Mondadori. 
Sànchez Turet, M. (1991). “ Drogodependencias: aspectos terminológicos y taxonómicos ”. Anuario de Psicología. Barcelona: Facultat de Psicologia, Universitat de Barcelona. (49): pp. 5-18.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.