martes, 26 de marzo de 2019

LA NUEVA GRAN ESTRATEGIA DE ‎ESTADOS UNIDOS




Los pensadores de la Gran Estrategia estadounidense: Donald Rumsfeld, secretario de Defensa ‎de la administración Bush Jr., y su consejero, el almirante Arthur Cebrowski; el presidente ‎Donald Trump y su secretario comercial Peter Navarro; y el secretario de Estado Mike Pompeo, ‎con su consejero Francis Fannon.‎

por Thierry Meyssan 

Muchos piensan que Estados Unidos se mueve mucho pero sin lograr gran cosa. ‎Por ejemplo, que las guerras estadounidenses en el Gran Medio Oriente han sido una ‎cadena de fracasos. Pero Thierry Meyssan estima que Estados Unidos tiene una ‎estrategia militar, comercial y diplomática coherente. En función de sus propios ‎objetivos, esa estrategia militar avanza pacientemente y registra éxitos.‎
Red Voltaire | Damasco (Siria) | 26 de marzo de 2019


En Estados Unidos se suele creer que el país carece de una Gran Estrategia desde que se cerró la ‎guerra fría. ‎

Una Gran Estrategia es una visión del mundo que se trata de imponer y que todas las ‎administraciones deben respetar. En caso de derrota en un teatro de operaciones, esa estrategia ‎sigue aplicándose en otros hasta que acabe por triunfar. Al final de la Segunda Guerra Mundial, ‎Washington optó por seguir las directivas que el embajador George Keenan había trazado en su ‎célebre despacho diplomático. Se trataba de describir un supuesto expansionismo soviético para ‎justificar una política de «contención» (containment) frente a la Unión Soviética. El hecho es ‎que, después de haber perdido las guerras en Corea y Vietnam, Estados Unidos acabó ganando. ‎

No es frecuente que se logre concebir una Gran Estrategia, aunque estas han existido, como sucedió ‎en Francia, con Charles De Gaulle. ‎

A lo largo de los 18 últimos años, Washington ha logrado poco a poco fijarse nuevos objetivos y ‎nuevas tácticas para alcanzar esos objetivos. ‎

1991-2001 un periodo de desconcierto

En el momento de la desaparición de la Unión Soviética, el 25 de diciembre de 1991, ‎Estados Unidos, entonces bajo la administración de Bush padre, consideró que ya no tenía rival. ‎El presidente, victorioso por defecto, desmovilizó 1 millón de soldados e imaginó un mundo de ‎paz y prosperidad. Liberalizó las transferencias de capitales para que los capitalistas pudieran ‎enriquecerse y –como él creía– así enriquecer también a sus conciudadanos. ‎

Pero el capitalismo no es un proyecto político sino una forma de ganar dinero. Las grandes ‎empresas estadounidenses –no el Estado federal– se aliaron al Partido Comunista Chino (de ahí ‎el famoso «viaje al sur» de Deng Xiaoping). Esas grandes empresas estadounidenses ‎trasladaron a China las filiales de menor valor agregado que poseían en Occidente, y lo hicieron ‎simplemente porque los trabajadores chinos, con niveles de educación menos elevados, aceptaban ‎salarios 20 veces más bajos que en Occidente. Así se inició el largo proceso de ‎desindustrialización de Occidente. ‎

Para poder manejar con menos trabas sus negocios transnacionales, el Gran Capital trasladó sus ‎haberes a países donde encontraba menos obligaciones fiscales y descubrió así la posibilidad de ‎escapar a sus responsabilidades sociales. Esos países, cuya flexibilidad en materia de impuestos y ‎discreción son indispensables al comercio internacional, se vieron bruscamente implicados en ‎innumerables y gigantescas tramas de «optimización fiscal», una bonita formulación técnica para ‎lo que antiguamente se llamaba «defraudar el fisco», procedimiento con el cual lucraron ‎en silencio. Se abría así el reinado de la Finanza sobre la Economía. ‎

La estrategia militar

En 2001, Donald Rumsfeld, secretario de Defensa y miembro permanente del «Gobierno de ‎Continuidad» [1], creó ‎una Oficina de Transformación de la Fuerza (Office of Force Transformation) que puso en manos ‎del almirante Arthur Cebrowski, quien ya había trabajado en la informatización de las fuerzas ‎armadas y se dedicó entonces a modificar la misión de dichas fuerzas. ‎

Sin la Unión Soviética, el mundo se había hecho unipolar, o sea ya no estaba gobernado por el ‎Consejo de Seguridad sino única y exclusivamente por Estados Unidos. Para mantener ‎su predominio, Estados Unidos se planteó dividir la humanidad en dos partes. De un lado ‎estarían los Estados considerados estables (los miembros del G8 –incluyendo Rusia– y los aliados). ‎Del otro lado quedaría el resto del mundo, convertido en un simple “tanque” de recursos ‎naturales. Washington ya no consideraba el acceso a esos recursos como algo vital para ‎sí mismo, pero estimaba que los Estados estables sólo debían tener acceso a los recursos ‎a través de Estados Unidos. Para imponer esa situación era necesario destruir previamente las ‎estructuras de los Estados en los países considerados “tanques” de recursos, de manera que ‎no pudiesen oponerse a la voluntad de la primera potencia mundial, ni prescindir de esta [2].‎

Esa es la estrategia que Washington ha estado aplicando. Comenzó por el Gran Medio Oriente o ‎Medio Oriente ampliado –con las guerras en Afganistán, Irak, Líbano, Libia, Siria y Yemen. A pesar ‎de los anuncios de la secretaria de Estado de la administración Obama, Hillary Clinton, sobre el ‎‎«Giro hacia Asia» (Pivot to Asia), el desarrollo militar de China impidió aplicarla en el Extremo ‎Oriente y ahora Washington apunta a la Cuenca del Caribe, arremetiendo inicialmente contra ‎Venezuela y Nicaragua. ‎

La estrategia diplomática

En 2012, el entonces presidente Barack Obama retomó el leitmotiv del Partido Republicano y ‎convirtió en prioridad nacional la explotación de los hidrocarburos (petróleo y gas) de esquistos ‎mediante el método de fracturación hidráulica. En unos años, Estados Unidos multiplicó sus ‎inversiones en ese sector y se convirtió en el primer productor mundial de hidrocarburos echando ‎así abajo los paradigmas de las relaciones internacionales. ‎

En 2018, Mike Pompeo, ex director de Sentry International, fabricante de maquinaria para la ‎industria del petróleo, se convirtió en director de la CIA y, posteriormente, en secretario de ‎Estado. Pompeo creó un Buró de Recursos Energéticos (Bureau of Energy Resources) que puso ‎bajo la dirección de Francis Fannon. Esta estructura era el equivalente diplomático de lo que fue la ‎Oficina de Transformación de la Fuerza en el Pentágono e instauró una política enteramente ‎enfocada a tomar el control del mercado mundial de los hidrocarburos [3]. Para ello imaginó un nuevo tipo de alianzas como la llamada Región Indo-pacífica ‎Libre y Abierta (Free and Open Indo-Pacific). Ya no se trata de crear bloques militares, como los ‎QADS, sino de organizar alianzas alrededor de objetivos de crecimiento económico basados en la ‎garantía del acceso a fuentes de energía. ‎

Ese concepto encaja en la estrategia Rumsfeld/Cebrowski. Ya no se trata de apropiarse los ‎hidrocarburos del resto del mundo, hidrocarburos que Washington ya no necesita, sino de ‎determinar quién tendrá acceso a ellos para poder desarrollarse y quién no. Esto es una ruptura ‎total con la doctrina del agotamiento del petróleo que la familia Rockefeller y el Club de Roma ‎promovieron desde los años 1960, doctrina retomada después por el Grupo de Desarrollo de la ‎Política Energética Nacional (National Energy Policy Development Group) del vicepresidente ‎estadounidense Dick Cheney. Estados Unidos estima ahora que no sólo no se ha producido la ‎temida desaparición del petróleo sino que además, a pesar del drástico aumento de la demanda, ‎la humanidad cuenta con hidrocarburos suficientes para al menos un siglo. ‎

En este momento, bajo pretextos tan numerosos como variados, Pompeo acaba de bloquear el ‎acceso de Irán al mercado mundial de hidrocarburos, está haciendo lo mismo con Venezuela y, ‎para completar el cierre, Estados Unidos va a mantener tropas en el este de Siria para impedir ‎que ese país pueda explotar los yacimientos existentes en esa parte de su territorio. ‎Simultáneamente, Pompeo ejerce la mayor presión sobre la Unión Europea para que esta renuncie ‎al gasoducto ruso Nord Stream 2 y también sobre Turquía, para que renuncie al Turkish Stream.‎

La estrategia comercial

En 2017, el presidente Donald Trump trata de que regrese a Estados Unidos al menos una parte ‎de los empleos que las empresas estadounidenses habían transferido a Asia y a la Unión Europea. ‎Basándose en los consejos del economista de izquierda Peter Navarro [4], Trump puso fin a la Asociación Transpacífica y renegoció el Tratado ‎de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN, llamado en inglés NAFTA y en francés ALENA). ‎Al mismo tiempo instauró derechos de aduana prohibitivos para la importación de automóviles ‎alemanes y la mayoría de los productos chinos y completó todo lo anterior con una reforma fiscal ‎que estimula la repatriación de los capitales estadounidenses. Esa política ya ha permitido ‎mejorar la balanza comercial y reactivar el empleo. ‎

En otras palabras, ya está montado el dispositivo completo en los sectores económico, ‎diplomático y militar, vinculados todos entre sí y cada uno con sus instrucciones precisas. ‎

La principal ventaja de esta nueva Gran Estrategia es que las élites del resto del mundo siguen ‎sin haberla entendido. Washington todavía tiene a su favor el factor sorpresa, acentuado ‎además por el sistema de relaciones públicas deliberadamente caótico de Donald Trump. Pero ‎si observamos los hechos –en vez de dejarnos distraer por los tweets presidenciales–, podemos ‎comprobar que Estados Unidos ha logrado avances después del periodo incierto de los ‎presidentes Clinton y Obama. ‎

 
[1] El «Gobierno de Continuidad» es una instancia estadounidense creada por ‎el presidente Eisenhower en tiempos de la guerra fría pero que aún sigue funcionando. ‎Su misión es garantizar la continuidad del Estado estadounidense en caso de ausencia o ‎desaparición del ejecutivo –como la muerte del presidente, del vicepresidente y de los presidentes ‎de las dos cámaras del Congreso durante un conflicto nuclear. Aunque la composición exacta del ‎Gobierno de Continuidad es secreta, esa instancia dispone de medios muy importantes.

[2] Esa ‎estrategia fue dada a conocer por el asistente de Cebrowski, Thomas Barnett, en su libro ‎‎The Pentagon’s New Map, publicado por Putnam Publishing Group en 2004.

[3] “Mike Pompeo Address ‎at CERAWeek”, por Mike Pompeo, Voltaire Network, 12 de marzo ‎de 2019.

[4] Ver Death by China, ‎Peter Navarro, Pearson, 2011 y Crouching Tiger: What China’s Militarism Means for the World, ‎Prometheus Books, 2015.


sábado, 23 de marzo de 2019

MIEDOS Y PREPOTENCIA ANTE LA VERDAD DE PROCESAR A CULPABLES DE ALTO VUELO



Fernando Anibal Arce Meza
vie., 22 mar. 14:15






Estimados amigos:

Es evidente que la desesperación de los grupos del conservadorismo y de la derecha son las que más están identificadas, para oponerse a lo que representa el acuerdo con la empresa corruptora Odebrecht, pues a través de dicho acuerdo se asume seriamente que será una colaboradora eficaz, para dar a conocer quienes han sido –personas, empresas y entidades civiles-  a las que sobornó durante décadas, hecho que le permitió a esa empresa conseguir privilegios, ganado siempre licitaciones y siendo proveedora única en ejecutar, principalmente obras públicas en el Perú.
Fueron los ex presidentes y candidatas que querían serlo, incluidos jefes regionales y alcaldes de este comienzo del siglo XXI los comprometidos en este abordaje por ganar comisiones a como de lugar. Este desatino convertido en corrupción de funcionarios se produce por la relación directa a las prosperidades falaces que el Perú se alimenta en determinados períodos, donde el Tesoro Público se vería rebosante de ingresos fiscales y de inversiones, para explotar y exportar nuestros recursos naturales, gracias a los altos precios que en el mercado mundial se registraron las exportaciones, en este caso las mineras. Hubo dinero para todo malo y poco para lo bueno,
Las empresas constructoras llamadas nacionales se hicieron secuaces y se comprometieron en participar no solo a construir conjuntamente con las entidades brasileras; sino que también se beneficiaron ilícitamente de ganancias nunca vistas, y en consecuencia fueron activos miembros del festín de los sobornos y la corrupción generalizada por la que el Perú ha pasado entre el 2001 y el 2016, aproximadamente.
Sacar a la luz estos robos, señalando culpables a muchos de los caudillos políticos que estuvieron en el poder o trataron de llegar a él, resulta que son imperdonables que en el sistema de justicia -jueces y fiscales-, hayan ido descubriendo a los arrebatadores de alta monta, que por cierto no son acreedores a cualidades de gobernantes, si no que por sus habilidades y ambiciones llenaron billeteras y cuentas bancarias sin mayor esfuerzo.
El congreso de la república es la caja de resonancia que tiene los políticos corruptos, y sus voceros de estos políticos no pueden dejar que se admitan los acuerdos para conocer a los delincuentes que han operado contra los fondos del erario y el patrimonio nacional; en consecuencia desde ayer han comenzado los apristas y los fujimoristas, incluidos algunos representantes compañeros del viaje de la corrupción a desacreditar a los poderes públicos (poder judicial y ministerio público); asimismo, arremeten contra los procuradores del poder ejecutivo, en especial del Ministerio de Justicia.
Los pretextos se envuelven en los documentos y formulas que han sido motivo de investigaciones realizadas por los procuradores, dirigidos a proporcionar las condiciones necesarias a lo que vienen juzgando los fiscales. Esto en la medida de que permite participar como parte del acuerdo con Odebrecht y que goce de los soportes técnicos correspondientes, y que, fujimoristas y apristas no han podido con la racionalidad administrativa y penal refutar, dado que son incapaces de tan difícil tarea de contrastar principios y doctrinas en especial de las reparaciones civiles.
El debate alturado no ha sido posible, se han dedicado a poner ante la opinión pública que los procuradores y fiscales son embusteros y bribones, y lo más grave, es que están al servicio del poder del dinero y la componenda de la empresa Odebrecht. Como no han podido refutar el contenido, se han ido por la ventaja de la cuchillada trapera por la espalda, intentados desprestigiar a funcionarios que han cumplido su trabajo, y que éstos sobre las reparaciones civiles se han ajustado a la última ley que permite compaginar la ciencia legal y las formulas de los cálculos de la economía financiera.
De la ignorancia que están sumidos determinados congresistas, donde imperan  los intereses subalternos de defender a sus caudillos, terriblemente comprometidos, y que por varios años residirán en Piedras Gordas, en Lurigancho y Sarita Colonia. Estos políticos que sin ninguna ética, ni moral de trabajo, y que además con se ha dicho son ignaros, ni saben que por primera vez en el Perú se utiliza la racionalidad de la lógica matemática, para elaborar acuerdos que servirán a los jueces en sentenciar al ejército de la corrupción.
El suscrito en su último libro “El Estado en el Perú debe ser para todos”, alcanzamos ha explicar las medidas de investigar para sancionar a las empresas brasileras, a través de interventores a nivel de cada empresa y de obras relievantes concluidas o por terminar su construcción.
Ello permitía que Odebrecht se quedará y no podía llevarse su activo circulante, ni podía disponer de los otros activos para transferirlos al exterior o la venta sin que el Estado peruano participara; asimismo, no se interrumpía la cadena de pagos y como se dice no “metía cabeza a cualquiera”.
Quedando estos interventores comprometidos legalmente, para constituir comisiones investigadoras al interior de las empresas y de las obras más destacadas, a fin de saber verdaderamente si éstas habían sobrevalorado. Se sugería convocar a licitación internacional, para efectos que entidades supranacionales y/o privadas igualmente extranjeras, participarán en señalar si  el precio y costos aprobados eran los correctos.
Además se establecían si las conciliaciones eran adecuadas e idóneas para adicionales de obras en financiamiento y/o ampliaciones materiales, esto por la circunstancia de que la autocracia fujimorista (1992 a 2000) y los gobiernos “democráticos” (2001/2018) después del transitorio de Paniagua, sacaron a la Contraloría General de este último tema, sabiendo que dicha institución desde 1972 hasta su razia de 1992 fue responsable de decirnos o no de las ampliaciones de las obras públicas, después de haberse aprobado.    
Lo propuesto y escrito en la obra de este autor y de otros sobre los interventores judiciales no fue en ningún momento tomado en cuenta; sin embargo, es fácil colegir que el recién instalado gobierno de PPK, respondiendo a su carácter de estar compuesto de lobbystas, no se encaminó por la figura de los interventores judiciales que, dicho sea de paso tenía cualidades de resolver integralmente el punto tan controvertido de los robos y asaltos que el Perú sufrió por la acción de las empresas brasileras. Se prefirió el DS 003 que fue limitado ante el tamaño del gigantesco hurto al país y que se llevaron empresas y ex gobernantes de toda laya; después de muchos meses fue derogado y se aprobó la ley que ha permitido llegar a los acuerdos de colaboración eficaz, tardía reacción para tamaña tarea por realizarse.
Atentamente,
Fernando Arce Meza.                             Surco, 22 de Marzo del 2019