viernes, 16 de julio de 2010

Pronunciamiento al III Encuentro Macro Regional Sur



Nota Breve:
En la ciudad de Puno – Perú se realizará el III Encuentro Macro Regional Sur, con la participación las principales organizaciones representativas de las regiones Cuzco, Arequipa, Puno, Moquegua, Tacna, Madre de Dios para definir acuerdos en torno a medidas sobre la defensa del Gas y la política entreguista del gobierno de turno. Algunas organizaciones sociales de la Región Tacna hacen llegar su palabra a través de la Secretaria General de la CGTP – Tacna que estará participando en dicho evento.




PRONUNCIAMIENTO

Al Encuentro Macro Regional Sur de las organizaciones populares

Compañeros.

Las organizaciones sociales, gremiales, populares de la Región de Tacna nos dirigimos a los representantes de las organizaciones presentes para expresarles nuestro saludo combativo y reafirmarnos en el rechazo a la exportación del Gas de Camisea con el fin de anular los contratos suscritos por el gobierno.

Argumentos. Siendo el Gas Natural un recurso no renovable de todos los peruanos no podemos regalarlo a precios ínfimos, peor aún, con el agravante del desabastecimiento del mercado local en un futuro no tan lejano. No podemos darnos el lujo de exportar el doble de lo que consumimos en este momento y menos subastar el gas del lote 57. El Consorcio Perú LNG recibirá el gas seis veces más barato que el que recibe el consumidor nacional. Al Consorcio Perú LNG le costará 0.53 centavos de dólar por cada millar de pies cúbicos, mientras que el consumidor local paga 3.21 dólares por cada millar de pies cúbicos. Lo paradójico es que el consumidor peruano, que ha financiado con sus impuestos la red del gas, pagará más que el exportador que no ha puesto ni un solo centavo.

El Perú en la historia republicana ha tenido muchas oportunidades perdidas. La exportación del guano de las islas, el salitre, el caucho, la madera, el petróleo, la anchoveta, los minerales, etc., han significado una gran bonanza económica en su momento. Pero la exportación de esos recursos naturales sólo ha beneficiado a unos pocos y no a las mayorías nacionales. El Perú ha recibido ingentes recursos monetarios que no se han traducido en el desarrollo de nuestra economía, dejándonos siempre postrados, endeudados y hasta mutilados, como ocurrió a finales del siglo XIX en la guerra con Chile. La exportación del Gas Natural, parece ser una nueva historia en la que los peruanos del siglo XXI, estamos siendo sorprendidos por malos funcionarios que permiten, con estos contratos lesivos jamás vistos en la historia, se saquee una vez más al Perú. Estos contratos de exportación de Gas representan centenares millones de dólares en coimas y prebendas; esta es la corrupción más grande de toda la historia republicana.

¡Que la historia no se repita!

Esperamos que en este Encuentro Macro Regional Sur nos reafirmemos en la propuesta de preservar los recursos naturales para el consumo interno en beneficio de todos los peruanos; asimismo, llamamos a realizar los máximos esfuerzos para construir la UNIDAD del pueblo peruano.

¡Unidos defendamos el Gas de todos lo peruanos!
¡Tacna presente en la lucha!

Tacna, 17 julio 2010
Confederación General de Trabajadores del Perú ( Base Tacna )
Red del Adulto mayor – Tacna
Sindicato de Chóferes de Tacna
Movimiento Unificado por la defensa del Agua y el medio ambiente de Tacna
Junta de usuarios de Sama – Locumba
Asociación de Derechos Humanos – Tacna
Federación de Mercados de Tacna
Federación Agraria del Sur

jueves, 15 de julio de 2010

POR QUÉ TRES EXPERIENCIAS PROGRAMÁTICAS





El pueblo peruano tiene a la vista tres experiencias programáticas básicas, que le sirven de guía para la acción, dos del exterior y una propia. Teniéndolas siempre presentes, podremos orientarnos mejor en la situación actual.

Del histórico Manifiesto del Partido Comunista, 1848, parten todas las demás experiencias. En él Marx y Engels, luego del corto Preámbulo y del conciso Capítulo I: Burgueses y Proletarios, en el concreto Capítulo II: Proletarios y Comunistas, en su parte final plantean “la adopción de medidas que desde el punto de vista económico parecerán insuficientes e insostenibles, pero que en el curso del movimiento se sobrepasarán a sí mismas y serán indispensables como medio para transformar radicalmente todo el modo de producción” Entre esas 10 medidas no estaba aún la “nacionalización”, que levantaba la burguesía por entonces.

En verdad, aparte del punto de vista económico faltaba precisar el punto de vista político. Y sólo la experiencia de la Comuna de París, 1871, posibilitó señalar que “la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines” (Prólogo de 1872) Así, siete puntos básicos del Programa Máximo son: Nacionalización, Expropiación, Propiedad, Centralización, Organización, Cultura, Planeación. Así, es en el Manifiesto donde se plantea por primera vez trabajar “según un plan general”

Cuando en nuevas circunstancias surgieron nuevos partidos, en Alemania dos de ellos propusieron unificarse y elaboraron el Programa de Gotha. Sometido a crítica, Engels señaló que “En general, importa menos el programa oficial que sus actos. Pero un nuevo programa es siempre, a pesar de todo, una bandera que se levanta públicamente y por la cual los de afuera juzgan al Partido” (18.03.875) Y Marx señaló que “Cada paso de movimiento real vale más que una docena de programas. (...)Pero cuando se redacta un programa de principios (en vez de aplazarlo hasta el momento en que una más prolongada actuación conjunta lo haya preparado), se colocan ante el mundo los jalones por los que se mide el nivel del movimiento del Partido” (05.05.875)

Como la situación había cambiado, se requería no de un Programa Máximo sino de un Programa Mínimo. Por eso Marx señala que “Por tanto, si no era posible -y las circunstancias del momento no lo consentían- ir más allá del programa de Eisenach, habría que haberse limitado, simplemente, a concertar un acuerdo para la acción contra el enemigo común”; y agrega que si a los lassalleanos “desde el primer momento se les hubiera hecho saber que no se admitía ningún chalaneo con los principios, habrían tenido que contentarse con un programa de acción o con un plan de organización para la actuación conjunta” Así se planteó por primera vez la diferencia entre Programa Máximo y Programa Mínimo, la razón de ambos y la relación entre ambos. (Eisenachanos y lassalleanos eran los dos grupos a unirse) Ésta es la primera gran experiencia que debemos asimilar.

Cuando surgió Lenin, logró la unificación de grupos que activaban en Rusia. Pero de inmediato el Partido del proletariado ruso, constituido tras tenaces esfuerzos contra el “espíritu de secta” de los grupos, se escindió. En Dos Tácticas... señala que los militantes “debemos insistir en la necesidad de un gobierno provisional revolucionario. Es más, debemos indicar el programa de acción de dicho gobierno, programa que corresponda a las condiciones objetivas del momento histórico por el que estamos atravesando y a las tareas de la democracia proletaria. Dicho programa es todo el programa mínimo de nuestro Partido, el programa de las transformaciones políticas y económicas inmediatas, completamente realizables, por una parte, a base de las relaciones económico-sociales actuales, y necesarias, por otra, para dar el paso siguiente, para realizar el socialismo” (p.9) Luego señala que “al fijar como tarea del gobierno provisional revolucionario la aplicación del programa mínimo, la resolución elimina con ello las absurdas ideas semianarquistas sobre la realización inmediata del programa máximo, sobre la conquista del Poder para llevar a cabo la revolución socialista. El grado de desarrollo económico de Rusia (condición objetiva) y el grado de conciencia y de organización de las grandes masas del proletariado (condición subjetiva, indisolublemente ligada a la objetiva) hacen imposible la liberación completa inmediata de la clase obrera”, y que “Si en un momento determinado tales o cuales obreros nos preguntan por qué no hemos de realizar nuestro programa máximo, les contestaremos indicándoles cuán ajenas son aún al socialismo las masas del pueblo, impregnadas de un estado de espíritu democrático, cuán poco desarrolladas se hallan aún las contradicciones de clase, cuán inorganizados están aún los proletarios. ¡Organizad a centenares de miles de obreros en toda Rusia, difundid entre millones la simpatía hacia vuestro programa! Probad a hacer esto, no limitándoos a frases anarquistas sonoras, pero huecas, y veréis inmediatamente que llevar a cabo esta organización, que la difusión de esta educación socialista depende de la realización más completa posible de las transformaciones democráticas” (p.11, 1905)

Años de lucha después, señala que “Ahora nace un nuevo 'economismo', que razona con dos escarceos análogos. (...)'A la izquierda': estamos en contra del programa mínimo (es decir, en contra de la lucha por las reformas y por la democracia), pues esto 'contradice' la revolución socialista” Y líneas después señala que “¡El autor quiere suprimir furtivamente (sin pensar él mismo y sin ofrecer nada acabado, sin tomarse el trabajo de elaborar su propio programa) el programa mínimo del Partido Socialdemócrata! ¡No es de extrañar que lleve un año atascado en el mismo sitio” Y concluye: “El error del kautskismo radica en que las justas reivindicaciones democráticas las orienta hacia atrás, hacia el capitalismo pacífico, en vez de orientarlas hacia adelante, hacia la revolución social” (Acerca de la naciente tendencia del 'economismo imperialista', VIII-916, pp. 3, 7, 8)

Así, el Programa Máximo es el Programa General, para realizar el Socialismo, mientras que el Programa Mínimo es el Programa de Acción, para transformaciones políticas y económicas inmediatas. Uno es el Programa Prospectivo, otro es el Programa Reivindicativo. Ignorando uno, el otro no funciona.

Entre sus reivindicaciones políticas el Programa Mínimo del Partido bolchevique contenía el derrocamiento de la autocracia, proclamación de la república, confiscación de las tierras de los terratenientes, implantación de la jornada de ocho horas; es decir, la instauración de un nuevo Poder, lo que logró la revolución de febrero de 1917.

Pero la diferenciación entre ambos programas, su razón y relación no es fácil de lograr ni en la teoría ni en la práctica. En su comentario al folleto Un paso adelante..., de Lenin, Rosa Luxemburgo señala: “El movimiento mundial del proletariado hacia su emancipación total es un proceso cuya particularidad consiste en lo siguiente: por primera vez desde que existe la sociedad civil, las masas populares hacen valer su voluntad conscientemente y frente a todas las clases dominantes, mientras que la realización de esta voluntad sólo es posible más allá de los límites del actual sistema social. Pero las masas no pueden adquirir y fortificar dentro de sí esta voluntad sino en la lucha cotidiana contra el orden constituido, o sea en los límites de este orden. Por una parte las masas populares, por la otra un fin situado más allá del orden social existente; por un lado la lucha cotidiana, y por el otro la revolución: tales son los términos de la contradicción dialéctica en la que se mueve el movimiento socialista. De aquí resulta la necesidad de desplazarse hábilmente entre dos escollos: uno es la pérdida de su carácter de masa, el otro la renuncia al objetivo final; la recaída al estado de secta y la transformación en un movimiento reformista burgués” (1906; la página-comentario circuló por listas de Internet en julio 2007)

Ésta es la contradicción dialéctica que todo partido proletario debe resolver. Si levanta sólo el Programa Máximo, deviene secta divorciada de las masas. Si levanta sólo el Programa Mínimo, deviene movimiento reformista que renuncia al objetivo final. Ésta es la segunda gran experiencia que debemos asimilar.

Cuando JCM regresó al país, 18.03.23, declaró ser “partidario antes que nada del frente único proletario”, organización de masas. Pero al mismo tiempo trabajó por una facción “orgánica y doctrinariamente homogénea”, organización de clase. Primero desarrolló y expuso su teoría de la formación nacional. Sobre esta base planteó después, en su Indigenismo y Socialismo (11.03.27) que: “La reivindicación que sostenemos es la del trabajo”, punto medular del Programa Mínimo; y en sus Principios de Política Agraria Nacional (01.07.27) planteó que “El punto de partida formal y doctrinal de una política agraria socialista no puede ser otro que una ley de nacionalización de la tierra”, punto medular del Programa Máximo. En el Acta de Constitución del PSP (07.10.28) señala que “La organización de los obreros y campesinos con carácter netamente clasista constituye el objeto de nuestro esfuerzo y nuestra propaganda, y la base de la lucha contra el imperialismo extranjero y la burguesía nacional”, punto medular de la organización del proletariado peruano. Y en la misma histórica Reunión de Barranco, plantea los Principios Programáticos del Partido Socialista, donde desarrolla y une los puntos programáticos iniciales. Así, el PSP se presentaba como un partido de masas (Programa Mínimo), pero dirigido inicialmente por la “célula de los 7” como un partido de clase (Programa Máximo)

Fallecido prematuramente JCM (16.04.30), Ravines desechó el partido de masas y su Programa Mínimo, siguiendo el bastón de mando de Codovilla y su Buró Sudamericano de la III-IC , que hasta negó que Lenin hubiera levantado un Programa Mínimo; y Martínez desechó el partido de clase y su Programa Máximo, siguiendo el bastón de mando de Prado y la oligarquía nativa. Se desechó la contradicción dialéctica que todo partido proletario debe resolver. Y ésta es la tercera gran experiencia que debemos asimilar.

Esta contradicción dialéctica pone ahora en primer plano el tema de desintegración o integración del partido proletario, el tema de disolución o dilución. Los partidos proletarios, llámense como se llamen, que no pueden levantar el Programa Máximo, se ven en la necesidad de levantar o apoyar un Programa Mínimo desligado del anterior, y pierden su razón de ser así tengan un historial heroico. Pero si parten de la diferencia entre ambos, y su razón y relación, pueden abrir un nuevo rumbo yendo, no a la disolución, desintegración, sino a la dilución, integración. La clave está en que el Programa Mínimo, como Programa de Acción esté íntimamente relacionado, no en palabras sino en contenido, al Programa Máximo. Y que la organización del proletariado, cualquiera sea su nombre, pueda participar en la lucha de masas y en la lucha política, comenzando por el municipio “hasta que el termómetro del sufragio universal marque el punto de ebullición”

Es nuestra tarea actual.

Ragarro

15.07.10

¿Quién le teme al programa nuclear civil de Irán?



¿Quién le teme al programa nuclear civil de Irán?
por Thierry Meyssan*

Para Thierry Meyssan, el debate sobre la supuesta existencia de un programa nuclear iraní de carácter militar no es otra cosa que una cortina de humo. Las grandes potencias interrumpieron su transferencia de tecnología a Irán desde la caída del Sha y la Revolución Islámica condenó el principio de la bomba atómica. Las supuestas sospechas occidentales no son sino maniobras tendientes a aislar a un Estado que no acepta la dominación, militar y energética, de las potencias nucleares y el derecho de veto que esas mismas potencias ejercen en el Consejo de Seguridad de la ONU.

La Casa Blanca divulgó un expediente de prensa que supuestamente explica a los periodistas qué es la resolución 1929 del Consejo de Seguridad de la ONU [1]. Como de costumbre, los grandes medios de la prensa occidental se han hecho eco del contenido de ese documento y de la gigantesca campaña de publicidad montada en torno a él, sin la menor reflexión crítica.
Según la prensa occidental –o sea, según la Casa Blanca, cuyos términos repite como una cotorra la prensa occidental– la resolución fue adoptada por «una base muy amplia» y constituye «una respuesta a la constante negativa de Irán a plegarse a sus obligaciones internacionales en lo tocante a su programa nuclear». Veamos cuál es la realidad.
De los 15 miembros del Consejo de Seguridad, 12 votaron a favor (incluyendo a los 5 miembros permanentes) , 1 se abstuvo y 2 votaron en contra [2]. Tras esa «base muy amplia» se esconde en realidad la aparición de una nueva tendencia: por vez primera en la historia del Consejo de Seguridad de la ONU, un bloque de naciones emergentes (Brasil y Turquía, con el apoyo del conjunto de países no alineados) se enfrentó a los miembros permanentes (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia) y a los vasallos de estos últimos. O sea, esa «unanimidad menos dos votos» expresa en realidad la existencia de una fractura entre el directorio de los Cinco Grandes y lo que nuevamente debemos llamar el Tercer Mundo (por analogía con el Tercer Estado [3]), que son aquellos países cuya opinión no se toma en cuenta.
Brasil desempeñó un papel protagónico en la elaboración del Tratado de Tlatelolco, documento que estipula que América Latina es una «zona desnuclearizada» . Turquía se esfuerza por hacer del Medio Oriente otra «zona desnuclearizada» . Nadie duda de la sinceridad de Brasil y Turquía en cuanto a su oposición a la proliferación de las armas nucleares. Nadie duda tampoco que Turquía, país que tiene una frontera común con Irán, se mantiene especialmente vigilante para impedir que Teherán obtenga la bomba atómica.
¿Cómo se explican entonces los votos de Brasil y Turquía contra la resolución 1929? Como veremos más adelante, la problemática que plantean las grandes potencias no es otra cosa que una cortina de humo tendiente a esconder el debate de fondo en el que Irán y los países no alineados cuestionan los privilegios de esas mismas potencias.

El mito de la bomba iraní
En tiempos del sha Reza Pahlevi, Estados Unidos y Francia instauraron un vasto programa tendiente a dotar a Teherán de la bomba atómica. Se admitía, debido a la historia misma de Irán, que no se trataba de un Estado expansionista y que las grandes potencias podían confiarle sin peligro ese tipo de tecnología.
A pesar de lo anterior, los occidentales interrumpieron el programa a principios de la Revolución Islámica, lo cual dio lugar a un largo litigio financiero alrededor de la empresa Eurodif. Las autoridades iraníes afirman que nunca se retomó aquel programa.
El ayatola Khomeini y sus sucesores condenaron la fabricación, almacenamiento y uso de armas nucleares, e incluso la amenaza de recurrir a ella, como actos contrarios a los valores religiosos de la fe islámica. Según ellos, el uso de armas de destrucción masiva que matan indistintamente a civiles y militares, a partidarios y adversarios de un gobierno, es moralmente inaceptable. Dicha prohibición adquirió fuerza de ley a través de la puesta en vigor del decreto emitido por el Guía Supremo de la Revolución, el ayatola Khamenei, el 9 de agosto de 2005.
Los dirigentes iraníes han dado ya muestras de su respeto por ese principio, y lo han hecho de forma que ha costado además muy caro al pueblo iraní. Durante la guerra que emprendió Irak contra Irán (de 1980 a 1988), Sadam Husein dio orden de disparar andanadas de misiles no dirigidos contra las ciudades iraníes. El ejército iraní respondió haciendo lo mismo… hasta que se produjo la intervención del imam Khomeini. El imam Khomeini ordenó el cese del lanzamiento de misiles iraníes, invocando el principio anteriormente expuesto, y prohibió todo lanzamiento indiscriminado de misiles sobre las ciudades enemigas. Irán prefirió sufrir una guerra de más larga duración antes que ganarla mediante el uso de armas que mataban indiscriminadamente [4].
Conociendo el modo de funcionamiento de ese país, no parece posible que un grupo de individuos hayan podido pasar por alto la noción teológica anteriormente mencionada e incluso la memoria de los mártires de aquella guerra para instaurar un vasto programa secreto de investigación y fabricación de la bomba atómica.
La posición iraní es incluso anterior a la legislación internacional. No fue hasta 1996 que la Corte Internacional de Justicia de La Haya estableció el carácter criminal de toda destrucción masiva y estipuló que el principio mismo de la disuasión nuclear, o sea la amenaza de perpetrar un crimen, constituye en sí mismo un crimen [5]. La decisión de la Corte Internacional de Justicia de La Haya no es, sin embargo, de obligatorio cumplimiento sino que tiene únicamente un carácter de consulta, razón por la cual las grandes potencias no la tienen en cuenta [6].
El mito de un supuesto programa nuclear iraní de carácter militar fue fabricado por los anglosajones después de las invasiones, también orquestadas por los anglosajones, contra Afganistán e Irak. El plan estratégico anglosajón consistía en apresar posteriormente a Irán en una tenaza conformada por sus dos vecinos. En aquel momento, los servicios estadounidenses y británicos diseminaron informaciones falsas sobre ese tema, al igual que lo habían hecho anteriormente sobre el supuesto programa de armas de destrucción masiva de Sadam Husein. Los datos transmitidos a los aliados y a la prensa provenían por lo general de un grupo de exiliados iraníes, los llamados Muyahidines del Pueblo. Posteriormente resultó que aquellos exiliados inventaban sus informaciones en función de las necesidades. Se trataba de individuos que vivían en Irak y que, ni siquiera recurriendo al apoyo de familiares residentes en el país, tenían la posibilidad real de penetrar en Irán la organización, extremadamente compartimentada, de los Guardianes de la Revolución. Hoy en día, los expertos estadounidenses reconocen que aquella fuente carecía de valor. Los únicos que siguen creyendo en ella son los neoconservadores y los servicios secretos franceses, que protegen en Francia la sede mundial de los mencionados Muyahidines [7].
Esa maniobra de intoxicación fue lo que sirvió de basamento al voto de las resoluciones 1737 (el 23 de diciembre de 2006) [8] y 1747 (el 24 de marzo de 2007) [9].
Washington abandonó las acusaciones contra Irán el 3 de diciembre de 2007, cuando el almirante John Michael McConnell, director nacional de la inteligencia estadounidense, hizo público un informe de síntesis. Aquel documento señalaba que hacía años que Irán había abandonado todo programa nuclear de carácter militar y que, de retomarlo, nunca sería capaz de producir una bomba atómica antes de 2015, cuando más [10]. Con la publicación de aquel informe, el almirante McConnell no buscaba simplemente poner fin a la polémica sino que pretendía, sobre todo –y conforme a la línea de un grupo de oficiales superiores reunidos alrededor del viejo general Brent Scowcroft– suspender el proyecto de guerra contra Irán, dado que Estados Unidos no disponía ya en aquel momento de los medios económicos y militares necesarios [11]. Nuestros lectores recuerdan seguramente nuestro análisis de aquellos acontecimientos publicado en estas mismas columnas, donde anunciamos el cambio de política que iba a producirse en Washington 6 horas antes de la sorpresiva publicación de aquel informe [12].
El almirante William Fallon, comandante del CentCom, y sus homólogos iraníes llegaron entonces a un acuerdo, con el consentimiento del ya entonces secretario de Defensa Robert Gates, bajo la supervisión del inspirador de los oficiales superiores, el general Scowcroft. Se había trazado un escenario de distensión destinado a permitir que Estados Unidos pudiera salir de Irak con la frente en alto. Pero el clan Bush-Cheney, esperanzado aún con aquella guerra, logró obtener la adopción de nuevas sanciones contra Irán con la resolución 1803 (el 3 de marzo de 2008) [13], a la que inmediatamente siguió la renuncia del almirante Fallon [14]. Y de nuevo, seguramente recordarán nuestros lectores aquel episodio, que nosotros describimos detalladamente en estas mismas columnas [15].
Y finalmente se produjo el intento del clan Bush-Cheney por eludir la oposición del Estado Mayor estadounidense poniendo el ataque contra Irán en manos de Israel. Fue en función de ese objetivo que las fuerzas armadas israelíes alquilaron dos bases aéreas militares en Georgia, desde las cuales sus bombarderos hubiesen podido atacar Irán sin necesidad de reabastecerse en vuelo. Pero aquel proyecto se vio bruscamente interrumpido por la guerra de Osetia del Sur y el bombardeo de las bases israelíes en Georgia por parte de Rusia.
En definitiva, el general Scowcroft y su protegido, Barack Obama, se apoderaron de aquella polémica y la utilizaron para hacer llevar adelante sus propios planes. Ya no se trataba de preparar una guerra contra Irán sino de presionar fuertemente a Teherán para obligarlo a cooperar con los anglosajones en Afganistán y en Irak. En efecto, las fuerzas occidentales se empantanaron en aquellos dos teatros de operaciones, mientras que los iraníes gozan de gran influencia entre las poblaciones azeríes afganas y los chiítas iraquíes.
Lo interesante es que el general Scowcroft, el mismo que desinfló el mito nuclear iraní en diciembre de 2007 y recibió como una bofetada las sanciones contra Irán en marzo de 2008, se ha convertido ahora, en 2010, en el gran propagandista de esas mismas sanciones.

La independencia energética de los Estados emergentes
La preocupación de Irán por su independencia energética data de hace 60 años. Ya en tiempos de la monarquía imperial, el primer ministro Mohammad Mosaddegh nacionalizó la Anglo-Iranian Oil Company y expulsó a la mayoría de los consejeros y técnicos británicos. Desde su punto de vista, similar al de otros súbditos del sha, el objetivo de su acción no era tanto recuperar una fuente de financiamiento como garantizar al país los medios necesarios para su desarrollo económico. El petróleo iraní debía garantizar el crecimiento de la industria iraní.
Considerándose perjudicado, Londres llevó el caso ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Y lo perdió. Los británicos recurrieron entonces a Estados Unidos para organizar un golpe de Estado [16]. Al término de la «operación Ajax», Mosaddegh fue arrestado y reemplazado en el poder por el general ex nazi Fazlollah Zahedi. El régimen del sha se convirtió entonces en el más represivo del planeta.
La Revolución Islámica que derroca al sha retoma aquella exigencia de independencia energética. Anticipándose al agotamiento de sus recursos petrolíferos, Teherán incluye en su vasto programa de investigación científica y técnica la investigación nuclear de carácter civil, teniendo sobre todo en cuenta que, según los geólogos iraníes, el país parece disponer en abundancia de uranio utilizable, riqueza más importante que el petróleo.
Al no disponer de combustible nuclear, Teherán lo obtiene gracias al presidente argentino Raúl Alfonsín. Se firman tres acuerdos con Argentina, en 1987 y 1988. Las primeras entregas de uranio enriquecido al 19,75% tienen lugar en 1993 [17]. Pero los acuerdos con Argentina se interrumpen por causa de los atentados de Buenos Aires, en 1992 y 1994, atribuidos a Irán pero probablemente perpetrados por el Mossad [israelí] que se había instalado en Argentina durante la dictadura del general Videla [18].
En 2003, Irán firma el Protocolo Adicional del Tratado de No Proliferación Nuclear, que toma en cuenta los progresos científicos. En virtud de las nuevas disposiciones, los firmantes deben notificar al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) las instalaciones que tienen en construcción, mientras que en el pasado no estaban obligadas hasta 6 meses antes de su puesta en marcha. Debido al cambio de reglas, Teherán confirma la construcción, entonces en marcha, de las nuevas unidades de Natanz y Arak. Como el Protocolo Adicional no incluye medidas transitorias para pasar de un sistema jurídico al otro, el entonces presidente Mohammed Khatami acepta discutir las modalidades con un grupo de contacto integrado por la Unión Europea, Alemania, Francia y Gran Bretaña (UE+3) y suspende el enriquecimiento de uranio como muestra de su deseo de resolver la situación.
Al ser electo como presidente de la República Islámica, a mediados de 2005, Mahmud Ahmadinejad estima que su país ha concedido al OIEA suficiente tiempo para la realización de las inspecciones necesarias para la transición y que el Grupo de los Tres ha retrasado el proceso de forma voluntaria como medio de prolongar indefinidamente la moratoria iraní. Y decide por lo tanto retomar el proceso de enriquecimiento de uranio.
A partir de ese momento, los europeos –que consideran con desprecio a Irán como el «régimen de los ayatolas» [19]– afirman que los iraníes han faltado a su palabra. La administració n Ahmadinejad señala por su parte que, como todos los gobiernos del mundo, su compromiso es cumplir con los tratados ratificados por el parlamento nacional, no con la política de la anterior administració n. Y comienza entonces el conflicto jurídico. Alemania, Francia y Gran Bretaña obtienen el apoyo del G8 y convencen a la Junta de Gobernadores del OIEA para que lleve el litigio al Consejo de Seguridad de la ONU.
El voto del 4 de febrero de 2006 en el seno de la Junta de Gobernadores del OIEA es una anticipación del que tendría lugar el 9 de junio de 2010 en el Consejo de Seguridad de la ONU. Las grandes potencias conforman un bloque mientras que Cuba, Siria y Venezuela votan en contra.
Furiosa ante la humillación, la administració n Ahmadinejad decide retirar la firma iraní del Protocolo Adicional. Ese acto hace caducos los compromisos de la administració n Khatami y cierra la polémica con el grupo UE+3. El Consejo de Seguridad de la ONU replica exigiendo una nueva suspensión del enriquecimiento de uranio (resolución 1696 del 31 de julio de 2006) [20]. A la luz del derecho internacional esa resolución carece de todo basamento jurídico ya que la Carta de las Naciones Unidas no autoriza al Consejo de Seguridad para exigir que un Estado miembro renuncie a uno de sus derechos para «restablecer la confianza» de otros Estados hacia él.
Desde entonces, Irán –con el apoyo de 118 Estados no alineados– se niega a someterse a las sucesivas exigencias del Consejo de Seguridad de la ONU basándose para ello en el artículo 25 de la Carta de la ONU. Esta estipula, en efecto, que los Estados miembros no están obligados a aceptar las decisiones del Consejo de Seguridad cuando dichas decisiones no se corresponden con el contenido de la Carta. Sutilmente, el debate jurídico internacional ha pasado, del control del programa iraní por el OIEA, a convertirse en una prueba de fuerza entre las grandes potencias y las potencias emergentes. O más bien ha regresado al punto de partida de los años 1950 ya que la cuestión del control por parte del OIEA no es más que un episodio en la lucha entre las potencias dominantes y el Tercer Mundo.

Después del petróleo, el uranio
La similitud entre el comportamiento de ayer de las grandes potencias ante el petróleo iraní y su actual comportamiento ante el uranio iranio resulta impresionante.
Antes de la Segunda Guerra Mundial, los anglosajones impusieron a Irán contratos leoninos para extraer su petróleo sin pagarlo a un precio justo [21]. También impidieron que Irán se dotara de grandes refinerías para procesarlo, de forma tal que los iraníes tenían entonces que pagar altos precios por la gasolina que la British Petroleum producía refinando en el extranjero el petróleo que les robaba.
Hoy en día, las grandes potencias pretenden prohibir que Irán pueda enriquecer su uranio para convertirlo en combustible. De esa manera Irán no tendría la posibilidad de utilizar sus propias riquezas minerales y se vería obligado a venderlas a bajo precio. En 2006, los anglosajones impusieron al Consejo de Seguridad una resolución que exige que Teherán suspenda sus actividades vinculadas al enriquecimiento, incluyendo la investigación y desarrollo. Y después le propusieron a Irán comprarle el uranio en bruto y venderle uranio enriquecido.
La reacción de Mahmud Ahmadinejad ante ese chantaje es exactamente la misma que la de Mohandas K. Gandhi ante una situación similar. Los británicos prohibían a los indios tejer el algodón. Les compraban entonces a bajo precio el algodón que les prohibían utilizar y les vendían a altos precios las telas fabricadas en Manchester con el algodón indio. El Mahatma Gandhi violó la ley imperial y procesó él mismo el algodón utilizando una rueca rudimentaria, que se convirtió así en el símbolo de su partido político. De la misma manera, los ingleses habían instaurado un monopolio sobre la explotación de la sal y cobraban un exorbitante impuesto por ese producto de primera necesidad. Gandhi violó la ley imperial, atravesando el país en una épica marcha, y fue él mismo a recoger la sal. Fue a través de ese tipo de acciones que la India logró recuperar su soberanía económica.
Es en ese contexto que deben analizarse las enérgicas declaraciones que hizo Mahmud Ahmadinejad en el momento de la puesta en marcha de las centrífugas iraníes. Sus declaraciones expresan la voluntad de Irán de explotar por sí mismo sus propios recursos minerales y de dotarse así de la energía indispensable para garantizar su desarrollo económico.
En todo caso, en el Tratado de No Proliferación nada prohíbe el enriquecimiento de uranio [22].

El Protocolo de Teherán
En ocasión de la cumbre de Washington sobre la seguridad nuclear (los días 12 y 13 de abril de 2010), el presidente de Brasil, Lula da Silva, propone sus buenos oficios a su homólogo estadounidense, y le pregunta qué tipo de medida pudiera restablecer la confianza y parar la espiral de resoluciones del Consejo de Seguridad.
El señor Lula da Silva, quien aspira a convertirse en secretario general de la ONU, actúa como intermediario entre las grandes potencias y las pequeñas. Sorprendido, el presidente Obama se reserva momentáneamente su respuesta. Finalmente, Obama envía una carta a Lula da Silva, el 20 de abril de 2010 [23]. En ella indica que una medida que se había negociado en 2009, y que fue posteriormente abandonada, arreglaría las cosas. Irán podría cambiar el uranio insuficientemente enriquecido por uranio ligeramente enriquecido. Ese intercambio pudiera tener lugar en un tercer país, como Turquía, por ejemplo. Eso permitiría que Teherán alimentara su reactor con fines médicos sin necesidad de realizar él mismo el proceso de enriquecimiento del uranio. El señor Obama hizo llegar una carta similar a su homólogo turco, documento que no se hizo público.
El presidente de Brasil viaja inmediatamente a Moscú, donde, en el marco de una conferencia de prensa común, el presidente ruso Medvedev confirma (el 14 de mayo) que desde el punto de vista ruso esa medida sería considerada como una solución aceptable [24]. El señor Lula da Silva se une al primer ministro turco en Teherán, donde se firma el esperado documento con el presidente Ahmadinejad (el 17 de mayo) [25].
Mahmud Ahmadinejad confirma entonces que, si se aplica el acuerdo, su país no tendrá necesidad de proceder al enriquecimiento de uranio pero que, ante una posible ruptura del Protocolo, Irán debe aprender a dominar esa técnica. Irán proseguirá por lo tanto sus investigaciones.
En un giro de 180 grados, Washington presenta entonces en el Consejo de Seguridad un proyecto de resolución que ya había negociado por antemano con los demás miembros permanentes. Luego de 3 semanas de melodrama, el Consejo somete a debate ese texto, casi tal y como había sido presentado. Únicamente para guardar las formas, los negociadores occidentales envían por fax a Teherán sus observaciones sobre el Protocolo, sólo 4 horas antes de la apertura de la reunión del Consejo de Seguridad en Nueva York [26]. Ya no quieren un acuerdo temporal sino que exigen que Irán renuncie totalmente a la técnica de enriquecimiento del uranio. El Consejo de Seguridad adopta la resolución 1929 con los votos favorables de los miembros permanentes, incluyendo los de Rusia y China (el 9 de junio) [27].
Es un duro golpe para Brasil, Turquía, Irán y los 118 países no alineados que los apoyan. Es evidente que lo que quieren las grandes potencias no es impedir que Irán pueda enriquecer uranio para fabricar bombas, sino impedir el acceso de Irán a una tecnología que garantizaría su independencia.

Las consecuencias de la resolución 1929
Las contradicciones internas de los dirigentes rusos se manifiestan en los días posteriores. Una avalancha de declaraciones contradictorias confirman y niegan que el embargo previsto en la resolución 1929 se aplique también a las entregas de misiles tierra-aire rusos S-300. Finalmente, el presidente Medvedev decide interrumpirlas, lo cual implica que, desde el punto de vista técnico, un posible bombardeo contra Irán se convierte en una opción militar creíble.
Washington prosigue la escalada agregando a las sanciones de la ONU sus propias sanciones, y la Unión Europea sigue su ejemplo. Este nuevo dispositivo busca privar a Teherán de la energía necesaria para la economía de su país. En él se prohíbe a las empresas que tienen intereses en Occidente la venta a Teherán de gasolina refinada o de cualquier otro tipo de combustible [28]. Como primera consecuencia de esas medidas unilaterales, la empresa francesa Total se ve obligada a retirarse de Irán. El ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Celso Amorim, anuncia por su parte que las empresas agroindustriales de su país no pueden arriesgarse a proporcionar etanol a Irán. Ambos anuncios constituyen verdaderas catástrofes económicas, no sólo para los iraníes, sino también para franceses y brasileños.
Moscú entra entonces en estado de ebullición. Los partidarios del primer ministro Vladimir Putin se sienten engañados. Para ellos, las sanciones contra Irán no deben desestabilizar el país. Ellos habían admitido la posición del presidente Dimitri Mevdeved a favor de la cooperación con Estados Unidos con la condición de que las sanciones serían solamente las de la ONU. Y ahora se ven ante el hecho consumado: la resolución del Consejo de Seguridad está siendo utilizada para justificar las medidas unilaterales de Washington y de la Unión Europea tendientes a asfixiar a Irán. En audiencia ante el Senado, el secretario estadounidense de Defensa Robert Gates se congratula por la confusión que reina en el Kremlin y ante el «enfoque esquizofrénico» de la cuestión iraní por parte de Rusia.
Alemania también apuesta por la escalada. La canciller Angela Merkel ordena la confiscación de los materiales destinados a la construcción de la central nuclear de Busher y la detención de los ingenieros rusos que estaban reuniendo dichos materiales. En Moscú, la tensión va en aumento y el embajador ruso en la ONU lanza un llamado a la razón a sus interlocutores del Consejo de Seguridad.
En Pekín, las cosas no parecen tampoco muy claras. China aceptó votar la resolución 1929 a cambio de que Washington renunciara a nuevas sanciones contra Corea del Norte. Pekín, que no creía tener posibilidades de asumir simultáneamente la defensa de Teherán y de Pyongyang, cedió terreno inútilmente ya que Estados Unidos vuelve a la carga en la reunión del G8, en Toronto.
En Teherán, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional (iraní) subraya en una declaración que el Consejo de Seguridad de la ONU carece de competencia para adoptar la resolución 1929 [29]. Desde Caracas, el presidente de Venezuela Hugo Chávez anuncia que su país no aplicará una decisión que carece de basamento jurídico. Concretamente, Caracas proveerá gasolina a Teherán y le propondrá los servicios bancarios que le están siendo negados.
Irán decide manifestar su enfado posponiendo por un mes toda nueva negociación y estableciendo condiciones para la reanudación de las conversaciones. Teherán invierte la retórica dominante aceptando discutir sobre la aplicación del Tratado de No Proliferación como medio de «restablecer la confianza» de los occidentales, a condición de que a su vez éstos últimos «restablezcan la confianza» de Irán y de los no alineados. El presidente Ahmadinejad exige para ello que los negociadores emitan una declaración que no debería plantearles ningún problema, si son de buena fe, y que eliminaría la sospecha sobre la aplicación de una política de «doble rasero». Se trata de que exijan que Israel firme el Tratado de No Proliferación (y que acepte por lo tanto el régimen de inspecciones del OIEA y la desnuclearizació n progresiva) y que se comprometan ellos mismos a aplicar el Tratado de No Proliferación (o sea que comiencen desde ahora a destruir sus propios arsenales nucleares).
Visto desde Occidente, esto parece una respuesta dilatoria: Teherán pone condiciones irrealistas que manifiestan su deseo de ruptura. Visto desde el Tercer Mundo, Teherán pone el dedo en la contradicción fundamental del Tratado de No Proliferación, que desde hace más de 40 años permite que las grandes potencias conserven su ventaja nuclear, tanto militar como civil, para dominar el mundo mientras que impide el acceso de las potencias emergentes al club nuclear.
De forma nada sorprendente, Washington reacciona reactivando la polémica. El director de la CIA, Leon Panetta, declara en un programa de gran audiencia que, según recientes informaciones, Irán ya dispone de uranio ligeramente enriquecido en cantidad suficiente como para fabricar bombas [30]. 
La acusación es absurda ya que Irán sólo dispone de uranio a menos del 20%, mientras que las bombas atómicas se fabrican con uranio enriquecido al 70 e incluso al 85%. Poco importan los hechos y la lógica. «El más fuerte siempre tiene la razón».

Conclusión
31 años después del comienzo de la Revolución Islámica, Irán no se ha desviado de su rumbo. A pesar de la guerra que las grandes potencias le impusieron a través de sus intermediarios, a pesar de embargos y sanciones de todo tipo, Irán sigue cuestionando el orden actual de las relaciones internacionales y sigue luchando por su independencia y por la de las demás naciones. Si se hace un recuento de las pasadas intervenciones de los diplomáticos y dirigentes iraníes ante la ONU, se observa en ellas que han venido denunciando constantemente el control que las grandes potencias ejercen sobre el resto del mundo gracias a su condición de miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y mediante su derecho de veto en el seno de ese órgano. Y la relectura de la prensa occidental demuestra que esta última se limita a reportar un escándalo tras otro como medio de escamotear las declaraciones de los diplomáticos y dirigentes iraníes [31]
En ese contexto, la posición iraní sobre la cuestión nuclear no ha cambiado sino que ha ganado en profundidad. Irán ha propuesto convertir el Medio Oriente en una zona desnuclearizada y Teherán no ha dejado de promover ese proyecto, que sólo ahora acaba de ser sometido a examen en la ONU a pesar de la violenta oposición de Israel [32]. Irán ha emprendido numerosas iniciativas en aras de que los países del Tercer Mundo aúnen sus puntos de vista sobre el tema nuclear. La más reciente de esas iniciativas ha sido la Conferencia Internacional sobre el Desarme Nuclear organizada por Irán en abril de 2010 [33].
El problema central en todo este asunto no es Irán sino la negativa de las grandes potencias a asumir sus propias obligaciones como firmantes del Tratado de No Proliferación, o sea a destruir lo más rápidamente posible sus propios arsenales nucleares. En vez de emprender ese camino, la administració n Obama acaba de publicar su nueva doctrina nuclear, que prevé el uso del arma atómica no sólo como respuesta a un ataque nuclear, sino a título de primer golpe contra los Estados no nucleares que le oponen resistencia.



[1] «White House Fact Sheet on the new UN Security Council Sanctions on Iran», Voltaire Network, 10 de junio de 2010.
[2] Ver el acta de la sesión sobre la Resolución 1929, Red Voltaire, 9 de junio de 2010.
[3] Bajo el régimen monárquico que antecedió a la Revolución Francesa, la sociedad se dividía en tres estamentos: la nobleza, el clero y el llamado “Tercer Estado”. Este último no disponía de ningún poder político, aunque representaba el 95% de la población.
[4] «Iran does not need military coalition», por Kourosh Ziabari,Voltaire Network, 2 de abril de 2010.
[5] «Licéité de la menace ou de l’emploi d’armes nucléaires», Opinión de consulta del 8 de julio de 1996, Corte Internacional de Justicia, C.I.J. Compilación de 1996, p. 226.
[6] «La dissuasion nucléaire est contraire au droit international», por Francis Boyle, Réseau Voltaire, 21 de octubre de 2009.
[7] Ver nuestro dossier «Mujahedin-e Khalq».
[8] «Resolución 1737 del Consejo de Seguridad», Red Voltaire, 23 de diciembre de 2006.
[9] «Resolución 1747 del Consejo de Seguridad», Red Voltaire, 24 de marzo de 2007.
[10] «Irán: intenciones y posibilidades nucleares», fragmentos del National Intelligence Estimate (NIE), Red Voltaire, 17 de diciembre de 2007.
[11] «¿Por qué McConnell publicó el informe sobre Irán?», Red Voltaire/Horizons et débats, 17 de diciembre de 2007.
[12] «Washington decreta un año de tregua global», por Thierry Meyssan. Red Voltaire, 3 de diciembre de 2007.
[13] «Résolution 1803 del Consejo de Seguridad», Red Voltaire, 3 de marzo de 2008.
[14] «Pourquoi William Fallon a-t-il démissionné?», Réseau Voltaire/New Orient News, 14 de marzo de 2008.
[15] «La renuncia del almirante Fallon reactiva las hostilidades en Irak», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 13 de marzo de 2008.
[16] All The Shah’s Men: An American Coup and the Roots of Middle East Terror, por Stephen Kinzer (John Wiley & Sons, 2003).
[17] «Iran looks to Argentina for nuclear fuel», por Kaveh L Afrasiabi,Voltaire Network, 9 de noviembre de 2009.
[18] «Washington pretende rescribir la historia de los atentados de Buenos Aires», por Thierry Meyssan; «Ataques terroristas en la Argentina 1992 y 1994: no fueron de origen islámico», por James Fetzer y Adrian Salbuchi; Red Voltaire, 13 de julio de 2006 y 9 de noviembre de 2009.
[19] Esta expresión es simplemente risible ya que Mahmud Ahmadinejad representa a los veteranos de la guerra entre Irak e Irán y no tiene nada que ver con el alto clero chiíta, que en su mayoría se opone a su política.
[20] «Resolución 1696 del Consejo de Seguridad», Réseau Voltaire, 31 de julio de 2006.
[21] «BP-Amoco, coalición petrolera anglosajona», por Arthur Lepic,Red Voltaire, 10 de junio de 2004.
[22] «Traité sur la non-prolifération des armes nucléaires (TNP)»,Réseau Voltaire.
[23] «Letter to Lula da Silva», por Barack Obama, Voltaire Network, 20 de abril de 2010.
[24] «Joint News Conference», por Dimitri Medvedev y Luiz Inácio Lula da Silva, Voltaire Network, 14 de mayo de 2010.
[25] «Joint Declaration by Iran, Turkey and Brazil on Nuclear Fuel»,Voltaire Network, 17 de mayo de 2010.
[26] «Vienna Group’s Answer to Joint Declaration of Teheran»,Voltaire Network, 9 de junio de 2010.
[27] «Resolución 1929 del Consejo de Seguridad», Red Voltaire, 9 de junio de 2010.
[28] A pesar de ser un país exportador de petróleo, Irán –debido al embargo que le fue impuesto desde el principio de la Revolución Islámica– no dispone de refinerías y se ve por lo tanto obligado a importar gasolina.
[29] «The Islamic Republic of Iran’s Declaration in Response to Resolution 1929», Voltaire Network, 18 de junio de 2010.
[30] Entrevista de Leon Panetta concedida a Jake Tapper, This Week, ABC, 27 de junio de 2010.
[31] Los lectores recordarán probablemente que Francia creó una secretaría de Estado para los Derechos Humanos, cuya principal actividad consistió en sabotear la participación iraní en la Conferencia Contra el Racismo realizada en Ginebra y conocida como «Durban II». La secretaria francesa de Estado Rama Yade incluso obtuvo identificaciones diplomáticas para militantes sionistas que interrumpieron el discurso del presidente iraní mientras que los embajadores de las potencias europeas abandonaban la sala en un gesto planificado de antemano. El lector interesado podrá leer el discurso allí pronunciado por el señor Ahmadinejad y evaluarlo a la luz del análisis que hacemos en este trabajo. Dicho discurso aborda el papel del Consejo de Seguridad de la ONU en la evidente impunidad que disfruta el apartheid israelí (Ver «El Consejo de Seguridad dio a los sionistas luz verde para proseguir sus crímenes», por Mahmud Ahmadinejad, Red Voltaire, 20 de abril de 2009). Para completar el cerco de censura alrededor de las posiciones de Irán, el alto funcionario francés Bruno Guigne, quien expresó públicamente su indignación por la explotación mediática de toda esta maniobra, fue inmediatamente depuesto por el presidente Sarkozy (Ver «Quand le lobby pro-israélien se déchaîne contre l’ONU», por Bruno Guigne,Réseau Voltaire, 24 de marzo de 2008.
[32] «Capacidades nucleares de Israel», Resolución adoptada en la décima reunión plenaria del OIEA, Red Voltaire, 18 de septiembre de 2009. «Aplicación de las salvaguardias del OIEA en el Oriente Medio», Resolución adoptada en la novena reunión plenaria, Red Voltaire, 17 de septiembre de 2009. «Creación de una zona libre de armas nucleares en el Oriente Medio», Informe presentado por la República Islámica de Irán en la Conferencia de la Partes encargada de examinar el Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares 2010, Red Voltaire, 4 de mayo de 2010.
[33] «Mensaje a la Conferencia Internacional sobre Desarme Nuclear», por Ali Khamenei; «Address at the International Conference on Nuclear Disarmament», por Mahmud Ahmadinejad; «Address at the International Conference on Nuclear Disarmament», por Saeed Jalili; Red Voltaire, 17 de abril de 2010.
http://www.voltaire net.org/article1 66241.html

martes, 13 de julio de 2010

Entrevista a Fidel Castro: ¿Guerra Mundial?

Primera parte de la entrevista



Segunda parte de la Entrevista



Tercera parte de la Entrevista



Cuarta Parte de la Entrevista



Quinta parte de la Entrevista



Sexta Parte de la Entrevista



Setima parte de la Entrevista

lunes, 12 de julio de 2010

MARIATEGUI 1929: “UN MILITANTE INCONSECUENTE”, O “SOMOS MARXISTAS”





(11 de julio de 2010)
Por Miguel Ángel Aragón

Con la finalidad de promover el estudio y debate de los problemas peruanos de actualidad, el 23 de mayo divulgamos nuestro comentario Algo más sobre Alberto Palomino, en el cual presentamos en forma ordenada once (11) temas concretos relacionados con el Problema Agrario Peruano. Superando las limitaciones en las cuales nos encontramos temporalmente en los últimos meses, nosotros hemos continuado buscando información, avanzando en el planteamiento de esos, y otros problemas, que actualmente interesan a amplios sectores de la población peruana. Problemas que son motivo de asambleas masivas, pronunciamientos, movilizaciones, y que muchas veces llegan a las confrontaciones con los grupos de poder, y a las inevitables represiones. Hechos que, superando la censura oficial, no pueden ser ocultados, pero sí recortados y deformados, en las publicaciones diarias de los medios informativos. (Más abajo reproducimos nuestro comentario sobre Alberto Palomino)
Como temas adicionales, al tema central de nuestro comentario, tangencialmente agregamos la crítica a tres actitudes que consideramos erróneas en el actuar de algunos pocos activistas del frente unido del pueblo peruano. Un amigo, joven él, que se ha tomado el trabajo de leer nuestro texto, y enviarnos unas breves palabras, nos ha expresado su preocupación por una afirmación nuestra, anotada al final de nuestro comentario.
Según la opinión de nuestro amigo, él considera que no tiene base de sustento, nuestra siguiente opinión: “quienes afirman que la base de unidad del Partido Socialista del Perú fue el marxismo-leninismo, nos presentan a Mariátegui como un militante inconsecuente, y un peligroso elemento anti partido”.
Hubiéramos preferido continuar el desarrollo de nuestro comentario, abordando alguno de los once temas concretos que habíamos planteado como temas de investigación y debate, pero no podemos eludir la observación de nuestro interesado y preocupado amigo. Nuestro silencio podría asumirse como una aceptación de su duda y su crítica.

I

Continuando con nuestro recién descubierto, y parece que incorregible, estilo “lagotero”, haremos una nueva concesión teórica a algunos de nuestros críticos, en este caso a los que están ubicados en el disperso, e inconsistente, campo del doctrinarismo intransigente.
Asumamos, por un momento, que es cierta la hipótesis que en la Reunión de Barranco del 7 de octubre de 1928, a propuesta de José Carlos Mariátegui, “se aprobó el marxismo-leninismo como Base de Unidad del Partido Socialista del Perú”.
Si esa hipótesis fuese cierta, entonces por simple y elemental lógica, podemos concluir que todos los asistentes a esa trascendental reunión, comenzando por el mismo Mariátegui, estaban en la obligación de aceptar, y agitar la Base de Unidad Partidaria recién aprobada. Por lo tanto, a partir de esa fecha en adelante, estaban obligados a declararse “marxistas-leninista s convictos y confesos”, superando la “vacilante”, “timorata”, e “indecisa” actitud de declararse “marxista convicto y confeso”, como reiteradamente lo hiciera JCM en varias oportunidades en el transcurso del año 1927, es decir antes de la Reunión de Barranco.
A los límites de esta breve respuesta escapa el poder analizar las declaraciones y el comportamiento de todos y cada uno de los asistentes a la reunión de constitución del Partido Socialista del Perú. Pero, nos resulta muy sencillo analizar la actitud del propio Mariátegui, teniendo en cuenta que, en la actualidad, sus escritos ya están ampliamente divulgados.
Siete meses después de la reunión de Barranco, Mariátegui redacta, en mayo de 1929, los Cuatro Proyectos de Tesis Anexas al Programa, sobre La Situación Económica, La Lucha Antiimperialista, La Cuestión Indígena, y el Desarrollo de la Acción Clasista, con el objetivo manifiesto “que después del debate de las secciones y de las enmiendas que en su texto introduzca el Comité Central, quedarán definitivamente formuladas en el Primer Congreso del Partido”.(Revisar: Punto 9º de los Principios Programáticos). (*)
En el segundo de los proyectos de Tesis mencionados, en Punto de Vista Antiimperialista, Mariátegui concluye su polémico alegato de la siguiente manera “En conclusión, somos anti-imperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagónico, llamado a sucederlo…”
Más o menos, por esa misma fecha, Mariátegui como parte del ensayo “Defensa del Marxismo” escribe el artículo Sentido Heroico y Creador del Socialismo, en el cual declara “Los marxistas no creemos que la empresa de crear un nuevo orden social, superior al orden capitalista, incumba a una amorfa masa de parías ni de oprimidos, guiados por evangélicos predicadores del bien…”(**)
Nosotros, ya “ebrios de citas”, al transcribir solamente estas dos únicas y contundentes declaraciones de Mariátegui posteriores a la Reunión de Barranco, encontramos una contradicción con la hipótesis supuesta, de la que estamos partiendo en este comentario.
Si estamos suponiendo que el 7 de octubre de 1928 se aprobó “el marxismo-leninismo” como Base de Unidad Partidaria, como nos lo repite el doctrinarismo intransigente todas las semanas, entonces llegaríamos a la conclusión que “Mariátegui fue un militante inconsecuente”. Porque él era el primero que estaba obligado a declararse en los dos textos que hemos citado, “somos marxistas-leninistas” y “los marxistas-leninistas no creemos”, con la misma y reiterada persistencia con que los actuales “marxistas-leninistas” y “marxistas-leninistas-maoistas” peruanos, lo hacen reiteradamente. Cuidándose ellos de no caer, en ningún momento, en la “herejía” de autodenominarse “marxistas” (o “solamente marxistas” como despectivamente acostumbran denunciar y acusar), lo cual sería un grave riesgo para su militancia, puesto que podrían terminar excomulgados, y expulsados de las minúsculas sectas partidarias en las cuales militan.
A ese absurdo nos quieren llevar quienes desde la posición del doctrinarismo intransigente repiten y machacan que el 7 de octubre se acordó el marxismo-leninismo como Base de Unidad Partidaria.
Queda claro, que antes (en 1927), como después (en 1929), de la Reunión de Barranco, Mariátegui se declaró “marxista convicto y confeso”, “somos marxistas” y “los marxistas no creemos”, sin hacer la más mínima concesión a la imposición de la ortodoxia de la tendencia bujarinista imperante en esos momentos en la Internacional Comunista, que desde el Congreso de 1925 había introducido, sin la menor sustentación, la palabreja compuesta “marxismo-leninismo”, para oponerse al marxismo. Esa palabreja pronto encontró eco entre seguidistas insolventes y rastreros, y también entre repetidores acomodaticios del tipo de Codovilla.

II

Como no podemos aceptar, ni avalar esa absurda conclusión, en primer lugar tenemos que desechar la absurda hipótesis de la cual hemos partido en este comentario, al suponer por un momento que “el 7 de octubre se acordó el marxismo-leninismo como Base de Unidad del Partido Socialista del Perú”; y en segundo lugar estamos en la obligación de preguntarnos seriamente ¿que se propuso y que se acordó realmente el 7 de octubre de 1928?
Mariátegui fue muy claro y preciso en el uso y manejo de los conceptos. En su Réplica a Luís Alberto Sánchez definió “El socialismo es un método y una doctrina, un ideario y una praxis”. Pocos meses antes, había definido la teoría del proletariado, de la manera siguiente “El marxismo, del cual todos hablan pero que muy pocos conocen y, sobre todo, comprenden, es un método fundamentalmente dialéctico”. Definiciones y precisiones similares las va a mencionar reiteradamente en su libro Defensa del Marxismo, diferenciando método de doctrina, entendido esta segunda característica como teoría, y no como doctrinarismo, desviación con la cual deslindó claramente.
En los dos únicos textos ( lo resaltamos en negrita porque solamente fueron dos textos) en los cuales Mariátegui utiliza el concepto “marxismo-leninismo”, es decir en los Principios Programáticos del PS del P de octubre de 1928 y en La Libertad y el Dogma de junio de 1929, Mariátegui se refiere al “marxismo-leninismo” como “método”, pero nunca le concedió el carácter de teoría o doctrina, y por lo tanto, nosotros no podemos entender el “marxismo-leninismo” como Base de Unidad del Partido Socialista del Perú.
Repasemos nuevamente la última parte del Punto 4º de los Principios Programáticos: “La praxis del socialismo marxista en este periodo es la del marxismo-leninismo. El marxismo-leninismo es el método revolucionario de la etapa del imperialismo y de los monopolios. El Partido Socialista del Perú, lo adopta como su método de lucha”. Si observamos con detenimiento, Mariátegui es muy preciso en el uso de los conceptos: lo define al “marxismo-leninismo” como “praxis”, “método revolucionario” y “método de lucha”.
Ni en ese, ni en otro documento, Mariategui se refirió al “marxismo-leninismo” como doctrina en particular, ni como teoría en general. Mientras que cuando utilizó el concepto “marxismo” no dudó en definirlo a la vez como “método” y también como “teoría” o “doctrina”

III

¿Significa la anterior constatación que Mariátegui “no fue leninista”, y por el contrario fue un “anti-leninista” solapado? ¿Significa esta defensa que hacemos de Mariátegui, que nosotros no nos consideremos leninistas, o que rechazamos el leninismo?
Ni lo uno, ni lo otro. Por eso, no tomamos en cuenta, las acusaciones gratuitas que el doctrinarismo intransigente nos hace sin ningún fundamento. Lo que nosotros hemos dicho y escrito, como bien se nos recuerda, citando una carta nuestra dirigida a nuestro compañero y amigo Jaime Lastra a comienzos de 2009, es lo siguiente “no consideramos correcto decir Mariátegui marxista-leninista”. Nuestras fundamentadas razones para esta afirmación las tendremos que desarrollar en otro breve texto. No podemos abusar más, del espacio dedicado a responder la consulta de nuestro amigo.
Aprovechamos si, para reiterar la recomendación de dedicar lo mejor de nuestro tiempo y esfuerzo a la aplicación del método marxista al conocimiento y definición de los problemas actuales de la realidad peruana, comenzando por los aspectos derivados del problema primario del Perú, del problema de la tierra. Esos temas si le interesan, atraen la atención, y movilizan a cientos y miles de trabajadores; a diferencia de la prédica del doctrinarismo intransigente, que solo es motivo de confusión, para unos pocos, e ingenuos, estudiantes desligados de la acción clasista.

(*) Aprovechamos esta oportunidad, para señalar tres errores muy comunes en el movimiento socialista peruano. En primer lugar, los Proyectos de Tesis Anexas al Programa que Mariátegui escribió en mayo de 1929, fueron cuatro, y no solamente tres, como algunos erróneamente siguen escribiendo. En segundo lugar, Mariátegui nunca escribió una Tesis denominada El Problema de las Razas en América Latina, como algunos siguen repitiendo. En tercer lugar, las Cuatro Tesis fueron escritas por Mariátegui con el objetivo principal de servir como documentos a ser debatidos y aprobados en el Primer Congreso del Partido Socialista del Perú, que estaba en preparación en los dos últimos años de vida de Mariátegui. Entonces no es cierto que Mariátegui los preparó con el objetivo de ser presentados en la Conferencia Comunista de Buenos Aires, realizada en junio de 1929, conclusión errónea que algunos siguen repitiendo, desconociendo y minimizando el trabajo de preparación del Primer Congreso del Partido Socialista del Perú, evento que hasta ahora, continua a la espera de su realización.
(**)Agradecemos al anónimo compañero y amigo, que colaboró con nosotros al enviarnos el texto de Mariátegui que estamos citando, y que nosotros no lo teníamos a la mano, por estar temporalmente trabajando, en los últimos meses, alejados de nuestra casa familiar y biblioteca personal. Gracias por su actitud solidaria.

domingo, 11 de julio de 2010

Polémica: Roberto Aguilar Valera responde a Ramón García Rodriguez




Comentarios “Por qué cuestión electoral”

Antes de nada:
Creo que el autor podría ahorrarse, y ahorrarnos tiempo valioso a los lectores, si “desgrasa” sus escritos de las generalidades, las obviedades y los pensamientos felices. Ejemplos más destacados:
- “Parecen pocos, pero así como "con una palanca se puede mover el mundo", con una organización convicta y confesa, con voluntad disciplina y entusiasmo se puede mover el país entero desde sus cimientos”
- “Según sea el estilo, así será el resultado”
- “Y es que sólo la convicción y fe mueve montañas”

Quisiera señalar que el lenguaje arcano, que ya otros han repetido como una especie de aplicación, reaparece nuevamente aludiendo a un escrito de Engels. Sería errado, creo, hacer un trabajo de erudición y trasladar el debate hacia ese terreno, puesto que los referentes del texto no pueden responder por los referentes con que los sujetos tratan de exponer sus puntos sobre problemas contemporáneos. La introducción de este texto recae en los otros vicios que otros ya han practicado en menor abundancia. Por ejemplo, el uso de referentes ¿para la acción política? Bastante indefinidos como el tratamiento del sufragio electoral como el índice de madurez de la clase obrera. Anteriormente intenté obtener una respuesta de Domingo Suárez sin ningún éxito. Califico de indefinido este referente puesto que no se explica cómo es posible que con éste se pueda medir la madurez (¿qué tipo de madurez?) de la “clase obrera” (¿sólo de la clase obrera?, ¿y la de las otras clases populares con que se mide?). Nuevamente hace referencia a otro secreto de Fátima cuando se sostiene en otra cita que refiere a un punto de ebullición en el termómetro de sufragio (que puede entenderse de muchas maneras: cuando las aguas hiervan, cuando se alcance los cien grados, etc, etc; todas igual no dicen nada) y sobre alguna conducta esperada en los trabajadores que está programada para activarse cuando el medidor del termómetro alcance tal punto. ¿Será el momento en que los obreros tomarán las riendas de su destino?, ¿Cuándo la Revolución proletaria marque su inicio?, ¡Quién sabe!
La situación se pone más grave cuando Ragarro escribe: “Es evidente que quien ignora o abandona esta estrategia cae en el electorerismo, y jamás hallará el porqué del resultado electoral adverso”. Esto puede sumir a más de un lector en un problema existencial bastante serio pues - en mi caso -, como mi entendimiento se halla en las tinieblas, no tengo ninguna conciencia sobre si he abandonado o ignorado la estrategia (¡al menos sabemos ya que es una estrategia!) propuesta, lo que me aterrara más aún es que puedo estar ubicado en el electorerismo sin saberlo.
Repito que aquí no está en discusión el escrito de Engel’s ni sus ya lejanas opiniones. Mucho menos aún los saberes de R. García, sólo las verdades a las que estos hacen referencia. Ceder a los impulsos ortodoxos significaría situarnos en el tratamiento del texto lo que descentraría la atención sobre lo que, a mi modesto parecer, es lo importante para la relación teoría – práctica.
Sin embargo, no todo lo escrito por García en su reciente envío requiere de clave para descifrar y creo que hay cosas importantes que ameritan abundar en comentarios.

La cuestión del sistema: ¿Estamos fuera?
El primer punto que el autor señala como la “Norma Laboral” de la que él llama “oposición contestataria” es el de “No integrarse al sistema”. Creo que en éste se comete el error de confundir Sistema con el Estado (o con el Sistema Estatal de Servicios). La comparación entre Sistemas basadas en la racionalidad estatal - una racionalidad modernista - es propia del período de la Guerra Fría donde la eficiencia en la producción marcaba el paso en la competencia entre sistemas estatales (socialistas vs capitalistas, estados mucho más grandes y con mucho más accionar “populista”), lo cual era incompatible con ideales socialistas, situación que se puede ejemplificar con el estado Chino.
El sistema no se limita a expresarse como un estado ineficiente y sus instituciones. Sus representaciones pueden ser también partidos políticos, empresas privadas, medios de comunicación, el mundo de la moda, el del entretenimiento, la internet, etc, etc. Olvidamos que son miles y miles de relaciones sociales que sostienen el dominio del pensamiento neoliberal (y pensamientos aliados) que ha logrado instalarse en el sentido común de la mayoría de sectores populares (haríamos bien en no glorificar ni homogeneizar a un pueblo que no se conoce), especialmente urbanos, y con los cuales estos juzgan el quehacer propio y el ajeno. No es por motivos caprichosos el éxito de la imagen del “empresario que surge desde abajo” o las reivindicaciones de la “peruanidad” a base de la gastronomía o de la compra de productos peruanos. El Sistema es también un universo simbólico.
¿No integrarse al sistema? Llamado bastante ingenuo. La mayoría vive dentro del sistema, mas aquello no es condición necesaria para que estemos de acuerdo con él. El hecho de que estemos en contra de este aparato y conjunto de relaciones dominantes no implica tampoco que nos ubiquemos fuera de él (recordemos los intentos frustrados de las comunas de los tiempos de Marx y también los experimentos hippies). Se entra en contacto con el sistema desde que tenemos uso de razón, estas relaciones son aceptadas porque la alienación se transmite a modo de pensamiento común, en la misma célula familiar, como si fuera “lo normal”; el lenguaje juega un papel importante como poderoso vehículo de significados. Tanto por la presión social o la necesidad de sostenernos económicamente -la adopción de normas de conducta políticamente correctas que nos permitan adaptarnos a la sociedad en la cual vivimos - el contacto con sus instituciones resulta inevitable, (como es el caso de nuestros centros de labores, p.e.). El sistema mismo tiene mecanismos para corregir toda desviación que no se proteja con/en una estrategia mayor y colectiva.
Si hacemos una distinción entre lo pensado y lo que realmente sucede podríamos caer en la cuenta de que un activista socialista, como cualquier otra persona, lleva una vida más allá de los espacios del quehacer político. Fuera de su organización tiene que enfrentarse a otros quehaceres organizados cuyo fin es el integrar al sujeto al sistema a nivel del pensamiento, que es la conquista más importante.
Los sentidos comunes que ha logrado instalar el pensamiento hegemónico se encuentran tanto en la vida pública como en la privada, por lo tanto los espacios de disputa son más amplios. No se trata sólo de difundir saberes; se trata también de crear sentidos comunes alternativos que puedan ayudarnos a pensar y desear una nueva sociedad. Estos sentidos comunes se forman desde lo existente, desde algo ya dado. Contra estas situaciones y a la vez con ellas, es que toda propuesta tiene que realizarse.
No se llega a los espacios de disputa a tratar con mentes en blanco ni con “políticas por hacerse”, de ahí la importancia que la teoría trate los problemas que vive el colectivo con el que se organiza. Por lo tanto afirmar que la miseria tiene un lado revolucionario suena bastante relativo ante la presencia de un pensamiento hegemónico que ha logrado “dignificar” la supervivencia y “normalizar” la dádiva por la “fidelidad” política. A esto hay que añadir la limitada o casi inexistente presencia del activismo de izquierda y podremos preguntarnos, ¿estamos situándonos en algún lugar de la lucha social - que no sea el imaginario de izquierda – cuando proponemos “reclamar el cambio de este sistema actual?” (además, ¿esto tiene que reclamarse o realizarse?) Creo que no, mucho menos cuando se enuncian generalidades en mayor o menor medida aceptadas por el movimiento socialista (distribución de lo producido, educación laboral calificada, etc.), muchas de válidas aunque el autor condiciona su realización a la táctica del “reclamo”, bastante indefinido pues no indica su dirección. Por el contrario, creo que la realización de aquellas puede ser posible sólo cuando sean expresión de un poder popular y no la implementación de un Estado que concentre el poder en nombre del pueblo.

Un iluminismo insuficiente
Fue en la esperanza y confianza excesiva de muchos intelectuales en un racionalismo bastante estrecho que la Postmodernidad aprovechó para darle con palo al pensamiento científico y rebajarlo al nivel de cualquier discurso religioso.
En el Punto 3 de “La planeación electoral” R. García describe una estrategia de formación política para el trabajo electoral: “Partir de la realidad (pocas ideas a muchos) en talleres, y de la experiencia general (muchas ideas a pocos) en seminarios, es el estilo de estudio para llegar a todos los niveles del pueblo trabajador” Bueno, situémonos sólo en los distritos limeños “emergentes” en época electoral. Este tipo de trabajo va a encontrar, primero, resistencia a los hábitos de estudio (que si ya se los encuentra en la izquierda…) y segundo una forma de hacer política ya instituida: la de la dádiva y al de la corrupción; y no es un fenómeno episódico. Bastantes problemas crea en una comunidad el ofrecimiento de instalar el sistema de alcantarillado en una calle (de un AAHH, p.e.) por parte de algún potentado candidato a cambio de votos (aprovechan las oportunidades que les abre el programa de presupuesto participativo). Muchos dirigentes manejan esto de diferentes maneras, algunos se rinden al poder corruptor del dinero, otros con diplomacia y enuncian la conocida frase “que haga la obra, pero al final cada uno decide por quién votar”. Hay también comunidades que hacen valer su independencia y rechazan la compra de conciencias, pero son escasas. ¿Puede la dádiva competir con un trabajo de formación sistematizado? No, porque no apuntan al mismo objetivo. La dádiva tiene un efecto emotivo, no busca apelar al raciocinio del sujeto mas bien a obturarlo. Contra lo que uno puede esperar, el candidato “pro sistema” puede lograr más votos de lo que se esperaba.
Esto no sólo sucede en espacios donde las necesidades básicas están por implementarse. También puede funcionar en zonas de clase media baja que requieran “enrejar” su calle para prevenir la delincuencia y el pandillaje. Un par de rejas cuestan casi como 7 mil soles incluida la mano de obra y para ello los vecinos tienen que recurrir a la realización de actividades por largos períodos de tiempo para recaudar dinero, a veces sin mucho éxito (al margen de si esto significa alguna solución a toda lacra social). Un ofrecimiento de los de la “Operación avispa” puede solucionar la situación aprovechándose de la desesperación de los vecinos. Esto, repito, tiene un efecto emotivo. Podemos, desde luego, hacer talleres para revertir esta situación, pero creo que la propuesta es bastante corta.
Este es un panorama donde estas prácticas y sentidos comunes se han instituido desde hace bastante tiempo, especialmente cuando el fujimorismo redefinió el quehacer políticos en los barrios populares y en el campo. Es a lo que tenemos que enfrentarnos. Un iluminismo bastante apocado (la difusión de una propuesta que no se pone a debate en base a talleres y seminarios) y distante (que habla del pueblo en tercera persona) representa sólo una buena idea, bastante racional pero bien corta de miras. A la propuesta de R. García, pasando por alto las obviedades (“la organización de núcleos en cada sector de población económicamente activa (agricultura-industria-servicios)”), se le escapa las contradicciones en el mundo de lo simbólico.
Los trabajadores pueden comprender muy bien la situación en la que se encuentran, pero esto no es suficiente para una acción política revolucionaria. Por eso mi crítica dirigida contra este tipo de iluminismo (que diferencio de aquél que se practica como una difusión y democratización del conocimiento). Como en la película última de Batman (contra el Joker, que tiene un discurso bien estructurado), la verdad no es suficiente. Se requiere una identificación de los activistas con nuestras comunidades, se requiere que seamos pueblo y no nos distingamos de él como izquierda. No parecer, ni instrumentalizar, mucho menos llegando a ellos con la “buena nueva”, sino construir con ellos tanto las instituciones como las ideas que ayudaran al inicio de una acción revolucionaria. Construyendo también relaciones horizontales con quienes consideramos personas y no material en bruto que trabajar para hacer la revolución.
No podemos subvertir el orden sino nos subvertimos nosotros mismos a la vez. Tampoco si suponemos que debe existir un “proletariado” que debiera ser permeable a nuestras ideas o que requerimos apodícticamente un tipo de “organización para hacer la revolución”. Una teoría revolucionaria es tal porque puede abordar los problemas de su tiempo. Así como cambian los datos que nos ayudan a construir una alternativa de cambio revolucionario, así deben cambiar nuestros horizontes intelectuales.



Roberto Aguilar Valera

sábado, 10 de julio de 2010

El ¿qué hacer? de Mariátegui



¿Partido masas o partido de cuadros?

De un buen tiempo a esta parte se viene discutiendo con “alma, corazón y vida” cómo entendió JCM el partido de clase. Gustavo Pérez y Charles Lastra tienen algunos meses rumiando el tema.

¿Es marxista contraponer, como el agua y el aceite, los conceptos partido de cuadros y partido de masas? El marxismo es un método fundamentalmente dialéctico que no se detiene en las fotografías de los fenómenos sociales. Entiende los fenómenos en su dinámica interna, en sus interrelaciones con otros hechos u fenómenos, en las mutaciones de un polo a otro polo; es decir, los considera en su relativa estabilidad que está determinada por el carácter absoluto del movimiento, motor de todo cambio. El modo de existencia de la materia es el movimiento. Entonces, para el marxismo ambos conceptos no se contraponen ni oponen.

Pero, para el punto de vista de la burguesía que hace uso de la metafísica como método, sí existe tal contraposición. Y es precisamente ese punto de vista el que se impuso en el debate de los treintas en la Internacional Comunista. El concepto marxista de Mariátegui (Partido de masas e ideas) es abandonado porque no entendieron la trabazón dialéctica del Partido Socialista del maestro del proletariado peruano.

10 junio 2010
EBM

El ¿qué hacer? de Mariátegui
Charles Jaime Lastra Domínguez
08.07.2010

Con fecha 18.04.2010, Gustavo Pérez respondió un artículo mío “Lenin, el ¿Qué hacer? y el partido de clase”[1]. Se trata de un debate interesante y muy actual, donde el objeto de la polémica es saber si Mariátegui fundó un partido al estilo y método socialdemócrata( en el sentido reformista, oportunista) o lo hizo, más bien, al estilo y método bolchevique; es decir, marxista-leninista. En esa ocasión, Gustavo ha titulado su artículo “¿Qué hacer con el partido de Mariátegui?”. Ahora replico con el presente artículo.

A Manuel Velásquez le parecen tediosos los artículos largos, mientras que a Gonzalo Fernández le parecen hasta cómicos; y, naturalmente, nos confiesa que no es masoquista para terminarlos de leer, como según parece si lo hace Manuel Velásquez, que de masoquista nada tiene. De todos modos, en atención a sus críticas, evitaré responder en ocho páginas, pero me será inevitable llegar siquiera a tres.

Móviles e ideas claras

Solicito a Gustavo Pérez precisar y definir mejor su posición. No es correcto ese estilo de decir que “no dije lo que dije” o “lo que dije no es como tú crees que lo dije”. La ambigüedad no es fiel compañera del marxismo. Si Gustavo dice reconocer la necesidad histórica del partido de clase, según la teoría del partido de Lenin, y si dice que Mariátegui es leninista (aunque no marxista-leninista) ¿por qué supone que Mariátegui querría un partido de masas al estilo del cura Sturzo, cuando en el pensamiento marxista- leninista de Mariátegui está clarísimo la forma bolchevique de la vinculación del partido de clase con las masas básicas de la revolución?

Gustavo se fue por la tangente al confundir la política táctica de un partido con la concepción revolucionaria, base de todo partido marxista-leninista. Así, confunde la política del partido comunista italiano de 1929 con la política que la facción bolchevique italiana tenía en 1920 y 1921, fecha en que Mariátegui escribe sus artículos: “El Partido Popular italiano” y “El Partido Socialista italiano y la Tercera Internacional”. De este último artículo podemos reafirmar que la facción bolchevique se mantuvo en la correcta concepción insurreccional y revolucionaria. Otro asunto es que luego de aplastada la insurrección revolucionaria en Europa, la táctica haya tenido que cambiar. Pero aquí estamos tomando para el debate la comparación de dos modelos de partidos: el marxista, del PC italiano, de la facción liderada por Gramsci, y del PP italiano liderado por el cura Sturzo, en el período de 1920 a 1921. Y es precisamente de este breve período el comentario que hace Mariátegui al referirse a la fracción maximalista: “La primera es la facción maximalista de que frente a la crisis burguesa, la acción socialista debe ser exclusivamente insurreccional y revolucionaria”[2]. Luego, en otro artículo comentó: “El Partido Comunista, entre tanto, ha recogido el programa maximalista adoptado por la mayoría socialista (…) Obediente a ese programa el Partido Comunista trabaja exclusivamente por la revolución y para la revolución”[3]. Y a punto seguido precisa su comentario: “Esta preparación para la revolución no es como se comprende, una preparación material. Es una preparación principalmente espiritual.”

Pésima comparación hace mi estimado Gustavo de la concepción de un partido de masas y de ideas de Mariátegui con el partido de Sturzo. Si bien resalta que Mariátegui valoró el trabajo de Sturzo de saber engañar a los proletarios para darle esa sólida base social a su partido conservador, lo mismo debería de hacer con esta conclusión de Mariátegui: “Don Sturzo ha logrado formar un partido de aristócratas, burgueses, curas y obreros, reunidos por el lazo de un espiritualismo cristiano enfrentado al materialismo maximalista”[4]. Y un partido así ¿para qué habría querido Mariátegui? Muy diferente es la lección que de esta treta del cura Sturzo sacó Mariátegui, que dijo que el partido de Sturzo “…puede ser comparado a un árbol cuya copa es la aristocracia y cuyas raíces se alimentan del humus proletario. Este partido vivirá, luego, mientras el humus proletario no le falta; si no se marchitará y se secará”. El partido proletario, que no es lo mismo que un partido del tipo Sturzo, si no cuida su enraizamiento con las clases fundamentales de la revolución, se secará y marchitará también. Pero, esta vinculación marxista a las masas es genuina y sincera, no postiza y oportunista como la de los reaccionarios. De esta forma es como Mariátegui entendía la relación entre la extracción social de clase y la posición ideológica de clase. La extracción social es el factor base, determinante. La posición ideológica es el factor guía, decisivo.

Una vez más tenemos que reafirmar que la concepción de un partido de masas y de ideas de Mariátegui corresponde a la concepción marxista-leninista, que cumple los principios del libro ¿Qué hacer? de Lenin. Allí está el Acta de Constitución del Partido Socialista, donde Mariátegui dejó sentada su posición de manera clara y definida: “La lucha política exige la creación de un partido de clase, en cuya formación y orientación se esforzará tenazmente por hacer prevalecer sus puntos de vista revolucionarios clasistas. De acuerdo con las condiciones concretas actuales del Perú, el Comité concurrirá a la constitución de un Partido Socialista, basado en las masas obreras y campesinas organizadas”(Los subrayados son míos).

Queda, sin embargo, que el compañero Gustavo aclare su posición respecto a este numeral del Acta de Constitución. Pretender que el “Partido de clase” se define así por su composición social, sería una verdadera confusión. El partido es de clase no porque tenga más o menos obreros, o mejor, porque su composición social sea exclusivamente de obreros. No, estimado Gustavo. Es de clase porque representa la concepción científica de la clase más revolucionaria de la sociedad contemporánea: el proletariado. No hay que olvidar que es el marxismo, la doctrina, que supo unir las ideas revolucionarias con el sujeto material revolucionario. En ese sentido estricto, no fue un obrero del llano, por pura casualidad, al margen de las ciencias y de las ideas y emociones revolucionarias, quien creó el marxismo. Fueron Marx y Engels, los pensadores geniales, que ligados al movimiento obrero, hicieron posible la doctrina del cambio histórico. Pero ambos no tuvieron extracción social proletaria. Entonces, el partido de clase está definido por la posición de clase más que por la extracción de clase. Por la posición doctrinal más que por el origen social. Y, naturalmente, esto no significa que un partido de clase no deba tener una sólida base social, preferentemente obrera, aunque no exclusivamente.

En ese sentido, el marxismo es patrimonio del proletariado, que no siendo sectario, lleva su doctrina a todos los sectores del pueblo, y acoge en su seno partidario a todos aquellos que asumen la posición ideológica del proletariado. La historia de las tres Internacionales es una clara prueba que los combatientes por el marxismo han provenido de las diversas clases sociales explotadas, incluso, como una excepción de la regla, y en una cantidad mínima, hasta de la misma burguesía. Pero, la composición fundamental del partido de clase la constituyen los obreros y campesinos. La razón es que la historia la hacen las masas. Que la emancipación de la clase obrera será obra de ellas mismas. Que el proletariado no puede emanciparse si al mismo tiempo no emancipa a toda la humanidad. Un partido de clase tiene la misión de dirigir, orientar y conducir este largo proceso.

Dos temas finales

Un tema es que Gustavo ha tomado la palabra “pulverizar” muy a pecho. Obviamente, no me referí en modo alguno que harían papillas del cuerpo de Eduardo Ibarra o de su persona en tanto nombre o sujeto pensante. Me referí, como fácil era de interpretar, a “pulverizar” sus argumentos (ideas). Y eso no se ha podido conseguir. ¡A buena hora!

Otro tema es lo referente a cómo Lenin defendió su libro ¿Qué hacer? Gustavo corre traslado a Lenin, de un hecho que él tergiversó el contenido del ¿Qué hacer? Lenin ya ha respondido hace más de cien años atrás. Lo que falta es que Gustavo Pérez aclare su posición. No es lo mismo partido de cuadros que un partido con “espíritu de circulo”. Y, el párrafo de Lenin citado, materia de controversia, no deja confundirse. El ¿Qué hacer? fue un golpe mortal al “espíritu de círculo” existente en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) hasta antes de que la concepción leninista del partido lo transformara en el partido de vanguardia, con una estructura celular clandestina, unificada doctrinalmente y centralizada orgánicamente. Las características orgánicas correspondieron al período de la lucha contra el régimen zarista, pero el contenido ideológico y político del partido de clase se mantuvieron permanentemente durante todo el proceso de la revolución bolchevique. Recomiendo que se lea el artículo de Lenin “Sobre la reorganizació n del partido” (Nov. 1905)[5], donde queda palmariamente expresado que la construcción orgánica del partido no está desligado de todo el sistema de construcción del partido, que, además del aspecto orgánico, comprende los aspectos ideológico, teórico y político. Las condiciones concretas en que ha de operarse esta construcción partidaria solo hacen variar las formas, pero no el contenido de la concepción de un partido de clase.

Entonces, para que molestar al finado Don Ricardo Palma, cuando nosotros somos los que tenemos que responder y no correr traslado a nadie más.

08.07.2010
Charles Jaime Lastra Domínguez.

[1] Artículo publicado en la web con fecha 10.04.2010.
[2] El Partido Socialista italiano y la Tercera Internacional. C.O.C. JCM T 15, pág. 158.
[3] El cisma del socialismo. C.O.C. JCM T 15, pág. 99.
[4] El partido Popular italiano. C.O.C. JCM T 15, pág. 63.
[5] Obras completas de Lenin, Tomo 12. Pág. 83