jueves, 26 de mayo de 2022

FALSOS INTERNACIONALISTAS, FALSOS PROLETARIOS Y FALSA REVOLUCIÓN [1]

 


Por Paola/PI

 

Paola de Proletarios Internacionalistas

 

La revista “Revolución”, a pesar de utilizar, maquiavélicamente un lenguaje “proletario” e “internacionalista”, es un mamotreto contrarrevolucionario cuyo único objetivo global es, como todo el espectro político burgués, negar el PLAN mundial criminal que dirige el mundo y negar, consecuentemente, la importancia histórica de la resistencia al Nuevo Orden Mundial milico y genocidario.

Utilizando toda la sabiduría de la izquierda burguesa y de la propaganda ideológica socialdemócrata, se despliega un brutal telón de mentiras y camuflaje para ocultar el carácter planificado, consciente y deliberado del ataque, del Gobierno mundial en las sombras, para imponer un Nuevo Orden Mundial. 

Oculta sistemáticamente que, el brutal ataque burgués, parte de la dictadura del valor contra el ser humano, de la emisión masiva de dinero falso, por los bancos centrales que, como dinero (no tiene que pasar por el “salto mortal de la mercancía”) es directamente VALOR (Valor Bruto de Producción y Producto Bruto interno mundial, VBP, PBI…VAB [2])

Oculta, con el materialismo mecanicista y vulgar de la economía política como concepción del capitalismo (y la teoría del valor trabajo de la economía burguesa y el leninismo) que, ese aumento del valor, es al mismo tiempo aumento de la explotación mundial. Más todavía, se esconde que la aristocracia financiera que se apropia de ese valor y se beneficia con él, ha concentrado una plusvalía acumulada en los últimos 10 años, de aplicación del PLAN del Nuevo Orden Mundial, mayor que la del último siglo de capitalismo industrial.

Oculta sistemáticamente que el aumento de la tasa mundial de explotación, por el dinero falso. es el que permite clarificar y afirmar el objetivo genocida del Plan. ¡No se necesita más trabajo, ni trabajadores! La aristocracia financiera aumenta la plusvalía y la ganancia con menos producción, menos trabajo y menos gente viviendo y consumiendo. Prácticamente es eso, lo que permite el Gran Reset preparado durante tiempo, y tan patrocinado por los ideólogos más maltusianos de la aristocracia mundial. Efectivamente el Plan del Nuevo Orden Mundial se va asumiendo, desde esa emisión monetaria generalizada en 2008/2009 como planificación de una era de “pandemias” y “cambios climáticos” para seguir aumentando la ganancia del capital al mismo ritmo que se seguirá liquidando la vida (¡y no solo de los humanos!) 

+ ¡Y, aunque la izquierda burguesa sigue ocultándolo (como lo hace la revista criticada), y todos los que niegan el PLAN, hagan lo posible para que eso no se denuncie, la mismísima plutocracia y bancocracia mundial, lo proclama abiertamente en todos los foros económicos y mundiales que controla! ¡Aunque todos los servicios secretos, partidos, medios, de prensa sindicatos, ejércitos y policías del mundo repriman toda denuncia de ese perfeccionamiento de la explotación y opresión mundiales, el Gobierno Mundial (Club Bilderberg, ONU, OMS, FMI, OTAN) sigue imponiendo la integralidad del Plan de destruir la economía de los seres humanos [3] para imponer esa NUEVA NORMALIDAD: menos gente, menos consumo, menos producción de valores de uso…más plusvalía financiera y tributaria!

Oculta también, ese mamotreto cómplice, que ese dinero FALSO somete al mercado mundial y sus reglas internas a la dictadura despótica del valor (capital dinero) y hasta puede, ahora si, darse el lujo de encerrar a la humanidad, prohibirle producir,…lo que afina el proyecto de despoblar al mundo o como proclama la ONU y la OMS en sus agendas para 2030/2050 “despoblar el planeta para salvarlo” del “cambio climático”.

Oculta sistemáticamente al sujeto mismo de ese ataque PLANIFICADO, que no es el “capitalismo en general” como dice la socialdemocracia, cuando hay que explicar las guerras, sino el vértice político mundial, la aristocracia financiera, capaz de planificar y organizar todo el plan. Por lo tanto, oculta que hay crimen, deliberado y consciente, asegurado por la obediencia burocrática. Más, ese mamotreto y el sitio que lo publica, se hace cómplice, del crimen contra la humanidad, que implica el PLAN de despoblación generalizada, iniciado con el encierro generalizado, el hambre que provocará el “reset”, las manipulaciones y catástrofes climáticas provocadas artificialmente, la inoculación generalizada de grafeno…

Oculta que el Plan de ataque fue organizado por la dirección político militar del Estado Mundial en las sombras, por los Estados mayores de los ejércitos, las policías y los servicios secretos del mismo (el mismísimo club Bilderberg no está constituido únicamente por la aristocracia jesuita y los bajeros judaicos, sino por los jefes de todo el aparato de Inteligencia militar del Planeta) y cuyo objetivo principal es la contrainsurrección, la domesticación, la muerte de millones de humanos, el control generalizado, el transhumanismo…

Oculta el triunfo de las fuerzas represivas, logrado con el encierro (confinamiento, cuarentena, toque de queda…) de la población mundial y la consecuente represión de quienes denunciábamos el PLAN y en particular oculta el gran triunfo    contrainsurreccional de los ejércitos y milicos que destruyeron así la enorme ola de resistencia proletaria del 2019.

Oculta la PLANDEMIA misma y la dictadura con pretexto sanitario, como una de las ideologías fundamento para reducir la vida humana en todo el planeta, combinada con otras ideologías del mismo tipo: calentamiento global, feminismo, maltusianismo, pandemismo … En vez de denunciar todo como FALSO, como puro relato ideológico, como domesticación, control cerebral y terrorismo ideológico interesado, se aceptan los mismos como si fueran “hechos”, como si realmente existiese una enfermedad y hasta se hace la principal concepción ideológica al PLAN (y el Nuevo Orden Mundial) de que existiese “una enfermedad” y/o “una pandemia”.

+ Ocultan sistemáticamente la represión global planificada, por el Gobierno mundial, contra la lucha anti Nuevo Orden Mundial y antiplandémica del proletariado en todo el mundo, que comienza a principios del siglo XXI.  Como el resto de los materiales del progresismo y la izquierda burguesa, la revista “Revolución” de estos falsos “proletarios internacionalistas” oculta también la enorme resistencia del proletariado al Plan, los miles de manifestaciones, enfrentamientos, ocupaciones, sabotajes, los manifiestos y volantes contra el PLANdemismo y por la libertad y en general toda la resistencia contra la supresión de las libertades naturales más elementales que se barrieron con el pretexto sanitario. Se ignora, se desprecia y oculta, el mayor esfuerzo teórico para entender la verdad oculta  y la globalidad de la manipulación: miles de estudios, pruebas de laboratorio, documentación hospitalaria, técnica, “científica” sistematización de testigos, juicios, estudios sobre documentación histórica oficial de los servicios secretos, de los ejércitos…. de todos los tiempos para probar la conspiración real efectuada por el poder para planificar el ataque contra la humanidad (presentado como su contrario: un orden más humano, un desarrollo más sustentable…). Se pasa por silencio y/o se la desvaloriza la extraordinaria RESISTENCIA MUNDIAL A LA DICTADURA y se la trata de bombardear en nombre de la “lucha contra el capitalismo”, como hace toda la izquierda burguesa, los sindicatos, el Partido Comunista y los cada vez más numerosos gobiernos y partidos ecologistas y burgueses. 

Ocultan que el Plan mismo levanta en todas partes la crítica del capitalismo explicando que el desarrollo del mismo no es sustentable, que “es el mismo capitalismo que provoca las pandemias”, que el desarrollo caótico e irracionalmente expansivo del capital que no busca más que la ganancia del capitalismo…, y que el Nuevo Orden planificado se afirma como una alternativa mucho más ecológica, feminista y de planificación social

Como “método”, como “argumento”, como ideología, para OCULTAR los diferentes niveles y estructuras del PLAN, se sigue estrictamente, en toda esa revista, el   protocolo oficial de dominación tal como ha sido afirmado por la élite desde hace siglos, el diseño contrainsurreccional del Estado en las sombras y sus servicios secretos de “fabricación del consenso”, control mental, afinado por la CIA, el Mossad, el MI5, el MI6… Incluso las mayores falsificaciones, instrumentadas por el poder como potencias represivas, se usan como si fueran “teorías” explicativas de la realidad como lo de “conspiracionistas”

Se utilizan esas verdaderas “fortalezas ideológicas que disparan fakes news con metralleta de pie” o “tinglados” armados para aterrorizar (como “negacionistas”, “conspiracionistas”, “antisemitas”, “le hacen el juego a la derecha”, “conspiranoicos”…), para destruir al humano sometido a miedos y supersticiones.

+ Contra quien averigua y denuncia la verdad, el protocolo de dominación y opresión destruye, pero no discute, descalifica, bombardea, censura, pero no intercambia, no se sienta en una mesa a hablar, sino que destruye los argumentos, las pruebas reveladas y quienes lo hacen con todo tipo de armas y poder sin límites del Estado en las sombras. La “enfermedad y la pandemia” no se discuten, se arrasa, reprime y destruye a quienes no creen en el imperio de mentiras oficiales. 

+ En cuanto al plan y a las innumerables conspiraciones del poder durante siglos y siglos, y esta última gran conspiración del “gran reset” el gran reinicio y las plandemias, la revista sigue estrictamente el protocolo REPRESIVO. No prueba que la conspiración del poder no exista, sino que utiliza el arma de acusar a quienes lo denuncian como si fueran ellos los conspiradores, sin tener ningún reparo en la falsificación. ¡Como los sionistas acusan a las juventudes árabes de “antisemitas” por enfrentar su terrorismo de Estado, sin siquiera remarcar (o mejor dicho tratando de mentir y ocultar) que esas juventudes son estrictamente semitas! Esa revista tampoco discute sobre el INVENTO, de las enfermedades y pandemias como PLAN, para el Nuevo Orden Mundial, sino que descalifica todo con el insulto “conspiracionista” buscando arrasar/destruir lo que no se puede argumentar. La revista se sitúa así abiertamente en la falsificación milica para enfrentar la resistencia proletaria. Nada sobre la verdadera conspiración, solo la utilización de esa palabreja bomba para destruir al proletariado en lucha.

“Conspiraonoicos”, “antisemitas”, “negacionistas”, “sirven a la extrema derecha” son las verdaderas “bombas letales” contra el movimiento de protesta proletario. Desde la contrarrevolución rusa y mundial de 1917 esa ha sido la principal arma contrainsurreccional decisiva: falsedad, amalgama, descalificación, insulto, granada ofensiva…El monopolio de la propaganda/falsificación, la industrialización del “terror” masivo como método de control mental, el sistemático choque psicológico terrorista, consolidan el papel de las fuerzas represivas para gobernar por el caos y crear el consenso. A quienes pelean contra el poder que, conspira, reprime, mata y tortura…, se los acusa de ser “conspiracionista”, y también de “terroristas”. Son los servicios secretos que entre secuestros y torturas desarrollan esa arma principal para acallar, descalificar, destruir, matar

Los servicios franceses y yanquis utilizarán esa bomba, protocolizada a través del MK Ultra un programa de experimentos sobre humanos, contra quienes denuncian las torturas y masacres en Vietnam, Laos, Camboya…

Se aplica internacionalmente por toda la centralización de servicios occidentales en los cinco continentes siguiendo el Plan de control mental aplicándose en continentes o subcontinentes enteros, como durante el Plan Cóndor… Si, el PLAN Condor, fue/es también parte del Plan del Nuevo Orden Mundial, que ya entonces implicaba no discutir, sino acallar, destruir, masacrar… Los secuestros, los productos químicos, las drogas del olvido, o de la locura y el asesinato…son complementos indispensables para negar, descalificar, destruir, “volver loco”… 

El mismo protocolo sirve mundialmente para enfrentar la ola internacional de luchas del 68/73, como en diferentes países y regiones durante las décadas siguientes y se va afinando desde principios del siglo XXI, en la misma medida en que la aristocracia mundial  va afinando la necesidad de un PLAN mucho más explícito para el Nuevo Orden Mundial: menos consumo, menos producción, menos vida humana, mayor emisión, mayor tributación, mayor control, mayor domesticación, mayor control mental, censura total, represión de quienes denuncian el Plan y sus FORTALEZAS ideológicas (calentamiento global, pandemias, exceso de consumo, exceso de población….). Parece que los de la “revista” tampoco se enteraron que ESO MISMO ES EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

Desde los piqueteros argentinos, a las revueltas en Medio Oriente, desde los “ocupa Wall Street” al movimiento internacional contra el precio del transporte y las tasas al combustible, desde el movimiento por el pase libre en Brasil a los  “chalecos amarillos” en decenas de países de 3 continentes y medio, se va afirmando la consciencia social de luchar contra la financiarización del mundo y el PLAN general para solidificar la dominación de clases, en base a todo el protocolo criminal “sanitario” y de “desarrollo sostenible” elaborado por los organismos internacionales del Estado mundial. 

Contra la revuelta, el PLAN mismo fue perfeccionando sus protocolos represivos: a todo el movimiento se los acusa de “servir a la derecha”. A quienes denuncian el Plan, a quienes resisten al Nuevo Orden Mundial…, el protocolo sube sus exigencias: hay que destruirlos, negarlos, censurarlos… Todos los grupos de proletarios se les aplica el mismo protocolo: la censura previa, el chantaje y amenaza se hacen omnipresentes…Los medios, los sindicatos, los políticos repercuten y amplifican lo que los servicios secretos imponen. Como agentes del PLAN, como mejor forma de hacer pasar el PLAN es negar su existencia y acusar de “conspiracionistas” a quienes revelan la verdad.

En Medio Oriente, los militares israelís y las fuerzas armadas occidentales que apoyan el terrorismo del Estado de Israel son los únicos que se permiten el lujo de acusar de “antisemita y terrorista”. Entre quienes protestan, por más divergencias que se tenga a nadie se le ocurriría lanzar una bomba parecida en la población de los territorios ocupados. ¡Con el calificativo de “conspiracionista” pasa exactamente lo mismo, quien acusa a otro de “conspiracionista” es seguro que ejecuta el protocolo obligatorio de los jefes del plandemismo mundial y si, no es tarado del todo, sabe que se posiciona como un represor, aunque sea un “científico”, un “profesor universitario”, un periodista… ¡Con mayor razón los científicos, profesores, periodistas y sindicalistas se definen como milicos, tratando a quienes los denuncian de “conspiracionistas”!

 En realidad, cualquiera sea su profesión u ocupación, quienes acusan de “conspiracionistas” a quienes denuncian el Poder, son directamente milicos, constituyen objetivamente parte de la FUERZA MILICA del Plan.

+ Las fuerzas burguesas coaligadas nunca dejaron de utilizar ese protocolo milico, que, como en el caso de esta revista (“Revolución”), sitúa perfectamente a sus autores del lado Gobierno Mundial en las sombras.  Aunque hay millones de pruebas de que no había ni coronavirus, ni enfermedad, ni pandemia…, de eso no se habla…

El mamotreto ideológico titulado “revolución” esconde ese cúmulo de mentiras sociales, bajo un piadoso “reconocimiento” (¿capitulación o pacto?)  de que “la enfermedad existe” y con esas “bases” mentirosas (¡en realidad todo el Tinglado mentiroso de la Ciencia burguesa y Milica!) se niega el PLAN, pero repitiendo lo que él mismo impone:  se ataca a quienes denuncian el papel histórico de la bancocracia, como “conspiracionista”y/o “nacional socialista” … 

+ La supuesta crítica a la ciencia burguesa, que la revista esboza, a pesar de haber copiado párrafos enteros a algunas publicaciones nuestras, es en realidad una caricatura, que termina en catástrofe de la crítica al arrodillarse ante la MENTIRA de “la enfermedad”. En vez de llevar a fondo la  crítica de la mitología de los virus y bacterias como causantes de las enfermedades, denunciando la ideología (milica: ataque/defensa) del contagio  y las pandemias como invento represivo, burgués, planificado para falsificar la historia e imponer el terrorismo milico sanitario, el negacionismo obediente del PLAN lleva a los autores del mamotreto ideológico “Revolución”, a “aceptar”, lo que, niegan los millones de proletarios que, en las manifestaciones de la Resistencia gritan por doquier: “No hay ninguna pandemia…sino una PLAN….demia”.

 +  El proletariado, en la calle, peleando contra el PLAN, va aprendiendo a golpes que, quien utiliza esas armas de destrucción masiva contra el asociacionismo proletario, son los mismos que niegan que el Nuevo Orden y el Estado Mundial, que PLANifican y organizan la opresión, la domesticación…, la tortura y la desaparición… El poder del Gobierno mundial, no discute, ni refuta pruebas…, sino que BOMBARDEA a quienes lo denuncian, con ese tipo de bombas/insultos/descalificativos…Quienes proceden de esa manera, como el mamotreto que publicamos, no solo se sitúan del lado capitalista y del Gobierno mundial de la barricada, sino que asumen abiertamente la represión y su puesto en la domesticación humana.

¡No es extraño que, esos falsos “proletarios” de la revista, que ocultan el PLAN de un Nuevo Orden, que ocultan el PLAN de la falsa pandemia, que ocultan el crimen contra la humanidad que implica la dictadura sanitaria (tiranía con pretexto sanitario), que implica el encierro, el tapado de bocas, el control y la domesticación…, terminen repitiendo que NO hay ningún nada nuevo en el “Orden Mundial”!….En todo caso esos “proletarios” siguen repitiendo, sin ninguna vergüenza, el discurso milico, el discurso de Estado…contra quienes resisten a la DICTADURA del Gobierno Mundial en las sombras. Tampoco se enteraron del reset,  el reinicio ni de la destrucción irreversible del circuito productivo mundial, ni de la domesticación generalizada impuesta, ni que todo esto es LA SOLUCIÓN “a la “crisis” del modo de producción capitalista”…: menos gente, menos consumo, más obediencia….

***

Lo que precede, es una rápida (y desordenada) exposición de diferentes estructuras, en diferentes idiomas, y desde, diferentes coordenadas geográficas, de PROLETARIOS INTERNACIONALISTAS que se animaron a hacer conclusiones rápidas de la lectura de esa revista “Revolución” No es una respuesta sistemática, a ese inmundo mamotreto negador del PLAN y de la mismísima tiranía aristocrática hacia el Nuevo Orden Mundial. Ninguna de nuestras estructuras le interesa entrar en el laberinto ideológico burgués, que caracteriza la revista, y concentrarse en hacer una respuesta sistemática. Cualquiera de ellas…, a diferentes niveles quería “arreglarle las cuentas a los usurpadores y traidores que hicieron esa revista de mierda”, “denunciar esa cueva de censuradores y represores plandémicos”, para mostrar hasta qué punto quienes, todavía siguen negando el PLAN, son parte del mismo

El comenzar, solo publicando, esta rápida exposición de las primeras impresiones de diversas estructuras en forma coordinada, es una decisión que tomamos. Optamos por ello, en oposición a que cada una de esas estructuras se dedicara a explicar la historia concreta del sitio “proletariositernacionalistas.org” sus traiciones, censuras y manipulaciones…, que necesariamente conducía a hacer referencias muy concretas de quienes se apropiaron de ese sitio en 2019 y se perdería la fuerza programática de lo denunciado, en innumerables aspectos regionales y hasta personales, sobre lugares, personas, informantes, censuradores….que no tendrían un gran valor programático general y que al mismo tiempo serviría también a los enemigos. 

Por lo que decidimos agrupar estas críticas generales y encargar a una compañera, Paola, de seleccionar los materiales para esta primera publicación, y fomentar la crítica de ese grupo y esa revista, en lo que sigue, en función de temas y demandas específicas, tanto sobre temas programáticos como sobre la historia efectiva de ese grupo. Así por ejemplo Os cangaceiros prepara unos borradores para sintetizar criterios sobre la demarcación histórica y la domesticación, “Proletarios revolucionarios” reviene sobre la “traición” del sitio pi.org, el Grupo Comunista Internacionalista quisiera responder sobre el valor, el fetichismo y el sabotaje milico de sus publicaciones, volantes, discos duros; mientras que otras estructuras y compañeros, más o menos sueltos, están escribiendo sobre las polémicas históricas sobre “la confusión entre modo de producción capitalista inmediato y el capital como sujeto histórico secular, “el dinero como sujeto histórico”, la ciencia política burguesa como dictadura real de todas las otras superestructuras, incluida la “economía política”, la ciencia médica, las religiones, el derecho… 

 

Por último, al mismo tiempo que fomentamos la publicación temática de las cuestiones programáticas que cada estructura considera importante, designamos a la compañera Paola para centralizar los materiales que, las diversas estructuras han ido publicando durante estos últimos 3 años en relación al sitio pi.org y articularlos con lo producido desde la aparición de esa revista. Por encima de todo trataremos de evitar las informaciones concretas, sobre personas y colaboradores…, aunque para ello sea preciso “sintetizar”, (seleccionar, si es posible sin “censurar”) dejando afuera lo individual y ordenando de la mejor manera posible lo que se publique.

Al mismo tiempo, Paola es encargada de exponer, sintetizar y comentar los elementos históricos de la trayectoria de ese sitio que globalmente nos ha censurado, distorsionado, ignorado, saboteado…; desde sus primeros insultos represivos contra los chalecos amarillos y en general el movimiento del proletariado, pasando por la negación a publicar los manifiestos y proclamas cuando se declaró la FALSA pandemia y el VERDADERO ENCIERRO de la humanidad, hasta esta reaparición plagada de ocultamientos de la realidad despótica del PLAN que impone el “Nuevo Orden MUNDIAL”.

 

Paola por PROLETARIOS INTERNACIONALISTAS

MAYO 2022

 

[1] A propósito de la revista “revolución” publicada en nombre de “proletarios internacionalistas” por el sitio “proletariosinternacionalistas.org” que hemos denunciado desde el año 2019 por no representar más al proletariado internacionalista, ni a su trayectoria histórica revolucionaria. Ver la denuncia efectuada por Proletarios revolucionarios/Proletarios internacionalistas en https://e.pcloud.link/publink/show?code=XZEWSZU1Y8GJrBn6jRzNmPOeumAYLSHJUV  Ver también:  “Proletarios internacionalistas: demarcación práctica”: https://www.proletariosinternacionalistas.com/446233137

[2] PBI o Valor Agregado Bruto mundial según las “cuentas nacionales” de las Naciones Unidas.

[3] Claro que aquí no nos estamos refiriendo a la economía capitalista en general, que jamás consideraremos como “humana”, sino a la economía en el sentido primero de la expresión como “lo que permite subsistir en la “eco”, es decir en la casa. Efectivamente han destruido las ocupaciones, las producciones y los medios de producción de cosas y servicios personales de miles de millones de personas a un nivel, que todavía no sabemos evaluar y mucho menos predecir, dado que la destrucción continúa desde que anunciaron “esta normalidad” 

Fuente: http://infoposta.com.ar/notas/12441/falsos-internacionalistas-falsos-proletarios-y-falsa-revoluci%C3%B3n-1/

 

LOS LIBERALES OCCIDENTALES HAN TENIDO QUE ACEPTAR LA OPERACIÓN MILITAR ESPECIAL RUSA

 


El exsecretario de Estado yanky, Henry Kissinger, ha dejado algunos consejos a las élites occidentales en el Foro de Davos. El tema central pasa por cuándo podrán aceptar su punto de vista.

REDCOMMay 25, 2022

"Ucrania debe ceder su territorio a Rusia para poner fin a la guerra". Así interpreta la prensa occidental la declaración verdaderamente sensacional del patriarca de la política exterior americana en el foro de Davos. 


El 24 de mayo, varios políticos y propagandistas occidentales experimentaron una verdadera ruptura en los patrones. En el foro económico de Davos, el coto del globalismo, donde todos regañaron a Rusia y dibujaron los contornos de un nuevo mundo liberal, no cualquiera, sino el patriarca de la diplomacia estadounidense, pronunció un discurso esencialmente prorruso. Consejero de Seguridad Nacional y Secretario de Estado de los presidentes Richard Nixon y Henry Ford, ganador del Premio Nobel de la Paz, Henry Kissinger.

Sin embargo, un hombre que luchó toda su carrera contra la Unión Soviética (a diferencia de Zbigniew Brzezinski) no dejó que esa lucha lo consumiera. Kissinger siempre ha defendido los intereses nacionales estadounidenses. Pero si hace 50 años dictaron la contención de la Unión Soviética, ahora, según el patriarca, estos intereses exigen un compromiso con Moscú. Además, en esencia, un compromiso sobre las mismas condiciones que Rusia ofreció a los Estados Unidos en la segunda mitad de 2021, principios de 2022.

“Las negociaciones deben comenzar dentro de los próximos dos meses, antes de que se creen conmociones y tensiones que serán extremadamente difíciles de superar. Idealmente, podemos estar de acuerdo en un retorno al statu quo ante" (una expresión latina que significa un retorno a las posiciones originales, aproximadamente VISTA), dijo  Kissinger. “Si la guerra continúa, no se tratará de la libertad de Ucrania, sino de una nueva guerra contra la propia Rusia… Espero que la sabiduría de los ucranianos no ceda ante su heroísmo”.

Estas palabras fueron consideradas como un llamado directo a Kyiv para reconocer varias de sus antiguas tierras como rusas. “Kissinger dice que Ucrania debería ceder su territorio a Rusia para poner fin a la guerra”, dice el titular del "respetable" hegemónico Washington Post. Según la publicación, "el statu quo ante mencionado por Kissinger... significa un regreso a una situación en la que Rusia controlaba formalmente Crimea e informalmente, las dos regiones orientales de Ucrania, Lugansk y Donetsk". Y eso es porque todavía los medios occidentales no hablan sobre los territorios liberados de Kherson, casi todo Zaporozhye, partes de las regiones de Kharkov y Mykolaiv, que, según varios expertos, tampoco volverán a Ucrania.

Naturalmente, las palabras de Kissinger fueron recibidas con hostilidad por los políticos de Europa del Este y Ucrania. “Algunos hombres sabios pensaron que la rendición de los Sudetes por parte de Checoslovaquia a Alemania aseguraría la paz y la estabilidad en Europa y no humillaría a Hitler. No funcionó entonces, y no funcionará ahora”, el ministro de Relaciones Exteriores de Letonia, Edgars Rinkevicsenseña diplomacia a Kissinger.

“El señor Kissinger propone dar parte de Ucrania a Rusia y con la misma facilidad permitirá que le quiten Polonia o Lituania. Es bueno que los ucranianos en las trincheras no tengan tiempo de escuchar a los alarmistas de Davos. Están algo ocupados defendiendo la libertad y la democracia”, el asesor del presidente de Ucrania, Mikhail Podolyakenseña a Kissinger a defender el orden mundial liberal.

Rinkevichsy, Podoliaki y activistas similares intentan fingir que la opinión de Kissinger es un exceso, un punto de vista específico de un hombre de 98 años. Sin embargo, desafortunadamente para Kiev y Europa del Este, esto está lejos de ser el caso. Kissinger no está solo en su demanda de un acuerdo con Rusia.

“Del mismo modo, en los EEUU, todos los realistas piensan. John Mearsheimer, Stephen Walt, Dmitry Simes, Charles Kapchan, quien, por cierto, fue el asesor especial del presidente de los Estados Unidos para Europa en las administraciones de Clinton y Obama, así lo ha explicado Dmitry Suslov, subdirector del Centro HSE para el Desarrollo Integral Europeo y Estudios Internacionales. Todos creen que la OTAN tiene la responsabilidad principal de la crisis, y que solo hay una forma de ponerle fin: tener en cuenta los intereses de Rusia, entablar un diálogo estratégico serio con ella y acordar la paz en Ucrania en condiciones mutuamente aceptables. Y también para acordar un modus vivendi, aunque conflictivo, pero al mismo tiempo manejable.

Por supuesto, todos coinciden en que la posición expresada por la administración Biden (una guerra hasta la victoria de Ucrania y el agotamiento de Rusia) es peligrosa y, en última instancia, desventajosa para los propios Estados Unidos. Primero, porque está plagado de escaladas. En segundo lugar, es extremadamente cínica con respecto a Ucrania, que será destruida en el proceso de una guerra de desgaste. En tercer lugar, porque esta posición fortalece la división dentro de Occidente y debilita la posición de los Estados Unidos en relación con el No-Occidente: KSA, India, Turquía, Brasil, etc.

Y cuanto más dura la Operación Militar Especial rusa, más fuertes son las voces de quienes critican a la administración estadounidense por su enfoque del problema ucraniano. Aquellos que llaman a este enfoque un gran error, no pueden llamarse partidarios o incluso simpatizantes de Moscú.

“Entonces, no fue Kissinger quien fue en contra de la corriente principal, sino que la administración Biden fue en contra de una parte poderosa de la comunidad de política exterior estadounidense. Incluidos muchos liberales. El mismo exembajador estadounidense en Rusia, Michael McFaul, dijo recientemente que tampoco estaba de acuerdo con la declaración del secretario de Defensa Lloyd Austin de que el objetivo de la política estadounidense en Ucrania es debilitar a Rusia. Al menos los liberales piensan que fue un error hablar de eso en voz alta”, continúa Dmitry Suslov.

Así, en la reserva del liberalismo estadounidense, el periódico Thw New York Times publicó una nota editorial bajo el significativo titular: "La guerra en Ucrania se está volviendo más difícil, y Estados Unidos no está preparado para ello".

Según la publicación, "no está en los intereses de los Estados Unidos involucrarse en un conflicto a gran escala con Rusia, incluso si Ucrania deba hacer concesiones serias en el acuerdo de paz". Y tendrá que irse, porque "la decisiva victoria militar de Ucrania sobre Rusia, durante la cual Ucrania devolverá todos los territorios que Rusia le ha arrebatado desde 2014, no es un objetivo realista". Y, "expectativas poco realistas podrían arrastrarlos (EEUU y la OTAN) aún más a una guerra prolongada y costosa".

Pero estas siguen siendo flores, entonces comienza el verdadero jesuitismo. La publicación escribe que “si el conflicto se convierte en negociaciones reales, los líderes ucranianos tendrán que tomar dolorosas decisiones territoriales necesarias para cualquier compromiso”.

Por supuesto, Ucrania puede resistir, rechazar. Sin embargo, según el NYT, “mientras continúe la guerra, el Sr. Biden debe dejar en claro al presidente Volodymyr Zelensky y a su gente que hay un límite en cuanto a qué tan lejos llegarán los EEUU y la OTAN contra Rusia, así como la cantidad de dinero y apoyo político, que podrán movilizar para Ucrania. Es imperativo que las decisiones del gobierno ucraniano se basen en una evaluación realista de sus capacidades y cuánta más destrucción puede soportar Ucrania”.

Sí, hasta la fecha la administración Biden se niega a seguir ese consejo. Washington sigue aplicando políticas extremadamente irresponsables y arriesgadas. “Si el objetivo es tratar de evitar una guerra más amplia, ¿cómo se promueve ese objetivo con los gritos de que la inteligencia estadounidense mate a los rusos y hunda uno de sus barcos?”. El NYT está indignado.

Sin embargo, no hay nada extraño en el hecho de que la administración Biden vaya en contra de la opinión del stablishment académico estadounidense. El stablishment político actual en los Estados Unidos está formado por personas criadas en un entorno muy específico.

“Los políticos actuales son hijos de la ilusión del fin de la historia. Se formaron en condiciones en las que Estados Unidos no tenía competidores, cuando Estados Unidos era una hegemonía global y no experimentaba amenazas existenciales contra sí mismo. Cuando se pensó que los valores estadounidenses inevitablemente se volverían universales. A medida que Estados Unidos se ve envuelto en una nueva confrontación global (no solo con Rusia, sino también con China) que durará décadas, nacerán nuevos Kissinger. Después de todo, Estados Unidos se verá obligado a seguir una política exterior realista basada en la comprensión del equilibrio de poder y las amenazas a las que se enfrentará”, dice Dmitry Suslov.  

En realidad, el proceso de renovación puede ser más rápido, a través de las instituciones electorales. Cuanto más se involucre Estados Unidos en las hostilidades, más decenas de miles de millones se envíen a los bolsillos de los oligarcas ucranianos, más preguntas tendrán los ciudadanos estadounidenses para la Casa Blanca.

“Los estadounidenses están abrumados por el sufrimiento de Ucrania, pero el apoyo público a una guerra lejos de las costas estadounidenses no puede durar indefinidamente. Para el votante estadounidense, la inflación es un problema mucho mayor que el de Ucrania, y los problemas en los mercados mundiales de alimentos y energía seguirán aumentando”, señala el medio hegemónico NYT. Los expertos creen que en las elecciones intermedias al Congreso de noviembre, los estadounidenses expresarán su acuerdo con la opinión de Henry Kissinger.

Fuente: vz.ru

https://telegra.ph/Los-liberales-occidentales-han-tenido-que-aceptar-la-Operaci%C3%B3n-Militar-Especial-rusa-05-25

 

lunes, 16 de mayo de 2022

INFLACIÓN: LA COARTADA PERFECTA

 


Alfredo Apilanez

15 MAYO, 2022

 

“Los datos son negocios. Los datos son políticos. Y eso es particularmente pertinente en el caso de la inflación, porque las inflaciones son polémicas. Generan ganadores y perdedores. Por eso nos preocupamos por la inflación. Las cifras de inflación no son meramente descriptivas. Forman parte de la economía política del proceso que describen”

Adam Tooze

 

“Voy detrás de los niños todo el día apagando la luz y después de los dos facturones que llegaron en invierno, en marzo dije que no podíamos poner la calefacción. Hubo días de mucho frío, pero no la encendimos y le ponía al pequeño el pijama, el ‘body’ y el polar en casa porque es que si no, no llegábamos a la primavera. Nos ha roto el invierno”. La angustiosa declaración corresponde a Estefanía, una joven trabajadora con dos hijos cuya pareja está en paro.

Por primera vez en cuatro décadas, la inflación desbocada se ha convertido en los últimos meses en una de las preocupaciones dominantes en todos los ámbitos de la sociedad, afectando duramente a las capas más empobrecidas. La angustia de Estefanía no es ni mucho menos un hecho puntual. Según el propio BCE, el presunto guardián de la estabilidad de precios, la situación es grave, especialmente para las clases populares: “La alta inflación actual perjudica especialmente a los hogares con rentas más bajas porque los artículos con tasas de inflación muy altas, como la energía y los alimentos, constituyen una parte comparativamente grande de la cesta de consumo”.

El súbito encarecimiento del coste de la vida dificulta enormemente la subsistencia cotidiana de millones de personas en una economía global “pospandémica” aquejada de niveles inéditos de desigualdad y de tasas de pobreza impactantes. Una situación que puede devenir explosiva -una de las causas del inicio de la Primavera Árabe de 2011 en Túnez y Egipto fue la brusca elevación de los precios de los alimentos- en el depauperado y expoliado Tercer Mundo:

“El índice mundial de precios de los alimentos se encuentra en el nivel más alto jamás registrado. Golpea a los pueblos que viven en Oriente Medio y el Norte de África, una región que importa más trigo que ninguna otra. Incluso con las subvenciones del gobierno, los habitantes de Egipto, Túnez, Siria, Argelia y Marruecos gastan entre el 35% y el 55% de sus ingresos en alimentos”

Sin embargo, desde los cenáculos del poder se trata de transmitir una imagen de calma tensa: el discurso oficial afirma que se trata de un brote agudo pero transitorio, producto de una “tormenta perfecta” provocada por la “conjunción astral” de varios shocks exógenos, intensos pero fugaces: el súbito volcado al consumo de la demanda embalsada durante la parálisis pandémica (la tasa de ahorro de los hogares españoles se redujo en un 13% en el cuarto trimestre de 2021); la intensa dislocación de las cadenas de suministros generada por los recurrentes cuellos de botella en los flujos comerciales globales y la enorme convulsión en los suministros energéticos, minerales y alimentarios sobrevenida a raíz de la guerra en Ucrania. Ninguna conexión por tanto, según el relato dominante, entre la inflación disparada y la devastación ambiental o el agotamiento acelerado de los pilares energético-materiales de nuestra sociedad depredadora, ni tampoco con las graves falencias estructurales que afectan a la espasmódica reproducción de capital desde hace décadas. Se trata únicamente de un sobresalto, grave pero accidental, en el “imparable” retorno a la senda de crecimiento tras el shock pandémico. Los “cisnes negros” de la guerra y la pandemia serían los únicos culpables de la brusca aceleración de la inflación de precios y de los peligros que se ciernen sobre la ansiada “vuelta a la normalidad”: agudo empobrecimiento de la población, con el consiguiente riesgo de recesión debido a la contracción del consumo; endurecimiento de la política monetaria y subida inminente de los tipos de interés, incrementando el riesgo de un súbito colapso de la colosal montaña de la deuda global; pánico de los ahorradores y rentistas, que asisten impotentes a la depreciación de sus “capitalitos”, y el resto de jinetes del Apocalipsis que desencadena la “bestia” inflacionaria (”el peor de los males que puede aquejar a una sociedad”, Milton Friedman dixit).

Mientras tanto, los gestores de la fábrica de dinero -la cúspide del poder global, coronada por la Reserva Federal y su billete verde- contienen la respiración atribulados ante una coyuntura que genera la peor de las pesadillas a los celosos “guardianes de la estabilidad de precios”: el espectro de la inflación desbocada acechando por el horizonte. El desconcierto y los vaivenes son continuos y las nerviosas invocaciones a la transitoriedad y excepcionalidad del momento de las prudentes “palomas” se alternan con los amenazadores augurios de los “halcones”, partidarios de endurecer drásticamente la política monetaria, en una pugna simulada que no logra ocultar la incapacidad del discurso dominante de dar cuenta del inusitado fenómeno.

Michael Roberts describe la desorientación de la ortodoxia: “La teoría económica dominante está ‘desconcertada’. De hecho, el miembro de la junta del BCE Benoit Coeure comentó recientemente: ‘La teoría económica está luchando con la teoría de la inflación. Los agregados monetarios y el monetarismo han sido abandonados y con razón. Las explicaciones de holgura doméstica (la curva de Phillips) han sido atacadas pero todavía sobreviven mal que bien’. Y Janet Yellen, ex presidenta de la Reserva Federal de EEUU comentó: ‘Nuestro marco para comprender la dinámica de la inflación podría estar ‘mal definido’ de manera fundamental’”. Un botón de muestra del grado de sofisticación esotérica de la cruzada antiinflacionaria de los money makers lo representa el hecho de que la teoría dominante está basada principalmente en las evanescentes “expectativas de inflación”, es decir, en hipótesis especulativas sobre el comportamiento futuro de los agentes. Como resumía Ben Bernanke, gobernador de la FED en plena vorágine del cataclismo de 2008: «un prerrequisito esencial para controlar la inflación es controlar las expectativas de inflación». Estamos sin duda en buenas manos.

Tampoco es ajena a tamaño desconcierto la manifiesta impotencia de las herramientas habituales antiinflacionarias de la banca central -restricción de liquidez al sistema financiero y elevación brusca de los tipos de interés- ante la convulsa coyuntura actual. Con los precios de los alimentos y de la energía disparados por el shock de oferta agudizado por la guerra en Ucrania -al que no es en absoluto ajeno el peak everything de energía y materiales que se agrava vertiginosamente a medida que el capitalismo desbocado choca con los límites biofísicos del planeta- los cancerberos del capital financiero se debaten entre Escila y Caribdis: obedecer inmediatamente su sagrado mandato antiinflacionario, retirando la política monetaria expansiva implantada masivamente tras el shock pandémico, con el riesgo de provocar una aguda recesión -la política monetaria es totalmente ineficaz ante los shocks de oferta, incluso tiende a agravarlos al destruir miles de empresas zombis endeudadas hasta las cejas reduciendo la oferta de productos y servicios e incrementando los precios-, o esperar impávidos a que se calmen las aguas, apelando a la transitoriedad del fenómeno, sin tomar medidas demasiado drásticas para no truncar la ansiada recuperación mientras los índices de precios escalan a niveles intolerables. Como mandan los cánones, el capo di tutti capi de Wall Street ya ha marcado el camino a seguir emprendiendo con decisión el endurecimiento de la política monetaria. Su lacayo de Frankfort, siempre más premioso e indeciso, no tardará en seguir la misma senda. Recordemos que el único mandato del Banco Central Europeo es un objetivo de inflación alrededor de un 2% y la cifra mágica ha sido largamente desbordada en los últimos meses: actualmente se halla en un impactante 7,5%, récord histórico desde el inicio de la circulación de la moneda única en 2002, desbordando una vez más los sistemáticamente fallidos pronósticos de los gurús de la criatura de Frankfort.

Ante esta situación de emergencia permanente en la que se halla el capitalismo espasmódico y el cúmulo de confusionismo imperante, se agolpan los interrogantes:¿cuáles son las causas reales del desbocado aumento de los precios que presenciamos actualmente? ¿Se trata de un brote agudo pero breve o estamos ante un cambio de paradigma en relación con la época de inflación contenida de las últimas décadas? ¿Cuáles serían, en definitiva, las razones de fondo que subyacen a la proclamación de la “estabilidad de precios” como primer mandamiento de las políticas neoliberales y como objetivo prioritario de la política monetaria de la banca central moderna?

La coartada perfecta

«La inflación es una enfermedad, una peligrosa y a veces fatal enfermedad que, si no es controlada a tiempo, puede destrozar una sociedad»

Milton Friedman

«La inflación es como un ladrón en la noche»

William Mcchesney Martin, gobernador de la Reserva Federal

No existe concepto más neurálgico en el núcleo de la ideología económica dominante en el último medio siglo que el de la omnipresente lucha contra la inflación. El “ladrón en la noche” deviene el hilo conductor que recorre todos los estratos de la ortodoxia teórica y del discurso político y mediático de los, como le gustaba decir a Marx, «espadachines a sueldo» del capital.

En el capítulo titulado «¿Cómo curar la inflación?» de su exitosa serie televisiva «Libre para elegir», el gurú neoliberal Milton Friedman se recrea, apareciendo repetidas veces con la impresora de billetes en la cámara acorazada de la Reserva Federal, en la idea del dinero como stock, que se vuelca irresponsablemente a la economía por el gobierno despilfarrador provocando inflación –«el peor de los males»– y miseria rampantes. Recordemos asimismo la célebre metáfora de Marshall, uno de los padres fundadores de la ortodoxia económica, que representa la esencia de la superchería dominante acerca del dinero-lubricante, con funciones meramente circulatorias de facilitador de los intercambios: «Una máquina no puede funcionar a menos que se engrase, de lo que un novicio pudiera inferir que cuanto más aceite se ponga mejor funcionará, pero, en realidad, si se pone más aceite del necesario la máquina quedará obstruida».

A partir de esta concepción mitológica del dinero como mero lubricante de los intercambios -en realidad, el 95% del dinero circulante es deuda creada del puro aire por la banca privada para la financiación de la acumulación y de las colosales burbujas de activos-, la “teología” económica edifica un monumental corpus teórico en aras de legitimar la embestida furibunda contra el Welfare State y las condiciones de vida de la clase trabajadora del último medio siglo. El monetarismo de Friedman -”una maldición terrible, un conjuro de espíritus malvados”, en la horrorizada descripción de Nicholas Kaldor- es la pseudoteoría que sirve de legitimación al encarnizamiento terapéutico neoliberal y la cruzada inflacionaria deviene la coartada perfecta para aplicar manu militari las políticas impopulares necesarias para restablecer la tasa de ganancia del capital en los países centrales tras la crisis de los años 70. El golpe contra las finanzas públicas y la consumación del “austericidio” son los daños colaterales de la aplicación de los mandamientos supremos de la gobernanza neoliberal: la banca central “independiente” -que deja a los estados «soberanos» postrados a los pies de los caballos de los despiadados mercados financieros-; los ajustes fondomonetaristas, que aplicaron el torniquete de la deuda externa y el fórceps de la apertura de capitales a través del llamado Consenso de Washington contra los infortunados pueblos del Tercer Mundo, y, last but not least, la destrucción de los sindicatos de clase y de las organizaciones antagonistas del movimiento obrero fordista, en aras de exacerbar la sobreexplotación y la precarización laborales, imperiosamente necesarias para el abaratamiento de la fuerza de trabajo que exigía la pertinaz crisis de rentabilidad del capital.

Para comprender la obsesión inflacionaria es por tanto imprescindible leer el “subconsciente” al discurso dominante para percibir que no se trata en absoluto de un mero expediente técnico, cuya manipulación en manos de expertos es necesaria para restablecer los equilibrios económicos alterados, sino de la envoltura tecnocrática del ejercicio del poder de clase del capital en su época crepuscular. La continua invocación del miedo a la bestia inflacionaria ha sido, en definitiva, la coartada perfecta del modelo vigente, la excusa ideal para destruir la función redistributiva del Estado y para otorgar sustrato pseudocientífico al sacrosanto mandamiento de las políticas de austeridad y de la agresión antiobrera. Como en la fábula de «Pedro y el lobo», la continua apelación al espectro inflacionario -durante décadas, los oráculos de la banca central han errado sistemáticamente en sus intentos de alcanzar su sagrado “objetivo de inflación”- ha servido de coartada a la aplicación del encarnizamiento terapéutico neoliberal, pero cuando el “ladrón en la noche” ha hecho realmente acto de presencia con estrépito, los cancerberos de la estabilidad de precios estaban totalmente desprevenidos.

Moreno describe la agenda oculta del culto al tótem inflacionario:

«El control de la inflación ha sido la trampa del modelo económico vigente. Y, como muestra de ello, basta revisar los datos de la distribución del ingreso en todos los países que han seguido la norma: en todos se ha ampliado la brecha entre ricos y pobres, con la omnipresente coartada del cuidado de los precios».

Así pues, para comprender cabalmente el marco histórico-político en el que se desarrolla la cruzada inflacionaria es necesario abandonar las supercherías del discurso del capital y ampliar el foco para iluminar los procesos reales que propulsan la desigualdad y el empobrecimiento rampantes de las clases populares. ¿Realmente representa el brote inflacionario en curso el factor clave para explicar el deterioro del poder adquisitivo de las clases populares o existen otros ámbitos ocultos donde se desarrolla desde hace décadas la expropiación imparable de los medios de subsistencia de los que dependen únicamente de la venta de su fuerza de trabajo? O, dicho de otro modo, ¿qué es lo que ocultan y cuáles son las consecuencias reales de las políticas neoliberales aplicadas por la dirigencia capitalista con la coartada de la cruzada inflacionaria?

Las inflaciones ocultas

«Se trata de vendarnos los ojos y de suscitar el temor a la inflación para justificar el mantenimiento del “ejército de reserva”, arguyendo que se intenta evitar que los salarios inicien una espiral “salarios-precios”. Curiosamente, nunca se oye hablar de una “espiral renta-precios” ni de una “espiral intereses-precios”, aunque esos costos también se deben tener muy en cuenta al fijar los precios»

William Vickrey

Toda la “matraca” de la cruzada inflacionaria que presenciamos actualmente oculta en realidad las causas profundas de la espiral alcista de los precios de los productos básicos que sufre la clase trabajadora mientras mantiene al mismo tiempo en la penumbra los ámbitos donde realmente se desarrolla de forma más aguda desde hace décadas el deterioro de las condiciones de vida de las clases populares y la propulsión de la desigualdad social.

Hay dos graves omisiones que revelan la inconsistencia de las explicaciones ortodoxas de la inflación y de las políticas aplicadas para combatirla, desvelando asimismo su función meramente ideológica de cobertura pseudoteórica de las agresiones antiobreras de las políticas neoliberales: el papel neurálgico de la tasa de ganancia y las inflaciones «ocultas».

En primer lugar, se oculta sistemáticamente el papel clave de la tasa de beneficio -y con ella, del conflicto esencial del capitalismo entre comprador y vendedor de fuerza de trabajo- en la fijación de precios, más aun en los mercados oligopólicos que dominan los sectores productores de bienes y servicios básicos- v.gr. el aberrante sistema de fijación del precio de la electricidad en España, que ha provocado su desbocada escalada reciente-. A lo anterior se suman el papel de amplificador que tiene en la fijación del precio mundial de los alimentos y de las fuentes de energía el casino financiero y la creciente financiarización de los beneficios de las grandes multinacionales: «La baja rentabilidad en los sectores productivos de la mayoría de las economías ha estimulado el giro de las ganancias y la acumulación de efectivo de las empresas a la especulación financiera. El principal método utilizado por las empresas para invertir en este capital ficticio ha sido recomprar sus propias acciones». Las apuestas especulativas realizadas en los mercados de futuros y de commodities de Chicago y Londres, propulsadas por la inundación de liquidez de la política monetaria expansiva de los bancos centrales, disparan los precios de los bienes de los que depende la subsistencia de los parias de la tierra. Las abultadas cuentas de resultados de las grandes corporaciones, enfocadas en el reparto de suculentos dividendos y en el “retorno al accionista”, y las dimensiones mastodónticas del capital ficticio especulativo que fagocita aceleradamente la riqueza global son por tanto los culpables principales de la escalada de precios que amenaza con imposibilitar la subsistencia cotidiana de millones de desheredados de los frutos del bienestar capitalista.

Roberts estima en cerca de la mitad -otras estimaciones incluso lo superan- el peso del ascenso desorbitado de los beneficios empresariales tras la pandemia en el brusco incremento de la inflación que aqueja a la economía imperial: “Justo antes de la pandemia, en 2019, las corporaciones estadounidenses no financieras obtuvieron alrededor de un billón de dólares al año en beneficios, más o menos. Esta cantidad se había mantenido constante desde 2012. Pero en 2021, estas mismas empresas ganaron alrededor de 1,73 billones de dólares al año. Esto significa que el aumento de los beneficios de las empresas estadounidenses representa el 44% del aumento inflacionario de los costes. Sólo los beneficios de las empresas están contribuyendo a una tasa de inflación del 3% en todos los bienes y servicios en EEUU”. Estos precios acrecentados están por lo tanto asociados a la urgencia por recomponer la pérdida de rentabilidad acaecida durante la fulminante pero breve recesión provocada por la pandemia. Como resume Michel Husson: “La inflación resulta principalmente de la voluntad de las empresas de enderezar su tasa de beneficio si ella es inferior al nivel que desean».

Estamos ante el “elefante en la habitación” del discurso tecnocrático de la ideología dominante: la inflación no es un mero resultado aséptico de la interacción de factores objetivos -demanda de los consumidores, costes de producción, cantidad de dinero en circulación, etc.- sino la expresión palmaria del conflicto insoluble por la apropiación del excedente económico entre el trabajo y el capital. Y no parece necesario aclarar quién se lleva el gato al agua: la clave de la comprensión de la inflación y de las políticas para combatirla reside, en definitiva, en preguntarse quién está en condiciones de establecer precios -fijando por tanto el margen del que surge la rentabilidad del capital- en el capitalismo realmente existente. Estamos ante la pregunta “maldita” para la ortodoxia de la teoría económica burguesa. Astarita describe el núcleo de la ocultación: “todo está orientado para que un estudiante se reciba de economista sin haberse preguntado jamás de dónde y cómo surge la ganancia del capital. En última instancia, se trata de la ‘pregunta maldita’ para la economía política burguesa. Y al arte de este ocultamiento, se le llamará ciencia económica”.

La historia reciente demuestra fehacientemente lo anterior: la ardua y precaria recuperación de la tasa de ganancia tras la crisis de los años 70 se logró a través de la inflación de precios y de la agresión antiobrera perpetrada a lo largo del primer embate de las políticas neoliberales. La derrota absoluta de la clase trabajadora en los años 80 permitió que las tasas de ganancia aumentaran y que la inflación en los países centrales disminuyera en los años siguientes: “La caída de la inflación en las últimas décadas tuvo como telón de fondo una fuerte ofensiva del capital sobre la clase obrera y los movimientos populares (…) Esto es, incrementar el disciplinamiento del trabajo a la lógica del mercado y el capital, en respuesta a la crisis de sobreproducción y rentabilidad de los 1970. La reacción monetarista fue su expresión”.

Nicholas Kaldor desvela la agenda oculta tras la cruzada inflacionaria de los años setenta: «La subida de tipos de interés y los recortes brutales de gasto habían derrotado a la inflación reduciendo la demanda. Era pues la contracción en la producción y el empleo lo que había derrotado a la inflación. El control de la oferta monetaria y la lucha contra la inflación no eran más que unas convenientes cortinas de humo que daban una coartada ideológica para medidas tan antisociales».

Destacar el papel clave del conflicto de clases esencial al sistema de la mercancía en la fijación de precios proporciona asimismo la explicación del «misterio» de la ausencia absoluta de inflación tras la debacle financiera de 2008, cuando la tasa de beneficio se recuperó con la misma rapidez que actualmente y los bancos centrales insuflaron colosales manguerazos de liquidez a un sistema financiero exánime: la sobreexplotación laboral y el austericidio, que caracterizaron el embate del capital tras la crisis subprime, deprimieron el nivel salarial y engordaron el “ejército de reserva” sin necesidad de subir los precios. Josh Bivens aclara el agudo contraste entre los dos shocks:

“En recuperaciones anteriores, el crecimiento de la demanda interna fue lento y el desempleo fue elevado en las primeras fases de la recuperación. Esto llevó a las empresas a desesperarse por obtener más clientes, pero también les dio la ventaja en la negociación con empleados potenciales, lo que condujo a un crecimiento moderado de los precios y a la contención de los salarios. Esta vez, la pandemia disparó la demanda en los sectores duraderos y el empleo se recuperó rápidamente, pero el cuello de botella para satisfacer esta demanda en el lado de la oferta no fue en gran medida la mano de obra . En cambio, fue la capacidad de envío y otras carencias no laborales. Las empresas que tenían oferta disponible cuando se produjo el aumento de la demanda provocado por la pandemia tenían un enorme poder de fijación de precios frente a sus clientes”.

En resumen, mientras que tras el colapso de Lehman Brothers la rápida recuperación de la tasa de ganancia del capital se realizó a través del mecanismo clásico del aumento de la tasa de explotación, actualmente se ha producido principalmente mediante la inflación de precios en un entorno de fuerte aceleración de una economía global espasmódica.

La configuración descrita agudiza hasta extremos inauditos las contradicciones de la matriz de rentabilidad del capitalismo desquiciado. La propulsión de los niveles de desigualdad y de pobreza provocada por el torniquete de las políticas neoliberales genera una, potencialmente autodestructiva, contradicción en la capacidad de reproducción ampliada del capitalismo neoliberal: ¿Cómo puede mantenerse la tasa de ganancia del capital ante la intensa depresión del consumo de las masas que podrían provocar los lacerantes niveles de desigualdad y el empobrecimiento de amplias capas de la población? La respuesta es la clave de bóveda de la política del capital en el último medio siglo: la deuda a muerte y la inflación de activos -las inflaciones ocultas- son los ámbitos donde se extrae la parte del león de la ganancia del capital que mantiene la maquinaria depredadora en funcionamiento.

Tras el colapso de 2008, la maltrecha tasa de ganancia de las grandes corporaciones, financieras y no financieras, no se ha restablecido a través de la inflación de precios, como en la primera fase neoliberal de los años 70, sino a través de la inflación de activos y de la expansión descontrolada de la deuda y del castillo de naipes del casino financiero global. Sobreexplotación laboral y deuda «a muerte», por un lado, y capital ficticio desbocado, por el otro, representan por tanto las dos caras de la moneda de la aberrante matriz de rentabilidad del capitalismo desquiciado.

Roberts describe la estrecha conexión entre la inundación de liquidez en el casino financiero con el dinero fresco del rescate realizado por los bancos centrales tras la debacle de 2008 -la taumatúrgica QE, que significó el salvamento del sistema financiero global- y la agudización de la desposesión rentista de las clases populares mediante el incremento astronómico del precio de los activos financiero-inmobiliarios:

“Pero las tasas de inflación no aumentaron cuando los bancos centrales inyectaron trillones en el sistema bancario para evitar un colapso durante la crisis financiera mundial de 2008-9 o durante la pandemia de COVID. Todo ese crédito monetario procedente de la ‘flexibilización cuantitativa’ acabó siendo una financiación a coste casi nulo para la especulación financiera e inmobiliaria. La inflación tuvo lugar en los mercados de valores y de la vivienda, no en las tiendas”.

Tal configuración patológica del capitalismo actual desmiente de raíz el mito esparcido por doquier por los «espadachines a sueldo» del capital de que la inflación de precios es la mayor pesadilla de la banca y de los tiburones de las finanzas globales al deprimir los tipos de interés reales -la banca, como prestatario, sufriría graves pérdidas al depreciarse el valor del dinero de los préstamos con tipos de interés reales negativos, tras descontar la inflación desbocada al tipo nominal-.

Lo anterior es sin embargo una falacia que oculta los ámbitos reales donde se desarrolla el negocio cautivo y enormemente lucrativo de la fábrica de dinero en manos privadas. La rentabilidad de la banca -como demuestran las mareantes cifras de beneficios que obtiene sistemáticamente- no depende principalmente del diferencial de tipos de interés entre préstamos y depósitos sino de su papel neurálgico en el casino financiero global. Lapavitsas destaca el punto esencial de la transformación de la banca en un actor especulativo, el detonante del crack de 2008: «La banca tradicional contrasta con la banca titulizada, en tanto que la primera consiste en el negocio de hacer préstamos y contraer deudas y su principal fuente de financiación son los depósitos a la vista garantizados; mientras que la segunda consiste en el negocio de la colocación y reventa de los préstamos y su principal fuente de financiación son los acuerdos de recompra. Mientras que un pánico bancario tradicional equivale a una retirada masiva de depósitos, un pánico bancario de un banco titulizado equivale a la retirada masiva de acuerdos de recompra (repos)».

Las privatizaciones de servicios esenciales (agua, gas, electricidad, telecomunicaciones), características del masivo proceso de expropiación de los «comunes», financiado y promovido activamente por la banca privada, han representado asimismo otra enorme punción de la riqueza social, destinada a engrosar las cuentas de resultados de los oligopolios energéticos y de la gran banca: el incremento exponencial de los precios energéticos que presenciamos actualmente dispara los suculentos beneficios de la banca privada, accionista mayoritario de los mismos.

Y por si lo anterior fuera poco, el negocio bancario actual está garantizado por las políticas -totalmente ajenas al sacrosanto libre mercado competitivo- de salvamento permanente a cargo del banco central, el prestamista de última instancia, el mamporrero del sistema financiero privado, y por el privilegio exorbitante del monopolio de la financiación de los estados, fuente de pingües beneficios y pilar maestro de la completa amputación de la soberanía nacional. La fábrica de dinero privada no tiene por tanto que preocuparse demasiado por los bruscos vaivenes inflacionarios: su privilegiada posición, en la cúspide del gran capital corporativo, y su abultada cuenta de resultados están a buen recaudo.

La configuración anterior, profundamente rentista y parasitaria, de la matriz de rentabilidad del capitalismo realmente existente tiene un inicuo efecto en los ámbitos reales donde se desarrolla de forma cada vez más aguda la expropiación y el empobrecimiento de las clases trabajadoras: las inflaciones ocultas.

El desproporcionado crecimiento de los precios de los activos inmobiliarios -piedra miliar, a pesar de los desastres recientes, del modelo productivo de la piel de toro- no se refleja en absoluto en el índice de precios al consumo, al considerarse la vivienda, en las estadísticas de la contabilidad nacional, un bien de inversión: la acusada revalorización del mercado de los últimos años no sólo no es preocupante para los guardianes de la estabilidad de precios, sino que, bien al contrario, es una señal de la buena marcha de la economía a través del «efecto riqueza» que genera en el patrimonio de sus propietarios, que representan la mayoría silenciosa que sustenta el bloque dominante en el sistema partitocrático vigente. Sin embargo, los abultados intereses de las hipotecas sí son gasto puro, aunque no estén incluidos tampoco en el IPC al no ser etiquetados como gastos de consumo sino financieros. Marx se refería a esta extracción de rentas financiero-inmobiliarias como una explotación secundaria: “Trátase de una explotación secundaria, que discurre a la sombra de la explotación primaria, o sea, la que se realiza directamente en el mismo proceso de producción”. Para más inri, el gasto en alquiler (un 2,5% en la cesta de la compra que sirve de base para el cálculo del IPC) está enormemente infravalorado al ser abrumadoramente mayoritario –un 80% del total– en España el parque de vivienda en propiedad. La subida del 40% del alquiler en las grandes ciudades españolas en el último lustro, que afecta agudamente a la subsistencia cotidiana de las capas más humildes de la clase trabajadora, sólo se refleja de forma mínima en el IPC. Por lo tanto, el principal ámbito de desposesión y expropiación financiera de las clases populares resulta totalmente ignorado por los «guerreros de la inflación». No se trata obviamente de un hecho casual: no se ve lo que no se quiere mirar.

En palabras de Michael Hudson, «se trata de convertir a la economía toda en una enorme colección de puestos de peaje», a mayor gloria de la profusa provisión de rentas encauzada hacia los que «se enriquecen mientras duermen». Las crecientes cargas financieras derivadas de las astronómicas deudas pública y privada representan asimismo un ámbito oculto de expropiación de riqueza real de las clases populares a través de los precios inflados de los bienes y servicios, debido a los abultados flujos de intereses sufragados por los productores. Una máquina de succión que potencia las elevadísimas cotas que alcanza actualmente la desigualdad social: se estima que únicamente el decil superior de las escalas de renta y de riqueza patrimonial percibe ingresos netos de intereses y demás rentas financieras, mientras que el 90% restante son pagadores netos –incluso los que no tienen ningún producto financiero ni crédito bancario-. La inflación de rentas inmobiliarias, los masivos costes financieros sufragados y la privatización absoluta de todos los ámbitos decisivos para la subsistencia cotidiana de las clases populares han sido desde hace medio siglo los mecanismos de extracción de riqueza de abajo hacia arriba que han desembocado en el actual panorama de desigualdad y pobreza rampantes. Todo ello, ni que decir tiene, con la entusiasta bendición de los aguerridos guerreros contra la inflación.

Así pues, más allá del omnipresente debate acerca de si el brote inflacionario actual es temporal o duradero, o incluso de si estamos en la antesala de un periodo de deflación por la reducción del consumo y la depresión inducida que desencadenará el brusco giro de la política monetaria de la fábrica de dinero, lo realmente relevante es que la matriz de rentabilidad del capitalismo desquiciado seguirá extrayendo caudalosos flujos de la expropiación financiera y rentista de las clases populares a través de las inflaciones ocultas y de la sobreexplotación laboral, absorbiendo a borbotones la escasa porción de la riqueza social recibida por quienes se ganan el pan con el sudor de su frente. Por lo tanto, resulta perentorio disipar las cortinas de humo de los espadachines a sueldo del capital, cuyas cínicas apelaciones a la excepcionalidad de los agudos conflictos actuales y su ilusoria confianza en la posibilidad de la ansiada vuelta a la normalidad, no son más que cantos de sirena que pretenden ocultar el hecho desnudo de que sólo la superación de este modo de organización de la vida humana depredador y suicida permitirá la consecución de un orden social racional en un planeta habitable.

Fuente: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2022/05/15/inflacion-la-coartada-perfecta/#more-2756