miércoles, 28 de abril de 2021

CHARLES CHAPLIN Y SU APOYO A LA II REPÚBLICA

 


27 abril, 2021

Redacción*. LQS. Abril 2021

“El oficial que comandaba el pelotón de ejecución lo conocía personalmente. Fueron amigos antes de la guerra civil. Juntos habían obtenido sus diplomas en la Universidad de Madrid. Juntos habían luchado por derrocar la monarquía y el poder de la Iglesia…”

Charles Chaplin apoyó a la República española, se posicionó abiertamente por la democracia, la libertad, y contra el fascismo. Fue uno de los firmantes del manifiesto de adhesión de la industria cinematográfica americana a la causa republicana.

En 1937 escribió Ritmo (Rhythm), un relato ambientado en la Guerra española y publicado en la edición de enero de 1938 de la revista Script magazine. La versión castellana vió la luz en el libro Crónicas bastante extrañas (Jorge Alvarez, editor, Buenos Aires).

Ritmo

Sólo el alba se movía en la quietud de ese pequeño patio de prisión española –alba premonitoria. de muerte– mientras que el joven republicano se erguía frente a un pelotón de ejecución. Los preliminares habían concluido. El reducido grupo de autoridades se había ubicado a un costado para presenciar la ejecución en tanto la escena se inmovilizaba en un penoso silencio.

Todos los rebeldes, del primero al último, conservaban la esperanza que el Estado Mayor ordenara suspender la ejecución. El condenado era un adversario de la causa, pero querido y popular en España. Un brillante humorista que, en gran medida, había sabido alegrar a sus compatriotas.

El oficial que comandaba el pelotón de ejecución lo conocía personalmente. Fueron amigos antes de la guerra civil. Juntos habían obtenido sus diplomas en la Universidad de Madrid. Juntos habían luchado por derrocar la monarquía y el poder de la Iglesia. Juntos habían brindado, noche a noche, acodados en las mesas de los cafés, riendo, bromeando y dedicando veladas enteras a discusiones de orden metafísico. Cada tanto, habían discutido las distintas formas de gobierno. Sus divergencias, en aquel, entonces, eran amistosas, mas finalmente habían provocado la desgracia y la conmoción de España toda, llevando al amigo ante un pelotón de ejecución.

Pero ¿para qué evocar el pasado? ¿Para qué razonar? A partir de la guerra civil ¿para qué servía el razonamiento? En el silencio del patio de la prisión, todas esas preguntas se precipitaban, febriles, en la mente del oficial. No. Hay que hacer tabla rasa con el pasado. Sólo el porvenir cuenta. ¿El porvenir? Un mundo que le privaría de muchos viejos amigos.

Por primera vez desde la guerra se reencontraban esa mañana. No habían intercambiado una sola palabra. Sí, una sonrisa mientras se preparaban para entrar al patio.

El alba trágica dibujaba rayas plateadas y rojas sobre el muro de la cárcel. Todo respiraba quietud, un reposo cuyo ritmo se unía a la calma del patio, un ritmo con palpitaciones mudas como las de un corazón. En ese silencio, la voz del oficial al mando del pelotón resonó contra los muros de la prisión: “¡En guardia!”. Ante la orden, seis subordinados empuñaron sus fusiles y se inmovilizaron. La unidad de movimiento fue seguida por una pausa durante la cual una segunda orden tendría que haberse dado. Sin embargo, en esa espera, algo sucedió que trastocó la continuidad de los acontecimientos. El oficial se volvió hacia el prisionero. Esperaba oírlo hablar. No se escuchó palabra alguna. Volviéndose nuevamente hacia sus hombres, se aprestaba a dar la orden siguiente cuando una repentina revuelta se apoderó de su espíritu, una amnesia psíquica que hizo del cerebro un espacio vacío.

Perdido, permanecía mudo ante sus hombres. ¿Qué ocurría? La escena en el patio de la prisión no significaba nada. Sólo vio, objetivamente, un hombre, la espalda contra la pared, frente a otros seis hombres. Y aquéllos, a un costado, de aspecto idiota, semejantes a relojes cuyo tic-tac se hubiera detenido súbitamente. Nadie se movió… Nada tenía sentido. Algo había de anormal. Todo no era sino un sueño del cual el oficial debía evadirse.

Confusamente le volvió la memoria poco a poco Cuánto hacía que estaba ahí? ¿Qué había pasado? ¡Ah sí! Había dado una orden.

Después del “¡En guardia!”, venía “¡Apronten armas!”, luego ¿Cuál era la siguiente?

“¡Apunten!” y finalmente “¡Fuego!”. Conservaba una vaga idea en su inconsciente. Con todo, las palabras por pronunciar parecían lejanas, vagas y ajenas a él.

En la dificultad, gritó de manera incoherente, hizo una confusión de palabras sin sentido. Se sintió aliviado al ver a sus hombres presentar armas. El ritmo de ese movimiento reanimó el ritmo de su cerebro. Nuevamente gritó. Los hombres apuntaron.

Durante la pausa siguiente, se oyeron pasos apresurados en el patio de la prisión. El oficial lo sabía: era el perdón. Volvió en sí enseguida.

-¡Deténganse!, aulló frenéticamente al pelotón de ejecución.

Seis hombres empuñaban un fusil. Seis hombres entrenados por el ritmo. Seis hombres, oyendo el grito: “¡Deténganse!”, hicieron fuego.

Charles Chaplin, Ritmo
Traducción: Emilio A. Stevanovitch

* Publicado en el blog «Búscame en el ciclo de la vida»

Fuente: http://loquesomos.org/charles-chaplin-y-su-apoyo-a-la-ii-republica/

 

domingo, 25 de abril de 2021

ENTREVISTA A MIEMBROS DEL EJÉRCITO GUERRILLERO DE LIBERACIÓN POPULAR DE LA INDIA (PEOPLE´S MARCH)

20 de abril de 2021

En el número del pasado octubre de la Revista People´s March se publicó el siguiente artículo-entrevista en el que se daba voz a algunos miembros del EGLP de la India, en el marco del vigésimo aniversario de su fundación.


La traducción al español es de Revolución Obrera:

 

¡El Ejército Guerrillero de Liberación Popular somos nosotros!

Este año es el vigésimo aniversario del Ejército Guerrillero de Liberación Popular (EGLP). Es de conocimiento común que el EGLP es el Ejército Popular formado y guiado por el Partido Comunista de la India (Maoísta). Muchos describen al EGLP de muchas formas. Pero, ¿cómo lo describe un miembro del propio EGLP? Este artículo busca traer la expresión de algunos miembros del EGLP sobre lo que piensan del propio EGLP.


Al ser preguntados, algunos de los miembros del EGLP entrevistados dijeron que llegaron a conocer al Ejército Popular sólo después de unirse a él. En casa, lo conocían solo como formación militar que luchaba contra los enemigos y protegía a la gente. Después de unirse a EGLP, dicen:

«Aprendí a leer y escribir»; «Empecé a conocer el mundo»; «Aprendí a luchar contra el enemigo»; «Aprendí a servir al pueblo»; «Aprendí disciplina»; «EGLP está trabajando por la liberación de los oprimidos, por eso debo trabajar para servir al pueblo»; EGLP me convirtió en un Revolucionario Profesional”; «Pude superar el patriarcado y las ideas que la sociedad me impuso, ahora puedo caminar libremente sin miedo entre los hombres«.


Las hijas e hijos de la tierra florecieron en el Ejército Popular. Luego, comenzaron a comprender la política que hay en la base. Ellos afirman que:

 

"EGLP trabaja bajo el mando del PCI (maoísta)”; “Derriba el poder de los terratenientes”; «Establece el poder popular»; «Protege ‘jal-jungle-zameen’, la riqueza mineral y los recursos naturales»; “La EGLP expulsó a los explotadores de los bosques y estableció el derecho de las personas a disfrutar del bosque”; «Transformará la vida de las masas».

 

En el EGLP experimentaron un entorno social completamente diferente. Es antifeudal e igualitario en más de un sentido. Entonces los camaradas describieron el estilo de trabajo de EGLP:


“Hay igualdad entre hombres y mujeres. No hay discriminación de ningún tipo, de raza o casta”; “EGLP está capacitando a la gente para luchar contra los explotadores”; “La gente pobre está empoderada con el EGLP”; «Ayuda a la gente en su labor agraria»; «Se mantiene firme ante las ofensivas del enemigo»; «Sacude al enemigo y limita sus ataques contra el pueblo».


Los camaradas tienen ahora muy claros los beneficios que aporta el Ejército Popular. Están seguros de que el EGLP representa y protege, y también mejora, la vida de las personas. Ellos declararon:


“El EGLP derrotó a Salwa Judum. Dio una firme resistencia contra la Operación Green Hunt y ahora está dando ‘samadhan’ (respuesta) a la ofensiva estratégica de SAMADHAN. Sin esta resistencia, las masas no pueden continuar con sus actividades agrarias”; “La gente da vida al EGLP y el EGLP da vida a la gente”; «El pueblo no puede tener vida, tierra o cambio sin la EGLP»; «EGLP trabaja bajo el Partido que es nuestra madre». “EGLP no está lejos de la gente. Nace, crece, protege y es protegido por la gente”; «La gente está entusiasmada con los logros del EGLP y cada vez más recluta a sus hijos para el Ejército».


Podemos entender cómo los miembros de EGLP se prepararon para el sacrificio. Ellos explicaron:



Sé que no podemos vivir sin el Partido y el EGLP. Por tanto, estoy dispuesto a morir por las masas como miembro del EGLP”; «Mis padres saben que sin el Partido y el EGLP la gente no puede mejorar su vida, por eso me enviaron al Ejército Popular».

 

¿Por qué los maoístas matan a policías que también provienen de las clases pobres?, es una pregunta que a menudo se hace la gente en el entorno urbano. Esto es lo que los miembros del EGLP tienen que decir sobre este tema:

La policía protege a los explotadores que son enemigos del pueblo. No queremos matarlos. Pero cuando vienen a atacarnos por orden de las clases explotadoras, nos vemos obligados a atacarlos”; «Esta es una lucha de clases y los que se interpongan en el camino serán barridos»; «No promovemos la violencia, pero el caso es que si queremos poder, hay que usar la fuerza».

Respondiendo a la pregunta de que la gente termina interponiéndose entre los maoístas y la policía, los miembros del EGLP dijeron:


“Esto está absolutamente equivocado. ¿Quiénes son los miembros de la EGLP? Somos nosotros, somos las personas de aquí. EGLP es sinónimo de pueblo”; “La policía masacró a personas en Sarkinguda, Edsametta durante el gobierno del BJP y en Tadiballa durante el gobierno del actual congreso. Las masacres se promovieron porque el pueblo y el EGLP son lo mismo”; «La guerra es inevitable para transformar la sociedad»; «Los maoístas no están entre la jungla, están entre la gente»; «Los traidores que dejaron el Partido están haciendo propaganda difamatoria, pero en realidad lo que quiere el pueblo es a los maoístas y al EGLP, el ejército de, por y para ellos»; «El gobierno orquesta conspiraciones para desorganizar al pueblo y reprimir el movimiento popular justo»; “El Partido y la EGLP proporcionaron tierras, ganado y vida a la gente. Entonces, ¿por qué surge la cuestión de la victimización?»


Cuando se les preguntó qué es más importante, la política o las armas, respondieron sin dudarlo:


“La política es la guía. Las armas ayudan a conquistar el poder político”; «Solo podemos usar armas si sabemos de política».

 

Los miembros del EGLP están entusiasmados con el fortalecimiento del Ejército Popular. Saben cómo tienen que hacerlo. Son optimistas cuando dicen:

 

“Debemos fortalecer la organización imbricada con el pueblo. El Comité del Partido, las milicias, los escuadrones de protección de las aldeas y otras unidades militares formadas dentro del pueblo deben funcionar de manera más activa. También deben fortalecerse los comités de partidos rurales y las organizaciones de masas”; «El Ejército Popular debe fortalecerse únicamente con la fuerza de las masas»; «Para fortalecer la EGLP, hay que ir a las masas, es decir, a los problemas más básicos en la vida de las personas»; “La represión genera resistencia, los jóvenes se unirán al EGLP a medida que aumente la represión”; «EGLP está con la gente, por lo que se fortalecerá según las necesidades populares»; “Debemos superar nuestras debilidades y reveses en el camino por el cual podemos proceder con el EGLP con la transformación del Ejército Popular de Liberación (EPL) en mente ”.

Una nota especial: Una guerrillera que se unió a la EGLP desde una ciudad dijo:

 

“Nunca imaginé que me convertiría en soldado. Todavía estoy sorprendida por esto. El uniforme militar, pistola, gorra, trajo un cambio completo en mi vida. Vi el carácter de un ‘trabajador’ en la vida de la guerrilla. Siento la vida guerrillera como un regalo. Al principio me costó mantener el rumbo, lo que es muy importante en la vida de la guerrilla, debido a mi vida pasada de anarquía urbana. Pero poco a poco comprendí la política detrás de la disciplina guerrillera y hoy ya no tengo dificultades. De hecho, me siento inspirada a seguir adelante. Estoy muy impresionada por el tipo de igualdad que existe entre guerrilleros y guerrilleras. No puedo imaginar este tipo de democracia en las familias de la sociedad actual. Me alegro mucho de haber descubierto el camino hacia la conquista del poder popular”.

 

Fuente: http://cuestionatelotodo.blogspot.com/2021/04/entrevista-miembros-del-ejercito.html

 


1º DE MAYO: ORGANIZAR LA LUCHA PARA COLOCAR A LA VIDA COMO PRIORIDAD SOCIAL

 

Fecha de publicación 21 de abril de 2021

La pandemia por Covid 19 ha actuado como detonador de una gigantesca crisis que se venía gestando hace tiempo. Quince meses después de su inicio, a pesar de que sus dramáticas consecuencias exigen poner todos los recursos de la sociedad al servicio de la supervivencia colectiva, constatamos que:

  • El estallido de la crisis, que ha aumentado la riqueza de los más ricos hasta en un 86%, ha dejado sin trabajo a millones de personas, muchas de ellas sin contrato y por tanto sin protección social de ningún tipo. El hundimiento de las condiciones de vida ha asolado los barrios obreros y coloca al borde del precipicio, sin esperanza alguna, a la juventud.
  • También la Covid 19, como todas las epidemias a lo largo de la historia, ha golpeado masivamente a la clase obrera en la que se amontonan todos los «factores de riesgo». La situación es aún más dura para las mujeres trabajadoras, en las que es más intensa la precariedad, las difíciles condiciones de vida y que además concentran el trabajo en el sector de cuidados a personas con más riesgo de contagio.

Donde vive y trabaja el pueblo se acumulan las viviendas pequeñas y de mala calidad, hay hacinamiento en los transportes, el aire está viciado en los lugares de trabajo, la gente está agotada por largas jornadas laborales, abunda la malnutrición, etc,. Es allí donde se multiplica el Covid y todas las enfermedades. Y no se ha hecho absolutamente nada para mejorar una situación que, por el contrario, empeora día tras día.

  • Todas las decisiones de todos los gobiernos, central y autonómicos, todas las emergencias y estados de alarma, han hincado la rodilla ante el altar sagrado de la propiedad privada. El mantra secreto del negocio del capital antes que la vida se impone con mano férrea: los despidos son masivos, los desahucios continúan, los cortes de agua, gas y luz por impago se siguen produciendo, el fracaso escolar se ceba en la juventud y jubilados y pensionistas, pasto de un exterminio programado en las residencias, ayudan a sobrevivir con sus precarias pensiones al conjunto de la familia.
  • Los Fondos de Reconstrucción de la UE, tal y como han acordado todos los gobiernos, irán a parar a la «colaboración público-privada», es decir, a aseguradoras privadas y grandes multinacionales. Y esos miles de millones de dinero público, que pagaremos todos como Deuda, llegarán a condición de nuevas contrarreformas laborales y más recortes y privatizaciones en las pensiones y servicios públicos.
  • Tras la hipocresía de los aplausos y las alabanzas, la sanidad pública continúa su desmantelamiento en plena pandemia, a mayor gloria del negocio de la privada. Ni un euro de los gastos extraordinarios ha ido a aumentar los recursos públicos que ya agonizaban tras los recortes de 2008 que nunca se recuperaron. Todo lo contrario. Con el pretexto de la «emergencia» se han adjudicado a dedo todo tipo de contratos: rastreadores, PCRs, vacunas, concertación con clínicas privadas de las gigantescas listas de espera, etc.
  • El resultado otra vez lo paga la clase obrera, es decir, todos quienes vivimos de nuestro salario. Mientras los seguros privados hacen su particular agosto (más de 9.000 millones de facturación en 2020), se dispara la mortalidad evitable por diagnósticos tardíos de cáncer y otras enfermedades.

Sólo quien no tenga ojos o neuronas no caerá en la cuenta de que el inmenso dolor de las familias trabajadoras por sus muertos por Covid y por la destrucción masiva de sus condiciones de vida está siendo aprovechado por el gran capital para forrarse a manos llenas, todavía más, con dinero público.

Y sabemos que lo peor está por venir, cuando se acaben los ERTEs, y la desesperación de millones sea el caldo de cultivo para más agresiones, más recortes y más represión.

Basta ya de dejarse embaucar con falsas esperanzas de que las cosas cambiarán cuando gobiernen otros. El ejemplo de la sanidad es bien claro: la sanidad pública se hunde mientras la privatización avanza amparada por leyes como la 15/97, aprobadas conjuntamente por PP, PSOE, PNV, CiU y Coalición Canaria. Los nuevos, Unidas Podemos en sus diferentes versiones, ERC, Bildu, etc, aún no han hecho nada para cambiar la situación. Además tras año y medio de gobierno «progresista» no se ha tocado ni la reforma laboral, ni la ley mordaza, ni siquiera «en sus aspectos más lesivos», mientras el Ingreso Mínimo Vital ni siquiera llega a ser testimonial.

La dolorosa experiencia vivida, y lo que se nos avecina, nos impiden seguir engañándonos.

Sólo la fuerza organizada del pueblo puede colocar las prioridades de la vida por delante de los negocios del capital.

Organizar la lucha para recuperar lo que es nuestro: ése es el único camino.

Fuente: https://www.casestatal.org/es/2021/04/1o-de-mayo-organizar-la-lucha-para-colocar-a-la-vida-como-prioridad-social/

 


LA CRISIS CLIMÁTICA ES UNA LUCHA DE CLASES

 


 Entrevista a Matthew Huber

Astrid Zimmermann | Alexander Brentler

24 abril 2021

Nuevas crisis, nuevos problemas, nuevos actores, nuevas relaciones de poder: la cuestión climática muta constantemente, y lo cambia todo. Necesitamos, entonces, innovar en los conceptos que se toman para entenderla. Al menos ese es el consenso. Pero Matt T. Huber argumenta que eso no es cierto. Para realmente hacer frente a la crisis climática, debemos poner la mira en la reactivación de una vieja reivindicación marxista: la democratización radical de la producción.

Matthew Huber es geógrafo e investiga en la Universidad de Syracuse (Nueva York) sobre las conexiones entre el clima, la energía y el capitalismo. Actualmente está escribiendo un libro que entiende la crisis climática como un conflicto de clases (cuyo título provisional es Climate Change as Class War: Building Socialism on a Warming Planet) que será editado por Verso Books.

Alexander Brentler y Astrid Zimmermann, de Jacobin Alemania, hablaron con él sobre las razones por las que la lucha de clases y la lucha climática deben ir juntas, por qué los llamamientos al decrecimiento son engañosos y cómo podríamos pensar una alternativa socialista.

Alexander Brentler, Astrid Zimmermann: Existe una narrativa muy persistente en el discurso sobre el medioambiente, según la cual la crisis climática es una responsabilidad compartida. La posición que tú planteas es que se trata, de hecho, de un conflicto de clases y que, por tanto, debemos tratarlo como tal. De ahí, afirmas que tenemos que situar la política medioambiental en el punto de la producción. Tal vez podría explicar un poco más lo que quieres decir exactamente con esto y hablar de las implicaciones para la estrategia política.

MAtthew Huber: Actualmente estoy terminando la redacción de un libro sobre la clase y la política climática. En un principio, solo quería volver a los fundamentos de una política de clase marxista y, a medida que he ido profundizando, me he dado cuenta de que este enfoque en las relaciones de producción es, en cierto modo, intrínsecamente ecológico. Es así porque la forma en que producimos nuestra existencia como sociedad es una cuestión ecológica. Cuando empiezas a pensar en el problema ambiental de esa manera, lo primero que te das cuenta es que la clase capitalista es la clase que posee y controla los medios de producción. Por lo tanto, también empiezas a pensar en su responsabilidad en la crisis climática. Está muy arraigado en el discurso ambiental dominante la idea de contabilizar las emisiones y el carbono en términos de consumo. Se trata de que, por ejemplo, si tomas un vuelo, esas emisiones son tuyas y eres responsable de ellas.

Pero en ese análisis están ausentes las personas que controlan esas industrias y se benefician de ellas. Así que incluso los análisis más progresistas, como aquel de Oxfam, llaman a este fenómeno "desigualdad de carbono". Aun si nos centráramos en los más ricos y en su huella de carbono, y demostráramos que el 10% más rico del planeta es responsable de más del 50% de las emisiones, seguiríamos examinando apenas los hábitos de consumo de los ricos y su estilo de vida (que, por supuesto, suelen ser atroces y repugnantes).

Lo que no nos preguntamos es: a) ¿Quién mantiene el consumo de los ricos? Si los ricos vuelan, hay una industria aérea que se beneficia de ello. Pero también, b) ¿Qué hacen esos ricos para generar el dinero que les permite consumir como lo hacen? Quizá trabajen en un banco. ¿Qué hace ese banco? ¿Cuál es el impacto del banco en el clima? ¿No es más importante que cualquier estilo de vida o elección de consumo en la que participe una persona rica? Tal vez la persona rica trabaje para una multinacional química. ¿No debe esa actividad estar en el centro de nuestra preocupación, de responsabilidad política? ¿Y no deberíamos centrarnos más en lo que ocurre en el lado de la producción de todo esto? Porque las emisiones, a fin de cuentas, son una red relacional de actores que hicieron posible esa emisión. Así que cuando conduces tu coche, no eres solo tú; son las compañías de automóviles, las compañías petroleras, las compañías de neumáticos las que se han beneficiado del suministro de esa mercancía.

Para mí, no es muy útil la forma en que moralizamos sobre el consumo. La gente, en su mayoría, solo satisface sus necesidades. Claro, mucha gente puede tener un sentido de las necesidades realmente desordenado en el que, en mi país, sienten la necesidad de conducir algo como una 4×4. Pero eso no es nada comparado con la forma de actuar de los capitalistas, donde su necesidad es ganar dinero y seguir haciéndolo. Esa es, para mí, la patología que está en el centro de la crisis climática: la gente que gana dinero, la gente que se beneficia del sistema, y particularmente las formas de producción más intensivas en carbono. Esto incluye no solo la producción de combustibles fósiles, sino también muchas otras formas de producción intensivas en carbono, como el cemento, el acero, los productos químicos y, sobre todo, la electricidad.

Pero centrarse en la producción también nos lleva a pensar de otra manera sobre el papel de la clase trabajadora en todo esto. También en este caso hay que volver a los fundamentos. ¿Qué es la clase obrera en el marco marxista? Es una clase de personas que están separadas de los medios de producción. De nuevo, en un sentido ecológico, eso solo significa que es una clase de personas que son incapaces de sobrevivir a partir de cualquier relación directa con la producción –sobre todo, la propia tierra–, por lo que se ven obligados a vender su fuerza de trabajo en el mercado por un salario. Así que, para la clase trabajadora, la cuestión ecológica es una cuestión de supervivencia: ¿Cómo nos ganamos la vida en esta cosa llamada mercado? ¿Y cómo obtenemos una cantidad de dinero suficiente para sobrevivir en esta increíblemente insegura economía capitalista neoliberal?

En un nivel fundamental, la definición de Marx del proletario es una persona que está separada de la tierra, separada de las condiciones ecológicas de la vida misma. Si empezamos a pensar la cuestión ambiental a partir de una política de la clase trabajadora, en última instancia, debería tratarse de dos cosas. En primer lugar, obviamente dar a la clase trabajadora más seguridad material sobre las necesidades básicas de la vida: alimentos, energía, atención sanitaria y más. En segundo lugar, también deberíamos pensar en dar a esta clase trabajadora que ha sido separada de los sistemas ecológicos un poder democrático popular sobre nuestra relación social con el medio ambiente. Porque ese es el problema fundamental: no tenemos ningún poder sobre lo que está ocurriendo con nuestras relaciones metabólicas con la naturaleza. Somos impotentes. Por eso nos sentimos tan mal respecto al cambio climático. Simplemente sigue ocurriendo y no hay nada que podamos hacer al respecto. El objetivo fundamental, por tanto, debería ser ganar poder democrático sobre la producción para que podamos empezar a dar forma a nuestra relación con la naturaleza y detener esta crisis, que se está saliendo de control.

A. Z. / A. B. : También ha señalado que si bien hay un renacimiento del marxismo medioambiental en las últimas décadas, esa corriente tiende a situar la crisis ecológica fuera de la producción y que es esta concepción la que nos aleja de entender la política climática como política de clase. Irónicamente, esta variedad de marxismo se hizo popular en un momento en el que el neoliberalismo triunfaba a nivel mundial, en que nuestra sociedad se reestructuraba bajo parámetros decididamente de clase. ¿De dónde viene esta disonancia?

M. H.: Me gusta citar a Warren Buffett, una de las personas más ricas de Estados Unidos, que dijo en 2006: "Sí, por supuesto que tenemos una guerra de clases y es mi clase la que la está ganando". Eso básicamente resume tres décadas de inmensa consolidación del poder de la clase capitalista sobre la clase trabajadora, un proceso que se ha producido desde los años 70. Así que lo dijo muy bien: había mucho entusiasmo y energía en torno a los llamados nuevos movimientos sociales, y por una buena razón. Realmente estaban planteando poderosas críticas a la sociedad en líneas medioambientales, feministas y antirracistas.

En el ámbito medioambiental, Ted Benton, por ejemplo, decía: "Estas luchas no son como las que se dan en el punto de producción. Eso es lo que les importaba a los viejos obreros de las fábricas. Pero ahora somos ecologistas y nos preocupa esta reproducción más amplia de la vida fuera de la fábrica". Hasta cierto punto, eso es cierto, porque a un nivel fundamental, los sistemas ecológicos son en los que se basa la producción capitalista. Marx lo demostró cuando los llamó "regalos gratuitos de la naturaleza" para la producción capitalista. Si quieres cortar un árbol, tienes que depender de todos estos sistemas hidrológicos y microbios del suelo y todo lo demás fuera de la forma de la mercancía que son parte integral de esas mercancías que se producen. Así que esos "regalos gratuitos de la naturaleza", esos sistemas ecológicos, son cruciales para la producción, y están siendo destruidos sistemáticamente por el capitalismo.

Pero al teorizar constantemente la ecología como algo externo a la producción se pierde de vista algo importante. Si queremos saber quién es el responsable de la destrucción de estos sistemas externos, bueno, una vez más, tienes que mirar a la gente que controla el punto de producción, la gente que se está beneficiando de la producción. Si empiezas a pensar de esa manera, empiezas a recordar que también hay un montón de trabajadores en ese punto de producción que tienen poder estructural e influencia en virtud de su trabajo, porque pueden negarse a trabajar o ir a huelga, presionando así a las élites.

A. Z. / A. B.: Respecto a ese punto sobre el poder estructural, hubo un artículo ayer en el Washington Post de un grupo de investigadores que realizaron un análisis empírico de los movimientos de protesta del siglo XX y XXI. La única variable crucial para el éxito fue la participación de la clase trabajadora industrial. ¿Supongo que eso no le sorprende?

M. H.: Sí, lo he visto. No me sorprende. Eso también es un problema, porque gran parte de la clase trabajadora industrial está vacía, al menos, en los países que son más responsables históricamente del cambio climático. Así que es necesario volver a tener una solidaridad internacional entre los trabajadores, porque si miras lo que Marx llamó "la morada oculta" de la producción, gran parte de ella ya no está en el norte global. Gran parte está en China, obviamente, pero también en muchos otros países del sudeste asiático y en América Latina.

La crisis climática es consecuencia de nuestros métodos de producción. Últimamente me ha interesado mucho entender que el núcleo de la crisis climática puede resolverse a través del sistema eléctrico. La gente lo llama la estrategia de electrificar todo, limpiar la electricidad, pero luego electrificar partes de la economía que no son eléctricas. He estado pensando mucho en cómo los trabajadores del sector de la energía eléctrica y del sector de los servicios públicos tienen una inmensa influencia y presencia allí mismo, en el punto de producción del propio sistema que, si podemos transformar, catalizará –con suerte– una transformación más amplia de todo el sistema energético. Y, lo que es aún más significativo, en Estados Unidos (y me imagino que en la mayoría de los países) la empresa de electricidad ya es una de las más sindicalizadas de la economía. Así que existe una base de poder estructural e institucional con la que el movimiento climático debe comprometerse más.

A. Z. / A. B.: Cuando imaginamos esta transición a la energía limpia o a la energía verde, también queda claro que hay ciertos sectores en los que la pérdida de empleos va a ser un problema. En este momento, desafortunadamente, es principalmente la derecha la que está formulando la política climática como una cuestión de clase, siempre que hacen campaña para asegurar puestos de trabajo en industrias dañinas para el medio ambiente. La perspectiva más prometedora de la izquierda para cortar esta aparente contradicción entre la política climática y la seguridad laboral, es un Green New Deal con garantía de empleo. ¿Cómo comunicamos esto de forma convincente a una clase trabajadora industrial que ha tenido la experiencia de quedar al margen de los grandes cambios estructurales? A veces hay un escepticismo comprensible hacia esta oferta, porque casi parece que es demasiado buena para ser verdad: todo el mundo consigue un trabajo en el sector de la energía verde, bien remunerado, sindicalizado y será un trabajo gratificante.

M. H.: Me parece que al hablar de una transición, la gente piensa que lo tenemos todo resuelto. Como si fuera una mera transición. Pero tienes razón, es un reto difícil en general. El problema es que en Estados Unidos, al menos, la expansión de las energías renovables, que es significativa, incluso se dispara. Todo el mundo habla de lo baratas que son ahora y todo el mundo está muy entusiasmado, pero, por desgracia, está siendo impulsada por el pequeño capital. Pequeño capital renovable que está descentralizado y a pequeña escala. Ya sabes, todo el mundo sueña con esta economía de energía renovable descentralizada mientras que en realidad está sucediendo, pero está siendo impulsada por esta clase pequeño burguesa de pequeños capitalistas renovables. Estas industrias no están sindicalizadas. Son casi totalmente antisindicales y los trabajos en este sector no están especialmente bien pagados.

Creo que si queremos ganarnos a los sindicatos tendremos que intentar atraer más inversiones dirigidas por el sector público, un programa público de construcción de energía verde con una garantía de empleo, pero también con una garantía de que estos proyectos públicos van a contratar a trabajadores sindicalizados y emplear a trabajadores sindicalizados para la construcción de este sistema de energía limpia. Porque si nos limitamos a dejar que el mercado lo haga, en primer lugar, no nos decarbonizaremos a la velocidad o la escala que necesitamos, pero en segundo lugar, seguirá sin ser algo bueno para los sindicatos. De hecho, la gente de las centrales eléctricas argumenta que estos desarrollos de energía renovable están destruyendo sus puestos de trabajo.

Desgraciadamente, creo que demasiados ecologistas tienen esta especie de sentimiento sobre los paneles solares y los parques eólicos, como si fueran intrínsecamente naturales y buenos. La gente no está pensando lo suficiente en las relaciones sociales de producción de quién va a controlar estos recursos de energía renovable, cómo se va a determinar la inversión. ¿Podemos tomar el control público de esa inversión de forma que podamos atraer a los sindicatos y ampliarlos? Si lo hacemos, entonces se empieza a construir una base más amplia para ese tipo de programa energético. Pero por el momento se está haciendo de esta manera salvaje, con altos niveles de volatilidad en el mercado, dependiendo de los subsidios públicos y de los créditos fiscales para el desarrollo de las energías renovables. Así que no hay mucho entusiasmo en la base social en torno a este tipo de desarrollo descentralizado y desordenado. De hecho, hay mucha resistencia a ella en las zonas rurales.

A. Z. / A. B.: Otra cosa que me preguntaba, cuando mencionaba los sistemas de energía limpia y la producción de estos sistemas de energía limpia, es cómo se relaciona esto con la cuestión de la extracción de recursos. Es obvio que dependerá de la extracción de ciertos recursos naturales y que la mayoría de ellos se encuentran en el Sur Global. Los países que son muy ricos en estos recursos rara vez se benefician de ellos y, en su mayoría, solo se convierten en objeto de relaciones comerciales muy explotadoras con el norte. E intentar recuperar sus recursos, como ocurrió (o al menos se intentó) en Bolivia, ha resultado sumamente difícil. Entonces, ¿cómo afectaría esta transición el orden mundial?

M. H.: Absolutamente. Estoy seguro de que has oído hablar de mi compañera de los Socialistas Democráticos de América, Thea Riofrancos, que ha trabajado mucho en la extracción de litio en Chile. Ella tiene algunas ideas realmente interesantes sobre la solidaridad internacional a lo largo de las cadenas de suministro. De nuevo, probablemente sea molesto para algunas personas, pero cada vez que empiezo a pensar en la crisis climática, empiezo a pensar en formas muy básicas, casi aburridas y obvias, de la vieja escuela del pensamiento socialista marxista. Y eso te lleva a algunas conclusiones. Obviamente, el programa socialista de la vieja escuela consistía en que los trabajadores del mundo se unieran. Se trataba de la solidaridad internacional. Creo que la solidaridad de los trabajadores es crucial, porque hay trabajadores a lo largo de estas cadenas de suministro que son, digamos, explotados de forma desigual.

Es muy fácil que algunos trabajadores del norte tengan mejores condiciones a costa de la extracción de materias primas superexplotadas en el Sur Global. Por otra parte, la clase capitalista tiene mucha solidaridad internacional. Y por eso es capaz de encontrar estas áreas donde hay recursos minerales y simplemente extraerlos con enormes rentas y beneficios, dejando los residuos y la destrucción para las comunidades. Es un problema del poder capitalista, que tiene demasiado y lo utiliza para superexplotar a estas comunidades rurales marginadas del Sur Global.

Estas comunidades están siendo desplazadas, pero también hay trabajadores en esas minas, trabajadores en el punto de producción. A veces ni siquiera son locales, sino que son traídos de otras partes del mundo. Pero esos trabajadores tienen poder, y tenemos que empezar a pensar en cómo organizamos no solo a los trabajadores de la fábrica de paneles solares, sino también a los trabajadores de la mina que está extrayendo el litio u otros materiales. Mientras la clase obrera sea derrotada globalmente, no va a tener ese tipo de contrapoder que necesitamos para hacer frente al poder incontrolado del capital en todo el mundo. Así que, por desgracia, todo esto nos lleva al difícil imperativo de organizar el poder de la clase trabajadora.

A. Z. / A. B.: Tienes un artículo en el que se presenta una alternativa a las llamadas perspectivas de decrecimiento. Esta cuestión del extractivismo aparece constantemente cuando hablamos de crecimiento o decrecimiento. Si nos quedamos en el contexto de América Latina, en Ecuador parece que el tema del extractivismo realmente es lo que está fracturando a la izquierda. Por un lado, bajo el gobierno de Correa, grandes franjas de la población han salido de la pobreza. Se fomentó un gran crecimiento porque se industrializó el país y se ampliaron las infraestructuras. Pero, por otro lado, todo esto hizo necesario el aumento de la extracción de recursos con todas las consecuencias negativas que esto tiene para las comunidades del lugar. ¿Dirías que éste es tal vez un ejemplo en el que la preocupación por el medio ambiente, por un lado, y el crecimiento económico, por otro, están enfrentados?

M. H.: De nuevo, creo que Thea podría responder la pregunta mucho mejor que yo. Otra cosa desafortunada de la situación allá es que están exportando mucho de sus materias primas a China, que es lo que les está dando dinero que luego puede fluir hacia la infraestructura. Estoy más alineado con la perspectiva de que la izquierda necesita comprender cómo construir poder. Necesitamos ejercer el poder si vamos a ser capaces de construir una economía política alternativa. Así que simpatizo bastante con los proyectos de la Marea Rosa, estos proyectos hicieron poder y lo han mantenido.

Lamentablemente, en muchos casos, ese poder estaba sustentado en la extracción de petróleo, gas, minerales, etc. Y cuando hay extracción, a menudo hay comunidades que son desplazadas o envenenadas. Para mí, la cuestión es si la izquierda puede empezar a construir instituciones capaces de integrar mejor a las comunidades locales en sistemas democráticos que puedan realmente dar forma a cómo se produce la extracción, que incluso tengan la capacidad de decir: «En realidad, no, no vamos a tener la extracción aquí porque esto es demasiado importante para nosotros como comunidad».

En el capitalismo, obviamente, estas comunidades no tienen voz. El capitalismo no es una democracia. Las empresas hacen todo este lavado de cara verde donde tratan de decir que la comunidad está participando en los proyectos. Pero eso no es una verdadera configuración democrática de la producción, que es lo que quieren los socialistas. Me gustaría pensar que si la izquierda en América Latina hubiera sido capaz de aprovechar el poder que había construido y ampliarlo de esa manera, tal vez podrían haber creado estructuras de extracción que no fueran tan destructivas y antidemocráticas, estructuras que sí tuvieran en cuenta las preocupaciones de las comunidades locales. En última instancia, cualquier socialista va a querer que la producción sea siempre democrática para integrar al mayor número posible de personas en las decisiones sobre cómo se desarrolla. Tal vez incluso se podrían ponderar más las voces democráticas cuando se encuentran en las comunidades afectadas por la extracción, probablemente deberían tener más voz sobre estos procesos que las personas que se encuentran en las ciudades. Deberíamos encontrar formas de crear instituciones democráticas que puedan dar forma a la producción de manera que tenga más sentido para la comunidad, que es realmente donde se produce.

A. Z. / A. B.: ¿Se podría decir que no es lo mismo la defensa del decrecimiento que estar en contra del desarrollo per se? Me parece que a veces, en estos debates, cuando la gente intenta defender su posición, básicamente dicen que no se trata en absoluto de recortar el PIB y hacer que todo el mundo viva mal, sino que afirman que solo quieren reducir las industrias que son perjudiciales y limitar el uso de la energía en el Norte. Hasta dirían que en realidad quieren fomentar el crecimiento en el Sur Global. ¿Es sólo una confusión semántica, o son proyectos políticos muy diferentes el decrecimiento y el tipo de modernismo socialista que usted propone?

M. H.: Lo primero que puedo decir es que una cosa que me frustra del decrecimiento es que a menudo dicen cosas como: "Bueno, en realidad lo que queremos es reducir el consumo del Norte Global y aumentarlo para el Sur Global". Pero para mí, el conflicto de clases no es territorial en ese sentido. No es como si en el Norte Global a todo el mundo le fuese muy bien y los únicos explotados estuviesen en el Sur Global. Hay una increíble desigualdad dentro del Norte Global. Así que, de nuevo, si empiezas a pensar en la situación global como un conflicto entre el capital y la clase trabajadora, o incluso lo que Mike Davis llamó el proletariado informal, que es mucho más numeroso que la clase trabajadora proletaria tradicional (por no hablar de las clases campesinas y los pueblos indígenas y todos estos grupos subalternos), hay mucha gente a la que no le va bien.

En mi país, algo así como el 70% de los estadounidenses casi no tienen dinero en el banco, la gente está muriendo por falta de insulina, por falta de atención sanitaria básica, y millones de personas están pasando hambre a raíz de esta pandemia. En la estela del neoliberalismo, las masas tienen tantas dificultades económicas que no tiene sentido decir, «sí, simplemente vamos a reducir el consumo en el Norte Global». Bueno, ¿y qué pasa con toda esa gente que no puede comer en el Norte Global? Ese es uno de mis grandes problemas con el decrecimiento.

Como has dicho, a veces es solo semántica. Yo veo la cuestión así: ¿Vas a ganar apoyo predicando vivir con menos? Si tu bandera es decrecimiento, en medio de una época de austeridad ya devastadora, ¿cómo vas a construir el tipo de entusiasmo popular masivo para tu programa?

Cuando les planteas estas cuestiones, siempre dicen:  "No, pero queremos todas estas cosas buenas, como una semana laboral más corta. Queremos tener más tiempo". Hay cosas que sí quieren aumentar, en realidad, con las que estoy de acuerdo. Jason Hickel habla de desmercantilizar los servicios básicos y de la expansión del sector público de los bienes básicos, y estoy de acuerdo con eso. Pero todo eso es una expansión de la actividad económica. Es ofrecer más a la clase trabajadora, pero lo que invoca toda la idea del decrecimiento es que inicialmente vas a pensar menos.

También creo que cae en la trampa del propio PIB, que mide las sociedades en su conjunto. Cuando el PIB aumenta, eso debe significar que toda la sociedad va bien. Pero el agregado no capta la increíble desigualdad dentro de una nación o una sociedad. Y aunque a algunas personas les va fantásticamente bien en nuestra sociedad, a la gran mayoría no. No es más o menos, es menos para unos pocos y más para muchos. Tenemos que volver a ese tipo de análisis de clase que dice, no, es la pequeñísima minoría de capitalistas la que necesita decrecer. Necesitan menos, necesitan mucho menos. Tenemos que gravarlos más, tenemos que erosionar su poder sobre la riqueza y tenemos que crear más para las masas que están sufriendo.

A. Z. / A. B.: ¿Crees que la situación de clase del movimiento ambientalista también tiene que ver con no prestar atención a la producción y a los detalles tecnológicos específicos? ¿Estamos perdiendo el conocimiento práctico de la clase trabajadora en la transición energética por no poner el foco en una política de clase trabajadora?

M. H. :Sí, es un punto muy importante. Puede que no funcione, pero me ha entusiasmado la idea de intentar poner el foco en los sindicatos en el sector eléctrico, ya que van a ser muy importantes en esta transición de descarbonización.

Muchos de esos trabajadores se clasificarían más como clase profesional porque tienen títulos, son ingenieros. Tienen un enorme conocimiento del punto de producción. Algunos de los sindicatos también representan a los trabajadores más manuales, los trabajadores de mantenimiento que hacen el trabajo más duro en esos sistemas de servicios públicos, como los trabajadores de línea, que es realmente un trabajo muy peligroso. Pero hay un conocimiento increíble allí. Y eso, de nuevo, se remonta a un viejo tropo socialista marxista de que, ya sabes, son los trabajadores los que mejor conocen el sistema. Ellos son los que lo mantienen en funcionamiento. Son los que lo mantienen, y si algún día pudieran realmente dirigirlo, sería mejor.

Pero para la clase profesional, que tradicionalmente se define como la gente que hace trabajo mental o de conocimiento en la llamada «economía del conocimiento», la producción es más bien un objeto de conocimiento y estudio. Y sus conclusiones suelen ser: «Bueno, mira toda la destrucción que conlleva esto, mira lo malo que es», en lugar de estar presente y querer transformar ese sistema. No pretenden entender cómo todas nuestras vidas dependen realmente del funcionamiento de esos sistemas, y que en realidad tenemos que pensar en transformarlos en lugar de descartarlos.

A. Z. / A. B.: Cuando hablamos del clima, muchas veces se discute como si fuera una cuestión de conocimiento. O aceptas este conocimiento o lo niegas; tienes este conocimiento y entiendes lo que es el cambio climático y esto ya por sí te va a politizar. Pero hemos visto que eso no es cierto. ¿Cómo salimos de esta situación? ¿Cómo nos movilizamos por una política climática de izquierdas?

M. H.: Obviamente, creo que la ciencia es importante. Cuando se defiende un tipo de modernismo socialista como el que yo defiendo, se debería tomar un momento y decir: "¿No es asombroso que nuestra especie entienda estos sistemas como el clima; que sepamos que estamos en esta crisis hasta el punto en que lo estamos? ¿Que conozcamos las formas en que estos gases interactúan con la atmósfera de manera que están provocando estos efectos?". Así que la ciencia en sí misma es realmente sorprendente.

Pero, como dicen, cuando se hace política sobre si se cree o no en la ciencia, se aleja a mucha gente que podría no entender la ciencia o no querer entender los complejos procesos bio y geoquímicos. Y también conduce a un gran problema entre los creyentes liberales de la ciencia, que es que miran por encima del hombro y son bastante soberbios con las masas. Eso es simplemente contraproducente.

También existe esta teoría liberal del cambio que asume que si las masas entendieran la ciencia, entonces la acción seguiría naturalmente. Este modo de análisis parece sugerir que lo peor que hace la industria de los combustibles fósiles es difundir la negación del clima, cuando lo que hacen es controlar materialmente nuestro sistema energético.

Creo, y muchos otros lo han dicho, que el movimiento climático gira en torno al Green New Deal, encontrando una mejor articulación de estas políticas. Si hacemos que la política climática se centre en mejorar las cuestiones materiales de tu vida, no tenemos que explicarte el efecto invernadero, no tenemos que convencerte de la urgencia científica. Solo tenemos que decir que esto es algo que te va a dar trabajo, que va a desmercantilizar tu electricidad y que va a ir en contra de esa empresa de servicios públicos que odias y que te está estafando y subiendo los precios. Si construimos el movimiento en torno a mejoras materiales directas, visibles y fáciles de entender, crearemos una base de apoyo popular porque eso es lo que sabemos que funciona políticamente. Sabemos que cuando se implementan programas que son universales y beneficiosos para las masas, se vuelven inmensamente populares.

Pero tenemos que reconocer que no podemos limitarnos a darle cosas a la clase trabajadora y así comprar su apoyo para ganar una transición de descarbonización. Creo que también tenemos que pensar en cómo ganar a la clase trabajadora para una visión más amplia de la crisis climática como algo real que tenemos que tomar en serio; algo que debe unirnos como especie, pero también como países y partidos políticos, para resolver. Y si vamos a hacerlo, creo que debemos revivir la idea de la producción y la inversión democrática: que la forma en que producimos las cosas que necesitamos debe ser algo en lo que la sociedad tenga voz y control. Tenemos que establecer ese vínculo y mostrar cómo esa democracia es ecológica. La gente debería sentir que forma parte de un proyecto democrático más amplio para resolver realmente esa crisis mediante la democratización de nuestros recursos productivos. Eso también debería formar parte de estas políticas. Que no se trate solo de darte cosas, sino de convertirte en un agente de transformación de todo el sistema. Y como la clase trabajadora es la gran mayoría de cualquier sociedad capitalista, tiene que ser el núcleo de cualquier visión democrática de la política climática.

Astrid Zimmermann, es editora de Jacobin Alemania. 

Alexander Brentler, es colaborador de Jacobin Alemania.

https://jacobinlat.com/2021/04/22/la-crisis-climatica-es-una-lucha-de-clases/

Fuente: https://vientosur.info/la-crisis-climatica-es-una-lucha-de-clases/