martes, 18 de abril de 2017

¿QUÉ ESTUVO PENSANDO LENIN?



Revolución rusa

07/04/2017 | Tariq Alí 

¿Qué estuvo pensando Vladímir Lenin en su largo viaje con destino a la estación de Finlandia de Petrogrado en 1917? Como a todo el mundo, a él también le cogió por sorpresa la rapidez con que había triunfado la Revolución de Febrero. Mientras viajaba desde Zúrich cruzando Europa hasta Rusia, a bordo de un tren blindado cedido por el káiser alemán, tuvo que haber pensado que esa era una oportunidad que no había que dejar pasar.

Que los débiles partidos liberales dominaran el nuevo gobierno era de esperar. Lo que le preocupaba eran los informes que había recibido de que sus propios correligionarios bolcheviques dudaban sobre el rumbo a tomar. La teoría los ataba, junto con la mayor parte de la izquierda, a la ortodoxia marxista que decía que, en esta fase, la revolución en Rusia solo podía ser democrático-burguesa. El socialismo solo era posible en economías avanzadas como Alemania, Francia o incluso EE UU, pero no en la Rusia campesina. (León Trotsky y su grupo de intelectuales figuraban entre los pocos que disentían de este punto de vista.) Puesto que el curso de la revolución venía así predeterminado, todo lo que podían hacer los socialistas era prestar apoyo al gobierno provisional mientras llevara a cabo la primera fase de la revolución y desarrollara una sociedad capitalista con todos sus atributos. Una vez completada esta fase, podían agitar a favor de una revolución más radical.

Esta combinación de dogmatismo y pasividad enfurecían a Lenin. El levantamiento de febrero le hizo repensar antiguos dogmas. Para seguir adelante, razonaba ahora, tenía que haber una revolución socialista. No había otra solución posible. Era necesario destruir el Estado zarista, de arriba abajo. Eso es lo que dijo al bajar del tren en Petrogrado: no era posible ningún compromiso con un gobierno que no quería poner fin a la guerra ni con los partidos que apoyaban a ese gobierno. La consigna bolchevique que recogía este planteamiento táctico era “paz, tierra y pan”. En cuanto a la revolución, su argumento ahora esa que la cadena capitalista internacional se rompería por su eslabón más débil. Convencer a los obreros y campesinos rusos de la necesidad de construir un nuevo Estado socialista allanaría el camino a una insurrección en Alemania y otros países. Sin esto, señaló, sería difícil crear una forma viable de socialismo en Rusia.

Lenin concretó este nuevo enfoque en sus Tesis de abril, pero tuvo que batallar a fondo para convencer al partido bolchevique. Acusado por algunos de dar la espalda a la doctrina marxista consagrada, citó a Mefistófeles del Fausto de Goethe: “Gris es toda teoría, amigo mío, y verde el árbol brillante de la vida”. Una de las primeras personas en apoyarle fue la feminista Alexandra Kollontai, quien también rechazó el compromiso porque consideraba que era imposible. Entre febrero y octubre, lógicamente el periodo más abierto de la historia de Rusia, Lenin convenció a su partido, hizo frente común con Trotsky y se preparó para una nueva revolución. El gobierno provisional de Alexander Kerensky se negó a poner fin a la guerra. Los agitadores bolcheviques entre las tropas del frente atacaron sus vacilaciones. Se produjeron motines generalizados y deserciones.

En el seno de los consejos de obreros y soldados, los sóviets, la estrategia de Lenin empezó a adquirir sentido para un gran número de trabajadores. Los bolcheviques obtuvieron mayorías en los sóviets de Petrogrado y Moscú y el partido fue implantándose rápidamente en otros lugares. Esta confluencia de las ideas políticas de Lenin con la creciente conciencia de clase entre los trabajadores generó la fórmula de octubre. Lejos de ser una conspiración, y mucho menos un golpe, la Revolución de Octubre fue tal vez el levantamiento más planeado públicamente de la historia. Dos de los más veteranos camaradas de Lenin en el comité central del partido seguían oponiéndose a una revolución inmediata y dieron a conocer públicamente la fecha prevista. Aunque lógicamente los detalles definitivos no se publicitaron previamente, la toma del poder fue una operación rápida y sin apenas violencia.

Todo esto cambió con la guerra civil subsiguiente, en la que los enemigos del nuevo Estado soviético contaban con el respaldo de los antiguos aliados occidentales del zar. Pese al caos resultante y los millones de bajas, al final prevalecieron los bolcheviques, aunque a un coste político y moral terrible, incluida la práctica extinción de la clase obrera que había protagonizado originalmente la revolución.

Por consiguiente, la alternativa que se planteó después de la Revolución de Octubre de 1917 no era o Lenin o la democracia liberal, sino que la elección real iba a venir determinada por una lucha brutal por el poder entre el Ejército Rojo y el Ejército Blanco, este último dirigido por generales zaristas que declaraban abiertamente que si ganaban, exterminarían tanto a los bolcheviques como a los judíos. Los pogromos organizados por los Blancos acabaron con poblados judíos enteros. La mayoría de los judíos rusos se enfrentaron a los Blancos, bien enrolándose en el Ejército Rojo, bien creando sus propias unidades de partisanos. Tampoco deberíamos olvidar que pocos decenios después fue el Ejército Rojo –creado originalmente en la guerra civil por Trotsky, Mijaíl Tujachevsky y Mijaíl Frunze (los dos primeros asesinados más tarde por Stalin)– el que quebró el poderío militar del Tercer Reich en las batallas épicas de Kursk y Stalingrado. Por entonces, Lenin ya había muerto casi dos décadas atrás.

Debilitado por un ictus durante los dos últimos años antes de su muerte en 1924, Lenin tuvo tiempo para reflexionar sobre los logros de la Revolución de Octubre. No estaba satisfecho. Se dio cuenta de que el Estado zarista y sus prácticas, lejos de haber desaparecido, habían contaminado el bolchevismo. El chovinismo gran-ruso campaba a sus anchas y había que erradicarlo, observó. El nivel cultural del partido era lamentable tras las pérdidas humanas de la guerra civil. “Nuestro aparato de Estado es tan deplorable, por no decir espantoso”, escribió en Pravda. “Lo más perjudicial sería que confiáramos en el supuesto de que por lo menos sabemos algo. “No”, concluyó, “somos ridículamente deficientes”. Creía que la Revolución debía admitir sus errores y renovarse; de lo contrario, fracasaría. Sin embargo, nadie se tomó en serio esta lección después de su muerte. Sus escritos cayeron en gran medida en el olvido o fueron tergiversados deliberadamente. No surgió ningún líder soviético posterior que tuviera la visión de Lenin.

“Su mente era un instrumento notable”, escribió Winston Churchill, que no era admirador del bolchevismo. “Cuando brillaba su luz, iluminaba el mundo entero, su historia, sus penas, sus farsas y, sobre todo, sus injusticias.” Entre sus sucesores, ninguno de los reformadores destacados –Nikita Jrushchov en las décadas de 1950 y 1960 y Mijaíl Gorbachov en la de 1980– fue capaz de transformar el país. La implosión de la Unión Soviética se debió casi tanto a su cultura política degradada –y, en ocasiones, a la ridícula deficiencia de la elite burocrática– como al estancamiento económico y la dependencia de recursos a partir de la década de 1970. Obsesionados con imitar los avances tecnológicos de EE UU, sus líderes acabaron con sus propias bases de desarrollo. En el último y triste capítulo de la revolución, no pocos burócratas se convirtieron en millonarios y oligarcas, algo que Trotsky ya había predicho desde el exilio en 1936.

La política es una expresión concentrada de la economía”, dijo Lenin una vez. Cuando el capitalismo tropieza, sus políticos y los oligarcas que hay detrás encuentran a votantes que desertan de sus partidos a raudales. El desplazamiento a la derecha en el mapa político occidental es una revuelta contra las coaliciones neoliberales que han gobernado desde el colapso de la Unión Soviética. Sin embargo, ahora los políticos no pueden echar la culpa al socialismo como hacían antes, pues no existe. En la Rusia nacional-conservadora de Vladímir V. Putin, su presidente, este año no hay celebraciones en conmemoración de la Revolución de Febrero ni de la de Octubre. “No están en nuestro calendario”, le dijo el año pasado a un periodista indio a quien conozco.

“Después de su muerte”, escribió Lenin sobre los revolucionarios, “se intenta convertirlos en iconos inofensivos, para canonizarlos, por así decirlo, y para santificar sus nombres hasta cierto punto con el fin de ‘consolar’ a las clases oprimidas y engañar a estas últimas.” Después de su muerte, y en contra de las protestas de su viuda y sus hermanas, el cadáver de Lenin fue momificado, expuesto en público y tratado como un santo bizantino. Lenin había predicho su propio destino.

03/04/2017

Tariq Ali es escritor y miembro del comité editorial de New Left Review. Su último libro se titula “The Dilemmas of Lenin: Terrorism, War, Empire, Love, Revolution.”
Traducción: VIENTO SUR


lunes, 17 de abril de 2017

CONTRA EL GOLPE Y EL INTERVENCIONISMO DE LA OEA




13/04/2017

Ya es un clamor mundial de los pueblos exigir respeto para Venezuela. Una y otra vez, el imperio y sus cómplices han intentado descarrilar el proyecto político y económico que la voluntad democrática del pueblo venezolano ha defendido en jornadas electorales ejemplares, reconocidas por los diversos Organismos Internacionales y bajo la inspiración de Hugo Chávez.

Las instituciones democráticas del mundo exigen que se respeten los Diálogos de Paz que se desarrollan en Venezuela alentados por la UNASUR y el Papa Francisco, con la participación del delegado del Vaticano y los ex presidentes José Luis Rodriguez Zapatero de España, Martin Torrijos de Panamá y Leonel Fernandez de República Dominicana, como instancia ejemplar para dirimir diferencias y garantizar la expresión de todas las voces.

No obstante los esfuerzos del Gobierno venezolano, y sin importar los diversos avales económicos, técnicos y políticos que Venezuela ha conquistado en Organismos Internacionales gracias a sus avances en materia de educación, irrefutables logros en vivienda, salud y trabajo, los sectores de la derecha local y regional insisten en entrometerse usando burdas operaciones mediáticas, utilizando organizaciones financiadas desde EEUU para operar, calumniar, engañar y deformar la realidad respecto a Venezuela. Se ha llegado a una situación insostenible e inaceptable. Basta ya.

Hoy la República Bolivariana de Venezuela vive bajo un acoso mundial descomunal, injusto e ilegítimo. Se trata de un ataque irracional e irresponsable que el imperio ha desatado castigando al pueblo de Bolívar, y contra el presidente Nicolás Maduro, a través de una guerra económica inclemente, un plan de encarecimiento artificial de los insumos básicos, un desabastecimiento programado, una inflación manipulada desde Miami; una guerra mediática con acusaciones irresponsables y peligrosas como el decreto de Obama acusando a Venezuela de “amenaza inusual y extraordinaria”. 

El mundo sabe que se intenta derrocar al gobierno de Venezuela para adueñarse de sus riquezas naturales, esclavizar la mano de obra y castigar su atrevimiento por querer ser un país fraterno, soberano y revolucionario.

El gobierno de la República Argentina ha encabezado en la región una infamante y vergonzosa campaña contra la hermana República Bolivariana de Venezuela. Mauricio Macri ha hostilizado al legítimo gobierno venezolano difamando, descalificando e impulsando acciones de desestabilización en una perversa articulación de la derecha regional, en consonancia con las acciones destituyentes orquestadas por los Estados Unidos. Lejos de sumar esfuerzos en favor del diálogo y la concordia, Macri ha sido un activo promotor de la exclusión de Venezuela del Mercosur y de la injustificada aplicación de la Carta Democrática de la OEA. 

El desprecio de Macri hacia el gobierno venezolano no puede sino configurar el correspondiente desdén y desaire hacia el pueblo que eligió, convalidó y ratificó a ese gobierno. Por estas horas el pueblo venezolano actualiza su compromiso con la revolución bolivariana y vuelve a expresar multitudinariamente en las calles su apoyo al gobierno de Nicolás Maduro. 

El infame proceso de exclusión de Venezuela del Mercosur, protagonizado por Macri y el golpista Temer, ha implicado una flagrante violación de la institucionalidad de nuestro bloque regional. Repudiamos las aviesas maniobras impulsadas por los gobiernos derechistas de la región contra Venezuela provocadas con el evidente fin de posibilitar que el Mercosur se constituya en una plataforma del Libre Comercio y de las operaciones y fuga de divisas de las empresas transnacionales. 

Asimismo, repudiamos las agresiones físicas y verbales a las que fueron sometidos la Canciller venezolana Delcy Rodríguez y el Canciller boliviano David Choquehuanca en ocasión de la reunión de Cancilleres de Mercosur, realizada en Buenos Aires en el mes de diciembre de 2016, en abierta violación de las más básicas normas del derecho diplomático. 

La agresividad hacia Venezuela se ha reiterado en las expresiones parciales y violentas de parte de la Canciller de la República Argentina Susana Malcorra y del resto de los Cancilleres presentes en la reunión de Cancilleres de Mercosur celebrada en la ciudad de Buenos Aires el día 1 de abril de 2017, las que tensionan aún más la situación con la hermana República Bolivariana de Venezuela y desestabilizan nuestra Región, que se caracteriza por ser una región de Paz, sin diferendos ni hipótesis de conflicto entre sus miembros.

Esas mismas actitudes han sido proyectadas por los gobiernos derechistas de la región a otros organismos internacionales, como es el caso de la OEA. En ese sentido, expresamos nuestro más enérgico repudio al agravio institucional cometido por un grupo de representaciones de Estados miembros de la Organización de Estados Americanos en contra del Estado Plurinacional de Bolivia, al que le fueran usurpadas las funciones de la  Presidencia  del Consejo Permanente  y de la Comisión General  de la Organización con el único fin de aprobar una resolución en contra de la República Bolivariana de Venezuela, violando expresamente los principios y las normas que rigen la funciones de ese organismo internacional. Una vez más, queda en evidencia que quienes reclaman por democracia y derechos humanos en Venezuela son los mismos que violentan el orden institucional en el Mercosur y en la OEA, prohijan a las expresiones más violentas de la oposición venezolana y promueven la injerencia en los asuntos internos de un Estado soberano que sólo incumben a los venezolanos y venezolanas. 

Alertamos al mundo sobre la extrema gravedad que reviste el avance de los Estados Unidos desde una posición abiertamente injerencista hacia la amenaza de una intervención directa de naturaleza militar. En tal sentido, resultan preocupantes y absolutamente repudiables las declaraciones del jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, Kurt W. Tidd, durante su comparecencia ante el Congreso norteamericano, quien ha afirmado que "la creciente crisis humanitaria en Venezuela podría eventualmente obligar a una respuesta regional". Advertimos que la apelación a la doctrina de la seguridad colectiva regional implica no sólo una amenaza para Venezuela sino para todos los países de la región. Rechazamos categóricamente tales amenazas e instamos a los pueblos, gobiernos y parlamentos de la región a repudiar toda intervención política, económica y militar de parte de los Estados Unidos y sus aliados en nuestra región. 

  Quienes firmamos este documento exigimos respeto irrestricto por la soberanía de Venezuela, por sus autoridades democráticamente electas y por su Constitución. Exigimos respeto por la libre determinación y la voluntad democrática de su pueblo. Exigimos que cese toda agresión y toda intromisión. Exigimos que se respeten los Diálogos de Paz y se salvaguarde su desarrollo.
            Instamos a que se revise el rol que ha cumplido en la OEA su secretario general Luis Almagro y se le juzgue por el conjunto de las agresiones, sobradamente denunciadas y probadas, que viene cometiendo contra Venezuela y contra la misma OEA.

Llamamos a la unidad solidaria de la Región y pedimos que los pueblos se mantengan alerta manifestándose por todos los medios posibles para que Venezuela escuche y sienta que, en esta circunstancia, como ante cualquier otra agresión, los pueblos del mundo clamamos: No a la Intervención ¡Venezuela se Respeta!

 FIRMAS:
Adolfo Perez Esquivel, Premio Nobel de la Paz
Alicia Castro, Diputada Nacional (MC) Embajadora en la RB Venezuela y ante el Reino Unido
Oscar Parrilli- Director Instituto Patria
Guillermo Carmona, Diputado-Vice Presidente comisión Relaciones Exteriores
Oscar Laborde, Diputado PARLASUR ​
Fernando Buen Abad, filosofo
Atilio Boron, sociólogo, RED en Defensa de la Humanidad 
Jorge Kreyness
Juliana Marino, Ex Embajadora en Cuba
Carlos Raimundi
Telma Luzzani
Jorge Drkos, Senador mc
Siguen las firmas.... 

http://www.alainet.org/es/articulo/184796

CARACAS. GOLPE FASCISTA EN MARCHA, COMO EN CHILE





14/04/2017
Cada día luce más clara la ofensiva reaccionaria contra el pueblo de Venezuela, impulsada por el gobierno de los Estados Unidos, y ejecutada por los núcleos contra revolucionarios internos.

Y cada día crece en el mundo la campaña de los medios de comunicación orientada a desacreditar a la administración de Caracas, aislar a su gobierno y a su pueblo para descalificar su obra.

En países como el nuestro, esa campaña llega a extremos ridículos y aún demenciales. Ya debiéramos estar acostumbrados a eso.

La denominada “prensa grande” que embellece al rostro del Imperio cuando Donald Trump ataca Siria, o lanza “la madre de las Bombas” sobre los túneles rocosos de Afganistán; se rasga las vestiduras cuando la Policía Nacional Bolivariana dispersa a una troupe de provocadores que buscan sembrar el caos en las calles de la capital venezolana.

Algún periodista amigo se preguntó recientemente cómo reaccionaría la policía norteamericana si en las inmediaciones de la Casa Blanca una cantidad de manifestantes incendiara edificios públicos, quemara vehículos del Estado, atacara a policías uniformados y lanzara piedras y bombas explosivas contra ciudadanos indefensos que transitaran despreocupadamente por la zona.

Y también podría preguntarse cómo actuaría el Poder establecido en Washington si los manifestantes insultaran al Jefe del Estado, quemaran la bandera del país o bloquearan las pistas de acceso a las instalaciones del gobierno ¿Acaso se limitaría a observar los hechos con calma y resignación?

Veamos las cosas como son: En Venezuela se mantuvo durante décadas un régimen de dominación oprobioso. En algunos años, éste estuvo representado por dictaduras genocidas, como la de Marcos Pérez Jiménez; y en otros por políticos traidores y extremadamente corruptos como Caros Andrés Pérez.

Ni en una ni en otra circunstancia, el mundo conoció una campaña de desestabilización política más agresiva y dura que ésta. Y en ningún u otra coyuntura, el gobierno de los Estados Unidos amenazó con agredir al pueblo como lo hace ahora, violando groseramente la soberanía del Estado Venezolano.

Pero en Caracas ya se han conocido episodios de violencia que han superado todos los límites imaginables: en abril del 2002, una gavilla de traidores derrocó al Presidente Constitucional de la República Comandante Hugo Chávez Frías y hasta pretendió asesinarlo.

No fue “El Universal” de Caracas el que protestó y denunció tales hechos. Ni fue la Casa Blanca la que exigió restituir el orden constitucional violado groseramente esa circunstancia.

Fue el pueblo de Caracas el que salió a las calles para restablecer enérgicamente el imperio de la ley, y restaurar en el país los mandos del proceso liberador que había iniciado.

La segunda gran asonada, ocurrió en abril del 2014 cuando la oligarquía caraqueña, derrotada en las elecciones nacionales de ese año, pretendió deponer -sin lograrlo- al gobierno del Presidente Nicolás Maduro Moros.

Incluso exigió que gobiernos extranjeros desconozcan la voluntad popular expresada en las urnas, valiéndose para ese efecto, de aviesas acciones terroristas que generaron un centenar de muertos e inmensos daños materiales.

Esta, es la tercera ocasión en la que se plantea el mismo tema. Y ocurre en una circunstancia en la que ésta Derecha reaccionaria interna busca interrumpir el Mandato Constitucional y acortar la gestión de las autoridades electas, imponiendo por la fuerza -y capricho- un supuesto “adelanto de elecciones”, cuyo resultado habrán de desconocer si les fuera desfavorable.

En verdad, lo que hay en Venezuela hoy no es una confrontación entre el Gobierno y la Oposición.  Lo que hay es una acción sediciosa organizada y promovida por fuerzas que no se resignan a perder sus privilegios y que están dispuestas a incendiar el país -si fuera necesario-, con tal de no ceder posiciones. Anhela retornar a los tiempos de antaño en los que vivían holgada y parasitariamente de la renta petrolera, y a la sombra del amo yanqui.

Sólo que esta vez, para lograr sus propósitos, no será necesario sólo derrocar a un gobierno. Tendrán que pasar por encima del pueblo venezolano si lo que quieren es recuperar los mecanismos de dominación que detentaron antes.  Y eso implicará aplastar a millones de gentes dispuestas a dar la vida por la liberación y el progreso.

Cuando un país ha avanzado por una ruta liberadora, la restauración del “antiguo régimen” no ocurre siquiera en los términos de antaño. Cuando la camarilla militar de Castillo Armas depuso al gobierno de Jacobo Árbenz, debió impulsar una ofensiva que duró más de   cincuenta años, y que costó la vida a casi 200 mil guatemaltecos. Y cuando logro derribar en Chile al gobierno de la Unidad Popular, no lo hizo para restaurar “la democracia formal”, teóricamente amenazada por Salvador Allende y sus compañeros, sino para imponer un régimen fascista que duro 17 años y que asesino y masacró a decenas de miles de chilenos, a más de robar millones de dólares al Estado.

En nuestro propio país, restaurar el Poder Oligárquico cuestionado por el gobierno progresista de Velasco Alvarado, generó lo que todos conocemos como “los años de la violencia”. Dos décadas de terror en las que perdieran la vida más a 70 mil peruanos.

Porque lo saben, las fuerzas progresistas del planeta –como Jan Luc Melenchón, en Francia- no solo rinden homenaje a Fidel Castro, sino que también defienden a Maduro y a su gobierno sin mostrar cobardía, y sin hacer concesiones a la reacción.

En cambio en el Perú hay quienes -en nombre de una falsa “modernidad” de la izquierda- temen dar la cara para defender al proceso bolivariano de Venezuela porque creen que eso les habrá de “restar votos” en las próximas elecciones; y más bien se suman a los bramidos de la reacción “condenado” la “dictadura” venezolana.

Con el claro propósito de embellecer su imagen ante los predios de los explotadores, deslindan en nombre de una “democracia” que no les pertenece porque es, finalmente, la dictadura de clase de la burguesía ejercida contra el pueblo trabajador.

Lo que hoy hay en Venezuela es un Golpe Fascista en Marcha. El se propone no restaurar la supuesta “democracia” hoy en peligro; sino simplemente destruir las conquistas sociales alcanzadas por el pueblo venezolano y arrasar con los trabajadores y sus derechos.

Por lo pronto ya dicen que ellos fueron “regalados” por un gobierno “populista” que buscaba “congraciarse” con la población. Hay que eliminarlos, entonces. El precio, será la sangre a borbotones.

En el Perú acaba de anunciarse con gran boato que el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski entregará 12 mil viviendas a los afectados por los recientes “desastres naturales”. En Venezuela, el gobierno entregó un millón cuatrocientos mil viviendas a la población, a más de muchos otros beneficios materiales y legales ¿Cómo se hará para arrebatar eso a millones?

El pueblo venezolano no caerá, por cierto; pero incluso si esto ocurriera, no será ése el fin de la historia venezolana. Esa una cosa que deben tenerla muy en cuenta los que hoy -por oportunismo o por miedo- se suman a la prédica facciosa en nombre de la “democracia”.

Parodiando a Vallejo cuando hablaba de la heroica España de los años 30, podríamos decir Si Caracas cae -es un decir- “salid niños del mundo; Id a buscarla!”

Colectivo de Dirección de Nuestra Bandera / http://nuestrabandera.lamula.pe

 
http://www.alainet.org/es/articulo/184820