viernes, 28 de marzo de 2014

MARCELO COLUSSI: ANUNCIOS DE LA VERGÜENZA




27-03-2014

En alguna ciudad latinoamericana donde no abundan los ricos precisamente, pueden leerse, uno tras otros, los siguientes anuncios publicitarios en enormes vallas callejeras: “Hay un mundo mejor… ¡Pero es más caro!”; o este otro: “El 0.000001 % aparece en nuestras listas. El resto nos lee. Revista Forbes”. Y en alguna publicación, elegantemente presentada en fino papel satinado: “¡Bienvenido a la clase!”, firmado por una lujosa marca de automóviles. 

Vivimos en un mundo –así nos cansamos de escucharlo, más aún durante las dictaduras que asolaron nuestros países en estas últimas décadas– “occidental y cristiano”. Occidental, no sólo por la posición geográfica, eso está claro (el planeta no tiene Este y Oeste; eso es un código humano. ¿Quién inventó el Meridiano de Greenwich?). En todo caso, ello intenta significar diferencias de cosmovisiones: hay una línea imaginaria que separa tajantemente dos mundos, dos maneras de ver la vida. La nuestra, occidental, va de la mano de aquello de “cristiano”. Y se profese o no esta religión monoteísta basada en la figura de un Dios masculino, todopoderoso y a veces bastante sordo a nuestras súplicas, nadie puede escapar a la ideología cristiana dominante. Nos guste o no: ¡somos occidentales y cristianos! Ser, por ejemplo, musulmán o budista en nuestro medio no deja de constituir una excentricidad. Y nos guste o no también, vivimos en un mundo donde el consumo nos define. Dime qué consumes y te diré quién eres. Eso es Occidente. 

De esa manera, todo el mundo sabe –aunque no lo practique– que es de buen cristiano poner la otra mejilla así nos hayan pegado en la primera. Es decir: en nuestro mundo cultural cristiano (y occidental), donde el Hijo de dios, dios encarnado, el Mesías o como se le quiera llamar vino a enseñárnoslo hace dos milenios, debemos ser solidarios, humildes y no arrogantes. Eso, al menos, es lo que se ha escuchado siempre. Somos “buenos” en tanto no somos altaneros, soberbios, despectivos del inferior. Recuerdo un refrán que nunca deja de impresionar: “la codicia rompe el saco”. La bondad se une a la solidaridad. No hay que mostrarse ostentoso. 

Incluso algunos sacerdotes que conocí personalmente –dos de ellos masacrados en El Salvador en 1989– predican con su ejemplo todo eso. Haber sido asesinados en ese país centroamericano justamente por mantener esos ideales me hizo cuestionar el tema de la solidaridad. ¿Será que el mundo realmente quiere eso? Pero entonces ¿cómo entender estos anuncios publicitarios?

A decir verdad, la única “Solidaridad” exitosa que he visto hasta ahora fue el sindicato que en Polonia, liderado por el luego Premio Nobel de la Paz Lech Walesa y apoyado por el Papa Juan Pablo II, sirvió como instrumento para derrotar al gobierno comunista y restaurar el capitalismo en ese país. Y, a decir verdad también, esa Solidaridad –dicen que financiada por la CIA– no parecía muy comprometida con estos valores de humildad y altruismo. En todo caso –debo confesarlo– me parece más cercana a lo que los carteles de marras transmiten: “¡sea exitoso! ¡Entre al mundo de los mejores! ¡Marque su diferencia!” ¿Consumiendo cosas caras entonces? Pero…. ¿cómo? ¿Y la humildad y toda esa retahíla de pomposas declaraciones que condenan la ostentación? 

Y ahí empiezan las contradicciones. Si vivimos en un mundo occidental y ¡cristiano!, ¿qué será lo que significan las propagandas citadas? ¿Cómo es posible esto: no es malo ser arrogante, jactancioso, soberbio, petulante y presumido? Porque, me parece, estas promociones a eso apuntan, ¿no? Si la codicia rompe el saco, ¿por qué ensalzarla? 

Definitivamente, creo que la gran mayoría de la población del mundo jamás podrá ingresar en ese 0,000001 % de los que aparecen en las listas de multimillonarios. ¿Estamos condenados a no ser “exitosos” entonces? 

Lo más patético es que buena parte del 99,999999 % restante se termina creyendo estas propagandas y pensando que sí podrá algún día.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=182555

TIENES 53 AÑOS Y TIEMBLAS



       Tienes 53 años, estás empezando una nueva relación sentimental, un nuevo abalorio en el collar de la vida y te sientes fuerte, poderosa, capaz de ser feliz y de hacer felices a quienes te rodean.

       Pero una mañana te despierta el temblor involuntario de un pie y de una mano. No le prestas atención: tienes que ocuparte de cosas mucho más importantes. Pero el temblor se repite, te produce malestar porque distrae a tu interlocutor del mensaje que le transmites. Lo peor es que se presenta cuando compartes algo que te produce pasión, tristeza o furia.

     La frecuencia de esos episodios te arrincona y obtienes una cita con el médico de la familia. Estás en otro país y ésta es tu primera atención de salud en él. Afortunadamente nuestro médico de familia, el Dr. Johan  Thielen habla cinco idiomas, es amable, eficiente y callado, es uno de los pocos profesionales de la salud que dedica media hora de atención a sus pacientes y evita bombardearnos con medicamentos, apelando a soluciones naturales y aplicando sentido común. 

     Te escucha atentamente, te hace varias pruebas de coordinación pero no quiere adelantarte una opinión y te indica que debes acudir a un neurólogo.

      Sigues sus instrucciones y te recibe un médico serio, formal, que te pide que camines hasta la puerta y luego te indica que te sientes al borde de la camilla, te formula preguntas sencillas que respondes tranquilamente. Te solicita que hagas movimientos de coordinación con las manos y tú piensas que estás perdiendo tu tiempo.

      Luego te sientas frente a él y te dispara estas frases:

—Usted padece una enfermedad neurológica, degenerativa e incurable. Usted tiene el mal de Parkinson.

         Y crees que ese médico serio y formal está desplegando contigo su insospechado sentido del humor. Como para rubricar el momento, tu mano y tu pie izquierdos se sacuden y tú sientes mucho frío.

         Te explica que el Parkinson aparece cuando ya no puedes producir suficiente dopamina, una hormona que actúa como cable de comunicación, como un conector, entre tu cerebro y tus músculos. Ante la insuficiencia de dopamina los músculos se mueven espontáneamente.

         El Parkinson no se puede curar, te advierte el médico, pero se puede controlar en cierta medida con medicación. —Usted tendrá que tomar toda su vida un sucedáneo de la dopamina que su organismo ya no produce.

         Tu familia no puede aceptar esa noticia, apelas a una segunda opinión. Y acudes a un renombrado especialista, el doctor y profesor Patrick Santens, en el hospital universitario de Gante, para que te dé una respuesta que puedas asimilar.

         Esta vez conversas con un neurólogo que tiene mayor sensibilidad y  que es más didáctico.

         —Sin que lo hayan invitado, el señor Parkinson ha decidido compartir su vida con usted y solo le queda aprender a vivir con él. Usted es una mujer fuerte y luchadora. Su futuro bienestar depende mucho de la actitud que usted adopte y aquí estamos para ayudarla.

         Empiezas a investigar, a preguntar, a leer más sobre este mal y descubres que de él se sabe muy poco, a pesar de que sus síntomas se describen en textos vedas fechados dos mil años antes de Cristo y en papiros egipcios. Te preguntas si habría la misma ignorancia si este mal afectara los órganos reproductivos masculinos…

      El origen del Parkinson parece ser una mezcla de factores genéticos y ambientales, y la verdad es que no te consuela saber que en el mundo la prevalencia del mal sea de siete por ciento, ni que haya alrededor de cinco millones de personas que lo sufren como tú.

         Has aprendido que en la enfermedad no hay justicia, que no es un castigo merecido y que, por mucho que te quieran tus familiares y amigos más cercanos, el Parkinson no se puede compartir y no se puede curar.

         De ahora en adelante depende de ti. Tienes que enfrentar a tus dos verdaderos enemigos: el stress y la depresión, y debes aprender a vivir con míster Parkinson.

         El vigía eficiente que la naturaleza puso en tu cerebro, y cuyos sabios consejos te han salvado varias veces, te lanza un solo mensaje: no te atiborres de medicamentos. Desde que la medicina optó por aliviar los síntomas, en vez de curar el origen de las enfermedades, los humanos nos envenenamos con productos cuyos efectos finales todos desconocen, incluso los laboratorios que los fabrican y que se enriquecen con ellos.

       Lo ves claramente cuando tu neurólogo se encuentra ausente y su suplente, una joven doctora, te evalúa, determina que realmente tú no quieres adaptarte a los medicamentos y te conmina, con severidad, a poner más de tu parte. Sin mirarte y muy suelta de huesos te receta una pastilla para que no se te paralice el pie y para que pueda temblar, otra gragea para suprimir los temblores, una cápsula relajará tus músculos pero hará que te inclines hacia un costado al caminar. Para enderezar tu postura garabatea otro producto en la receta y te advierte que esta tableta te producirá una jaqueca que debes aliviar con un analgésico que te irritará el estómago y para eso sigue anotando nombres ilegibles…

         Botas a la basura la larga receta y acudes a la medicina natural.

         Sacha Barrio Healey, el sanador que has tenido la suerte de encontrar, te escucha atentamente, estudia tu pulso, tus manos, tu lengua, tus pies, evalúa tu energía, te prescribe una dieta nutritiva y saludable porque “somos lo que comemos” y te pone en manos de dos plantas humildes pero eficaces: la coca y la cúrcuma para que colaboren con la dopamina química que tienes que tomar.

       Así conoces personalmente a una hoja maravillosa que tiene muy mala prensa pero que potencia la acción de la dopamina. Es una planta que hace milenios que lucha exitosamente contra la depresión, que fortalece tus huesos, te hace comprenderte mejor, refuerza tu memoria, despierta tu alegría, te reconoce como parte integrante de la naturaleza y hace que te quieras y respetes como nunca lo habías hecho.

      Gracias a la harina de la coca, sagrada y generosa, a pesar de haber sido tan injustamente perseguida y humillada, logras convivir en paz con míster Parkinson, incluso aceptas los temblores con alegría, porque sabes que cuando dejes de temblar estarás cruzando el umbral del Parkinson rígido, que tiene mal pronóstico.  Y con estos aliados desarrollas una existencia útil, activa y hasta feliz durante diez años.

       Sabes que arrasar con la coca porque puede  ser convertida en cocaína es como destruir para siempre la vid porque puede ser convertida en licor. La coca fue un descubrimiento de una cultura de sabios ingenieros, conectados respetuosamente con la naturaleza. Es una generosa fuente de calcio (dos mil unidades de calcio por 100 gramos de coca), hierro, vitaminas, el mejor legado que nos dejaron nuestros antepasados precolombinos.

         La vida te envía al Doctor Nicanor Mori, un experimentado neurólogo, joven, de mentalidad abierta, y juntos estudian como dominar al señor Parkinson. Tu neurólogo te dosifica mejor la dopamina y te anima y fortalece. En lugar de recetarte mecánicamente una sarta de productos químicos, aplica brillantemente su sentido común.

         En tantos años de convivencia con el sísmico Parkinson han surgido muchas “curas definitivas”, te has ilusionado en vano con las células madres, con el implante de chips, has tenido buenos resultados con los imanes. Acudiste al Reiki, la reflexología, los masajes y la acupuntura. Has consultado a especialistas de Europa y Argentina, has indagado sobre los tratamientos de Cuba.

       Apenas ayer te enteraste de las bondades de la apiterapia y hoy tuviste tu primera sesión. La abeja transmite, entre otros neurotransmisores, Dopamina y Serotonina. Rosa Luz, la persona que te hizo el tratamiento te agradó, su respeto y gratitud hacia los laboriosos insectos y hacia la naturaleza en general te levantaron el ánimo. La naturaleza nos ofrece lo que necesitamos en la forma más saludable.

      También te enteras de que la Mucuna es una especie de frejol que produce dopamina pero su consumo directo es un poco complicado porque puede ser tóxico. Tal vez si la hubieras tomado al comienzo de tu enfermedad te podría haber ayudado.

         Pero el mal avanza y necesitas tomar más dopamina, enfrentas otros decenarios en el rosario de tu vida. Ya no puedes trabajar como antes, ahora tienes 63 años, y aunque tu cerebro no ha perdido muchas facultades, te sientes más vulnerable.

        Ya no eres la mujer pulpo que hacía eficientemente seis cosas a la vez, intérprete simultánea que viajaba por el mundo traduciendo temas técnicos, emitidos por los oradores en exóticos acentos. Te has vuelto lenta, tu pie izquierdo es más autónomo, se acalambra, se agarrota, frena y te atormenta cuando menos lo esperas, y cuando menos lo deseas.

        Ya no puedes viajar, a veces apenas puedes caminar. Pero, felizmente, puedes hacer en casa traducciones escritas y correcciones, puedes leer, puedes escribir y, afortunadamente, todavía tiemblas.

         Estás en esa etapa de la vida en que empiezan a irse para el silencio tus seres más queridos, tus mascotas, tus colegas, tu adorada y admirada hermana, arrasada en pocos meses por otro mal neurológico. Te divorcias, vives sola. Entonces se envalentona la depresión y la madre coca se ve en aprietos para dominarla.

        Quieres aislarte, te fastidia que te hablen, odias las preguntas. Te estás volviendo un ogro.

         Te detienes y analizas todo lo que te rodea, ¿Qué ves en la televisión? Basura, cinismo y violencia que te estresan. ¿Qué oyes en la radio? Estridentes tonterías y chismes que te repugnan. ¿Qué lees en los diarios? Mentiras, calumnias, insultos.

       Y todo eso te afecta, temes ser una víctima más de la cacareada violencia ciudadana, mientras que los verdaderos ladrones: los bancos se roban impunemente tus ahorros y los de todo el mundo, escudados por gritos de Goooool y  concursos que humillan a los participantes.

       Te das cuenta de que se transmite la misma basura, en distintos idiomas, en todo el mundo. ¡Cómo no vas a deprimirte!

         Recurres entonces a la mejor terapia posible: deshacerte de la televisión. Buscas en internet la información verdadera en medios y foros alternativos, escuchas los programas radiales del argentino Felipe Pigna sobre historia, relatos a cargo de admirables escritores. Resucitas tu música preferida para huir de ese taladro monocorde, que hace papilla las neuronas en casi todas las estaciones de radio y lugares públicos. Frecuentas a tus queridos amigos pensantes, disfrutas con ellos de la música que te alegra, sostienes largas conversaciones que te enriquecen, evocas gratas anécdotas, disfrutas con películas en las que los actores actuaban, con documentales y series históricas. Relees los clásicos de tu infancia, aquellos libros que sí que formaban, que tenían ética y que nos convirtieron en personas útiles, no en bobos consumidores estresados porque no podemos comprarlo todo.

       Caminas en el parque, aprendes yoga, recibes acupuntura, contemplas el mar al atardecer con tus primas queridas, hueles las flores, aspiras con avidez el aire salado de tu océano Pacífico que tanto echaste de menos. Conversas con desconocidos que al despedirse te bendicen, agradeces el trato preferencial que te dan en los lugares públicos.

      Te simplificas la vida: remplazas los estresantes botones, broches y cierres con cómodos elásticos, los pasadores ceden el paso al velcro y ya no te atormentas luchando contra tapas herméticas pues algún genio (¡quizás parkinsoniano!) diseñó abrelatas y tijeras con orejitas especiales para esos avatares.

         Descubres las regalías de la soledad a tu edad. Ya no tienes que adaptarte a nadie, complacer a nadie, sacrificarte por nadie. Si no quieres hablar: cantas, si quieres bailar ¿qué te lo impide? Si quieres comer: ¡buen provecho! comes lo que te apetece y cuando lo deseas. Ya no tienes que cumplir con las obligaciones y expectativas que otros te imponen. Por fin eres libre de ser como tú quieres ser.

         Pero debes admitir que Mr. Parkinson no ha sido solo el malo de la película. También te ha permitido ser más selectiva en materia de trabajo y disponer del tiempo para escribir y estudiar literatura, sin sentirte culpable.

         Y, por haber sabido reconocer las ventajas de la vejez, te premias con el mejor regalo que la madre naturaleza ha puesto a tu alcance.

         Desde que perdimos el don de comunicarnos con ella, cuando permitimos que nuestra especie la deprede, empezamos a irnos cuesta abajo. Nos volvimos peones que no valemos nada en un sistema que todo lo destruye, un sistema que no se cansa de acopiar riquezas a expensas del padecimiento de los más débiles. Un sistema que inventa religiones que justifican el robo y que le conceden al ser humano una supuesta superioridad, nombrándolo “rey de la creación” con licencia para destruir todo lo que tiene vida.

         Tu vigía te advierte que necesitas recuperar la comunicación con la tierra, aquel contacto directo, equitativo y natural que nos era innato y que se nos ha atrofiado. Y buscas – o te encuentra – un conector mejor que la dopamina.

         Adoptas o, mejor dicho, te adopta una gata. Una gata majestuosa y maternal que ha sufrido, que reparte su tiempo entre su bella existencia y la tuya; que te relaja con el ronroneo que emite en la misma frecuencia que los latidos de la tierra; que te abriga el corazón y el cuerpo. Ella te acompaña, te sosiega; tiene un refinado sentido del humor y se divierte compartiendo juegos contigo, alejándote de la computadora y el sedentarismo, vigila que tomes tu medicina, te tiene paciencia y jamás te considera una vieja temblorosa, inútil o vulnerable.

         Es más, cuando un leve temblor de tierra mueve la cama, tu gata abre su único ojo, te mira como diciendo: ¡Ah! Eres tú, y regresa a sus ocupaciones favoritas: ronronear y dormir

         Recuperas las riendas de tu vida.

          Cuando no vivías con el señor Parkinson solamente supiste dar, ahora tienes que aprender a recibir.

          Por eso aceptas y agradeces el cariño solidario de tu hija, de tus primas, tus amigas, tus sobrinos, tus colegas y te dedicas seriamente a estudiar, para escribir lo que consideras importante preservar en la memoria de esta absurda y arrogante especie a la que perteneces.

         Y le dices a Mr. Parkinson que no tienes tiempo que perder con sus caprichos, que ya has puesto mucho de tu parte y que ahora es su turno: ¡O se acomoda o se larga!

Lima, Marzo 2014

Fuente:



jueves, 27 de marzo de 2014

UN NUEVO COMIENZO POR LA VÍA DEL MARXISMO (PARTE 2)


PALABRA Y ESENCIA PURA

sábado, 22 de marzo de 2014

En la página 84, editorial Gustavo Gili, de El lenguaje clásico de la arquitectura, John Summerson se expresa en estos términos: “En el caso de que alguien me preguntara: ¿está usted completamente seguro que todas estas obas –Piazza de San Pedro, fachada este del Palacio del Louvre y el Blienheim– son barrocas puras?, yo le respondería inmediatamente: no, por supuesto que no estoy seguro. Y es que no existe ese barroco puro, ya que el mero hecho de que exista una palabra no quiere decir que exista también la esencia pura que designa. Hay además otra razón: si bien puede demostrarse más allá de toda duda razonable que estos edificios tienen títulos suficientes para que los llamemos barrocos, podría demostrarse con idéntica certidumbre que hay en ellos elementos suficientes para descalificarlos como tales en ciertos contextos. Así que no nos calentemos más la cabeza. Miremos estos edificios en sí mismos y veamos lo que nos dicen”.

Los filósofos sí deberían calentarse la cabeza, pero con el fin de que los demás no se la calentaran. Desgraciadamente muchos filósofos más que aliviar las calenturas de cabeza las propagan y alimentan. Algunos creen que la filosofía es eso: calentarse la cabeza. No obstante, si observamos la conducta intelectual de Summerson, vemos la solución filosófica para no incurrir en ese error: nos invita a dejar a los conceptos de lado, en este caso el concepto de barroco, para ir a las cosas mismas y que ellas nos digan lo que nos tienen que decir. Es una invitación para que los conceptos se acomoden a las cosas y no para que las cosas queden atrapadas en las redes conceptuales vigentes. Las cosas de continuo rompen la unidad de los conceptos viejos, proponen nuevos contenidos que estos no poseen, exigen su renovación.  
La realidad siempre supera los conceptos, los desborda, los envejece. El dogmático, sin embargo, sigue atado a los viejos conceptos. Eso sucede mucho en el seno de la izquierda radical y marxista. La realidad les demuestra una y otra vez que no existe el socialismo puro, que no existe una esencia pura del concepto de socialismo, pero ellos siguen examinado la realidad con los contenidos conceptuales viejos del socialismo. Y de ese modo no enriquecen el concepto de socialismo con las realidades nuevas, no transforman el socialismo en un concepto flexible, sino que lo transforman en un ideolograma anquilosado, inútil, muerto.  



jueves, 20 de marzo de 2014

JORGE OSHIRO HIGA: “EL PERÚ SIGUE SIENDO UNA NACIONALIDAD EN FORMACIÓN”.



La sociedad nikkei y los nikkeis en general evolucionamos en todos los campos: financieros, profesionales, artísticos, entre otros. Que mejor que una entrevista a Jorge Oshiro para que nos ofrezca una visión filosófica de esta evolución en los diferentes campos de la vida.
Lugar y fecha de nacimiento: Lima, 25 de febrero de 1942
Padres:
·         Bunsey Oshiro (Nago shi)
·         Usa Higa (Nago shi)
Profesión: Profesor, traductor, escritor y filósofo.
Dentro de sus proyectos sobre Okinawa y el Japón está escribir una filosofía okinawense, como también una psicología de los Uchinanchu partiendo del «Ichariba Choodee»

- ¿Qué tiempo tiene en Alemania?
Estoy en Europa desde 1967. Primero en París y luego en Hamburgo desde el 69. Viví once años en Hamburgo y luego me vine aquí a Bremen. Es decir estoy más de 40 años en tierra germánica.

- ¿A qué se debió esta decisión?
Nadie sale por tanto tiempo de su país, de su patria; nadie deja voluntariamente a su familia, a sus amigos, su lengua. Si abandona su lugar de nacimiento y permanece tanto tiempo en un lugar extraño o extranjero tienen que haber razones muy poderosas. Siempre hay determinados problemas que lo obligan a dar este paso tan duro. En mi caso personal estos problemas tienen que ver con algo que llamamos “identidad cultural”.

- ¿Cómo se decidió por el estudio de la filosofía?
Precisamente el estudio de la filosofía fue la razón inmediata de mi llegada y la larga estadía en Alemania. Y en verdad, gran parte de la filosofía moderna es filosofía alemana: Leibniz, Kant, Hegel, Marx Schopenhauer, Nietzsche, Husserl, etcétera. Son filósofos alemanes. Ya desde los inicios del estudio de filosofía en la Universidad Católica escuchaba regularmente: si quieres estudiar seriamente filosofía, tienes que aprender alemán y vivir en Alemania. Cuarenta años después puedo decir que esta idea no era falsa, que había mucho de verdad en ello. Lo que no quiero decir que sin alemán no se pueda filosofar. Indudablemente esto es falso. Pero con el conocimiento del alemán y conociéndolo desde dentro tiene uno un instrumento valioso para la reflexión filosófica.

- ¿Es decir que su decisión por estudiar filosofía se debió en buena parte por el hecho de ser nikkei?
Pues todos los hijos de extranjeros en un determinado país tienen esta dificultad (la identidad cultural), como nosotros, hijos de japoneses nacidos en el Perú. Pero lo que es particular en mi caso es la forma de enfocarlo, de plantearlo y de resolverlo. Desde muy joven he tenido esta tendencia de “ir hasta las raíces de la cuestión”, para comprender un problema es decir filosóficamente.
Definiendo el termino nikkei…
Cuando yo dejé Lima (1967) no existía el término “Nikkei”. Lo que existía eran issei, nisei, sansei, etcétera. Por issei entendíamos los japoneses/okinawenses que habían llegado al Perú. Los “nissei” era la “segunda generación” (o también la síntesis de dos mundos), “sansei”, tercera generación, etc.
Que el término “nissei” se refiera a una generación, es muy relativo. Pues dentro de ellos había por lo menos dos generaciones. En mi familia mis hermanos mayores eran tan “nissei” como yo. Sin embargo eran de otra generación en cuanto a modo de comportarse, modo de pensar. Ellos eran mucho más japoneses que yo. Es decir se acercaban mucho más a mis padres (issei) que a los más jóvenes.
Sin embargo comparando con el nuevo término “Nikkei”, las ideas de nissei, sansei, eran algo más precisas. La nueva palabra es más global y corre el peligro de ser demasiado abstracta, es decir, querer decir mucho y no decir realmente casi nada.
Mientras que con el término “nissei” hablaba de hijos de emigrantes japoneses, y el sansei, hijo de los nissei, el nikkei habla simplemente de “descendencia japonesa” dejando en la abstracción la cercanía o lejanía de esa descendencia. Es decir la cercanía o lejanía de las raíces culturales. Con otras palabras se queda en la abstracción el tema de identidad cultural.
De allí venga probablemente esa necesidad de “definir” el término “nikkei”.

- ¿Qué es un nikkei-peruano?
Comencemos con el segundo atributo, el «ser-peruano». O para decirlo con Aristóteles: género próximo. Si digo el “hombre es un ser viviente o un animal que piensa”; si quiero definir al hombre y digo: «es un ser viviente», este es el género próximo. Con este atributo lo coloco junto con todos los seres de la naturaleza que viven. Y luego lo distingo de todo el resto de la naturaleza con la diferencia específica, es un ser que piensa.
Lo mismo con el atributo “peruano” ubico miles o mejor: millones de seres humanos que caben en esta definición. Y con la diferencia específica, “nikkei” distingo a un grupo dentro del género próximo, millones de peruanos. Un grupo dentro de esa totalidad que llamamos peruanos. Esto en cuanto a la forma lógica del tema. Pasemos ahora a su contenido.
Cuando hablamos de peruanos, estamos hablando de una nacionalidad o de una nación. Es decir cuando hablamos de un «nikkei-peruano» estamos hablando de la nacionalidad de un grupo de personas. Así lo distinguimos de un nikkei-argentino, de un nikkei-boliviano, de un nikkei venezolano, francés, etc. Pero también lo podemos a extender a un nikkei-latinoamericano o un nikkei-europeo.

- Pero detengámonos un momento sobre el concepto de nacionalidad…
En los años veinte del siglo pasado por primera vez en su historia republicana una generación notable de pensadores peruanos se plantea por primera vez de forma crítica la difícil pregunta de qué es el Perú. Y el más distinguido de todos ellos, José Carlos Mariátegui, escribirá: “El Perú es todavía una nacionalidad en formación“. Y lo va a escribir en un librito con un título muy significativo: «Peruanicemos al Perú». («Lo nacional y lo exótico»).
Para este pensador lo que entendemos como “peruano” todavía no existe, es un proyecto a realizar. En otro lugar escribe él:
“El pasado, sobre todo, dispersa, aísla, separa, diferencia demasiado los elementos de la nacionalidad, tan mal combinados, tan mal concertados todavía. El pasado nos enemista. Al porvenir le toca darnos unidad.”
Casi noventa años después la tarea sigue abierta para nosotros los peruanos, el Perú sigue siendo una nacionalidad en formación.
Cada peruano contribuye o tiene que contribuir a esta gigantesca tarea de la construcción de la colectiva y solidaria nacionalidad. Y tiene que contribuir a partir de sus propias raíces. El andino con su raíz andina, el afro-peruano con sus raíces africanas, los peruanos de origen europeo de la misma manera. De la misma manera los nikkeis.

- Pero ¿cuál es la raíz de los nikkeis?
Antes de responder fijémonos que aquí no se trata de una raíz en cuanto a nacionalidad. Pues nuestra nacionalidad es peruana. La raíz de los nikkei es japonesa u okinawense. Y aquí es necesario diferenciarla con toda claridad. Afirmar que la raíz de los nikkei es (exclusivamente) japonesa es deformar la realidad pues no se trata de una raíz nacional, sino cultural e histórica con una tradición completamente clara e distinta a la tradición japonesa.
Por todo lo dicho hablar del “nikkei-peruano” es hablar ambivalentemente. Mucho más claro y libre de confusiones es hablar de un peruano de origen okinawense, o un «peruano-okinawense»; o de un peruano de origen japonés, o un peruano-japonés.
1. Sobre la religiosidad de los nikkei
Hablar sobre los sentimientos religiosos de un determinado grupo o un pueblo es siempre complejo y delicado. Y exige de nosotros un gran respeto y sensibilidad. Y aquí quiero hacer un puente con lo dicho en nuestro punto uno, sobre los nikkeis.
Como nos referimos aquí de un hecho cultural específico, tendría que preguntar: ¿A que grupo específico se refiere uno cuando se habla de “nikkei”? Nos referimos a los descendientes japoneses o a los descendientes okinawenses.
Yo voy a hablar aquí de este segundo grupo, pues es el que mejor conozco, es decir que lo he vivido en los primeros 25 años de mi vida.
Ahora bien. El sentimiento religioso profundo de los uchinanchus tiene que ver directamente con el culto a nuestros antepasados, con el culto a nuestros muertos.
Voy a permitirme aquí repetir brevemente algo que ya he dicho en otro texto .
Las personas que nosotros estimamos o queremos, se presentan siempre en dos dimensiones diferentes. Cuando ellos están con nosotros, en su presencia. Y cuando ellos están ausentes. Cuando ellos están presentes descubrimos algunos aspectos valiosos de su ser. Cuando ellos no están con nosotros, decimos que lo o la extrañamos, lo/la echamos de menos. Que no es otra cosa que el descubrimiento de una ausencia, de un vacío. Esta conciencia de este vacío es fundamentalmente dolorosa. Y lo primero que queremos es que él o ella (el padre o la madre, la novia o el novio, el hermano o hermano, el hijo o la hija, el amigo, la amiga, etc.) vuelven a estar con nosotros. Esto es lo tremendamente humano que todos sentimos.
Esta ausencia es tan importante como la presencia para descubrir al ser querido. Y en esta ausencia comienza en todos los seres que comienzan a querer a otro un proceso de idealización o sublimación. En la ausencia el ser querido comienza a ser idealizado. Toda forma de amor sería imposible sin esta idealización. El amor no es otra cosa que el descubrimientos de determinado valores que encontramos en el ser que queremos (belleza, bondad, inteligencia, amabilidad, etc.). Es en la ausencia que este descubrimiento se idealizará y allí comienza este complejo fenómeno que llamamos amor.
Cuando un ser querido se nos muerte la ausencia se vuelve definitiva y la idealización absoluta. Así nace el kamisama. Que es la idealización consciente y absoluta del ser que amamos y lo hemos perdido definitivamente. Nosotros sufrimos y tratamos de sobrevivir esta ausencia en cuanto que idealizamos al fallecido.
La idealización del fallecido es un hecho religioso. O mejor es un hecho religioso-poético. Con la idealización creamos un sentimiento de lo bello; necesitamos esta poesía, es decir el proceso de embellecimiento para poder sobrevivir. Necesitamos a nuestros «kamisama» para seguir sobreviviendo dentro del dolor. Y nuestro «kami» siempre tiene un rostro, el rostro del ser querido que hemos perdido para siempre. Aquí no pensamos necesariamente en un cielo abstracto adonde van todos los muertos. Los muertos están en nuestro corazón, en el amor que sentimos por ellos y que la muerte no puede destruir. Decimos a nuestro muerto: te amo, y te amaré siempre; estarás siempre conmigo. Esto es lo fundamental. Podemos tener un altar donde venerarlos ofreciendo nuestro “senko”. Esto es la forma exterior-social de ese amor que tenemos interiormente.
Esto es lo esencial en todo fenómeno religioso. En el centro está siempre el amor a un ser querido que se nos ha muerto. Expresa un terrible conflicto existencial entre el amor que nosotros lo sentimos eterno, que nosotros lo queremos eterno, que nunca termine, y el hecho desgarrador que el amor en la presencia termina algún día. Así comienza el amor en la ausencia definitiva.
Sí, la religión (poesía) es el amor en la ausencia definitiva. Si somos religiosos es porque alguien que hemos querido en vida (en la presencia), lo queremos ahora en la ausencia porque se nos ha muerto. Somos religiosos porque amamos y porque es imposible dejar de amar a quien hemos comenzado a amar verdaderamente, es decir en lo más profundo de nuestro ser. Si no amáramos profundamente, no habría religión de ninguna naturaleza. Ni siquiera podríamos imaginar algo parecido.
Hemos partido de nuestros sentimientos religiosos como uchinanchus, como okinawenses. Hemos hablado que este sentimiento religioso descansa en el culto a los muertos, es decir a nuestros antepasados. Pero profundizando estas consideraciones llegamos que esta forma de comprender la religión no se puede limitar a los okinawenses, porque es un fenómeno universal. Todos los seres humanos que aman profundamente encuentran o encontrarán el sentimiento religioso, porque la religión no es otra cosa que el amor a la persona ausente, es el amor en la ausencia.
Si comprendemos la religión en ese núcleo esencial, como amor en la ausencia, podremos comprender que palabras como “ateo”, en el sentido del no creyente religioso no tiene sentido, como también no tiene sentido hablar de “religión oficial”.
Aquí encontramos la palabra “religión” en otro sentido completamente diferente. Así tenemos la “religión católica”, religión protestante, religión budista, shintoista, religión judía, etc. Aquí la religión no es poesía, sino es teología. Es decir un sistema de pensamiento que tratan de explicar el mundo, y dentro de él al hombre. Este sistema tiene además todo un aparato eclesiástico con sus sacerdotes, su obispos, sus cardenales y los miles de jerarquías y privilegios, etc. A medida que ha pasado el tiempo más sofisticados se han convertido todos esos sistemas y más alejados están de su sentido original, descrito arriba. Y los últimos escándalos en la iglesia cristiana (católicos como protestantes) en relación a los abusos sexuales con los niños que cometen sus sacerdotes con franca complicidad de los estamentos superiores, muestran la putrefacción de estos sistemas ideológicos.
Tal vez se pueda responder a tu pregunta en el sentido que muchos nikkei estén buscando el sentido original de la religiosidad descrito arriba, como amor en la ausencia de los seres queridos y que en nuestra tradición okinawense se exprese en el culto a los antepasados.

Filosofía occidental y filosofía oriental.
Estrictamente hablando la “filosofía” es una invención occidental, una invención europea, una invención que comenzó con los griegos.
Lo que existe o ha existido en todas partes, en Occidente como en Oriente (en China, en la India, etc.) en el Norte como en el Sur (en las culturas anteriores a la conquista y colonización) es la búsqueda de la “sofía”, es decir la sabiduría. Todos los pueblos del mundo han tenido o tienen sus sabios. Y como la sabiduría es un conocimiento que se adquiere con muchos años de experiencias y reflexión, estos sabios son siempre personas, hombres y mujeres maduras. La sabiduría no se llega en la juventud.
Aún en la misma Grecia, allí donde se comenzó con la filosofía, cinco siglos antes de nuestra era, también lo que predominaba era la búsqueda de la sabiduría. Y los grandes nombres que conocemos antes de la aparición de Platón y Aristóteles son todos ellos considerados como sabios: Tales, Anaximandro, Anaxímenes, etc.) Sócrates es el hombre de la frontera entre el sofos (sabio) y el filósofo.
Así se entiende la primera definición del filó-sofo: el amigo (filo) del sabio (sofos). Lo que existian eran los sofos. Eran estos sofos los hombres más admirados y respetados de su tiempo, precisamente por su sabiduría. Lo que viene después era algo mucho más modesto. Eran aquellos que por su admiración de la sabiduría, buscaban lo que precisamente era la sabiduría.
Aquí encontramos la primera gran diferencia entre el sofos (el sabio) y el filósofo. El sofos vivía (practicaba) la sabiduría, el filósofo estudiaba lo que era la sabiduría. Así aparece la Teoría. El filósofo es un teórico. Pero este carácter implicaba la aparición de un nuevo gran elemento que va cambiar el destino de estos países: la introducción de la escritura. Los sabios no escribían, vivían. Y Sócrates, como el último de los sabios en Grecia, tampoco escribió ninguna línea. Otro personaje considerado como gran sabio es Buda. Buda tampoco escribió ninguna línea. El trabajo de escribir lo harían sus discípulos.
Otro gran elemento al lado de la escritura es la ciencia (matemática). Tenemos la leyenda que Platón (filósofo) tenía una Academia. Al frente de la Academia había un letrero que decía: “No ingrese aquí aquel que no conozca las matemáticas”.
Tenemos entonces que en todas las culturas siempre han existido la búsqueda (práctica) de la sabiduría y que toda cultura siempre han tenido sus sabios. Lo mismo pasó en la vieja Grecia. Pero hay algo nuevo que aparece en Grecia. Acompañando los nuevos avances de las matemáticas que ya existían en otras culturas (ejemplo en el Egipto faraónico) aparece en este viejo país una nueva disciplina de llamamos filosofía. Y con esta nueva disciplina aparece un concepto central, la razón matemática o cuantitativa.
En este sentido Grecia es el primer capítulo de un desarrollo que se va a prolongar hasta el presente. Esta es historia del Racionalismo. La novedad entonces es la aparición en el pensamiento de un núcleo que rompe con el pensar hasta el momento vigente. El pensamiento tradicional era (es) reitero fundamentalmente práctico. El nuevo pensar acentúa el aspecto teórico y escrito. Y el fundamento de este pensar es matemático-cuantitativo.
Este pensar racionalista-europeo es altamente reductivo. Es decir el gran complejo de la realidad a una sola dimensión: la relación cuantitativa. Es decir esta visión está obsesionada a medir, pesar, calcular cada vez con más precisión.
En el siglo XVII el desarrollo de este pensar va tener un nuevo gran impulso con el Renacimiento. Dos motores podemos nombrar: el nuevo avance de las matemáticas (cálculo infinitesimal, Descartes, Leibnis) a nivel científico; la aparición de los elementos de la aceleración del mercado y de la industria. Y esto se va a sintetizar con el predominio cada vez mayor del dinero dentro de la vida de la sociedad. Y dentro de ella el predominio de una nueva clase: la burguesía. Por otro lado comienza con la influencia de la burguesía la importancia del individualismo dentro del contexto social.
No debemos olvidar otro gran factor que impulsará con los ya citados este desarrollo. El fenómeno de la colonización del resto del mundo (África, Asia, América).
Así se va a extender por todo el mundo una forma de pensar matemático-cuantitativa, basada en el dinero, en el individualismo, impulsada por la gran industria y el colonialismo por todo el mundo.
Así se rompe esta división entre Occidente y Oriente. Pues el Capitalismo europeo primero y luego el norteamericano se ha extendido, dominándolo, por todo el mundo.

- ¿Hay todavía un pensamiento oriental y otro occidental?
Para responder adecuadamente tenemos primero que hacer una consideración. Lo que existe dentro de este contexto es un pensamiento dominante, un pensamiento que tiene mayor influencia que los otros. Pero que no es el único. Frente a este pensamiento dominante existen otros pensamientos diferentes al pensar dominante.
Lo que llamamos por filosofía occidental es la filosofía racionalista-individualista-cuantitativa-capitalista como lo hemos visto arriba. Y este pensar domina tanto en Europa como en los EEUU así como también en el Japón. Pero tanto en Europa, EEUU y el Japón (como en el resto del mundo) existen otros modos de pensar que no descansan en la lógica del Poder sino que tienen otros parámetros diferentes. Dentro de estos pensamientos diferentes al pensamiento dominante podemos encontrar un tipo del pensar que se acerca a lo que tradicionalmente decimos sabiduría.

- Acerca de la sociedad nikkei en el futuro….
Ya decía anteriormente que el término nikkei era ambivalente. Este término deja en la abstracción la importante cuestión de la raíz histórica de dos grupos de peruanos, que aunque con muchos puntos de coincidencias, culturalmente son diferentes. Ahora bien para comprender mejor el futuro, es necesario ver con nitidez el pasado.
La Asociación Okinawense del Perú hablando de su misión dice:
“Conservar y difundir nuestro legado okinawense-peruano en homenaje a nuestros mayores, integrando a nuestra colectividad en torno a sus fraternos valores y ancestrales tradiciones.”
Esta es una magnífica formulación. Acentúa con claridad necesaria todo el legado que hemos recibido de nuestros padres y abuelos, de nuestros ancestros. Este legado es de extraordinario valor. De allí la importancia de conocerlo y vivirlo.
Pero es necesario dar un paso más. Conservaremos mejor este legado de fraternos valores si tenemos con nosotros la lengua misma de nuestros ancestros, el UCHINAGUCHI.
La lengua y la cultura
La lengua no es un mero instrumento de comunicación de una cultura. La filosofía del lenguaje nos muestra que la lengua es la cultura misma. Es en la lengua donde la cultura se expresa específicamente. Esto quiere decir que es principalmente en el Uchinaguchi donde encontraremos lo más íntimo de la cultura de los Uchinanchus. El legado de nuestro ancestro se encuentra sustancialmente en su propia lengua. Ellos no nos han transmitido su cultura en nihongo, como todavía algunos piensan. Esto es un grave error.
Pensemos un momento: nosotros peruanos, costeños, criollos, transmitimos nuestra cultura propia de la costa y criollo en inglés, o en francés. Imagínense nuestros valses criollos de los Troveros Criollos traducido al francés. Eso sería posible, pero ¿qué quedaría del criollismo del Carreta Jorge Pérez, cantando “Yo la quería patita” en francés? De allí que si alguien quiere estudiar la cultura de un país, lo primero que tiene que hacer es dedicarse a estudiar su lengua. Este es el primer paso, primero e imprescindible.
Ya en el siglo XVIII Wilhelm von Humboldt (el hermano de Alejandro, el descubridor de la corriente fría en el Pacífico que lleva su nombre) que fue unos de los últimos genios universales alemanes, afirmaba con acierto que toda lengua tiene en sí misma una “Weltanschauung”, una visión del mundo, es decir, una filosofía propia llena de sabiduría. Y la filosofía y la psicología de los okinawenses está muy bien expresada en el «Ichari-ba-choode».
Desde hace más de medio siglo, desde mi niñez y en toda mi juventud he escuchado ininterrumpidamente eso que el UCHINAGUchi no es una lengua, es solamente un dialecto, un hogen. Un hogen del japonés. Una especie de lengua de segunda categoría, de la misma manera que durante siglos se ha dicho que el quechua no era una lengua, solamente un dialecto. Esto es completamente falso. Y no solamente falso, esto es racismo lingüístico. Esto es expresión de desprecio por la gente que habla esa lengua.
El UCHINAGUCHI es una lengua autónoma y no es ningún dialecto del japonés ni de otra lengua. Tiene muchas coincidencias con el japonés, como el castellano tiene muchas coincidencias con el italiano o el francés. Y a nadie se le va a ocurrir decir que el español es un dialecto del francés o al revés.
Es en su historia y en su lengua que el okinawense-peruano encontrará los elementos que él requiere para vislumbrar su futuro.
En sus raíces históricas encontrará esa fraternidad que requiere para su integración en esta realidad peruana, todavía en proceso de buscar su unidad en un mundo sumergido en la concurrencia individualista, donde el dinero parece ser el único objetivo que se puede aspirar, en una civilización donde la ciencia parece haber perdido su norte orientador, allí el espíritu abierto y fraterno del Uchinanchu encontrará su mejor contribución viviendo intensamente su identificación con la ancestral tradición del “ICHARI-BA CHOODE”. En otras palabras: en sus propias raíces encontrará el okinawense-peruano su mejor manera de integrarse a esta nacionalidad en formación que es el Perú como decía Mariátegui.

- ¿Cuántos libros has publicado?
Razón y mito. El pensamiento filosófico de José Carlos Mariátegui. Pero tengo algunos libros escritos pero no publicados. El libro sobre Mariátegui me costó casi diez años de trabajo, el otro sobre Spinoza (filósofo holandés) también me costó como ocho años (interrumpidos) de trabajo; y otro sobre el pensador italiano Gramsci necesité otros cinco años. Estos dos últimos no los he publicado porque todavía no me gustan lo suficiente para llevarlo a la imprenta.

- ¿Y algún trabajo sobre Okinawa?
Estoy preparando el tercer libro sobre el Uchinaguchi, la lengua de Okinawa («Tanoshii Uchinaguchi»). Soy de la convicción que para entender una cultura es imprescindible conocer su lengua y conocerla desde dentro. Sin la lengua nuestra comprensión de la cultura será siempre incompleta. ¿Cómo conocer la cultura peruana de la costa, la cultura criolla, sin conocer el castellano? Sería muy superficial e incompleta. ¿Cómo conocer la cultura alemana o francesa o inglesa sin el alemán, el francés o el inglés?
Por esta simple razón nuestra comprensión de la cultura de nuestros padres y antepasados será siempre incompleta sin la lengua y sin su historia.
Dentro de los proyectos sobre Okinawa y el Japón están también escribir una filosofía okinawense, como también una psicología de los Uchinanchu partiendo del «Ichariba Choodee». Esto será para los próximos años.
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Fuente:
Publicado por Ruben kanagusuku en 17:04
24 Noviembre, 2010