martes, 31 de enero de 2017

"ESTAMOS VIVIENDO UN FIN DE CIVILIZACIÓN"




Entrevista al filósofo Santiago Alba Rico, autor de "Ser o no ser (un cuerpo)"

Infolibre
31-01-2017

"Lo que nos pasa en el cuerpo es un residuo, cuando no un obstáculo culpable, con respecto a esa verdadera vida o esa verdadera realidad que ya está en otro sitio", explica el autor


Santiago Alba Rico (Madrid, 1960), pasa gran parte de su jornada frente al ordenador, sin tener apenas conciencia de sus órganos —salvo cuando se desplaza a la cocina, corazón de su casa en Túnez, donde reside desde 1998—, de tan volcado en ese órgano externo que es la pantalla. Ser o no ser (un cuerpo) (Seix Barral), su nuevo ensayo tras Leer con niños y ¿Podemos seguir siendo de izquierdas? nace de esa certeza y de un taller impartido en el Museo Reina Sofía junto a Amalia Fernández hace dos años. El filósofo —que fue guionista de La bola de cristal y candidato al Senado por Podemos— reflexiona sobre el efecto que tiene sobre nosotros el olvido de nuestros cuerpos en favor de una realidad virtualizada por las tecnologías y por el sistema capitalista.

"Me interesaba", explica entre susurros en una librería de Madrid, "cómo afecta a la propia concepción del cuerpo la mayor o menor hegemonía de las relaciones del mercado, y aquí introduzco la tecnología, que se suele considerar como un apéndice pero que tiene sus propias consecuencias". En el libro, accesible para el lector no académico pese a la complejidad del tema, define el cuerpo como aquello que nace de la fuga del propio cuerpo. Es decir, que los seres humanos llevamos toda la historia tratando de huir de nuestra propia mortalidad mediante el desarrollo de distintos mecanismos que nos alejaran del cuerpo, concebido como fuente de dolor y de debilidad. Pero nunca lo habíamos conseguido tanto como ahora: "La corporalidad ha sido un elemento de estabilidad en los últimos 40.000 años, y ahora entra en contradicción con los cambios culturales y tecnológicos, que son enormemente rápidos".

¿Cómo influye la ausencia de nuestros cuerpos en nuestro día a día? ¿Y en la política? Alba Rico trata de dar respuestas a un tema de calado que se pierde, precisamente, en esa misma urgencia de la fuga.

PREGUNTA. ¿Hasta qué punto la virtualización que impone la tecnología es una ruptura o la continuación de una tendencia de siglos?

RESPUESTA. Hay una continuidad. Lo que intento demostrar en el libro es que lo que llamamos "cuerpo" es una fuga que tiene distintos vectores, el primero obviamente el lenguaje, y que por tanto hay una creciente separación. Esa separación se acelera mucho con un sistema de producción capitalista, que a su vez determina una aceleración de la historia de la tecnología. Lo que sí que creo es que es obvio que esa combinación de capitalismo de consumo y tecnologías de la comunicación lo que ha hecho ha sido desplazar el centro antropológico cada vez más lejos del cuerpo. Antes todo nos pasaba en el cuerpo o en sus alrededores. Ahora lo que nos pasa en el cuerpo y alrededores es un residuo, cuando no un obstáculo culpable, con respecto a esa verdadera vida o esa verdadera realidad que ya está en otro sitio. Por un lado por las opacidades económicas o políticas, y por otro porque nuestras relaciones y vínculos son cada vez menos corporales. De hecho, de alguna manera vivimos los cuerpos como un obstáculo para acceder a esa realidad, que lo es tanto por el tiempo que dedicamos a ella como por la intensidad con la que vivimos en ese otro lugar.

P. ¿Cómo se vincula el trabajo, cada vez más desregulado, a esta separación del cuerpo?

R. Lo que ha introducido el trabajo precario y desregulado, y próximamente el trabajo cada vez más robotizado, es que vivimos los cuerpos no como recursos materiales y culturales, sino como excedentes. Cada vez es más difícil tener un cuerpo tal y como lo defino y trabajar. Primero, porque el mercado laboral es cada vez más estrecho y exigente, y por lo tanto los procesos que nos han acompañado durante esta estabilidad de 40.000 años, que son la fragilidad, la reproducción y la mortalidad, no digamos el embarazo, no se ajustan a las demandas del mercado. Y también porque la autoestima de los sujetos occidentales no se construye ya en los lugares de trabajo, sino en los de consumo, que están pensados para esconder los cuerpos bajo la alfombra en favor de este alma exterior que llamamos imágenes y que han acabado por devorar enteramente sus correspondencias corporales. En una sociedad de consumo con un trabajo cada vez más precario y robotizado, los cuerpos excedentarios, cada vez más numerosos, se van a vivir como amenazas negativas por el propio sujeto que va a tener que cargar con ellos.

P. Defines el cuerpo como una fuga de la mortalidad, que es una fuga del tiempo. Al tener menos tiempo libre, ¿tenemos menos cuerpo?

R. Creo que sí. Una de las formas en que defino el cuerpo en el libro es como un coágulo de tiempo. Eso lo comprobamos en el aburrimiento, que tiene una conexión fecunda con el ocio como vías de acceso a formas superiores de cultura y de belleza. Cuando nos aburrimos, cuando nos quedamos solos, el tiempo coincide enteramente con el cuerpo, se estanca, y por eso huimos. Por eso tenemos que considerar como imprescindibles para la producción de cultura lo que yo llamo las "recaídas", que tienen que ver con el hambre, con la vergüenza, con el aburrimiento, con el dolor. Son esos momentos cuando recuperamos el cuerpo, y entonces inventamos cosas para huir. ¿Qué ocurre? Que tenemos una industria que ha proletarizado el ocio. Y no nos permite el dolor, porque hay una permanente exigencia de felicidad —y el que no es feliz se tiene que sentir culpable porque la felicidad es su responsabilidad—, y no nos permite el aburrimiento ni la vergüenza en un mundo absolutamente antipuritano, ni la compasión. Pero sin esas recaídas, la construcción de una política de los cuidados, eminentemente humana, es imposible.

P. ¿Qué efectos tiene sobre el yo, pensando por ejemplo en la responsabilidad autoimpuesta de la felicidad, esa huida constante con recaídas culpables?

R. Baja las defensas frente a las inevitables encrucijadas. Vivimos en una sociedad en la que huimos hasta tal punto en que incluso se nos impiden los duelos. Hay una psiquiatrización de la vida cotidiana que hace que no se te permita vivir dolor por la pérdida, como si el dolor fuera una anomalía que corregir inmediatamente. Y sobre todo nos deja muy inermes ante los poderes que gestionan la vida y la muerte, que no es el Tiempo con mayúsculas, sino esas instituciones y decisiones que cada vez ocurren más lejos de nosotros. Hay muchas formas posibles de huir del cuerpo, la fuga del cuerpo es lo que define al cuerpo mismo. Pero allí donde el modelo de fuga es una combinación de capitalismo de consumo y tecnologías de la comunicación, se han dejado fuera otras vías, como las colectivas. Huimos individualmente, en términos recreativos, y eso nos inhabilita para construir respuestas organizadas frente a los poderes que gestionan nuestros cuerpos.

P. A la vez que nos hacemos cada vez más virtuales, hay una obsesión con la monitorización del cuerpo –con dispositivos tipo Fitbit—y con el control del cuerpo a través del deporte. ¿Qué nos dice esto?

R. Que hemos interiorizado como inseparable de nuestra autoestima y nuestra inscripción en una jerarquía la lucha contra el cuerpo sin recaídas. Podríamos pensar que esta obsesión por el deporte, por la cosmética, por la cirugía estética –que ha aumentado y no disminuido desde que empezó la crisis— se corresponde con una obsesión por el cuerpo. Pero es todo lo contrario, es una forma de liberarse del cuerpo. Hasta el punto de que se trata de que nuestros cuerpos se parezcan cada vez más a las imágenes que hemos liberado en las redes digitales, combatiendo todo lo que en nuestros cuerpos puede recordarnos esta recaída, desde el dolor al envejecimiento, que es incompatible con el mercado y también con la existencia digital.

P. ¿Qué perdemos en estas huidas imposibles?

R. No podemos encarar la inevitabilidad de las recaídas, y a partir de ahí hay que buscarlas. Debe de haber un programa político que busque esas recaídas y nos ponga en contacto con los otros. En el libro digo que el cuerpo es también el fracaso del sistema, porque como esa fuga sin fin es una fuga fracasada, ¿dónde aparecen esos cuerpos? Donde los cuerpos más sufren: en las vallas, en los muros, en los hospitales, en las guarderías. Aparecen entre los más vulnerables. O hacemos una política en términos de dependencia y para los más vulnerables, o vamos a acabar sacrificando a los cuerpos excedentarios. Las recaídas son, de alguna manera, la verdadera matriz de la cultura humana.

Hay que evitar también pensar que la alternativa a los nuevos formatos tecnológicos pasa por la tecnofobia, porque la tecnología se ha incorporado a nuestras vidas y hay cosas de las que no se puede retroceder. Podemos retroceder de los derechos laborales y las libertades formales, lo vemos, pero muy difícil retroceder de la tecnología salvo catástrofe o apocalipsis. Sabemos cómo fabricar la bomba atómica y se sabrá siempre, por lo tanto tenemos que ver qué haremos con ese saber. Pasa también con el resto de formatos. Como lo que verdaderamente importa de la tecnología no es lo que nos permite hacer, sino lo que nos obliga a hacer, tenemos que saber por un lado que no podemos romper con esos formatos, y al mismo tiempo tomar la suficiente distancia como para ver qué efectos inevitables introduce y cómo podemos luchar desde ahí.

P. Menciona también a los colectivos obligados a tener cuerpo, los oprimidos en razón del género, de la raza, de la identidad sexual, de clase... Estos colectivos han hecho de su cuerpo una herramienta de activismo. ¿Qué hay de poderoso en el cuerpo?

P. Hay corrientes feministas y decoloniales que lo reivindican como potencialmente liberador. Eso tiene algunos peligros, como el de reontologizar la raza o el género, pero es comprensible y tiene la virtud de recordarnos cómo hasta qué punto en un mundo que esconde los cuerpos bajo la alfombra solo aparecen allí donde resultan amenazadores o excluidos. Esos movimientos tienen la enorme ventaja de recordanos que el cuerpo solo aparece donde hay mayor vulnerabilidad.

Es verdad que el consumo dominante es el consumo de las clases dominantes. Y el sistema capitalista genera lo que Bauman llama “consumidores fallidos”. Siempre digo que las revoluciones árabes tienen que ver con estos consumidores fallidos, que en realidad solo eran propietarios de su cuerpo, que viven en sus propios países como si fueran inmigrantes hasta tal punto están lejos de los sitios donde se deciden las cosas, y hasta tal punto tienen que acarrear de la mañana a la noche un cuerpo excedentario que sientan en un café. Lo que ocurre es que hay una culpa muy grande de tener cuerpo.

P. Durante el 15-M hubo propuestas, aunque minoritarias, de hacer manifestaciones online concentrándose en una web determinada. ¿Puede haber comunidad política sin cuerpos?

R. Creo que no. En Sociofobia, explica César Rendueles que las redes están muy bien para convocar pero no para transformar el mundo. Es finalmente en las plazas y en los vínculos reales, vínculos liberadores que no siempre son fáciles y que a veces buscamos evitar, donde se consigue. Entre otras cosas por lo que dice Silvia Federici y que cito en el libro, que es que en las redes la reproducción de la vida es imposible. Y hay que pensar la transformación a partir del eje de los cuidados, y no de los debates en la red. Que por cierto siguen siendo una parte muy marginal de la red, donde domina la pornografía, el comercio y las sectas apocalípticas.

P. Hay un momento de la protesta en la que los cuerpos se hacen presentes en la calle, y una parte menos activa en la que los cuerpos desaparecen. ¿En qué medida cuando nos desactivamos políticamente perdemos nuestro cuerpo?

R. La pregunta es cómo ensamblar cuerpos para que los cuerpos privados se vuelvan menos vulnerables. Hay un pasaje obvio del cuerpo privado al colectivo, en la medida en que el cuerpo colectivo desaparece, volvemos a un cuerpo que de alguna manera se vuelve como indigno. Vuelvo a las revoluciones árabes, una zona con dictaduras férreas en la que la gente no se manifestaba. De pronto, la gente descubre la visibilidad en los espacios públicos y no es una casualidad que el eslogan de la revolución sea "Dignidad". Porque el paso del cuerpo privado al colectivo es una rehabilitación del cuerpo, que deja de ser inútil y de estar despreciado por todos. Cuando los cuerpos colectivos se evaporan, el regreso al cuerpo privado es particularmente doloroso. Pero en todo caso hay que seguir pensando en esos lugares como lugares de resistencia. Aunque a mí no me basta la sola resistencia y no es el momento de buscar lugares en los que sentirse cómodo. Si ya no podemos decir que el destino de la humanidad se juegue en las fábricas, sí podemos decir que se juega en los bares, en las cocinas, en las guarderías y hasta en los lechos nupciales. Siempre pensando que eso no es más que la condición para un ensamblaje en el que pasemos del yo al nosotros, que es el paso más misterioso que hay.

P. Hay distintos movimientos o actores que han diagnosticado también esa desaparición del cuerpo y hacen una llamada a una nueva conexión con el cuerpo. ¿Es posible?

R. El problema es que las alternativas individuales tienen también algo de elitista. No digo que no tengan potencialidades, porque de alguna manera el cristianismo histórico en la larguísima decadencia del Imperio Romano empezó así, con un montón de sujetos que se imponían disciplinas corporales, a través del ascetismo, los ayunos, la huida al desierto. Lo hemos vivido en otros períodos históricos. Por eso yo insisto en que estamos más bien en el fin de una civilización. Esto lo dice Isaac Johsua, un marxista La revolución según Karl Marx. Una de las críticas que hace a Marx tiene que ver con la transición en los modos de producción, y dice que el fin del capitalismo se va a parecer mucho más al fin del Imperio Romano que al fin del feudalismo en 1789 bajo la Revolución Francesa. Yo también lo creo. Volvemos a vivir cosas por las que la civilización occidental ya había pasado, como nuestra relación con la naturaleza o con las especies en general, porque el animalismo ya lo practicaron los porfirianos, los gnósticos, los maniqueos… Es uno de los signos de cambio civilizacional. Pero ese cambio no tiene que ser necesariamente para mejor, porque la historia está hecha de pequeños progresos y grandes retrocesos.

Fuente: http://www.infolibre.es/noticias/cultura/2017/01/30/entrevista_santiago_alba_rico_ser_ser_cuerpo_60420_1026.html

PERÚ : ¿MILAGRO ECONÓMICO O BANCARROTA DE UN PAÍS?




31-01-2017

¿Perú el país mas prospero de América Latina? De 17 millones de trabajadores (PEA), más de 11 millones no tienen un empleo fijo. Es decir nos cuenta con ninguna seguridad social y viven en la miseria. Solo en Lima hay más de 4 millones de asalariados sin trabajo fijo. 

Los peruanos con suerte que tienen un empleo solo ganan 8 dólares por día, mientras que para comer cotidianamente requieren casi el doble de este salario de hambre. Hay un millón 659 mil niños y adolescentes que trabajan en situación deplorable de explotación. De ellos, 832 mil son niños entre 6 y 13 años, y trabajan en jornadas de hasta 14 y 16 horas. 

En el 2015 diversas instituciones y medios peruanos, denunciaron que, 3273 niñas y niños de familias pobres fueron utilizados como conejillos en 7 experimentos médicos. Estos experimentos corrieron a cuenta de laboratorios transnacionales, como Pfizer, Sanofi Adventis, Brystol Myers Squibb, Novartis, GlaxoSmithKline, Biogaia y una pesquera peruana llamada Agrohidro. (Diario La Republica, junio 2015. 

A causa del hambre y la pobreza cerca de 3 millones de peruanos salieron huyendo al extranjero donde realizan las peores tareas (limpieza, lava platos, limpian las calles, etc), que la población nacional rechaza. En Chile, como en Argentina, Estados Unidos o en Europa, la mayoría de las peruanas o peruanos, viven mejor que en Perú, pero no dejan de ser trabajadores marginales de última categoría. 

En Perú los sucesivos gobiernos y la prensa oficial no dejan de repetir que la economía florece como los jardines de Versalles. Hasta las instituciones internacionales (burocracias al servicio de los imperios) no dejan de repetir el mismo estribillo. Junto con ello se afirma que Perú cada año reduce la pobreza y pobreza extrema. A mediados del 2016, un estudio sobre américa latina de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), dijo, que el Perú registraba el mayor crecimiento económico en la región y que era el país que “más redujo la pobreza en América Latina en los últimos 13 años”. 

¿Cuál es la verdad sobre la situación social y económica de Perú? 

Sin duda en los últimos años la economía peruana ha crecido. Pero este crecimiento ha sido a la misma velocidad que el aumento de la miseria, la pobreza y la desigualdad. Este auge económico, que tiene que ver con la destrucción y desastre del medio ambiente, ríos, regiones y la salud de la población, sirve solamente para enriquecer a un reducido número de personas y grupos empresariales del país y del extranjero. 

Según diversos expertos, entre ellos el sociólogo Francisco Durand y el economista José Carlos Lumbreras, la economía peruana está manejada por 12 firmas. De estos 12 grupos capitalistas, dicen ellos, cinco son empresas transnacionales (españolas, norteamericanas, etc.). Las 7 restantes son consideradas “capitales nacionales”, pero están controlas por inversionistas extranjeros. Estas empresas manejan el mercado interno y externo. Solo para el 2015 estas empresas facturaron por la suma de 45 mil millones de dólares. 

En la orilla de los pobres la situación es un desastre. La PEA (población económicamente activa) actual del Perú es de 17 millones de trabajadores. De esta cantidad, 11 millones y medio de trabajadores no tienen trabajo fijo. Oficialmente son considerados “INFORMALES” o “INDEPENDIENTES”, es decir que no cuentan con salario fijo, estabilidad laboral y beneficios sociales (pensión, salud, etc.). Estos “informales” constituyen el 72,8% de la masa laboral. De esta suma, 4 millones 829 mil informales no son calificados, no cuentan con ningún diploma. (Informe para el 2014 del Ministerio de Trabajo y Promoción social del Perú). 

Dentro de la categoría del trabajador sin empleo formal, dice el informe citado, hay departamentos del Perú donde casi el 100% de los trabajadores, son INFORMALES. Huancavelica (91,4%), Ayacucho (89,3%), Puno (88,8%), Cajamarca (88,0%), Amazonas (87,6%) y Apurímac (87,1%). Además, se señala que este grave problema de trabajadores «independientes”, afecta mayormente a las mujeres que constituye el 76.1% de la informalidad en el sector laboral 

Del total de la PEA nacional, Lima la capital de este país, concentra más de 7 millones de trabajadores. De esta cantidad, anota el economista César Vásquez Bazán, 4, 263,800 “residentes de Lima Metropolitana carecen de empleo total o parcialmente. La desocupación afecta al 57% de los 7, 391,500 pobladores en edad de trabajar de la capital”. (Cesar Vásquez Bazán, informe del Instituto Nacional de Estadística e Informática, fines de noviembre 2015). 

Salario de la miseria 

Una forma de medir las pobres de un país es comparar el salario mínimo vital y lo que se denomina “canasta familiar” (lo que necesita una familia para su subsistencia mensual). En Perú, la canasta familiar al inicio del 2017, era de 455,820 dólares y el sueldo mínimo de los peruanos con trabajo es apenas 258,298USD, es decir algo de 8 dólares al día. Este salario, uno de los más bajos de América Latina después de Bolivia, no es suficiente para cubrir las necesidades materiales de un trabajador y su familia. 

Pero aquí no termina el drama popular. Como en cualquier parte del mundo para tener un salario mínimo, hay que tener un trabajo. En Perú, la mayoría de los peruanos en edad de trabajar no tiene un trabajo fijo. Como parte de los 11 millones 500 mil peruanos sin empleo formal, “un millón 737 mil jóvenes (entre 15 y 24 años), no estudiaban ni trabajaban”, dice el Comité de Empleabilidad Juvenil, espacio organizado por la Asociación Peruana de Recursos Humanos (Aperhu),diciembre 2016. Esta misma organización admite que El 61.7% de jóvenes está inadecuadamente ocupado, lo que genera una mayor tasa de desempleo de hasta tres veces más que las de los adultos. 

Como parte de la pobreza y pobreza extrema en los últimos años millones de peruanos (hombres y mujeres) huyeron del país. Entre los años 1990-2014, el número de peruanos que emigraron a otros países totalizó dos millones 724,869 personas, es decir aquellos que registraron su salida y no han retornado, informó el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). 

Oficialmente se dijo en el 2014, que dos millones 724,869 peruanos salieron a otros países y no volvieron (Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI). En esta contabilidad no se toma en cuenta aquellos peruanos que salieron por carreteras a los países vecinos. Chile contabiliza oficialmente 177,178 peruanos, pero esta cifra podría aumentar 100 mil más, si se considera que una gran parte de peruanos viven clandestinamente en Chile. En Argentina, según un censo del 2015, había 157.500 peruanos. Ecuador, Brasil, Venezuela y otros países latinoamericanos albergan a miles de peruanos que llegaron ahí en busca de trabajo. 

De la situación de miseria de la población peruana, son los niños lo que sufren las peores consecuencias. El 2012, ya cuando el Perú según la propaganda oficial, “era uno de los países más rico de américa latina”, la Unicef, señaló, que en este país “son siete millones de niños que viven en pobreza dentro de zonas urbanas”. (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef). 

Esta situación en lugar de haber sido resuelto por las autoridades se ha agravado aún más. Por ello, la periodista, Mariella Sausa (Peru21), anota que en la actualidad, “hay 1 millón 659 mil niños y adolescentes que trabajan”, en condiciones de extrema explotación. Dice ella, que de esta cantidad, “832 mil tienen entre 6 y 13 años” son menores de edad pero que trabajan entre 14 y 16 horas por dia. 

Un país que no cuida a su población y menos a sus niños y adolescentes es un país en ruina. La situación social en Perú es consecuencia de los gobiernos corrompidos y mafiosos que se turnan desde hace décadas en el poder. Esta grave situación, no tiene salida en los esquemas de la “legalidad” mafiosa del Perú. Esta problemática social seguirá extendiéndose y su agudización contribuirá a inevitables estallidos populares.


SEIS REFLEXIONES ACERCA DE LOS POSIBLES EFECTOS DESFAVORABLES QUE PODRÍA TENER LA RENTA BÁSICA UNIVERSAL




 Críticas a la Renta Básica Universal desde la izquierda

La Marea
31-01-2017

Las críticas que recibe la Renta Básica Universal suelen provenir de la derecha ideológica y se suelen centrar en la viabilidad de su financiación (“no hay suficiente dinero para aplicar la medida”) y en sus implicaciones éticas y morales (“no es justo que alguien que no trabaje reciba un ingreso”). Algunos incluso han ido más allá y sin sonrojarse han convocado francotiradores para controlar el “efecto llamada” que supuestamente provocaría una RB sobre personas residentes en otros países. Todas estas críticas son bien conocidas (porque son las que predominan en los medios de comunicación de masas) y son –además– fácilmente refutables: está suficientemente demostrado que hay capacidad de sobra para financiar la medida; las personas que no reciben un salario están en esa situación porque no encuentran un empleo y no porque no quieran trabajar (amén de que sí suelen realizar muchos trabajos, pero no remunerados); y el efecto llamada no sólo es fácilmente controlable administrativamente sino que además no hay evidencia de que se haya producido en experiencias relativamente similares.

Pero las críticas desde una aproximación de izquierdas desgraciadamente no son tan conocidas, y –quizás debido a ello, por haber existido poco debate al respecto– no son tan fácilmente refutables como las anteriores. En este artículo pretendo resumir las críticas más importantes que se enarbolan desde este lado del espectro ideológico.

Antes de enumerar las críticas es necesario hacer dos apuntes para evitar confusiones: 1) la Renta Básica Universal (en adelante “RB”) es aquella medida consistente en otorgar un ingreso monetario de unos 650 euros a todas las personas independientemente de cualquiera de sus características, y es diferente de cualquier Renta Mínima (se llame como se llame) consistente en otorgar un ingreso monetario sólo a aquellas personas que cumplan determinados requisitos (por ejemplo, tener una renta baja); y 2) partimos de la premisa de que cualquier defensor de la RB no propone en absoluto una merma del Estado del Bienestar sino que aboga por una RB como añadido o complemento a cualquiera de sus prestaciones sociales. Dicho esto las críticas a las que me refería son las siguientes:

1) La RB se canaliza a través del mercado capitalista. El Estado entrega dinero a los beneficiarios para que estos compren los productos y servicios que quieran en el mercado. Esto es muy diferente de lo que ocurre con las prestaciones clave del Estado Social: educación y sanidad, que son ámbitos en los que el Estado ofrece un servicio directamente al beneficiario, sin que medie prestación monetaria ni la lógica de mercado por ningún lado. Una RB que pretendiese evitar los efectos perniciosos de la lógica capitalista de mercado debería ser en especie: el Estado cubriría las necesidades básicas de la población mediante la entrega directa de productos alimentarios, ropa y calzado, vivienda, transporte, energía, telecomunicaciones, cultura, etc., o al menos una combinación de todos o algunos de estos elementos.

De esta forma se consigue lo siguiente: a) que la RB se utilice para garantizar necesidades básicas y decididas democráticamente y no para determinados consumos que podrían considerarse social o ecológicamente indeseables (de lujo, irresponsable, insostenible en términos medioambientales, en productos en cuya elaboración se cometen injusticias laborales, etc); y b) evitar que determinados sectores empresariales hagan negocio a costa de la RB e incluso que abusen elevando precios en virtud de su fuerza de mercado.

Una RB monetaria implica que la satisfacción de necesidades se canalice mediante decisiones individuales y asimétricas filtradas por el único criterio de la rentabilidad económica que impera en el mercado capitalista, mientras que una RB en especie permite que la satisfacción de necesidades pueda canalizarse a través de decisiones colectivas y democráticas en función de criterios políticos, sociales, feministas y ecológicos. La RB monetaria es consustancial al sistema económico actual y fortalece su forma de funcionamiento; abandona a sus beneficiarios a las garras del mercado.

2) La RB otorga libertad y derechos pero no compromisos. Los seres humanos somos lo que somos porque vivimos en sociedad y nos interrelacionamos constantemente con nuestro prójimo y nuestro entorno natural, lo que nos enriquece en todo momento y lo que debería hacernos sentir en deuda. Por ello, no sólo deberíamos tener derechos sino que también deberíamos tener responsabilidades y compromisos frente a nuestros conciudadanos y nuestro medio ambiente.

Sin embargo, la filosofía que trasciende a la RB es: “gana libertad y haz lo que quieras”, cuando desde un punto de vista colectivo, solidario y fraternal debería ser: “gana libertad y contribuye a mejorar tu mundo”. Por lo tanto, la RB debería evolucionar hacia una suerte de prestación dirigida a fomentar principios de solidaridad, altruismo y fraternidad, algo que no se conseguiría únicamente con la prestación monetaria en una sociedad capitalista dominada por principios de egoísmo e individualismo.

Una RB por sí sola no va a lograr que sus beneficiarios dediquen esfuerzos en mejorar su entorno social y ecológico, porque al mismo tiempo están recibiendo poderosas señales desde este sistema que los empuja precisamente en una dirección opuesta. Por eso, sería deseable complementar una RB con la adquisición de responsabilidades y compromisos en relación al cuidado de nuestro prójimo y de nuestra biosfera, con el objetivo de impregnar valores de responsabilidad democrática, colectiva, social y ecológica; algo que se podría lograr, por ejemplo, con políticas de Trabajo Garantizado.

3) La RB puede provocar tensiones inflacionistas. Uno de los objetivos de la RB es que muchos trabajadores tengan siempre un colchón de seguridad económica que les brinde la oportunidad de rechazar empleos indignos o reclamar aumentos salariales. Pero si el empleador no es capaz de incrementar suficientemente la remuneración, es de esperar que el trabajador abandone el puesto de trabajo en busca de una mejor alternativa y que el empleo en cuestión desaparezca. Por otro lado, muchos autónomos que hoy día realizan jornadas maratonianas y que ganan poco más de lo que supondría la RB también podrían verse tentados a abandonar su actividad económica con el objetivo de labrarse un futuro diferente y más halagüeño (¿para qué va a estar, por ejemplo, el dueño de un pequeño comercio trabajando todo el día y cobrando no mucho más de 650 euros si tiene la oportunidad de no trabajar y cobrar 650 euros?

La destrucción de muchos de estos empleos provocaría una disminución de los bienes y servicios ofertados en el mercado, lo que unido a un incremento de la capacidad adquisitiva de la población provocaría tensiones inflacionistas: por la ley de la oferta y la demanda, más dinero —o el mismo— que antes dedicado a comprar menos productos y menos servicios que antes tiende a provocar que los vendedores de esos bienes y servicios se vean tentados a aumentar los precios para aprovecharse de esa nueva situación en la que tienen menos competidores. Esta idea se desarrolla aquí.

4) La RB puede suponer una subvención a determinadas empresas. Si un actual trabajador pasa gracias a la RB a ingresar algo más de dinero y no tiene ningún incentivo en abandonar su puesto de trabajo (porque le guste, porque le sirva para ascender profesionalmente, etc), el empleador puede verse tentado a pagarle menos a sabiendas de que la RB complementará sus ingresos logrando que el ingreso final del trabajador sea igual o incluso superior al que tenía antes de la RB. En este caso el empleador pagaría menos en salarios pero el trabajador no se vería afectado porque la RB complementaría sus ingresos. De esta forma, la RB se habría convertido en una subvención al pago que debe realizar el empresario en forma de salario. Se pasaría a pagar con dinero público algo que antes pagaba el empresario. Esta idea se desarrolla aquí.

5) La RB en la práctica no es incondicional. Los defensores de la RB proponen financiarla con una reforma fiscal progresiva de forma que el 20% más rico aproximadamente saldría perdiendo (pagaría la RB de todo el mundo) y el 80% más pobre saldría ganando. En estas condiciones se pierde la característica de incondicional, pues no todo el mundo disfrutaría la RB ni de la misma forma, sino que ello dependería del nivel de renta que se tuviese (los más ricos no disfrutarían la RB, los más pobres sí, y los situados en medio la disfrutarían pero en un nivel reducido). Es decir, en la práctica la RB funcionaría exactamente igual que una Renta Mínima dirigida al 80% de la población más pobre. Esta idea se desarrolla aquí.

6) El coste administrativo y financiero de una RB es superior al de una Renta Mínima bien gestionada. A pesar de que los defensores de la RB hacen hincapié en que la aplicación de la RB sería rápida y sencilla, precisamente por la pérdida de la incondicionalidad señalada en el punto anterior –que provocaría que todo el mundo tuviese que declarar la renta que recibe cada año–, el coste administrativo de una RB no es despreciable ni su aplicación instantánea. De hecho, cualquier renta mínima gestionada a través de IRPF (tras la declaración de ingresos, si fuese necesario el Estado aportaría la cantidad necesaria para alcanzar los 650 euros mensuales) sería más sencilla y barata en términos administrativos porque los afectados serían muchos menos. Es más costoso y farragoso detraer recursos del 20% más rico para transferirlo al 80% más pobre que detraer recursos del 5% más rico y transferirlo al 20% más pobre (que en todo caso es quien de verdad necesita ayuda). Esta idea se desarrolla aquí y aquí.