martes, 26 de mayo de 2020

PERÚ: HAMBRE DE PODER




24/05/2020
“Hay gente que se está haciendo multimillonaria por el coronavirus, aunque no lo podamos creer”
Ricardo Darín, Argentina 

Una entrevista reciente a Beatriz Merino en el Canal “N” ha desnudado el apetito voraz de la clase dominante empeñada en recuperar posiciones de Poder y asumir el control del Estado en toda su extensión. Si a ella le sumamos la de Willax TV a Pedro Pablo Kuczynski, tendremos la versión completa de una película que nuestro país conoce y ha vivido por largos años. Ambos encuentros sintetizan los anhelos de una oligarquía dispuesta a consolidar el “modelo” neoliberal, al servicio del capital financiero y de la administración norteamericana.

El colofón, lo puso la CONFIEP, que rechazó categóricamente la posibilidad de establecer el control de precios por parte de Estado para los medicamentos básicos, afectados por la especulación de los emporios farmacéuticos.

Es claro que se trata de la punta del Iceberg, porque debajo de ese pronunciamiento bulle la más burda concepción mercantilista que rige la economía de mercado o, y que santifica en el Perú la cuestionada “Constitución de 93”. Ella se expresa en una sola idea: la libertad de los empresarios para gobernar a su antojo de acuerdo a las normas de la sociedad salvaje en la que la única regla válida, es la multiplicación del capital.

La CONFIEP ha buscado -y busca- sacarle el máximo provecho a la crisis sanitaria que nos agobia, Por eso, desde un inicio obtuvo el programa “Reactiva Perú”, para dar crédito estatal a los empresarios.

El primer beneficiado con él ha sido “Casa Andina”, un grupo hotelero de propiedad de Carlos Rodríguez Pastor -el primer multimillonario del Perú- que ha logrado un oneroso subsidio en provecho de su empresa;  y que, propietario de Inka Farma, Mia Farma, Fasa y Arcángel, ha alzado en un 250% el precio de los medicamentos.

Después, a CONFIEP le llovieron otras granjerías, incluido el “despido perfecto” de sus trabajadores para eludir obligaciones.

En pago, asumió la defensa de Julio Velarde, a quien Beatriz Merino calificó como “Gran Presidente del BCR”; justificó a las AFP alentando a la muy bien rentada Giovanna Prialé, Presidenta de la Asociación que las administra; protegió a los consorcios farmacéuticos;  bloqueó sin vergüenza alguna la posibilidad de un impuesto a “las más altas fortunas”; y hasta sacó la cara por la cúpula corrupta del fujimorismo, comenzando por “la señora K”. Todo eso, en una circunstancia en la que la honestidad y el decoro, debieran brillar más que el sol del mediodía.

Dos, son los conceptos más desarrollados en esta etapa. Por un lado, la idea de “la guerra” que enfrentamos; y, por otro, la defensa del modelo, que “no tiene la culpa” de lo que pasa.  Veamos.

Sustentando el tema de la guerra, muestran un criterio curioso. Sostienen que los que ahora hacen la guerra -y tienen que ganarla- son personas agresivas y confrontacionales, como corresponde a la etapa; pero que deberán ceder sus puestos, apenas acabe el conflicto, a otras que –en el marco de la paz- emprenderán la reconstrucción del país, respondiendo a un criterio diferente: la concertación y el acuerdo.

Las personas de la “reconstrucción” –dicen- deben ser gentes no conflictivas, ni guerreras; sino políticas, y concertantes, con experiencia y voluntad de acción. Ellas, deben integrar un nuevo Gabinete, licenciar al Presidente Vizcarra y asumir el control del país para asegurar el 2021 bajo su égida.

¿Quiénes deberán ser estos probos personajes?  Beatriz Merino lo ha dicho sin ambages: Keiko Fujimori, Cesar Acuña, Julio Guzmán, Alfredo Barrenechea. Ellos –que fueron candidatos presidenciales- demostraron al postular, “que tienen interés en el Perú” y que “intentan servirlo”. ¡Hay que darles la oportunidad! Confundido como pez fuera del agua, el FREPAP ha pedido la “vacancia presidencial”.

Y PPK –que está en su casa por sus años y dolencias, cuando debiera estar tras las rejas- aseguró que el Modelo “no tiene la culpa”. El asunto es de gestión. Unos lo hacen bien; y otros, no saben hacerlo. Es cuestión de dar el Poder a quienes sí saben cómo se maneja; a los empresarios exitosos.

De paso, dijo que el “impuesto a los ricos”, no funciona. “Hay muchas formas de evadirlo”, dijo acudiendo a su dominio del tema y su larga experiencia. Y, claro, él y los suyos han vivido muchos años evadiendo obligaciones tributarias y otras. Se trata de ver cuánto deben al fisco las grandes empresas, para darse cuenta que “supieron hacerlo”. Para eso existen los paraísos fiscales, los Panamá Papers, y otros; desde las Bahamas hasta Andorra, pasando por Luxemburgo, Belice y Mónaco. ¡Están listos!

Como telón de fondo, andan los “medios”. Existe una cítara concertada que afinan Phillip Bhutters, Jaime Bayli, Rafael Rey, José Barba y otros, y a la que se suman con creciente entusiasmo Milagros Leyva, Mávila Huerta,  Federico Salazar y Aldo M.; una troupe al servicio del Capital. No sólo copan los medios, sino usan las redes, en las que abunda una insidiosa campaña de diatribas e insultos contra Vizcarra. No lo critican, lo insultan.

¿El pretexto? El llamado “fracaso” de la guerra sanitaria. No reparan que ese argumento podría mejor usarse contra Donald Trump y Bolsonaro. A ellos, no los tocan. Y es que no es el tema el que importa, sino su uso, el que le dan.

De ese modo y a una sola voz, no hacen sino mostrar la hilacha: su insaciable hambre de Poder.




lunes, 25 de mayo de 2020

UNA OPORTUNIDAD DEL CONGRESO PARA LEGISLAR: ¡¡EL IMPUESTO A LOS RICOS ES NECESARIO!!




Estamos viviendo ahora una situación similar a la que se ha dado en las post guerras ,esto ya ha sido anunciado por economistas del mundo y el Perú no es ninguna excepción, por lo contrario, nunca como hoy se ha evidenciado tanto la diferencia de clases en el país, tanto en el aspecto económico como cultural que han mostrado quienes pueden tener a su alcance  la atención médica oportuna y necesaria  para esta pandemia que  afecta más a las clases sociales media, baja y pobre  y  justamente este es el momento que debe aprovechar el CONGRESO a partir  los partidos de izquierda, para generar una ley que propenda a la equidad, por lo menos económica para que nuestra economía pueda levantarse, solo así  podremos salir de esta crisis, es necesario que las clases privilegiadas del país  tomen conciencia o se les obligue a tomar, de que son los llamados a restablecer nuestras arcas en base a los tributos que  deben pagar los que más tienen.

Es imprescindible que los ricos, todos aquellos que tienen riquezas generadas durante siglos o décadas, gracias al concurso de la masa trabajadora, sean quienes contribuyan con sus impuestos  a devolver en parte lo acumulado.

No se puede pensar en que se grave a los trabajadores de planillas con ingresos menores a 20,000 soles sabiendo que son (junto a los de menores ingresos) los que actualmente están cumpliendo con pagar impuestos justos, es menester pensar en el impuesto fuerte a los grandes empresarios, a los millonarios que han formado fortunas, explotando muchas veces a los empleados y obreros.

Ojala el  Congreso aproveche por lo menos esta oportunidad para promover esta Ley que los haría pasar a la historia con un buen recuerdo.


Ing. Tania González Bolaños
Perito Tasador - Consultor
Teléfonos: 4619782 / 999161182
Horacio Urteaga 1765 - E / Jesús María



 
En reciente “Manifiesto”, que fue canalizada por FEDIRAL a las instituciones del Estado, fue mencionada la creación de impuestos a las grandes fortunas en el Perú, de forma que se corresponsabilicen económicamente en la solución de la crisis. De esta forma también las responsabilizadas deberían ser socializadas con los grupos de poder y no solamente los beneficios como es costumbre en el Perú.
Las congresistas Mirtha Vásquez y Rocío Silva Santisteban, han propuesto un proyecto de ley con el objetivo de recaudar fondos para financiar la lucha contra el COVID-19 a partir de enero del 2021. El proyecto estipula que el impuesto se determine aplicando una escala progresiva de tasas que ascienden de 1% (más de 400 UIT a 700 UIT) al 5% (por exceso de 1.600 UIT).
Según la iniciativa, estarán sujetos a este impuesto las personas naturales domiciliadas en el país. El monto del impuesto será gradual, de acuerdo a los inmuebles y vehículos por el valor comercial establecido al 1 de enero del año correspondiente; las acciones y bonos, por su último valor de cotización bursátil al último día hábil previo a la determinación del impuesto, así como depósitos bancarios y créditos existentes al 1 de enero del año que corresponde al obligación tributaria. Serán también evaluados los objetos de colección, obras de arte y joyas por un valor superior a las 2 UIT (8,400 soles) y otros títulos financieros que se establezca mediante el reglamento de la ley. El proyecto exceptúa de esta disposición a los bienes muebles que forman parte del Patrimonio Cultural de la Nación.
Se encarga además a la SUNAT elaborar un padrón de la riqueza que registra la información contenida en las declaraciones juradas patrimoniales de las personas sujetas a este impuesto. La iniciativa señala en su fundamentación que este impuesto será permanente y busca reducir la desigualdad, transformando el marco tributario. Indica también que no se incorpora a la empresa jurídica porque se busca evitar que la incidencia tributaria recaiga sobre los consumidores o los trabajadores.
En el mundo entero se venía discutiendo sobre la necesidad de poner un “impuesto a los ricos”. Los premios Nobel Joseph Stiglitz, Paul Krugman y otros académicos, así como organismos internacionales (inclusive el FMI ), concuerdan que la imposición sobre la riqueza neta permite de forma real movilizar recursos fiscales. Existen diversas metodologías para la aplicación de este impuesto que van desde cargas fijas o tasas graduables y tienen el efecto menos adverso sobre la demanda agregada, que los impuestos sobre las personas de bajos ingresos. Por lo tanto, aumentar la progresividad del sistema tributario no solo mejora la distribución del ingreso y reduce la desigualdad, sino además estimula la economía.
Thomas Piketty, señala que la tasa impositiva que pagan los ricos está muy por debajo de tarifas "oficiales", debido a su capacidad para aprovechar las preferencias fiscales y los vacíos fiscales existentes. Según este punto de vista en necesario que se aplique un impuesto a la riqueza graduado del 5% para aquellos que tienen 2 millones de euros o más y hasta un 90% para aquellos que poseen más de 2.000 millones de euros .
De acuerdo con Piketty, los impuestos excepcionales sobre la riqueza se han dado en situaciones extremas como es el caso de la era keynesiana de la posguerra. Después de la Segunda Guerra Mundial,  Alemania y Japón, con el fin de reducir la deuda pública de la época, impusieron impuestos progresivos de hasta 90% a la riqueza permitiendo a estos dos países reducir muy rápidamente su deuda pública, y luego invertir en infraestructura pública y educación en los años 50 y 60.
En reciente investigación “Riqueza y desigualdad en el Perú”, elaborada por el economista e investigador Germán Alarco, con apoyo de Oxfam, evidencia los problemas en la medición de la riqueza y la desigualdad en el Perú. Según la investigación el Indice Gini sería el doble de lo que las cifras oficiales señalan. “De acuerdo a nuestra estadística oficial el Perú tiene un coeficiente Gini de alrededor de 0.35, pero de acuerdo a la información ajustada por nosotros, estamos entre 0.60 y 0.70, es decir, el Gini oficial del Perú es parecido al de Dinamarca”, señala el autor, quien afirma que esa cifra no responde a la realidad. En esta línea, de acuerdo a los estimados de Credit Suisse sobre la riqueza productiva, entre 2014 y 2016, el Perú tiene los mayores niveles de desigualdad con respecto a los otros socios de la Alianza del Pacífico.
Las cifras de la Encuesta Nacional de Hogares- ENAHO es una herramienta fundamental para la lucha contra la pobreza y desigualdad en el Perú, presenta una deformación sobre los ingresos y gastos de los sectores más pudientes de la sociedad y de las clases medias-altas, quienes casi nunca responden a las encuestas. Esta situación la convierte en un instrumento muy limitado para determinar adecuadamente el índice GINI o índice de desigualdad.  
La consultora internacional Knight Frank estima que hay más de 17 mil millonarios en nuestro país. Unos 880 peruanos con más de 10 millones de dólares. Otros 300 con más de 30 millones de dólares. Alrededor de 37 peruanos con más de 100 millones de dólares. Y al menos 5 con más de mil millones. Ninguno de estos aparece en la ENAHO ni en ninguno de los 10 primeros puestos de los hogares más ricos. Es decir, el 1% más rico del país no existe en la información oficial. De esta manera las políticas públicas vinculadas a lucha contra la desigualdad, basadas en informaciones mentirosas, son falsas e inocuas para afectar la estructura de desigualdad en el Perú.
Al respecto Marco Alva de Gestión indica que Si bien el 2018 fue un año complicado para las inversiones en todo el mundo, el total de patrimonio gestionado por la banca privada local logró expandirse. “El patrimonio administrado por la banca privada del BCP, a valor de mercado, tuvo un crecimiento de aproximadamente 10%”, Estimó que, en términos generales, el total gestionado por la banca privada que opera en el país habría aumentado en similar porcentaje. Eso parece bueno para el Perú, pero no lo es para el resto de la población, el PIB en 2018 creció apenas 4% respecto a 2017.  Debido al COVID – 19. Estas cifras no se repetirán en 2020 y las tendencias para el futuro son inciertas.
La crisis del Covid-19, ha hecho que diversos autores y países señalen que estemos en una “economía de Guerra. El Ejecutivo peruano ha solicitado facultades en materia tributaria al Congreso, a fin de implementar algunas medidas que estarían orientadas a la creación de un impuesto solidario. Sin embargo, no hay una definición clara de la amplitud de este y se especula sobre la posibilidad de que dicho impuesto sería aplicado solo a trabajadores en planilla con salarios mayores a S/10,000 y que permitiría una recaudación de entre S/200 millones y S/300 millones. Pero ¿es este un impuesto efectivamente solidario que contribuiría a minimizar los impactos negativos de la crisis sanitaria?, ¿realmente serán los que más tienen los que pagarán más? Este vendría a ser un nuevo impuesto a los ingresos solamente de empleados y no servirían casi de nada para la solución de los problemas que el país requiere.
Especialistas afines a los grupos de poder, consideran que ahora es un mal momento para centrar el debate con respecto a nuevos impuestos o un aumento de los mismos. Me pregunto, ¿sí en situaciones de normalidad tampoco fue, cuando será el momento?, argumentos conservadores e interesados en favor de los ricos nunca faltan. Es justo y necesario que quienes más tienen contribuyan, para la reactivación de la economía, amenizar el sufrimiento de los que no tienen y evitar una crisis social de proporciones que es fácil imaginar.
Sabíamos desde sus fundamentos que la riqueza acumulada por la clase empresarial, es la plusvalía de la cual se apropia el capitalista, son las malas condiciones impuestas a la clase obrera, el maltrato y abuso de los campesinos, los impuestos evadidos, no pagados, eludidos y condonados, son los capitales fugados y depositados en paraísos fiscales, son los capitales venidos de actividades ilícitas como el narcotráfico y son  lavados, son los capitales pagados por las empresas para obtener ventajas legales y económicos, son la destrucción de los recursos naturales. En fin, son los capitales acumulados con el signo de la mentira, la corrupción y la explotación de los pobres. En tal sentido, vamos a decir con claridad no es “su riqueza” la que será gravando, sino la simple devolución de la riqueza robada a todos los peruanos.

REFORMA TRIBUTARIA




Escribe: Milcíades Ruiz

En los últimos días se ha venido hablando, sobre la pretensión de aplicar el impuesto escalonado al patrimonio de los millonarios peruanos, que no es mi caso ni el de ustedes. A primera vista, nos puede parecer promisorio en vista de la situación crítica que atravesamos. Pero no sabemos las verdaderas intenciones de los impulsores de esta iniciativa, de sus alcances y procedimientos. Este impuesto, no es ninguna novedad en los países capitalistas, pero...

Habría que preguntar, ¿Cuál es el objetivo? ¿Qué resultados se buscan? No es tan simple como muchos piensan. La intención del gobierno no es la misma que la de los legisladores ni la que tenemos por nuestra cuenta. El presidente habla de un impuesto “solidario” aplicable a los que más tienen, pero como una colaboración de consciencia, mientras que los legisladores nos hablan en otros términos y con distintas razones. 

Lo mismo pasó hace más de cincuenta años cuando se debatía sobre la reforma agraria. Hasta los hacendados formularon su proyecto de reforma agraria como lo hacen actualmente los super millonarios sobre el impuesto a las fortunas. Cada cual tiene una visión sobre este tema. Es que hay muchas formas de presentar, tergiversar, recortar, anular, retardar un proyecto con leguleyadas y artimañas. 

El impuesto a los grandes patrimonios ha sido aplicado de diversa manera en países europeos, asiáticos y americanos. Las realidades son diferentes y los motivos también. El impuesto a los super millonarios en un país desarrollado no tiene las mismas implicancias que, en un país subdesarrollado y dependiente como el nuestro. Los resultados también son diferentes.

Suecia y Alemania fueron los primeros en aplicarlo, pero después lo eliminaron. Estados Unidos lo aplicó, pero también lo eliminó. En cambio, Argentina lo mantiene, pero vaya usted a ver los resultados a la fecha. La India tiene uno de los PBI más alto del mundo y aplica este impuesto, pero todos los años los campesinos pobres se suicidan agobiados por su realidad. Ecuador también lo aplica, pero ya sabemos lo que sufre. Igualmente, Colombia, Brasil, Uruguay, etc.

En ninguno de los lugares donde se aplica este impuesto, se han resuelto los problemas que lo motivaron. No ha impedido la concentración de la riqueza en pocas manos, ni la pobreza, ni el sufrimiento social. La desigualdad social es creciente en todo el mundo y la pobreza es parte del paisaje andino. Tampoco ha cambiado la condición de país oprimido entre nuestros vecinos. Es que la desigualdad es la razón de ser del capitalismo.

Esta observación no significa estar en contra de la aplicación del impuesto a los grandes patrimonios. En buena hora que se aplique con la mayor rigurosidad. El asunto es que no nos salga el tiro por la culata, como le pasó a la izquierda que apoyó a Vizcarra en la disolución del Congreso perdiendo soga y cabra. Lo que se quita a los ricos debería ser una compensación destinada a los pobres exclusivamente. No para el despilfarro ni para subsidiar a los aspirantes a millonarios.

Actualmente, el gobierno nos ha endeudado con 3,000 millones de dólares, vendiendo bonos estatales a plazo crediticio, para afrontar la pandemia. Ese dinero ya se está gastando en compras de todo tipo, subsidios a empresas y bonos de socorro. No todos los necesitados reciben estos bonos, pero sí, todos tendremos que pagar esa deuda pagando el IGV. Pagaremos los sobreprecios de corrupción en mascarillas, equipos, medicinas y demás implementos, adquiridos con ese dinero. ¿Y se resolvió el problema?

Lo paradójico es que los beneficiarios directos de esta operación crediticia no son los pobres ni los viejos que pierden la vida por discriminación médica ante la falta de equipos respiradores, sino son los ricos que compraron los bonos estatales. Ellos siempre ganan. Los pobres siempre pierden. Entonces, lo más probable es que, el impuesto a los ricos, lo terminen pagando los pobres.

Los ricos no se hacen paltas con este tipo de impuestos. Lo cargan a los costos y asunto arreglado. A Dionicio Romero, uno de los millonarios que heredó las tierras de su padre terrateniente español en Piura, la reforma agraria le quitó esa propiedad y no se hizo problema. Los campesinos como nuevos dueños siguieron cultivando algodón, pero a la cosecha, el que les compraba y ponía el precio era precisamente Dionicio, que tenía la hilandería y desmotadora. Compensó y ganó.

Tampoco se hizo problema con la nacionalización de la banca anunciado entre aplausos parlamentarios, por Alan García. Hasta repartió certificados entre los empleados. Pero compensó, recuperó el banco y ganó mucho más, diversificando inversiones con el dinero de los ahorristas del BCP. Si se piensa que el impuesto a los ricos los va afectar, corremos el riesgo de quedar en ridículo. Los 3,65 millones de dólares que el grupo romero otorgó para financiar la campaña electoral de la señora Fujimori, no lo afectó. ¿Votaran a favor los fujimoristas?

Así, el multimillonario Carlos Rodríguez Pastor, podrá trasladar el impuesto patrimonial a Interbank, Plaza Vea, Vivanda y sobra espacio en la larga cadena de negocios que maneja. Entonces dirá: ¡No hay problema! Incluso, aunque le cerremos el paso, hay mucho margen oculto entre el laberinto tributario, financiero, falsas deudas y otros refugios contables. Más aún, para eso existen los paraísos fiscales donde los patrimonios desaparecen. 

De modo que, “hay mucho pan que rebanar” en este asunto. Pero no quisiera que me tomen como un sujeto negativo al dar una apreciación distinta. Siempre es bueno cuidarse a las malas interpretaciones. Pero el solo hecho de hablar de “impuesto a los ricos” genera resquemores infundados. Muchos piensan que lo hacemos solamente por odio a los ricos, lo cual es una irracionalidad. No debe verse como una persecución a los ricos, ni como castigo a los aspirantes.

La reforma agraria no se hizo por odio a los hacendados, aunque muchos de ellos eran odiosos. Proceder por venganza, envidia o cualquier sentimiento emotivo es detestable. La reforma agraria frustrada, era parte de un proyecto integral de transformación destinado a cambiar las estructuras de la vieja sociedad por una nueva república, en lo económico, social, político y cultural. No fue por politiquería ni populismo.

Menciono esto porque si bien la idea puede ser muy buena para los que buscamos justicia, sucede que, no siempre las buenas ideas terminan bien. Los católicos suelen decir que “El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones” y es que la buena fe no basta. Proponer medidas aisladas como el impuesto a los multimillonarios quizá no tenga la trascendencia esperada, por haber sido presentada desconectada de una concepción ideológica sustentable que garantice sus beneficios.

En el contexto globalizado, los países pobres como el nuestro, necesitan fortalecer los capitales nacionales. La magnitud de su industria, de su empleo, en suma, de su desarrollo, dependen de este fortalecimiento. Eso es lo que debemos promover, pero en una economía endógena, preferentemente solidaria. Entonces, cuando planteamos el impuesto a nuestros multimillonarios debemos mantener esta estrategia de desarrollo. 

Pensando en ello, ¿Por qué aplicar esta carga solo a los nuestros y no a los extranjeros que compiten con los capitales nacionales? Los capitales extranjeros de las cadenas de supermercados en nuestro país, envían ingentes remesas patrimoniales a sus respectivos países. Lo mismo sucede con las transnacionales de la minería, construcción, transportes, pesca, agricultura, etc. La prostitución de nuestro país, otorga muchos beneficios tributarios a la inversión extranjera. ¿No los estaremos favoreciendo más, con este impuesto?

Vemos pues que, plantear una medida aislada es una forma de gobernar sin criterio de desarrollo. Por eso, considero que sería mejor plantear dicho impuesto dentro de una concepción estratégica de desarrollo equitativo. Ahora que se habla de cambios post pandemia, es oportuno proponer la reestructuración del sistema tributario. Que no se vea como una medida únicamente contra los ricos, sino como una reforma que lo incluye en un nuevo régimen, libre de vicios, fraudes y privilegios.

Dentro de las tantas injusticias que existen en nuestro país, está la injusticia tributaria. A un pequeño negocio de bajos ingresos se le clausura por la mínima falta. Eso no sucede con las grandes empresas de la minería, industria, comercio, exportación, medios de prensa, cadenas farmacéuticas y demás, a pesar de que sus faltas son graves en detrimento de vidas humanas. No por casualidad los gobiernos colocan a su gente en la cabeza de la administración tributaria. La SUNAT está tan putrefacta como otras instituciones claves.

Se trata entonces de proponer una restructuración tributaria con justicia social. Todos estamos obligados a contribuir con nuestros impuestos al desarrollo con equidad. Pero, la primera condición de justicia es que lo hagamos según la capacidad de pago de cada persona, natural o jurídica. Sin privilegios, sin abusos, sin malas prácticas tributarias. La justicia tributaria debería compensar desigualdades y reducirlas. 

El actual sistema tributario es arbitrario e ineficaz. Se han inventado miles de formas de evasión y fraude tributario. Los contadores son cómplices de las malas prácticas tributarias y de la corrupción, pero no hay penalidad para esto. La amañada devolución de impuestos a multinacionales es escandalosa como son las devoluciones a la exportación (Drawback). Una filial extranjera suele pagar tasas de interés excesivas por préstamos, ficticios, a su casa matriz u otra filial, etc. En fin, hay mucho por corregir.

Sería largo mencionar la inmensidad de malas prácticas tributarias de empresas nacionales y extranjeras. Pero lo mencionado, nos da la idea de la necesidad de esta reforma y tributaria, que va más allá del impuesto a los ricachones. Pero más importante que la recaudación es la fiscalización y el rendimiento de la recaudación. De lo contrario todo será un engaño. Ustedes que dicen. ¿Y cuál será la alternativa de las cúpulas políticas? O, es que no la tienen.

Mayo 23, 2020