miércoles, 25 de septiembre de 2013

EL ESTADO: ¿UN MAL NECESARIO? (I y II)


sursiendo.com
19-09-2013
  
Sursiendo hilos sueltos

Algunos textos anteriores pueden abrir una puerta a lo que pensamos sobre las instituciones. Sin embargo, con este pequeño ensayo nos proponemos repensar en concreto a la institución estatal. En el contexto actual de crisis múltiples y complejas ¿es realmente el Estado un “mal necesario”?


Modernidad: Estado y democracia


Mucho se habla en los últimos años de la crisis del Estado y de la crisis del capitalismo ¿cómo llegamos hasta aquí? La Edad Moderna se inició alrededor de mediados del siglo XV con los cambios producidos por la caída de Constantinopla, la invención de la imprenta (que dio paso al desarrollo del Humanismo y el Renacimiento), consolidando este cambio de Era el inicio de la colonización de América y la Reforma Protestante en Europa (siglo XVI). Desde entonces y durante estos casi seis siglos se gestaron, desarrollaron y consolidaron un orden y una institución asociadas: el capitalismo y el Estado.

Hace unos años el politólogo italiano Norberto Bobbio enfatizada el debate entre quienes asumen el Estado como continuidad de un período anterior y quienes no. Los autores que están a favor de la discontinuidad sostienen que la realidad del Estado moderno es una forma de ordenamiento tan diferente de los anteriores que ya no pueden ser llamados con los nombres antiguos. Este argumento se apoya en quecon Maquiavelo no únicamente se inicia el éxito de una palabra sino la reflexión sobre una realidad desconocida para los escritores antiguos, y de la cual la nueva palabra es un ejemplo. De esta manera sería oportuno hablar de Estado únicamente para las formaciones políticas que nacen de la crisis de la sociedad medieval, y no para los ordenamientos anteriores. El Estado moderno es definido mediante dos elementos constitutivos: la función de la prestación y atención de los servicios públicos y el monopolio legítimo de la fuerza.

Por su parte, los pensadores que están en favor de la continuidad del origen del nombre del Estado afirman que hay una tendencia a sostener la continuidad entre los ordenamientos de la antigüedad, el Medievo y los de la época moderna. Los argumentos que sostienen esta tesis para autores como Hobbes, Montesquieu o Rousseau mencionaban y conceptualizaban al Estado aunque fuera con nombres diferentes (polis, civitas, imperium y res publica). El fundamento de su poder se da en términos jurídicos de donde nace la idea del contrato social y por ende, del contrato de sujeción. El primero, denominado pactum societatis, explica la unión de los individuos en sociedad; el segundo, llamado pactum subjectionis, explica la sumisión al soberano. Con Hobbes se firma el contrato como súbditos y con Rousseau el contrato como ciudadanos (aunque para Hobbes el nacimiento de la sociedad civil va aunado al del Estado).

Según Giovanni Sartori la palabra Estado no se usó hasta el siglo XVI, y “entra en el vocabulario político en Italia, en expresiones como Estado de Florencia y Estado de Venecia para caracterizar las formaciones políticas en las que la terminología medieval (regnum, imperium o civitas) eran manifiestamente inadecuadas”. Es Maquiavelo quien primero registra este uso al principio de El príncipe aunque Norberto Bobbio sostiene que la palabra no fue ideada por Maquiavelo:

Minuciosas y amplias investigaciones sobre el uso de Estado, en el lenguaje de los siglos XV y XVI muestran que el paso del significado común del término status de situación al Estado en el sentido moderno de la palabra, ya se había dado mediante el aislamiento del primer término en la expresión clásica status res pública. El mismo Maquiavelo no hubiera podido escribir la frase precisamente al comienzo de la obra si la palabra en cuestión no hubiese sido ya de uso corriente.

Dejando a un lado la controversia sobre la paternidad del concepto, la secularización del aspecto privado del público es el hito de esta nueva organización, el Estado, en apariencia necesaria ante el crecimiento poblacional y por ende sus necesidades derivadas.

La palabra Estado se vuelve importante y necesaria sólo cuando empieza a designar una presencia estructural del poder político y un control efectivo de esa entidad sobre todo un territorio sometido a su jurisdicción. Según Giovanni Sartori para llegar a eso hay que esperar al siglo XIX, alcanzando su madurez en el XX.

Con la revolución industrial iniciada en Inglaterra en el siglo XVIII se da un paso fundamental en la consolidación del Estado-nacióny la explosión del capitalismo en Occidente. Se da una reterritorialización producida por las leyes de cercamiento, que en esta nueva contribución aparecerá como un proceso de “urbanización extendida original”: un paso decisivo en la apertura de los territorios precapitalistas a los mercados de trabajo y mercancías, en una dinámica de reestructuración y reescalamiento de las relaciones campo-ciudad consecuente también con las aspiraciones imperialistas del gobierno británico.

Con las grandes luchas y revoluciones del siglo XIX, y las consecuentes respuestas del poder hegemónico capitalista, llegamos al siglo XX con la Primera Guerra Mundial, seguida de la crisis del ’29. Ambos hechos transforman las relaciones sociales y geopolíticas, con un capitalismo que demuestra sus debilidades, pero aún con un Estado sirviéndole de colchón y de reanimador. Las movilizaciones obreras se sucedían, ahora con la referencia soviética como espejo y como apoyo.

Como explica Gustavo Esteva

el New Deal, como se llamó el paquete de políticas que aplicó el presidente Franklin D. Roosevelt ante la Gran Depresión era ante todo una respuesta política a la movilización de los trabajadores. Era ésta, más que las contradicciones estructurales del sistema, lo que ponía en peligro su supervivencia. El New Deal contenía tres elementos: a) Integración institucional de los trabajadores. b) Acuerdo de productividad. c) Creación del “estado de bienestar”. Se pactó una “red de seguridad social” que abarcó la educación, la salud, el seguro de desempleo y otros aspectos.

El Estado del Bienestar 


El contrato social que supone el Estado se reacomoda para prometer porvenir, desarrollo, bienestar. El Estado desde la posguerra (1945) y hasta principios del siglo XXI sufrió tales cambios en la esfera política que nos han obligado a repensar la herencia política de Occidente generada en toda su historia.

Un primer momento que debemos identificar es el llamado Estado de bienestar surgido tras los primeros años posteriores a la Segunda Guerra Mundial: el Estado es el principal actor de la actividad económica, controlando las principales áreas de producción. Encontraremos a un Estado poseedor de la generación de electricidad, de los hidrocarburos, brindando los servicios de salud, educación, etc., un Estado que intervendrá en la infraestructura y en la proporción de servicios a la población.

En las democracias occidentales el Estado benefactor tuvo su época de apogeo en los años cincuenta e inicios de los sesenta. Esta forma de entenderlo generó cambios no sólo en el mundo económico sino también en el político y jurídico.

A principios de la década de los setenta se presentaron grandes problemas financieros en las principales potencias mundiales con la inestabilidad en los mercados petroleros y un déficit en el presupuesto para cubrir las exigencias de un Estado asistencial. En este mismo sentido encontramos con los primeros estudios sobre los daños al ambiente, pero especialmente con hallamos ante revolución informática y de las comunicaciones.

Imanuel Wallerstein, en su análisis del sistema-mundo, sostiene que a finales de los años 60 comenzó el declive definitivo del capitalismo (y del Estado podríamos agregar). La economía y las relaciones políticas cambiaron radicalmente, y como dice este autor, lo sucedido en la revolución de 1968 fue más importante aún que las revoluciones francesa y rusa, ya que por su trascendencia fue la única verdadera revolución mundial junto a la de 1848. Esos movimientos del ’68 produjeron cambios “en las relaciones de poder entre los grupos de estatus (los grupos de edad, de género, y las minorías étnicas)” que si bien se registran “en los espacios ocultos de la vida cotidiana” son duraderos y suponen insubordinación permanente. La sociedad civil se muestra menos dispuesta que antes a aceptar pasivamente la dominación y a recibir órdenes. En muchos países se tenían amplios derechos políticos y civiles pero no había derechos sociales o culturales, el descontento desbordó a los movimientos obreros, y tomaron protagonismo otros movimientos como el ecologista, el feminista, el pacifista, el estudiantil, etc. que obtuvieron apoyo de gran parte de la sociedad, incluso ignorando fronteras.

Ante esta nueva realidad de crisis sociales se empieza a delinear lo que actualmente se denomina como neoliberalismo que tiene como ejes centrales el adelgazamiento del Estado, la globalización y la comunicación informática. El Estado deja a un lado sus tareas asistenciales o de prestación de servicios públicos con el objeto de hacer más eficiente su funcionamiento, así encontramos una mayor participación del sector privado (incluyendo a ONG’s) en las tareas que deja de lado el Estado, lo cual generará grandes centros de poder económico en las empresas transnacionales.

Cuando el Estado-nación entra en crisis, lo hace también el concepto de soberanía. La nueva realidad trae consigo a las instancias supranacionales, es decir, los acuerdos comerciales o de integración económica crean nuevas zonas de desarrollo en las cuales participan diversos países regulados por un Derecho supranacional.

A finales del siglo XX inicia una sociedad de riesgo (como la califica Beck) en la que tendremos crisis ecológica, riesgo nuclear, revolución biotecnología, avances (y límites) informáticos que han puesto en crisis absoluta al Estado benefactor y las instituciones políticas modernas. En esta época del Estado neoliberal se ha hecho necesario repensar conceptos políticos que se creían absolutos, tales como la soberanía, el Estado-nación, el Estado de Derecho, los derechos humanos, las esferas de lo público y lo privado, la legitimidad política, el papel del Estado en la economía, etc., y nos encontramos ante nuevas realidades como los derechos de las minorías, el respeto a las diferencias, la idea de autorregulación, el derecho a preservar la identidad, los problemas derivados de la integración económica, los nacionalismos, etcétera.

No se trata ya de un mero desequilibrio que forma parte de la dinámica capitalista ordinaria, sino de una crisis que afecta las bases mismas de la estabilidad social y pone en cuestión la supervivencia misma del sistema. Entonces, Estados ¿para qué? ¿para quiénes?

Para analizar esta perspectiva, es útil volver a la contribución de Wallerstein cuando examina la crisis estructural del capitalismo y considera que ha entrado en su fase terminal. Como mencionábamos más arriba esta fase habría comenzado al final de los años sesenta, cuando la Revolución de 1968 sacudió las estructuras del saber y dislocó las bases de la economía-mundo capitalista. Para Wallerstein, este impacto fue posible porque habían aparecido ciertas tendencias estructurales del capitalismo que hicieron imposible sobreponerse a las nuevas dificultades. Esta fase terminal, que podría durar aún 25 a 50 años, representa una bifurcación: la condición que aparece en un sistema cuando sus dificultades ya no pueden ser resueltas dentro del marco en que opera.

En las décadas de los sesenta y setenta, sin embargo, a partir de esos avances políticos y económicos, pero también por el intercambio desigual y el legado de racismo y sexismo predominantes en la división internacional del trabajo, se produjeron de nuevo amplias movilizaciones de trabajadores que adoptaron muy diversas formas: desde las escuelas y las fábricas hasta las cocinas, las comunas hippies, los plantones y la guerra de guerrillas. La respuesta del capital a estas luchas es lo que propiamente constituiría la globalización neoliberal, muy anterior al Consenso de Washington. Su propósito principal era desmantelar los avances conseguidos por los trabajadores y regresar a la situación anterior al New Deal y a la crisis de 1929. Esta estrategia, por tanto, desmanteló todos los acuerdos anteriores.

¿Fin de la modernidad? 


Así, cuando el capitalismo y el Estado-nación están en crisis, el mundo construido en los dos últimos siglos (la Edad Moderna) llegaría a su fin. Como nos recuerda Monedero, muchos pensadores están teorizando sobre ello: un mundo desbocado (Giddens), una segunda modernidad (Beck), una crisis sistémica (Wallerstein), una transición paradigmática (Santos) o incluso, un cambio de civilización (Morin).

Parece ser que el mundo tal y como lo hemos conocido está derrumbándose, las estructuras impulsadas tras las revoluciones de Francia, de Estados Unidos y la industrial ya no tienen eficacia ni son eficientes para la sociedad, aunque sí para los poderes fácticos que se aferran al pasado para sobrevivir. Las instituciones sociopolíticas y esas categorías de análisis nacidas en el siglo XIX están perdiendo validez para convivir y explicarnos cómo lo hacemos.

Ya el capitalismo depredador actual, el Estado nación, la dicotomía marxista de la lucha de clases, la democracia representativa, el fordismo y la globalización occidentalizante y consumista, etc. están siendo puestos en cuestión fuertemente por amplios sectores de la sociedad, no sólo por los teóricos o los sectores más politizados.

Precisamente en la Sociedad del Riesgo, Ulrich Beck argumenta que en la realidad social actual hay un vacío político e institucional y los movimientos sociales son la nueva legitimación. Por su parte Zygmunt Bauman con su modernidad líquida ha dado cuenta de los procesos actuales de ruptura y cambio frente a la modernidad sólida, y según él el paso necesario es modificar la realidad y comprender que la vía del cambio es la única posible y la única necesaria, además de ser oportuna, para evitar los conflictos sociales y mejorar las condiciones de vida.

Finalmente Wallerstein que tras hacer un repaso histórico del capitalismo vislumbra el fin del sistema-mundo con una bifurcación posible. Sin embargo el que estemos cambiando de época no significa que vamos a llegar a la utopía. Como dice este autor, la bifurcación puede seguir un camino tenebroso y duro para la humanidad, por ejemplo yendo hacia un fascismo financiero privatizador e inhumano, al estilo Matrix o 1984, por nombrar algunas de las distopías más populares.

Como advierten algunos autores (es el caso de Juan Carlos Monedero) la puesta en crisis del Estado hace peligrar la convivencia social al desaparecer el contrato social en que se basa, por que lo que se debe buscar la manera de construir un Estado distinto, sin capitalismo. A este nuevo ordenamiento ¿seguiríamos llamándolo entonces de la misma manera?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

EL ESTADO: ¿UN MAL NECESARIO? (parte II)
  
sursiendo.com
25-09-2013

Sursiendo hilos sueltos

Segunda y última parte de un pequeño ensayo en el que nos proponemos repensar a la institución estatal. En el contexto actual de crisis múltiples y complejas ¿es realmente el Estado un “mal necesario”? Si se perdieron la primera parte pueden leerla aquí.

¿Otra democracia es posible? 

Para Emir Sader el impulso debe ir hacia democratizar el Estado. Para esto sería necesaria la participación de todos los sectores sociales en las cuestiones económicas y políticas como ya están haciendo colectivos de personas que quieren incidir en la política desde lo local. Otros propuestas trabajan por una democracia en tiempo real utilizando los dispositivos electrónicos cada vez más a la mano para cumplir con este objetivo: plataformas para votar leyes, diputados que votan leyes en relación a lo que los ciudadanos le dicten en cada caso, plataformas de partidos en red, etc. Hay que prestar atención a los procesos novedosos de hacer política.

El autor brasileño Charles Tilly era claro en señalar los cuatro componentes que consideraba que hacen visibles los procesos de democratización. Por un lado, señala la ampliación de la participación política popular, la igualación del acceso a las oportunidades y recursos políticos no estatales, la inhibición de los centros de poder autónomos y/o coercitivos dentro y fuera del Estado. En segundo lugar, la reducción de la influencia de los agregados de poder autónomos, incluidos aquellos de los gobernantes, sobre la política pública. En tercer lugar, la subordinación del Estado a la política pública y la facilitación de la influencia popular sobre la política pública. Por último, el incremento de la amplitud, igualdad y protección de la consulta mutuamente vinculante en las relaciones ciudadano-Estado, es decir, la democratización. Estas características se alejan claramente de la democracia liberal.

Ernesto Laclau también aporta su reflexión:

cuando uno piensa en el liberalismo y la democracia, uno tiene que darse cuenta de que las dos cosas no coincidían en sus orígenes. En Europa, a principios del siglo XIX, el liberalismo era un fórmula política perfectamente respetable, había existido desde fines del siglo XVII en Inglaterra y desde por lo menos la revolución de junio en Francia, pero por el otro lado democracia era un poco como el populismo hoy día, era un término peyorativo que se le confundía con el gobierno de la turba, jacobinismo, todo este tipo de cosas, y tomó todo el proceso, largo proceso de revoluciones, contrarrevoluciones del siglo XIX, lograr que hubiera una especie de equilibrio estable entre liberalismo y democracia. De modo que uno habla hoy de regímenes liberal-democráticos como si fueran algo homogéneo, pero son internamente muy divididos. Ahora yo creo que esa fusión entre liberalismo y democracia nunca se dio en América Latina de una manera perfecta. Uno tiene en América Latina el Estado liberal que fue el Estado que constituyen las oligarquías en la mitad del siglo XIX, pero que era muy poco democrático, porque eran de base clientelística. Entonces cuando empiezan las aspiraciones democráticas de las masas a expresarse, tienden a expresarse a través de moldes esencialmente no liberales.

Acá podría entrar en juego el impulso poscolonial que tiene a uno de sus máximos exponentes en Boaventura de Sousa Santos con su Epistemología del Sur. Esta aportación trata de recuperar los conocimientos y prácticas de los grupos sociales que, a causa del capitalismo colonial y los procesos coloniales, se colocaron histórica y sociológicamente en la posición de ser objetos de un conocimiento dominante (lo que se comprende como epistemología del Norte), considerado durante siglos y siglos como el único válido y verdadero. Es la inclusión del máximo de las experiencias en el mundo de los conocimientos con el objetivo de subvertir los modos de entender el mundo, donde está implícita una lógica binaria, combativa, intolerante y con pretensiones de universalidad.

De Sousa Santos hace referencia a la ruptura de imaginarios y procesos que supuso en el continente la aparición, por ejemplo, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas. En un mundo gobernado por el neoliberalismo, con muchas desigualdades y subordinaciones, el levantamiento zapatista de 1994 puede verse como el detonante de una movilización global, cada vez más articulada, que representó un cuestionamiento radical del sistema, más allá de cualquier reivindicación específica.

Hasta ese momento, unos veían la globalización como promesa y otros como amenaza, pero todos tendían a verla como una realidad que era preciso aceptar. Como han reconocido todos los grandes movimientos antisistémicos a partir de Seattle ’99, los zapatistas fueron los primeros en sostener con firmeza un rechazo radical. Además, dieron una nueva forma a la lucha política y a la posibilidad de articular los movimientos sociales con el enfoque de un solo “no” y muchos “síes”: la concepción asociada con la idea de construir un mundo en que quepan muchos mundos desde un rechazo radical del capitalismo, propicia la convergencia y concertación de cuantos comparten este rechazo, el “no” común, pero reconocen la pluralidad real del mundo y la diversidad de culturas e ideales de vida, los múltiples “síes” de los diferentes.

Para Gustavo Esteva, “la democracia radical está dando paso a un proceso de reconstrucción de espacios políticos, en que la gente pueda ejercer libremente su poder y articular sus iniciativas, al tiempo que desgarra la mitología política dominante”. Esta crisis conceptual que incluso cuestiona la misma noción de Estado nacional tal como se ha elaborado hasta ahora, y que hace perder el sentido de los hechos que nos circundan, se produce, entre otras cosas porque, de acuerdo a Rosenau, “la mano de obra y los mercados forman parte de un importante proceso de globalización, al punto tal que los inversores, los empresarios, los trabajadores y los consumidores están ahora profundamente anclados en las redes de la economía mundial y, por este hecho, contribuyen a restringir el alcance nacional de las jurisdicciones políticas tradicionales”.

Al cuestionarse de esta manera el alcance nacional de los Estados se debilitó el centro único simbólico de poder en referencia al cual las sociedades particulares habían articulado sus lazos sociales. Si el estado moderno se había constituido como momento de unificación de las particularidades existentes, ahora se producía un tipo de movimiento inverso que tendía a poner en evidencia las particularidades que hasta entonces habían sido, como mínimo, disimuladas por el Estado. En ese contexto, una de las consecuencias más evidentes de este problema ha sido el fuerte estallido identitario que se ha producido en el mundo, y que ha cuestionado directa y fuertemente a las grandes estructuras estatales y al sistema político todo.

Es preciso revisar ese contrato social, que parece que en la práctica está destruido, y pensar en actuar desde lo local, analizando lo global (como dice la consigna), revisando el papel del Estado pero no para privatizar sus funciones, como hicieron los neoliberales, sino para socializarlas: dejarlas en manos de la gente al devolver a los cuerpos políticos una escala adecuada. En la sociedad-reden la que vivimos, teorizada por Manuel Castells, existen herramientas teóricas y tecnológicas para avanzar a otras formas de relacionarnos políticamente.

Algunos autores han llamado a este periodo de cambios la Tercera Revolución Industrial y Científico-Tecnológica. Dicha revolución se identifica con una marea de investigaciones científicas, de innovaciones tecnológicas, de cambios en las formas productivas, con creciente vigencia sobre todo en energía nuclear, electrónica, información, comunicaciones, telemática, biología. Un 85% de todos los científicos que han vivido a lo largo de toda la historia están vivos actualmente, y cuentan con mayores capacidades creativas e instrumentales. El conocimiento científico se duplica ahora cada trece a quince años.

Esta Tercera Revolución perfila una fase histórica de mutaciones parciales que podrían desembocar en una mutación global. Ello incluye una gama de factores, componentes, implicaciones y consecuencias.

Como con la extensión en el uso de la imprenta y del protestantismo se modificaron la sociedad y la política, la ciencia y la cultura, las nuevas tecnologías de la comunicación están cambiando nuestro modo de vivir el mundo.

Para el pensador Amador Fernández-Savater “hay una forma de hacer las cosas, lo que podemos llamar el modelo televisión, que está en crisis. Aquel era un modelo unidireccional de emisor-receptor que ha funcionado en la política, en el saber o casi en cualquier ámbito. Y surge otro que es un modelo más en red, donde hay más nodos, donde más gente puede hablar, donde las conexiones son más horizontales. Y en ese modelo la red no está dada, hay que hacerla para que esos enlaces se comuniquen y se entiendan unos con otros. Para que se cree un mundo”.



Visto por ahí

Si bien la tecnología no hace a la sociedad, sí puede ayudar a su (re)creación y ser un reflejo de ella. Las grandes movilizaciones que ha ocurrido desde inicios de 2011 como las Primaveras Árabes, el 15M-indignados, el Occupy Wall Street, el #YoSoy132, el #OccupyGezi en Turquía o los (aún vigentes) movimientos sociales en Brasil han tenido a las redes e Internet como una base de apoyo importantes. Se toman las plazas, se toman las calles, se toman las redes. Gentes diversas que se concentran en espacios públicos para exigir cambios políticos, con el lema “no nos representan” o “somos el 99%” por ejemplo, que utilizan las nuevas tecnologías para enlazarse y comunicar al resto de la sociedad e incluso para debatir y proponer. Siempre se encuentran en espacios públicos, no responden a partidos políticos, pero sí están politizados y, como dice Manuel Castells, forman movimientos altamente autorreflexivos. Intentan todo el tiempo encontrar nuevas formas de hacer, que sean incluyentes y participativas.

Todo esto se puede interpretar como reacción a las crisis económicas, pero también como algo más amplio, como una revolución cultural. “Los rígidos modelos verticales para optimizar los sistemas de producción de masas del siglo pasado están siendo remplazados por flexibles redes de intercambio colaborativo que nos llevan hacia una nueva estética de códigos”.

En el trasfondo de estos procesos de cambio social está la transformación cultural de nuestras sociedades, y citando una vez más a Castells, “las características decisivas en este cambio cultural se refieren al nacimiento de un conjunto de valores definidos como individuación y autonomía, que proceden de los movimientos sociales de los años 60 y 70”. Aquí individuación no es entendida como individualismo, sino como la tendencia cultural que subraya los proyectos del individuo como principio esencial que orienta su comportamiento, mientras que autonomía es la capacidad de un actor social para convertirse en sujeto definiendo su acción alrededor de proyectos construidos al margen de las instituciones vigentes, de acuerdo con los valores e intereses de los actores sociales. La transición de individuación a autonomía se opera mediante la conexión en red, que permite a actores individuales construir su autonomía con personas de ideas parecidas.

Un claro ejemplo de esto operó con el alzamiento del EZLN a partir del cual los pueblos originarios de América Latina irrumpen en el escenario de la transformación y cuestionan que el sector obrero de la teoría marxista ya no es el único sujeto de cambio y transformación. En sus discursos es clave el tema de la autonomía y la distinción identitaria.


También es necesario recordar dos movimientos sociales ya asentados, que se fueron extendiendo en los ’70 y ’80, como son el movimiento feminista y el movimiento ecologista, que han estado construyendo discursos y prácticas innovadoras y apelando a romper con valores ya establecidos. Estos movimientos trajeron a primera línea la noción de biopolítica que teorizase Foucault.

Creemos que la transformación más intensa e importante (base de las demás) ha sido la cultural, antropológica, de formas de vida. Es la(re)creación de lo común frente a la guerra de todos contra todos inscrito en la filosofía práctica moderna que hace de cada una y cada uno de nosotros una partícula elemental guiada exclusivamente por el cálculo estratégico en favor de su propio interés. Sin esa transformación, sólo puede darse lo que Antonio Gramsci llamaba “revolución pasiva”: un cambio por lo alto, sin implicación de la gente. Algo que no puede ir muy lejos, porque no hay cambios macro sin cambios micro, no hay otra política ni otra economía posible sin otra subjetividad subyacente.

Una transformación de esta magnitud es la que proponen autores y colectivos humanos que apuestan por un modelo de bienes comunes o commons. Como teorizase Elionor Ostrom, en su Análisis de la gobernanza económica, especialmente de los recursos compartidos, los seres humanos interactúan a fin de mantener a largo plazo los niveles de producción de recursos comunes, tales como bosques y recursos hidrológicos, incluyendo pesca y sistemas de irrigación, áreas de pastizales, etc. Estas prácticas son muy antiguas, pero el capitalismo se encargó de eliminarlas o al menos invisivilizarlas.

Estos procomunes son lo que no son de nadie en concreto pero a la vez nos pertenecen a todas y todas (a veces de maneras más directas, otras más indirectas). Encierran en su esencia un bien común, una comunidad asociada a él y un modo de gobernanza e implican sobre todo un cómo, una forma de organizarse, de participar y de responsabilizarse desde esa participación por el bien social para vivir con aquellos bienes y modelos que heredamos o creamos libremente y queremos que permanezcan así para las posteriores generaciones. Espacios en los que todas las partes implicadas deberían tener acceso, participación y compromiso para asegurar su existencia. Ninguno de estos tres elementos son únicos y hay tantas posibilidades dentro de cada uno de ellos como procesos de construcción existan. Es por eso que los procomunes son creados y recreados a base de experimentación, sostenibilidad y compromiso cooperativo.

Algunos de los nuevos movimientos sociales recogen estas ideas, practican y actualizan el sentido de que una comunidad de personas activamente se pone de acuerdo para gestionar bienes comunes, ajena a poderes públicos e intereses privados, para garantizar su perdurabilidad o perfeccionamiento. Los ejemplos son muchos (de acuíferos, pesquerías, bosques, Internet, idiomas, etc.) y dan cuenta de prácticas sociales que superan a las que propone/impone el neoliberalismo, y las formas políticas heredadas. ¿En qué escala se pueden desarrollar estas nuevas formas? Habrá que experimentar, adaptándose cada vez a las circunstancias, pero seguramente en forma de red entre colectividades, cambiando muchas de las instituciones y paradigmas de la modernidad urbana occidentalizante.

Así que el Estado ideal, ese mundo absoluto concebido por Hegel, cincelado ahora por los neoliberales, ha alcanzado la tierra prometida: ¡el final!

Los tiempos están cambiando, cantaba Bob Dylan allá por los años 60, siempre cambian, pero el que vivimos en la actualidad parece que conllevan transformaciones profundas, que más allá de alargar los diversos post hace evidente la necesidad de la construcción de nuevos metarrelatos, nuevas grandes teorías que beban del pensamiento moderno, pero que también revisen otras formas políticas anteriores o paralelas, que conformen nuevas formas de analizar lo que es y lo que debe ser y que, sobre todo, no pretendan erigirse como verdades absolutas y universales sino que se promuevan como procesos construidos y por construir. ¿Serán necesarias otras instituciones? Cada grupo social, cada comunidad podría repensar qué marcos convivenciales le son útiles, cuáles son beneficiosos socialmente, y esto claro, debería ser decidido por el conjunto de la sociedad involucrado.



EL REGRESO DEL PRI Y LA REVOLUCIÓN DE LOS RICOS




Entrevista con el intelectual Gilberto López y Rivas

desInformémonos
25-09-2013


Ante la profundización del proceso neoliberal, se radicalizarán los movimientos y no se descarta un represión “total” por parte del gobierno peñista, pues “es la madera que mostró en Atenco”, indica el intelectual Gilberto López y Rivas.

Los primeros diez meses del regreso del Partido Revolucionario Institucional (PRI) al poder dejan a los mexicanos mensajes muy claros: las reformas estructurales neoliberales se profundizarán a como dé lugar, y quien no se discipline y entre en un relación corporativa con el Estado, será reprimido mediante el aparato judicial, coinciden el antropólogo Gilberto López y Rivas, el abogado mixteco Francisco López Bárcenas y José Rosario Marroquín, director del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro (Prodh). “Asistimos al pleno despliegue del PRI”, apunta López y Rivas. 

López Bárcenas, quien ha estudiado las reformas referidas a la tierra, aguas y minas, señala que vivimos un profundización del desmantelamiento del Estado nacional “para convertirlo en una empresa al servicio de los capitalistas”. El antropólogo López y Rivas señala que lo que el Estado busca es “imponer a como dé lugar las reformas estructurales neoliberales”, independientemente de quién ocupa el titular del ejecutivo. Lo que sí distingue al gobierno peñista, destaca, es la forma de hacerlo, pues fue totalmente intencional sacar primero la laboral, seguir con la educativa-laboral y luego con la hacendaria, “para que quede todo instalado para la gran reforma: la privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex) y el secuestro de la renta petrolera”. 


Entrevistado por Desinformémonos, López y Rivas resalta un continuismo en las políticas de imposición de reformas neoliberales desde Miguel de la Madrid (1982-1988) hasta la fecha, sin importar el partido que esté en la silla presidencial. Coincide el intelectual mixteco Francisco López Bárcenas, quien señala que lo que vivimos es la profundización de lo que Carlos Tello Macías llamó “La revolución de los ricos”. José Rosario Marroquín agrega que las reformas estructurales son impuestas sin consultar a la población y afectan sus derechos. 

“Hay ciclos de desmantelamiento del Estado y del futuro de México como nación. Comenzaron dando incentivos fiscales a las empresas, después le vendieron las paraestatales a la iniciativa privada, luego adecuaron el Estado a sus intereses, posteriormente facilitaron la intromisión del capital transnacional a través de la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) y la modificación de leyes e instituciones mexicanas, y ahora vemos una profundización” que el Partido Acción Nacional (PAN), por inexperiencia, no pudo realizar, informa el autor de El fuego y las cenizas


López y Rivas, quien renunció en al año 2003 al Partido de la Revolución Democrática (PRD) por su “alejamiento de sus principios éticos”, agrega que otro punto de continuidad con los gobiernos anteriores es la política relacionada con el crimen organizado, de “connivencia, simulación y persecución de los mecanismos comunitarios que luchan contra él”, así como la falta de respuesta a la seguridad de los ciudadanos, “abandonados en manos de distintos cárteles”. La diferencia, precisa, es que ahora ya no se usa el término “guerra”, que el panista Felipe Calderón lanzó al inicio de su gestión. 


Derechos humanos, sólo en el papel 


En la parte oficial del gobierno, señala José Rosario Marroquín, hay una intención se señalar que hay preocupación por los derechos humanos, “pero en la práctica no se traduce en un compromiso claro. Por ejemplo, en la construcción del Plan Nacional de Desarrollo se convocó a las organizaciones defensores de derechos humanos, pero el tema quedó en mínimo y para nada transversal. Se habla mucho de derechos humanos, dicen que es eje rector de la política, se argumentan logros, pero en lo cotidiano no se traduce en un mayor respeto y protección de los derechos”. 

Marroquín habla de retrocesos en la materia. Un caso, apunta, son los intentos por restringir la reforma constitucional en materia de derechos humanos hecha por Calderón, uno legislativo y otro a través de la Suprema Corte. Otros temas de preocupación son la impunidad en las violaciones a derechos humanos, y la desvinculación de las políticas públicas de este enfoque, tanto de seguridad como en programas como la Cruzada contra el Hambre. Pero el retroceso más grave, indica, es con respecto al derecho de los colectivos a encontrar canales de manifestación y que sus voces sean escuchadas. 


Un papel destacado en la cerrazón gubernamental la tiene el Pacto por México, “que no tiene un lugar claro en la estructura gubernamental pero parece ser la instancia máxima del país, con metas ya fijadas de antemano y sin consulta previa. Se dan reformas que no toman en cuenta las necesidades de los diversos sectores sociales, especialmente de aquellos en marginación”, indica el defensor de derechos humanos. Estos caminos cerrados “nos dejan como opción protestar y expresarnos por todos los medios que consideramos derechos nuestros. Ahí se ha dado una situación de represión”. 


El primer episodio represivo del sexenio tuvo lugar precisamente el día de toma de posesión de Peña Nieto, durante las protestas convocadas por el movimiento #YoSoy132 y otras organizaciones sociales. Desde ese momento y como resultado del disparo de proyectiles lacrimógenos, el artista Francisco Kuykendall permanece en un estado de salud muy delicado; tres meses después, desapareció Teodulfo Torres Soriano, amigo del artista y quien videograbó el instante en que el gas impactó a Kuykendall. Integrantes de su colectivo, quienes piden omitir su nombre por seguridad, consideran el episodio como desaparición forzada, relacionada con la participación de Torres como testigo de la averiguación sobre las heridas a Kuykendall. 


Pueblos indios, ignorados 


La estrategia hacia los pueblos indios es el despojo, aclara López Bárcenas, y la política es ignorarlos. “Hace décadas que en México no hay un gobierno nacional, se desmanteló el Estado y lo que hay son administradores de los intereses de las empresas. Los gobiernos facilitan que se haga el despojo porque no les interesan los ciudadanos, sino proteger los privilegios de los grandes empresarios”. El intelectual agrega que si se revisa a los altos cargos de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indios (CDI), se trata de “gente que nunca ha luchado por los pueblos; en el mejor de los casos, son indígenas que han vivido del discurso de lo indígena”. 


El despojo no solamente se refiere a territorio y recursos, aclara López Bárcenas, sino también a su capacidad de gestionar su desarrollo, organizarse ellos mismos, y aceptarlos con su diversidad cultural e ideas sobre el futuro. 


López Bárcenas contrasta esta indiferencia con el resurgimiento de las demandas centrales de los pueblos indígenas, como la defensa del territorio y recursos naturales, y el autogobierno, a las que no se les da un seguimiento serio. “Lo que se ha hecho con ellos es reprimir o mediatizar, y eso habla de una ignorancia de los pueblos como sujetos de derecho y de la ausencia de una política de Estado de garantizar que se respeten sus derechos”.   


Negociación y garrote 


El 12 de septiembre de 2013, el Primer Tribunal Colegiado del Poder Judicial de la Federación negó el reconocimiento de inocencia para el preso tzotzil Alberto Patishtán. Al día siguiente, desalojó con violencia a los profesores, agrupados en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que mantuvieron un plantón en el Zócalo capitalino en exigencia de que se derogue la reforma a los artículos 3 y 73 de la Constitución que, señalan, privatizará la educación y afectará su estabilidad laboral, y para pedir una audiencia directa con el presidente Peña Nieto. Estos hechos, sumados al lanzamiento del paquete de reformas (laboral, educativa, hacendaria y el anuncio de la energética), dan un ejemplo claro de la operación del Revolucionario Institucional y sus aliados, consideran los entrevistados. 


López y Rivas resalta el manejo “más retórico” de los conflictos: “Se trata de la simulación de negociación y el garrote que caracterizan al PRI. Negocian para que no dé resultado, como en el caso de los maestros -que los llevaron a los foros sin ningún resultado y sin tomar en cuenta sus opiniones para la reforma. Eso se liga con la represión posterior”. 


Un ejemplo de la política priista de negociación simulada-represión, abunda el antropólogo y ex integrante de la Comisión de Concordia y Pacificación, se encuentra en Jaime Martínez Veloz, comisionado de la secretaría de Gobernación para los pueblos indígenas, “que va por el país ofreciendo migajas pero no cambia nada. Hay demagogia, hay retórica y hay Martínez Veloz. Lo mismo es en el caso de Osorio Chong (secretario de Gobernación) con los maestros”. 


Francisco López Bárcenas incluye a las reformas estructurales, la respuesta gubernamental a la CNTE y el fallo que le negó la libertad a Patishtán como parte de la política de despojo que se aplica en toda la nación: “Los maestros protestan por la reforma constitucional y la evaluación, ligada al despido, detrás de lo cual existe un modelo educativo de mercantilizar el conocimiento. No es casualidad que sean los privados –como Claudio X. González y Televisa- quienes estén en contra del movimiento magisterial. Con Patishtán, comprobado, no cometió ningún delito, pero el Estado necesita escarmentar en alguien y dar ejemplo de qué le puede pasar a los que protesten”. 


“El mensaje es muy congruente: que las reformas se impondrán pese a quien le pese y que el aparato judicial será usado como medio represivo, a juicio del ejecutivo y de manera discrecional”, abunda López y Rivas. Para el académico, el manejo discrecional del aparato de justicia incluye a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, “que no es ni suprema ni de justicia”. Advierte que la oposición será castigada a partir de acusaciones judiciales con todo tipo de delitos, “incluyendo un modernización del delito de disolución social. El regreso del viejo PRI es el mismo en cuanto a impunidad total y represión”. Llama la atención sobre el uso del término de “limpieza” del Zócalo en el operativo de desalojo, una “terminología racista y clasista, que anuncia un régimen de limpieza social y étnica”. 


Para el colectivo de Teodulfo Torres, el mensaje tras la desaparición del activista “es decir, estense quietos, no se metan, pues tengo todo el poder para agredir”, valoran. Torres “era un tipo muy tranquilo, gente de trabajo, sencillo y con ganas de cambiar al mundo”.


El fallo sobre Patishtán, apunta Marroquín, director del Prodh, “envía el mensaje de que los caminos institucionales no bastan para hacer justicia, y que lo único que nos queda es no comportarnos como ciudadanos que exigen derechos, sino más bien en la vieja relación clientelar entre el poder y la sociedad: la gente tendrá beneficios en la medida en que se sujete a lo que desde el poder se determine. En el ámbito de la justicia penal, se trata de que quien no se discipline y no forme parte de este proyecto de sociedad, le espera toda esta serie de obstáculos”. 


En el caso de la desaparición de Teodulfo Torres, la Procuraduría General de la República se negó a tipificar el caso como desaparición forzada. El colectivo del desaparecido Torres considera que el gobierno “no se quiere investigar a sí mismo”, pero vincula claramente el episodio con la grabación que hizo de la agresión a Kuykendall, pues “documentó una violación a derechos humanos flagrante por parte del Estado Mayor Presidencial y la Policía Federal”. La Procuraduría “investiga todo menos los hechos del 1 de diciembre, aunque reconocen queEl Tío declararía como testigo justo el día que desapareció, en la demanda de la familia de Kuy contra el secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, y Manuel Mondragón y Kalb”. 


Grupo dominante de todos los partidos


El viejo aparato priista es el que opera todas las estrategias de Peña Nieto, indica López y Rivas. “Echaron a un lado la basura del PAN que no le servía, y los usan para operar el Pacto por México, al igual que la parte de la estructura del PRD que se acercó limosneando secretarías de Estado, como en el caso de Rosario Robles, Graco Ramírez, el gobernador de Tabasco y el de Guerrero”, en una clara complicidad para imponer reformas y reprimir en la que “Mancera juega el papel del policía bueno”. 


La política hacia los pueblos indios la opera el grupo del secretario de Gobernación, Osorio Chong, en dos sentidos: la directora de la CDI es gente de su equipo e impulsa las políticas de seguridad, y por el otro lado está el Comisionado para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, Jaime Martínez Veloz, que estructuralmente es su subordinado, y que más que un diálogo, hace una labor de desactivar los conflictos, explica López Bárcenas. Desde antes del regreso del PRI al poder se comenzó a notar “un especie de política de contrainsurgencia, en el sentido de cómo desactivar las policías, comunitarias, con el apoyo del general colombiano Oscar Naranjo -quien llegó a decir que casi eran un para-Estado”. 


No todo sale bien 


López y Rivas considera que aunque están imponiendo las reformas, incluyendo la petrolera, “las cosas no les salen conforme lo planeado”, pues hay un gran descrédito público. Sin embargo, el gobierno está dispuesto a pagar “el precio que sea” para imponerse. La represión en el Zócalo levantó simpatías de gente que estaba bajo la campaña mediática de odio, explica el académico, “lo que se reflejó en la ceremonia del Grito de la Independencia en el desfile militar, a los que debieron traer hordas de gente de estado de México y familiares de todo el aparato represivo del Estado para llenar las calles”. 


Los desastres naturales, indica López y Rivas, son usados para echarle agua al conflicto magisterial, “pero la economía está en un impasse que no pueden negar, lo que trae un desgaste en la legitimidad y credibilidad a pesar de los esfuerzos de la dictadura mediática”. El antropólogo agrega a sectores medios “que empiezan a darse cuenta del enorme hueco que ocasionarán las reformas hacendaria y energética, y que empiezan a mostrar sensibilidad respecto al magisterio que resiste heroicamente toda la fuerza del Estado”.


El antropólogo vislumbra un escenario de incertidumbre total, gran confrontación social y dimensiones catastróficas de lo que llama el desastre nacional. “Se ve la limitación de la opción electoral -con la repulsa light de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) como única forma de resistencia, personalizada en Andrés Manuel López Obrador, y las contradicciones en el PRD y Morena, con dirigencias colaboracionistas y demasiado gentiles con el sistema como para tener éxito”. El político predice que se radicalizarán los movimientos, y no descarta un represión “total” por parte del gobierno peñista, pues “es la madera que mostró en Atenco”. 


Para López Bárcenas, si alguien defenderá a México serán los pueblos indígenas, “no tanto porque sean nacionalistas, sino porque en ello les va la existencia. Y con ellos, muchos sectores progresistas que creen en México como nación”. El problema es que cada sector tiene diferentes formas de reaccionar, apunta, “pero lo que falta es articularse en un gran proyecto que les dé una fortaleza importante para oponerse a las políticas estatales. Sabemos qué sí y que no queremos, pero nos falta el cómo”. 


Para representar el sentir nacional, indica López y Rivas, no servirá la demanda del magisterio, centrada en lo laboral y la pérdida de derechos, ni “personalidades moderadas que piden permiso para protestar, sino el conjunto de las luchas”. El académico considera que “muchas organizaciones entienden que es necesaria una coordinación más allá de personalidades, oportunismos electoreros y gremialismo”, indica. 


“Cada sector tienen que superar su corporativismo, porque por sí solo no puede llevar adelante una oposición con éxito. Tiene que ser conjunto de luchas que se superen a sí mismas y unifiquen a los sectores damnificados”, valora el antropólogo, quien señala que quienes tengan esa capacidad podrán representar ese sentir nacional. “Si no, serán barridos en la dinámica de cooptación, atomización, regionalización de los movimientos”. 


El escenario para los cinco años y dos meses que quedan de esta presidencia es de “más luchas, más conflictos, más represión y más manifestaciones”. Salir adelante, valora, depende de que el pueblo mexicano “tenga capacidad reflexiva y para aglutinar sus luchas”. López Bárcenas indica que, por un lado, está el capital financiero que quiere apoderarse de todo; por otro, un gobierno que se lo facilita; y en su oposición, los pueblos y la ciudadanía que resisten.


Fuente: http://desinformemonos.org/2013/09/el-regreso-del-pri-y-la-revolucion-de-los-ricos/

martes, 24 de septiembre de 2013

SOCIALISMO PERUANO: ANTÍDOTOS CONTRA EL SECTARISMO Y EL DOGMATISMO

LA UNIDAD SE CONSTRUYE INCLUYENDO NO EXCLUYENDO

Un buen día se reconoció que es parte de la idiosincrasia humana organizarse en redes. Ese día se recordó que los hombres han logrado llegar a dónde han llegado porque se atrevieron a nadar contra corriente, malgré tout. Ese día se recordó que la realidad es una montaña que pesa sobre nuestros hombros. Ese día se tuvo claro que para liberarnos de ese lastre tenemos que organizarnos en redes de resistencia al capitalismo. Ese día se evocó que la primera batalla que tenemos que ganar es la batalla en los cerebros; por eso, le decimos: "¡Pueblo, despierta, y lucha por tu vida!, y nos limitamos a mostrarle aquello por lo qué está luchando en realidad; porque ellos, y sólo ellos, serán los artífices de su propia emancipación.
Tacna, 24 setiembre 2013

EBM




24 de setiembre de 2013

Comparto con ustedes un último comentario divulgado el sábado 21 por Gonzalo Fernández,  a través de otra lista de correos frente unitaria.

Los temas que comenta son de palpitante actualidad, y serán (en realidad ya son),  motivo de próximos comentarios. En la medida que este intercambio amical contribuye al balance de la gestión de nuestra generación, de la generación pasada, y que ahora ya somos parte de los veteranos,  que activamos en lo fundamental entre los años 1970 y 1995, solamente quiero destacar, como aspecto adicional,  la recordación que hace Fernández entre otros, a dos destacados luchadores. A  nuestro gran amigo Juan Carlos Florían, y la mención a "Coco" Olivares, a quien anteriormente yo debo de haber conocido de vista, que en estos momentos no lo recuerdo, pero si estoy informado y enterado de su destacada participación y contribución a la lucha por el cambio social. Y es que "de hombres y de ideas es nuestra fuerza". Fernández también comenta la participación de otros compañeros más, y es que, si le dedicamos el tiempo necesario, descubriremos que la relación de activistas del frente unido  es "interminable", y esa es la mejor respuesta a los incrédulos que todavía se preguntan "¿cual frente?".

Recomiendo, a todos los interesados, prestar mucha atención al "antídoto" recomendado por Fernández. 

En los próximos días continuaré reenviando  comentarios de otros amigos, que han llegado a mi dirección de correo.

Saludos

Miguel Ángel Aragón
   
De: Gonzalo Fernández 


Enviado: Sábado, 21 de septiembre, 2013 16:17:43
Asunto: Re: Un Abrazo Fraterno con Luís Mejía


Estimado Miguel Aragón:

En la última y definitiva ocasión que tuviste de alternar con Luis Mejía, nos refieres que estando tú acompañado de Carlos Joya y Jorge Zumarán, él se acercó para saludarlos y te dejó una frase personal antes de despedirse con un fraterno abrazo:

"compañero sigue escribiendo usted muy bien... lo felicito"

La impresión que me queda es que Mejía no andaba equivocado al referirse de modo elogioso a tus escritos.

Es más, éste mensaje tuyo que me tomo la libertad de comentar resulta valioso por varias razones.

Durante mucho tiempo, probablemente desde fines de la década del 60, una nefasta práctica se instaló y ocasionó graves estragos en las filas del movimiento popular y socialista en el Perú: el sectarismo con todas sus consecuencias: la fractura, la escisión, la atomización al infinito de fuerzas que en teoría debieran haber funcionado como la argamasa del movimiento socialista, pero que con esta grave tara contribuyeron a la confusión, a la dispersión, al desaliento y en no pocos casos al derrotismo en las filas populares.

Las causas que llevaron a esta práctica demencial pueden ser simples o complejas.

-En nuestras cabezas y espíritus de peruanos pesan además de 400 años de vigencia de la feudalidad y de la semifeudalidad (desde la época colonial hasta buena parte de la etapa republicana) el largo pasado tribal pre hispánico con sus características propias. Esto tiende a hacernos proclives a la figura de "El Caudillo." Este síndrome que ha marcado la historia del Perú, ha estado presente en el devenir de la izquierda.

- Algunos conceptos expuestos en obras de Lenin, en situaciones específicas de la lucha de clases en la Rusia de inicios del Siglo XX, se concibieron como "principios a aplicar" y fueron llevados hasta el paroxismo originando una práctica demencial traducida en una prédica que clamaba por "La Unidad" mientras que la praxis significaba la negación absoluta del discurso, y perseguía de modo denodado "La Escisión."

Las ex-comuniones y lapidaciones mutuas entre compañeros fue la consecuencia inmediata y lógica de esta desviación. Este factor, además de introducir confusión en las filas populares, contribuyó como pocos al alejamiento temporal o definitivo de gente valiosa para el movimiento socialista, que de manera tan precisa has explicado, lo que hace también valioso tu comentario que te sugiero complementar con las apreciaciones de Mariátegui relativas a la valoración de los militantes socialistas.

El hecho, para nuestro caso es que condicionados por este clima sectario, como cualquier otro personaje de nuestra generación Luis Mejía, en su mejor versión, fue probablemente para ti, para mi y para muchos tenido más como adversario, enemigo y contrincante que como compañero. Por supuesto que el viceversa también operaba.

Valoro en este mensaje tuyo el reconocer, apreciar y poner de relieve los aspectos más valiosos de la trayectoria vital de Mejía, así como haber puesto en verdadera dimensión lo que en otro momento parecían abismos infranqueables, con la fórmula:

"nuestras minúsculas diferencias teóricas"

Esto no es otra cosa que una saludable rectificación y autocrítica en los hechos de la nefasta práctica del sectarismo, cosa que leo vienes haciendo desde hace un tiempo considerable.

Paradoja de la vida: si había un país en el planeta en el que los socialistas teníamos a mano un antídoto contra el sectarismo en todas sus formas y presentaciones, era el Perú. Bastaba guiarse por las transparentes enseñanzas de Mariátegui sobre el frente único.

Aparejado a este fenómeno del sectarismo operaba también una idea metafísica sobre "El Partido."

Idea que era un simple calco y copia de los certeros planteamientos de Lenin, en las condiciones del régimen zarista a inicios del siglo XX y que fueron elevados a la categoría de "verdad universal" donde "El Partido" se constituía en un fin en si mismo.

Esa concepción de "El Partido" formado por un número reducido de "cuadros profesionales" (la idea de Lenin en 1,902) que además de poseer superlativas capacidades propias de una idealizada especie de superhombres (...que entre otras características "no tienen amigos... sólo camaradas"... como leí hace algunos años atrás de un imaginativo narrador de cuentos) quienes tras bambalinas "dirigen todo" terminó por completar la tarea del sectarismo.

Paradoja de la vida: si había un país en el planeta en el que los socialistas teníamos a mano un antídoto contra esa concepción dogmática de la organización política era el Perú. Bastaba guiarse por el concepto de Mariátegui para el Perú: "el partido de masas e ideas."

La conjunción de todas estas concepciones puede haber influido demasiado para que "esas breves colaboraciones de numerosos activistas" que anotas en tu comentario, hayan sido en muchos casos, demasiado breves.

Bueno hablemos ahora de algunos recuerdos y apreciaciones personales sobre "el negro" Mejía.

Mejía fue ante todo un hombre de acción, un movilizador de voluntades antes que un teórico.

Lo que carecía en solidez doctrinaria le sobraba en acción práctica.

Esta característica, adicional a su inteligencia e intuición, me parece que marcó su trayectoria desde que fue un joven y combativo dirigente estudiantil hasta los últimos días de su vida que lo encuentran organizando, movilizando, luchando por sanear la organización gremial de los ingenieros.

De la lectura de innumerables mensajes apesadumbrados de los colegas que participaban junto a él en esta su última lucha, en los que valoran grandemente tanto a su persona cuanto su aporte como conductor, he podido ponderar mejor su figura y sus capacidades.

Una anécdota y recuerdo para terminar:

Cuando "El negro" se preparaba para las grandes polémicas con el inolvidable flaco Juan Carlos Florián, representante del FER  prematuramente desaparecido, consultaba siempre con Javier Sicchar quien era mucho más leído y cuidadoso con el estudio serio del marxismo. Le pedía que le resumiera dos o tres ideas centrales sobre algún tema específico contenido en los clásicos y que sabía iban a estar presente en el debate.

Vr.Gr. las vías para el desarrollo capitalista en la agricultura, investigadas y planteadas por Lenin, o las clases de golpes de estado en "El 18 de Brumario" o asuntos de ese estilo.

Al momento de la discusión pública "El negro" se las arreglaba para dar la impresión que era casi un erudito en el tema gracias a su locuacidad, con lo que emparejaba las discusiones con Florián quien además de su aguda inteligencia y respetable formación teórica hacía gala de una gran capacidad oratoria.

En 1974 con motivo de los 150 años de la victoria de Ayacucho se anunciaba la visita al Perú del repudiado Pinochet para las ceremonias a la que asistirían también varios gobernantes de América del Sur. La policía montó un gigantesco operativo en previsión a las protestas por la visita de este nefasto personaje.

Por esta razón en su condición de dirigente Mejía pernoctaba en una habitación que tenía en la urbanización Ingeniería nuestro recordado "Coco" Olivares quien este año ha cumplido 18 años en prisión. "Coco" que era muy bromista y juguetón en medio de una conversación con "El negro" conociendo de sus déficits teóricos, sacó de entre sus libros un ejemplar de "La Revolución Proletaria y el Renegado Kaustky" y le dijo:

"A ver Lucho, qué te parece esto que escribió el camarada Lenin" y seguidamente leyó muy serio un buen párrafo del libro.

Apenas terminó, Lucho empezó a hablar hasta por los codos elogiando la profundidad argumentativa de Lenin, su inconfundible genialidad en la aplicación de la dialéctica materialista y cosas de ese estilo.

Cuando hubo terminado de hablar, "Coco" le precisó de lo más risueño:

"...eso que leí lo escribió Kautsky, no Lenin...."

provocando estruendosas carcajadas que hasta Pinochet las escuchó, mientras que "el negro" sulfurado a más no poder recriminaba con ajos y cebollas:

" !!... cuándo será el día que se comporten como adultos carajo!!

!!Cuando será el día que tomen las cosas con seriedad... esto no es un juego !!!

Las risas eran irreprimibles...

Saludos.

Gonzalo
PD: Un saludo especial a Carlos Joya a quien lo había perdido por completo de vista y compruebo con mucho gusto su presencia en esta lista de correo.