Seguramente algunos
radicales preferirían ver a Venezuela en ruinas
Hoy 3 de febrero del 2026 se
cumple un mes de que fuera secuestrado, a sangre y fuego, por las tropas
norteamericanas, el presidente en ejercicio Nicolás Maduro Moros y su esposa la
diputada y primera dama Cilia Flores.
Además del bombardeo simultáneo
de varios puntos estratégicos de la ciudad de caracas que dejaron a oscuras la
capital y bloquearon las señales con que se comunicaban y operaban los sistemas
de defensa del gobierno bolivariano.
Los agarraron de sorpresa.
Creyeron seguramente que las explosiones eran parte de los festejos atrasados
del Año Nuevo. Hubo más de cien muertos por parte de los heroicos defensores,
entre ellos 32 militares internacionalistas cubanos. Las bajas de los invasores
son desconocidas, pero no deben ser pocas, cuando no les ha quedado ganas de
entrar otra vez.
Esta agresión norteamericana
constituye, sin lugar a dudas, una declaración de guerra, pero, ante el
evidente desnivel de fuerzas, el gobierno venezolano ha optado por no responder
militarmente, y si en cambio sentarse a negociar y ganar tiempo.
El tiempo está a favor de los
pequeños, como dice Silvio en una de sus maravillosas canciones, en cambio,
Trump y los EEUU tienen el tiempo en contra.
Trump enfrenta en noviembre de
este año las elecciones intermedias que amenazan con dejarlo en minoría en el
Congreso, lo cual dejaría expedito el camino para el impeachment que lo
alejaría de la Casa Blanca antes del fin de su mandato.
Mientras tanto, Delcy Rodríguez y
su equipo tratan de convertir lo malo en bueno, es decir, tratan de hacer
política de la buena, que las bravatas y bravuconadas trumpistas redunden en
beneficio de Venezuela.
¿Qué buscan los EEUU y su matón
de turno? Varias cosas. Una de ellas es asegurarse el suministro de petróleo en
caso de una guerra muy posible con Irán, y éste, como ya lo ha anunciado,
cierre el estrecho de Ormuz.
Que el petróleo venezolano se
comercie en dólares, pues esta es la condición primera para su despilfarro y
crédito ilimitado en el mundo.
Pero, sobre todo, quiere una
cosa: Que Venezuela cambie de régimen, y, como esto no lo puede hacer ahora,
está creando las condiciones - la reciente ley de amnistía política va en ese
sentido - para que la oposición derechista y ultraderechista se rehagan, se
reacomoden, se reagrupen, y puedan ofrecer un sólido bloque en las próximas
ineluctables elecciones.
Los bolivarianos también se
preparan para esto, y tienen, seguramente, en Nicolás Maduro hijo a un gran
candidato, apoyado por toda la cúpula chavista que seguramente cerrará filas
tras de él.
Mientras tanto, toca ceder. El izquierdismo
tiene como lema retroceder nunca, rendirse jamás, y suena bonito pero es el
título de una película yanqui que precisamente eso es lo que quisiera hagan los
pueblos que luchan en desventaja frente al imperio en decadencia final.
El presidente Nicolás Maduro, a
través de sus abogados, le dio un mensaje a su hijo para que lo retransmita a
todos: " Confíen en Delcy y su equipo."
La guerra es la continuación de
la política por otros medios, dijo Clausewitz, y nuestro Amauta nos enseñó que
la política es la expresión concentrada de la economía, por eso, el genial
socialista utópico Henri de Saint-Simón definió la política como el arte y la
ciencia de dirigir la producción. Y esto
es lo que está haciendo el régimen bolivariano.
Quiero terminar este breve
artículo de opinión, recordando las inmortales palabras con las que el
Libertador arengara a sus tropas en las Pampas de Junín:
" ¡Soldados! Vais a
completar la obra más grande que el cielo ha encomendado a los hombres: la de
salvar a un mundo entero de la esclavitud. ¡Soldados! Los enemigos que vais a
destruir se jactan de catorce años de triunfos, ellos pues serán dignos de
medir sus armas con las vuestras que han brillado en mil combates. ¡Soldados! El Perú y la América toda aguardan de
vosotros la paz, hija de la victoria, y aún la Europa liberal os contempla con
encanto porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del Universo. ¿La
burlaréis? No. No. Vosotros sois invencibles."
Lima, 3 de febrero del 2026.
Manuel Velásquez Rangel.
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