miércoles, 28 de agosto de 2013

AMPARO LASÉN: “LAS NUEVAS FORMAS DE ACCIÓN COLECTIVA DESAFÍAN LA LÓGICA DE LA REPRESENTACIÓN”

PUBLICADO POR ACUARELA ON JUEVES, 2 DE MAYO DE 2013

Desbordes
Una constelación muy amplia de comunidades en movimiento ensaya hoy en día otros modos de producir, decidir y convivir. No autoritarios ni verticales, sino abiertos y colaborativos, incluyentes y acogedores, horizontales y distribuidos. Estas experiencias de autoorganización rompen los hechizos que nos convierten en espectadores de lo que (nos) pasa. En y por ellas, nos volvemos participantes activos en la construcción de nuestros propios mundos, no solo receptores pasivos y repetidores de fórmulas hechas por expertos ajenos a nosotros. Nos hacemos cargo en común de los asuntos comunes. Nos volvemos capaces.
Cristina Sánchez Carretero
Antonio Lafuente
Amparo Lasén
Michel Bauwens
Margarita Padilla
Luis Navarro
Fuera de Lugar. Conversaciones entre crisis y transformación





Volvemos (provisionalmente) al sábado. Esta es la versión completa de la entrevista con Amparo Lasén aparecida el 12 de diciembre de 2009 en Público. Marga y Óscar la hicieron conmigo en la librería Traficantes de Sueños.

Amparo Lasén es socióloga. Es profesora en la Universidad Complutense y miembro del grupo de investigación “Cibersomosaguas: cultura digital y movimientos sociales”. Es autora del libro A contratiempo: un estudio de las temporalidades juveniles (Siglo XXI).

El 13-M de 2004 un sms activó la protesta de miles de personas contra las mentiras del PP. 2 años más tarde un mensaje convocó en Internet la primera manifestación masiva del movimiento V de Vivienda. Hace una semana, la movilización en la Red obligó en dos días al presidente Zapatero a desautorizar a su Ministra de Cultura. ¿Asistimos a un cambio de paradigma en las formas de la movilización política?

¿Qué te ha llevado a interesarte por los fenómenos de masa?

Yo empecé estudiando qué hacen las nuevas tecnologías y qué hace la gente con las nuevas tecnologías. ¿Qué hacemos hacer y qué nos hacen hacer a nosotros Internet, los ordenadores, los móviles? ¿Cómo median en las relaciones personales, las relaciones familiares o las relaciones laborales? Y a partir de estas investigaciones, en principio sobre el uso del móvil, llegué a estos usos “políticos” de las nuevas tecnologías. Pero lo que me interesa sobre todo es pensar cómo se articulan esos usos políticos con las otras prácticas (personales, familiares, laborales, etc.).

¿A qué te refieres?

Están apareciendo en Internet nuevas categorías o figuras intermedias entre los amigos o los seres queridos y los desconocidos o los extraños. Una nueva modulación de la intimidad. Personas que no son exactamente conocidas ni desconocidas, pero con las que se da intercambio y debates. A veces intercambio de insultos, pero muchas otras veces intercambio de ideas, de afectos. ¿Qué lleva a la gente a discutir de cosas íntimas con gente que no conoce pero con la que se acaba relacionando porque se encuentran periódicamente en un foro, se leen en una página web o se dejan mensajes en un blog? ¿Cómo pensamos la relación con los demás, qué se debate y con quién? De pronto cosas muy íntimas (que tienen que ver con el cuerpo, los sentimientos o la sexualidad) se discuten en público, cuestionando así la división clásica entre lo público y lo privado.

Esto se puede ver a veces en foros, páginas de ocio o privadas. Hablando con usuarios de webs de contactos algunos me contaban cómo, en la presentación de cada uno y en las primeras conversaciones con el otro, surgen opiniones muy contrapuestas sobre las relaciones, el cuerpo o la sexualidad. Y algunos me decían de manera muy cómica que de pronto se veían haciendo “pedagogía política” o “educación cívica”: en un conversación ya no estaban flirteando, sino diciendo “no hombre, no se puede hablar así de las mujeres o de los homosexuales”. Y así de un intercambio para ligar entre personas que no se conocen aparecen de pronto cuestiones sobre género, relaciones amorosas o sexualidad.

Hay otros estudios sobre redes sociales (Facebook, Tuenti…) donde se ve claramente ese cuestionamiento de la diferencia entre lo público y lo privado, pero también la flexibilidad entre el mundo virtual y el mundo físico. Páginas que en principio fueron concebidas para intercambios personales han servido para habilitar movilizaciones políticas, pero siempre a partir de y guardando esa huella de la comunicación interpersonal. Es lo que ocurrió el 13-M con el “pásalo”: si doy confianza al mensaje que me llega es porque me lo envía un amigo, aunque no esté redactado por él. Así, una movilización política que es pública puede no verse ni vivirse como algo separado de las relaciones afectivas privadas. Hay una flexibilidad entre lo que ocurre en Internet y lo que ocurre fuera: conozco a alguien en un blog y luego quedamos, extraños que se vuelven íntimos durante un tiempo, etc. Esa relación entre desconocidos, que tampoco es nueva (la gente siempre se ha encontrado en un bar, una discoteca o una manifestación), para mí constituye una de las bases de la posibilidad de actuar políticamente: la capacidad de establecer conexiones y actuar conjuntamente con gente que no conoces.

El 13-M que has citado fue una smart mob, ¿nos puedes explicar ese término?

Smart mob significa “multitud inteligente”. Es una masa que se forma en la calle (en manifestación, sentada, performance), pero lo que la articula y posibilita es el contacto a través de los medios de comunicación personales, como los móviles o Internet. No hay una estructura estable detrás, tampoco son gente afiliada a un mismo colectivo. Su acción puede ser momentánea y desaparecer, o sucederse de manera intermitente a lo largo de cierto tiempo sin que necesariamente se genere una estructura.

El 13 de marzo es considerado una smart mob, también lo que ocurrió en Seattle en 1999, las movilizaciones en Filipinas que acabaron con el presidente Estrada o las que ayudaron a ganar las elecciones al presidente de Corea en 2002, manifestaciones de chicos de instituto (que normalmente no participaban políticamente) contra la guerra de Irak, iniciativas ciudadanas para la vigilancia de procesos electorales (no bajo la forma-manifestación) en África o en las segundas elecciones que ganó Bush, pero también cosas menos democráticas o emancipadoras como las protestas de musulmanes en Nigeria contra la celebración del concurso de Miss Universo, que acabaron en linchamientos de cristianos…

¿En qué se diferencia una smart mob de un movimiento social?

Es la diferencia que se hace desde la sociología ortodoxa o la teoría política entre movilización y movimiento. Se entiende que hay movimiento cuando se da una cierta continuidad, cuando se genera una estructura, una coordinación o una forma de organización estable, cuando existe una ideología o una identidad colectiva. Esos rasgos aquí no aparecen. Aquí se da una forma de comportamiento político, pero desligada de las nociones de estructura o identidad. Hay acción colectiva, incluso una continuidad de esas acciones, aunque no asuma los rasgos estructurales de lo que se han llamado los movimientos sociales. Existen ejemplos de movilización con una continuidad intermitente en el tiempo. Han funcionado durante mucho tiempo con un gran nivel de incertidumbre de los organizadores con respecto a qué es lo que va a pasar, quién va a venir, sin llegar a generar unas estructuras o unas formas de organización sólidas.

¿Se trata de la clásica diferencia entre organización y espontaneidad?

Hay gente que lo lee así, pero no es sólo espontaneidad: están los afectos, por ejemplo la ira o las ganas de hacer algo, pero también hay un germen de otra manera de organizarse. La gente no sólo se lanza a la calle, hay un pensamiento entre los participantes sobre cómo se va a hacer esto, cómo organizar las cadenas de sms, etc. Las movilizaciones contra Estrada o lo que ocurre en Corea no duran sólo un día sino un cierto tiempo, durante el cual se siguen generando contenidos que no tienen porqué venir de las mismas iniciativas. Más que de organización vs espontaneidad, sería mejor hablar de intermitencia o de discontinuidad. También hay una diferencia de tiempos. No se trata tanto de espontaneidad como de un sentido de la oportunidad, como ocurrió el 13-M: cuando hay que organizar algo es ahora. Tampoco la elección de un modelo es consciente o intencional. Depende de la disponibilidad o no de recursos organizativos, de si la gente que participa está o no inmersa en organizaciones activistas o políticas, etc.

Sin embargo, en esa intermitencia o discontinuidad hay formas de memoria, porque difícilmente se habría dado por ejemplo la V de Vivienda sin el 13-M, o el 13-M sin el “no a la guerra”.

Quizá es más preciso hablar de intermitencia que de discontinuidad. El 13-M no se entiende sin el clima de afectos que desencadena el 11-M, pero tampoco se entiende sin la experiencia de movilizaciones anteriores como el “no a la guerra”. Y la V de Vivienda igual. A mí no me interesan tanto los discursos o las ideologías como las formas en que la gente protesta o se manifiesta. Lo interesante del 13-M es que se hace una manifestación sin convocatoria y sin recorrido, pero sin embargo la gente se reúne y se mueve. Es un movimiento autoorganizado, se pasa por delante de las Cortes donde normalmente uno no se puede manifestar, en Atocha se hace un minuto de silencio, etc. Y en la primera manifestación de V de Vivienda ocurre lo mismo. Es otra manifestación sin trayectoria. Yo pienso que hay una relación entre ambas.

Esta inexperiencia o ingenuidad hace visibles las normas: por ejemplo que para manifestarse hay que pedir permiso a la Delegación de Gobierno. Los poderes públicos obligan a los manifestantes a tener una cabeza visible: alguien tiene que responder y ser responsable de lo que pasa. Hay que pedir permiso, anunciar un recorrido, cosas que normalmente se hacen siempre, pero que mucha de la gente que iba a la V de Vivienda desconocía, porque se trata de un movimiento sin cabeza, de iniciativas que surgen porque hay gente discutiendo en un foro, de pronto uno tiene la idea y otros se apuntan. Por supuesto, esas vaguedades a las autoridades no les interesan. Todo esto te hace replantear cosas: ¿por qué no podemos manifestarnos aquí? ¿Por qué no podemos organizar una acción colectiva y pacífica en un espacio como Atocha?

¿No estamos ante algo muy frágil?

Lo imprevisible, la intermitencia y la ausencia de organización son su fuerza y al mismo tiempo su debilidad. Hay gente que piensa que todo esto no es muy interesante porque es frágil. Evidentemente es frágil si lo medimos con los criterios de los movimientos sociales tradicionales o con los criterios de una lógica que interpreta el éxito de una iniciativa política por su capacidad para crear institución y continuidad. Pero hay que ver su interés en otras cosas, a veces muy difíciles de medir: una politización de los afectos, una forma distinta de ocupar el espacio público, la implicación de gente no politizada anteriormente, una socialización de saberes, un desafío a la lógica de la representación, el impacto que tiene la experiencia sobre la subjetividades de las personas que participan…

¿Qué ha pasado con las personas que acudieron a una de estas iniciativas? ¿Qué ha sido de las personas que participaron el 13 de marzo? A mí lo que me interesa es ver no tanto qué pasa en las conciencias de los activistas con más saberes, como en esas personas que no se percibían como activistas, no percibían la calle como un ámbito que les correspondía pero participaron de repente en estas iniciativas. En los testimonios que recogí de la gente que participó el 13 de marzo se expresaba mucha sorpresa, la euforia de “darse cuenta de que somos tantos”. Esa idea es una condición básica para poder pensar la actividad política o el espacio público: la capacidad de conectarte con gente que no conoces para hacer algo juntos. En la teoría de los movimientos sociales prima hablar sobre gente que tiene los mismos intereses, pero a veces no se trata de intereses tan hechos, sino más bien de sentires, malestares, enfados, emociones. Ni tan siquiera opiniones.

Y el 13-M, de pronto, a través de los móviles e Internet, “fíjate cuántos somos” y estamos aquí en la calle porque estamos de acuerdo, tenemos las mismas preguntas o la ira en común. Ese ese sentir que somos tantos y que podemos hacer cosas que no podemos hacer normalmente. Esto es algo que se encarna en las propias prácticas físicas: estamos en medio de la calle donde no se puede estar, estamos protestando en un día de reflexión en el que no se puede salir a la calle, estamos mostrando nuestra presencia y construyendo nuestra presencia como colectivo. Era un colectivo virtual, porque esos sentimientos y esas ideas existían, y de pronto se encarna en esa manifestación y en esa masa. En el momento en que se vuelve masa y masa rítmica de gente que actúa, se mueve, grita y corea consignas en común hay una toma de conciencia: esto es posible.

A partir de ahí, es difícil ver las trayectorias que se hayan podido generar, cómo siguen trabajando estas experiencias en la gente que participa en ellas, todo es más difícil de ver, de guardar la huella. ¿Por qué la gente participa en estas movilizaciones y luego deja de hacerlo? ¿Por qué las llamadas a veces no funcionan, no pasan o no prenden aunque se hayan usado los mismos medios? ¿Cómo canalizar esa presencia y esa participación fuera de los momentos de movilización? Son preguntas, interrogantes que quedan.


Durante años, todos los domingos en el Retiro se juntaba muchísima gente a tocar instrumentos de percusión. Sin embargo, cuando ha surgido un conflicto con el Ayuntamiento y la policía la experiencia al parecer se ha volatilizado, apenas queda ahora un puñado de personas protestando contra la medida y reivindicando el espacio. ¿Puede llegar a frustrar esa fragilidad?

No conozco el caso. Pero quizá la gente que se juntaba para tocar no tiene ganas de enfrentarse a la policía. O bien se generó un hábito que se desarticula una vez perdido y la gente se dedica a otras cosas, se pierde el contacto. Cuando las experiencias están articuladas a través de un blog o de un foro no es tanto problema que no pueda ocuparse determinado espacio porque se sigue conectado. Aquí lo que tal vez haya podido pasar es que gente que se juntaba para algo más lúdico, se retrae una vez que se revela ese componente conflictivo o político. Muchas flash mob (multitud relámpago) no tienen una intencionalidad política, pero su propia acción cuestiona determinadas normas del espacio público y el conflicto se genera. Hay gente que se da cuenta de pronto de esa dimensión conflictiva y no tiene ganas de enfrentarse con la policía. A veces estas acciones son conscientes de su carácter político o de ciertos riesgos que puedes correr, como fue el caso del 13-M. Pero en otras flash mob de tipo más lúdico no está esa conciencia y cuando llega el conflicto (por el ruido o la ocupación del espacio) hay gente que se echa para atrás porque eso no estaba en su intención. Ese es otro rasgo de este tipo de movilización: no todo está hecho de manera consciente o intencional, la gente se va dando cuenta de lo que hace según lo va haciendo. Esto puede generar esas sensaciones positivas de euforia o de sorpresa que comentábamos, o bien el miedo de verse de pronto asumiendo un riesgo con el cual no se había contado.

Es un problema parecido al que se ha visto recientemente en Irán: la misma herramienta que sirve para que las gentes se conecten y hace visible una llamada o una convocatoria, hace igualmente visible y vulnerable a la gente que la ha realizado (en países como China o Irán). Por un lado, esto agudiza el ingenio informático de las personas y los activistas: pienso en esa aplicación que cambia la dirección IP de tu ordenador constantemente para dificultar la vigilancia. Pero muchas personas están llegando a la movilización política por esa conjunción de las posibilidades que le abre su propia práctica tecnológica y un deseo que se descubre de repente. Sin experiencia y sin saberes previos uno se da cuenta de esos problemas (la respuesta policial o que ese ordenador podía ser visto por otras personas) a posteriori. Muchas veces los usuarios aprenden sobre la marcha. Igual que no te das cuenta de que en Facebook tienes que ir a la opción “privacidad” para decir que quieres que tu información sólo esté visible para tus amigos y lo descubres cuando una noticia tuya llega a gente a la que nos querías mandársela. A veces es el precio a pagar si quieres beneficiarte de la visibilidad y de la accesibilidad: estar accesible y visible para los que te quieren controlar o puedan tomar represalias en contra tuya. Pero hay un aprendizaje sobre la marcha, lo veíamos hace poco en Flickr: hace unos años muchas de las fotos expuestas te las podías descargar, pero ya no es así, la mayor parte de las fotos no las puedes descargar, sólo ver. Los usuarios han aprendido a protegerse.

Es verdad, se generan saberes para afrontar situaciones nuevas. Pienso en la iniciativa de un bloggero que acudía al comienzo a las manifestaciones de V de Vivienda y que, tras la represión policial contra la segunda y la tercera sentadas, se puso manos a la obra y buscó por su cuenta testigos de las detenciones para apoyar a la gente en los juicios. ¡Y la cosa salió muy bien!

Eso quizá tiene que ver con cosas que se aprenden fuera del ámbito de la movilización política, pero que implican prácticas y tecnologías que también pueden utilizarse aquí. Por ejemplo, las personas que están habituadas a usar Internet, los móviles, participar en foros, hacer búsquedas de información, hacer quedadas… Estas prácticas que tienen que ver con el ocio, con el ligue, de pronto pasan a ser útiles en la movilización política. Esa experiencia de usos y hábitos adquiridos en otros contextos, medios y situaciones se moviliza para estas acciones colectivas. Hay gente que no tiene saberes políticos o de movilización, pero sí de cómo buscarse, cómo citarse, cómo organizarse, cómo coordinar a gente que no conocen para debatir sobre cosas que les gustan, etc.

A veces una experiencia se detiene o desaparece, pero surgen otras. Es cierto que las cosas se vuelven más volátiles. Hay un rechazo a identificarse totalmente con una práctica. La gente se dice: “esta es una más de las cosas que hago, si ahora no puedo hacerlo ya habrá tiempo más adelante”. Un sociólogo australiano llamado Kevin McDonald, que ha analizado movilizaciones contemporáneas en China, movimientos antiglobalización en EEUU o Australia, decía “nadie representa el movimiento ni el movimiento me representa a mí”. Es decir, el movimiento es parte de mi vida, pero en mi vida hay muchas otras cosas también. Entonces ahora vengo, ahora voy, ahora participo de manera más afectiva, imaginaria o virtual y no estoy todos los días de manera presente. Esto condiciona los ritmos de aparición y desaparición de las movilizaciones, etc.

Hay mucho por ver aún, estemos atentos.

¿Qué papel juegan las nuevas tecnologías? ¿A qué llamas “agencia compartida”?

La idea de “agencia compartida” quiere evitar dos errores comunes. Por un lado, la idea de que las tecnologías son meros instrumentos pasivos que dejan las situaciones como estaban. Esta tesis afirma que el aspecto determinante es lo social, es decir lo que las personas quieren hacer y hacen, y que al final da un poco igual con qué lo hagan: antes se usaban las cartas y la imprenta, ahora los móviles o Internet. El otro error es el determinismo tecnológico: pensar que por el mero hecho de que una tecnología exista ya altera todo el ámbito de relaciones y de prácticas donde esa tecnología está presente. Sería pensar que como hay Internet y existen los móviles todo va a cambiar y todo ha cambiado. O por ejemplo que los medios por sí mismos van a generar transformaciones políticas.

Agencia compartida significa que las tecnologías no son instrumentos pasivos, sino que contribuyen a generar dinámicas, que nos hacen hacer ciertas cosas y que nosotros las hacemos hacer otras. Por ejemplo, los móviles no estaban hechos para comunicaciones públicas, ni para mandar mensajes a mucha gente. Los ingenieros los habían diseñado para comunicaciones interpersonales. Facebook no está pensado para que se organicen manifestaciones internacionales contra las FARC, sino para que las personas jóvenes se comuniquen entre sí. Esos usos los descubren y los inventan los usuarios. La gente está acostumbrada a usar la tecnología para ciertas cosas y de pronto le da una aplicación política o pública. Si tal o cual tecnología me conecta con amigos o con amigos de mis amigos, por tanto con gente que yo no conozco, me puede servir igual para comunicarles mi enfado o mi indignación política y proponer hacer algo.

El hecho de que haya tecnologías facilita ciertas cosas, dificulta otras, crea hábitos nuevos y hace olvidar otros antiguos. Es lo que llamo “procesos de subjetivación y desubjetivación”. Nos constituye como lo que somos y hace que perdamos formas de lo que éramos antes. En el caso de una investigación sobre el uso del móvil, preguntamos en las entrevistas: ¿cómo te organizabas antes, cómo te coordinabas con tus amigos, tu familia o tu pareja hace 5 o 10 años? La gente no se acuerda, usa el condicional (“pues supongo que lo hacía…”).

O cambian las maneras en que nos comportamos en los espacios públicos, renovando o transformando las normas de etiqueta. Pero aparentemente tampoco nos hemos dado cuenta de esto. La gente se detiene hoy a hablar en la calle con el móvil en Inglaterra, cuando la práctica del espacio público allí es que la calle sea un espacio de tránsito y de circulación permanente donde nadie se pare. La tecnología hace hacer y la hacemos hacer.


Antes has citado las flash mob (multitudes relámpago), ¿en qué consisten? ¿En qué se diferencian de una smart mob?

En la literatura sobre estas cuestiones se hace una distinción entre smart mob y flash mob. Las smart mob son acciones colectivas organizadas a través de Internet o móviles con un mensaje claramente político. Las flash mob son idénticas formalmente, pero no tienen mensaje político, sino un sentido más lúdico o absurdo: hagamos algo que se salga simplemente de lo habitual (como una guerra de almohadas, por ejemplo). Me interesaba ver porqué se separaban como dos fenómenos completamente distintos (uno inteligente y otro bobo) cuando sólo les distinguía la existencia o no de un mensaje político. ¿Por qué en una flash mob no se ve nada político, cuando se usan las tecnologías de modo activo y creativo (nopadecido) para conectarse, personas que no se conocían se juntan para hacer algo de forma concertada, se propone un uso del espacio público y urbano que no es el habitual, lo cual muchas veces revela conflictos sobre qué puede hacerse en el espacio público y quién lo decide? ¿Por qué pensar entonces que no es algo político? ¿Sólo porque falte un mensaje crítico intencionado? Las flash mob rompen la dicotomía medios/fines. En ellas el cómo es el qué.

Esto lo poníamos en relación con ciertos estudios sobre movimientos sociales y nuevas tecnologías que minimizan éstas como meros instrumentos, que además se critican porque favorecen la autorreferencialidad y sólo promueven la sociabilidad, oponiéndose la sociabilidad a “lo social” (es decir, la cuestión social de la izquierda más tradicional). Nos preguntábamos si la comunicación y el uso de los medios no sería una participación en sí misma, admitiéndole un valor político. En la actividad cotidiana con las tecnologías hay conflictos de poder (intereses contrapuestos: propiedad intelectual, control, usos comerciales): ¿por qué un conflicto ahí va a ser menos real políticamente? Todos los trabajos que hacemos nos muestran que las personas no ven lo real y lo virtual como ámbitos separados (eso está más bien en el ojo del investigador), que todo forma parte de la vida y que hay una continuidad y flexibilidad entre las relaciones cara a cara, en mi trabajo, en mi casa y lo que pasa en la Red. ¿Por qué íbamos a separar entonces unas acciones de las otras? No es de recibo. ¿Se puede excluir estas formas de acción y comunicación de lo político? ¿A qué llamamos lo político?

No se consideran acciones políticas porque no tienen discurso ideológico. No se consideran acciones políticas porque no hay reivindicación o un desafío explícito a las autoridades, a una empresa, al gobierno. Ciertamente, estas acciones no se presentan como una relación de fuerzas directa, no se presentan como una demanda a un gobierno. No hay interpelación a un enemigo, tampoco hay una apelación a las instancias tradicionales (el gobierno, etc.). Pero esas interpelaciones pueden darse de manera no intencional y aparecen en el mismo desarrollo de las acciones surgiendo conflictos de manera latente. Es otra manera de entender lo político. Son acciones y reacciones a relaciones de poder, cuestionamientos de qué es lo público, interrogaciones sobre qué hacemos cuando estamos juntos y las maneras en que nos relacionamos. En el fondo todo esto entra en las definiciones tradicionales de lo que son las cuestiones clásicas de lo político: qué es la vida en la polis, qué es la vida en común.

Hay algo propio del uso de las nuevas tecnologías muy interesante que es no tanto crear cosas nuevas, como hacer visibles aspectos de las relaciones y de las acciones que ya se daban pero que no se podían ver. Con las nuevas tecnologías se pueden seguir las comunicaciones a través del e-mail, se pueden ver las personas que uno conoce en el móvil, se puede medir la intensidad de los intercambios. De hecho, la gente percibe el móvil así, con ese punto de auto-reflexividad. Quizá las nuevas tecnologías nos están haciendo volver a ver, recordar o visibilizar aspectos que nunca dejaron de existir, pero que habían quedado en segundo plano en el conflicto entre los profesionales de la política (políticos, activistas o politólogos). Porque todo esto que digo tiene que ver con los discursos de los nuevos movimientos sociales como el feminismo o el movimiento por la liberación sexual: cuestionar la dicotomía público/privado, recordar que la política pasa por los cuerpos, valorizar la cuestión personal y de los afectos, etc. ¿Por qué el pensamiento de izquierdas tiene en general tanto miedo de los afectos y las emociones? Como si fueran algo irracional, fascista. Hay otras apariciones de los afectos y las emociones, no sólo en las masas fascistas. Separar las emociones de la razón es un rasgo típico de la modernidad. En cualquier ejemplo de movilización política siempre están las emociones y los afectos. Es lo que te afecta y te motiva a participar y continuar. También se suele ver el placer o lo lúdico como frivolidad. Hay un problema muchas veces entre los movimientos sociales de izquierda con la dimensión placentera de la movilización, como si sólo lo grave y solemne fuera serio y real.

Sin embargo, al otro lado hay una Nueva Derecha 2.0 que hace un uso muy desprejuiciado de las nuevas tecnologías y las nuevas formas de movilización…

Tendemos a ver a la derecha como un bloque político más estucturado, centralizado, organizado. Pero también hay mucha heterogeneidad y últimamente ciertos componentes se han servido de estos medios para hacer efectiva esa heterogeneidad y movilizar. Estoy convencida de que estas prácticas están creando también dentro de estos grupos cuestionamientos internos y cambiando las subjetividades. ¿Cómo se articula luego esa descentralización con las otras estructuras tan jerárquicas? El hecho de estar manejando formas que favorecen la descentralización y la proliferación de iniciativas, favoreciendo así la autonomía y la multiplicación de grupos, debe de estar cambiando también las subjetividades en la derecha. Allí donde la organización se daba mediante el control continuo y la jerarquía sobre los militantes, todo esto tiene que estar a la fuerza produciendo cambios. De hecho, las subjetividades de que hablamos también se dan a la derecha: participación intermitente, desconfianza hacia las formas de representación tradicionales, gente que piensa que la acción política tiene que ver en su vida pero que hay otras cosas, etc. ¿Cómo les cambia la experiencia de participar de esa euforia de tomar la calle? ¿Cómo les cambia la experiencia de la autoorganización más allá de los partidos?

Dices que las nuevas formas de movilizarse “atentan contra las bases de lo político”, ¿qué quieres decir?

Según el Barómetro europeo, España fue el país donde más manifestaciones hubo entre 2006 y 2007. Sin embargo, en el mismo estudio varios politólogos escribían que España era a la vez el país dónde la desafección y el desinterés por la política era mayor. Qué paradoja, ¿no? Esos politólogos medían el interés por la política a través de la afiliación y del conocimiento: ¿se siguen los medios de comunicación, se sabe reconocer nombres de políticos o de la actualidad? No, por tanto hay desinterés y desafección por la política. La gente manifestándose en la calle y sin embargo se mide el interés por la política a través de los niveles de afiliación a partidos y otros colectivos institucionalizados, a través del seguimiento mediático de la actualidad política. ¿Acaso estar en la calle no es una forma de participación política?

Desde un punto de vista sociológico, me parece apasionante analizar este tipo de procesos no intencionales: prácticas que no están organizadas ni impulsadas por identidades (identidad obrera, etc.), pero que sin embargo existen, activan solidaridades y formas de actuar en común. ¿Qué papel juegan las tecnologías en esas otras maneras de ir construyendo subjetividades (es decir, cómo las personas se perciben a sí mismas, su entorno, el mundo, las relaciones con los demás)? ¿Por qué la gente recibe una llamada en su móvil o un mensaje y decide participar en estas performances un poco teatrales, un poco artísticas, a veces más subversivas que otras, con reivindicaciones o sin ellas? De alguna manera, creo que estas nuevas formas de movilización hacen visibles cosas que siempre han estado en la política, pero quizá nunca han sido subrayadas por los observadores: por ejemplo, la importancia de los afectos, de las emociones, de los sentimientos como motivadores de acción. Quizá estamos asistiendo, de una manera no intencional por parte de las perdonas participantes, a una redefinición de la naturaleza de lo político, de una movilización política.


LA “ESCUELITA DE LA LIBERTAD”: EL ABC ZAPATISTA

Alumnos esperando para ir a la escuelita. (María Verza)

- 1.700 personas llegaron a Chiapas para participar en el curso “La libertad según l@s zapatistas” y convivir con las bases del movimiento, el mayor ejercicio de divulgación y apertura del EZLN desde su alzamiento hace 20 años y la demostración de que la frase ‘otro mundo es posible’ puede hacerse realidad si hay organización, trabajo, dignidad, constancia y una verdadera democracia.

María Verza · (San Cristóbal de las Casas) - 26.08.2013 

LECCIONES ZAPATISTAS

“Cuidado aquí compañero”. El votán (guardián) de Víctor Cabrera le va avisando por donde pisar. “No me deja ni para ir al baño en mitad de la noche”, comenta Víctor, un hombre entrado en la cincuentena y defensor de derechos humanos de la Comarca Lagunera, una de las zonas más violentas del norte de México. Son las 5 de la mañana en las montañas y la selva de Chiapas y los integrantes de la primera Escuelita zapatista “La libertad según l@s zapatistas” (desarrollada del 11 al 18 de agosto) empiezan a trabajar. Son 1.700 alumnos (jóvenes, niños, adultos, mexicanos, extranjeros, indígenas, académicos, hombres, mujeres -incluso algún transgénero- todos integrantes de organizaciones sociales) que participan en el mayor ejercicio de divulgación y apertura del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)  desde su alzamiento, hace casi 20 años.

Los alumnos están repartidos por los cinco caracoles que existen (un caracol agrupa varios municipios y cada municipio varias comunidades), las entidades de gestión y autogobierno zapatista que acaban de cumplir este agosto una década de funcionamiento al margen del Estado Mexicano.  A Víctor le ha tocado el de Morelia, igual que a  Juan Luis, un madrileño de la Plataforma de Solidaridad con Chiapas. Machete en mano y con poca destreza, reconoce el español, se dirige a un cafetal en una finca recuperada. “Antes del alzamiento, los finqueros no permitían el paso a los indígenas pero las bases zapatistas se organizaron para poblar la zona”. Juan Luis repite lo que le ha contado su votán, su sombra durante las 24 horas del día y uno de los muchos jóvenes que apenas habían nacido cuando el EZLN saltó a las portadas del mundo entero aquel 1 de enero de 1994. Pero eso poco importa. “Son la segunda generación de zapatistas y ya tienen una identidad propia basada en unos valores de colectivismo, solidaridad e igualdad impresionantes”, añade Juan Luis. Los votanes, además, son traductores de español, la lengua franca del EZLN para que mames, tzeltales, tzotziles, tojolabales, choles… puedan entenderse entre sí y, ahora, con los forasteros.

La disciplina y la organización es lo primero que sorprende a los alumnos. “Cuando pregunté a nuestra votán, de 16 años, porqué no descansaba un poco, no me dijo ‘no puedo’ o ‘no quiero’ dijo ‘no debo’”, cuenta Ninett Torres, que llegó a la Escuelita procedente del DF junto a su hijo Paul, de 10 años.

Todo está pensado al detalle. Nada más levantarse unos hacen tortillas, otros preparan el fuego, luego todos se van al campo para recoger maíz o frijol, cortar hierba, atender al ganado o trabajar en las plantaciones de café, la principal fuente de ingresos de los zapatistas a través de las exportaciones que hacen a través de ONG o las ventas a los coyotes (los que cruzan ilegalmente a los migrantes), las únicas vías para no entrar en el sistema oficial.

Tras compartir un pozol (caldo típico a base de maíz) queda tiempo para ver de primera mano como funcionan las escuelas (que en algunos caracoles llegan hasta secundaria); las clínicas; un proyecto de la panadería; los invernaderos; o una zapatería que te hace unas botas en dos días.

“Me ha llamado la atención la agroecología”, dice Manuel Valdivia, instalado en el caracol de Oventic. “Todos los productos son orgánicos, hacen abonos, pesticidas e incluso cultivan microorganismos. Y en salud es impresionante se combina la medicina tradicional, con la moderna y sobre todo la preventiva”. Pese a la falta de dinero y a que siempre necesitan más medicinas, tienen 40 microclínicas y un hospital donde ya hay gente capacitada hasta para hacer cirugías de primer nivel aunque sigan llegando médicos de apoyo de zonas no zapatistas.

DEMOCRACIA REAL

Por la tarde es la hora del estudio. Sentados junto a los votanes y los maestros, los alumnos leen y comentan los libros (cuidadosamente editados) que se les distribuyeron el primer día junto a unos DVDs . Mientras, en la Universidad de la Tierra, en San Cristóbal de las Casas, otros compañeros explican al mundo lo mismo, mediante videoconferencias retransmitidas por internet. “La vida nos fue enseñando a construir nuestra autonomía, nadie nos dijo cómo organizarnos pero creamos una democracia real, desde abajo que no se ejerce cada 4 o 6 años sino a diario, en la que el pueblo elige a un gobierno que manda obedeciendo y si lo hace mal, lo saca”.

Organizados de forma asamblearia y rotativa (todo el mundo pasa por todos los puestos alguna vez) los integrantes de las Juntas del Buen Gobierno (JBG), la instancia máxima de cada caracol, aprovecharon los días previos a la Escuelita para rendir sus cuentas semestrales, unos informes que para alguien que llegue de fuera pueden resultar tediosos por lo detallados pero que demuestran el minucioso control que tienen las JBG de toda su administración. Así, llueva, truene o aplaste el sol, la comunidad escucha los resultados de su sistema de créditos y cuándo debe o ha pagado cada persona; se entera de en qué ocasiones ha tenido que actuar la comisión de justicia y porqué; de los beneficios de la última cosecha de café; sabe cuánto se ha gastado en compra de medicinas, en un ordenador para la escuela o en arreglar uno de los camiones. Porque aunque cada familia puede tener sus pequeños cultivos personales, lo que prima son los proyectos colectivos, cuyos beneficios se reparten equitativamente entre todos.

martes, 27 de agosto de 2013

NICOLE SCHUSTER: DETERMINISMO CIENTÍFICO Y GUERRA


El arte de la guerra napoleónico y la termodinámica
POR NICOLE SCHUSTER


“¡Denme un punto de apoyo y moveré el mundo!”
Arquímedes

Desde algunos años circula en Estados Unidos la tesis según la cual el sector militar no sólo se benefició de las nuevas tecnologías promovidas por los avances teóricos realizados por la ciencia, sino que éstos repercutieron en la organización de las armadas y en sus modalidades de combate(1). Lo expuesto a continuación se centrará en la era newtoniana y de la termodinámica y en el ejemplo de Napoleón, que analistas militares como Antoine Bousquet(2) inscriben dentro del paradigma de la termodinámica. Después de hacer una breve reseña de lo que fue la relación entre la ciencia y la guerra en la época griega antigua y clásica, presentaré el rumbo que tomó la ciencia a partir de los tiempos modernos y los principios físicos que se elaboraron durante las eras newtoniana y termodinámica para luego exponer cómo esos principios fueron interpretados y aplicados en el sector militar a nivel táctico. Me empeñaré en mostrar que clasificar en función de ciclos científicos los campos en los que predomina el aspecto humano procede de un enfoque cientista arbitrario. En efecto, ni la vida ni la guerra responden a un determinismo científico habida cuenta que son productos de interrelaciones que se dan a nivel político, económico, cultural, psicológico, entre otros, y en las que el azar juega un rol importante.

LA COLABORACIÓN CIENCIA Y GUERRA

Los orígenes de la aplicación de los principios de la física en el sector de la guerra se sitúan generalmente en la época griega. Se pretende que mientras se desempeñaba como ingeniero militar, el presocrático Tales de Mileto(3), que era a la vez filósofo, matemático y astrónomo, pudo, en base a su metodología fundamentada en el razonamiento deductivo del cual es el inventor, calcular la distancia que separaba los barcos de las costas así como desviar el curso de un río para evitar que los soldados de Creso tengan que construir un puente de escape. Igualmente, habría previsto un eclipse que influyó en el cese del conflicto entre Lidia y Meda(4). Algunos siglos más tarde, Arquímedes logró aplicar leyes físicas basadas en la estática en la construcción de impresionantes máquinas que sembraron el pánico entre las tropas romanas durante el sitio de Siracusa(5). Es muy probable que sin sus sólidos conocimientos en geometría(6), el sabio griego no hubiera estado en posición de realizar tales obras.

Pero es en el periodo conocido como “los Tiempos Modernos” que se sitúa en Occidente el verdadero inicio de la formalización de la colaboración entre ciencia(7)y guerra. A finales del siglo XVI e inicios del siglo XVII, mientras el campo de la ciencia estaba marcado principalmente por el pensamiento de Kepler, Galileo y Descartes, el Estado-Nación se hallaba en su fase de despegue. Según el filósofo francés Michel Foucault, fue el momento en que la política se convirtió en la nueva racionalidad gubernamental y el Estado en el eje regulador, teniendo como nuevo principio el respeto del equilibrio de las relaciones de fuerza, tal como lo definió el Tratado de Westfalia(8). Foucault pretende que esta noción de fuerza se encuentra tanto en la esfera política como de la física por lo que no sorprende que Leibniz fuera luego el teorizador de la fuerza desde una perspectiva histórico-política así como científica(9)Con la instauración gradual del Estado-Nación, la guerra se nacionalizó y se desplazó de los perímetros feudales controlados por las autoridades señoriales hacia las fronteras del territorio nacional(10). El prisma agonístico se convirtió en el dispositivo a través del cual se aprehendió la evolución de las relaciones interestatales, las cuales repercutían directamente en la política interna de las naciones europeas, llevando los gobiernos de las naciones europeas a dotarse de un aparato militar orientado a salvaguardar el equilibrio de fuerzas en Europa por medio de la guerra(11) .

LAS REVOLUCIONES CIENTÍFICAS Y SUS REPERCUSIONES EN LA TÁCTICA DE GUERRA

LA ERA NEWTONIANA

El advenimiento de los Tiempos modernos no ocurre con Newton, sino que se plasma en el legado de hombres como Guillermo de Ockham, quien abre en el siglo XIV el camino al positivismo, introduciendo la ruptura entre el conocimiento práctico y el conocimiento teórico(12), entre el conocimiento abstracto y el conocimiento intuitivo(13). El giro positivista que tomó desde entonces la cienciacorresponde por lo tanto a un profundo cambio de mentalidad en cuanto a la visualización del mundo. Aun si no se refutaba su existencia, Dios ya no aparecía como el protagonista único en el sistema que regía el movimiento de los planetas y la tierra. Su intermediación directa y exclusiva en la comprensión que el hombre tenía de su propio rol en la tierra y para con lo celeste se vio progresivamente eclipsada por la política y la ciencia. En la misma época, la visión cuantitativa de Platón de un mundo estructurado por las matemáticas, que revelarían el funcionamiento del universo, ganó de nuevo en importancia y empezó a hacer tambalear los principios cualitativos aristotélicos. La matemática se convirtió en el instrumento predominante para medir y calcular los fenómenos terrestres y celestes, mientras que una rama de la mecánica, la dinámica, monopolizó la mayoría de los esfuerzos de investigación. En este sentido, la “Revolución matemática”(14) que vino de Italia hacia 1620 y el surgimiento de numerosos sabios italianos como Tartaglia, Cardan, Benedetti, y luego Torricelli, expresaron muy bien el espíritu del tiempo, por cuanto coadyuvaron en la racionalización, vía el cálculo matemático, de las leyes que gobernaban la balística naciente. Para que esta última se constituyese en una nueva ciencia, fue necesario un alejamiento gradual de la concepción errónea que Aristóteles tenía del movimiento(15), la cual había regido los principios de la mecánica durante toda la edad medieval. La correlación entre física terrestre y física celeste(16), que hombres como Copérnico, Kepler, Galileo, Gassendi, Descartes, habían tratado de demostrar a través de leyes físicas, fue finalmente formulada por Newton a través de la ley de la gravitación universal. Asimismo, la noción de masa estudiada por Newton, que considera la velocidad en la definición de la fuerza, permitió al matemático elaborar el concepto de “centro de gravedad”. Con ello, Newton reveló la existencia de un punto de convergencia de las fuerzas en la masa que le da a ésta su equilibrio, mientras brindó a los jefes de la guerra un elemento clave para la elaboración de su estrategia operacional.

Con esta “primera revolución científica” se abrieron las puertas de una lógica mecanicista y lineal implacables, en virtud de la cual se sedimentaron algunos axiomas como: cada efecto tiene su causa; el todo es igual a la suma de las partes individuales; y la ley de la reversibilidad excluye todo tipo de imprevisión(17). El reloj se transformó en el símbolo de esa era de movimientos regulares, inexorables y previsibles, y su ritmo en el parámetro que los decidores políticos y empleadores, en su afán de rentabilizar el rendimiento humano, lograron instaurar en la vida cotidiana de los individuos(18). En otras palabras, los principios de la física mecánica newtoniana impregnaron el pensamiento científico, político, económico, militar y socio-cultural de los siglos siguientes. Se puede afirmar que, hasta el día de hoy, la mecánica clásica dejó sus huellas a través de un determinismo que caracteriza todavía la manera de razonar de muchos sectores de la sociedad.

APLICACIÓN DE LOS PRINCIPIOS NEWTONIANOS EN LA GUERRA

El impacto que la Revolución científica newtoniana tuvo en el sector militar se tradujo en la introducción de máquinas pesadas y la formación de armadas masivas organizadas de modo que se manténgase el equilibrio numérico de las fuerzas. Los dos personajes que son normalmente erigidos como modelo de la guerra lineal de carácter newtoniano se encuentran en las personas del prusiano Federico el Grande de Prusia y de su émulo, el Mariscal Mauricio de Sajonia, que sirvió en la Armada francesa(19). Aplicaron de manera extrema en la táctica de guerra las leyes newtonianas del mecanismo del movimiento y, en el caso de Federico el Grande, de la fuerza ejercida como masa. Como lo nota Michel Foucault, a partir del siglo XVII se implanta en Europa, dentro del proyecto naciente de biopolítica, un sistema de disciplina que busca domesticar el cuerpo del hombre a través de un control estricto de sus fuerzas a fin de rentabilizarlas en base a una relación docilidad-utilidad(20)A ello se sumó el axioma según el cual «el tiempo pertenece a Dios y no puede ser desgastado»(21). Este sistema disciplinario, que se esbozó en los conventos y establecimientos religiosos educativos siglos antes, se tradujo a nivel de las Armadas por una racionalización de los movimientos tácticos, que se ejecutaban con la precisión matemática de un reloj, así como por la sumisión de los soldados organizados en líneas (las columnas estaban en proceso de ser introducidas) a un entrenamiento sistemático muy duro y a una cadencia difícil de emular(22). El movimiento rítmico de las tropas no tenía motor propio, sino que era monitoreado por el comandante, quien ordenaba y decidía cada paso, excluyendo así toda capacidad de maniobra autónoma de las Armadas. Esta forma rígida de combatir fue luego sujeta a grandes cambios, gracias particularmente a la comprensión que tenía Napoleón de la guerra y a las circunstancias histórico-sociales que permitieron a éste realizar una revolución en la organización de lo que hoy se denomina “estrategia operacional”.

LA ERA TERMODINÁMICA

La era Newtoniana había contribuido a la abstracción y sistematización de los principios físicos que gobiernan el movimiento, convirtiendo el reloj y su mecanismo en su símbolo supremo. A ello se aunaron las tentativas de Newton de racionalizar las experiencias que realizó en materia de energía térmica, básicamente aquellas relativas a la transferencia de calor en medios dados. Esas investigaciones, que desembocaron en la Ley del enfriamiento de Newton, constituyeron un aporte importante a la fabricación de la máquina a vapor. Esta etapa echó las bases para que la fase ulterior del desarrollo científico, la termodinámica, pueda emanciparse de la tracción manual, animal, del viento o del agua, así como de la dependencia geográfica (cercanía a los ríos, al campo y, en consecuencia, distanciamiento de las ciudades), que las técnicas tradicionales de producción de fuerza motriz implicaban. Esta emancipación se materializó a través de la fabricación de un nuevo modo de propulsión autónomo, el motor. De esa manera, este último suplantó al reloj en tanto símbolo y fue erigido en la metáfora del nuevo periodo científico que se abría. Las investigaciones en materia de motores a vapor eran, en una primera etapa, destinadas a satisfacer los requerimientos de los sectores minero, metalúrgico y textil. Pero es sobre todo a partir del siglo XIX que el motor a vapor encontró sus esferas de aplicación privilegiadas cuando se orientó hacia los sectores ferroviario, marítimo y naval(23). En este sentido, la era termodinámica se presenta realmente como la ciencia ingenieríl, así como lo aseveraba el físico Ilya Prigogine(24).

La era termodinámica se asimila a la conversión de la energía en fuerza propulsora, con el calor como agente motor. Fue Benjamín Thompson (1753-1814), conde de Rumford, quien equiparó trabajo y calor. Como lo señalamos, la ciencia y el sector militar ya eran dos campos estrechamente entremezclados, por lo tanto no resulta sorprendente que Thompson haya sido el administrador en jefe de la Armada de Baviera, responsable de la supervisión de los cañones, y que el examen que hizo del estado de los tubos de cañones después de que dispararan le haya conducido a formular la equivalencia entre calor y trabajo(25). Es sin embargo en James Prescott Joule (1818-1889) que recayó el mérito de exponer la relación cuantitativa entre unidades de calor y unidades de trabajo(26).

La primera fase de la termodinámica se basaba en el fundamento que, en un sistema cerrado, la energía siempre se conserva y las únicas transformaciones que pueden intervenir se manifiestan bajo la forma de la conversión de la energía en otra forma de energía. Pero el equilibrio queda constante.  No hay fricciones perturbadoras que alteren el mecanismo global de la producción de energía. Como decía en la segunda parte del siglo XVIII el supuestamente primer químico francés, Antoine Lavoisier: “nada se pierde, nada se crea, todo se transforma”. Aquí podemos notar una cierta continuidad en relación con la mecánica newtoniana que, si bien tomaba en cuenta en el movimiento de los proyectiles el concepto de “resistencia”, presentaba a ésta como previsible y sujeta a cálculos precisos. Por ejemplo, Newton estableció que la resistencia en el movimiento uniforme de los proyectiles era proporcional a la velocidad(27). Dentro de sus consideraciones sobre la resistencia, empleaba en lugar de “fricción” el término “ruido”, el cual visualizaba como un fenómeno inocuo, ya que en el marco de su esquema el “ruido” no hacía variar el mecanismo global del movimiento(28). Es evidente que el minimizar el efecto de resistencia en la producción de energía motriz significaba ignorar toda forma de oposición y contingencia que llevaría a lo imprevisible.

En el siglo XIX, la sensación de “certidumbre”, que derivaba del carácter lineal y determinista del sistema newtoniano y de la primera fase de la termodinámica, fue perdiendo vigencia. Se debió a que el ingeniero francés, Sadi Carnot, descubriera en los años 1820 los elementos que sustentaban lo que se denominó “segunda ley de la termodinámica” cuando se formalizó cuarenta años después. Este segundo principio de la termodinámica establece que, en un sistema cerrado, el volumen de energía utilizable decrece debido a las fricciones inherentes al mecanismo interno y/o a la non-uniformidad de los parámetros en el sistema, que son la densidad de las partículas, la temperatura y la presión(29).  Se denomina “entropía” la medida de este fenómeno de disipación de energía(30)Con su corolario, la flecha del tiempo, que indica la irreversibilidad, la entropía apunta, desde el punto de vista de la representación imaginativa, hacia una desorganización e incluso una desestructuración del sistema(31). Se desmoronó entonces el reino de la reversibilidad y del reduccionismo, donde el todo es igual a la suma de las partes individuales. La creación de un cierto desorden resultante de la entropía reveló que el modelo newtoniano basado en la regularidad y el determinismo ya no correspondía a la realidad, incitando a la no-linealidad y su corolario, la “probabilidad”, a hacer su ingreso al campo de la ciencia.

¿ES EL ARTE DE LA GUERRA NAPOLEÓNICO LA METÁFORA DE UN PARADIGMA CIENTÍFICO?

El transponer los principios newtonianos en el plano militar significaba no hacer intervenir la noción de fricción en el teatro de guerra e implicaba que la progresión de la operación militar no podía ser desviada de su plan inicial. Ello se reflejaba en la práctica a través de una táctica inflexible así como de una composición y un movimiento rígido de las tropas que ningún elemento exterior podía perturbar, un aspecto por el cual Federico el Grande fue acerbamente criticado(32). En esas circunstancias, la emergencia de factores exteriores no previstos provocaba el desmantelamiento de todo el operativo, sujeto al caos.

Para Jomini, Napoleón no hacía otra cosa que aplicar mejor que otros los eternos principios de la guerra y, tanto en sus campañas como en las de Federico de Prusia, prevalecía la aplicación de axiomas newtonianos(33). Por su lado, Bousquet señala que los principios de la termodinámica insuflaron al sector militar una nueva dinámica y que Napoleón respondía perfectamente a este nuevo paradigma. Pone de relieve las semejanzas que existen entre el proceso de descentralización promovido por la termodinámica a través de la introducción de un motor que permite la auto-generación de energía y aquel suscitado por Napoleón dentro de su Ejército luego de fomentar la descentralización en la organización de su ejército mediante la formación de batallones, tal como lo había preconizado ya en 1770 (pero no puesto en la práctica) el militar francés Jacques Antoine, Conde de Guibert. En efecto, Napoleón articuló de manera eficiente las diferentes maniobras gracias a los ataques frontales y en los flancos lanzados contra la armada adversa, conservando así su libertad de acción frente al enemigo. Es en base a esas maniobras ofensivas, que generaban un punto débil en la armada adversa, que se lograba dislocar al enemigo y aniquilarlo. Ello se realizó gracias a la creación de divisiones autónomas, favoreciendo la emergencia de “líderes naturales” y aplicando en su táctica de guerra los preceptos de Sun Tsu, que son la sorpresa, la velocidad, y la concentración. Es decir que se promovían jefes jóvenes desde el interior de las tropas, un proceso de democratización que provenía de la Revolución francesa.
Según Bousquet, se puede hablar del reforzamiento de la capacidad de combatividad de los soldados gracias a la dosis de patriotismo y de orgullo nacional que Napoleón inyectó a sus tropas, dosis dinamizante que Bousquet equipara a la energía, vista ésta como un pilar de la termodinámica. Es decir, según el raciocinio de Bousquet, que la exaltación nacionalista que animaba las tropas napoleónicas se asemejaba a una especie de energía casi metafísica, que se metamorfoseaba en fuerza guerrera y que contribuía en influir directamente en el movimiento de la Historia, en el destino histórico del país. En otros términos, se asimila las fuerzas liberadas que avivaron el ideal nacionalista y revolucionario de las tropas napoleónicas a la transformación de la energía en movimiento mecánico, tal como ocurre en la termodinámica. Aludiendo a esta energía que servía de propulsor a la capacidad combativa de las tropas napoleónicas, Bousquet señala que, hasta el momento en que fuera decepcionado por la actitud de Napoleón, Hegel veía en él el “espíritu del mundo” y la encarnación del “motor de la historia”(34).

Analizando a Clausewitz, quien estudió de cerca el estilo de guerra de Napoleón, Beyerchen(35) indica que, para el estratega alemán, las guerras son sistemas en los que mucha energía se desgasta. Merman al hombre, su moral y recursos. Como vemos, Beyerchen traza explícitamente un paralelo entre los principios de la termodinámica y el pensamiento analítico de Clausewitz. El capítulo VII del libro I de De la Guerra de Clausewitz, parece darle la razón a Beyerchen, dado que de ello se desglosa que el estratega alemán estaba al tanto de los avances en materia de termodinámica. Toma de la terminología de la termodinámica la noción de “fricción” y plantea que “la fricción es la única concepción que de un modo bastante general corresponde a lo que distingue la guerra real de la guerra sobre el papel”. Añade: “Esta terrible fricción, que no se halla concentrada, como en la mecánica, en unos pocos puntos, aparece por lo tanto en todas partes en contacto con el azar, y produce así incidentes casi imposibles de prever, justamente porque corresponden en gran medida al azar”. Para Clausewitz, Napoleón era uno de los únicos en lograr interpretar las fricciones y aprovecharse de ellas(36). Esas contingencias, que pueden arruinar cualquier estrategia planificada en cada detalle, fueron entonces tomadas en consideración por el Emperador a fin de poder superarlas y tener así la ventaja sobre el adversario al estar en posición de controlar la situación. En otras palabras, pronosticar la injerencia de agentes no previstos para dominarlos permite a un Comandante conservar su libertad de acción, un imperativo fundamental en la guerra, y orientar de esa manera el curso de la batalla en beneficio suyo.

NAPOLEÓN ENTRE DOS FUEGOS PARADIGMÁTICOS

Si las acciones de los jefes históricos de la guerra se analizarían exclusivamente en función de principios científicos, uno podría aventurarse a objetar que Napoleón no pertenece ni a la era newtoniania, ni a la termodinámica, sino a la de la teoría del caos. En su libro The 33 strategies of war, Robert Greene(37) narra que Friedrich Ludwig, Príncipe de Hohenlohe-Ingelfingen(38), que había servido bajo Federico el Grande(39), había estudiado a Napoleón durante años y estaba desesperado por combatirlo y asestarle el máximo golpe de su vida. Su estrategia: recurrir a la famosa formación en orden oblicuo que Federico el Grande había ideado décadas antes y que se repitió en varias campañas. En Octubre 1806, cerca de la ciudad alemana de Jena, Hohenlohe finalmente encontró a Napoleón. Todo estaba listo del lado prusiano: tambores para marcar la cadencia y soldados alineados como robots bien adiestrados. Pero se enfrentaron a una armada napoleónica totalmente indisciplinada, dispersa, con franco-tiradores en los techos, cada soldado actuando de forma totalmente autónoma con una velocidad asombrosa, contribuyendo a romper las formaciones prusianas. En un momento totalmente inesperado, amplios conjuntos de soldados napoleónicos surgían de la nada para envolver a la armada de Hohenlohe. Este último no había entendido la práctica descentralizada de Napoleón. Peor aún: incapaz de adaptarse a las circunstancias, persistía en ordenar a sus tropas efectuar las series de movimientos retrógradas y obsoletas que en nada ayudaban frente al orden en el caos de Napoleón. Los prusianos perdieron la batalla de Jena(40). Esta descripción corrobora lo planteado por el Mayor Mark T. Calhoun(41) de la US Army. Calhoun afirma por ejemplo que los cambios introducidos por Napoleón en sus tropas provienen de su capacidad de pensar la guerra en términos que hoy pertenecen a la teoría del caos. Por ejemplo, el Emperador era consciente que los campos de batalla ofrecían un nivel de complejidad elevado, pero que ésta y la incertidumbre que deriva de ella podían ser aprovechadas e incorporadas en la guerra a través de maniobras lideradas por agentes de cambio que desestructuralizarían el plan del enemigo. Esos agentes de cambio se encontraban, según Calhoun, en la persona de los Mariscales, una función creada por Napoleón, quienes orientaban “de manera consciente el proceso de auto-organización hacia modelos nuevos o más adaptables de relaciones y comportamientos”(42). La capacidad de adaptación, la astucia, la sorpresa, son los elementos claves que dominaban sus Mariscales. Gracias a esas cualidades, estaban en posición de precipitar la situación “al borde del caos” a fin de poder llevar a cabo la maniobra del “desbordamiento”(43) y ganar la batalla decisiva. Si retomamos la terminología propia a la teoría del caos, podríamos decir que la progresión evolutiva de este tipo de procesos complejos hace que emerjan otras estructuras promovidas por agentes de cambio. A partir de los sistemas complejos se desata un proceso interno dinámico que lleva a que elementos/interacciones no previstos puedan modificar una estructura en su integridad. En el caso de Napoleón, el pensar la complejidad, la emergencia y las probabilidades que dominan el teatro de guerra e incorporarlas en la conducta de la guerra fue posibilitado por el proceso de descentralización y de división de la Armada en batallones(44), semi-brigadas, sub-divisiones puesto en marcha por el Emperador, ya que permitió dar lugar al surgimiento de líderes capaces de suscitar una reorganización del campo de batalla gracias a su capacidad de adaptación.

Esta aseveración formulada por el Mayor Mark T. Calhoun(45) debe sin embargo ser relativizada, puesto que este modelo de descentralización respondió al modo de liderazgo propugnado por Napoleón al inicio de su mando. En su obra Histoire militaire de la France, André Corvisier subraya que, a partir de 1813, el espíritu de iniciativa y la capacidad de adaptación de los Mariscales tendieron a disminuir. A parte del Mariscal Louis-Nicolas Davout, nadie podía asumir tales funciones, por lo que Napoleón tuvo que sustituir a la maniobra la acción frontal, como ocurrió en Wagram y Waterloo. De esa manera, compensaba la debilidad de sus comandantes(46), en los cuales Napoleón perdía la confianza. El Emperador tampoco pudo vencer la guerrilla en España por su incapacidad de adaptación a las modalidades de combate de la guerrilla(47). Pero durante el periodo en que delegaba las misiones a sus jefes de guerra permitiéndoles liderar el proceso de decisión en las operaciones que dirigían, el estilo de combate dinámico que Napoleón adoptó fue aquel llamado luego por los alemanes la “Auftragstaktik”(48). Este concepto se refiere a una organización operacional descentralizada(49), que se realiza en función de misiones tácticas lideradas por comandantes flexibles e independientes. Como lo nota Bousquet, el Auftragstaktik representó una modalidad de combate que dotaba a los comandantes de la facultad de tener un nivel de iniciativa mayor a fin de poder adaptarse a la fluidez de la batalla y de las circunstancias(50). O sea, las modalidades de combate de la Auftragstaktik, tal como las prevé la teoría del caos, son similares a las que aplicó Napoleón cuando se encontraba en su fase de creatividad estratégico-militar.

Conclusión

Pese a que podría resultar para muchos tentador asimilar el arte de la guerra a los diferentes paradigmas científicos, ya que con ello el análisis de las guerras se hace más mecánico y, por ende, más fácil, se tiene que tomar en cuenta que, si bien la guerra tiende a integrar siempre más principios provenientes del ámbito de la ciencia, las batallas son libradas por hombres motivados por consideraciones doctrinales, culturales, subjetivas, entre otras. Tanto Maquiavelo como Clausewitz pensaban que un buen jefe de guerra sabía manejar el azar, llamado por el primero «fortuna» y por el segundo «fricciones». Hasta ahora resulta difícil para la tecnología suplantar al hombre en su capacidad de captar, entender e incorporar, en medio de la realización de una maniobra programada con antelación, las alternativas que se presentan con el surgimiento del azar.

Incluso los soviéticos, quienes fueron los grandes promotores de un sistema político-económico sustentado en la predominancia de las fuerzas productivas, y en consecuencia, de una visión cientista y determinista, reconocieron las limitaciones de los principios científicos en la guerra. Para ellos, “existen invariantes en la historia de la guerra que se expresan en la articulación entre los diferentes niveles de la operación y a través de las formas de estructuración y de organización de las fuerzas como en los principios que guían los planes formulados por los comandantes. Pero más allá que las simples capacidades de producción en cuantidad y cualidad o que los recursos presupuestarios, se tiene que tomar en cuenta la moral de las tropas y de la población, las formas sociales de organización que intervienen directamente en la manera de combatir(51) así como la correlación de fuerzas a nivel interno e internacional”, que, en una guerra, juega un papel de suma importanciaEs decir, por abarcar un infinito de ámbitos, la guerra se vuelve en una actividad total(52), y por ello no puede ser explicada en función de principios científicos”. Este párrafo tiene aun más vigencia si se considera, como lo señaló Jean-Paul Sartre(53) en su conferencia dada en 1955 sobre Stalingrado, que es gracias al combate encarnizado del pueblo soviético contra el invasor que las fuerzas armadas soviéticas vencieron a los alemanes en 1943, abriendo el camino para la victoria de los europeos sobre los nazis dos años después(54).

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Notas de pie:

(1) Antoine Bousquet.The scientific Way of Warfare. Order and Chaos on the battlefields of Modernity. Hurst & Company. London. 2009. Bousquet, a su vez, se inspira de la misma teoría sintetizada por Manuel de Landa en su libro War in the Age of Intelligent MachinesSwerve Editions. New York. 1991.
(2) Ibid.
(3) 639 - 547/6 a. C.
(4) Lucien Jerphagnon. Histoire de la pensée. Philosophies et philosophes. 1. Antiquité et Moyen AgeEditions Thalandier. 1989.
(5) Entre los mecanismos a los que recurrió en la guerra contra los romanos, figuran la palanca y la polea. Es estudiando el movimiento de los planetas que Arquímedes fue llevado a formular el principio científico según el cual: “Dimensiones inconmensurables se equilibran a distancias inversamente proporcionales a sus respectivas gravedades” que le permitió idear el mecanismo de la palanca como punto de apoyo. Para más detalle, ver Arquímedes. Matemático y físico griego.(287- 212 a . de C.). Por Eduardo Congrains Martín. (Colección “Grandes Hombres de la Historia”. Tomo II. Científicos).
(6) Sus maestros habían sido impregnados de la enseñanza de Euclides.
(7) André Pichot. La Naissance de la science. Mésopotamie, Egypte. Editions Gallimard. 1991.
(8) Ver p.293. Sécurité, territoire, population. Cours au Collège de France. (1977-1978). Gallimard. Seuil. Oct. 2004.
(9) Ver p. 340. Sécurité, territoire, populationOp.cit.
(10) Ver Michel Foucault. Il faut défendre la société. Cours au Collège de France (1975-1976). Editions du Seuil. Paris. 1997. P.42.
(11) Ver P. 304. Michel Foucault. Sécurité, territoire, population. Op.cit.
(12) Ver P. 149-150, Jacques le Goff. Les Intellectuels au Moyen Age. Editions du Seuil. Paris. 1985.
(13) El conocimiento abstracto se enmarca dentro de una metodología que procede de Aristóteles y el conocimiento intuitivo  se inscribe en la línea de inspiración agustiniana. Ver Olga L. Larre de González. El conocimiento intuitivo de lo no existente en Guillermo de Ockham: contexto y limitaciones de la ejemplificación ockhamista. En
http://bdigital.uncu.edu.ar/objetos_digitales/3814/03-larre-scripta-v3-n1.pdf
(14) Es menester mencionar que las matemáticas, en la edad medieval, tenían un alcance mucho más amplio que hoy, dado que involucraban la geodesia, las medidas en la arquitectura, las de la profundidad del agua, de la tierra, las medidas en la balística.Ver Des mathématiciens au service des Princes. La Recherche. La science et la Guerre.400 ans d’histoire partagée. Hors série nº7. Avril/Juin 2002.
(15) El mundo físico de Aristóteles derivaba de sus concepciones cosmológicas. Para él, el mundo era en movimiento perpetuo y a cada movimiento correspondía un factor motor. Al ascender en la jerarquía de los movimientos, de la dinámica propia a cada ser y objeto, se llegaba al origen de este movimiento, que era una fuerza suprema, un motor inmóvil, que le daba a las cosas una dinámica. Ver p. 49 Atlas de la Philosophie.Peter Kunzmann, Franz-Peter Burkard et Fraz Wiedmann. Collection Encyclopédies d’Aujourd’hui. La Pochothèque. 1993.
(16) Ver Alexandre Koyré. Etudes d’histoire de la pensée scientifique. Gallimard. 1973.
(17) Ver La mécanique au XVIIème siècle. René Dugas. Editions du Griffon.Neuchatel-Suisse. 1954.
(18)También es menester mencionar que son las campanillas de los Monasterios las que daban el ritmo a la vida social antes de que lo hiciera el reloj. Ver Jacques le Goff, La civilisation de l’Occident mediéval. Editions Arthaud. 1965.
(19)Hijo natural del rey de Polonia, Mauricio de Sajonia fue incorporado en la Armada francesa, a la cual sirvió en tanto que Mariscal.
(20) Ver Michel Foucault. Surveiller et punir. Naissance de la prison. Editions Gallimard. 1975. P. 161.
(21) Ver Michel Foucault. Surveiller et punir. Op. cit. P.179.
(22) Ver William Mc Neill. La recherche de la puissance. Technique, force armée et société depuis l’an mil. Chapitre VI. Influence des révolutions politique et industrielle sur l’art de la guerre. P. 207-240. Editions Economica. Paris. 1992.
(23) Ver la serie de artículos que escribí sobre la Guerra ruso-japonesa en la que describí la evolución de la máquina a vapor, situando su primer ejemplar en la “máquina a vapor” fabricada por Herón de Alejandría y llamada “Aeolípila”.
(24) Ilya Prigogine. 25 January 1917 – 28 May 2003. Sobre Ilya Prigogine, ver mi artículo La ciencia del caos y la táctica de guerra en el caos.
(25) Ver La thermodynamique chimique. Les Éditions Études Vivantes. 2001. P.5.
(26) Ibid.
(27)La ley de la resistencia de Newton era proporcional a la velocidad, luego al cuadrado de la velocidad y finalmente a una combinación linera de ambos. Ver Michel Blay. Les “Principia” de Newton. Editions Presses Universitaires de France. 1995.
(28) Ver Antoine Bousquet. The scientific way of warfare. P.47.
(29) Ver Chapitre 4. Le second principe. La fonction entropie. Institut de Physique de Rennes. UMR Université de Rennes 1 - CNRS n° 6251.
(30) Ver Michael D. Bryant. Accenture Endowed Professor. Entropy and Dissipative Processes of Friction and Wear. University of Texas at Austin. Mechanical Engineering Department.
(31) Ver Alain Hersovici. Historicité, entropie et instabilité structurelle: une étude préliminaire.
(32) Ver Antoine J. Bousquet. The Scientific Way of Warfare: Order and Chaos on the Battlefields of ModernityOp.cit. P.76.
(33) Ver p. 11. Bruno Colson. La culture stratégique américaine. L’influence de Jomini.Editions Economica. 1993.
(34) Ver Antoine J. Bousquet. The Scientific Way of Warfare. Op.cit. P.77.
(35) Alan Beyerchen. Clausewitz: Non linearity and the impredictibility of war.International Security, 17:3 (Winter, 1992/1993), pp. 59-90.
(36) Citado p.43 en Décider dans l’incertitude. Général Vincent Desportes. Edition Economica. 2007.
(37) Ver Robert Greene. The 33 strategies of war. Penguin Books Ltd. 2007. Pp.16-17.
(38) 1746-1818.
(39) 1712-1796.
(40) Ibid.
(41) Mark Calhoun. Complexity an Innovation: Army transformation and the Reality of War. Op. cit.
(42) Ibid.
(43) Para ver el funcionamiento del desbordamiento, ver mi artículo Tácticas futuras en la guerra: hacia una robotización del campo de batalla.
(44) Es menester mencionar que la idea de subdividir a la Armada no emane de Napoleón, puesto que el General Jacques Antoine Hyppolyte Guibert preconizaba antes de Napoleón el fraccionamiento de las Armadas y privilegiaba la movilidad y la maniobra en la guerra. Ver Dictionnaire de la Pensée Stratégique. François Géré. Editions Larousse. 2000. P.128-129.
(45) Ver Mayor Mark T. Calhoun en su artículo Complexity an Innovation: Army transformation and the Reality of War. School of Advanced Military Studies. United States Army Command and General Staff College. Fort Leavenworth. Kansas,
(46) Ver Histoire militaire de la France. Des origines à 1715. Sous la direction de Philippe Contamine. Presses Universitaires de France.  Paris. 1997.  P.335.
(47) Ibid. P.334.
(48) Alan Beyerchen. Clausewitz: Non linearity and the impredictibility of war.International Security, 17:3 (Winter, 1992/1993), pp. 59-90.
(49) Ver Joseph Henrotin. Les ré(é)volutions du caméléon. Combat futur et formation des structures de force entre Transformation, guerres hybrides et nouvelles formes d’application des conceptions de techno-guérilla. Centre d’Analyse et de Prévision des Risques Internationaux (CAPRI).
(50) Alain Bousquet. The scientific way of warfare. P.32 y P.87.
(51) Jacques Sapir. Le discours stratégique soviétique. Elaboration et pertinence d’un langage stratégique. Revue Mots. 51. Juin 97. Pp.22 à 40.
(52) Ibid.
(53) Jean-Paul Sartre. La Leçon de Stalingrad in: France – U.R.S.S., no. 115, April 1955, S. 4-5.
(54) Ibid.